¿Qué se prueba con las pruebas?

La práctica anual aquí, de pretender medir la formación académica lograda por parte de los estudiantes de educación media y secundaria, a través de las llamadas pruebas nacionales, es un procedimiento de evaluación que se viene  aplicando regularmente, con el que no se acaba de convencer a nadie sobre su efectividad, por la forma poco sopesada en que se maneja.

Por más cuestionamientos que se le ha hecho, como sugerencias cursadas y recomendaciones, en pos de que se le introduzcan cambios tendentes a la eficientización del modelo, para que esté más a tono con la cultura estudiantil dominicana, y los niveles de deficiencia y limitación con que trabajan algunos centros educativos nacionales, principalmente los del sector público, entendemos que es muy poco lo que se ha procurado hacer.

Se sigue navegando en el mismo río; impartiendo bajo los mismos formatos de aplicación, y corriendo los mismos riesgos de prácticas indebidas, en relación con dichos exámenes; con facilidades de obtener copias de sus ejemplares de forma previa, y estudiar solamente el material incluido, con el concurso y orientación de muchos profesores, que muy bien les remuneran algunos padres de los alumnos. Y, ni siquiera así, un gran porcentaje logra pasarlos; consiguiendo aquellos que los aprueban, calificaciones mínimas.  Esperemos los resultados de nuevo, esta vez.

Pero además, lo que pueden cruzar esa barrera rutinaria requisitoria, demuestran su ineptitud y lagunas alarmantes que arrastran, cuando comienzan a cursar estudios a nivel superior, poniendo en evidencia  la incapacidad que les afecta para tales propósitos, y denotando que tampoco saben leer, en  baja o alta voz, escribir de manera legible y con sentido, como descodificar conceptos, por simples que sean;  mucho menos, tener dominio sobre operaciones matemáticas de carácter básico-general, imprescindibles en cualquier área de aprendizaje.

Luego, es evidente entonces, que esas pruebas lo que sí prueban es, la forma ineficiente en que viene operando el sistema educativo básico nacional, en sus respectivos grados, con repercusiones marcadas a nivel de los estudios superiores que se cursan después; como el cumplimiento a medias de los programas correspondientes a las asignaturas-base que se deben impartir, y una inadecuada supervisión por parte de las autoridades competentes.

Eso, es lo que dice la mayoría de los bachilleres egresados de escuelas y colegios anualmente en el país, lo cual no es limitativo al sector público de la educación nacional, sino que abarca también a un amplio segmento del área privada, sólo comercializada en gran medida. Y, ahora, estamos hablando de educación virtual; ¡que sueño más hermoso!

En ocasión del denominado “Día del Maestro”, que debería ser del Profesor, por la presente circunstancias, coincidiendo con las pruebas nacionales que se vienen impartiendo actualmente, cabe hacer referencia a una publicación que hace el periódico “Listín Diario”, de fecha 29-06-2010, contentiva de un loable y romántico  mensaje, con relación a la enseñanza y sus principales actores, maestros y maestras, tal como los definen en ésa.

Decimos “romántico mensaje”, porque incluye todo lo que debe ser en el ámbito académico. Pero, ocurre que,   “del dicho al hecho, hay mucho trecho”, tal cual reza un refrán popular; y, como no hay duda, se verifica en nuestra Nación.

Indudablemente, esa es una de las labores más meritorias, cuando se lleva a cabo con abnegación y el desinterés mercurial debido, en favor de todos nuestros hermanos congéneres, en necesidad de aprender.  Muy bello ese pensamiento incluido en el trabajo de prensa, “Enseñar es un acto de amor y quien educa inculca destrezas, conocimientos, valores”.  Una gran verdad.

Ahora, a manera de colofón, deseamos transcribir finalmente, las palabras de una docta dama docente, la señora Francisca Ramírez, con 54 años de ejercicio en el sacerdocio, que sería la mejor forma de llamar esas labores, contenidas en la reseña periodística señalada anteriormente, por la alta significación de lo que a través de las mismas, élla manifiesta y recomienda; obviamente, a partir de su experiencia.

“Ser maestro y profesor no es lo mismo.  Para ser maestro hay que sentirlo, hacerlo de una manera desinteresada.  Profesor puede ser cualquiera.  Maestro se nace, profesor se hace”.

Por otro lado, esta distinguida maestra, exhorta a los demás de su clase, diciéndoles, en la conmemoración de su día, “Creo que es necesario volver  hacer énfasis en la formación ciudadana y patriótica, retomar la cartilla de moral y cívica para que se logre inculcarles los valores esenciales a los futuros ciudadanos y así garantizar disciplina y orden social”.

Reparemos, todos los llamados a servir de una forma u otra, en la actividad docente, sobre esas valiosas expresiones de doña Francisca; principalmente, en las primeras.

