¿Habría celebración de la Navidad en Dominicana, sin regalía pascual?

Gracias sentidas, por la instauración del llamado “doble sueldo” en Dominicana, debe dar mucha gente entre nosotros, aun sea nada más para paliar en un poco la crisis que abate a tantos ciudadanos en este país, y no obstante se produzca siempre al finalizar el año. Además, por el hecho mismo de tener como propósito concomitante, el reactivar todas las actividades comerciales aquí, al margen del mal uso que se hace de ésa.

 

Lamentablemente, la última se reporta, como un estímulo al mercado extorsionador económico capitalista, lo cual daña bastante el asunto. Se aprovecha la ocasión, como es bien sabido, para especular sin control, y ganarse todo cuánto no se pudo lograr durante los once meses anteriores.

 

Mientras algunos reciben unos chelitos extras para satisfacer determinadas necesidades, amortizar deudas acumuladas, y corresponder la inducción al consumo desmedido, algunos siguen sumidos en las mismas penurias. Solo les queda observar de lejos, mirando en los anaqueles de las tiendas, y vitrinas de los demás comercios;  “oler donde se guisa”, como dice la gente. Luce medio injusto, ¿verdad?

 

Bastantes personas deben dar gracias en este país, reiteramos, principalmente los comerciantes, por ese hecho monetario, aunque en aquella época cuando eso se estableció, la especulación no tenía mucha cabida entre nosotros. No había tanta avaricia desmedida entre los mercaderes internos.

 

Tal deferencia, o miramiento obligado, hacía que un mayor número de gente, aun sin recibir regalía pascual, con las pequeñas donaciones que les hacían, pudiera hacer sus compritas. Claro, todo era en razón de lo preceptivo en vigor, por el respeto que imperaba hacia la ciudadanía en general a la sazón.   De mayores beneficios para la sociedad se reportaba por consiguiente el salario No. 13, otorgado a trabajadores y empleados.

 

Evidentemente, aquí la costumbre ha hecho ley, como reza un viejo refrán popular. Ya  para los dominicanos Navidad es sinónimo de doble sueldo. Tener un dinerito extra para mayores consumos. Ni siquiera para pagar parte de las deudas que acumulan durante los once meses precedentes lo consideran muchos. Todo lo contrario, se lían más económicamente en el mes de diciembre, porque el precitado sueldo, no les resulta suficiente para solventar todo lo que se aspira al finalizar el año.

 

Por  romerías, festejos mundanos, y gastos excesivos se le ha cambiado la esencia espiritual-religiosa de esa celebración tradicional. Su valor en sí, se perdió hace bastante tiempo.

 

Sin cuartos, es muy probable que en Dominicana las personas no celebrarían las navidades. Y, aun teniéndolos, quienes en verdad disfrutan del período navideño son los comerciantes, con los altos volúmenes de ventas que logran realizar, y las especulaciones inherentes que llevan a cabo, sin control alguno por parte de las autoridades competentes.

 

El que quiera comprobar lo expresado, solo tiene que girar una visita en estos días por las grandes tiendas y supermercados del país. ¡Falta Año Nuevo, y el Día de los Reyes! Los precios han sido aumentados inescrupulosamente, para sacarle del bolsillo a la gente los chelitos del doble sueldo.

 

Se hacen innúmeras “truchimanerías” mercadológicas para atraer a los ingenuos compradores inducidos al consumo: especiales, rifas, premios, etc., que al final nunca aparecen, y los tarados se amotinan desesperados, como corderitos, para dejarse manipular y estafar.

 

Es una de las ocasiones más,  en que los comerciantes aprovechan las euforias ciudadanas para “hacer su agosto en diciembre”, como se dice, a costa de los pendejos, los descerebrados,  aquellos que reciben el “doble”, para ir a dejárselo a ellos – los comerciantes -, en vez de destinarlo a un mejor usufructo.

 

Los ricos, por supuesto, no reciben regalía pascual; pero,  como pueden gastar, lo hacen  para inducir a los demás. Luego recuperan con creces lo que invierten, por vías distintas, principalmente a  través de sus negocios y empresas industriales.

 

Si a ver vamos, a quienes en realidad se les otorga la regalía pascual de manera indirecta, es a los comerciantes; no a lo empleados, y trabajadores diversos, con casos excepcionales que se pueden contar.

 

¡Esa es otra dadiva, o caramelo envenenado, que promueve el sistema  prevaleciente!, por la forma de entrega, y la intención en el  uso  de esos dineros por parte de la gente, que obviamente subyace.

 

El día en que a alguien se le ocurra eliminar la regalía pascual en este país, aun se entienda como un derecho de los trabajadores y empleados nuestros, es difícil que se pueda ver entre nosotros el celebrar las navidades, como en la  actualidad se verifica.  Aunque, poco previsible se reporta el que tal decisión se pueda adoptar, debido a los efectos dañosos que se derivarían en términos generales.

 

Sí existe la pretensión en estos tiempos de cosechas empresariales unilaterales, según ha trascendido, de eliminar la cesantía en el nuevo Código de Trabajo, lo que iría en perjuicio patente de los empleados o trabajadores, y que podría ocasionar una gran conmoción social, por el despojo de esos beneficios, según lo manifestara en una ocasión, en declaraciones a la prensa local, el presidente del Consejo Nacional de la Unidad Sindical (CNUS), señor Rafael – Pepe – Abreu, con sobrada razón.

 

¡Esa sí luce factible!, ¿verdad?, porque nada más afectaría a un solo sector, empleados y trabajadores. Para los otros,  con la regalía vigente, en diciembre se continuaría vendiendo igual, si es que la gente no abre los ojos; y, por supuesto, habría mayores beneficios. Pero además, el fisco recaudaría ingresos superiores por concepto de los impuestos derivados referentes.  ¡Qué bien!

 

¡Así funciona el sistema capitalista injusto que se gasta el país, todo para un solo lado, siempre con el concurso, que también se reporta beneficioso, para su hermano inseparable, el político embaucador y alienante que tenemos aquí!

 

 

Autor: Rolando Fernández

 

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¿Cuándo aparecerán de nuevo entre nosotros, hombres que defiendan a este pueblo, faltará mucho?

En cada momento en que uno tiene la oportunidad de abordar algún tema de importancia dentro de las grandes problemáticas nacionales que vienen afectando a esta población desde hace ya varias décadas, frente a determinados hombres leídos, con experiencia marcada, como valor patriótico ostentado, la primera frase que sale de sus labios, luego de escuchar con atención las exposiciones que se les hacen es: “aquí se acabaron los hombres de pelo en pecho”.

 

Y agregan, soportando su parecer: “para que dentro de nosotros se estén verificando las situaciones que vienen aconteciendo, y que todo pase y retorne de forma consistente como la oscuridad de cada noche, la escasez de varones que se respeten y hagan respetar entre los dominicanos, es la justificante más obvia.

