Responsabilidad criminal con animales

Los instintos criminales no sólo se verifican en los seres humanos con respecto a  sus congéneres; sino, que también se dan de manera  muy frecuente, con otras especies inferiores, de las tantas que habitan el plano terrestre, debido a los tratos indebidos que les dispensan, como el agenciarles la muerte en las llamadas cacerías y otras prácticas calificadas como “deportivas”.

Matar un animal inofensivo o deleitarse con verle morir, sin que nos quede luego sentimiento de culpabilidad alguno, tipifica una condición homicida, aunque algunos entiendan que no.

Muchos desalmados creen erradamente que los animales no sienten ni padecen; ignoran que su  diferencia más marcada  con la personas es la falta de raciocinio, por el nivel que ocupan en la escala evolutiva de expresión terrenal, como atributos Divinos, que al igual son, y su misión laboriosa asignada,  en su rol además, de acompañantes de los hombres.

Es un acto de pura crueldad y sadismo el que tantas personas inescrupulosas llevan a cabo, cuando se dedican  a la cría y compra de animales para tirarles después al ruedo gallístico, por ejemplo, en el caso de los gallos; o, la plaza (toreo), donde  habrán de morir en pelea con otra ave similar; mismo que el cuadrúpedo elegido, a consecuencia de una estocada mortal, a mano del torero sanguinario actuante, durante una corrida, para satisfacción emocional y eventuales ganancias económicas de los portentosos espectadores, en una cruel y deleznable actividad, adornada con ribetes deportivos.

Son gente que gozan viendo desfallecer y morir a esos animales; se emocionan tanto con ese tipo de acción maligna, que a muchos hasta les sorprende la muerte durante las veladas.

Olvidan que la Naturaleza tiene leyes que son inexorables; y, que más tarde o más temprano, les habrá de pasar factura por las matanzas adrede que promueven con esos indefensos animales, haciendo provecho de su irracionalidad, para divertirse y satisfacer gustos individuales.

De lo ordinario, se recogen los efectos expiatorios, perdiendo súbitamente, o viendo sufrir y desaparecer luego, a los seres que más se quieren.  Reflexionemos sobre eso.

 

 Rolando Fernández

Hablar mentiras, corroe tanto como el oxido

El arma principal con la que muchas personas tratan de protegerse o defender situaciones anómalas e indebidas en las que se ven envueltos, es la mentira, la falsedad hablada y el engaño verbal, premeditado o súbito.

No cabe duda de que el mentir tiene un efecto muy  nocivo sobre la personalidad humana, sin importar circunstancia alguna.  Los triunfos del mentiroso resultan ser momentáneos en ocasiones; pero, con regularidad, el tiempo o la habilidad intuitiva del interlocutor u oyente se encargan de frustrarlos.

Algunos, luego de incurrir en esa práctica dañosa, se escudan entonces, cuando advierten que poco se les cree, tras la máscara sutil de la llamada “mentira piadosa”; que a su entender, es una falta benigna; que no perjudica en nada; y, que sólo es un medio para salir del paso, cuando se ha incumplido con alguna cita, tarea o misión encomendada.

Craso error, cuando así se piensa; pues de ordinario se deja de lado una máxima pueblerina muy significativa, que reza “para hablar mentiras y comer pescado, hay que tener cuidado”; refiriéndose a la memoria que  debe conservarse en cuanto que, lo que se está almorzando, puede tener  espinas peligrosas; y que, lo dicho cuando se miente, no se puede olvidar, para no caer luego en contracciones que descubran; es decir, que revelen la verdad que no se dijo.

Como vemos, no importa que el falso hablar (embustes o patrañas) sea piadoso o no; pues siempre, más tarde que temprano, habrá de manchar la imagen de las personas, con el flagelo de la incredulidad que se vierte sobre ellas, cuando las verdades salen a relucir, ya que jamás permanecen soterradas por tiempo infinito.  Por algún lado brotan, y se deslizan fácilmente, como el agua cuando se estanca, que procura salir por alguna parte.

Tan lacerante y funesto es el mentir, que muchas veces se convierte en una adicción de carácter psicopatológico denominada “mitomanía”, que contribuye con el fortalecimiento de las actitudes e inclinaciones de índole egotista en los seres humanos, debido a que llega un momento en que, esa conducta les resulta imprescindible para sentirse categorizados e importantes; pues, ellos mismos creen y se fijan mentalmente  las falsedades de que hablan con respecto a si mismos.  Viven en el mundo de sus propias fantasías e irrealidades.

Por último, hay una frase de antaño que reza “tonto es el que se cree que el otro es tonto”, cuyo mensaje, evidentemente, guarda estrecha relación con el parecer que tienen los médicos intuitivos, en el sentido de que el campo energético que rodea los cuerpos humanos constituye una fuente de información, relativa a cada persona en particular; y que, cuando éstas interactúan se puede intuir mucho de lo que se desea saber, recíprocamente claro está, siempre y cuando se haya tratado de desarrollar la habilidad.

