REFLEXION ANALOGICA PREOCUPANTE

Aunque convencionalmente los vocablos “profesor y maestro”, se usan con frecuencia de manera muy indiscriminada, como sinónimos, la verdad es que si analizamos con detenimiento ambas denominaciones, en términos de lo que realmente implica cada uno, y de las acepciones relativas que aparecen en El Pequeño Larousse, Ilustrado, edición 2010 (Diccionario Enciclopédico), comprenderemos fácilmente que no significan la misma cosa. Quizás, considerarlos y utilizarlos como iguales obedezca a razones de mera ignorancia, o deseos particulares de ostentación.

Sin embargo, hay muchos que los usan con conciencia plena, estableciendo la diferenciación debida, independientemente de cual sea el efecto representativo en cuanto a lo personal se refiere.  “Al pan, pan; y, al vino, vino.”, como reza una máxima popular.

Se puede aseverar que el profesor es alguien que simplemente imparte conocimientos adquiridos, que les han sido transmitidos por otros; y que él, sigue la cadena, retransmite.  Dicho sea de paso, es lo que más abunda en la actualidad, copistas y transmisores de lo ya sabido, con poca o ninguna creación, al igual que aportes propios.

 En cambio, el maestro, amén de aportar conocimientos, que les fueron transmitidos, o auto intuidos, también predica de forma directa con el ejemplo, y la corrección oportuna.  La mejor  muestra está constituida por  un “gran botón universal”, que lo fue el trabajo divino que realizó el amado Maestro Jesús, durante su vida de ministerio en el plano terrenal, hace ya más de 2000 años.

Retransmitir conocimientos, informaciones o predicar, sin ejemplificación alguna y correctivos apropiados, es una actividad que suele reportar muy pocos niveles de aprendizaje al final, y mucho menos del concienciar a que se aspira. De ahí que, en parte, una cantidad significativa de los egresados hoy de nuestras universidades, adolezcan de tantas fallas, luego de recibirse,  y al  ejercer ya como profesionales.

Cuando por cualquier circunstancia nos vemos en la obligación de reparar sobre el irrespeto y el desorden que han venido caracterizando a los dominicanos durante los últimos tiempos, no obstante las tantas informaciones orientadoras que fluyen, las ostentaciones de conocimientos por parte de las autoridades correspondientes, como las prédicas  dirigidas o enunciadas periódicamente, podemos advertir cierta similitud de esa situación irregular que se nos viene encima, cada vez con más expresión, respecto de esa consideración ordinaria de profesor y maestro a que hemos venido aludiendo, debido a la falta de los ejemplos requeridos en ambos casos, mismo que la poca voluntad de corrección y de la aplicación de los controles pertinentes, que son de las cosas comunes  que normalmente se exhiben en la República Dominicana.

A propósito del mes de febrero de cada año, siempre ha sido declarado en el país como el “Mes de la Bandera”, por los hechos históricos concernientes a la proclamación de la Independencia de la República, acaecidos durante igual período del año, en 1844.  De ahí que sean realizados variados eventos alusivos a nuestro Lienzo Nacional, como símbolo patrio de alta significación y  digno respeto, por parte de todos los dominicanos.

 En consecuencia, se trata de  orientar a los niños y la juventud, principalmente, a través de charlas o conferencia académicas sobre el valor representativo de nuestra Bandera; el mensaje implícito en la confección del Escudo Nacional, colocado en su centro, como el porqué del diseño  elegido y la razón de los colores utilizados en la misma.  Todo, en pos de honrar a los Padres de la Patria, y de la recordación del compromiso legado por éstos, que  nunca debemos eludir.

Pero,  lamentablemente, una cosa es lo que aquí se dice, y otra, lo que se hace.  El respeto por la Bandera Nacional está en decadencia, producto de esa situación; el patriotismo, el nacionalismo, y la soberanía de los dominicanos, son cualidades o deberes, si se quiere, que ya cuentan muy poco.   Hasta el terruño que representa ese Símbolo está siendo enajenado paulatinamente; transferido de manera sutil a foráneas personas o empresas, que lo explotan y embarcan sus productos, para aumentar  sus lejanas haciendas.

 Tan notorios son los  desplantes hacia la Bandera Nacional, que no hace mucho tiempo nos enteramos a través de la televisión dominicana, que una de esas seudos artistas,  que ostentan de mega divas, hija de un connotado músico nuestro, se confeccionó unos “pantys”, tipo tanga, si no nos falla la memoria, con un diseño representativo de dicho Lienzo, en la parte frontal de la vulva (Monte de Venus), posando luego con ellos para la portada de una de esas revistas muy “instructivas” para desaprensivos sociales.

Recordamos que, al saber de la ocurrencia, uno de nuestros más osados y aguerridos periodistas-comunicadores, señor Delis Herasme, en uno de sus programas televisados “Anocheciendo”, abordó ese episodio tan degradante para la sociedad dominicana.  Tronó, como era de esperarse, y sugirió las medidas correctivas que a su entender ameritaba el caso. Pero todo, aparentemente, como que cayó en el vacío; pues, a partir de la voz de Delis, y la presentación en la pantalla televisiva de dicha portada, jamás volvimos a escuchar   nada sobre el particular, que recordemos. Si es que algo se hizo, no trascendió.

 Entonces, de qué valen las transmisiones de conocimientos y las prédicas alusivas a ese connotado Lienzo Nacional, tan maltratado, si todo se queda a nivel de palabras; si no hay sanciones que sirvan de ejemplos.

