¡Cuánta demagogia patriótica: loas vacías al fundador de la nacionalidad dominicana!

A Juan Pablo Duarte se le rinden honores; se alaba sobremanera; pero, jamás se le trata de emular su alto sentir patriótico entre los nacionales de este país.

En realidad, se ignora su gran obra liberadora en favor de este pueblo. Cuántas pantallas protocolares, politiquerías, e hipocresías a granel generalizadas, son las cosas que de ordinario se estilan en cada efeméride alusiva al gran patricio.

Tan “sentidos” son los honores de que es objeto, que hasta se juega desaprensivamente con su fecha natalicia. El asunto no es celebrar su cumpleaños, sino hacer provecho de la ocasión para promover actividades comerciales y turísticas, acomodando los fines de semana con que coincida, a conveniencias mercuriales obvias de grupos económicos nuestros; moviendo la fecha a voluntad de los sectores inclinados por sacar beneficios derivados de esas actividades. Esta vez, ¿cuál era la diferencia entre viernes (la fecha real), y el lunes siguiente, que no fuera el acotejo de estilo.

También, es probable que tal determinación estuviera acompañada en el presente de una estrategia gubernamental, para restarle impacto presencial a la anunciada “Marcha Verde”, del 28-1-18, ubicándole en medio del largo feriado predispuesto, en que la gente por lo regular se desplaza hacia el interior del país a vacacionar. ¡Ponerla en otra cosa!

Como es bien sabido, la cuestión no es que se recuerde al Padre de la Paria, y se honre como es debido, con verdaderos actos oficiales alusivos a la hazaña histórica encabezada por el gran prohombre, que tantos denominan hoy despectivamente como tal, y que se han dado a la tarea solapada, hasta casi pública a veces, de promover desde el interior de la misma su unificación con Haití.

A Duarte aquí muy poco se le recuerda como debe ser. Si en verdad se le estuviera agradecido por su trabajo liberador de otrora, las actuaciones de los representantes de este pueblo fueran otras, en términos de salvaguarda y sólida protección de su soberanía; también, del accionar patrio correspondiente en todos los sentidos, acompañado siempre de connotada voluntad política.

Además, las sólidas frases de aquel prócer de la libertad nuestra, fueran asimiladas, y observados sus valiosos contenidos, con principalía aquella que reza: “Mientras no se escarmiente a los traidores como se debe, los buenos y verdaderos dominicanos serán siempre víctimas de sus maquinaciones”.

Ahora sí que habría muchos para hacerlo aquí en ese orden, dentro de toda esta “cloaca política” y empresarial que ha venido gravitando en la República durante los últimos lustros, con muy contadas excepciones, repleta de corruptos y antinacionalistas hasta más no poder.

La reflexión que se impone en estos tiempos es: “Si Duarte, y sus consocios volvieran, ¿procederían igual?” ¡Difícil sería creerlo! Es más, probablemente hasta se arrepentirían de haber sido dominicanos.

 

Auto: Rolando Fernández

 

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¡Por fin!, apareció una luz al final del túnel

 

Luce como que las autoridades del país están por dejarse sentir, sin importar los choques frontales que se puedan producir, con grupos de poder económico hegemónicos aquí.

Es lo que se advierte, a partir de la decisión adoptada por el actual síndico del Distrito Nacional, señor David Collado, respecto de recuperar el espacio público correspondiente a la acera peatonal sita en el tramo comprendido entre las calles Gracita Álvarez y Luis Lembert, de la peligrosísima avenida John F. Kennedy, donde tantas personas, por la situación de impedimento para caminar que allí se puede observar, han corrido el riesgo de ser atropelladas por algún vehículo en marcha, incluido quien suscribe en una ocasión, sin tener a nadie a quien reclamar nada después.

El mismo viene siendo ocupado, sin reparo alguno, no cabe duda, desde hace algunos años, como parte del local comercial de una empresa privada, al margen de todo cuidado, y justificación posible, verídica u no esa última, obligándose a los transeúntes, que se consideran nadie, a tener que lanzarse a plena vía pública, frontal, para poder transitar por el lugar. ¡Obvio, eso como que no me importa! ¡Qué cachaza compay, culpable quien fuera!, de los que se dicen dueños del terreno, u Obras Públicas.

A pesar de las tantas quejas elevadas sobre el particular, hasta ahora no había aparecido un síndico o alcalde con pantalones, e inclinado por el interés social propiamente, que le pusiera el frente a tan deleznable cuestión. ¡Le rompe un ojo a cualquiera dicho panorama, ante la tanta peligrosidad que se advierte! ¡Solo aquí, en el país de las maravillas!

