¿Qué se puede esperar, sin jóvenes conscientes de la realidad nacional?

 

El futuro de todo país está diseñado en la mente de la juventud; en sus aspiraciones inmediatas y futuras; en su sentir patriótico liberatorio de toda opresión extranjera. Está basado el porvenir de los pueblos, en la formación académica, y la concienciación lograda por aquellos – los jóvenes – que heredarán la continuidad, como grupo social homogéneo y compacto.

Ahora, cuando ese segmento poblacional tan importante, y arquitecto del acaecer de cada nación no sirve en su mayoría, como es el caso nuestro, ¿qué se puede esperar? ¡NADA!

La juventud ni siquiera quiere estudiar en este país, para recibirse después como buenos profesionales a ejercer. El grueso, malamente logra obtener títulos académicos, nada más que como representativos, para agenciarse cargos políticos dentro de la burocracia estatal.

Pero, tampoco le preocupan los grandes males que vienen acosando a esta República, como son entre otros: la corrupción estatal,  generalizada en  que aquí se vive, con niveles alarmantes de impunidad; la inseguridad ciudadana fehaciente; el endeudamiento de naturaleza hipotecaria, o no, con el exterior; el pisoteo y deshonra a la soberanía nacional; como, el desabastecimiento de servicios públicos que se tornan imprescindibles, en términos de salubridad y educación, que les “resbalan” a los gobiernos, por más promesas y alharacas que de ordinario se escuchen.

El segmento juvenil local que ahora se le ve participar en la denominada “Marcha Verde”, que luce figurero, más que otra cosa, en esa amplia iniciativa cívica reclamatoria ante las actuales autoridades del país, principalmente en contra de la corrupción y la impunidad, no exhibe el nuevo liderazgo enmendatorio que en el presente se debe estar germinando entre nosotros;  luce más bien, como secundando a los que aparentan venir encabezando dicho movimiento, dándole un sutil matiz político-partidarista, y que ya son personas con perfiles ciudadanos conocidos dentro de ese ejercicio, no de muy gratos recuerdos algunos.

Es “sangre nueva”, la recogedora en realidad dentro de poco tiempo de todos los males que se están sembrando en nuestra nación actualmente, la que debe estar dirigiendo esa orquesta. Claro, las acciones patrióticas relativas requieren del concurso de los hombres experimentados que participan, y que en verdad les duela el país, como soporte necesario.  Ahora, no es que traten de capitalizar la situación de protesta, como es lo que se está notando.

Tal es obvio advertir, algunos de esos tienen propósitos diferentes a los debidos; les adhiere solo lo personal “¡Se la están buscando!”; persiguen el retorno más bien al disfrute estatal del que han sido desplazados.

Es lo que se infiere respecto de sus “actuaciones verdes” a nivel nacional. ¡Qué comande, dentro de la juventud concurrente, aquella que los duchos logren concienciar! ¡Sería lo más ideal! Esa no tiene pasado cuestionable, y solo le ata el compromiso consigo misma. Evidentemente, asaltan las dudas, por lo expresado con anterioridad.

En lo que solo ostenta estar esa clase es, en adherirse a la mayor penetración cultural posible; cultivar los ritmos metálicos, como la llamada música urbana; promover las drogas y la degeneración sexual; y, por supuesto, procurar tenencias: bienes inmuebles, jeepeta, o carro de lujo, y una pistola.

¿Qué se pude esperar aquí entonces, pensando en una juventud inconsciente? Los que ya han trascendido esa etapa existencial, difícilmente se inclinen por luchar con ahínco en favor de este país, aunque como ciudadanos inquietos estén preocupados. La mayoría de esos logró organizar sus vidas, por lo que tienen muy pocos proyectos nacionales en sus mentes Es obvio que, están pensando en función de la edad, y los posibles años restantes.

La verdad es que, las esperanzas de volver a reorientar esta nación lucen bastante truncas, o lejanas. Lúgubre cielo le cobija. Solo negros horizontes cercanos se alcanzar a ver, mientras una juventud casi tarada por completo sigue “viento en popa”, a pasos de vencedores, por sus caminos deformados.

En el tenor de lo tratado, parece ser que, dos de los objetivos expresados hace más de seis décadas por Allen Dulles, director de la CIA a la sazón, en relación con la estrategia a aplicar entonces en contra de la URSS, con extensión hacia el resto del mundo, según aparece en la red de la Internet (“El Heraldo Cubano”), se lograron en Dominicana, cuyos efectos nocivos aún se mantienen con fuerza, a pesar del tiempo transcurrido.

