¡Qué falta hacen los buenos!

Sí, los que otrora conocían bien de arte y espectáculos en Dominicana, y que lamentablemente concluyeron sus ciclos terrenos existenciales sin dejar relevo alguno, gente con condiciones que fuera capaz de emularles a posteriori, al menos en un cincuenta por ciento de lo que aquellos fueran.

 

El mejor y más objetivo “certamen”, o evento anual que se tuviera en el país, para reconocer, motivar dedicación, el desarrollo de valores latentes en ese tenor, y aquilatar, como premiar por supuesto, lo constituía el llamado acto especial de los “Premios Casandra”, con una esencia primigenia de gran valor, ya que la misma tenía como referente a esa excelsa dama del arte nacional dominicano, y también del honroso vivir social nuestro, doña Casandra Damirón. Hasta pronunciar el nombre de esa señora, aún en la actualidad, hace sentir bien.

 

No obstante, esa festividad anual tan llamativa la fueron degenerando por completo debido a los aprestos comerciales, los padrinazgos personalizados, y el “toma” a cambio de, que le fueron introducidos, hasta convertirlo en una simple ceremonia, para premiar la mediocridad en todas las vertientes artísticas que se tienen a nivel local.

 

Fue cayendo tanto, hasta llegar a vérsele el “refajo”, como se dice popularmente. Se fue tan lejos, que hasta el nombre original lo hicieron desaparecer, y entonces fue que se convirtió en objeto de las más acres críticas por parte de los que saben de arte y valoración relativa en este país, según sus diferentes géneros.

 

Con el último llevado a cabo, denominado en el presente “Premios Soberano”, se le acabó de poner la tapa al pomo. Las críticas amargas han llovido, como aguas de mayo, y muchas provenientes de personas que denotan poca capacidad en la materia. ¡Hay que imaginarse lo que habrán dicho los que saben!

 

¡Qué producción más mal lograda! ¡Cuántas basuras en escena! ¡Qué dejen eso ya! Aquí no hay nada que premiar en ese orden, que no sea la mediocridad reinante, y el mal sentido del arte en realidad, que ahora se pincela con lo estrafalario en el vestir, la degradación física y verbal, como los exhibicionismos indecorosos corporales. Con esos últimos es que se busca en verdad llamar la atención, y se procura la popularidad.

 

Cosas como esas son las que se han dicho por doquier. ¡Qué pena! Ni siquiera se encontraron personas con condiciones óptimas para designar a los “conductores oficiales” del llamado Soberano, cuyo trabajo de los esta vez elegidos, dejó bastante que desear. Esto final también se ha agregado con énfasis. ¡Ni siquiera para tal labor aparecen ya los buenos!

 

Se habla de innúmeros errores incurridos, que no escaparon a los reporteros de la prensa local al momento de reseñar sobre la actividad. Entre ellos se mencionan: “micrófonos abiertos, los conductores un poco perdidos en el  escenario, un guión que no ayudó mucho y una dirección televisiva que se salía de control”, entre otros. (Periódico “El Día”, del 2-6-16),

 

Y claro, como ese escenario está convertido desde hace ya muchos años,  en una vitrina para los exhibicionismos de costosos vestuarios, peinados,  poses  osadas, y las muestras de accesorios embellecedores de todo tipo, en busca de crear imágenes vendibles, como para hacer ilusas figuras físicas y aparentar, los denominados “memes” modernos, con imágenes satíricas que llegaban muchas veces hasta la mofa y burla,  en dirección hacia varios de los presentes participantes, nominados y premiados finalmente, no se hicieron esperar en las redes sociales. ¡Era de suponerse!

 

Siempre se ha dicho que, “del dicho al hecho hay mucho trecho”, queriéndose significar distancia. Pero, en este caso se pudo verificar una fehaciente realidad contraria. ¡No hubo tal lejanía!, pues dicho protocolo, aun se quiera justificar con la incertidumbre de las posiciones respecto del tiempo de costumbre, se estimó como un gran fiasco. ¡Quizás uno de los peores en su clase!

 

Y, no solamente en términos de la preparación, u organización general debidas, sino que también se prosiguió reconociendo y premiando a mediocridades, dizque representativas dentro  del arte nacional, que ha sido siempre el factor de mayor crítica relativa, a partir de que el gran referente a emular, que lo era la excelencia artística de doña Casandra Damirón, como las cualidades éticas-morales de aquella  gran ciudadana en adición, se tiraran por la borda, para dar paso a otros cuestionables  atributos, o valores “aquilatantes”.

 

Lo ocurrido en esta ocasión en torno a dicho evento, debe mover a reflexión sostenida, tanto a los organizadores del mismo, como a los “paganinis mercadológicos” que lo costean en general, para que de continuar, en el futuro se puedan lograr resultados más loables; que la gente quiera volver a presenciar de nuevo el espectáculo el año próximo; y que,  de esperarlo, no se desilusione, y proceda a dejar de verlo a la mitad, como tantos lo hicieron esta vez, y lo manifestaron luego.

