Ni han traído solución, ni la van a traer

Hay que ser algo iluso para pensar que, cambiando a los gerentes de la Edes, y mucho menos si son extranjeros, se va a resolver el problema eléctrico nacional. Es que “la fiebre no está en la sábana, sino en el cuerpo”, como reza en refrán popular. Y, eso lo sabe muy bien el señor vicepresidente ejecutivo actual de la CDEEE, por su capacidad profesional innegable, y la experiencia que tiene en el área.

Esa es una realidad más que concreta; que muy bien confirman las informaciones históricas que publica el periódico Listín Diario, de fecha 27-9-10 (Economía & Negocios), relativas a todas las designaciones que se han hecho para esa posición, desde los inicios de la privatización del sector, hasta hoy; al extremo de expresarse en la misma que, “las Edes se han convertido en una especie de – pasarelas – de gerentes locales y extranjeros, que cada cierto tiempo llegan con la encomienda de enfrentar el déficit que afecta al sector energético”; sin aportar soluciones significativas,  agregaríamos nosotros.

De ahí, la extrañeza que causó para muchos, incluyendo a quien escribe, y que publicó en su oportunidad un artículo titulado “A ver si pueden hacer algo”, lo que el señor Celso Marranzini – al cual le han puesto todo en las manos para que resuelva, y no ha podido hacer gran cosa, después de más de un año de gestión – dijera en la toma de posesión de los tres nuevos “magos” impuestos, “ a partir de ahora Edesur, Edeeste y Edenorte asumen un proceso de aprovechamiento de <las  mejores prácticas >en materia de gestión”.

El problema es que, la energía eléctrica, por ser un servicio público básico, imprescindible para la población, no puede ser manejada dentro del mismo contexto pleno del sistema económico capitalista especulativo, como ocurre con otros segmentos del mercado consumidor.

Por razones obvias, la gente siempre va a procurar usufructuar el servicio, aun no puedan pagar por este, debido a las altas tarifas onerosas impuestas; que, en el caso de la República Dominicana, son las más altas del área del Caribe, en opinión de expertos autorizados.  La energía es obligatoria, y se va a tratar de conseguir de la manera que sea.

Entonces, ahí comienza uno de los problemas más serios en el orden de lo que se trata, y que siempre ha sido de los flancos preferidos a enfrentar o combatir, por el señor vicepresidente ejecutivo actual de la CDEEE; el que obliga en parte al pago del dichoso subsidio, según él, y que obviamente,  constituye una justificación más, para seguir endeudando el país: el fraude eléctrico.

Luego, habrá que preguntarse con frialdad, raciocinio y justicia social, ¿se va a quedar una parte considerable de la ciudadanía sin luz, a oscuras totalmente, cuando no la pueda pagar? Eso no es verdad; se la “van a coger”, por serias que puedan ser las personas.  ¿Por qué? Porque obligatoriamente la necesitan.

El asunto, no es cuestión de cambiar los gerentes de las Edes, que el mismo señor Marranzini ha dicho, que en la última designación fueron recomendados por Banco Mundial y el BID.  Los jerarcas de esos organismos internacionales de financiamiento, sólo están pensando en sus intereses; jamás en el de los consumidores de la energía eléctrica o el país, en términos generales.  

Tampoco se trata de la contratación de asesores con salarios altísimos; ni aumento indiscriminado de tarifa; de esa persecución tenaz a los que no pagan por el servicio (hay que ver las causas), entre las cosas que se procuran. No, es que se entienda la necesidad perentoria de ese servicio público, y que como tal debe ser tratado.  De la aplicación de una tarifa justa y adaptada al bolsillo de los dominicanos, al margen de procurar pingues beneficios, a través de todo ese gran negocio político-empresarial, que es como  se advierte el suministro.

Ahora, para poder lograr esas cosas, hay que agarrar el toro por los cuernos.  Revisar y renegociar los contratos suscritos con los generadores, cuya iniciativa cursa en el Congreso Nacional, luego de su introducción por parte del senador Adriano Sánchez Roa. No plegarnos a las imposiciones  e injerencias directas de los que prestan. Resolver internamente aquí, pensando en las necesidades, capacidad económica de las grandes mayorías, desarrollo del país, como el  sosiego merecido  de la sociedad en sentido general.

Es por ahí que tienen que ir las soluciones al grave problema energético nacional, señor vicepresidente ejecutivo de la CDEEE.  No es con la designación de gerentes importados para  las Edes, y menos impuestos; que ahora traen sus propios equipos técnicos a inventar aquí.  Con los nuevos seguiremos igual o peor; algo que ya usted posiblemente comenzó a ver, por “haber sido el primero en quejarse de la crisis energética”, según recoge la prensa local.

 Rolando Fernández

Salud de las personas en franco deterioro

El accionar de la humanidad, desde hace ya tiempo razonable, se ha venido caracterizando por la ostentación desmedida de la gente, y la correspondiente lucha de intereses de índoles diversas; pero, fundamentalmente, económica y política.

Evidentemente, esa propensión por el dinero, en una búsqueda constante de tener, para aparentar y deslumbrar ante los demás congéneres, ha contribuido con una deshumanización vertiginosa, que hoy muchos vemos con preocupación, en el marco de un sistema socioeconómico y político,  de destrucción silente, que habrá de permanecer por décadas más, según las expectativas, a menos que el Gran Arquitecto del Universo disponga su término, desde otras esferas justicieras de poder.

Vemos entonces, la forma indebida en que, por esas razones, se juega,  se comercializa y se especula con la salud de las personas, que es un activo irreversible cuando se deteriora, por desatinos propios, experimentos médicos osados, intervenciones quirúrgicas innecesarias, o la administración de tratamientos medicamentosos, sólo para favorecer a ciertos laboratorios, que fabrican y expenden determinados productos.

 En adición  a muchas de las invenciones, que caracterizan a una gran parte del ejercicio moderno de la medicina, se hace más que notorio, cuan dañinos resultan, tantos de los componentes de la canasta alimentaria, que las poblaciones están obligadas a consumir en estos tiempos, por circunstancias diversas, principalmente, de carácter económico.

Según el parecer de algunos entendidos (expertos nutricionistas y médicos alternativos), esa es una situación, que también guarda estrecha relación con los grandes negocios de algunos médicos y laboratorios en la actualidad; pues, los alimentos impropios, alterados genéticamente, al igual que contaminados con pesticidas, como obvio, favorecen la demanda de los servicios clínicos-hospitalarios y facultativos, como la prescripción de medicamentos químicos totalmente.