¡Leer, para edificación! Así los dijo:

“De una manera imperceptible, pero activa y constante, propiciaremos el despotismo de los funcionarios, el soborno, la corrupción, la falta de principios. La honradez y la honestidad serán ridiculizadas, como innecesarias y convertidas en un vestigio del pasado. El descaro, la insolencia, el engaño, la mentira, el alcoholismo, la drogadicción y el miedo irracional entre semejantes”.

“Nuestra principal apuesta será a la juventud. La corromperemos, desmoralizaremos y pervertiremos”.

Si no son coincidencias, ambas aseveraciones apuntan bastante a lo que actualmente viene ocurriendo entre nosotros. ¿Verdad que sí?

 

Autor: Rolando Fernández

La corrupción no es cáncer social, sí falta de honradez, y de “mano dura”

 

Hablar de corrupción, considerándole como un cáncer social, en términos analógicos, obviamente, con la afección terminal que viene haciendo blanco catastrófico en un gran segmento de la humanidad, no parece un acertado juicio. ¡Dista mucho la diferencia!

Del cáncer como enfermedad, se desconoce su real origen en el marco de la ciencia convencional, por más hipótesis, o teorías planteadas. No así ocurre con la corrupción estatal, y sus derivaciones sociales, que sí todo el mundo sabe dónde se originan, y las razones que cada vez más provocan su desarrollo fehaciente.

Su fuente principal son los políticos desaprensivos, ladrones de cuello blanco, que han hecho de ese ejercicio el gran negocio de todos los tiempos; la inversión más rentable de la actualidad, a procurar su recuperación con creces, tan pronto logran alzarse con el poder.

Y, eso se puede combatir con eficacia hasta alcanzar su eliminación total, lo cual no sucede con la terrible y costosísima enfermedad del cáncer en los humanos, o cualquier otra especie terrenal.

La corrupción es una actitud dolosa de muchas personas de la sociedad de que se trate, encabezadas por aquellas que se desenvuelven en el marco de la actividad política, principalmente, que alcanza hasta los “conchupantes”, adeptos condicionados, y colaboradores pagados, las bocinas, para la defensa y solapamiento público de las acciones indebidas e indefendibles.

Para acabar con ese flageo social a nivel de todas las naciones, solamente hace falta que hombres pulcros, y que les duela su país, sean elegidos para gobernarles; ciudadanos que procedan con una mano suave y otra fuerte desde el poder; que no les tiemble el pulso para traducir a la justicia a los infractores, independiente claro está, lo cual no ocurre entre nosotros; y, procurar se quite cuánto al fisco se haya robado, en desmedro de la población en sentido general.

Por lo expresado anteriormente, es que entendiéramos como poco sopesado el parecer del señor Hugo Álvarez Pérez, presidente de la Cámara de Cuentas de la República Dominicana, al expresar “que la corrupción se ha convertido en un cáncer que afecta a todas las sociedades del mundo, pero de manera especial a los países latinoamericanos”. (Listín Diario, edición del 18-4-17, página 3D).

¡No hay tal cáncer! De lo que se trata en realidad, es de la falta de honradez en los que gobiernan, y de las muchas permisividades “tramposas” en favor de sus correligionarios.

La corrupción la han convertido en un ejercicio engañoso aprobado, en contra de las sociedades todas. De ahí que, las acciones punitivas para combatirla, difícilmente prosperen

“La Semana Vacaron”. ¡Vacaciones, y ron “por pila”!

 

A lo que se ha llegado en el presente; cuántos irrespetos y desparpajos mundanales, que bien se pueden asociar con las señales, como los episodios a observarse durante los tiempos finales de la llamada “Era Cristiana”, en que se habrían de oír además, tambores de guerra por doquier; ver la ocurrencia de connotados fenómenos naturales; al igual que, la depravación y degeneración de un gran segmento de la especie humana. ¡Qué poco se repara en esas cosas!

Hoy, “el pecado capital de la humanidad: la ignorancia”, como bien lo señalara el Budhha Gautama, siglos atrás, se está poniendo más que en evidencia, y las consecuencias están a la vista.

La honra a lo divino se ha tirado por la borda, prevaleciendo cada vez más con mayor ahínco, lo mundanal absurdo; las actitudes humanas osadas, que solo pueden provenir de mentes enfermas, e ignorantes por completo.

Y, una de las mayores muestras, es la inobservancia a una conmemoración de hechos tan significativos para los hombres, en términos de la evolución espiritual que se debe llevar a cabo, escenificados en tiempos muy atrás, relativos a la expansión total de Conciencia Crística necesaria, condición sine qua non previa, para poder hacerse Uno con el Padre Supremo; regresar de nuevo a la Fuente de Origen.

