¡Es lo que se debe decir, sin tapujos, o rodeos!

 

¡Dejémonos de estar adornando tanto la píldora! La corrupción no nos sigue. El flagelo llegó aquí y se instaló para quedarse. ¡Esa sí que es la gran verdad! El mismo encontró un excelente caldo de cultivo en Dominicana, “sazonado” por los más altos representantes de los sectores político y empresarial que gravitan en todo el acontecer nacional.

La práctica está establecida en este país como una norma amoral más permitida, respaldada por fuertes camajanes locales, que bastante se benefician de ella, y que les cubre un amplio manto de impunidad judicial, a cuya instancia – el Poder Judicial -, son llevados sus más fieles representantes, sin vista ni oídos, para actuar en contra de aquellos turpenes envalentonados y protegidos.

El nudo de la corrupción generalizada en los países tercermundistas, verbigracia el nuestro, con principalía a nivel la estatal, es muy fuerte, debido a los tantos hilos internos y externos que lo conforman, y que le hacen de sólida estructura. Por tanto, se torna muy difícil de enfrentar sus amarres, para el combate sostenido de rigor; sin que medie una firme voluntad política, y la fortaleza debida.

Los poderes sectoriales que convergen en el mal, práctica dolosa que ya se ha hecho casi una costumbre en la República, interfieren sobremanera, e impiden las ejecutorias de lugar, por las incidencias, y solapamientos procurados, en el marco de la instancia principal competente, el Poder Judicial.

Cabe agregar aquí, que ya los jueces y fiscales, lo que menos hacen es servir a las sociedades; son actores parcializados en favor de los sectores empresariales y políticos hegemónicos regentes. Para completar el mal, los abogados por su parte, han pasado de ser auxiliares de la justicia, a cómplices más bien de los delincuentes; son grandes defensores de los corruptos, salvo las excepciones menores a la vista.

Con sobrada razón se afirma que, “MAYORÍA DOMINICANOS CREE LA CORRUPCION ESTÁ EN AUMENTO EN EL PAÍS”.  Se agrega en adición que: El 66% de los dominicanos sostiene que la corrupción aumentó en los últimos 12 meses, de acuerdo a un nuevo informe de “Barómetro Global de la Corrupción en América Latina y el Caribe 2019” ¡Innegable eso!

Además, se entiende como conservador ese porcentaje publicado. ¡Eso vas más allá! (Véase “periódico “HOY”, del 24-9-19).  También se habla en otro medio de la misma fecha – “Listín Diario” – de que “RD está situada entre los países con mayor corrupción”. ¡Qué etiquetas alusivas más desagradables!

La gran pregunta sería, ¿cómo tratar de limpiar esa imagen? Otra, ¿quedarán hombres impolutos y decididos aquí para hacerlo? La verdad es que, esas son cosas que están por verse; máxime, cuando no se evidencia el concurso necesario de la juventud local, que solo está pensando en reguetón, drogas, chateos telefónicos, como la moda de última, para estar en pinta, etc.

¡Qué pena da este país!

 

Autor: Rolando Fernández

¡Nadie que hable por ella!

 

Y dónde están las bocinas públicas que necesita esta maltratada y abusada sociedad dominicana, para que se explayen hablando en favor de la defensa de sus derechos, como sobre la satisfacción de las necesidades más perentorias que le acosan, por parte del Estado nuestro. “Esas no aparecen ni en los centros espiritistas”, como se dice a nivel de pueblo.

Claro, no se pueden hallar, porque tampoco hay quienes les paguen, por lo que se está en presencia de otro refrán pueblerino: “Por la plata baila el mono”. ¡Innegable eso!

Y, es obvio que, como no hay cuartos, los lambones femeninos, y masculinos, no mueven las colas, como tampoco las lenguas viperinas, a disposición en los medios radiales y televisivos del país, donde se tienen a granel las “bocinas” notables, por encontrarse anotadas en las chequeras de los más altos representes de los sectores hegemónicos y gobernantes en esta nación.

¡Hablar referente al pueblo, y para qué! Eso no reporta fruto alguno en términos económicos. Además, uno no se pude estar calentándose con los que mandan y apadrinan el buen vivir.

Ya los que estaban en ánimo de “redención”, y lograr reivindicaciones sociales, desaparecieron entre los dominicanos. “Qué cada cual se rasque con sus uñas”, es lo que dicen muchos de eso con acceso a las cámaras de televisión y los micrófonos radiales.

