Recomendaciones para adoptar una mascota en República Dominicana

 

Para adoptar una mascota en la República Dominicana, o en cualquier parte del mundo, las primeras recomendaciones deben ser: no hacerlo, si en verdad no se ama a los animales;   estar dispuesto a tenerlo como un miembro más de la familia, tal cual un niño; no carecer de las condiciones físicas necesarias; como de los recursos económicos, para satisfacer los requerimientos propios del animal, que como se sabe, demanda de la alimentación apropiada, higienización corporal, atenciones facultativas veterinarias, y las medicaciones prescritas.

Claro, se está hablando de animales domesticables por completo.  La decisión no se debe producir por moda, sino por inclinación, y concienciación plena con respecto a la especie.

¡Los que no tienen “papeles”, y descendencia conocida, por igual merecen! Cuando hay amor hacia los animales, los pedigríes puros no son imprescindibles. Cualquiera se hace querer, como sentir bien a su amo. La reciprocidad, en términos de trato compartido, siempre se deja ver.

Evidentemente, cuando se tienen las condiciones requeridas,  lo mejor sería la elección por animales de pura raza, cuyas costumbres y características propias ya sean de conocimiento general, y puedan ser asociadas de manera directa con los entornos en que habrá de compartir con los demás, máxime si hay niños, o personas con invalidez, de por medio.

En ese mismo orden último, también se debe tener bien presente el propósito de utilización con respecto a la mascota que se pretenda adoptar: simple lujo, compañía nada más, o acciones de protección, y concursos posibles hacia los humanos que estarían a su cargo.

Autor: Rolando Fernández

 

Nota: Artículo publicado en el medio escrito Mr.Mascota (Periódico exclusivo sobre mascotas). Edición Marzo 2016. Director Ejecutivo: Luis V. Castellanos.

¡Tratar bien, y velar por los animales, es un deber humano!

Normalmente, la prensa local solo reseña sobre cosas desagradables. Pero, a veces aparecen reportajes halagadores que motivan su lectura, e inducen a una reflexión sosegada sobre el contenido tratado.

En fecha reciente nos encontramos con una publicación de esas, aparecida en el medio “El Día”, edición de fecha 26-2-15: “El trato a animales es abusivo e inhumano”. ¡Valiosa, y motivante, a nuestro humilde juicio!, con una magnífica introducción: “Amo a los animales y quiero a la gente, y a estas las quiero más cuando sé que aman los animales”.

Es probable que a muchos aquí ese trabajo no les llame la atención, pues ni siquiera quieren saber de las personas de color (negros), tanto menos de los animales, por razón de inconsciencia sobre la verdadera esencia de todo cuánto existe sobre el planeta Tierra; su verdadera procedencia y “Naturaleza Suprema”.

Tampoco, en lo que respecta a los porqués de la existencia terrenal de todas las especies, sus roles inequívocos, como la misión de expresión divina a cargo. ¡Que pena tanta ignorancia entre los hombres actualmente!

El maltrato y la tenencia irresponsable con relación a los animales entre nosotros, nuestros hermanos menores, es una realidad patente en Dominicana, que debe ser denunciada con oportunidad, tal y como se recomendara en la precitada y loable siempre publicación, sobre el debido cuido y protección hacia aquellos.

Así lo hizo a través de la misma, hasta con cierto dejo de ruegos, Marilyn Lois Liranzo, encargada de la Unidad de Protección Animal de la Procuraduría General de la República, que trabaja en coordinación con la Procuraduría Ambiental, según lo expresado.

En el tenor de lo que se trata, resultaría muy aconsejable el que esa Ley 248-12 sobre Protección Animal y Tenencia Responsable, a que ella hiciera referencia, recibiera la mayor difusión posible a través de los medios de la prensa local, a los fines de que mucha gente aquí se edifique sobre su contenido, estipulaciones incluidas, sanciones, puniciones, etc., para que  se reflexione en cuanto a cómo se debe proceder respecto de esas criaturas acompañantes de los hombres, y que cuando alguien se torne infractor de dicha nueva normativa, no se alegue ignorancia después, ante cualquier denuncia o sometimiento a que en razón se proceda. ¡Ya no es la vieja legislación, con bastantes lenidades!

También, para que se esté consciente de que: “Ministerio Público emprenderá acciones contra los que violen Ley de Protección Animal”, titular bajo el cual se hizo pública la advertencia siguiente:

“Los fiscales de los diferentes departamentos judiciales del país perseguirán y someterán a la justicia a todas las personas que violen la Ley 248-12, de Protección Animal y Tenencia Responsable, la cual castiga con prisión y multas, el maltrato y la crueldad cometida en contra de los animales”.

“Así lo dispuso el procurador general de la República, Francisco Domínguez Brito, al tiempo de anunciar la creación de un espacio de atención permanente para darle seguimiento a esa problemática”. (Medio: “HOY” digital, del 6-5-13).

De igual forma se consideraría, el que toda la ciudadanía se acoja a la exhortación hecha por la señora Marilyn Lois Liranzo, en términos de que sean denunciadas de inmediato las infracciones a la referida ley; o sea, cuando se observen vejaciones, maltratos, abusos hacia los animales, etc., que en innúmeras ocasiones dispensa la población a los mismos. ¡Qué se anote la línea telefónica informada para tal propósito: (809) 480-9348!

