Una encuesta muy extemporánea

Cada día más, algunas firmas encuestadoras siembran las dudas en la gente algo pensante, con respecto a las determinaciones preferenciales que hacen, o de aceptación, como a los pronósticos que se publican, en relación a ciertas personas, mandatarios de algunos países, o simplemente políticos, con aspiraciones de llegar hasta esa posición.

 

Los ciudadanos imparciales, que observan y ponderan desde lejos muchos de los resultados en ese orden, de inmediato les asalta el pensar de que las empresas de ese tipo, como negocios lucrativos que son, amén de los muestreos estadísticos que realizan, también trabajan bajo condiciones oportunas, que se podrían catalogar a veces como demasiado subjetivas, y quizás hasta parcializadas, donde probablemente juegue también un importante papel, el señor que abre todas las puertas, y condiciona por demás: don dinero. Eso último hace que, algunos en ocasiones, concluyan preguntándose: ¿quién  pagó el trabajo?

 

El tema viene a colación a raíz de una encuesta que aparece publicada en el periódico “HOY”, edición del 28 de enero del 2013, página 6ª, en la que se señala que, “Ocho de cada 10 ciudadanos aprueba gestión”. Además, “El 60.5% de la población ve la actuación del Gobierno Medina mejor de lo esperado”.

 

Evidentemente, esas son aseveraciones que se tornan algo difícil creer, no porque la administración de la cosa pública por parte del señor presidente de la República, de muy corto tiempo por cierto, se pueda catalogar de mala, sino por un sinnúmero de razones que resulta prolijo enumerar, amén de las ponderaciones que se hacen obligadas para poder enjuiciar en tal sentido, encontrándose entre ésas:

 

–         Tiempo de gestión aún no permite tal valoración. ¡Demasiado corto!

 

–         El pueblo comienza a ser afectado por un paquetazo fiscal, cuyas consecuencias reales para el Gobierno, y para la misma ciudadanía, todavía se reportan impredecibles. No debe olvidarse que, se aprovechó la efervescencia de las fiestas navideñas, y la distracción de la gente, para comenzar a imponerla.  Los “latigazos” reales es a partir de ahora cuando empezarán a sentirse, y a pensarse sobre el particular. Las fuertes presiones salariales por parte de algunos sectores nacionales, ya están haciendo acto de presencia, alegándose el tener que paliar los efectos derivados de las medidas. Verbigracia: médicos y profesores, están elevando voces de reclamos en ese orden.

 

–         Las razones alegadas para la imposición de esa pesada carga tributaria, en deterioro más aún de las condiciones de vida de la población en general – el déficit fiscal legado -, no han movido a ninguna acción gubernamental fehaciente, que convenza a nadie, en contra de los “provocantes, o artífices” del mismo, que se pasean alegremente por doquier como si nada, y que aún continúan decidiendo y dirigiendo desde el poder.

 

–         La delincuencia, la criminalidad y la inseguridad ciudadana, que han venido azotando la sociedad dominicana, continúan por sus fueros; posiblemente, hasta hayan aumentado los niveles de registro. Se habla de muchos planes para el combate de esos flagelos, pero todavía no se concretizan.

 

–         Se verifica una inflación casi galopante, como producto de la forzada presión tributaria impuesta, amén del factor especulación, no controlada, que nunca falta; como, la devaluación sostenida de la moneda, que no se procura contener. Se habla de que algunos de los productos comestibles  registran un alza hasta de un 40%. Según los comerciantes, “los nuevos impuestos son un trauma”. (Ver: periódico “El Día”, del 30-1-13, página 12).

 

–         Los combustibles siguen aumentando semanalmente; y, cuando los precios del barril de petróleo – referencia -, disminuyen en el exterior, la norma aquí es la congelación, igual que antes.

 

–         Los apagones prosiguen su agitado curso, quizás con más fuerza que antes. “RD es país con más apagones en América Latina y el Caribe”, según un informe que ha hecho público el Banco Mundial, y que reseña el medio “Diario Libre”, en su edición de fecha 30 de enero, 2013. ¿Podrá haber progreso así?, como aseguran los políticos, y los tecnócratas economistas que se gasta esta nación.

 

–         El festival de los préstamos con el exterior, sigue su agitado curso, lo cual obligará a la imposición de mayores cargas impositivas, en contra de la población, para poder honrar compromisos futuros.

 

Luego, con ese panorama vigente, a la vista de todos, considerado al margen de cualquier preferencia política partidarista, en adición al corto período cursado, cómo es que una encuesta puede arrojar esos resultados, en términos de aceptación, y de preferencia gubernamental. También, con respecto a lo que fuera la gestión anterior. ¡Muy difícil creerlo!

 

El señor presidente actual de la República, podrá tener muy buenos planes e intenciones con relación al país; pero, todavía los frutos no han comenzado en realidad a verse, por lo que cualquier apreciación en estos momentos, aun sea estimada, resulta  extemporánea, y por consiguiente, muy poco creíble.

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

Un país donde los animales no valen: República Dominicana

A diario aparecen en los medios escritos de la prensa local, pequeñas reseñas “loatorias”, referentes a muchas acciones provenientes de ciertos animales en favor de sus amos, y hasta de niños en peligro.  Entre aquellos, a los que más  se alude son: caballos, perros y gatos.

 

Pero además, se ocupan espacios considerables de los periódicos,  para dar a conocer sobre las distinciones y buenos tratos que muchas personas, dueños o no, dispensan a los animales, cuadrúpedos, y de dos patas, acciones por las que reciben galardones y reconocimientos oportunos, que como es obvio, inducen a proseguir más aun con las preciadas actitudes; ayudan a cultivar en mayor grado, el sentimiento de amor hacia las especies irracionales.

 

Ahora, no sólo lo bueno que ocurre con respecto a los mismos se publica, sino también aquellos tratos deleznables que a veces se dan; y  por los que a  cambio, se reciben amonestaciones severas, como castigos monetarios, y hasta carcelarios, que los imponen las autoridades competentes a los infractores, en diversos países.

 

Vemos por ejemplo, títulos tales como: “Premiados por salvar un perro”, en cuya publicación relativa se destaca la condecoración que recibieron dos policías de la alcaldía local (Londres), con la entrega de la medalla al mérito, “Amor por los Animales”, que otorga la entidad, en combinación con la Sociedad de Protección a los Animales. Además, les dieron libertad por dos días, y un premio en metálico, según se expresa.

