Los estadistas protegen el signo monetario de sus respectivos países

 

Sí, honran la paridad cambiaria estable de su moneda. Consideran esta última como un símbolo patrio más, que merece salvaguarda, y no permiten que intrusos injerencistas, prestamistas internacionales en la mayoría de los casos, vengan a estar jugando con la apreciación de misma, como condicionante para la concesión de sus empréstitos.

 

En ese tenor, grande es la diferencia que se verifica entre políticos y estadistas, en términos de sus concepciones. A esos primeros, parece ser les importa un bledo, cuánto pueda ocurrir con su unidad de cuenta, siempre y cuando puedan lograr sus propósitos personales y grupales, pues jamás se piensa en función de lo nacional propiamente.

 

Claro, el mayor concurso que reciben en ese orden durante las gestiones gubernativas es el de los tecnócratas de la economía, siempre ideando e inventando modelos o patrones, políticas, etc., que vayan en favor de esos intereses, y que poco garanticen el bienestar y desarrollo de los pueblos, para no puedan concienciarse sobre las travesuras de explotación y demagogia extrema que sobre ellos penden.

 

Reflexionando sobre esta temática con imparcialidad en lo que a nosotros respecta como país, se puede advertir que, no hemos sido la excepción; al igual que, de continuar las cosas como van seremos otras de las naciones a poner como ejemplo con relación a una fuerte eventual devaluación de su signo monetario

 

Recordemos que, ya en una ocasión la paridad peso-dólar USA, anduvo por el orden de los RD$54-56.00 por un dólar (gobierno de Hipólito Mejía, que, dicho sea de paso, fue una de las cosas que se lo llevó de encuentro). Y hoy, ya está por encima de los RD$46.00, en periódicos, con tendencia a seguir subiendo, en momentos que se superan ampliamente esos tiempos de otrora, en cuanto al volumen de los compromisos con el exterior, incluyendo el pesado fardo de la deuda externa ya contraída, que puede ser uno de los detonantes poderosos para una significativa devaluación de la moneda nuestra.

 

Aquí podemos hablar de dos estadistas en realidad preocupados por la creación y estimación más adelante de nuestro peso durante las últimas décadas, que están en la historia patria del país, aunque algunos interesados quieran negar esas condiciones atribuibles a tales mandatarios. Muy claro debe estar en la mente de todos los dominicanos estudiosos, cuánto ha ocurrido con la moneda nacional después que el último de ellos tuviera que abandonar la nave del poder.

 

De inventos sobre inventos se ha ido, al extremo de poner a rodar nuestra unidad de cuenta en un mercado cambiario especulador, como víveres locales cuales sean, para que ineptos acaparadores y especuladores cualesquiera les asignen los valores para compra-venta que les venga en gana, haciendo honor a la muleta capitalista de la ley de oferta y demanda.

 

Claro, sin tomar esos en consideración los resultados inflacionarios y dañosos, que en términos de precios y demás efectos gravosos para la sociedad se puedan desprender a posteriori. Incluso, poniendo a veces de rodillas a las autoridades competentes del ramo, que en ocasiones hasta ellas mismas tienen que acudir a ese mercado en busca de las divisas requeridas.

 

¿Y todo partió de dónde? De la falta de estadistas en la dirección de esta nación; los injerencismos de los organismos internacionales de financiamiento, que son en realidad quienes dirigen nuestra economía platanera desde ultramar; del copismo de modelos y políticas conexas por parte de los economistas alienados locales; y, obviamente, de los mandatos y disposiciones de los que han estado gobernando en este burlado país.

 

Una de las determinaciones obvias, que, en nuestra humilde opinión, desde hace ya un tiempo razonable comenzó a presionar hacia arriba la tasa de cambio en ese mercado local, de forma sostenida, lo fue la reducción connotada de las tasas de interés pasivas que dispusieran las autoridades monetarias, como política económica, por parte de todo el sistema bancario en el país, “teledirigidas” desde el mismo organismo rector de lo financiero y cambiario entre nosotros.