Por consiguiente, ese espacio público de que se trata, tiene que ser obligatoriamente recuperado, aun se tenga que declarar de utilidad pública; pues la nación pertenece a toda la comunidad, y no a nadie en específico.

Las iniciativas de ese tipo por parte de los políticos en el país ostentando cargos públicos, deben ser apoyadas por toda la sociedad local influyente, y respaldarlas militantemente por la generalidad, a los fines de que se mantenga la firmeza necesaria, y para que se actué sin contemplación, no importando riesgos probables a correr; máxime, cuando se trata de jóvenes con futuro por delante dentro de ese ruedo, como ese de que ahora se trata.

Ojalá que proposiciones similares no se detengan, con relación a otras áreas públicas indebidamente ocupadas por desaprensivos en algunos lugares de la geografía nacional, sin importar la jurisdicción de que se trate, ni el color de la bandera política que se represente.

Las aceras ocupadas como extensión de comercios formales; talleres de mecánica, como de desabolladura y pintura de automóviles; materiales de construcción, y desperdicios procedentes de la misma; tarantines para expendio de comestibles, etc., no pueden proseguir; ¡Ah!, la utilización particular de importantes zonas verdes, tampoco. El resto de los ciudadanos, afectados de forma directa, merecen respeto y consideración.

¡Adelante!, alcalde Collado! ¡Felicitaciones! Los demás deben emular las ejecutorias de ese tipo, y no estar haciéndose los locos, ante tan flagrantes violaciones en el orden municipal.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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“La verdad se parece mucho al Sol, cuando el firmamento está nublado”

 

¡Está presta a asomar en cualquier momento! Es lo que está por verificarse en Dominicana, ¡qué la luz de la verdad resplandezca de manera súbita!, respecto de todos los actos de corrupción en que se ha incurrido durante la presente gestión de gobierno, según las tantas denuncias hechas públicas.

Y, no luce que falte mucho tiempo, por los aires y las marejadas que desde el exterior que se están dejando sentir con blanco en esta nación, como el nerviosismo que se advierte entre determinados políticos del país, incluidos algunos congresistas, y empresarios de renombre.

¡Bueno!, aunque ese caso del escándalo internacional Odebrecht, a pesar de las tantas evidencias acusatorias hechas públicas con respecto al país, con relación a los sobornos recibidos por políticos y funcionarios nuestros, como las sobrevaluaciones de obras públicas contratadas para favorecer la señalada empresa brasileña, se le ha estado dando largas a nivel de la justicia local, acompañada esa actitud de un silencio oficial alarmante, todo luce indicar que ese panorama tendrá que cambiar, y seguir el rumbo que ha tomado en otras naciones caribeñas la cuestión, también envueltas, a partir de: “El conflicto de la CDEEE y Odebrecht llega a Corte de Arbitraje de Nueva York”. (“Diario Libre”, del 17-1-18).

Es evidente que, la indiferencia obvia, la inacción indebida, las pantallas, como el silencio sepulcral en que se ha incurrido, tendrán que dejarse de lado, para entonces emular lo que se ha hecho en otros países, donde sí que se ha procedido en el orden que se debe, según lo visto, para satisfacer las esperanzas de justicia que han cifrado sus sociedades.

Bien conocido es que, las verdades solo se pueden estar ocultando por un tiempo, y súbitamente pueden salir a relucir después, a menos que se procure demostrar lo contrario en el ínterin que transcurra, que no ha sido lo que se ha observado entre nosotros respecto del señalado asunto.

De ordinario se ha continuado con la dejadez y los ocultamientos sobre hechos estatales que se entienden dolosos, y que lucen innegables, por cuanto ha trascendido hasta la opinión pública, desde que esa “bomba” explotara a nivel mundial, y aquí comenzaran a fluir y conocerse detalles muy comprometedores (caer fragmentos), que incluso han puesto en tela de juicio la legalidad de la misma gestión gubernamental presente, según los análisis y exposiciones de juristas de fuste nuestros, producto de los sobornos que se dice se dieron el Congreso Nacional para modificar la Constitución de la República, y así hacer posible la reelección del actual presidente.

