La tríada que funciona: productores, puentes y consumos

Para que el gran negocio de las drogas se dé, tiene que verificarse, necesariamente esa combinación, muy bien articulada, por cierto. La falta de uno de esos componentes puede hacer descalabrar de forma rápida la actividad comercial.

En entrevista realizada al señor embajador de los Estados Unidos, señor James Brewster, por la connotada periodista Alicia Ortega, éste se refirió, haciendo marcado énfasis solo al factor “puente”, con mención especial directa hacia la Republica Dominicana, calificándole como “puente más grande de drogas”. (Reseña el medio “Listín Diario”, edición de fecha 18-10-16).

El destacado representante entre nosotros del gran país del Norte, consideró que, “la República Dominicana se está convirtiendo “en un puente más grande” para tránsito de drogas hacia los Estados Unidos y Europa y no por falta de apoyo de los norteamericanos a los organismos nacionales que lo combaten”.

Se debe extraer de su aseveración, en términos de análisis, y ponderación imparcial sobre el espinoso tema: “para el tránsito de drogas hacia los Estados Unidos y Europa”. Ahí está la significativa clave de la problemática. Si no hay quienes consuman, la producción y los puentes no son necesarios. ¡Jamás existirían!

El citado funcionario estadounidense hizo alusión al concurso solidario que ofrece su país al combate en contra de las drogas y el narcotráfico. En el caso específico nuestro afirmó que, “Estados Unidos financia una unidad de investigación de la Procuraduría para enfocarse en la lucha contra de la corrupción y la captura de drogas”.  ¡La verdad es que, los resultados aquí se ven poco!

Evidentemente, lo alegado por ese señor es algo que luce un poco contradictorio; porque, mientras la actividad comercial – producción y puentes – se trata de combatir a lo externo de su tierra, muy poco o nada se hace en realidad con respecto al que debería ser el mayor “flanco” para el ataque, su país, uno de los mercados poderosos de gran calado, en el sentido del consumo abierto demandado por muchos de sus conciudadanos y acompañantes.

Para tratar de evitar el uso de estupefacientes, e inducción desde allí, hacia las nocivas prácticas en los países de la región del Caribe, ¿qué es lo que se hace? ¡Lo que tienen que enmendar son ellos, nosotros estamos bien, luce ser el pensar del señor embajador!

Es obvio que, el precitado diplomático está excluyendo en su exposición la culpabilidad, e incidencia más que notoria, que corresponden a los principales culpables: los usuarios de las drogas que se producen y se “puentean” desde la región del Caribe, principalmente. Se tiene que agarrar el toro por los dos cuernos: productores, y compradores mayores, para tratar de “doblegar” el flagelo. ¡Así sí es, señor embajador!

Finalmente, y con relación a otra temática que tocara el señor Brewster, aunque un poquito alejada del tema central aquí, pero evidentemente asociada: la corrupción, con todas sus implicaciones obvias, que abarca claro está, los sobornos y las complicidades inherentes que se verifican respecto del combate a las drogas, es evidente que, también se tienen dos caras, para mirarles de frente en torno a esa desgracia: corrompidos y corruptores. No es ver una sola nada más, sin importar la naturaleza de la actividad envuelta.

A propósito, una pregunta relativa que se haría cualquier pensante medio es: ¿Por qué no se trata de combatir la corrupción estatal en países tan afectados como el nuestro, a partir de la no concesión de empréstitos por parte de los organismos internacionales de financiamiento, cuyas sedes, en la mayoría de los casos, están en los Estados Unidos?

Es decir, si es que realidad se quiere ayudar a combatir el mal. Sería una forma algo efectiva de contrarrestar tan deleznable práctica. Mientras de menos recursos económicos frescos se disponga, menores serán las oportunidades para usos indebidos por parte de los políticos, que tienen esa actividad como un burdo negocio. ¡Lógico! ¿Verdad?

 

Autor: Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

El porqué del tráfico de drogas y su consumo, ¿se sabe, o no?

Es evidente que, esas actividades ilícitas a nivel de muchos territorios nacionales, incluido el nuestro por supuesto, tienen razones poderosas muy conocidas por todas aquellas personas que viven hablando, sencillamente, a nivel de la prensa sobre su cruda realidad, y de las que se encargan de su interdicción y combate directo, como de las instancias superiores en los países mayormente afectados.

