¡Ay de aquellos!

Sí, de esos envalentonados ignorantes que se creen la gran cosa, porque durante las corrientes de vida que cursan, se les ha permitido disfrutar de ciertas condiciones económicas y sociales.

 

Jamás reparan los mismos, en que todo se les puede derrumbar de repente; que hasta  una simple bacteria de origen aún desconocido para la ciencia,  puede comenzar súbitamente, y sin explicación alguna, a destruirle el propio organismo físico, creando un escenario calamitoso, de donde lo más probable es, ¡que no se regrese!

 

Dejan muy de lado el pensar en que, siempre hay que sembrar para recoger luego; y que, los tipos de frutos a segar en el futuro, siempre estarán en función de los procederes que se asuman hoy; que los mismos entonces, tendrán un tintado característico, como reflejo de la humildad, el amor incondicional, o del egoísmo desaprensivo, aun no sea total, que envuelvan las acciones humanas que se hayan llevado a cabo.

 

¡Ay de aquellos!, que se atreven a desafiar los mandatos de la Madre Naturaleza; que desconocen por lo regular cuán pesadas suelen ser sus respuestas, una vez que nos inclinamos por retarle; por hacer caso omiso a sus prescripciones.

 

Muchos son los que ignoran que, el Universo no sólo fue creado para ser habitado por los seres humanos.  Esos solamente constituyen una especie más.  Los hombres (general) tienen  compañeros inferiores en  términos evolutivo, con una misión también divina a cargo, que se deben cuidar y proteger con esmero: los animales, para que sigan avanzando en el sendero, y logren escalar hasta la posición en que hoy se encuentra la gente, que por igual, perteneció a ese conglomerado con anterioridad.

 

¡Ay de aquellos!, desconocedores por completo de la verdadera esencia de las personas, como de todo cuanto existe sobre el planeta Tierra – espiritual -; pues, tampoco se preocupan por indagar sobre ella, y siguen con sus desaprensiones acostumbradas.

 

Se conforman nada más con lo que hay; lo logrado, como lo apetecido en el sentido de las cosas materiales, sin reflexionar en lo efímeras que pueden ser; en que todo lo obtenido de esa índole, luego se convierte en mera vanidad, y gran aflicción de espíritu, como bien está señalado por el Predicador, en el libro de Eclesiastés, Sagrada Biblia.

 

En el tenor del amplio sentido de lo que aquí se trata, y particularizando ya sobre el aspecto de los animales, ¡se es más irracional que ésos!, cuando a tales indefensas criaturas se les mata sin piedad alguna. También, se le debe considerar, tan homicida, criminal malvado, como aquel que lo hace a una persona, que merece ser condenado a prisión.  La gente tiene mayor capacidad de defensa.  Los cuadrúpedos por regular, siempre están a expensas de su suerte, de que los humanos se conduelan de ellos, ¡como tiene que ser!, eso último.

 

Por tales motivos, el que no es capaz de cuidar y proteger a los animales, segándoles la vida, muchas veces por descuidos, desamor, o crueldad hacia los mismos, por igual merece ser procesado judicialmente, y encarcelado, con penas de consideración, para que otros inconscientes obtemperen y cambien de actitud.

 

Evidentemente, el deleznable proceder de maltratar y quitarles la vida a los animales, que no son para la dieta humana (discutible eso último), evidencia muy poca expansión de conciencia, en términos de la espiritualidad esotérica.

 

Se desconoce por lo regular, la procedencia humana inmediatamente inferior, procede reiterarse; y que además, el no observar el comportamiento debido con relación a los mismos, genera situaciones kármicas punitivas, a conquistar en lo inmediato, o después, ya sea de manera directa, o a través de algún ser querido muy cercano.

 

El nivel de inconsciencia humana en tal sentido es tan grande, debido a las actitudes egoístas de muchas personas, que hasta se molestan cuando otro congénere se comporta de manera diferente, alimentándoles o proporcionándoles medicamentos; al igual que, facilitándoles atenciones facultativas a determinados cuadrúpedos.  Tampoco les gusta mucho, el que se dé de comer a las aves hambrientas.

 

¡Oh Dios! ¿Por qué ser así?, más irracionales que los mismos animales, a los cuales se les veja,  maltrata, y hasta se les quita inmisericordemente la vida, cuando antes se fue igual que ellos.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

Los uasdianos tendremos una nueva oportunidad

¡Sí!, para elegir gente que en realidad nos represente a todos; que luego de escalar hasta las más altas instancias de la institución académica pública, como los decanatos y los puestos de dirección intermedia, entienda que se debe dirigir, y darle participación a todos cuantos allí interactúan, a nivel administrativo y docente, dejando de lado el grupismo, y la politiquería lacerante, que de ordinario se estilan en su seno. ¡Difícil, pero no imposible!

 

Pero además, nuestra universidad tiene que ser gobernada por personas que reúnan condiciones en realidad, tanto de orden académico, como gerencial. Hay que acabar con la cualquierización de aspirantes a los puestos electivos; con aquellas intenciones que se tornan hasta risibles.

 

No todo el  que aspira allí dentro, cuenta con las condiciones requeridas para  estar dirigiendo, y tomando decisiones importantes dentro de una institución de tal naturaleza, que tan costosa resulta para el Estado Dominicano, el cual carga a la sociedad nacional para subvencionarla.  Para ello se necesita de sobrada capacidad y ejercicio profesional. No es cuestión de respaldo político,  a  lo interno, como externo de la misma.

 

Urge administrar dentro de aquella, ¡como se debe hacer en todos los órdenes!, con hincapié en lo académico y lo financiero. Poner en práctica lo que allí se trata de enseñar. No impartir una cosa, y ejemplificar con otra.