Se trató aquel ministerio terrenal llevado a efecto, tan menospreciado evento espiritual hoy, de la ejemplificación del sendero espiritual consciente a recorrer por todos los hombres (general), a cargo del Amado Maestro Jesús, encarnando el Cristo: la “Magna Conciencia de Dios Mismo”, en expresión terrenal.

La verdad es que, con el libertinaje y la falta de respeto con que en la actualidad se procede durante la celebración de la otrora llamada Semana Santa, o Mayor, en la que se ha marginado por completo lo religioso-espiritual, lo que más procedería es un cambio de nombre para la época, en la primavera de cada año.

Bien se le podría denominar “Semana Vacaron”, por el ordinario uso que se le da comúnmente a la mayor parte del periodo, para ir de vacaciones, playeos descarados, de romerías y otros, como trepar montañas, que nada tienen con ver con la esencia de la celebración que nos ocupa.

Pero, ¡qué esperen respuestas los osados! Aquellos que no son capaces de honrar el fin de semana más especial durante todo el año, entre los tantos, independientemente de las creencias o no que se tengan.

Pero, además, están aquellos que promueven los actos desaprensivos en que se incurre para la temporada, y conexos; que inducen a las romerías, como los playeos de estilo, en procura siempre del comercio y las mercurialidades; que nada piensan en lo material, los cuartos, sin importarles las consecuencias dañinas individualizadas, ni las ofensas a las prescripciones de orden divino.

Procede recomendar a esos últimos, el pasaje bíblico referente a “Jesús Echa a los Mercaderes del Templo”, en pos de que reflexionen de forma sostenida, sobre el mensaje allí expuesto. (S. Marcos 11:15-18).

Finalmente, hay una pregunta relativa al tema que siempre asalta las mentes pensantes de algunas personas entre nosotros, y es: ¿debe el Centro de Operaciones de Emergencias (COE), estar invirtiendo grandes sumas de dinero para proteger a osados vacaciones y bebedores sin control, que nada más salen a divertirse en Semana Santa, como a correr riesgos innecesarios, burlando toda una tradición cristiana, con esencia puramente religiosa-espiritual?

Se entiende que, lo que más se persigue con tal disposición estatal, es dar un espaldarazo a comerciantes y empresarios turísticos, hoteleros, a los fines de procurarse mayores consumos por parte de la población durante el feriado de que se trata.

Que la protección anunciada, induce a muchos vacacionistas irreligiosos, que se sienten respaldados, a tomar carreteras de manera temeraria; y que, los dineros que en eso se invierten, bien pueden ser dirigidos a cubrir otras necesidades perentorias para la población.

Que, aunque parezca inhumano, eso se debe revisar, detrás de ir ponderando su posible desaparición, aun sea parcial en principio. A la gente comedida y respetuosa, no hay que estar cuidándole. ¡Ella misma lo hace!

 

 

 

Autor: Rolando Fernández

 

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¡Qué paciencia tiene el pueblo dominicano!

 

Sí, pero una explosión social, o la desobediencia civil generalizada, se pueden producir en cualquier momento. Pues, la incertidumbre, el miedo, y la desesperanza, se están apoderando de esta población con mayor ahínco cada vez, y no se alcanzan a ver promesas concretas, ni rápidas soluciones posibles.

La delincuencia le está sacando la “lengua” a las autoridades; se burla de ellas, o las corrompen también con las dádivas que se les otorgan, para que le hagan el juego a los antisociales que operan, u ofrezcan su concurso, en base a los boroneos de estilo, se debe reiterar.

Las quejas se escuchan por doquier; las víctimas, y la ciudadanía en general, claman al Cielo por justicia; que se produzcan verdaderas acciones combativas oportunas; y, critican los operativos militares “pantallas” dispuestos, pincelados de politiquería, convirtiéndose ésos en el hazmerreír fehaciente de tantos aquí, en pos, evidente, de restar parte de la presión social global que viene recibiendo el gobierno.

La corrupción y la impunidad a nivel local crecen como flores en primavera. Los casos relativos continúan acumulándose, siendo los últimos botones destacables: ODEBRECHT, y LUJAN (vertedero de Duquesa). ¿Cuál será el próximo “buqué de rosas”?

Mientras tanto, se continúa entreteniendo a la población, nombrando comisiones investigadoras, que justifiquen acciones indebidas, como se puede inferir a partir de algunos de los integrantes designados en muchas de ellas.

