Don Rafael, ¡no hay preguntas tontas!

En el marco de nuestra ignorancia consciente, “saber, sin saber nada”, como de las informaciones logradas a partir de las páginas de algunos libros que hemos podido leer, incluso sobre temáticas esotéricas de gran profundidad, amén de la experiencia docente a nivel universitario que tenemos, siempre hemos entendido que, ¡no hay preguntas tontas!  Además, esa es una concepción de amplio consenso, según creemos, que nos avala en el pensar de esa forma.

 

Sí hay interrogantes mal formuladas inocentemente, por incapacidad; aunque a veces,  ex profeso de tal forma, no cabe duda, con fines premeditados. Cuando no, elaboradas con cierta necedad implícita, por estar dirigidas hacia algún propósito en especial. También insulsas, y hasta irracionales a adrede en ocasiones, nada más que para tratar de confundir, y fastidiar, podría decirse. ¿Pero tontas?, tan difícil que, sin temor a equivoco, cualquiera diría que jamás.

 

Ahora, todo el que osa preguntar, “en buena lid”, normalmente, quiere satisfacer alguna inquietud; obtener una respuesta sobre algo que desconoce y quiere saber, por lo que hace provecho de la persona que entiende más indicada para inquirirle.

 

Lo que ocurre es que, en muchos casos, el problema radica en que, no se sabe como preparar adecuadamente una determinada pregunta, aun medie la buenas intención, de forma tal que el interlocutor oyente entienda la interrogante, y se le haga fácil contestar, razón por la que algunas veces se califican como tontas o estúpidas, pero en el fondo no es así.  Siempre tienen algún sentido, con muy raras excepciones claro – que son las que confirman la regla -, y por supuesto,  se puede buscar la forma de responderlas.

 

Ahora, es como decía el Budhha Gautama (Siddhartha) a sus discípulos, “que habían preguntas que se contestaban con otra pregunta”; que entendemos nosotros, es para aclarar la inquietud planteada, no comprendida; o, porque en la misma está contenida la respuesta necesaria.

 

También que, “se producían interrogantes que no se contestaban, por más de una razón atendible”; y otras, “que carecían de respuesta en el marco de la mente humana”, por sus intríngulis muy singulares, entre otras cosas, agregaríamos nosotros.

 

El tema viene a colación, a raíz de una serie de interrogantes que expone un connotado periodista local, y director de un medio escrito de comunicación, en su columna “Mis Buenos Días”, bajo el título de: “Preguntas sin respuestas”, que en principio él las considera  “como no tan tontas”, ya que nadie, según dice, puede contestarlas satisfactoriamente.  (Véase “El Día”, del 30-5-12).

 

Sin embargo, al término de la publicación, sí que las cataloga como tales – bobas -, cuando pregunta a los lectores, ¿Por qué, finalmente, pierde usted su tiempo leyendo estas preguntas tontas? Y ahí, como es obvio, sí creemos que quedó expuesto su juicio concluyente, aunque también se advierte cierta contradicción.

 

Es por lo que, con todo el respeto que  nos merece esa persona, le reiteramos nuestra opinión, en el sentido de que, ¡las preguntas tontas no existen!  Primero, porque es muy difícil que una persona con esa condición  pueda hacer cuestionamientos de ningún tipo.

 

Y, si es que en realidad se atreve a formular algo que se pueda considerar con tal, lo que podría decir es un disparate, acorde siempre con su disminuida capacidad pensante, no más; como, del escaso entendimiento e inteligencia que le caracteriza. Es gente que por lo regular actúa, sin discernimiento, ni reflexión alguna.  ¿Qué se puede esperar?

 

Segundo, tomándoles a manera de ejemplo, específico en este caso, debido a que, una gran parte de esas mismas inquietudes que él pública, sino es que todas, y cada una en particular, tiene su  respuesta apropiada que ofrecer, que bien se puede catalogar como lógica, sin temor.  Claro, ¡no todo el mundo podría hacerlo!

 

Le reiteramos nuestro respeto, don Rafael.

 

Rolando Fernández

 

 

¡Severos críticos, nunca colaboradores!

Son de las características que más se destacan entre los dominicanos;  en todo su quehacer cotidiano, y el interactuar con los demás.  Sólo nos gusta criticar, y nunca procuramos ofrecer algún concurso solidario orgánico, en el sentido a  que se refiere el sociólogo francés Emile Durkheim, respecto de la solidaridad,  expresado en tales términos, más o menos así: “consiste en  la fuerte especialización que ostentarán los individuos integrantes, como base que origina la cohesión e interdependencia grupal de las personas con su sociedad”. Aquí eso no cuenta; sólo  nos inclinamos por exponer juicios negativos, sin  aportar soluciones,  o colaboración de ningún género.

 

Son realidades que se verifican de manera fehaciente a nivel del  conglomerado social dominicano, críticas, sin aportes, -; y que, en cualquier tipo de actividad están presentes, incluidas las científicas (diferencias por ejemplo, entre servicios médicos convencionales y alternativos); religiosas (sólo con mis creencias en ese sentido se es salvo);  y, las docentes (determinados colegios, escuelas y universidades son mejores que otros).

 

Ahora, en las áreas en que más evidentes se hacen las críticas, y pareceres encontrados, por su naturaleza pública, son aquellas que corresponden a las de orden, político, económico, narración de hechos históricos, y  determinadas gestiones gubernamentales que se llevan a cabo.

