¡Se les fue de las manos a las autoridades locales!

¿Qué se ha ido de las manos en Dominicana? La falta de obediencia civil; la inobservancia a las leyes vigentes básicas en el país; el descalabro de las instituciones estatales; la violación a las normas de convivencia civilizada; la inseguridad ciudadana; y, la deshonra marcada a los símbolos patrios, entre otras cosas.

En fin, esta es una nación que está a punto de tener que ser declarada como tierra de nadie; o, tal un Estado fallido más en el área del Caribe, donde hasta infunde temor el tener que transitar por sus calles y avenidas.

Aquí nada, ni nadie está seguro. Y, amén de eso, tampoco se dispone de organismos fiables, como de oficialidad alguna, ante quien reclamar, cuando se presente la ocasión.

Hacer eso en esta nación, es perder el tiempo, y hasta correr ciertos riesgos probables de peligros. Qué lástima el tener que abordar realidades como esas. Pero, tampoco negarlas, sería lo debido.

Evidentemente, “no hay efecto sin causa”. Y, todo obedece en gran parte, a la adopción de la seudo   democracia representativa que desde hace años rige entre nosotros, y que se reporta más bien como un “sonoro” libertinaje a todo dar.

Claro, también a la inconsciencia ciudadana, para elegir a quienes han dirigir el país cada cuatrienio. “Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”, dicen los que saben, los cual es muy cierto.

Indudable es que, aquel loable sistema de gobernanza, cuando bien asimilado y aplicado resulta, ha sido muy mal interpretado por un buen número de los políticos que les ha tocado dirigir la nación dominicana hasta el momento.

También, por parte de la población misma, que carente de formación básica en su mayoría, y de edificación sobre las características principales de esa referida forma de gobierno, contribuye con el gran caos que se aprecia aquí en todos los órdenes. Incide, además, lo concerniente a las convivencias aceptables que han de regir siempre entre los ciudadanos, ignoradas por completo, no cabe duda.  

Con relación a ese tenor último, y como es obvio suponer entonces, se debe de exigir a los pueblos el cumplimiento de los deberes, y las responsabilidades atribuibles a esos. Muy importante es que, los mismos deben estar conscientes de tales reglas, o normas regulatorias.

¡Pero no! Son aspectos los citados con anterioridad, qué aquí se han dejado de lado totalmente. Los políticos, por su lado, hacen cuánto les da la gana, tan pronto logran alzarse con el poder. ¡Se creen los amos y señores!

Y, fungen nada más que como administradores de lo que consideran una finca de su propiedad ya adquirida, en compañía de los socios que financian sus campañas electorales.

Esos agraciados, a los que se encarga de la administración de la cosa pública entre nosotros, cada cuatro años, solo se representan a sí mismos. ¡Qué pueblo, ni pueblo! Se considera que ése nada más sirve para ir a votar. El tondo útil aprovechable se le cree.

Luego, ¿qué les importa los procederes ciudadanos que se observen más adelante? Sí, el que siempre esté dispuesto a soportar, como “burro de carga” los gravosos tributos impositivos que se impongan.

Igual actúan aquellos con respecto a su séquito acompañante, compuesto de ordinario por adeptos partidaristas, y los representantes de los poderosos grupos económicos empresariales que patrocinan sus aspiraciones, a los que también les toca parte del “pudín” estatal a repartir.

Se puede decir entonces, sin temor a equivoco alguno, que debido lo expresado, todo anda aquí, en la nación dominicana, “manga por hombro”, como reza un dicho popular.  ¡Y, qué eso sí que es verificable a todas luces!

Qué, sí es fehaciente, el libertinaje que se vive en Dominicana; la trepadera de avivatos; y, los advenedizos desempeñando cargos públicos, “atrapa cheles”; factores tales, qué en mucho contribuyen con esa despreciable situación social aludida.

 Una de las mejores muestras, entre las más evidentes, por supuesto, para comprobar en parte lo externado, es el desorden que se verifica en el tráfico vehicular nuestro, capitaneado por “animales conductores”, desaprensivos, e incontrolables, en su mayoría, que laboran, o se distraen paseando, frente a al volante de un vehículo.

