Uno de los grandes errores de las religiones convencionales: personalizar a Dios

 

“Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Dios, que está en el seno del Padre, Él le ha dado a conocer”. (Juan 1:18, Sagrada Biblia).

Se desprende de tal afirmación bíblica que, el decir “que Dios se hizo carne al nacer del vientre de María, la virgen”, como ha sido lo que de ordinario se estila a través de todas las religiones convencionales, suena como algo contradictorio, y poco ponderado, obviamente, en tiempos en que el flujo de las informaciones de orden espiritual esotérico es tan amplio, y que los contenidos de las mismas Sagradas Escrituras ya han sido escrutados en gran parte, como difundidos con su suficiente amplitud pedagógica.

Según los grandes entendidos en esa temática, quien en realidad nació del vientre preparado de María, seleccionado previamente por la Divinidad Suprema para tal propósito, fue el amado maestro Jesús-Hombre, en la encarnación de un maestro ascendido de tercer grado, o iniciación, que luego de completar la evolución espiritual requerida, como entonces ocurrió, estaría en capacidad  de servir como medio de expresión de la Conciencia Magna del Padre en los cielos, a nivel terrenal, el Cristo, y que pasaría con posterioridad a ser  Jesús el Cristo, para llevar a  efecto el ministerio sagrado asignado, durante tres años (30-33), tal se produjo, luego que Juan el Bautista el bautizara, con la encomienda debida: ¡mostrar a los hombres qué hacer para su regreso definitivo a su Fuente de Origen!

Si Dios se hubiera hecho carne, físicamente, tal uno más de la especie humana, o al menos parecido, se podría decir, que habría sido visto en el planeta Tierra, lo cual se contradeciría con lo expresado en la Sagrada Biblia.

Y, por consiguiente, también sería posible hablar de sexo, raza, color, etc. con respecto a Él, lo cual nadie osaría hacer, aunque si todos lo conciben siempre como un Ser-Hombre de tez blanca y pelo lacio; jamás de color oscuro, y pelo crespo, por pura concepción acomodaticia mundana. Y claro, el racismo complejo atribuible a la gente.

Él no tiene sexo; no es hombre ni mujer, hablando en el lenguaje de los terrícolas. ¡Es Espíritu, sublime Energía pura!, que está en la base de toda la creación. Es la Vida Misma Una. Es el Amor incondicional. Y, la Inteligencia Suprema Una, en que se sustenta el Universo. Él es la causa de todas las cosas que el hombre no logra comprender. Él que hace posible que el hombre vea a través de sus propios ojos; y que, sin embargo, a Él no se le puede ver.

Probablemente, el motivo de la gran confusión, con relación a Dios ser una persona, u hombre, el craso error en que desde antaño han venido incurriendo las religiones convencionales, en términos de enseñanza a sus seguidores, obedece a que el hombre fue creado, según la Sagradas Escritura, a Su imagen y semejanza.  (Génesis 1-26).

Pero, como es lógico entender, esa similitud no fue de orden físico, por lo que puede ser se les infiera como iguales en ese orden, sino de carácter espiritual propiamente, en los tres aspectos Uno: Padre, Hijo y Espíritu Santo. La misma Trinidad está en cada Alma (Espíritu encarnado) a la que cada cuerpo físico sirve como templo, y medio de expresión terrenal.

El Padre, el director y dador de vida; el Hijo, el Cristo que debe nacer en cada ser humano (Conciencia divina, la que el amado maestro Jesús encarnó, y su respectiva expansión a través de los ciclos evolutivos (corrientes de vida a cursar); y, Espíritu Santo, la Inteligencia Suprema Una, de la que cada quien dispone de un fragmento integrado. Es ahí que está la similitud Dios-hombres).

Luego, cuando se leen afirmaciones como: “Navidad: Dios se hizo carne y habitó entre nosotros”, provenientes de una alta autoridad eclesiástica, tal lo es el arzobispo de Santo Domingo Francisco Ozoria, y decir a continuación: “la Navidad es el momento en que Dios hecho carne nació del vientre de María, la virgen” – (ver periódico “HOY”, edición del 26-12-17) -, la verdad es que son cosas que resultan chocantes para las personas que se han inclinado por escudriñar  sobre asuntos esotéricos relativos a la temática,

De orden es manifestar que, la fecha en que realmente nació Jesús, establecida entonces como el 25 de diciembre, respecto de lo que aún hay una gran incertidumbre, aunque se tienen ya datos que revelan la ocurrencia de ese hecho fuera del citado mes, todavía no se conoce en verdad.

Se dice que el referido acontecimiento fue ubicarlo a finales de dicho mes, como una imposición de la Iglesia Católica, tal forma de combatir el paganismo existente durante esos tiempos en la antigua Roma (Fiestas Saturnales – Saturnalia, en latín -); restarles lucidez a esas connotadas celebraciones, tal de hecho se logró.

Dijo el prelado católico al celebrar la tradicional fiesta de la Natividad o Navidad, correspondiente al año 2017, “el Señor llegó y tomó carne. Expresó que es el Enmanuel, el Dios con nosotros”. “No hay otro motivo más grande que ese momento para   alegrarnos y celebrar”.

Son esas de las tantas cosas que han restado mucho a las creencias espirituales en firme de la humanidad, manifestadas de esa forma; y por lo que la misma se ha inclinado por continuar honrando los convencionalismos tradicionales; e ignorar casi por completo su verdadera esencia y propósitos sobre el planeta.

Ya es tiempo, casi al final de la llamada Era Cristina, para que al mundo se le oriente mejor sobre el verdadero sentido de la Navidad, y su profundo significado atribuible en el contexto esotérico, que no creemos sea desconocido por las principales jerarcas de la Iglesia Católica, principalmente, aunque los prelados tengan que salirse un poco de los cánones reglamentarios que se comprometen a cumplir.

Amén del alimento religioso-espiritual que se pueda recibir de las iglesias propiamente, y para más edificación sobre el tema, una de las obras consultadas que recomendamos, en la que con mayor claridad se explica el Nacimiento del Cristo, esencia de la Navidad es “La Vida Impersonal”, de Joseph S. Benner, de la que extraemos parcialmente, y a manera de resumen, lo que a continuación se transcribe.

 

Para que el Ser Divino interno, del cual somos templo, pueda despertar la mente del hombre, en el sentido de su clara comprensión en relación con Este, se debe nacer previamente de un “Amor Virgen, en un humilde pesebre”, queriendo significar, simbólicamente con este último, en el sitio a que acuden las bestias mansas en servicio para alimentarse, que en el caso de los humanos sería alimento espiritual. Nacer de una Virgen, en pesebre, como ocurrió con Jesús, que habría de convertirse luego en Jesús el Cristo, son símbolos fundamentales de la Navidad.

 

Luego de así explicado, con todo el respeto que nos merece su persona, monseñor Ozoria, como los demás jerarcas de Iglesia Católica, y los pastores que ejercen a nivel de las otras religiones que se tienen en el país, procedería que toda edificación u orientación a las feligresías sobre la Navidad o Natividad se abordaran en el ámbito esotérico propiamente.