 

Otro, “Este está en problemas”.  Lo contrario se narra aquí, referente a un hombre ebrio que conducía su automóvil, y atropelló un gato, por lo que ahora tendrá que ir a los tribunales, en Santiago de Chile, acusado de maltrato animal, corriendo el riesgo de enfrentar tres meses de cárcel.

 

Ambas reseñas aparecen publicadas en el periódico “Diario Libre”, edición de fecha 25-1-13, página 44).   Y que bueno que sea así, para ver si algunos dominicanos reflexionan, y dejan de ser tan crueles y abusadores, en perjuicio de los indefensos animales.

 

Cuando se lee ese tipo de cosas, es que tantos ciudadanos aquí, se sienten estar viviendo en una especie de selva llamada país, poblada en gran parte por animales de dos patas, seudos racionales,  que vejan,  maltratan de manera inmisericorde a los irracionales en verdad, y  hasta los ponen a matarse entre sí mismos, en una acción sádica que sólo merece llamarse, ¡homicidio voluntario!

 

Desconocen aquellos, o no quieren aceptar,  que todas  las especies inferiores que también habitan sobre el planeta Tierra, fueron dispuestas para ser colaboradoras y acompañantes de los hombres sobre el mismo, por lo que se impone reciprocar con ellas.

 

Aquí, contrario a muchas otras naciones, los atropellan, y los matan por gusto, cuando no es que abusan de ellos, explotándoles en actividades laborales, como es el caso deprimente de los caballos y burros, halando carretas cargadas de cuantas cosas se les ocurre montar a sus desaprensivos dueños, incluidos los mismos.

 

No reparan, al ponerles a transitar en medio del tráfico vehicular, hambrientos y sedientos; bajo el candente Sol, a las horas más fuertes del día, y recibiendo latigazos de los usuarios, que lucen menos racionales que los propios animales, a los que sólo se les ofrece el respirar de manera constante, el monóxido de carbono que despiden los vehículos de todo tipo que circulan a su alrededor, con el riesgo de ser atropellados físicamente. Y todo eso ocurre ante la mirada indiferente de las autoridades competentes. ¡Se perdió el sentido de la piedad, del sufrir ajeno, aun sean animales!

 

En este país, sólo se hacen allantes, y alharacas ocasionales, cuando la presión social de algunos ciudadanos sube, con relación al maltrato y los abusos que se dan con los indefensos animales. ¿Cuándo se copiará de los Estados Unidos de América?, desde donde nada más, las peores cosas se importan.

 

De Londres, y Santiago de Chile, que ponen ejemplos, entre otros, en cuanto a la forma en que deben proceder las autoridades de cualquier lugar, con respecto al trato de los humanos hacia los animales. Esas son latitudes, en las que se pone en evidencia un alto sentido amoroso hacia los hermanos menores de los hombres, esas criaturas irracionales acompañantes, dignas de cariño, amor y respeto por sus vidas.

 

Por lo que aquí se observa, en el tenor de lo que se trata, una de las interrogantes que se desprenden sería: ¿Es que muchos dominicanos carecen de conciencia total en ese orden; o que son tan desvergonzados, que esa clase de actitudes tan crueles e impropias, en cualquier contexto reflexivo, nada les importa?

 

Una más que en adición procedería es: ¿Por qué la ley vigente de protección a los animales no se aplica en el país; como tampoco se le hace la requerida modificación “endurecedora”, que  desde hace tanto se impone, y se ha venido barajando, cuyas páginas componentes ya deben estar amarillas, en las gavetas de los archivos de algunas oficinas del Congreso Nacional?

 

¡Los animales también merecen atención congresual! Tienen una misión de Expresión Divina que cumplir sobre el planeta Tierra, aseguran todos los entendidos en asuntos esotéricos. Aunque probablemente, un sinnúmero de personas no crea eso, y les parezca una osadía el que alguien adherido a tal concepción lo diga, fuentes para investigar sobre la temática las hay en cantidad suficiente, ¡y a la mano!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

Un refrán más que aplica en estos tiempos

Cada vez más queda comprobada la veracidad que envuelven muchos refranes populares que se escuchan a diario, y que son el producto de las vivencias que van acumulándose, como de las experiencias que dejan en ciertos seres humanos, que son muy reflexivos. Los sentidos traslaticios atribuibles a  los mismos, algunos autores tratan de retransmitirlos a través de frases que  plasman con pocas palabras, para comprobaciones y aplicaciones futuras.

 

Una de esas máximas pueblerinas que por regular se pronuncian ante determinadas situaciones especiales, en las que escasean las alternativas, es aquella que reza: “cuando el hambre da calor, la batata es un refresco”; que, llevada la misma al ámbito artístico nacional y extranjero, se puede decir que se corresponde casi en un ciento por ciento, debido a  los “déficits” que se verifican hoy en ese orden.

 

Y es que,  más que notoria se reporta en estos tiempos la ausencia de valores consagrados en esa actividad, no sólo a nivel de nuestro país, sino también internacionalmente hablando, por lo que los empresarios del sector han venido recurriendo a lo que podría denominarse “cualquier cosa”, para llevarla a las tarimas de presentación, y poder continuar con el  negocio.

 

Internamente aquí, los que fungen como artistas del canto, son de una calidad tan cuestionable, en la mayoría de los casos, que ese calificativo les queda demasiado grande; ya que, no son más que “voceadores” con estilo propio, interpretes de sandeces mal musicalizadas, de ordinario por toca instrumentos de oído, sin letras ni poesía alguna.

 

Sí, son piezas vacías de contenido en todos los órdenes. Pero que, lamentablemente, encuentran acogida en una gran parte de la gente tarada en nuestra sociedad, desconocedora de lo que en realidad significa arte, música, lírica, mensajes sentidos, como algunos conocedores de la materia expresan.

 

Muestras más que fehacientes en cuanto a lo externado, las constituyen los seudos shows artísticos que en el país se presentan, con las que entienden las más relumbrantes figuras del patio, en el género, que dejan tanto que desear; que evidencian un alto grado de mediocridad en esos menesteres. Algunas de ésas,  a penas se les incluyen, casi de lástima, como contrapartida local obligada, en los casos de las contrataciones internacionales.

 

Cuando se trata de espectáculos en los que intervienen con regularidad, porque no hay otra cosa, los residuos de la calidad extranjera de otrora, lo que se puede observar sobre los entarimados, son “actuaciones geriátricas”; a personas que constituyeron íconos de la poesía cantada, con elegancia, armonía y sentimientos, que indiscutiblemente hay que recordarlas y honrarlas por demás; pero que ya de ellas, sólo  quedan los nombres, como la imágenes físicas de lo que fueron, en las mentes de sus seguidores.