El autor es profesor en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

 Rolando Fernández

Lo intelectual aquí pasó de moda

Es una lástima el tener que admitir públicamente que la intelectualidad ya no vende en este país; que es una de las muchas cosas que se han echado por la borda, para dar paso a la mediocridad que se esconde detrás de un saco y una corbata, y lujosos vestuarios femeninos, como a la mediatización interesada de cualquier índole.

Ver programas televisados de producción nacional, u oír los que son radiados, en sus diferentes géneros, reparando en las primacías generalizadas que se discriminan para sacar al aire, evidencia claramente, que ya los medios de comunicación de masa, en su mayoría, sólo se utilizan para alienar a la población y de servir como caja de resonancia de los intereses económicos y políticos, regentes en los tiempos de que se trate.

Muy cierto es, que tanto los medios radiales como los televisados, ya no dejan espacio para uso de los reales intelectuales con que cuenta la República, mismo que a los analistas racionales y críticos letrados que tenemos de sobra. 

Todo ha pasado a manos de seudos periodistas, comunicadores y presentadores improvisados, que hacen las veces de “todólogos”, y hasta de “disparatólogos” en ocasiones, pues osan comentar y emitir opiniones sobre asuntos intrincados de toda naturaleza que, por sus enfoques dejan entrever el poco manejo de los temas que abordan alegremente.

Aquí se da el caso que,  cualquiera con acceso a un micrófono o cámara de televisión, se atreve a opinar sobre economía, política, historia, religión, sexo, etc., sin el menor rubor; al igual que preocupación de que se catalogue de disparatero, o repetidor de criterios ya vertidos por otros, con aptitudes para hacerlo.

Lamentablemente, la pantalla chica viene siendo muy mal manejada en esta Nación; se  circunscribe a banalidades informativas del diario vivir; siempre lloviendo sobre mojado; analizando las mismas situaciones en diferentes canales.  Claro que, según soplen los vientos,  se habrá de opinar a favor o en contra.

Los otros tipos de presentaciones diversas, en verdad muy poco aportan a la sociedad dominicana, por su esencia, visos demagógicos y ribetes de ineptitud; politiquera (no política, en el orden científico), deportes, cocina, espectáculos  de  bajo tono, en cuanto a lo moral, y hasta mal logrados. Uno se pregunta con preocupación,  ¿aquí parece que  ya se perdió todo control?  De igual forma, y a manera de ejemplo, ¿se aprenderá a cocinar por televisión?; ¿o sólo es una manera de vender imagen, con los patrocinios comerciales que logran las productoras?

Muy cierto es que la televisión dominicana luce como una sala de teatro, en la que participan muchos actores y actrices, pagados por empresarios y políticos.  A propósito de eso dice Amparo Chantada, con mucha razón, en un artículo publicado en el periódico Hoy, “Los presentadores de información son más actores que periodistas, enfatizan, dramatizan, vociferan, se toman una aspirina en medio de la tragedia y llegan hasta llamar por celular, puro teatro en vivo”. Y eso, que se obvió hablar en el trabajo, de los interactivos pagados que llaman a los programas.

Sin temor a equivoco se podría decir, que el intelectualismo, la capacidad de análisis, el abordar temas con agudeza y precisión, por gente con aptitudes verdaderas, ya son cosas pretéritas,  muy escasas aquí; que veamos personas sin apasionamiento político, orientadores reales de la ciudadanía,  con mentalidad independiente, y jamás,  objeto de utilización, como  cajas de resonancia de intereses particulares, pasó todo de moda en este país.  Claro, algunas excepciones se ven aún. TENEMOS QUE CUIDADARLAS.

 Rolando Fernández

¡Educación virtual aquí!; un sueño

Parece ser que los promotores internos, como los externos, de ese moderno modelo de enseñanza “online” en la República Dominicana, carecen de muchas informaciones, respecto de cómo se ha venido manejando la educación básica, secundaria y superior en este país durante los últimos años;  la calidad, como las aptitudes de los principales actores inherentes.

El tratar de introducir esa forma tan avanzada  de aprendizaje en esta Nación, y que resulte efectiva, luce como que un sueño; una osadía que, aunque loable por la intención de desarrollo educativo a que se aspira, sin reparar en los aprestos mercadológicos envueltos, que obviamente los hay también, podría reportar mayores resultados negativos que positivos en estos momentos, debidos a las condiciones tan cuestionables que ha venido ostentado el estudiantado dominicano durante los últimos tiempos, a nivel de cualquier área educativa.

Evidentemente, todo va a depender al final,  de los reales propósitos   que se tengan, en términos de logros presupuestados. Ahora, lo que sí podría afirmarse es que,  muy pocos  aquí con suficiente nivel de experiencia docente, preocupados en realidad por la formación del relevo generacional en curso nuestro,  estarían conteste con una modalidad o sistema de educación virtual, según lo planteado en “XI Encuentro Virtual Educa”, celebrado recientemente en el país, bajo las circunstancias actuales; sin la plataforma requerida, el sentido de responsabilidad estudiantil pertinente, y la concienciación necesaria, sin importar grados que se cursen.

