Una de las grandes advertencias duartianas

“Mientras no se escarmiente a los traidores como se debe, los buenos y verdaderos dominicanos serán siempre victimas de sus maquinaciones” (Juan Pablo Duarte). De más lo hemos venido viendo aquí. Lo malo se apaña, cuando no se comparte, pero jamás se castiga.

 

Tremenda advertencia duartiana esa; que certero predicamento, cuyo mensaje nunca se ha observado entre nosotros, por lo que sus efectos nocivos comprobatorios se encuentran en la base de todos nuestros males cotidianos,

 

Sí, el calificativo de traidores, sin castigo alguno para hacer cambiar de actitudes, o indebidos comportamientos, bien se puede aplicar a los políticos nuestros, en su gran mayoría, desaprensivos, antinacionalistas, y depredadores de lo nacional, que se han destacado en esta nación durante las últimas décadas, y que nunca han recibido las puniciones correspondientes; en los cuales, lamentablemente, el pueblo ha cifrado sus esperanzas de bienestar y desarrollo, resultando frustrado cada vez.

 

¡Han sido esos grandes traidores! Quizás muchos entiendan que tal condición solamente es atribuible a los que malogran los sentimientos patrios; lo que atentan contra su nación sin reparo; los entreguistas de sus pueblos natales.

 

¡Pero, no!, también son aquellos que han defraudado la confianza que sus conciudadanos – los políticos ingratos del patio – sufriéndose tremendo chasco, tras creer en ellos; los que se han puesto a administrar la cosa pública, y que tanto han fallado; los que han sido designados para representarles, y salvaguardar sus intereses, como en el caso de los que integran la clase señalada, que han desfalcado este país, y se han burlado de las aspiraciones de sus habitantes, estando siempre cubiertos por un marco de impunidad insalvable; y, sin ser castigado, como es obvio, tales son merecedores.

 

Por eso, se sigue maquinando siempre como depredar más a los compatriotas; esquilmar de ordinario a las grandes mayorías, para beneficiar la clase politiquera predominante, como al grupo de colaboradores y servirles que los acompañan.

 

Hasta que la victimizada sociedad dominicana no se empodere y trate de exigir, a como dé lugar, la aplicación de los castigos correspondientes, los políticos del patio seguirán tramando, o conspirando, cómo continuar afectándole en  todos los aspectos, incluyendo los daños alienantes de la transculturación que se verifica desde hace años; la deshonra a los símbolos patrios; la imposición de paradigmas divorciados por completo de nuestra idiosincrasia; como, la entrega de activos monetarios y los recursos naturales propios, a los aventureros y explotadores internacionales, a cambio de recibir las compensaciones personales de estilo.

 

¡A reflexionar dominicanos! La necesidad de adherirse a esa advertencia duartiana, se hace cada vez más necesaria. De lo contrario, los males nacionales serán eternos.

 

Una muestra actual más que fehaciente: el leonino Presupuesto Público para la nación, correspondiente al año 2018, según expertos analistas locales, aprobado por los levanta mano del Congreso Nacional, RD$816,821 millones, que incluye como soporte la concertación de préstamos internacionales, consuetudinario eso, y dentro de los cuales, probablemente, estén algunos de aquellos que hipotecan la soberanía del país, como es el caso de la emisión de “Bonos Soberanos”.

 

Autor: Rolando Fernández

 

 

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Una finca de sus políticos: Dominicana

Basta un simple análisis imparcial, como una observación exhaustiva en algunos segmentos sociales del ámbito nacional, para uno darse cuenta de que este país se puede considerar como la propiedad a explotar, desde hace años, por parte de un grupo selecto de personajes, denominado “casta politiquera local”,  que siempre recibe los auspicios de los sectores económicos de poder nuestro, y algunos extranjeros además, para de ordinario ir en busca después de que se les permita aumentar sus patrimonios.

Aquí todo es gerenciado desde esos poderes regentes, de forma tal que cuánto se produzca solo tenga un destino final, el Estado particularizado compuesto, y sus adláteres trepadores, como oportunistas, soportes diversos por lo regular durante los procesos electorales electivos.

El pueblo en general no es usufructuario de los recursos que proporciona esta hacienda territorial, sino un obrero para explotar, como el burro de carga destinado a tributar los cuartos que demandan los políticos, para enriquecerse ellos, sus familiares, como los amigos.