 

Los efectos desde entonces no se dejaron esperar. En la actualidad se han tornado ya algo preocupante para la Autoridad Monetaria y Financiera del país, al extremo que se ha comenzado a tomar medidas en procura de enfrentar la volatidad de la tasa cambiaria (“presiones no deseadas sobre la tasa de cambio”), con la supresión en un plazo no mayor de 90 días de llamadas “Terminales de Puntos de Venta (TPOS), conocidos popularmente como Veriphones, exclusiva para pagos en moneda extranjera”.

 

Pregunta: ¿Se han confirmado, o no, tanto la aseveración que intitula, como las consecuencias previsibles derivadas de los que muchos pensantes nuestros denominaron una desacertada decisión monetaria, en lo concerniente a las diminuciones en las tasas pasivas de interés? ¡Innegablemente que sí!

 

Cuando se produjo la decisión aquella de rebajar considerablemente las precitadas rentas para los depositantes, se podía inferir con facilidad lo que vendría más adelante, por lo que osamos, en el marco de nuestra ignorancia, advertir sobre la posible ocurrencia en tal sentido, a través de la publicación del siguiente artículo en un medio digital del país. ¡Y, lamentablemente, como siempre, solo se continuó viendo las cosas en una sola línea, o dirección!

 

Mucho ojo con las tasas de interés pasivas, y la de cambio dólares USA

 

Durante los últimos meses, ambas tasas han estado bajando y subiendo, en el orden respectivo que encabeza.  El nuevo presidente electo de la República, a través de sus técnicos altamente confiables, debe estar bien atento al comportamiento de ambas variables, ya que las primeras, constituyen herramientas muy importantes para controlar la segunda, que de seguir deslizándose hacia el alza en los actuales momentos de crisis en que vive el país, podría acarrear una situación inflacionaria de serias consecuencias, como una desestabilización social, a la que probablemente algunas personas aquí podrían estar apostando.

 

Para nadie es un secreto que, algunos de esos títeres alienados   que nos gastamos los dominicanos, al servicio de los intereses de ultramar, muchos de los cuales sólo actúan como colaboradores de los tecnócratas representantes de los organismos internacionales de financiamiento, y que se jactan de ser muy buenos economistas, lo que más aspiran es a seguir devaluando la moneda nuestra.

 

Esos antinacionalistas, a los cuales poco les importa el valor del signo monetario del país, y que bien pudieran estar identificados con otras parcelas políticas, distintas a la que hoy dirige los destinos de la nación, hay que seguirles muy de cerca los pasos, para cuidarse de sus posibles recomendaciones mal intencionadas, que puedan traer mayores problemas económicos al nuevo Gobierno, y a sus más altos representantes.

 

Lo que esa gente de seguro podría estar es, aspirando a continuar dolarizando más todavía la economía nacional, provocando una mayor tasa cambiaria cada vez, para favorecer intereses grupales internos y externos, amén de poner en graves aprietos a la presente gestión gubernamental, según se advierte.

 

En este país todos los precios se establecen ya en función del dólar norteamericano, incluyendo los correspondientes a los bienes y servicios básicos para la población, como son los casos de los carburantes y la energía eléctrica, que tienen un efecto inflacionario traslativo directo hacia todo el consumo local.

 

Luego, de hacer que la tasa de cambio se dispare, presionando hacia la baja las de interés pasivas, que paga la banca nacional, los efectos serían bastantes predecibles, ya que los retiros masivos de depósitos en pesos dominicanos, irán de inmediato a procurar dólares en el mercado especulativo local de dicha moneda extranjera, generándose un aumento significativo en el precio de la unidad de cuenta norteamericana.

 

La estabilidad cambiaria nuestra, ¡hay que tratar de mantenerla a como dé lugar!, y una de las formas más efectivas de hacerlo sería, el no continuar forzando hacia la baja las tasas de interés pasivas; sino, estimulando el ahorro, como las inversiones a nivel del sistema bancario nuestro.