 

Es innegable que, los hombres con pantalones, desde hace ya varios lustros, están brillando por su ausencia en este país. Muchos por indefinición sexual innata; otros que usan vestuarios femeninos debajo del propio; aquellos declarados públicamente homosexuales; los alienados indiscutibles por la transculturación en curso, como el sistema político degenerativo que rige; los conformistas adaptados a lo que sea; y, los puestos ya en retiro por su edad cronológica, como por las limitaciones físicas que devienen con el paso de los años.

 

La pregunta que tanta gente se hace a nivel nacional es: ¿cuándo aparecerán ciudadanos “braguetudos”, con virilidad connotada, tal algunos de esos especímenes de otrora, en capacidad y con voluntad tesonera, para ponerle freno a toda esta podredumbre que ha venido gobernando el país durante los últimos lustros, conduciéndole por derroteros de impredecibles consecuencias, amén de las mofas ostentadas con que actúan frente a una población que parece adormecida y endrogada por las demagogias patentes, como las farsas sonoras con las que se maneja.

 

Solo basta con observar a todos estos políticos de nuevo cuño, corruptos en exceso, y ladrones “sofisticados”, como se burlan de gran parte de un pueblo hambriento, sufrido, desprotegido, e ignorante por demás, haciéndole entrega de “porquerías comestibles” de baja calidad, en ocasión de las fiestas navideñas, para que esos “muertos de hambre”, incluidos muchos envejecientes, de aquellos que formaron familias para nada, tengan algo para comer durante un par de días, no  más.

 

Esa gente parece grupos de aves errabundas, cuando en algún sitio se encuentran con un Alma piadosa que les riegue un poco de alimentos. Se lanza desesperada sobre los mismos para aprovechar, antes de que se acabe el manjar que apareció.

 

Pero, en el caso de los políticos nuestros, no se trata de seres con Almas piadosas, sino de personas aviesas, corruptas y desaprensivas, en procura de continuar embaucando a sus congéneres nacionales, a los fines de que sufraguen en su favor durante los próximos comicios electorales, para continuar “subidos en el palo”, como dice el grueso de la población. ¡Aquellos que lo hacen de corazón son mínimos, si es que los hay!

 

La misma forma de entrega lo dice todo: una caja preparada con fotos a color de los turpenes  “dadivosos” envueltos, retocadas por supuesto a nivel de computadoras; y,  tremenda literatura política “embaucante”, dentro de la que se destaca el logo de la organización partidaria a la cual se pertenezca.

 

Claro, todo ese accionar aparatoso propagandístico recibe el concurso y coro de la prensa local, la “difusora” pagada por excelencia, con raras excepciones, en la que se pueden observar reportajes fotográficos muy indicadores, y discriminar entre los famélicos que acuden desesperados por recibir esas migajas envenenadas, y los envalentonados que entregan, los cuales parecen toros cebúes, por lo bien que han vivido, y viven, con un “feeling” notable, e imagen de elegancia económica,  a costa todo de este pendejo pueblo, que no acaba de abrir los ojos,  darles con las puertas en las caras, y hacerlos desaparecer del escenario político nacional.

 

Los aparentemente favorecidos no reparan en que, todo el dinero invertido en las limosnas encajadas que reciben, al igual que en las actividades conexas que los repartos burlones conllevan, sale de sus propios bolsillos; que es su peculio el que se utiliza para tales propósitos.

 

Esos son cuartos provenientes del erario público de manera directa, o de las subvenciones que reciben las empresas denominadas partidos políticos para sus francachelas electorales, cuya fuente originaria son los onerosos y azarosos tributos que se imponen en esta nación. ¡Cuánta ignorancia, mamacita!

 

De esa “risueñez”, la falsa contentura que  muestran todos aquellos truhanes  que participan frente a los desposeídos se  infiere que, en sus adentros deben estar diciendo; “éstos sí que están pendejos; no se dan cuenta de lo que buscamos, y quien en realidad sufraga toda esa basura que reciben, que nosotros las comíamos antes, pero que ya jamás volveremos a hacerlo, por el nuevo estatus de hoy”. También, están incluidos los gastos conexos que eso conlleva, a cargo de los infelices receptores.

 

Finalmente, preciso es destacar en relación con la temática, los grandes negocios que se hacen alrededor de esas lastimeras distribuciones, Están los empresarios suplidores favorecidos a granel, como igual ocurre con las comisiones que median para colocarles órdenes de compra. Sino se pactan las mismas, difícil que se produzca la escogencia.

 

Pero además, los representantes barriales y grupales de los partidos políticos, se quedan con una gran parte de las famosas cajas, cuando no es que les sacan  sus componentes de mayor valor, para entregarlos a sus familiares y allegados más cercanos, que normalmente no los necesitan; o, para negociarlos con los comerciantes especuladores.

 

¡Pueblo, de por Dios, abre los ojos!, y ruégales al Todopoderoso que aparezcan verdaderos hombres en este país, en capacidad y dispuestos a defenderte; a librarte de todas estas víboras ensacadas y encorbatadas, de verbo florido demagógico, embaucador, y alienante por demás, que si continúan como van, te harán desaparecer del mapa como nación.

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

Desviar la atención es un nuevo estilo de gobernar, agenciándose a la vez propósitos solapados

A lo que ha llegado este país, narigoneado por todos estos políticos inversionistas de nuevo cuño, que en lo que menos están pensando es en el rescate de los tantos valores perdidos a nivel de la sociedad nacional, que la continua transculturización, como las injerencias desde el exterior, con las subvenciones económicas obvias inherentes en favor de las cajas de resonancia internas, se los ha llevado de encuentro. Los lineamientos que desde ambas esferas provienen han hecho blanco perfecto entre nosotros.

 

Aquí siempre se está recurriendo a una temática sustitutiva para desviar la atención, máxime cuando se trata de asuntos calientes como dice la población. Y, como hay que suponer, se aprovecha la oportunidad para incluirle un trasfondo normalmente de orden político, con propósitos marcados que cualquier pensante medio los advierte a simple vista, aun se quieran ocultar.

 

De último se puso sobre el tapete el tema del aborto, el nuevo Código Penal que  fuera aprobado por la Cámara de Diputados, y la posterior observación que hiciera al mismo el señor Presidente de la República, que ha causado un “hervidero” de opiniones a favor y en contra de marca mayor, entre diversos sectores de connotada importancia a nivel nacional.

 

Ese ha hecho olvidar en gran medida la Sentencia 168-13, evacuada por el Tribunal Constitucional de la República, sobre el problema migratorio irregular preocupante que nos aqueja, como la Ley de Naturalización relativa; y, se han dejado entrever, adicionalmente, otros posibles objetivos políticos envueltos.

 

En fin, el tan sonado caso haitiano sobre la inmigración ilegal hacia el país, las repatriaciones, etc., con amplia difusión, como  repercusiones y presiones extremas a nivel internacional, que tan enfrentadas han sido por organismos de ultramar, encabezados por la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH), la cual ha estado dirigiendo la orquesta,  ha pasado a otro plano menos significativo, y digno de atención por supuesto.