En adición, complementa el feo espectáculo vial, la “plaga” de los motoristas que circulan a diario, cuyos “actores, desprovistos de documentación alguna, en un alto porcentaje, no tienen miramiento alguno para moverse por doquier, llevándose a cualquier persona, por delante. ¡Las aceras también son de ellos!

Por igual se aprecia un caos mayúsculo, en el mismo desplazamiento peatonal, que se debe hacer, transitando tirada la gente a las vías públicas, corriendo riesgos notables, ya que los espacios destinados  al mismo, son usados para múltiples actividades muy distintas entre sí, incluido el depósito de basuras, chatarras, como de materiales de construcción; instalación de talleres; por venduteros públicos; y, para extensiones de  negocios formales, instalados en determinados lugares que favorezcan la acción, hasta ocupar gran parte de los pasos peatonales..

La verdad es que, ante una panorámica como la descrita más arriba, ¡se puede estar hablando aquí de autoridad sentida, bajo un esquema de democracia representativa así instaurado!  ¡“Bueeno”!

¡De qué este pueblo tiene alguna representación real, a nivel de los tres Poderes del Estado nuestro!; ¡como, de que esos trabajen con intención valedera, a los fines de procurar reales enmiendas, que vayan en beneficio de la convivencia humana óptima a nivel local, y el desenvolvimiento requerido por esta población!

Evidentemente que no. Y, que, en el marco de tal democracia, así asimilada por gobernantes y gobernados, como puesta en práctica por demás, lo que se está es en presencia de más falsía, que de otra cosa; de “cuadre y cachucha”, como diría un caro amigo nuestro.

Por consiguiente, más que notorio se reporta, que bajo el precitado sistema político que rige en el país, cabe reiterar, muy poco posible se hace controlar nada entre nosotros; como tampoco, el que las autoridades puedan imponer el imperio debido de las leyes y normas vigentes.

¡Lamentablemente!, se les fue de las manos el control de todo a las autoridades dominicanas, se debe repetir. Y, agregar que, ¡hace mucho tiempo!

Qué solo bajo la instauración de un régimen de fuerza, encabezado por un dictador, con una mentalidad avanzada, se podría retornar a la gobernabilidad nacional debida; como, a todo orden y respeto necesarios, a honrar por parte de la población.

Autor: Rolando Fernández

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¿Por qué tiene que ser así? ¡Esta sociedad no recapacita!

Se hace más que notoria, la inclinación de una gran parte de la ciudadanía aquí, por ir a sufragar cada cuatrienio, en procura de sembrar supuestos “árboles frondosos”, que aparentan, pero que en realidad no lo son; como, tampoco sus ramas más cercanas exhibibles, para que ofrezcan agradables sombras sobre los destinos del país.

Esa siembra, que de ordinario se torna fallida, se hace en Dominicana al término de cada cuatro años, en que son celebrados los procesos electivos de los políticos del patio, en procura de las reivindicaciones deseadas.

Se aspira a que los mismos, en su conjunto, proporcionen mayores grados de paz y sosiego a la gente nuestra, en términos políticos, sociales y económicos.  

Pero, las esperanzas cifradas en esos ordenes por parte de la población, quedan siempre truncadas, como producto de las malas escogencias acostumbradas en las urnas, a pesar de los pesares; no obstante, los creídos esfuerzos por cambiar de “jinetes”. Y es que, ¡no se recapacita!, como es bien sabido, en torno a las elecciones más aconsejables.

Por tanto, los fuertes rayos solares que aquí inciden, seguirán pulverizando las expectativas creadas en cada ocasión, por los tantos ingenuos que se gasta la República; que prosiguen sin detenerse a pensar en los inciertos derroteros que asechan.

Esa que intitula, es la gran pregunta que un grupo de los hombres algo pensante, de esos que aún quedan en esta República de ordinario se hacen, cuando reparan en determinados comportamientos impropios ciudadanos que se observan entre nosotros con regularidad, en esa línea de acción de que se trata.