 

Cualquiera se preguntaría, ¿de qué les serviría a los productores dominicanos el pagar bajas tasas de interés, argumento que tanto se utiliza, por el efecto directo de la disminución en las pasivas, para entonces tener que comprar dólares mucho más caros en el mercado local de esa moneda, cuando se tenga que recurrir a éste? ¡Pregunta reflexiva!

 

¡Ojo al Cristo!, nuevas autoridades del país.

 

Autor: Rolando Fernández

 

¡Eso debió haberse hecho hace tiempo: controlar pagos en moneda extranjera!

 

Dice un viejo refrán que, “el pasmo con tiempo tiene remedio”. Pero, en nuestro país se estila que a las enfermedades se deja coger mucho cuerpo para entonces querer medicar, cuando incluso la cura se hace bien difícil, si es que se puede lograr.

Para nadie es un secreto que, con énfasis, desde hace un par de años, quizás más, algunos sectores nacionales se han venido inclinando por la dolarización de la economía nuestra, y los aportes a esas pretensiones han sido obvios.

Sin embargo, las autoridades competentes de la nación al parecer han estado siempre durmiéndose en sus laureles, y es ahora cuando están dejando entrever su preocupación en el orden de lo que se trata, procurando interferir con ese propósito considerado no apto por tantos buenos técnicos nuestros, y ciudadanos en general de este país

La muestra es, la disposición presente en lo que respecta a disponer un plazo no mayor de 90 días para el retiro de los veriphones exclusivos para pagos en moneda extranjera, Terminales de Puntos de Venta (TPOS), según reseñas de la prensa, y un comunicado aclaratorio del Banco Central de la República Dominicana.

Evidentemente, esa luce ser una medida parcial correctora, e inicial, en pos de “evitar presiones no deseadas sobre la tasa de cambio”, entre otras cosas se supone. Se adujo en ese sentido, “que la medida está en consonancia con lo establecido en la Constitución de la República y la Ley Monetaria y Financiera”. ¡Claro que sí! Por eso es que debió no haber tardado tanto.

El enterarnos sobre esa atinada medida oficial, nos hizo recordar un artículo relacionado con los precios y pagos en moneda extranjeras a nivel local, que escribiéramos y publicáramos en el periódico digital “Nuevo Diario” hace ya un par de años, a partir de un trabajo que hiciera público el periódico “Listín Diario”, bajo la firma de Amilcar Nivar, referente a la violación de Ley 358-5, sobre “Protección de los Derechos del Consumidor y Usuario en República Dominicana, y que establece que los precios de los bienes y servicios  que se oferten en el país, tienen que ser expresados en moneda nacional”.

No obstante, esos trabajos pasaron como siempre por debajo de la mesa, sin que ninguna autoridad competente reparara en ellos. Y, como en estos momentos, los mismos se pueden asociar con la preocupación de orden enmendatorio hoy puesta de manifiesto por parte de las autoridades competentes, vale la pena al menos uno transcribir a continuación, como parte de la presente opinión. ¡Quizás algo aporte!

 

Precios en dólares

 

Sólo aquellos que se sienten ser poco dominicano, alienados o defensores de los intereses extranjeros, no les afecta emocionalmente el que en este país se margine nuestro signo monetario, un símbolo patrio de gran connotación; que se haga ese desprecio a nuestra moneda, sin rubor alguno, para mercadear productos u ofertar servicios.

 

La consideración se deriva de la información que publica el periódico Listín Diario, bajo la firma de Amilcar Nivar, que se refiere a la violación a la Ley 358-05, sobre Protección de los Derechos del Consumidor y Usuario en República Dominicana, y que establece que los precios de los bienes y servicios que se oferten en el país, tienen que ser expresados en moneda nacional. No obstante, ninguna autoridad competente repara en ello.