En ese sentido, dice Caroline Myss, en su obra la “Anatomía del Espíritu” que, “cuando decimos una mentira, en la mayoría de los casos nuestro campo energético le comunicará a la otra persona la <realidad energética> de que no estamos diciendo la verdad.  La energía no miente; no sabe mentir”.

Por tanto, cuidémonos de: HABLAR MENTIRAS. 

 Rolando Fernández

Las damas de AMET

A pesar de la cuestionable idea, que producto de los nuevos tiempos, se ha venido tratando de transmitir a un amplio segmento del denominado “sexo bello”, en el sentido de las capacidades y actitudes  que posee también, tanto de orden físico como mental, que le permite competir de tú a tú con los hombres, indudablemente hay condiciones orgánicas y emocionales propias, inherentes a ambos, desde  las cuales se puede colegir que es una concepción errada, en el marco de la lógica pura, sin ánimo discriminatorio alguno.

Por más que se procure insistir, ese deseo de competencia absoluta, en el contexto de la llamada liberación femenina, mal asimilada en parte, por cierto, no se cree factible, debido a la naturaleza correspondiente a cada sexo, y al rol que le fuera atribuido al femenino desde su creación, para alimentar el planeta Tierra, en primer lugar, con sus aportes biológicos, a partir de la gestación de nuevos seres humanos; y por el otro, servir como ente de equilibrio emocional, a nivel de las tribus familiares, con trascendencia hasta las sociedades en sentido general, aspectos que difieren en gran medida, en relación con los que le fueran asignados a la masculinidad.

Desde que el mundo es mundo, eso es así por mandato Divino; y la humanidad, con su autodeterminación no lo va a poder cambiar, aunque trate de innovar e introducir nuevos paradigmas distorsionantes, respecto de una realidad concreta, invulnerable a todas luces.

Cuan poco agradable resulta ver a muchas mujeres perder su feminidad, cuando participan en actividades no aptas o apropiadas para ellas.  Verbigracia, boxeo, lucha libre, karate, y el mismo baseball, etc.

Muy a propósito de la temática, las mismas actividades de carácter militar o policial, como que tampoco se corresponden mucho con el perfil femenino nato.  Son funciones que más bien deben estar reservadas para hombres; a menos, que sea para labores  a nivel de oficina, o correspondientes a servicios de disciplinas profesionales, adscritas a los cuerpos armados.

En ese tenor, ver en nuestras calles y avenidas a esas jóvenes muchachas, uniformadas, con gorras y otras indumentarias militares, bajo un Sol candente; el calor inmenso que se deriva, y un entorno tóxico, producto de los gases que despiden los vehículos en circulación, dirigiendo un tránsito normado por el irrespeto, las temeridades e imprudencias de una gran cantidad de conductores desaprensivos, luce algo más que deprimente.

Esas osadas mujeres, por  necesidad económica, algunas, y otras por simple propensión egotista, deberían ser reubicadas en zonas más acorde con su naturaleza, e innegables limitaciones; en calles aledañas a recintos escolares o centros médicos, que son vías de  mucha circulación peatonal. También, en las áreas de oficinas, u otros manejos inherentes a la institución del orden.

En este país hay bastantes miembros del cuerpo policial y de otras instituciones militares, prestando servicios personales cuestionables, por el tipo de realización, al funcionariado estatal, pagados por la población, que bien deberían estar contribuyendo a organizar y controlar el caótico tránsito vehicular que nos gastamos en la República Dominicana.

 Señor director de AMET,  aquí hay diversos lugares apropiados, donde  se puede procurar y escoger recursos humanos con formación militar o de apoyo, que realicen labores tan irritantes como esas, por las circunstancias nuestras. Así, esas muchas no tendrían que enfrentar ese desorden del tráfico vehicular nuestro, bajo condiciones tan desagradables; sino, que prestarían sus servicios en ambientes más propicios y acogedores, según sus cualidades innatas.

 Rolando Fernández

El cúmulo de basura huele a término de campaña

Lamentablemente, la población dominicana no acaba de convencerse de que la gran mayoría de estos politiqueros que nos gastamos, no son más que puros demagogos, “busca cuartos” y prebenda para su beneficio personal, como de los allegados que respaldan sus propósitos electoreros.

Una vez más nos encontramos ante una muestra fehaciente.  Sólo hay que recorrer las calles y avenidas de la ciudad y los pueblos del interior de la República, para apreciar la enorme cantidad de basura y escombros acumulados, porque de seguro ahora no hay tiempo ni recursos económicos para recogerlos.

De igual forma, el nivel de deterioro  que se verifica en las vías de tránsito vehicular, a raíz de la temporada lluviosa que nos ha afectado últimamente,  no obstante el acicalamiento superficial de que fueron objeto, en ocasión del torneo electoral próximo pasado. Sin duda, fueron trabajos mal hechos, concluidos a la carrera, tratando de conseguir votos. Y ocurre que, no reporta beneficio político alguno el arreglarlas en estos momentos; para la próxima campaña sí.