 

Es en esas, donde más afloran las críticas severas, justificadas o no, y muy pocas veces constructivas; sin ningún tipo de aporte valedero. Normalmente, con visos de carácter egotista; de aparentar sapiencia, y experiencias que no se tienen.  De darse bombos, como se  dice en el argot popular.

 

Aquí se da el caso de que, la mayoría de la gente se cree apta para hablar de todo; consideran poder opinar sin reparo alguno, dentro del marco de cualquier disciplina, o tarea profesional.  A veces, hasta exponen criterios u opiniones, tan pocos fundados y ridículos, que rayan en disparates alegres, y que les convierten en el hazmerreír de las audiencias televisivas o radiales.

 

Para opinar y criticar hay que tener base; se debe estar en capacidad de poder hacerlo; y, siempre con la mejor intención, unida al deseo de colaborar. De aportar soluciones o conocimientos; no por el mero hecho de querer dejarse sentir; y, hasta de burlarse de la inteligencia ajena, como ocurre en muchos casos, con algunos seudos intelectuales que nos gastamos en este país.

 

¡Las críticas no siempre son malas; sí, cuando no se hacen de manera constructiva, sólo para aparentar conocimientos, y tratar de descalificar a los demás!

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

¿Para qué mataron a Trujillo?

Al conmemorarse un aniversario más de la muerte de aquel temido dictador dominicano, viene de seguro a la mente de algunos compatriotas inquietos o preocupados por la situación actual del país, el análisis obligado sobre lo que  aquí se trata, aun  de forma simple por razones de tiempo y espacio, relativo a esa gran pregunta que encabeza, y que tantos ciudadanos de esta nación se han hecho, después que pasó el furor, y la efervescencia, de los acontecimientos acaecidos el 30 de mayo de 1961, en que se puso fin a la llamada “Era de Trujillo”.

 

Lo primero que debe considerarse en torno al tema, para comenzar a sacar conclusiones es que, desaparecido Trujillo, que gobernó con mano fuerte y habilidad innegable a los dominicanos por más de 30 años, le sucede en el poder alguien que fuera uno de sus más cercanos colaboradores, y de las principales columnas en las que se sostuvo aquel régimen, el doctor Joaquín Balaguer, que entonces se mantuvo dirigiendo los destinos nacionales por unos 22 años.

 

Eso, visto a grosso modo, es obvio que, era una continuidad algo sutil, claro, menos represiva, y  renovada, o reorientada en algunos aspectos, que con el tiempo se fue democratizando en cierto sentido.

 

Hoy, ante un nuevo 30 de mayo conmemorativo, todos los dominicanos deberíamos preguntarnos, al margen de cualquier apasionamiento político, fanatismo ideológico,  si es que queda, o retaliación, ¿qué es lo que en realidad se ha logrado después, con la desaparición de aquel sistema de gobierno?; a lo que de seguro, una gran parte de la sociedad no alienada por supuesto, y que se ha preocupado por conocer sobre la historia de aquella época patria, respondería:

 

Más que todo, la ampliación significativa del círculo de millonarios heredado por el país, producto de ese entonces.  Un endeudamiento sostenido que, a todos los ciudadanos de esta nación, le habrá de tocar una partecita, si es que en algún momento se está en disposición y capacidad de pagar cuanto se debe al exterior.

 

La obtención de una camisa de fuerza, por los condicionamientos impuestos, que hace que el país tenga  que vivir hoy, arrodillado a los pies de los prestamistas internacionales, teniendo que permitirles todas sus intrusas injerencias acostumbradas.

 

Pero además, algo que a la vista de todo el pueblo está, la enajenación de una buena parte del territorio nacional, como la hipoteca de la soberanía, en la concertación de empréstitos con el extranjero, bajo la modalidad de la emisión de los famosos “Bonos Soberanos”, de muy malos recuerdos para la República.

 

También se entiende que, para vivir en medio de este desorden mayúsculo, irrespeto a todos los niveles, e inseguridad ciudadana ultra; un escenario en el que cada cual, pueda hacer lo que le venga en gana – libertinaje -. Es obvio que, son problemáticas concretas todas, que vienen acosando de manera desesperante a la sociedad nacional.

 

Y además,  poder ser mercado para el tráfico y consumo de drogas. En adición, transculturizarnos en gran medida, y tirar por la borda todos nuestros símbolos patrios: el signo monetario, el himno nacional, la música autóctona, etc.; como, el acervo cultural logrado en sentido general.

 

 

Entonces, para poder uno a ir sacando conclusiones de forma casi definitiva con respecto al régimen de Trujillo, y la calamitosa,  mortificante, como época preñada de necesidades apremiantes e inseguridades de todo orden, en que hoy vive la sociedad dominicana, habría que comenzar por comparar las características propias inherentes a cada una en particular, al margen de todo apasionamiento, retaliaciones y concepciones de orden enteramente político fanatizadas, reiteramos.  Y, recordar la máxima aquella  que reza, “nada es mejor nada, pero sí debe ser objeto de comparación”.