Hay que estar directamente envuelto en el asunto, lidiando con alumnos dentro de un aula, universitaria fundamentalmente, que es donde se muestran los conocimientos de formación previa lograda, y el lugar en que el docente puede recoger las evidencias persuasivas, respecto de lo que desea el discipulado bajo su control.

Si durante los estudios presenciales en campus y aulas, las labores profesorales se tornan más problemáticas y frustrantes cada vez, por el comportamiento irregular, displicente,  e inconsciente de los estudiantes, amén de las deficiencias básicas alarmantes que arrastran, sin disposición de reconocimiento, actitud preocupante, o rubor alguno, ¿qué sería cuando “solos” se deban formar efectivamente, a través de ese hermosísimo formato virtual  que se pretende introducir?; ¿qué podría salir de ahí?; ¿alguien capacitado?; difícil.

Con todo el respeto que nos merece el grupo de organizadores y participantes de la actividad,  “XI Encuentro Virtual Educa”, llevado a cabo la semana próximo pasada, bajo el lema “una nueva educación para una nueva era”, incluyendo al ministro de Educación de la República, humildemente externamos  nuestra opinión particular sobre la temática de que se trata.

Partiendo de la experiencia que hemos logrado acumular, actuando como docente a nivel superior, nosotros entendemos que un  patrón de enseñanza y aprendizaje de esa naturaleza, utilizando tecnología de punta (Internet, video conferencia, etc.), independientemente de las ventajas promotoras que se puedan plantear o proclamar, sólo debería estar supeditado en el país,  para Estudios de Postgrado (cuarto nivel), por cursar.

Para profesionales en actitud de sacrificio y superación, conscientes de lo que quieren, y de su deber con ellos mismos.  A grados inferiores de formación,  creemos que no prosperaría, por nuestras limitaciones y condiciones.

Primero, tendríamos que crear las bases para eso, en todos los órdenes; y, concienciar a los aspirantes al uso de la modalidad, en sentido de que no sólo piensen en la disponibilidad de equipos, y en la moda, sino en usarlos adecuadamente para estudiar; que formarse satisfactoriamente, se tenga como el propósito principal.

 Rolando Fernández

Degeneración social dominicana.

Mucho es lo que se habla en nuestro país de todo género de violencia social, criminalidad, drogas, atracos, acoso sexual, etc.  Se conectan esos flagelos con una serie de factores, incluyendo como una de sus causas fundamentales, la extradición de muchos convictos dominicanos en el exterior, luego de cumplir las penas que purgan.

Muy lejos se llega en las reflexiones, análisis de todo tipo, puniciones posibles, interdicciones de lugar, y hasta de la necesaria revisión y modificación de las normativas procesales y penales vigentes, para adaptarlas de manera efectiva a las características de la sociedad dominicana y sus instituciones judiciales.

Ya hay hasta quienes comienza a adherirse a una de esas teorías aéreas de los ángeles “predictores” de las ciencias económicas, en la relación con el tema de la criminalidad social, y que se refiere a la asociación de determinadas características biológicas que  predisponen para el “sicariato”, como mercado laboral alternativo, ante las desventajas y limitaciones originadas en sus rasgos físicos y pocas condiciones atribuibles de productividad, para  ocupar otros espacios laborales, con posibilidades de progreso y emolumentos satisfactorios. (Véase periódico The New York Times – Listín Diario, del 22 de mayo del 2010).

Es un nuevo invento de algunos economistas norteamericanos, evidentemente con posibilidades de ponderación, tanto en el marco del llamado “determinismo biológico que defienden los darwinistas”; como ya, hablando propiamente, de las características genéticas predispuestas para determinadas corrientes de vida en manifestación, asociadas con causas, o ser efecto de karma, como dirían los esoteristas, bajo la Ley Natural de Causa y Efecto.

Ahora, una razón fundamental en la que muy pocos reparan con respecto a los altos niveles de degeneración y criminalidad social presentes, no sólo en nuestro país, sino en una gran parte del mundo;  son los efectos nocivos, inductores, alienantes, etc., que se derivan del uso, manejo y aceptación de uno de los inventos de comunicación más importante del siglo XX, la televisión.

No cabe duda de que es un fabuloso instrumento para manejos, cuando así se quiere, que limita la expresión emocional humana, principalmente al caos y al miedo, debido a las tantas escenas de escándalos y violencia que a través del mismo se observan,  Más ahora, con la novedosa televisión por cable, de amplia difusión mundial, que inclina hacia una especie de adición, por las innovaciones y variedad de programas introducidos.