Finalmente, valdría la pena transcribir aquí una de las razones a que hizo alusión la señora Lois Liranzo, inductora hacia el debido trato que merecen los animales, amén de los servicios que prestan al ecosistema: “así como por la lealtad que generalmente muestran hacia sus semejantes y gran sentido de solidaridad, que los diferencia, a su juicio, de lo “animales de dos patas”.

Rolando Fernández

La mejor compañía en muchos momentos: un perro

No importa que sea de raza,  con pedigrí o no, como se dice; tampoco, falto de higiene, “viralata”, etc. Es lo más sincero, fiel sin parangón, compañero de verdad. Cuida a su amo, y lo conforta emocionalmente a su manera.

Olfatea y detecta con prontitud los estados depresivos, y de inmediato se acerca a su dueño, moviendo el rabo, y pasándolo sobre las piernas o los pies del que auxilie en ciertos momentos de ansiedad, preocupación, o cualquier otra circunstancia negativa.

Son diversos los casos en que algunos canes han salvado a personas de infartos al  miocardio, o accidentes cerebro-vasculares, al acercarse a ellas en son de manifestarles su cariño y afecto, debido a lo cual han logrado restarles algún tipo de presión, estrés, o desequilibrios de orden emocional; han desmontado cuadros depresivos, preocupantes y degenerativos.

Por alguna razón que escapa al entender de la mente humana, los perros son los hermanos menores de los hombres más cercanos a la especie; se adaptan y conviven con la gente como un miembro más de la familia.

Hasta duermen con sus amos, si es que se lo permiten. Son quienes más comprenden el lenguaje de los niños. Les proporcionan cariño a ésos en abundancia, al tiempo que los protegen y cuidan mejor que cualquier otro irracional.

Cuando el amo enferma no se le despegan de la cama. Si está recluido en alguna cárcel, se mantienen merodeando por los alrededores, y algunos hasta esperan por su salida.

En el caso de algún internamiento en  clínica  u hospital, desde que advierten la ausencia en la casa de su protector, buscan la forma de desplazarse en la dirección que sea, en pos de encontrarle, y hasta penetran al lugar en que se encuentre, si es que lo dejan.

Un ejemplo de esto último es una pequeña reseña que aparece en el medio “El Día”, del 16-2-15, página 32, “Perra se escapa >, Para ver su dueño en hospital”. Sissy, es una perrita Schnauzer que recorrió 20 calles para llegar al hospital Medical Center, en Iowa, donde está ingresada su dueña. Un guardia de seguridad no le permitió acceder a la habitación donde está Nancy Kranck, su dueña de 64 años, que llevaba dos semanas ingresada”.

¡Ojo con los perros!, que son domesticables en su gran mayoría. Nunca ésos están demás en las casas-viviendas de los humanos, pues acompañan con fidelidad, confortan emocionalmente a sus amos, y sirven para algunas otras cosas además, en el orden de lo esotérico.

Rolando Fernández

A los perros debo el escribir hoy

Para muchas personas, probablemente tal aseveración resulte chocante. Y, hasta me podrán continuar diciendo, “mira por lo que éste se preocupa”.  Pero, pueden estar seguros aquellos que tengan la posibilidad de leer este testimonio, que esa es la verdad monda y lironda.

Los animales todos, son de gran significación para mí.  Les entiendo nuestros hermanos menores. Y, por tanto, siempre he creído que se les debe dispensar un trato afable y adecuado. Nunca, de deprecio y marginación alguna.  Perciben las actitudes de esa naturaleza, y las sufren, tal cual los mismos seres humanos. Al igual que advierten los estados depresivos en sus amos, y tratan de reconfortarles a su manera.

Eso que decimos, con respecto a querer externar hoy públicamente pareceres a través de un medio de comunicación, es la realidad.  Y es que, si no hubiese sido por una penosa situación que nos afectó bastante emocionalmente, debido al maltrato y desprecio vulgar de que eran objeto unos pobres canes callejeros que procuraban conseguir algún tipo de alimento, como protegerse del Sol y las lluvias en los parqueos del residencial en que vivimos, por parte de personas desaprensivas y acomplejadas, que creen que sólo ellos tienen derecho a subsistir, no pensamos que hoy estuviéramos tratando de escribir artículos de opinión, sobre tópicos diferentes.

Realmente, nuestra inclinación por los animales, amén de la situación descrita, que culminó entregando los desvalidos perros a una institución, dizque protectora, a escondidas de este humilde servidor, que era el único residente que se preocupaba por los mismos, suministrándoles comidas, medicamentos y hasta servicios veterinarios, pues además de requerirlos y proceder, ellos ofrecían su concurso, en términos de seguridad nocturna, a los vigilantes pagados del residencial, fueron las causas originales que nos movieron a escribir en principio; y obviamente, nos trazaron las pautas por donde comenzar.