Y, la verdad es que, un buen segmento de los dominicanos luce hoy como seres masoquistas; carentes de sensibilidad patriótica; y, ajenos al porvenir de las nuevas generaciones; que, obviamente, habrán de incluir a muchos de los descendientes de los que en el presente así se muestran.

Lamentable, tener que decir eso. Pero, es la cruda realidad, puesta más que en evidencia, desde hace años en este país; y, que bien queda al descubierto, cuando este pueblo se inclina cada cuatrienio por estar respaldando a los mismos actores políticos de siempre, más que cuestionables en su accionar.

A esos que lo han estado regenteando durante décadas, y que solo tienen más de lo mismo que ofrecer; que recurren a iguales retoricas electoreras; a posverdades; y, embaucamientos premeditados, etc. Que repiten películas similares en cada ocasión, y los espectadores siempre retornan.

Que solo procuran proseguir endeudando el país hasta la coronilla, de común justificando esa práctica malsana; hipotecar más la soberanía nacional; imponer gravosos tributos a la población; defender los intereses de los poderosos grupos económicos que financian las campañas políticas; y, seguir” engordando” los gobernantes de turno, conjuntamente con los séquitos acompañantes, sus cajas de caudales, entre otras cosas.

En consecuencia, hay que preguntarse en segundo orden, ¿qué pasará después? ¡Eso poco les importa a tales “magnates”! ¿Tampoco, cómo enfrentaran las nuevas generaciones los desastrosos legados que se les deje? ¿Con qué recursos se podrá contar mañana para honrar la abultada cadena de empréstitos concertados con el exterior?

Son preguntas esas que no mueven a preocupación alguna dentro la clase política nacional, y, menos en el grueso de la sociedad dominicana en general, que no recapacita, vale reiterar; que se muestra como dopada.

Por tal razón es que, se continúa aupando, y favoreciendo electoralmente a tantos desaprensivos y corruptos políticos que entre nosotros se tienen; a descarados inversionistas dentro de género, en su mayoría, que solo procuran ir al poder en busca de cuartos para ellos; como, en favor de los grupos respaldantes, que patrocinan sus campañas electorales. Jamás pensando ninguno de esos, en trabajar para el bienestar y desarrollo de país.

No obstante, este pueblo sigue roncando, y dejándose embaucar siempre. Son estas circunstancias condicionantes, las que, evidentemente, vienen a confirmar una vez más, la máxima sociológica aquella que reza: “Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”.

Por tanto, las quejas con respecto a los males presentes que agobian; las incertidumbres ciudadanas, innegables a todas luces; como, las calamidades futuras que se advierten, casi seguras, a nadie le aguan la fiesta en esta sociedad de masoquistas; de gente que se deja mofar con facilidad extrema.

Preciso es destacar que, si en verdad, este pueblo anduviera detrás de las reivindicaciones que ya urgen, preciso es de decir que, aquí todavía quedan hombres serios y capaces para ser elegidos, qué bien podrían hacer mucho por este país en el orden político, con extensión beneficiosa futura amplia, hasta las nuevas generaciones; y, aligerarles la pesada carga que tendrán que soportar mañana sobre sus hombros.

Pero, de lanzarse aquellos ciudadanos honrados, pulcros y capaces, a la actividad política nacional, difícilmente, esos logren el favor del electorado en su conjunto, al momento de sufragar; por no estar dispuestos a comprar la consciencia de ningún ciudadano, con “un pica pollo”, o la entrega de RD$500, emulando a la desacreditada “estirpe” política nacional de los últimos años en Dominicana.

Es obvio que, no estarían en disposición por demás, de ir a codearse, y pactar acuerdos de aposento con muchas de esas “lacras” que militan en la partidocracia nacional, bastante conocidas por todos aquí, y que siempre están vigentes, pese sus tantas fechorías, en perjuicio del país.

¿Hasta cuándo serán los desatinos de los ciudadanos dominicanos, en el tenor de lo abordado aquí? ¡Ojalá que gran tiempo no falte, para que se recapacite como es debido!