No se puede dudar que a alguien se le ocurra un día, usar la Bandera como centro decorativo en un paño de cocina, o  en alguna toalla para las manos, en cualquier excusado  o sanitario público. Después de una travesura como la señalada, todo es posible.

En verdad, es una situación muy penosa y desagradable el irrespeto a nuestra Bandera, y que las autoridades  competentes no se decidan a establecer una interdicción directa sobre el particular, como la vigilancia y el estricto control que requiere una actitud de esa naturaleza, vergonzante a todas luces.

Finalmente, y continuando con el desorden y la falta de respeto, aunque ya en otro tenor,  pero por igual,  producto de las prédicas, sin ejemplos y los correctivos de rigor, uno se pregunta, hasta cuándo van a permitir las autoridades de tránsito, el tráfico de camiones, cargados con todo tipo de material, sin la protección de la loma debida, conducidos desaprensivamente, durante las llamadas “horas pico”; como de “patanas” y otros equipos pesados: tractores, palas mecánicas, etc., exponiendo a grandes riesgos los tantos vehículos livianos que transitan durante esos periodos, amén de los taponamientos que provocan.  Es una pregunta que dejamos como tarea para los funcionarios competentes en el área.

Rolando Fernández

ROTACION COLOREADA DE COMECOCOS

Los comecocos como especie, es una de las más abundantes en nuestro país; producto de la falta de conciencia ciudadana, y hasta en el orden de lo personal, se podría decir.

Es como una “síntesis aditiva tricroma” en la que intervienen como base los colores representativos de los tres partidos mayoritarios que tiene el sistema político nacional; dos, con matices de colores específicos, y uno, en que brillan por su ausencia;  pero, cuyo efecto visual en su conjunto, cansa ya a la gente, como el sonar repetitivo de una canción.

La Nación dominicana ha venido siendo regenteada durante los últimos lustros, y que entendemos así habrá de seguir, a menos de que no se cultive una actitud social reflexiva de carácter generalizado, por miembros destacados o no, de las tres organizaciones políticas que dominan  el  espacio republicano nuestro en ese orden, a nivel de los tres  estamentos básicos que conforman el Estado dominicano: Poder Legislativo, Poder Ejecutivo y Poder Judicial.

Esa estructura política así compartida, se produce luego de los acuerdos pactados para los procesos electorales en cuanto a una determinada participación per cápita, dependiendo de los vientos que soplen, como de las aspiraciones de la organización de mayor influencia al momento de suscribir las alianzas.  Después,  completan la distribución del pastel con los delegados más relevantes de la partidocracia minoritaria, para que, obviamente, les toque algo; no hagan bulla; y, se llamen a quietos temporalmente.

El juego consiste en rotarse para la obtención de los beneficios que se derivan de las posiciones políticas, y de cubrirse mutualmente en cuanto a su accionar, muy cuestionable en ocasiones, mientras el pueblo, desde las gradas, observa, comenta y valora su proceder, amén de  ponderar la necesidad urgente de la formación de un cuarto equipo competitivo, que pueda desplazar del primer lugar a esa empresa que bien podría denominarse TRIPAR, C. por A. (Tres Partidos, C. por A), de accionistas mayoritarios y minoritarios, a los cuales les ha ido muy bien en términos de rentabilidad en todos los órdenes.

Mientras tanto, el país se descarrila por caminos de muy malos augurios: niveles de pobreza extrema, insoportables cargas impositivas, impagable deuda externa, como un mayor grado de dependencia económica y de subyugación con respecto al exterior.

Con esa panorámica tan desalentadora, las bolas de nieve con las que adormecen a sus compatriotas  los tecnócratas economistas que nos gastamos, y los adláteres de turno, a los cuales no se les aprieta el pecho para hablar de crecimiento económico y desarrollo, pero en base a empréstitos internacionales principalmente; por que claro, “ellos también pican donde pica el peje”,  como reza una frase popular, se sigue inflando vertiginosamente.  Ojalá, que el calor extremo, por los apagones, de una parte, y la desesperación de la población nacional, por otra, que bien podría provocar un estallido de índole social en cualquier momento, de mantenerse determinadas condiciones de vida impuestas, no se las desvanezcan antes de tiempo. 

Ya constituye una vergüenza ver como esto tres partidos se burlan de este pueblo; hacen acuerdos de aposento para continuar ordeñando, por lucros insatisfechos, la vaca del Estado, y proteger a sus miembros, debido a los actos delictivos en que incurren con regularidad la mayoría, durante sus mandatos.

¿Cómo salir de ellos? El pueblo es quien tiene la última palabra; que hable ahora, y que no siga aguantando como buen gallo; pues las generaciones futuras no  le van a agradecer el que no se recapacitara a tiempo para enmendar las cosas; ya que, de ser así, lo que van a encontrar aquí, será un “selva de cemento” hipotecada hasta el cuello, y a un grupo de vive bien, con los recursos económicos que habrán de legarles los que hoy mandan, por turno.

Rolando Fernández

PENOSA REALIDAD DOMINICANA

La verdad es que en este país se perdió ya el orden y el respeto.  Resulta duro el expresar tal aseveración, pero las pruebas están ahí, y son más que evidentes; pues solo hay que salir a caminar por nuestras calles y avenidas para ver en el mismo escenario de los hechos, que es lo viene ocurriendo.

La aceras peatonales han sido convertidas en extensiones de tiendas, áreas de comercialización informal de toda clase de efectos, incluyendo comestibles, con sus respectivas cocinas; talleres de reparación, estacionamiento de vehículos; y, cuando no, hasta depósitos de materiales de construcción. Y, para ponerle la tapa al tomo, como dicen algunos, finalmente, los motoristas desaprensivos las utilizan como vía de acceso rápido.