Además, se está en presencia de un Poder Judicial inamovible, el cual se gastan los dominicanos desde hace años, confeccionado como traje a la medida de la clase política gobernante; que actúa con ceguera, no para proceder con la imparcialidad debida, sino para no ver cuánto se hace, en términos de desaprensiones y robos estatales.

En tanto todas esas cosas se verifican, la población pide a todo pulmón, que quien está puesto como presidente de la República se dirija al país, para que trate con claridad meridiana sobre los tantos males que acosan a este pueblo.

Y, éste parece decir, “ni para allá voy a mirar; toda mi atención está puesta ahora, en ver cómo me la ingenio, para ver si puedo salir del tremendo “atolladero” con Odebrecht en que estoy metido”.  Con todas las informaciones que han sido publicadas sobre ese particular, difícil se torna desmentirlo. ¡Es una apreciación muy generalizada ésa!

La gente nuestra, impaciente espera oír, respecto de posibles acciones y soluciones a los diversos males nacionales, in crescendo cada vez más. Pero, ¡qué va!, es como si hubiera “anteojeras”, para ver en una sola dirección; o, la cero disposición relativa a comunicarse con la población. Ambas, son cosas que no permiten recapacitar en esa línea.

Ahora, como reza un refrán popular, “hasta la belleza cansa”. El silencio del presidente se está convirtiendo en provocador, y conjuntamente con la presión económica de que este pueblo viene siendo objeto, como por ejemplo se verifica con el aumento abusivo de los combustibles cada semana, fríamente calculado para recaudar en favor del fisco, puede despertar sentimientos aguerridos en la población, que induzcan al acometimiento de acciones retaliatorias de impredecibles consecuencias,  que pueden dar al traste con el ordenamiento institucional presente, y de la disminuida paz social de que dispone el país en estos momentos.

Siempre hay algo que decir para calmar los ánimos, en este caso sociales, aunque él no lo crea.  ¡Hable señor presidente! El no hacerlo, le puede costar bien caro. La paciencia tiene un límite. ¡Peligra, dejarla agotar por completo en este país!

 

La mayor riqueza humana: conciencia en paz

Qué tan satisfecho uno se siente, cuando bien se le recuerda, y se hace público manifiesto. Cuando las remembranzas de las buenas acciones emprendidas, sin esperar reciprocidad alguna, asaltan la mente, y nos proporcionan la paz del deber cumplido.

Cuando se está consciente de que nunca ha inspirado la maldad -algunos creen que solo es pecado -, y que el bien en favor de los demás siempre se ha tratado de proporcionar, en el momento en que ha sido debido, y se podía. (Proverbios 3-27, Sagrada Biblia). También es errar en el blanco el no hacerlo – pecado -. Es la mayor riqueza, que refresca la conciencia El resto solo es vanidad y aflicción de espíritu.

Muy por el contrario, deben sentirse los egoístas. Del egoísmo se derivan todos los males de los hombres, físicos y emocionales. Se le considera el vicio mayor radical; el más malo, y del que se derivan entre otras cosas: los apegos, la envidia, la maldad dirigida, el odio, la terquedad, etc. Esos conformar el jardín del desprecio hacia quienes hacen honor a tales atributos malévolos.

Claro, siempre acarrean aquellos, además, el retorno de lo sembrado, la recompensa de hacer, o querer para el otro, lo que no deseamos para nosotros mismos. Se rompe la llamada “Regla de Oro”.

En adición, los cargos de conciencia relativos, mantienen en un constante martirio a los hombres; constituyen un pesado fardo que habrá de cargarse durante la actual corriente de vida, y en las posteriores, posiblemente, sujeto de manera inexorable, a las puniciones kármicas debidas.

La gente que de tal forma procede, apenas puede dormir siquiera; se deprime con facilidad; y, por lo regular se abraza al alcoholismo o la drogadicción, para poder paliar un poco las situaciones compensatorias que se le presentan de ordinario. Jamás se disfruta de la paz de aquellos, que de forma contraria se comportan.

 

¡Reflexión! para este día tan especial, Viernes Santo.

Cero corrupción e impunidad entre nosotros, ¡difícil!

 

La política como inversión bastante lucrativa, y el burdo negocio dentro de esa actividad que se observa de ordinario, son los que han provocado el que tanto la corrupción, como la impunidad, hayan adquirido la característica de históricas en República Dominicana. ¡De eso no hay duda alguna!

Son los políticos nacionales, actuando de esas formas deleznables, bajo el marco de la llamada democracia representativa, los que se han encargado de enraizar tales flagelos en el país, de manera que, ya se haría prácticamente imposible su combate y eliminación dentro de ese mismo sistema de gobierno imperante, por más enmiendas, como proyecto nuevo de nación que se procuren.