 

Aunque, esa es una ilegalidad de carácter público en la que se incurre, sin temor a nada; pues es algo que está a la vista de todos, en cuanto a lo que se exhibe para vender.  Pero, además, los usuarios de múltiples servicios están al tanto de la situación anómala, y la aceptan; como también proceden los que leen anuncios publicitarios en la prensa local, y advierten la situación.

 

Parece ser entonces, que las autoridades nuestras en esa materia, son ciegas; no compran nada en el país; ni, tampoco utilizan ninguno de los servicios que se ofertan directamente en dólares.

 

¿Cómo es posible que, en la República Dominicana, muchos servicios médicos, y hasta alquileres de viviendas se cobren en dólares, y que algunos seudos cantantes del patio, exijan que se les pague en la moneda estadounidense, cuando actúan aquí?

 

Probablemente, al signo monetario nuestro (peso dominicano), le esté ocurriendo lo que mismo que está pasando con el merengue, que muy pronto las nuevas generaciones preguntarán, ¿qué diablo es eso?

 

Ahora, que tanto se está hablando del régimen aquel de los 30 años, a raíz de un libro publicado por una hija del dictador, como al aniversario del ajusticiamiento de su padre, destacándose todas las barbaridades cometidas, despreciables y dolorosas no cabe duda; que jamás deben retornar, también sería bueno hacer mención de algunas cosas buenas de ese período republicano, como esa precisamente, del respeto y fortaleza de nuestra moneda, consignados en la legislación monetaria del país, de manera explícita,  hasta hace poco tiempo.

 

Otro punto a destacar con relación a la susodicha ley, y al trabajo periodístico mencionado, es que los precios de los bienes y servicios tampoco se señalan en la mayoría de los casos, de “forma notoria e inequívoca”, como lo estipula expresamente la legislación, con algunas excepciones permitidas.  Pero agrega además que, “deberán ser expresados en moneda nacional, y que no podrán ser modificados en función del medio de pago utilizado”. Pocos hacen caso a eso.

 

Como todo luce indicar la ceguera de las autoridades para detectar esas prácticas indebidas (expresión moneda extranjera y no publicación de precios), que solo beneficia a los proveedores de bienes y servicios, al tiempo de confundir y perjudicar a los consumidores, amén del irrespeto a nuestra moneda nacional, veremos si los funcionarios a cargo podrán leer y percatarse de las denuncias periodísticas expresas en tal sentido; y, actuar en consecuencia. ¡Podría ser!

 

Autor: Rolando Fernández

 

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¡Volvamos a ser el país de años atrás!

A pesar de que mucha gente aquí trata de justificar y defender a rajatabla el decir aquel, “que nada de lo de ayer fue mejor, que siempre el presente lo supera”, cuántos dominicanos estarán hoy deseando un retorno al clima de paz y seguridad ciudadana que otrora se disfrutaba en esta nación.

Pero, además, a la complacencia por el grado de soberanía, e independencia marcada, con que se manejaba el país antes. Por igual, al respeto de nuestros símbolos patrios: Bandera, Himno Nacional, música autóctona, moneda propia, etc. Las insinuaciones externas de deshonras hacia esos eran inaceptables. Las autoridades locales siempre estaban en “guardia”.

Muy pocos extranjeros osaban entrometerse en nuestros asuntos internos. Claro, no se tenían los “grilletes”, como las condicionantes que imponen los empréstitos con el exterior, incluyendo los de naturaleza hipotecaria que hoy nos afectan, a los que se recurre actualmente de forma alegre, sin medir consecuencias mediatas y futuras.

Eran épocas aquellas en que el sosiego y la convivencia pacífica, se tornaban extensibles hacia todos nuestros campos y ciudades, sin importar las localidades barriales de que se tratara, ricos, acomodados y pobres. ¡Se reportaban esas condiciones como algo generalizado!