 Esa  cruda  realidad que se proclama en tal sentido, naturalmente se torna  desconcertante para la gente;  ya que la mayoría se detiene a pensar, y se pregunta, cuáles pueden ser los derroteros futuros a que estaría abocada la humanidad, de proseguirse por esos rumbos inducidos de insalubridad comercializada, hacia los que cada vez se conduce con mayor ahínco.

Ahora, con la disparidad de criterios que públicamente se pone de manifiesto, entre los representantes más connotados la llamada medicina química o convencional, y la natural o alternativa, cada cual defendiendo sus convicciones y pareceres, e intereses, claro está, en pos de ganar adeptos, amén de la edificación que se puede lograr a través de la red del Internet, las personas consiguen un hacer un amplio acopio de informaciones, respecto del funcionamiento del organismo humano, como de los efectos dañinos que se derivan de ciertos tratamientos y manejos médicos, cosas que han hecho que las incertidumbres tiendan a crecer enormemente.

El asunto está tan lejos ya, que cuando alguien se siente afectado por problemas de salud, y se tienen condiciones económicas, lógicamente, pues ambas prácticas así lo requieren, se presenta la disyuntiva de, a dónde acudir; ¿cuál es la mejor?  Si no hay dinero, no queda otro camino que el de los destartalados y deficientes hospitales públicos que pueda haber, como lo es en el caso nuestro, y donde el manejo médico es el convencional.

La gran pregunta que a tantos inquieta es, por qué anteponer intereses económicos, y no unificar prácticas y criterios médicos en favor de la salvaguarda de la salud humana; o, es que lo monetario tiene mayor valor para aquellos que, no por accidente, nacieron con condiciones optimas para ejercer la disciplina profesional, sino por designios Divinos, como intermediarios actuantes de igual naturaleza, para atender,  prevenir y cuidar de sus congéneres, en términos de subsistencia física; y, a sus hermanos menores, los animales, como es cuando se trata del ejercicio veterinario.

Cabría hacer mención aquí, a propósito del tema, de algo que incluye dentro de un trabajo de opinión, el doctor Félix López Torres, sobre la práctica actual de la  medicina, precisamente: “Hubo una vez médicos”.  – “¡Imbéciles!, ¿qué es eso de talento y vocación?… si la medicina se estudia para hacer negocios.  Lo que hay que tener es ingenio y aprovechar ese nicho de mercado.” -(Periódico Diario Libre, del 18-9-10, página 12).

¡Que tan cerca de la verdad, anda el doctor López Torres!

 Finalmente, muchos de los llamados galenos, creen estar exentos de las mismas afecciones que ellos tratan en los demás, a veces con actitudes deshonestas. Pues, que reflexionen, en el sentido de que  nadie lo está; amén de que existe una Ley Natural, que de manera inexorable pasa factura en su momento; por lo que, su única preocupación no debe ser el dinero, sino  el servicio humanitario e incondicional,  para el cual fueron predestinados.

 Rolando Fernández

Hagamos más creíble e informativa nuestra historia

Hay  muchos aspectos de la historia dominicana, que los tiempos exigen ya una verdadera aclaración, sustentada en exhaustivas y agudas investigaciones por parte de los profesionales de  esa disciplina, de forma tal que se vayan eliminando de las narraciones en uso, concernientes al país, o confirmando, si es que procede,  una serie de eventos, leyenda y fábulas, etc., que se han incluido en las mismas, y que lucen contradictorias; a veces,  hasta sin sentido.

Di igual forma, en lo relativo a todos aquellos actos liberadores, defensores de la soberanía nacional, o catastróficos, narrados y plasmados para edificación de las nuevas generaciones; y, que evidentemente, lucen matizados con argumentaciones muy personalistas, como concepciones y posiciones parcializadas; en ocasiones, por razones meramente políticas, retaliatorias, o simplemente, la falta de apropiadas investigaciones.

Traemos el tema a colación, debido a la celebración anual en el país, del Día de Nuestra Señora de las Mercedes, 24 de septiembre, cuya devoción a la misma, por parte de los colonizadores españoles, se introdujo aquí, en ocasión del descubrimiento de América, desde hace ya más 500 años.

Según las informaciones históricas que siempre se han manejado, esa fue la Virgen que hizo acto de presencia entre los españoles interventores de la época, a raíz del libramiento de la batalla de La Vega Real, para garantizarles el triunfo a aquellos “santos”, comandados por Cristóbal Colón, sobre los indefenso e infelices indígenas aquí encontrados, y que fueron avasallados, ultrajados y robados por los intrusos de aquella Metrópolis europea, que vinieron a usurpar  tierras ajenas.

Luego, esa aparición y concurso divino, podría decirse, a favor de esos soldados abusadores, en actos de crueldad de tal naturaleza, es algo que siempre ha sido cuestionado por literatos e historiadores de renombre; amen de que, fue una ayuda que resulta inconcebible para cualquier pensante medio, con conocimientos de carácter espiritual-religioso, aun sean puramente exotéricos, por lucir más que contradictoria.

Pero, además se dice, que la declaración de la Virgen de las Mercedes, como patrona para la isla, se decidió y se produjo en vista de la ocurrencia de un gran terremoto que azotó su capital, cuando aún la República Dominicana, tenía como nombre  “La Hispaniola”, lo cual sigue asociando esa devoción y protección con los españoles.  

Ahora, es muy probable que por el contrario, ese fenómeno natural se produjera,  como una forma de expiación, por los actos impropios e inhumanos en que incurrieran los europeos de la “Madre Patria”, en sus afanes por lograr  dominios y riquezas.

También se señala que, en la fundación del Estado dominicano, en el año 1844, fue declarada esa Virgen, Patrona Nacional; que se infiere, también  debió haber obedecido a las mismas razones; pero que, analizando eso con frialdad, podría resultar contradictorio, respecto del sentimiento patrio de nuestros pobladores indígenas, en embrión para ese entonces.

Como se puede advertir, la narración cronológica de los hechos históricos acaecidos en esta isla, a partir del descubrimiento de América, tiene que ser revisada; y, estudiada más a fondo, para esclarecer, corregir y ampliar   su contenido; eliminar todo indicio de parcialidad y de concepciones individualistas, de manera que resulte creíble en su mayor parte, y pueda proporcionar una aceptable edificación a las presentes y nuevas generaciones.

Según sostiene, con mucha aceptación, “el desconocimiento de su historia por parte de los pueblos, implica su repetición”.

 Rolando Fernández

Llegada de los tres jinetes impuestos

Más que vergüenza deberíamos sentir muchos dominicanos, con altos sentimientos patrios, de los que aún quedamos, con la imposición por parte de los prestamistas del Norte, de tres extranjeros desconocidos por la población, para que sean éstos los que se encarguen de administrar la distribución de la energía eléctrica que se genera a nivel nacional, tan de aquí, como el merengue.