Fue algo que vino a rebosar la copa, yo diría,  de la indignación e impotencia, ante los malos tratos, los atropellos,  la vejación y los abusos que se verifican en este país con respecto a los diferentes tipos de animales domésticos que tenemos, situación esa que se verifica a la vista de todos, en nuestras calles avenidas, sin que nadie se preocupe realmente por tratar de subsanar esas actuaciones tan deprimentes que se dan, como son los casos de los indefensos perros que matan los carros y motores, al igual que los caballos y burros que usan como medio de tracción, recibiendo latigazos y palos, cuando les asfixia el calor y sienten sed; o, les afectan los gases que despiden los vehículos, en medio del caótico trafico que nos gastamos los dominicanos.

Es por ello que, los primeros artículos que escribiéramos se correspondían con esa problemática, titulándolos “Aquí que copiamos tanto”, e iniciar haciendo referencia al cuido y defensa de los animales que caracteriza a los norteamericanos, e invitando a su emulación en este país, ya que sólo de ellos copiamos las cosas malas, cuando por alguna circunstancia tenemos que ir de paseo, o vivir en aquel territorio.

El segundo artículo, “A los hermanos congresistas”, versó sobre la solicitud debida, como la necesaria modificación y actualización de la Ley No.1268, del 23 de octubre de 1946, que trata sobre maltratos y protección a los animales, vigente aún; pero que, como se observa, data desde hace demasiado tiempo, y  sus estipulaciones, como las penalidades prescritas para sus violadores, resultan para esta época, de poca consideración, y muy benignas, respectivamente.

También se incluía la petición, de que se contemplara en la misma la adhesión total en el país a la Declaración Universal de los Derechos del Animal, adoptada por la Liga Internacional de los Derechos del Animal y la Ligas Nacionales, aprobada a su vez por la UNESCO y la ONU, cuyo artículo 1ro., reza:

“TODOS LOS ANIMALES NACEN IGUALES ANTE LA VIDA Y TIENEN LOS MISMOS DERECHOS A LA EXISTENCIA.”

 

¡Lástima que hasta ahora nada se haya hecho!

 

 

Evidentemente, esa preocupación e iniciativa nuestra tenían que contar con las orientaciones y ayuda de personas ligadas a los medios de comunicación, ya que desconocíamos totalmente ese ambiente profesional.

Conversando, y tratando de publicar entonces, ese primer artículo en algún medio de comunicación, fue cuando tuvimos la oportunidad de conocer al señor Orlando Miguel, director de COINTER, persona muy colaboradora y diestra en el área, quien nos ofreció  amable y desinteresadamente su ayuda, y nos trazó algunas pautas a seguir en cuanto a la redacción periodística y la confección de los títulos para encabezar los trabajos.

Nos enteramos además, sobre el sentido de colaboración,  ayuda y receptividad que caracteriza a la señora Cosette Bonnelly, directora ejecutiva del prestigioso periódico “Nuevo Diario”, en su versión digital, a quien osamos dirigirnos, pidiéndole, después de su consideración obvia, incluir en el medio aquella publicación, encontrando en ella el favor de su valiosa atención; y, comprobando también, la amabilidad peculiar que le distingue, según las informaciones que recibiéramos.

Hoy, queremos agradecer  públicamente, tanto al señor Orlando Miguel, que nos orientó debidamente; al igual que a doña Cosette Bonnelly,  por el concurso y apoyo brindados, como principiante y osado articulista, amén de permitirnos, cortésmente, la oportunidad de participar como colaborador de ese preciado medio de comunicación que ella magistralmente dirige; y no menos, a su director general, en su edición impresa, Don Persio Maldonado.

Gracias sentidas al Todopoderoso, ante que nada, como a ellos después,  y a los inolvidables canes, Nico, Lolo, Bronco, Bella y Shao, cuya partida, y posterior  ausencia,  sirvieron  de bujía  inspiradora inicial,  en nuestra de decisión de comenzar a escribir artículos de opinión, cuyo número de los hasta hoy publicados, sobrepasa los mil.

Gracias reiteradas, a Orlando Miguel,  como a doña Cosette, y  don Persio Maldonado.  ¡Que Dios les bendiga siempre!

: Rolando Fernández

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¡Los que mejor responden!

Los animales domésticos, principalmente los perros y los gatos, no importa si tienen pedigree, o son “viralatas”, como de común se les llama a los callejeros, que no encuentren dolientes que los ampare, contribuyen a fortalecer el altruismo que caracteriza a las personas, a través del amor y el cariño que siempre manifiestan a su manera. ¡Eso es indiscutible!

 

Aunque irracionales, se reportan cada vez fieles y leales, no sólo con sus amos propiamente, sino también con todos aquellos que tratan de ponerles atención, y protegerles además. Normalmente se muestran muy agradecidos.

 

Con los seres humanos, en cambio ocurre casi por completo lo contario: van apagando lentamente la loable actitud, aunque parezca mentira. De ordinario se dice que son como los gatos, porque se entiende que estos últimos no agradecen, lo cual no es cierto. Sí que los mismos tienen una manera característica y distinta, cuando se les compara con relación a los perros, por ejemplo, de corresponder al trato que se les dispensa.

 

Lo que hacen las personas con regularidad, es ir matando con sus actitudes de indiferencia e ingratitud, toda inclinación altruista, los deseos de brindar servicios incondicionales y de colaboración en su favor, que requieren con normalidad de algún gesto de agradecimiento “motivante”, aun sea una agradable sonrisa, o la expresión de palabras sentidas, jamás tintadas con visos de sabiduría malsana, o muecas de falsedad.