 Eso obliga a que las personas tengan que desplazarse, tirarse a las calles, y utilizar la misma vía en que transitan de vehículos de motor,  corriendo toda clase de riesgos, ante otro desorden mayúsculo que viene afectando sobremanera a la sociedad dominicana, y que lo es el tráfico vehicular, cada vez más caótico e inobservado por las autoridades competentes.

 Aquí todo el mundo, con muy raras excepciones, hace lo que le viene en gana, por entender que eso es democracia, sin pensar en los efectos dañinos que causan sus temerarias acciones; y, como los controles  brillan por su ausencia, nada pasa, aun se pierdan vidas útiles, o que los derroteros del país se  tornen cada día más funestos.

 A nivel del transporte público de pasajeros, que uno de los parámetros más indicativos del grado de degeneración que observamos actualmente, se ve transitar por “esas calles de Dios”, un conjunto de chatarras que no sirven ya ni para fundición, con gomas como vejigas al explotar, y con una bomba de tiempo en el baúl (tanque de gas propano, viejo y mal instalado), atestadas de personas, que tienen que agarrar las puertas para que no se abran, desplazándose a gran velocidad, como si fuera sobre los caminos de una zona desértica, sin reparar en peligro alguno.

Paradójicamente, en esta Nación, donde todo se puede, a los vehículos de servicios públicos, que son los que mayor cantidad de gente transportan a diario,  y que por consiguiente, son los que  más probablemente pongan en riesgo una gran cantidad de vidas humanas durante los trayectos que recorren, es a los que menos se les exige condiciones óptimas para transitar. Esos no necesitan del uso de cinturón de seguridad alguno, ni de la “inoperante Revista”, cuya finalidad principal parece ser el pago de los impuestos que implica su obtención.

 Sin embargo, con los vehículos que lucen en buen estado y hasta con los nuevos, las flamantes autoridades de tránsito actuantes que nos gastamos, se muestran intolerantes cuando no exhiben ese marbete, y de inmediato multan a los conductores. Será que les tienen miedo a los “dueños del país”, los llamados empresarios del transporte, o es que la vida de la gente de clase media baja, que es la que normalmente tiene la necesidad de abordar vehículos públicos, importa poco.

Otro aspecto con relación a esa temática, que resulta de consideración y hasta vergonzoso, es el comportamiento que mantiene ese “tigueraje” que tiene a su cargo el trabajo de celadores de rutas, armados con bates, palos y tubos de hierro.  Hay que montarse donde ellos quieran, y como ellos quieran; no importan las condiciones del vehículo en turno, ni del vestuario del pasajero de que se trate. Y, pobre de algún otro trabajador del volante que no pertenezca a esa ruta y ose estacionarse cerca; lo quieren matar.  Además, las unidades de la ruta ocupan los laterales de manzanas enteras, como si hubiesen comprado esos espacios físicos, que a nadie pertenecen en particular.

Si hablamos de las famosas guaguas voladoras y de las actitudes inapropiadas de sus conductores, ahí es que la piña se pone agria, como se diría en buen dominicano; y, de las violaciones a la prohibición del paso de determinados vehículos por los elevados y otras vías para tráfico expreso (los túneles), cuanto se puede decir. ¿Y las autoridades dónde están, dirigiendo el tránsito debajo de los semáforos? ¡Que bien!

Finalmente, por el momento, pues esta película seguirá después, porque hay muchas cosas más que llaman la atención, relacionadas con el desorden y la falta de respeto y orden que respiramos hoy los dominicanos, resulta digno de mención también el caso de los parlantes de ambos sexos, principalmente del femenino, que por esta hablando sandeces por un celular, ya que guiando un vehículo nunca se habla nada de importancia, a menos que no sea una emergencia súbita, no observan las reglas del transito vehicular, y se llevan a cualquiera de encuentro. 

Eso ocurre, no obstante la  normativa legal que prohíbe el uso de ese artefacto de comunicación mientras se conduce, cuya observancia solo es exigible, aparentemente, de manera selectiva, dependiendo incluso de la categoría del vehículo en que transiten los infractores.  ¡Que país éste!

Aunque muchos podrían pensar que lo expuesto aquí es llover sobre mojado, es nuestra humilde opinión que tenemos que seguir insistiendo   sobre el particular hasta el cansancio pleno, para  ver si alguien, algún día, se decide por fin, a ponerle el “cascabel al gato”.

Rolando Fernández

ACICALAMIENTOS URBANOS ELECTORALES

Durante todos los períodos eleccionarios las ciudades lucen de lo más limpias e higienizadas; en fin, bien atendidas.  Por doquier se observan trabajos de reparación o reconstrucción de aceras y “contenes”, bacheos y asfaltados de calles,  marcados y señalización de éstas, como de cruces peatonales; camiones recolectores de basuras, con un personal muy activo y eficiente, sin que haya que “mojarles las manos”, como de ordinario se requiere, etc., etc.

Lo lamentable es, que esas cosas solo se ven cuando se aproximan las elecciones de los funcionarios municipales, en su afán de atraer a ciudadanos para que se conviertan en adeptos de sus propósitos de escalar posiciones,  aun sea en base a engañifas temporales que no se ponderan; y que, obviamente, habrán de  desaparecer una vez sus proyectos se conviertan en realidad.