Cuánto necesita esta sociedad de gente bien intencionada que hable por ella; por los que no tienen voz, ni dinero para pagar.  Pero, lamentablemente, la República solo dispone de lambones que lo hagan, respecto de políticos farsantes y corruptos, que no son capaces de expresarse por sí mismos; que requieren de amplia difusión embaucadora, y proselitista electoral.

¡Ah, sociedad desvalida! Tus dolientes todos quedaron en el pasado. Y, está hoy demostrado una vez más, con las actuaciones de todos estos “chachareros” interesados, que solo se preocupan por ellos, y cuántos les paguen por sus servicios “lamboneriles” que, “No hay peor astilla que la del mismo palo”, como lo reza una máxima antigua. En esta ocasión, en el orden de lo tratado.

Los otrora chancleteros, limosneros, y pide pasajes, en el presente ni te miran ya. Son esos una clase muy distinta en la actualidad. Mucho menos, intentan hablar por ti como se debe.

¡A guárdaselas pues compatriotas!, para cuando comiencen a caer desde los altares transitorios en que actualmente están, estos mandamases envalentonados que hoy se gasta la República, en correspondencia con todo lo que sube, y que por gravedad retorna.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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Preguntas obligadas distintas, pero conexas

Cualquiera procuraría satisfacer la inquietud del por qué un pueblo puede aguantar tanto, sin reaccionar en contra de los abusos de que es objeto, ausentes de toda contemplación enmendatoria oficial pertinente.

El editorial del periódico “Listín Diario”, en su edición de fecha 19-9-19, donde bastante se dice sobre una problemática actual muy lacerante, aunque es algo viejo en realidad, intitulado: “Los “fantasmas” de las multas”, refiriéndose a las penalizaciones inmerecidas, abusivas, que se imponen a muchos conductores de vehículos en esta nación, constituye una importante denuncia más, dentro de las tantas que han sido hechas hasta el momento sobre ese particular, y que caso omiso han recibido.

Pero, ¡hay que seguir insistiendo!, por la gravedad del asunto envuelto; y, también preguntándose a la vez, ¿será que esta nación se ha convertido en “masoquista”?  ¿Es que tal situación obedece, a que se acabaron los hombres aquí?

Respecto de esa última, ¡sí!, los varones de pelo en pecho, en actitud de poner el frente a las desaprensiones locales dañinas que se estilan para esta sociedad, sin importar el sector de donde provengan. Cabrían ambas interrogantes anteriores, por la capacidad de aguante ciudadano que se observa a nivel de la gente nuestra.

Cómo es posible que, amén de los tantos impuestos fiscales, como los arbitrios municipales, con los que se viene gravando a esta población, también se haya tenido que venir soportando la imposición de sanciones inmerecidas, dizque por violaciones a la ley de tránsito, y sus normativas conexas, sin que en realidad se haya cometido falta alguna. Si dicha acción no es un abuso, ¿cómo se le podría llamar entonces? ¡Administrar a un pueblo pendejo, quizás!

Ahora mismo, se está registrando un gran malestar entre conductores locales, ante la obligatoriedad de tener que renovarse ya los marbetes de las placas para sus vehículos de motor, y sorpresivamente encontrarse con un abuso así.

Pues ocurre que, es en estos momentos cuando se enteran, qué son deudores de multas impuestas por la Dirección de Seguridad de Tránsito y Transporte, penalizaciones que ellos no reconocen, y que las entiende como inventadas; que son arbitrariedades recaudatorias de cuartos por parte el Estado nacional.

¡Pero, hay que pagarlas!; se está obligando a los contribuyentes. De lo contrario, cero renovaciones de marbetes para circular por las vías del país. El hacer aprovecho de la ocasión es obvio, para la compulsividad estatal manifiesta

Aparecen entre los afectados, ciudadanos que no tienen vehículos; que hace tiempo que no guían un automóvil; y, algunos que ni siquiera saben conducir. Además, personas que han estado residiendo fuera del país durante el período en que se les señala haber cometido las infracciones. Son de las precisiones y alegatos para defensa que se hacen, y que muchas veces no prosperan, a pesar de los esfuerzos que se realizan.

¡Y cómo es posible una pendejada así! Solamente en este “solar” se puede ver. Múltiples contravenciones aéreas puestas a personas por violación a la ley de tránsito, y normas conexas, inocentes de los porqués, y cuándo en realidad infringieron alguna regulación vial de esas que se aluden. ¡Increíble, verdad!