No obstante, las producciones educativas, de real orientación humanitarias, valoración de la vida, preservación de la Naturaleza, y concienciación espiritual, con muy raras excepciones, brillan por su ausencia.

Es  más, los efectos dañosos son tales, que hay quien sostiene que, “la televisión retrasa nuestro proceso de evolución y os limita, especialmente cuando soy niños”; y, agrega que, cuando  se es muy joven, “las impresiones tempranas y la imaginación juegan un papel clave en como se desarrollará la vida”.

Luego, para comenzar a combatir de manera real y efectiva esa cultura de violencia, criminalidad y degeneración, in crescendo cada vez en nuestro país, tan influenciado por otras sociedades, inconsciente y con un alto grado de analfabetismo, lo primero que se debe hacer es normar y controlar,  introduciendo los cánones morales debidos y las limitaciones pertinentes, en la medida de lo posible, las producciones televisadas, tanto nacionales como extranjeras.

Esas, que aquí se difunden sin reparos, y que vienen dañando la mente de los niños y jóvenes adolescentes nacionales.  De lo contrario, ninguna legislación procesal o penal que se modifique, surtirá efectos positivos suficientes.

Aunque sea ya algo estructural, como producto parcial negativo de la llamada globalización en curso, como de ciertos aprestos mercadológicos, que no miden consecuencias funestas para una sociedad, si hay voluntad y decisión en las autoridades correspondientes  nuestras, mucho es lo que se puede lograr en favor de las presente y futuras generaciones, para liberarles de los pésimos pronósticos que se tienen, respecto del porvenir de los tiempos mediatos y futuros para el país.

 Rolando Fernández

¡Que distinto el ayer escolar!

Dentro de poco se celebrará en el país un nuevo Día del Maestro, que más bien debería ser llamado del Profesor, dado que ya las funciones y actitudes de lo que en verdad significa ser maestro, que otrora se intentara emular, han ido desapareciendo con el tiempo, y hoy sólo tenemos profesores, gente que retransmite conocimientos e informaciones de carácter bibliográfico, más que otra cosa.

El maestro, amén de lo que enseña,  es aquel que  constituye el  ejemplo a seguir, el mentor a emular, por el comportamiento humano que observa dentro y fuera de las aulas; su responsabilidad, abnegación y disciplina a carta cabal, cosas con las que también modela, de forma indirecta, la personalidad del discípulo, en términos de las cualidades debidas.

Por eso, en el ayer, el maestro fungía como un padre adicional fuera de casa; es decir, en las aulas. Era respetado por el alumno, y tenía derecho a corregir actitudes irregulares por parte de éste; orientar, y hasta contactar a los tutores biológicos o familiares a cargo, para, de manera conjunta, normar comportamientos.

Hoy, las cosas distan bastante de esa realidad pretérita, y como profesor ya, el docente  sólo se limita a impartir sus clases, retransmitir conocimientos, aprobar y reprobar asignaturas.

Difícilmente, su accionar trascienda el límite de lo académico bibliográfico, por innumeras razones, siendo la primera los nuevos esquemas y patrones de conducta familiar inducidos por culturas muy disímiles con respecto a la nuestra, donde cierta cantidad de deberes y responsabilidades carecen de sentido; concepción errada, que les es transmitidas luego a los vástagos, y que contribuye con  la formación de egos rebeldes, que les hacen denotar después como personas  mal humoradas, las cuales a veces, resultan incontrolables.

Dicen, que para muestra basta un botón; y en el país, precisamente, tuvimos una experiencia reciente muy lamentable, cuando una menor, estudiante de la escuela “Juan Pablo Duarte” de Hato Mayor, trato de envenenar a una educadora, Eddy Yovanny Batista, dándole un juego que contenía la sustancia conocida como Plomerito, que es un ácido que se utiliza para la limpieza de tuberías e inodoros.  Gracias a Dios, esa profesora pudo salvar su vida.

Según las autoridades judiciales de Hato Mayor, existen indicios de culpabilidad que comprometen a la menor imputada, por lo que fue condenada a tres años de prisión, y una indemnización económica  en favor de la educadora víctima; a quien sólo se le atribuye rectitud y corrección, con relación a los alumnos.

Lo más probable es, que la actitud criminal de esa estudiante, sin precedente que recordemos, se derivara a partir de reprimendas correctivas por parte de esa profesora, que a lo mejor entendía estar cumpliendo con su deber; y sin embargo, observemos cual fue el resultado.

Pero además, esa niña se explayó diciendo, cuando supo de la condena, “Debí haberla matado, para que me metieran 30 años, como quiera me condenaron”. Ni siquiera, dio señal de arrepentimiento por el hecho criminal que se imputaba había cometido.

Esas actitudes evidencian claramente su responsabilidad; y dicen, entre líneas, como es que anda la sociedad dominicana; el grado de degeneración que le afecta, y que si no es enfrentado con valentía y decisión, en sus bases, el acaecer futuro que le espera a este país será funesto en todos los órdenes; pues, ¿de qué relevo generacional estamos hablando? ¿Valdrá la pena el sacerdocio de la docencia?, que es por lo que más se hace, ya que aquí ese trabajo no se paga justamente.

Como se ve, la limitación hasta  las enseñanzas bibliográficas solamente, tiene su justificación.  El tratar de extenderse hasta los perfiles personales de los estudiantes tiene sus riesgos; sin importar grados de aprendizaje que se cursen, incluyendo los de nivel superior.

Y, por tal razón, hay que seguir siendo profesor; olvidarse de ser maestro.  Que le cambien el nombre al día, para que haya correspondencia; y, hasta que otros aires soplen en la sociedad dominicana.

 Rolando Fernández

Eso no se ve

La falta de drenaje pluvial en la capital dominicana y pueblos del interior del país,  hace de nuevo acto de presencia; ha vuelto a la carga, para que no la olviden,  en ocasión de las vaguadas u ondas tropicales que nos han estado afectando últimamente; siendo ese un mayúsculo problema, que parece,  luce pasar  desapercibido ante la mirada de las autoridades competentes.

Tantas cosas que aquí se construyen, a veces infuncionales. Innúmeros son los embellecimientos y acicalamientos urbanos, que de ordinario  que se llevan a cabo durante los procesos electorales.  Pero, cuando se presentan tiempos lluviosos es imposible transitar por las hermoseadas calles y avenidas de la República, debido a los grandes charcos que se forman en las vías públicas de desplazamiento, anegadas de agua y basura por doquier.

Años van y vienen, con la misma problemática; no importan las temporadas ciclónicas o lluviosas que se presenten.  Sólo se habla de ese gran trastorno ciudadano en ocasiones; cuando la presión  social se torna insoportable, en medio de cualquier situación climática de una de esas naturalezas.

Entonces, se le hace frente con alegatos superficiales, de que es necesario ya el diseño de un nuevo sistema pluvial moderno, como lo requiere la Nación, con la ejecución de obras de desagües, y demás construcciones correspondientes. Sostienen, que eso cuesta un dineral, del cual  no disponen los ayuntamientos  y las otras instituciones responsables.  Ahí se deja el asunto.

Mientras tanto, se continúan invirtiendo grandiosos recursos en cosas innecesarias, como esas de romper aceras y contienes bien hechos, para hacerlos de nuevo, con escasos materiales y baja calidad de duración; las construcciones de parques de diversión y áreas verdes, etc., aunque las  pocas alcantarillas disponibles se mantengan tapadas con basuras y desperdicios de toda índole, porque no hay dinero para esos trabajos.

Hace poco, antes de la presente temporada lluviosa, con pequeños aguaceros de corta duración, se hizo un tremendo pozo de agua en la avenida “Los Próceres”, a la entrada de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU), que ocupaba un buen pedazo de la acera peatonal, y gran parte de la vía para el tráfico vehicular.   

El agua duró allí estancada más de una semana, prohibiendo el paso de las “personas de a pie”, y sirviendo de caldo de cultivo para la producción de mosquitos y moscas.  Sí barren a diario en los sitios más visibles de zona, los desechos superficiales y las hojas de los árboles, brigadas de empleados municipales.  Ahora, ¿sólo con eso basta? Muy buena pregunta para los representantes edilicios.

Lo que sucede aquí, es que sólo se procura hacer las cosas que la población avista desde lejos; las que venden políticamente; no  las obras que van debajo  de la capa superficial de la tierra (subsuelo), porque nadie las ve, y que sólo se reconocerían sus beneficios cuando llueva; no en campañas electorales.

Se quiere justificar la falta de atención al problema, con la insuficiencia de recursos económicos para resolverlo; y, cualquier pensante medio, se preguntaría, ¿cuántos millones de pesos se acaban de malgastar en este país, sufragando francachelas políticas, compra de conciencias y actividades conexas, durante la recién campaña pasada, para elegir precisamente autoridades congresuales y municipales, que serían las más llamadas a encaminar las acciones debidas, en el sentido de abogar por los correctivos pertinentes?. Pero, como no hay voluntad, nada se hace; pues  esa es la mayor frontera que se tiene; la que impide reparar y actuar en cosas de esa naturaleza.

Cuando en la República Dominicana se precipiten copiosas lluvias durante varios días, habrá que buscar un bote o góndolas venecianas para poder transitar por las calles y avenidas de la Nación, repletas de hoyos y basuras; a oscuras por demás.

Como los políticos agraciados se mueven en alta y lujosas jeepetas, a ellos les tiene sin cuidado esa amarga realidad navegatoria  que tienen que vivir los dominicanos, tan pronto caen dos o tres gotas de agua sobre el territorio nacional.  ¡Ojala!, mucho les dure su suerte.

 Rolando Fernández

Una nueva evidencia de limitacion científica

Desde hace ya muchos siglos, connotados estudios de las ciencias esotéricas vienen proclamando y plasmando en obras diferentes, que las características genéticas de cada corriente de vida  particular en manifestación, obedecen a un determinado plan de expresión Divina terrenal, en conexión con razones de naturaleza kármica o dhármica, según las filosofías orientales, por efectos de causas pendientes de conquistar, que provienen de tránsitos existenciales anteriores, respecto de las almas encarnadas.

Desde esa óptica, que muy difícil alguien esté en capacidad de rebatir con  pruebas concretas, por lo inescrutable que resulta la temática, aun sí con posibilidad por parte de otros, de que se puedan lograr ciertos vislumbres, atisbos, o  rápidas visiones de sentido beatífico, sobre esa realidad, hasta ahora, innegable, a través de la intuición y la meditación, puede entenderse que nada es casual o accidental, sino que todo obedece a razones de causación; y que el marco de lo general, para fines de extrapolación, ahí no aplica.

Jamás la ciencia podrá adentrarse hasta conocer los propósitos de la expresión terrenal Divina en cada caso; es decir, llegar el fondo del asunto; como tampoco, descifrar los efectos de expiación, o conquistas en curso, que son las condicionantes que definen previamente los genes de ese árbol general, en base al cual se diseña el cuerpo físico de cada Atributo del Padre Supremo, para manifestación terrenal.

El llamado genoma humano es definido como “el conjunto del material hereditario de un organismo, la secuencia de de nucleótidos que especifican las instrucciones genéticas para el desarrollo y funcionamiento del mismo y que son trasmitidas de generación en generación, de padres a hijos”. (Suplemento “Salud”, periódico Hoy, del 20-junio-2010).

A partir de esa conceptualización, se puede entender, cuan difícil habrá de resultar su descodificación en términos  particulares, amén de que avala la concepción esoterista, de que a cada alma por encarnar en el planeta Tierra, se le busca previamente, el ambiente o entorno familiar adecuado para hacerlo, según el propósito existencial a cumplir, y las necesidades de evolución pendientes.

Desde el año 1989, en que se comenzó con el Proyecto del Genoma Humano, tratando los científicos de indagar sobre la composición que conforma el manual genético de las personas, para definir causas innatas de enfermedades, como la posibilidad de desarrollar con posterioridad los tratamientos correspondientes, además de utilizar los resultados, para asociarlos con riesgos latentes de padecer afecciones comunes, como el cáncer y la diabetes, aunque algunas cosas se han podido despejar, muy poco es, en términos relativos, lo que se ha logrado saber.

En la década del año 2000, después de ingentes esfuerzos, amplias investigaciones y una inversión cuantiosa de recursos económicos, el presidente a la sazón de los Estados Unidos de América, señor Bill Clinton, anunció que se había logrado trazar el primer mapa del genoma humano, e indicó que; “éste revolucionaría el diagnóstico, la prevención y el tratamiento de la mayoría de las enfermedades humanas, sino es que todas”. (Periódico  The New York Times – Listín Diario, del 19-junio, 2010).

De haber sido así, señor Clinton, se hubiera logrado romper en parte, con el esquema evolutivo de origen Divino, a cargo de la humanidad.  Hubiese sido una dispensación proveniente exclusivamente del ámbito científico, al margen, podría decirse, de la voluntad del Supremo Creador del Universo.

Es por ello que, entendemos nosotros, una década después de esa proclamación, se sostiene que muy pocos beneficios ha logrado la medicina, básicamente convencional, a partir de lo que se entendió en aquel entonces como primicia de  orden oportuno, y panacea en embrión. Ahora, dicen los biólogos que, “el genoma ha producido una sorpresa tras otra”. Se la ha puesto difícil, como se dice en estos tiempos.

Sostienen además, que las variaciones estadísticas que se han logrado establecer, sólo permiten explicar fracciones de riesgo genético, asociado con la mayoría de las enfermedades que padecen las personas. “Ahora parece más probable que cada enfermedad común, sea principalmente causada por grandes números de variaciones inusuales, algunas demasiado raras como para ser catalogada por el HapMap”. (Ver reseña periodística del Times, precedentemente citada). La cuestión no es tan fácil, señores científicos, para la mente humana.

Para aclaración, el HapMap, es un proyecto que lanzaron en el año 2002, los Institutos Nacionales de Salud, con el “propósito de catalogar las variaciones comunes en los genomas de Europa, Asia Oriental y África”, para derivar luego conclusiones generalizables, que pudieran ser extrapoladas; evidentemente, con fines de manejos médicos preventivos.  Pero, todo luce indicar, que  tampoco surtió los resultados esperados.

Vemos entonces, por todo lo expresado anteriormente, como la ciencia vuelve a evidenciar limitaciones significativas, en torno a las cosas que parecen tener un matiz Divino.  Ya no sólo con relación al caso del Gofo de México y el derrame de petróleo en curso, hasta el presente sin solución creemos.  Ahora, con algo mucho más intrincado, a pesar del tiempo razonable y los recursos económicos invertidos: descifrar en todas sus partes el Genoma Humano.

 Rolando Fernández

Necesidad de la revista vehicular

El marbete más importante que debe exhibir todo vehiculo de motor en el parabrisas o vidrio delantero, es el de la revista de inspección, cuando éste se obtiene  de manera legal, a través de los canales correspondientes, y luego de una rigurosa y efectiva revisión, por parte de un personal competente.

Cuántas vidas humanas se habrán salvado, y podrían continuar salvándose, debido a la “acogencia” de esa normativa regulatoria por parte de los conductores, cuando de esa manera se obtiene; pues la misma evidencia que sus vehículos están aptos para transitar, lo que representa un factor de seguridad muy significativo para todas las personas a bordo.

Lamentablemente,  la observación de una norma de vital importancia, como esa, para toda la ciudadanía que se desplaza en vehículos de motor, se ha ido dejando de lado, dadas las situaciones de irregularidad que giran en torno a la obtención del marbete correspondiente, como a la poca exigibilidad por parte de las autoridades  del ramo, en determinados sectores del parque vehicular nuestro, no obstante la generalidad de acatamiento que manda la Ley de Transito 241, en su  Capítulo XI.

En el caso de los vehículos para transporte público, por ejemplo, que es donde mayores riesgos posibles  tienen la personas que van en su interior, por las distancias recorridas, cantidad excesiva de pasajeros en cada viaje,  condiciones descuidadas de carros y guaguas, entre otras cosas, las autoridades no exigen el cumplimiento de ese requisito.  Pues, aunque para ello se tengan otros mecanismos de inspección complementaria, a los que tampoco se les da cabal cumplimiento, necesitan también de la revista.  Esos conductores circulan como  quieren; sólo basta que el automóvil encienda y se pueda movilizar.

Sin embargo, con otros tipos de vehículos, principalmente los privados, que lucen en perfecto estado, incluso los nuevos, las autoridades se extreman en exigir y sancionar, cuando no se exhibe en el vidrio delantero o parabrisas, el marbete requerido

Sólo hay que disponerse a observar el estado de una gran cantidad  de carros y guaguas que transitan por las calles de Santo Domingo, con los pasajeros agarrando las puertas para que no se abran; con gomas inservibles totalmente; y, ahora, con una bomba de tiempo en el baúl o parte trasera, un tanque de gas propano, sin ningún dispositivo de seguridad, y una pésima instalación rutinaria.  Entonces, la gente se pregunta, ¿éstos no requieren revista, verdad?

Es por ello que muchas personas sólo ven en el requisito legal de la llamada revista, un tributo  impositivo más por parte del Gobierno, y procuran evadir, por consiguiente, la responsabilidad; pues, piensan que la preservación de vidas humanas, que debería ser el objetivo principal de esa normativa, poco interesa, según el accionar parcial de las autoridades, en términos de exigibilidad.

Luego, señores autoridades competentes, concienciación y exigencia generalizada de cumplimiento, en torno a la revista vehicular, debe ser el norte a seguir.

 Rolando Fernández

¿Qué veo, anuncios o programa?

Es la pregunta que de inmediato asalta la mente de todo televidente, cuando  decide  sentarse a ver cualquier programa en la pantalla chica, ante la cantidad excesiva de anuncios comerciales, muchos bastante mal logrados por cierto, como introito  de presentación e intermedios, de algunas producciones televisadas.

Se sabe muy bien que las facturaciones son las que cubren costos y proporcionan beneficio a los productores de programas; pero, el manejo de todas las cuñas y menciones propagandísticas a incluir, tiene que ser debidamente administrado, de manera que no se sature al televidente, que lo que hace entonces es cambiar de canal, hasta que pase el paquete de anuncios, para retornar  luego con el espacio; o, definitivamente, quedarse con otro.

Por tanto, los anunciantes no  se benefician realmente con el dinero que pagan patrocinando determinados programas, ya que la propaganda se pierde; máxime cuando son producciones  de calidad cuestionable, como las tantas que ahora se ven en la televisión dominicana, a cargo de  comunicadores-periodistas, u otros, muy poco aptos para esas actividades.

Esa sobrecarga de anuncios en las producciones que tienen mayores niveles de audiencia y espectadores, por su contenido a veces valioso, principalmente las que se elaboran en base a un periodismo de investigación, tiene que ser manejada hábilmente por los productores y controles de los canales de televisión, para que no pierdan seguidores.  La gente se cansa de tantos  anuncios seguidos y poco contenido de programa.