Bien lo dice un refrán popular, “que todo aquel que coge fiao (fiado) o prestado, tiene que aguantar lo que sea”; pues este país cuenta con recursos humanos más que suficientes y competentes, para asumir con eficacia esa responsabilidad. Sin embargo, se les ha marginado por conveniencias obvias, en connivencia con las autoridades nacionales.

Lo que ocurre es que, muchos de esos dominicanos aptos para tales propósitos, probablemente no sean de la simpatía de los regentes portentosos del gran negocio eléctrico político-empresarial en la República Dominicana, por razones partidaristas, o de los principios éticos profesionales ostentados por los mismos; y,  que por tanto, no se van a dejar manejar como “Conejillos de India”, por los administradores y colocadores de los fondos excedentes de los jerarcas adinerados del mundo actual, organismos internacionales de financiamiento, cuyo único propósito es procurar el retorno oportuno de los dineros cedidos en calidad de prestamos al país, con el concurso complaciente de los lacayos nuestros, que aún se dicen nacionalistas.

Es por ello que vienen esos incumbentes señalados, con nombres y apellidos; los recomendados y admitidos; los que convienen; los de confianza; siempre prestos a seguir los lineamientos trazados desde allá, con resonancia marcada, y adhesión total aquí, a nivel de los prestatarios comprometidos, golosos y fieles defensores, por supuesto, de los intereses extranjeros.

Muy satisfecho y complacido se ve, posando para  la prensa local, junto a sus alienados subalternos elegidos, y de seguro, acordados con los mandantes prestamistas y reguladores en ultramar del sistema eléctrico nacional, a su  voluntad exclusiva y subyugante, al margen de las cosas  que competen exclusivamente a los dominicanos, sólo por la propensión  a seguir cogiendo prestado, por ser lo más fácil y conveniente,  en términos particulares. Al ritmo que vamos, posiblemente, habrá que instalar muy pronto, una extensión de la CDEEE, en Washington, USA.

Así luce el señor vicepresidente ejecutivo de dicha empresa estatal, que no obstante, no ha dicho ni esta boca es mía, respecto de los problemas legales, que  se ha filtrado, confrontó el flamante nuevo gerente de Edesur, en Brasil, “por supuestas irregularidades en el mercado de capitales”, de lo cual muchos ya se han hecho eco aquí, información a la que hace referencia, de  manera sutil, la prensa local.  De eso no conviene  hablar, ¿verdad que no, Celso? Recuerda, que ante todo, eres dominicano.   Ojalá te vayas bien con esos magnates importados.

Otro punto importante digno de destacar, según la reseña de prensa (periódico Listín Diario, del 21-9-10), relativa a la toma de posesión de los tres jinetes extranjeros, que ahora habrán de administrar la Edes nacionales, es que uno de ellos conoces muy bien de la problemática nuestra, e intríngulis del negocio eléctrico dominicano, por la haber ofrecido labores de asesoría  al país, a través de su compañía Sytconsulting, relacionadas con el famoso y  fracasado Programa de Reducción de Apagones (PRA). Esperemos le vaya bien en esta ocasión.

Ojalá que ahora, sean cuatro los redentores del sistema eléctrico de la República; uno de aquí, y tres de allá, para ver si logran aminorar la crisis en el área, que ya raya en lo desesperante y caótico; hasta tanto la voluntad de revisar, renegociar o rescindir los contratos leoninos suscritos con los alturitas generadores, haga acto de presencia en el Congreso Nacional, y se proceda en favor de las grandes mayorías nacionales.

O, que se produzca una poblada de marca mayor, que es lo que se está provocando, en  reclamo de los derechos que asisten a los ciudadanos,  al sosiego, la paz y la justicia; procurando a la fuerza,  se ponga término de una vez por todas, a los dañinos, molestosos e injustos apagones; y, se dé  inicio al cobro de una tarifa justa por el servicio, no abusiva como ocurre actualmente, al margen de los intereses empresariales y políticos, que son los que ahora determinan el que eso no se haga realidad en el país.

Bajo las condiciones actuales, sólo queda desearles mucha  suerte, a todos aquellos que intenten resolver ese gran problema, por las conexidades y connivencias que giran en torno al mismo. ¡SUERTE!

Finalmente, por cosas como esas, entre otras, injerencias claras y lesivas, es que muchos se preguntan, con sobrada razón, ¿a dónde fue a parar la concepción de liberación dominicana, que tanto proclamara, y tratara de enraizar aquí el inolvidable Profesor?  Mientras, otros osan decir, porque así lo sienten, “que falta hace Trujillo en este país”.

 Rolando Fernández

Por eso estamos como estamos

Muy atinado resulta el parecer expuesto por el rector del Colegio Loyola, padre jesuita Pedro Francisco Lluberes, en el sentido de que la juventud dominicana no debe ser indiferente ante la situación de descalabro social en que vive el país, caracterizado por un marcado desorden institucional, la corrupción administrativa, injusticias, y los variados actos delincuenciales recurrentes, que a diario se verifican a nivel nacional.

El sacerdote se refirió en su alocución, según reseña una medio de prensa local, periódico “HOY”, del 20-9-10), de manera directa, a las actitudes impropias que  observan muchos funcionarios gubernamentales, que devengan salarios burlones, que oscilan entre  RD$200,000.00 y  RD$400,000.00, sin trabajar; al tiempo que también degustan de muy buenos vinos, y disfrutan de los lujosos ambientes que ofertan algunos centros nacionales de diversión; todo costeado con fondos provenientes de los impuestos que paga la población, según  dijo.  Consideró eso como “una vergüenza”; y, obviamente, denota un alto nivel de inconsciencia ciudadana, detectable por supuesto, agregaríamos nosotros.

Para combatir esos flagelos de connotación tan alarmante, el rector del citado centro educativo, en ocasión de las celebraciones de su 50 aniversario de fundación, exhortó a los jóvenes a que “sean rebeldes frente a la corrupción, las injusticias y los males de la sociedad”.

Evidentemente, el sacerdote jesuita, puso el dedo sobre la llaga en su intervención; pues, precisamente, es la juventud la que más debería concienciarse, respecto de todas las acciones impropias en que hoy puedan incurrir sus autoridades gobernantes; como, de los efectos nocivos que se derivan ahora, y que de seguro seguirán empeorando  mañana. No cabe duda alguna, de que  son las jóvenes generaciones presentes, y sus descendientes futuros, los que más tarde tendrán que enfrentar las posibles vicisitudes de carácter impredecible que sucedan. Y, ¿por que no?, pagar todos los platos rotos.