Cabe transcribir aquí un fragmento de algo que aparece expresado en el editorial de referencia: “La impresión que prevalece es que alrededor de este procedimiento hay una profunda falla de los sistemas computarizados. O la mano oculta de alguna mafia, procurando beneficios”.

Con todo el respeto que nos merece ese juicio externado, es obvio que, ambas cosas pueden suceder. Ahora, más probable sería la última, por la forma en que se ha venido “batiendo el cobre” en este país durante los últimos años, pincelado de corrupción y robos por doquier.

Lo raro es que, según se dice en el mismo espacio de prensa: “Las respuestas que han dado las autoridades ante estas quejas no son satisfactorias porque, hasta donde se sepa, no han sancionado a los agentes responsables de reportar o validar esas “multas fantasmas”, pese a los graves perjuicios que están causando a muchos ciudadanos”. ¡Y, entonces qué!! ¿Lo harán esos muto propio? ¡Difícil!

No son pocas las personas que creen aquí, que detrás de esa práctica indebida está el brazo recaudador del Gobierno, en busca de captar mayores recursos financieros para sus ejecutorias todas, sin importar la forma en que se proceda. Significativa, y peligrosa percepción ciudadana. ¡Cuidado!, “hasta la belleza cansa”, dice un refrán popular.

Mientras tanto, los “deudores en el aire”, bien molestos, y con sus razones obvias, están imposibilitados de poder cumplir con otros deberes ciudadanos requeridos, no solo el de pagar por un marbete-placa para sus vehículos de motor, hasta que no honren las deudas pendientes imputadas, por concepto de multas inmerecidas, según las entienden.

¿Hasta cuándo serán los abusos en este país, en contra de los ciudadanos? ¿Quién, o quiénes, se encargarán de ponerles coto a las arbitrariedades recurrentes en esta nación?, verbigracia, esa de que aquí se trata. ¡Mientras más tiempo dure el conformismo pueblerino, los latigazos serán mayores!

 

Autor: Rolando Fernández

 

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“Hablar por boca de ganso”. ¡Se queda muy mal después!

 

Emitir juicios a priori; estar repitiendo como loro; o, hacerlo sin base de ningún tipo, son actitudes que siempre se deben evitar. El proceder así se puede asociar con el sentido del refrán popular aquel que reza: “hablar por boca de ganso”, a que con regularidad hacía mención el gran maestro Juan Bosch, a los fines de que se evitara el estar incurriendo en dicha práctica.

En opinión de algunos personajes envalentados ayer, dentro de las huestes moradas, encabezados por seudo dirigentes, con una conduta hoy más que cuestionable, pero poco conocidos entonces, “en aquellos momentos, el país estaba dividido en corruptos y peledeístas. ¡No había otra cosa, según ellos!

Claro, eso era cuando los aparentes alumnos del único líder, mentor y fundador del Partido de a Libración Dominicana (PLD), que luego se encargarían de deshonrar por completo su memoria, procuraban venderse como “las ultimas Coca-Colas del desierto, y con hielitos” según dice la gente. Se ofertaban tal la gran esperanza nacional que se tenía a la sazón.

Evidentemente, no se habían dado a conocer como lo que en verdad siempre han sido: iguales farsantes que los demás dentro del ruedo de la política nacional, con excepciones muy mínimas, que son personas casi en extinción ya.

Ayer, solamente se tenían corruptos y peledeístas, en apreciación de aquellos, que se presentaban siempre como impolutos, ¿Y hoy qué?, es la pregunta que tantos ciudadanos, sorprendidos o no, hoy se hacen, cuando se ha incrementado sobremanera en esta nación el flagelo dañoso de la corrupción, generalizada casi por completo.

Mientras, es obvio que, el peledeísmo, fundamentado en la moralidad debida, principios loables, y normas éticas pertinentes, etc., como en los paradigmas nacionales de rigor, relacionados con la densa de la soberanía del país, que dieran origen todos entonces a esa considerada esperanzadora entidad, ha ido desapareciendo como por arte de magia. Solo quedan dentro de ese, como se puede advertir, los falsos originarios, en adición a los arribistas y trepadores de estilo.

Se ha llevado la institución a un extremo que, a pesar de que antes se distinguía y se preciaba a los miembros identificados del partido, considerándoles muy distintos a los demás actores locales dentro del ejercicio político nacional, hoy se les percibe como asqueantes, corruptos, tramposos, y permisivos, además. Se perdió aquel glamur, o perfil loatorio atribuible a los mismos. ¡Si no cogen, dejan coger!