Ahora, con ese juicio de arbitraje entre la CDEEE y Odebrecht llegado a una Corte de Nueva York, según trascendiera, para dilucidar el pago adicional que demanda la empresa brasileña, por 708 millones de dólares, asociado con trabajos extras en la construcción de las plantas a carbón en Punta Catalina, es muy posible que muchas cosas tengan que airearse públicamente, y que algunas de las verdades envueltas en ese mayúsculo escandalo, con ribetes internacionales salgan a “brillar”, por el entorno en que se habría de ventilar el proceso, ya fuera del “orquestamiento” judicial que aquí se tiene, narigoneado  por el poder político local.

Según sostienen algunos expertos en asuntos de arbitraje internacional de ese tipo, el Estado dominicano no le quedara otro camino que pagar ese reclamo, y todo lo que se le pegue. Se infiere que, también se conocerán muchos de los aspectos “virtuosos”, consignados en el leonino contrato suscrito con los “angelitos” brasileños.

Solo hay que esperar que pase el nublazón, para que todo lo cierto con relación a esa temática, en lo tocante a Dominicana, y sus envalentonados políticos andantes, salga a relucir; que los destellos de la verdad, como ocurre con los rayos del potente Astro Rey, comiencen a manifestarse con fuerza. Eso, en consonancia con la frase que encabeza.

 

 

Autor: Rolando Fernández

 

Mal de fondo, ¡con difícil solución!

Desde hace varios lustros, muchos de los que han venido ocupando las curules en el Congreso Nacional dominicano, han estado siendo objeto de severas críticas por parte de la gente con cierta preparación en este país, debido a la falta de idoneidad que presenta la gran mayoría, que seudo representa a los ciudadanos allí, en términos de la formación académica, y aptitudes en sentido general, que se entienden exigibles para poder servir razonablemente desde posiciones tales como diputados o senadores, y otras.

Ahora, nadie que haya leído con detenimiento la Carta Magna de la República, y reparado con la atención debida sobre las exigibilidades estipuladas allí para poder optar por cargos electivos en Dominicana, debe extrañarle esos comportamientos cuestionables que observan determinados funcionarios públicos de la nación, participando dentro de los tres Poderes del Estado, y todas las instituciones oficiales conexas, que muchas veces se convierten en el hazmerreír de la gente entre nosotros.

Aquí, como de la Constitución se desprende, cualquier patán, o analfabeto, que aspire ser postulado por alguna organización política, puede ser electo para ocupar los principales puestos dentro del Poder Ejecutivo; ser senador o diputado; cuando no, seleccionado para dirigir los gobiernos municipales (sindico o alcalde). Solamente se establecen requisitos académicos profesionales a nivel del Poder Judicial, por obligación obvia, ser abogado, licenciado o doctor en Derecho ¡Entonces, nada de lo que se ve, puede resultar extraño!

Evidentemente, el que no reúne condiciones para desempeñar posiciones públicas, nada puede hacer, aunque lo desee. Para dirigir el Estado, por ejemplo, que bien podría considerarse como una gran empresa en busca de beneficios sociales y desarrollo económico, hay que tener la formación apropiada, y los conocimientos base requeridos.  No un asunto de ser político nada más, y estar al mando de una trulla de gente avariciosa, que hace de ese ejercicio, en connivencia, una inversión lucrativa, e inhumana social.

Por el lado de los congresistas, qué gente sin ningún tipo de formación académica exigible ocupando curules, que a penas sepa mal leer y escribir, puede estar elaborando leyes, o aprobando   normativas legales para ser aplicadas a toda una sociedad, sin medir consecuencias, por el mero hecho de ser politiqueros y arribistas pertenecientes a determinadas organizaciones del ramo.

Se debe bien recordar que ese es el primer Poder del Estado nuestro (Legislativo), desde donde tienen que emanar las leyes que rijan en el país, entre otras cosas; como, conocer y aprobar transacciones importantes para el mismo, y los convenios suscritos con el exterior. Además, servir de contrapeso y control para los dos Poderes restantes, no de sello “gomígrafo” cómplice. ¡Es lo que debería ser!

Por tanto, el mismo no puede estar plagado de ineptos y compinches politiqueros, como con los sectores económicos regentes aquí, dejándose narigonear; solo para estar levantando manos, y autoaprobándose beneficios particulares, legislar para sí mismos, que van a la postre en contra de toda una sociedad que les elige.

Las causas principales de esos males, verbigracia, están bien claras en los Artículos 79, 82 y 123 de la Constitución de la República, en que se establecen los requisitos para poder ser elegido como presidente de la República, Vice, al igual que senadores y diputados. ¡De preparación alguna se habla!