Muchas veces esa disposición periódica de servir a las comunidades y de realizar obras que siempre deberían ser de la competencia de los incumbentes de esas posiciones edilicias, a la larga reportan mayores daños que beneficios, debido a que, por razones de la prisa necesaria, economía de recursos y de reciprocidad en cuanto a los compromisos políticos contraídos, se desbaratan cosas que están muy bien hechas, y con materiales de calidad, para llevar a cabo construcciones sustitutivas que a los pocos días comienzan a deteriorarse con una rapidez espantosa; y, entonces ocurre que,  ya lograda la bicoca que se buscaba, eso  importa poco.

También merece destacarse en ese mismo tenor, que toda esa disposición de trabajo, eficientización y preocupación por los males que afectan a las ciudades solo se aprecia a nivel de determinadas áreas residenciales y avenidas muy concurridas; no es en todas partes; es solo por donde las personas pudientes o poco depauperadas se desplazan; donde se considera obligada la visión por parte de los ciudadanos influyentes que por allí transitan. En los barrios o sectores en los que habitan las clases de más bajo nivel económico, difícilmente se  benefician de nada de  eso, aun sea temporal.  Todo se limita a los “allantes” momentáneos, y a las promesas que nunca se cumplen.

Los dominicanos no escarmentamos ante las actitudes demagógicas recurrentes de estos truhanes politiqueros, ávidos de riquezas y de poder, que cada vez más siguen jugando con la inteligencia de la ciudadanía; la engañan; la traicionan, y después se burlan de ella, empolvándole, al pasar con sus lujosas jeepetas, conducidas por un chofer personal, y en compañía de los alabarderos que nunca faltan.

Hay que subirles los vidrios, como dice la juventud ahora, queriendo significar no hacerles caso, y procurar verdaderos servidores, hombres pulcros y nacionalistas, para la administración y el manejo de las cosas públicas.  Está bueno ya para seguir dejándonos sorprender por los tantos “vivos y trepadores políticos” que nos gastamos en este país.

 Rolando Fernández

LA MISMA CANCION DE SIEMPRE

Desde los otrora apagones  provocados por la chichiguas y los hilos de las mismas, a juicio de un ex-administrador de la entonces Corporación Dominicana de Electricidad (CDE), muy respetado por cierto, los cantos  con relación al problema energético nacional vienen siendo similares, en el sentido de querer buscar sus causas en las ramas, dejando de lado, por conveniencia o impotencia, el tronco y la raíz de tan frondoso árbol.

No se requiere de un análisis muy profundo para comprender que los mayores escollos durante las últimas décadas en torno a esa problemática, de tanta consideración y efectos para el quehacer nacional, en todos los órdenes, por tratarse de un servicio público indispensable, han estado significativamente matizados por motivos de carácter político partidista, en las versiones del clientelismo y los afanes de lucros económicos.

A esas dos epidemias nocivas en grado sumo, se agregó después, para estar acorde con algunas de las funestas teorías económicas modernas, el caramelo envenenado de la llamada “capitalización de las empresas estatales”, trayendo eso como consecuencia el que un servicio público tan vital fuera a parar a manos del sector privado, especulador por excelencia, conformado en su mayor parte por truhanes capitalistas, cuyo único fin es su rentabilidad económica, sin importarles los derroteros del país.

Tan poco preocupa mucho  a los políticos y empresarios nacionales, el hecho de que la tarifa por ese servicio, que aquí se paga, sea de las más caras en toda la región del Caribe, en opinión  de expertos en la materia, con tendencia alcista, ya que también está influenciada por los condicionamientos de los  organismos internacionales de financiamiento, a los que se recurre  con cierta regularidad; como también a los precios especulativos del petróleo a nivel mundial.  Eso quiere decir que, cuando por cualquier razón súbita el barril del carburante sube, hasta por el frío en Estados Unidos de América, los dominicanos tenemos que pagar las consecuencias.

En los últimos lustros, aunque seguimos con el mismo canto de las razones superficiales, los tecnócratas de turno les han agregado el verso de la búsqueda de recursos financieros  para solucionar la crisis eléctrica, a través del endeudamiento externo, como si esa fuera la panacea, olvidándose también, aparentemente, del  meollo principal del problema. 

Ahora, de acuerdo con informaciones aparecidas en el periódico “Listín Diario”, del jueves 18 de febrero del corriente año, pág. 2D, el flamante ministro de Hacienda, señor Vicente Bengoa, “asegura que el problema eléctrico es más serio de lo esperado”.  Que se efectuó una reunión con el señor Marranzini, actual “incumbente” de la CDEEE, y representantes del Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Mundial y Banco Interamericano de Desarrollo (BID), para analizar la elaboración de un plan, otro más, que según  él “permita resolver el problema del sector eléctrico.  De seguro, el nuevo plan habrá de incluir la recepción de recursos financieros frescos, para pagar aquí las deudas de las jugosas generadoras y demás suplidores en el área, mientras el país se sigue endeudando con el exterior hasta la coronilla.

Para ser que la capitalización definitivamente no funcionó, y que el nuevo redentor de hoy no ha podido resolver en gran parte el problema, después de más o menos seis meses en el cargo. Alguien que extrañamente aceptó esa responsabilidad, a sabiendas de lo que había; una persona de prestigio y sobrada capacidad profesional; próspero empresario. Resulta lógico suponer entonces, que ese señor pudo haber caído fácilmente en un “gancho”, como dice en buen dominicano, para que solucionara algo tan difícil, en condiciones bajo las  cuales   no se puede lograr.