 

Es lo más probable que de esa forma, tratando de concienciar a la gente en ese tenor, la mayoría se incline por una celebración más espiritual durante la época, y se dejen de lado un poco los “fiesteos”, las bebentinas, las parrandas, y la propensión al alto consumo, que son de las cosas que mayormente se estilan durante las festividades alusivas a tan significativo acto de carácter divino, en contradicción obvia con su verdadera esencia.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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Inteligencia humana: Claro, ¡qué es inescrutable para la ciencia!

 

Uno de los llamados galenos (médicos), entre los considerados más envalentonados en este país, con especialidad en neurología, por lo regular aborda en los trabajos de edificación social permitida que publica en un importante medio de la prensa local, temáticas que resultan bastante intrincadas para la ciencia, en que evidentemente admite las limitaciones que enfrenta la misma, y que, por lógica, se hacen extensivas hasta muchos ostentosos del “gran saber” ante los demás.

¡Qué bien!, pues hasta cierto punto se pude considerar como un gesto de humildad; un reconocimiento a la condición humana de “ignorante consciente” que todo hombre debe admitir, al margen del amplio acopio de conocimientos que se haya podido lograr. ¡Paredes fuertes se tienen por lo regular!

En uno de sus últimos casos, el médico neurólogo que ocupa de ordinario nuestra atención por la importancia de los asuntos que trata, se refirió al tema de la inteligencia, exponiendo que ha sido la facultad más estudiada por la psicología durante siglos, más de tres señaló él.

Expresó sin rodeo alguno, “Sin embargo, a nuestro pesar, nadie sabe con exactitud qué representa, ni qué factores la componen. Los especialistas de las neurociencias han tratado de entender cómo se desarrolla ese proceso superior en la raza humana, mientras otros tratan de explicarla en su evolución”.

Aunque no nos consideramos quien, en términos de investigador, y mucho menos científico, para emitir una sólida opinión sobre una cuestión tan inescrutable, frente a un connotado profesional de la salud, y bastante estudioso en adición, como lo es el doctor José Silié Ruiz. sí que algo podemos decir al respecto, por haber leído un poco sobre la temática de que se trata, en el contexto esotérico propiamente.

Y, creemos que, amén de admitir su limitación conceptual con respecto a  la inteligencia, su composición, y demás factores inherentes a nivel de la especie humana, el connotado neurólogo debe dejar entrever la posibilidad de incursionar en el ámbito citado, que no nos parece ignore por completo, debido a los tropiezos cognitivos que él ha tenido, y no solo en cuanto a la inteligencia se refiere, sino con relación a otras área del saber también; aunque, dejando de lado un poco lo científico convencional, que  él solo honra a todo dar, no cabe duda.

Nos referimos a otra fuente de conocimientos, y quizás la más importante para los hombres (general), que es la  doctrina de la  llamada espiritualidad esotérica, esa a través de la cual es posible conocer el porqué de la especie humana sobre el planeta Tierra, y su verdadera esencia; como, la composición corporal de esos, que debe ser estudiada en su conjunto, para poder arribar a conclusiones certeras sobre determinadas condiciones que le son relativas; y, en cuanto a su origen, operatividad de cada parte, las afecciones de salud a la que se es proclive, y la evolución necesaria.

Se debe partir de que todos los hombres somos Atributos divinos para Manifestación terrenal del Altísimo; que en verdad somos entidades espirituales con un revestimiento de carne y huesos; que durante cada tránsito del Alma sobre el planeta se tiene una misión Superior que cumplir, y una carga kármica que conquistar, puesta sobre los hombros de cada cual.

También, de que la Vida (Dios Mismo) es Una, de la cual a cada hombre (Ego Superior) corresponde un fragmento en expresión durante una corriente cronológica, cronometrada siempre; como igual ocurre con la Mente, que es Una Universal, de la que toca una porción a cada uno.

Visto el asunto de esa manera, no sería tan difícil inferir qué es la inteligencia humana, y en función de qué están definidos sus grados de aplicación. “¡La Inteligencia es Una!”, y se otorga, parcialmente a los hombres, el nivel requerido, según los propósitos en sí de las corrientes de vida a cursar.

Pero, además, se debe tener presente, que el Espíritu es el principio inteligente del Universo, y que, por tanto, a él pertenece realmente la inteligencia, y no a lo que convencionalmente se conoce como el hombre mundanal. Qué Ese, al individualizarse y encarnarse para los fines señalados recibe el nombre de Alma, la cual debe ser considerada en su conjunto con el cuerpo físico para cualquier determinación, o diagnóstico. ¡El ser humano es materia densa y Alma!

Cabría agregar aquí, antes de proseguir, lo dicho por Sócrates (Platón), en ese tenor: “Si los médicos fracasan en la mayor parte de las enfermedades, es porque tratan el cuerpo sin el alma y porque, si el todo no se encuentra en buen estado, es imposible que la parte esté bien”.

Lo expresado tiene que ir diciéndole a la ciencia de dónde proviene la inteligencia de las personas, y los porqués de sus diferenciaciones particularizadas. ¡Qué al margen de lo divino, nada de consideración real se va a lograr saber sobre el particular!

Por lo que precede, se puede entender que la inteligencia no puede provenir de la materia, donde la ciencia convencional aspira a encontrar el origen de cada cosa. Y, ahí está la gran dificultad para poder conocer sobre la inteligencia en todas sus partes; conceptualizar la facultad, y saber las razones, en términos de sus grados exactos de expresión y utilización; como, igual pasa con otras condiciones humanas, inescrutables aún por parte de los científicos, verbigracia los tonos y formas de voz individualizados por completo durante la adultez ¿Por qué todos hablan de manera diferente? ¿Se sabe en realidad?

A propósito de la conclusión que al final agrega el doctor Silié Ruiz en su importante artículo, respecto de que, “los aspectos económicos tienen relación con la inteligencia de la población”. Y, agrega que, “no se puede olvidar que el pensamiento es “proteína”, grasa y azúcar, pero eso amerita otros y más profundos “conversatorios”, en que evidentemente asocia esos elementos con las disponibilidades financieras individuales, cabría transcribir a continuación lo siguiente, a los fines de una reflexión comparada.

“El pensamiento, ondas de energía sutil, emana del cuerpo mental del Espíritu que está localizada en la región supra cerebral, en el cuerpo mental, no limitándose a una secreción neuroquímica del cerebro físico, como cree la fisiología y la medicina terrenal, a pesar de que necesite del aparato físico (órganos específicos del sistema nervioso) para manifestarse en la materia.”  Obra: “CURA y AUTRO-CURA – UNA VISIÓN MÉDICO ESPIRITA”. Dr. Andrei Moreira.

