Llegó la semana del romo, el “playeo” y el “montañeo”

 

En eso han convertido la denominada otrora “Semana Mayor”, o “Semana Santa”. Claro, para ello se ha hecho provecho del caldo de cultivo social de mayor incidencia: la ignorancia generalizada, cada vez in crescendo, considerada por los grandes esoteristas hindúes, a la cabeza el Iluminado Maestro, Buda Gautama, como el “pecado capital de la humanidad”.

Muy lamentable, el que actitudes tan reprochables tales, asociadas con las bebentinas, como el “vacacionismo” desmedido,  y el excursionismo, se hayan venido observando durante los últimos tiempos de la llamada “Era Cristiana”, capitaneada, según es sabido, por el Amado Maestro Jesús, como Avatar de Piscis, y teniendo a cargo dentro de su ministerio terrenal (30 – 33 años),   encarnando en el plano físico la Magna Conciencia del Padre en los Cielos, la  ejemplificación  ante los hombres (general),  respecto del sendero evolutivo completo que deben recorrer, para su regreso definitivo a su Fuente de Origen, haciéndose primero Uno con el Cristo, nivel espiritual supremo, que Él, como humano, representó. “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. (Juan 14-6, Sagrada Biblia). No quería significar, obviamente, el Jesús-hombre.

En el ámbito esotérico puro, ese está considerado como el período conmemorativo que debe ser de más significación para la especie humana, y su propósito real sobre el planeta Tierra. Por tanto, es preciso honrarle con la mayor devoción posible; respetarle en grado sumo.

Sin embargo, los politiqueros, y los comerciantes aprovechadores, mayormente, son los que se han encargado de “relajarle”; de inducir a la gente a que todo lo espiritual relativo sea tirado por la borda durante la época; a hacer provecho del largo feriado anual para “empinar el codo”, como se dice en buen dominicano; al igual que, visitar balnearios, playas y montañas a nivel de toda la geografía nacional, como lo es en el caso nuestro.

Claro, no solo en Dominicana se procede de esa manera, en otras latitudes también.  Aquí, por ejemplo, “Reserva hotelera para Semana Santa superará el 90%,” según el presidente de Asonahores. ¡Qué botín mamacita! ¡Penosa realidad! (Periódico “HOY”, edición del 24-3-18).  El comportamiento señalado, es algo casi generalizado a nivel mundial. En lo que menos está pensando la gente ya, es en asuntos de espiritualidad.

Aunque resulte osado decirlo, cuánta falta haría la ocurrencia de algún evento catastrófico natural, inductor por supuesto, coincidente con las desaprensiones mundanas que se verifican durante los últimos días de la Semana Mayor, para ver si los humanos tratan de concienciarse sobre el verdadero significado alusivo a la magna y divina celebración del período, tal se debe considerar, que desde hace tanto tiempo se viene deshonrando alegremente.

Resulta más que chocante el hecho de que, con tantos fines de semana largos que tiene el año, el que debe ser el más importante, en términos de divinidad y respeto a lo sagrado; como, el utilizarlo nada más que en la realización de actividades espirituales, y momentos de reflexión; de expresar el verdadero amor incondicional a sus congéneres, y las demás especies terrenales, sea desperdiciado, y depreciado en sí tal manera.

Claro, lo que más media en ese accionar deleznable de las personas, es la falta de conciencia sobre el Padre Creador de todo el Universo, incluido el microcosmo, entidades espirituales encarnadas (hombres-general), y la razón de sus tránsitos terrenales, que muy bien se puede asociar con las lejanas frases del extinto Milton Peláez, incluyera en uno de sus jocosos cantos juveniles, hace ya décadas: “EN EL MUNDO EN QUE VIVIMOS, NADIE LLEVA RELIGIÓN, SOLO SE ACUERDAN DE CRISTO, ….,CUANDO SIENTEN UN TEMBLOR, O CUANDO LLEGA UN CICLÓN”.

Acertó en gran medida ese icono del humorismo local, actor cuando tal ejercicio servía. Eso ahora de la Semana Santa, que se produce desde hace mucho tiempo, es una muestra más que fehaciente de lo expresado. ¡Recordemos!, que las escribió en ese entonces. ¿Y, en el presente, qué tanto más se podría decir? ¡Tarea para los piensan!

