FESTIVALES ELECTORALES

Desde ya unos meses comenzó otro de los tradicionales festivales electorales dominicanos,  para senadores, diputados, síndicos y demás, con actores y actrices de diferentes estirpes, pero todos movidos por los mismos propósitos y apetencias: lograr votos en su favor, y recoger luego, los frutos que no han sembrado.

 

Estos son los tiempos para embaucar a la ingenua población, con ofrecimientos vagos y promesas que jamás se cumplen; de darse baños de pueblo los aspirantes a cargos electivos, abrazando a personas harapientas y enfermas, o niños desnutridos y mocosos, aunque se laven luego  con jabones desinfectantes, y se perfumen bien, para despedir los olores de la pobreza y los sufrimientos, que entienden absorbió su piel, durante los recorridos realizados.

 

Como se juega en este país con la miseria,  y la poca inteligencia de un gran número de personas.  Quien puede creer en tantos farsantes; politiqueros, ávidos de fortunas y prebendas, con prontuarios más que cuestionables la mayoría de las veces; faltos de civismo y moralidad.  Son esos los que se venden como humildes pastores, para después olvidarse hasta de las calles en que vivían, y proceder con aviesas actitudes.  Pero lamentablemente, en sus proyectos  cuentan de ordinario con el respaldo irrestricto de las cúpulas de partidos políticos tradicionales, grandes y pequeños, los cuales se han convertido en los últimos tiempos en empresas bastante lucrativas, subsidiadas en gran parte por la misma población en general, por razones legales y del sistema, resultando ser ésta al final la que menos beneficios recibe.

 

Ahora, son muchos los recursos que se necesitan para poder optar y competir por alguna candidatura a cargos electivos nacionales, los cuales no son proporcionados todos por la organización política a la cual se pertenezca.  De ahí que, un porcentaje muy significativo de los dineros necesarios, tenga que ser buscado por los aspirantes, sin discriminar muchas veces las fuentes de origen.

 

Entonces, hay que ser muy ingenuo,  y hasta poco inteligente, para pensar  que todos esos politiqueros que nos gastamos aquí, van a sacrificarse económicamente y  a trabajar en favor del pueblo. ¿Qué pueblo? Van a recuperar con creces su inversión; hasta el máximo posible, al tiempo de reciprocar las colaboraciones recibidas. Resulta muy cuesta arriba hablar de excepciones en ese orden; aunque, pueden haberlas claro está.

 

Una de las muestras más fehacientes de que ya ningún político se vende en base a sus verdadera condiciones, morales, éticas, patrióticas y de servicios, etc., es el concurso mercadológico que requiere, de parte de profesionales duchos en la materia, como de un “elenco” periodístico que le sirva de caja de resonancia.  Son condiciones obligadas para triunfar en las tareas proselitistas actuales. Los políticos se mercadean hoy como cualquier electrodoméstico o vehículo de motor, cuya vida útil ronda los cuatro o cinco años, coincidiendo con los períodos electivos partidaristas. El asunto no se trata ahora de calidad o condiciones; la cuestión es vender a como dé lugar, y para ello se cuenta mucho con la magia del llamado marketing, tan de moda en esta tierra de Dios.

 

Es por ello que este tipo de festival se lleva a efecto utilizando orquestas y grupos musicales, ritmos modernos, bebidas alcohólicas, comidas, fiestas, etc., para conquistar  a los tantos partidarios de poco pensar, que se dejan utilizar como muletas por lo politiqueros del patio, conocedores de la idiosincrasia de una gran parte de la población dominicana. Luego, las arrojan sin reparo a un rincón, cuando logran sus propósitos, por entender que no la habrán de necesitar más, hasta un próximo proceso electoral.

 

De lo que nadie habla a la población, con respecto a los candidatos propuestos, es de las condiciones morales, preparación académica, prontuario de servicios profesionales y sociales, actividades altruistas, etc., etc., que sí sería lo más adecuado, de acuerdo con las ofertas de servicios públicos que se hacen, y para que la ciudadanía conozca bien el perfil a sus futuros representantes y/o administradores de la cosa pública.

 

Mientras la población dominicana no haga conciencia de lo que en verdad necesita, y de quienes se lo pueden  hacer realidad en el tiempo, no creyendo en ofrecimientos demagógicos y promesas mal fundadas del momento, por parte de los que bien se saben vender como pastores, no siendo más que espíritus aviesos, politiqueros farsantes, seguirá siendo víctima de sus maquinaciones, y de las tantas engañifas a que le tienen acostumbrada. Continuarán éstos logrando su favor a través de las falacias, y maniobras mercadológicas muy bien dirigidas, como de los ecos partidarios e interesados de miembros muy activos, dentro los diversos medios de comunicación de masa del país.

 

El próximo torneo electoral está bien cerca, y sería una magnifica oportunidad, para comenzar a exigir a los aspirantes las condiciones personales de rigor, sin canes,  bebederas y comederas; también, la acogencia al  debido proceso institucional.   Decir además  a los candidatos, que el número de borregos y personas ingenuas en el país ha comenzado a disminuir.

Por: Rolando Fernández

 

El cobro ISR a cédula para déficit de electricidad ¡Es un absurdo!

Recientemente leímos en uno de los periódicos de circulación nacional, especificamente el periodico Hoy, en la edicion corerspondiente al viernes 23 de octubre, en la seccion de economia, pagina 5E, la sugerencia vertida por el  un profesional de la administración de empresa, el Licenciado Jose Ramon Martinez Luberes “quien pide cobrar ISR a cédula para déficit electricidad”.  En verdad, que nos resultó muy extraña tal consideración, por provenir de alguien perteneciente a esa disciplina profesional, que se supone conocedor de las eficaces herramientas, políticas y normas de aplicación en ese campo, para el logro de propósitos financieros que resulten loables al final, como del acierto en cuanto a la  productividad requerida, partiendo siempre de las condicionantes y situaciones presentes, tanto a lo interno como a lo externo de las entidades.
 
Evidentemente, su planteamiento está soportado por una serie de consideraciones que él entiende aprovechables; que respetamos,  pero que  consideramos no deben ser manejadas para procurar objetivos de esa naturaleza. Mucho menos, hablar de obligatoriedad rígida de posesión, sujeta incluso a detención policial, cuando no se porte  dicho documento, en un país donde todo da brega, hasta para cumplir.  Aquí hay muchos ciudadanos que no tienen ese documento porque no han podido conseguirlo, y que no están en disposición de luchar mucho.  Quienes más se preocupan por conseguirlo, son aquellos que obligatoriamente lo necesitan para realizar actos civiles y transacciones de cualquier género.
 
La situación energética nacional es un problema que hay que enfrentarlo de manera firme y  decidida; con   alternativas y herramientas de carácter enteramente administrativo/gerencial, no con medidas de corte político partidarista, o simples gravámenes fiscales, que vayan a gravitar aun más sobre los problemas económicos de la población.
 