 

Indudablemente, ante lo que hoy se tiene, son artistas viejos que aún “jalan” público; y por tanto, las personas a las cuales  se tiene que recurrir, cuando se aspira asistan a los eventos  gente con cierto nivel cultural, que dejen beneficio, ante esta avalancha de ejemplares muy singulares, “estandartes” de lo indecoroso, usuarios de ropajes estrafalarios, con tatuajes y piercing por todo el cuerpo.

 

Entonces, aunque a todos esos envejecientes que se contratan para ser traídos al país, ya es muy poco lo que les puede quedar de sus condiciones innatas, ¡por lo menos!, logran saciar la sed de escuchar algo que sirva, aun sea en sus voces disminuidas, y afectadas por los años, las malas noches, y los deterioros físicos en general. ¡Constituyen la batata, que se convierte en refresco, cuando el hambre (escasez de valores artísticos) da calor!

 

Rolando Fernández

 

 

Si Duarte, y sus consocios volvieran, ¿procederían igual?

Todo el dominicano que haya tenido la oportunidad de leer y reflexionar un poco sobre el pensamiento político duartiano, sus ideales patrióticos, como sus luchas y sacrificios en favor de la soberanía de esta República, tiene que sentirse honrado, por compartir su nacionalidad con aquella máxima representación histórica nuestra, símbolo indiscutible del sentimiento patrio “sanguíneo”: Juan Pablo Duarte.

El adentrarse en el contenido de algunas de sus frases, verbigracia: “Mientras no se escarmiente a los traidores como se debe, los buenos y verdaderos dominicanos serán siempre víctimas de sus maquinaciones”. “El Gobierno debe mostrarse justo y enérgico…O no tendremos Patria y por consiguiente ni libertad ni independencia nacional”. “Nuestra Patria ha de ser libre e independiente de toda Potencia extranjera o se hunde la isla”, motiva a una profunda reflexión sobre la forma de pensar de aquel ilustre patricio, y a la emulación de que debería ser objeto, como gran prócer nacional.

Además, el tratar de comprender y asimilar en todas sus parte,  el mensaje plasmado en el “Juramento” con que fundó la sociedad secreta “La Trinitaria”, induce a una mayor identificación con la idiosincrasia manifestada, por uno de los tres considerados Fundadores de la República, “Padres de la Patria” nuestra, Juan Pablo Duarte, quien aunque regresara días después de haber sido declarada la independencia del país (15 de marzo de 1844), “fue declarado apoteósicamente como Padre de la Patria, y se le designó como general del ejercito”, según las informaciones que se publican.

Ahora, debido a esa ausencia circunstancial obvia, el grueso de las acciones bélicas inherentes  a la declaración de la Independencia Nacional, el 27de febrero de 1844, como la definición y aplicación de las estrategias relativas, estando Duarte fuera del país como se dijo, aun por razones de enfermedad, fueron encabezadas por Francisco del Rosario Sánchez, quedando éste como el líder – la cabeza -, del movimiento rebelde, y permaneciendo atrincherado con sus compañeros en la Fortaleza Ozama, dispuestos a emprender las acciones requeridas, hasta el día de los connotados hechos históricos.

 

La otra gran participación estuvo a cargo de Ramón Matías Mella, secundándole – a Sánchez -, quien disparó el “legendario Trabucazo de Independencia”, en la Puerta de la Misericordia, al que correspondió el primero, izando la bandera dominicana, acto que fuera acompañado del grito al unísono de ¡Dios, Patria y Libertad!,  quedando así todo consumado.

 

Es debido a esos aconteceres, entre otras cosas, que algunos estudiosos de la historia patria, investigadores, y analistas silentes de las incidencias relacionadas con la proclamación de la República Dominicana, como nación libre e independiente, y sus principales actores, tratan de equiparar el trabajo realizado por Francisco del Rosario Sánchez, respecto al de Juan Pablo Duarte, durante la gran gesta histórica.

 

Y, entienden que,  a pesar de la creación de la sociedad secreta “La Trinitaria”, por parte de ese último, como la redacción del  Juramento comprometedor inherente, primeros pasos importantes hacia el camino de la libertad lograda, esa titulación de “Padre de la Patria”, como siempre se ha estilado, con supremacía atribuible, hubiera resultado de mayor justicia, otorgándosele a Francisco del Rosario Sánchez.

 

Y, el motivo principal que se atribuye, ¡para que así no fuera!, es que también prevalecieron a la sazón, asuntos de carácter clasistas durante la época, como raciales en adición, cuando se tomó aquella “decisión proclamativa”.

 

Aducen que, de eso se habla muy soterradamente en ciertos círculos de estudios sobre la historia nuestra; y que en realidad, poco se exterioriza, para no enfrentar a los historiadores clásicos que tenemos, y sus narraciones escritas.  ¡Habría que cambiar muchas cosas!, en el supuesto de…….

 

Sostienen con cierta base, a partir de lo expresado que, Francisco del Rosario Sánchez, analizando bien todo aquel accionar en su justo contexto, era mayor merecedor de tal designación, o titulación, por las acciones contundentes, y más significativas que el mismo llevara a cabo aquel día de la Independencia Nacional, como en algunos hechos relativos posteriores. ¿Inconveniente?, según se aprecia, ¡su tez de color!, algo que desde entonces ha venido chocando, en términos sociales.

 

Nadie puede negar aquí, que con respecto a la historia de nuestro país, aún quedan muchas informaciones que se deben investigar a fondo, para determinar la verdadera realidad acaecida; la razón en sí de todas las cosas; al tiempo de liberar las narraciones del mayor grado posible de subjetividad, o las parcializaciones posibles, que de ordinario se estilan al emitir juicios referentes.

 

Hasta con los verdaderos nombres de Sánchez y Mella, hay disparidad de criterios entre los historiadores. Ahora sale a relucir con relación al primero, que su apelativo completo debería ser Francisco Sánchez del Rosario, y no Francisco del Rosario Sánchez, en opinión de Jorge Tena Reyes, basando la misma en ciertas razones de carácter paterno, que él explica en adición. (Véase: “Acontecimientos”, periódico “El Día”, edición del  24-1-13, página 12).

 

En cuanto al segundo se refiere, siempre ha habido también la confusión en torno a cómo éste debe ser llamado en realidad, Ramón Matías Mella, o Matías Ramón Mella.  De ambas formas aparece escrito el nombre en diferentes trabajos publicados, y hasta libros de historia.