En ese tenor, como ilusos se reportan los pronunciamientos del señor Persio Maldonado, director del importante periódico “Nuevo Diario”, en el marco de la conferencia que pronunciara, bajo el título: “El País Posible”, en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), regional San Juan de la Maguana, en ocasión del “Día del Periodista”, debido a los que ejercen la política en esta nación, igual que por la sociedad que dirigen, con tanta inconsciencia ciudadana ambos.

De todas maneras, bastante acertados, como esperanzadores, se podrían considerar los juicios externados por el connotado profesional del periodismo durante su ponencia, de poder llevarse a cabo los planteamientos que aquel hiciera.

Así, “El País Posible”, a que él aspira se puede lograr. Pero, ¿a qué costo, sería la pregunta obligada? ¿Se está dispuesto a pagarlo localmente? Es obvio que, se está en presencia aquí de murallas muy difíciles de derribar, y que hacen casi imposibles las realizaciones inherentes, salvo que se produzca un cambio en el estilo de gobernar, con matices dictatoriales incluidos.

No han dejado otra alternativa para tales propósitos, por gravedad innegable de las tantas situaciones dañosas que ha provocado la clase política nacional, y que han venido afectando a los dominicanos, desde el derrocamiento del otrora régimen de fuerza trujillista (década de los años 1960), y no solo a nivel de corrupción e impunidad. ¡Hay más!

Evidentemente, se tendría que estar hablando ahora de la necesidad de un dictador con una mentalidad avanzada, dispuesto a corregir, aun sea parte de los tantos males nacionales presentes.

Claro, en una gestión gubernativa de ese tipo, el que asuma la dirección del Estado nacional, no tendría compromisos reciprocatorios concertados con nadie, que impidan el accionar debido, por lo que no sería su ascensión al poder mediante el voto popular a través de las urnas, que por lo regular se compran; o, son agenciados por los representantes de los poderes económicos regentes, a cambio siempre de permisividades, prebendas, solapamientos, etc.

Luego, muy lindas se oyen esas palabas del señor Maldonado, que en parte nos permitimos transcribir aquí, desde el periódico digital “La Nación Dominicana”, sobre las necesarias y urgentes realizaciones que viene demandando este país, para erradicar tanto la corrupción, como la impunidad, entre otras cosas, se entiende, pero que lucen imposibles, cuando no demasiado difíciles, bajo el escenario actual gobernante, disfrazado solo de democracia representativa, se debe reiterar.

Pero que, a todas luce, no es siempre más que un “andamiaje” selecto, compuesto por personas afectas y adeptas al primer mandatario, con un presidencialismo extremo, comercio politiquero, corrupción e impunidad fehacientes, y donde ni siquiera, la separación que se tiene de los tres poderes del Estado es real.

Según dijera el señor Maldonado, y que aparece en la reseña periodística de referencia:

“Entiende que la República Dominicana requiere de un sosiego largo en la vida constitucional, para poder crear y estabilizar una cultura de respeto y apego a las normativas establecidas en la Carta Magna y en sentido general”.

“Entre los desafíos para poder construir una mejor y gran nación, Persio Maldonado plantea un gran acuerdo nacional que proyecte a la sociedad dominicana para los próximos veinte años, basado en el cumplimiento de las normas”.

“A seguidas, reafirma que la gran obra pendiente de realizar, y que ningún gobierno ha querido asumir a plenitud, es la organización del país en el sentido pleno de la palabra”.

“Dice que organizarnos como país nos hará trascender de manera consistente y en dignidad. “Es la única obra que puede producir un cambio de hábitos para establecer una nueva cultura en el comportamiento de nuestra ciudadanía y que llenaría de entusiasmo colectivo a quienes habitamos esta hermosa y generosa tierra”,sostuvo”.

“Precisó que el plan de organizar el país significará, entre otras cosas, hacer de la ley la norma y no la excepción, con lo que acabaríamos con la corrupción y el tráfico de influencia que tanto daño ha hecho a la República Dominicana”.

“Ve necesario trazar planes específicos sobre las prioridades del país e invertir en sus soluciones, y en ese sentido plantea revisar el contenido de la educación y llevar a las aulas los principales temas de la nación, como los que tienen que ver con las responsabilidades y los derechos de la ciudadanía”.

“Entiende conveniente e inaplazable llevar a cabo una reingeniería de la Administración Pública para hacerla más racional y eficaz, que garantice muchos de esos derechos que no funcionan en la práctica”.