 

Una oportunidad más se nos presenta ahora, en cuanto a decidirnos por derroteros más prometedores para la institución, de cara al próximo torneo electoral uasdiano, en que se escogerán las nuevas autoridades. ¡Tenemos que aprovechar la ocasión, para cualificar en su justa dimensión a los candidatos que participen, antes de inclinarnos en su favor!  No es cuestión de dejarnos embaucar con los “pantalleos” y bultos de campaña, a los que siempre se recurre.

 

La UASD necesita de gente que le represente al nivel que la misma merece, por su primigenia histórica, y su importante rol en la formación académico-profesional de la juventud dominicana. Esa imagen pública tan cuestionable que se tiene desde hace ya varios años, hay que tratar de limpiarla;  y que no se continúe esgrimiendo como excusa, lo que muchos alegremente expresan: “la universidad anda como lo hace el país”.

 

¡Muy penoso se reporta!, el que ambos caminen de la manera tan mal en que lo hacen, contándose aquí con ciudadanos que podrían enmendar muchas cosas, de proponérselo, y encontrar el apoyo necesario.

 

Uasdianos, no nos dejemos confundir otra vez. Nuestra universidad tiene que ser rescatada de las garras del grupismo, la politiquería, y el libertinaje que predominan a su interno. Tenemos que elegir el año próximo a gente de valía, con capacidad y seriedad probada para su  conducción, y diseño de un futuro más esperanzador para todos.

 

¡Saber escoger!, para que no se siga andando por los mismos senderos, de burocracia, desasosiegos, ahogamiento económico, desordenes estudiantiles, e ineficiencias por doquier; manteniéndose una sobrepoblación de alumnos incontrolable, que comprende un alto porcentaje de personas no aptas para cursar estudios a ese nivel, sin que se les preste la ayuda, u orientación requerida; pero, que se necesitan para justificar exigencias presupuestarias, entre otras cosas.

 

Finalmente, se debe hacer mención aquí a la  deleznable situación  que se verifica actualmente a nivel de la Facultad de Ingeniería y Arquitectura de la academia, cuyas puertas de entrada han sido bloqueadas por los estudiantes, debido a que llevan semanas sin recibir docencia, en razón del conflicto que sostienen profesores y autoridades de esa área de enseñanza, en demanda de que se proceda a las promociones, al otorgamiento de las categorías profesorales que correspondan en cada caso.

 

Como se advierte, ese es un problema que está íntimamente relacionado con lo expuesto más arriba. Y que, de seguro está originado en la práctica del grupismo que se estila en el seno de la institución.

 

Es lo que se desprende de las palabras de los profesores, cuando “responsabilizaron de la crisis al decano de la Facultad, ingeniero José Joaquín Reyes Acevedo, a quien acusan de promocionar y ascender de categoría a los maestros que le apoyan en el proceso interno que  se desarrolla en la universidad estatal”. (Véase periódico “HOY”, edición de fecha 25-10-13, página 12ª)-

 

Cualquiera se preguntaría en su sano juicio, ¿y cómo es posible que a estas alturas estén apareciendo en la prensa local titulares como éste?, “Estudiantes de ingeniería UASD bloquean entrada”, para intitular la reseña publicada al respecto, en pos de que se ponga fin a la problemática descrita, que tanto les viene afectando.

 

¡Penoso eso! ¿Y dónde está en problema central? Evidentemente, en el tipo de autoridades que se han venido eligiendo durante los últimos períodos de gobiernos uasdianos.

 

Luego, las puertas estarán de nuevo abiertas para promover y lograr los cambios requeridos, ¡aprovechémoslas!

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

Un artículo para reflexión

Muy interesante ese trabajo que publicara el señor Federico Henriquez Grateaux, en el periódico “HOY”, edición de fecha 16-10-13, página 2ª, bajo el título, “Ovarios y testículos”, motivado por la pregunta, “¿En cuales actividades debemos gastar los días que componen nuestra existencia?”, que según él expresa, la leyó en una revista encontrada en un consultorio médico.

 

El contenido expuesto por el prestigioso columnista, debe llamar hoy  a muchas personas a la reflexión, por ser una época en el que el escepticismo con respecto a los  asuntos espirituales, no de orden convencional religioso, sino más bien de carácter esotérico, es ostentado con cierta tozudez por un gran segmento de la humanidad.

 

El leer lo expuesto por el señor Greatreux, con mucha atención, y la mente abierta, de seguro mueve a pensar, aunque mucha gente no lo crea, que la corriente de vida que todos cursamos sobre este planeta Tierra, tiene un diseño de orden divino previo, y que nuestro papel real entonces, transitoriamente cada vez, tiene que ser el de actores que trabajan en una obra ideada y dirigida por el Gran Arquitecto del Universo, en la que Él se expresa, o manifiesta, a través de todo cuanto existe en el mismo.

 

De ahí, nuestro desconocimiento en el marco exclusivo de la mente humana, por razones obvias;  amén de que, para algo poder entender en ese orden, es una temática a tratar siempre en el ámbito esotérico, a los fines de edificarnos sobre ciertas cosas inherentes.

 

Por tanto, saber, “cómo debemos gastar los días que componen nuestra existencia”, es una cuestión que nos está vedada de ordinario por completo, si procedemos totalmente al margen de reconocer y asimilar nuestra verdadera esencia.  Y que, en realidad no somos seres humanos en busca de una experiencia espiritual; sí una entidad  espiritual en busca de una experiencia humana.

 

Eso de conocer de antemano la mujer que nos habrá de tocar, para acompañarnos durante toda una corriente de vida transitoria determinada, tampoco es posible. Igual ocurre con la enfermedad de que vamos a morir; y mucho menos, con el día y la hora en que se producirá el  seguro deceso.

 

Sobre algunas condicionantes para partir del planeta – afecciones corporales -, a veces se tiene conocimiento previo. No así, sobre el término definitivo del viaje de regreso, ¡que está cronometrado con exactitud!, según muchos entendidos en la materia.