Evidente, aún persiste el ánimo personalizado allí, de estar separando a los ciudadanos, convenientemente, según los intereses que muevan, aunque ya no en el marco de la sociedad total nuestra, sino a lo interno de su misma “guarida coloreada”, con efectos condicionantes mentales, y marcadas intenciones de traslación, obviamente, hacia conglomerado general nuestro.

Ahora, ya no son corruptos y peledeístas los que se aluden, pues se mezclaron bien ambos. Resulta imposible entonces, el discriminar entre unos y otros, debido a las atrocidades en que esos últimos han incurrido, innegables, lo que ha hecho incrementar de manera exorbitante el número de los primeros.

Es por ello que, de lo que más se habla en el presente no es de corruptos y peledeítas, sino de: leonelistas y danilistas. Son los dos calificativos de mayor resonancia en estos momentos a nivel local. Ya el término corrupción entre los “morados”, con notables mínimas excepciones a referenciar, por los “techos de vidrio” en abundancia avistados que cubren a los que se vendían como honorables, no se menciona; se olvidó.

Tampoco se hace uso de él, como epíteto “difamante” de esos hacia los demás. El mismo pasó de moda. Esa tecla no se toca; la nota que emite desafina bastante, y desentona sus melodías; les ha tapado la boca.

Finalmente, las obligadas preguntas que se derivarían son: ¿Cómo dividir la sociedad dominicana en estos momentos? ¿Se ha eliminado la corrupción, con esos dos jefes de grupos peledeístas, dirigiendo los destinos nacionales? ¡Han gobernado años suficientes, que permiten aquilatarles bien, y callar a sus adeptos!

¿Son esos dos “caciques”, dignos representantes de lo impoluto aquí? ¿Con qué en definitiva se ha quedado el país, después que el PLD asumió las riendas de la República? ¿Qué pasó con la división originaria aquella, que tanto cantaleteaban los morados, en pos de venderse como “santos varones”? ¿Se deshizo? ¿O, todo el conjunto se compactó en una sola clase?

Hay algunos pensantes, y observadores locales que osarían decir. procede en estos tiempos dividir a los dominicanos en: remanentes ínfimos que aún quedan en el país de los hombres probos, y con valores diversos exhibibles; políticos desaprensivos; corruptos a granel: y, los agregados de los últimos tiempos: narcotraficantes, y un montón de adictos atraídos.

Obviamente, es ese el coctail logrado en este “solar”, definible, con muy temor a equívocos. ¡Cierto, o no! ¿Hubo avances, o involución social fehaciente entre los dominicanos?

Es esta última, la inquietud cumbre a responder, y procurar satisfacerla bien, antes de sufragar en lo adelante, en favor del mismo combo regente, compuesto por farsantes y corruptos todos. Nunca ha habido tal separación. ¡Comprobado está! Los que hablaban por boca de ganso, ahora han tenido que callarse.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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Caos en el tráfico vehicular dominicano

 

La verdad es que, en los países donde nada se ordena, y mucho menos se planifican las cosas en favor de la gente; donde el objetivo estatal prevaleciente es la recaudación fiscal, por sobre todas las cosas, como es lo que ocurre en Dominicana, de ordinario se tienen espectáculos viales tal es el que aquí se verifica, sin importar horas del día; ya no es cuestión de pico, o no, es en cualquier momento.

Por doquiera uno se encuentra con taponamientos de vehículos a granel, impidiendo los desplazamientos requeridos, sin importar las urgencias que se puedan presentar a conductores y pasajeros a bordo de los automóviles en plenas vías de tránsito; como, las serias urgencias de atenciones relativas a la salud propiamente, entre otras circunstancia.

Cuán desesperadas se encuentran las personas en ciertos momentos de esos, en relación con la temática abordada, y sin ninguna autoridad que les socorra de inmediato.

Los taponamientos vehiculares en las calles y avenidas de este país, se han convertido en un fuerte dolor de cabeza para la población, y sin calmantes a la vista. Constituyen en el presente un caos descomunal, y sin medida correctiva estatal alguna que se advierta venir.

Todo lo contrario, el grueso de la población se está inclinando por creer que se promueven desde algunos litorales gubernamentales, a través de sugerir ciertas maniobras de dirección por los agentes de tránsito destacados en las esquinas de mucha afluencia vehicular, en busca de una mayor recaudación de impuestos, por los gravámenes con que se cargan excesivamente los combustibles, y cuyo consumo se dispara con el cúmulo de vehículos allí varados, sin poder avanzar.