 

No obstante, mientras mucha gente trabaja tratando de combatir el desarrollo, más fehaciente cada vez, de esos flagelos tan lacerantes para las naciones, sobre las causas reales que los promueven, observables algunas a simple vista, muy poco son los que suelen decir o analizar algo, aun sea de manera  somera.

 

Es obvio que, las mismas se mantienen intactas, y con tendencia a incrementarse con el paso del tiempo; y que, la propensión visible de las autoridades correspondientes, es sólo a querer enfrentar los efectos, pero no las razones que les sirven como caldo de cultivo.

 

En nuestro país, podemos ver por ejemplo, que los decomisos de drogas se producen a diario; que ya se han convertido prácticamente en una rutina; que la detención de ciudadanos nacionales y extranjeros envueltos en esa actividad delictiva es cada vez mayor; y que, el descubrimiento y apresamiento de las llamadas “mulas”, que hasta se mueren en algunos casos, se reseñan de ordinario en la prensa local.

 

Sin embargo, el asunto continúa viento en popa, como se dice popularmente. Parece que nada le detiene. La infiltración del poder económico del narcotráfico en algunas instancias importantes nuestras, se torna cada vez más conmovedor y preocupante.

 

Luego, habría que preguntarse, obligatoriamente, ¿por qué?, y sugerir que se busquen las respuestas debidas, si es que en verdad se quiere enfrentar de manera efectiva ese gran negocio, con sus efectos nocivos secundarios,  De lo contrario, es muy difícil que algo se logre enmendar en ese orden, por más esfuerzos que se hagan.

 

Primero, se debe reflexionar sobre las incidencias en esa materia del sistema económico capitalista, inductor y explotador a la vez; las actividades políticas como inversión, bastante lucrativas por cierto; la corrupción rampante estatal de que son objeto muchos pueblos; la impunidad que se verifica a nivel de los mismos; al igual que, la miseria a que son empujadas las sociedades; y que, indiscutiblemente, todas esas cosas constituyen partes de la causa originaria del gran problema de las drogas y su consumo.

 

Además, se debe reparar, en nuestro caso particular, y como muestra, en actitudes tales: “Regidores SDE reclaman ganar RD$200 mil al mes”, para derivar consecuencias posibles.  Sería bueno conocer a propósito, la preparación básica de esos señores, como los demás grados académicos alcanzados por éstos, si es que los tienen; las labores que realizan en favor de su municipio; y, las horas que destinan a sus tareas ediles.  ¡Vaya exigencia para aprobar el proyecto de presupuesto de ingresos y gastos para el año 2012!, según reseña en primera plana un periódico local, el “HOY”, en su edición de fecha 27-12-11.

 

A seguida, comparar esas informaciones con las relativas a los jueces que operan en los tribunales de país, y demás actores judiciales, agregando a estos últimos los riesgos probables que corren, por sus decisiones y sentencias en firme. También, hacer el análisis extensivo hasta los miembros de la Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional, como al personal actuante en los organismos de interdicción designados.

 

Entonces, sacar conclusiones que, de seguro conducirán a dispensar ciertos comportamientos en actos reñidos con las leyes vigentes (tráfico de drogas, consumo, corrupción, tráfico de influencia, etc.), en la búsqueda de satisfacciones económicas, y de poder alcanzar un adecuado status social, que en base a salarios, o sin ellos, no se logra.

 

Bien se conoce aquí, que la aplicación debida de las leyes vigentes, cuando suele  hacerse, sólo abarca a algunos “desapadrinados” que son objeto; los demás resuelven sin problemas sus  “indelicadezas”, bajo aparente justificación esgrimida. ¡Que pena, que así sea!

 

Rolando Fernández

 

 

 

Modificación Ley 72-02 sobre Lavado de Activos: Distribución porcentual decomisos

Esa disparidad de criterios interinstitucionales, que tan publicada ha sido a nivel de los medios de prensa local, entre la Procuraduría General de la República, la DNCD y el Consejo Nacional de Drogas, entre otros, en lo referente a los bienes del narcotráfico, y la distribución que dispone la Ley 72-02 sobre Lavado de Activos,  al momento de su disponibilidad o realización, podría tener diversas lecturas, a juicio de cualquier analista medio, aun desconocedor en gran parte de la intríngulis que caracterizan la connotada temática, y su manejo a nivel nacional.