Muy oportunas pueden considerarse entonces, las recomendaciones  vertidas por el osado representante de la Iglesia Católica, en momentos en que la gente de menor edad en este país (adolescentes y jóvenes en general), en lo que menos está pensando es en el futuro de la Nación.

Y es que, ya la mayoría  de aquellos, se conforma con las actividades del día a día, matizadas con las bachatas (que ayer era música de prostitutas, domésticas y guardias; hoy, sin embargo, música selecta de salón), los ritmos metálicos y sincopados, que sólo inducen al sexo degenerado y a las drogas, como las indumentarias degenerativas y estrafalarias, incluyendo la exhibición de los famosos piercing, bastante dañinos para la salud física y mental, según los entendidos.

Pero además, caracteriza a la juventud de estos tiempos, el mal estudiar, por lo que la expansión de conciencia ciudadana parece casi imposible. Sólo se hace para tener un titulo, que luego no se avala con los conocimientos debidos.  De eso sabemos bastante, lo que tenemos la oportunidad de participar a diario en labores docentes, básicamente a nivel superior. 

Algo muy interesante en la exposición de ese rector, y que se debe destacar a grandes rasgos, fue la mención que hizo de la aplicación de un programa en curso, o adoptado en ese colegio, que ha surtido efectos muy significativos, en el sentido de disminuir los eventos de agresividad y violencia que se puedan dar entre los alumnos del plantel escolar.

Eso es algo que se reporta muy de lugar en estos momentos; y que por tanto, deberían procurar emular dicha acción, las demás instituciones educativas del país, públicas y privadas; al igual que, abocarse en consecuencia, a gestionar el concurso, como las asesorías necesarias, a los fines de que puedan introducir también tal iniciativa,  que se entiende de corrección juvenil oportuna.

Por lo que se puede leer en la reseña de prensa, es obvio que el sacerdote jesuita Pedro Francisco Lluberes, con pocas palabras,  logró agarrar el toro por ambos cuernos en su ponencia: la familia y los centros educativos; expresando sucintamente y con claridad meridiana, lo que se tenía que decir. 

Es por esos dos flancos, por los que necesariamente se debe comenzar a tratar de combatir nuestros grandes males sociales; a través de la adopción y puesta en práctica de los correctivos requeridos, como de las formas de concienciación pertinentes.

En  hora buena, señor rector. Ojalá que los directores de todos los recintos docentes, relacionados de forma directa con la Iglesia Católica, a la que usted pertenece, asuman tal postura, de criticas constructivas al sistema y sus derivados dañosos, como de aportes y recomendaciones para enmendar. Acepten los retos a emular; y,  hagan extensiva esa loable actitud  hasta los demás educadores, a fin de que reaccionen ahora, y trabajen por igual, en favor de  la sociedad de la República.

 Rolando Fernández

El imperio de la ley, a todos debe alcanzar

Según una máxima aristotélica de gran significación, “El único Estado estable es aquel en que todos los ciudadanos son iguales ante la ley”.  Esa es una frase bastante inductora, que debería llamar a la reflexión a todos los que aquí compete la administración y aplicación de justicia.  La eliminación de privilegios y permisividades en este tenor, es algo que urge promover en este país, para tranquilidad y  bien de todos.

No constituye secreto alguno, que en la República Dominicana, la observación obligada a las leyes y normativas suplementarias, sólo rige para los de abajo; los que no pueden pagar impunidad, o carecen de un sólido padrinazgo a nivel político, militar o empresarial.

Los tribunales y cárceles dominicanas sólo existen para los “hijos de machepa”, como decía un connotado líder político nacional.  Ante los portentosos adinerados, los políticos de renombre, o el funcionariado de turno, el imperio de la ley siempre se detiene; salvo  los casos, muy excepcionales, de retaliaciones marcadas entre desafectos.

Todos aquellos que forman parte del equipo gobernante, o de los poderes nacionales influyentes, por lo que se ve, no están obligados a cumplir con las leyes, y demás disposiciones imperantes relativas; tienen inmunidad; se les respeta.  Sus despropósitos se honrar o se apañan.  Y, en el mejor de los casos, cuando es incoada cualquier acción legal en su contra, los encargados de procesarle judicialmente, de ordinario, echan los expedientes en el saco del olvido.

Evidentemente, esa discriminación social, en términos de la observancia de rigor, en cuanto a las leyes vigentes, y la correspondiente aplicación de justicia, es el factor que más alienta los hechos delincuenciales que nos afectan en la actualidad, como son aquellos que se refieren a la corrupción administrativa; al igual que, el  tráfico y consumo de drogas, entre otros.

Pero además, eso es algo que induce a la realización de otras actividades delictivas, degenerativas conexas. Verbigracia, los asaltos a cualquier nivel, los secuestros y el sicariato.  Este último ha pasado a formar parte del mercado laboral dominicano; ya no cabe duda, por las evidencias concretas que se verifican.

Muy oportuno resulta transcribir aquí, algo que expone Rafael Cordero Díaz, en su trabajo “La ley y el orden”, que publica el periódico Hoy, de fecha 19-9-10, página 9ª:

“Si los de arriba no dan o predican con el ejemplo los de abajo no hacen más que reproducir lo que ven o les enseñan”.

“¿Hasta dónde la violencia callejera no es una respuesta o la expresión del clima que han propiciado las autoridades? Son muchos los que piensan que la inseguridad, el desorden y la incertidumbre que sufre la población se debe al desorden institucional que resta autoridad al Gobierno para exigir que se respeten las leyes. Simplemente porque las autoridades son las primeras en apartarse de las normas jurídicas”.

Creemos, que hay un consenso poblacional bastante generalizado en tal sentido, y que debe ser un punto de reflexión gubernamental, bien sosegada, en pos de evitar males mayores.

La conservación plena de cualquier estado, y el sosiego de la ciudadanía en general, con los beneficios y motivaciones que se deriven, como son los casos del incremento de la educación superior, principalmente, la expansión de lo moral y los aportes al desarrollo sostenido del país de que se trate, están sujetos a que las leyes establecidas rijan por igual para todos; no sólo para un diminuto segmento de la población.

En el caso específico nuestro, debe llamar poderosamente la atención, el señalamiento que hiciera recientemente, el señor Hotoniel Bonilla, director del Departamento de Prevención de la Corrupción Administrativa (DPCA), en ocasión de su denuncia, reseñada por la prensa local, referente a la infuncionabilidad de ese organismo, y en alusión directa, precisamente,  a la imposibilidad de poder aplicar la justicia plena que le compete, lo cual redundaría en beneficio de  la Nación, como es obvio.