Por lo que, se aprecia que determinadas situaciones de esas, en algunos puntos de la ciudad capital, son provocadas adrede, por los mismos agentes de la AMET allí de puesto, dirigiendo el tráfico vehicular, medalaganariamente, de forma muy subjetiva, a pesar de la existencia de semáforos disponibles en las intercepciones; y, se infiere que, obedecen a órdenes superiores dictadas, por las actitudes descabelladas, y recurrentes, con que muchos de esos proceden.

Es obvio que, no se piensa en las circunstancias fortuitas que se puedan presentar en conductores y pasajeros, respecto de la salud misma de esos. ¡Qué se esperen hasta que yo quiera!, se puede leer con facilidad en los rostros de algunos de los miembros apostados en las equinas, para dirigir se supone; no para estar acechando supuestos infractores, y multando gente sin contemplación ninguna.

Causales diversas las hay respecto del desorden vehicular que se registra actualmente en Dominicana, y que exige ya se procure “ponerle el cascabel al gato”, tal se dice, pero en los variados sentidos que se destacan; como, el dejarse de estar “agarrando el rábano por las hojas”, y nada más, a manera de excusas para justificar. Así lo parece cuando solamente se habla, entre otras, de la “cantidad de vehículos obsoletos que ruedan por las vías locales”.

Y, por qué no referirse a controlar la excesiva importación de vehículos, para hacerle así frente a la insuficiencia vial que tiene el país – ¡alta recaudación fiscal, intocable, verdad! -, a nivel de la Dirección General de Aduanas.

Qué no se tengan infractores privilegiados, cuando se violen las reglas, o normas regulatorias dictadas al efecto; la aplicación de un régimen de consecuencia efectivo, en lo concerniente a la Ley General de Tránsito, y las normativas conexas a la misma; como, de eficientizar las funciones de la AMET, en que se incluya una supervisión apta a los agentes colocados en las calles y avenidas de la República.

También se debe ponderar, como complemento, una remuneración justa, y razonable por demás, para esos servidores públicos, a los fines de evitar los eventuales “macuteos” callejeros, como las displicencias con que algunos trabajan.

De todas esas cosas hay que hablar, en sus intervenciones públicas, señora directora del INTRANT, con las recomendaciones debidas; y, no enfocarse con insistencia marcada en la cantidad de vehículos obsoletos que transitan dentro del parque.

Es obvio que, esa situación en parte afecta, no cabe duda, pero lo medular del problema de que se trata, no está solamente ahí; sino que, hay otros ingredientes de mayor importancia que influyen, se podría decir, sin temor a equívoco alguno. ¡Vamos a agarrar el toro por los cuernos!, si en verdad se quiere ayudar a combatir esa terrible problemática.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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Una sociedad en retroceso obvio

 

Qué lástima, cuando en los países se desconoce todo sentido de autoridad obligatorio, para evitar el caos generalizado que siempre habrá de sobrevenir; donde todo el mundo quiera hacer cuánto le venga en gana, sin reparo alguno; y, se individualice el accionar solo en provecho propio, jamás pensando en los demás; que el asunto nada más sea buscárselas, como se dice popularmente.

¡Comprobable es esa realidad en Dominicana! Solamente tiene cualquiera que darse un paseo por algunas calles y avenidas de la capital, para verificar ese amplio mal; el desorden, y la falta de civismos a todas luces que se verifican

Ver, entre otras cosas, la forma desaprensiva en que se ocupan las aceras peatonales en muchos lugares por los que se desplazan innúmeros grupos de personas de las de a pie, las cuales tienen que lanzarse hacia las peligrosas vías públicas para poder trasladarse de un lugar a otro; usar esas por las que se conducen vehículos livianos y pesados, en manos de choferes sin educación alguna, infractores connotados impunes de las normativas dictadas para regular las actividades del tráfico local.

Y, todo debido a que, por los pases habilitados no se puede caminar, en razón de que, están ocupados con extensiones de comercios en la zona; depósitos de materiales para construcciones; instalación de talleres de mecánica; y, mercados callejeros de productos diversos; también, por venduteros ambulantes exhibiendo mercancías variadas.

Lo que más se ha puesto de moda últimamente, son los expendios de productos diversos sobre las aceras, incluyendo rubros agrícolas y otros, sin ningún tipo de higienización para estos.