 

Las preguntas que cualquiera se haría son: ¿Por qué la aprobación del nuevo Código ahora, con más de una década en las curules del Congreso Nacional? Y, ¿por qué volver a retomar el “bendito” tema del aborto incluido en el mismo, que fuera ampliamente analizado, discutido y consensuado a nivel congresual y social en el año 2010, en ocasión de aprobarse la última versión de la Constitución de la República, donde quedó claramente estipulada la normativa referente a regir (Artículo 37)?

 

Lo que resulta bastante extraño es que, muchos de los que en aquella ocasión estuvieron de acuerdo con lo establecido en la Carta Magna sobre el particular, en estos momentos están diciendo que no, que eso hay que modificarlo; y otros que estuvieron en desacuerdo, quieren ahora que permanezca igual.

 

¿Cuáles son las intenciones que puede haber en realidad detrás del tema hoy? Primero, se infiere que, quitarse el Gobierno las presiones de encima en relación con determinados temas candentes, que no se callan a nivel público, como son: la corrupción, las drogas, la inseguridad ciudadana, el nudo energético, y los apagones abusivos, entre otros; pero sobre todo, el gravísimo y acuciante problema haitiano, con las secuelas inherentes, a partir de las nuevas disposiciones legales migratorias aprobadas.

 

¿Cuál sería el próximo tema entretenedor se cree,  para desviar la atención de la gente aquí? Posiblemente, ya esté en carpeta: sometimiento y aprobación matrimonios entre gais (gays), y hasta de lesbianas. Importar  tales prerrogativas desde el exterior también, para no quedarnos atrás.

 

Y es que, el concerniente al aborto va para largo no cabe duda, ya que  ése tiene bastante tela por donde cortar, además de los procedimientos irregulares llevados a efecto, según sostienen connotados juristas nuestros, desde el momento mismo en que se notificaran a la Cámara de Diputados las observaciones consideradas pertinentes, por la forma en que se hizo desde el Poder Ejecutivo. Es previsible entonces, que dichas situaciones provoquen conflictos de envergadura.

 

De no aprobarse las observaciones hechas por el Poder Ejecutivo, a nivel del Congreso todo, se continuaría insistiendo, aun sea de forma sutil, y con menos trascendencia pública, en pos de lo que habría que hacer para la despenalización del aborto, aun sean con las excepciones que se entienden de lugar,  ocasión  que podría ser  aprovechable para otros fines que se perciben solapados.

 

De ser acogidas por los legisladores, como de hecho ocurrió ya por parte de diputados, aún esté pendiente la opinión de los senadores – respecto de la cual se ha presentado otro “lío jurídico”, porque algunos interpretan que no es necesario, mientras otros opinan lo contrario -,  presumiéndose  igual  adhesión en ambas Cámaras, debido al tipo de Congreso Nacional que se gasta el país, no considerado como tal por las grandes mayoría locales, sino como un grupo de fanáticos políticos interesados, ineptos por demás en un alto porcentaje,  nada más levanta manos, que solo están allí para agenciarse beneficios (legislar en su favor), y acatar las directrices de los seudos lideres a los que siguen,  eso no se va a quedar ahí.

 

Se aprovechó incluso el periodo navideño para salir parcialmente rápido del asunto, cuando las reacciones desfavorables pudieran resultar menores, debido al ambiente conmemorativo y festivo de la tradición, en que la gente está dedicada más bien a las actividades sociales relativas, que conllevan la compradera de regalos, los agasajos, la visitadera a familiares, amigos y relacionados, etc. Pero, ¡el pleito continuará en enero próximo!

 

Seguirá camino hasta una de las llamadas “Altas Cortes”, y habrá que esperar entonces la decisión final del Tribunal Constitucional de la República, donde de seguro será llevado el caso, si es que persiste la intención de toda la legalidad requerida en torno  ese asunto, algo que no se producirá huyendo, sino que se habrá de dar tiempo, en procura de lograr el respeto debido al artículo 37 de la Carta Magna.

 

Segundo, los aportes económicos en favor de la ONGs títeres que aquí tenemos, pagadas desde el exterior, para inducir a la introducción de los nuevos paradigmas que más convengan a los poderes regentes externos, con el voto favorable de las “miembras” que aspiran a imponer sus criterios, en el marco de la mal llamada liberación femenina.

 

Y, tercero, el de probable mayor incidencia creído, el concerniente al orden político, con la punta de un refajo que se ve a lo lejos. No hay que ser abogado para saber que, de aprobarse las observaciones que hiciera al nuevo Código Penal el primer mandatario de la nación, por parte del Congreso Nacional, como dijéramos más arriba, de inmediato los sectores que se oponen a las mismas, encabezados por la Iglesia Católica, y demás sectas religiosas que operan en el país, elevarían una instancia de inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional de la República, que muy bien fundada resultaría por lo que se ve, ya que se estaría violando en realidad la Carta Magna, como violentando los procedimientos legales requeridos, por lo que de seguro ese estamento judicial fallaría en contra de la modificaciones aspiradas.

 

Eso obligaría a procurar crear la base para poder seguir insistiendo sobre la despenalización del aborto en la República Dominicana, sin objeción alguna, aun supeditada a determinadas condiciones terapéuticas, como es lo que se pretende, que sería una nueva modificación a la Constitución de la República, situación ésa que se concibe bien podría ser aprovechada para negociar e introducir  otra vez la reelección presidencial entre nosotros.

 

En este último aspecto, independientemente de que se pueda estar de acuerdo o no con lo expresado,  aunque en un tono poco cortés sí podría decirse, hay que leer con la atención debida el contenido de la carta-renuncia escrita  por padre Manuel Ruiz, enlace entre el Poder Ejecutivo y la Iglesia Católica, por haber estado en la “barriga del monstruo” durante algún tiempo, con facilidades para tener dominio de informaciones que difícilmente trascienden hasta la opinión pública.

 

¡Se supone edificado el sacerdote sobre el asunto!; amén de que, nadie puede dudar que las artimañas de la política aquí están presentes en todos los escenarios.  Ahora, ¿por qué en esos términos se pronunció el cura?

 

Además, notoria se reporta la aseveración de la Iglesia, en el sentido de que lo hizo de manera inconsulta, motu propio, por  “razones meramente personales. (Periódico “Diario Libre”, edición de fecha 16-12-14). ¡Esperemos!, para ver lo qué habrá de ocurrir en cuanto  a lo denunciado por el mismo.

 

Es obvio que, hay un primer supuesto objetivo logrado: el desviar la atención sobre otras temáticas puntuales a nivel nacional. Es algo que se estila entre nosotros. De sobra están los precedentes, aunque los dominicanos no tienen memoria, como opinan tantos.