 

Este aniversario más del llamado “ajusticiamiento del tirano”, lo que debería es ser aprovechado, para reflexionar sobre todas las ejecutorias del aquel sistema gobierno a la fuerza, discriminando entre las buenas y las malas, como ocurre en todo, para jamás copiar las improcedentes, pero si tratar de comenzar a emular las consideradas pertinentes, de las que tanto necesita hoy este país.

 

Todos los dominicanos conscientes, que en sí vivieron aquella Era patria, de seguro se inclinarán no sólo por celebrar en esta nueva conmemoración del hecho histórico, sino también por lamentar.  Los que nada más opten por lo primero, hipócritas y antinacionalistas merecen ser llamados, frente a este fehaciente y lastimero escenario social generalizado que hoy presenciamos  aquí, sin excepción alguna de persona.

 

Rolando Fernández

 

 

 

Facundo Cabral, un gran pensador ido temprano

Los verdaderos hombres de profundos pensamientos, que hacen tránsito en este plano terrenal, con personalidades singulares, y que tienen que partir a tempranas edades, relativamente, siempre dejan improntas de significación, que perduran a través de los años; al igual que, aquellas provenientes, hablando en términos figurados – espacios marcados -, de algunos árboles frondosos e imperecederos por largos períodos de tiempo, que han proporcionado allí su gran sombra, a tanta gente.

 

Claro, cuando se tiene que abandonar el plano físico, hay que hacerlo de manera inexorable. No es por voluntad humana que ocurre, sino Divina. Y por tanto, en todo momento se debe aceptar el hecho – los dolientes -,  con toda la conformidad debida, sin congojas, o lamento alguno.  ¡Cuando se cumple con la misión terrenal asignada, hay que irse!; no importan las circunstancias en que se tenga que  iniciar el viaje de regreso, o de retorno a la verdadera casa.

 

Fue el caso por ejemplo, del  siempre recordado hombre y artista, Facundo Cabral, por muchas personas a quienes sus mensajes musicalizados y cantados, al igual que expresados con gran maestría, calaron con efectividad, sirviendo como marcos guías de acción para la subsistencia física, y la expansión de conciencia espiritual necesaria.

 

Precisamente en estos días, y fue lo que más motivó el presente artículo, apareció encabezando la columna Brv., que publica el medio “Diario Libre”, edición del 26-5-12,  uno de esos  orientadores y reflexivos mensajes que él escribiera durante su estadía sobre la Tierra.

 

“No hay muerte…hay mudanza y del otro lado nos esperan los que se van y tarde o temprano para allá vamos nosotros…”

 

Con el profundo contenido de lo expresado, el señor Cabral, sale al frente de los tantos que temen a la mal llamada muerte, que nosotros mismos siempre la hemos considerado, en el contexto de los humildes conocimientos logrados, como “la simple mudanza de un barrio a otro”, dicho muy en términos populares; del mundo de lo manifiesto, al Universo inmanifiesto.

 

Ese es, ¡el acontecer obligado que más preocupa al grueso de la humanidad!, en el entendido de que, llegado el inesperado momento, todo se habrá de acabar para siempre, algo que en realidad es una creencia errada, tal cual lo expresara Facundo.

 

Señala un connotado autor que: “El falso ego es el único que tiene que morir. Ni desaparece tu cuerpo (sencillamente volverá a sus elementos básicos) ni muere tu conciencia. Continuará viaje hacia niveles y formas de expresión más elevados, o acabará por desaparecer en la conciencia universal”. De ahí se desprende también que, ¡la muerte en realidad no existe!, tal cual la concibe el grueso de la gente.

 

Se continuará existiendo, aunque sin cuerpo físico, obviamente; y, los reencuentros con los familiares y amigos que  se han ido antes, se producirán luego de partir el extinto presente, en planos universales más sutiles que,  el que se acaba de abandonar.

 

Es una concepción de amplio consenso en los círculos esoteristas, con más que evidencias casi reales, se podría decir, aportadas por los que han experimentado el llamado “regreso de la muerte”; o sea, que se han ido del plano terrenal, circunstancialmente, durante cortos períodos de tiempo, retornando luego, y cuyas experiencias aparecen plasmadas en algunos libros que más adelante han escrito.

 

¡A la muerte no hay que temerle; sí estar preparado para recibirle!; concluyendo así, un ciclo más de subsistencia física; una corriente de vida que se inició en un momento dado, y que en otro, necesariamente, tiene que concluir.

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

 

Prohibir la reelección consecutiva, ¿para qué?

El tema tan cacareado de la reelección inmediata de los mandatarios dominicanos, entre politólogos, políticos de ejercicio, y la “partidocracia” nacional, que incluso, había causado tantas desavenencias y enemistades entre los actores dentro de esa disciplina,  práctica que finalmente, quedó prohibida en la nueva Constitución de la República, 2010 – aunque no hay que dudar, la confección de un traje adicional a la medida, según soplen los vientos  -, en verdad no surte ningún efecto, cuando uno de los candidatos por sustituir al mandamás de turno, pertenece a la misma parcela, y recibe el apoyo del oficialismo.

 

Eso quedó más que demostrado en el recién concluido proceso electoral; en que, de las millonadas de pesos gastadas para promover al hoy candidato electo, una gran parte provino, según la percepción generalizada que se tiene, de las arcas estatales; amén, de todas las demás ayudas extras que se le ofrecieron desde ese litoral.