La verdad es que, sus palabras aquí plasmadas, no tienen desperdicio alguno. ¡Bastante certeros sus juicios! ¡Es lo que procede se haga! No obstante, ¿cuál es la gran preocupación que se deriva?, y de ahí que se reporten como casi ilusorios sus pensares externados.

Se pueden lograr esas cosas, que tan beneficiosas serían para el país, siguiendo anclados en las mismas aguas, dizque democráticas, bajo la modalidad representativa, tal se percibe entre la clase política nacional y la población misma, con un gran segmento de ésa siempre dispuesto a vender su conciencia por un pica pollo, un pote de ron, o la suma de RD$500, que apenas dan para comer un par de días, si acaso. De eso hacen provecho los avivatos politiqueros nuestros, ¡qué pena!

Pero, además, están las reciprocidades con los patrocinadores de campañas electorales, y los paganinis que se agregan, de quienes los actos de corruptela se ignoran después; y, cuando no, son favorecidos con la impunidad solapante de estilo.

Don Persio, lo primero necesario aquí para el diseño de otro país posible, es una sólida concienciación generalizada por pate de los que mandan, y los mandados; que solo se piense en el país, y el resto vendría por añadidura. Claro, eso último, con votos a nivel de urnas, y políticos subvencionados para alzarse con el poder, jamás se va a lograr.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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Aumento salarial privado, ¿sin consenso con los empleadores? ¡Bueeno!

 

Ahora vuelve a estar sobre el tapete el tema salarial para los trabajadores del sector privado, con la oposición siempre esperada de los empleadores, que esta vez han calificado de ilegal, la decisión última del Comité Nacional de Salarios, en que se aprobó de manera unilateral, conjuntamente con los sindicalistas, “un incremento del 20% para el sector privado no sectorizado”, que luego fuera ratificado al vapor por Ministerio de Trabajo, a través de la resolución 05-2017,  información difundida en la prensa local, lo cual dejar entrever un fondo politiquero conexo.

Como era previsible la actitud, por ser solo una decisión del referido Comité, y del sector sindical, que incluso muchos la entienden como una medida de corte político nada más, para restar parte de la presión social que viene recibiendo el Gobierno en muchos órdenes a la vista, ya los empresarios locales habían impugnado la susodicha alza salarial ante el Ministerio de Trabajo, previo a ser “homologada” por éste,

Y, posiblemente, lo será ante otras instancias locales de poder en los próximos días. Son informaciones aparecidas en la prensa nacional. Pues, como es obvio suponer, esa debe ser una determinación de consenso entre todas las partes correspondientes, sin marginar ninguna de ésas

Evidentemente, nadie con conciencia suficiente de justicia, equidad verdadera, se opondría a que todo servidor privado, con extensión incluso hasta el público en el país, se beneficie con una decisión de ese tipo, ante la espiral inflacionaria que se verifica entre nosotros. Pero, ¡no es la mejor forma de disponerlo se cree!

Es más, se puede decir que el porcentaje de aumento debería ser mucho mayor, si son tomados en consideración aspectos tales como: costo de la canasta básica familiar, según datos del Banco Central de la República; especulación generalizada que se verifica en el país, sin control oficial, que incluye la concerniente a la paridad cambiaria, en manos de los agiotistas del mercado, y que ahora quiere favorecer uno de los envalentonados economistas dentro del Gobierno, que se le entiende como otro títere más,  que ha recomendado dejar flotar la moneda norteamericana para su comercialización a nivel  local. ¡Qué tupé!

Ahora, el gran problema con relación a los aumentos salariales en el sector privado, que al parecer luce imposible de resolver, es que estos se convierten de ordinario en una espada de doble filo, a menos que, no se logre producir una sólida coordinación consensual entre los sectores envueltos: sindical, patronal, y el oficial, que no es el caso en estos precisos momentos.

El tratar de imponer unilateralmente en tal sentido, tiene “cocoricamos”, como dirían algunos dominicanos, o sus “bemoles”. El obligado a pagar, es quien en verdad conoce sobre sus posibilidades, y por tanto, hay que oírle, y ponderar sus propuestas.

De ahí que, el presidente del Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP), señor Pedro Brache, haya argumentado, sin oposición al aumento salarial, pero bajo otras condiciones, “que el incremento no sería de un 20%, como fue aprobado por el Comité Nacional de Salarios el pasado viernes, sino que el coste para las empresas sería de casi un 30 por ciento si se suma el seguro médico, el fondo de pensiones y “todos los periféricos”,

Y afirmó en adición, “que la única salida para algunas pequeñas empresas sería despedir algunos empleados o aumentar los precios”. (“Diario Libre”, del 4-2-17, página 16).   Por tanto, ¡a esa gente siempre se le debe escucha!