 

Esos animales, aun las condiciones ya no lo permitan por alguna circunstancia, el continuar tendiéndoles las manos, sea para alimentarles o acariciarles, nunca olvidan lo antes recibido, y expresan en sus formas el sentimiento de gratitud.

 

En cualquier momento que sea, mantienen siempre en su olfato el aliento particular de los hombres que son sus amigos, y les aman. Incluso, captan cualquier estado anímico depresivo que les pueda estar afectando, y tratan de darles apoyo emocional, lamiéndoles, moviendo sus colas, y restregándose en sus extremidades inferiores, como una forma de decirles: estamos aquí para dar apoyo.

 

Lo que se da dentro de la especie humana, cuando alguien  deja de recibir por la razón que sea, incluido un posible despertar por parte del dador, para no seguir dejándose coger de tonto, por lo que el receptor de favores ya no se puede seguir aprovechando de uno de sus congéneres, es volverse apático, indiferente e imparcial, y de inmediato se produce un cambio de imagen respecto del que fuera siempre generoso, el que tendía la mano sin ninguna contemplación; pero que, ya no puede, o hizo conciencia de alguna situación anormal vividora, que borró el sentir dadivoso acostumbrado.   

 

Todo se olvida entonces. El que ayer merecía elogios, admiración y un supuesto afecto, de repente se torna lo peor, en objeto de críticas constantes. Duro, agarrado, mal amigo,  entre otros calificativos, que en lo adelante se estilarán.

 

Es por lo expresado que, jamás se debe ser indiferente con los animales, de ese tipo, o de ninguno que sea inofensivo. Siempre hay que servirles con amor y protegerles hasta donde sea posible. No hacerles sentir mal, pues también estos sufren como los seres humanos. Y cualquier maltrato en su contra, reporta luego efectos punitivos, aun muchas personas no lo crean.

 

Ellos nunca defraudan. Son los hermanos, aunque menores en especie, más fieles y sinceros acompañantes. Contribuyen con el acrecentamiento del altruismo en la gente. Los hombres (general),  en cambio, le van haciendo desaparecer como por arte de magia.

 

Aunque resulte algo atrevido y feo decirlo, los animales agradecen más que muchísima gente. Claro, se debe servir a cualquiera, sin discriminación de especie terrenal, partiendo de que, “Todos somos uno”, como reza una primera verdad sagrada; y que, dondequiera que se tiene vida, ¡hay un fragmento de la Conciencia Suprema, está Dios!

 

 Rolando Fernández

 

 

 

 

¡Ay de aquellos!

Sí, de esos envalentonados ignorantes que se creen la gran cosa, porque durante las corrientes de vida que cursan, se les ha permitido disfrutar de ciertas condiciones económicas y sociales.

 

Jamás reparan los mismos, en que todo se les puede derrumbar de repente; que hasta  una simple bacteria de origen aún desconocido para la ciencia,  puede comenzar súbitamente, y sin explicación alguna, a destruirle el propio organismo físico, creando un escenario calamitoso, de donde lo más probable es, ¡que no se regrese!

 

Dejan muy de lado el pensar en que, siempre hay que sembrar para recoger luego; y que, los tipos de frutos a segar en el futuro, siempre estarán en función de los procederes que se asuman hoy; que los mismos entonces, tendrán un tintado característico, como reflejo de la humildad, el amor incondicional, o del egoísmo desaprensivo, aun no sea total, que envuelvan las acciones humanas que se hayan llevado a cabo.

 

¡Ay de aquellos!, que se atreven a desafiar los mandatos de la Madre Naturaleza; que desconocen por lo regular cuán pesadas suelen ser sus respuestas, una vez que nos inclinamos por retarle; por hacer caso omiso a sus prescripciones.

 

Muchos son los que ignoran que, el Universo no sólo fue creado para ser habitado por los seres humanos.  Esos solamente constituyen una especie más.  Los hombres (general) tienen  compañeros inferiores en  términos evolutivo, con una misión también divina a cargo, que se deben cuidar y proteger con esmero: los animales, para que sigan avanzando en el sendero, y logren escalar hasta la posición en que hoy se encuentra la gente, que por igual, perteneció a ese conglomerado con anterioridad.

 

¡Ay de aquellos!, desconocedores por completo de la verdadera esencia de las personas, como de todo cuanto existe sobre el planeta Tierra – espiritual -; pues, tampoco se preocupan por indagar sobre ella, y siguen con sus desaprensiones acostumbradas.

 

Se conforman nada más con lo que hay; lo logrado, como lo apetecido en el sentido de las cosas materiales, sin reflexionar en lo efímeras que pueden ser; en que todo lo obtenido de esa índole, luego se convierte en mera vanidad, y gran aflicción de espíritu, como bien está señalado por el Predicador, en el libro de Eclesiastés, Sagrada Biblia.