Lo más reprochable en el tenor de lo tratado es que, algunas autoridades municipales y policiales, como de Salud Pública, que serían de las más llamadas a combatir acciones indebidas como esas,  defienden indirectamente sus comercios, por ser de las primeras que detienen sus vehículos para comprar allí; y,  apoyan  que esos informales hagan sus negocios con toda libertad en plenos espacios públicos, obstaculizando así otras actividades requeridas por la ciudadanía, y sin reparar en los riesgo probables implicados

¡Qué país este, mamacita! Las flexibilidades ahora, sin importar que sean dañinas, son mayores que en otros tiempos, por encontrarse la nación en un año preelectoral. ¡Se necesitan esos votos, aunque el diablo se lleve al demonio! De ahí que, todo esté permitido.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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Pueblo dominicano, ¡despierta!

 

¡Cómo se burlan los políticos de esta sociedad! ¡Cuánta inconsciencia y deshumanización fehaciente en tu contra! El despilfarro de recursos estatales y grupales que se observa en la actualidad, de cara a la nueva trampa electoral que se llevará a efecto el  venidero año 2020, da más que asco y vergüenza; enfada sobremanera, a cualquier persona sensible.

¡Cuartos de sobra los hay!, para gastarlos en propagandas politiqueras diversas; grandes mítines; bocinas humanas pagadas; y, francachelas de todo tipo, etc., mientras el país tiene que desenvolverse a oscuras casi por completo; como, falto de agua potable; y, teniendo que enfrentar la inmensa ola de calor presente.

Además, con los hospitales públicos desabastecidos, y limitaciones físicas extremas, abarrotados de pacientes, en su mayoría niños, afectados con la epidemia del momento: el dengue, y sus variables, como de otras enfermedades de la época.

Entretanto la borrachera electoral se disfruta, esta sociedad luce como anestesiada: no reacciona en lo absoluto, ante la burla descarada de que viene siendo objeto, por parte de todos aquellos que solo aspiran a alzarse con el poder; hacerse más ricos; o, comenzar a ordeñar la vaca nacional ahora, el Estado.

Se le mantiene entretenida con la tecnología de punta con que se le bombardea; en cuyo seno solo prevalece el uso de equipos modernos de toda clase; en la que nada más se habla de “WhatsApp”, chateos, minutos telefónicos, notas de voz, etc. ¡Cuánta ignorancia de pueblo se verifica! Y, para complemento, sobre la aceptación de una televisión alienante, e inmoral, patrocinada por los grupos hegemónicos de poder reinantes.

En qué momento aparecerá en Dominicana un “chapulín colorado”, que procure desplazar del Estado a toda esta claque politiquera desaprensiva y corrupta tenida hoy; qué enjuicie a muchos de sus personajes más representativos; como, que les pase factura; y que, además, les despoje de los recursos económicos con que han desfalcado el fisco, en perjuicio de las grandes mayorías nacionales.

“Vergüenza contra dinero”, antes decía alguien muy recordado en este país, frase a la que ahora procedería agregarle; y, ¡a concienciarse sobre todo, pueblo! ¡Esto no debe seguir de la manera en que va! De lo contrario, solo se recogerán las cenizas después.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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Lindo sueño tuvo el señor presidente

Sí, parece ser que el primer mandatario de los dominicanos se fue una noche a la cama bien descansado, y relajado mentalmente por completo, no cabe duda. ¡Durmió sin contrariedad alguna!

De ahí que, se infiere ¡pudo “soñar” bastante bien!, debido a lo que últimamente expresara con respecto a la pobreza extrema en esta nación. Según él, “se dejará de “arrastrar” tan dañoso flagelo, unido al hambre de la gente”. Obviamente, ¡sería lo mejor para todos!

No se reservó el contenido del que luce tan importante mensaje onírico recibido, y se lo dejó saber a un periodista del rotativo “El Día”, quien lo reseñó detallado, bajo el título: “Medina asegura bajó pobreza extrema a 2.9”. Véase edición de fecha 2-9-19, página 8.

Dijo así: El presidente Danilo Medina aseguró ayer que pronto la República Dominicana será liberada de la pobreza extrema y será declarada un país con hambre cero”. ¡Lindo eso, verdad!

Agregó más adelante: “La pobreza en el país ha caído grandemente, pero que mucho más ha sido la pobreza extrema, la cual estaba en 11 puntos cuando llegó al Gobierno, y el año pasado estaba en 2.9”. “Más vale creerlo, que ponerse a averiguarlo”, como reza un dicho popular, por asemejarse a un sueño la precisión oficial externada.