Aseveró que, “el Estado social de derecho tiene una falla de origen que consiste en que los ciudadanos de este país <no somos iguales>; condena a los chiquitos”. (Periódico HOY, del 3-9-10, Pág. 11ª.

Lamentablemente, esa es una cruda realidad, a enmendar y combatir con firme decisión, en el menor tiempo posible; pues de proseguir igual o peor, podría acarrear situaciones para la República, de impredecibles consecuencias.

 Rolando Fernández

Según una máxima aristotélica de gran significación, “El único Estado estable es aquel en que todos los ciudadanos son iguales ante la ley”.  Esa es una frase bastante inductora, que debería llamar a la reflexión a todos los que aquí compete la administración y aplicación de justicia.  La eliminación de privilegios y permisividades en este tenor, es algo que urge promover en este país, para tranquilidad y  bien de todos.

No constituye secreto alguno, que en la República Dominicana, la observación obligada a las leyes y normativas suplementarias, sólo rige para los de abajo; los que no pueden pagar impunidad, o carecen de un sólido padrinazgo a nivel político, militar o empresarial.

Los tribunales y cárceles dominicanas sólo existen para los “hijos de machepa”, como decía un connotado líder político nacional.  Ante los portentosos adinerados, los políticos de renombre, o el funcionariado de turno, el imperio de la ley siempre se detiene; salvo  los casos, muy excepcionales, de retaliaciones marcadas entre desafectos.

Todos aquellos que forman parte del equipo gobernante, o de los poderes nacionales influyentes, por lo que se ve, no están obligados a cumplir con las leyes, y demás disposiciones imperantes relativas; tienen inmunidad; se les respeta.  Sus despropósitos se honrar o se apañan.  Y, en el mejor de los casos, cuando es incoada cualquier acción legal en su contra, los encargados de procesarle judicialmente, de ordinario, echan los expedientes en el saco del olvido.

Evidentemente, esa discriminación social, en términos de la observancia de rigor, en cuanto a las leyes vigentes, y la correspondiente aplicación de justicia, es el factor que más alienta los hechos delincuenciales que nos afectan en la actualidad, como son aquellos que se refieren a la corrupción administrativa; al igual que, el  tráfico y consumo de drogas, entre otros.

Pero además, eso es algo que induce a la realización de otras actividades delictivas, degenerativas conexas. Verbigracia, los asaltos a cualquier nivel, los secuestros y el sicariato.  Este último ha pasado a formar parte del mercado laboral dominicano; ya no cabe duda, por las evidencias concretas que se verifican.

Muy oportuno resulta transcribir aquí, algo que expone Rafael Cordero Díaz, en su trabajo “La ley y el orden”, que publica el periódico Hoy, de fecha 19-9-10, página 9ª:

“Si los de arriba no dan o predican con el ejemplo los de abajo no hacen más que reproducir lo que ven o les enseñan”.

“¿Hasta dónde la violencia callejera no es una respuesta o la expresión del clima que han propiciado las autoridades? Son muchos los que piensan que la inseguridad, el desorden y la incertidumbre que sufre la población se debe al desorden institucional que resta autoridad al Gobierno para exigir que se respeten las leyes. Simplemente porque las autoridades son las primeras en apartarse de las normas jurídicas”.

Creemos, que hay un consenso poblacional bastante generalizado en tal sentido, y que debe ser un punto de reflexión gubernamental, bien sosegada, en pos de evitar males mayores.

La conservación plena de cualquier estado, y el sosiego de la ciudadanía en general, con los beneficios y motivaciones que se deriven, como son los casos del incremento de la educación superior, principalmente, la expansión de lo moral y los aportes al desarrollo sostenido del país de que se trate, están sujetos a que las leyes establecidas rijan por igual para todos; no sólo para un diminuto segmento de la población.

En el caso específico nuestro, debe llamar poderosamente la atención, el señalamiento que hiciera recientemente, el señor Hotoniel Bonilla, director del Departamento de Prevención de la Corrupción Administrativa (DPCA), en ocasión de su denuncia, reseñada por la prensa local, referente a la infuncionabilidad de ese organismo, y en alusión directa, precisamente,  a la imposibilidad de poder aplicar la justicia plena que le compete, lo cual redundaría en beneficio de  la Nación, como es obvio.

Aseveró que, “el Estado social de derecho tiene una falla de origen que consiste en que los ciudadanos de este país <no somos iguales>; condena a los chiquitos”. (Periódico HOY, del 3-9-10, Pág. 11ª.

Lamentablemente, esa es una cruda realidad, a enmendar y combatir con firme decisión, en el menor tiempo posible; pues de proseguir igual o peor, podría acarrear situaciones para la República, de impredecibles consecuencias.

 Rolando Fernández

Según una máxima aristotélica de gran significación, “El único Estado estable es aquel en que todos los ciudadanos son iguales ante la ley”.  Esa es una frase bastante inductora, que debería llamar a la reflexión a todos los que aquí compete la administración y aplicación de justicia.  La eliminación de privilegios y permisividades en este tenor, es algo que urge promover en este país, para tranquilidad y  bien de todos.

No constituye secreto alguno, que en la República Dominicana, la observación obligada a las leyes y normativas suplementarias, sólo rige para los de abajo; los que no pueden pagar impunidad, o carecen de un sólido padrinazgo a nivel político, militar o empresarial.

Los tribunales y cárceles dominicanas sólo existen para los “hijos de machepa”, como decía un connotado líder político nacional.  Ante los portentosos adinerados, los políticos de renombre, o el funcionariado de turno, el imperio de la ley siempre se detiene; salvo  los casos, muy excepcionales, de retaliaciones marcadas entre desafectos.

Todos aquellos que forman parte del equipo gobernante, o de los poderes nacionales influyentes, por lo que se ve, no están obligados a cumplir con las leyes, y demás disposiciones imperantes relativas; tienen inmunidad; se les respeta.  Sus despropósitos se honrar o se apañan.  Y, en el mejor de los casos, cuando es incoada cualquier acción legal en su contra, los encargados de procesarle judicialmente, de ordinario, echan los expedientes en el saco del olvido.

Evidentemente, esa discriminación social, en términos de la observancia de rigor, en cuanto a las leyes vigentes, y la correspondiente aplicación de justicia, es el factor que más alienta los hechos delincuenciales que nos afectan en la actualidad, como son aquellos que se refieren a la corrupción administrativa; al igual que, el  tráfico y consumo de drogas, entre otros.

Pero además, eso es algo que induce a la realización de otras actividades delictivas, degenerativas conexas. Verbigracia, los asaltos a cualquier nivel, los secuestros y el sicariato.  Este último ha pasado a formar parte del mercado laboral dominicano; ya no cabe duda, por las evidencias concretas que se verifican.