Si es que alguna vez interesa resolver el problema energético nacional, las acciones correctivas  tienen que estar dirigidas necesariamente a:

 El retorno completo de la generación, distribución y administración general de ese servicio, de capital importancia para el país, al seno del Estado Dominicano.  Eso no debe estar en manos de especuladores, si es que en verdad se piensa en la paz y desarrollo del país.

 La despolitización de todo cuanto tenga que ver con el sector eléctrico nacional.

Una efectiva y pulcra administración de esa empresa, generalizada, a cargo de verdaderos profesionales de esa disciplina,   amén de una adecuada supervisión estatal.

Un estricto control sobre la fabricación, importación y mercadeo de plantas, inversores, baterías, etc., efectos utilizados por la población para cubrir las deficiencias en el servicio.

De no ser así, continuaremos siempre entonando la misma canción, aunque con arreglos circunstanciales de momento, y buscando dinero prestado para pagarles a las generadoras y demás suplidores del  sector.  Ahora, de lo que no se hablado más es de compensar económicamente a los usuarios que pagan religiosamente el servicio, por los insostenibles apagones que reciben. Parece ser que la Ley de Electricidad es aplicable solo a los clientes.

Finalmente, según el señor Bengoa “el problema eléctrico del país  cada día se ve más profundo; requiere elaborar un plan de recuperación que implique más ayuda de los organismos internacionales; es muy serio el asunto”.  Eso significa, obviamente, la necesidad de mayores empréstitos.  No obstante, también señala que las perspectivas para este año son que el mismo termine con un crecimiento económico del orden de un 5%  ¡Que contraste!  Crecer económicamente sin la solución a manos de un problema tan agudo, endeudándonos más. ¡Bueno!  Esperemos, para ver qué pasa.

Rolando Fernández

REFLEXIONEMOS DOMINICANOS

Con rara excepciones, los dominicanos siempre vivimos quejándonos de que estamos mal; de que tenemos que endeudarnos hasta la coronilla para poder sobrevivir; y, de que los cuartos no alcanzan para nada.  Esas son de las frases más populares que se escuchan a diario,  en adición al estribillo de que este gobierno no sirve, sea cual sea, el de turno.

Normalmente, andamos buscando culpables para enrostrarles las causas de nuestros males, sin nunca detenernos a pensar en que las razones fundamentales que  originan los tormentos más acuciantes que tenemos en el orden económico,   con regularidad se encuentran en los comportamientos inadecuados que observamos nosotros mismos.

Somos adictos al snobismo y al pro consumismo desmedido, sin ponderar consecuencias, por una parte; y por la otra, amigos de imitar y de aparentar sin poder, lo cual nos induce a sacar desde donde no hay, para estar en condiciones de competir socialmente, y de sentirnos al mismo nivel de aquellos que nos impresionan con su accionar cotidiano, ostentoso- recreativo.

Evidentemente, esa actitud irreflexiva y vanidosa por parte nuestra, hacia ese gastar sin reparos, en pos de  una suntuosidad competitiva mal fundada y del acostumbrado cumplimiento social, les crea un espacio de acción bastante favorable a la magia del mercadeo moderno, para atraer y convencer a los incautos que nos gusta ostentar, y que después nos estamos quejando por los  problemas económicos.  Se nos hace presa de las engañifas mercadológicas, induciéndonos a sentir necesidades particulares inexistentes;  o adherirnos a  demandas que se originan en convencionalismos impuestos de carácter popular.

Es por ello que, en este país,  sin la fiesta de los Reyes Magos, que es resaca de la Navidad, durante enero, en casi todos los meses del resto del año hay celebraciones alentadas por el comercio especulador, en las que algún dinero se  tiene que gastar.

El asunto comienza precisamente durante el presente mes de febrero, con el manipuleo mercantilista relativo a los festejos del “Día de San Valentín”, una tradición medieval que ha sido tergiversada por los comerciantes, para sacar provecho, partiendo de un cumplimiento sacerdotal  por parte de éste, concerniente al casamiento de jóvenes a escondidas, debido a una prohibición imperial existente en su época,  en la que se entendía que la juventud masculina tenía que enrolarse como soldados del sistema. También, de la fecha en que comienza el apareamiento de los pájaros en los países nórdicos, 14 de febrero, según se dice.  Pero además, tenemos en el mismo mes, las fiestas de carnaval, en la que se gasta un dineral en disfraces, atuendos, carrozas, bebidas y eventos folclóricos

Luego, en los meses de marzo y abril, celebramos la otrora Semana Santa, que ahora se ha convertido en un período festivo-vacacional, en que se baila y se ingieren más bebidas alcohólicas que en tiempos de Navidad.  Se inventaron además, el día de las secretarias, para tener que regalar obviamente, cuando estas no son más que un personal asalariado, cuya labor debe ser premiada con ascensos de categoría y el respectivo aumento de sueldo, en su espacio laboral.

En el mes de mayo se celebra, un día domingo, acomodado siempre en algunos países como el nuestro, tercermundista, a la proximidades de la fecha en que la gente recibe sus ingresos, para que tenga poder de compra y pueda cumplir con el compromiso, como satisfacer las apetencias comerciales,   el “Día de las Madres,  que deben  ser todos los días del año; y el mejor regalo lo sería, el puro amor hacia ellas; honrarles, tal cual lo dispone uno de los sagrados mandamientos: “Honrar Padre y Madre”.