La pregunta que asalta en torno a eso ultimo expuesto por el doctor Silié Ruiz, en personas interesadas por la temática obviamente, es ¿cómo asociar condición económica, entiéndase satisfactoria, proteína, grasa azúcar, con el Espíritu encarnado, salvo que no sea como complemento exterior? ¡No necesitaría nada de eso en sí mismo!, es lo que se cree, por su procedencia Suprema.

Ahora, no sería difícil hacerlo con respecto al cerebro físico, en términos de su funcionabilidad de retransmisión de los pensamientos que desde la entidad superior emanen; aunque, se supone una correspondencia obvia entre ambos, debido al prediseño de cada corriente de vida en curso. Siempre se dispondrá de lo que él necesite para su manifestación, y dirección humana.

Según se puede apreciar, no es un tema tan fácil de explicar, como de exponer éste, por la profundidad que reviste, aunque algunas cosas sí es posible plasmarles. ¡Se trata de hacerlo!

Ahora, lo que sí resulta fácil de entender es que,  los científicos van a tener que “dar su brazo a torcer”, y reconocer lo divino en que está sustentado el Universo, para poder comprenderle en gran parte, incluido el microcosmo-hombre, como al igual también lo son ellos.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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¡Encrucijada humana!: Trasplante y donación de órganos

 

A los seres humanos que habitan sobre el planeta Tierra, de ordinario solo les preocupa el acá, este lar de estancias transitorias, en términos de subsistencia física, como de tenencias materiales, y las satisfacciones egotistas de estilo dentro de la raza.

El procurar saber quién en realidad se es, y qué se hace aquí, estando bajo determinadas condiciones climáticas, que incluyen un entorno definido; abundancias y limitaciones, como la pertenencia a un esquema familiar específico; o, teniendo que sufrir afecciones de salud sencillas, cuando no severas; como, el verse obligado a afrontar situaciones calamitosas diversas, no se consideran asuntos dignos de ponderación y meditación. ¡Simplemente se está, y nada más!

Ahora, todo aquel que excepcionalmente se ha inclinado por conocer sobre la verdadera esencia de la especie humana – espiritual -, y los motivos de su estadía en el planeta Tierra, que luego la asimila como recurrentes y pasajeras, hasta completar el ciclo evolutivo espiritual que le corresponda, aprende que toda corriente de vida obedece a un prediseño, presupuestado en función de la misión divina asignada, como Atributo del Altísimo para su manifestación en el plano de la materia densa. En ese   también se incluye una carga kármica (parte del llamado karma maduro), sujeta a ser conquistada durante el tiempo cronometrado de estancia en la encarnación de que se trate.

Con el acopio aun parcial de tales informaciones se concluye que, el verdadero hombre es una entidad espiritual revestida de un cuerpo físico para poder expresarse, destinada a transitar todo un sendero de evolución, sobre el que los humanos pueden tener consciencia o no, pero que se debe recorrer para de nuevo regresar ya perfecto, hasta el Padre en los Cielos, la verdadera Fuente Originaria.

Y, es aquí precisamente, desde el momento en que la concienciación espiritual comienza a expandirse, en el sentido de lo expuesto más arriba, cuando se presenta la disyuntiva con respecto al trasplante de órganos, como la donación misma, muy loable esta última por cierto desde el punto de vista humano, pero cuestionada en el orden espiritual propiamente.

Cada corriente de vida que se cursa sobre este planeta, tiene su plano original diseñado, ése que hoy los científicos están tratando de descifrar por completo, y el que sea bautizado como el genoma humano.

Están contenidas en él todas las informaciones asociadas con la corriente de vida de que se trate, incluida la capacidad funcional de cada órgano físico, lo que bien podría llamarse su vida útil, en correspondencia obvia con la durabilidad de cada tránsito terreno presupuestado para el Alma.

Respecto de lo que aquí se trata, en el periódico “HOY”, edición de fecha 29-8-17, aparece una reseña relativa a un trasplante de córneas, en que se hace una aseveración importante, de la que se puede inferir bastante: “Desde niña presentó problemas de visión, pero ni ella ni su madre se imaginaron que se enfrentarían a una condición tan delicada como la enfermedad de “Queratocono”. ¡Nació con eso no cabe duda! La condición estaba contemplada en su “disco duro”, genoma humano.

Luego, al ser trasplantado cualquier órgano, por inservible ya, o no estar trabajando debidamente como se espera, el tiempo cronológico de las corrientes de vida podría aumentar, entorpeciéndose por consiguiente el periodo de evolución de antemano diseñado.

Entonces, vendría la pregunta sobre una decisión que humanamente se tendría que tomar: ¿qué es lo más conveniente, cumplir con el esquema completo del proceso evolutivo a cargo, o ampliar el ciclo vital terrenal transitorio?

¡Tremenda encrucijada!, cuya respuesta-solución amerita de un alto nivel de concienciación espiritual; que, no es tan difícil de lograr para quien se lo proponga, y trate de darle el mayor sentido a su existencia terrenal.

Evidentemente, todo el que nos honre con dar lectura hasta aquí a este humilde aporte que pretendemos, cuyo único propósito es procurar retransmitir conocimientos logrados a través de asiduas investigaciones de corte esotérico realizadas, de seguro tiene que preguntarse: ¿y con el donante directo, o quien proporcione el acto, en el caso de personas fallecidas, qué puede pasarles?

Se tiene entendido que, se convertirían en objetos de karma; sembrarán para recoger después la punición debida, a pesar de cuánto humano se pueda considerar el hecho de desprendimiento, en que se advertiría no egoísmo alguno, en el sentido de lo físico propiamente.

Ahora, no sería correcto visto en el orden de lo espiritual, según los entendidos, por estar ayudándose a interrumpir un proceso de evolución en curso. La penalización correspondiente en el momento menos esperado habrá de llegar. La Ley de Causa y Efecto se aplica de manera inexorable.

Intrincada la temática, ¿verdad? Pero, se puede procurar saber al respecto, para entonces decidir con conciencia, si es que se presenta la encrucijada aludida.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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La muerte, ¡qué tan intricada temática!

 

Una de las cuestiones más insondables en el marco la mente humana, es la llamada muerte, convencionalmente hablando claro está, por lo difícil de comprender la naturaleza de la misma, por parte del grueso de las personas, deudos o no.

No obstante, eso es algo que se torna paradójico,  chocante, si cabe el término, respecto a cuando se trata el asunto dentro del contexto esotérico puro, mucho más intrincado aún, en que luce entendible, hasta cierto punto, ese despido obligado. Evidentemente, a partir de lograrse algún grado de concienciación previa sobre la verdadera esencia de la especie humana: espiritual.

Cuando se es capaz de asimilar que el hombre no es más que una entidad espiritual revestida de carne y huesos, con cuerpos sutiles de expresión también, emocional y mental, que abandona su verdadera casa, el mundo espiritual, y desciende hasta el plano de la materia densa, la Tierra, en pos de continuar evolucionando, el misterio de la llamada muerte se comienza a desentrañar un poco.