En consecuencia, la población en general padece de una serie de enfermedades infecto-contagiosas y de otra índole como: dengue, malaria, leptospirosis, conjuntivitis, influenza (gripe), etc., debido al cúmulo de desperdicios y aguas estancadas, con el adicional daño que provocan los hoyos a los vehículos que circulan.

Mientras tanto, los nuevos incumbentes elegidos o reelegidos, esperan ansiosamente la toma de posesión de sus cargos, en agosto próximo, para comenzar a hacer, o continuar haciendo “su agosto”; con el agravante complementario acostumbrado de la quema de archivos por parte de algunos de los desplazados, para borrar evidencias comprobatorias claro está, sobre los actos de corrupción en que pudieron haber incurrido; de lo cual se ha hecho eco ya, la Cámara de Cuentas de la República, con voz de alerta de su presidenta; aunque, difícilmente se trate de evitar eso; porque, hoy yo me voy; pero, puedo volver mañana; y ……..

¡Qué maravilloso país tenemos los dominicanos!  Con razón publica el señor Hugo López Morrobel, en un fragmento de su columna “Radar Deportivo” publicada en el periódico “El Día”, del 28-07-10, una opinión juiciosa, muy loable  por cierto, bajo el título “El talento se fue al carajo”, respecto de la pérdida de valores académicos e intelectuales en el país, avalada por el deterioro  que afecta sobremanera  nuestra sociedad, el cual induce a sólo tratar de vivir bien, sin importar medios posibles, y con el menor esfuerzo.

Dice el señor Morrobel, con muchísima razón, “Es por eso que muchos jóvenes cada día se interesan menos por mejorar desde las aulas o mediante el trabajo honrado, porque ese esfuerzo no vale la pena, ya que todo se puede lograr con “facilidad”, por lo que el talento y la honradez se pueden “ir al carajo”.

 Rolando Fernández

Un nuevo triángulo paradigmático dominicano

No cabe duda de que durante los últimos tiempos la Nación dominicana se ha convertido en una cámara de torturas para sus habitantes, fundamentalmente los de clase media baja, que son los que en última instancia, siempre pagan los platos rotos.

Ya aquí la gente teme hojear las páginas de los periódicos de circulación nacional, para no encontrarse con noticias sobre la concertación de nuevos préstamos con el exterior; la fijación de nuevos impuestos; y, la escalada alcista que ese genera por lo regular, en todos los precios de los bienes y servicios que consume la población.

Esa propensión hacia el endeudamiento externo, y la actitud fiscalista por parte de las autoridades competentes, a través del aumento de la presión tributaria, tiene a la ciudadanía en un estado de expectativa y desesperación alarmante, al ver que cada vez más su poder adquisitivo disminuye; y, sin poder contar con el suficiente apoyo estatal, en términos de la oferta de servicios públicos básicos requeridos, como son: salud, educación y energía eléctrica.

Lo que ahora predomina en el país es un triángulo equilátero, que tiene en su  vértice superior el endeudamiento; y, en cada extremo de la base de sus lados, la imposición tributaria y los aumentos de precios.  Son las temáticas del diario vivir periodístico nacional, con opiniones a favor y en contra; y, con observadores silentes desde las gradas del ruedo político.

La nueva estrategia sobre el particular, es la de “indexar el impuesto a los combustibles”, lo que a juicio del flamante ministro de Hacienda, no reportará aumentos en los niveles de precios actuales. Él habla de reajustar los precios de los carburantes, fríamente, en el demagógico léxico de los tecnócratas economistas, y con  alegatos sustentatorios, según él  interpreta, a la luz del mandato contenido en esa ley onerosa (112-00), que sólo favorece al fisco, y que debió haber  sido revisada y modificada hace ya bastante, por lo tanto que penaliza a la población. ¿Por qué indexar ahora?

Al no implicar aumento en los precios de los demás bienes y servicios que demanda la gente, parece ser que los hidrocarburos son de uso unitario, según la apreciación del señor ministro, en su defensa “a rajatabla”, como se dice popularmente, del lesivo proyecto.

A propósito de indexar ese impuesto, sería aconsejable también el transparentar ante la población la dichosa formula que se utiliza para el cálculo semanal de los precios de los combustibles, la cual, conforme la opinión de algunos técnicos entendidos en  la materia, fue diseñada adrede, incluyendo una serie de variables subjetivas, que muy bien saben utilizar los políticos, para jugar con los mismos, según las circunstancias recaudatorias o electorales que se presenten.

Finalmente, de lo que sí podemos estar seguros, es de que con el proyecto de indexación del ministro de Hacienda, los combustibles no van a bajar; y que el efecto contrario indiscutible, por más que se quiera apañar o disfrazar, repercutirá gravosamente sobre el presupuesto familiar de los nacionales menos pudientes.