 

¡Ojalá sea para enmendar, no tapar en realidad!

Durante los últimos años, el espectáculo de los otrora llamados  “Premios Casandra”, en  honor muy merecido, y honra póstuma loable, decidida a posteriori, con respecto a aquella distinguida dama, ícono indiscutible del arte nacional, doña Casandra Damirón, había venido siendo objeto de severos cuestionamientos, debido a los tintes mercadológicos, y de comercialización abierta puesta en evidencia, como de degeneración moral incluida, y artística por supuesto, en los que se estaba incurriendo, según la apreciación pública, factores muy negativos e innegables con que era  afectado el evento, aunque de seguro no exento del todo aún, a pesar de los internos por subsanar que últimamente se han hecho.

Es por ello que  hoy se tienen los “Premios Soberano”, bajo una nueva versión de los Casandra,  después de la litis separatista con bordes judiciales que se produjera entre los productores, como los patrocinadores principales del precitado acontecimiento anual, y los descendientes de la Soberana, por entender esos últimos, al igual que muchos dominicanos, que se estaba irrespetando alegremente su memoria, y quizás hasta infligiéndose en contra de lo que fuera moralmente su persona misma, partiendo de los otorgamientos relajados e inmerecidos, de galardones artísticos dentro del  marco de aquel ceremonial seudo recordatorio..

Y además, motivado por una redistribución obvia, considerada más justa, con respecto a los beneficios que reportaba el ritual  o protocolo de reconocimientos a nivel del arte nacional, en opinión de muchos aquí, cuando estaba involucrado el nombre de doña Casandra, progenitora de los reclamantes.

Movidos entonces los productores y patrocinadores del evento por tales concepciones públicas, parece ser que se está tratando en el presente de enrumbarle por otros senderos; y, de ir borrando las imágenes negativas que se han venido acumulando en torno al mismo durante las últimas celebraciones.

La actitud se infiere del reconocimiento este año al señor Iván García Guerra, connotado actor y dramaturgo nuestro, por parte de la Asociación de Cronistas de Arte (Acroarte) y la Cervecería Nacional Dominicana, con la consecuente entrega del premio “Gran Soberano”, coincidiendo la loable distinción con la celebración de sus 60 años en el teatro.

La pregunta obligada que muchas personas aquí se hacen hoy es, ¿por qué hubo que esperar tanto tiempo para hacerlo, dadas las condiciones innegables de ese señor en el orden de lo que se trata? “Hombre de teatro, un actor de actores”, como bien lo calificara un medio de la prensa local ¡Hay muy pocos con quienes equipararles entre nosotros!

En cuanto a ése, lo más probable es que, no tuviera que pagar peaje para recibir el merecido galardón;  que solo sus dotes avalaran la premiación, contrario a los tantos antecedentes negativos que se tienen con relación al precitado acto anual.

Ojalá que tal decisión constituya  la apertura al cambio requerido ya en esos menesteres; que estén soplando nuevos vientos ahora en el seno de la hasta muy reciente considerada por completo seudo Asociación de Cronistas de Arte nuestra, según puede advertirse, para que se descontinúe con la práctica dañosa de estar premiando la mediocridad y la transculturación degenerativa en curso; como, el hacer honor a las estrategias mercadológicas de una empresa que elabora un producto nacional más consumible que la leche entre los dominicanos – la cerveza -.

Por eso se gasta tal industria cervecera,  una inmensa friolera de recursos económicos en ese patrocinio, como forma utilizada para seguir embaucando y emborrachando a los tantos impensantes que tenemos en esta nación, usando como caramelos envenenados las proclamaciones, loas y reconocimientos inductivos hacia  todo ese “antro” de porquerías artísticas que se gasta en la actualidad este país.

El propósito que subyace en dicha actividad, no es alentar y promover la calidad artística nacional, y mucho menos incentivar los eventuales nacientes valores en desarrollo; ¡no!, es comercializar, y motivar más aún la degeneración social fehaciente que nos arropa, con el aguijón alucinante del alcoholismo, y la correspondiente pingue comercialización que conlleva.

De seguro que, a no poca gente sorprendió aquí la premiación de que fuera objeto el señor Iván García Guerra, por lo que en realidad el mismo representa, en término de la dramaturgia y el teatro nuestro.

Con ese otorgamiento, aun fuera de tiempo, el asunto se alejó bastante este año de lo que tradicionalmente se ha venido estilando: obvio reconocimiento e incentivo a la mediocridad, a la degeneración artística; y  si se quiere, hasta a la poca moral. ¡Qué bueno, si así continuara!

¡Felicitaciones Iván! Mejor es tarde que nunca, como reza una significativa máxima popular. Además, usted ha sido siempre merecedor del “Gran Soberano” ahora, antes  “Premio Casandra”.