Claro, y es que ese viaje temporal tiene una programación obvia de ida, y vuelta de regreso, presupuestadas con exactitud. El mismo día en que se nace como hombre (general), con el espíritu convertido ya en Alma, por estar encarnado, comienza la cuenta regresiva para el retorno procedente.

La llamada muerte, que en realidad no existe, según los entendidos, sino es que mudarse de un plano a otro, del Universo manifiesto al inmanifiesto, figurativamente hablando, es parte de la vida misma UNA, que todo lo comprende, y es un evento necesario dentro de ésa, para el cambio del ropaje utilizado en cada encarnación (cuerpo físico de expresión), en el momento preciso, cuando se debe interrumpir la corriente existencial que se ha estado cursando. Recuérdese que ésa obedece a un prediseño en cuanto a todas sus partes, y que es cronometrada, en términos del tiempo hábil terrenal disponible sobre el planeta Tierra.

De ahí el refrán popular que reza: “nadie se muere la víspera, sino en el día y momento precisos”, El resto son concepciones mundanas, tales son esos calificativos con que el señor Emerson Soriano expone en el trabajo que escribiera en el medio “Listín Diario”, edición de fecha 15-7-17, haciendo alusión al despido súbito de la entidad espiritual encarnante en el cuerpo físico de quien en vida fuera llamado Junior de Palma. ¡Nada!, era su día, y no más.

Eso de señalarle – a la muerte – como “implacable, tirana e insaciable”, son términos que en nuestra humilde opinión poco aplican con relación al evento de referencia. Quizás podría hablarse de implacable, por ser excesivamente rigurosa, y debido a la exactitud y precisión con que se verifica.

Pero, además, cabría agregar el aspecto de extremadamente oportuna que es, dependiendo del término de las misiones a cargo que se tengan, expresando a la Divinidad Suprema, como la carga kármica sujeta a conquista durante esa corriente de vida.

Cuando todo concluye, incluyendo el tiempo cronológico presupuestado que se haya tenido, el regreso es impostergable; hay que irse, quiérase o no, en sentido humano propiamente. Y, sin distingo de causas, sostienen los esotéricos verdaderos.

Por consiguiente, la llamada muerte hay que verla como algo natural-necesario en el ámbito de la esencia de la especio humana: espiritual. Se deben aceptar conforme los despidos que se produzcan; y, estar preparados para cuando nos toque. Son las actitudes que más proceden en el temor de lo tratado.

En adición, no olvidar el reencuentro a posteriori con los que se han ido primero, al momento de tener que emprender el viaje particular de regreso. Eso significa que la llamada vida continua; que no termina con la desencarnación del espíritu que concluyó uno de sus viajes a la Tierra, como es la falsa creencia popular que se tiene: “todo acabó”. ¡Allá volveremos a ver a nuestros familiares y amigos!, de acuerdo con los que saben.

Según expresa Izaias Claro, en su obra, “DEPRESION, CAUSAS, CONSECUENCIAS Y TRATAMIENTO”. “A su regreso al mundo de los Espíritus, el alma encuentra a todos aquellos que conoció en la Tierra, y todas sus existencias anteriores surgen en su memoria, con el recuerdo de todo el bien y de todo el mal que hizo”.

¡Reflexiónese pues sobre lo tratado!, y nunca se tema a las aguas del rio por el que obligatoriamente se tendrá que cruzar en cualquier momento.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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“Vanidad de vanidades, dijo el Predicador, todo vanidad”

 

¡Cuántos creerán que la puerta del Cielo en realidad está en la Tierra! Ingenuidad extrema, por no llamarle ignorancia, e ímpetus vanidosos detrás de ésa, que son puestos cada vez más en evidencia por parte de un gran segmento de la especie humana;

Obviamente, son aprovechados esos en el marco de las manipulaciones mercadológicas, denominando así a un cementerio, que solo sirve para depósito allí de los despojos mortales que abandonan las entidades espirituales desensarnantes, en su momento justo.

Jamás sirve ese sitio para entrar nadie a tan elevado plano de conciencia – Cielo – cuando es abandonado el “hábitat” terrenal transitorio para expresar corrientes de vida. Todo es mercadeo y manipulación pura. ¡Qué nadie se llame a engaño!

Claro es que los hombres (general) no tratan de indagar y concienciarse sobre su real esencia; lo que realmente son, entidades espirituales con un ropaje carnal; que esas pertenecen a otro nivel en el Universo, no a la Tierra.

“El Espíritu es el principal componente del ser, preexistente con relación a la cuna, preside todo el fenómeno de la vida biológica y sobrevive al deceso celular”. Obra: “DEPRESIÓN, CAUSAS, CONSECUENCIAS Y TRATAMIENTO”, de Izaias Claro.

Lo físico carnal, cuando por circunstancias prematuras de naturaleza kármicas debe cesar en sus funciones (muere), o se convierte en inservible para fines de Expresión Divina, siendo objeto del mismo proceso, por igual hay que dejarlo en el lugar a que corresponde, lo terrenal; se transforma rápidamente allí en desperdicios putrefactos, y luego en osamentas, que después pasan a ser simple polvo.

Es el desconocimiento cabal sobre lo espiritual esotérico, respecto de tal realidad innegable, por un lado, como el apego obvio a los cánones de estilo, los que provocan el estar trasladando cadáveres de un camposanto a otro, tras considerar el elegido de mayor clase, mucho mayor lujo, y ostentación por supuesto; verbigracia del “Cristo Redentor” a la “Puerta del Cielo”. ¿Qué sentidos tiene la decisión, que no sean esos?

No es cuestión de “espacio digno”. ¡Para las osamentas humanas todos los son!, y sin distingo alguno de pertenencia otrora. Ahora, donde jamás debe faltar “un lugar selecto” para recordación y honra de los “prohombres” que ya han partido, es en los corazones, y las mentes de sus deudos y admiradores; de todos aquellos que reconocen sus aportes a las sociedades.

Aquí tenemos, por ejemplo, un Panteón Nacional, donde a su debido tiempo deberían ser llevados, por decisión soberana, y para distinción póstuma, los retos mortales de los más connotados ciudadanos de este país, que lo merezcan, claro está, por sus obras, sin importar el género a que hayan correspondido. ¡Sí habría justificación entonces para trasladar sus esqueletos, o huesos humanos!

El “Cementerio Cristo Redentor” no se le debe menospreciar. Lo que sí procede es exigir amplia seguridad en su interior. Aunque haya allí difuntos que pertenecieran a las capas bajas sociales entre nosotros, también se tienen en el lugar las tumbas de hombres y líderes muy destacados de esta nación, donde se acude a rendirles los cultos merecidos, sin problema alguno.

Solo como referente, ese camposanto ha sido por años la última morada de personajes tales:  doctores Joaquín Balaguer, y José Francisco Peña Gómez, entre otros, que al margen de simpatías políticas o no, siempre habrá que sacarles sus comidas aparte en esta nación, y fuera de aquí, por las condiciones bastante sobresalientes que les adornaron durante sus existencias físicas.