A  junio le asignaron el “Día del Maestro”, que en ocasiones ya ni siquiera coincide con el cierre del año escolar.  Una labor tan sagrada y meritoria como esa, no debe ser recompensada con simples halagos procedentes de los estudiantes; sino, con remuneraciones justas y satisfactorias, mismo que otros beneficios socio-económicos  complementarios, que les proporcionen sosiego y estabilidad, cosas que no se compran en el comercio; los meros regalos sí.

 En julio impusieron la contrapartida del “Día de las Madres, para que los padres en su día, también tocaran algo;  que, naturalmente hay que comprarlo.

Durante el mes de agosto, en que se celebra la Restauración de la República, que debería ser un tiempo de reflexión nacional patriótica, y no de pantallas con desfiles y eventos militares, se aprovecha también para la comercialización de atuendos carnavalescos.

Septiembre es un mes de poco movimiento comercial, aunque tampoco  se deja pasar por alto; se venden efectos alusivos a la celebración al “Día de Nuestra Señora de  las Mercedes”.

Los meses de octubre y de noviembre constituyen la antesala del convite navideño, con todo un despliegue propagandístico a  lo largo y ancho del país, en pos de que la sociedad  siga llenando las insaciables arcas del comercio; aprovechándose además, la disponibilidad del salario No.13, en los ingenuos empleados que se dejar influenciar por el ambiente de la temporada

Ahora, esa tendencia tan marcada al consumo que caracteriza a los dominicanos quejosos, principalmente, también constituye un terreno fértil para los gobiernos, en cuanto al aumento de las recaudaciones fiscales se refiere.  Los impuestos son dirigidos en ese orden para asegurar su pago, por conocerse la idiosincrasia de una gran parte de la población.

Entonces, dejémoslos de estar buscando culpables fuera de nosotros mismos, y de estarnos quejando tanto por los apremios económicos que nos acosan, los cuales son en gran parte el producto de nuestros deseos de ostentación competitiva; de querer aparentar lo que no podemos ser; por mantener un estatus social impresionante, acorde siempre con la moda en curso; y, obviamente, la falta de planificación personal.

Los quejosos estamos mal, en  mayoría, porque nos dejamos inducir hacia un accionar determinado; por la falta de conciencia personal, que muy bien saben aprovechar los mercaderes y los recaudadores de impuestos que nos gastamos en estos tiempos.

ROLANDO FERNANDEZ

ENTRE COSAS RISIBLES

Cuantas promesas de salvación para el país se escuchan en estos tiempos electorales de boca de los políticos dominicanos; innumeras frases   demagógicas y prometedoras que mueven a risa.

 Cuantiosas inversiones y un derroche de recursos singular se observan por doquier, en pos de lograr alcanzar puestos electivos, desde donde se harán muchas cosas, menos cumplir con los compromisos enunciados y pensar en las prioridades de carácter nacional presentes.

Como se juega con la mente de los ciudadanos incautos en esta Nación, in crescendo cada vez; prestos a continuar dejándose coger de tontos siempre, y que se les siga arrastrando como borregos, no pensantes, a cambio de ofrecimientos que nunca se cumplen; de migajas económicas provenientes de los tantos dineros que reciben  los partidos del mismo pueblo, que paga los impuestos que se disponen. De atenciones interesadas como son: compras de medicinas, cobertura de gastos médicos, obsequio de ataúdes, etc.; pero, solo mientras dure la campaña.

Lo más común en estos procesos es ver ciudadano(a)s muy maquillados a nivel de computadora; faltos de nivel académico y de cuestionables prontuarios personales, y hasta desconocidos totalmente, mercadearse como redentores, a la espera de que les pongan  la bicoca a que aspiran en sus manos, para aprovecharse,  resolver sus problemas económicos y asegurar la vejez fácilmente, a costa  de los ingenuos que en ellos depositan  vanamente su confianza, mientras tantos seres “envejecíentes” nuestros deambulan por esas “calles de Dios”, sin amparo y esperanza alguna.

Cuando aprenderemos los dominicanos a distinguir entre oportunistas y servidores públicos calificados, que son los que necesita el país, para dirigirse por el buen camino, combatir las carencias de toda índole que nos afectan sobremanera, y fortalecer nuestras principales instituciones.

Entre las cosas risibles que se escuchan a diario, provenientes de una cantidad considerable de los  políticos que nos gastamos, y del mega negocio de la energía eléctrica, por citar uno, entre otros, que constituye probablemente el mayor de los escollos para la economía nacional y el progreso,  con sus secuelas medioambientales, muy dañinas por cierto, y cuyos accionistas y suplidores principales son de los secretos mejor guardados acá, existe en amplio atajo, en el que  aún tenemos aquí una cantera de hombres y mujeres de gran valor; de probado nacionalismo.  Tratemos entonces de identificarles y motivarles para que se decidan a optar por la dirección de la cosa pública y la guía de los destinos nacionales.

Depuremos nuestras instituciones políticas; pensemos en el porvenir de la Patria.  Muy buenos son los días del presente mes para reflexionar en tal sentido, y marginar la politiquería lacerante que nos destruye cada vez más.

Rolando Fernández

CAUSAS DESERCION UNIVERSITARIA

No debe ser tan sorprendente el impacto que, según ellas, han causado en las autoridades universitarias del país, los resultados de un estudio dado a conocer por el Ministerio de Educación Superior, el cual revela que el 50% de los estudiantes a ese nivel, deserta antes de concluir las carreras que cursan.