Muy oportuno resulta transcribir aquí, algo que expone Rafael Cordero Díaz, en su trabajo “La ley y el orden”, que publica el periódico Hoy, de fecha 19-9-10, página 9ª:

“Si los de arriba no dan o predican con el ejemplo los de abajo no hacen más que reproducir lo que ven o les enseñan”.

“¿Hasta dónde la violencia callejera no es una respuesta o la expresión del clima que han propiciado las autoridades? Son muchos los que piensan que la inseguridad, el desorden y la incertidumbre que sufre la población se debe al desorden institucional que resta autoridad al Gobierno para exigir que se respeten las leyes. Simplemente porque las autoridades son las primeras en apartarse de las normas jurídicas”.

Creemos, que hay un consenso poblacional bastante generalizado en tal sentido, y que debe ser un punto de reflexión gubernamental, bien sosegada, en pos de evitar males mayores.

La conservación plena de cualquier estado, y el sosiego de la ciudadanía en general, con los beneficios y motivaciones que se deriven, como son los casos del incremento de la educación superior, principalmente, la expansión de lo moral y los aportes al desarrollo sostenido del país de que se trate, están sujetos a que las leyes establecidas rijan por igual para todos; no sólo para un diminuto segmento de la población.

En el caso específico nuestro, debe llamar poderosamente la atención, el señalamiento que hiciera recientemente, el señor Hotoniel Bonilla, director del Departamento de Prevención de la Corrupción Administrativa (DPCA), en ocasión de su denuncia, reseñada por la prensa local, referente a la infuncionabilidad de ese organismo, y en alusión directa, precisamente,  a la imposibilidad de poder aplicar la justicia plena que le compete, lo cual redundaría en beneficio de  la Nación, como es obvio.

Aseveró que, “el Estado social de derecho tiene una falla de origen que consiste en que los ciudadanos de este país <no somos iguales>; condena a los chiquitos”. (Periódico HOY, del 3-9-10, Pág. 11ª.

Lamentablemente, esa es una cruda realidad, a enmendar y combatir con firme decisión, en el menor tiempo posible; pues de proseguir igual o peor, podría acarrear situaciones para la República, de impredecibles consecuencias.

 Rolando Fernández

Honremos la franqueza

Cuantas cosas se lograrían haciendo honor a la verdad; dejando de lado el lesivo mentir consuetudinario, que tanto afecta a los proclives, aun sea bajo el subterfugio acomodaticio de la llamada “mentira piadosa”.

De hecho, no hay tal “piedad” en esa inclinación, por circunstancial, simple o defensora que parezca; pues siempre resultará dañina para ambos  interlocutores, a pesar de la sutilidad con que se logre adornar lo que se expone, como del momentáneo y aparente triunfo que logre el emisor, propiamente.

Decía Mahatma Gandhi que, “El amor y la verdad son dos caras de la misma moneda”.  Luego, la piedad denota compasión; y ésta a su vez, es obvio que tiene visos de amor incondicional, inherentes a aquella  dignificante realidad compartida.  Por tanto, cuando se deshonra la verdad, no es cierto que se pueda hablar de condición piadosa alguna.   Eso es sólo un decir convencional y justificativo.

La verdad siempre habrá de flotar, cual aceite sobre el agua. Y, cuando eso ocurra, salpicará sin duda alguna a los que le hayan sumergido o soterrado, con las gotas repelentes del lastre de la desconfianza, que marca de manera indefinida a los infractores de la esa “sublime e inexorable ley”, que después cobra, o pasa factura en su momento.

Las falsedades a las que se recurre muchas veces, para justificar incumplimientos de cualquier género; encubrir actos dolosos;  apañar actitudes desaprensivas; o, simplemente engañar a los demás, son como los enemigos, para quienes las reciben, que nunca los hay pequeños, y que se pueden combatir con frecuencia; pues, son detectables  con facilidad. 

Lo mismo ocurre con las patrañas súbitas o premeditadas, que a través de la mera habilidad intuitiva que se haya logrado desarrollar, y que se aplique durante el proceso de interacción personal energética, al compartir con otros,  se logran advertir con un mínimo esfuerzo, ya que las energías humanas, tanto en el emisor, como el receptor actuante, “no saben mentir”; y, se pueden comunicar entre sí.  De ahí, entendemos, el sabio refrán aquel que reza, más o menos, así, “tonto es aquel, que se cree que el otro es tonto”.

En tal sentido,  la doctora Caroline Myss, en su valiosa obra “La Anatomía del Espíritu”, al referirse al campo energético que rodea a todos los seres humanos, sujeto a lecturas intuitivas, señala, “Si, por ejemplo, decimos una mentira, en la mayoría de los casos nuestro campo energético le comunicará a la otra persona la <realidad energética> de que no estamos diciendo la verdad.  La energía no miente; no sabe mentir”.

Evidentemente, el concepto de verdad a que nos hemos venido refiriendo, es aquel relativo a la llamada realidad “monda y lironda”, sobre los hechos y circunstancias que se pueden  producir en el quehacer cotidiano y las interacciones de carácter humano, que se dan por diversas razones.

Resulta pertinente incluir entonces aquí, la aclaración debida, ya que hay otro tipo de verdad, relacionada con una materia muy distinta, y de mucho mayor importancia, en el orden propio de las cosas divinas, que es imposible expresar a través de palabras. Es aquella Verdad que sólo puede ser conocida por medio de las vivencias individuales; “de una auténtica realización personal”.  La misma de que hablara el amado Maestro Jesús, cuando dijera, “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. (Juan, 8:32).

Claro, que se advierte cierta analogía entre ambas verdades, respecto de la libertad de que pueden disfrutar los seres humanos, a nivel del plano físico exclusivamente, cuando no se carga interiormente con el peso de la cruz de la mentira, y la afrenta con que marca  la desconfianza que se genera.

Independientemente de la Magna Verdad Divina a que hicimos alusión, la verdad en la interacción mundanal, como podría denominase, sin entrar en conceptualizaciones filosóficas de lo  convencional y lo absoluto, respecto de lo que se dice, o frase alguna; refiriéndonos sólo al expresar siempre con franqueza meridiana lo que debe ser;  la realidad de las cosas; sin reparar nunca en lo adverso, o efectos   particularizados  que se puedan derivar, es uno de los actos más dignos, como loables; y,  el arma que mejores frutos proporciona, aun no sea en lo inmediato. El ser veraz, constituye una impronta personal imborrable, y siempre meritoria; contraria totalmente, a la acción de mentir.

Dos refranes muy significativos, cuyos autores desconocemos, podrían avalar esa opinión: “La mentira no vive larga vida”. “La verdad permanece; la mentira, perece”.