 

“La Semana Vacaron”. ¡Vacaciones, y ron “por pila”!

 

A lo que se ha llegado en el presente; cuántos irrespetos y desparpajos mundanales, que bien se pueden asociar con las señales, como los episodios a observarse durante los tiempos finales de la llamada “Era Cristiana”, en que se habrían de oír además, tambores de guerra por doquier; ver la ocurrencia de connotados fenómenos naturales; al igual que, la depravación y degeneración de un gran segmento de la especie humana. ¡Qué poco se repara en esas cosas!

Hoy, “el pecado capital de la humanidad: la ignorancia”, como bien lo señalara el Budhha Gautama, siglos atrás, se está poniendo más que en evidencia, y las consecuencias están a la vista.

La honra a lo divino se ha tirado por la borda, prevaleciendo cada vez más con mayor ahínco, lo mundanal absurdo; las actitudes humanas osadas, que solo pueden provenir de mentes enfermas, e ignorantes por completo.

Y, una de las mayores muestras, es la inobservancia a una conmemoración de hechos tan significativos para los hombres, en términos de la evolución espiritual que se debe llevar a cabo, escenificados en tiempos muy atrás, relativos a la expansión total de Conciencia Crística necesaria, condición sine qua non previa, para poder hacerse Uno con el Padre Supremo; regresar de nuevo a la Fuente de Origen.

Se trató aquel ministerio terrenal llevado a efecto, tan menospreciado evento espiritual hoy, de la ejemplificación del sendero espiritual consciente a recorrer por todos los hombres (general), a cargo del Amado Maestro Jesús, encarnando el Cristo: la “Magna Conciencia de Dios Mismo”, en expresión terrenal.

La verdad es que, con el libertinaje y la falta de respeto con que en la actualidad se procede durante la celebración de la otrora llamada Semana Santa, o Mayor, en la que se ha marginado por completo lo religioso-espiritual, lo que más procedería es un cambio de nombre para la época, en la primavera de cada año.

Bien se le podría denominar “Semana Vacaron”, por el ordinario uso que se le da comúnmente a la mayor parte del periodo, para ir de vacaciones, playeos descarados, de romerías y otros, como trepar montañas, que nada tienen con ver con la esencia de la celebración que nos ocupa.

Pero, ¡qué esperen respuestas los osados! Aquellos que no son capaces de honrar el fin de semana más especial durante todo el año, entre los tantos, independientemente de las creencias o no que se tengan.

Pero, además, están aquellos que promueven los actos desaprensivos en que se incurre para la temporada, y conexos; que inducen a las romerías, como los playeos de estilo, en procura siempre del comercio y las mercurialidades; que nada piensan en lo material, los cuartos, sin importarles las consecuencias dañinas individualizadas, ni las ofensas a las prescripciones de orden divino.

Procede recomendar a esos últimos, el pasaje bíblico referente a “Jesús Echa a los Mercaderes del Templo”, en pos de que reflexionen de forma sostenida, sobre el mensaje allí expuesto. (S. Marcos 11:15-18).

Finalmente, hay una pregunta relativa al tema que siempre asalta las mentes pensantes de algunas personas entre nosotros, y es: ¿debe el Centro de Operaciones de Emergencias (COE), estar invirtiendo grandes sumas de dinero para proteger a osados vacaciones y bebedores sin control, que nada más salen a divertirse en Semana Santa, como a correr riesgos innecesarios, burlando toda una tradición cristiana, con esencia puramente religiosa-espiritual?

Se entiende que, lo que más se persigue con tal disposición estatal, es dar un espaldarazo a comerciantes y empresarios turísticos, hoteleros, a los fines de procurarse mayores consumos por parte de la población durante el feriado de que se trata.

Que la protección anunciada, induce a muchos vacacionistas irreligiosos, que se sienten respaldados, a tomar carreteras de manera temeraria; y que, los dineros que en eso se invierten, bien pueden ser dirigidos a cubrir otras necesidades perentorias para la población.