A manera de colofón, dos preguntas sobre el particular, se les ocurrían a cualquiera: ¿Tendrá que ver con las directrices del Fondo Monetario Internacional (FMI), ese proyecto fiscalista de indexación, ya que para el organismo, según se ha dicho, el nivel de los impuestos aquí aún es bajo?  O, ¿será una iniciativa propia del altivo ministro Hacienda?

Las inquietudes resultan interesantes, ya que el posible logro de las aspiraciones de que eso pueda dejarse sin efecto, estaría en función de su fuente de origen.

 Rolando Fernández

Media naranja, ¿mito o realidad?

Según nuestra poca experiencia de lector, intentando  siempre  ser agudo, escudriñador, inquisidor etc., procurando descartar verdades convencionales, de esas que tienden a ser más vastos  los velos de la ignorancia funesta, en que se desenvuelve una gran parte  de la gente hoy en día, con frecuencia advertimos, que los autores connotados y los tratadistas que abordan temas de carácter variado y científico, incluyendo aquellos que contienen hipótesis con un alto porcentaje de comprobación, se cuidan mucho de emitir criterios o hacer aseveraciones dentro de un marco enteramente absolutista.

Los mismos siempre tratan de dejar un pequeño margen, de error conceptual o interpretativo, en todo cuanto  plantean y afirman, por sólida edificación que tengan al respecto, permitiendo así el acceso a las probables concepciones diferentes de los lectores, y reconociendo que la mente humana se puede deslizar en ocasiones por caminos no del todo  ciertos, en términos de aprehensión de la verdad absoluta, por sus limitaciones innegables, factores esos que pueden inducir a la adopción de criterios errados, por más convincentes que parezcan ser los resultados logrados, en torno a las cosas analizadas o investigadas.

En ese tenor, y con todo el respeto que nos merece el psicólogo Juan Antonio Barrera, nosotros creemos que resulta un poco arriesgado el emitir juicios cerrados, más aun, cuando son negativos, sobre frases o máximas pueblerinas de antaño, la mayoría de las cuales, según se ha demostrado, envuelven verdades muy difíciles de rebatir, ya que son el producto de experiencias concretas, no de teorías bibliográficas; y que sí se corresponden con ejercicios analíticos y axiomas confirmados, en el orden del comportamiento humano.

Decir que, “La media naranja es un mito y trae  consecuencias más negativas que positivas, pues el encontrar una media mitad supone que estamos incompletos y necesitamos de alguien para ser feliz”, luce como un criterio poco sopesado, a nuestro humilde entender; máxime, cuando proviene de un profesional que se supone arduo estudioso del comportamiento humano y sus complejidades, con características que muchas veces no tienen explicación en el contexto de la mente de los hombres.

Esos son aspectos, indiscutiblemente, a considerar con mucha atención, y que guardan cierta similitud con la forma en que opera el organismo humano; que genera pensamientos, respira y digiere los alimentos de manera automática, sin que aún la ciencia haya podido descifrar con certeza, el cómo y por qué, esas actividades fisiológicas se tienen que llevar a cabo con toda perfección y efectividad, para el sostenimiento existencial de las personas.

Hasta los días presentes, sólo se tienen muchas especulaciones sobre el diseño, y funcionabilidad coordinada y precisa, de esa magnifica maquinaria energética-biológica, que denominan cuerpo del hombre. Verbigracia, los intentos por descifrar el llamado genoma humano, y lo que hasta ahora se ha logrado, no obstante los grandes esfuerzos que se han hecho, y la inmensa cantidad de recursos económicos invertidos.

En el ámbito de nuestra ignorancia, nosotros nos atreveríamos a decir que esa frase de “media naranja”, en su acepción inherente a la relación matrimonial, de pareja hombre-mujer, tiene un sentido bastante profundo, y denota una necesidad complementaria entre ambos sexos; el uno para suplir los requerimientos imprescindibles del otro.

Con el perdón de usted, señor Barrera, en nuestra modesta opinión, ningún ser humano sobre la tierra es completo; de algo siempre  se adolece; y, cuando se encuentra a esa persona compañera que complementa, es cuando nace el verdadero amor hacia el consorte de que se trate; el amor de sentimiento  incondicional, donde lo que menos importa ya es la satisfacción de las apetencias sexuales, aun sea como medio de intercambio vibratorio o energético, que es la mayor finalidad del acto, amén de la procreación obviamente, según los entendidos.

A nosotros, particularmente, nos gustaría conocer a alguna persona que pueda decir con sinceridad absoluta, que es autosuficiente; tanto en términos de la satisfacción de todas sus necesidades físicas, como de orden emocional.

Por otra parte, eso de que “cada persona es única en sus elecciones y cada pareja en general también decide a qué tipo de pareja desea unirse”, según dice el citado profesional de la psicología, tampoco creemos que siempre sea así.  Esa elección, normalmente, se parece mucho a aquellas cosas que ocurren a las personas sin saber la razón; o cuando se sienten atadas a determinadas situaciones, las cuales les resulta difícil de cambiar, por más intentos que se hagan.