Eso no era un secreto para nadie que  participe en labores académicas a ese nivel; ni tampoco razón para asombrarse tanto, aun la falta de observación hacia las bases.  Lo que ocurre es que, normalmente aquí, las personas que dirigen, es  poco lo que interactúan con los dirigidos; y es muy difícil que un rector universitario u otra autoridad cercana al mismo, entre en contacto directo con estudiantes y profesores – estando estos últimos bien edificados  sobre  el accionar  de los discípulos, por el trato cotidiano que se sostienen con los mismos – para conocer de las aptitudes y actitudes de los alumnos; su sentido de responsabilidad, como de las aspiraciones que ponen en evidencia, a los fines de disponer y proporcionarles las orientaciones y facilidades pertinentes.

El asunto de que se trata, reseñado en el periódico “Listín Diario”, de fecha 11 de febrero del año en curso,  página 8ª, constituye una realidad más que lamentable, no solo por el efecto, sino por lo difícil que resultaría el combatir las causas que, a nuestro humilde entender, son mayormente de carácter estructural, por lo que se requeriría de acciones correctivas muy contundentes dentro del ámbito socio económico y político de la Nación; como del cese ya de la afectación psíquica que se ha ido produciendo a nivel de la juventud dominicana, producto de los desaciertos en que se ha venido incurriendo durante los últimos tiempos con respecto a la educación nacional.

En este país se estudia, principalmente, por moda, imitación e inducción paternal o familiar cualquiera, sin ponderar las condiciones innatas de las personas; al igual que tampoco,  la disposición para un ejercicio profesional determinado; y, mucho menos, las oportunidades que ofrece el mercado laboral.  Son de las cosas que de ordinario  mueven al retiro súbito de muchos estudiantes, cuando advierten que podrían estar perdiendo su tiempo, al reparar, ya con cierta madurez, sobre asuntos como esos, lo que  en el pasado se obvió.

Ahora bien, aunque desconocemos el contenido general del estudio aludido, como sus conclusiones y recomendaciones principales, nos atreveríamos a decir – por haber formado parte del personal docente de dos universidades muy reconocidas  en el país y en el exterior, permaneciendo aún en una de ellas, lo cual permite ser conocedor  de  muchas las interioridades estudiantiles – que, para tratar de buscar “una solución al problema”, como se abogó, las acciones correctivas a tomar tienen que estar dirigidas, entre otras cosas, hacia

– Promover políticas de eficientización en los niveles básico de la enseñanza, fundamentalmente a nivel público; o de lo contrario, disponer la creación de unidades académicas preparatorias, tipo el CU de otrora en la UASD, en la mayoría las instituciones de educación superior nuestras.

–  Formar verdaderas unidades de orientación profesional para los estudiantes, con un personal altamente calificado, incluyendo condiciones éticas. No es que yo voy a estudiar lo que yo quiera, o mis padres prefieran, por ejemplo, porque puedo pagar, o me cuesta muy barato hacerlo, como lo es en el caso de la UASD; no, usted debe estudiar aquella carrera para la cual reúna las  habilidades requeridas, amén de la vocación natural necesaria.

– Procurar la formación de profesionales, de acuerdo con las demandas del mercado laboral de la República.

–  Que las universidades privadas ponderen su rol de formadoras académicas a nivel superior, de los recursos humanos aptos que requiera la sociedad,  siempre al margen de los factores enteramente mercuriales.

–  Concienciar  a la  gente, en el sentido de que vale la pena estudiar en la República Dominicana; de que el ejercicio eficiente de una profesión permite vivir satisfactoriamente; y que por tanto, no solo la política partidarista comercializada es la única vía de superación económica y de desarrollo personal

– Que se respete la titulación académica de los profesionales en las diferentes ramas del saber; que no se permita que cualquier politiquero, por desempeñar transitoriamente un cargo,  se “auto titule”, o se deje denominar como licenciado, doctor, etc., sin haber  pasado nunca por un aula universitaria

– Que la Universidad Estatal, Autónoma de Santo Domingo, la más reconocida tanto a nivel local, como en el  extranjero, y que es la única ventanilla disponible en el país para estudiantes de escasos recursos económicos, organice, adapte y eficientice su área de Coordinación y Registro Académico, según la masificada nómina estudiantil presente, de manera que no se produzcan situaciones en la misma, como la denunciada por la titular de Educación Superior,  doña Ligia Amada Melo, en sentido de que más de 400 estudiantes sobresalientes habían perdido sus becas en esa academia de altos estudios, debido a “dificultades de la inscripción y por la falta de planificación y supervisión de las autoridades universitarias”. (periódico Hoy, del 29-01-10, pág. 7ª).

En lo concerniente ya al caso de las mujeres, a que también se refiere el precitado estudio, creemos que un simple análisis a priori, arrojaría múltiples razones.  Primero, ya es un asunto de cantidad femenina en términos generales; y segundo, la preocupación existente en las mismas por ganar un espacio más amplio dentro de los medios de producción, en su afán de competir con los hombre de igual a igual, según la concepción feminista actual de su proceso de liberación; respetable.

No obstante, una ponderación más profunda sobre esa temática, permitiría identificar otros motivos, pero ya inherentes más bien a la transculturación que alimenta la sociedad dominicana en los momentos presentes, como otros factores de corte generacional y familiar. 

Finalmente, no es que la deserción femenina sea menor, entendemos nosotros; sino que, al ser mayor el número de mujeres que cursan estudios a  nivel superior, el abandono de los mismos por parte de éstas, se hace menos notorio. Parece  ser que la muestra seleccionada para el estudio resultó poco indicativa en tal sentido.  Probablemente, la deserción sea igual o mayor que la de los hombres.