Esos, en adición a los provenientes de los préstamos concertados, que incluyen los que hipotecan la soberanía nacional, y todos como parte del gran legado que se habrá de dejar a las futuras generaciones, para que paguen, o “se las lleve el diablo”, como se dice.

El gasto social, por ejemplo, es lo que menos importa a los gobiernos, salvo excepciones, poder cubrir necesidades generalizadas del pueblo, y las muestras están de sobra: carencias de todos los tipos de servicios públicos básicos, entre otras cosas, se tienen en este país.

Y, mientras tanto, los inversionistas de la política, como los empresarios “conchupantes” de otras áreas, vienen disfrutando de la tierra bendita que este pueblo pone en sus manos cada cuatro años;  donde tienen  que pagarse  por los combustibles los precios más caros de toda el área del Caribe, e iguales tarifas abusivas por la factura eléctrica que se recibe;  con un servicio que solo resulta eficiente para los ricos, y, en base a una Ley General de Electricidad que nada aplica para los usuarios sin padrinos, los pendejos.

Los “reyes del mambo” son los políticos mandantes de turno; con una seudo oposición en busca de sustituirles, y solo para venir a hacer lo mismo, servirse con la cuchara grande, en un “quítate tú para ponerme yo”.

Ahora, se ha concretizado en el país un gran movimiento adicional que viene vendiendo la idea de estar luchando contra la corrupción y la impunidad, producto en gran medida de esa tenencia finquera aludida con anterioridad, cuyos resultados solo han sido hasta el momento, la obtención de grandes marchas callejeras en señal de demostración, ¡sí!; pero, ¿qué en verdad se ha logrado para castigar, o disminuir esos flagelos?, ¡nada!, a pesar del tiempo transcurrido.

Ni es previsible su “fructividad” positiva, debido al gran cáncer que ya esas prácticas constituyen, y que requieren de cirugías mayores, de acciones más contundentes; no es solo estar vociferando públicamente, ni bandereando, sino hasta recurrir a acciones de fuerza en caso de ser necesario, si en realidad se tiene la intención del combate en favor de este pueblo, y tomando en consideración la magnitud de los daños que tales desaprensiones le vienen provocando a la sociedad nacional.

Pero, ocurre que, la precitada iniciativa ni siquiera tiene una cabeza directora; carece de un líder que comande. Además, cuando se analiza desde fuera, y con imparcialidad suficiente, la composición del grupo, “Marcha Verde”, es fácil darse cuenta de que dentro del mismo hay participantes connotados que no califican para estar ahí, que desacreditan, por sus prontuarios bien conocidos, y queriendo ahora presentarse como ovejas mansas ante la población.

Además, también se observan otros “cara dura”, adeptos o ligados a corruptos de turno, muy bien anclados en el poder, contra los cuales se está tratando de luchar, aparentemente, ¡qué no es verdad que lo están haciendo de corazón, como se dice! ¡Es nada más pantalla lo que exhiben!

Se infiere por otra parte, que solamente hay preocupación por actos seleccionados en el orden de los que se trata. Se tienen algunos más, muy fehacientes a nivel nacional, para los que jamás se mira, y mucho menos se les menciona.

En esos está envuelta gente intocable, por la dadivosidad reciprocatoria que les caracteriza. Son diablos con sotanas blancas, que no se pueden atacar, o denunciar públicamente, pues se puede perder su padrinazgo protector, y hasta económico directo, o patrocinador de programas en algunos casos.

Es por lo expresado que, la administración de la finca llamada país para los políticos dominicanos, principalmente los de nuevo cuño, difícilmente les pueda ser arrebatada, salvo que este pueblo se empodere y recurra a cuántas acciones sean necesarias, sin importar su naturaleza, que le permitan liberarse de una vez por todas del yugo explotador, como de las prácticas dolosas, y depredadoras de los bienes nacionales, por parte de todos aquellos que le han venido gobernando durante los últimos lustros, con deseos de mantenerse en el poder; retornar los que se han pasado, y que ricos se fueron; o, los sustitutos con iguales proclividades, que están haciendo fila en el presente.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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Autoridad familiar contra los feminicidios. ¡Es lo que debe ir!

 

Con sonoros titulares periodísticos, como marchas de hombres y mujeres, dejándose tomar como “conejillos de Indias”, o payasos en sí, dizque en respaldo a la lucha contra la matanza de mujeres, denominada hoy feminicidios, que van in crescendo cada vez, poco o nada se resolverá, pues la fiebre no está en la sábana como reza un dicho popular; hay que bajar a la realidad fehaciente para entonces proceder enmendar.