Se dan muchísimas relaciones de pareja que están destinadas o predispuestas. Claro está, eso obedece a razones poderosas de índole mayor, que no creemos que sean del dominio de la psicología convencional, aunque probablemente pudiera serlo de aquellos profesionales del área que se han adherido a la “técnica de la regresión”, para indagar y proyectar sobre formas y observancias de comportamientos humanos bajo estudios.

Hay muchas literaturas para rebatir los pareceres expuestos en la reseña periodística a que nos hemos venido refiriendo, y que aparece en el Listín Diario, Sección Clasificados, del 4 de julio del presente año, sobre el particular de que se trata, de los cuales sólo hemos reparado directamente en algunos, por las limitaciones de este medio. Pero, sí nos gustaría hacer alusión al contenido sucinto de un par de menciones bibliográficas, para soportar en parte las opiniones vertidas por nosotros.

Las relaciones de pareja se dan en el marco del Plan Divino prevaleciente, y tienen un propósito espiritual intrínseco; no son casuales, o llanamente se producen por razones egotistas. (“La Vida Impersonal”, autor, Joseph Benner).

Los seres humanos somos de naturaleza tribal, “diseñados energéticamente para vivir juntos, crear juntos, aprender juntos, estar juntos y necesitarnos mutuamente”. (“Anatomía del Espíritu”, autora, Caroline Myss). Es obvio entonces, que la mejor tribu es la biológica, a partir de una relación de pareja.

Otra referencia es,  que el asunto de se tipo de relación, también tiene que ser analizado en  el contexto de la teoría del anima y animus, de Sigmund Freud, como arquetipos de imágenes que predominan en hombre (expresión de rasgos femeninos en el hombre; parte femenina en el hombre) y la mujer (expresión de rasgos masculinos en la mujer; parte masculina en la mujer),  y que pueden incidir de manera directa en cualquier relación de pareja que se forme.

Finalmente,  en un ensayo de carácter científico sobre la fidelidad en la relación de pareja, que aparece reseñado en el periódico The New York Times, de fecha 22 de mayo del 2010, se especula que, “el nivel de compromiso hacia la relación puede depender de la medida en que un cónyuge le da realce a su vida y amplía sus horizontes”. Dice que es un concepto llamado “autoexpansión”, por Arthur Aron, psicólogo investigador del tema de relaciones, en la Universidad Stony Brook.

Además, se señala en el trabajo, que la calidad en las relaciones de pareja, se procura medir a través de las respuestas a una serie de preguntas, entre las que se destacan, “¿Qué tanto es su pareja una fuente de experiencias  emocionantes? ¿En qué medida el conocer a su pareja lo ha hecho a usted una mejor persona? ¿Qué tanto ve a su pareja como una forma de ampliar sus propias capacidades?”

Como se puede advertir, a partir del referido ensayo, la misma fidelidad, puede estar determinada en función de la satisfacción de los compromisos complementarios asumidos. 

Vemos, por tanto,  que sí debe haber condiciones de aportes suplementarios recíprocos en toda relación; algo que se desprende también del contenido de las preguntas evaluatorias señaladas, en las que subyacen requerimientos implícitos de diversas índoles.

Por consiguiente, reiteramos que, calificar de mito esa frase de “media naranja”, en la que se deja entrever la necesidad de procurar la otra mitad, para completar una corriente transitoria  de vida por parte de los seres humanos, nos luce un tanto alegre; con nuestras excusas, claro está, ante el psicólogo Juan Antonio Barrera; pues no es nuestra disciplina profesional, aunque sí  nos consideramos como lector escudriñador nato.

 Rolando Fernández

Linchamientos; una cultura de respuesta

Durante los últimos tiempos se ha venido desarrollando a nivel nacional una cultura que reviste  mucho peligro para el país; y es el hecho de que, ante la falta de protección ciudadana, seguridades necesarias y punición efectiva por parte de las autoridades competentes, la gente ha optado por tomarse la justicia por sus propias manos.

Y es que aquí se entiende, que ya no hay a quien acudir para denunciar desmanes y violaciones a las leyes vigentes, que merezca plena confianza, y que el ciudadano perciba la posibilidad de actuaciones de protección y defensa oportunas.

Lamentablemente, es una funesta realidad fehaciente; y que, en opinión de un amplio segmento de los dominicanos,  es el mismo cuerpo de orden policial el que se ha encargado de concretizarla, a través de la permisividad, en términos de las actuaciones indebidas de muchos de sus miembros, desde las que emana  una vasta sombra de efectos negativos, que se extiende hasta empañar la imagen completa de la institución; aunque, sin dejar de reconocer claro está, la seriedad y pulcritud de un buen número de agentes que forman parte de ésta, pero alegan sentirse atados para actuar con libertad, y según sus propios criterios.