En tal virtud, si reflexionáramos prudentemente en torno a la problemática que nos ocupa, de forma imparcial y objetiva, arribaríamos a algunas conclusiones tales como:
 
–         La despolitización, en todas sus partes, de la oferta y administración de un servicio que resulta fundamental para el desarrollo y la tranquilidad del país; y, que el Estado Dominicano, como institución, asuma su verdadero rol en ese orden; no dejando en manos del sector privado, el manejo y control de una gran parte de la actividad energética nacional.
 
–         Se tiene que revisar de manera exhaustiva la estructura de los costos en que se incurre realmente, eliminando las posibles conexidades onerosas presentes, y procurando la adecuación justa, de acuerdo con las características propias del país. De ordinario, se escucha el parecer de expertos en la materia, en el sentido de somos de las naciones que pagamos más caro el servicio energético, y ahora con tendencias alcistas, por condicionantes de compromisos contraídos con el exterior.
 
–         Se tienen que desmontar los subsidios inherentes, y procurar que toda la población pague por el consumo, pero en base a una labor de concienciación  efectiva, como de encaminar acciones inductoras al cumplimiento del deber ciudadano implícito; las actitudes punitivas no arrojaran los mejores resultados, dadas la debilidades,  circunstancias  y aprehensiones que giran en torno al sector eléctrico nacional. De igual modo, se requiere el cobro de una tarifa justa, como acorde con la utilización real del servicio, no subjetiva y medalaganaria, como ocurre en muchos casos.
 
 
–         Que la Superintendencia creada para el sector tiene que  jugar  su papel, en términos de funcionabilidad y de entidad protectora real del consumidor; que no se le vea como de representante de las distribuidoras, como a veces luce ser.
 
–         Se tiene que  tratar de borrar la generalizada concepción ciudadana, de que los que pagan religiosamente el servicio de la luz, lo hacen también por aquellos consumidores que no proceden igual.  Esto contribuiría grandemente a evitar las maniobras fraudulentas, porque muchos que cumplen con su deber, se sienten aprovechados y timados,  procurando defenderse de ese modo.
 
Ahora bien, si en verdad tenemos que recurrir a algún tipo de gravamen fiscal para palear la situación de déficit que actualmente reporta la CDEEE, hasta tanto se puedan encaminar  suficientemente las medidas correctivas mencionadas, no creemos que la expedición y la renovación de la Cédula de Identidad Personal y  Electoral, resulte ser a vía o elección más adecuada, y menos bajo la denominación de ISR, como se sugiere.
 
En este país aún existen renglones que resistirían mayores  tasa de tributación, y hasta nuevos impuestos, que dicho sea de paso servirían para controlar en parte la tanta suntuosidad que últimamente caracteriza a los dominicanos; muchas veces sin poder. A manera de ejemplos: el caso de los vehículos altamente lujosos y bastante caros que se desplazan por nuestras calles y avenidas, sus dueños podrían pagar el doble o el triple de lo actual por concepto de placa; por los instrumentos de comunicación sofisticados se debe tributar más, que sobre aquellos utilitarios; todo lo concerniente a los servicios funerarios suntuosos, tipo reyes terrenales, debe pagar el impuesto selectivo; una tasa  bien significativa. Después de muerto, nadie  necesita de tanta fantasía; sólo que le lleven a descansar a su última morada. Ahora, los que así lo prefieran, lujo hasta el final, para satisfacción de los vivos, que paguen. Hay muchísimos conceptos más que pueden ser gravados, cuyos impuestos resultarían intransferibles.¿Por qué no ponderarlos?
 
Entonces, dejemos eso de la Cédula, para tales fines, cuya tenencia y renovación, más que una obligatoriedad sujeta a punición, es un deber  ciudadano, y una necesidad para realizar actos civiles y transacciones de cualquier género, reiteramos. Busquemos  pues recursos financieros por otro lado, si es que las circunstancias así obligan, pero no penalicemos más aun  a la población. ¿Pagarían por la Cédula los que devengan lujosos salarios, amén de sus otras tenencias,  igual suma que aquellos que  reciben emolumentos mínimos, o nada? Dejamos la  respuesta como tarea.

Por: Rolando Fernández

Publicado en periódico Nuevo Diario, en fecha 27-10-09.

 

ALGO MÁS, QUE NO DEBE SER

No cabe duda de que durante los últimos años la sociedad dominicana se ha dividido en dos sectores principales, cuyas castas se identifican plenamente en base al poder económico que pueden ostentar; una lo  hace en demasía;  la otra, evidencia limitaciones extremas.

La denominada clase media tiende a desaparecer con el tiempo, quedando solo los dos extremos de la línea, aunque muchos dominicanos, por idiosincrasia, tratan de ocultar esa cruda realidad, aparentando lo que no pueden, aun tengan que vivir comprometidos económicamente hasta la coronilla, como reza un refrán popular.

En consonancia ya con esa división clasista, los niños, jóvenes y adolescentes en edad escolar, se convierten en clientes potenciales de la educación privada, con todas las prerrogativas y privilegios que esta proporciona; o, en mendigos del pan de la enseñanza, a nivel público, con la dejadez, desprecio y discriminación, etc., que cada vez más, con mayor ahínco, se advierte en una gran parte de los centros públicos docentes que, con innumeras precariedades operan en el país, a pesar de todas las alharacas politiqueras que se escuchan con frecuencia, y que nos gastamos en ese orden, principalmente durante los período electorales.

Es muy común observar en las puertas  de los colegios privados, ubicados en áreas residenciales normalmente, el orden establecido y la seguridad que se ofrecen al alumnado, como a los flamantes padres o tutores, que muchas veces hasta obstaculizan el tráfico vehicular en la zona, sin miramiento alguno, a las horas de entrada y salida a dichos centro.  De ordinario, hasta cuentan con agentes policiales, asignados para tales propósitos; lo cual es muy loable, partiendo de la salvaguarda que necesitan esos niños, jóvenes o adolescentes, independientemente de su clase y nivel económico.

Ahora, lo que sí resulta desalentador y preocupante, es lo que tenemos que ver en muchos centros escolares públicos, a las mismas horas (salida y entrada), donde tienen que asistir los obligados por las circunstancias a procurar alguna enseñanza, ya que muchas veces ni siquiera los profesores aparecen, el desorden, la anarquía y desprotección que se da en esos humildes muchachos y muchachas, que entran y salen zigzagueando entre los vendedores públicos que adornan las aceras, y el temerario tráfico vehicular, preñado muy ocasionalmente de camiones-tráiler, furgoneros y guaguas, que se desplazan sin control, poniendo en riesgo las vidas de esos alumnos, sin una mano amiga que les dirija y les proteja. Para estos no hay agentes del orden, pagados por la sociedad en general, como tampoco la decisión de tomar medidas correctivas por parte de las autoridades competentes, como sería entre otras, la regulación del transito vehicular en las áreas envueltas, a determinadas horas del día y de la noche.  El Sol sale para todos; sin distinción. Debemos acogernos todos al valioso sentido de esa significativa frase.