Que, aunque parezca inhumano, eso se debe revisar, detrás de ir ponderando su posible desaparición, aun sea parcial en principio. A la gente comedida y respetuosa, no hay que estar cuidándole. ¡Ella misma lo hace!

 

 

 

Autor: Rolando Fernández

 

www.rfcaminemos.wordpress.com

 

 

¿Por qué no despertar?

De acuerdo con lo que se expresa en el diccionario “Pequeño Larousse Ilustrado 2010,  el convencionalismo es: “Práctica u opinión que por comodidad o conveniencia social se considera norma”.

 

La verdad es que, el adherirse por completo a las concepciones de índoles convencionales, más que “comodidad o conveniencia social”, conlleva un alto grado de ignorancia implícita en las personas.

 

Y es que, cuando así se procede, de ordinario se desconocen las verdaderas razones que están detrás de lo que se hace.  Muchas veces obedecen los comportamientos observados, a la emulación de meros inventos procedentes de personas embaucadoras; de gente que siembra en terrenos donde las estupideces florecen rápidamente; en aquellos lugares en los que el material pensante escasea con bastante notoriedad.  Allí se depositan las semillas que germinan, y se reproducen con prontitud a través del tiempo.

 

De ahí que, cuando a algunos se les pregunta el porqué de tal o cual práctica, relacionada con determinadas normas sociales, la respuesta inmediata que aflora: “es lo que estoy viendo desde que nací; realmente no sé de dónde viene, y mucho menos, lo que significa”.

 

Eso dice claramente, que no hay un despertar; que no se tiene conciencia respecto de lo que se hace; que se es una persona ignorante inconsciente. Simplemente, la gente se preocupa por seguir la corriente, para complacer a los demás; o, porque en realidad conviene hacerlo, en procura de algún propósito específico.

 

Estableciendo similitudes entre algunos de los diversos actos convencionalistas que se producen, que se van trasladando de una época a otra, sin saberse el motivo real, reparamos en algo que guarda cierta similitud con lo expresado más arriba, y que es un asunto que data desde la antigua Roma: los cortejos nupciales, encabezados hoy por una “dama de honor, como las de compañía”, alcanzando estas últimas un número significativo.

 

La antigua costumbre aún se mantiene vigente, aunque ya no con la composición grupal original, como tampoco la esencia primigenia de otrora. Es algo que, en el presente implica cuantiosos gastos de dinero, y nada más; al igual que, un compromiso para las seleccionadas, que se torna prácticamente ineludible; pero que, aquilatado en su justo valor, como que carece de sentido en los tiempos presentes; que sólo lo tendría en el ámbito protocolar ostentoso, que sí se estila en la actualidad.

 

Precisamente en estos días, una joven amiga que fuera escogida para tal desempeño, conjuntamente con otras muchachas, tuvo que dejar de lado un fuerte virus gripal, con el estado febril que le acompañaba, para cumplir con uno de esos roles (dama de compañía), bajo el alegato de que, ¡no se podía faltar!, con todo lo que ello implicaba, en términos de maquillaje y representación física total, incompatibles con su estado de salud. ¡Buenos!,  ¿y no habría que pensar en esa última primero, y no en aquella costumbre-ritual, con tan poca significación ya?

 

Al advertir ese apego tan irrestricto a tal norma social, procuramos investigar un poco más a fondo sobre el origen real de la misma, encontrándonos en la red de la Internet con algo que transcribimos a continuación, que merece ser destacado:

 

“En la Roma antigua las damas de honor formaban una especie de infantería o séquito de la novia cuando ésta se trasladaba al pueblo natal del novio para celebrar la ceremonia, y su propósito era el de proteger a la novia de un posible secuestro o del robo de su dote, vistiéndose como ella para que no se supiera quién de las damas era la auténtica novia. Asimismo tenían la función de salvaguardar a la novia de los espíritus malignos siguiendo sus pasos hasta el altar. Por su carácter protector a las damas de honor también se las conocía como madrinas”.

 

Luego, reflexionando sobre el contenido allí expuesto, la pregunta obligada sería: ¿y qué tanta significación podría tener eso en el presente, que no se pueda evadir el compromiso por una causa de fuerza mayor?