 

Aspectos como ésos, deben ser indagados bien por los historiadores locales, y hacer públicos los resultados logrados, a los fines de ir esclareciendo parte de las dudas que se abrigan con relación a la historia patria de la nación, sus próceres, verdaderos héroes,  como los reales aportes con los que cada cual contribuyó al clima republicano de que hoy disponemos.

 

De todas maneras,  no obstante las diferencias de criterios entre los intelectuales del área, la figura de Juan Pablo Duarte debe ser digna de todo respeto, gratitud y admiración, por parte de los dominicanos, incluyendo las más altas autoridades de la nación. Y, tratar de emularle por el bien de la República.  ¡No es asunto de actos protocolares momentáneos, por la ocasión, y nada más!, como es lo que normalmente ocurre.

 

Y, en el día de su natalicio, Bicentenario, como en los venideros inmediatos, en que se estarían celebrando las fiestas patrias de la Independencia Nacional, sus ideales, pensamiento político, frases más connotadas, como el contenido del Juramento para la formación de la sociedad secreta “La Trinitaria”, deben copar las páginas de los periódicos nacionales, a los fines de edificar a la juventud de nuestro país; de motivarle a imitar comportamientos y actitudes; a pensar un poco en su patria, dejando de lado la penetración cultural que adrede se le trata de imponer, como a combatir a los traidores, y mercaderes del suelo  nacional.

 

Partiendo de lo que significaran aquellos connotados acontecimientos patrios, planificados y dirigidos por los prohombres de aquellas efemérides; del primigenio patriotismo nacional expresado; al igual que, de la deuda contraída con ese pasado,  que sólo con mayúsculas acciones protocolares se ha tratado de honrar después; y, tomando en consideración todo cuanto ha ocurrido en lo adelante, hasta los días presentes, tirándose por la borda todo el contenido legatario de aquellos grandiosos actos republicanos, son diversas las interrogantes que surgen.

 

Es por tal razón que, muchos buenos dominicanos aquí, pensantes por demás, víctimas de las maquinaciones, desaprensiones, desafueros, y el antinacionalismo, provenientes todos de los que no merecen ser considerados como tales, los malos, se hacen la amplia pregunta: ¿cuál sería la reacción de Duarte, y de sus consocios principales, claro, si hoy pudieran observar y valorar de cerca lo que ha sido de la República Dominicana, hasta el presente, luego de las gestas patrióticas que encabezaran en aquel entonces, colmadas de extremos sacrificios personales, en que ofrendaron sus vidas en favor de los tantos antipatriotas identificados a posteriori; y de gente mal agradecida, que jamás ha sabido valorar su entrega total por  esta tierra?

 

Otras, muy atinadas serían, ¿se inclinaría Duarte, y sus seguidores, por las mismas acciones de otrora? ¿Volverían a correr iguales riesgos; a sacrificarse de tal forma por sus compatriotas? ¡Difícil de creer!

 

Pero, lo peor es que, la actitud de arrepentimiento que de seguro les asaltaría, a aquellos venerables próceres nacionales, viendo lo que ha ocurrido después de su abnegada entrega, se reporta traslativa, e inductora, hasta los que estarían dispuestos en la actualidad, a osar por inclinarse hacia procederes algo similares.  ¡No vale la pena!, sería el pensar.

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

Aconteceres nacionales impropios, ¿por qué?

La verdad es que, en este país hay cosas que no se entienden, ni  siquiera haciendo un cursillo especial sobre interpretaciones de asuntos profundos,  e intrincados, por la complejidad e interrelación generalizada que se verifican con respecto a las mismas. Aunque, ponderadas algunas, a veces de manera individual, arrojan cierta luz de comprensión, por chocar de frente con los cuestionamientos más sencillos. Muchas de aquellas lucen en ocasiones como inverosímiles, y hasta estúpidas en  determinados casos.

 

Se pueden ver, por ejemplo, entre otros aconteceres internos, que la mayoría de los problemas nacionales se les procura combatir, atacándolos siempre en la superficie, cuando sus bases, ¡que son más que conocidas!, se ignoran adrede, aparentemente. ¿Se querrán corregir en realidad?

 

Que los políticos por su parte, tienen décadas burlándose de este país, depredándolo sin reparo alguno; y, hasta cediéndolo en ventas parciales; o, facilitando partes significativas del patrimonio nacional a intereses extranjeros, sin que nadie eleve con firmeza ningún tipo de reclamo.

 

Parece ser que, el escalar aquí posiciones políticas de importancia, aun sea a cambio de ofrecer, y dar, los famosos  “pica-pollo”, y un frasco de ron malo, otorga derechos a esos “marchantes”, para que puedan hacer todo cuánto les venga en gana, mientras el pueblo en general permanece de brazos cruzados, observando la “barca” hundirse desde la playa.

 

Por otro lado, la delincuencia y la criminalidad aumentan como las yerbas en tierra fértil.  Los antisociales, ladrones, asaltantes, etc., se burlan de las autoridades en sus propias caras.  La inseguridad ciudadana arropa casi por completo la totalidad del país, mientras el desgano oficial se deja sentir como Sol de medio día.

 

Ni los altruistas profesionales extranjeros, que vienen a servir gratuitamente a los dominicanos en asuntos de salud, se salvan de los atropellos y los asaltos que se verifican en el país. Lo acabamos de ver con lo ocurrido a los odontólogos que participan en el operativo que realiza la oficina senatorial de Reynaldo Pared Pérez, el Ministerio de Salud Pública, y la Fundación Médica G3, de la Universidad de Utah, Estados Unidos,  en un hecho acaecido a tempranas horas de la noche, en la intersección de dos avenidas céntricas de la ciudad, según una reseña que publica el medio “El Día”, en su edición de fecha 23-1-13, página 6. ¡Ta’ fuerte eso!

 

Se agrega, en otro orden, el desprecio por los principales símbolos nacionales – himno, bandera, moneda y música -, que tiene mucho parecido con aquel de que siempre es objeto, toda persona desleal, insidiosa, o traicionera. Jamás se respetan, y sólo se les quiere observar siempre desde lejos.

 

Con el tan “sazonado” tema sobre los denominados “femenicidios” ocurre que, las denuncias llueven; los eventos de orientación conductual, como las ponencias relativas, están a la orden del día.  Los pareceres de los psicólogos y psiquiatras van y vienen como las olas del mar, aunque en este caso, muy poco limpian las “arenas de las costas”.

 

Claro, es que nadie en realidad se interesa por “ponerle el cascabel al gato”, como se dice, con respecto a ese asunto, e irse al fondo de las problemáticas reales en que se sustenta, algo que ya tiene ribetes de flagelo nacional, por su tendencia a ir in crescendo cada vez, mientras nada más se hacen aparentes intentos fallidos de corrección.

