No hay planificación correctiva en Dominicana

 

 

Tapones y más tapones, alimentados con carros suficientes al ruedo, nuevos y usados. Habrá que comprar dentro de poco tiempo helicópteros, que en cualquier parte puedan aterrizar, para poder transportarse la gente por las calles y avenidas de este país.

La que pueda claro está, pues para los desheredados de la fortuna se tendrá que cambiarles los horarios de trabajo, a los fines de estar a las horas reglamentadas en los mismos. O, los empleadores tendrán que aceptar las tardanzas en sus llegadas.

Aquí no se trabaja para resolver, complicar más las cosas sí. Es lo que se desprende de las recurrentes celebraciones de Autoferias que se llevan a efecto en esta nación, con un parque vehicular que supera ya significativamente la capacidad vial para su transporte, verificándose grandes ventas de automóviles cada vez, que obviamente, van a empeorar el excesivo y caótico tráfico vehicular que se tiene en las calles y avenidas dominicanas.

Esa es una actividad puramente comercial, y gestora de muy buenas cargas tributarias, a través de los impuestos aduanales por concepto de importación de esos vehículos, derecho a placas para transitar, obtención de matrículas de propiedad, seguros, como del consumo de combustibles a altos precios medalaganarios.

¡Qué buen “cócktail” recaudatorio ese! ¿Lo va despreciar el Gobierno? Los efectos derivados en contra de la población, como del buen desenvolvimiento vial que se debe tener en el país poco importan.

La problemática en el tráfico vehicular local, es algo que muy pronto las autoridades gubernamentales, cuáles sean, van a tener que ponerle el frente. Ya aquí se hace casi imposible moverse en un automóvil durante gran parte de los días y las noches.

Primero, por los taponamientos que se producen, debido a la cantidad excesiva de automóviles; cuando no, auspiciados por los mismos agentes destacados que dirigen en las intersecciones de mayor movimiento, verbigracia, Av. John Kennedy con Abrahán Lincoln, dejando los semáforos fuera de servicio, y que algunos los entienden “a pota”, para provocar altos consumos de combustibles mientras los vehículos están varados. ¡Acción que se cree dirigida a “pescar” impuestos” !, por órdenes superiores claro está.

Y, segundo, en razón de los irrespetos a las normativas legales de tránsito, la inconsciencia ciudadana de los conductores temerarios, como las grandes cantidades de vehículos en mal estado que se mueven (chatarras).

Aunque en contra de la “comparonería” de muchos dominicanos, que desde que consiguen dos o tres pesos, de inmediato solo aspiran a comprar un carro, los correctivos necesarios tendrán que venir.

Además, procede el tratar de evitar los ahogamientos económicos que implican muchas de las decisiones de ese tipo en la población –  comprar vehículos -, ya que los adquieren a crédito mayormente.

Como es lógico suponer también, a pesar de la gula impositiva gubernamental relativa, a ese tránsito caótico en el país, van a tener que ponerle control, cabe reiterar; y, con la celebración de Autoferias no será, pues con esas se produce todo lo contrario: acrecentar el mal que aqueja a la nación en el orden de lo tratado.

Una de las medidas correctivas obligadas a tomar en el tenor de lo abordado, tiene que ser la suspensión de la importación de vehículos, nuevos y usados, al menos por cinco años ¡Cero Autoferias entonces!

De lo contrario, se la pasará muy mal en esta República bananera, donde las privanzas ciudadanas imperan, sin calcular riesgos probables, y desequilibrios economicos a causar.

¿Por qué no celebrar otras ferias que resulten menos lacerantes, y más productivas para la sociedad, verdad, como, por ejemplo, agropecuarias?

 

Autor: Rolando Fernández

 

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INTRANT, ¿qué hacer con las esquinas bloqueadas por choferes desaprensivos?

 

Más que vergonzantes se reportan esos escenarios desastrosos que se verifican en algunas intersecciones callejeras de la capital dominicana, donde choferes de guaguas y carros públicos detienen sin ningún reparo sus vehículos, para montar y recoger pasajeros, hasta que a ellos “les salga de los forros”, como dice un refrán popular, mientras detrás de los mismos se registran inmensos taponamientos de automóviles, a los que se les impide el poder  continuar transitando, sin pensarse en la urgencia por llegar que puedan tener esos conductores varados.

Mientras tanto, a esos “animales con ropa” al frente de un volante, se les puede observar extasiados en sus asientos, muy quitados de bulla, y a veces hasta oyendo música, como queriendo decir: “a mí que me importa; que se esperen todos esos pendejos que vienen detrás”.

Y, sin embargo, los agentes de la cuestionada Autoridad Metropolitana de Transporte (AMET), cuando suelen estar por los alrededores, son incapaces siquiera de llamarles la atención a esos “ejemplares ciudadanos”, que se encuentran entre los pilares principales del desorden y la anarquía en el tráfico vehicular del país.

En esta República, para tantos de ciudadanos bananeros aún, se requiere imponer drásticas medidas dentro de ese sector choferil, para que un sinnúmero de personas, incluidos los visitantes extranjeros, que también se expresan sobre el particular, no se sigan llevando la impresión de que en este país no hay autoridad; que todo anda manga por hombro; que cada cual puede hacer cuánto le venga en gana, y no pasa nada.

Además, ese mayúsculo desorden que aquí se ve en el tráfico vehicular, y no solo a nivel del servicio público de pasajeros, sino también de los usuarios privados, en vehículos livianos y pesados, constituye una evidencia persuasiva bastante clara de cómo anda esta nación en sentido general.

Sería un buen estreno operativo para el INTRANT, como nuevo organismo regulador ahora dispuesto, para combatir ese gran flagelo local, y los desafueros conexos, interponer sus buenos oficios, a los fines de que las esquinas de nuestras calles y avenidas nunca sean bloqueadas por inescrupulosos choferes de carros públicos y guaguas, solo por el hecho de detenerse a montar y recoger pasajeros.

Muy buen lugar para comprobación de lo expresado, es la angosta intersección de avenidas Isabel Aguiar, con entrada a Las Palmas, en el sector de Herrera. Eso da más que asco y vergüenza. ¡Qué giren una visita por el área algunos inspectores que se designen, para que observen y reporten!

 

Autor: Rolando Fernández

 

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Con el INTRANT solo, ¡nada se va a resolver en Dominicana!

 

A veces el pesimismo no es bueno; de ordinario se reporta como mal consejero. Siempre conviene tener una “pizca” de esperanza, aunque todo horizonte relativo a una situación cualquiera luzca sombrío por completo. Claro, en ocasiones se hace bien difícil esperar que algo ocurra, que no sea lo negativo, tal lo es con relación al caso de que aquí se trata, por razones que huelga enumerar.

En este país, se da un deleznable escenario callejero vehicular, que deja bastante que desear; que hace ver muy lejos toda posibilidad de solución real al caos fehaciente que se registra en el mismo, dada la forma mediática en que se ha venido manejando el tema desde hace tiempo ya; con parches obvios, revestidos de retoricas, y politiquerías; cuando no, de las conveniencias grupales de estilo.

Ahora vienen con una nueva ley de transporte, y la creación de una superestructura reguladora, el INTRANT (Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre), con más elementos dizque controladores, que objetivos propiamente de enmiendas y corrección, por lo que se advierte; Sí, con propósitos claros de recabar mayores ingresos por concepto de multas o castigos pecuniarios a los violadores de las ordenanzas establecidas dentro del área.

Se cree que muy difícil, muchos de los problemas actuales en ese sector se puedan corregir, en base solo a lo normativo presupuestado, e incluido en la legislación puesta en vigencia recientemente. ¡Ya esos males tienen raíces bastante profundas!

Para compartir el parecer expresado, basta con pasearse a pie por las calles y avenidas de este país, como también algunas zonas convertidas en paradas de carros y guaguas para montar pasajeros. Cuántas “linduras” se pueden ver allí; qué gran desorden; falta de educación y civismo, tanto en choferes como pasajeros.

De asqueante aspecto, además, son las bandas de tigueres armados con tubos y palos que operan en esos lugares, gestionando personas para montarlas en los vehículos del concho. Son ellos los que seleccionan y obligan a abordar chatarras, aun en contra de la voluntad de los usuarios que pagan por el servicio.

Aquí no se quiere entender, que los grandes males, como es el caos en el tráfico vehicular en este país, requieren de cirugías mayores, no de más papeles para adornos de estantes con material jurídico, y nuevas normativas. Demasiadas leyes se tienen acá, y muy pocas se cumplen como es debido.

Con la vieja “Ley sobre Tránsito 241-67”, aplicada en su justa dimensión, muchísimas cosas se podían resolver; y, sin embargo, se tenía como una más del montón. Las exigibilidades que esa contemplaba cumplir se entendían como relativas, según quien fuera el infractor. Ojalá que en parte ahora no pase lo mismo con la número 63-17 sobre “Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial”, que es lo más previsible, por las evidencias persuasivas que se tienen.

En el tenor de lo tratado, en este país lo que hace falta es voluntad política, real dirección estatal correctiva, y mano dura por supuesto, para resolver ese gran “problemazo”. De lo contrario, todo seguirá de mal en peor.

 

Autor: Rolando Fernández

Definitivamente, los tapones vehiculares demandan urgente solución en “Dominicana”

 

A pesar de las afectaciones que se puedan producir, en términos del jugoso negocio de los combustibles para los diversos sectores que participan, incluido el estatal, como de aquellos que se dedican al expendio de piezas y accesorios para vehículos de motor, a los taponamientos de automóviles en nuestras vías de tráfico, hay que procurar buscarle rápida solución.

Inúmeras son las razones que convergen en la caótica situación del tránsito local. La verdad es que, no se puede salir en un vehículo a las calles y avenidas de la ciudad capital, y menos durante las horas pico.

Se tienen serios inconvenientes, tanto los conductores como aquellas personas que son transportadas, y que deben estar en determinados lugares a horas fijadas con antelación, tales son los casos de horarios de trabajo, asistencia a las aulas académicas, citas médicas, etc.

En el tenor de lo que se trata, son muchas las personas entre nosotros que tienen la impresión de que, independientemente del gran exceso de vehículos que hay en nuestro parque vehicular, y la poca prevención de los dominicanos en cuanto a ser puntuales, que salen siempre a última hora, como se dice popularmente, hay muchos de esos taponamientos de vehículos que son provocados adrede, por los beneficios comerciales, e impositivos que se derivan de los mismos.

Es posible que aquí se consuman más galones de combustibles durante esas varadas de automóviles encendidos en nuestras calles y avenidas, que durante el tránsito libre. También, que una mayor cantidad de vehículos resulten afectados en su funcionamiento normal, incluidos los calentamientos de los motores.

De ahí, el que no se haya procurado tener una eficiente y bien controlada, como coordinada semaforización vial, ni agentes de la AMET que oportunamente intervengan en su defecto. Todo lo contrario, suficientes evidencias se tienen de que ese personal lo que de ordinario hace, es interferir con los mandatos electrónicos, automáticos de esos aparatos, y situarse ellos a dirigir subjetivamente el tránsito, provocando mayores inconvenientes, por la ineptitud ostentada, como los “medalagarismos” que se notan. ¡Y, sabrá Dios, qué otras cosas subyacen!

Muchas veces se ha denunciado ese accionar cuestionable por parte de algunos de esos servidores públicos, que se supone deben velar porque las cosas mejoren en ese orden, y no contribuir a dañarlas más. Pero, ¡qué va!, nadie interpone sus buenos oficios en pos de las enmiendas debidas. ¡Todo continua igual!

No se está tomando en consideración un factor de muy alta peligrosidad, que también gira en torno a esos embotellamientos de vehículos, y que son los riegos probables que pueden correr algunas personas, que con urgencia tengan que ser trasladadas a un centro asistencial por algún problema súbito de salud, desde sus viviendas, o cualquier percance que se le presente, encontrándose varadas dentro del “molote” de carros.

Respecto de los tapones, finalmente se debe decir que, ahora se ha agregado un nuevo ingrediente, que se reporta muy beneficio para otro sector laboral de nuestra sociedad.

Según un amplio rumor que se ha hecho público, y puesto a circular rápido, algunos de los taxistas pertenecientes a una nueva empresa del ramo, que desde hace poco viene operando en el país, y en cuya escala tarifaria por el servicio ofrecido se contempla parcialmente el cobro por minutos de utilización a los usuarios de las unidades, ciertos conductores no evaden las aglomeraciones, pudiendo hacerlo, sino que a propósito, procuran introducirse en las mismas para que el tiempo corra bastante, y así poder cobrar más dinero a los clientes que son víctimas.

Luego van y celebran sus desaprensivos comportamientos, cuando se reúnen a departir con los demás compañeros de labores. “Piqué bastante bien con la persona de que se trate”, es lo que dicen descaradamente.

El enterarnos de esa nueva forma de abuso en contra de quienes le hacen el favor de darles trabajo, nos hizo recordar el decir de un amigo: “la especulación, los robos, y la corrupción, comienzan por nosotros mismos, los de abajo, y luego nos quejamos, cuando otros de mayor nivel ocupacional nos hacen víctimas de esos males”.

 

Autor: Rolando Fernández

¡Eso es perder tiempo y dinero!

 

Con tales inventos de última: “concienciación y educación de los conductores con la aplicación de la “multa educativa”, y “cambio de horario en la labor de las instituciones públicas, como forma de contribuir a descongestionar y mejorar el tránsito en las calles y avenidas de Santo Domingo y el Distrito Nacional”, no se resuelve ni siquiera parcialmente el caos que se verifica dentro de esa área en este país. (Véase: periódico “HOY”, del 6-6-16)-

 

Dejémonos pues de estar andándonos por las ramas, y pongamos los pies sobre la Tierra. Eso último es lo que nunca se hace; lo que siempre se obvia. Ocurre siempre con la mayor parte de las problemáticas nacionales. Por eso, jamás nada se resuelve.

 

Y quién ha dicho que con ese simple rayado en algunas intersecciones en calles y  avenidas del polígono central de la ciudad de Santo Domingo, se va a educar, como a concienciar a nuestros desaprensivos conductores. ¡No es tan sencillo el remedio que se requiere!

 

Eso de “multas educativas” aquí no funciona. Tal señalización de bloqueo no  es más que otro paño con pasta, de esos que aquí se estilan, ante una “suciedad” tan grande en este caso; y, posiblemente, una forma de darles a ganar dinero a determinados compañeros políticos.

 

El problema del tránsito en esta nación, asociado innegablemente con la inconsciencia ciudadana generalizada, como los apañamientos de orden oficial, requiere de cirugías mayores; de manos fuertes que apliquen las normativas legales vigentes dentro del sector; como, de una férrea voluntad política resolutoria.

 

Y, si no se está en esa disposición enmendatoria, que eliminen todas las señalizaciones y normativas de tráfico existentes, para que las violaciones flagrantes, y las burlas en presencia de las autoridades de puesto,  no se continúen viendo con la frecuencia acostumbrada, como es lo que se observa, por ejemplo, con respecto a las habladoras  recurrentes por  los teléfonos móviles   (en su mayoría, con perfiles de megadivas, damiselas encumbradas, y algunas novias de funcionarios públicos, intocables), como con los jevitos, hijos de papi y mami, que hacen lo que les viene en gana,  estando al frente del volante de un vehículo.

 

Indicaciones organizativas de orden vial, o de tráfico vehicular propiamente, las hay aquí de sobra, y por lo regular no se cumplen, con el  agravante de que, los agentes de la autoridad se hacen los locos ante las violaciones ordinarias, cuando se trata de vehículos de lujo, o con placa oficial.

 

Si van a proceder ahora en contra de las actitudes desaprensivas ciudadanas al momento de conducir un vehículo de motor, tendrá entonces la AMET que hacer lo propuesto: llenado y firma de un volante-formulario, con los datos del conductor y del vehículo, como “multa educativa”, en todas partes. ¡No puede haber excepciones!

 

De otro lado, y relacionado con la misma temática, está ahora sobre el tapete la pantalla del “cambio de horario en la labor de las instituciones públicas del país”. Con esa  disposición tampoco se obtendría resultado alguno entre nosotros, en el tenor de lo que se aspira.

 

Parece ser que no se conoce la idiosincrasia de los dominicanos. Si tienen que entrar a las 9:00 a.m., salen de sus casas a la 8:45 a.m., aunque pasen a formar parte del molote vehicular. ¿Y con los horarios de los colegios,  incidentes también en la problemática, qué pasará? ¿Cómo se manejarán las dos cosas al combinarlas?

 

Aquí, lo que se necesita ya dentro de ese sector, por la profundidad del mal, es concienciar con fortaleza, sin rostros privilegiados en la población infractora; y, exigir los comportamientos debidos ciudadanos, sin distingo alguno.

 

Hay que dejarse de  tantas políticas demagógicas, como de los entretenimientos acostumbrados, para resolver los problemas nacionales. Ir al grano de las cosas, y tratar de “agarrar el toro por los cuernos”, como se dice popularmente. De lo contrario, todos los intentos de enmendar, en el orden que sea, resultarán fallidos.

Rolando Fernández

¡Ay “mamacita”, tremenda solución!

La verdad es que, cuando se está en búsquedas politiqueras, “se dice todo cuánto viene a la boca”, como reza un refrán popular, pensando en que los interlocutores oyentes, o lectores de las reseñas periodísticas relativas que se produzcan, son tarados; que se pueden embaucar con facilidad.

Qué ocurrencia la del flamante alcalde del Distrito Nacional, que ha estado al frente de gestiones tan cuestionadas, en términos de eficiencia operativa; y, con aspiraciones entonces, a perpetuarse en el cargo. Parece ser que él cree, que ese ayuntamiento se lo dejó el gran maestro como herencia.

Según ese señor, y así lo planteó a nivel de la prensa local, “para solucionar el problema del tránsito que afecta a la plaza bajo su administración se debe realizar una redefinición de competencias, integrando la Autoridad Metropolitana de Transporte (AMET) a ese municipio”. ¡Qué fino habló!

No puede ese “magnate” ni con la basura, el mantenimiento y protección en los cementerios públicos localizados dentro de su jurisdicción, los arreglos de aceras y contenes, tapar los hoyos en calles y avenidas, la canalización de las aguas pluviales, como las negras que inundan su ciudad a cargo, entre otras cosas, y está pretendiendo resolver desde su despacho el mayúsculo y conflictivo problema del tráfico vehicular en este país (segmento que le correspondería), mediante el traspaso de la AMET a la Alcaldía del Distrito Nacional. ¡Qué tupé!

Osó decir que, “cuando esa institución pertenezca a la alcaldía del Distrito, Santo Domingo avanzará, como lo han hecho importantes ciudades del mundo, entre estas New York y Buenos Aires, las cuales han avanzado de manera sustancial en el tema del tránsito”.

Parece ser que él olvida, que en esas urbes extranjeras los ciudadanos tienen conciencia cívica; que allí se observan debidamente las normativas legales que rigen dentro del sector; que   las mismas  no son sustituidas por el tráfico de influencias, como los irrespetos consentidos y solapados, por ser funcionario público, o algún allegado al mismo; que son todas estas últimas, causas importantes de las que se encuentran en la base de ese problema nuestro; y que desde su despacho, nadie puede advertir posibilidades de corrección alguna en tal sentido. ¡Estará soñando, o borracho con el cargo!

Pero además, cuánto choca de frente su propuesta con el contenido de un connotado trabajo que aparece publicado en el medio “Diario Libre”, página 20, edición d fecha 23-10-15, “UNA CIUDAD COLAPSADA” (4-5), con un subtitulo bastante significativo:  “¿A QUIEN BENEFICIA EL TRÁNSITO CAÓTICO DE LAS CALLES DOMINICANAS?”, bajo la firma de Hamlet Hermann.

Cuántas “bellas perlas” alusivas a dicha problemática se exponen allí. Se hace alusión, o se desvela para muchos inocentes se podría decir, al gran contubernio entre los sectores publico y privado que convergen en el área, y a los cuales obviamente les conviene el alarmante desorden vehicular en nuestras calles y avenidas, por alto consumo de combustibles que implica, entre otras cosas.

Al leer el interesante trabajo, en que se hacen menciones directas a: “Institucionalidad, Decisión Política, Comerciantes, Lobbysmo, Otros victimarios, Victimología”, con sus respectivas explicaciones,  y reflexionar sobre el peso específico de los mismos – lógico es suponer que hay proclividad a promoverlo  -, la pregunta que se caería de la mata es: ¿podría el flamante alcalde del Distrito Nacional, doblarles el pulso a esos sectores implicados, que se benefician tanto del sonado caos vehicular de referencia, taponamientos y demás?. ¡Ni él mismo, si está en su pleno juicio, cree que pueda! Pero, se está en campaña política.

El problemazo del desordenado trafico de vehículos en este país, tiene cierto matiz analógico con otro de igual, o quizás de mayor trascendencia entre los dominicanos, que es el de la energía eléctrica, con los pingues negocios múltiples que envuelve, y el maridaje político empresarial regente.

Para hablar de enmiendas en torno al mismo, habría que contemplar las eliminaciones pertinentes de corte reciprocatorio con los actores desde el poder político: coparticipaciones accionarias en empresa del sector, comisiones, canonjías o prebendas, etc. ¡Jooo, cuidado con eso!

Pero además, el sacrificar las comercializaciones de plantas eléctricas, de combustibles para su consumo, inversores, baterías, y materiales complementarios, entre otros. Todos, con los correspondientes efectos derivados, respecto de los cargos tributarios atribuibles, que proporcionan muy buenos ingresos al “fisco nacional”. ¡De ilusos sería creer en su eventual eliminación!

Por consiguiente, los que entre nosotros estén pensando en las enmiendas que se requieren, tanto dentro del sector transporte vehicular, para su reordenamiento y debida supervisión; como, en  todo cuánto hay que hacer dentro del área de la energía eléctrica, en pos de eficientizar y abaratar el cobro por el servicio, que se sienten, o se acuesten bien cómodos, debido a que el logro de ambas aspiraciones será muy difícil.

Y, si es que algo positivo para la población puede alcanzarse, lo será dentro de muchos años, cuando puedan aparecer gobernantes y autoridades entre nosotros, a los que les duela la gente de esta nación.

¡Ojalá estar equivocados, y no haya que esperar tanto!

Rolando Fernández

Un problema que apremia: los taponamientos en el tráfico vehicular

El grueso de las pseudos autoridades que se gasta este país, nada más están pensando en la reelección, politiquear, acuerdos partidarios, y demás “yerbas aromáticas” de estilo, de cara al próximo torneo electoral. ¡Penoso eso!

Sin embargo, hay otras temáticas que se deberían abordar con voluntad y firmeza, que poco pasan por las mentes de quienes les competen, como es el caso, por ejemplo, del caótico tránsito vehicular que aquí tenemos, y más en adición.

De ordinario, se inventa y se allanta bastante sobre la marcha con respecto a ese particular, introduciéndose “paliativos” de corta duración. Y es que, a las verdaderas causas-base de ese problemazo, cada vez más in crescendo, no se quiere bajar, por las “aristas” visibles y riesgosas que tiene.

Siendo cualquiera algo conservador, no sería osado pensar que, dentro de un par de años como mucho, no se podrá transitar por las calles y avenidas de este país. Los inmensos taponamientos que se habrán de producir, si continúa todo como va, no lo permitirán. Será necesario entonces moverse en motores, y bicicletas; o, comprarse un helicóptero para poder ir bien montado, los que puedan hacerlo claro está.

El parque vehicular que ya aquí se tiene está muy por encima de la capacidad vial existente. Al parecer, en esta nación hay más automóviles que gente. Y, las importaciones de vehículos de todo tipo, que aportan jugosos tributos a los gobiernos de turno, siguen “viento en popa”. ¡Ni pensar tocar esa alcancía!

Para introducirse en ese pandemonio de vehículos callejeros nuestro, sin que sea a las llamadas horas pico incluso, hay que pensarlo dos veces; estar dispuesto a estresarse; como, a correr los riesgos probables obvios (problemas de salud, infartos al miocardio repentinos, cualquier necesidad fisiológica, más en caso de problemas intestinales – diarreas -, etc.), en medio de las aglomeraciones que se producen en la actualidad, sin que se prevean las medidas enmendatorias pertinentes para evitarlas.

¡Brillan por su ausencia los correctivos de lugar que ya se imponen! De eso muy poco se quiere hablar, por las implicaciones que se toman en cuenta, entre ellas las de carácter tributario para el Estado, en términos de las tan apetecidas recaudaciones aduaneras, procede reiterarse. También el evitarse enfrentamientos con los sindicatos de choferes públicos, entre los demás infractores de la ley de tránsito nuestra.

La otra fuente de ingresos estatales sujeta a afectación en el caso de, lo sería el gran consumo de combustibles cada día, lo cual aporta una gran tajada impositiva también. ¡Hey, cuidado!

Independientemente de todo, la autoridades de este país tienen que  ir pensando en medidas tales como: suspender la importación de vehículos durante dos o tres años; disponer el tráfico vehicular dividido, a partir del número de placa, par o none; ampliar y facilitar en la medida de lo posible, el transporte público colectivo, con administración estatal, y la concienciación ciudadana de orden;  fijar horarios especiales para el tráfico de los vehículos pesados; establecer cambios escalonados para los horarios laborales, como de entradas y salidas a las escuelas y colegios; habilitar y controlar de manera efectiva carriles expresos en las principales avenidas de las ciudades, principalmente, entre otras cosas que se hacen necesarias.  Además, inclinarse por la aplicación irrestricta de la ley de transito, y sus normativas complementarias, sin distingos de ninguna clase.

De no adoptarse y planificarse las regulaciones, como los correctivos que se requiere ir aplicándolos desde ya, imposible será en el mediano plazo el conducir un vehículo de cualquier tipo en este país.

Rolando Fernández

¿A quién cargar ese nuevo muerto?

No sería muy difícil arribar a una acertada conclusión, para responder a esa pregunta, después de leer la reseña correspondiente al suceso de orden choferil acaecido en el kilómetro 9 de la autopista Duarte, en que lamentablemente perdió la vida uno de los llamados “control de ruta”, señor Wilfredo Fernando Morillo, con solo 29 años de edad.

En lo primero que se debe reparar es que: ni los sindicatos choferiles, como tampoco los dueños de rutas son propietarios de ninguna calle, avenida, o esquina correspondiente, dentro del territorio nacional, para prohibirle el tránsito a nadie que se mueva en otro vehículo, de su propiedad o no, que paga una chapa para circular, y los demás impuestos aplicables; como, que monte y desmonte personas en cualquier lugar de las vías públicas. Esas son atribuciones originadas en la falta de autoridad y respeto en que vive la sociedad dominicana.

Solamente en una selva de cemento como ésta, se pueden verificar acontecimientos tal ese ocurrido en el kilómetro 9 de la autopista Duarte, con precedentes similares en otros puntos de la geografía nacional.

Da  más que asco y vergüenza, ver a diario aquel desorden que se produce en el lugar de la ocurrencia ahora, con todo ese “perruaje” choferil disputándose los pasajeros que necesitan trasladarse a otros sitios, y el concurso del “tigueraje” armado que opera en el área, dizque “controles de ruta”, armados de machete, palos y tubos para amedrentar, y usarlos si es necesario, ultrajando a los conductores no afiliados, como a los pasajeros que puedan transportar.

Y, todo se lleva a efecto ante la mirada indiferente de las autoridades allí apostadas, mujeres de la AMET en la mayoría de los casos, que jamás pueden ponerles el frente a todo aquel bandidaje choferil, compuesto en su mayoría por tigueres malcriados e irrespetuosos.

Ahora, el asunto se torna más interesante cuando uno se entera del gran negociado que representa la actividad del transporte público en este país, para los que no transportan a nadie obviamente: los sindicatos y los dueños de rutas.

Muy importantes se tornan al respecto, las declaraciones que ofreciera el chofer Alejandro González, quien no está afiliado a ningún sindicato: “Casi todos los sindicatos urbanos, como Fenatrano, Unatrafin y otros, tienen turbas pagadas para agredir a choferes que conchan en las calles libres para ganarse la vida”. ¿Y que hacen las autoridades? ¿No se puede someter esa gente al imperio de las leyes relativas vigentes?

Pero además, se habla en el reporte periodístico del negociazo que envuelve el ejercicio, en cuanto a los resultados de una investigación realizada, y que arrojó que, “para trabajar en algunas avenidas hay que pagar al sindicato que opera de RD$300 mil a RD$700 mil de inscripción, y luego pagar una cuota semanal o mensual al dueño de dicha ruta”. ¡Ay mamacita! (Véase “Diario Libre”, del 12-8-15, página 18).

La verdad es que, meditando sobre eso sosegadamente, pocos son los hechos sangrientos que ha habido, por desavenencias entre esos empresarios, y sus serviles, entre otras cosas; asesinatos directos a choferes y personas relacionadas con el sector; como, el modus operandi de los “guardianes en las paradas de cada ruta”, sus bravuconerías y osadías desagradables. ¡Cada uno defiende su parte del negocio, a costa de lo que sea, en esta selva sin control!

A eso van a tener que poner coto las autoridades del país, para evitar males mayores a los ya ocurrido. Esa es una situación muy peligrosa, que innegablemente se les ha ido de las manos a los organismos competentes. ¡Se han hecho los locos!

La opinión generalizada es, que todas esas rutas deben ser despersonalizadas y oficializadas; que el control absoluto de las mismas lo tenga la Oficina Técnica de Transporte Terrestre (OTTT).

Que cada cual pueda ejercer como transportista publico, siempre y cuando se ajuste por completo a las normativas vigentes, como las que se dispongan en el futuro, amén de que el vehículo a utilizar reúna las condiciones necesarias. Ese servicio, tan imprescindible y delicado, por los riesgos que envuelve, no puede ser de la exclusividad de personas o grupos algunos. ¡No!

Pero además, y en el orden del caso tratado, hay algo que llama poderosamente la atención: el victimario directo envuelto en el suceso lo fue el sargento del Ejército de la República Dominicana (ERD), señor Rubén Vásquez, que se dijo, estaba haciendo las veces del transportista en un carro de su propiedad.

¡Él no ha sido el único!  Tampoco el primero, que  se ha visto obligado a compartir su disciplina oficial, con una actividad muy diferente, impulsado de seguro, por las precariedades económicas que acosan a nuestros militares y policías.

Para nadie es un secreto, que tal situación obedece a los salarios de miseria que reciben los mismos, que no les permiten la satisfacción de las necesidades de sus familias, como las propias, teniendo que buscar dineros adicionales, sin importar los riesgos probables en los que tengan que incurrir.

Y eso, es algo sobre lo que también deben reflexionar sus jefes inmediatos, como las autoridades mismas del Gobierno, fijándose en ese hecho penoso acaecido, que a tan difícil situación legal ha llevado al sargento Rubén Vásquez.

Nuestros guardias y policías no pueden vivir con los pocos cheles que reciben como salarios, teniendo que exponer sus vidas, y proteger en este país, a tantos adinerados, empresarios y políticos, que los miran por encima de los hombros; que los desprecian por su bajo nivel social.

Entonces, es muy fácil deducir a partir de lo todo lo expresado, a quién en realidad cargarle ese muerto del kilómetro 9 de la autopista Duarte.

Rolando Fernández

Una muestra fehaciente de los choferes públicos nuestros. ¡Qué “educados y condescendientes” son!

La verdad es que, a veces resulta mejor no leer los periódicos nacionales, para uno no amargarse la vida; sentirse impotente ante los actos vandálicos, o delictivos, que se vienen produciendo  en el seno de esta sociedad nuestra; pensar que es muy cierto el que estamos viviendo ya en una selva de cemento, en la que se tiene que compartir con animales que usan ropas y calzados, a pesar de lo avanzado del siglo XXI.

¿Y cómo es posible que en estos tiempos, que suponen cierto grado de civilización, humanización, y evolución, en términos espirituales,  uno se encuentre con noticias como ésta en la prensa local? “Detienen al chofer que lanzó a anciano desde un minibús”.

Pero, más deleznable y deprimente resulta el conocer la razón que motivara aquella “animalesca” acción, al leer la reseña de prensa relativa: “porque no tenía para pagarle el pasaje”.

Las preguntas que cualquiera se haría son: ¿es que el irracional que hizo eso no tiene padre ni madre? ¿Y qué diablo cuesta un bendito pasaje en una guagua vieja de esas, to’ destartaladas,  para que no se pudiera transportar gratis a ese viejo depauperado?

Lo cierto es que, ya este país tocó fondo; se le ha perdido el respeto a todo: la vida de los demás, la ancianidad, las mujeres, los niños. Y todo, producto del libertinaje generalizado, las lenidades a granel que se tienen, como los “perreos choferiles” que nos gastamos los dominicanos, teniendo para eso último, más de un organismo regulador para supervisar y actuar. Pero, todos resultan inoperantes, incluido al que compete el orden público generalizado.

¡Razones para las permisividades todas, las hay más que a la vista! En primer lugar, y en lo atinente al ineficiente y riesgoso transporte público, se les tiene miedo a los dueños de los sindicatos que apadrinan a los tantos “vándalos desalmados” que operan dentro del sector, y que tienen como trabajo el transportar la gente  de a pie en el país. Claro, lo hacen de forma atropellante, desaprensiva, y temeraria por demás, sin que nadie ose llamarles la atención.

Del que se trata ahora, ya los jefes de los grupos deben estar gestionando su liberación de culpa y puesta en libertad. No nos extrañemos  que se diga, para justificar, “que el anciano le fue encima al chofer con un arma blanca”. No sería raro, ¿verdad?

Amén de la desastrosa forma en que se conduce, y el mal estado de los vehículos – a esos no se les exige, revista, cinturón de seguridad, botiquín, gomas en buenas condiciones, etc. -, la  norma es andar en los carros con una bomba de tiempo en el baúl, un tanque de gas propano, viejo y oxidado, dando más saltos que un “maco”, y con los pasajeros teniendo que agarrar las puertas de los automóviles (chatarras en la mayoría de los casos), para no caer súbitamente en el pavimento.

Se detienen dondequiera a recoger o esperar pasajeros, no importa que sea en las mismas intersecciones, medianía de cuadra, y hasta debajo de los semáforos. Taponan las vías, y el que venga detrás que se aguante, o les pase por encima. ¡Tremendo espectáculo!, que denota gran “civilización”, y un comportamiento ciudadano “apropiado”.

Para comprobar lo expresado, solo hay que salir a observar lo que ocurre en nuestras calles y avenidas, como en las malolientes paradas, dispuestas medalaganariamente en cualquier esquina, para recoger o esperar a los desesperados pasajeros, sin otras opciones, capitaneadas por tigueres, armados con tubos,  palos, y hasta machetes, que obligan a los usuarios del transporte a tener que montarse donde a ellos les venga en gana, siempre y cuando sea en los carros de la ruta.

Y las autoridades todas, “¡bien gracias!” La mayoría de los miembros asignados para esa clase de servicios, “se hacen de la vista gorda”, como se dice en Dominicana. Cuando no es que, son mujeres las que se designan dizque para controlar, incapaces de ponerse a luchar, por su condición obvia, con todos esos irracionales que operan dentro del servicio, con rarísimas excepciones. Pero, “es pa’lante que vamos”.

Qué dirán los lectores en el exterior, cuando reflexionen sobre declaraciones tales, provenientes del vocero de la Policía Nacional, coronel Jacobo Moquete, que transcribimos a continuación:

“Está preso un chofer de minibus que a principios de la semana lanzó al pavimento a un anciano porque no tenía para pagarle el pasaje”. De seguro, “ese es un país de animales; ahí no se puede ir”. Valedera la apreciación, a partir de un hecho de esa naturaleza. (Véase: “Diario Libre”, del 25-7-15, página 04).

En lo que mucha gente no repara, en relación con episodios de ese tipo es que, en este marco delincuencial y criminal en que vive la sociedad dominicana, que según dicen las autoridades se está tratando de combatir, tal clase de comportamiento ciudadano contribuye a fomentar más aún esos flagelos.

Si ese señor abusado y ultrajado tiene hijos, o familiares, a los cuales les  duela  su pariente, existe la posibilidad de que traten de vengarse, de pasarle factura a aquel victimario desaprensivo. ¿Y entonces, contribuye eso o no?

Rolando Fernández

¡Informe de AMET!, ¿para qué?

Aquí todo se quiere subsanar o enmendar con la designación de comisiones para investigar muy a posteriori las cosas que ocurren; o, la producción de informes preliminares después que pasan las desgracias en el cuestionable trafico vehicular nuestro, como esa muy reciente ocurrida en la tarde del jueves 6 junio último, a la altura del kilómetro 30 de la Autopista del Nordeste, dirección Santo Domingo-Samaná, en que murieran 13 personas, y unas 24 resultaran heridas.

De la colisión fatal que se produjo entre un camión y un autobús de pasajeros,  en la cual de seguro medió la temeridad y la imprudencia de los conductores envueltos, como es lo que aquí siempre se estila, solo quedarán las especulaciones y  los dichosos informes que se producen después que pasan las cosas.

Luego solo queda recoger y dar sepultura a los cadáveres que resulten, como el trasladar los lesionados a los hospitales que aparezcan; y claro, manifestar las sentidas condolencias a los deudos, familiares, y allegados más cercanos.

“Expresamos nuestras más profundas condolencias a familiares y amigos de las personas que perdieron la vida en ese lamentable accidente de tránsito”.  Así lo hizo de nuevo el general Pablo Arturo Pujols, director del organismo encargado de regular el tránsito, según una publicación de la prensa local. ¿Y qué más?

Esa es la gran pregunta que tantos se hacen en este país, al parecer carente de autoridad por completo, donde todo el mundo hace cuánto le viene en gana; donde no se observan las normativas legales vigentes, y mucho menos a nivel  del tráfico vehicular nuestro, plagado casi por completo de conductores analfabetos y desaprensivos, a los que muy poco les importan las vidas de las personas que transportan,  y ni siquiera la de ellos mismos.

Muchos de ésos ni siquiera han sido autorizados para estar detrás de un volante; carecen de la documentación requerida, y hasta se dan sus tragos mientras conducen, o quizás están bajo los efectos de otras cosas. Pero, tienen padrinos que los protegen en los seudos sindicatos empresariales del ramo, cuando no uniformados  de los cuerpos policiales y castrenses, parientes o amigos, que siempre sacan las caras por ellos, y que modelan sus actuaciones, al sentirse apoyados.

Con la desgracia del tráfico vehicular que nos gastamos los dominicanos, muy pocas cosas ocurren en este país. Somos  dichosos hasta cierto punto. Personas que residen en otras latitudes, donde se respetan las leyes, y se exige formación para manejar un vehículo de motor, cuando reparan en el desborden, y la forma en que aquí se conduce, se persignan, y dicen: “santísimo el que conduce un automóvil en este país, lo puede hacer en cualquier parte del mundo”, aunque desconozca el lugar, y hayan riesgos posibles.

¡Eso es así! Y, el que quiera comprobar esa penosa y deleznable realidad, solo tiene que pasearse por las calles y avenidas de nuestros pueblos y ciudades. Observar a los guagüeros y choferes de carros públicos; la temeridad en el tránsito de los vehículos pesados; cómo se mueven los vándalos que tenemos entre los motoristas; los aparcamientos de vehículos dondequiera, hasta encima de las aceras, prohibiendo el paso a los peatones; cuando no es que están ocupados esos espacios con talleres, materiales de construcción, o extensiones de tiendas.

Pero, además está la utilización de los lugares para desplazamiento peatonal, por parte de los vendedores ambulantes, provocando el que la gente tenga que tirarse a las calles para poder caminar, obviando las peligrosidades fehacientes. “Qué el diablo se lleve a cada cual; yo tengo que buscármela”, es lo que dicen muchos.

Los mismos rayados, pasos dispuestos en las esquinas para el cruce de las personas de a pie, que deben dejar libres los vehículos que transitan, los conductores se apoderan de ellos alegremente ante  los agentes de puesto, y éstos ni miran.

Y para colmo, cómo es posible que entre nosotros se les permita que los animales-conductores  a nivel de los servicios públicos de pasajeros que tenemos, detenerse a esperar o recoger pasajeros en plenas intersecciones de calles y avenidas principales, obstaculizando todo el tránsito. También, el establecer paradas para estacionar, y esperar que aparezcan los pasajeros, provocando grandes tapones en esas áreas.

Son bastantes las infracciones de tránsito que aquí se verifican, de todo tipo, con violadores dentro de las distintas capas sociales. ¡Ay de las damiselas envalentonadas, novias o amantes de altos militares, o funcionarios públicos, oyendo estruendosa música, o hablando plácidamente por lujosos celulares mientras mal conducen! “Ni la “vide” dicen algunos policías; “esa es la mujer de un jefecito, y uno puede calentarse”.

Los únicos que al parecer no se percatan de las tantas atrocidades que se verifican a nivel del tránsito local, son las autoridades competentes, que muy poco procuran hacer para enmendar, y castigar como se debe, para que los ciudadanos todos de este  país procedan como se debe dentro de ese sector.

Entonces, no es cuestión de pésames, condolencias, lamentaciones, y demás pantallas. El asunto es procurar la adopción de las medidas preventivas pertinentes, para que no vuelvan a producirse tragedias como ésa; la aplicación sin contemplación, ni distingo de persona alguna de las penalidades o puniciones que correspondan.

Por  esas acciones  es que se deben sustituir las investigaciones y los informes, después que las fatalidades, tal la tomada como referente en esta humilde opinión, enlutan a la sociedad nacional. Eso, con el perdón del general Pujols, que lo único que ha hecho es seguir con el protocolo relativo de estilo entre nosotros.

Finalmente, y a propósito de todo cuánto aquí se ha expresado,  hay muchas personas entre nosotros preguntándose, ¿y en qué paró por fin el caso Boca Chica, y los choferes desaprensivos, que según se dijo, intentaron quemar un autobús repleto de niños, bajo el alegato de que no se estaban usando sus servicios?

¡Parece que era obligado hacer el viaje con ellos! Luce, como que a ese episodio deleznable se le viene dando largas a nivel de los tribunales del país, hasta que la gente se olvide de eso. Es la percepción casi generalizada que se tiene.

Esa es una muestra más, de cuán inútiles resultan las investigaciones y los informes correspondientes en esta nación, sobre los penosos eventos que se verifican, de cualquier naturaleza, máxime cuando hay envueltos sectores de poder, empresariales, o sindicales.

Rolando Fernández