¿Sorpresa, educación dominicana deficiente? ¡Jamás!

 

Un titular de primera plana, como ese que aparece en el periódico “Diario Libre”, edición de fecha 5-5-18, “La tanda extendida no avanza aprendizajes y docentes deben mejorar”, sustentado en el Informe de la Iniciativa Dominicana por una Educación de Calidad  (IDEC), en que se incluyen algunas recomendaciones correctivas pertinentes, no debe sorprender a nadie con acceso a las aulas en este país; y menos, a los experimentados dentro del área, que son verdaderos funcionarios, y profesores académicos, apolíticos, por demás.

De más es sabido que, los mandamases locales (políticos y empresarios poderosos), lo que menos les interesa es eficientizar la educación en este país; y menos, las labores que desarrollan los protagonistas principales en ejercicio dentro del sector, aquellos que componen el personal docente.

Las grandes mayorías nacionales entienden que, hacer eficiente la educación en Dominicana, significaría correr el riesgo de que la gente comience a concienciarse, y que no permita que los políticos desaprensivos y corruptos del patio, con el concurso de sus “canchanchanes”, algunos  representantes del ámbito económico gravitante, le siga cogiendo como conejillo de Indias, para continuar haciendo sus fechorías, llevando a cabo los desmanes dañosos acostumbrados.

Además, todo pensante entre nosotros sabe que, eso de la “Jornada Escolar Extendida”, como la llamada “Revolución Educativa”; al igual que, la misma creación de la “República Digital”, no son más que estrategias politiqueras, embaucadoras por demás (parte de la posverdad), para promover la actual gestión oficial gobernante, con miras a una eventual reelección presidencial; como, el hacer provecho de esas iniciativas, en pañales, para gestar grandes negocios en favor de los máximos representantes dentro del área de la educación, como de los padrinos que de ordinario solventan, o cubren, campañas electorales aquí.

Que en esta nación no se está en capacidad de llevar a feliz término acciones de naturalezas tales, debido a la falta de preparación que se verifica, en el sentido del apoyo logístico exigible, incluyendo las instalaciones físicas requeridas, como los recursos humanos necesarios, que aseguren efectivos resultados.

Y, menos sería la aspiración de éxitos, procurándose una adhesión casi estricta a determinados paradigmas importados, que no están acordes con la idiosincrasia de los dominicanos; aunque, se estén promoviendo desde algunas cajas de resonancia internas, de esas denominadas ONGs, que reciben subvenciones monetarias desde el exterior.

Entonces, la aseveración de referencia no puede generar sorpresa alguna, vale reiterar. Sí permite comprobar las presunciones que siempre se han tenido en el orden de lo tratado, politiquería, como negocios en gran escala presupuestados; y, más aún después que, por la presión social ejercida, se lograra la asignación estatal del 4% del PIB para el área de la educación en este país.

Ante esa friolera de cuartos, de inmediato un gran segmento del sector empresarial local – mejor muestra “EDUCA” -, y personajes destacados dentro del ruedo político nacional, mostraron un inusitado interés por la actividad educativa nuestra; claro, buscando cada uno de esos, más bien, el poder administrar los jugosos recursos financieros que se recibirían a partir de la conquista malograda, por los intereses diversos evidenciados.

¿Qué es lo que ha habido a posteriori? Construcción de escuelas a granel, sin profesores, como tampoco los equipos necesarios, a costos escandalosos, y con vicios de fabricación bastante notables, según ha trascendido hasta la opinión pública; y, negocios hasta más no poder, con los efectos asociados a la enseñanza: uniformes, mochilas, libros, butacas, mascotas, etc. Y, por supuesto, los comestibles para los alumnos durante su estadía en los centros educativos públicos (tanda extendida).

Pero, después eso de aprendizaje por la referida nueva modalidad de asistencia introducida, como de mejoras docentes, constituyen un sueño. De ahí que se esté planteando la necesidad de repensar el modelo educativo vigente, entre otras medidas que se entienden de lugar.

Obviamente, es algo que se debe hacer, y agregar al ideal formato a que se arribe, la despolitización cabal del sistema que ya se requiere, comenzando por los que dirijan desde el Ministerio correspondiente que encabeza.

Lo que sí luce como una opinión algo descabellada, es que el 4% del PIB resulte “insuficiente para seguir aumentando los servicios educativos y no educativo” – ¿cuáles?  -, cuando se tiene bastante a la vista lo poco realmente benficioso que se ha hecho con la asignación actual, como los acres cuestionamientos que se vienen externando desde la generalidad que ejerce dentro del sector, exceptuando el funcionariado político designado, claro está.

En virtud de lo expresado, ¿sorpresa? ¡Ninguna!

 

Autor: Rolando Fernández

 

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¡Ay nuestros bachilleres, y futuros profesionales, qué lástima dan!

 

Con sobrada razón el relevo generacional en Dominicana, en términos de sustituir con la efectividad debida a los actuales académicos en ejercicio, respecto de las diferentes áreas del saber científico, ha venido brillando por su ausencia durante las últimas décadas.

En ese tenor, muy penosa es la realidad que se vive a nivel de las aulas universitarias del país, con principalía en las pertenecientes a la estatal academia de educación superior, cuando los docentes destacados en las mismas, “tienen que hacer de tripas corazón”, como se dice en buen dominicano, al tener que estar lidiando, y tratando de formar profesionales a partir de una materia prima inservible en su mayoría, bachilleres allí matriculados que apenas saben leer y escribir.

Por más esfuerzos que trate de hacer el profesorado, es muy poco lo que se puede lograr, pues amén de las deficiencias que arrastran muchos de los alumnos con que se debe trabajar, también se muestran estos “renuentes” a reconocer sus imitaciones fehacientes; como, a observar los comportamientos debidos, en el sentido de asumir las responsabilidades que la educación superior exige.

A la vista se tiene, que el sistema público educativo nacional lo que está aportando a las universidades del país, son personas semi-alfabetizadas. Quizás pueda aparecer gente idónea para capacitarle profesionalmente dentro de la masa egresada de los colegios privados, donde también “se cuecen habas”, suficientes, como reza un dicho popular ¡Qué nadie se llame a engaño!

Es por lo expresado anteriormente que, muchos buenos profesionales dominicanos (médicos, ingenieros, abogados, periodistas, contadores, etc.,), que ya se han retirado del ejercicio por razones de edad, y físicas limitaciones obvias, cuando no es que han fallecido, no han encontrado quienes les sustituyan en las labores que realizaban; y, mucho menos, con el prestigio con que aquellos abnegados impregnaban sus trabajos.

Ahora, ¿culpables quiénes son?, sería una de las preguntas obligadas que asaltan.  Otra, ¿se podría señalar a los estudiantes, aunque hace ya mucho tiempo dejaron de ser la levadura, como decía un otrora canto de protesta juvenil? ¡No! Sí que son el sistema político actual, como el poder económico regente, que han arropado un amplio segmento de los jóvenes de esta sociedad, en procura de convertirles en marionetas utilizables en su favor, a los fines de conservar sus propósitos subyugantes por tiempo indefinido,

Esos mismos grupos dominadores, inducen desfavorablemente a los muchachos, en cuanto a personalidad y carácter se refiere; como, les permiten, además, no servir en el presente, para que mañana sirvan menos, haciendo provecho de los sistemas educativos locales, incluyendo el de mayor preponderancia, el perteneciente a la educación superior. En ese último no se exige rendimiento académico alguno.

Se van sembrando desde los niveles inmediatamente inferior al mismo, cuántas hierbas malas sea posible, para que luego florezcan a nivel de ese amplio sector formativo, universitario, desde donde se alimentará después la sociedad nuestra, recogiéndose entonces allí los frutos, o efectos mayormente deseados: mediocridad y servilismo por doquier.

Y, todo eso se torna innegable, a pesar de los tantos “cantaleteos” que se hacen, en un país donde se dice estar llevándose a efecto la llamada “Revolución Educativa”, como la creación de la “República Digital”, reportándose ambas seudo ejecutorias a la cabeza entre los “buques insignias” del actual Gobierno, que se auxilia con sonoros titulares periodísticos pagados, no cabe duda, para una amplia promoción presupuestada, y venta de imagen oficial politiquera, con fines más que consabidos.

Se asocian en parte los costosísimos anuncios relativos, y las reseñas complementarias, con el pronunciamiento de un nuevo término demagógico que se ha puesto muy de moda entre los políticos actuales: posverdad, que fuera aceptado, e introducido en el diccionario de la lengua española en el año 2017, por la popularidad ganada, definiéndole como: “Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”. ¡Embaucar, dicho con lindura suficiente!, cabría agregar, de lo cual saben mucho estos truhanes políticos de nuevo cuño.

“Es pa’lante que vamos”. ¡Otro honor al término posverdad! ¿Cuál será el destino que en realidad nos espera?, pues se vislumbra todo más que incierto en Dominicana, a pesar de los decires politiqueros de estilo con que se procura continuar entreteniendo a la población.

En conexión con ese amplio pensar ciudadano, cuando las necesidades de recursos humanos aptos también apremien, en las diferentes áreas del saber, habrá que buscar en el extranjero los sustitutos de los talentos nacionales que vayan desapareciendo, pues las cosechas de aquí en ese orden, será de incapaces, mediocres, y mercantilistas por completo, haciendo provecho de la escasez obvia, debido a lo expresado con anterioridad.

 

Autor: Rolando Fernández

Amarga realidad uasdiana: la baja calidad estudiantil presente

 

De nuevo sobre el tapete está la temática; pero, se colige que, nada se hará tampoco en esta ocasión. Así continuará esa lacerante situación, por el costo político que tiene la adopción de los correctivos pertinentes en ese orden, tanto a lo interno como a lo externo de la institución académica.

Y es que, en la deficiencia estudiantil que allí se verifica inciden factores asociados con el modus operandi que rige al interior de la entidad educativa, que como obvio suponer incluye todos los procedimientos electivos para sus autoridades, en que predomina la cualquieración de personas, al margen de que se reúnan las condiciones requeridas para desempeñar los cargos a que se aspire, en términos propiamente gerencial y académico.

“Yo quiero ser rector, vicerrector, decano, vice, director de escuela, etc. y puedo optar con muy pocos inconvenientes”, es lo que de ordinario se escucha. Además, “solo tengo que agenciar la conformación de un grupo respaldante que haga el trabajo proselitista”. Requerimiento obligado obvio:  la promesa de reciprocar a posteriori; y, repartir después el pastel a disfrutar, mediante las designaciones en buenos cargos administrativos jugosos.

Eso de tener que gastarse autoridades poco aptas, mal dirigiendo a lo interno de la UASD, como los escandalosos bajos índices académicos permitidos al alumnado; y, la permanencia dentro de “estudiantes chatarras”, como bien se les podría denominar, sin ánimo de discriminarles, solo por la poca formación básica requerida que reúnen; al igual que, el grado mínimo de responsabilidad que observan.

Todos son factores lacerantes que ya se han convertido en consuetudinarios en la academia estatal, los cuales tienen su origen en los excesos de democracia de naturaleza politiquera, y retaliatoria propiamente, que datan desde hace décadas, y que permanecen intactos, a pesar de que ya los tiempos no son los mismos; de que las condiciones todas han cambiado.

Los docentes que han tenido la oportunidad de interactuar bien de cerca con estudiantes en las aulas universitarias usasdianas, que nada más han estado inclinados por el deseo de colaborar con la formación el nuevo relevo generacional requerido, conocen a cabalidad donde está la raíz del alto número de alumnos allí regístrados, que solo van a ocupar butacas dentro de la academia, sin asumir las responsabilidades debidas. No se quiere estudiar, ni investigar nada en la mayoría de los casos.

Cada uno pone su condición personal en evidencia; su ineptitud innegable, en cuanto a la preparación básica que corresponde tener; como, a la mala elección de la carrera que están tratando de cursar, Amén de eso, olvidan que no todo el mundo ha nacido para ser profesional; el estar en capacitad para cursar estudios a ese nivel.

Pero, como en la UASD todo se puede, van y se inscriben sin reparar en nada de eso, aunque tengan que dar mil tropezones para mal graduarse, si es que antes no se espantan. De aquí que el Centro educativo esté masificado en grado sumo en el presente; al igual que, las tantas deserciones que se producen periódicamente.

Claro, toda esa gente, sirva o no sirva, es necesaria para procurar un mayor presupuesto anual al Estado nuestro. A eso obedece, principalmente, la no aplicación de los reglamentos académicos vigentes; la poca exigibilidad de rendimiento académico a los seudo estudiantes inscritos; como, el que eso de la baja estudiantil se haya convertido en letras muertas.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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¡Como anillo al dedo!: Corrupción vs. eficiencia educativa

Pareció como dirigirse directamente a Dominicana, aunque obviamente generalizó durante su ponencia, para evitar señalamientos en línea, la directora de la Oficina Regional de la Cultura para América Latina y el Caribe, Katherine Müller Marín, al presentar el Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo (GEM) 2017-2018.

Se refirió en esa, de manera muy acertada, a la malversación de fondos y la corrupción como factores incidentes en el cumplimiento de las metas de educación, de forma negativa claro está: “Unesco alerta que la corrupción frena la calidad de la educación”. (Periódico “HOY”, dl 16-11-17, página 2ª).

No creemos que nadie en este país, esté en condiciones de rebatir esa consideración, y mucho menos en cuanto a lo que nos toca, salvo los beneficiarios directos de tales reprochables desaprensiones, debido a que esas ocurrencias se tornan más que fehacientes en el sector educativo nacional, principalmente en el área pública, bajo el marco cobertor siempre de la politiquería reinante, con sus apañamientos y reciprocidades de estilo.

La educación en este país es deficientísima; nadie lo pude negar; y, en la base de eso se encuentra, por una parte, el deseo de los poderes regentes, para que la población adolescente, y los jóvenes, con principalía, no se capaciten en realidad. Se considera que mientras más bruta es la gente, con mayor facilidad se le maneja.

Por el otro lado, están la corrupción, como el mal uso de los fondos que aporta el Estado nacional, y los grandes negocios que se agencian dentro del sector, de lo que no está exceptuado el litoral privado, los colegios, cuyo principal propósito es la “mercurialidad” en los tiempos presentes.

Aquí, lo que más se hace es politiquear, con la introducción de supuestos nuevos formatos de enseñanza; de prácticas que sí resultan fructíferas en otras latitudes, por las condiciones qué allí se dan, pero que entre nosotros brillan por su ausencia; se procura imitar, e innovar sin antes crear las plataformas necesarias; y, sin que se adviertan logros posibles, en términos de eficientización, operatividad oportuna, como tampoco el alcanzar la enseñanza real aspirada.

Todo no es más que para entretener a la población, y sembrar esperanzas de superación, que se quedan en el intento; buscar negocios, como vender una falsa imagen en el exterior, en cuanto a mejoras de la calidad docente, a los fines de recibir donaciones y préstamos internacionales. Hay que aparentar que se está haciendo el gran esfuerzo en favor de tan importante actividad. “¡Cuadre y cachucha nada más!”, como diría un caro amigo.

Ya se inventó a nivel nacional, con la entrada en vigencia del sistema de la llamada tanda extendida, acompañada de un escándalo politiquero enorme, y grandes titulares periodísticos para difusión, en actitudes que ofenden hasta la inteligencia de las personas nuestras poco pensantes. Quién ha dicho que con esa ampliación de horario a nivel de las escuelas públicas se va a enseñar más que antes: que los muchachos saldrán mejor preparados.

Con tal modalidad lo único que se consigue es apartar más a los vástagos del seno familiar; impedirles recibir la crianza hogareña, que es la verdadera educación formativa para la conducción personal, y posterior entrega al gran conglomerado social nuestro, con las condiciones requeridas.

El siguiente bobo que se ha querido poner a esta sociedad, es el aspirar a educar, como evaluar alumnos a distancia, a través de las redes sociales, mediante la creación de una plataforma virtual (www.edmodo.com), cuyo manual instructivo tuvimos la oportunidad de leer. ¡Qué ilusos somos! Hasta a nivel universitario en este país, resulta más que cuestionable la iniciativa.

Parece ser que se desconoce el panorama deficitario que se verifica en el ámbito educativo nacional, pues sería la única forma de comprender la introducción de un invento de tal naturaleza en el marco de tan delicada área.

Bastaría con ponderar los niveles de inconsciencia que explotan a simple vista, tanto a nivel estudiantil, como docente; el poco sentido de responsabilidad que adorna a ambas partes, para inferir un seguro fracaso.  Lo presencial deja bastante que desear. Hay que imaginarse entonces, el intentar hacerlo de manera virtual.

La última táctica embaucadora y politiquera es la evaluación del personal docente que ejerce a nivel del sector púbico, en curso aún. ¿Desde cuándo eso no se hacía? Que se recuerde, ¡desde hace gran tiempo!, si es que alguna vez se había hecho como ahora.

¿Qué resultados arrojará esa iniciativa?, que luce más bien como algo para discriminar dentro de la clase profesoral, según la identificación partidarista que se ostente, y no realmente evaluativa, en cuanto a capacidades y vocación que adorne.

Si la intención verdadera fuera ésa última, las cosas tendrían que comenzar desde la misma cabeza del Ministerio que corresponde, ¿Cómo evaluar hacia abajo, por disposición de alguien que ha mostrado no saber de educación?  Además, no es su rama profesional; político partidarista sí que es.

Reúne ese ciudadano, como sus subordinados inmediatos, los méritos, y las aptitudes de rigor, inherentes a tan delicada misión social, como es la de educar. No son pocos aquellos que opinan negativamente en ese orden,

En lo que sí muchos están de acuerdo es que, son polítiqueros, busca lo de ellos; y, que entre los parámetros que se pudieron haber definido para valuar a profesores con una cantidad significativa de años en la actividad, de seguro no fueron seleccionados los mejores, aquellos de mayor indicación; que todo eso no es más que para entretener, y aparentar ante los organismos internacionales “injerentes” en el área.

Pero, además, que en una evaluación de esa especie se debe tomar en cuenta necesariamente la calidad de la materia prima con que se está trabajando (el alumnado), lo que es casi seguro no se hizo, por conveniencias obvias.

Y, si los discípulos no reúnen las condiciones requeridas, como lo es en nuestro caso, en un alto porcentaje, por bueno que pueda ser el profesorado, difícilmente el producto a obtener, al final pueda servir.

Por consiguiente, dejémonos de estar haciendo pantallas, y procúrese ante que nada, el combate a la corrupción estatal, en lo concerniente al área, que tan evidente se torna, y que muy difícil permite aquilatar con certeza cuánto se pueda hacer dentro de la misma, incluido el amplio programa de construcción de escuelas, para las cuales no aparecen después, ni profesores, y mucho menos los equipamientos requeridos.

Claro, sí favorece todo ese panorama de inversiones públicas, el agenciarse grandes negocios, de todo tipo, en favor de las autoridades del ramo. ¡Gestionar conseguir, a lo que allí se fue!

Corrupción y eficiencia, nunca pueden ir de la mano, sin importar la actividad de que se trate. ¿Innegable eso? ¡NO!

 

Autor: Rolando Fernández

 

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¿Qué se está logrando dentro de las aulas escolares dominicanas?

 

Esa debería ser la gran pregunta a plantearse hoy, por parte de las verdaderas autoridades educativas del país, como el segmento pensante aún de la sociedad nuestra, transculturizada casi por completo, en ocasión del inicio del nuevo año lectivo 2017-2018.

Es obvio que, esa gente a que nos referimos, también debe incluir el personal docente que participa en la mediocre formación educativa local que se viene proporcionando a los alumnos que cursan en el patio, debido a las circunstancias políticas imperantes, como los nuevos paradigmas extranjeros impuestos a raja tabla dentro del sistema. Y, por qué no hacer mención también, a la falta de vocación que ostentan tantos docentes en el país.

En ese tenor, cabe intercalar aquí la penosa información ofrecida por la flamante ministra de Educación Superior, Alejandrina Germán, y que está en consonancia con lo expresado más arriba: “De 30,257 bachilleres solo 1,276 pasaron pruebas”, refiriéndose a las mediciones de orientación y aptitud académica para estudiar la carrera de educación; a las becas que dispuso el Gobierno otorgar.

Independientemente de la profesión a cursar objeto, “ci ece no es gran recor, se repolta como un vuen average negatibo”. Es que la mayoría egresada de las aulas apenas sabe leer y escribir. (Véale: periódico “HOY”, del 24-8-17, página 5ª).

Pero, contrario a la importante actitud señalada que procedería adoptarse, al tiempo de definir y ponderar los correctivos que ya se imponen, en procura de eficientizar la educación nacional, la inclinación del funcionariado competente, conjuntamente con el grueso de sus cajas de resonancia locales, y el concurso de algunos medios de comunicación, ha sido seguir con la misma práctica anual: propagandas referentes, y politiquerías oficiales.

Por consiguiente, es obvio suponer que, aquí lo que menos interesa es educar a la población más joven, como se debe hacer. Y es que, si en verdad se le capacita, van a dejar de votar como hasta ahora se ha venido haciendo, por un pica pollo, y una botella de ron ¡Difícil se les haría a los políticos, comprar a la ciudadanía con nimiedades y comestible baratos!

Por ello, el proceder para la época ha sido el mismo de siempre: estar promoviendo y destacando durante los últimos días cercanos al inicio oficial de las clases, el incremento comercial relativo, asociado con los agregados más comunes de estilo: libros, mochilas, uniformes computadoras, etc.,

Luego, la gran interrogante obligada sería entonces, ¿con esos es que se educa? ¡Evidentemente que no!  Todo es parte del festín mercurial moderno; de los condicionamientos mentales para entretener; y, que toda la atención se dirija hacia los útiles exigibles; a la construcción de escuelas, aunque en realidad se reporten como cajones vacíos; la gran propaganda politiquera, tal es el caso de la llamada “Revolución Educativa”, con más objetivo electorero que otra cosa, etc.; y, no al producto que debe salir de las aulas, en términos de la formación personal, como académica propiamente.

El eliminar el salvajismo en los centros docentes de los jóvenes   nacionales, como el concienciarles, respecto del comportamiento cívico que deben observar, al igual que la preparación académica requerida, no constituyen metas de los poderes hegemónicos locales, político y económico.

¡Eso quedó muy atrás, hace años! Es ubicable, paradójicamente, en la época del régimen dictatorial de Rafael Leónidas Trujillo, cuando los agregados necesarios para ir a las escuelas públicas, principalmente, eran solo: un sencillo uniforme, cuadernos y lápiz. Muchas veces esos últimos hasta los regalaban a los muchachos, y eran mejores que los presentes, aun fueran con la fotografía de algún miembro de la familia Trujillo. ¡Entonces, había enseñanza de calibre!

El asunto en los tiempos modernos aquí, es preservar y fomentar más aún, las incapacidades que se exhiben, y la adhesión a los patrones culturales impropios que se importen, de forma tal, que el grueso de la población de este país, principalmente la más joven, se reporte mayor narigoneable cada vez.

¡Mientras más brutos son, más fácil se manejan! Es la concepción de tantos, conocida ampliamente, “El resto es cuadre y cachucha” como se dice. Y, exigibilidad de un mayor presupuesto para el Ministerio de Educación, en pos de satisfacer siempre, nada más que, el abanico relativo ampliado, en términos de apetencias politiqueras personalizadas, en escalera claro, hasta las instancias máximas de poder que se gasta la nación.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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Queremos enseñar, y no encontramos alumnos verdaderos. ¡Qué lástima!

 

Aunque parezca algo sorprendente para aquellos que no hayan estado interactuando con adolescentes y jóvenes de esta sociedad dominicana, a nivel de las aulas escolares (grados básicos pre-universitarios), como las correspondientes a la educación superior en sí, ese pensar aseverativo que intitula es una cruda realidad concluyente, para todos los profesionales no egotistas, con vocación docente entre nosotros, que desean legar parte de los conocimientos adquiridos en favor de las futuras generaciones, el relevo siempre necesario.

Y es que, a pesar de las fervientes intenciones que se tengan en ese orden, en ocasiones hasta con propósitos filantrópicos podría decirse, son muy pocos los interesados que aparecen, si es que se logra encontrar algunos, dispuestos a que se les pueda tener como verdaderos y abnegados alumnos.

Ya los jóvenes nuestros, de grado universitario principalmente, que deberían ser los más proclives a procurar alcanzar una formación profesión óptima, solo persiguen ir a sentarse en las aulas de las entidades del género en el país, con hincapié en la estatal, a buscar un pedazo de papel, con una cinta como adorno, y su nombre impreso (título), para presentarlo después tal una “cédula de identificación personal”, aun sea sin el aval de los conocimientos exigidos. ¡Hacen lo que sea, menos estudiar!

Es por ello que, los profesionales con sólido nivel ético-académico, pertenecientes a las diferentes disciplinas del saber en este país, médicos, abogados, periodistas, entre otros, han ido desapareciendo, como debe ocurrir por ley natural, y los sustitutos aptos continúan brillando por su ausencia.

Muy notable se reporta la inexistencia del nuevo “relevo generacional” formado, y eso obedece principalmente a las actitudes personales displicentes asumidas por los seudo- estudiantes del presente, como la comercialización que ahora rige en las actividades docentes a nivel superior.

Ahora, a quienes más compete reparar y actuar con relación a lo expresado, es al ministerio de Educación Superior del país, como a la llamada Asociación Dominicana de Rectores de Universidades (ADRU), en términos de la supervisión y las exigibilidades debidas a los alumnados, respecto del grado primario de egreso profesional, que es la base principal para estudios a posteriori. Sin esa sólida zapata todo el edificio que después se construya se va a derrumbar.

El procurar y obtener maestrías, como doctorados, etc., básicamente, cuyas imparticiones les han convertido en otros burdos negocios académicos en esta nación, importándoles desde muy lejos en ocasiones, no debe ser lo más exigible por parte de las entidades señaladas, aunque sí objeto después de la atención debida también, como complementos de formación.

Aquí tenemos muchos profesionales de grado, con maestría y doctorado, que no saben escribir, ni leer bien para sí mismos (lectura comprensiva); menos hacer lo último en voz alta (leer para otros). La verdad es que, representan verdaderas vergüenzas egresadas de las universidades nacionales.

Cierto es que, hay aquí muchas personas en disposición de enseñar; no así en ánimo de aprender, lo que desencanta a cualquier interesado en retransmitir parte de los conocimientos logrados, para uso del “relevo generacional”, que toda sociedad siempre requiere.

¡Lamentable lo expresado!  ¿Verdad?

El problema financiero de la UASD es “mayúsculo”, por las razones múltiples que intervienen

 

La Primada, o Primera de América, no sale de una grave crisis financiera, in crescendo cada vez más, en la que convergen factores diferentes, pero cobijados por el considerado de mayor trascendencia y gravitación: la politiquería, que además induce a que sea objeto de una gerencia-administrativa cuestionable a todas luces.

Sí, esos que obviamente han hecho perder de vista a lo interno de dicha entidad, el verdadero rol formador académico-social de la institución de educación superior estatal; y que, de manera irrefutable están en la base del déficit presupuestario gravoso a que tanto se hace alusión, y con sobrada razón; la falta de recursos económicos suficientes, para poder financiar todo cuanto allí se tiene que costear, académico, o no de la especie.

Es obvio que, mientras la UASD se siga manejando de la forma en que internamente se hace, con muy poco criterio universitario en realidad, como gerencial-administrativo, y sí politiquero, para completar el triste escenario observable en torno a la misma; y, recibiendo a todo aquel con intenciones de sacar de allí un título, no discriminando a nadie – populismo -, sin llenar las condiciones requeridas, en términos de formación básica pre-universitaria; gente mucha de ella que  apenas sabe leer y escribir, y sin sentido de responsabilidad alguno para cursar estudios a ese nivel, por más recursos estatales que reciba, y los pocos que internamente pueda generar, ¡nunca serán suficientes!

Solamente hay que ponderar la cantidad de estudiantes -seudo muchos -, que ingresa a la academia pública durante el año, con respecto a los que egresan durante igual período. También, las inversiones no reproductivas que se hacen en alumnos que, después de cursar tres o cuatro semestres de cualquier carrera que inscriban, desertan por varias razones, pero fundamentalmente porque no dan para lo que eligieron – estudian por moda, o inducción paterna -; y, como ya el departamento uasdiano de orientación profesional, si es que aún existe, no funciona, acaban por abandonar el propósito. ¡Se perdieron esos cuartos!

Otro factor digno de consideración es el asunto de la nómina, salarios del personal administrativo, y docente, como las conexidades relativas que rigen. ¡Eso hay que verlo!

¿Cuál es la norma, cuando concluye una gestión rectora, y otra se inaugura? Hay que crearles espacios, u otorgar cargos a los politiqueros respaldantes durante la campaña, por un lado.

¿Y qué pasa, por el otro, con los que ya estaban en los puestos acompañando al anterior Magnífico? Se les tiene que buscar “hoyos” internos, para colocarlos, quedándose con los mismos sueldos; o, de lo contrario, beneficiarles con jugosas pensiones. Es por ello que, siempre la nómina de la institución se dispara después de producirse un cambio de rector, constituyendo ese el primer grito del incumbente entrante.

Pero, además, están las nuevas “botellas” a crear siempre, para atender reciprocidades políticas, por compromisos contraídos durante el proceso eleccionario. Como, las subvenciones a sindicatos, y grupos estudiantiles inoperantes; esos últimos, en la mayoría de los casos, verbigracia, la Federación de Estudiantes Dominicanos (FED), que desde hace tiempo perdió su verdadera esencia.

Los aspectos mencionados, por incluir solo algunos de los más destacables, en el cuestionable ámbito uasdiano, que de manera sostenida vienen hundiendo la única institución en que los pobres de este país pueden estudiar.

Esa aseveración que hiciera el doctor Edylberto Cabral, exrector de la UASD, y que aparece encabezando una reseña periodística sobre una entrevista que concediera, (periódico “HOY”, del 26-4-17, página 9ª), “Problema UASD es por déficit presupuestario”, en la que expone algunas consideraciones en el tenor de lo tratado, constituye una gran verdad. Él conoce bastante bien, cómo se bate el cobre allí dentro.

Ahora, lo más importante, no es seguir lloviendo sobre mojado. Él está en capacidad de sugerir algunas medidas correctivas pertinentes, no pinceladas con la retórica de costumbre cuando es tratada la temática, incluso por otros exrectores, que también lo han hecho en esta ocasión. ¡La “sincerización”, ahora más que nunca, es necesaria!

El continuar esgrimiéndose esa situación deficitaria públicamente. no se reporta beneficioso ya, por el flujo de informaciones que han trascendido hacia el exterior de la entidad, con relación a su manejo, entendido poco apto, y el fardo de gastos superfluos a cargo. ¡No se debe seguir con más de lo mismo!

Lo que sí procede es, el definir y dirigir con imparcialidad la mirada hacia las verdaderas causales, tanto internas como externas, que vienen provocando desde hace tiempo esa problemática financiera limitante, para sugerir las enmiendas de lugar, en el marco de una institución que, aunque se dice autónoma, realmente no lo es, por la gruesa subvención estatal de la que necesariamente tiene que depender.

Bien sabido es que, una de las condiciones necesarias para toda autonomía, es la autofinanciación, que reiteramos, no se da en el caso de que se trata.

Luego, teniendo muy en cuenta esa “dependencia” estatal obligada, y poder disponer siempre de los recursos económicos necesarios, que le permitan cumplir con los que deben ser sus verdaderos objetivos en favor de esta sociedad, la UASD tiene que ser reorientada; reencontrarse consigo misma; y, evitar en la medida de lo posible esa politiquería tan dañosa a su interno, que promueve la cualquierización electiva de sus autoridades.

No todo el mundo, por años allí acumulados, como docente o administrativo, puede estar aspirando a ser rector de la misma, como tampoco ocupar posiciones de mando jerárquicamente inferior a la primera.

Además, y para completar en el contexto directivo, se debe promover con efectividad a su interno, la instauración de la “carrera administrativa” para el resto de su empleomanía, sin importar los cambios de autoridades periódicos.

 

¿La van dejar colapsar? ¡Sería una gran pena!

 

Por lo regular, cuando se llega nuevo a un sitio, de cualquier índole que sea, siempre se escuchan decires alusivos al mismo, con connotación de loabilidad en ocasiones; cuando no, severas críticas; o, de sugerencias que se entienden como apropiadas, procedentes de los que mucho tiempo tienen en el lugar. Y, como es obvio suponer, los recién ingresados tienen que limitarse a escuchar solamente, sin emitir juicio alguno, dado su desconocimiento obvio.

Fue lo mismo que nos ocurrió cuando ingresamos como docente en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), hace ya bastante tiempo, en donde tantas cosas ignorábamos, a pesar de haber estudiado en la academia, y nos recibiéramos allí como profesional; pero, no es igual desde ese nivel último.

En más de una ocasión escuchamos decir entonces a un veterano docente en aquella, refiriéndose a la problemática usadiana de costumbre, “nuestra universidad tiene que ser cerrada por un tiempito, para despojarla de toda la vestidura actual (vestido, sostenes y pantis); bañarla bien, y perfumarla; ataviarla de nuevo, para reabrirla con otras condiciones más favorables, y acordes con su verdadero rol educativo y social”. Eran más o menos sus palabras.

Cuando él hablaba, se entendía que lo hacía en sentido figurado, pues se refería a empleados todos, incluidas sus más altas autoridades, profesores y estudiantes. Debido a, directivos a todos los niveles politizados y “displicentes”, con el concurso de un personal administrativo abultado en grado sumo, por el problema de los grupismos, y el tráfico de influencia politiquero.

También, un personal docente cuestionable en gran parte, pero en nómina, por apoyo político, y condicionado, ofrecido durante las campañas a los cargos electivos, como los padrinazgos de estilo, que nunca faltan.

Y, por último, un alumnado compuesto por personas ineptas e irresponsables en gran parte, “semi-alfabetizadas” además, con aspiraciones de formarse como profesionales, pero sin el sentido de responsabilidad que requiere el cursar estudios a ese nivel.

Como dijéramos al comenzar, en principio no entendíamos el metamensaje que aquel señor trataba de transmitir a los interlocutores oyentes. Fue tiempo después, cuando ya nos habíamos “empapado” bastante sobre el quehacer uasdiano en sentido general, y nos tocó vivir algunas situaciones muy impropias, como desagradables, de esas que se dan a lo interno de la academia. ¡Ahí lo comprendimos todo!

Y, concluir que, sin que se lleven a cabo las acciones correctivas de saneamiento aludidas más arriba, difícilmente la UASD pueda salir a flote: Evitar la cualquierización en las aspiraciones a cargos electivos; que sea gente con verdaderos méritos acumulados la que  se proponga, en términos de experiencia académica, y de gerencia necesaria.  Lograr reunir un personal docente suficiente y competente, al margen de lo político, como los padrinazgos acostumbrados. Discriminar sobre el estudiantado ingresante, en el orden de aptitudes y actitudes exigibles, en pos de reducir al máximo el populismo complaciente, y las inversiones no reproductivas.

Bien sabido es que, la panorámica actual tiene sus orígenes en años lejanos, Es una consecuencia de todo lo anterior, que se ha ido dejando al tiempo, respecto de que se introduzcan los correctivos pertinentes. Pero, hoy la “bomba” está por estallar, y de mala manera. A ver qué va a ocurrir en el futuro inmediato.

Cuántas crisis se han venido verificado allí de antaño, están ya a punto de provocar en el presente una detonante mayor, que podría derivar en hacer colapsar por completo la institución académica, con todos los riesgos probables que tal situación implicaría, incluidos los derivados de una semi-privatización que  “asecha” desde hace algunos años, y que creemos no se ha llevado a cabo, por el costo político que tal decisión tendría.

Además, de producirse algo así, un gran segmento de la masa estudiantil presente quedaría fuera de la educación superior en el país, por la gran estrechez económica de sus componentes. ¡La ventanilla uasdiana es imprescindible, para que los pobres nuestros puedan estudiar!

Es por ello que, resulta procedente, visto de manera imparcial, que el modo en que viene operando nuestra universidad, dizque institución autónoma, que no lo es nada, por la dependencia financiera estatal obligada, vigente desde hace ya varios lustros, tiene que ser revisado, para introducirle los cambios que ya se requieren. ¡Eso no puede continuar de esa forma!

De lo contrario, es previsible que la misma se podría ir muy pronto hacia el colapso total.  Entones, se habrá matado la “gallina de los huevos de oro”, como se dice, para mucha gente. ¡Y, tarde se apreciará lo tenido!

 

Autor: Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

Puertas abiertas solo para los deseosos de aprender, y los que quieran enseñar

 

En cada aniversario de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), 478 este año, de muchas enmiendas y cosas nuevas se habla, que en realidad urgen, pero nada se hace. Igual ocurre durante el discurso de toma de posesión de cualquier nuevo rector electo, al asumir el cargo. ¡Mucha “retórica”, y bla, bla, bla! Los precedentes están de sobra.

A los que están fuera de la academia, total, o parcialmente, quizás les resulte un poco difícil determinar los porqués, “del dicho al hecho hay mucho trecho”, como reza una máxima pueblerina, en este caso. No así para quienes participan en sus quehaceres desde dentro, que sí pueden tener suficientes elementos de juicio para formarse una opinión acabada al respecto; de la razón por la cual las cosas se quedan de ordinario en papeles

Todo el que ha estado en la “barriga del monstruo uasdiano”, reparando, con independencia mental desde cualesquiera de las posiciones que allí se pueden ocupar, alta, media, administrativa, docente, etc., sabe del pie que esa institución cojea, como se dice popularmente, y que se caracteriza por: la politiquería reinante, los grupismos, padrinazgos, tráfico de influencias, excesos de democracia, y demás “yerbas aromáticas”.

Y que, hasta que esos considerados flagelos no se les quiera enfrentar con verdadera voluntad enmendatoria, tanto a lo interno, como a lo externo de la academia pública, la misma continuará enrumbándose hacia un derrotero muy lamentable, si es tomado en consideración el fructífero negocio de la educación superior en este país, como el gran segmento juvenil de la sociedad nuestra, imposibilitado de tener acceso a ese grado de formación en las academias privadas.

Aunque quizás tarde, obviamente, por los daños que ha causado ya aquella gran apertura y democratización que a partir del otrora denominado “Movimiento Renovador”, matizado en parte con suficientes elementos de corte político, han caracterizado nuestra más vieja alta casa de estudios, se ha debido pensar seriamente desde hace mucho tiempo en relanzarle, pero ya bajo un nuevo lema: “recibir solo a quienes en verdad deseen formarse profesionalmente, como a los docentes que en realidad quieran enseñar”. Para complementar, el tratar de conservarse siempre los buenos profesores que aún se tienen en la academia.

Ya esos criterios de que aquí puede venir a estudiar todo el que quiera, como a laborar fungiendo de facilitadores cuántos aspiren, aun sin reunir las más mínimas condiciones académicas de soporte, en el caso de los estudiantes que allí solo van a ocupar butacas en las aulas, por un lado, como es lo que más se ve en la institución, ¡lamentablemente!, no debe proseguir.

Y, por el otro, a gente sin vocación docente, y mucho menos formación profesional en realidad, como tampoco experiencia de ejercicio pleno, cuyos únicos avales sean el tráfico de influencias y los amiguismos, para pasar a formar parte de la nómina de la institución, hay que cerrarle el paso.

Ambas actitudes dañosas, o procederes vigentes, tienen que ser combatidos; dejados de lado, para introducir nuevos métodos a observarse, en cuanto a la admisión de ambos actores. Que haya evaluación y “aquilatación” reales en tales sentidos, que tiendan a cambiar la imagen de la academia pública, tan deteriorada en el presente.

Es obvio que, hoy no se está pensando en que la UASD constituye la “gallina de los huevos de oro”, tanto para muchos jóvenes sin recursos económicos, interesados en formarse profesionalmente a nivel local, como para un buen número de egresados de la misma, que han hecho de ella su único espacio laboral, por haberse quedado siendo teóricos nada más, sin experiencia de ejercicio; y, de otros, por preferencia del trabajo docente; que es gente que le gusta enseñar, sobre todo. Y que, de continuar siendo manejada siguiéndose los mismos paradigmas habituales de siempre, la misma podría colapsar en cualquier momento.

Por supuesto, el patrón UASD tiene que ser revisado por completo, empezando por la forma de escogencia de sus autoridades, superiores y medias, principalmente. Eso de que cualquiera allí puede ser rector, vicerrector, decano, o director de departamento, hay que descontinuarlo.

En ese orden, qué se apliquen las mismas técnicas de la administración de recursos humanos que se enseñan en sus aulas, entre ellas: “buscar gente para los puestos, no puestos para la gente”. Claro, para eso hay que dejar de lado los grupismos imperantes a su interno, y los negocios de la politiquería reciprocatoria, incluidos los que provienen de los partidos del ruedo local.

También, sepultar la argumentación aquella de que la UASD anda lo mismo que el país en general, debido a lo cual muy poco es lo que se puede hacer para mejorar allí. Es un decir “horrible” que de ordinario se escucha entre muchos actores uasdianos. ¡Penoso eso!

En conexión con las enmiendas de ese tipo, estarían además los casos de evitar el ingreso allí de personas que procuren cursar estudios en la academia a nivel superior, sin reunir las más mínimas condiciones necesarias; las fiscalizaciones debidas sobre el rendimiento académico requerido; y, las evaluaciones periódicas pertinentes. No se va a estar en la misma durante siete u ocho años, para cursar una carrera que solo requiera de cuatro o cinco.

Obviamente, eso implicaría el no recibir en la casa de altos estudios a todos cuantos en ellas puedan presentarse, disfrazados de estudiantes, aun sean analfabetos, y no por culpa de ellos en parte, sino por el deficiente sistema educativo que se gasta el país, con mira a utilizarlos como justificante para exigir mayor presupuesto cada vez más al Estado – aumento de el “elefante blanco” de la masificación -, y la creación de secciones de clases adicionales, a ser asignadas a los nuevos profesores que se nombren, y de los cuales se procurará luego la reciprocidad del voto en favor, durante los procesos eleccionarios internos.

El “barullo”, si es que cabe el término, que se vive a lo interno de nuestra Alma Máter, no es muy fácil de entender estando fuera de la institución, ni siquiera para muchos que solo van allí a impartir docencia, que no hacen vida universitaria al interno del campus.

Ahora, de que se puede comenzar a resolver, ¡se puede! Lo que más hace falta es estar en disposición de sacrificar intereses personales y grupales, en favor de su adecentamiento en todos órdenes, y la eficientización obvia derivada de la Primada, o Primera de América, nuestra UASD.

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

De eso sí que se debe estar hablando aquí: ¡indisciplina escolar, y las razones que subyacen!