 

La entidad encarnada, espíritu-alma, comienza a estar de vuelta hacia su verdadera casa, el plano espiritual, en el mismo momento en que nace la persona física, a través de la cual se manifestará en este plano de la materia densa, hasta que el tiempo cronológico estipulado concluya efectivamente.  Por tal razón siempre se ha dicho, “nadie muere la víspera; la que mata, es la hora”.

 

Todos los seres humanos estamos en esta Tierra, en pos de cumplir con una misión de carácter divino. Somos Atributos de esa Fuente Suprema que todo rige y gobierna, hechos a su imagen y semejanza, como señalan incluso las Sagradas Escrituras. Ahora, nos acompañan además las cargas kármicas asignadas para conquistar durante la corriente de vida de que se trate.

 

Por consiguiente, nada es casual, sino que todo es causal, hablando en términos esotéricos; incluyendo, las enfermedades de todo tipo, principalmente las afecciones terminales, que por lo regular se corresponden con puniciones decretadas en base a la Ley de Causa y Efecto, dictada por la Madre Naturaleza.

 

En ese mismo tenor kármico – ¡cada cual recoge lo que siembra! -, está el que se logre la compañía de una buena mujer, una verdadera consorte; el poder formar una tribu biológica-sanguínea que nos resulte satisfactoria en todos los aspectos. ¡No es asunto de buena o mala suerte!

 

A manera de reiteración, todo cuanto ocurre a la especie humana que habita sobre este planeta Tierra, está presupuestado, y aceptado además de antemano, por los actores que intervendrán, lo cual se entiende como la primera etapa del llamado libre albedrío de que se habla, antes del espíritu-alma venir de nuevo a la encarnación.

 

La segunda, se verificaría a nivel de la propia existencia física. Aunque, se sostiene en el marco de la filosofía budista Hinayana (Shakyamuni – Siddharta Gautama), que ambas están sujetas a la génesis condicionada, y que por consiguiente, tal libre albedrío, en términos generales, no existe.

 

Además, cabría hacer mención, y relacionar aquí con lo últimamente expresado, el contenido del versículo 23, Capítulo 10, del libro de Jeremías, Sagrada Biblia: “Yo sé, Señor,
que el hombre no es dueño de su camino,
ni está en poder del caminante
dirigir sus propios pasos”

 

Es por cuya razón, el diseño previo, que siempre debemos aceptarlo todo conforme. Nunca preguntarnos tampoco el porqué de las cosas que nos ocurren. Pensar, en que simplemente nos corresponden; y que siempre, habrán de obrar para bien, en beneficio del sendero evolutivo a cargo, incluida la misión divina encomendada.

 

Son actitudes personales ésas, que se asocian de manera directa con el llamado “vivir el momento presente”, Y en  tal sentido, el connotado autor Deepak Chopra, en su obra “Las Siete Leyes Espirituales del Éxito”, incluye dos señalizaciones relativas muy importantes a observar: a) “Usted acepta las cosas como son,  y no tal como usted desearía que fuesen en este momento, para no luchar en realidad contra todo el universo”; y b) “Detrás de todo suceso existe un significado oculto, y este significado oculto está favoreciendo a su propia evolución”.

 

¡Tremendo tema!, ¿verdad?

 

Autor: Rolando Fernández

 

www.RFCaminemos.WorldPress.com

 

 

 

 

 

 

 

Castigos severos a los violadores, y burladores después

De acuerdo con las informaciones que ha estado publicando la prensa local, el señor Procurador General de la República, Francisco Domínguez Brito, se ha decidido por actuar, con relación al salvajismo vehicular que se observa en nuestras calles y avenidas, protagonizado por muchos animales que andan conduciendo vehículos de motor; como, de algunos envalentonados inconscientes, que se creen estar por encima del  bien y del mal, por pertenecer a algún sindicato choferil; a la podrida llamada “alta sociedad”; o, estar ocupando algún cargo político en el tren estatal.

 

En tal virtud, el alto funcionario judicial, se  ha inclinado por disponer una serie de medidas, en pos de controlar esa denigrante y peligrosa situación, que habrán de afectar a los violadores de la Ley General de Tránsito (241), y todas las normativas conexas que complementan la misma. (Véase: periódico “Diario Libre”, edición de fecha 23-10-13, página 11).

 

Pero además, se contempla castigar en adición, a quienes se les hayan impuesto contravenciones en ese orden, que de ordinario se burlan de las autoridades.  Se hacen los locos, como se dice, y ni siquiera se aproximan por el tribunal de tránsito, para pagar las sanciones pecuniarias de que fueran  objeto.

 

En ese orden, el señor Procurador General de la República, impartió recientemente las instrucciones correspondientes al director de la Amet, general Juan Gerónimo Brown, para “no quitar contravenciones a amigos de la institución, de funcionarios gubernamentales o de entidades adscritas a la entidad fiscalizadora”.

 

De su parte, el alto oficial Gerónimo Brown, actuando en consonancia con la intención expresa del señor Domínguez Brito,  -controlar de manera más efectiva el tráfico vehicular en el país-, recientemente, “instruyó al personal bajo su mando actuar con drasticidad en contra de los conductores que violen las disposiciones de tránsito, sin importar si son oficiales superiores de cualquier entidad armada o funcionarios del gobierno”. ¡Bueno!

 

Entre las decisiones adoptada por el alto organismo judicial, Procuraduría, se destaca que, no podrá sacar papel de buena conducta, todo aquel que tenga multas pendientes de pago, originadas en la violación a la Ley General de Tránsito (241).

 

Evidentemente, es previsible que eso, como otras medidas adicionales que se incluyen,  se pueden  burlar con facilidad, tomando en consideración que estamos en la República Dominicana, donde el “macuteo” y el tráfico de influencias son los que median de ordinario, en muchísimas actividades internas, para lograr determinadas cosas.