 

Probablemente, la respuesta más apropiada puede ser, aquella razón que expusiera con estilo y elegancia el cantante Raphael, de España, en uno de sus mejores éxitos, expresada más o menos en los siguientes términos: “Costumbres, viejas costumbres, no dejan al mundo correr.  Costumbre, viejas costumbres, nos atan de manos y pies.  Razones sin fundamento, caminos que hay que recorrer; los quiera, o no los quiera, pues son costumbres de ayer”. Por ahí anda el cabal cumplimiento, en relación con lo que se trata.

 

Cuando nos concienciamos sobre el porqué de las cosas, flexibilizamos  actitudes y comportamientos con respecto a lo exigido por las grandes mayorías. No nos dejamos arrastrar como borregos, manteniendo por encima nuestras concepciones personales muy propias. ¡Acabamos por dejar de ser parte del paquete narigoneado!

 

¡Despertad señores!;  A darse cuenta de la razón o motivo real de cuánto se lleva a cabo; y, obviamente, hacer conciencia. Los beneficios pueden resultar mayores, que cuando nos dejamos influir totalmente por otros; cuando nos limitamos sólo a aceptar lo que siempre se ha hecho.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

¡Difícil y fácil!, lidiar con la ignorancia de la gente

Aunque parezca algo contradictorio, ambos adjetivos que intitulan más arriba, constituyen juntos una gran realidad en el tenor de lo que se trata.  Sólo procede enmarcarlos dentro de los siguientes contextos, muy distintos por supuesto, y asociarles como se debe. Primero, con el de los que procuran en verdad concienciar a la agente, no importa en el orden que sea.  ¡Ardua tarea!

 

Y, segundo, con ese de aquellos que nada más idean proyectos en función de la inconsciencia de los pueblos, como se estila a nivel de los políticos y comerciantes nuestros, que juegan con la ignorancia y la incapacidad pensante de los demás, cualidades negativas que cada vez más son puestas en evidencia por los ciudadanos de este país, que no logran despertar, abrir los ojos, para evitar que les sigan engañando con tanta facilidad. ¡No se requiere de gran trabajo en éste!

 

Son muchas las personas autorizadas en las áreas de la sociología y la psicología en esta nación, verbigracia, el doctor Miguel Aristy, por sólo mencionar una dentro de esa última, a través de sus intervenciones televisadas, cuando no haciendo provecho de las redes sociales,  que se inclinan por tratar de orientar, instruir como se debe, en pos de que la población dominicana tome conciencia con respecto a las farsas y demagogias sostenidas, provenientes de los sectores precitados.

 

Lo mismo ocurre en lo concerniente  a los propios procederes personalizados, en el trato directo con los demás congéneres, y las responsabilidades cívicas-ciudadanas que se imponen. Los esfuerzos múltiples que se hacen en esos órdenes están más que a la vista

 

¡Pero que va!, la gran mayoría de los terrestres humanos nacionales continúan hacia delante, como asnos y caballos que caminan con anteojeras, y a base de arreos para su conducción,  aunque primero les pasen la mano,  en pos de conseguir que luego  estén más prestos a recibir los latigazos que de  ordinario se les ofrecen. Y eso se produce a todos los niveles sociales y políticos nuestros.

 

Una de las muestras más fehacientes es, lo que se acostumbra a ver en este país a partir de que la población empleada, tanto a nivel público como privado, recibe la limosna del doble sueldo anual (no creemos que en otras latitudes se ofrezca tal dádiva): aquel “aluvión” callejero de andanzas, “tiendeos”, bebentinas a granel, consumismos extremos, incluidos el de los “baratísimos” combustibles de mayor demanda en el país, que se desprende del despreciable caos vehicular que se registra para la época actual.

 

Parece ser que solamente se come, se bebe y se compra en diciembre de cada año. Cuántas cosas se pueden hacer con un sólo salario extra.  Las personas lucen como aves hambrientas, cuando se les riega un poco de maíz para que coman y se entretengan durante un rato, escenario que aprovechan los comerciantes para especular a su antojo, hacer su agosto en dicho mes, como se dice.