Rolando Fernández

¡Que dejen eso!

Ya muy pocos son los que creen aquí, en ese considerado espectáculo comercial, y sobre todo propagandístico, ahora con nuevo nombre, “Premios Soberano”.

 

Hace  mucho, lo que fuera otrora una actividad bastante loable para galardonar, entonces “Premios Casandra”, con el referente de esa distinguida dama extinta, un ícono nacional del arte, y motivar por supuesto, el ejercicio de las actividades artísticas de todo género en el país, al tiempo de alentar el desarrollo de los nuevos talentos que fueran emergiendo, perdió toda su esencia primigenia. Más en el presente, que las determinaciones de  los seudos nominados, y posteriormente galardonados, se hace sin tomar en cuenta  ningún alusivo para fines de comparación.

 

Veamos lo que dice, más o menos en resumen, un amplio segmento de la población pensante nuestra, cuando se procede a realizar cualquier pequeña encuesta, o se aborda a nivel grupal la temática, en pos de recabar pareceres sobre el particular.

 

“Eso ya no sirve”, externan algunos a todo pulmón.  Lo convirtieron en un negocio lucrativo, solo para reconocer y premiar mediocridades. ¿Cuáles son artistas? Bien se aprovecha el espacio mayormente, para exhibicionismos femeninos, tanto de vestuarios sofisticados, como corporales, que requieren de considerables inversiones por parte de todas las ostentosas, con algunos masculinos que se agregan, que allí se dan cita también, y que favorecen sobremanera a los comerciantes “tienderos”, y modistos de última generación, no solo nacionales, sino extranjeros en adición. Pero además, está de por medio la intervención soterrada de las casas disqueras en favor de sus pupilos, y representados.

 

¡Que dejen eso!, que desde hace años viene generando un efecto inverso al deseado en principio. Lo que hoy se promueve, al tiempo de  premiar, es la mediocridad. Los patrocinadores principales de esa patraña, dizque artística deben hacerlo, y destinar esa gran friolera de recursos económicos que allí se invierten en obras de bien social, que tanto las necesita esta nación, incluyendo, precisamente, la creación de escuelas para formación artística en sus diferentes géneros. Es muy probable que la juventud de este país, con disponibilidades de ese tipo, se olvide un poco de las drogas alucinógenas.

 

Como vimos recientemente, el último galardón máximo de los citados premios (Gran Soberano), le fue otorgado al popular humorista Cuquín Victoria, para muchos el único que queda con calidad y condiciones innatas dentro de esa clase nuestra.  Los demás, nada más son cuadre y cachucha, en opinión de tantos.

 

Por eso, agregaríamos nosotros, aún se oye en esta nación “La Tremenda Corte”, capitaneada por el inmortal Leopoldo Fernández, “Tres Patines”, con todo su equipo de producción. Allí había humor sano, profesionalidad incuestionable; nada de vulgaridades y doble sentido.

 

El reconocimiento que ahora se le hizo a Cuquín Victoria, debió haberlo recibido desde hace mucho tiempo. Sin embargo, no se produjo hasta marzo del año que discurre. No se puede dudar que, la causa principal que en estos momentos motivara el otorgarlo, fue la  necesidad imperiosa de tratar de cambiarle la imagen pública a dicho evento, lo cual luce ya muy difícil.

 

Y claro, haciéndose provecho de la estatura del galardonado para tal propósito. Además, es obvio que, la escasez de valores verdaderos en cuanto a arte se refiere entre nosotros, tiene que haber influido también en la decisión.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

Previsible: ¡continuar premiando la mediocridad!

En tiempos atrás, el evento que se llevaba a efecto en el país anualmente para premiar y estimular la calidad artística nacional, en sus diversos géneros, tenía un magnifico referente, a alguien que se constituyó en un indiscutible ícono de la disciplina; y que además, supo poner bien en alto el nombre de esta República, no sólo a nivel local, sino internacionalmente también: doña Casandra Damirón.

 

Aunque, en los recién pasados años las cosas variaron mucho, y el importante acto-espectáculo para galardonar lo realmente calificado en dicho orden se le fue matando la esencia primigenia, producto de los aprestos mercadológicos que se le fueron introduciendo, los maridajes, las componendas predominantes, como los sobornos de los representantes artísticos, o disqueros, entre otras cosas.

 

Todas esos factores fueron provocando el otorgar reconocimientos a la mediocridad dentro del género; a la falta de actitudes, y demás ofensas al arte verdadero,  no obstante estaba implícita, aunque sutilmente olvidada, la remembranza, como la honra póstuma a doña Casandra Damirón, que se entendía como el marco de referencia a considerar, en términos analógicos-comparativos, y de emulación a aquel valor de otrora, en  expresión entonces.

 

Sin embargo, en la actualidad, por razones conocidas que resulta prolijo enumerar, ya ese referente de calidad no se tiene. No se habla de “Premios Casandra”, sino de “El Gran Soberano”, aunque con los mismos objetivos se cree.

 

En una de sus acepciones, el término soberano es definido como adjetivo en el diccionario enciclopédico “Pequeños Larousse 2010”: “Que es muy grande o difícil de superar”. Cuando tal apreciación era asociada con las cualidades exhibidas por aquella excelsa dama, sí que tenía sentido el galardón máximo otorgado a los que se entendían merecedores de recibirlo, por la calidad del trabajo artístico desplegado durante el año que recién finalizaba; el talento ostentado; como, la trayectoria recorrida hasta ese momento.  Se suponía objeto de comparación, a partir del referente que se tenía. Era algo extensivo incluso a todos los géneros envueltos en la actividad.

 

Pero, en el presente, después que el nombre de la digna representante del arte nacional desapareció de todos aquellos predios finales de seudo cualificación,  y en el marco de un escenario donde ya no hay con quien comparar en realidad, es previsible que impere más aún la subjetividad y los favoritismos que anteriormente gravitaban.

 

También, que  no haya en verdad ponderación calificativa; que se preste más el evento de valoración y estimulo, que debe ser, para los negocios, las componendas, los sobornos, y la “levantadera” de faldas para inducción, en pos de conseguir el otorgamiento de alguna de las preseas que se ofrecen, ante este aluvión de mediocridad artística patente entre nosotros, a nivel de todos los géneros existentes.

 

Es evidente que, esa gran iniciativa de otrora en verdad perdió su esencia primigenia. Y, una de las muestras más palpables lo fue dentro de ese contexto, la ausencia en términos de reconocimiento, bastante merecido en honor a la verdad, por esa gloria del canto que acaba de dejarnos, abandonando el planeta Tierra: “El Songo Santana”.

 

¡Cantaba de todo, y bien! Salía con cualquier pieza o ritmo acompañante. Nunca desafinaba. Tanta calidad ostentó, que fue declarado por el ministerio de Cultura nuestro, “Gloria Nacional del Arte”. Nadie podrá emular sus condiciones aquí, por mucho tiempo que discurra. Además, con esa etiqueta de caballerosidad y decencia que siempre exhibió, tanto fuera, como sobre los entarimados, no sólo a nivel local, sino también internacionalmente.

 

No obstante, a Francis Santana, siempre se le marginó para los “Premios Casandra”, básicamente con respecto al mayor.  Probablemente, por su apariencia física, y porque a lo mejor no compartía las condicionantes todas exigidas para poder ser nominado y favorecido.

 

Ahora, en esta nueva faceta del evento, es muy posible que ni siquiera se le mencione, aun sea a nivel póstumo. ¡Los reales valores en este país no se reconocen! Quizás, en medio del bullicio durante el acto se haga el allante de declarar un minuto de silencio a su memoria, para guardar las apariencias.

 

Pero ocurre además que, en el marco de las presentes directrices organizativas del certamen, no se tiene  referencia o alusión,  de gran peso específico, con relación a pasado alguno, para equiparar  los vagazos que nos van quedando, sin contenido ya. Tampoco hay para escoger en tal sentido – comparar -,  entre los representantes pertenecientes a la nueva laya dentro de ese género con la que hoy se está lidiando aquí, carente por completo de aptitudes verdaderas, amén de los comportamientos personales cuestionables que se observan en la mayoría de los casos.

 

Verbigracia, llama la atención, el hecho de que se tenga entre las nominadas en esta ocasión, según reseña aparecida en la prensa local, a una que hace un par de años irrespetó el símbolo de la Bandera Dominicana, utilizándolo en la confección de un vestuario para exhibicionismo corporal, bastante atrevido por cierto, con el que posó para la portada de una revista farandulera. Fue algo que trascendió entonces bastante hasta la opinión pública  en general. Son de las cosas que deben ser muy bien ponderadas por los miembros de la llamada Acroarte, en pos de no continuar poniendo en tela de juicio sus decisiones.

 

Para poder comparar y valorar a quien sea, siempre se debe tener un referente apropiado, y contar con un equipo competente, en verdad con capacidad para hacerlo, el cual no creemos que efectivamente aquí se tenga, caracterizado por una imparcialidad total. ¡Tenemos que ser sinceros!

 

Ese nuevo invento de que “El público podrá elegir un ganador para el Soberano”, según se anuncia en un medio de prensa local, por predilección; de considerarle “evaluador, un gran termómetro para medir la aceptación de su trabajo”, entiéndase de los sometidos a escrutinio, es algo que luce muy cuesta arriba e improductivo.

 

¿Quiénes se inclinarían por accesar y votar a través del postal digital señalado? Con principalía de seguro, la juventud esnobista y alienada de este país, que ya no sabe lo que es música, y mucho menos artes de ningún tipo. Además, ¿a cuántos manejos amañados  eso se puede prestar? ¡A muchísimos en realidad!

 

Difícilmente las personas con acopio cultural suficiente, con conciencia en torno a la temática evaluatoria de que hemos venido tratando, se inclinen por participar en dichos menesteres, debido a los precedentes que se tienen al respecto, y por el temor a que se esté procurando de nuevo jugar con su inteligencia.

 

Cuando las cosas les van dejando degenerar, todo interés real se pierde, y eso pasó con los “Premios Casandra”. No es previsible que, con la entrega del llamado “El Gran Soberano” hoy, se pueda recuperar la otrora loable imagen pública de dicho acto de premiación al arte. ¡Se le hizo mucho daño!

 

El mismo lo convirtieron en un espacio para exhibicionismos corporales femeninos, como de vestuarios carísimos y estrafalarios; mercadeos, negocios, y componendas, no sólo a nivel empresarial, sino también en el orden personal.

 

Si los propósitos reales del mismo no se habrán de recobrar, y se continuará sólo procurándose alentar la tanta mediocridad que hoy reina en este país a nivel de todas las artes, mejor sería que los patrocinadores del evento invirtieran los recursos a gastar en su montaje, en obras de bien social.

 

Se proyectarían mucho más aun en términos mercadológicos, que es lo que en el fondo viene prevaleciendo desde hace ya muchos años en relación con la actividad. ¡No es cuestión de motivar el fomento de arte alguno!, entre los actuantes de larga data que se tienen, como tampoco a nivel de los eventuales nuevos valores en desarrollo.

 

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Honra y emulación van de la mano

Cuando se habla de honrar la memoria de una persona, llámese como se llame, padre, madre, maestro, artista, está implícito el aspecto emulación, en todo cuanto concierna a los valores positivos, o loables que le hayan caracterizado; al igual que, las aptitudes ostentadas, como la excelsa cualificación inherente a sus actos públicos y privados.

 

Luego, el hacer uso del  nombre de alguien que se quiera honrar, como referente para algún tipo de reconocimiento o premiación, debe implicar el que haya cierta analogía, o semejanza propiamente, con respecto a tales condiciones personales, de aquel hombre o mujer seleccionado para dichos fines; que, amén de hacerle recordar, también induzca a tratar de desarrollar y cultivar los atributos realmente similares latentes en otros. A despertar valiosos talentos escondidos, en el género o especie de que se trate.

 

Por tanto, resulta lógico suponer que, cuando esos objetivos no se observan, no se puede  estar hablando de honrar memoria alguna.  Sería todo lo contrario; se podría estar incurriendo incluso, en el craso error involuntario de equiparar lo otrora saludable, con lo de muy baja calidad, o significación presente.

 

Lo expuesto viene a colación, debido al tema que ha estado sobre el tapete en país durante las últimas semanas, con relación a los “Premios Casandra”, a raíz de la decisión de sus familiares de que se retirara el nombre de la extinta dama a esos galardones, alegándose que ya ese certamen ha perdido su original esencia, de honra a  la memoria de la misma, y de motivación al cultivo de la calidad artística nacional, petición que fuera acogida por Acroarte, no sin antes externar los  pataleos y justificaciones esperados.

 

Ahora, se ha estado hablando de la escogencia de otra denominación para esos premios. Y, las amplias preguntas de lugar serían: ¿propósito, retornar a la esencia original de lo que fuera el espectáculo de los “Premios Casandra”? O, ¿continuar con el marco comercial de los últimos años, premiando lo que no debe ser; fomentando la cualquierización artística; como, haciendo uso del espacio sólo para aprestos mercadológicos de toda índole?

 

¡Que lo piensen bien! Porque, de no rescatarse de nuevo en ese evento la imagen pública y credibilidad necesaria de otrora, con cualquier nombre que se les ponga a los premios, que debe ser el de un representante de la clase artística nacional,  por la naturaleza propia del evento, el mismo problema volverá surgir otra vez con los familiares del elegido, si procuran que en realidad se honre su memoria.

 

Rolando Fernández

 

 

 

Eso se veía venir, ¡Casandra no!

La verdad es que, mucho tardaron los familiares descendientes de esa otrora excelsa dama,  doña Casandra Damirón, que fuera la mayor expresión representativa del arte nacional, observando siempre un comportamiento loable, tanto dentro como fuera de los escenarios, según el testimonio de muchas personas que le conocieron en el personal, para tratar de quitarle su nombre a esos galardones que fueran instituidos como una forma de honrar su memoria, y al mismo tiempo estimular e inducir a las generaciones posteriores, en el sentido de que siempre se procurara emularle.

 

Y es que, nadie aquí en su sano juicio, como dentro de un marco de imparcialidad pura, estaría en condiciones de  negar que ya ese evento, desde hace bastante tiempo, perdió su esencia prístina, para convertirse luego en un negocio solapado, como en un espacio para los exhibicionismos corporales, y  de exóticos vestuarios costosísimos; amén de un amplio escenario mercadológico para los patrocinadores del majestuoso acto, como de los mismos nominados, y de sus representantes designados, por extensión obvia.

 

Ese fue un valioso espectáculo público, ideado para promover el arte nacional, representado en el nombre de doña Casandra, un importante ícono nuestro en el género artístico, inimitable podría decirse, además de honrar su memoria a través del mismo todos los años. Pero, eso se ha ido quedando muy atrás.

 

Era la pretensión original del evento anual, estimular la calidad artística en el país. Y,  más adelante, esa disposición  se hizo extensiva hasta otras latitudes, con el otorgamiento de premios y reconocimientos a representantes extranjeros de la especie, lo cual evidentemente, le dio un mayor impacto y lucidez a las entregas de las distinciones.

 

Sin embargo, con el paso de los años, el mismo ha venido perdiendo interés y credibilidad por parte no sólo de la población  nacional, sino también de otros núcleos externos que participan dentro de esa área, debido a la cualquierización nominativa que para el evento anual se ha venido verificando en los últimos tiempos, premiando cosas que,  lo que menos merecen ser consideradas es como “artistas”, en ninguna de las vertientes atribuibles, o facetas

 

Incluso, a gente con comportamientos públicos muy cuestionados, hasta con ribetes de orden judicial. Por lo que, muchos observadores expertos en la materia son de opinión que, para tales elecciones desde hace ya varios años, rigen propósitos muy particulares,  e intereses comercializados, que distan bastante de la intención original de la iniciativa premiadora.

 

Según consta en una reseña que aparece en uno de los medios locales (“Diario Libre”, del 6-8-12), con respecto a la decisión de retirar el nombre de doña Casandra Damirón de los premios que otorga todos los años Acroarte, por parte de los familiares de la misma, ellos obedece a  que, “entre otras cosas, la huella de la gran interprete está ausente de la gala, “única gran recompensa que la familia recibía”.

 

Esas otras cosas, posiblemente, se refieran a algo que fuera publicado en un periódico digital, La Nación Dominicana: “El ex presidente de la Asociación de Cronistas de Arte, Acroarte, Fausto Polanco, revelo que los familiares de la extinta folklorista Casandra Damiron en honor de quien se instituyeran los Premios Casandra, demandan le sean entregado el 25% de los fondos generados por el mercadeo de dicha premiacion”.

 

Eso debe estar motivado, por el giro enteramente comercial de las casas disqueras representantes, y propagandístico de los patrocinadores,  de que ha venido siendo objeto dicho acto, en vez de corresponderse con una real acción de reconocimiento a la clase artística nacional, y como honra póstuma a doña Cansandra, que eran las ideas originarias.

 

Y si aquellos se están beneficiando, y sólo mercadeando con el nombre de su señora madre, de acuerdo con lo que se aprecia, y los familiares alegan, ¿por qué a sus hijos no les puede tocar algo? si en verdad es cierto, claro está, el reclamo del 25% señalado.

 

Es muy lógico entender que, de haberle sido mantenido el objetivo original al evento reconocedor, y de honra a la memoria de ella, esos familiares no estuvieran reclamando nada en el orden económico, después de los tantos años de creación que tiene el ceremonial.

 

Claro, y como era de esperarse, ante la precitada decisión, de inmediato tenían que aparecer las reacciones de personas ligadas al arte en el país, como los reclamos y alegatos de lo organizadores del certamen anual.

 

“El premio seguirá llamándose Casandra”. “Yo voy a estar todo el tiempo al lado de la Asociación de Cronistas de Arte de la República Dominicana (Acroarte), porque ese premio pertenece a Acroarte. Ellos son los herederos de La Soberana”. Así se expresó el presidente fundador de la Asociación y de los premios Casandra, Carlos T. Martínez (Véase: “Diario Libre”, del 6-8-12, página 46).

 

Pero además dejó entrever ese señor, la posibilidad de que eso tenga que ir a los tribunales de la República, para que sean estos los que decidan en torno al caso. Dijo en tal sentido: “Eso se va a ver muy lamentable, en los tribunales, porque da mucha lástima que 28 años después quieran sustraer  esto a quien verdadera y realmente le corresponde, a Acroarte”.

 

Lo más probable es que eso sea así; que la justicia nuestra  tenga que intervenir en el asunto, y evacuar una sentencia sobre el particular de que se trata. Porque, si bien es cierto que el nombre los premios como tal le puede pertenecer a Acroarte, no es menos cierto que, el ingrediente “Casandra”, por lo esa señora significó para el país, es el que lo innegablemente le ha dado importancia a esa premiación desde sus inicios;  y por derivación, el atractivo y el empuje promocional mercadológico que ha logrado.

 

Obviamente, ya eso se desnaturalizó por completo. Y, se puede pensar que, las premiaciones y reconocimientos que se otorgan durante el acto no se corresponden con condiciones ni calidad artística alguna; por lo que tampoco, el nombre de la extinta dama está recibiendo la honra que merece. Y ese, es un derecho a defender que, ¡nadie le pude denegar a sus familiares!, principalmente a los descendientes.

 

Ya que más bien, lo que se está reportando es todo lo contrario; un efecto inductor negativo, en término del estimulo necesario al desarrollo del talento joven nacional. Y ni hablar de homenaje alguno a doña Casandra, nominando y premiando cualquierizaciones en todos los sentidos.

 

Luego, como lo que se percibe desde hace varios años es que, todo lo relativo a  ese otrora loable acto,  gira en torno a lo comercial, y a las propagandas mercadológicas; a los exhibicionismos desmedidos; al igual que, dejar al margen la esencia real de esa iniciativa, lo que ahora pretenden hacer los familiares de la “legendaria” artista, merece un análisis, y reflexión muy imparcial.

 

En consecuencia, se podría concluir luego de, que la decisión de procurar el retirar el nombre de doña Casandra a esos galardones o distinciones, estaría más que justificada. Y, hasta la de exigir, en el caso de aceptar que se continúe utilizando bajo ese marco “desviatorio”, una retribución de orden económico, de acuerdo con lo se dice.

 

Autor: Rolando Fernández

 

 

 

Protesta, ¡y con sobrada razón!

Desde hace mucho tiempo ya, eso debió haberse producido: el tratar de evitar que se continúe deshonrando la memoria póstuma, en apreciación casi generalizada, de tan connotado ícono del verdadero arte nacional, la respetable dama, dentro y fuera de los escenarios, doña Casandra Damirón, utilizando anualmente su nombre, para galardonar y estimular la mediocridad, como  las desaprensiones ostentadas en el marco de la disciplina artística; en ocasiones, no sólo a nivel local, sino también con seudos valores pertenecientes a otras latitudes.

 

Ese es un evento anual que, como bien señalan los familiares de esa valerosa  mujer extinta, digna representante del arte nacional, tanto aquí como en playas extranjeras, ha perdido por completo la esencia de su origen, para convertirse en un espectáculo mercadológico de caros y suntuosos exhibicionismos textiles. De mucha gente que, en el fondo carece de reales condiciones artísticas, en una gran parte de los géneros propios de esa disciplina  allí ahora contemplados, para fines de premiación.

 

Ya eso de recompensar, u homenajear las labores y la calidad de los trabajos artísticos a nivel nacional, como el estimular al talento joven en vía de desarrollo dentro de esos quehaceres, siempre merecedor de reconocimiento y apoyo local este último, que fueron en gran medida las motivaciones originarias para el montaje y celebración de tan loable otrora evento, han sido tirados por la borda.

 

En la actualidad sólo se respiran en el espectáculo de que se trata, las aromas de la suntuosidad superficial, los padrinazgos y la comercialización, procedentes de empresarios de clase, casas disqueras y patrocinadores comerciales, principales y secundarios. Jamás de estímulos reales y justa valoración a los artistas nuestros, como a los productores dentro del área.

 

Pero además, resulta bastante notoria la premiación a la mediocridad fehaciente en que hoy se vive;  al bajo perfil cualitativo que ostenta la mayoría de los galardonados; y que, probablemente, junto a los aprestos de mercadeo abierto, para los cuales se hace provecho del espacio, sea lo que haya provocado la reacción hecha pública por los hijos de quien en vida se llamara, doña Casandra Damirón, que ya denota el rebosar la copa, y que publica el medio “Diario Libre”, en sus espacios, “El Espía I y II”,  edición de fecha 20-3-12, página 22.

 

“Piden  un cambio en los criterios para elegir a los ganadores o de lo contrario le quitarían el nombre de su madre para el mismo”.  Están inconformes con la Asociación de Cronistas de Arte. Es obvio, que ahí está dicho todo. Y, deberían hacerlo, de no lograrse que se retomen para la celebración del evento, los criterios de selección originarios, utilizándose el nombre de aquella gran figura artística nacional, como inducción, hacia un auténtico ícono nuestro a emular siempre.

 

Precisamente, ponderando en lo personal lo que fuera la última celebración en el país de los “Premios Casandra”, la falta de lucidez, y los otorgamientos que se hicieran en esta ocasión, arribamos a la conclusión de que, para el próximo acto de esa naturaleza que se celebre, “El Soberano”, debería ser dado, como lejano homenaje póstumo al magnifico comediante de la década de los años cincuenta (1950),  Leopoldo Fernández (Tres Patines), y al elenco de la “Tremenda Corte”, por la vigencia que aún mantienen esas producciones, y las magníficas realizaciones particulares, a pesar del tiempo transcurrido.

 

Son muchas las repeticiones que a diario se escuchan en este país de esos programas cómicos o humorísticos, con una gran audiencia. Evidentemente, por la calidad y profesionalidad que se verificaba en aquella época pasada, cuando en realidad se hacía un humor sano y risible; no con las vulgaridades y el doble sentido que en la actualidad se estila.

 

Además, para lo que ha venido premiando últimamente, ¡tendría muy buena acogida dentro de la sociedad dominicana, esa decisión!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

¡A Yaqui!, ¿para qué ya?

Según se dice entre bastidores, e incluso, algunos de los medios digitales del país parece que lograron hacerse eco de la información, pues la reseñaron en sus páginas, todo luce indicar que se tiene la real intención de otorgar “El Soberano”, dentro de los Premios Casandra, en su versión correspondiente al presente año, al inigualable artista de la voz y maestros de generaciones, Yaqui Núñez del Rico, cuando ya no estaría presto a disfrutarlo, por sus limitaciones físicas, debido a los males de salud que le aquejan.

 

Sería por supuesto, una continuidad a la norma ya establecida, en cuanto a  entregar ese preciado galardón a destacadas figuras del arte nacional, en sus diferentes géneros, cuando ya casi han terminado por completo sus carreras, y que se encuentran muy próximos a concluir su estadía sobre este planeta Tierra.

 

Eso parece significar que, la premiación no se otorga como un reconocimiento pleno a su capacidad artística, como por los méritos acumulados durante su quehacer en ese orden; sino, por el hecho de que ya, debido a su estado de salud, y la edad cronológica, en cualquier momento pueda terminar su existencia física, como también dijéramos anteriormente.

 

Y eso se debe a que, ya el referido certamen anual, dedicado a la memoria de aquella excelsa dama, ícono inolvidable del  verdadero arte nacional, cuando se podía hablar aquí de calidad en ese tenor, doña Casandra Damirón de Rivera, instaurado desde hace muchos años en el país, como una forma de valorar y estimular a la clase artística nuestra, y sus potenciales talentos, se ha convertido en un burdo escenario publicitario para llevar a cabo aprestos mercadológicos de los patrocinadores comerciales; y además, en un espacio destinado a componendas entre seudos valores artísticos, representantes disqueros, y algunas de las figuras influyentes encargadas de las nominaciones previas y la premiaciones finales.  De ahí, las tantas iniquidades que se verifican; y, las entregas a personas que, lo que menos tienen es condiciones reales para esa disciplina.

 

Durante los últimos años, lo que se ha podido observar en ese suntuoso evento, es un estímulo a la mediocridad artística, amén de los exhibicionismos corporales atrevidos, y de vestuarios carísimos, sólo para ostentación, en el que todo el que se crea capaz de vocear sobre una tarima composiciones sin sentido y mal musicalizadas en adición; al igual que,  hablar comúnmente por un micrófono, sin la dicción y técnicas requeridas; o, presentarse ante la pantalla chica, con producciones carentes de calidad y profesionalidad, se considere artista de la voz, magnifico locutor, o gran productor de espacios para la televisión.

 

Y, como en esta nación hay tan pocos calificados que puedan valorar, que supervisen como se debe,  y aquilaten fielmente, sin  tráfico de influencias, o parcialismo, las acciones públicas en ese orden, todos esos enganchados que osan hacerlo se envalentonan; y luego, los santiguan dentro de los “Premios Casandra”. ¡Ay de los miembros de la flamante Comisión actuante!, si esa doña pudiera hablar con relación a lo que se hace, utilizando su nombre de leyenda.

 

Sin embargo, los verdaderos valores, y seguros talentos artísticos nacionales en desarrollo, sólo se recuerdan para tales fines, cuando están a punto de desaparecer físicamente.  Es obvio que, ya después que los primeros, principalmente, pasan sus mejores años en la actividad,  no tienen valor mercadológicamente hablando; o sea, que ya en realidad no venden.

 

Pero, eso no significa que, por esa razón, el galardón que les corresponda a cada cual – Soberano – por su gran carrera y méritos acumulados, se le tenga que dejar de entregar con la oportunidad debida;  y que se haga entonces, cuando por pena se pueda interpretar, ya en momentos en que no se esté en capacidad de disfrutarlo, repetimos.

 

Ahora mismo, para qué hacerlo ya, con Yaqui Núñez del Risco, por ejemplo, cuando actualmente, a lo mejor hasta le resulte imposible estar presente allí, amén de que sería un acto bastante deprimente el observarle hoy tan limitado en todos los órdenes, teniendo presente lo que ayer fue.

 

Mejor sería que se designe con el nombre de personas así, dignas de emular en esa profesión, alguna instalación o estudio destinado para tareas relativas al género artístico cultivado por las mismas, incluidas las fases de instrucción o formación. Es decir, que se haga en consonancia con las aptitudes propias del elegido.

 

Se reportaría más loable el reconocimiento; y, no se catalogaría como un mero cumplido al final de sus días.

 

¡Háganlo de esa forma, para un mayor aprecio generalizado!

 

: Rolando Fernández