 

Ahora, tan pronto la relativa al aborto, el nuevo Código Penal, y las observaciones oficiales que recibiera, como la aprobación obediente por parte de ambas cámaras congresuales, algo que es lo esperado, se debe reiterar,  se caliente un poco más de lo que está, un tema sustituto se introducirá de inmediato. Ejemplos los hay de demás. Ojalá y no sea el señalado más arriba, porque ahí sí es que vamos a completar

 

Sobre el propósito segundo que se infiere, de amplio consenso, el mismo luce estar bastante encaminado, con la acogencia (aceptación) y aprobación final de las observaciones oficiales que recibieran los diputados, que incluso devolvieron la pieza (Código Penal) ya conocida de nuevo al Poder Ejecutivo para su promulgación, obviando al Senado, según reportes de la prensa local, a pesar de las opiniones adversas externadas por renombrados juristas del país ¡Ya esos hablaron! Lo que harán los senadores, en el caso de que se les tome en cuenta, no hay que darle mucha mente; las aguas del río seguirán por igual cauce.

 

En ambos litorales legislativos solo se está para autobeneficiarse y levantar las manos, aprobando cuánto les llega de sus compañeros dirigentes altos en los partidos políticos. Sumisos  y obedientes siempre son los congresistas que se gasta el país ante el Poder Ejecutivo, evidenciándose cada vez más que la separación alegada es puro sofisma. Claro, a veces se exceden en los allantes rutinarios, para confundir a la población poco pensante. ¡No es lo que merece el país!

 

¡Penosa, esa generalizada concepción que se tiene sobre el Congreso de la República! Pero, es obvio que, sus componentes para eso han sembrado, con las excepciones que confirman la regla.

 

 

Rolando Fernández

 

¿Será pacto, o parto eléctrico?

Qué será por fin ese acuerdo que desde hace ya un buen tiempo se viene anunciando con muchas alharacas entre los dueños del gran negocio eléctrico en la República Dominicana, con ensayos introductorios demagógicos publicitados, y comienzos oficiales que siempre se están posponiendo.

 

“Posponen inicio discusión Pacto Eléctrico”. Ahora es para los primeros días de enero del 2015, según fuera anunciado por Gustavo Montalvo, ministro de la Presidencia. (Periódico “Diario Libre, del 8-12-14, página 35). Motivos siempre hay. ¿Cuál será la nueva fecha en agenda? Pronto se  hablará seguro de la peligrosidad de un asunto tan delicado como  ése en un año pre-electoral.

 

Evidentemente, sabiéndose de todos los intereses económicos y políticos que hay envueltos en los menesteres relativos, se estarán haciendo los amarres y componendas de estilo, en el marco del maridaje político empresarial que siempre ha regido en la actividad, desde el  maligno engendro de la mal llamada capitalización del sector, para unos cuantos “vivos” quedarse con la fructífera actividad mercurial de que se trata, en contra del país.

 

Sí, de tener a sus pies a toda una nación, en base a la condicionada oferta de un servicio imprescindible para la sociedad en general, su productividad, progreso y desarrollo, de manera deficiente y onerosa. Pero, como aquí al parecer se acabaron los hombres, todo pasó muy bien, y sigue proporcionando sus efectos a favor en  contra.

 

Bastante ilustrativo resulta en el tenor de lo que se trata, el EDITORIAL del periódico “El Día”, en su edición de fecha 10-12-14, “El eléctrico pacto impostergable”, contentivo de puntualizaciones bastante precisas, para una edificación sosegada y reflexiva. Del mismo transcribimos aquí su primer párrafo, para una mayor defunción del puntual mensaje que envuelve:

 

“Profundas diferencias entre los generadores de electricidad y los líderes del sector eléctrico en el Gobierno – políticos por supuesto – han postergado el inicio de las discusiones sobre el impostergable pacto eléctrico”. Ahí está el gran tranque se podría decir, sin temor a equívoco.

 

Luego, el que esté esperando algo fructífero para la Patria nuestra y sus habitantes, a partir del nuevo traje  la medida que se aspira confeccionar, concepción de amplio consenso ciudadano, que se ponga a entonar una canción que se intitule: “Imposible será”, pues el espectáculo  que se espera será montado por esos turpenes, avaros y desaprensivos, estará protagonizado por los mismos actores que se idearon, y luego oficializaron el robo de la privatización del servicio eléctrico a nivel nacional, por el que hoy aparecen en la prensa local anuncios de primera plana como: “Los generadores advierten podrían apagar sus plantas”. Alegan no tener cuartos para comprar combustibles. (Véase: periódico “El Día”, del 8-12-14).

 

¡Ay mamacita, Navidad más a oscuras!, si es que no se les paga una buena tajada de lo que ellos dicen se les debe. Procede  recordar que, son  “altruistas” comerciantes en busca de pingues beneficios económicos. Labores de auditoría sobre los importes de los adeudos que reclaman deberían ser  realizadas con la oportunidad debida, y los informes correspondientes publicados a nivel de la prensa local, para conocimiento de esta sociedad, que muchos entienden secuestrada.

 

Esa gente no va a afilar cuchillos para su propia garganta; no va a pactar nada que vaya en contra de sus propios intereses. Nadie hace negocios para perder; y menos, en este entorno de podredumbre social-político que tanto le favorece, como el que aquí se tiene.

 

Y, si en verdad las autoridades principales de este Gobierno se inclinaran por enmendar  en algo las tantas trapacerías que hicieran políticos de su mismo partido, en combinación obvia con algunos dizques serios empresarios nacionales y extranjeros para adueñarse por completo de ese  negocio nacional, a partir de las deleznables transacciones pactadas entonces, el asunto se traducirá en un parto con cesárea, que deberá practicar  un buen médico ginecobstetra, precedido por un embarazo de altos riesgos, como esos que se producen en mujeres viejas que ya se les imposibilita parir, si es  que vale la analogía.

 

De todo salir bien, entonces tendríamos un parto eléctrico nacional, en que la madre afortunada sería la República Dominicana, con una criatura nacida que se denomine: eficiente servicio energético local, con precios justos y equitativos para este esquilmado pueblo hasta hoy; no un pacto eléctrico, que de seguro será para afianzar las hegemonías particulares de los grupos dominantes dentro del sector, al tiempo de aumentar los tantos beneficios que  se tienen, como las formas de corrupción presentes, y los solapamientos de los políticos de nuevo cuño que se gasta el país.

 

Posiblemente, en el caso de eso último, hasta se aprovechen los aires electorales que se avecinan, para agenciarse patrocinios, de cara a los comicios generales que serán celebrados en el año 2016. ¿Quién lo dudaría, donde todo se vale, y la población calla como si estuviera anestesiada?

 

Esperemos las nuevas estrategias, a conveniencias partidarias politiqueras,  grupales, como personalizadas, y las truchimanerías,   o las argucias previsibles, en el  tenor de lo tratado.

 

Rolando Fernández

 

 

 

El aborto, ¿sí, o no?: hervidero nacional de última

No sería muy osado el pensar que en la República Dominicana siempre se está tratando de sustituir los temas calientes, como por  arte de magia.  ¡Olvídense de ése, que ahora va éste!