 

Se ríen aquellos con las muelas de atrás, diciendo algunos, “abran paso que por ahí ya vienen los tarados”. Claro, también se incluyen los observadores hace bulto – los que nada más pueden ver, y nada comprar, por la “olla” que tienen -.  También se les amplía el campo de acción a los delincuentes callejeros, que salen a las vías públicas en busca de su “regalía pascual”, y hay que dársela, a las buenas o a las malas.

 

Sobre lo que la gente no repara, por la euforia del doble sueldo y el ambiente festivo navideño, es que tan pronto comience el mes de enero del año próximo, entrarán en vigencia nuevas cargas impositivas sobre el “lomo” de la población, con incidencia en los precios de algunos productos de consumo masivo, cuyos ingresos estatales percibidos, de seguro irán a costear parcialmente las fiestas electoreras de los políticos del patio, muchos bastante descarados por cierto, que ya dieron inicios a los proselitismos embaucadores, de cara a los comicios a celebrarse en el año 2016. Parece que faltan sólo tres meses para la celebración de la nueva trampa electoral. ¡Cuánta cachaza tienen esos “turpenes”!

 

Y, ni así este pueblo se detiene a meditar sobre el futuro tan incierto que le espera, más que previsible, con un país en manos de todos estos políticos desaprensivos, demagogos y busca cuartos, siempre en procura de embaucarle con sus aprestos electoreros, pensando solamente en endeudar cada vez más la República con el exterior, para que sean los pendejos que vienen detrás  los que tengan que pagar luego, y enfrentar una eventual pérdida de la soberanía del país, por no poder honrar los compromisos contraídos que se tengan. En adición, imponer mayores gravámenes impositivos al “burro de carga” llamado pueblo, como forma de agenciarse mayores recursos económicos para el reparto del pastel entre los mandantes y los adeptos.

 

Para aquellos que tratan que la ciudadanía despierte, que la gente abra los ojos, para que no se deje seguir engañando por todos estos inversionistas en la política vernácula, que nada más piensan en la recuperación de sus aportes, como en reciprocar con sus “canchanchanes” y proclamadores, jamás en pueblo alguno,  toda iniciativa en tal sentido se reporta como el procurar destruir una fuerte roca caliza, con un pico mellado,  boto, y una mandarria de poco peso.

 

El que aspira a la concienciación pueblerina, y de muchos seres humanos en particular, que sólo pueden ver hasta la puntas de sus narices,  el arduo proceso  inherente se torna como el tener que despreciar luego, para fines de ingesta, el trago que con  tanto entusiasmo se ha servido antes, por lo difícil que se espera será su asimilación orgánica, en un símil apropiado con relación a lo mental en la gente.

 

Sin embargo, para todos los políticos inescrupulosos  lidiar con la inconsciencia, estando en presencia de los habitantes de una nación como ésta, les resulta muy fácil. Es como nadar sin dificultad en aguas oceánicas tranquilas. Más que “fácilongo” les resulta llegar a escalar hasta las mieles del poder.

 

Luego, vistas en ambos contextos, tanto la dificultad para procurar un despertar enmendatorio – el hacer conciencia -, como la facilidad de manejo en provecho, por parte de los grupos regentes, respecto de la ignorancia que ostenta un gran segmento de la sociedad nacional, no obstante luzca como una concepción contradictoria a simple vista, por la opuesta significación entre ambos adjetivos, son realidades concretas muy asimilables por cualquier pensante, incluso de categoría media.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

El yoísmo corroe tanto como el oxido

Hay un sinnúmero de personas en nuestro país que se jactan de mucho saber, y hasta se enarbolan sin reparo alguno, como altamente superiores a nivel de conocimientos, pecando como es obvio, de ignorantes inconscientes, más que otra cosa, por olvidar que no todo se conoce jamás; y que,  es de los sabios y humildes por supuesto, el reconocer esa limitación; que por ello, alguien muy connotado de la antigüedad decía, “yo sólo sé que no sé nada”, – Sócrates.

 

Pero además, también se autoproclaman como seres superinteligentes; de sabiduría extrema, muy por encima del común de la gente, dando así rienda suelta a un yoísmo desenfrenado, asqueante en ocasiones; y, sin reflexionar en que, tanto la humildad, como la sumisión circunstancial procedente, constituyen partes de la propia inteligencia humana, de la cual no se es verdadero dueño, ya que sólo es un poco focal en el hombre, de la Suprema Universal Una.