Es una lástima que no le revelaran durante su experiencia nocturna fuera del plano físico, bajo sueño, reiteración válida, los indicadores reales para poder hacer afirmaciones de esa naturaleza, en un país donde las evidencias persuasivas, como las opiniones apolíticas, e imparciales, claro está, dicen todo lo contrario.

Tampoco, el cómo se ha logrado esa mejoría; ¿qué en verdad se ha tenido que hacer para obtenerla? Ni, mucho menos, lo que se tendría que ejecutar en lo adelante, para que se obtenga tal liberación – cero hambre -. algo que muy importante se reportaría para todos los dominicanos.

Son cuestiones esas que, de haber sido reveladas, debió señalarlas el señor presidente de la República, para soportar mejor sus decires relativos, a los fines de que todo no fuera interpretado como “politiquerías baratas”, tal es lo que luce indicar, más que otra cosa.

Ante la ausencia, y en el orden de lo tratado, no se continuará procurando esgrimir el ardid de las llamadas “visitas sorpresas” al interior del país (263, según se afirmara en ese momento), estimadas por tantos como una táctica electorera más, con las que ni siquiera se ha logrado abaratar los productos agrícolas de consumo local, ni fomentar el cultivo de los mismos.

Así lo externan aquellos entendidos en ambas materias aludidas: política y agricultura. Sostienen en adición que, la campaña es necesaria; ¡tiene que ir siempre!; y, qué las importaciones de esos rubros alimenticios que aporta la tierra se realicen hoy más que nunca, y cuesten más, ¡no importa! El “caramelo” de los efectos contrarios, hay que venderlo.

Qué oportuno titular asociado este, para intercalar aquí: “Hatillo Palma espera obras prometidas por Medina en visita sorpresa”, calzado con, “A tres años de que el presidente Danilo Medina realizó su visita sorpresa número 143, los residentes en la Loma de Solimán, perteneciente a este distrito municipal, esperan por las obras ofrecidas por el mandatario en ese momento”. (periódico “Diario Libre”, del 9-9-19, página 16).

Tal se dice, “soñar nada cuesta”, como aparentan ser ahora los pronósticos del licenciado Danilo Medina, sobre los que aquí se trata. Tampoco, hacer público lo soñado, cabría agregar. Por tanto, ¡continúe haciéndolo señor presidente! Además, en este país los ingenuos, y los tantos creyentes en las chácharas politiqueras embaucadoras de estilo, no se acabarán.

Posiblemente, ni usted mismo crea, en las aseveraciones aludidas que externara con relación a dicha temática, qué no es la primera vez, – también lo hizo en febrero del año 2018, en términos casi similares, periódico “Diario Libre”, del día 14 -; y, menos, en la predicción que hiciera en esta ocasión última, “¡cero hambre!” El grueso de la gente pensante aquí, las considera como otros bobos entretenedores, y engañadores más.

Qué se haya disminuido la pobreza en tal grado, como el que se erradique por completo en el futuro el hambre en esta República, dirigida y administrada desde el Estado, en la forma en que se observa, ¡resulta cuestionable (1), y será (2), muy difícil! La verdad es que, son logros casi imposibles. por no calificarlos de otra manera.

Pero, vale reiterar: “soñar nada cuesta”; y, el que se acaben los “tarados” aquí – tontos útiles a granel, crédulos, e ilusos, siempre dispuestos a escuchar -, sería como tirarle piedras a la luna, intentando alcanzarla.

Luego, ¡a proseguir soñando, y revelando contenidos, señor presidente!

 

Autor: Rolando Fernández

 

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A golpe de titulares periodísticos

 

Es así como se trata de manejar todo en este país. A esa práctica recurren amplios sectores que aquí gravitan de manera sostenida, para mantener adormecida a una gran parte de la población; entretenida no cabe duda, a los fines de que no se repare en los innegables y acuciantes males que vienen acabando con esta nación.

Nos referimos a las publicaciones recurrentes que pagan los políticos, mayormente, y demás connotados actores nacionales, para que periodistas, y algunos comunicadores (bocinas), digan a través de los medios escritos de comunicación, solo cuántos ellos quieren que se exprese.

Y claro, todo con los pincelamientos, o retorcimientos interesados de estilos, como embaucadores requeridos por demás, según las circunstancias que prevalezcan de momento. Son de las cosas que más se pueden apreciar en esta República caribeña, y que, obviamente, surten sus efectos en favor de los sectores interesados.