 

No hay porque disentir en cuanto a que, ocurrió prácticamente lo mismo lo mismo, que si el Dr. Leonel Fernández, haciendo uso de todas las facilidades y los recursos económicos a su disposición, en su calidad de gobernante actual, de una manera injusta podría decirse,  frente a los demás contendores, se hubiera reelegido; cuando se supone que, precisamente, ese debe ser uno de los objetivos principales de la prohibición constitucional vigente: evitar el uso de los recursos y facilidades del Estado en las campañas electorales, por la desigualdad de condiciones obvia.

 

Sin embargo, en la que acaba de concluir, quedó evidenciado que, en el tenor de lo que se aspira, lo que ha resultado es que, “es igual lo mismo, atrás que en la espalda”, como reza un dicho popular.

 

Entonces, qué sentido tiene el prohibir la reelección presidencial consecutiva, sin una nueva normativa suplementaria en la que se contemple una real separación entre el oficialismo gobernante de turno, y su partido político, cuando el candidato provenga de éste, en términos de las facilidades y despilfarros de los recursos públicos estatales, en los proselitismos electorales.

 

Porque, es muy bueno, en ese caso, el poder seguir compitiendo en condiciones de desigualdad favorable con respecto a los demás.  Tener una buena fuente para saciar la sed de cuartos a gastar en las campañas, mientras lo que también aspiran a llegar a la meta, tienen que endeudarse hasta la coronilla, y estar exprimiendo la “cantimplora financiera, para ver hasta dónde puede sangrar”.

 

Lo que acabamos de ver ahora, era una carrera de carros de lujo, de alta cilindrada, compitiendo con modestos y destartalados vehículos, dentro de los cuales sólo uno se podría aproximar a los primeros, tal cual ocurrió. Entonces, como pueden llegar los de atrás, cuando en este país, el refrán popular aquel de que, “morocota mató a menudo, y se alzó con to´”, se verifica en gran medida.

 

Si todos los partidos pequeños en esta nación, hubieran contado recursos económicos suficientes, y logrado más unión entre el conjunto existente, probablemente hoy otro gallo cantara en la República Dominicana.

 

Es por lo  expresado que, en nuestra humilde opinión, procedería la revisión casi inmediata de esa disposición constitucional –   prohibición de la reelección presidencial seguida -, Artículo 124, de la Carta Magna, con la introducción de un addendum, si cabe el término, o que se dicte una norma supletoria, en la que se contemple la segregación aludida más arriba, oficialismo-partido, en tiempos electorales.

 

De lo contrario, seguiremos siempre en lo mismo: el oficialismo apadrinándose a sí mismo, o a uno de los suyos.

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

¿Día de las Madres, o de calentamiento comercial?

Es una lástima que, tanto la magia del mercadeo, como las avaricias de los comerciantes, les hayan quitado gran parte del factor sentimental a la celebración del indicado, o impuesto, “Día de las Madres”, aun así de gran significación, sólo para quienes saben aquilatar en verdad, el valor de tan inmenso y abnegado ser. Claro, con sus excepciones ordinarias, producto de la nueva corriente distorsionante del feminismo actual.

 

A propósito, cabría incluir aquí antes de proseguir, que esa es una vieja tradición que se originó en la antigua Grecia, según se dice, y que se verificaba rindiendo honores a Rea, madre de los dioses Zeus, Poseidón y Hades. Como se puede apreciar, ésta desde el principio, tiene una connotación divina, ¡no comercial!; al igual que luego, se ha venido continuando.

 

La misma fue copiada desde allí, y es celebrada en fechas diferentes en diversas partes de mundo, preferiblemente domingo, por el asueto generalizado. Y, debido a una razón que entendemos base: periodos, o días mensuales de disponibilidad económica en las personas, para  puedan hacer regalos o presentes, u ofrendas florales, en el caso de que el ser querido  haya fallecido.

 

Aquellos adheridos a la tradición  en su esencia, y que reconocen lo que en realidad significa una madre, son los que menos se dejan llevar como borregos hasta las puertas de las tiendas, y comercios de géneros diversos, para seguirles llenado las arcas a sus dueños, con las compras de regalos carísimos, ya que se hace provecho de la ocasión para subirlo todo, y especular, aprovechando la inducción al compromiso social con el que se debe cumplir ese día.

 

Esos, que no se dejan manipular por los mercadólogos, tienen bien claro que, “Día de las Madres”, deben ser todos en realidad, por la alta significación que tiene ese ser amado Y, nunca regalan por obligación social, sino que hacen obsequios o agasajan a su señora madre en cualquier momento; de ordinario, cuando no se está esperando. ¡Es un gesto especial de atención merecida!; no por un “narigoneo” comercial.

 

¡Ojo!, a los mercaderes hay que dejarles solos con sus aprestos lucrativos. La gente tiene que concienciarse con respecto a lo que éstos persiguen cuando promueven el “Día de las Madres”.

 

De las madres deben ser todos los días del año, reiteramos.  Es el ser que más merece, de todos cuantos nos rodean. Y para el hombre en especial, nada más tiene un equivalente, tan parecido a ella, o singular: ¡una buena esposa, o compañera real!, que no sea sólo un paquete representativo.

 

Rolando Fernández

 

 

¡Tremendo reto tiene Danilo!