Cuando se está en presencia de procederes en correspondencia con lo aquí tratado, es obvio que, todo se desprende de lo dicho por el Predicador: “Vanidad de vanidades, todo vanidad”. Eclesiastés 12:8, Sagrada Biblia. ¡Reflexiónese pues!

 

Autor: Rolando Fernández

 

 

 

La mayor riqueza humana: conciencia en paz

Qué tan satisfecho uno se siente, cuando bien se le recuerda, y se hace público manifiesto. Cuando las remembranzas de las buenas acciones emprendidas, sin esperar reciprocidad alguna, asaltan la mente, y nos proporcionan la paz del deber cumplido.

Cuando se está consciente de que nunca ha inspirado la maldad -algunos creen que solo es pecado -, y que el bien en favor de los demás siempre se ha tratado de proporcionar, en el momento en que ha sido debido, y se podía. (Proverbios 3-27, Sagrada Biblia). También es errar en el blanco el no hacerlo – pecado -. Es la mayor riqueza, que refresca la conciencia El resto solo es vanidad y aflicción de espíritu.

Muy por el contrario, deben sentirse los egoístas. Del egoísmo se derivan todos los males de los hombres, físicos y emocionales. Se le considera el vicio mayor radical; el más malo, y del que se derivan entre otras cosas: los apegos, la envidia, la maldad dirigida, el odio, la terquedad, etc. Esos conformar el jardín del desprecio hacia quienes hacen honor a tales atributos malévolos.

Claro, siempre acarrean aquellos, además, el retorno de lo sembrado, la recompensa de hacer, o querer para el otro, lo que no deseamos para nosotros mismos. Se rompe la llamada “Regla de Oro”.

En adición, los cargos de conciencia relativos, mantienen en un constante martirio a los hombres; constituyen un pesado fardo que habrá de cargarse durante la actual corriente de vida, y en las posteriores, posiblemente, sujeto de manera inexorable, a las puniciones kármicas debidas.

La gente que de tal forma procede, apenas puede dormir siquiera; se deprime con facilidad; y, por lo regular se abraza al alcoholismo o la drogadicción, para poder paliar un poco las situaciones compensatorias que se le presentan de ordinario. Jamás se disfruta de la paz de aquellos, que de forma contraria se comportan.

 

¡Reflexión! para este día tan especial, Viernes Santo.

¡Lo casual no existe, todo tiene un porqué!

 

Cuando no es posible determinar con precisión la verdadera razón de las cosas, se atribuyen a la buena, o mala suerte, sino a la casualidad, como en estos momentos se están expresando los científicos con respecto a la terrible e incurable enfermedad del cáncer. ¡Nuevo eso!

Claro, es algo que se puede considerar como una salida, para solapar la imposibilidad humana, reconocer lo limitada de la mente de los hombres (general), como poco disminuir los egos envalentonados que intervengan; y, para minimizar importancia   a las prescripciones de carácter divino, que para todo rigen en el Universo creado.

¡No es la primera vez que sobre eso se habla!, aunque antes se atribuyó a la suerte.  Claro, se regresó recientemente haciendo referencia a otra razón atribuible – la casualidad -, no muy bien fundada, con intermedio de tiempo apreciable para justificar, obviamente.

Como ya la ciencia se ha hartado de buscar explicación a la maligna enfermedad del cáncer, sin encontrarla aún, y no queriendo los cientistas dar su brazo a torcer,  y mucho menos asociar  la afección a puniciones de carácter kármico, en base a la “Ley Natural de Causa y Efecto”,  que guardan estrecha relación con el sendero evolutivo consciente por el cual debe transitar la especie humana durante las corrientes vida que se cursen, presupuestadas por las entidades divinas encargadas, ahora retornan con la inclusión de otro factor de riesgo que  relacionan con la afección: la casualidad.

Ya en una ocasión se restó importancia a los modos de vida y factores hereditarios incidentes. Según los abrazados a la ciencia nada más, “el fumar y beber, entre otros, pueden aumentar las posibilidades de contraer el mal, pero no es que lo producen”. ¡Fuera los malos hábitos de vida, con respecto a contraer la enfermedad!

 

“El secreto está en las mutaciones aleatorias que se producen en la división de las células”. De ahí que se atribuya a la mala suerte en las tantas personas que sufren del mal, se dijo tiempo atrás. Los demás deben ser dichosos, por supuesto, ¡si fuera así en realidad!, agregaríamos nosotros. (Véase: periódico “HOY”, edición de fecha 2-1-15, página 11B).

Ahora se viene con: “Según estudio la “casualidad” juega rol en origen del cáncer”. Se cambió la mala suerte por casualidad. Aunque ambas cosas pueden estar interrelacionada, la concepción es poco asimilable para todas aquellas personas que han tratado de indagar sobre el nacimiento de la especie humana, las características corporales individualizadas, como la verdadera esencia de los hombres: espiritual; y, su rol de Expresión Divina en el plano de la materia densa, Atributos Divinos, para manifestación de Dios Mismo, Su Idea Suprema.

¡Dios nunca se equivoca! Y, menos podría decirse, en la construcción de los templos físicos que habrán de servir de albergues a fragmentos expresivos de su Magna Presencia, manifestándose en el  planeta Tierra.

Que, por motivos de la misión divina asignada a llevar a cabo, como la carga kármica que se traiga a la encarnación, se prediseñe una economía corporal, cuyas características individuales aparezcan especialmente codificadas en el ADN correspondiente, ya sería otra cosa, y no en realidad que la células sanas cometan errores de manera natural en su multiplicación que puedan conducir al cáncer. Eso es lo que debe ir, y no es cuestión de errar, como señalan los científicos, con todo el respeto que merecen.

“El estilo de vida y la herencia son considerados los factores principales, pero una reciente investigación deja entrever que la casualidad juega un papel mayor de lo que la gente cree: células sanas cometen errores de manera natural cuando se multiplican y las fallas inevitables en ADN pueden derivar en células portadoras de mutaciones genéticas propensas al cáncer”. (Véase: “HOY”, del 24-3-17, página 8B).

Y, dijeron además los investigadores de la Universidad Johns Hopking, que la proporción en que eso ocurre – errores casuales de copiado – a nivel de las diversas formas de cáncer, es de dos tercios aproximadamente, según el estudio difundido.

Eso de que, ¿por qué a mí?, ¿es algo hereditario, como se preguntan muchos de los afectados por la enfermedad?, ¿es que tuve yo la mala suerte?, que son de las interrogantes más frecuentes que se formulan, quedan respondidas con la máxima esotérica: “Nada es casual; todo es causal”.

Sirva la misma en adición, para responder las pretensiones edificantes sobre el terrible mal, a los envalentonados cientitas investigadores, que solo quieren supeditar sus trabajos a los paradigmas convencionales dentro del ejercicio que llevan a cabo, marginando siempre lo espiritual esotérico – evolución de la especie humana -, con sus respectivos eventos punitivos a conquistar, que incluyen enfermedades terminales, como es el caso del cáncer, con tratamientos costosísimos, que a veces ni siquiera se pueden cubrir, para completar la “tragedia”, no realmente mala en el orden evolutivo espiritual.