 

La modificación que se aspira, con respecto  a la referida normativa legal, en el renglón señalado – distribución importe de los bienes decomisados -, en que marcado hincapié viene haciendo el señor Procurador General de la República, es  entendible y asimilable en el marco del papel que deben de jugar todas las entidades envueltas en el “pleito”; en el sentido del combate, la prevención, la interdicción y la regeneración, etc., para lo cual, es más que evidente, el que se requiere de suficientes recursos económicos, para costear personal, apoyo logístico y otros gastos, que obviamente no se tienen, y que deben ser sacados de algún lugar.

 

Ahora, tratando de aquilatar un poco las funciones correspondientes a cada una de las instituciones que intervienen en el asunto, relativas a la problemática, y siendo justos, es fácil inferir que, quienes de mayores recursos económicos deberían disponer, son las que están directamente ligadas a evitar y prevenir el mantenimiento y desarrollo del gran flagelo, como serían por ejemplo, los casos de la DNCD – combate directo -, el Consejo Nacional de Drogas, y de las entidades establecidas como Casa-Hogar, habilitadas para la regeneración de los adictos, como la creación de nuevas personalidades, y la observación de comportamientos individuales diferentes ante la sociedad.

 

Una de las defensorías al proyecto de modificación aludido, que mueve a inquietud, es la que hace la Procuraduría General de la República, basada en la necesidad imperiosa, al parecer, de construir cárceles “modelos” en el país, creándoles cómodas estadías a los infractores y delincuentes que se procesen judicialmente, y se logre condenarles, podría decirse; cuando, la mayor preocupación debería ser la concienciación social debida, generalizada por supuesto, a los fines de alejar a la gente de la violación a las leyes que rigen sobre el particular, como de las adicciones y comportamientos personales impropios que se derivan.

 

Esa es una actitud, que hasta podría chocar de frente con una consideración externada por  el señor Jorge Subero Isa, presidente de la Suprema Corte de Justicia del país, – “en AL (América Latina) el costo para mantener a un preso que haya sido condenado por homicidio es mayor que la educación de una persona, desde la primaria hasta el grado universitario” -, y que aparece en una reseña de prensa que recoge su posición defensora a todas luces, del Código Procesal Penal, que a su entender “lo han satanizado”.

 

Adujo en adición, sobre ese particular último que, “El problema es de la sociedad, no del Código Procesal Penal”; agregando que, “Muchas veces donde pudiera estar la falla quizás es en los operadores del sistema, no en la normativa procesal”. ¡Respetable criterio! (Véase periódico Diario Libre del 13-6-11, página 06).

 

Evidentemente,  lo que señala el doctor Subero Isa, con relación a lo que implican las cárceles y su inversión, es muy importante, ya que ese costo no es limitativo a los  condenados por homicidios solamente, sino que debe ser extensivo a  reclusos que purgan penas por otras infracciones, se entiende, incluyendo por supuesto, los casos de  las drogas y sus derivaciones.

 

Preciso es señalar que, no obstante se pueda estar de acuerdo con la asignación de esos recursos, a pesar de su procedencia, debido a la necesidad innegable que se tiene, para poder llevar a cabo labores satisfactorias en esa área tan delicada, otra pregunta que cualquiera se haría en relación con el tema es: ¿hasta dónde sería aconsejable que, tanto el Ministerio Público, como la DNCD y el mismo Consejo Nacional de Drogas, principalmente, tengan que depender de fondos que les pueda proporcionar el castigo a las mismas actividades delictivas que ellos tienen que combatir?

 

Es algo que luce como un poco contradictorio, todas vez que, el enfrentamiento cabal y debido al delito a su cargo, podría aminorar de manera significativa,  en la medida que esa fuente de ingresos tienda a desaparecer, como producto de la misma persecución y punición oportuna.