Seamos francos pues; que el mentir, muy  poco bueno paga, si es que lo hace alguna vez.

 Rolando Fernández

Evitemos provocar una desgracia

Hay máxima pueblerina, muy sonada por cierto, que reza, “el pasmo con tiempo tiene remedio”; queriendo significarse con ésta que, hay situaciones desagradables que se pueden evitar, cuando se prevean de antemano, los efectos consecuentes a derivar de ésas, y se proceda debidamente a enmendar o corregir las anormalidades en que se esté incurriendo.

Para nadie es un secreto, el caos vehicular que se verifica en nuestras calles y avenidas, producto de inconsciencia ciudadana en general, por una parte; cuando no, por la desaprensión que ostentan determinados conductores, acosados por razones de la prontitud que les exigen sus actividades laborales cotidianas, ante los molestosos y limitativos taponamientos que se verifican, como de la distracción mental que provocan los problemas económicos y familiares que le abaten, por la otra.

Ahora, de ahí a que la Autoridad Metropolitana de Transporte (AMET), tenga que recurrir a métodos represivos, que rayan ya en el salvajismo y el homicidio, casi voluntario se podría decir, en contra de algunos ciudadanos, para tratar de enfrentar esa situación caótica y preocupante, como de regular con efectividad el tráfico vehicular nuestro, que es la labor que le compete,  es algo que desdice bastante de lo debe ser.

 Es decir, respecto de la aplicación de métodos modernos de interdicción apropiados, con las puniciones de lugar, para normar adecuadamente las prácticas que se reporten como anómalas en el área; al igual que, el hacerse respetar en cada oportunidad, de parte del organismo a cargo.

Por los hechos en que han venido incurriendo algunos miembros de la AMET,  últimamente, que han sido filmados y exhibidos a la población por los medios de prensa local, se advierte que han actuado al margen de lo que procede, con altanerías, abusos y actitudes humillantes, que denotan exceso de poder.

Las autoridades superiores de ese organismo, deberían entonces reflexionar muy bien, sobre los actos de esa naturaleza que vienen sucediendo; en que han intervenido  algunos miembros del Cuerpo, frente a una población que atraviesa por momentos acuciantes de crisis económica; y, los desasosiegos que se originan en los niveles de delincuencia social presentes, la falta de salubridad, y de otros servicios públicos, como lo es el caso de la  energía eléctrica; que impide que a muchos, les sea posible el dormir cada noche, con la gran ola de calor que ha estado azotando al país durante los últimos meses.

Esa es una situación que, evidentemente, podría rebosar la copa de la paciencia ciudadana, provocando acciones contestatarias diversas o retaliatorias, lamentables  por supuesto.  No debe olvidarse que los pueblos aguantan hasta un día; y que, cuando se sienten muy abusados, reaccionan de mala manera, con consecuencias impredecibles.  Tampoco, que aquí, una gran parte de la población, ya es portadora de armas de fuego; legales o no; pero, las usan.

Vimos, como fuera brutalmente golpeado un sargento mayor del Ejercito Nacional, en el mes de julio del presente año, que falleciera luego; mientras otros ciudadanos, han sido baleados con frialdad, ocasionando en algunos, lesiones permanentes, sin poderosas razones aparentes para hacerlo, según ha trascendido.

Es aconsejable tener presente, que las personas que han sido afectadas y maltratadas, tienen familiares cercanos que, en cualquier momento les podrían asaltar ánimos de venganza, y actuar en contra de los victimarios, o compañeros de esos, lo cual vendría e empeorar aun más el trato en la  interacción obligada AMET-ciudadanía; y eso, hay que evitarlo a toda costa.

Precisamente, ya la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, se pronunció al respecto,  y el presidente la misma, puso los abogados de ésa a disposición de los ciudadanos “que han sido víctimas de la Autoridad Metropolitana de Transporte (Amet)”; lo que se entiende es, para que procedan legalmente, cuando lo consideren pertinente.  Señaló además, el señor Manuel María Mercedes, que, “Amet se ha convertido en un ente represivo en vez de organizador del tránsito”. (Periódico Diario Libre, del 15-9-10, página 16).

La AMET puede hacer el trabajo que le corresponde, sin necesidad de tener que llegar a tales extremos.  Sólo, aplicando con severidad, y sin distingos, la ley de tránsito vigente, y las normativas adicionales  suplementarias.

Lógico, lo que ocurre es que, ya aquí el mal ha tomado demasiado cuerpo, y la permisividades que se dan a nivel de los altos funcionarios públicos, cuando transitan, como en relación con  cualquier ciudadano que conduzca un vehículo con placa oficial, o de lujo, se han encargado de alentarlo siempre.

Por consiguiente, las medidas correctivas que hay que adoptar, se debe comenzar a aplicarlas, en la cúspide la pirámide social nuestra, para descender luego hasta su base; siendo rígidos, claro está, en la aplicación de la ley de tránsito, y sus suplementos, reiteramos; pero, haciendo uso al mismo tiempo de la paciencia, la cordura y el buen  trato, que merece la población, toda.

 Rolando Fernández

Ayer los Austin; hoy, los hoyos y tapones

Según nos  han narrado algunas personas, en una ocasión se acuñó en este país una frase propagandística que caló sobremanera en el mercado consumidor de vehículos, aptos para el trabajo cotidiano, por la fortaleza de estos en su fabricación, probada; condición, que naturalmente, inspiraba siempre su adquisición.

A la sazón, las calles y avenidas de la República, lucían abarrotadas de los carros de esa marca; pues, no solamente se usaban para el trasporte público, sino que también eran preferidos   para utilización privada o familiar.

Los mercadologos de la época, partiendo de la gran cantidad de esos automóviles en circulación, se idearon una frase corta, pero muy inductora a la vez,  que lo decía todo, y que rezaba “cuente los Austin”.

Según muchos choferes que tuvieron la oportunidad de conducirles, se trataba de vehículos diseñados para transitar sin problemas, por vías en mal estado, con hoyos, o sin asfalto; pues su resistencia, y efectiva amortiguación, o dureza ocasional relativa, así lo permitían.

Eso quiere decir, que para esos tiempos, en que normalmente los vehículos eran producidos con tracción trasera, como la fortaleza debida, para un desplazamiento más equilibrado, y mayor protección de sus exteriores  base,  como los componentes de rodaje, los hoyos en calles y avenidas, constituían muy poca preocupación; y menos aún, cuando se trataba de un “Austin”.  Por eso, había que contarlos.