 

Algo que también luce un poco iluso, es el pedido a los miembros de la Amet que hace general Gerónimo Brown, para que sean drásticos en su proceder, sin importar quien sea el infractor. Cabría preguntarse, ¿y qué raso, sargento o cabo, podría cumplir con esa disposición?  Aquí se les tiene mucho miedo a los rangos, como a lo civiles que estén “pegados” con el Gobierno. ¡Eso habría que verlo para creerlo!

 

Con todo el respecto que  nos merece el señor Procurador General de la República, lo que se debe hacer desde ya, con todos aquellos multados que no hayan procedido a realizar los pagos correspondientes, es darles un plazo de diez o quince días, para que hagan acto de presencia en el tribunal de tránsito, aclaren sus asuntos, y luego honren los compromisos pendientes por tales  conceptos.

 

De no acatarse la gracia así concedida, procurar una orden de conducencia en contra de los infractores y burladores. Y entonces, después de haber dilucidado en caso en el tribunal, triplicarles el importe correspondiente a cada sanción, ya en firme. Si  el  incumplimiento de pago continúa, traducirle lo pecuniario en días de arresto carcelario, y proceder en consecuencia.

 

Con relación a los oficiales superiores y los funcionarios del Gobierno, que el director de la Amet aspira a controlar, lo que se debe hacer es que, los miembros en servicio de esa entidad reporten las infracciones cometidas por aquellos, a través de las placas de los vehículos, sean oficiales o no, y que sean las instancias superiores las que dispongan las sanciones correspondientes.

 

Algo complementario que se podría incluir, en pos de lo que se persigue en sentido general, es crear un departamento dentro de la misma AMET, conformado por miembros que presten servicios vestidos de civil; que recorran las calles y avenidas nuestras, supervisando el tráfico total de vehículos, y que reporten a los violadores de la ley, como las normas que rigen en el sector, principalmente, a aquellos que creen que nadie les está observando, y que se burlan de todo lo dispuesto para regular, en forma alegre.

 

Sólo tendrían que tomar las placas de los vehículos, producir un reporte, y remitirlo al tribunal de tránsito, para que éste procure localizar, a través del número señalado, a los infractores. Nada más habría que definir, en coordinación con la Dirección General de Impuestos Internos, el procedimiento que resulte más viable.

 

Si pueden filmar “las escenas violatorias” con algún tipo adecuado de  tecnología, que  tantos existen en estos tiempos, mejor sería, para que después no estén alegando ignorancia.

 

Por esos caminos, sí que podrían ir bien las cosas, señor Domínguez Brito. No obstante, como muy atinada  se puede considerar su preocupación. ¡Se debe decir, y darle apoyo, por supuesto!

 

Ese desorden, temeridad, e irrespetos en el trafico vehicular nuestro, hay ponerles el frente con voluntad y firme decisión; pues, a tan significativa problemática, ya se le ha dejado coger demasiado cuerpo. Y, mientras más tiempo pase, para tratar de enmendar, ¡será peor!

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

¡Nunca es tarde para enmendar!

Sobre el tan abordado, y “cacareado” tema del problema eléctrico nacional, que con el tiempo lo que tiende es a empeorarse; a que el negocio inescrupuloso, sustentado en  el maridaje político empresarial que envuelve el mismo, se haga cada vez más fehaciente, no se debe continuar hablando más a nivel de la prensa nacional, para seguir entreteniendo a la ciudadanía, con planteamientos demagógicos sobre todo.

 

Lo que ya más procede, es el que se encaminen reales iniciativas enmendatorias, que incluyan el dejar de ver la oferta de ese servicio público imprescindible, como una mercancía cualquiera, con la que se puede estar especulando sin reparo alguno.

 

Mientra el Estado Dominicanos se muestre complaciente con los artífices principales del gran negocio eléctrico en la República Dominicana, sólo hablándose de la deuda acumulada con los “altruistas” generadores; la búsqueda de cuartos para pagar a ésos, aunque sea endeudando el país internacionalmente; el aumento más aún de la exorbitante tarifa, con el auspicio de los organismos internacionales de financiamiento; y, sobre una de las patas en que se sustenta la mesa en que se reparten los beneficios que genera la “finca”, que se ha venido explotando a partir de la mal llamada capitalización que se hiciera, el “bendito subsidio”, ese problema nunca se va a resolver. Es todo lo contrario; la tendencia vista es a empeorar.

 

Luego, cuando se repara en declaraciones sobre el particular, como ésas que reseña el periódico “Diario Libre”, en su edición de fecha 21-10-13, página 15, vertidas por el exvicepresidente ejecutivo de la CDEEE, señor Radhamés Segura, el enfado, y la desesperanza ciudadana, se tornan inminentes.

 

Es obvio que, se sustenta cada vez más la concepción que tienen muchos dominicanos, en el sentido de  que “ya aquí se acabaron los hombres; de que  no quedan patriotas con valor suficiente y voluntad real, para exigir a cualquier precio las reivindicaciones que este pueblo merece.

 

Cualquiera se preguntaría, ¿y cómo es posible que no se haya hecho caso, a lo que ha venido reiterando el señor Radhamés Segura, contentivo de argumentos justificantes, como de poderosas razones que se encuentran en la base de esa lacerante y preocupante problemática nacional?

 

No se trata de un “advenedizo” dentro de ese importante sector, sino de alguien que estuvo en la barriga del monstruo, como se dice, por un tiempo razonable, tratando de introducir mejoras, de llevar a cabo planes y proyectos que coadyuvarían en su opinión a resolver gran parte del problema, pero que chocó de frente, según lo que se infiere, con los intereses económicos y políticos que median con gran incidencia en el negocio que se tiene con la electricidad en el país.

 

El señor Segura, hizo de nuevo precisiones al respecto, que merecen transcribirse para una mayor difusión y edificación del pueblo, mientras se encontraba en un acto  de reconocimiento que  le hiciera la “Regional Noroeste del Codia”, en San Francisco de Macorís, “por sus aportes a la solución del problema energético nuestro”.