 

Sería una eventual situación, que inclinaría a plantearse la siguiente pregunta: ¿La efectividad y desarrollo operativo de esas instituciones, se verían mermados en realidad por esa causa? ¡Bueno!; habría que esperar, para ver la manifestación de todos los efectos probables a favor y en contra  que se puedan derivar, respecto del trabajo que compete a esas dependencias estatales, producto de esa norma de asignación. ¡Ahí estaría la respuesta!

 

Esa es una preocupación importante, cuya satisfacción debería ser ponderada también en el marco de ese acuerdo interinstitucional que se persigue, para la distribución porcentual de los bienes decomisados, bajo el amparo de la Ley 72-02 sobre Lavado de Activos, como de la discusión y posible aprobación del proyecto de modificación que cursa en el Congreso Nacional. ¡Se deberían producir las reflexiones debidas!

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

¿Acabar con eso?, ¡imposible!

Reflexionando un poco sobre el contenido de la columna que publica el señor Freddy Ortíz, en el periódico Listín Diario, de fecha 10 de marzo del 2011, relativo al tráfico y consumo de drogas a nivel mundial, que ya han alcanzado acentos de consideración en nuestro país, no queda otra opción que identificarse con  su acertado parecer.

 

Y es que, como bien  él señala, todos los esfuerzos planteados y concretizados hasta el momento, al margen de una legalización controlada, y suplementada a la vez, con los procesos de concienciación debidos, ni han surtido, ni van a producir en el futuro, verdaderos efectos fructíferos, por el poder inductor de lo prohibido, como también, los factores conexos que coadyuvan con el ejercicio y apañamientos pagados, en torno a tan dañino, pero, lucrativo negocio.

 

Creemos que, muchos son los que deben estar de acuerdo en que, de la única forma en que el tráfico y consumo de drogas se podría combatir de manera efectiva y oportuna, es a través de la legalización controlada, al igual que ha ocurrido con las adicciones a otros vicios, y la comercialización del alcohol y el tabaco.

 

Lo que ocurre es que, el negocio y mercadeo soterrado de las sustancias prohibidas, es parte del sistema capitalista de producción, explotador y condicionante, Eso ha sido ya reconocido por renombradas figuras públicas, bastante conocedoras del asunto, y de la importancia del flagelo, como herramienta de sustentación de las economías de muchos países, algo que nadie haya osado contradecirles.

 

La gran limitante, por consiguiente está, en que, de ser legalizado el tráfico y consumo de drogas, es obvio que, se “deprimirían” las atractivas ganancias, por la reducción significativa que se produciría en los precios de venta; pues, lo permitido poco atrae, como se sabe, con el consecuente efecto negativo importante, a nivel del motor principal que mueve muchas economías mundiales, como dijéramos más arriba.

 

Además, es importante recordar, que ese gran negocio es visto como una factible fuente de satisfacción de una serie de necesidades sociales que los Estados no pueden solventar por innumeras razones, incluyendo los altos niveles de pobreza que cada vez más aumentan, y que limitan el acceso, de ordinario, a muchos servicios públicos básicos, como la educación y la salud, entre otros, con costos prohibitivos para los desheredados de la fortuna.

 

También, las imposibilidades son extensivas hasta todos aquellos que sólo están sujetos al REAL ingreso per cápita de la población.  No, al que dicen los tecnócratas alienados de las ciencias económicas, que son los únicos que viven bien, a costa de los pueblos, en su maridaje directo con los políticos demagogos e inversionistas.

 

Pero además, y finalmente, la corrupción estatal, que es otra de las vías rápidas de enriquecimiento ilícito, sin verdadera punición,  principalmente a nivel de algunas instancias judiciales, recibiría un duro golpe, con la legalización del tráfico y consumo de drogas; pues,  eliminaría muchas oportunidades.

 

Señor Ortíz, eso que usted plantea, con sobrada razón, sería lo mejor. Pero, ¡es muy difícil que lo veamos!