 

El inteligente, el capaz, el leído, el identificado con su propia naturaleza, nunca se siente estar por encima de los demás. En ningún momento se considera superior a nadie. Y, asimila, al igual que  maneja con destreza, las diferencias de nivel inherentes al género humano; es decir, entre las personas, cuando tiene que interactuar; dejando de lado normalmente, las actitudes arrogante y altaneras.

 

Por consiguiente, se muestra siempre reflexivo y respetuoso de las opiniones ajenas, al tiempo de reconocer su valor; pero, sin jamás caer en la adulonería, detestable siempre.

 

Ese yoísmo, y esa lambonería, son de las cosas deleznables que tanto se ven en nuestro medio, de parte de los que se creen superdotados, inteligentísimos, y leídos en abundancia. ¡Que contraste!

 

¿Por qué no se autoanalizarán, y procurarán cambiar de actitud? Pues,  los conocimientos que algunos en verdad demuestran   tener, bien podrían ayudar a edificar y concienciar un poco a esta sociedad nuestra, tan falta de quienes en verdad la oriente. Pero, sin hacer sentir inferiores a muchos de sus miembros.

 

Que jamás olviden, que el yoísmo corroe tanto como el oxido; y que, va socavando los pies de barro en que se sustentan  sus esclavos, por lo que pueden caer de bruces repentinamente, bajo la mirada sorpresiva y cuestionante de los demás.

 

Mientras más altura se alcanza, egotistamente hablando, mayor es el golpe que se recibe al caer; cuando nuestro verdadero Ser nos pasa factura, y nos llama a la sosegada reflexión, como al reconocimiento pleno de lo que en verdad somos todos, UNO.

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

La moda que no pasa de moda: La mentira

La inclinación por mentir a los demás, se ha ido convirtiendo con el paso de los años, en una moda, que no pasa de moda.  Todo lo contrario, ya es como una costumbre hoy, con tendencia a enraizar y  solidificase cada vez más, a nivel de las personas, como de los diferentes núcleos sociales que a diario interactúan.

 

Difícilmente, a alguien se le escuche hablar con sinceridad plena, sin importar la temática o situación sobre la cual se trate, aun sea en los propios conversatorios personales-familiares, donde con regularidad se acostumbra a dejar caer, como se dice, las llamadas mentiritas piadosas, para exculparse, excusarse ante cualquier acción impropia o de incumplimiento; cuando no, de defenderse frente a los demás, por la comisión de actos significativos reñidos con las normas morales que rigen.

 

A la gran mayoría de las personas, se les hace muy difícil admitir y reconocer  sus errores, por lo que recurren de ordinario a la que creen ser, el arma más fácil de manejar: la mentira, con sus argumentaciones inherentes.

 

Claro, se actúa de esa forma por razones de inconsciencia. Primero, en el orden de la verdadera esencia humana, la energía espiritual; al tiempo de desconocerse que, “ésta no sabe mentir”, como bien sostienen personas autorizadas en la materia;  que la misma impregna toda la economía corporal humana, sobresaliendo hasta un poco más allá de los contornos límites, formando a su alrededor un campo energético, a manera de aura, como se diría en términos esotéricos, que intuitivamente puede ser leído por cualquier interlocutor con un poco de entrenamiento en el desarrollo de esa habilidad – la intuición -; y captar, porque así le habrá de comunicar dicha aura de quien habla, al receptor, que no se está diciendo la verdad.

 

Es por ello que, en ocasiones se puede observar a alguien que habla, y a otro que finge creer lo que se le dice, exhibiendo una pequeña falsa sonrisa, para responder a quien no está siendo sincero.  ¡Está bien dice!; pero, el que haya creído está muy lejos.

 

Segundo, con regularidad se olvida que, hay refrán muy popular que reza, “La mentira no vive larga vida”, lo cual significa que, más temprano que tarde, la verdad siempre saldrá a relucir, con  su consecuente efecto negativo para quien la haya ocultado: la desconfianza, sin importar que el mentir haya sido piadoso o no.