 

–         “Los gobierno de mi organización, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), han carecido de la voluntad política para resolver el problema de la electricidad del país”.

 

–         “Siempre he tenido el plan para resolver esa problemática, pero los intereses que envuelven el negocio fueron más poderosos que mi voluntad, ya que el gobierno de entonces creyó en mantener el actual modelo, que lo que ha hecho es erosionar las finanzas del Estado”.

 

–         “El problema energético no ha tenido solución en el país por la falta de voluntad política y por ser proclive a hacer negocios que lo colocan más como una mercancía que como un servicio de primera necesidad”.

 

A partir de esas puntuales declaraciones, para qué seguir con la misma “sonata” embaucadora de siempre. Si no se busca la manera de resolver el problema, ¡es porque no se quiere!

 

Que se lean, y se repare con atención sobre el contenido de las palabras del señor Segura.  Ya que de lo contrario, es previsible que, por la forma en que se ha venido operando durante los últimos  años el sistema eléctrico nacional, el mismo acabe por convertirse en una bomba de tiempo que estalle en cualquier momento, dejando el país totalmente a oscuras, y que sea el pueblo en ultima instancia, el que tenga que ponerle el cascabel al gato.

 

Ya aquí la gente esta “jarta”, con esa desgracia de la energía eléctrica. Y dicen los que saben mucho que, “la voz del pueblo es la que más se parece a la Dios”. ¡Ojo al Cristo!, entonces.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

La medicina preventiva actual tiene sus bemoles

La medicina preventiva actual tiene sus bemoles

 

Realmente, para muchas personas constituye una disyuntiva el acudir a ella. Prefieren esperar, y dejarlo todo a la voluntad del Supremo Creador.  Se amparan en que de algo uno se va a morir.

 

De ordinario  tienen el temor de que alguna afección les sea, mal o bien diagnosticada.  No se sienten emocional y mentalmente capacitadas para recibir la información, y poder manejar después la situación que se desprenda.

 

Sostienen además que, el ejercicio de la medicina actual poca credibilidad merece en tal sentido; que por lo regular sólo median en su práctica actitudes mercuriales; y que, en muchas ocasiones, los diagnósticos tienen la intención de procurar recursos económicos, ya sea a través de los pacientes directamente, o de los laboratorios, y los centros de estudios especializados  a que remiten.

 

La verdad es que, sean reales o no, los resultados que arroje cualquier evaluación de tipo preventivo a que se recurra, cuando se les considere catastróficos, o de muy alta consideración, el impacto emocional y mental que recibe el paciente al ser informado, puede contribuir a acortarle la existencia física, debido a la gran preocupación que se genere, como la auto-observación inminente.

 

Se dice con regularidad que, “a veces es mejor no saber las cosas”. Y, es algo a lo que se adhieren algunos médicos aún considerados galenos, emotivos también, de los que quedan todavía con ambas condiciones, aparte del conjunto de empresarios de la salud que hoy ejercen.  Prefieren callar ante los afectados, y hablar con los familiares más cercanos, explicándoles sobre cualquier situación preocupante detectada, y con la sugerencia de no enterar hasta el último momento a la persona de que se trate.

 

Durante el mes que discurre, denominado del “Cáncer”, son innúmeras las informaciones que se han vertido, en términos de prevenir tan terrible enfermedad.  No obstante, la pregunta obligada debe ser, ¿hasta dónde es posible hacerlo?, si es una condición innata en la gente, prediseñada como carga kármica a conquistar durante la presente corriente de vida que se curse, que  de seguro está codificada en el llamado genoma humano, que ahora está tratando de descifrar por completo la ciencia.

 

Tomando en consideración lo expresado anteriormente, se podría inferir que, el lograrse detectar a tiempo la enfermedad, como el manejo asistencial adecuado, el amor que se reciba, el apoyo emocional de que se pueda ser objeto, como detener el curso devastador de la afección, en conjunto, posiblemente se reporte como una de las llamadas dispensaciones en el marco del inescrutable “tinglado” y los lineamientos de la Ley Natural de Causa y Efecto, conocida en el ámbito esotérico como la ley del karma.

 

En ese tenor, muy importantes y atinadas resultan las precisiones que hiciera el connotado médico oncólogo, Andrés Luego Vizcaíno, uno de los galenos que aún quedan, que aparecen publicadas en el periódico “HOY”, edición de fecha 19-10-13, página 1C:

 

“Asumir y resistir el diagnóstico de cáncer se hace muy difícil para la mayoría de los pacientes, cuando se entiende que el  cáncer es sinónimo de muerte. Pero el amor, el apoyo y la información correcta pueden hacer la diferencia”.

 

Evidentemente, cuando no se dispone de esas condicionantes que menciona el doctor Lugo Vizcaíno, para procurar sanar (creación de las circunstancias que favorezcan el que la dispensación se produzca), es muy  posible que la encrucijada obvia se verifique, con relación al acudir a la medicina preventiva, pensándose en que tal actitud se puede tornar en más dañosa que beneficiosa, por las razones de índole mental y emocional que prevalezcan.

 

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

Rolando Fernández

 

¡Viola la Constitución!, ¿y qué?, poquito me lo “jallo”

Este es un país muy especial, como dice un connotado humorista nuestro.  Aquí  tenemos  leyes de  todo  tipo, sólo  para llenar requisitos  y aparentar la existencia de un ordenamiento jurídico apropiado.  Normativas legales las hay de más en esta nación. Pero, ¿en qué porcentaje se aplican? ¿Hasta dónde alcanza el imperio regulador y punitivo que les es inherente?

 

De acuerdo con una valiosa publicación que hace el periódico “Diario Libre”, en su edición de fecha 19-10-13, como noticia de primera plana, con detalles precisos en la página No.10, el “Aumento de sueldo miembros de la JCE viola la Constitución”. A eso, probablemente muchas personas aquí, con la posible inclusión de los que tomaron la decisión, le estarán diciendo: ¿Y qué, si la viola?, poquito me lo “jallo”.