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

Drogas, adicción y capitalismo andan juntos

Para cualquier pensante medio, con cierta formación, es fácil advertir que el tráfico y consumo de drogas se irá de manera definitiva, con los cambios obligados que ya requiere el modelo capitalista actual; que ha sumido en el lastre penoso de  la pobreza y la miseria, a una gran parte de la sociedad mundial; que a la vez recibe  la inyección del aguijón proconsumista-esnobista, inducido por los cuatro costados, que tanto perturba los corazones y mentes débiles de la gente, ante las precariedades que se verifican, para la satisfacer a plenitud la creación de los falsos deseos a que es arrastrada.

Es de ahí que resulte tan difícil el combatir tales prácticas, y se sólo se hable de interdicción, prevención y punición con respecto a las mismas. Es decir, dar el frente a los efectos, sin combatir las causas que realmente y efectivamente se encuentra en la base del problema o flagelo.

Mientras permanezca regente el modelo capitalista actual, con el maridaje y concurso de los políticos, caracterizado por ser un régimen explotador, agiotista y excluyente de los segmentos sociales  empobrecidos; y que resultan los más bombardeados y propensos a ser alienados con la magia sutil del mercadeo inductor, imprescindible para los logros acumulativos financieros y subyugantes, se tendrá drogas y adicción por doquier; no bastará con atacar por el flanco de los efectos solamente.

El asunto se torna más problemático aún, cuando los tentáculos del gran negocio logran alcanzar a determinados funcionarios que se tornan  corruptos;  al igual que autoridades judiciales manejables, por circunstancias ambos; en necesidad, avasallados y pisoteados por el mismo sistema socio-económico imperante; con insostenibles niveles de degradación ético-moral, que les permite muy pocas satisfacciones, oportunidades de desarrollo, y el disfrute de una mejor calidad de vida.

Pero además, constituyen barreras insalvables, las seguridades que en términos económicos proporciona el negocio de las drogas para algunos países, empresas y particulares, que las defienden  a raja tablas, aun sea soterradamente; pues, les permite la confección de sólidos colchones financieros, que se logran obtener a partir de los dineros provenientes de esas actividades, consideradas ilícitas, pero provechosas.

Tampoco se debe olvidar, el amplio mercado de trabajo que favorece; como el costeo de muchas necesidades de corte social que facilita, y que los estados no pueden satisfacer, por la razones limitativas que les impone el mismo esquema capitalista;  el cual es monitoreado a control remoto por  los organismos internacionales de financiamiento, en procura de plazas para la colocación de los excedentes monetarios que acumulan los grandes productores y exportadores mundiales.

Vemos entonces pues, que por más esfuerzos que se hagan para combatir efectos, el actual panorama mundial sólo inclina a pensar que se tendrá tráfico y consumo de drogas para un buen rato; a menos que, se procure desmontar el sistema capitalista vigente, aun no sea en su totalidad; que haya mayor justicia social en todos los órdenes; y, una redistribución más justa de bienes y servicios, a nivel de los pueblos tercermundistas, principalmente.

 Rolando Fernández

No enfrentar sólo un flanco

Según lo que siempre se ha evidenciado, la gran preocupación de los amigos del Norte con respecto a los problemas de las drogas, y la observación de sus comportamientos inherentes, sólo gira en torno a las iniciativas y aplicación de correctivos, hacia el exterior de ellos.

De lo que ocurre en su territorio, en relación con el flagelo de que se trata, nada se dice.  Si atormenta, aparentemente, lo que acontece con el narcotráfico en el Caribe y zonas aledañas; las  pandillas que se dedican a ese comercio ilícito, como al porte y tráfico ilegal de armas, con conexión evidente y directa con esa actividad.

Eso queda bastante claro de nuevo, ante la promesa del presidente Barack Obama, de ayudar a los caribeños a enfrentar la problemática, según lo manifestara la secretaria de Estado, Hillary Rodham Clinton, en su visita a Barbados, donde asiste a un encuentro regional de cancilleres.

Allí, la funcionaria estadounidense presentó la “Iniciativa de Seguridad de la Cuenca del Caribe”, trazada por el gobierno de los Estados Unidos de América, que evidentemente conllevaría la aportación de una suma bastante considerable de dólares.

Según se dijo, se trata de un  proyecto similar a los que se desarrollan en México, Centroamérica y Colombia, para combatir los altos niveles delincuenciales y el crimen organizado, referentes a la practica del narcotráfico en esas zonas.