 

La mayoría de los sometimientos en ese orden, se quedan en el aire. Cuando no es por descuido regular, displicencia, o lenidad de las autoridades competentes, a las cuales se tiene que recurrir, es porque las mujeres afectadas, después que hacen la bulla, y van a poner las querellas, alegremente las retiran, y vuelven con sus relaciones peligrosas.  Siguen corriendo el riesgo de los maltratos, y hasta de que les quiten la vida, como sucede en la mayoría de los casos.  ¡Las damas en cuestión no recapacitan!

 

De muchísimas cosas inconcebibles que se dan en este país se podría continuar  hablando. Pero, hay una que, como de amplio “espectro” y consideración podría calificarse, por su incidencia marcada, y los efectos fehacientes dañosos que se derivan en términos generales.

 

Se trata de algo que, en el marco de la tanta modernidad, tecnicismos y crecimiento económico, que en el  país tanto se proclaman, luce más que inexplicable, y contraproducente por supuesto.

 

Cualquiera, en su sano juicio, reflexionando imparcialmente sobre los derroteros pedregosos por los que ha venido transitando la nación, desde hace ya varios lustros, por la adhesión “titeral” que se tiene al tan cuestionado neoliberalismo capitalista, explotador de las clases más desposeídas de los pueblos, teniéndose aquí como una de las columnas principales de la economía la llamada “industria sin chimenea”, el turismo, no se tenga una línea aérea nacional, en capacidad de dar soporte firme a ese tipo de negocio, imprescindible para la República; que es además, uno de los principales destinos turísticos en toda el área del Caribe.

 

Desde que la otrora Compañía Dominicana de Aviación (CDA), dejó de volar en el año de 1995, aunque cerrada definitivamente entendemos en 1999, y fuera desguazada después, como diría el inmortal “Tres Patines”,  por los políticos del patios y sus “adláteres”, o serviles, la nación jamás ha contado con ese tipo de servicio propio – regular, verdadero -, para asegurarles el transporte a los turistas que desean visitarnos, como a los ciudadanos que procuran regresar, de los tantos que tenemos fuera de la República.

 

En lo que respecta a la actividad turística, se luce estar como un agricultor sin machete y azada; que tiene que depender de otros, que le presten esos utensilios primarios, para  la realización de sus actividades propias.

 

Esa denominada “industria sin chimenea” nuestra, está supeditada a que líneas áreas extranjeras, a su antojo y disposición, puedan traer los visitantes a la nación dominicana. ¡Increíble eso!

 

En ese tenor, el país podría correr el riesgo de quedarse parcialmente sin comunicación vía aérea, luego de que Iberia anunciara el retiro de sus operaciones en el territorio nacional, al igual que lo hiciera American Airlines, que dejará de volar directo próximamente, desde New York a Santo Domingo y Santiago.

 

Son de las líneas internacionales, que tienen el grueso operativo de pasajeros por los aires hacia esta tierra, que en corto tiempo dejaran de serlo, por razones propias.

 

Sin embargo, a pesar de la imperiosa necesidad que se advierte, de que el país disponga de una línea bandera nacional, claro, con todos los controles y supervisión requeridos, para que no ocurra igual que pasó con la CDA malograda de otrora, tanto las autoridades dominicanas, como los grandes empresarios nuestros se siguen “durmiéndose en sus laureles”.  ¡Ojalá que mañana no lo lamenten!, cuando el flujo turístico hacia la República comience a disminuir de manera considerable.

 

¿A qué obedecerán esos procederes tan impropios, y muy cuestionables por demás? ¡Tarea!

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

Un irrespeto a la venerable “Tatica, la de Higüey”, Virgen Patrona de los dominicanos.

Como es del conocimiento de todos aquí, cada 21 de enero se celebra en el país el día de la Virgen de la Altagracia,  considerada la protectora de este pueblo. El nombre de Altagracia, según se afirma, le fue dado por titulación  a la Virgen María (María de la Altagracia), debido a que a Ella, como mujer, le fue otorgada la más alta gracia: que fuera elegida para ser la Madre de Dios.

 

En efecto, se le reconoce como la progenitora del amado maestro Jesús – no Dios -, que luego se  convirtiera en Jesús el Cristo, encarnando durante su ministerio terrenal la Magna Conciencia Divina, la del Padre Supremo,  para redención de la humanidad.

 

Otrora, era una fecha que en la República Dominicana, la gente se dedicaba por completo a la veneración, como a la ostentación de todo respeto, sentido, hacia la considerada Madre de Dios, que siempre era objeto de connotados actos litúrgicos, y rendición de cultos alusivos, por parte de la Iglesia Católica, y de sus feligresías a nivel de la nación.

 

Aunque entre nosotros,  la mayoría  de sus devotos, y feligreses católicos en general, hacían provecho de la ocasión para viajar a Higüey, provincia La Altagracia, visitar la Basílica, y a otros lugares en el exterior, dando cumplimiento a promesas ofrecidas, como agradecer a la Excelsa Virgen por los favores y milagros recibidos, principalmente, en asuntos relacionados con la salud; o, pedir con fervor su intervención en la solución de algún tipo de problema especial, esos son actos de fe, y cosas que ya han ido quedando en el pasado, ¡lamentablemente!

 

La verdadera esencia de la susodicha celebración católica, en gran parte voló con los aires de la modernidad. Y, como bien lo señala Gustavo Volmar, muy atinadamente, en la columna que publica en el periódico “Diario Libre”, edición de fecha 21-1-13, página 14, “Ahora se va al este del país camino a los resorts y las playas, y las peticiones se hacen al gobierno, por empleos, obras públicas y asignaciones presupuestarias.  Es, actualmente, un días más para hacer negocios, armar fiestas y disfrutar de un fin de semana largo”. Esa, ¡“es una verdad de a puño”!, como se dice.

 

Pero, algo que se torna mayormente criticable es que, también se aproveche la cercanía de la fecha, para montar alegremente un evento sanguinario, como es el caso de los que se inscriben en los torneos gallísticos, incluso denominándole como, “de la Virgen de la Altagracia”, celebrado en un coliseo del país (Véase diario citado, página 25).

 

Eso es lo que,  indudablemente,  se podría considerar como un acto de franca irreverencia a dicha Patrona de los dominicanos, y a su fíeles devotos, por las características homicidas que envuelve ese tipo de espectáculo, como la despreciable actitud de sus promotores, de enfrentar hasta el exterminio – muerte  física -, a esos animales irracionales, mientras ellos gozan, y se dan sus tragos; se complacen con los sufrimientos de aquellos, y con el correr de la sangre derramada durante las peleas.