Además, se estipulan en esa, atribuciones que corresponden a los mismos, y que evidentemente demandan de formación académica y capacidades otras, advirtiéndose incompatibilidad entre ambas cosas. Por tanto, muchos de los disparates y deslices en que puedan incurrir algunos no deben sorprender.

La gran interrogante en tal sentido sería, quiénes aquí estarían en disposición de efectuar los estudios y análisis pertinentes, a los fines de que se introduzcan en la Carta Magna las modificaciones enmendatorias requeridas; que se establezcan sólidos requisitos para poder optar por las referidas posiciones, y no solo permanezcan los que constan, para que el país pueda ser encausado de otra manera, y las actitudes del funcionariado estatal no dejen tanto que desear.

El gran problema o dificultad está en que, los que podrían promover algo así, y finalmente concretizarlo, son los que más se benefician de esas importantes debilidades constitucionales, como, por ejemplo, los mismos miembros del Congreso Nacional, y demás funcionarios incluidos a ser electos después; que no crearían cuchillas para sus propias gargantas, tal como tampoco habrá de ocurrir con la aprobación de la famosa Ley de Partidos Políticos., tan manoseada y oxidada ya.

Por consiguiente, parece ser que los dominicanos tendrán que seguir oyendo sandeces, provenientes de determinados funcionarios públicos mandantes, como continuar criticando las faltas ortográficas alarmantes con que escriben.

Hay cosas que resultan muy difíciles de resolver, y de esa que se trata aquí, luce como una de ellas, salvo que no se produzca un milagro inesperado; un cambio de gran significación en el sistema político regente, que denominan democracia representativa, por llamarle de alguna forma; pero, que no es tal, como tampoco se representa a nadie dentro del mismo. Sí es un libertinaje, en el que la población se utiliza como medio para los políticos disfrutar de los haberes estatales.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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Razones que se alegan para incumplir con la compra del marbete-placa en Dominicana

En tres (3) meses de plazo dado a la población, el que no cumpla con esa obligación fiscal, por dejado que pueda ser, o dificultades económicas por las que se esté atravesando, es porque no quiere. Es obvio que, motivos se tendrán al respecto, que deben ser estudiados y ponderados por las autoridades, para entonces proceder a combatirlos con el sosiego y la ecuanimidad debida.

Todos los años se presenta la misma situación.  Mucha gente, “qué no quiere” sacar el nuevo marbete de la placa para tener derecho a transitar en vehículos públicos o privados por la diferentes calles y avenidas del país. Y, como de ordinario se estila entonces, viene la incautación de los automóviles por parte del cuerpo policial represivo denominado AMET, tan pronto vence el plazo otorgado.

Evidentemente esa actitud ciudadana tiene más de una causa, y no hay que ser muy inteligente para inferir eso. Ahora, nadie se aboca, organismos oficiales principalmente, a tratar de definirlas en verdad, para procurar su combate, ¡qué se puede!

Nada más se dice, por parte de los encargados de cobrar ese tributo, para salir del paso claro está: que los dominicanos son muy dejados: “que todo lo posponen hasta la última hora, y que, por tanto, se debe ir compulsivamente sobre ellos”.

Claro, es una de esas, innegable. Pero, ¡no es la principal!, se deduce, y puede haber motivación para que la misma se abandone, en eso de que ahora se trata: tributo al libre tránsito. Que, además, la compulsividad absoluta no es el único camino; que hay otros más adecuados y justicieros entre los cuales elegir.

No cabe duda de que en parte es así, ¡se es dejado!, cabe reiterar Ahora, ese comportamiento, cuando se refiere especialmente a pagar impuestos en favor del fisco, tiene en adición un factor de mucho mayor importancia, que induce poderosamente a no querer hacerlo, u observarlo; y es que, una gran parte de la ciudadanía se siente estafada por el Estado nuestro, en la medida en que, al producto de los gravámenes todos con que se asfixia a la población no se les da el uso debido; y mucho menos, no se ve la reciprocidad con respecto a la sociedad, en términos de satisfacer las necesidades más apremiantes que la acosan.

La mejor muestra de ello, según se alega, está en las precariedades con que operan los hospitales públicos del país; en que, para poder lograr algún servicio asistencial, hay que rogarles a todos los santos, y hasta comprar los materiales médicos requeridos, por sencillos que sean, como jeringuillas hipodérmicas, gasas, calmantes, bajantes para sueros, hilos para coser heridas, esparadrapo etc.