Autor: Rolando Fernández

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¡El viaje de regreso inevitable!

Si pensáramos en eso, qué distinto sería todo. Cursaríamos los hombres cada corriente de vida que nos conceda el Supremo Creador del Universo, libre de egoísmo, apego a las cosas materiales, prepotencia, e ingratitudes.

Siempre se observara, debidamente, la sagrada “Regla de Oro”, que prescribiera al mundo el amado maestro Jesús, ya siendo “El Cristo”, durante su ministerio terrenal: “no hacer a otros, lo que no quisiéramos recibir nosotros”.

Al intitular así esta humilde opinión, nos referimos al viaje de retorno obligado por parte del espíritu encarnado, que es lo que en verdad somos los hombres (general), a partir de la llamada muerte física, a que están sujetos los humanos, tal como convencionalmente se conoce.

Habrá   un día, e instante, específicos, impostergables, en que esa entidad   espiritual tendrá   que regresar de nuevo, desde el plano terrenal hasta su propio espacio sutil, al cual pertenece, y que es la verdadera casa de todos.

Comienza dicho viaje de retorno, el mismo día en que se ingresa al físico; abandonando entonces, por supuesto, el templo carnal en que se habitó por algún tiempo. Finaliza, claro está, la encarnación que fuera emprendida.

En ese preciso instante de entrada al ámbito de la materia densa, se inicia la “cuenta cronológica regresiva”, para su retiro, temporal o definitivo, dependiendo del grado de evolución que se haya alcanzado hasta ahí.

Pero, se advierte por demás, que en términos de concienciarse las personas, durante el discurrir existencial de cada cual, se hace muy poco, normalmente, en ese orden, a pesar de un tiempo razonable ya agotado, respecto de las misiones a cargo con las que nacemos; los mandatos de carácter divino que se deben cumplir; y, mucho menos, sobre las conquistas kármicas dispuestas para el curso de un tránsito terrenal determinado,  que fueran aceptadas de antemano (primera fase del llamado libre albedrio), por parte de la entidad espiritual encarnante.

Antes de proseguir con el desarrollo de lo que aquí se trata de abordar, se hace aconsejable intercalar lo siguiente, a los fines que se tenga una idea, aunque algo superficial, con relación a esos asuntos de las misiones divinas a cumplir, en base a dones, o talentos concedidos, obviamente; y, las conquistas kármicas necesarias asignadas, referentes a puniciones, por actos indebidos en existencias anteriores.

Son definiciones o conceptos relativos esos, que aparecen expuestos en la red de la Internet, y que invitamos a buscar, y leer. Véase: 

“Talento puede definirse como una capacidad especial o sobresaliente innata para llevar a cabo una actividad específica. … Se puede decir que un don es lo mismo que un talento. Sin embargo, la palabra don tiene un dejo de sobrenaturalidad, de extraordinario. También se le entiende como un regalo, una dádiva”. Evidentemente, cabría agregar, que son esos otorgados, para ser usados durante la encarnación.

“Karma y Dharma: estas dos palabras orientales significan Castigo Y Premio. En forma más filosófica diríamos mala Acción y mala Consecuencia, y buena Acción y buena Consecuencia”

Continuando con la temática principal, se debe apuntar que, cuánto pueda ocurrir en relación con el aspecto kármico durante la estadía mundanal, humanamente hablando, de ordinario se atribuye a la casualidad, olvidándose, qué no es así; sino, que, “todo es causal”, como bien aseguran los entendidos en la materia. “¡Qué nada pasa sobre la Tierra, por accidente!”, dicen ellos.

A manera de complemento, algo más en ese orden, que se debe señalar de forma precisa es qué, no se está en el plano terrenal por mero azar; sino, debido a un plan espiritual evolutivo, y con una misión divina que cumplir.

De ahí es que, toda corriente de vida obedece a un prediseño; y, que en ésa son contempladas las condiciones y circunstancias requeridas, para el logro pleno de los efectos evolutivos atinentes a la entidad a encarnar de que se trate.