 

Hay muchas área incluso, en las que el arte de mentir constituye una de las herramientas más valiosas.  Por ejemplo, la política, y el mercadeo en todas sus vertientes.  El político que habla la verdad llana, se entiende, difícilmente alcance las posiciones a que se aspire.

 

Por consiguiente, se tornan tan demagogos y retóricos esos; y, encuentran siempre valioso caldo de cultivo, en los tarados o inválidos mentales a quienes se dirigen para lograr sus objetivos planteados; aunque sus falsas actitudes,  tarde o temprano también tienen sus consecuencias funestas.

 

Con lo que ejercen la disciplina del mercadeo inductor, ocurre por igual; mentir para vender productos de consumo o imágenes personales.  ¡Pensantes muy limitados, que no aplican la lógica simple, son nada más, los que les creen!; aquellos que se dejan arrastrar por sus argucias e inducciones.

 

Podemos ver entonces, como el arte de mentir cada vez más se cultiva.  Y, se le saca bastante provecho, aunque cuando aflore la verdad, una gran parte de todo logrado se vaya a pique.

 

Es por tanto que, se debe procurar advertir cuando no está mediando la sinceridad, y defenderse de las mentiras; al tiempo de rogar cuando se reciban y sean detectadas, que su vida sea lo más corta posible, después de su nacimiento en cada ocasión, lo cual eliminaría con prontitud los efectos nocivos que haya podido provocar.

 

Rolando Fernández

 

 

 

Dos temas obligados en el país

Desde los tiempos del Budhha Gautama (Siddharta – año 560 antes de Cristo) en la India, siempre se ha dicho que, “el pecado capital de la humanidad es la ignorancia”; una aseveración, cuyo sentido puntual innegable, ha venido dejando  sus huellas indelebles a través de los siglos, debido al accionar desaprensivo de los hombres, en  los cuales normalmente rige esa condición.

 

Muy a propósito de una cruda realidad fehaciente en el país,  a la cual se refiere el amigo Hugo López Morrebel, en uno de sus trabajos “La chercha sube de tono”, periódico “El Día”, del 28-7-11, que sin lugar a duda se verifica a nivel de la sociedad dominicana, en el sentido de que aquí sólo se habla de política y de pelota, en casi todas las reuniones de personas, por dejar un pequeño espacio libre, vendría muy a tono el hacer referencia a la precitada afirmación; y agregar que, esa es la base en sí de esos tantos conversatorios vacuos sobre esas temáticas.

 

La ignorancia extrema ha arropado casi en su totalidad a los miembros de la comunidad nacional.  Ya los asuntos de envergadura, y de interés  para la República, que obviamente requieren de haber tirado páginas para la izquierda, definitivamente no se escuchan.  Ahora, lo que más prima es la cultura de barberías, y de los salones de belleza; que son lugares que, lo que más se  habla, es de esos dos negocios populares: la política y la pelota.

 

Indudablemente, esas son dos áreas de explotación laboral que se han convertido en bastante lucrativas durante los últimos años. Y que, no requieren de formación académica adecuada, por no decir de ninguna; como tampoco, de un mínimo grado de intelectualidad, aunque algunos constituyan la excepción.

 

Las han hecho fuentes de negocios burdos.  De ahí que, una gran parte de la juventud dominicana se haya inclinado por incursionar en las mismas, sólo en busca de dinero rápido. Lo demás poco importa; ¡cuartos y fama!; ¿para qué más?

 

Se puede ver que, lo que más se verifica en los políticos y peloteros, es la mediocridad y la patanería.  La gran mayoría son personas que a penas saben leer y escribir; mucho menos hablar.  Algunos ni firmar bien les es posible. Pero, pueden conseguir billetes monetarios en poco tiempo.

 

Y, como esas son las preferencias de tantos, políticos o jugadores de pelota, son las cosas que están  de moda desde hace varios años, y las que provocan los temas que se abordan en casi todos los lugares públicos de la nación.