Además, es de conocimiento público que, en muchos de esos establecimientos hospitalarios, los equipos para diagnósticos que se utilizan (sonógrafos y resonadores, entre otros,) se tienen alquilados a médicos privados, lo cual constituye una gran vergüenza dentro del sistema, entendiéndose que tales acciones no se llevan a efecto sin el conocimiento y autorización de las autoridades superiores en el Ministerio de Salud Pública, y demás organismos competentes.

Luego, la gran pregunta que asalta es, ¿y para qué pagar impuestos entonces en este país, cuando ni siquiera se cubren con los mismos las necesidades sociales de ese tipo. ¿Para robos y corruptelas políticas? Presiones para que se paguen sí puede haberlas, pero los cumplimientos de deberes en favor de la ciudadanía se olvidan, Es lo que se dice.  Y se sostiene: “¡qué bien!, es así!”

Se aduce, además, en el tenor directo de lo que se trata, que en una nación donde se tiene que pagar injustamente por los combustibles los precios más altos de toda el área del Caribe, incluso que, en USA, debido a la indolente recarga impositiva que se les aplica, la falta de deseos para renovar la llamada placa es obvio.

Y, en que, por otro lado, los conductores no tienen a quien reclamar nada, cuando los vehículos se deterioran sobremanera, por el mal estado de las calles y avenidas locales, lo que hace que, tampoco las autoridades tengan mucha calidad moral para estar exigiendo cumplimiento de pagar el tributo para transitar, marbetes de placas.

Entonces, se puede colegir que, la cuestión no estar incautando vehículos, una práctica ilegal por completo, de acuerdo con la opinión de juristas expertos, para obligar a pagar ese impuesto, con los excesivos gastos que se adicionan, que se tornan hasta abusivos.

¡No!, es procurar transparentar el uso de los ingresos estatales por concepto de tributos; que se satisfagan las necesidades sociales apremiantes con el producto de los mismos; y, que los conductores dejen de ser las victimas exclusivas ante los deterioros viales que sufren los vehículos en esta República. Qué se adopten los correctivos pertinentes. ¡Son las cosas que deben ir!, a los fines de que la población se sienta conforme, y entonces quiera cumplir.

Hasta que esas acciones de incautamiento abusivo de vehículos por parte de la AMET, a las que de ordinario se recurre, no causen una desgracia significativa entre conductores – agobiados por los problemas, como los déficits económicos que enfrentan – y los agentes de ese cuerpo policial, no se procurará la adopción de otra forma menos “traumatizante” para inducir a que se cumpla cabalmente con el pago del referido impuesto.

¡Ojo al Cristo, que los pueblos se “jartan”!

 

Autor: Rolando Fernández

 

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¡Atentar contra el negocio de los apagones en Dominicana! ¿Quién lo cree?

 

A pesar del refrán popular que reza, “no hay más ciego que aquel que no quiere ver”, aquí hay mucha gente celebrando ya, y frotándose las manos, llevándose de las alharacas y demagogias politiqueras de los gobernantes de turno, y sus cajas de resonancia pagadas, en el sentido de que, tan pronto estén terminadas las cuestionadas plantas a carbón que se construyen en Punta Catalina, los apagones eléctricos brillarán por su ausencia en este país. ¡Vaya sueño inducido!

Y quién ha dicho que con esa “plaga” se va a acabar en Dominicana, por plantas que se construyan, y cuartos prestados que se cojan en el exterior, con la excusa de rehabilitar tantos las redes de transmisión, como el sistema mismo, cuando los apagones forman parte del gran negocio eléctrico a nivel nacional.

Esas consideradas herramientas del pecuniario negocio eléctrico local, resultan bastante rentables para las “altruistas” distribuidoras, y los representantes políticos que están detrás de las mismas, pues los apagones también les son facturados a los pendejos usuarios; y, sin que aquellas entidades jamás compensen por los “fuats” medalaganarios de que son objeto los “bobos” demandantes de energía eléctrica, tal cual lo manda la Ley General de Electricidad 125-01. ¡La normativa legal no aplica para los primeros!

Desde que las “huestes” peledeístas se estrenaron en la dirección del gobierno de la República, de inmediato comenzaron a enseñar el refajo en relación con esa temática, a partir de procurar la llamada capitalización del sector eléctrico nacional, que luego no resultó ser más que una patraña, un engaño al país, para entregarlo a la representación del empresariado privado nacional, como extranjero. que participaron en el reparto del jugoso pastel, en connivencia, y maridajes claros, con determinados políticos relevantes en el poder entonces.