Los problemas físicos de los humanos no se pueden tratar e investigar por separados. Hay que hacerlo de forma conjunta, con la energía sutil que les vitaliza: las entidades espirituales encarnadas, sujetas a procesos de evolución condicionados en el planeta Tierra, como a los mandatos de la “Ley Natural de Causa y Efecto”.

No se debe olvidar la inexorable aplicación de esa normativa, y que solo el hacedor de todas las cosas, puede conceder algún tipo de dispensación, por la reivindicación humana que se vaya logrando, con respecto a ciertos comportamientos observados anteriormente, y la firme expresión del amor incondicional en favor de sus congéneres, como las demás especies que habitan en el plano de la materia física densa.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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La ciencia no puede explicar los porqués: dormir humano y sueños

 

Cuando se leen con la atención debida trabajos como ese que publicara el neurólogo, José Silié Ruiz, periódico “HOY”, edición de fecha 19-3-17, en su elevado lenguaje científico de estilo, sobre una temática tan intrincada como es el caso del cerebro y los sueños, tal él mismo intitulara su trabajo (“El cerebro y los sueños”), se advierte de inmediato que, por más estudios relativos, ensayos, y aparentes comprobaciones que se hagan en el contexto exclusivo de la ciencia, ese  no es el único camino para buscar explicaciones certeras sobre el porqué del dormir, y la vida onírica nocturna, principalmente, de la especie humana (sueños), teniendo como base el cerebro.  Grandes enigmas siempre han sido esos para connotados investigadores, incluidos esoteristas y orientadores espirituales de fuste a nivel mundial.

Como él mismo señalara en su artículo, “a pesar de que nos pasamos gran parte de los tránsitos de vida en curso durmiendo, sigue siendo de total comprensión un gran reto para las neurociencias, pues aún no hemos podido dar una explicación definitiva y completa del dormir, esta trascendente función de “recuperación” neuronal de nuestro órgano pensante”.

Preciso es apuntar que, todavía no se tienen informaciones completas sobre lo que en realidad es el cerebro humano, considerado como “nuestro órgano pensante”, según él mismo, y su capacidad funcional completa.

Se desconoce una buena parte de ése. Sobre otras, nada más se especula. Y, si eso es con tal órgano físico palpable, ¿qué será con las cosas intangibles que se producen a partir de él, como son el dormir y los sueños que ahora tratamos?

Es más, hay quienes sostienen que el hombre en realidad no piensa; que los pensamientos solo son recuerdos que asaltan, provenientes de lo ocurrido en ésta, u otras corrientes de vida anteriores; que el cerebro no es más que un órgano retransmisor de los mandatos proveniente de la Divinidad Suprema, como de aquellos que se encargan de prediseñar cada esquema de vida humana, a manera de dirección y las guías requeridas, según lo presupuestado. Claro, que el que se digan cosas como esas, se reporta como una osadía imperdonable, por parte de los científicos

Con respecto a la otra inquietud, razón de los sueños, cuántos acostumbran a hacerlo con frecuencia, se han preguntado siempre sobre el porqué de los mismos, con sus diferentes características, algunas veces lógicas, cuando no ilógicas por completo, y sin explicación posible.

Eso les ha llevado a búsquedas incansables, encontrándose con diversas hipótesis y teorías que se han planteado los estudiosos en el orden científico, hasta con atrevidas aseveraciones conexas externadas, sin encontrar satisfacer las inquietudes que asaltan a los agudos investigadores en dicho tenor.

Debido a ello, se han inclinado por hollar otro camino en adición, y no separar los dos componentes que conforman toda entidad humana (materia densa – cuerpo –, y espíritu – alma -, craso error ese en que por lo regular se incurre a nivel de la ciencia, para diagnosticar y tratar de curar enfermedades, cuáles sean.

Como bien lo señalara Sócrates (Platón): “Si los médicos fracasan en la mayor parte de las enfermedades, es porque tratan el cuerpo sin el alma y porque, si el todo no se encuentra en buen estado, es imposible que la parte esté bien”. Galenos todos en el marco de sus búsquedas, incluidos los neurólogos obviamente, agregaríamos nosotros.  (ANDREI MOREIRA, obra: “Cura y Autocura. Una visión médico-espírita”).

Como se puede comprender, incursionar en el contexto espiritual- esotérico, entendido vía complementaria a recurrir, por ser la esencia propia de la especie humana, el espíritu, como el propósito evolutivo inherente en el plano de la materia densa, se hace más que necesario en estudios de la naturaleza que se trata.

La separación que prevalece a nivel científico se reporta improcedente: corporal, energía sutil acompañante. Por tanto, proporciona poca edificación a los en verdad interesados en conocer sobre las temáticas de ese tipo.

Por consiguiente, la decisión de no imitar dicha práctica, les ha permitido a los inquietos de que se habla, el encontrar respuestas más asimilables, en cuanto a los porqués del dormir y el soñar (vida onírica), cuyas precisiones con respeto a las opiniones de los envalentonados cientístas, arrojan juicios que no logran convencer en realidad.

Hablando en términos espirituales, el dormir nocturno se considera imprescindible para reponer las energías que invierten ambos componentes de los hombres (general) – espíritu y cuerpo físico – durante la faena del día anterior inmediatamente concluido,

El cuerpo físico reordena su funcionamiento biológico al descansar durante la noche, mientras que el espíritu se emancipa de su cárcel física, y regresa temporalmente a su verdadera casa (el mundo espiritual), en que habitan todos los desencarnados también, donde recarga sus energías para el quehacer diurno siguiente.

Se precisa que, la recarga energética que recibe la entidad espiritual, libre de la  forma física temporalmente, proviene de su Fuente de Origen,  la Divinidad Suprema, sita en el Gran Sol Central, para luego ser compartida con la economía corporal de que se trate, su templo terrenal presente.

Tal descanso durante las horas nocturnas, con principalía, por parte del espíritu para recobrar energías, aunque en menor grado, y en el plano astral, inmediato al terrenal, obviamente, se considera similar al necesario proceso, también restaurador, que se debe producir “intracorrientes” de vida que se cursen, luego de concluida una de esas, pero ya con otra dimensión, en el Plano Mental (Cielo de los religiosos).

Ese último se lleva a efecto, según los entendidos en la materia, en el plano mental, denominado Cielo, religiosamente hablando, reiteramos,  en que se permanece por algún tiempo, no necesariamente como el cronológico que se conoce en la Tierra, y desde donde las Almas regresan de nuevo al plano físico para continuar evolucionando, reencarnación de orden prescrita.