Y más, con cuñas y menciones de baja calidad publicitaria, como a veces se incluyen; con actores y personas no muy calificables para esos fines, en que se requiere de destrezas especiales; con voces atractivas que envuelvan un poco el carácter de lo enteramente comercial, y que llamen la atención; que al menos, entretengan transitoriamente; con tonos y expresiones no tan demagógicos, como se usan, y que hacen que los receptores piensen que se les considera tarados; poco pensantes.

 Rolando Fernández

Verdad y más verdades

Muy pocas veces se tiene la oportunidad de leer en la prensa local una síntesis tan acertada sobre la lastimosa y cruda realidad que caracteriza hoy a la sociedad dominicana.  Muy pocos son los que osan hacerlo de esa manera, y mucho menos con un lenguaje puntual, rodeado de cierta elegancia a la vez; más, sin adornos mediáticos influyentes de significación.

Es una magistral exposición en que se retrata casi de cuerpo entero la crisis de valores cívicos y morales que se registra a nivel de los dominicanos, probablemente sin parangón pretérito, diríamos nosotros.

La corrupción, la falta de respeto y la inobservancia de las leyes campean por doquier, según se señala; y eso es algo de  lo cual tenemos más que evidencias, a la vista de todos; suficientes para reconocerlo y aseverarlo.

Lo que ocurre es que, “como la costumbre hace ley”, según reza una máxima popular, parece ser que la preocupación en tal sentido se ha ido desvaneciendo, y a pocos llama ya la atención la existencia dañosa de esos flagelos.

Muy atinente resulta el pensar que exterioriza el autor, en el sentido de que  – las escuelas y universidades deben de tener en su currículo una materia obligatoria que antes se llamaba “Moral y Cívica”, la cual hoy debemos enmarcar con el título de “Respetando a los Demás, Nos Hacemos Respetar” – y agrega, “No puede ser que nuestra sociedad siga caminando por el sendero que va”.

Aquí se debe procurar que se valore tal cual, el estudio y sacrificios que implican el recibirse como profesional de cualquier disciplina; el rescate de los tantos valores perdidos, deficiencia esa que socava la formación natural divina de la familia, y que provoca la degeneración in crescendo de la sociedad misma de la República.

También, que el clientelismo político, al igual que la adhesión a determinados comportamientos esnobistas que se exhiben, como los malos efectos, nocivos en gran  medida, de las tecnologías modernas impuestas, por razones alienantes y mercadológicas, mal asimiladas en parte, producto de la inconsciencia generalizada, sean factores que se comiencen a combatir desde el seno de las mismas aulas académicas, sin importar nivel.

Precisamente, esa publicación coincide con el aviso de llamado, al inicio en el país de las denominadas pruebas nacionales, una práctica anual que, en opinión de muchos de los que interactuamos como docentes  universitarios, carece de sentido y objetividad; pues es allí donde bien se puede comprobar que esos exámenes no constituyen un medio eficiente de evaluación estudiantil, a nivel intermedio y secundario.

Las deficiencias académicas básicas alarmantes, como la distorsiones de la personalidad que ostentan los alumnos que ingresan a cursar estudios superiores,  afloran después, aun se haya aprobado ese requisito evaluatorio previo, lo cual confirma ese parecer atinado del docente universitario, que no hay duda, se verifica en las aulas.

El trabajo que debe hacer el Ministerio de Educación es procurar y supervisar, de forma consistente, la realización de una labor académica básica eficiente; bien orientada, durante el año lectivo, sobre la base de programas elaborados acorde con las circunstancias; e incluir, a nivel de los grados que se cursen, las asignaturas que resulten complementarias; que fortalezcan el aprendizaje, y que contribuyan además, con la formación necesaria, en el orden de lo cívico-moral.

Con las llamadas pruebas  nacionales a nadie se evalúa.  Esa norma, lo más que se presta es a manejos indebidos; a negocios solapados. Máxime, con la cultura estudiantil que aquí se ha ido imponiendo, la del no sacrificio; la de procurar un diploma, si importar capacidad para avalarlo.

Finalmente, la publicación periodística a que nos hemos venido  refiriendo, es una que hace el periódico “Listín Diario”, en fecha 14 de junio del presente año, bajo el titulo “Un buen boche, una pelea o una amonestación”, que tiene como firma Fray Junípero Casablancaa, y que nosotros entendemos que,  por su valioso contenido y clara exposición,  debería ser reproducida por otros medios de prensa local, para ver si, por la amplia difusión que se logre, algunas personas en nuestros país en capacidad de aportar su granito de arena, en pos de inducir a la adopción de los correctivos a que invita el mensaje, haga uso del “copiar-pegar” de moda;  analicen, ponderen las expresiones incluidas, y procedan a recomendar en consecuencia..

 Rolando Fernández