Ya el tema de los haitianos, la Sentencia 168-13,  emitida por el Tribunal Constitucional nuestro, y la Ley de Regulación inherente poco se dejan sentir. En estos momentos, todo el material pensante del país, y el que no, han fijado la atención sobre el nuevo Código Penal, aprobado recientemente por la Cámara de Diputados, y las acciones posteriores por parte del Presidente de la República

Los estudios y aprobación de esa pieza legislativa tenían más de una década bailando entre las curules del Congreso Nacional. Sale de repente al aire, y de inmediato impacta entre la ciudadanía, y más después de la observación que le hiciera el Poder Ejecutivo, con blanco directo en los articulados correspondientes a la continuidad estipulada, en lo referente a la penalización del aborto, tal y como quedara de nuevo consignada en el precitado Código.

Las reacciones a favor y en contra no se hicieron esperar, encabezadas las primera por los sectores religiosos, comandados por la Iglesia Católica, en voz de sus organismos más representativos, como el Episcopado Dominicano, entre otros, al igual que las protestantes,  por medio del  Consejo Dominicano de la Unidad Evangélica (Codue), cuyo presidente incluso se manifestó en tono algo amenazante hacia los políticos, en el sentido de conminar a sus miembros para que no voten en la elecciones del año 2016, como someter dicha pieza ante el Tribunal Constitucional, alegándose la inconstitucionalidad obvia que se advierte, en el caso de que el Congreso acoja las observaciones que hiciera el señor Presidente de la República.

De su parte, las opiniones contestarias grupales y personalizadas también se han dejado sentir con fuerza, aunque con alegatos algunos que poco podrían prosperar, al margen del populismo político, como de los aprovechamientos económicos, y los figureos de corte social acostumbrados en estos casos, en procura de agenciarse nombrarías publicitarias en el seno de la población.

La prensa nacional ha estado plagada de artículos de opinión relativos al tema en cuestión. Claro, cómo se nota cuando se escribe con conciencia de causas, mismo que, hacerlo de manera alegre y superficial; o, cuando se recurre a motivos sustanciales distintos para justificar decisiones adoptadas.

A manera de ejemplo en torno a esa inicial concepción, hubo alguien que escribió para el medio “Listín Diario”, un trabajo intitulado “El holocausto de los inocentes”, bastante edificativo por cierto, para los que se  oponen a la penalización del aborto, en que  incluyó una denuncia  que hiciera antes la Madre Teresa de Calcula sobre el mal del aborto, que entendemos merece transcribirse para una mayor difusión.

“Sólo Dios puede decidir sobre la vida y la muerte. Esa es la razón por la cual el aborto es un pecado terrible. No sólo se está matando vida, sino que también se está poniendo el yo antes que Dios – el bendito ego inferior humano, agregaríamos nosotros -. Sin embargo, ahora las personas deciden sobre quien debe vivir y quien debe morir. Quieren erigirse en Dios Todopoderoso. Quieren tomar el poder de Dios en sus propias manos: “Yo puede prescindir de Dios. Yo puede decidir”.

No hay desperdicio alguno en lo expresado por la connotada religiosa, que nosotros diríamos más bien espiritualista, debido a que fuera de lo convencional siempre estuvo ella. En ese mensaje está la esencia del porqué se debe estar en contra de la despenalización del aborto.

Pero además hizo mención el articulista al “Juramento Hipocrático”, en defensa a que todo continúe igual entre nosotros, y refiriéndose de manera directa a: “No administraré  una droga mortal a quien me la pidiere,  ni aconsejaré su empleo; asimismo no colocaré el pesario (latín: pessarium, supositorio vaginal. Aparato que sirve para mantener el útero en su sitio en caso de prolapso) a una mujer para provocar aborto”.

Y agregó, algo muy importante: “Puesto que algunas de las cláusulas del juramento se han vuelto obsoletas, la declaración de Ginebra (1948) lo actualiza, y a la vez adiciona la promesa: “Mantendré sumo respeto por la vida humana desde el momento de la concepción”.

Cuántas personas en este país tendrán dominio de esas informaciones suministradas de manera tan oportuna, incluidos los senadores, diputados, y demás autoridades correspondientes, como las hoy llamadas “miembras”, vocablo denominado como incorrecto por la Real Academia de la Lengua”, y que solo saben hablar de “liberación femenina a su entender”, como de “igualdad de género”, competitividad frontal con el sexo opuesto.

Otro que también puso el dedo sobre la llaga, para responder a los aguerridos defensores todos de la despenalización del aborto en Dominicana, fue quien escribió en el medio “HOY”, edición del 6-12-14, “Código Penal y leyes de Nuremberg”, incluyendo destacarse con relación a su contenido, primero “El tema de aborto no es un asunto de carácter religioso”.

Nosotros  nos atreveríamos a decir que sí lo es, pero no hablándose en términos de la religiosidad convencional-social ¡que es la regente mayor! Somos cristianos, como es lo que tantos dicen, y se acabó; a oír misas, o asistir a cultos evangélicos durante variados días de la semana.

La prohibición del aborto es una a prescripción religiosa espiritual-esotérica, con un fundamento bastante sólido, incluso consignado en la misma constitución de la República, artículo 37, “el derecho a la vida es inviolable desde la concepción hasta la muerte”, lo que significa en qué momento se inicia la subsistencia vital a cursar (corriente de vida), desde la fecundación óvulo-espermatozoide, el zigoto, desde donde arranca el desarrollo del feto que se habrá de constituir luego en otro ser humano (nueve ciclos de 28 días, lo normal).

Adiciona el escritor, “Sin embargo es evidente que en cierto litorales del gobierno están interesados en permitir,  a través del Código Penal, lo constitucionalmente prohibido”. Y agrega, “Es burda manipulación inferir que con el Articulo 37 de la Constitución se pretenda condenar a muerte a la mujer, poseedora del atributo divino conservador de nuestra especie,………”.

No obstante, una de las voces disidentes, expone un sinnúmero de razones para justificar la despenalización a  la que esos aspiran, entre las cuales se hace alusión de manera directa a:  peligrosidad en la salud de la futura madre; nonato con eventuales defectos congénitos que los “convertirían en una pesada carga económica para la familia”; relaciones carnales incestuosas (provocadas por padres adoptivos, o reales); procreaciones no deseadas, por inexperiencia o descuidos, en que no se tienen luego condiciones económicas para mantener a los muchachos, “que ya no vienen con el pan debajo del brazo como antes se decía”.

Y,  entre las cosas que más se destacan, siguiendo dicho orden, están las violaciones, “aberrantes actos de salvajismos”, no sabiéndose a posteriori quien es el padre biológico de la criatura, con los riesgos probables que eso implica.  Además está, el no tener la forma de atribuirle con firmeza responsabilidades al que finalmente engendró la criatura. También, los traumas emocionales-sociales que quedan, etc.,

Es indudable que, algunas de esas razones se pueden reportar como valederas para interrumpir terapéuticamente determinados embarazos. Pero también, es muy cierto que, muchas situaciones de las aludidas se podrían evitar buscando la manera de concienciar a las mujeres modernas para que traten de cambiar ciertos patrones de comportamientos  que les llevan a tener que enfrentar percances de esa naturaleza.