 

Ya nadie quiere hablar de literatura, historia, medicina, música, poesía, etc. Dicen que eso no deja; que ya no se puede estar perdiendo el tiempo con esas cosas; que hay otras más productivas, como la política, la pelota, las drogas, las peleas de gallo, los juegos de azar, etc.,etc. ¡Se salvó el país!

 

Esa es una realidad más que concreta en esta nación, donde ya la formación intelectual poco importa; en que ya la gente  ni siquiera quiere leer periódicos; donde la educación anda manga por hombros; y  donde por tanto, la penetración cultural alienante y deformante han encontrado bastante caldo de cultivo.

 

Con tanta ignorancia poblacional que aquí se registra, ¿de qué otras cosas  podría hablar la gente? De política y pelota; como de otras sandeces sin importancia.

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

La ignorancia: pecado capital de la humanidad

Señor Darío Nin, no sólo usted es ignorante; todos somos ignorantes, aunque el ego personal de cada uno se encargue de nublarle la razón, y le incline  por creer otra cosa.

 

Dicen los que mucho saben, aquellos iluminados que han logrado salvar los muros del ego humano, y superar en gran parte las limitaciones mentales de que es objeto el  hombre, que “la ignorancia es el pecado capital de la humanidad”.

 

Por consiguiente, a todos nos toca un poco de ella; y es obvio que se entienda entonces, que es la razón fundamental por la cual incurrimos de ordinario en tantos errores, muy materiales en ocasiones, durante la existencia física. Y que, hablar de posibles beneficios reales, cuando se le hace honor a la misma, luciría como un craso error.

 

Ahora bien, esa ignorancia nuestra, no sólo se evidencia en el sentido de las cosas que suceden en el Universo manifiesto, o sea, el plano terrenal; sino que además, trasciende hasta otros niveles que carecen de manifestación física; y, de donde probablemente, provengan con regularidad las situaciones o eventos que podemos ver y sufrir aquí.

 

Esos hechos o acontecimientos que usted señala, que ignorarlos arrojarían beneficios en su apreciación, no creemos que en realidad reporten ningún tipo de ventaja a la postre.  Todo lo contrario, el problema, si es que pudiera llamársele como tal, que se pueda derivar del conocimiento adquirido en cada caso, nos obligaría a tener que concienciarnos; no sólo en pos de la autoayuda y salvaguarda personal, sino también, pensando en hacerlas extensivas hacia los demás, que tengan posibles limitaciones, en cuanto a facilidad de advertencia y percepción adecuada, sobre los peligros o circunstancias adversas a que pudieran estar expuestos.

 

Ignorancia, como sinónimo de desconocimiento, jamás entendemos, reiteramos, podría arrojar beneficio alguno. Sí, liberar de preocupaciones mentales; no conocer de daños que se puedan causar a otros, que luego se revierten; y, olvidarse del quehacer vital casi debido en muchos órdenes.  En otras palabras, “hacernos los locos”, como se dice en el argot popular, lo cual restaría afectación físico-mental, como es obvio; pero, que quitaría   mucho sentido  al tránsito terrenal humano, que denominan vida.

 

Según transcribe la médica intuitiva, Caroline Myss, en su obra “Anatomía del espíritu”, los textos sagrados nos dicen que, “la finalidad de la vida es comprender y desarrollar el poder del espíritu, poder que es esencial para nuestro bienestar mental y físico”. Luego, cómo lograrlo, siendo ignorantes de esa realidad, a partir de nuestra verdadera esencia. ¡Parece difícil!, ¿verdad?

 

Señor Nin, lo expresado por usted, en el artículo que publica el prestigioso medio “Nuevo Diario”, es una realidad innegable. Pero, sólo en términos de que se asuma una actitud de indeferencia total por parte de las personas, lo cual es poco productivo.  Creemos, que en fondo no es su pensar  “actuante” verdadero, sino más bien, una forma indirecta de alertar sobre las concienciaciones debidas.

 

Es la lectura que le damos a su trabajo, en el marco de nuestra ignorancia también, como de neófito analista, claro está.  Usted sabe lo que expresa, y la quintaesencia de eso cuál es. ¡No se tilde de  ignorante; pues no lo parece!; aunque luzca un contrasentido, por lo que le pueda tocar de esa deficiencia generalizada.

 

Rolando Fernández