 

Y cómo es posible, que se pueda llegar tan lejos con los irrespetos de esa naturaleza, hacia una entidad sagrada de tal magnitud, independientemente de que se pueda ser creyente o no; que las concepciones religiosas ajenas se ignoren totalmente, por el mero hecho de divertirse con una actividad seudo deportiva, en la que prevalecen las altas apuestas de dinero, y el sadismo, más que otra cosa.

 

Que recuerden los galleros, que  hay una  ley natural de causa y efecto – ley del karma -, que en los momentos menos esperados, pero oportunos, presenta las facturas pendientes de cobro. Y que, cuando no lo hace de manera directa con las mismas personas, infractores en tal caso, las puniciones se tornan extensivas hasta muchos de los seres más queridos. ¡Eso es inexorable!

 

A juicio de cualquier persona reflexiva, actos de ese tipo, jamás podrían ser del agrado de Aquella; corresponderse con la divinidad inherente a la Virgen de la Altagracia, para que  incluso, se ose  nominar alguno de ésos con su nombre.

 

Para todo aquel que tiene cierto grado de conciencia espiritual, tal acción no es más que, ¡un mayúsculo irrespeto humano!

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

Regular, normar, el rol del cuarto educador moderno considerado: La televisión

Nuestra sociedad está más que degenerada; “selvatizada” podría decirse, sin temor a equivoco, por lo que a diario vemos ocurrir en la misma. Cundida de fieras humanas por doquier; por gente que anda pisando la dignidad y el respecto ajeno, sin reparo alguno.

Una de las muestras fehacientes es que, muchísimas personas se hacen “pipí”, orinan en cualquier calle o avenida de la ciudad, y de los pueblos entendemos, sin importarles las miradas algo inquisidoras, y despreciables de los transeúntes, ante ese bochornoso acto público, muchos de los cuales se quedan perplejos al percatarse de la acción indecorosa. ¡Porta a mí lo que digan!, es la impresión personal que reciben como respuesta de los infractores, cuando advierten que los están mirando.

Pero además, las hay de no menos consideración, pues también se irrespetan regularmente de palabras, y con otros actos indebidos, a los envejecientes, a las damas y los niños que circulan en los alrededores de las áreas verdes de recreación, como por las vías públicas de tráfico más concurridas, hasta desde los mismos vehículos en marcha.

Es obvio que, la pérdida de todos aquellos valores que otrora caracterizaban a la familia dominicana, desde donde se nutría el gran conglomerado representativo nacional, es lo que está en base de esa gran degeneración social reinante, debido a que los mismos han sido tirados por la borda sin contemplación. ¡Ya ninguno se observa!

Se han sustituido por la emulación de las malas directrices gubernamentales que nos gastamos, entre las cuales se encuentran la desfachatez, las avaricias, y la desaprensión. Y más aún, esa actitud que rige entre la mayoría de los políticos nuestros de: “primero tengo, y luego soy”, sin importar a qué precio sea.

Es evidente que, los influjos directos provenientes de esas esferas, impactan en las tribus biológicas – sanguíneas -, que se conforman, dejando improntas muy dañosas en su seno. Y, en menor grado, en el fruto proveniente de las libres procreaciones, sin ningún tipo de control paternal, que tienen como actores en la mayoría de los casos, a mujeres adolescentes sin ningún tipo de formación, y mucho menos, sentido de responsabilidad materna, como a hombres descarriados, esclavos de los vicios, carentes de valores morales también.

Es gente que, en ninguno de los sexos, está dispuesta a asumir los roles que a ambos les corresponden, en términos de proporcionar a esos vástagos la educación, y las orientaciones que requieren. ¿De dónde van a dar, si no tienen?

Las calles corrompidas, con todas sus manifestaciones deprimentes, y la sociedad podrida en sí, son las que se encargan de construirles a esos muchachos la personalidad osada y delictuosa con que luego se desenvuelven; que les impulsa a delinquir, a proceder aviesamente, aun sea en contra de sus mismos familiares.

Son muchas las causas envueltas en el asunto, como los focos de atención incidentes, alienantes, y deformadores por demás, que repercuten de manera consistente en esa deleznable realidad social dominicana, caracterizada por los desafueros a granel; mayúsculos desparpajos en todos los órdenes, drogas, criminalidad, delincuencia por doquier, etc.

Pero, hay uno de afectación muy general, que los abarca a todos; y que, tratándose de hogares ya formados, bien podría llamársele el cuarto educador moderno: la televisión, la deformadora pantalla chica. El medio de superior influencia dañosa para los de menor capacidad pensante, como son los casos de los infantes y los adolescentes.

Es ésa la instructora hogareña más efectiva, y de mayor contundencia influyente, a la que anteceden las directrices de un tercero denominado, el servicio doméstico, encargado ahora de suplantar la responsabilidad de los procreadores, y que a diario recibe los niños del segundo, los colegios, que les van formando “como reses en manadas”, tal cual solía apuntar un connotado autor.

Luego, con ese itinerario formativo tan distorsionado, incongruente – colegio, servicio doméstico, televisión -, cuál podría ser el final de los infantes, aun bajo protección paternal primaria, en el sentido de irles conformando una personalidad apropiada para la convivencia pacífica, el buen vivir entre sus congéneres, influenciada principalmente por esa última, la pantalla chica, con programaciones repletas de inmoralidades, estímulos a la violencia, mensajes deformantes en cantidad suficiente; degeneración musical y sexual; y, hasta de cultos a lo irreligioso. ¡No es mucho lo loable que se puede esperar!

Por consiguiente, si en el país es verdad que se desea comenzar a enmendar todas esas situaciones desagradables y perjudiciales en grado sumo, que vienen incidiendo en lo que se podría considerar como una gran desgracia nacional – la degeneración social presente -, uno de los “flancos” a combatir con firmeza es la televisión, tanto local, como la extranjera (cable) de que dispone la República, estableciéndose la supervisión, normas y reglas ya requeridas en el área, debido a todos los desenfrenos, y los malos ejemplos que se exhiben, como las inducciones a la violencia, que a través de la misma se canalizan.
Rolando Fernández

 

Los blancos perredeístas sufren, mientras otros gozan

No cabe duda de que, ese espectáculo “guerrillero” de mal gusto que se ha venido registrando durante los últimos meses a lo interno del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), a quien en verdad beneficia es, a su mayor oponente político, que en la actualidad disfruta de las miles del poder; como a los demás del ruedo, aunque en menor proporción claro está, que bien podrían estar ampliando sus espacios.

 

Con el último capítulo escrito de la funesta novela  que se lleva a cabo, teniendo como actores principales a los más altos ejecutivos de la organización del “jacho prendido”, en  que el denominado Consejo Nacional de Disciplina, expulsó de manera de definitiva de sus filas al expresidente de la República, señor Hipólito Mejía, y al que había venido fungiendo como presidente en Funciones,  a raíz  del serio conflicto surgido entre los mandos cabeceras, señor Andrés Bautista García; como, suspendiendo además por dos (2) años, a sus secretarios, general y de organización, según las reseñas de la prensa local, parece ser que acabó de ponérsele la tapa al pomo, como se dice popularmente.

 

Y es que, ese episodio tan significativo ha puesto en evidencia clara, la profundidad  de las diferencias personales que se verifican entre los señores Mejía Domínguez y Vargas Maldonado, con sus grupos de respaldo cada cual; como las infortunadas desavenencias de consideración que se originan entre ambos, obviamente sustentadas en la defensa de intereses económicos por parte de los sectores envueltos; amén, de los pugilatos por las apetencias del liderazgo máximo que se trata de imponer allí.

 

Por lo que desde fuera se puede apreciar, ya esa es una situación que, por más vueltas que se le busque, y los alegatos de carácter jurídico que se esgriman, difícilmente logre ser superada, advirtiéndose la inminente destrucción del partido blanco, por las divisiones significativas que de seguro se habrán de producir.

 

Y más aún, tomándose en consideración, que ya no se puede contar con el arraigo indiscutible inductor, a que otrora recurría para resolver ese tipo de problemas partidarios, a pesar de las zancadillas raciales de que solía ser objeto, el único líder nato con que contara ese partido, luego de la salida del gran maestro Juan Bosch, su cercano discípulo, el doctor José Francisco Peña Gómez, cuyo restos mortales deben estar bastante inquietos en estos momentos, ante tan aguda crisis perredeísta, casi insalvable.

 

Mientras todo aquel escenario vergonzoso se registra, cargado de desordenes mayúsculos, diatribas por doquier, incomprensiones, desaprensiones, lucha pública de intereses particulares, tozudeces a granel, etc., en el seno de su mayor contrincante político (PLD), es obvio que debe cundir la alegría, por no tener esa entidad a quien enfrentar con fuerza en unos próximos comicios electorales. ¡Vamos solos, es lo que dirían!

 

Pero además, sin tener quien le haga oposición real a su presente gestión de Gobierno.  “Están comiendo con su dama”, como reza un refrán popular, mientras el pueblo sigue cargando abajo, sin nadie que le defienda de las  desaprensiones, y la angurria impositiva de los mandantes de turno.

 

De alguien que reclame con firmeza el cese de la alegre impunidad aviesa en que vive el país, frente a la corrupción estatal, al despilfarro de los recursos públicos, como a los desfalcos al erario nacional, que han venido provocando en su conjunto la gran crisis económica que azota a la nación, y que de seguro han generado el gran déficit fiscal acumulado presente, que se alega haber sido recibido de gestiones anteriores.

 

Finalmente, lo que más convendría al PRD en estas circunstancias, es que ambos seudos líderes, que se disputan la supremacía dirigencial dentro del mismo, depongan sus actitudes egotistas, y renuncien los dos a sus aspiraciones;  que, el partido trate de celebrar una convención nacional, para que sean sus bases las que elijan al que debe ocupar la presidencia del mismo, como los demás cargos electivos de importancia dentro de la organización.  ¡Sería la mejor salida!

 

No importaría que los litigantes actuales se incluyan en las boletas de elección, para que comprueben si en verdad gozan de las simpatías que ellos entienden tener. ¡A veces lo que se cree, no se corresponde con la realidad!

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

¡Han matado la hermosa tradición infantil!

Lamentable tener que decir eso. Pero, la realidad es que, el Día de Reyes ya se tiene, y transcurre, en el mismo marco de una más de esas argucias comerciales que nos gastamos los dominicanos, y en otras latitudes también; de esas celebraciones cualesquiera que se han inventado los ávidos mercaderes locales, acomodadas mensualmente. Aunque en este caso, es para sacarles a los incautos los últimos chelitos  que les quedan, para paliar la “resaca” económica de las fiestas navideñas, y de la celebración del Año Nuevo.

 

Como acabamos de ver, la tradicional celebración infantil pasó una vez más, prácticamente sin pena ni gloria, como suele decirse, cuando algo ha carecido de mucha significación. Ni los pitos, como las trompetas de juego se oían sonar, tal cual comenzaban a escucharse en el pasado, desde las horas de la madrugada.

 

Como etapa última de las festividades de Navidad y Año Nuevo, otrora se tenía la gran fiesta de los niños: el “Día de la Epifanía del Señor”, que podría decirse se reportaba como el espacio dentro del cual a los adultos sólo les correspondía gastar para la complacencias a los infantes, comprándoles sus juguetes y regalos, como una forma de complementar aquellos los quehaceres de las tradicionales fiestas de fin de año, y comienzo del nuevo que inicia.

 

Era la fecha más esperada por la niñez en sentido general, cargada de inocencia e ilusiones, para la que se redactaban cartas a los Reyes, indicándoles los juguetes deseados.  Se procuraba recoger “yerbas” para los camellos;  comprar cigarrillos, como mentas; y, hasta sus traguitos de ron para recibir a los “Magos de Oriente”.

 

De ordinario se escuchaba en los conversatorios infantiles que Melchor, Gaspar y Baltasar, entraban como hormiguitas por debajo de las puertas a los hogares, para poner los juguetes. ¡Cuánta inocencia!

 

Lo único que a la sazón se tornaba algo difícil de explicar a los niños, era el porqué de las diferencias que se verificaban a nivel de los regalos que se recibían, en términos de cantidad y calidad de ésos; que obviamente, estaban relacionadas con el poder adquisitivo de los padres, cuya intervención directa, como reales “ponedores”, era el secreto mejor guardado.

 

No obstante, a los niños se les convencía fácilmente con explicaciones baladíes, hasta del mal o buen comportamiento que se había observado durante el año; el acostarse temprano ese día; o que, no se les pusiera nada a los Reyes, debajo de las camas de dormir, para recibirlos.

 

Claro, todo eso en el contexto de la gran inocencia que predominaba entonces, cuando hasta las muchachitas de ocho, diez, y  doce años, también esperaban por los obsequios, muñecas y otros.  Ahora, a esas edades, cuando no es que ya tienen novio, es que están embarazadas.