 

Según la precitada información periodística, “El aumento de sueldo que se hicieron los miembros de la Junta Central Electoral es ilegal y viola el artículo 140 de la Constitución de la República, que establece que ninguna institución pública o entidad autónoma que maneje fondos públicos establecerá normas o disposiciones tendentes a incrementar la remuneración o beneficio a sus incumbentes o directivos, sino para un periodo posterior al que fueron electos o designados”. ¡Claro como el agua está! La ciudadanía bien puede edificarse al respecto.

 

No obstante, es previsible que, todo se vaya a quedar así. Y que, la iniciativa no será desestimada; o, jurídicamente hablando, alguien ose dejarla sin efecto, a pesar de las declaraciones ofrecidas hace poco tiempo por el presidente del Senado de la República, señor Reinaldo Pared Pérez, en el sentido de que “el aumento de sueldos contemplado por la Ley General de Salarios del Estado para el Presidente, Vicepresidente, ministros, incluidos los funcionarios de entidades autónomas y la Altas Cortes, no se aplicará hasta el 2016, cuando se inicia un nuevo periodo constitucional”. (Véase periódico citado más arriba).

 

El juicio  obedece a la innegable importancia de los actores en este caso – miembros JCE -, dentro de nuestro sistema político-partidarista, en el cual desempeñan un rol estelar, siendo los principales “artífices” en los procesos eleccionarios nacionales, gente con la que nadie se va a “calentar”, como dice la juventud ahora.

 

Estamos en la República Dominicana, donde las sorpresas no espantan a nadie ya. ¡Sólo hay que esperar, para ver qué pasa!

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

Cruda realidad nacional: escasez de buenos locutores

Aunque a veces poco vale la pena hojear los periódicos nacionales, pues la acción reporta con regularidad resultados mucho más entristecedores y  desesperanzadores que halagüeños, por las tantas noticias desagradables que se publican en todos los órdenes, los chismes politiqueros, como la gran cantidad de manipulaciones mercadológicas para estúpidos que contienen, es bueno hacerlo ocasionalmente, aun sea para observar solamente  los titulares. Alguno puede interesar.

 

Y es que,  aparecen rara vez trabajos que se deben leer, corroborar  su contenido base, y hasta contribuir para que su difusión se haga mayor, por lo que pueden aportar en beneficio de esta tan deteriorada sociedad nuestra. Se convierten en la excepción que confirma la regla.

 

Es el caso de ése que publica la señora Magda Florencio, en el periódico “Listín Diario”, edición de fecha 15-10-13, página 7c, en que expone con altura una atinada reflexión sobre el ayer y hoy, en términos de las diferencias “locutoriles” que se verifican en el presente a nivel de la radio nacional, en que la mediocridad, la falta de aptitudes, como la escasez de cultura general son más que fehacientes, en la gran mayoría de los que llevan a cabo ese ejercicio en todo el ámbito local.

 

Ella fue algo consecuente cuando expresó: “Pero bien, debo decir que no todos los que trabajan en la radio hacen una labor admirable”. Obedece este parecer nuestro a que, las rarezas se pueden contar con los dedos de ambas manos, y de seguro sobrarían. Y más aún, si la comparación se hace extensiva hasta los entornos de la pantalla chica. ¡Cuánto que desear entonces!

 

Lamentablemente, se pude decir que ya en este país no hay locutores de calidad – por lo poco que tiene -, que eso es cosa del ayer. Cualquiera aquí porta un carnet para tales fines, comprado de ordinario. Sí tenemos mucha gente impreparada, inepta en todos los sentidos, que se expresa a través de los micrófonos, ya sea en cabinas de radio, o frente a las cámaras de la televisión. ¡Vergüenza!

 

Son personas que a penas saben hablar como se debe en la mayoría de los casos; sin dominio de una  lectura fluida, como tampoco de entonación y afinamiento; con una voz poco cultivada, y menos adiestrada para esos menesteres. ¡Eso da pena!, como afirma en su artículo la autora tomada como referente.

 

Siempre recordamos aquellas narraciones que hacían tiempo después, algunos duchos en la materia sobre la otrora “Voz Dominicana”, y la era de Petán Trujillo, en la que los locutores eran multados hasta por dejar de pronunciar una “s” en cualquier simple lectura, y más aún por errores mayores ante al público. ¡Ay de ese que incurriera en fallas!; y, si el yerro era en televisión, peor le iba, mayor amonestación o castigo económico se producía.

 

Trabajos como el que publicara la señora Florencio en el periódico citado, deben ser reproducidos en todos los medios de comunicación nacional, incluyendo los digitales, para ver si dejamos de estar pasando vergüenzas, y se trata de resucitar la otrora Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía, que hoy luce muerta por completo, encabezada por otra doña Zaida Ginebra vda. Lovatón, una mujer con dotes probadas, y condiciones morales en abundancia, de la que ya quedan muy pocas en esta República, que se encargue de cualificar  de nuevo a todos esos seudos locutores de radio, como presentadores de televisión cuestionables, y ose sacar las tantas “lacras” que tiene el país, expresándose de todas formas a través de esos canales.

 

Aunque quizás  mucha gente en esta nación no comparta el siguiente criterio, sí creemos que, las formas mediocres, e indecorosas por momentos en que se hace radio y televisión en esta República, proyectan una desastrosa imagen hacia el exterior.

 

¡Esas afrentas, hay que buscar la manera de corregirlas!, ya que dirían muchos por tales razones: ¡bueno!, por lo que se escucha, y se ve en esos medios de comunicación de masa dominicanos, se puede apreciar lo que hay allí.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

Las médulas de las problemáticas nacionales no se quieren “auscultar” en este país

En esta pequeña y desamparada isla del Caribe, siempre las autoridades llamadas a contribuir con la solución de los problemas que vienen acosándole constantemente, siempre acostumbran a estar andándose por las ramas, cuando ocasionalmente, y debido a la presión social que reciben, tienen que abordar determinadas temáticas conflictivas.