Sin embargo, hoy en día, en que ya los vehículo son fabricados para una vida útil mucho menor que otrora, y que nuestras vías públicas para el tráfico vehicular no son objeto de un adecuado mantenimiento, sólo acicaladas al vapor durante las campañas electorales, lo que debemos hacer entonces, es contar los hoyos, por un lado, y ubicarles con precisión, para evitar que los frágiles y caros vehículos que en la actualidad se adquieren, se deterioren con prontitud.

Pero además, mientras  los radiadores y piezas complementarias para el enfriamiento de los motores, ayer se fabrican con metales de calidad, como el cobre y el aluminio, entre otros, para asegurar un efectivo funcionamiento en épocas calurosas, o taponamientos súbitos en las vías de circulación, hoy lo que más se utiliza para tales propósitos es el material plástico, y otros aditamentos   de calidad cuestionable, como  de  poca resistencia al calor, por lo que los sobrecalentamientos, con sus efectos derivados, están a la orden del día, por los inmensos tapones que se verifican a diario en las calles y avenidas de este país. Luego, los tapones también hay que contarlos y evitarlos, como medida de precaución.

Las calles y avenidas de este país, descuidado, repletas de hoyos por doquier, amén de los charcos por las aguas pluviales, que se forman tras la más ligera llovizna, y con taponamientos a granel, debido al gran desorden, irrespeto a las normativas legales, permisividades, y la falta de administración adecuada por parte de las autoridades competentes, sólo estarían buenas para vehículos de aquella era gloriosa de la calidad industrial automovilística; no para las imitaciones presentes, que no son más que motores rodeados de hojalata, fibra de vidrio y plásticos por todas partes.

El fabricar vehículos de calidad ya no es negocio.  Por tanto, la durabilidad deben procurarla hoy los dueños, a través de un mantenimiento consistente, como la habilidad para evitar deterioros progresivos, desechando hoyos y tapones.

 Rolando Fernández

Efecto de las inauguraciones

En nuestro país se dan muchas cosas que, en el marco de una lógica reflexiva simple, resultan incomprensibles; aunque no así, en otros contextos, como el de la política cotidiana en que vivimos.

Hace algunos días ya, la prensa local estuvo publicando importantes reportajes, con suficiente  nivel de detalles, y debidamente reseñados, sobre la crítica y deplorable situación en que se encuentran algunos de los principales hospitales públicos del país, sin que hasta el momento las autoridades competentes hayan dicho nada al respecto, tendente a introducción de las mejoras necesarias, y medidas correctivas de lugar, como de los trabajos de remodelación y mantenimiento que se requieren.

Por lo que se puede observar en las publicaciones de referencia, el estado de insalubridad, ineficiencia, hacinamiento, al igual que la  falta de atención facultativa que se verifica en renombrados centros asistenciales del país, tales como: maternidad San Lorenzo de Los Mina, y los hospitales, Dr. Darío Contreras, Dr. Francisco Moscoso Puello,  y   Juan Pablo Pina, de San Cristóbal, es  un asunto que ya se torna deprimente, alarmante, y hasta inhumano, se podría decir.

Sin embargo, el Estado Dominicano, sin importar la gestión  de gobierno de turno, ha preferido siempre, sólo la construcción de nuevos centros médicos, para incorporarlos al sistema, marginando los ya existentes. No se  procede en adición, a remodelar, higienizar y darle el mantenimiento debido a los  ya están, que aunque con dificultades de toda índole, son los que vienen operando.  También se obvia, el estimular al personal en ejercicio perteneciente a los mismos, para que se preocupe más por la salud de los pobres en el país.

Las actuales autoridades no constituyen la excepción; pues, no obstante los alegatos del déficit presupuestario que se proclama a toda voz, para justificar una mayor penalización impositiva, en contra precisamente, de los ciudadanos que por obligación tienen que visitar los hospitales públicos, donde pasan muchísimos trabajos y penurias, y que por además, tienen que mendigar bastante para que les atiendan sus afecciones de salud, la presente gestión gobernante, también se han adherido a la misma  práctica de las inauguraciones, dejando de lado lo que ya está, y ha servido; pero, que es viejo.

De inclinarse por comenzar primero, a enmendar y satisfacer en lo que ya se tiene operando, de seguro que las inversiones inmobiliarias, mobiliarias, como en los equipos modernos requeridos, y demás gastos complementarios a incurrir, resultarían menos lesivos para el presupuesto estatal. Y, probablemente, la capacidad de servicios a la ciudadanía requeriente, podría ser mayor, por innumeras razones; entre ellas, la continuidad de las visitas al mismo centro asistencial, en que ya se  había atendido anteriormente a las personas.

Precisamente, se acaba de inaugurar, con bombos y paltillos, el  “Hospital Traumatológico Dr. Ney Arias”, el más reciente de la camada, que de seguro habrá de llenar algunas necesidades. Sin embargo, según publica el periódico HOY, de fecha 3-9-10, pagina 4ª, “El anexo de la maternidad San Lorenzo de Los Mina (a medio construir) ha visto pasar cuatro gobiernos, correspondientes a los dos partidos mayoritarios, y cinco ministros de Salud Publica y ninguno ha podido concluir la construcción”. ¿Cuántos hospitales se han inaugurado durante ese tiempo?

Hay que imaginarse entonces, como debe estar internamente esa maternidad, “sobrepoblada, al extremo que, en  ocasiones, dos o tres mujeres tienen que compartir una misma cama después del parto”. Eso por reparar en algo, del gran desastre  que ocurre allí; y que con amplitud describe el citado medio de comunicación, en su edición del  2-9-10, que incluye las declaraciones de médicos residentes, quienes expresaron que, “la situación de higiene y falta de electricidad es tan crítica que cuando están de servicio no pueden bañarse”. ¡Que pena, tener que escuchar eso!  Pero además,  hay que considerar, que es esa una situación calamitosa,  extensiva a varios de  los otros centros hospitalarios de la Nación.

La construcción de nuevos hospitales,  no es que sea innecesaria; pero esos que se inauguran ahora, no es cierto que podrán absorber  la demanda total de una población, in crescendo cada vez, con más limitaciones económicas, para recurrir a la costosísima medina privada.

Luego, si esos que ya existen se dejan caer totalmente, cómo se va a desenvolver la población sin recursos económicos, dentro de poco tiempo, en términos del cuidado y tratamiento de sus afecciones de salud. Recordemos que eso de las ARS, es un negocio más de los capitalistas.

Lo que más convendría a la población, es que ambas cosas se ponderaran, y se llevaran a cabo de manera conjunta: construir lo que falte; pero, no abandonar lo que se tiene.   Lo que ocurre es que, sólo las inauguraciones tienen efecto político, y satisfacen las actitudes egotistas del “yo hice”.  Es por ellos que son las que más interesan. No nos perdamos.

 Rolando Fernández