Por supuesto, a la sazón, ya los apagones eran un mal consuetudinario para los dominicanos, que venían sufriendo de los mismos, desde que recién finalizara la denominada “Era del Jefe”, por los despalotes de los bienes estatales y las instituciones oficiales existentes para la época, que de una vez comenzaron a producirse.

Desde esos mismos momentos la democracia en el país comenzó a surtir efectos negativos, por la mala asimilación ciudadana en general relativa. ¡A hacer cada cual lo que le viniera en gana! ¡Muy buena muestra del desconocimiento asociado con ese sistema nuevo entre los dominicanos!

Como se puede colegir, la imprescindibilidad de la energía eléctrica para todas las actividades en el país, frente a las recurrentes tandas de apagones con que se ha venido castigando desde entonces a la población dominicana, trajo como consecuencia el rápido incremento de la comercialización de efectos sustitutivos de emergencia, con los aditamentos necesarios, claro, (plantas eléctricas de diferentes clases, inversores, baterías, alambres, etc.), que con el correr el tiempo ha ido in crescendo cada vez, pasando a constituir la venta de esos, otra de las patas del pingue negocio eléctrico a nivel nacional.

Luego, la gran pregunta sería, ¿con las 24-7 horas de servicio energético en el país, desaparecerá esa fructífera actividad comercial entre nosotros? ¡Difícil es que ambas cosas ocurran! Y claro, hay que tomar en consideración, además, el consumo excesivo de combustibles agregado, como las cargas impositivas que los mismos acarrean.

De otro lado, estaría el Gobierno en disposición de dejar de percibir los impuestos correspondientes, incluidos los aduanales por concepto de importación de tales equipos; el ITBIS por la venta de esos, etc. Nadie lo creería, con la sed de tributos que tiene el fisco local.

En lo concerniente a la presente gestión de gobierno morado” directamente, y los canchanchanes coristas acostumbrados,  tras seguir con los planes de privatización, desde hace un tiempito ya andan detrás de completar el fraudulento negocio aquel de la capitalización original (desprendimiento estatal del sector eléctrico nacional, para entregarlo alegremente al sector privado), con la firma del llamado “Pacto Eléctrico”, en que vienen participando los mismos turpenes negociantes anteriores. ¿Qué se puede esperar entonces?

Como se sabe, esa nueva tentativa ha dado más vuelta que un trompo, debido a los intereses económicos envueltos. El consenso ha sido muy difícil. El reparto de mayores beneficios y prerrogativas entre los afortunados (avaros magnates) no se ha podido cuadrar, que es lo buscado obviamente, e ir siempre en contra de los usuarios.

El motivo, claro está, es que no se ha se estado conforme respecto de las aspiraciones grupales y personales que se tienen. No ha habido acuerdo sobre lo que en verdad debería llamarse “Parto Eléctrico”, por las derivaciones que se esperan, para terminar de privatizar por completo ese servicio local, ocasionándoles mayores inconvenientes y perjuicio a la población.

Completar el “agradable pastel” que fuera ideado en principio de la gestión peledeísta, cuando se tuvieron que dejar algunas cosas en carpeta, para después aprobarlas sin rubor alguno, a los fines de no apretar demasiado la tuerca en contra de los usuarios obligados.

Dice la UASD en crítica al pacto eléctrico consensuado de que se trata: “no aborda muchos de los aspectos estructurales y legales del modelo eléctrico actual, y que solo satisface los intereses de la Asociación de Industrias de la Republica Dominicana (ASIE). Que lo que se acordó ya está en la ley”. (Véase: “El Día”, edición de fecha 10-01-18, página 14).

En adición, el señor José Luis Moreno San Juan, de los principales expertos en asuntos eléctricos en Dominicana, expresó que, según  “el borrador del pacto anunciado que se tiene, la tarifa subiría entre un 15 y 17% a usuarios pequeños”. “Que sólo beneficia a generadoras, grandes usuarios y distribuidoras”. ¿Para qué buscar más?, cabría agregar. (Medio “HOY”, del 10-01-18, página 3E)

Es por todo lo expresado que, se advierte, muy difícil será ir en contra de los apagones en este país de las oscuridades; que seguirán constantes y sonantes los “fuats” de siempre, a pesar de las verborreas retoricas y los anuncios que llenan los medios de comunicación; como, eso de que se logre concluir la construcción de las precitadas plantas, obra que se tiene tal el ideal cumbre del actual gobierno, “el buque insignia”, no obstante las tantas sombras oscuras que envuelven esa ejecutoria estatal.

 

Autor: Rolando Fernández

¡Cómo inducir a que no se haga!

El panorama “azaroso” que se puede observar en Dominicana, adornado con la corrupción estatal rampante, la hipoteca a la soberanía, el narcotráfico, la criminalidad, delincuencia etc., no invita a otra cosa. Con razón la juventud pensante nuestra se quiere ir del país. ¡Así está puesto en evidencia fehaciente!

Y es que, el futuro en su Tierra natal luce muy incierto, a pesar de las verborreas demagógicas y politiqueras de los que han estado mandando últimamente. Negras se advierten las expectativas para las presentes en desarrollo, y las nuevas generaciones. ¡Innegable realidad!

Donde más se deja sentir ese desencanto juvenil presente en el país, es a nivel de las aulas para clases universitarias. Los que aún pueden estar allí, contra vientos y mareas, en su mayoría manifiestan abiertamente, el solo andar en busca de un título representativo en el ínterin, por no haber encontrado el camino para abandonar la nación.

Sostiene un gran número que, “en este país no vale la pena estudiar”; que, si es posible, lo que se debe hacer es tratar de engancharse a un partido político; o, conseguirse un buen padrino dentro del mismo; que el resto viene por añadidura: procurar una buena botella, con un jugoso salario, y de inmediato subirse al tren de la corrupción estatal permitida, para buscársela bien.

Lamentable, pero esa es la cruda realidad local. Se aduce que, lo que no estén dispuestos a eso, solo les queda el camino de dejarles la “finca estatal” a todos estos políticos corruptos y antinacionalistas; como, a aquellos que tiempos atrás pudieron organizar sus vidas económicamente, de manera honrada, y que ya el futuro del país poco les importa, por las tantas circunstancias adversas que se tienen en el presente. ¡Lo hicieron cuando se podía!

También, a los descerebrados que fácil se dejan embaucar por los representantes máximos de los poderes regentes, para seguir viviendo de ellos; y, que continúen tributando con las gravosas cargas impositivas que se disponen, para cobertura de todos los caprichos y las corruptelas estatales de estilo.

Lo más doloroso del caso es que, cuando esos muchachos se explayan, externando las reflexiones señaladas, no hay muchos argumentos para rebatirles, decirles lo contrario; hacerles cambiar de opinión; pedirles que permanezcan en la Tierra que les vio nacer. Pues, “¡el querer tapar el sol con un dedo, es imposible!”; lo tienen todo ante sus ojos.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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¡Ilusiones! Seamos más realistas

 

Actitudes así, meras aspiraciones infundadas, son de las que mantienen adormecida a esta población; y más, cuando se tratan de inducir a través de publicitarlas con titulares periodísticos de primera plana, en algún medio local de gran circulación.

Y, no es que no se tengan, aun sean de esa forma, cifrando esperanzas de enmiendas, y las mejorías necesarias que demanda el país en estos precisos momentos. Pero, es lógico entender que, las cosas allí enunciadas se quedarán a nivel de lo onírico solo, ante lo que se ha visto en el año que recién terminó (2017), como lo que advertiría cualquier pensante medio, observador imparcial de la cruda realidad nacional, y con respecto al producto que, como consecuencia de eso, se habrá de obtener en los próximos 365 días.

Ya se pudo ver que, como regalo de Año Nuevo, el gobierno que se gastan los dominicanos, continuó con la abusiva escalada alcista de los combustibles; el llenado de esa alcancía semanal no se puede detener, a cargo siempre de los pendejos usuarios de los hidrocarburos.  ¡No importa a cómo esté el barril del petróleo en el mercado internacional!

¡Y que esperen más los ilusos! Pues, se requiere de recursos económicos suficientes para costear los proyectos en carpeta que tiene el Gobierno, aunque no beneficien a la sociedad en sentido general. Bien sabido es que, a los mandantes de turno no les tiembla el pulso para ir cada vez más con nuevos tributos sobre el “burro de carga acostumbrado”: el pueblo.

Según publicara el periódico “HOY”, como noticia de primera plana, en su edición de fecha 30-12-17: “Mujeres y hombres entrevistados ayer por reporteros de este diario quieren para el año 2018 mejoría en la economía, mayor seguridad, organización del tránsito, reducción o eliminación de los feminicidios y empleos con mejores salarios”.