“El caldo de cultivo” apropiados, como se dice, en el tenor de lo tratado, es una prensa local prácticamente vendida al mejor postor, casi en su totalidad, y capitaneada por directores afectos a determinados grupos económicos, políticos, y sociales, contando en adición tales jefes, con el concurso de subalternos, por igual comprometidos, respecto de esos intereses sectoriales.

Mientras la gente aquí tiene que enfrentar, sin la ayuda estatal imprescindible, necesidades que rayan con la desesperación, y que resultan impostergables, por supuesto, los titulares solapantes en los periódicos de este “solar”, obviamente, solo van en la dirección de todo lo que concierna al interés de los grupos antes señalados; tras lo de ellos y nada más; lo demás muy poco importa tratarlo.

Por consiguiente, se reportan tales los cantos que están de moda, si cabe el símil, repetición continua, para afianzar apetencias múltiples, bastante desaprensivas por cierto, en sus casos directos; y, cuando no, el fin es desviar la atención generalizada de la ciudadanía incauta, hacia donde se quiere fijar, siempre para beneficio de los que gobiernan, como de sus financiadores electorales.

No son extraños los mensajes noticiosos escritos en tal sentido. Para comprender esa práctica estratégica burlona, solo hay observar cómo se van sucediendo las publicaciones, cada vez que un escándalo cualquiera, que se considere lesivo, explota en este país.

El mismo puede ser de orden político; asociado con el narcotráfico, lo financiero, o el área económica. También, inseguridad ciudadana, afectación de la soberanía nacional, sobreprecios en los combustibles, por las gravosas cargas impositivas, etc., etc.

Notable es que, de inmediato aparecen, como por arte de magia, otras nuevas cuestiones, y las relativas a las problemáticas presentes tienden a desaparecer. ¡Qué no amerite atención lo concreto-fehaciente, es lo que se persigue!

Actualmente, los bobos sustitutivos a nivel nacional, son aquellos temas relacionados con la política partidarista, de cara al proceso electoral a celebrarse en el año 2020: precandidatos proclamados, primarias abiertas o cerradas. encuestas, acuerdos entre partidos, preferencias, propagandas y demás yerbas aromáticas.

En cambio, sobre problemáticas tan importantes como esa de la epidemia del dengue que viene afectando a esta República, es muy poco lo que se habla, en términos de erradicación y prevención; mejor se trata de ocultar en parte. Claro, los descuidos estatales, y las carencias hospitalarias que se verifican en esta nación, justifican los silencios, o solapamientos que se registran.

El desabastecimiento generalizado en los centros asistenciales públicos nuestros, es innegable, aunque se intente taparlo; como, por igual, la incapacidad física que se registra para recibir a los afectados. Ni camas se consiguen allí; mucho menos, los medicamentos imprescindibles. Tampoco, los materiales clínicos necesarios. ¡Qué país tenemos los dominicanos!

Otros asuntos adicionales sujetos al “olvido parlante oficial, o grupal interesado,” son: la inseguridad ciudadana; el caos en el transporte público; el desorden en el tránsito vehicular; los abusos impositivos en contra de la población; y, el pesado fardo de la deuda pública estatal contraída, entre otros males de consideración a nivel local.

Lo que sí, ¡siempre está presente en las páginas de los periódicos internos!, amén de los demás titulares desviantes directos de la atención ciudadana, es el “caramelo” del elefante blanco referente al crecimiento económico, que en todo momento está siendo cacareado hasta la saciedad, para condicionar mentalmente a los menos pensantes, en el sentido de que ¡vamos muy bien! Sabido es que, nadie crece económicamente cogiendo cuartos prestados; hipotecando alegremente la soberanía de una nación. ¡Qué se busquen otro cuento!

Política electorera comicial, y los desvíos de la atención pública, con los chupetes entretenedores de estilo, es lo predominante en esta sociedad. “Hasta por los codos se respiran”, como se dice en buen dominicano, las publicaciones relativas, en sus momentos, como es obvio.

¡Es lo que siempre va! ¿Se salvará de esa forma este país? ¡Nada se resolverá así! Y, por supuesto, todo habrá de continuar de mal en peor, mientras este pueblo siga “roncando”, y creyendo en las innúmeras sandeces, y falsas promesas con que se le bombardea desde las esferas internas de poder político-social, para mantenerle de ordinario confundido, como entretenido.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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