A la sazón, se podía transitar por cada una de nuestras vías públicas, sin importar horas del día, noche o madrugada, libre de peligros, en términos de ser robado o asaltado por antisociales. Tampoco le era segada la vida a ningún ciudadano, por simples nimiedades momentáneas; discusiones tontas, sencillos problemas de tránsito, etc.

Cuándo hablar en aquellos tiempos de drogas, de delincuencia, como del diario comer ahora, asaltos a mano armada, crímenes por encargo (sicariato), etc. Esas cosas parecían fantasiosas, peliculeras. Jamás se pensó que podrían llegar a verificarse de manera tan concreta entre los dominicanos, creándose el entorno de incertidumbre e inseguridad en que hoy vive la sociedad nacional.

A muy pocos, o quizás a nadie, les pasó por la mente lustros atrás, que la gente aquí iba a tener que enrejar sus casas y negocios para evitar ser robada y hasta matada, después de algo lograr adquirir en base a trabajos ejercidos con honradez, y de forma tesonera, por el que se inclinara; que esos sacrificios provocarían luego su muerte. ¡Qué se tendría que vivir como los presos, por prevención!

Pero, además, que se fuera de paso el convivir hermanado barrial que caracterizaba a los dominicanos. Ya los vecinos no son los familiares más cercanos como antes se concebía, y en función de esa creencia se dispensaban los tratos entre las personas más cercanas.

Ahora, cada cual actúa de manera muy independiente; vive al acecho de lo que pueda ocurrir en sus alrededores; duerme como la guinea tuerta, con un ojo abierto y el otro cerrado; no se confía en nadie. Y mucho menos con los hijos pequeños; se los roban para hacer negocios de todo tipo.

Tampoco, nunca se concibió un descalabro tal de la sagrada familia humana local, institución que constituye en todas partes la célula primaria de las sociedades. En que las deshonras hacia la misma fueran tan marcadas, con un grado de evidencia alarmante, y en pleno aumento continuo.

Esos núcleos tan importantes, las llamadas tribus sanguíneas por excelencia, desde donde se tendría que comenzar a inducir para enmendar comportamientos individuales sociales a posteriori, ha perdido en estos tiempos su esencia primigenia. La prescripción    viejísima aquella de la necesidad de padres para hijos, y viceversas, ya no existe, como tampoco la formación hogareña obligada de los vástagos.

La recuperación o regeneración relativa en ese orden, que luce perentoria ya, ¡es bien difícil! Pero, los intentos se pueden hacer, en pos de procurar volver, aun sea de forma parcial, a lo que éramos ayer como país. Readquirir nuestras costumbres, valores morales, e idiosincrasia neta, y la paz social, sobre todo, que siempre nos caracterizó como nación.

¡Seguro, que el país de ayer era mejor!

 

Autor: Rolando Fernández

¡Qué bien se acotejan las cosas, no “pelitas” a los hijos!

 

Ahora, según algunas feministas de nuevo cuño alienadas, al igual que ciertos profesionales de la conducta humana (psicólogos), que vienen sirviendo ambos de cajas de resonancia a determinados organismos injerencistas internacionales, tratando de introducir en nuestro país nuevos paradigmas en torno a la educación familiar, crianza hogareña, las “pelas” a los muchachos provocan la formación de delincuentes, que como es obvio, luego se destacan socialmente como tales. ¡Qué lejos está esa concepción moderna de la realidad!

Dice una afamada articulista que, “La corrección de conductas de niños y niñas puede realizarse sin uso de pelas y que con ello   no se está criando “delincuentes” ni personas violentas”. Es posible que a ella la criaran dándole sus pelitas cuando mal se comportaba, sin crearle esa condición a posteriori.

Sin embargo, hoy ella se adhiere y defiende nada más la campaña que promueve “Visión Mundial e instituciones como Plan RD, a favor del uso de la “ternura” y la comunicación horizontal como método de corrección de conductas, para procurar cambios significativos en nuestras convivencias desde una cultura de paz”. “Qué bien!

Todo parte de un famoso estudio reciente de Visión Mundial, a que se hace referencia, donde se determinó que, “en el 67.4% de los hogares dominicanos se práctica la violencia como método disciplinario”. Se dice que, “los padres y las madres no reconocen el uso de “las pelitas” como violencia”. ¿Y quién ha dicho que eso es maltrato, o violencia? Eso es un “acotejo” circunstancial, favorable a determinadas condiciones hegemónicas presupuestadas.

Las formas que hoy se procura imponer en el orden de lo que se trata, contrastan muchos con los resultados que ayer se obtenían a partir de las pelas, “correazos”, “varazos”,” manoplazos”, “chancletazos”, “reglazos”, etc., y no solamente por parte de los progenitores, sino de personas allegadas, vecinos, y hasta los profesores mismos en las escuelas, que se hacían respetar también.

Entonces, esas formas de corrección no creaban delincuentes, ¡no! Sí, personas de respeto a las normas morales establecidas, de convivencia pacífica, a damas, seres mayores, y niños. En fin, ostentaban un comportamiento social apto; evidentemente, con las excepciones que confirman la regla. ¿Y hoy, con el uso de la ternura y la comunicación horizontal, qué es cuánto se está logrando?

Lo que ocurre es que, sobre las verdaderas causas que provocan el delinquir social presente generalizado, no quieren hablar; se apañan por conveniencias obvias. Y, ¡los “impensantes” se tragan la píldora sin problema, fácilmente!

Por qué no se abordan las temáticas tales como: la degeneración familiar innegable, la dañosa penetración cultural a la ligera, las complacencias y los consentimientos extremos a los hijos; que es dónde tienen sus orígenes las proclividades hacia la corrupción estatal, las drogas, en términos de comercialización y consumo, las desfachateces sexuales, como las inducciones a las competencias frontales hombres-mujeres.

Sobre cosas como esas, sí es que procede llamar la atención y reorientar a las sociedades, en pos de las enmiendas requeridas, y que se retomen los patrones de años anteriores, los cuales surtían efectos muy diferentes, y positivos por supuesto.

Qué se dejen los modernistas adoctrinados, y hasta subvencionados muchos, de estar criticando las “pelitas”, y aduciendo que estas deben ser sustituidas por las “ternuras y las conversaciones horizontales”

Rolando Fernandez

 

Para tratar de concienciar a ambas partes: contribuyentes y autoridades

 

Tributar no es malo, lo que se haga con los recaudos logrados sí, cuando estos no son administrados y dirigidos hacia los sectores que se supone procede hacerlo, disponiendo los políticos de esos dineros como a ellos les venga en gana

 

Todo ciudadano debe estar consciente sobre la necesidad de sus aportes tributarios al Fisco, en términos de que el Estado, en nuestro caso, por ejemplo, pueda cumplir con sus funciones administrativas, como el costear los requerimientos más apremiantes de la sociedad nacional.

 

El no ir en esa línea, ocasionalmente, como el convertirse en evasores y “elusionistas”, consuetudinarios, ya sean personas físicas o jurídicas, tiene varias razones. Entre ellas están: el uso indebido de los ingresos estatales por tal concepto, según dijéramos más arriba; como, las reciprocidades políticas con los sectores pudientes para liberarles de algunas cargas relativas, retornándoles favores, lo cual provoca el tener que castigar a los de abajo, buscando la compensación necesaria; abusándose de lo que menos pueden, lo cual crea enfados y negativas en muchos de los contribuyentes esperados.

 

Amén de que esos regalos a los patrocinadores de campañas electorales hay que tratar de evitarlos, todo el que paga impuestos a nivel social, de alguna forma debe ser reciprocado por el Estado. De aquí que, se debe estar repitiendo lo expresado por el señor Pepín Corripio, reaccionando frente al discurso reciente del Director de la DGII nuestra, ante la Cámara Americana de Comercio, aunque todos entienden en este país, que él no deja de beneficiarse, cuando de pagar atenciones políticas se trata.