Tal se puede apreciar, por un lado está la satisfacción, respecto del aumento posible en la capacidad adquisitiva esperada por parte de los asalariados; y, por el otro, la inflación que se pueda derivar, como los despidos previsibles de personal, ante la imposibilidad de no poder cumplir con el incremento dispuesto.

Y es que, como es obvio suponer, los empleadores van a tratar siempre de compensar las subidas en sus gastos operacionales, como consecuencia de los mayores emolumentos a pagar a sus recursos humanos, pasándolos a la población, para lo cual, la vía más expedita que tienen, en cuanto a realizar la transferencia de los costos adicionales a incurrir, es disponer un sustancial aumento de los precios en el mercado de consumos, con su “ñapa beneficiadora extra”, como diría la gente del pueblo. También, es factible la otra opción, una reducción significativa del personal contratado, para minimizar efectos económicos negativos, lo que se reportaría peor aún.

Como se puede inferir, los efectos beneficiosos relativos a los incrementos salariales, se neutralizan con la inflación obvia generada después; o, vienen a perjudicar todavía más, con  los despidos de personal en masa a que puedan inducir, cabe reiterar. ¡Entonces, se pierde la gracia!

Bajo la forma en que el Comité Nacional de Salarios nuestro dispone los aumentos salariales entre nosotros, con los empleadores a manos sueltas por completo para su ejercicio lucrativo, aunque se opongan en principio, pueden aceptarlos, ya que los transfieren ipso facto a la población. No importa el porcentaje que sea, esos se van a defender; buscarán la compensación correspondiente.

Luego, con lo que los economistas, y las personas duchas dentro del sistema tienen que trabajar, es con la definición de una formula apropiada, que impida esas malsanas prácticas en el sector laboral; con que se obtengan reales incrementos salariales para los trabajadores, sin que se produzca inflación, ni despidos de personal.

Procede que, los tecnócratas de la ciencia de los gráficos y los promedios, al servicio de los políticos y de los grupos poderosos, se dejen de estar hablando, como para dañar más la cosa, de permitir “flotar el dólar norteamericano en el mercado local para su comercialización”, obviamente  especulativa, lo que provocaría una escala alcista mayor; y, como no es difícil entender, disminuiría en consecuencia, más aún el poder adquisitivo de las personas todas aquí, en contraposición a lo que se persigue con los sueldos actualmente.

Deben recordar aquellos lo ocurrido durante los últimos tiempos del gobierno del expresidente Hipólito Mejía, asociado con el “dislocamiento” de la paridad cambiaria en el país, que fue una de las cosas que dieron al traste con el sosiego existencial de la población durante aquella gestión, y que a la postre contribuyó a desplazarle del poder, podrá decirse, por estar inventando en tal sentido los economistas palaciegos, y asesores de turno.

Ya la diferencia entre la tasa de cambio de aquel entonces, y la que hoy se está registrando en el mercado, no es tan significativa; están yendo casi de la mano. ¡Cuidado!

¡Ojo al Cristo, señores del gobierno!  Las cosas se les pueden complicar más aún, sin un aumento real de salarios, por la imposición parcial, y no aceptación por la otra; y, con el precio del dólar norteamericano, además, en manos de los especuladores, acaparadores comerciantes en el mercado de las divisas. ¡Ya aquí se importan hasta los boches!

 

“Celular Minutos Chateo”. ¡Cuántos se llaman así entre nosotros!

Ese el nombre completo de los descerebrados dominicanos, adolescentes, jóvenes, y adultos, con “muchas cucharas atrasadas”, esos últimos, que pierden su precioso tiempo hablando sandeces por un teléfono móvil, recibiendo y digitando mensajes.

Muy penosa realidad en tal sentido, es la que vive la mayor parte de la presente masa social así compuesta, que se ha dejado conquistar completamente por el mercadeo manipulador; que ha permitido se le lave el cerebro fácilmente, y que ahora se le observa integrada por zombis, en disposición de atender, nada más que no sea, la pantalla y el teclado de un bendito celular, portado siempre como arito imprescindible.

¡Si así no se procede, no se está en la moda! Muchos entienden que no se es gente. Sin importar el lugar en que se encuentren, ya sea en sus espacios de trabajo, aulas universitarias, iglesias, reuniones con familiares, o amigos, la atención siempre se divide entre los interlocutores participantes y los aparatos en cuestión, con inclinación predominante hacía esos últimos. Pero además, los “parlanchines”, también se convierten en “carritos chocones”, cuando tienen que transitar entre grupos de personas, por estar atentos a los aparatos.