 

De ordinario se elude el bajar hasta el tronco, o raíz de las cuestiones que resultan dañosas para la nación, por la ineptitud ostentada, o conveniencias de tipos personales, cuando no  grupales envueltas, que impiden el resolver los asuntos de que se trate. A veces, las limitantes son de índole política propiamente.

 

Entre las situaciones deleznables que vienen “acogotando” a la población se tienen por ejemplo, la inseguridad ciudadana; carencia de los servicios públicos; corrupción e impunidad; apagones a granel (crisis energética, con una tarifa abusiva); carga impositiva alarmante e insoportable; y, probablemente, la de mayor connotación presente y futura: la deficiencia educativa nacional.

 

Sobre todos esos aspectos dañosos, las alharacas y las demagogias politiqueras han sobrado.  Muchos han sido los bla, bla, bla, pero es muy poco lo que se ha resuelto; y, tampoco es previsible que nada reparador se logre introducir, bajo el actual esquema de gobierno representativo que rige.

 

¡Todo no es más que, bultos y pantallas, cuanto se observa!, pues nunca se pretende bajar hasta las razones mismas que se encuentran en las bases de esas problemáticas, hoy acuciantes y fehacientes.  Las pretensiones nada más se limitan a “aeroizar”, mantener por los aires, los contenidos y las eventuales enmiendas que se tratan.

 

En el caso de la educación, verbigracia, que ha estado muy sobre el tapete durante los últimos meses, algunas personalidades que han permanecido por tiempo suficiente muy ligadas al sector, desempeñando funciones de principalía dentro del área, y sabiendo algunas de ellas lo que en realidad se debe hacer para eficientizar las labores relativas en el país, han dejado correr siempre la bola, y nada en verdad han aportado, teniendo bastante edificación sobre las razones concretas de los problemas relativos que se verifican.

 

Sin embargo, ahora aparecen en la actualidad, alegando causas y recomendando lo que procedería hacerse.  No obstante, nadie hace mención a los problemas medulares que predominan con relación con la actividad educativa a nivel nacional, entre los cuales se podrían mencionar, principalmente: la politización del sector; la comercialización que se verifica en el ámbito privado, como, el no justipreciar como se debe las labores y capacidad docentes.

 

También,  la concepción errada de la no conveniencia en cuanto a enmendar, por entenderse que el desorden y las deficiencias que se verifican por tales razones, en esa área tan neurálgica e influyente, constituyen las columnas  en que se sustenta el sistema de gobierno regente, corrupto, demagógico, embaucador, y protector, tanto de las desaprensiones, como de los actos deleznables en que incurre la mayoría de los políticos a nivel  nacional. ¡Mientras más bruta es la gente, más fácil se maneja!

 

Si la educación se eficientiza, y es objetiva, en términos de capacitar real y efectivamente a la gente,  resultaría muy difícil entonces que las clases dominantes logren comprar conciencias, para que la ciudadanía vuelque sus preferencias electorales en favor de representantes ineptos, comprometidos con los explotadores internos y externos que gravitan sobre la vida nacional, amén de antinacionalistas en grado sumo, Con una capacidad académica que permita expandir la conciencia ciudadana hasta lo necesario, no se votaría por ninguno de los que aspiran a dirigir actualmente, por ejemplo, los destinos del país.

 

Como se ha podido ver con respecto a la tan sazonada reforma educativa en esta República (Pacto para la Reforma Educativa que promueve el Gobierno), mayormente se habla con ahínco de que los profesores tienen que capacitarse, obtener grado de maestría, o mejor de doctorado, entre otras cosas.

 

¡Anjá! ¿Y cómo lo pueden hacer?, ganando salarios de miseria, que a penas alcanzan para poder subsistir ellos y sus familias; sin capacidad económica, para adquirir las bibliografías necesarias; y, mucho menos poder pagar, para cursar los estudios superiores de un tercer o cuarto nivel. Tampoco, comprar los equipos tecnológicos necesarios. Aquí, cualquier docente tiene que hacer un lío de cuartos (préstamo, o echar un “fiao”), si quiere comprar un simple computadora.

 

Mientras tanto, los envalentonados Ministros de Educación, que de ordinario logran escalar hasta esa posición por razones meramente políticas, no porque en realidad  reúnan las condiciones requeridas para un cargo de tal naturaleza, ni en términos de la disciplina misma, como tampoco en el orden gerencial, conjuntamente con los “canchanchanes” de su grupo partidario, devengan jugosos e inmerecidos salarios, en adición a los demás beneficios conexos.

 

Y entonces, procede reiterarse, a los principales protagonistas – los profesores -, se les tiene como la última parte de la soga, pasando crujías y vicisitudes; que ni siquiera pueden investigar y preparar sus clases en horas de la noche, porque son víctimas también de los abusivos apagones a que están sometidos los barrios marginados nuestros, en los que por obligación tienen que vivir, debido a las precariedades económicas que sufren.

 

Pero además, a veces la “olla” es tan grande, como se dice un buen dominicano, que no disponen de los chelitos para trasladarse en un carro público to’ destartalado, o  una guagua voladora, hasta los planteles en que laboran, o de regreso a sus casas. Por la forma de transportarse, tienen entonces que utilizar vestuarios no muy apropiados para el trabajo, evitando que se les rompa, o ensucie de mala manera, la mejor ropita de que dispongan. ¡Penoso eso!

 

No se debe olvidar que, el ejercicio docente en la República Dominicana, se ha convertido en una ventana disponible,  una desesperante salida, o fuente de empleo más, a la que se recurre para subsistir, más que otra cosa; que muchos de los que dentro del área se desenvuelven, les consideran como enseñadores, no profesores en realidad, y mucho menos maestros. Es muy cierto que algunos requieren de mayor capacidad disciplinaria, y hasta de la vocación imprescindible. ¡No todo el mundo sabe enseñar, por grandes conocimientos que acumule!