 

En el tenor del amplio sentido de lo que aquí se trata, y particularizando ya sobre el aspecto de los animales, ¡se es más irracional que ésos!, cuando a tales indefensas criaturas se les mata sin piedad alguna. También, se le debe considerar, tan homicida, criminal malvado, como aquel que lo hace a una persona, que merece ser condenado a prisión.  La gente tiene mayor capacidad de defensa.  Los cuadrúpedos por regular, siempre están a expensas de su suerte, de que los humanos se conduelan de ellos, ¡como tiene que ser!, eso último.

 

Por tales motivos, el que no es capaz de cuidar y proteger a los animales, segándoles la vida, muchas veces por descuidos, desamor, o crueldad hacia los mismos, por igual merece ser procesado judicialmente, y encarcelado, con penas de consideración, para que otros inconscientes obtemperen y cambien de actitud.

 

Evidentemente, el deleznable proceder de maltratar y quitarles la vida a los animales, que no son para la dieta humana (discutible eso último), evidencia muy poca expansión de conciencia, en términos de la espiritualidad esotérica.

 

Se desconoce por lo regular, la procedencia humana inmediatamente inferior, procede reiterarse; y que además, el no observar el comportamiento debido con relación a los mismos, genera situaciones kármicas punitivas, a conquistar en lo inmediato, o después, ya sea de manera directa, o a través de algún ser querido muy cercano.

 

El nivel de inconsciencia humana en tal sentido es tan grande, debido a las actitudes egoístas de muchas personas, que hasta se molestan cuando otro congénere se comporta de manera diferente, alimentándoles o proporcionándoles medicamentos; al igual que, facilitándoles atenciones facultativas a determinados cuadrúpedos.  Tampoco les gusta mucho, el que se dé de comer a las aves hambrientas.

 

¡Oh Dios! ¿Por qué ser así?, más irracionales que los mismos animales, a los cuales se les veja,  maltrata, y hasta se les quita inmisericordemente la vida, cuando antes se fue igual que ellos.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

¡Qué frase tan expresiva de una realidad!

“Cuanto más conozco a la gente más quiero mi perro”  (Diógenes de Sínope, según información en la Internet). De las tantas frases que se han acuñado a través de los tiempos, una de las más significativas es ésa.

 

Probablemente, la misma envuelve el mensaje que más a diario se verifica, la ingratitud entre los hombre, cuando se vive interactuando con personas distintas, y a la vez tratando canes, sin importar que sean de raza, con pedegree (pedigrí), ligados, o viralatas, los sin dueños, cuando son objeto del afecto y cariño humano.

 

Los perros están catalogados como uno de los animales más inteligentes; de tener un finísimo olfato, ser amorosos, agradecidos, leales a carta cabal, y poseedores de un instinto solidario increíble.

 

Detectan  hasta los estados de ánimo de sus amos;  y, cuando les  notan estar tristes, acongojados, depresivos, con los movimientos de sus colas, y un lamer constante, como que intentan decirles, “yo estoy contigo”, y en verdad, no se les despegan del lado.

 

Comprobado está que, aunque carezcan de raciocinio total, algo de eso tienen, por su proceder oportuno y loable; más aquellos que, han avanzado lo suficiente dentro de la escala evolutiva de su especie.

 

Algunos, hasta entienden más que ciertas personas; memorizan algunos vocablos humanos, e interpretan las órdenes que reciben con bastante facilidad.

 

Al compararles con la gente, en el marco de la aludida frase, los que más pueden establecer diferencias de ésos, con relación a muchos seres humanos, son aquellos individuos con marcada proclividad altruista hacia sus congéneres, por los comportamientos con que de ordinario son reciprocados, normalmente caracterizados por la ingratitud marcada, y la deslealtad a toda prueba, atributos dañosos y desmotivantes que en los perros muy difícil, por no decir nunca, se observan.

 

Luego, las personas a las cuales se les sirve de manera incondicional, con muy raras excepciones, le van matando el sentimiento altruista a cualquiera. Le inducen a asumir actitudes de indiferencia frente a los demás, por sensible que se haya sido.

 

Aunque feo resulte decirlo, eso no ocurre con los perros. Todo lo contrario, los mismos siempre están dispuestos a reciprocar con los recursos a su alcance: lealtad, solidaridad, y amor, como ellos saben expresar tales cualidades.

 

En los canes, jamás se evidencia ingratitud; en la mayoría de la gente a  cambio, la misma se exhibe más que el recordar. Prima la conveniencia momentánea sobre las cosas.  Cuando ésa deja de estar presente, por la razón que fuere, se olvida todo lo anterior, y de inmediato afloran el resentir y la mala voluntad hacia el que ya no puede, o no le inspira servir, por entender que no se debe.

 

Los perros siempre motivan las acciones humanas en su favor, y hacen que se cumpla voluntariamente con el deber de socorrerles, protegerles, alimentarles, medicarles, etc.; amarles cada vez más, como parte de nuestros hermanos inferiores, o menores, que son.

 

Si reflexionamos sobre el mensaje contenido en la citada frase, y comparamos, podemos confirmar, ¡qué tan cerca de la realidad se encuentra!

 

Rolando Fernández

 

 

 

Un país donde los animales no valen: República Dominicana

A diario aparecen en los medios escritos de la prensa local, pequeñas reseñas “loatorias”, referentes a muchas acciones provenientes de ciertos animales en favor de sus amos, y hasta de niños en peligro.  Entre aquellos, a los que más  se alude son: caballos, perros y gatos.

 

Pero además, se ocupan espacios considerables de los periódicos,  para dar a conocer sobre las distinciones y buenos tratos que muchas personas, dueños o no, dispensan a los animales, cuadrúpedos, y de dos patas, acciones por las que reciben galardones y reconocimientos oportunos, que como es obvio, inducen a proseguir más aun con las preciadas actitudes; ayudan a cultivar en mayor grado, el sentimiento de amor hacia las especies irracionales.

 

Ahora, no sólo lo bueno que ocurre con respecto a los mismos se publica, sino también aquellos tratos deleznables que a veces se dan; y  por los que a  cambio, se reciben amonestaciones severas, como castigos monetarios, y hasta carcelarios, que los imponen las autoridades competentes a los infractores, en diversos países.

 

Vemos por ejemplo, títulos tales como: “Premiados por salvar un perro”, en cuya publicación relativa se destaca la condecoración que recibieron dos policías de la alcaldía local (Londres), con la entrega de la medalla al mérito, “Amor por los Animales”, que otorga la entidad, en combinación con la Sociedad de Protección a los Animales. Además, les dieron libertad por dos días, y un premio en metálico, según se expresa.

 

Otro, “Este está en problemas”.  Lo contrario se narra aquí, referente a un hombre ebrio que conducía su automóvil, y atropelló un gato, por lo que ahora tendrá que ir a los tribunales, en Santiago de Chile, acusado de maltrato animal, corriendo el riesgo de enfrentar tres meses de cárcel.

 

Ambas reseñas aparecen publicadas en el periódico “Diario Libre”, edición de fecha 25-1-13, página 44).   Y que bueno que sea así, para ver si algunos dominicanos reflexionan, y dejan de ser tan crueles y abusadores, en perjuicio de los indefensos animales.

 

Cuando se lee ese tipo de cosas, es que tantos ciudadanos aquí, se sienten estar viviendo en una especie de selva llamada país, poblada en gran parte por animales de dos patas, seudos racionales,  que vejan,  maltratan de manera inmisericorde a los irracionales en verdad, y  hasta los ponen a matarse entre sí mismos, en una acción sádica que sólo merece llamarse, ¡homicidio voluntario!

 

Desconocen aquellos, o no quieren aceptar,  que todas  las especies inferiores que también habitan sobre el planeta Tierra, fueron dispuestas para ser colaboradoras y acompañantes de los hombres sobre el mismo, por lo que se impone reciprocar con ellas.

 

Aquí, contrario a muchas otras naciones, los atropellan, y los matan por gusto, cuando no es que abusan de ellos, explotándoles en actividades laborales, como es el caso deprimente de los caballos y burros, halando carretas cargadas de cuantas cosas se les ocurre montar a sus desaprensivos dueños, incluidos los mismos.

 

No reparan, al ponerles a transitar en medio del tráfico vehicular, hambrientos y sedientos; bajo el candente Sol, a las horas más fuertes del día, y recibiendo latigazos de los usuarios, que lucen menos racionales que los propios animales, a los que sólo se les ofrece el respirar de manera constante, el monóxido de carbono que despiden los vehículos de todo tipo que circulan a su alrededor, con el riesgo de ser atropellados físicamente. Y todo eso ocurre ante la mirada indiferente de las autoridades competentes. ¡Se perdió el sentido de la piedad, del sufrir ajeno, aun sean animales!

 

En este país, sólo se hacen allantes, y alharacas ocasionales, cuando la presión social de algunos ciudadanos sube, con relación al maltrato y los abusos que se dan con los indefensos animales. ¿Cuándo se copiará de los Estados Unidos de América?, desde donde nada más, las peores cosas se importan.

 

De Londres, y Santiago de Chile, que ponen ejemplos, entre otros, en cuanto a la forma en que deben proceder las autoridades de cualquier lugar, con respecto al trato de los humanos hacia los animales. Esas son latitudes, en las que se pone en evidencia un alto sentido amoroso hacia los hermanos menores de los hombres, esas criaturas irracionales acompañantes, dignas de cariño, amor y respeto por sus vidas.

 

Por lo que aquí se observa, en el tenor de lo que se trata, una de las interrogantes que se desprenden sería: ¿Es que muchos dominicanos carecen de conciencia total en ese orden; o que son tan desvergonzados, que esa clase de actitudes tan crueles e impropias, en cualquier contexto reflexivo, nada les importa?

 

Una más que en adición procedería es: ¿Por qué la ley vigente de protección a los animales no se aplica en el país; como tampoco se le hace la requerida modificación “endurecedora”, que  desde hace tanto se impone, y se ha venido barajando, cuyas páginas componentes ya deben estar amarillas, en las gavetas de los archivos de algunas oficinas del Congreso Nacional?