Con actividades de ese tipo solo se procura buscar cámaras y prensa, amén de aprovechar esos escenarios para politiquear; procurar los votos de las féminas de poco pensar, y defensoras a ultranza de la mal asimilada liberación del llamado sexo débil, ¡qué en realidad no lo es!, y que solo hablan de machismo como causal básica de la problemática.

Sin definir y ponderar motivos valederos, nada se puede atacar de frente, como es lo que se requiere con ese considerado flagelo maligno ya. De igual forma, se necesita de imparcialidad, como de voluntad sentida; y, siempre actuar al margen de las subjetividades humanas de estilo que puedan interferir.

La raíz principal de ese tan lamentable mal, está en la pérdida de valores de que ha sido objeto la familia; en el despojo innegable de sus verdaderas esencias: divina, y social educativa por supuesto, que se llevó de encuentro el sentido de autoridad, como de responsabilidad paternal inherente, que otrora siempre caracterizó a la sagrada tribu sanguínea directa, la primigenia célula de toda sociedad.

En ese sentido, cabe retomar lo expuesto en un artículo anterior nuestro que escribiéramos,  respecto de que, como una forma certera de comenzar a  combatir de manera urgente esos crímenes en contra de las mujeres,  “hay que retornar a la observación en masa del llamado sacramento cristiano  del bautismo,  católico, que es del mayor aceptación, hablando en términos generales, que se acoge y es celebrado alegremente, sin reparar en el simbolismo del compromiso que el mismo implica, de gran consenso entre los entendidos, de que, “una familia acepta la responsabilidad física y espiritual del hijo que ha traído al mundo”, al participar de esa ceremonia, lo que es obvio manda,  cuidados, salvaguarda, protección, etc., como las orientaciones requeridas de orden divino”.

 

Pero además se sostiene que, “en dicho acto, el vástago asume el reto simbólico también, de aceptación y gratitud hacia el grupo familiar en que nació, cuando madure espiritualmente; es decir, cuando sea adulto, lo cual conlleva una actitud posterior de amor incondicional, honra, respeto y perdón, con relación a sus parientes; y que se infiere, debe ser extensiva hasta la Divina Familia general, de la que todos formamos parte”.

 

Cuánto enmendatorio se podría obtener, de asimilarse el mensaje del referido sacramento. Desde ahí mismo, se puede comenzar lograr mucho en el tenor de lo que se trata. Las mujeres y los hombres, bajo un marco directivo paternal, que se reporte como orientador y oportuno, observarían, con raras excepciones. los comportamientos debidos, y mantendrían actitudes de honra hacia los familiares durante la adultez, lo cual impediría las propensiones hacia ese tipo de tan deleznables prácticas sangrientas y dolorosas.

 

Pero, bien sabio es que, eso de la autoridad familiar unitaria ya es un mito dentro del grupo. En el conjunto manda cualquiera, hombre, mujer, e hijos. Y, tanto las féminas primarias, como los vástagos, con mayor ahínco lo hacen, cuando tienen que aportar económicamente para el sustento obligado.  Solamente se alegan derechos entonces, pero jamás se honran los deberes a observar.

 

Claro, todos se creen tener plena libertad de acción, para hacer cuánto les plazca. No se tiene un timón verdadero para comandar la nave. Mucho menos aceptan los descendentes las orientaciones de los padres, que siempre son el producto de la intención de guiar, en base a sus conocimientos logrados y las vivencias acumuladas.

 

Reflexionando sosegadamente sobre lo expresado, no creemos se haga muy difícil estar de acuerdo con que, ¡la medicina más efectiva para los feminicidios es, rescatar la autoridad familiar! Y, eso conllevaría la concienciación necesaria entre todos sus miembros.  ¡Por ahí sí que debe ir el asunto!

 

No es cuestión de marchas callejeras, ni de títulos periodísticos “rimbombantes” para continuar entreteniendo. Tampoco, la publicación de artículos repletos de concepciones y directrices alienantes, solo en el marco de la nueva corriente feminista de pensamiento, desacertada en gran parte: liberación, como la competencia plena con el sexo opuesto. ¡Qué se agarre el rábano por donde debe ser, no por las hojas!