Se puede hablar entre otros factores de: parir en edades de optimas condiciones físico-biológicas; disminuir en el mayor grado posible el uso contraceptivos que, aunque algunos “inteligentes facultativos” dicen que aumentan la fertilidad, es lógico suponer que debe producirse todo lo contrario;  y que luego, cuando se quiere concebir por razones de conveniencias, principalmente, se corren peligros diversos durante los períodos gestación, amén de los riesgos de las malas formaciones corporales-orgánicas en las criaturas que por lo regular se producen.

Tampoco se pueden perder de vista las provocaciones femeninas, originadas en la falta de pudor que hoy se exhibe; los vestuarios de la semidesnudez para tratar de  conquistar con lo físico, lo que no se puede lograr con los sentimientos y formas loables de pensar, que indiscutiblemente incitan a actitudes de violación por parte de hombres enfermizos sexuales, o poco maduros. Un buen porcentaje de los embarazos indeseados en el presente se originan en los extremismos de exhibición corporal femeninos.

Alude también el  defensor en contra de la penalización del aborto, aunque de forma algo indirecta, la situación degenerativa que últimamente ha estado afectando a la Iglesia Católica, en el sentido de la pedofilia por la que se inclina un buen número de sacerdote (abusos sexuales en contra de niños).

Se infiere de lo expuesto que, detrás de  su defensa a ultranza sobre la prohibición del aborto puede estar ese tipo de  actuaciones indebidas por parte de los curas que se han verificado en el país, las cuales de ordinario han pasado por debajo de la mesa. Se han conocido y  denunciado los casos. “Pero ¡como los hombres no paren!,  no tuvieron consecuencias inmediatas”.

Son criterios que no compartimos, con todo el respeto que nos merece ese autor. El asunto de que se trata  no anda por ahí. Y, sí así fuera, el flanco a atacar entonces no fuera la continuidad de vigencia en el orden de la penalización de esa práctica – el aborto bajo cualquier condición -, sino la degeneración mismas de la Iglesia Católica, que bien se pudiera enfrentar reclamándose la eliminación del celibato, un estado civil religioso siempre muy cuestionado por los pensantes, en el marco de los mismos preceptos bíblicos  incluso.

También aduce el exponente contrario, que conjuntamente con la posición de la Iglesia Católica, se hizo provecho del escenario congresual nuestro, para la aprobación obvia del nuevo Código Penal, manteniendo las estipulaciones que han provocado el gran  hervidero social actual, la condición de estar compuesto mayormente por varones.

Por tales razones, curas y legisladores masculinos, como los son muchos defensores de la penalización del aborto en esta nación, intituló su amplio trabajo: “Como los hombres no paren”. Y dijo, para completar: “El presidente tuvo la valentía de devolver sin promulgar el Código Penal”. ¿Sería enteramente por valentía? ¿No habría algo también de populismo y tinte politiquero?

Rolando Fernández

¡Disyuntiva innegable, despenalización o no del aborto!

La verdad es que, el ser presidente de un país implica el tener que asumir responsabilidades, y tomar decisiones de todo tipo, sin importar que sean las pertinentes, o de corte meramente populista, cuando determinadas circunstancias así lo ameritan.

La obligatoriedad de elegir entre una cosa y la otra no es tan fácil; y esos tranques  que a veces impulsan a procurar el cerrar los ojos para no ver, y oídos para no escuchar, sino proceder de acuerdo con las propias convicciones que se tengan, conllevan el ser objeto de muchas afecciones, emocionales, físicas y mentales, que se dejan notar con facilidad a nivel corporal, con las arrugas de sobra, las canas, los surcos en la frente; y en fin, un claro envejecimiento extemporáneo.

Los referentes están de sobra; solo hay que reparar en el físico de los presidentes de algunos países cuando asumen  el poder, y lo que de inmediato comienza a producirse en términos de apariencia física, hasta que concluyen sus mandatos, en que reflejan una mayor edad cronológica que la cursada en realidad.

El gobernar una nación es tremendo paquete en verdad sobre los hombros de cualquier ciudadano elegido. Claro, en ocasión de  proceder como debe ser, no cuando los mandatarios  se hacen los locos, tal ocurre en algunos casos, y dejan discurrir las cosas sin la mayor preocupación.

Hemos hecho ese preámbulo, para referirnos al caso nuestro, relativo a la aprobación del nuevo Código Penal por parte de la Cámara de Diputados de la República, y la posterior observación que hiciera el señor Presidente del país, en cuanto a la promulgación de la nueva ley, por sus disidencias con respecto a los artículos de la Sección III,  Capítulo I, Titulo II (publicación medio digital “El Caribe”, del 28-11-14), que se refieren al aborto.

A raíz de producirse la decisión presidencial, y  la notificación al Congreso Nacional, de inmediato comenzaron a aparecer, como era obvio, las opiniones favorables, incluso a través del portal Facebook en la Internet. Al respecto aprovechamos para comentar: “La opinión de las iglesias tiene mucho peso en asuntos de esa naturaleza, por lo que habrá que esperar hasta las ocurrencias durante los próximos días”.

Y efectivamente, no hubo que aguardar tanto. El primero en pronunciarse públicamente en carta dirigida al primer mandatario de la nación lo fue el padre Luis Rosario, de la Pastoral Juvenil, quien dijo: “¡Qué decepción, Sr. Presidente! Usted ha hecho lo que nunca se hizo: Abrirle las puertas al aborto “legal” en la República Dominicana. De corazón le deseo que Dios lo perdone”.

Indicó además que: “con la decisión, el cuidado y protección del matrimonio y la familia, que la constitución de la República pone en manos del Estado, se tambalea, “cuando en alguna forma se viola el derecho a la vida de los más inocentes y se abren las puertas a la búsqueda de soluciones fáciles a posibles situaciones incómodas que se produzcan como resultado de la actividad sexual, muchas veces descontrolada”.

¡Bastante expresó el connotado sacerdote! No hay desperdicio alguno en sus palabras., Incluso, enrostrándole al presidente, con sentido un tanto negativo, uno de sus famosos slogans de campaña: “hacer lo que nunca se había hecho”.

Luego, se produjeron declaraciones “imputantes” de mayor calibre, procedentes de la Comisión Nacional de Pastoral Familia-Vida, en la que se rechaza con fortaleza la decisión del Presidente, alegándose violación por parte del Poder Ejecutivo a la Constitución de la República, en la que se establece: “el derecho a la vida es inviolable desde la concepción hasta la muerte. No podrá establecerse, pronunciarse ni aplicarse en ningún caso, la pena de muerte”. (Periódico “HOY”, del 3-12-14, página 11B).