No cabe duda de que la intención norteamericana es bastante loable, sólo que luce aislada; pues se habla nada más de enfrentar el asunto de los estupefacientes, y prácticas conexas, en un solo flanco, el de la oferta y comercialización, matizadas con el tinte de la violencia extrema y la competitividad sectorial agresiva. ¡Anjá!; y con la bujía inspiradora que mueve esos intereses y esas actitudes dañosas, ¿qué vamos a hacer, señora Clinton?

Para nadie es un secreto que la oferta de cualquier producto, en la actividad comercial de que se trate, está en función directamente proporcional a la demanda que se origina en el consumo.

Entonces, ese es el otro frente a combatir; no es sólo enfrentar a quienes proporcionan las drogas y defienden el negocio; sino también, al consumo y las causas que se encuentran en su base.

De esa manera, sí que se estaría en pos de un proyecto magnifico, con mucha probabilidades de efectividad; pues, sería algo completo, no parcial.

Mientras haya quien demande y consuma drogas para sustraerse de un medio tormentoso, o por  inconsciencia, trastornos psíquicos, como las tenencias de recursos económicos en exceso, fácilmente logrados, y sin capacidad de administración, habrá gente que las oferte. Algunos por necesidades financieras de subsistencia, o para costear  esnobismo inducido; y otros, por lo que caracteriza hoy a las sociedades modernas, la propensión a la competitividad individual o grupal.

 Rolando Fernández

Tienen voz, pero no cerebro.

Desde hace años ya, muchos cantantes norteamericanos, o con influencias conductuales de esa gran Nación del norte, vienen falleciendo a temprana edad, como consecuencia de los excesos en su vida personal, relacionados con el alcohol y las drogas.

Y es que la fama súbita que adquieren, el glamour en que se desenvuelven, y los alabarderos que de inmediato colman su entorno, les corroe el poco raciocinio de que les ha dotado la Naturaleza.

En consecuencia, son seres que se yerguen de tal manera, que el planeta Tierra, con todas sus belleza y placeres no les satisface; no corresponde a cabalidad sus deseos, y tratan entonces de acudir a cosas (estupefacientes – drogas)   que les transporten a planos más elevados del que disfrutan, aun a costa de su propia vida.

Más se les complica el asunto, cuando logran acumular grandes cantidades de dinero, y que figuras destacadas, en términos de beldades físicas, claro que también son de cabeza hueca, se les brindan para la satisfacción de deseos carnales, de ambas partes.

Lo primero es porque, al carecer normalmente de formación académica y familiar, en la mayoría de los casos,  y ser estrechos de mente a la vez, no saben qué hacer con los recursos económicos que logran acumular; se alocan; y, tienen que depender para tales propósitos de personas inescrupulosas, pero con preparación, que de ordinario se aprovechan de sus debilidades en ese orden, y los engañan.

Lo segundo, es debido a que se cansan de las tantas actividades placenteras de cualquier índole, como sexuales, con sus opuestos, lo que les inclina a probar con sus iguales, declarándose homosexuales, gay o lesbianas, si es que son mujeres.

Son bastante los casos que se han dado de fallecimientos súbitos; algunos de gran connotación, y otros no, comenzando por la gran leyenda estadounidense del rock, Elvis Preley, y finalizando por Michael Jackson.  A este último, aun después de muerto, le siguen loando y endiosándole sobremanera, más que a muchos héroes nacionales y presidentes de gran prestigio que han dirigido ese país, y cuyas ejecutorias han trascendido sus fronteras y calado en el sentimiento de gratitud de la humanidad.  Resulta difícil entender entonces, lo que ha ocurrido con ese ejemplar, una persona extraviada totalmente.

Precisamente, todo aquel que pudo informarse sobre la trayectoria artística y el perfil degenerativo del llamado “rey del pop” norteamericano, desde los inicios de su carrera, hasta el deceso final de éste,  a raíz de los despliegues de prensa a nivel mundial, a la sazón,  puede formarse una idea del porque tantos terminan así.