Su famoso y bien ideado slogan mercadológico de campaña, creó expectativas bastante difíciles de llenar, por la subjetividad que envuelven las promesas incluidas en el mismo, como los niveles de compromisos con los que habría que romper, para poder cumplir con lo prometido: “Corregir, continuar y hacer”.

 

“Corregir lo que está mal”. Lo primero que  habría que hacer es, determinar hasta dónde es necesario en el país, lo que se pueda entender ha estado mal, partiendo de la idiosincrasia y apetencias de los dominicanos; y, cuáles serían los efectos de tener que inclinarse por descontinuarlo de golpe y porrazo. También, el riesgo probable que envolverían las decisiones de carácter correctivo-enmendatorio, con el concurso de un séquito del mismo color, que apoyó y preparó hábilmente el terreno de la impunidad, durante la campaña proselitista.

 

“Continuar lo que está bien”. Para poder seguir con lo que se aprecia, que bien ha venido realizando el actual Gobierno, durante sus últimos dos periodos de gestión, administrado por gente de su misma parcela política, habría que reparar y eliminar por completo, lo malo que en gran parte se pueda haber sustentado lo que se considera bueno, que como es obvio, lo haría desaparecer, por razones muy conocidas en el seno de la población, las cuales resulta prolijo enumerar.

 

Ahora, una pregunta que procedería, y que luce interesante al respecto es, ¿cómo se evaluaría lo que está bien, desde una próxima primera magistratura del Estado, en términos reales o relativos? Porque, según se aprecie en ese orden, serían actitudes diferentes  las que se adoptarían. Pues, no es lo mismo aquilatar lo bueno o beneficioso para la población, en un contexto real propiamente, que en el marco de una relatividad circunstancial, o acomodaticia; política si se quiere.

 

 

“Hacer lo que nunca se  hizo”. Lo tanto que aquí quedaría por hacer, no es cuestión de una gestión de gobierno, ni de un grupo. Es competencia de todos los sectores que tendrían que trabajar unidos, sólo pensando en el país, y nada más. Se podrían hacer algunas cosas sin problema, pero que resultarían superficiales, como seguir tapando huecos, o pegando parches.

 

En ese mismo orden, se tendría que saber con qué, y con quiénes, se podría contar, para estar en condiciones de poder hacer lo que falta, “lo que nunca se hizo”, como decía el slogan publicitario. ¿Se podrá lograr conocer sobre ambas informaciones en verdad – tenencia de recursos económicos suficientes y oportunos, como de gente en disposición de colaborar con el nuevo Gobierno -, bajo las presentes condiciones socio-económicas y políticas en las que vive el país? La realidad es que, ¡eso estaría por verse!

 

No obstante, lo más significativo a considerar en estos precisos momentos es que, ya se está en el poder, sólo pendiente de proclamación, desde donde se puede hacer o deshacer.   El pueblo le dio la oportunidad al amigo Danilo, de trabajar por el país, y en favor de su gente más necesitada.

 

También, de que sean retomados y honrados los principios legados por el gran maestro, el inolvidable e inmenso Juan Bosch, que han sido tirados por la borda, de manera muy alegre y desaprensiva por muchos de sus discípulos, políticos de nuevo cuño, que sólo saben disfrutar del poder.

 

Ahora, él tiene el partido y el país para moverse a voluntad. Sólo hay que “tener mucho ojo”, con los advenedizos y trepadores, como los enemigos ocultos. Él sabe bien de sus peligrosas zancadillas y demagogias soterradas; también, como  manejarles, y como cuidarse; pues, habilidad no le falta. ¡Suerte, amigo Danilo!

 

Finalmente, nos permitimos reiterar aquí, dos recomendaciones que hiciéramos a través de un artículo publicado (18-agosto-2011), en ocasión de él tener que elegir sobre su compañero de boleta, tomando en consideración que estaba enfrentado contra gente de dentro, y de fuera de su organización política morada; y que, el camino que transitaba era bastante resbaladizo, como aún lo sigue siendo. ¡Cuidado!

 

“Hilar muy fino antes de tomar cualquier decisión. Nada de improvisaciones; como, tampoco dejarse sorprender con caramelos que puedan contener una alta dosis de veneno en el fondo”. Además, nunca olvidar la famosa frase aquella que siempre pronunciaba el profesor,  digno de recuerdo en todo momento: “En política hay cosas que se ven, y otras que no se ven”.

 

¡Felicitaciones!, por su triunfo.

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

El “flamante ego” que denotan los galenos

Aunque muchos se  inclinen  por no aceptarlo así, todos los hombres venimos a este mundo con misiones específicas que cumplir. Es lo que llaman algunos  esoteristas “Dharma”, cuyo significado en sánscrito es, < propósito en la vida >. Claro, como Atributos representantes de la Divinidad Suprema siempre, por lo que sólo somos actores dentro de su gran Obra de manifestación terrenal.

 

Evidentemente, una buena parte de los seres humanos permanece inconsciente de esa realidad por variadas razones, dentro de las cuales se encuentra, o se inscribe, el hecho de los tantos que permanecen adheridos por completo a los postulados y rituales que enarbola y promueve la religiosidad convencional-social, sectorizada y dirigida por guías espirituales diferentes.

 

De ahí que, el considerarnos como entes separados del UNO,  que actuamos bajo nuestra propia cuenta y dirección absolutas (véase: Jeremías 10:23), es un craso error, que sólo contribuye a fortalecer el peso del falso ser que nos creemos -el ego humano-;  que, cuando a veces se desinfla por cualquier acontecimiento o circunstancia súbita, que nos hace bajar a la realidad de lo que en verdad somos, es entonces cuando despertamos, y nos damos cuenta por supuesto, de las limitaciones que tenemos para obrar y resolver siempre por sí solos.

 

Una de las muestras a considerar para tratar de cambiar ese errado parecer, es precisamente la del médico histórico que más se destacó durante la época del imperio romano: Galeno de Pérsamo (Claudio), que según se señala, empezó por estudiar filosofía y ciencias naturales, para luego cursar la medicina a instancia de su padre. ¿Por qué del cambio?

 

Se dice que, desde muy joven se interesó por la agricultura, la arquitectura, astronomía y filosofía, hasta caer luego de manera definitiva en la medicina, cuando su progenitor así se lo sugirió, tras un sueño nocturno que éste tuvo con Asclepio, considerado el dios de la medicina, “que le señaló y predijo el destino de su hijo”.

 

Todo luce indicar la necesidad del mensaje onírico recibido a través de su padre, para recordarle a Galeno, e inducirle hacia su verdadera misión en este plano físico: socorrer  a su congéneres y ayudarles a combatir sus afecciones físicas; hacer medicina, como se dice.

 

La misma concepción particular que a él se atribuye en ese ámbito, en cuanto a “dejar actuar la naturaleza; ésta se curaba por sí misma, debiendo el médico solamente ayudarla”, es prácticamente similar a la que hoy sostienen los facultativos que ejercen la llamada “medicina alternativa”, en el sentido de que el organismo humano tiene sus propios mecanismos de curación; y que, solamente hay que crearles las condiciones al cuerpo para que éste responda.

 

La forma en que pensaba Galeno de Pérsamo, de quien los médicos heredaron el alto distintivo profesional, sinónimo del ejercicio, hasta hoy en uso, revela el gran sentido que éste tenía, en cuanto a la creación humana y el poder de la Naturaleza, esotérico podría decirse, entendiendo que el hombre no era más que, uno de los instrumentos inclusivos utilizados, para su conservación y Expresión.

 

Ahora, la pregunta procedente sería, ¿y quién es la Madre Naturaleza? Una respuesta que resultaría bastante irrefutable, máxime en el marco de la mente humana es que, “Ella es Dios Mismo en manifestación; la Idea Misma de Éste, para su expresión terrenal”. ¡Contiene toda la ciencia médica!

 

Es por lo expresado que, siendo el hombre comisionado para determinados propósitos,  parte del tinglado natural divino, en lo concerniente a lo que aquí se trata, cuando observamos la forma en que actúan muchas veces algunos médicos en ejercicio, con una misión y oportunidad de servicios que obviamente les distingue, endiosarse sobremanera ante las demás personas y sus pacientes, las interrogantes mentales, en relación con lo que más abajo se expone,  no se hacen esperar. Claro, se reservan por supuesto.

 

Se creen saberlo todo; que sólo ellos  son los que actúan cuando tratan o intervienen a los afectados que recurren a los mismos; que hay que sentarse a esperarles hasta que aparezcan, siempre jugando con el tiempo de los demás, a su acomodo, durante las horas más problemáticas del día, para luego dedicarle a la gente, si acaso algunos diez o quince minutos en consultas, cobrándoles después escandalosos honorarios profesionales, como si fuera cualquier tipo de servicio común el que ofrecieran. ¡No es de salud!

 

Cualquiera se preguntaría, ¿y es que se entienden dioses, a los que hay que arrodillarse? ¡Cuan equivocados están!; como les engaña el ego humano a que sirven.

 

Pero además, algunos dicen con cierta altanería: se es paciente porque  se sufre de alguna afección; y también, debido a que se tiene que aprender a esperar su espacio de atención. ¡Que bien!

 

Olvidan que su papel no es más que, el ser simples intermediarios divinos, de ayudantes de la Naturaleza, como sostenía Claudio  Galeno, y que ellos mismos están expuestos a las mismas vicisitudes, e iguales problemas de salud, que los que tratan en los demás.

 

También que, ¡sólo les distingue el talento singular con que han sido dotados para dichos propósitos, y las batas blancas y verdes  del ejercicio! Estas últimas como símbolos de pureza y salud, según se percibe, los cuales a veces, tampoco se honran como se espera.

 

Por eso, deberían ser más humildes y consecuentes; como, dar gracias cada vez al Supremo Creador del Universo, por el área humana y delicada para la que han sido elegidos, bajo el rol de Representarle. Y, no ceder ante las engañifas que provienen del ego: creerse hombres superiores.

 

Superior, sólo es Aquel que siempre actúa a través de ellos, sin cuya Voluntad nada es posible bajo el Sol. ¡Que no se engañen!

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

La abstención electoral ciudadana: Síntoma de cuidado a considerar

Parece ser que este pueblo, ha venido tomando conciencia con respecto a la clase de políticos que nos gastamos los dominicanos, que actúan sólo en busca de provechos para ellos, y sus grupos patrocinadores.

 

De acuerdo con dos datos que aparecen publicados en los medios de prensa local, los niveles de abstención electoral en la República Dominicana,  han  venido in crescendo desde el año 2004, hasta la fecha, oscilando entre un 27 y un 30%,   alcanzando esta última vez (2012),  el mayor porcentaje, lo cual pone en evidencia un factor riesgoso de alta consideración, aun algunos políticos y autoridades del organismo organizador competente, no lo entiendan así.

 

Además, a esos niveles de abstención se les debe agregar el por ciento de votos nulos y los observados, ya que algunas personas concurren a sufragar a las urnas de votación, no por deber ciudadano, o compromiso propiamente con los candidatos participantes, sino para “tintarse” el dedo, y llenar las apariencias por innumeras razones; que se vea que ellas votaron. ¡Dañan adrede las boletas!; o sea, que también son abstencionistas en muchos casos.

 

Y es que, el cansancio con relación a las tantas falsas, demagogias y promesas aéreas – que no serán cumplidas -, en que los políticos incurren, se hace más obvio cada vez; que un gran segmento de la población dominicana esté “jarta” ya de  que la sigan engañando, con ofrecimientos, nada más que para embaucar a la gente; para agenciarse beneficios personales y grupales.

 

Por otra parte, el tener que elegir, con segura victoria, entre dos de los partidos que componen el ruedo político nacional, también provoca desinterés por los procesos electorales, debido a la limitada capacidad de elección que tienen los votantes. ¡Esa forma de polarización partidarista  no resulta muy aconsejable!

 

Todo el que se abstiene, vota nulo, o procura la observación  de su sufragio en las mesas, es porque no está de acuerdo, con que lo pongan a elegir entre lo que se considera lo menos malo y lo peor, como de ordinario ocurre; amén, de la falta de confianza que han sembrado en el seno de la población todos los políticos nuestros.

 

En una nación como la dominicana, con tantos flujos de comunicación a su alcance, por el esnobismo de las telecomunicaciones que la arropa casi en su totalidad, el “material, o capacidad pensante” de sus habitantes tenderá por obligación,  a tener  que crecer en algún momento; y eso, de seguro podría poner en riesgo, y hasta dar al traste con el sistema de partidos vigente, encabezado por el bipartidismo local de los últimos tiempos, muy impropio en opinión de algunos politólogos.

 

Eso significa que, también por la adición de otras cosas que se estilan actualmente, las organizaciones políticas presentes tienen que abocarse a una revisión y modificación urgentes de sus principios base; al igual que deben hacerlo en lo personal, algunos de sus más altos representantes, con los comportamientos indebidos observan, en pos de cambiar las imágenes públicas respectivas, y que la gente no los siga viendo como empresas comerciales muy lucrativas, administradas sagazmente por sus dirigentes, o líderes superiores.

 

De lo contrario, la tendencia de las abstenciones electorales ciudadanas cada vez irá en aumento, y podría llevarse de encuentro, conjuntamente con las otras cosas deleznables que  acompañan a la “partidocracia” nuestra, el sistema de partidos vigente en esta nación, aun no haya una normativa legal que limite el acceso al poder por esa razón, el ausentismo en los procesos, según entendemos.

 

El hecho de que la ciudadanía en capacidad  de votar, tenga siempre que elegir entre lo que se entiende, como lo malo y lo peor, implica un alto riesgo a considerar por parte de los que aspiran a dirigir los destinos nacionales, desde los partidos políticos, como a seguir viviendo de esa actividad, que se aprecia  tan lucrativa.

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

Hoy sí que estamos por creerlo

A veces, hay muchas cosas que uno se resiste a aceptarlas, en razón de que resultan muy inusuales; También, porque no las concibe en realidad; o, por mera tozudez particular. Claro, eso no quiere decir que no tengan suficientes visos de verdad, que impidan negarlas, o no admitirlas por  completo.

 

Durante los últimos años de gobierno del Dr. Joaquín Balaguer, a nivel de confianza, alguien cercano al circulo de los colaboradores que tenía el viejo caudillo, nos manifestó en un tono medio fuerte, y algo airado se percibía, “en este país parece que se acabaron los hombres”.

 

Evidentemente, él se refería a hombres de valor y voluntad sentida, en disposición de procurar los cambios que requería la sociedad dominicana en aquellos momentos, debido a que el gobernante de turno, por sus limitaciones físicas ya de tanta consideración, y rodeado de una serie de individuos aviesos, desaprensivos, y trepadores,  no estaba en capacidad de  poder introducirlos.

 

Eso inferíamos nosotros de su severa expresión, por una serie de circunstancias que estaban muy a la vista. No obstante, optamos por inquirirle o cuestionarle sobre las razones de su pensar, expuesto de manera casi aseverativa por completo, y éste nos respondió con amplitud, como tratando de inducirnos a reflexionar un poco, sobre el porqué de su parecer así expresado.

 

Fueron más o menos sus palabras: fíjate, el Dr. Joaquín Balaguer es un estadista de los pies a la cabeza, y un político sagaz; altamente preocupado por los problemas del país; y, defensor a ultranza de la soberanía nacional. No se deja intimidar por ningún organismo de financiamiento internacional; como tampoco, de gobierno extranjero alguno.  ¡Aquí manda él, entiende y sostiene!

 

No anda rogando por la concesión de préstamos en el exterior, para que nadie venga a injerenciar en los asuntos internos nuestros.  Todos los proyectos urbanísticos y de otra índole que se llevan a cabo en el país, procura hacerlos con recursos propios de los dominicanos, ingresos locales del Fisco.