 Rolando Fernández

CUANDO EL EGO CALLA

Resulta más  que lamentable para aquellas personas que han logrado cierto nivel de conciencia sobre la verdadera esencia de los humanos, el reparar en torno al comportamiento inadecuado que observan determinados seres, cuando por circunstancias que les son muy favorables durante la corriente de vida de que disfrutan transitoriamente en la actualidad, se superponen  a los demás, creyéndose siempre estar por encima de éstos; y, como merecedores de toda loa y servilismo en su favor, por parte de los otros.

Craso error; cuan equivocados viven; y mayor es el desengaño que recibirán cuando por alguna razón imprevista tengan que doblegar sus ímpetus altaneros, o les hagan bajar por medio de algún percance sorpresivo – enfermedades terminales, accidentes de consideración, muerte inesperada de un familiar muy querido –  de los cielos ilusorios que han creado para sí, hasta la cruda realidad aleccionadora, de que han sido vientos pasajeros los que les han sostenido, y de la transitoriedad de todas las cosas en este plano terrenal, incluso del mismo segmento  existencial presente; vida en curso.

Esa actitud de superioridad que se anidaba otrora en el falso ser que se habían creído constituir, laceraba las interacciones con sus congéneres, marginándoles y maltratándoles en ocasiones, y les iba colocando, sin darse cuenta, en un pedestal con patas de cera, que el tiempo y los imprevistos irían derritiendo paulatinamente con suma facilidad, ante la visión atónita de los oprimidos y vejados; también, a veces, de una manera súbita, para  mayor connotación.

Es entonces cuando el denominado ego inferior “predominante”, alimentado por el tiempo psicológico – enfermedad mental que puede ser de orden colectivo o individual,  comúnmente derivada de ideologías, como de rígidas formaciones familiares o creencias religiosas, experiencias desagradables en el pasado, incidentes en el diario vivir, generativas en ocasiones de actitudes de negatividad, según se resume de lo expresado por Eckhart Tolle, en su obra “El Poder del Ahora” – cesa  en su actividad dirigente, y se desploma de manera repentina, dando paso así a la humildad y contrición con que se debe proceder, al tiempo de permitir la comprensión y el convencimiento de que por sí solos no todas las cosas pueden ser resultas, por no decir nada; sino que también se necesita de Aquel que hace que uno vea, y que no puede ser visto por ojo humano alguno.  Ahí mismo decaen los tantos bríos exhibidos por personajes tozudos, como sórdidos a veces, pero con pies de barro.

Sí, Aquel cuya representación interna en cada hombre  (Ego Superior), suele ser ignorada; que suelta las riendas de las actuaciones a que mueven solamente lo sentidos físicos, pero que en el momento que lo considere propicio  las recoge de forma inesperada, para llamar a la reflexión y la búsqueda del conocimiento de la Verdad a que todos debemos propender; de la verdad verdadera; no de los convencionalismos a que se tiene acostumbrada a la gente, por alienación o conveniencias grupales.  Dijo el Maestro Jesús: “Conoceréis la Verdad y ella os hará libres”.

Esa Verdad a que se refería el Maestro, es el reconocimiento y aceptación  por parte de todos, de que el hombre no es más que una entidad espiritual encarnada, tras una máscara denominada personalidad, que le individualiza y le hace ser diferente en cada caso; pero que, no obstante, continúa siendo uno con el Uno; que es un ente terrenal de Expresión Divina, para un determinado propósito de Manifestación Suprema, y que no solamente está en la Tierra para hacer y decidir lo que él entienda, según su parecer, en base al libre albedrío absoluto que se cree tener, y que como todo, es relativo.

Por consiguiente, resulta comprensible y aceptable en ese tenor, lo señalado por  la intuitiva médica Caroline Myss, en su obra  “Anatomía del Espíritu”, en cuanto a que “somos creaciones biológicas de diseño divino; réplicas energéticas de un poder divino; y, en fin, hechos a imagen de Dios”.

De lo expresado anteriormente se desprende, que ese sentido de superioridad mal fundado con respecto al prójimo, por razones de carácter egotista propiamente, que definen las personalidades humanas particularizadas, se origina al margen de la unidad del Uno, multiplicación y permanencia, que el Padre Supremo manifiesta a través del amor incondicional divino hacia todos; y que por tanto, habrá de tener sus momentos de expiación correspondiente.  “Todos somos Uno”,  reza una primera verdad sagrada, y el criterio de supremacía separativa, sin importar condiciones raciales o económicas, creencias religiosas, etc., es una falsa ilusión; es errar en el blanco, significado que se atribuye a pecar, en griego.

Es precisamente esa cubierta,  que normalmente distorsiona  la realidad de la esencia humana, que denominan de ordinario personalidad, y que muchos consideran como el ego inferior en el hombre, la barrera que se debe derribar para poder regresar a la Fuente de origen primaria; matarle; lograr esa libertad a que hace alusión la precitada frase relativa, al igual que  fuera simbolizado por Jesús el Cristo, mediante la crucifixión de su cuerpo físico, durante su Ministerio terrenal, como enseñanza instructiva Superior, al mundo.

Cuando se hace callar al ego humano, la voz del Creador Supremo (Ser Superior o Divino, que mora internamente en cada uno), se deja sentir con claridad; comienza un nuevo formato de dirección existencial humana, y las cosas se van tornando  muy diferentes, a cuando solo la mente enferma del hombre trazaba las pautas a seguir. Entonces, se va creando un nuevo espacio de reflexión, y de FE renovadora, para continuar. ¿Por qué no ponderar eso, hermanos todos?

 Rolando Fernández