Nosotros, que impartimos docencia en el Liceo Unión Panamericana, a estudiantes universitarios, a partir de las 6:00 p.m., ya que dicho plantel funciona como extensión de la UASD, en las horas nocturnas, siempre hemos visto con gran preocupación, la salida de los estudiantes del bachillerato allí inscriptos, a las seis (6) de la tarde, hora pico, en que transitan tantos vehículos pesados y livianos por la  calle Paseo de los Periodistas, en el Ensanche Miraflores, Santo Domingo, que es una vía muy estrecha, al reparar en como esos muchachos y muchachas salen del recinto de manera alborotada, y se lanzan prácticamente sobre los vehículos que circulan por el lugar, sin advertir  el peligro que corren; ni siquiera caminan por las aceras, para precaver contrariedades. Parece ser que, por la misericordia de Dios, no se ha producido en el lugar un fatal accidente.

Es obvio que esa situación no solo se presenta en ese plantel escolar público; pues, para nadie es un secreto la forma como caminan ciertas cosas en este país.

Ahora bien, lo que sí entendemos es que, esa problemática, doquiera que esté presente, tiene que ser resuelta ya por las autoridades.  Esos muchachos y muchachas, por el hecho de pertenecer al sector menos pudiente de la sociedad, no deben seguir corriendo riesgos de esa naturaleza.  Es algo que se corrige fácilmente; asignando agentes policiales para ordenar y controlar el tráfico de vehículos y personas, a las horas de entrada y salida; o, adoptando otras medidas correctivas, que las hay, como sería la suspensión del tránsito de vehículos durante esos períodos del día, por las áreas correspopndientes, entre otros dispositivos posibles.  Solo tiene que haber voluntad resolutoria de parte de las personas competentes.

En el caso específico del Liceo Unión Panamericana, una alternativa posible sería la de disponer la salida y entrada de los estudiantes por una de las calles laterales del local, y reservar el uso de la puerta frontal para profesores y personas adultas, que se supone  tienen mayor grado de conciencia, ante los riesgos que implica la afluencia continua de vehículos diversos por la referida arteria.

Esa es una situación que, ahí, o donde sea, se debe resolver de una forma u otra, ahora; ya que, de lo contrario, se habrán de producir en un tiempo no muy lejano, acontecimientos lamentables que, luego de ocurrir, obligarían a tomar entonces las medidas correctivas pertinentes, siguiendo así adheridos a la actitud inadecuada  que observamos siempre en nuestro querido país: PONER EL CANDADO DESPUES DEL ROBO. Ojalas, no resulte así en esta ocasión.

Por: Rolando Fernández

A LOS HERMANOS CONGRESISTAS

Durante los últimos años se ha convertido en una gran preocupación para muchos de sus conciudadanos las indolencias de que a diario son  objeto nuestros animales, que por destino o circunstancias tienen que convivir con los seres humanos en este país, a pesar el mal trato y desprecio que reciben, incluyendo algunas especies de aves migratorias, como las mismas palomas, inofensivas, nuncio de espiritualidad, que entendemos están protegidas, algo que  se puede observar en nuestras calles y avenidas, y  en lo que solo muy pocos reparan.

 

Cuan doloroso resulta ver a tantos animales deambulantes, domésticos en su mayoría, enfermos, hambrientos e indefensos, cuyo único delito es mendigar algún hueso o pedazo de pan, como que alguien les pase las manos para mitigar un pocos sus dolencias y sufrimientos, como son maltratados por personas desalmadas, acomplejadas y engreídas, cuya concepción es de que solo ellas  tienen derecho a vivir;  por lo que  acosan de mala manera a esas pobre criaturas, les patean, les dan palos, les tiran agua caliente y hasta les envenenan.

 

Ahora, entre los casos más detonantes que se ven, está el de esos pobres asnos y caballos, que se utilizan como medio de tiro para arrastrar carretas cargadas con cuantas cosas se pueda, sin ponderar el peso y capacidad del animal, muchas veces con enfermedades evidentes y problemas visuales, transitando conjuntamente con el tráfico vehicular, bajo un Sol candente, sedientos, y respirando toda esa gran cantidad de monóxido de carbono que despiden los diferentes tipos de vehículos que se desplazan, con el aguijón constante de los palos y latigazos que reciben de parte sus crueles usuarios, para que avancen más rápido.  Eso algo espeluznante, inhumano; que irrita a cualquier ser de  medianos sentimientos.  Como tratar así  a esos pobres animales, que comúnmente ayudan con sus servicios al sustento de tantas personas.

 

Nuestro Congreso, como Poder del Estado,  tiene que reaccionar ante tanta injusticia e indolencia, y tratar en lo inmediato de  modificar y actualizar la Ley No. 1268, del 23 de octubre del año 1946, como regalo de cumpleaños de esa normativa legal en favor de los animales, que trata sobre maltratos y protección a los mismos.  Esa es una legislación que muchos ignoran, por hacer tanto tiempo de su  promulgación, pero que está vigente, y que tiene amplia jurisprudencia de aplicación nacional; sólo que sus sanciones resultan  muy leves, por lo que entendemos tienen que ser fortalecidas, ante las violaciones tan flagrantes y desconsideradas que se registran actualmente en ese orden.  Muchos, hasta osan decir, aquí no se castiga a nadie por eso.

 

El Poder Legislativo Nacional, tiene que procurar una total adhesión por parte de la sociedad dominicana, a la Declaración Universal de los Derechos del Animal, adoptada por la Liga Internacional de los Derechos del Animal y las Ligas Nacionales, aprobada a su vez por la UNESCO y la ONU, en cuyo Artículo lro. se señala:

 

“TODOS LOS ANIMALES NACEN IGUALES ANTE LA VIDA Y TIENEN LOS MISMOS DERECHOS A LA EXISTENCIA.”

 

Hermanos congresistas, todos conocemos aquí de sus múltiples ocupaciones, y de las tantas cosas por resolver que tienen sobre la mesa, prioritarias muchas; pero, por favor, traten de habilitar un pequeño espacio para que revisen y actualicen la precitada ley. Sería algo de bien social, y hasta terapéutico para ustedes en el orden emocional, refrescante, que viven bajo fuertes presiones de trabajo de otra índole; obra que muchos se la van a agradecer, incluyendo esos pobres seres irracionales, pero con instintos y sentimientos loables, aunque algunos crean que no.  De ellos, no tantos tienen la fortuna de tener buenos amos, que les atiendan y se preocupen.  Recordemos que entre los mismos perros, por ejemplo, están las llamadas mascotas, consideradas como la especie los canes ricos y de raza; pero que una gran mayoría, que son los pobres y desamparados, ni siquiera tienen nombres, sólo aceras y calles vacías para transitar y dormir,  personas que les humillen y los maltraten; cuando más, pequeños montes o zonas desiertas para realizar sus necesidades fisiológicas. 

 

Con los animales ocurre prácticamente lo mismo que con las personas, de clase y no clase; y, en función de eso se tratan. Ahora, todos somos personas, y todos son animales ante la Divinidad Suprema; todos merecemos por igual, en términos de hospitalidad, justicia, conmiseración, trato debido, etc.  Eso lo pone en evidencia clara el Señor SOL cada día, cuyos rayos salen para todos; no importa raza, color o condición.

 

Sean también nuestros congresistas, AMANTES Y DEFENSORES DE LOS ANIMALES; procedan en consecuencia. El Gran Arquitecto del Universo les bendecirá.

 

 

Por: Rolando Fernández

 

 

SOCIEDAD Y SUICIDIOS.

Vivir en la República Dominicana se ha convertido en un mayúsculo tormento, con marcada gravitación en el orden de lo emocional, para toda persona que proceda con apego a lo ético moral, y que aspire a disfrutar de un estado nacional de convivencia pacífica.

 

El grado de degeneración a que ha llegado la sociedad dominicana no tiene parangón en el marco de los últimos lustros.  Se ha rebosado la copa en todos los órdenes,  Se acabó la justicia, la dignidad y el decoro; se fueron a pique los cánones institucionales; la autoridad canta y no se le escucha.

 

Todo ha caído en manos de la delincuencia, mientras las leyes se convierten en letras muertas, como aquellas de las canciones que han pasado de moda, y que solo son cantadas algunas de sus frases por interpretes interesados, cuando las circunstancias les favorecen.

 

Las cosas que a diario se ven y se escuchan en este país, ante la mirada indiferente de sus seudos autoridades, y sin luz aparente al final del túnel, solo crean desasosiego, incomodidad, desesperanza, y un sentimiento de impotencia, que en ocasiones irrita y hasta enfada sobremanera.

 

Amén de todo eso se ha conformado toda una estructura que abarca la radio, televisión y prensa escrita, en la que “sandaceros y sandaceras”, gente que habla sandeces, se utilizan como cajas de resonancia, para loar y justificar comportamientos indebidos.  También forman parte de la red creada, otros que solo viven hablando y repitiendo como gallaretas y criticando, haciendo llover sobre mojado, sin aportar absolutamente nada.  Hablando sandeces a través de los medios de comunicación de masa, nada se va a resolver en este país.

 

El plan antinacional, como  podría denominarse, está tan bien concebido que todos esos programas, como las publicaciones diseñadas, para alienar y entretener a la población, mientras la sociedad se derrumba, atrapada en el funesto triangulo subyugador de la politiquería corrupta, el endeudamiento externo y el narcotráfico, facturan cuantiosos recursos por concepto de patrocinio, incluyendo los que provienen de las instituciones gubernamentales, que uno se pregunta, para qué tienen que promoverse.

 

Realmente, es un panorama muy deprimente el que se vive en esta Nación, con tanto desorden, falta de autoridad y de civismo; donde lo políticos que aspiran a gobernar se  mercadean al igual que cualquier producto de los que la población consume; donde para optar por la Presidencia de la República, o ser miembro del Congreso Nacional, ni siquiera se necesita saber leer y escribir; que, dicho sea de paso, es lo único que se requiere en términos de formación académica, para ser síndico o regidor.

 

Los entornos nacionales de esa naturaleza se van conformando con el paso el tiempo, como consecuencia de múltiple razones; entre estas, y probablemente la más poderosa, que lo es el cúmulo de efectos derivados de las causas sembradas con anterioridad, y que por ley natural (causa y efecto) arrojan en su momento los frutos correspondientes.  “Todos sembramos lo que recogemos”, reza una máxima esotérica.

 

La verdad es que, aunque  son ambientes que muchas veces provocan desolación, depresión e irritabilidad en determinadas personas, no hay duda; son sin embargo, de aquellos en los que les corresponde  interactuar terrenalmente, por propósitos y diseño de sus corrientes de vida.   El hecho de nacer en tal  país, o región no es fortuito o accidental; es algo previamente seleccionado y aceptado, porque allí se encuentran las condiciones humanas y ambientales apropiadas para que se puedan conquistar causas incurridas en el orden individual, que se traducirían luego en evolución, espiritualmente hablando.

 

Es lógico suponer entonces que, una vez se haya logrado ese propósito, la sociedad con la que se ha tenido que convivir nos habrá de resultar incomoda, desagradable y hasta podríamos llegar a odiarla, lo que nos movería a tratar de abandonarla, máxime cuando la impotencia se hace eco en el hombre, para promover los cambios que son necesarios a su entender.

 

Ahora, cuando no es posible emigrar de un núcleo social a otro, porque las circunstancias  obligan permanencia, y logrado ya el nivel de conciencia espiritual propuesto, posiblemente se pueda caer en un estado desolador, depresivo agudo, por no querer seguir soportando aquello con lo que no se está de acuerdo, sin nada que  poder hacer, y que repercute cada vez más de forma negativa, en términos emocionales, situación que podría eventualmente inducir a la preferencia por dejar el plano terrenal, aun sea a destiempo, por decisión suicida.

 

Es aquí donde precisamente donde surge la inquietud y preocupación que nos mueve, y que motiva principalmente la exposición presente, dada la situación degradante que se viene dando en la República Dominicana, mismo que la desesperanza, irritabilidad y desasosiego que envuelve a su población, la cual se considera ya desamparada; que está deprimida en gran parte, y falta de fe en sus figuras cimeras.

 

Evidentemente, el recurrir a una decisión de esa naturaleza, sin importar razones, estaría muy en función también del nivel de evolución espiritual que se tenga, que sería el único que puede arrojar luz sobre las funestas consecuencias que se van derivar, al precipitar la partida (muerte física), antes de lo prescripto, en términos del tiempo calendario otorgado por la Divinidad Suprema, para la corriente de vida terrenal individualizada.  ¿Pero, cuántos tienen la expansión de conciencia necesaria, para combatir los impulsos negativos de  una personalidad lacerada por el medio ambiente en que se desenvuelven y se expresan?

 

Nosotros hemos conocido sobre casos de personas que han partido (muerto) en esas circunstancias, y que inducen a plantearse la posibilidad de que la determinación de suicidarse haya sido tomada por esa causa, ya que otras razones resultarían inescrutables, a la  luz del comportamiento observado y las prerrogativas que la vida les ha proporcionado.

 

Entendemos que, ya para estos tiempos en que el hipnotismo no se considera brujería, como antes, sino que se ha aceptado hoy como un procedimiento terapéutico, a través del cual se logran las llamadas “regresiones, y que es usado por psiquiatras y psicólogos, en busca de razones para el estudio, análisis y comprensión de determinados comportamientos actuales de  las personas que tratan, en base a lo que se pueda conocer sobre sus vidas anteriores, aun no sea siempre factible, por lo insondable de cada expresión Divina a través de los seres humanos, el suicidio, como posible causa de muerte inducida, tiene también que ser investigado y manejado por los profesionales de esas disciplinas, en el marco de lo esotérico-espiritual, de modo que  pueda ser controlado desde esa misma óptica, y que no solamente sea vea como algo inherente a lo somático-sensual, en el universo de las materialidades.

 

Es el principal interés pues, por este tipo de investigación, influencias del entorno social-suicidios, el que más queremos despertar, al destacar previamente la problemática del país nuestro, que consideramos se tomará su tiempo corregir; ya que primero se deberán expiar las causas que se encuentran en su base, muy poderosas por cierto.

 

“Las naciones recogen lo que siembran, y tienen los gobiernos que se merecen”.  Aquí hemos sembrado y elegido muy mal, en diversas ocasiones.  Posiblemente, lo peor no haya llegado aún; esperemos. Muchos optarán por emigrar, si es que pueden o les dejan; o, terminarán por suicidarse, siendo esta última determinación posible, la que debe mover a los psiquiatras y psicólogos dominicanos, a investigar razones también, fuera del universo manifiesto, para eficientizar su labor; la forma de poder controlar y disuadir de esa actitud a las personas que ellos entiendan pasibles de tomar tal decisión, por el influjo de lo social propiamente, y la falta de correspondencia con el nivel de conciencia espiritual que se haya logrado experimentar.

 

ROLANDO FERNANDEZ.

 

NUESTROS MEJORES AMIGOS

Aunque para muchos parezca exagerar, muy pocos seres humanos en la actualidad merecen el calificativo de amigos. Una gran parte de todas aquellas personas con quienes interactuamos en estos tiempos, que se dicen ser tales, son más bien conocidas; en apariencia, claro esta, pues en verdad, jamás  dejan conocer a cabalidad sus verdaderos sentimientos e intenciones.

 

Se saben vender muy bien como adeptos de la sinceridad; pero, en el fondo no hay tal cosa; solo procuran obtener de los demás todo beneficio y/o servicio posible; y, cuando advierten que no pueden lograrlo, comienzan sutilmente un alejamiento premeditado.  Eso, en el mejor de los casos, ya que muchas veces la actitud de alejarse va acompañada de descréditos mal fundados ante los otros, respecto de quien ha decidido no continuar dejándose usar, o proporcionando algún tipo de ventaja.

 

Ese es un proceder normal de la época, nocivo desde varios puntos de vista; entre estos,   surge la actitud de inclinarse a vivir en soledad, o la interacción  parcial obligada, tratando de  evitar así los desengaños e hipocresías, que rara vez no se derivan,  aunque esto vaya  en contra del atributo tribal inherente a los seres humanos; siendo por ello, un  tipo de convivencia  que normalmente resulta algo difícil de asimilar.

 

 Otro aspecto en que incide negativamente esa realidad, es la afectación de otra cualidad muy importante también, y que todos debemos cultivar, que es el altruismo entre todos los seres, haciendo honor a esa gran verdad sagrada “Todos somos uno”; máxima Verdad Suprema que, aunque de momento no aceptemos, tarde o temprano habremos de reconocer, como de adherirnos también  su divino contenido; pues no debemos olvidar jamás que somos seres perfectos e imperfectos a la vez por naturaleza.  En ese orden, una de nuestra partes integrantes, el ego o personalidad, se resiente siempre cuando somos mal correspondidos en términos humanos, salvo en aquello individuos con suprema evolución espiritual, en capacidad plena de obviar.  Es la razón por la que  con frecuencia, la generalidad somos objeto  del desencanto y la dejadez, cuando de tender una mano a los demás se trata.  Es decir, que las indebidas actitudes ajenas, de ordinario, como que van matando los buenos deseos altruistas; algo que no debe ser, pero que no siempre podemos evitar, por nuestras condiciones.

 

 Esa es una de las causas, por las cuales muchas veces preferimos servir a los animales, que, aunque sean irracionales, jamás nos hacen sentir mal; todo lo contrario, tratan de demostrarnos su agradecimiento, a través del afecto y cariño que manifiestan en el marco de sus posibilidades, aun no sean acompañantes fijos.  Complementan emocionalmente a los seres humanos, y hasta detectan cualquier  estado de  ánimo anormal en sus amos, provocándoles en ocasiones cambios favorables con su accionar.

 

Según los biógrafos de Adolph Hitler, uno de los hombres de mayor renombre en el pasado, por su templanza y cuestionadas acciones en contra de la raza judía, siempre repetía éste durante los últimos días de su hegemónico poder, la frase famosa de Federico el Grande: “Cuanto más conozco a las personas más cariño siento hacia los animales.” Hitler, amaba mucho a los perros; sentía veneración por los animales.  Sabía muy bien porque los amaba tanto.

 

 De otro lado, no debemos olvidar que el altruismo implica no reciprocidad en términos de recompensas,  pero sí algún tipo de aliento inductor en el orden de lo humano, por sutil que sea, para continuar con la actitud, que muy bien proporcionan los animales, aun siendo irracionales. Además, ellos son los que más necesitan de la mano amiga del hombre, por sus limitaciones e indefensión, amén de que son nuestros verdaderos hermanos menores. Cabría transcribir aquí la frase de Mark Twain: “Recoges a un perro que anda muerto de hambre, lo engordas y no te morderá.  Esa es la diferencia más notable entre un perro y un hombre.”

 

No cabe duda, de que en el caso de los perros y los gatos, que son los mayormente domesticables,  estos se convierten en  miembros adicionales de la familia; conviven y comparten con los seres humanos; interpretan sus emociones; les alegran muchos momentos; le sirven de compañía y de fieles guardianes; qué mayor recompensa que esa? “El que no ha tenido un perro no sabe qué es querer y ser querido.” (Arthur Schopenhauer).

 

Las vivencias que en lo particular hemos tenido nosotros, en el trato con los animales, sin tomar en consideración raza o condición, ha constituido un valioso estimulo para continuar sirviéndoles, contrario a lo que ocurre con muchas personas.  Una de las experiencias más agradables que se tienen con los canes, aun los callejeros, o vira latas, como se les dice con desprecio, es la demostración de afecto y agradecimiento que los mismos externan, cuando se les proporciona un poco de comida, o se les ayuda a combatir sus dolencias con medicina, y el cariño dispensado.  Son más que agradecidos, y siempre lo manifiestan; jamás lo olvidan.

 

No queremos significar con esto, que no estemos en disposición de ayudar a cualquier persona que lo necesite, como es común que tratemos de hacerlo, en la medida de nuestras posibilidades; pero, sí hay que decir, y reconocer, aunque resulte extremo, que los animales  constituyen mayor bujía de inspiración que los humanos mismos, para propósitos altruistas.  SON LOS QUE MAS AGRADECEN; SON LOS  QUE MAS NECESITAN. SON NUESTROS MEJORES AMIGOS.  Evidentemente, no todas las personas desmotivan, valga la aclaración.

Por: Rolando Fernández

COMO SALIR A CAMINO

La verdad que en nuestro país hay cosas que resultan inexplicables a la luz de la razón pura; debilidades que han gravitado sobre la población dominicana durante muchísimo tiempo,  sin que nadie repare en ellas, aparentemente; y que, de manera innegable, están en la base misma de toda la problemática nacional.  Son inadvertencias que solo se pueden entender en el ámbito de las funestas intenciones políticas partidaristas que nos han caracterizado durante décadas; pues, cómo es posible que estas hayan pasado desapercibidas por años, ante tantos destacados profesionales enjundiosos de que dispone el país;  gente que hace opinión pública, en capacidad de aportar; y que, de una manera otra, participan en  actividades de carácter estatal,

 

Nadie puede contradecir que los pueblos avanzan y se desarrollan en base a una plataforma educativa adecuada, por parte de la ciudadanía en sentido general, como de los niveles académicos/profesional que puedan lograr sus  representantes más aptos; y que esa formación hay que tratar de inducirla y costearla, si es que en verdad se piensa en función del bienestar de la sociedad.

 

Lamentablemente, esos son propósitos que, dentro del sistema político imperante en la República Dominicana, a través del cual se escalan las posiciones cimeras de poder, se reportan poco trascendentes, ya que para nadie son secretos las deficiencias de la educación pública nacional, las limitaciones presupuestarias a que se le somete, etc. como  la poca supervisión adecuada de que son objeto las instituciones de estudios superiores en el país.

 

 En ese tenor, bien se puede decir que, contrariamente a lo que debe ser en ese orden, el mismo esquema jurídico que aquí rige, comenzando por la propia Constitución de la República, desestimula en parte la actitud de formación académica en los ciudadanos, cuando no se establecen condiciones apropiadas en tal sentido, para el desempeño de las altas e incidentes  funciones públicas en la Nación, sino que se deja la eventual elección de funcionarios y autoridades a ejercer, sujeta al efectivo mercadeo dirigido, y las habilidades embaucadoras de los políticos que nos gastamos.

 

 

Cómo es posible, que de los poderes que conforman el Estado Dominicano, solo para los que representan y participan  del Poder Judicial, se establezca una preparación académico/profesional indispensable, licenciado o doctor en Derecho; incluso, con la prescripción de tiempo en ejercicio, según el caso.

 

 Según la Constitución de la República, para senadores y diputados, nada se estipula en ese sentido, no obstante las delicadas e importantes funciones que tienen a su cargo.  Eso significa que cualquier persona, aun se analfabeta, o casi,  podría ocupar una curul en el Congreso Nacional, para legislar, aprobar y someter proyectos de leyes, etc.,etc. ¡Que bien!

 

Lo mismo ocurre con respecto a la elección  del Presidente de la República, que por razones de suerte o circunstancias, los hemos tenido con muy buena formación profesional en los últimos años.

 

Ahora, en lo que concierne a síndicos, síndicas o vice, como regidores y regidoras, el requisito establecido es,  saber leer y escribir, de conformidad con el Artículo 37, de  la Ley 176-07, sobre Municipios.  Hay que imaginarse, en el caso de esos ejecutivos municipales, con tan importantes atribuciones a su cargo, las grandes limitaciones con que ejercen sus funciones, y los efectos negativos para sus comunidades.  De ahí que, lo que más se destaca en los ayuntamientos nuestros es la recogida ocasional de la basura, como la preocupación por el cobro de mayores arbitrios, y aumentos presupuestarios.

 

Algo que mueve a inquietud y reflexión con relación a la temática, es el por qué,   para las autoridades que son electas directamente por el pueblo, ingenuo en su mayor parte, y desconocedor de las adversas circunstancias que se derivan de una inobservancia tan significativa, no se norman legalmente niveles de formación académico/profesional, acorde con las funciones a las que se aspire?  Como es lógico suponer, la mayor razón sería de corte político demagógico-mercurial; pues, lo que se pueda hacer poco importa.  Normalmente no se va a las funciones públicas a servir, sino a servirse de ellas.  Es el código de la política moderna.

 

Pero, quizás la parte más preocupante sea, no la actitud embaucadora y politiquera de muchos personeros, ávidos de riqueza y poder que tenemos, sino la dejadez y falta de voluntad para encaminar las gestiones debidas en ese orden, de tantas personas connotadas y competentes con las que cuenta el país.  Nadie que no esté en capacidad plena, de conocimientos y preparación formativa, puede servirle a esta Nación, con la oportunidad, rigor y eficacia que se requiere. Entonces, por qué obviarlo, y no proponer las modificaciones obligadas ya?

 

El mercadeo político oportunista tiene que ser sustituido aquí por condiciones óptimas de actuación y moralidad; y eso tiene que ser provocado e inducido por los hombres de valor y conciencia nacionalista que ha parido esta República, ya que los inversionistas de la política, lacayos de los poderes extranjeros, en muchos casos, no lo van a hacer jamás.

 

Las normativas legales tienen que ir cambiando de manera concomitante con las èpocas y las circunstancias.  Los nuevos tiempos exigen cambios y adecuaciones a todos los niveles; modifiquemos pues, las desfasadas prescripciones jurídicas que aún rigen en el orden de lo que se trata, para bien del país.

Por: Rolando Fernández

AQUÍ QUE COPIAMOS TANTO

Para nadie es un secreto que una gran parte de la sociedad dominicana ha sido convertida durante los últimos lustros en una réplica fehaciente de determinados modelos culturales extranjeros, con marcadas características degenerativas en el orden del verdadero ente social discerniente y el debido sentir humano. Todo, producto de la gran apertura hacia al mundo exterior, la alienación inducida, como los niveles de inconsciencia presentes, y por supuesto, la permisividad e indiferencia por parte de las autoridades competentes del país, respecto de los valores morales y patrones de conducta que otrora, con algunas ligeras excepciones, caracterizaran la población dominicana.

 En el presente, somos muy adictos a copiar; pero, solo las cosas negativas nos motivan (drogas, sexualidad desmedida, alcoholismo, vandalismo, atracos, música sincopada, etc., etc.).  Por qué no, las que promueven el respeto a la vida, a la dignidad humana y al decoro; a la observancia de las leyes sociales y naturales, como a la adhesión a los preceptos Divinos?

 Uno de los esquemas sociales que más tratamos de imitar es el de los norteamericanos, pero en sus capas  degeneradas, callejeras y vandálicas; es decir, aquellos sectores que actúan siempre al margen de la legalidad y de los cánones morales.  Muy pocos son los dominicanos, si es que hay algunos, que reparan en las normas de conducta y comportamiento social loables de los estadounidenses, cuando visitan o residen en aquel país.

 A manera de ejemplos, bien cabe señalar el respeto por los derechos ciudadanos que allí se observa, como al tiempo útil para los demás; el respeto por la vida de los animales, dispensándoles siempre el cuido, atención alimenticia y facultativa, como el cariño que merecen aquellos, que bien podrían ser considerados como los hermanos menores del hombre.  De igual forma el civismo ciudadano que se exhibe.

 Esos ejemplos, pasan normalmente desapercibidos en nuestro país, aunque algunos de ellos se tengan que observar por obligación, cuando por alguna razón nos encontramos en aquel territorio. Pero, una vez regresamos al terruño natal, se nos olvidan; parecer se que se quedan en las alas del avión en que viajamos, y entonces nos comportamos aquí, como si el país fuera una selva de cemento, con animales de dos patas, disfrazados de seres humanos, que transitan a la libre.

 Da mucha pena ver, en la República Dominicana, el mal trato y desprecio de que son objeto los verdaderos animales,  domésticos en su mayoría, que deambulan por nuestras calles y avenidas, hambrientos, enfermos, faltos de protección y cariño. Como, personas desalmadas, engreídas y acomplejadas, les dan patadas, palos y los acosan de mala manera.  Igual ocurre con los pobres caballos, que sólo sirven para arrastrar carretas, en opinión de muchos, cargadas de cuantas cosas se pueda, sin importar su peso, en medio del tráfico vehicular; bajo un Sol candente y una gran descarga de monóxido de carbono; sedientos y hambrientos, recibiendo como compensación solo palos y latigazos, para que avancen más rápido, de parte de sus crueles usuarios.

Todo eso, ante la mirada indiferente de las autoridades, y al margen de la Ley No. 1268, del 23-10-46, sobre maltratos y protección a los animales, cuya existencia muchos ignoran, debido a que se promulgó hace ya tantos años, pero que tiene bastante jurisprudencia de aplicación a nivel nacional, aunque muy leves resulten la sanciones  que se han impuesto.  También  los artículos del Código Penal Dominicano, que le son relativos, y que complementan las estipulaciones contenidas en la precitada legislación.

 Tan extremos son los casos que se registran, que muchos amos de perros, por ejemplo, cuando los canes están envejeciendo y enferman, lo que hacen es tirarles a  las vías públicas, para dejar de lado su responsabilidad, aumentando de ese modo los sufrimientos de los animales, y procurando que estos acaben por morir en cualquier acera o contén de la ciudad, si es que no resultan atropellados por los vehículos que se desplazan, guiados por  conductores desaprensivos y crueles, al volante de los mismos.

Es una pena muy lamentable, el que nuestro Poder Legislativo, no se incline por la revisión urgente de la referida Ley, para introducir el fortalecimiento requerido en  las sanciones previstas en la misma, cuando se trate de maltratos y crueldad, con respecto a los animales, domésticos principalmente, intentando además, total adhesión a la Declaración Universal de los Derechos del Animal, adoptada por la Liga Internacional de los Derechos del Animal y las Ligas Nacionales, aprobada a u vez, por la UNESCO y la ONU., cuyo Artículo 1ro. señala:

TODOS LOS ANIMALES NACEN IGUALES ANTE LA VIDA Y TIENEN LOS MISMOS DERECHOS A LA EXISTENCIA.”

Sería un acto de piedad y hasta de justicia, por parte de nuestro Congreso Nacional, legislar de nuevo adecuadamente, y disponer, según las circunstancias actuales, en favor de esos pobres animales desprotegidos y abusados, que caminan por nuestras calles y avenidas, impávidos, sufridos y con la mirada triste, deseosos de pedazo de pan, carne, un hueso; lo que sea, para mitigar el hambre; o, de poco de agua para calmar la sed.  También, cualquier medicamento que les ayuda a aliviar sus sufrimientos.   Sería una gran obra de caridad, que poco cuesta.¿Qué tan significativo puede impedir tenderles una mano amiga a esas infelices criaturas irracionales, cuando en muchas ocasiones, hasta prestan valiosos servicios a los mismos hombres, no solo en términos de seguridad personal, sino a manera de complemento emocional?  ¿Por qué permitir que se les maltrate y se desprecie, de manera tan cruel y abusiva?

Copiemos pues, aunque sea eso de los norteamericanos, que si valoran,  protegen y asisten a sus animales. Dejemos de ser crueles, todos, con los animales, para que alguna vez no tengamos que expiar los daños causados a esas criaturas, indefensas mayormente, y recibir las compensaciones que establece la “Gran Ley Natural del Universo”, cuya aplicación sí resulta inexorable siempre, sin que medie jamás la voluntad humana.

Por: Rolando Fernández

 

HAY ENCUESTAS QUE HABLAN

Hace ya varios años, siendo nosotros profesor en la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña, primeros años década de los noventa, nos inquietaba la situación siguiente: escuchar y ver algunas cuñas de televisión que a la sazón eran difundidas por dichos medios , en las que se detractaba con fiereza el llamado régimen de Trujillo, y se hablaba de manera denigrante en contra de la familia de aquel dictador; mientras, por otro lado, uno oía  a muchas personas en las esquinas de las calles de la ciudad, explayarse y gritar a todo pulmón: “que falta hace Trujillo en este país”.  Evidentemente, se advertía que era un desahogo, producto de cosas indebidas que observaban para ese entonces.

 Ese contraste, nos motivo a  tratar de conocer lo que en verdad podría estar en base de tal exclamación, aunque era lógico suponer que los argumentos y aseveraciones en contra, tenían que provenir de personas que probablemente resultaron afectadas durante la tiranía por cualquier razón. En consecuencia, dejando de lados los improperios, nos dispusimos a realizar una encuesta más bien informal, conversando con gente de avanzada edad para esos años, que sí habían vivido enteramente la llamada “Era del Jefe”, y que por supuesto, conocían sobre sus males y bondades.  Ciudadanos incluso, destacados en términos de la realización actividades sociales y funciones públicas.  Ahora, también incluimos a compueblanos de humildes posición económica y bajo nivel académico; más bien gente del pueblo, como se diría en el argot popular; pero, que sí entendíamos conocedores de muchas de las características de aquel régimen.

 Diagramamos el trabajo en la base a la formulación de preguntas abiertas, que en muchos casos, como de hecho ocurrió, se habrían de convertir en pequeños conversatorios; para luego, con el  acopio de informaciones, ofrecidas de manera espontánea,  proceder al resumen y análisis correspondientes, a los fines de poder estar en condiciones de formarnos una opinión lo más imparcial posible sobre la esencia de la mencionada frase, loatoria y demandante para muchos; en cambio, desfasada y humillante para otros.

 A respecto, entrevistamos someramente algunos, y conversamos de forma más amplia con los demás,  un total de aproximadamente  sesenta y cinco (65) personas, cuyas expresiones que tratamos de parafrasear después, y de sintetizarlas, aunque manteniendo sus propios vocablos y expresiones en gran parte, fueron entre otras:

 Cuando Trujillo:

–          Usted podía dormir con las puertas abiertas, sin temor de ser robado.

–          Usted podía darse un jumo y dormirlo en cualquier acera, y nadie se atrevía a ponerle la mano.

–          Si a usted se le enfermaba un muchacho a media noche, usted podía llevarlo a cualquier hospital, y pobre del médico que no le atendiera y le proporcionara las medicinas necesarias.

–          La educación de sus hijos estaba asegurada, desde la escuela primaria hasta la universidad. Los profesores tenían que hacer su trabajo.

–          Había siempre agua y luz, aunque había que pagarla.

–          La basura se recogía diariamente.

–          Los mercados y las calles lucían más limpios que muchas casas de familia.

–          Y quien veía ese desorden e inseguridad   en el transporte público de pasajeros, como ocurre ahora?

–          Había respeto mutuo entre las autoridades policiales y la ciudadanía; amén de que los vestuarios militares y policiales advertían protección inmediata. El ciudadano se sentía protegido a cualquier hora del día o de la noche.

–          Aunque se conseguía poco, nuestra moneda valía. Tampoco, ningún comerciante podía especular con productos de la canasta familiar. Hasta la leche se la daban a los pobres.

–          El que atrevía a robar, sabía que solo podía hacerlo una sola vez; pues en la segunda, no volvía a su casa.

 Ahora, usted lo único que no podía en ese tiempo, nunca, era estar hablando de política, y menos en contra de Trujillo, o sus familiares. U oponerse al régimen de manera abierta y difamatoria.  Enemigos encubiertos los tuvo Trujillo, demás, y porque sabían hacer sus cosas, nunca les ocurrió nada. Claro, muchos de sus aduladores,  serviles incondicionales, hacían muchísimas cosas en su nombre, que éste normalmente ni siquiera  las sabía; le buscaban hasta mujeres al Jefe, para congraciarse con él.

 El Jefe era un hombre muy hábil, y conocía a cabalidad, la idiosincrasia de los dominicanos; sabía como manejarlos, y atraerlos a su lado, cuando notaba posibles actitudes en su contra.  De ahí que siempre se rodeo de la crema y nata de intelectualidad dominicana; de los más contados profesionales de la República.  Respetaba hasta cierto límite los hombre de valor, aunque, como lógico suponer, trataba de protegerse, y de salvaguardar su Era.

 Probablemente, algún lector se pregunte a qué viene esto ahora, después de tanto tiempo, a lo que responderemos que, fue que nos tocaron la vena del pasado: hace algunos días, cuando escuché en un programa radial matutino, de mucha audiencia por parte de la población, que se había realizado en el mismo una encuesta dirigida a conocer el parecer de algunos ciudadanos con respecto a la necesidad de un “Trujillo”, de nuevo en este país, dadas las circunstancias y condiciones actuales; y, según se expresó, al final, de 25 personas consultadas que llamaron, un ciento por ciento estuvo conteste con esa concepción.

 Evidentemente, eso es algo que debe llamar a la reflexión a las actuales y futuras autoridades, porque deja entrever como viene pensando ya la población en lo referente a los partidos políticos tradicionales nuestros, y sus flamantes cúpulas dirigenciales; como al sistema mismo en sí, que eventualmente la sociedad podría hacerlo desaparecer en cualquier momento, si no se adoptan los correctivos y se introducen los cambios pertinentes.  Creemos que aún estamos a tiempo; pero, no podemos dormirnos en los laureles; la situación apremia.

 Hay que imaginarse que, si a principios de los años 90, a través de una simple encuesta llevada a cabo por alguien no profesional en el área, se lograron aseveraciones, comentarios y criterios de esa naturaleza, como aval de una frase enteramente pueblerina, utilizando una muestra más o menos aceptable, que no sería en estos tiempos, bajos condiciones extremadamente distintas, más irritantes, más cuestionables, más desalentadoras, en el orden de lo degenerativo en sentido general.

 La verdad es que, si es he hecho ahora, por profesionales duchos en el ramo, imparciales totalmente, con una metodología apropiada,  técnicas de actualidad y una muestra de mayor significación., no solamente la gente diría que hace falta, sino que exigiría  fabricarlo de inmediato.  Claro que no se estaría hablando de un Trujillo, en los términos dictatoriales de otrora; se estarían refriendo a un personaje con características de estado y don de mando similares a las de aquel, que promueva actitudes diferentes a las que hoy se gastan en el país, en cuanto a respeto, seguridad ciudadana, civismo, justicia, educación,  salud, moralidad, etc., y, por qué no, en cuanto a los niveles de conciencia nacional requeridos.

 Recordemos que, hay una máxima bastante significativa, sobre cuyo contenido debemos meditar de forma sosegada, para formarnos nuestra propia opinión al respecto:    “NADA ES MEJOR QUE NADA; SI, TODO ES OBJETO DE COMPARACION”.

 

Por: Rolando Fernández

TECNOLOGIA VS. INTELIGENCIA

No cabe duda de que en los últimos tiempos la tecnología ha venido avanzando vertiginosamente en todos los órdenes; de que la misma ha ayudado en gran medida a la eficientizar el ejercicio de muchas disciplinas profesionales, a través de las facilidades que hoy se tienen para el manejo de las informaciones inherentes en cada caso, como de la agilización y efectividad en la aplicación de los procedimientos necesarios, lo que ha permitido diagnosticar, recomendar y proceder de manera mucho más oportuna.

 Pero, hay una pregunta obligada en torno a esas facilidades modernas. A qué costo  se han venido logrando, financiero u otro mucho más importante, que es la  desaparición del desarrollo intelectual humano?  Ahora sabemos que las cosas se obtienen; pero, muy pocos son los que conocen cómo se hacen; y, ahí es que está el gran problema.

 En el presente, todo resulta más fácil; no se requiere de tanta preparación intrínseca en términos personales, y evidentemente el esfuerzo mental necesario es menor.  Ayer, por ejemplo, teníamos que saber sobre cálculos matemáticos, algebraicos, geométricos, trigonométricos, financieros, dibujo lineal, etc.,etc., todo a base del esfuerzo mental humano.  Sin embargo, hoy todas esas cosas nos la proporcionan una pequeña máquina calculadora o un simple computador, apretando un par de teclas.

 En razón de las tantas comodidades mal asimiladas de que hoy disfrutamos, nos encontramos en estos días con estudiantes a nivel de educación de superior que desconocen asuntos aritméticos, algebraicos y matemáticos/financieros, que son básicos para poder comprender y razonar adecuadamente conceptos de ejercicio y aplicación en el orden de lo enteramente profesional; que no aparecen definidos y resueltos de manera total en los instrumentos tecnológicos de apoyo, que es lo que en verdad son; no sustitutos del cerebro y las habilidades latentes en el hombre, tal como muchos lo han creído  erradamente.

 Por consiguiente, esa es una temática que tiene que ser abordada por las autoridades del área de la educación en el país, a los fines de que se introduzcan las normativas reguladoras pertinentes, de manera que el relevo generacional nuestro no se siga formando artificialmente; constituyendo  en un eslabón más de la cadena robótica en que el mundo se desenvuelve actualmente, marginándose cada vez más el debido desarrollo del potencial intelectual humano.

 La tecnología es magnifica y altamente necesaria; pero,  para su mejor aplicación y provecho, tiene que ser complementada con el conocimiento y desarrollo humano.  La misma, aunque ayuda, también resulta bastante dañina, cuando solo de ella se depende.  Como se diría en el lenguaje llano del pueblo: “la tecnología mal asimilada embrutece”.

Por: Rolando Fernández