 

Como cambian los tiempos, y van cayendo las tradiciones, cuando pierden su verdadera esencia. Y, como se puede ver, el Día de Reyes no ha sido la excepción.  La llamada modernidad, conjuntamente con las avaricias comerciales, y los esnobismos paternos, se han encargado de matarla.

 

El lujo en la actualidad, es salir con los muchachos a comprar los juegos y regalos. Pero, sin embargo, siguen hablándoles sandeces a los infantes de los Reyes Magos, como si los pequeños aún no supieran que son los  mismos padres los que ponen, que ya el secreto se tiró por la borda; y que, los obsequios que se reciben están en función de los cuartos que los progenitores, como aquellos más allegados, dispongan para la fecha,  ¡y nada más!

 

Hasta los políticos habilidosos hacen provecho de la ocasión para regalar juguetes, en pos de agenciarse las simpatías de los ingenuos en el seno de la población. ¡Esos,  sí que son los magos de las demagogias y las falsas!

 

Entonces, que se dejen ya esos desfiles, con personas disfrazadas de Reyes de Magos, montados a caballos, como las demás actividades alusivas a la ocasión, “que dejaron de llenar”, como se dice. Esa es una película que le hicieron perder todo su colorido entretenedor infantil.

 

Rolando Fernández

 

¿Educación gratis en la UASD?, ¡bueeeno!

A veces hay decisiones que a simple vista lucen ser justas, y muy loables por demás; pero que, en el marco estricto de las posibles consecuencias que de las mismas se pueden derivar, se tornan un poco cuestionables, cuando quien las pondera, tiene cierta edificación con respecto a determinados factores que guardan estrecha relación con las mismas.

 

Nos referimos al caso de la resolución No. 2012-354, adoptada por el Honorable Consejo Universitario uasdiano, en su sesión de fecha 14 de diciembre próximo pasado, mediante la cual se dispone que: “los estudiantes que procedan de liceos  y escuelas públicas, a partir de las reinscripciones para cursar el semestre 2013-1, cursen gratis los créditos por asignaturas que seleccionen”.

 

Según el señor Rector Magnifico, “los bachilleres que se encuentran en esa condición deben matricularse y cursar gratis las asignaturas seleccionadas. Explicó que harán un aporte de 200 pesos semestrales al momento de su inscripción, que se destinarán a mejorar la calidad de los servicios que ofrecen las distintas dependencia de la casa de estudios”. (Véase: periódico “Diario Libre”, del 8-1-13, página 16).

 

¡Muy bien!,  la educación tiene que ser gratis en la República Dominicana, de acuerdo con el Artículo 63 de nuestra Carta Magna. Y, esos RD$200.00 que pagarían los estudiantes procedentes del sector público, al momento de inscribirse en la academia, serían más bien una especie de contribución, según lo que señalara el señor rector.

 

Ahora, ese articulado constitucional establece restricciones, sobre las cuales se debería reflexionar en el caso específico de la UASD, por el  populismo a ultranza que allí se respira, y que se torna bastante contraproducente. ¡Obsérvese!

 

“Artículo 63.- Derecho a la educación. Toda persona tiene derecho a una educación integral, de calidad, permanente, en igualdad de condiciones y oportunidades, sin más limitaciones que las derivadas de sus aptitudes, vocación y aspiraciones. En consecuencia:…….” ¿Se trata de determinar en la academia estatal todo lo relativo a esas limitantes?

 

Ahora,  la otra gran pregunta sería: ¿se habrá ponderado que, la “baratura” populista anterior establecida, en cuanto al costo de los créditos de las asignaturas para los estudiantes de la UASD, es un factor que ha venido contribuyendo en gran parte con la displicencia estudiantil que allí se vive; al retiro alegre de las secciones de clases seleccionadas, cuando se les exige rendimiento académico a los alumnos, o la adhesión a los comportamientos debidos dentro de las aulas,  por lo poco que ha venido costando el inscribir las materias?

 

Y, si eso es pagando un precio simbólico más bien, ¿qué podría ocurrir cuando sean totalmente liberados de pagar por los créditos que se inscriban para cursar? ¿Se pensó en que, con la nueva medida “dispensatoria”, esa actitud de indiferencia señalada, y de comportamientos impropios, con relación al cumplimiento requerido con los compromisos estudiantiles a ese nivel, podría tender a empeorar?

 

Ante el escenario degenerativo familiar y social, en que se vive hoy la nación dominicana, y como una forma indirecta de contribuir a combatir esos flagelos, la UASD, sólo debería de formar profesionales, totalmente gratis, a todos aquellos alumnos que en realidad demuestren no estar en capacidad de pagar, amén de ostentar disposición, sentido de responsabilidad, y la voluntad de sacrificios que se impone, para cursar estudios a nivel superior. Claro, al margen de lo constitucional, por circunstancias.

 

No menos debió haberse considerado al evacuar la decisión de que se trata, que el dominicano tiene por  norma, con raras excepciones, no apreciar lo que es gratis. Y por tanto, opta por no aprovecharlo a cabalidad; o, simplemente, tomarlo con cierta desaprensión, como es lo que de ordinario ocurre con muchos estudiantes que cursan carreras en la UASD, pagando precios simbólicos, reiteramos, por las materias que inscriben. ¡En las aulas directamente,  se aprecia mejor el asunto!

 

Aunque se desconocen públicamente cuáles sería todas las condiciones necesarias para ser objeto de la esa gratificación, si es que hay más, procedería que, la aplicación de tal medida esté supeditada básicamente al sentido de responsabilidad que manifiesten los estudiantes incluidos, como a su rendimiento, durante una parte del trayecto docente a recorrer, aspectos que quedarían evidenciados o no, en el índice académico que se vaya acumulando.

 

Que luego, a partir de haber cursado por lo menos tres (3) semestres de cualquier carrera que se estudie, y mantener el referido parámetro evaluatorio a nivel, o por encima de los 85 puntos, se calificaría para tal exención, en el entendido de que, deben permanecer las mismas condiciones, para seguir disfrutando del derecho a no pagar por los créditos seleccionados en cada  ocasión.

 

Eso diría que, no se va a estudiar gratis, sin aportar sacrificios y dedicación, consumiendo recursos económicos sin retorno, que otros mayormente interesados podrían utilizar. ¡No!, es que hay que ganarse el derecho a estudiar libre de pagos en la UASD, que se sostiene con dineros que la misma sociedad aporta. Y que, está afectada por una masificación estudiantil in crescendo, que no tardará mucho tiempo en tornarse inmanejable, e incosteable.

 

Rolando Fernández