Pero además, exteriorizan que, cuando la policía nacional opta por cumplir con su deber, procesando a los delincuentes y perturbadores de la paz pública, entonces algunos de los representantes del poder judicial, bajo el amparo de las muchas debilidades que registran las normativas procesales vigentes, y con el concurso de una serie de abogados en ejercicio, que ya no se consideran como auxiliares de la justicia, sino que se han convertido en cómplices pagados de los imputados, les otorgan libertades bajo fianzas o definitivas,  que luego aprovechan los infractores, de regreso a las calles, para burlarse de los denunciantes, o tomar venganza en contra de los afectados con sus actividades delictivas.

Es por ello que, se ha ido enraizando en el seno de la población la concepción de que, como ni la policía, ni la justicia aquí  resuelven nada, entonces lo que se proclama es que, “yo voy a resolver por mi propia cuenta, cuando me sienta afectado físicamente, u otros vulneren mis derechos”.

 Es más, hay quienes se explayan y sostienen, que la justicia en  la República Dominicana no se pude dejar ya  de tomar por sí mismo, debido a  lo cual se hace necesario adquirir un arma de fuego legal, o no; y, que si es ilegal mejor; pues, como no tiene ningún tipo de registro, se usa y se bota, sin dejar evidencia de nada. Obviamente, es una forma de pensar que hay que tratar de erradicarla de cualquier manera.

Esa es la razón de los linchamientos que con frecuencia se dan, cuando agarran a alguien robando o asaltando, principalmente, ya que ni siquiera la gente quiere ir a la policía a denunciar nada. Pues al decir de muchos, no les hacen caso; o que a veces, cuando se deciden hacerlo, se encuentran con el mismo atracador, y le identifican plenamente, prestando servicio en el destacamento de que se trate, pero que nada se atreven a expresar, por miedo obvio.

Penosamente, esa es la realidad delictiva-social dominicana, que necesariamente alguien tendrá que ponerle el frente y combatirla, ya que lo contrario, habrá que cambiarle el nombre a la Nación, por el de “réplica del viejo Oeste norteamericano”; y muchos se inclinarán además, a propugnar por la eliminación de la estructura estatal nuestra, del Poder Judicial, como actualmente opera, y la Policía Nacional, sustituyéndoles por otras instancias o instituciones que,  a su entender, en verdad garanticen el orden público, la paz social y la aplicación o administración de una justicia plena.

En consecuencia, esperemos que se adopten los correctivos pertinentes, para que ese  rígido pensar no se apodere de la población en general, y que ésta vuelva a recobrar la confianza de otrora, a nivel de esos organismos, innegablemente vitales en toda sociedad, con funciones de tanta trascendencia para la República.

 Rolando Fernández

Alicientes para el trabajador.

Es una lástima que en nuestro país, ya la celebración del Día de los Trabajadores se haya convertido en una festividad rutinaria más, de poco entusiasmo e inducción hacia una práctica tan noble como esa; y que solo sea para ocio y francachelas sindicales, como de ordinario ocurre.

Lamentablemente, los verdaderos hombres de trabajo no reciben en su día los reconocimientos  y estímulos debidos.  Con simples mensajes de felicitación y  eventos vacíos de contenido, alusivos a la fecha, se cree haber cumplido con él.

Los que tanto les explotan, y se aprovechan de ellos para acumular riquezas producto de sus esfuerzos, en base a los míseros salarios que les pagan, como las nimias migajas de bonificación que les distribuyen anualmente, a veces hasta el corte de lo legal solamente, y que no obstante pincelan a voluntad en contra de sus fieles servidores, olvidan el valor incalculable, aunque perecedero, del activo más importante con que puede contar una sociedad – sus recursos humanos aptos y disponibles – aun sea el simple obrero o personal doméstico, cuyos aportes todos, siempre son importantes.

Son muchos los que erradamente creen que el capital financiero todo lo resuelve, olvidándose de que el dinero no es más que un medio para poder honrar por los diversos servicios recibidos; que a la vez que permite invertir en bienes muebles, inmuebles o equipos de producción propiamente; y, que todos estos necesitan, obligatoriamente, del factor humano, oportuno y con las habilidades requeridas, amén de satisfecho, para su administración y adecuado manejo; que sin ese recurso imprescindible, nada se puede lograr.

El trabajador no solo es el obrero común, como opinan algunos, sino que es toda persona que realiza una actividad productiva, ya sea bajo relación de dependencia o no.  Es todo aquel que ofrece algún tipo servicio a cambio de emolumentos salariales, o lleva a cabo por cuenta propia alguna tarea para lograr cierta rentabilidad, sin importar condición académica, o lugar de ejercicio.