 

Y claro, los ineptos en su mayoría encuentran oportunidades para desempeñarse como tales allí, pues la mayoría de los dotados, con los estudios académicos correspondientes cursados, declinan el ejercicio de la disciplina en razón de los precarios emolumentos que se reciben, como las pocas motivaciones de que se es objeto. ¡Tiene que ser reiterada siempre esa cruda realidad!  Muy poco es el número de personas que se deciden por estudiar educación en este país. ¿Para qué?, es lo que dicen. Me gusta, pero……

 

Luego, sin el concurso efectivo y abnegado de los que deben ser los principales actores en esa área, de tanta importancia para el desarrollo y progreso del país, que no son alentados para contribuir con la causa; que se marginan adrede, con propósitos claramente definidos, como más arriba se expresa, gran parte de cuanto se ha estado proclamando llevar a cabo durante los últimos tiempos, se pude considerar como plena demagogia para entretener a la gente, y justificaciones para favorecer a determinados sectores, como el continuar dilapidando recursos económicos alegremente.

 

Para capacitar a los miembros de esta sociedad, se necesitan básicamente dos cosas: concienciar para que se quiera aprender, como el concurso oportuno y efectivo de gente apta y motivada por completo para enseñar. Lo demás es complementario, necesario, pero no imprescindible. Muchas cosas que se anuncian hoy en el tenor de lo que se trata, no son más que, “cuadre y cachucha”, como diría en caro amigo.

 

Es evidentemente que, para que eso aquí se pueda alcanzar, tiene que procurarse primero, la apoliticidad en todo el sector educativo nacional; segundo, que no importe a los gobiernos de turno, el que las personas sufraguen de acuerdo con sus propias convicciones; que  no se quiera imponer candidatos en base a prebendas nimias, como a los chantajes y las manipulaciones mercadológicas acostumbradas.  Tercero, tratar de controlar lo más posible la comercialización extremadamente mercurial, y los diversos negocios abiertos que se verifican dentro del área a nivel privado.

 

Finalmente, para resolver los innúmeros problemas nacionales, incluido el de la desastrosa educación por supuesto ¡hay que tratar de agarrar el toro por los cuernos para doblegarlo! No es buscando la fiebre en la sábana para intentar subsanar. Se debe auscultar en el “cuerpo físico” de todos, la estructura global, para  determinar con voluntad sentida la procedencia medular de los males que abaten a la República.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

¡Hay muchísimo que hacer!

Contrario a lo que sostiene el señor José R. Yunén, en un artículo publicado en el periódico “Listín Diario”, edición de fecha 7-10-13, intitulado “No hay mucho que hacer”, que luce una concepción derrotista, sí podría afirmarse que hay bastante que hacer aquí, para tratar de enmendar la forma caótica y desesperante en que ha venido viviendo la República, producto de las situaciones dañosas, que han caracterizado las últimas gestiones de gobierno que ha tenido, como las desaprensiones de los políticos que han prevalecido durante las mismas.

 

De lo que no hay duda, es de la escasez notoria presente en el país de hombres aptos, con “bagaje suficiente”, pantalones bien puestos, y real voluntad política, para asumir las riendas del Estado nacional, e intentar reorientar la nación por derroteros más esperanzadores, en que se enfrenten con firme decisión todos esos aspectos negativos que se señalan en dicho trabajo, y que en realidad vienen acosando a la sociedad nuestra:  carencia de servicios públicos, inseguridad ciudadana, corrupción estatal, impunidad fehaciente -, etc.

 

La República Dominicana necesita en estos momentos de estadistas que aspiren a dirigir la cosa pública, no de todos estos aventureros políticos que nos gastamos, comprometidos hasta el tuétano, como se dice, con intereses económicos grupales, tanto internos como foráneos.

 

El pueblo tiene que inclinarse por ignorar para su representación, a todos estos títeres, y personajes alienados, que han hecho de la política nacional un gran negocio, siempre actuando en contra del sosiego y la tranquilidad de la población.

 

Sí, pensando sólo en recabar cada vez más recursos financieros – para dilapidarlos alegremente -, a través de imponer abusivos tributos; coger cuartos prestados, sin saber cómo, ni quién va a honrar mañana esos compromisos; en solaparse los unos a los otros, en cuanto se refiere a los procederes indebidos en que incurren; y, en aumentar la cuota de poder que se tenga, para “narigoneos”, y una mayor libertad de acción republicana.

 

De gran consenso, y bien sabida, es la clásica frase sociológica aquella que reza: “Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”, de cuyo sentido y aplicación, la República Dominicana no se puede excluir.

 

El mismo pueblo dominicano es quien entonces tiene la última palabra, para decidir y resolver sobre los males que le aquejan desde hace ya varios lustros, acarreados por todos estos politiqueros de nuevo cuño, que olvidaron completamente las enseñanzas legadas por los únicos líderes verdaderos que ha parido este país (Don Juan Bosch, Dr. Joaquín Balaguer, y el Dr. José Francisco Peña Gómez), luego de que los mismos partieran del planeta Tierra.

 

Mientras aquí la juventud, principalmente, esté pensando sólo en romo, drogas, bachatas, reggaeton, y estar digitando mensajes en un celular (sandeces), como las mujeres en andar semi-desnudas por los lugares públicos, exhibiéndose hasta más no poder, difícilmente se podrá contar en esta nación con un mentor de calidad probada, que logre amplio respaldo ciudadano, para que nos represente a todos; que le duela esta República, y que no sólo piense en recuperar con creces su inversión en la actividad política, como tampoco en reciprocar con los adeptos, y todos los grupos económicos proclamadores.

 

¡Mucho se puede hacer, si el pueblo habla y acciona como debe!

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández