¡Qué tan parecidos son!

Sí, los políticos dominicanos se parecen en mucho a los encantadores de serpientes.  Aunque luzca osada la comparación, más que notorio se hace, el que, en sus actuaciones ordinarias, siempre tratan de embaucar hábilmente a la población.

Y, claro está, muy lamentable resulta, el hecho de que lo consigan con tanta facilidad, por los efectos nocivos que se derivan, y que perjudican sobremanera a las grandes mayorías nacionales. Obviamente, ¡cuánta inconsciencia pueblerina los favorece!

“El encantamiento de serpientes es una práctica que aparenta hipnotizar a una serpiente tocando un instrumento llamado pungi. Y se agrega, es un espectáculo público en que se manejan esos ofidios”.

Asociado con esa descripción, la diferencia estriba en que, los políticos del patio, con rarísimas excepciones, el “pungi” que utilizan son los floridos discursos repletos de demagogias, promesas a no ser cumplidas, como sonoras posverdades, para “marear” a los ingenuos que los escuchan hablar; y, que se reportarían como los “manejables” a hipnotizar objeto, aunque osada sea la comparación.

Y, cuentan esos, además, con innúmeros lambones, como bocinas pagadas que les ofrecen su concurso, complementándolos en los propósitos que se tienen; y, que amén dicen de aquellos, lo que tales no son capaces de decir por sí mismos.

Es una conclusión razonable esa, a la cual se puede llegar, cuando uno ve a tantos ciudadanos nuestros aglutinarse alrededor de algunos seudo líderes políticos partidaristas, coloreados en adición, cuyos perfiles personales bien se conocen, y que han enrumbado este país – Dominicana – por un sendero pincelado con serios problemas para esta Patria.  

Sin embargo, son aclamados aquellos con normalidad, por multitudes de personas con vehemencia marcada, cuando los mismos hacen acto de presencia pública. Parece que muchas de esa gente actuante, es masoquista, o que no tiene memoria.

Para comprobar esa realidad, solo hay que reparar con atención en los conformismos que exhibe esta población, a pesar de las tantas precariedades, y los abusos impositivos de que es objeto por parte del Estado, entre otras cosas.  

No obstante, lo expresado, un significativo segmento de la misma, siempre está aplaudiendo como “focas”, y vitoreando frente a todos estos farsantes politiqueros, desde que se da inicio a las campañas electorales en que participan, a destiempo incluso muchas de ellas, para alzarse con el poder local.

Autor: Rolando Fernández

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El baseball no es un deporte ya, sí un gran negocio, bastante lucrativo

En estos tiempos de tantas mediocridades en escena, cuando uno oye hablar a todos estos “pasa cantando” en su mayoría, como se dice popularmente, alabando a ciertos personajes, analfabetos en sentido general, (funcionales, culturales, y morales), que constituyen el grueso del conjunto de hombres que actúan dentro de esa actividad, y que súbitamente adquieren cierta capacidad económica que, al no conocer la forma de cómo administrarla, se atolondran en breve tiempo, y comienzan a actuar en consecuencia, exhibiendo comportamientos inadecuados a todo dar, tal se expresa entre la gente.

Esos loadores, en Dominicana, a los cuales nos referimos con principalía, son consuetudinarios en esa actitud; y, también se prestan a seudo analizar, como a criticar ciertas decisiones que se adoptan entre los millonarios empresarios del ramo.

Preciso es destacar que, de ordinario, es gente en su mayoría, que no puede hacer eso, ni siquiera con los emolumentos regulares que recibe; mucho menos, con las frioleras sumas de dinero que en dicha actividad invierten esos magnates empresarios. Por tanto, es un accionar extra de los “habladores beisboleros”, qué también da gana de reír.

Claro, todo lo hacen aquellos, para gente no pensante; que, es para la exponen sus criterios, obviamente, desde los diferentes espacios radiales o televisivos en que participan.

Ahora, cuando alguien diferente los escucha expresarse, la pregunta que de inmediato asalta es, ¿por qué estar loando tanto a jugadores del bate, la pelota, y los guantes, que son los principales actores dentro del terreno de juego; como criticando actitudes de carácter financiero de los empresarios que están detrás de los mismos.   

Y es que, ya el baseball, no es un deporte para merecer elogios como antes se hacía; sino, un “vulgar” negocio entre adinerados, y servidores de esos, en el que de ordinario priman otros factores adicionales, al margen de las reales condiciones físicas y mentales que puedan tener los jugadores.

En consecuencia, no procede dejarse de lado al abordar la temática, que, desde hace ya algunos años, muchos de esos muchachos han venido recurriendo al uso de sustancias prohibidas en pos de un mayor rendimiento físico, a los fines de aparentar lo que en realidad no se es; creyéndose a veces desde fuera, que algunos dueños de equipos, no tienen que esperar las analíticas correspondientes para darse cuenta de la situación. Pero, que se hacen los locos al respecto, como se diría en Dominicana, por razones de competitividad entre los conjuntos, y los mercadeos de orden.

Evidentemente, son procederes esos, por ambas partes, que constituyen en verdad, un engaño a los fanáticos, qué pagan por ir a ver el espectáculo, los cuales les han ido quitando simpatizantes al mismo cada vez más, por entenderlos censurables, por supuesto

Luego, ¿se hacen premiables entonces esas actuaciones, y dignas de alabanza? ¡Es obvio que no! La mayoría de los discursos lamboneriles, y mercadológicos en ese orden, tienen como objetivo principal, a esos desacreditadores de tan favorable actividad para el desarrollo físico y mental de los jóvenes con condiciones innatas sí, para realizar algo de esa naturaleza. Notable es que, se hace porque tienen cuartos. No importa cómo los han ganado.

Los referentes en ese tenor están de sobra, con todas esas seudo estrellas beisbolísticas, puestas en un pedestal público inmerecido, y con aspiraciones personales de ser llevadas luego al “Salón de la Fama del Baseball”, en U.S.A.; aunque, luego vengan las sorpresas, cuando salga a relucir su ligazón con las sustancias prohibidas que han venido utilizando; y, los demás actos indecorosos incluso, en que se haya podido incurrir.

Es incuestionable que, el gran negocio se reporta bastante fructífero para la juventud de los pueblos pobres, mayormente, en términos monetarios, no obstante, se tenga que recurrir a cuánto se deba hacer para alcanzar fortunas dentro del mismo.

Ahora, las inducciones notorias a inclinarse solo por esa actividad la mayorá de los jóvenes, olvidándose de las carreras profesionales con tradición, son evidentes. Sí, aquellas que en verdad son útiles y necesarias en el marco de todas las sociedades; no solo para quienes se reciben de las mismas; verbigracia, medicina, ingeniería, abogacía, periodismo, etc.

Las menciones loatorias en torno a los graduandos de ese tipo, son muy escasas, aunque se egrese de las universidades con honores, para motivar, obviamente; debido a que, es innegable que sería de una mayor importancia el poder alcanzarlas, frente a la disciplina del baseball. ¡De eso no cabe duda, verdad!

Lamentable se reporta que, los buenos en esas áreas mencionadas, entre otras, se están yendo por ley natural del planeta Tierra, y los sustitutos, los relevos generacionales, no se alcanzan a ver. La aspiración mayor de los jóvenes, es convertirse en peloteros.

Y, a eso vienen contribuyendo los mercadólogos loadores, que por lo regular miran nada más para esos litorales, porque también les gusta “ganárselo fácil”, hablando sandeces; y, fungiendo como cronistas, y analistas deportivos.

Dentro de esos, se destaca gente que nunca ha entrado a un terreno de juego de baseball, y que nada más tienen verbo para impresionar a los incautos, con principalía.

Algunos, además, hasta se dan lujo de estar criticando determinadas decisiones de carácter financiero que adoptan los millonarios dueños de equipos de las llamadas “Grandes Ligas”, se debe reiterar, aunque carezcan los “parlantes” de capacidad gerencial alguna,

Pero, sí tienen los mismos micrófonos a su disposición, por los patrocinios que logran obtener; y, que no se puede negar, forman parte del negocio aludido.

Autor: Rolando Fernández

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“Una sola golondrina no hace verano”. ¡Se requieren acciones complementarias!

El sustituir de forma única a los que encabezan dependencias estatales, a veces hasta sin equiparar las aptitudes, y actitudes que han puesto en evidencia anteriormente, los nuevos designados en las posiciones, respecto de las características y requisitos de los puestos que se habrán de desempeñar, no siempre resulta del todo fructífero.

Es evidente que, de ordinario, el desarrollo de labores efectivas desde cada cargo, se lleva a cabo de manera conjunta, y requiere, por supuesto, de condiciones imprescindibles que se deben llenar para el ejercicio dentro del mismo.

Claro, en tal sentido, los reales motivos que muevan a inclinarse por determinadas personas para elegirlas, y nombrarlas en los puestos, sean oficiales, o no, siempre prevalecerán. ¿Cuáles? Sería la pregunta pertinente que asalta en cada caso de que se trate.

Relacionado con lo dicho anteriormente, y las nuevas disposiciones emanadas del Poder Ejecutivo de ahora, en cuanto al funcionariado local de turno se refiere, es evidente que, a partir de que el señor presidente actual de la República, tomara las riendas de la nación dominicana, no se ha hecho acompañar de un gabinete óptimo, que le ofrezca el concurso requerido, y oportuno, como se  entendería necesario, para poder llevar a efecto con efectividad la gestión que le fuera encomendada por este pueblo, al seleccionarlo como  primer mandatario del país. 

Por tanto, parece ser que, en el presente, el mismo anda en busca de enmendar en ese sentido.  Pero, cómo lo ha estado procurando, la pregunta obvia sería, ¿algo positivo se podrá lograr?

Y es que, por la forma, en que se está haciendo, solo fijando la atención en las cabezas de algunos ministerios, u otras dependencias, es muy difícil que se alcance.

El accionar elegido se reporta impropio para cualquier observador pensante, al tiempo de cuestionarse, ¿se podrán alcanzar los objetivos planteados? ¿Qué es lo que en realidad se busca?

Innegable es que, las muestras de los desatinos incurridos hasta ahora por algunos funcionarios incluidos en el tren superior estatal del momento, están incluso tan de sobra, que a veces hasta se puede interpretar, como que   esos señores nombrados quieren andar por caminos diferentes a los del presidente.

Luego, y tal era de esperarse entonces, ante ese panorama no deseado, se nota que, el mandatario ha querido hacer provecho de la ocasión: fecha conmemorativa nacional de la Restauración de la República, para actuar en consecuencia.

Pues, como de común se estila en el país, la ocasión es utilizada para introducir en los gabinetes presidenciales determinados cambios de colaboradores, que se entiendan pertinentes, en procura, quizás, de una mayor eficiencia, o aportes a la gobernanza de turno, según se debe interpretar, con respecto a los servicios a cargo de esos. 

Evidentemente que, de ser así, el accionar se reportaría como muy favorable para la gestión gubernativa que el actual preside, máxime cuando hay un proyecto innegable de reelección en curso, aunque con una serie de problemas sociales, como económicos que enfrentar, no resueltos aún, que afectan directamente a la población, y que es obvio, podrían restar simpatía, con relación a dicho propósito político de retorno al poder. 

Ahora, ocurre y viene a ser, que solo el mandatario está sustituyendo las caras más representativas de ciertas dependencias, los jefes, por lo que se hace entendible que, no grandes logros se van a obtener, en parte para favorecer a este pueblo, se supone.

Obvio es que, se está olvidando en ese tenor último señalado, principalmente, que “ningún capitán sin soldados gana batalla”, como reza un dicho popular. Qué un hombre nada más, por sí solo, no resuelve nada; que siempre, para llevar a cabo las ejecutorias de lugar, necesario se hace un equipo “respaldante”.

De ahí que, también debe procederse en tal sentido, y evaluar en adicción, a todo el personal de apoyo que vaya a tener cada uno de esos, a los fines de que se realicen los cambios que resulten necesarios, y hasta imprescindibles, para más decir. ¡Dentro del partido oficial, hay mucha gente apta!, entre la que se puede escoger para ese propósito.

Además, hacer lo mismo con los modus operandi actuales de los ministerios incluidos, u otros departamentos, los cuales deben ser revisados, para determinar las fallas que se tengan; como las violaciones en que se ha venido incurriendo, respecto de las normas legales que les rigen.

Por otro lado, se debe adicionar dentro del examen requerido, el cómo se ha estado agenciando, y si ha sido con voluntad, y firmeza, la aplicación de cuántas leyes tengan que ver con la ciudadanía en sentido general, asociadas con las competencias de aquellos.

Tampoco se puede dejar de lado, y para completar, el determinar, como ponderar, los porqués de las lenidades que se conceden, y los padrinazgos improcedentes, en términos de las infracciones a las normas establecidas que a diario se cometen en el país, para evitar que continúen; y, procurar que se acaben de una vez por todas.  ¡Qué no haya más permisividades!

Los mejores, o más notables ejemplos que se tienen entre nosotros en esos ordenes, por un lado, son: los concernientes a: la Ley No. 63-17, de “Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial” de la República Dominicana. También, sobre el cumplimiento de la “Ley General de Medio Ambiente y Recursos Naturales”, 64-00.

No es que solamente esas se tengan; que sean las únicas objeto de violaciones y “blandenquerías” recurrentes, vale decir. Pero, sí que son las más apreciables, conjuntamente con la Ley Nº 66-97. Ley General de Educación. También, la Ley General de Electricidad No. 125-01, y sus modificaciones posteriores, así como su Reglamento de Aplicación. Estas, entre otras, habría que agregar, sin temor a equivoco alguno. 

Por consiguiente, la máxima que en parte intitula, bien aplica, cuando se pondera respecto a lo tratado, en el sentido directo de que, solo ministros y superintendentes están siendo objeto de sustitución por parte del señor presidente de la República;

Y de que, las tareas para eficientizar, como resolver, estatalmente hablando, si es que son esos de los aspectos que en realidad se desean alcanzar; al igual que, el despertar entusiasmo electoral en el pueblo, en favor del del partido oficialista, tienen que ser ampliadas hasta los que estarían detrás de los nuevos incumbentes en los puestos de referencia.

Poco discutible es que, con fijar la atención en los frentes solamente, como una forma de limpiar las caras de las dependencias estatales envueltas, y en nada más, a muy pocos logros significativos, eso puede conducir.

Es una reflexión de cierre ésta, razonable, ¡verdad que sí!

Autor: Rolando Fernández

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¡Boca, calla; sécate pluma!

Sería una decisión inteligente. pedirlo así, para no proseguir en lo adelante, intentando ayudar a esta sociedad, a través de hablar, o escribir, sin lograr provecho alguno, aun se tenga el deseo de hacerlo.
Eso de inclinarse por callar y no escribir, por parte de algunos de aquellos que aspiran a vivir en un mejor país, junto a sus compatriotas, obedece a la impotencia sentida, como al presentimiento de que nada podrá resolverse aquí por el momento, de esa forma solamente, sino que se precisa de otras acciones más severas dadas las circunstancias envueltas en cada caso que se conoce, con respecto a la solución de muchos de los problemas apremiantes nacionales.
Sí, se refieren a los relativos a determinadas temáticas de carácter económico, político y social, que por lo regular se abordan; y, que se relacionan con cuestiones muy importantes, en esos órdenes, las cuales vienen afectando a la nación dominicana desde hace años ya. Oscuro es el camino que señalan las problemáticas atinentes. ¡Innegable eso, para cualquier pensante, verdad!
Evidentemente, la determinación de que se trata, es consecuencia de la avalancha de las “gruesas” informaciones, desastrosas, que a diario salen a la opinión pública nacional, y las cuales, por su trascendencia, hacen blanco en el desánimo de todo ciudadano preocupado, que aspire a colaborar usando tales medios: hablar o escribí, se reitera.
También, a la existencia de una “prensa amarilla”, en su mayoría, no combativa por supuesto, en capacidad de ayudar, obviamente; pero, que está vendida en gran parte a los intereses de los sectores agresores, y gravitantes, – lo cual limita, como es lógico suponer, -, que entre nosotros se han venido destacando desde hace años.
Además, a una televisión en el país, que bien se puede calificar como “podrida”, por el grueso de sus dañinos programas. Obvio, no usado ese tan amplio medio de difusión, para concienciar a este pueblo, como bien podría ser aprovechado; algo que, evidentemente, se reporta contrario a lo que se debe hacer con su gente.
Sí, repleta en adición la misma, de “disparatosos”; “bocinas” pagadas; e, ineptos de la comunicación, que en ocasiones rayan con lo vergonzoso. Que a veces, ni siquiera no saben expresarse bien; y que, como productores de espacios patrocinados, requieren de los llamados “interactivos” – personas con muy pocas condiciones por lo regular – para que les rellenen los programas con sus comentarios. Claro, no creíble se reporta, que esos lo hagan gratis.
Difusor el medio por demás, de “culebrones novelescos”, con los que nada bueno se enseña. Y, hasta convertido ocasionalmente, en prostíbulo público, para exhibicionismos corporales femeninos indecorosos; cuando no, en promotor de antivalores, y degeneración sexual.
Sí recalcable se reporta la inclinación señalada, cuando se pondera fríamente, y se analiza con imparcialidad ese escenario deprimente, que se ha venido verificando en Dominicana durante las últimas décadas, al cual no se le ve posibilidades de enmiendas.
Luego, ¿hablar y escribir entonces aquí, para qué? No vale la pena hacerlo. Lamentablemente, en este país se verifican niveles alarmantes de mediocridad pueblerina, displicencias ciudadanas, y de ignorancia. De eso no cabe la menor duda, con el agravante de que, ya gente en esta nación, ni siquiera se preocupa por leer nada instructivo, o edificante.
Eso, amén de tener una juventud – que sería la más llamada a emprender las acciones pertinentes hacia los correctivos de lugar -, que solo está pensando en juquear, “dembotnear”, bachatear etc.; como, en agenciarse un título académico, aunque sea con el cerebro vacío, para poder venderse social y laboralmente
Dirigida, además, esta nación, por políticos ilusionistas, que creen que un país se gobierna en base a titulares periodísticos, posverdades expresadas, anuncios propagandísticos embaucadores, hasta mal diseñados algunos; y, con ofrecimientos aéreos a la población, entre otras argucias de uso ordinario.
Que son creadores de falsas expectativas, ante un pueblo creyente y conformista; que no reacciona en pos de reclamar sus derechos: comer; recibir educación; y, a la salud, entre otros diversos beneficios que le corresponden.
Que, al parecer, no le está importando el nudo económico a desatar en el mañana que le están dejando estos políticos de nuevo cuño. Tampoco, el qué habrá de hacerse para honrar los tantos compromisos con el exterior que se vienen contrayendo desde hace décadas; y, la forma de poder cumplir con los acreedores extranjeros, cuando se presente el momento de tener que hacerlo.
¡Ah!, también, el que no tenga que dejarse forzosamente de lado, lo imperioso que resultaría para todos los dominicanos, el tener que preservar la soberanía de la República, comprometida en parte con los empréstitos concertados.
Penosa, la decisión de no hablar, ni escribir por parte de algunos ciudadanos preocupados, que tratan de alertar y edificar por esos medios a este pueblo sobre los males inminentes que le pueden aguardar.
Obviamente, serán esas inacciones, hasta que el mismo se incline por secundar a esos desinteresados ciudadanos parlantes, o escritores; por sacar del ruedo nacional a sus verdugos políticos; y, empoderarse, en procura de lograr las enmiendas requeridas, ante todo hecho deleznable que se genere en los litorales del Estado local.
Luchar en contra de la flagrante corrupción pública, generalizada, y las desaprensiones en que de ordinario incurren los sectores oficiales del país, siempre en contra de las grandes mayorías nuestras.
Además, porque se proceda en consecuencia cada vez, ante todos los actos ilícitos locales. Y, agenciar con firmeza, el que sus reclamos sentidos prosperen; como, el que las penurias sofocantes, insoportables ya, sean satisfechas oportunamente por las autoridades competentes dentro del oficialismo.