Por consiguiente, es el ente que más interviene de manera directa en todas las labores productivas de una sociedad, y que por tanto, se hace merecedor de alicientes significativos cada vez, ya sean de índole patronal o gubernamental. Y, ¿qué mejor fecha para el otorgamiento de los mismos? No para felicitaciones aéreas y promesas infundadas que nunca se cumplen, como de ordinario sucede.

 Rolando Fernández

UNA VERDADERA ROSA

Durante varios años mantuvimos estrechas relaciones con la Liga Dominicana Contra el Cáncer, Inc., en calidad de colaborador, a la sazón presidida por una de las mujeres de mayor valía con que haya podido contar la sociedad dominicana.  Se trata de doña ROSA EMILIA VDA. TAVAREZ, noble dama totalmente abnegada por los   servicios humanitarios; afable en grado sumo; señora digna de confianza y respeto; y, sobre todo, bujía inspiradora del sentimiento altruista ilimitado y sin distingo; siempre presta a escuchar, servir de consuelo y esperanza a todo necesitado; a tender sus cálidas manos, sin observar rostros jamás.

Cuan satisfactorio resultaba el sentarse a conversar con tan bella persona, y coordinar cualquier tipo de ayuda humanitaria en favor de alguien de humildes condiciones, depauperado, de los tantos que a diario concurren al Instituto de Oncología “Dr. Heriberto Pieter”, afectados de esa maligna enfermedad.  Siempre aparecía alguna solución o medida alternativa; nunca decía no se puede.

Para ese entonces, nuestras visitas a las oficinas de la Liga eran recurrentes; pues amén del deseo personal de colaborar en todos los ordenes, había una gran motivación para hacerlo, que era el espejo de la ardua labor que de manera desinteresada desplegaba esa gentil dama, no obstante lo avanzado de su edad, como sus propias afecciones de salud.

Pero, como era de esperarse, después que sus fuerzas comenzaron a flaquear, y se vio obligada a transferir formalmente sus responsabilidades dentro de la Institución, aún siguiera trabajando parcialmente por la causa, nuevos aires se fueron dejando sentir en el entorno, resultando ya   poco atractivos, y obviamente, el concurso externo se fue alejando, no solo el  nuestro entendemos, sino  que fue como actitud generalizada.

Al desaparecer su voz dirigente y solidaria en aquel escenario de servicios, y luego del plano terrenal completamente, el vacío dejado se fue haciendo cada vez mayor en todos los sentidos, al extremo que hoy en día, cuando por alguna razón particular tenemos que acudir allí, nos parece que estamos visitando otro lugar.

Que lástima que tan valiosa obra se haya dejado de lado, y que el hospital de otrora, icono de un voluntariado médico dedicado por entero, y personal asistente, tan especial y digno de reconocimiento, como de admiración plena, encabezado desde sus inicios por su mentor y fundador principal, Dr. Heriberto Pieter, esté perdiendo su esencia original, y convirtiéndose en uno más, dentro del maltrecho esquema del área de la salud pública en el país.

Instituciones de esa naturaleza, en naciones pobres como la nuestra, para diagnosticar y tratar afecciones tan catastróficas, que no pueden solventar normalmente los pacientes, requieren necesariamente de personas con dedicación y entereza encabezándole,  que trabajen al margen de lo económico-mercurial; en capacidad de lograr aceptación y apoyo financiero dentro de la capa pudiente de la sociedad a que pertenezcan, para poder costear una gran parte de los gastos en que se deba incurrir para satisfacer la demanda de servicios necesarios; pues, no es cierto que se pueda hacer con míseras subvenciones estatales, y médicos mal pagados.

Es por ello, que tareas como las que realizaba esa gran ciudadana de la República, en favor de los asiduos visitantes al Instituto de Oncología, tienen que ser emuladas, no puestas en el olvido, para dar paso a patrones de conducta que bien podrían ser considerados impropios, frente a personas cuyo único “activo” es la enfermedad que les abate.  ¿Cuántos pueden pagar, aun sea poco dinero, para tratarse allí, o contar con algún seguro, que algo les cubra?  Son muy pocos.

Cuando esa señora estaba al frente de la Liga, las personas de escasos recursos podían hasta recibir gratis los medicamentos requeridos, internamientos y servicios profesionales de salud; pues ella de alguna manera se la ingeniaba para hacerlo; y, como era la receptora de las donaciones provenientes de los colaboradores directos que se agenciaba, o de la gente en animo de ayudar, por la confianza que les despertaba, las cosas le resultaban mucho más factibles.

Precisamente, lo que nos indujo a nosotros en principios a colaborar con la Entidad, fue el trato y la atención que le fue dispensada a nuestra señora madre en el Hospital, que padeció y murió de esa enfermedad, por “cheles”; sin miramientos de orden económico.   Eso nos movió después a aportar de acuerdo con  nuestras posibilidades, para que otros también pudieran recibir iguales cuidados;  pues cuan doloroso resulta  cuando se he diagnosticado con la afección, y no se tiene dinero para pagar.