Ahora, según informaciones reseñadas en el periódico Listín Diario, de fecha 15 de mayo, 2010, pag. 10E, parece ser que ya cayó, o estar por caer, otro “fenómeno artístico con pies de barro”, probablemente por las mismas razones; se trata del engreído Luís Miguel, que en una de sus visitas al país, hubo que desinfectarlo todo, para que él sintiera a gusto. Se comprueba una vez más “la tesis de voz sin cerebro”; de que  han sido así, muchas las figuras del canto, del ayer, como de hoy también.

Según dice en el medio de prensa local, el artista estuvo internado a principios del mes de abril, durante un tiempo razonable, en el hospital Cedars-Sinai Medical Center, de los Ángeles, por razones críticas de salud.  Pero además, se incluye que, “se sumó a ello el problema con el alcohol y las drogas que tendría Luís Miguel desde hace tiempo y del que se dice dan cuenta sus allegados, aunque nadie en forma pública”.

La verdad es que todo artista, o persona  cualquiera, no apta en cuanto a condiciones de carácter mental, que por circunstancias, no por calidad necesariamente, logre escalar posiciones de fama a nivel del desarrollo de actividades publicas de todo orden, incluyendo los jugadores de los negocios del baseball y baloncesto, deben contratar los servicios de un buen psicólogo, para que les administre y les oriente en cuanto al debido modo de pensar y las actitudes conductuales procedentes, en su caso; al igual que como lo hacen muchos, que encargan a profesionales aptos para el manejo y supervisión de sus asuntos financieros.

Aunque muchos son los ejemplos de que se puede hablar al respecto, para fines de estudios psicológicos y extrapolación preventiva, el caso del denominado “rey de pop”, estadounidense, luce ser el más apropiado. Que lo aprovechen ahora, que está bastante fresco.

 Rolando Fernández

Clara visión de una realidad

Muy acertados, en verdad, el parecer y las consideraciones externadas por el académico español Manuel Guedán, respecto del gran negocio de las drogas a  nivel mundial y su consumo, al participar en el conversatorio Iberoamericano República Dominicana-México, auspiciado por Funglode,  que reseñó en su momento  uno de nuestros periódicos de mayor circulación. (“Hoy”, pag.  11ª, del 12 de abril del 2010).

Si bien son muy ciertas sus expresiones, no menos lo es que en su contenido subyace una advertencia desalentadora; ya que, según  el connotado catedrático de la Universidad de Alcalá, España, la eliminación de esa grandiosa actividad mercantil del narcotráfico, está supeditada a la desaparición de la demanda de consumo, lo cual evidentemente, luce muy lejano, por razones que resulta prolijo enumerar.

Según él refiere, con sobrada razón, estamos en presencia, con relación a esa problemática, de la principal columna a considerar con respecto al modelo económico capitalista, la ley de oferta y demanda, algo indiscutible bajo ese esquema; pues, mientras haya quien consuma, es obvio que habrá quien oferte. Pero también, es la misma concepción sistemática  que   promueve la movilización de recursos a través de  inversiones de índole cualquiera,  las carencias y  las necesidades de consumo social. Estas últimas, como los espacios de retribución, que motorizan el modelo mismo.

No es un secreto que esa actividad entonces, aun considerada ilegal, mueve una gran cantidad de recursos, a todos los niveles; al extremo de poder sustentar algunas economías internas, y satisfacer necesidades sociales que determinados estados incumplen, por innumeras circunstancias.

 Es por tanto que, a  la luz de sus claros planteamientos, el asunto luce definitivamente muy intrincado; pues para erradicar la adición, producto de las insatisfacciones y frustraciones personales, que emanan del mismo sistema económico regente, como de las limitaciones de carácter adquisitivo  que promueven el tráfico, habrá que procurar la instauración de un nuevo modelo.

Y es que,  mientras el actual persista, por más medidas que se establezcan para combatir ambas prácticas, se procederá a continuar con las mismas, estableciéndose todas las vías y mecanismos alternos que se hagan necesarios, e ideándose todo tipo de argucias, por complejas que resulten.

Luego, si los países de mayor consumo, grandes capitalistas, son los que menos se preocupan por combatir el flagelo, como está evidenciado, y él sutilmente apunta, no hay duda de que el problema va para largo.

 Rolando Fernández