No sería osado sostener que, la tecnología mal asimilada embrutece, obnubila, disminuye el raciocinio de las personas. Porque, ¿cómo es posible un proceder de esa índole en individuos que se supone pueden discriminar en el marco de sus actuaciones?

Cómo no dar importancia a las personas que están a su alrededor; desatender a un docente cuando imparte en el aula; a las obligaciones laborales asignadas; a prever riesgos probables en una escalera, al subir o bajar; a transitar por las aceras, con áreas muy deterioradas que pueden provocar accidentes, entre otras cosas.

Y siempre, por estar hablando basuras a través de un teléfono móvil, chateando. No creemos que nada en realidad de importancia se pueda conversar de esa manera, salvo casos muy excepcionales, que obviamente estarían justificados, amén de los efectos nocivos para la salud que el uso recurrente de esas unidades representa, como ya lo ha hecho público, con bastante precisión, la ciencia médica.

Esa imprescindibilidad telefónica que se entiende, deja entrever claramente, que a muchos les han quemado el cerebro; que la inteligencia generacional actual está de capa caída, que no hay capacidad pensante.

Ahora, eso puede comenzar a corregirse entre nosotros. Todo el que utilice parte de su tiempo laboral para estar “chateando”, un término inventado, se le cancela de inmediato. Claro, con advertencia previa de que así se hará, de tal situación ocurrir. ¡Se le paga a usted para rendir una labor!

Y, en lo concerniente a los irrespetos en las aulas de clases, ¡queda usted suspendido de asistir por una semana! De hacerse reincidente en la práctica, la sanción le será aplicada por la totalidad del semestre.

Cuando el desplante se produzca al estar presente en alguna reunión de familia, o grupo de amistades, dejar a esos mal educados hablando por el celular, y alejarse, como lección severa, para inducirles a observar la regla de cortesía que procede.

A lo mejor de esa forma, los comportamientos irracionales que se verifican, en el tenor de lo que se trata, van cambiando, por parte de los llamados: “Celular Minutos Chateo”. ¡Qué clase de gente  tan impensante, mamacita!

 

Autor: Rolando Fernández

 

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Muchos de sus conciudadanos quieren escucharle

 

¡Macho hable!, como diría un osado amigo nuestro. ¡Procede, señor Presidente! Diga algo alentador a este pueblo, que reste presión a la olla hirviente sobre la cual está sentada la sociedad nacional, debido a las tantas situaciones calamitosas que le acosan.

El escucharle referirse a las grandes problemáticas locales, y saber al menos que se les reconoce, como que la atención está puesta en ellas, a los fines de procurar posibles soluciones, se reportaría como un fuerte aguacero en tiempos de calor, refrescante, aun sea por corto tiempo.

Recuerde que es usted el capitán del barco, que tantos dominicanos consideran como una nave  hacia la deriva, producto de la fuerte corrupción estatal innegable; el alto nivel de endeudamiento concertado, principalmente con el exterior; la situación delincuencial imperante en el país; como, la invasión pacifica de los hermanos haitianos, que pronto podría representar un fuerte dolor de cabeza para todo lo nacional, incluido su gobierno, de no adoptarse las medidas de lugar.

El silencio extremo por parte de los mandatarios, nunca es bueno; pues por lo regular, da siempre pie a una desesperanza mayor de los pueblos, como a especulaciones extremas, que muchas veces resultan más distorsionantes, en cuanto a la verdadera realidad en que se vive.

Si usted es el director de la orquesta, el ciudadano elegido por las grandes mayorías para encaminar los destinos nacionales, como el hacer cumplir la Constitución de la República, y las leyes vigentes, con todo el respeto que merece, su voz no debe permanecer en silencio, ante la delicada situación socioeconómica, y política, en que aquí se está viviendo. Demasiada gente quiere escucharle, y saber en qué pie está parado el país, según su presidente.

Demás está recordarle, que usted tiene un empleador, al que debe rendir toda cuenta: el pueblo; que es el servidor público de mayor jerarquía dentro del Estado; y, que está llamado al cumplimiento cabal de las responsabilidades puestas sobre sus hombros, que incluyen el informar de manera oportuna, cabe reiterar, como lo debe hacer el administrador de cualquier empresa importante, aunque muy especial  en este caso, llamada: “Nación Dominicana”.

¡No permanezca silente, señor Presidente! Diríjase a sus compatriotas, para un mayor sosiego nacional.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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