O, también pueden quedarse Allá, de haber completado el nivel perfección correspondiente; hacerse Una con el Cristo, paso previo para el regreso definitivo al Padre Supremo, la Fuente Originaria. La recarga de energía en este caso, si no hay retorno, es, para estar en condiciones de emprender la próxima misión terrenal divina asignada, como conquistar la carga kármica dispuesta, y aceptada, libre albedrio primario, al cursar una nueva corriente de vida. ¿Verdad que hay gran parecido con el descanso, o liberación nocturna de que se habló anteriormente?

Retomando de nuevo el dormir nocturno diario, en que el espíritu de inmediato abandona el cuerpo físico, quedando solo unido a éste por el llamado “Cordón de Plata”, se traslada al plano astral, o emocional, donde puede encontrarse con otros espíritus de durmientes terrenales, como de desencarnados, amigos, o familiares ya idos; cuando no, con otras entidades desconocidas de naturalezas diversas, incluidas las maléficas, y benevolentes, que allí se encuentran, entre otras si definición exacta.

Nos referimos al mismo lugar, hacia donde se parte tan pronto se muere, como es lo convencional que se entiende. Allí nos esperan familiares, y amigos conocidos en el planeta que acabamos de dejar. Se asegura incluso, que dan la bienvenida a los nuevos llegados.

“A su regreso al mundo de los Espíritus, el alma encuentra a todos aquellos que conoció en la Tierra, y todas sus existencias anteriores surgen en su memoria, con el recuerdo de todo el bien y de todo el mal que hizo”. (“DEPRESION: Causas, Consecuencias y Tratamientos”,  obra de Izaias Claro).

Un encuentro similar, aunque pequeño más bien, se produce cada noche, en que el espíritu se emancipa, interactuando con aquellos que allí encuentra, donde puede tener nuevas experiencias onírica ambientales, como recibir orientaciones, o consejos,  y mensajes directos, para que se actúe de regreso al plano físico, que pueden dar aquellos que fueron sus allegados en la Tierra alguna vez, cuando no de entidades espirituales piadosas que procuran ayudar a los demás.

También es posible vivir en aquel plano situaciones de preocupación, violencia, o incertidumbres, que promueven algunas entidades malévolas presentes hacia los visitantes de momento, en busca de afectarles emocionalmente. Son los episodios malos nocturnos al dormir que se verifican, o las pesadillas, de que se habla comúnmente.

Y ahí está el origen de los llamados sueños, cuya conceptualización de mayor consenso entre los esoteristas es, “que son el producto de la emancipación del espíritu, al dormir los humanos, que al desplazarse hacia su plano verdadero, tiene vivencias adicionales, y recoge experiencias que luego trae hacia la Tierra, y las transmite a los soñadores, que pueden ser recordadas o no por esos”. Regularmente se olvidan, aunque existen prácticas para evitarlo.

También, y según los entendidos, hay  estados emocionales, y otros, o cualquier problemática vivida durante la existencia del soñador, que se encuentran registrados en el llamado “Subconsciente”, que “representa lo oculto de la individualidad, el archivo de las experiencias y el registro de hechos menores de la vida”, que de nuevo se pueden manifestar durante los estados  oníricos de los humanos.

Pero hay más, en adición están los pensamientos obsesivos que se llevan a la cama, o las llamadas “alucinaciones de la mente calenturienta”, como suelen llamarles algunos, que se pueden concretizar mientras se está dormido, provocando el que se sueñe con los contenidos que envuelven.

Y por último, también pueden estar presentes en aquel escenario fuera del plano físico, las revelaciones de orden divino propiamente, procedentes de la “Magna Presencia” que mora en el interior de los humanos, como del llamado Ángel Guardián asignado, aunque tantos no lo crean así, en pos de que la Idea Misma del Padre Supremo Creador, manifestando terrenalmente, a través de uno de sus Atributos, los hombres (general), sea expresada según Voluntad.

Cabe ser agregado que, el asunto de los sueños se concibe como algo tan intrincado, complejo. que según afirman algunos autores esoteristas, cuando se producen los llamados episodios oníricos, el espíritu pierde la oportunidad de recargarse energéticamente, por la continuidad accionaria que éste lleva a efecto en el plano astral, que le mantiene ocupado, con efectos traslativos hacia el durmiente, por lo que el mismo se puede despertar más cansado que al acostarse.

Muchas cosas complementarias más se podrían decir en el tenor del tratado; pero, por razón de espacio disponible, las condiciones de transcripción, como la profundidad de estas cuestiones, se hace algo difícil, frente al teclado de un computador, y una pantalla.

No obstante, a partir de todo lo expresado se pude concluir que, a través del esoterismo, se pueden comprender mejor las razones del dormir y los sueños, con bases en el cerebro, que, de los análisis, explicaciones, y las ponderaciones científicas.

Ha sido la intención en verdad, el retransmitir ese mensaje, con humildad, y la ignorancia consciente en lo personal, sustentado con parte de las informaciones que hemos logrado acopiar en el orden de lo tratado. ¡Creemos  que algo se puede obtener del propósito presupuestado!

El mismo doctor Silié, admite las limitaciones que confrontan las neurociencias, y como “gran reto” para esas las concibe, e invita a seguir soñando, a pesar de las teorías científicas planteadas últimamente, y bajo el argumento “de que soñar no cuesta nada, como le dijeron a Pilarín”.

Doctor Silié, vale la pena reiterar, finalmente: si los humanos somos en realidad verdaderas entidades espirituales, revestidas de un cuerpo físico para poder manifestarse en el ámbito de la materia densa, los estudios de cualquier orden en términos científicos, tienen que considerar ambos componentes. De no ser así, jamás podrán obtenerse conclusiones certeras, y mucho menos con relación a asuntos tan intrincados, como esos sobre el cerebro humano, el dormir imprescindible, y los sueños.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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¡Dejen eso como está en la Constitución de la República!

 

Politizar el tema del aborto es más crimen que la práctica misma, por cuántas cosas se pueden derivar de este etiquetado impropio, dentro de esa “jauría” congresual inepta, en su mayoría, que se gasta este país.

¿Y qué sabe esa gente de eso, para aquilatar la verdadera importancia que tiene tal procedimiento médico?  Bien sabido es que, el grueso de aquella no es más que levanta manos, en pos de complacer intereses diversos,  incluidos los propios.

Dar ese carácter a un asunto tan intrincado como ése, nada más que para congraciarse, en busca de votos, con aquellos que defienden lo que se puede considerar un crimen al inicio de una corriente de vida prediseñada, en base a determinadas circunstancias por la que se debe atravesar durante el curso terrenal definido – entrada y salida del planeta -, es una gran aberración de índole espiritual.

El que se tenga que nacer de tal o cual forma, no es un asunto casual, sino causal, kármico, algo que es definido por la Madre Naturaleza en su momento oportuno, y que tiene propósitos evolutivos. De no ser ahora, tendrá que ser después, ya que el cumplimiento de la “Ley de Causa y Efecto” es inexorable.