 

¡Los animales también merecen atención congresual! Tienen una misión de Expresión Divina que cumplir sobre el planeta Tierra, aseguran todos los entendidos en asuntos esotéricos. Aunque probablemente, un sinnúmero de personas no crea eso, y les parezca una osadía el que alguien adherido a tal concepción lo diga, fuentes para investigar sobre la temática las hay en cantidad suficiente, ¡y a la mano!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

Los galleros, seudos deportistas, “gallearán” en algún momento

Dicen los que saben mucho, aquellos que han dedicado gran parte de sus corrientes de vida a profundas investigaciones, a la meditación profunda sobre la creación del Universo; al igual que, sobre la razón esencial de todo cuanto existe sobre el planeta Tierra, “que la ignorancia es el gran pecado capital de la humanidad”.

 

Que el desconocimiento humano es el aguijón que siempre induce a las acciones desaprensivas.  Entre ellas, el no reparar en el derecho a la subsistencia que tienen sus congéneres, y demás especies, que disfrutan del ciclo de vida transitorio que le ha sido concedido.

 

De ahí que, no es extraño ver las deleznables acciones en que incurren algunas personas, de poner a determinados animales a pelearse y matarse entre sí; mientras, ellas se divierten, disfrutan de los espectáculos sanguinarios que promueven, para satisfacción homicida, podría llamarse, y hasta procurando por demás, ganancias económicas.

 

La verdad es que, los que así proceden, parecen ser menos racionales que los mismos animales que ellos utilizan como actores principales, para la realización de sus sangrientos eventos,  que catalogan luego como deporte, tal es el caso de los galleros, por ejemplo, entre otros.

 

Y es que, como no saben ni siquiera cuál es su propia esencia, como la finalidad de la existencia física de que disfrutan, es lógico comprender, el que así procedan. No conocen sobre esos aspectos, como tampoco de los efectos que se pueden derivar de las acciones indebidas en que participen.  De ser lo contrario, jamás observarían un comportamiento tal, sobre el que tarde o temprano se les habrá de pasar factura, probablemente en el momento menos esperado.

 

Sería la aplicación inexorable por parte de la Madre Naturaleza de su ley de causa y efecto, a  los que mal han actuado, deleitándose y celebrando a costa del sufrir obligado a que lleven a esos irracionales animales.

 

Recibirán de seguro el mismo tratamiento, la punición correspondiente. Se ensolverán en ellos los mismos sufrimientos causados a esas criaturas, y sus actitudes de crueldad con relación a las mismas. Será de manera muy directa  en sus personas; o, a través de uno de sus seres más queridos, cuando menos lo esperen.

 

Que después no se lamenten, y se pongan a decir, ¿por qué a mi me pasa esto o aquello?; y, hasta culpan a Dios de sus momentos difíciles; en esos, en los que hacen acto de presencia las compensaciones por los actos impropios en  que han participado; debido a las causales sembradas con anterioridad, sin ningún tipo de reparo compasivo. Que tengan presente que,  ¡Dios no castiga nadie; simplemente, recogemos lo que hemos sembrado!

 

Cabría agregar aquí, a manera de complemento que, todos los animales que habitan sobre el planeta Tierra, en sus diferentes especies, les fueron dados a los hombres como compañeros, auxiliares y colaboradores; que cada uno tiene un propósito definido en su existencia; que ninguno está demás, tal cual ocurre con los órganos que componen la economía física humana, y la de ellos mismos también; que por tanto, debemos verles y tratarlos como tales, observando siempre un comportamiento de respeto y consideración hacia ellos.

 

Aunque a muchos les parezca extraño, lo que vamos transcribir aquí,  respecto a una especie de la cual nadie quiere saber por su hediondez y “feura”, sí que parece muy lógico y razonable a nuestro entender.

 

Nos referimos a la cucaracha, sobre la que dice Bárbara Marciniak, en su obra “Tierra, Las Claves Pleyadianas de la Biblioteca Viviente”, lo siguiente:

 

“Son una especie bastante resistente que ha sobrevivido a unos cambios energéticos, han aprendido como transmutar las toxinas una y otra vez.  Ellas están aquí para reclamar vuestra atención sobre cosas que no son precisamente elegantes – cosas que están dentro de vosotros y que necesitan exteriorizarse -. ¿Qué hay dentro de vosotros que os está dando guerra? Y, ¿cómo os podéis volver más resistentes como especie?”

 

Entonces, amigos lectores, estamos hablando de una de las especies más insignificantes  a juicio de los humanos; y, observemos la importancia que tiene. ¿Qué se podría pensar luego, con relación a todas las demás, aun sin conocerlas, y la forma en que deben ser tratadas?

 

Fíjense en que hoy, se está hablando en nuestro país sobre la posibilidad de recibir beneficios económicos en la exportación y comercialización de alacranes que son endémicos de la región sur, para la elaboración de un medicamento anticancerígeno a partir de esos, por considerarse que los mismos proporcionarían elementos activos que tienen propiedades curativas para esa terrible enfermedad terminal. (Véase periódico “HOY, del 2-7-12, página 14B).

 

Es una lástima entonces, que en este país muchos ciudadanos sólo estén pensando en las peleas, y matanzas de gallos entre sí; que no hayan reglas claras y legislaciones apropiadas con respecto a  la preservación y cuidos de todos nuestros animales, gracias a la dejadez que hasta ahora había observado el Congreso Nacional que nos gastamos los dominicanos, en al sentido, interesado nada más en la aprobación de leyes inaplicables, la autorización de préstamos con el exterior; y por supuesto, en aumentar la gran alcancía estatal, con el producto de los impuestos fiscales, en base a los sacrificios obvios a que es sometida  la población en general.

 

Por suerte, parece ser que en estos momentos, ese primer poder del Estado nuestro está por reivindicarse, con la aprobación final del proyecto de Ley de Protección Animal y Tenencia Responsable, ya conocido y aceptado por el Senado de la República, enmendado; aunque, aún no ha recibido la aquiescencia de los diputados en esta segunda fase, del que fuera la iniciativa original.

 

También lucen quedar pendientes, precisamente, los asuntos relativos a las “lidias de gallos”, que no deberían ser exceptuadas jamás dentro de ese marco jurídico; ya que de hacerlo, le restarían bastante brillo a la susodicha nueva normativa regulatoria.

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

¡Magnífico!, ya era tiempo

Gran satisfacción nos causa el conocer sobre la aprobación por parte del Senado de la República, la semana pasada, del proyecto de Ley de Protección Animal y Tenencia Responsable, luego de algunas discusiones respecto de determinadas enmiendas consideradas pertinentes, e introducidas a la iniciativa original, con la participación de instituciones relativas, y de personas voluntarias que dedican su tiempo también a la protección de los animales.

 

El susodicho proyecto de ley, según la reseña publicada en el periódico “Listín Diario”, del 19-7-12, retornaría ahora de nuevo, enmendado, a la Cámara de Diputados, donde fuera aprobado en noviembre del año 2011, luego de ser introducido por el diputado Elpidio Báez.

 

Y desde allí se espera, sea reenviado al Senado, con la aquiescencia debida, a los fines de su aprobación final, y remisión dentro del menor tiempo posible al Poder Ejecutivo, para su promulgación necesaria, como bien lo expresara la Dra. Marilyn Lois Liranzo, protectora destacada de la especie, y quien ha estado muy de cerca participando en el asunto de que se logre obtener la nueva legislación.

 

Para nosotros en particular, de alcanzarse definitivamente la aprobación de esa nueva normativa legal, sustituyendo la obsoleta  ley 1268, del año 1946, sería un gran triunfo para todos los que hemos venido formando parte de esa gran cruzada amorosa y justiciera, en favor de los considerados hermanos menores nuestros, y compañeros de todos los hombres sobre el planeta Tierra.

 

Sí, de las personas preocupadas en gran medida por la protección o salvaguarda, y cuido total aquí de nuestros animales, dentro de las cuales nos incluimos,  por haber estado siempre identificado  con esa causa.   Incluso, a la misma agradecemos el habernos iniciado como pichón de articulista en los medios digitales de comunicación.

 

El observar esa situación de maltratos tan deprimentes a muchos de nuestros desamparados y hambrientos perros callejeros; al igual que,  ese trato desconsiderado y abusivo en contra de los serviciales  caballos, arrastrando carretas supercargadas,  bajo un candente Sol, recibiendo latigazos, muertos de sed, asfixiándose con el monóxido que despiden los vehículos, entre los cuales les hacen transitar de manera inmisericorde, constituyó para nosotros una especie de aguijón que nos inclinó por escribir, y tratar de publicar, un primer trabajo, procurando concienciar a mucha gente sobre el particular, y llamar la atención de nuestros legisladores, a los fines de que tomaran carta en el asunto.

 

Ese primer artículo lo intitulamos, “Aquí que copiamos tanto”, con el propósito marcado de inducir y despertar entre los dominicanos un interés de orden emulatorio, con relación al trato y cuidos que se les dispensa en los Estados Unidos de América a los animales, con drásticas medidas de punición, respecto de aquellos que no observan las normativas establecidas en tal sentido.

 

Por suerte, o designio más bien, ya que nada es accidental en esta vida, nos encontramos con la mano amiga, y el concurso oportuno de doña Cosette Bonnelly, Directora Ejecutiva del medio digital “Nuevo Diario”, quien  nos publicó el citado artículo, constituyendo éste la puerta hacia un sinnúmero bastante amplio ya de publicaciones, sobre esa, y otras diferentes temáticas más.

 

Gracias a don Persio Maldonado, Director General del medio, y a doña Cosette, nos iniciamos en la actividad articulista, y hemos continuado publicando trabajos de opinión, no sólo a través del citado periódico digital, sino también de otros, cuyos directores  nos han tendido la mano en adición, y nos han permitido por vía de ellos, el tratar de aportar algo de lo que hemos logrado aprender, a la sociedad nacional, en nuestra condición de asiduo lector, y profesor universitario, obligado a investigar. ¡Nuestro más sentido agradecimiento a todos!

 

Pero, volviendo de nuevo a los animales, y nuestra preocupación por ellos, que fue la  bujía inspiradora inicial; como, de cara al proyecto de ley que ahora cursa en el Congreso Nacional, “Ley de Protección Animal y Tenencia Responsable”, ¡ojalá!, que en esta ocasión el asunto pase de manera definitiva, para bien de esa tan maltratada especie, y tranquilidad emocional de muchas personas concientizadas que aquí tenemos, que reparan en, y sufren también, los maltratos de que son objeto esas indefensas criaturas.

 

 

Rolando Fernández