Quiera el Gran Arquitecto del Universo que los médicos excepcionales que allí quedan puedan permanecer ofreciendo sus valiosos servicios, y que aparezcan rápido unas cuantas “doña Rosa” más, para beneficio de tantos necesitados.  También, por qué no, emuladores jóvenes del Dr. Heriberto Pieter.

Rolando Fernández

Cuando se quiere, se puede

Muy preocupantes resultan las declaraciones ofrecidas por el  ministro de Educación, señor Melanio Paredes, en el sentido de que, “Educación no puede impedir alzas”, refiriéndose a los aumentos onerosos que anualmente disponen a voluntad los insaciables dueños de los colegios privados del país.

Es una lástima que en una nación como ésta, donde el “agiotismo” sin control campea por doquier, que la autoridad máxima competente en un área de servicios, cuya  necesidad de satisfacción resulta insoslayable, para beneficio de las sociedades y el desarrollo de cualquier país, como lo es el caso de la educación, se declare incompetente para el establecimiento de un control de esa naturaleza, aun cuando la normativa legal vigente, no lo faculte para hacerlo, según él alega.

Más aun, tomando en consideración las deficiencias, limitaciones y el irrespeto que se verifica a nivel de la educación pública nacional, q        ue tiene obligatoriedad de garantía efectiva por parte del Estado, según el Artículo 63 de la Constitución de la República, lo  cual no se cumple aquí en un porcentaje razonable.

En un país, donde constitucionalmente está establecido que la educación pública tiene que ser proporcionada de manera gratuita por el Estado; y que sin embargo, muchos directores de las escuelas del sector, disponen voluntariamente cobros por inscripción; obligan a pagar a los estudiantes por los exámenes que les imparten, y otras contribuciones colaterales.

Todo eso, no obstante las disposiciones contrarias emanadas, o al menos proclamadas, del ministro de Educación, que al enterarse de esas prácticas anómalas en que se incurre con regularidad, sólo se limita a invitar a la población, a que sean denunciados los centros que lo hacen, llamando a un teléfono que regularmente nadie responde.

Luego,  decir que la ley de educación no faculta para controlar los precios por los servicios de la educación privada, bajo esas condiciones, aunque sí la calidad, que tampoco se hace, amén de la poca confianza, en todos los órdenes que tienen los padres de los alumnos con respecto a las escuelas públicas del sistema, algo que obviamente, incrementa la demanda de los colegios, es como decirles a los especuladores dueños de esos establecimientos, hagan lo que ustedes quieran, que yo no puedo hacer nada.  Cobren a su gusto; aprovechen las  condiciones circunstanciales que se presenten.

Si en algo sobre el particular quisiera intervenir ese ministro, en favor de la población desprotegida, hay muchas cosas que se podrían hacer, sin entrar en contradicción directa con la ley de educación vigente, partiendo, entre ellas, de que esos cobros abusivos por la enseñanza privada, ante la ineficiencia e inseguridad que presenta la actividad pública del ramo, tienen que ser controlados necesariamente, ya que ese no es un producto, como comprar un televisor plasma o un celular de lujo, sino una necesidad formativa de carácter nacional, por la cual debe velar el Estado, sin importar los espacios que, por las razones adversas descritas, proporcionen los aprendizajes requeridos.

Dentro de las cosas con las cuales no se debe comercializar procurando pingues beneficios, está la actividad educativa.  Es un área que, al igual que el sector salud, se debe considerar sagrada, con controles directos estatales.

Ninguna ley se puede preservar como camisa de fuerza, para no enfrentar situaciones conflictivas y dañosas en una sociedad.  Para ello existen las modificaciones o derogaciones, que bien se pueden procurar, cuando ya las normativas pierden vigencia por razones de tiempos  prevalecientes o circunstancias.  Esa legislación de educación puede ser enmendada o adaptada al presente, para introducirle los cambios requeridos, como ese precisamente de que se trata en esta exposición. ¿Por qué no?

Lo que ocurre es que, detrás del jugoso negocio solapado de la educación privada en la República Dominicana, a todos los niveles, hay sectores económicos y políticos muy poderosos, con los que “nadie se quiere meter”, como dice el pueblo, incluyendo a la Iglesia Católica, principalmente, con un extenso alumnado en sus famosos colegios.

Todos los centros educativos privados en este país, hacen y deshacen a voluntad con los padres y alumnos de los mismos. Cobran sin controles, y en las formas en que más les convenga, hasta por adelantado; mientras el señor ministro del ramo, sólo se circunscribe a decir ahora, que el no pude hacer nada, porque le ata la ley de educación; al tiempo de recomendar a los padres de familia o tutores de los estudiantes que, “cuando los colegios privados incrementen sus tarifas les exijan que les demuestren por qué las alzas y qué las justifica” (Ver: periódico  HOY, pág. 8E, del 21 de julio del 2010).

¡Que bien se asumen en esta Patria de Duarte las responsabilidades públicas!

 Rolando Fernández