El opinar y decidir sobre el mismo, – el aborto – es una cuestión que debe estar reservada a científicos de fuste, galenos especialistas realmente en la materia, no a comerciantes alegres del ejercicio de tan delicada disciplina, como se tienen hoy. También, a estudiosos e investigadores sobre la real esencia de la especie humana – espiritual -, que son los esoteristas.

Lo que se busca con esos padrinazgos políticos sobre la cuestión son preferencias electoreras y nada más. Ahora sale el Partido Revolucionario Moderno (PRM) “arengando” a sus legisladores en el Congreso Nacional para que adopten la misma posición del Presidente de la República, otro político en reelección obvia, buscándosela con las feministas que promueven la despenalización parcial del aborto.

Las preguntas obligadas con respecto al veto presidencial relativo, y los oportunistas defensores son: ¿qué estudios científicos irrefutables soportan esa petición de despenalizar el aborto, aun en las circunstancias que se esgrimen?

¿Y, sabrán los mismos congresistas comisionados, que encabeza el senador Rafael Calderón, para estudiar e informar sobre las observaciones al Código Penal recibidas del Poder Ejecutivo en ese tenor, de lo que en realidad se trata, y las consecuencias probables en los diferentes órdenes? ¡Difícilmente!

A los Diputados y Senadores del país bien les convendría leer el libro escrito por el señor Bernard Nathanson, “Yo practiqué 5000 abortos”. Ese médico dirigió la Clínica de abortos más importante del mundo, en los Estados Unidos, hasta el momento de concienciarse sobre lo que hacía, crímenes.

Se arrepintió de la dañosa práctica, y se convirtió en uno de los hombres pro-vida más connotados del mundo, según fuera publicado, el día en que decidió filmar un aborto, y pudo comprobar la existencia de vida, en eso que él extraía de ese vientre materno, “que en vano trataba de defenderse de la agresión salvaje que lo llevó a la muerte. Se pudo percatar hasta de su ritmo cardíaco de 140 a 200 pulsaciones, abriendo la boca en un grito silencioso de auxilio que jamás llegará”

Pero, tampoco los representantes máximos del PRM, y a ellos les va la recomendación también, saben nada sobre eso. Sí de buscar la manera de agenciarse votos, haciendo provecho del tema, y tratando de embaucar a la gente.

¡Qué se dejen de esas vivezas politiqueras, que aquí queda mucha gente pensante aún!

“El derecho a la vida es inviolable desde la concepción hasta la muerte. No podrá establecerse, pronunciarse ni aplicarse, en ningún caso, la pena de muerte”. (Artículo 37, Constitución de la Republica).

¡Ahí está contenido el mandato de mayor peso, respétese!

 

 

Autor: Rolando Fernández

 

La oración: intrincada temática que debe trascender lo convencional religioso al ser tocada

 

Hojeando uno de los medios de la prensa local, edición del 7-1-17, periódico “HOY”, nos encontramos con un trabajo intitulado: “La oración que Dios no escucha”, bajo la firma de Samuel Santana, sobre el que reparamos con interés marcado.

Es un artículo que, por la sencillez con que fue abordado su contenido, debió llamar poderosamente la atención a todo lector que haya investigado sobre la espiritualidad – esotérica, y los aspectos directos concernientes a la evolución de la especie humana sobre el planeta Tierra. Entre tales buscadores nos incluimos nosotros.

Para todos aquellos que han tratado de hollar senderos tan intrincados como ese asunto de la oración religiosa-espiritual, contestada, o no; elevar una plegaria al Padre en los Cielos, a los fines de recibir ayuda para solucionar situaciones adversas que se presenten durante las corrientes de vida que se cursen, no es tan sencillo como parece convencionalmente, aun se hayan soportado las aseveraciones, creencias, y consideraciones expuestas, etc., en el trabajo de referencia, con algunos versículos bíblicos aludidos en el mismo.

Eso de que Dios escucha solo las oraciones de algunos (los justos), no así las de los impíos (se mantiene alejado), cuando todos somos sus hijos, y estamos representándole, como expresándole, bajo corrientes terrenales de vida prediseñadas, según las misiones divinas encomendadas, como la porción del karma maduro puesta sobre los hombros de cada cual, para conquistar durante el tiempo cronológico cronometrado, no nos parece muy asimilable.

Se parece tal cosa, a lo del infierno, que se han encargado de inculcar las religiones convencionales a los incautos, o gente de poca gnosis. ¡Dios no va a quemar a ninguno de sus hijos, aun lo malo que parezcan! Esperará siempre por su regreso definitivo hasta Él

Al margen de todo cuánto relativo pueda aparecer en la Sagrada Biblia, siempre sujeto a interpretaciones variadas, y con posibles errores de traducción, por los diferentes idiomas en que ha sido escrita, creemos que las respuestas, o no, a las oraciones que al Supremo se puedan elevar, están íntimamente ligadas al marco evolutivo espiritual a cargo de la humanidad que se esté cursando, a través del Santo Cristo Propio en cada cual –  Cristado: Conciencia del Padre lograda.

Dios oye todas las oraciones, y nunca se equivoca, en términos de responder o no. Puede hacerlo a través de sus ayudantes ángeles y arcángeles, etc. Es Él quien sabe cuándo procede una cosa o la otra, supeditada a lo que más convenga en el orden evolutivo espiritual a cargo de los hombres (general).

A veces creemos, que es malo lo que nos ocurre, cuando en realidad no es así, visto el contexto de la verdadera esencia de los humanos – espiritual. En consecuencia, se responderá o no, a la plegaria de que se trate.

Lo que nos sucede siempre tiene que pasar, y está sujeto a la Ley de Causa y Efecto. Nada nos llega por accidente o casualidad. De ordinario se reportan sucesos o situaciones difíciles como piedras punitivas en el camino que debemos derribar, y que el Padre Supremo no los va a impedir. Él es anuente a sus ocurrencias, por lo positivo que resultan para continuar evolucionando.

Eso de que se considere “como una oración vana aquella que se hace permaneciendo en el pecado y sin el deseo de obedecer a la voluntad del Señor”. “Que desgraciadamente esta es la causa o razón por la cual muchas plegarias quedan sin respuestas dentro de las iglesias y las grandes religiones del mundo”, no nos parece la concepción más correcta, ya que hay demasiada subjetividad en la misma.

Y es que, no creemos que nadie sobre el planeta Tierra pueda saber cuándo en realidad se está en pecado, – “errar en el blanco”, según la traducción griega del término -, algo que entendemos el no actuar aceptando el prediseño de la corriente de vida que se esté cursando; o, no se tiene el deseo de obedecer la voluntad del Señor, que ningún mortal puede conocer de antemano.

¡Dios siempre tiene la razón! Y, a nosotros solo nos queda el observar debidamente la Ley de Causa y Efecto; dejar pasar, conformes, cuánto nos llegue; como, clamar al Padre en los Cielos, tal lo hizo el amado Maestro Jesús, ¡qué no se haga nuestra voluntad, sino la de Él.

 

Autor: Rolando Fernández