 

Es uno de los mejores gobernantes que ha tenido la República Dominicana, sin temor a equivoco; pero ocurre que,  hay una  realidad que ya no se puede seguir ocultando: el deterioro casi total de su salud, de sus condiciones físicas; y, la más preocupante, limitativa e incidente en el desarrollo de sus tareas obligadas, como administrador de la cosa pública, teniendo que estar siempre dependiendo de otros – la ceguera por completo que le afecta -.

 

Sin embargo, él insiste en querer seguir dirigiendo el Estado nuestro, y recibe en sus intenciones, el apoyo, como el aupamiento de un nutrido grupo de personas que se han beneficiado bastante durante sus gestiones de gobierno;  y que muchas de ellas, ahora incluso, se están aprovechando de sus impedimentos físicos y visuales, para hacer lo que les viene en gana, sin el control por supuesto del líder máximo.

 

Además, qué pueden pensar en el extranjero con respecto a este país, en vía de franco deterioro institucional y económico, seudo  gobernado por un anciano ciego, que ya no se puede valer por sí mismo; que todas sus otrora condiciones están ya disminuidas en más de un noventa por ciento, “que aquí no hay hombres”.

 

Cabría agregar antes de proseguir otra opinión al respecto, como algo complementario podría decirse, aunque parcialmente opuesto;  y es en el sentido de que, algunos creían, y todavía persisten en que, el doctor Balaguer veía de un ojo, y que su ceguera total que hacía pensar en los demás, no era que una de sus estrategias políticas acostumbradas, para lograr objetivos personales.

 

Luego, concluida la época del balaguerismo gobernante, los políticos de nuevo cuño, ansiosos por mandar, y de agregarse al amplio círculo de millonarios ya existente, comenzaron a sembrar de inmediato las semillas del desbarajuste social, económico y político que hoy se verifica en el país, con un descalabro institucional alarmante, y una inseguridad ciudadana nunca vista, que asombra hasta a la persona más desentendida.

 

De inmediato cedieron a las presiones internacionales, para la introducción del modelo económico impuesto, vigente hasta ahora, sólo para su beneficio, y garantías de las inversiones foráneas. Claro, con algunas reciprocidades pactadas a nivel interno.

 

Como es de amplio conocimiento, han enajenado gran parte del país, y el resto lo han endeudado e hipotecado hasta la coronilla. Los niveles de corrupción se han elevado a la “enésima potencia”.  La nación ya sido convertida en una amplia plaza comercial, para explotar la actividad de los discursos retóricos, las falsas y el transfuguismo – la política -, de forma aviesa y desvergonzada, con abiertos negocios y componendas grupales a granel.

 

Se perdió por completo en el país, la moralidad y el patriotismo de otrora. Los símbolos patrios han sido tirados por la borda; ruedan por los suelos, tal cual piedra o pedazo de palo cualquiera.

 

La penetración cultural arropa casi en su totalidad la República Dominicana, con ejemplos más que fehacientes a nivel de su sociedad expresada.  Se ha llevado de encuentro todos los patrones y tradiciones nuestras, incluyendo la música vernácula, que ha sido sustituida por groseros y sincopados ritmos extranjeros, sólo inductores a la drogadicción y al sexo degenerado.

 

Y mientras tanto, los políticos, ya no ciegos, pero sí demagogos, corruptos y farsantes, sólo aspiran a gobernar, para “hacer su agosto”; satisfacer sus apetencias individuales, como las de los grupos que les apadrinan.  Jamás pensando en las vicisitudes y necesidades perentorias de este pueblo. En la satisfacción de los servicios básicos requeridos, en términos de eficiencias y precios equitativos, como son los concernientes a la salud, educación y energía eléctrica, entregados en su mayoría al capitalismo explotador privado, para hacer pingues negocios, como si se tratara de comercializar artículos de lujo.

 

En consecuencia, ahora sí que estamos por inclinarnos a creer, o asimilar sin muchos titubeos, lo expresado por aquel señor hace años.  Y, no como que parece, según él decía, sino como una realidad casi concreta, por lo que desde entonces, y hasta la fecha, hemos venido observando todos los dominicanos, conscientes  de la verdadera situación calamitosa en la que  ha estado viviendo el país.

 

Por lo que aquí se esta viendo, el desorden y la falta de respeto; el antinacionalismo que se respira; las acciones desaprensivas de los grupos políticos y poderosos dominantes, que se “dan banquete”, sin reparo alguno cada vez; la indefensión de este pueblo, ávido de protección en todos los órdenes; y, sin que se advierta ninguna luz al final del túnel, hay que concluir creyendo que, aquí se acabaron los hombres de valor y  sólida voluntad para exigir las reivindicaciones pertinentes, como un cambio de rumbo más esperanzador para todos los olvidados, lamentablemente, aun sea de la manera más pacifica y civilizada posible.

 

Los pocos que contrarios a ese parecer  puedan ser considerados, sí que aparentan  no estar en disposición de enfrentar a nadie, o de luchar en favor de esta maltratada y desvalida población. ¡Ojalá!, se decidieran por hacerlo.

 

¡Triste y doloroso es decir lo anterior, pero es la pura realidad!

 

Rolando Fernández