Qué raro fue, que ningún entrevistado hiciera mención a los mayores cánceres que vienen socavando las bases de la maltrecha sociedad dominicana, en todos los órdenes: la rampante corrupción estatal, como generalizada, con su “novia” inseparable, la impunidad judicial; al igual que tampoco se hablara del combate a las drogas, en términos de tráfico y consumo,

¡Ah!, no se aspira a nada con respecto a esos flagelos tan lacerantes, a pesar de las tantas presiones que, a nivel local, como internacional, se vienen recibiendo, previéndose los daños irreparables que podrían afectar a la República, de mantenerse todo como hasta ahora con relación a los mismos. ¡Se infieren muchas cosas de esa publicación periodística!

Difícilmente, deseos como los enunciados se puedan alcanzar, con esas dos paredes que todo entorpecen, y que a muchas acciones desaprensivas mueven a nivel de la población. Tampoco, mientras no se esté pensando en el bienestar de la gente, dejándose de lado los intereses políticos particularizados y grupales, tan a la vista de todos.

Pero, además, bastante predecible, y contributivo con lo expresado, es un eventual “Truncazo” sobre el país proveniente del gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, que según se dice está detrás de que se apliquen sanciones económicas a Dominicana, debido a las inacciones en que se ha incurrido sobre el combate a la corrupción, con principalía  respecto del escándalo internacional de la empresa brasileña Odebrecht, en lo tocante a esta nación: sobornos y sobrevaluaciones de obras públicas; todo bajo la sombrilla de licitaciones cuestionables.

Se prevé que el próximo año 2018, traerá muchas sorpresas, desagradables, por supuesto, y dificultades de consideración al país, a pesar de las alharacas polítiqueras oficiales, como los “bocinajes” subvencionados que les están haciendo el juego de estilo, incluidos los que aportan algunos medios escritos de comunicación.

¡Espérense resultados! Desde temprano comenzarán a verse.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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¡Una prioridad que hizo falta incluir!

Aunque lucen bastante ilusas, y con el agregado politiquero de estilo, el señor presidente de la nación dominicana citó las prioridades del Gobierno para el próximo año 2018, entre las que se destacan: la terminación de las plantas de Punta Catalina, la segunda línea del Metro de Santo Domingo y del Teleférico. Evidentemente, ejecutorias todas necesarias, a pesar de los pesares conocidos, cabría agregar. (Véase “Diario Libre”, del 29-12-17).

Ahora, hay una acción que se reporta como altamente prioritaria para el país en general, que el señor presidente de la República, hasta por táctica política, jamás debió excluir en su mención, que es la que se refiere al combate frontal a la corrupción generalizada que viene azotando a la nación.

Con una actuación urgente de ese tipo, prioritaria siempre, acompañada de voluntad sentida, se estaría contribuyendo con el feliz término de las innumerables obras señaladas; y, a su vez serviría como plataforma principal soportante, en cuanto al eventual lanzamiento de un nuevo proyecto de reelección presidencial a que se aspire.

No se olvide que la dilapidación de recursos económicos provocada por la corruptela, incluida la estatal, provocan el fuerte aguijón punzante que la República tiene sobre su cabeza, debido a las presiones tanto a nivel nacional, como internacional que se reciben, para que se actúe en esa línea; que, dicho sea de paso, pueden interferir bastante con las ejecuciones planteadas. Obviamente, también podrían cerrar los caminos hacia las facilidades financieras internaciones, que de manera innegable el país las necesita.

Es probable que se haya incurrido en una falta de táctica política, al no tocarse ni siquiera con el pétalo de una rosa un tema que tanta gente tiene en carpeta, no solo en el plano local, sino en el exterior también, muy pendiente de qué ocurrirá finalmente al respecto entre los dominicanos.

O, quizás la decisión fuera la de continuar silente ante la gravedad del asunto, por las derivaciones e implicaciones que se infieren, pero que tampoco se considera haya sido la mejor opción en las actuales coyunturas en que vive el país.  Posiblemente, no se produjera la asesoría más correcta.

Y es que, con ese gran fantasma intacto, según las innumerables acusaciones relativas que se hacen en tal sentido, como en torno a la compañera que se aprecia como inseparable: la impunidad judicial, va a resultar casi imposible que tantas realizaciones a las que se aspira, se puedan lograr durante el próximo año que se inicia.

¡Tiempo hay para reflexión, señor presidente! Recuerde que,  “rectificar es de sabios” (Alexander Pope).

 

Autor: Rolando Fernández

 

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