El concienciarse sobre esas esotéricas realidades, según aseveran aquellos que conocen sobre esa materia – espiritualidad; no religiosidad popular -, si es lo que se entiende da sentido y propósito real a eso que convencionalmente llaman vida los humanos, cada subsistencia física, lo que hace siempre sentirse conforme con todo lo que acontezca durante la misma.

Que la vida es UNA, eterna e infinita; y, que las personas disfrutan de fragmentos de Ésa, denominados “corrientes de vida”, dispuestos esos, para “Expresión y Manifestación Divina” en el plano de la materia densa, y otros asuntos, durante dichos lapsos de tiempo.

Que todo se habrá de producir a través de los hombres (general), y las demás especies acompañantes, como Atributos del Supremo Creador que en verdad son.

Esa estadía cronológica humana, en lo atinente al plano físico de la materia, visto solo en ese orden de la presencia física de la especie, e ignorándose los porqués de las razones principales de cada existencia, que es lo que nos ocupa ahora, se reporta siempre, solo como “vanidad y aflicción de espíritu”. Esa es una concepción muy externada y comprobada.

Por tales motivos se hace creíble, el que se entienda en el contexto científico, “que la vida humana no tiene en absoluto ningún sentido. Los humanos son el resultado de procesos evolutivos ciegos que operan sin objetivo ni propósito”. Así se expresa en la obra: “Sapiens. De animales a dioses”., página 428. Yuval Noah Harari).

Bien se puede asociar ese pensar científico con el señalamiento del Predicador, y que aparece en la Sagrada Biblia: “Miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu”. (Eclesiastés 1-3,2 Corintios 11:16-33).

Es obvio que, se viene a este plano por un tiempo cronometrado de antemano, y luego se tiene que regresar a la verdadera casa, el plano espiritual, portando un solo equipaje: los resultados de las realizaciones encomendadas desde allí; como, del terreno evolutivo ganado en adición, producto de las buenas obras llevadas a cabo por iniciativa propia, durante cualquier encarnación que concluya.

En tal sentido, qué se hizo, en términos de la misión divina asignada; como, con respecto a la conquista de la porción del karma maduro seleccionada, el acumulado, y aceptada previamente por el Alma (el espíritu encarnado), cabe recalcar, antes de ingresar al plano terrenal

Todo hombre que se ha puesto a indagar y reflexionar sobre el porqué fuera creada la especie humana, de seguro ha arribado a la conclusión de que esa respuesta solo puede ser hallada a nivel del plano espiritual.

Que el propósito por el que cada cual, espíritu encarnado, está en la Tierra, es representar al Supremo Creador de todo, y Manifestarle; como, el conquistar las cargas kármicas necesarias, y “puestas sobre los hombros”, evolucionar.

Luego, como la ciencia convencional, por lo regular, siempre ha estado divorciada de lo divino, por entenderse, en su marco de ejercicio, que lo único válido, es lo comprensible, lo verificable en el contexto de la mente humana, es lógica la concepción de que la vida, tal y como se concibe, convencionalmente, no tenga sentido, ni propósito alguno.

Ahora, yéndose uno al contexto de lo esotérico espiritual, en el ámbito metafásico, sí que habrá de encontrarle sentido y un propósito, muy importante.

También se podrá discriminar entre lo que es la VIDA en realidad, presente en cuánto existe en el Universo, que los entendidos consideran como sinónimo de DIOS, incluso; y, los fragmentos de Ésa que se conceden a los humanos, llamados “corrientes transitorias”, para los fines señalados. precedentemente.

Finalmente, es preciso apuntar que, la temática aquí abordada, no es muy fácil de explicar, como tampoco de entender. Pero, de seguro vale la pena intentar ambas cosas. ¿Por qué?

Primero, para edificación de aquellos que no han tenido la oportunidad de indagar nada en ese sentido; y, segundo, en pos de que todos esperemos preparados para partir, ese obligado viaje de regreso al mundo espiritual, nuestra verdadera casa.  

Autor: Rolando Fernández

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