Y se agrega, “el Estado no tiene derecho a violar su propia Constitución, condenando a muerte vidas indefensas e inocentes”,

Pero además, “Promover, inducir y legalizar abortos, sí es una violencia contra la naturaleza de una mujer. Implorar a los organismos internacionales, que han tratado irresponsablemente a la República Dominicana, ha de constituir una vergüenza para todos los dominicanos”.

Palabras muy pesadas esas procedentes de los obispos representantes de la Iglesia Católica, que deben ser leídas con mucha atención por parte de las autoridades competentes, ponderando el gran valor, e influencia de las posiciones eclesiásticas, como los efectos inductivos con blanco directo en las feligresías de la sociedad generalizada.

Por otro lado, hablar de violación  a la Constitución de República (artículos 37 y 38), y tomando en consideración que ninguna otra ley puede estar jamás por encima de la Carta Magna, que todo mandatario al tomar posesión del cargo jura solemnemente respetar y hacer cumplir, no es algo que merezca poco caso, como el hacerlo pasar por debajo de la mesa, obedeciendo a populismos para complacer a determinados sectores nuestros. Eso puede tener sus bemoles, y más para un partido político que aspira a seguir dirigiendo los destinos nacionales. ¡Puede causar mellas disonantes de significativas consideración!

A los religiosos, católicos, o protestantes, no importa, con peso específico en el país, habrá que oírles antes de tomar una decisión definitiva sobre el particular de que se trata. Esa gente sabe lo que tiene entre manos, tanto en lo que respecta a lo jurídico-legal, como a lo de orden espiritual propiamente. Además, le pueden echar una pasta de jabón al sancocho de cualquiera, por el poder de influencia que tienen. ¡Qué nadie se pierda!

En ese sentido último, el presidente del Consejo Dominicano de Unidad Evangélica (Codue), Fidel Lorenzo Merán, habló al referirse al asunto en forma amenazante, incluso hasta de llevar la cuestión al Tribunal Constitucional (TC) alegándose inconstitucionalidad de esa ley; y en adición afirmó que, “si el Congreso Nacional aprueba las observaciones hechas por el Poder Ejecutivo al Código Penal sobre el tema del aborto, conminará a los miembros de esta entidad a que no voten en las elecciones presidenciales del 2016”.  (Ver. Periódico “HOY”, del 5-12-14, página 4ª) ¡Los protestantes son muchos  también!

Pero además externó  ese señor que, resumiendo nosotros, “De alguien atentar contra esos principios y valores podría llevarse tremenda sorpresa en el próximo torno electoral, porque ya la Iglesia Evangélica de hoy no es la iglesia de hace diez o 20 años atrás”. “La iglesia está consciente de los que son sus deberes y derechos. Por lo tanto puede decidir sobre lo que le conviene o no le conviene”. Indudablemente,  ¡hay algunas verdades envueltas en sus aseveraciones!, se podría agregar sin temor a equivoco.

Los reclamos de las iglesias, principalmente la católica, siguen tomando fuerza, amén de las protestas populares en favor de que la penalización del aborto continúe en el país, escenificadas por feligreses de esas, y organizaciones cristianas varias, frente al Congreso de la República, en actitudes voluntarias que también merecen ser tomadas muy en cuenta.

Últimamente, fue el Consejo Permanente de la Conferencia del Episcopado Dominicano, según publicación de la prensa local, quien solicitó a los legisladores que ratifiquen el Código Penal aprobado con anterioridad, “y no asumir las observaciones hechas por el Poder Ejecutivo relativas a la despenalización del aborto terapéutico”. Mantenemos el criterio de que, ¡la opinión de los curas y pastores de las iglesias todas, tienen que ser objeto de mucha atención!

¡Esa gente sabe bien lo que tiene entre mano!, reiteramos, y no solo en cuanto a lo legal se refiere, sino en un contexto que es de su amplio dominio, el espiritual, por los profundos conocimientos filosóficos y esotéricos comparativos que acumulan,  aunque no los exterioricen por determinadas conveniencias, de los que seguro  no dispone la gran mayoría de los encargados de legislar, y promulgar leyes en el país actualmente.

Ellos bien saben, suponemos nosotros, con principalía los más altos jerarcas católicos, que la vida comienza en el mismo  momento de la concepción. Y no solo eso entendemos, sino que además es de su saber, que toda corriente existencial humana, entre otras, es objeto de un diseño previo divino, conforme con las características de expresión Suprema terrenal en cada caso por parte de los hombres (general),  Atributos divinos, como las conquistas de las cargas kármicas asignadas durante los períodos cronológicos dispuestos para cada tránsito sobre el planeta, que incluyen la selección de los padres que servirán de puentes en cada encarnación del Alma, como las escogencias de los entornos correspondientes, de forma tal que ambas cosas faciliten la consecución de lo planeado por la entidades celestiales que tienen a su cargo el control y administración de la evolución espiritual de la especie toda.

Es por eso que defienden con tanta vehemencia la protección de la vida desde el mismo momento de la concepción. Pero además, hay otra cosa a ponderar con sosiego, ¿por qué se consignó originalmente la penalización del aborto en la Constitución de la República? No se puede creer que fue algo accidental.

Eso tuvo que estar muy bien sustentando de seguro, y avalado por las opiniones de hombres con una expansión de conciencia espiritual muy amplia, como una constituyente conformada por legisladores preclaros, para que ahora se quiera eliminar esa estipulación trascendente de manera alegre y populista, solo para complacer a sectores inconscientes sobre la implicaciones de esa decisión, y que buscan lógicamente ciertos tipos de aprovechamientos, que no dejan de lado los económicos y políticos, como el agenciar la proclividad oficial hacia la adopción de los nuevos paradigmas relacionados con la temática, que tratan de inducir las feministas de nuevo cuño, en el  marco de su tan cacareada y proclamada liberación femenina.

¡Ojo al Cristo autoridades!, Las opiniones, favorables o no, de las iglesias todas sobre determinados asuntos, tienen bastante peso específico a considerar. ¡Escúchense con la atención que merecen en este caso!

Rolando Fernández

¡Nos salvamos, la igualdad de género es la panacea!

Leer cierta reseña de prensa que aparece publicada en un medio local, nos hizo recordar parte de las letras de una canción que interpreta un reconocido cantante español: “dicen tantas cosas, que ya no saben qué decir”.

Ahora ocurre que, la tan proclamada y aspirada “igualdad de género”, como es concebida por las aguerridas feministas de nuevo cuño, en medio de sus aprestos liberativos, como de competencia plena con el sexo opuesto, “es esencial para una respuesta eficaz”, en relación con el combate frontal al VIH.

“Eliminar la desigualdad de género”, se intitula la publicación de referencia, sin firma, claro, a lo mejor escrita por alguna “miembra”, en la que se dice textualmente: “El VIH continúa siendo impulsado por las desigualdades y las normas de género perjudiciales que promueven las relaciones sexuales sin protección y reducen el acceso a los servicios de salud reproductiva, sexual y relacionados con el VIH para hombres, mujeres y transexuales”. (Véase: periódico “Hoy”, del 1-12-14, pag. 6C).

Y claro, según se explica en la aseveración, las mujeres son las más perjudicadas en ese orden; las que más fácil se contagian debido a: “las desventajas sociales, legales y económicas generalizadas”, que limitan su capacidad para protegerse “a sí mismas de la infección del VIH”, y les impiden otras cosas relacionadas.

¡Ay mamacita!, la verdad es que, ya las féminas adheridas, como las encargadas de proclamar los paradigmas relativos a esa concepción moderna de su tan apetecida liberación, según la entienden, muchas de ellas muy bien pagadas por los regentes que, saben bien, como agenciarse mejores narigoneos sociales en su favor,  socavando los principios y roles innatos atribuibles al llamado “sexo débil”, base de las tribus biológica-sanguíneas,  no encuentran con qué más justificar sus pretensiones de competitividad con respecto a  los hombres. ¡Somos iguales, es lo que alega un sinnúmero de “impensantes”, y alienadas por supuesto!

Cualquiera pensaría que, el relacionar de manera directa el VIH con la desigualdad de género es una osadía de marca mayor. Se entiende la igualdad entre hombres y mujeres, como la gran panacea para resolverlo todo.

Y, precisamente, esa mal asimilada idea de similitud y competición entre ambos sexos, sí que está contribuyendo a la propagación innegable del virus VIH, debido a las tantas familias que se han ido degenerando, cuando no destruyéndose, producto de las actitudes indebidas que asumen muchas mujeres, y que inducen a las separaciones temporales o definitivas (divorcios), y consecuentemente, a las actividades sexuales fuera de los hogares, por incompatibilidades, que pueden ser de carácter transitorias, o bajo un estado de libertad absoluta, cuando se rompen los matrimonios.

Eso sí es lo que está fomentando el VIH, innegablemente, sin aparente control visible, y más con las tantas ofertas para disfrute sexual como se tienen ahora. Además, no se puede perder de vista el crecimiento vertiginoso de la homosexualidad; al igual que, ya la prostitución tanto femenina como masculina, se tienen tales labores aceptables generadoras de ingresos.

Los gais (gays) y las llamadas anteriormente mujeres de vida alegre, están al último guay de la moda. Algunas son llamadas hoy “megadivas en oferta”,  cuando pertenecen a la clase alta de la sociedad, y se mueven en espacios referentes; mientras que, las de escasos recursos económicos (pobres) son denominadas “trabajadoras sexuales”, cuando no, “chapedoras”, o “busca cheles”. Los  gais (gays) también se la buscan ahora, ofertando sus servicios promiscuos a nivel de calles y avenidas en las ciudades.

¿Y entonces, es cuestión de igualdad de género? ¡Bárbaras!

Ahorita aparecen algunas diciendo, que eso sería lo más aconsejable también para impedir el desplome total previsible de la globalización, que bien analiza y expone Frederich E. Berges, en un trabajo que publica en el medio “El Día”, del 2-12-14,  bajo el título: “¿Se acaba la globalización?”.

¡No faltaría más, esperemos!

Rolando Fernández

¡Deberes y derechos tienen que ir de la mano!

En el marco de toda esta nebulosa demagógica, farsante, condicionante por demás, y ventajista en que hoy vive una gran parte de la humanidad, una de las palabras de mayor uso que se escuchan es “derechos”, atribuibles a la gente en términos generales, con hincapié en: las mujeres, los trabajadores, niños y adolescentes, entre otros.

Ahora, hay una que siempre brilla por su ausencia: “deberes”. Todo el mundo se cree merecer; pero, nadie quiere cumplir con lo que le corresponde. El asunto es nada más para un solo lado. “¡Así si es bueno!”, como dice una amiga nuestra. ¡No se puede tener moral para exigir, cuando no se da!, sin importar la clase, o sexo de que se trate.

Si nos vamos al diccionario en busca de las acepciones correspondientes a ambos términos, nos encontramos por ejemplo con, Deber: “Obligación que afecta a cada persona de actuar según los principios de la moral, la autoridad o su propia conciencia”. Derecho: “Facultad para hacer o exigir algo que comúnmente se considera justo y razonable”.

Al celebrarse el “Día Internacional de la no Violencia Contra la Mujer”, en su versión correspondiente al año que discurre, el vocablo que más se  utilizó fue “derechos”. Evidentemente, exigibles con relación a las mismas, porque solo de eso se trata. Se considera que tienen muchos derechos, sobre lo que se debe  reclamar e insistir. ¿Y deberes  no? ¿No  importan, verdad? ¿Y cómo es que esa mesa nada más tiene una sola pata? ¡Se tiene que caer!

En uno de los actos llevados a cabo con tal motivo, en que  la señora vicepresidenta de la República pronunció las palabras de apertura y presentación, conferencia titulada “Realidades sobre la Situación de la Violencia contra las Mujeres y Propuesta de Abordaje Integral: el caso Ciudad Mujer” -¡qué bonito nombre, y escogidas lucen las palabras! -, ésta “llamó a las mujeres a no detenerse en su lucha por el respeto pleno de todos sus derechos”. Incluso, la reseña periodística relativa aparece bajo el título: “Llama a mujeres a insistir en el reclamo pleno de sus derechos”.

¿Cuáles serán sus derechos todos?, pregunta que asalta a cualquier pensante medio, pues en el concepto expuesto anteriormente se habla de: “lo comúnmente considerado justo y razonable”, conllevando ambas condiciones un alto grado de subjetividad innegable. Están supeditadas incluso a juicios de valor, circunstancias prevalecientes y relatividad, como es lógico suponer. Luego, ¡hablar de exigibilidades en ese orden, no es tan sencillo!

Además, hay que equiparar los requerimientos tales con la adhesión, y cumplimiento de los deberes soporte; pues como dijéramos más arriba, una cosa tiene que ir de la mano con la otra; de lo contrario, el equilibrio es nulo, perdiendo bastante fuerza la pretensión de solo exigir derechos.

Tanto las mujeres como los hombres tenemos derechos que deben ser proclamados y demandados. Pero, también se tienen deberes que cumplir, lo cuales no se deben marginar. En el caso de las féminas el gran problema es que, en el marco de su aspirada liberación mal concebida, en que procuran superarse, lo cual es muy loable, pero nada más, dejando de lado las responsabilidades y deberes que les son muy propios, amén de incluirle la proclividad a querer competir de tú a tú con el sexo opuesto, se creen solo ellas estar en capacidad de exigir los derechos que  entienden les asisten.

Y por tanto, han levantado barreras que difícilmente podrán salvar, a menos  que,  reflexionen e intenten de nuevo desempeñar los roles que en verdad les corresponden, haciéndolos compatibles con sus propósitos de superación en todos los órdenes, como también el grado de participación laboral y social a que aspiran

Rolando Fernández