El desorden, el irrespeto y la falta de institucionalidad en que aquí se vive, hacen rememorar al Jefe

Muchas veces hay que deponer los criterios personalistas, intereses particulares, preferencias políticas, y hasta las actitudes retaliatorias, para adherirse a determinados  pronunciamientos ajenos, sin importar el color partidarista, o parcela de que provengan, pensando sólo en el país y sus derroteros más favorables.

 

Según reseña uno de los periódicos locales, el candidato a la presidencia de la República, por el PRD, señor Hipólito Mejía, afirmó en una de sus conferencias proselitistas que, “Hay muchas cosas de El Jefe que se necesitan en el país”; agregando además que, “en la Era de Trujillo hubo cosas buenas y malas”. (Véase Listín Diario, del 1-12-11).

 

Y, esas dos concepciones que, lo que deben es mover a muchos a reflexión aquí,  por el triste e incalificable escenario en que vive actualmente la sociedad dominicana, y no ser criticada acremente en lo inmediato. Deberían incluso recibir el saludo correspondiente, de todo buen pensante dominicano, imparcial y conocedor de la situación desastrosa que azota a la sociedad nacional – al margen de toda afiliación o simpatía política -, que está caracterizada por el desorden y el irrespeto mayúsculo, a todos los niveles; la corrupción estatal rampante que se verifica, y la inseguridad ciudadana; la falta de salubridad, como de otros servicios públicos básicos; el desgaste de los partidos políticos tradicionales, que ya nada tienen que ofrecer; y, el desaprensivo endeudamiento del país, que prácticamente está hipotecado, entre otras cosas.

 

Claro, esos “planteamientos Hipostólicos” han sido recibido la repulsa total inmediata de algunos de los apasionados seudos demócratas nuestros, que lo que mejor han hecho es, ampliar sobremanera la distribución de todos los recursos  que proporciona la gran finca llamada República Dominicana, lo cual ha dado origen a la conformación de una extensa camada de millonarios portentosos,  que viene desde que terminó aquella “Era”, hasta el presente, con un funcionariado estatal élite recibiendo millonadas salariales, más los complementos que se derivan de los cargos, dinero del que les sobra hasta para botar, mientras los policías y guardias, que tienen que protegerles y velar por sus vidas, a penas reciben míseros salarios, que no les alcanza ni para comer, y con el que pueden  nada más que subsistir estrechamente.

 

Entonces, todo  aquel que vivió y observó durante aquella Era, o ha tratado de edificarse después, con entera imparcialidad, no sólo haciendo acopio de las cosas malas, como siempre ocurre con nuestros historiadores alienados, y defensores de intereses grupales, sino también ponderando las buenas acciones y medidas que caracterizaron esa época, tiene que estar de acuerdo con que, sea quien sea, papá, mamá, tío, abuelo,  nieto o sobrino, que asuma la primera magistratura del Estado nacional, si tiene la real voluntad de enmendar y cambiar el rumbo de este país, que inexorablemente se encamina hacia un abismo profundo, en manos de todos estos políticos corruptos y comerciantes de la disciplina, tendrá que emular lo que se entienda loable con respecto a aquel pasado lejano, dada la pertinencia hoy  de algunas cosas de esas, en razón de las circunstancias justificativas que imperan.

 

Aquí hay que tratar de retomar, quiérase  o no, aquellas iniciativas y adecuadas disposiciones del gobierno dictatorial de Trujillo, actualizadas obviamente, comenzando por la imposición del orden y respeto debidos en la República; de la seguridad ciudadana, como de la satisfacción de los servicios públicos básicos, entre ellos la salubridad, la educación y la energía eléctrica.

 

Parece ser, que a muchos se les ha olvidado que, durante aquella gestión gubernamental se compraron, entre otras, la Corporación de Electricidad y la Compañía de Teléfonos, para sacar a los particulares de esos negocios cuestionables, en la oferta de servicios públicos  necesarios para el país, siempre en favor de la población, y que los avariciosos políticos que ahora  nos gastamos, todo lo han vendido, buscando beneficiarse ellos y sus empresarios “entuerques o enllaves”, nacionales y extranjeros.

 

Pero además que, para evitar las injerencias y condicionamientos de ultramar, El Jefe canceló la deuda externa de la nación, mediante la firma del Tratado Trujillo-Hull, erogando el país en ese entonces, la suma de $9,271,855.55, mediante cheque No. 263706, expedido por el Tesorero Nacional, a favor del “REPRESENTANTE DE LOS TENEDORES DE BONOS CIUDAD TRUJILLO”, que hoy es otra de las cosas a las que hay que ponerle freno en esta República, para que los políticos de nuevo cuño que administran la finca nacional, no sigan hipotecando esta Tierra caribeña, concertando empréstitos altamente condicionados, cuyos recursos en definitiva no se sabe en realidad a dónde van a parar; y sin mucho menos, crear las bases necesarias para honrar después esos compromisos.

 

Claro, declaraciones como las del señor Mejía, provengan de quien sea, son muy pocos aquí quienes las quieren escuchar; esas pican y hacen ronchas a mucha gente, principalmente, entre los ricos nacionales, que comenzaron a crear inmensas fortunas tras la decapitación de aquel régimen; como todos aquellos, que le sacan provecho al desorden imperante, la corrupción, el irrespeto, la falta de institucionalidad, como a la gran degeneración social en curso.

 

Ahorita, aparecen ciertos defensores de la podredumbre y el libertinaje innegable en que hoy  vive la nación dominicana, y capitalizan el parecer externado por el señor Hipólito Mejía, solamente para detractar y sacarle provecho, en términos de las simpatías y apetencias políticas, enseguida lo meten en los temas de la campaña electoral; pero, jamás piensan en el porqué se dicen esas cosas, al igual en el país, y en la solución de las problemáticas generalizadas que le arropan.

 

Es obvio que, nadie puede estar esperando aquí a que un megalómano, autocrático por completo, como lo fuera El Jefe, sea quien tenga que volver; pero sí, a alguien que tome la riendas del país, que imponga orden y respeto, como el fiel cumplimiento a la leyes vigentes de la nación, al igual que, trate de proteger su soberanía; un personaje que ostente un mayor grado de conciencia ciudadana, que el de estos políticos títeres de nuevo cuño.

 

El irrespeto y la falta de control, causan daños considerables hasta en una  familia de pocos miembros.  Ahora, hay que imaginarse entonces esa situación, a nivel de la sociedad en general de un país, carente en su mayoría de educación y conciencia cívica; verbigracia, República Dominicana.

 

Finalmente, cabría destacar aquí, que según algunos avezados historiadores mundiales, no los títeres copitas de esos que tanto abundan, el promedio de retorno hacia los regímenes de fuerza en un mismo país, después que estos han sido derrocados, como lo fue el caso nuestro, es de 45 años, y que ya aquí llevamos más de 50, que eso ocurrió.

 

¡Que ponderen bien esos datos los defensores a ultranza de la llamada democracia representativa mal asimilada, en ocasiones sinónimo de libertinaje extremo, como lo es aquí!

 

Rolando Fernández

 

 

 

Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: