Los carpinteros dominicanos, usuarios de vistosas galas

Los pájaros dañinos más temidos por los otrora sembradores de cacao en el país, como de muchos otros  agricultores campesinos, son los llamados “carpinteros”, considerándoles tener pico de acero, y una predisposición destructora innata, que atacan de manera inmisericorde con sus picaduras, hasta saciar su sed reductora, y dañarlo todo.

 

Cuan parecido al de aquellos, se reporta el accionar de la mayoría de los políticos y empresarios dominicanos, avaros y depredadores en connivencia,  del erario público, sin medida, y en perjuicio de todo el país, con efecto traslativo hasta un gran número de sus nacionales. ¡Son como los pájaros carpinteros, pero vistiendo muy bien!

 

A manera de ejemplo, basta reparar en las declaraciones emitidas por grupo cívico Participación Ciudadana, que publica el periódico “HOY”, en su edición de fecha 28-7-11, página 4ª, relativas a las exoneraciones de costosísimos  vehículos de lujo, en favor de los diputados y senadores; algo que leerlo, resulta asqueante, en un país donde se respira tanta miseria, como éste.

 

Y más criticable y condenable es aun, el gran negocio que se hace a partir de las prerrogativas liberatorias del pago de los impuestos correspondientes en esas importaciones, que es lo que normalmente se estila, como bien señalan los miembros del referido grupo al externar que:

 

“Sin embargo, lo más grave del caso es que la mayoría de las veces el vehículo exonerado ni siquiera es usado en las labores congresionales, sino que se ha comprobado que las exoneraciones asignadas a los legisladores con vendidas por estos a terceros en algunos casos”.

 

¡Cuanta desaprensión y actitudes incalificables, en estos politiqueros  comerciantes que se gasta el país¡  Ese es un negocito extra, en adición a los jugosos y burlones salarios que reciben esos señores del Congreso Nacional, no que devengan por trabajos realizados en verdad; al igual que, dietas y demás recursos económicos  que se les entregan por conceptos varios.

 

Por realidades tan deleznables como esa, es que resulta más que obvia, una calurosa felicitación al ministro de Hacienda nuestro, señor Daniel Toribio, por sus certeros planteamientos de carácter contributivo fiscalista, respecto de la equidad que en ese orden se requiere en el país, al comparecer ante la Cámara America de Comercio; exponiendo que, de cara a una verdadera reforma fiscal integrada, que se viene postergando desde hace tiempo, se hace necesaria una exhaustiva y evaluatoria revisión al paquete de incentivos, exoneraciones, exenciones  fiscales, etc., de que gozan diversos sectores empresariales y políticos en el país, con gravosos efectos de significación, en el anual Presupuesto del Gobierno Central, en pos de que se efectúen las eliminaciones que resulten pertinentes.

 

En ese mismo tenor, también adujo el veterano funcionario de larga data en ejercicio, que las normativas legales que sirven de base para el otorgamiento de dichas prerrogativas y facilidades de tipo económico, “no establecen formas claras de fiscalización ni evaluación de desempeño de los beneficiarios, por lo que tales recursos que el Estado deja de recibir no cumplen a veces con el propósito de estimular la expansión de negocios, garantizar competitividad, promover empleo o elevar los niveles de educación de la población”. ¡Magnífica aseveración! (Véase publicación de su ponencia en la prensa local, en espacio pagado).

 

De esa precisión última, se deduce con claridad meridiana que, las distracciones y despilfarros de recursos, como el destinarlos a fines muy diferentes a los previstos, siempre han estado a la orden del día en los sectores envueltos, por lo que muy atinado sería el reflexionar sobre sus planteamientos de que se prohíban las tantas exenciones y exoneraciones que “no reportan ningún beneficio al bien común”.

 

¡Bravo, señor Toribio!; ese uno de los flancos por donde se debe comenzar a combatir para emendar: el de los carpinteros dominicanos que visten de gala – políticos y empresarios  -. Y desde su posición oficial, usted puede bien hacerlo. ¡Adelante!, que el país entero se lo agradecerá. Recuerde que, mejor es tarde que nunca.

 

Rolando Fernández

 

 

 

El zafacón de los ajustes de cuentas

Desde hace ya un tiempo considerable a la fecha, un altísimo porcentaje de los casos criminales que se verifican en este país, se les asigna una tipificación especial; se atribuyen a una causa muy generalizada, a partir de someras investigaciones policiales y judiciales. Las consideraciones concluyentes, siempre ponderándose determinadas características peculiares atribuibles,  en el escenario de los hechos, conducen a un solo lugar: al cesto de los denominados “ajustes de cuentas entre organizaciones delincuenciales”.

 

Ese calificativo, que no guarda ningún tipo de relación con el trabajo anual de los contadores, principalmente, sí está en correspondencia con el contenido de una frase que data de épocas inmemoriales, cuando la justicia se personalizaba, tomándose por manos propias, en respuesta a cualquier acto de traición o  dolo, como  de venganza por hechos de muerte. “Ajustar cuentas personales”.

 

No obstante la modernidad que hoy se respira, a nivel de la sociedad mundial, y de los ordenamientos jurídicos, como de la administración de justicia de que se dispone, la calificación y forma de pasar factura a los considerados ingratos y traicioneros dentro de los grupos delincuenciales, mantienen la misma vigencia.

 

No han aminorado en nada, sino que más bien, han ido de la mano con el incremento de las actividades ilícitas, por parte de las personas pertenecientes al llamado “bajo mundo”, traficantes y consumidores en su mayoría de  sustancias alucinógenas (drogas), cuya distribución y adición constituyen en el presente uno de los peores dolores de cabeza para la humanidad, por los severos daños sociales que provocan.

 

Ahora, uno de los aspectos dignos de análisis y consideración, con respecto a esa práctica deleznable de los famosos ajustes de cuentas intragrupales es que, muchas veces la sindicación a priori como tales, puede ser  tomada como excusa para no profundizar lo suficiente en las investigaciones concernientes a determinados hechos criminales que, a simple vista parecen no estar relacionados con causas de esa naturaleza. Y, sin embargo, al ser catalogados de esa forma,  casi en lo inmediato se dejan caer en un limbo jurídico, como se le llama, quedando olvidados los homicidios voluntarios en poco tiempo.

 

Respecto de  algunas situaciones de esas que se dan aquí, antes de depositar las conclusiones que se deriven de superficiales investigaciones llevadas a cabo, en el zafacón de los llamados “ajustes de cuentas”, se deberían profundizar muy bien las indagatorias relativas en cada caso, de forma tal que se logre llegar al fondo de las reales circunstancias que se encuentren en la base de las acciones homicidas.

 

Resultaría muy conveniente hacerlo así, para no crear situaciones de percepción ciudadana, en el sentido de que, cuando la criminalidad se considera tener origen en los estamentos y tentáculos de las organizaciones delincuenciales mafiosas, la atención investigativa que merece por parte de las autoridades competentes es mucho menor; y que por tanto, se puede considerar eso como ventanilla aprovechable, para intentar cobrar deudas personales, o desahogar pasiones en contra de alguien, por cualquier razón diferente.

 

Lo único que habría que hacer, se entiende, sería procurar dejar en el escenario de los hechos, los mismos rastros y características con que se expresan los verdaderos asesinos y sicarios, que trabajan bajo las órdenes de esos grupos organizados.

 

Probablemente, varios hayan sido los casos en este país que, lo que menos ha tenido que ver con ellos, son asuntos de drogas y sus derivaciones. No obstante, las investigaciones de lugar y los procesos judiciales pertinentes, descansan en el zafacón de los famosos “ajustes de cuentas”; que, ¡no siempre son tales, advierte con frecuencia la población!

 

Rolando Fernández

 

 

 

El lambonismo post mortem

Nadie, cuando le llega el momento preciso de tener que abandonar el plano físico, bajo la circunstancia que sea, ha actuado mal sobre la Tierra; siempre se ha sido de lo mejor.  El deceso convierte de inmediato en una buena persona; magnífico padre, muy buena madre, buen político, excelente hombre de Estado, etc. Y más aun, si la gente ha ostentando altos cargos y poder económico.

 

¡Cuanto allante, falsías, lambonismo! Todos los que así proceden, alabando virtudes, saberes y desempeños, que la mayoría de las veces  nunca existieron, incluso no solamente frente a los féretros en que las personas  yacen tendidas, sino también después de la inhumación de los cadáveres, parecen entender que los demás no tienen memoria; que sólo lo loable es lo que cuenta; que la llamada muerte todas las malas actuaciones  borra. ¡Craso error!

 

¡Que equivocada vive mucha gente! Pensar de esa manera, es una concepción que guarda mucha similitud con la conformidad y proclamación de aquellos que dicen haberse “arrepentido de sus pecados”, luego de ingresar a las filas de las diversas sectas religiosas que existen.

 

Consideran  que, con las lecturas bíblicas después, y la asistencia recurrente a los servicios religiosos,  quedan exentos de todas sus culpas y daños causados a los demás. Que nadie les pasará más adelante factura; que no serán objeto de ninguna punición, por lo que a otros provocaron e hicieron pasar, ya sean congéneres, u otras especies de las que habitan en el plano terrenal.

 

Indiscutiblemente, el arrepentimiento es una decisión muy loable, toda vez que denota, el que se tratará de no volver a incurrir en los mismos errores del pasado; de lo que obviamente, se infieren cambios de actitud, como la observación de comportamientos más dignos.

 

No obstante,  y espiritualmente hablando, el asunto no termina ahí; pues, cada cual habrá de recoger siempre después, lo que haya sembrado, en consonancia con el proceso evolutivo correspondiente. ¡Esa es una gran verdad irrefutable!

 

Es lo que se prescribe, no solamente en el ámbito enteramente esotérico, como Ley de Causa y Efecto (karma); sino también, en el mismo contexto bíblico, al alcance de todos. Varias son las citas que se podrían señalar en el Sagrado Libro; pero hay una que lo revela con claridad meridiana: Gálatas 6-7, “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrase, eso mismo segará”.

 

Luego, eso quiere decir que, no sólo con arrepentirse, o recibir las loas post mortem que se estilan – claro, en la mayoría de los casos, nada más por adulonería o lambonería, eso último -, lo sembrado no desaparece.  ¡Lo hecho, hecho está! Y, el cumplimiento de esa Ley Natural es inexorable.

 

Dios, no castiga a nadie, ni premia a nadie; lo que se recibe es ganado por uno  mismo; por haber creado las causas con anterioridad; como, por olvidar y actuar en contra de nuestra verdadera esencia: espiritual-Divina.

 

Rolando Fernández

 

 

 

Programas de gobierno, ¿para qué?

Una de las fases dentro de las campañas electorales, a cargo de los colaboradores más cercanos, normalmente, a los candidatos a la presidencia de la República – sembrando, para en el futuro recoger -, es la elaboración de los programas de gobierno, en el caso de que se logre alcanzar la primera magistratura del Estado.

 

Evidentemente, son acciones presupuestadas que, plasmadas y proclamadas con altivez,  de ordinario siempre se quedan después en el papel; y que,  sólo sirven para tratar de vender imágenes, como sembrar en la población esperanzas infundadas, a través de promesas que no se cumplen.

 

Hasta cierto punto, los programas que se elaboran para tales de propósitos, nada más constituyen un ardid de los políticos en su afán por lograr votos que les favorezcan durante los procesos electorales. Son piezas que luego se convierten en decorativas, ya que sólo son del conocimiento cabal de los técnicos que los producen, y que de paso, se utilizan como  consignas de campaña;  que los llamados a ejecutarlos posteriormente, en ocasión de llegar al poder, a penas conocen su contenido.

 

Después de que los considerados líderes, asumen las posiciones a que aspiran, básicamente la primera magistratura del Estado, lo más importante es el talento y las habilidades propias para manejarse desde la posición, como las normas a las que se apele, para reciprocar con mesura, o evadir los compromisos concertados, y las ataduras que se estilan durante las compañas electorales. ¡No es lo que se diseñó, como agenda de trabajo!

 

Obviamente, los programas propagandísticos que se preparan, pueden servir, si es que se quiere, como marco de referencia para emprender determinadas acciones gubernamentales. Pero, en nuestro caso por ejemplo, cualquier político dominicano consciente e identificado con los problemas nuestros, que en verdad aspire a dirigir los destinos nacionales como debe hacerse, y trabajar en favor del país, disponiendo las ejecutorias requeridas para corregir los males existentes, las deficiencias y los desordenes que se verifican aquí, no necesita de guía previa alguna.

 

Todo lo que se tiene que hacer en esta República, está más que a la vista; máxime de todos los candidatos que recorren el país durante  el proceso electivo.  El que requiera necesariamente de un programa para emprender sus acciones, o está poco interesado en revolver los problemas nacionales; o simplemente, no es  dominicano.

 

Rolando Fernández

 

 

Un hecho previsible; ¡mal síntoma!

No hace mucho, decíamos en un artículo que escribiéramos que, la  desesperación y la indefensión en la gente son malas consejeras; y que, las autoridades del país tenían que tratar de evitar las sugerencias de éstas, a una población irritada, que se siente burlada y estafada; como sobre todo, entendiendo no tener representación digna; sin nadie a quien acudir en su favor.

 

También expresábamos en aquella ocasión, que el inventario de los tarados nacionales, había comenzando a disminuir considerablemente; y que, ya muchas personas aquí habían comenzando a pensar en la subsistencia económica de ellos, como de sus familias biológicas, al borde de ser cercenada de raíz con las decisiones desaprensivas de los políticos nuestros, amén de los altos niveles de corrupción, sin combate, que han venido caracterizando los últimos gobiernos de turno. ¡Las informaciones hechas públicas que ya se tienen, son más que suficientes para no seguir engañados!

 

Es obvio que, ante la indiferencia que han mostrado las autoridades presentes, como las actitudes de procurar una mayor afectación para la población, que muchos perciben como vengativas y burlonas, luego de una demostración de protesta tan fehaciente, como esa por 24 horas, del pasado día 11 de julio del año en curso, las reacciones retalitatorias ciudadanas no se harían esperar.

 

Ahora, lo que mayor ponderación merece, no es la expresión de disgusto posterior en sí, sino la forma, y el metamensaje que envuelve, que podría considerarse de corte pleno terrorista, y que supuestamente, habría sido llevada a cabo por una organización que se autodefine como político-militar, con nombre asignado y todo, “Resistencia Popular Duartiana”; y que parece ser, ya está enteramente organizada, hasta con una unidad táctica de combate, nombrada “José Horacio Rodríguez”. ¡Evidencia muy persuasiva a considerar! (Véase Periódico “Diario Libre”, del 25-7-11, página 21).

 

Otro punto digno de ponderación es que, la primera actividad con propósito reivindicativo de la organización, hoy conocida como tal, se llevó a efecto contra una generadora eléctrica localizada en la ciudad de La Vega (avenida Pedro A. Rivera), un pueblo sin precedentes de revueltas populares; de lo que se infiere con facilidad que, lo que podría ocurrir a posteriori en otros lugares del interior del país, más proclives a acciones de esa naturaleza, puede ser de mayor gravedad y trascendencia.

 

Es posible entonces, que los políticos de esta nación, y sus acólitos tecnócratas, como los empresarios ávidos y aviesos que intervienen, hayan olvidado aquella máxima popular de gran significación que reza, “los pueblos aguantan hasta un día”; y que cuando se levantan en rebeldía, lo hacen de muy mala manera, llevándose todo de encuentro, incluyéndoles a ellos mismos, más cuando están en los  gobiernos.

 

Según se publica, la organización justificó su proceder en la “indiferencia del gobierno dominicano ante los pacíficos reclamos de la población”, lo cual es algo, a lo que se debe dar amplia lectura, y procederse en consecuencia.

 

Por lo que se viene observando aquí, cualquiera pensaría que, no se quiere ver, que  ya la gente está “jarta”, de lo que se considera el abuso en el precio de los combustibles, y de la energía eléctrica por igual; la corrupción estatal, la inseguridad ciudadana, como la falta de justicia pura; mientras, en grupo de “vive bien”, continúan saqueando el país. Y que, en consecuencia, se está dispuesto a cualquier cosa, para combatir la desastrosa situación que aqueja a la generalidad de los dominicanos.

 

Esa prueba de hastío marcado, e impotencia ciudadana, evidenciada claramente en la ciudad de La Vega, debió haber sido noticia de primera plana en el país, por el metamensaje implícito; y no considerarle como un simple incidente, tal cual ha ocurrido.  El mismo luce indicar que, en esta nación las acciones de protesta podrían tomar uno de los giros más peligrosos que se tienen en ese orden, el terrorismo organizado.  ¡Que se medite sosegadamente sobre eso!

 

Rolando Fernández

 

 

 

Urgen nuevas caras en el ruedo político nacional

Ante los tristes derroteros a que está abocado este país, producto de los despropósitos en que han venido incurriendo  los últimos mandantes que lo han dirigido, y sus respectivos combos de tecnócratas alienados, como de los títeres-antinacionalistas acompañantes, en acción durante  años, en lo que menos deberían estar pensando los dominicanos hoy, es en estar  aclamando y loando a político tradicional alguno, amante del nuevo cuño, conocido, o por conocerse.

 

Ya los mercadólogos y los lisonjeros del patio, comenzaron a hacer su trabajo, dentro del proceso electoral en curso. Por otra parte, y en relación con el mismo, los acuerdos de aposento y ofrecimientos de cargos públicos están a la orden del día. Todos los participantes, en pos de compartir el jugoso pastel del próximo gobierno entrante. ¡La masa del bizcocho alcanza para todos suscriptores de acuerdos, y los prosélitos condicionados!

 

Para ser que la gente aquí, no acaba por darse cuenta de que, los políticos tradicionales, políticos son; y que, lo único que pueden ofrecer es: más discursos retóricos, demagogias y falsías. Claro, para los patrocinadores y adeptos, sí hay siempre beneficios. ¡Pobres!, quienes en ellos sigan creyendo; seguirán sometidos a grandes penurias y limitaciones económicas. Y por supuesto, proseguirán viendo la nación continuar en picada hacia despeñaderos más profundos cada vez.

 

Este país necesita ya, con urgencia, de hombres atípicos, políticamente hablando, para dirigir los destinos nacionales; de gobernantes poco proclives al mercadeo politiquero, con reales iniciativas para tratar de enmendar los males nuestros; combatir los flagelos de la corrupción estatal rampante, la delincuencia, como la inseguridad ciudadana; y, sembrar esperanzas para las jóvenes y futuras generaciones de la nación.  Y eso, ¡aún no se ve en el espectro, o ambiente, político nacional!

 

Esta República cuenta con ciudadanos honestos y de valía, a los cuales se les podría confiar la dirección del país; aun sea, postulando a cualquiera de ellos por otra organización, fuera de la llamada “trilogía por acciones”, en la que sólo prima la politiquería barata, como negocio bastante lucrativo.

 

Los políticos dominicanos hasta el presente, en el ruedo nacional, nada han resuelto, en términos de beneficios reales para la población, ni van a resolver, aunque el caballo cambie de jinete.  Es por ello que, de cara a los próximos comicios del año 2012, lo único que están haciendo es negociar apoyos y patrocinios entre las tres empresas coloreadas principales del ramo.

 

Ahora se juntan “mansos y cimarrones”, para armar la nueva estrategia del negocio por venir; de forma tal que, se pueda seguir engañando y hundiendo más a este pobre pueblo. Y, mientras la población continua roncando, como se dice en estos tiempos, ellos modelan el futuro muñeco de gobierno que, a su entender, este país merece.

 

Caras nuevas se requieren, para administrar y dirigir la cosa pública en esta nación. De lo contrario, ¡sólo habrá más de lo mismo; y probablemente, peor será!

 

Rolando Fernández

 

 

¡Magnífico tema para esta campaña!

Las informaciones hechas públicas, respecto de las irregularidades que revela la auditoría practicada por la Cámara de Cuentas de la República Dominicana, al Seguro Médico para los Maestros (SEMMA), con detalles más que suficientes y atribuciones de responsabilidades de orden penal, según la denuncia que reseña el periódico “HOY”, de fecha 19-7-11, página 6ª,  y otra, del  21-7-11, podría servir para múltiples propósitos.

 

Entre ellos, para que la opinión pública acabe por confirmar, y la sociedad nacional proceda en consecuencia, que una de las razones fundamentales, de las tantas que se encuentran en la base de la desgracia económica nuestra, que desde  hace ya varios lustros viene afectando al país, y que los gobiernos de turno sólo aspiran a enfrentar, exprimiendo siempre a la población con mayores cargas impositivas, energía eléctrica y combustibles más caros, es el flagelo de la corrupción estatal rampante, de la cual se valen los políticos de nuevo cuño, para el despilfarro de los  dineros públicos, y el hacerse ricos ilícitamente.

 

Claro, eso ocurre, sin nadie les interfiera en sus caminos delincuenciales; pues ya, el mismo Hotoniel Bonilla, titular de la Dirección Nacional de Persecución de la Corrupción Administrativa (DPCA), ha dicho claramente, en más de una ocasión,  esta última según el periódico Diario Libre, del 19-7-11, que “El sistema de justicia no está concebido para sancionar, por ejemplo, en el caso de la corrupción, al sistema político”,  Entonces, mientras eso continué siendo así, ¡a este país se lo llevará el diablo!, como se dice en el argot popular; porque, para nadie es un secreto que, los mayores ladrones de cuello blanco aquí, son los políticos, con muy raras excepciones.

 

Por otra parte, y en el mismo tenor, para el partido gobernante tratar de retener el poder, en la medida en que lo revelado en la auditoría de que se trata, sea procesado legalmente hasta las últimas consecuencias, incluyendo los apoderamientos judiciales pertinentes, para que una vez conocidos, se  dispongan las sanciones debidas, sin distingo personal alguno; y, marginando el tráfico de influencias que se estila siempre en estos casos.

 

De no ser así, probablemente se estaría  suicidando políticamente, y condenando a una segura derrota a su candidato, de cara a los comicios del próximo año 2012; ya que, la oposición se encargaría de capitalizar en gran medida, con  mucho beneficio, el que ese presunto desfalco hecho público, en contra de unos de los servidores nacionales más atropellados por el sistema, y mal pagados por demás, LOS MAESTROS, se deje tal cual, sin punición alguna.

 

Otro objetivo a destacar, con relación al “aireamiento público” de esas irregularidades sería, el tomarle como punto de partida, para continuar haciendo lo mismo, con el contenido denunciatorio de otras auditorías, ya concluidas y en curso, que de seguro se tienen, correspondientes a otras instituciones estatales; que también el pueblo debe conocer, para que exija en cualquier terreno,  la apertura de los procesos judiciales necesarios, a los fines de ir acabando con todos estos políticos, desfalcadores del erario nacional. Pues, de lo contrario, habrá que ir pensando en vender al mejor postor, lo que pueda quedar el país.

 

Algo que llama poderosamente la atención, cuando son abordados temas de esa naturaleza es que,  los prestamistas regulatorios del Norte –  FMI -, que tanto “injerencian”, o se entrometen en los asuntos de los países víctimas, en connivencia con los tecnócratas- títeres que les sirven de cajas de resonancia, nunca se les oye decir, ni recomendar nada – que los políticos de turno exploten el pueblo sí -,  con relación al gran problema de la corrupción interna que se  pueda verificar en los mismos. Eso a ellos no les  importa; todo lo contrario, les conviene, para que les sigan cogiendo prestado.

 

¿Hasta cuando será?; ¡ojalá!, que mucho no falte.

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

Calificar ocurrencias intrincadas, no siempre es conveniente

Dijo Pascal, “somos esclavos de lo que decimos y amos de lo que callamos”.  Esa es una frase contentiva de una observación que, con mucha frecuencia se deja de lado; y que, el no aquilatar su amplio, como valeroso sentido, y adherirse fielmente a la clara advertencia que envuelve, después surte efectos indeseados.

 

Ese es uno de los decires que  invitan a reflexionar antes de hablar, o de externar pareceres algo infundados.  Muchas son las situaciones que, ocasionalmente llevan a las personas a escribir o hacer pronunciamientos que  no se debe, como son los casos de enfados incontrolados; al igual  que, accidentes que se entienden fortuitos, pero que en el  fondo no los son; o, enfermedades súbitas que se presentan; como también, decesos de seres queridos – familiares o amigos – de repente.

 

Esos son eventos muy propios de la subsistencia humana misma; y que, según sostienen altos conocedores sobre asuntos con profundidad esotérica, su ocurrencia está previamente programada durante las corrientes de vida en curso.  ¡Nada sucede por casualidad!

 

Incluso, tanto el nacer, como eso que llaman convencionalmente morir, son partes de la misma vida en expresión.  El día exacto en que se nace, también dispuesto de antemano, comienza el viaje de regreso; es decir, el abandono transitorio, hasta que sea necesario, del plano físico.  De ahí que, ambos acontecimientos están presupuestados;  y es, por lo que hay un decir muy popular  que reza: “nadie se muere la víspera; mata la hora, y el momento preciso”.

 

Esta humilde opinión, se produce a raíz del parecer que publicara el señor Hugo López Morrobel, con respecto a la muerte, cuyos trabajos siempre leemos, por los importantes temas que con regularidad envuelven. Pero, en esta ocasión, no estamos totalmente de acuerdo.

 

Parece ser que, el hermano Morrobel, se ha sentido muy afectado con el deceso a destiempo, según él, del señor David Caba, su compañero de labores; y que, bajo ese  estado de tristeza y congojas, escribió en su columna  el trabajo: “La muerte es un fastidio”, que aparece publicado en  el medio “El Día”, en su edición de fecha 18-7-11, haciendo alusión directa a esa partida inesperada.

 

Ahora, si bien es cierto que, todo fallecimiento provoca gran dolor en términos humanos, y ocasiona situaciones desagradables, por la naturaleza de una ausencia irrevocable como esa, no  menos cierta es,  nuestra incapacidad para calificar tal evento, por el grado de inconsciencia que normalmente se tiene con relación al mismo.

 

Creemos entonces que, lo mejor sería el tratar de concienciarnos sobre tal ocurrencia, sin importar circunstancias en que se produzca; de manera que, siempre predomine la conformidad en la ocasión; como, la aceptación de un hecho natural, que escapa a nuestro control, y que siempre está sujeto a la Voluntad Suprema de Aquel que nos permite ver; y que sin embargo, nosotros a Él, no podemos verle.

 

Conformarnos con las partidas, inesperadas o no, es el único camino que nos  queda. No permitirnos calificar, un  asunto tan intrincado e inescrutable para la mente humana. Y, procurar no influir con nuestras penas, y demás vibraciones retentivas, en la salida definitiva del plano físico de las almas que desencarnan; como, en la no aceptación de la conciencia debida, respecto del nuevo estado que éstas adquieren, luego de separarse temporalmente de los que fueron sus familiares y amigos terrenales.

 

Finalmente, cuando se aborda el  tema de la llamada muerte, por la afectación producida, siempre procede recomendar una pequeña lectura bíblica reconfortante, para que se medite un poco; por ejemplo, sobre  mensajes como los contenidos en los versículos 17 y 18, del capítulo 2, libro de Eclesiastés; ¡muy interesantes resultan!

 

Rolando Fernández,

 

 

 

 

¡Resucitó un muerto en la nación dominicana!

Causa grata sorpresa el leer aquí, en los medios de la prensa  local, que la Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía, considerada infuncional por tanta gente en el país, debido al pobre trabajo que ha venido realizando, se ha decidido por retomar de nuevo el rol que le corresponde, comenzando por la adopción de medidas correctivas, para tratar de enfrentar los actos indecorosos, como las indecencias mal cantadas que a diario se observan y se escuchan en la televisión y la radio en esta nación; donde todavía quedan muchas personas con un alto  sentido de las buenas costumbres, y de lo moral normado, durante innúmeros años cursados.

 

Era justo ya que ese organismo se dejara sentir con ahínco, con su intervención correctiva, para tratar de controlar el sonar y el proceder de todos estos seudos músicos y artistas modernos, inductores al vicio de las drogas y al sexo degenerado, flagelos de los que, de seguro ellos mismos también son  víctimas, por lo que no discriminan vocabularios, ni contenidos obscenos en su amorales creaciones.

 

Ahora, lo que resulta criticable es que, los miembros de esa Comisión, se inclinen por esperar, hasta que sean las organizaciones de corte moral establecidas en la República, como en esta ocasión, según se dice, en que elevaron sus voces  la “Fundación Vida sin Violencia”, y el “Patronato de Ayuda a Casos de Mujeres Maltratadas”, tengan que solicitar o reclamar que se proceda contra la tanta inmoralidad fehaciente a diario en los medios televisivos y radiodifusores locales.

 

Las cosas que aquí se verifican en ese orden, “lloran ante la presencia de Dios, como  reza un refrán popular”, con la mirada indiferente de las autoridades, como de los propietarios y administradores de las plantas de radio y televisión del país. Y, lo que hace sólo la gente de moral nuestra, ante las permisividades que se dan,  es limitarse a pronunciar con vehemencia el nombre de la honorable dama, doña Zaida Ginebra viuda Lovatón, recordando su valiosa labor de otrora en esos menesteres.

 

¡Ojalá!, ese renacer prospere, y no se deje caer otra vez la inspiración; pues, muchas son las cosas que en ese tenor se tienen que enmendar y normar nuevamente en esta nación, como son los episodios de las indecencias televisadas por ejemplo, sin reparar en horarios apropiados.  Tampoco, en la presencia posible de niños y niñas frente  a la pantalla chica. ¡Eso se tiene que acabar!

 

Tratar de ser consistentes, y de emular a doña Zaida Ginebra, es lo que más procede en estos tiempos, con relación a esa temática.

 

Esperemos que sean acatadas  todas las disposiciones que emanen de la referida Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía. ¡Que no se irrespeten, como ocurre con tantas normativas legales en esta República!

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

¡Después de mí el diluvio!

A pesar de las grandes demostraciones de descontento poblacional, y de las protestas prácticamente generalizadas a nivel del país, que culminaron con un paro huelgario por 24 horas, en que las manifestaciones de ira y disposición ciudadana de ir un poco más lejos con las acciones de carácter reivindicativo necesarias se  pusieron en evidencia, procurando que las autoridades gubernamentales cambien su patrón de administración y dirección de la cosa pública, todo continua igual, o peor.

 

Se entiende, que la base en que pretende  sustentarse la presente gestión gubernativa es, seguir presionando al pueblo con nuevos impuestos; la continuación de cobros abusivos cada vez más por los combustibles y el servicio de la energía eléctrica, entre otras cosas lesivas para la sociedad nacional; como también, la permisividad de la corrupción administrativa, a nivel del funcionariado actual, y los demás golpeos sistemáticos que se verifican. Y que,  los comportamientos desaprensivos, siguen a la orden del día,   “viento en popa”, como se dice popularmente, por parte de los representantes del gobierno, a pesar de magna expresión de disgusto popular de reciente ocurrencia. “La palabra del pueblo es palabra de Dios”, dijo alguien; y eso, no se puede dejar de lado nunca.

 

Incluso, muchos analistas en el país, están percibiendo las disposiciones y actitudes oficiales posteriores al paro de labores, como reacciones vengativas y burlonas, en contra de los promotores del mismo, como de la población en sí; que dijo con vehemencia clara, cual era su sentir generalizado ese día, principalmente.

 

Ahora, creemos que, a pocos  debe extrañarles el caso omiso que se haya hecho a ese movimiento de protesta, ya que con huelgas por tanto corto tiempo, según los precedentes, nunca se ha logrado nada fructífero en realidad, como escribiéramos en un artículo anterior. Lo único que siempre  han dejado esos eventos es: desordenes, represiones, muertes de personas, indiferencia de los gobernantes de turno, etc., etc.

 

Más ahora, con una gestión de gobierno a punto de concluir, al “echarse la paloma”; recta final en la que todo se puede; cuando ya nada importa. Y peor aun, al no existir aspiración presidencial reeleccionista inmediata. En la que probablemente, se esté pensando en hacer honor al significado de la frase aquella que encabeza, “¡Después de mí el diluvio!”, cuya autoría se atribuye a Luis XV, rey de Francia, con un  sentido más o menos interpretado, de despreocupación por lo que pase, como el desinterés por lo que sucederá después del que la concibe o la pronuncia.

 

Es algo que se podría entender en la actualidad, como una forma de hacer campaña en contra del candidato sustituto dentro de la propia organización política gobernante; el de mayor probabilidad de triunfo durante el próximo torneo  electoral, a realizarse en el año 2012, por precaución a no perder espacio político; y quizás, ir preparando desde ya el terreno para un fácil retorno, como redentor, por aclamación pública, en el subsiguiente proceso eleccionario.

 

Sólo en ese contexto último, se pueden concebir como explicables las actuaciones últimas, por parte de las autoridades de turno, que algunos consideran hasta provocativas, ante un pueblo indignado, irritado y desperado, a punto de producir un estallido social de impredecibles consecuencias.

 

Y esa, es una situación muy importante a considerar; toda vez que, el diluvio deseado eventualmente para el futuro, podría comenzar antes de concluir la presente gestión de gobierno, arrastrando consigo a las principales figuras representativas de ésta, al tiempo de cerrarles definitivamente el camino político hasta ahora logrado.

 

La otra percepción que se baraja a nivel de las reuniones pueblerinas, la de provocar el estallido social, para procurar una continuidad en el poder, a manera de gobierno de facto, mientras se puedan crear las condiciones necesarias para la celebración de nuevos comicios ­- después de la poblada -, resulta poco digna de  consideración, por entenderse una posición descabellada, poco atribuible a personas que ostenten un alto de nivel de intelectualidad, como una gran parte de las que actualmente dirigen el país.

 

De todas maneras, la reflexión política sosegada se impone en estos momentos, para evitar males mayores a la nación.   Un simple baño de pueblo, como se dice, permitiría conocer el grado de desesperación que hay ya en la sociedad dominicana  – niveles más bajos -, y su disposición de lo que sea, para no seguir padeciendo más.

 

Se debe recordar que, la desesperación es mala consejera. ¡Evitar sus sugerencias a la gente indignada, sería lo mejor!

 

Rolando Fernández