 

 

Autor: Rolando Fernández

 

¡Qué declaración más alegre: actuar solo contra los linchamientos!

 

Siempre se ha dicho; “el que nada da, muy poco puede exigir”.  Es lo que está ocurriendo con los principales actores dentro del tren judicial dominicano, en términos de administración y aplicación de ese ejercicio a nivel local.

Ahora se está pidiendo que se actúe contra los linchamientos por parte de la población, con respecto a los infractores de las leyes agarrados in fraganti. “Los que cometan delitos”.

Y, la pregunta sería entonces, ¿por qué se pide en ese tenor el que se deje de actuar así, cuando no se ha venido procediendo punitivamente en el orden judicial, como bien es sabido, y desde las instancias correspondientes, tal es lo que debe ser, en todo el ámbito de ese poder del Estado nacional? Las víctimas que sigan aguantando, ¿verdad?

Según uno de sus más connotados representantes, el magistrado Alejandro Vargas, juez Coordinador de los juzgados, “las autoridades no han encarado de manera responsable y decidida el problema de los linchamientos por la población contra personas que cometen un delito”. (“El Día”, edición del 26-10-17, página 8).

Evidentemente, esa es una verdad de a puño como se dice. No se ha procurado tal acción, y eso llama a preguntarse, ¿por qué? ¿Será que se considera tienen cierta justificación, ante la apatía judicial fehaciente, cuando se producen hechos de naturaleza delictuosa o criminal, y se incoan en vano las acusaciones directas relativas, o se elevan las denuncias de lugar?  ¡Bien que de eso sabe el jurisconsulto de referencia! Las evidencias precedentes están de sobra, y no hay que ir muy lejos en el tiempo para verlas.

¿Qué es lo que dice la gente sobre el particular? “A qué voy a la Policía Nacional, para encontrarme de nuevo con el mismo antisocial que me asaltó, si es el caso, o que ultimó a algún familiar cercano para robarle”.

Se ríen allí de uno; y, cuando suelen actuar los agentes del orden público, a los pocos días el delincuente anda merodeando por el mismo lugar, y sacándole la lengua a los afectados, pues puede que salga libre desde el mismo destacamento que intervenga; o, que le llevan ante un tribunal de la Republica, donde lo primero que hacen es asignarle un abogado de oficio, para que le defienda y reclame su libertad. ¡De nuevo a la calle a realizar fechorías! ¿Y entonces?

Luego, la única alternativa que se le está dejando a la población, es que cada cual se tome la justicia por su propia mano, y procure linchar a cualquier delincuente de esos que pululan por nuestra calles y avenidas, asechando, o procurando penetrar en determinada casa-vivienda, o negocio también, para hacer de las suyas, cuando son sorprendidos in fraganti.

¡Muy lamentable esa cruda realidad!, que tantos la entienden por estar a la vista de todos, y debido a lo cual asombra, hasta cierto punto, ese pedimento del juez Alejandro Vargas, “pidiendo actuación contra los linchamientos”, conociendo él lo que en realidad ocurre, y los porqués   la población procede de esa manera. ¡Se siente desamparada!

Él está en un buen sitial, desde donde se podrían encaminar muchas acciones enmendatorias en el sentido de lo que se trata, para evitar el que la gente se incline por los linchamientos; que la justicia relativa toda funcione tal es lo que debe ser, de forma que los delincuentes no gocen de la cuestionada impunidad que se alega, y motiva.

Esa reflexión que se infiere de las preguntas que formulara el juez Alejandro Vargas, en el sentido de no ver a la población linchando a delincuentes de cuellos blanco, sino solamente al ladrón de un celular que es voceado por las calles, y que cuando es agarrado le entran de manera olímpica, no le luce muy acertada, o valedera.

Es muy probable que, con aquellos “magnates”, que los hay suficiente en el país, también ocurriría lo mismo, de ser factible claro; pero, ocurre que, las circunstancias no son las mismas. Los ladrones de cuello blanco andan rodeados de un circulo policial protector, y en jeepetas blindadas; no es gente solitaria de a pie, a la que se le puede entrar sin contemplación, de seguro con mayor justificación.

Si la población pudiera cifrar esperanzas de castigos en la justicia dominicana, los linchamientos no se produjeran, a nivel de los ladronzuelos locales (roba cadenas, anillos, celulares y carteras). Tampoco los “ladronzotes”, aquellos de cuello blanco y corbata, correrían peligros de ese tipo.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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