 

Hoy se tienen evidencias persuasivas bastante claras de hacia dónde puede ir este país, a partir de los comportamientos que observan los “educados” alumnos en las escuelas, como las permisividades por parte de algún personal docente actuante, y de las autoridades oficiales del sistema, que se muestran de rodillas ante las injerencias e imposiciones procedentes del exterior, por genuflexión obvia, o conveniencias de naturaleza económica (subvenciones, préstamos, donaciones condicionadas, etc.) Además, están de por medio las cajas de resonancia locales denominadas ONGs, para hacer los coros relativos.

 

Se han cambiado en nuestra nación todos los paradigmas escolares educativos, tradicionales, con la “salsa guisante” de la penetración cultural en curso siempre, como los “colegios” alienantes de la televisión sin censura alguna, al igual que las famosas redes sociales, cuyo uso está siendo tan mal asimilado, por muchos padres locales y sus vástagos.

 

Titulares, como ese que aparece en el medio “Listín Diario”, edición de fecha 28-9-16,  “Se relaja la disciplina escolar”, bajo la firma de Dalton Herrera, con una muy bien detallada reseña soportante de la situación que en ese orden se está viviendo entre nosotros, principalmente en los planteles escolares púbicos del país, deben llamar poderosamente la atención, a los fines de procurar aportar las enmiendas requeridas, y transcribirse en los demás periódicos locales, en pos de procurar una difusión generalizada, a nivel de toda la geografía nacional, sobre tan importante temática.

 

“Pantalones caídos mostrando los boxers, las recortadas calientes de rayas y los aretes, así como los piercings son válidos en esos centros escolares, que aparentemente operan con las manos atadas para prohibir esos artilugios”.  ¡Diablo!

Eso, además de que dichos lugares, que se entienden sagrados por la misión social que se emprende desde allí, los han convertidos en “antros” para irrespetos marcados, delincuencia, venta y uso de drogas, y hasta criminalidad. ¡Ese trabajo periodístico hay que leerlo!

 

Ahora, no hay quien les diga nada a esos “angelitos y angelitas”. A los profesores y directores escolares aparentemente les tienen “maniatados” los mandantes de más arriba. ¡Nada pueden esos hacer! Algunos docentes, vienen sufriendo episodios deleznables, que obligados deben observar.

 

¡Ay los años de antes, con una doña Amada Beato, impartiendo en las aulas, que, hablada solo con los gestos faciales, y la mirada fija, con aquellos hermosos ojos verdes, como dos gandules! Y, cuando no se cogía la seña, de inmediato decía, ¡mira muchacho, o muchacha, vete a tu casa, cámbiate esa ropa, péinate, arréglate como la gente, y luego regresas! Claro, eran otros tiempos, en los que nada más se verificaban malcriadezas, descuidos personales, y desganos más bien, como la falta de observación debida por parte de algunos padres o tutores.

 

Desde hace varios años hacia acá, en nuestro país se ha estado hablando solo de recursos económicos para la educación, con presiones sociales de consideración (4% del PIB, con reclamos pendientes de aumento en mira). También algunos jerarcas del empresariado nacional, luego de alcanzarse ese logro, se han visto trabajando y postulando con ahínco sobre la materia, de lo cual se ha inferido el trasfondo de ir a dirigir el Ministerio de Educación, y poder manejar ese bojote de cuartos.  ¡Ay mamacita!

 

Sin embargo, después del obtenerse la asignación del “bendito” 4% para el sector, las cosas se han ido tornado peor en el ámbito de la educación nacional. Las deficiencias se han hecho mucho más notorias. No obstante, hay que promover a los alumnos, aun no hayan alcanzado méritos para merecerlo. Instrucciones sutiles les son bajadas a los profesores, según algunos de ellos lo externan por lo bajo.

 

Por lo que se ha podido ver, esos “molongos” nada más han reportado buenos dividendos en las construcciones de escuelas, sin mobiliarios, ni profesores; muy útiles han sido para contratas a políticos adeptos y amigos; agenciarse buenas comisiones en obras asignadas; y, que unos cuantos más se hagan ricos, aprovechando los tiempos de gestión. ¡Ah!, aumentar también de forma alarmante los gastos corrientes de la Cartera.

 

Ha quedado demostrado que la eficiencia, y conexos a la educación nacional, no están supeditados solamente a la asignación de recursos financieros, sino que hay otros factores negativos de mayor incidencia que vienen gravitando en el sector desde hace mucho; que están muy a la vista, pero sobre los cuales no se quiere reparar, por conveniencias obvias de los sectores hegemónicos locales, básicamente el político. ¡Mientras más bruta es la juventud, y se degenera, más fácil se maneja!

 

Entre las razones más destacables en ese sentido están: a) politización del sistema educativo nacional, comenzando por la cabeza en el Ministerio de Educación; b) grueso de profesores muy poco aptos participando, sin vocación real, y menos la preparación requerida para educar, que han hecho de ese ejercicio un trabajo como otro cualquiera para generar ingresos, y que logran ser nombrados por politiquería normalmente; c) salarios de miseria para los buenos docentes, al igual que otros mínimos incentivos recibidos; d) el “copismo” de modelos y patrones de enseñanza no acordes con nuestra idiosincrasia, producto de los injerencismos de ultramar, como el “lambonismo” y “alienamientos” de muchos nacionales ligados al área, y a los partidos políticos que han gobernado durante los últimos lustros.

 

Pero además se tiene en el paquete que, la crianza hogareña hace décadas se tiró por la borda, producto de las mismas inducciones externas transculturizantes; la falta de las pelas, los chancletazos, los correazos, los “galletones”, etc. Ahora, todo tiene que ser en base a “ternura y comunicación horizontal”, que demostrado está, no funcionan en ese orden.

 

Aquí no hay ningún tipo de esperanza regenerativa juvenil a partir de la educación, ni hogareña, ni escolar. Los padres no asumen sus responsabilidades, y cuando los profesores tratan de hacer algo en ese tenor, reciben las agresiones verbales, las amenazas, y hasta son denunciados para que se les castigue, ante el Ministerio de Educación, por los “abnegados” progenitores adocenados.

 

Pensando resolver aquí sobre esa base, para proyectar una mejor nación hacia el futuro, hay que decir que: “este país y el que se jodíó son hermanitos de padre y madre”. ¡Habrá que encarcelarlo y botar las llaves!

 

Autor: Rolando Fernández

 

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