 

Veamos: “los impuestos se convierten en muy benéficos según el destino que se le dé a ese dinero. La calificación de los impuestos que son de rigor y que todos los Estados deben cobrar, debe estar acompañada de un uso adecuado y prioritario de esos fondos en beneficio de las clases sociales que más necesitan”. (Periódico “HOY”, del 1-9-17, pag. 3E).

 

Eso hay que seguir repitiéndolo con cierta frecuencia, para concienciar a los que gravan tributariamente. De acatarse esa forma de administración y uso de los dineros recaudados, los contribuyentes no se sentirán defraudados, y aceptarán honrar sus responsabilidades en tal sentido.

 

 

Autor: Rolando Fernández

Selección de jueces para la “Cámara de Cuentas de la República”

 

La concepción de desprestigio e “infuncionalidad” que se ha venido teniendo localmente con relación a la mayoría de las instituciones estatales en Dominicana, ha aumentado tanto, que les ha hecho convertirse en el hazmerreír de mucha gente aquí, verbigracia, el considerado elefante blanco de nuestra Cámara de Cuentas.

Ahora le llaman, despectivamente, “Cámara de Cuentos”, donde se entiende que su real trabajo no se ve; y que, cuando logran llevar a cabo algunas de las funciones que están a su cargo, los resultados jamás llegan hasta su destino final; se torpedea el curso reglamentario de los informes correspondientes, y esos van a parar a determinados archivos, donde duermen el sueño eterno. ¡Sobran los precedentes!

La pregunta que un gran número de personas aquí se hace es: ¿para qué mantener la vigencia de algo así? Y, en adición, ¿dónde están los resultados de su tarea general a cargo? Es obvio que, los precedentes sentados durante tantos años son funestos, y permiten advertir, cómo se burlan los políticos de las iniciativas que se encaminan en el orden de lo que se trata, como las exigencias de rigor, en términos de realizarse oportunamente las llamadas auditorias, revisiones, fiscalizaciones, o como les quieran llamar, de que deben ser objeto los ministerios públicos y demás dependencias estatales que esos dirigen.

Está bien claro que, siendo el Congreso Nacional un organismo compuesto por politiqueros representantes, no del pueblo, sino de sus respectivas entidades coloreadas, como a la vez, según se estila comúnmente, la caja de resonancia directa del Poder Ejecutivo, quien define y determina sobre la elección de los jueces que habrán de ocupar esas posiciones en la Cámara de Cuentas de la República, muy poco o nada es lo que se puede esperar, con relación a lo que ha sido el antes, y podría ser después, en el sentido de cuánto se ha vulnerado la esencia de la precitada institución, en defensa de  intereses políticos, personales y grupales, que son los que siempre  aúpan su conformación.

Es por lo expresado que, algunas de las prestantes personas, con muy buena imagen pública incluso, que esta vez están sonando para ser propuestas a ejercer como jueces de la que en verdad debería ser la Cámara de Cuentas de la República, y no de “Cuentos”, como la ha bautizado gran parte de nuestro pueblo, ¡qué lo piensen bien!, para que después no se sientan frustrados con los papelazos previsibles que deberán hacer, y que puedan empañar sus perfiles individuales ante la población.

No importa quienes las estén presentando. Sabemos todos aquí como se bate el cobre entre nosotros. Mucho se figurea y pantallea en Dominicana, a partir de algunos nombres de entidades sociales que dizque combaten la corrupción a nivel nacional, entre otras cosas. ¡Bultos nada más!

Mientras sean los políticos que decidan sobre la designación de esos jueces, siempre procurando apañamientos, como la defensa de sus intereses, nuestra Cámara de Cuentas no va funcionar como debe ser.

¡Ojo al Cristo, señores recomendados, para que no se “quemen”!

 

Autor: Rolando Fernández

 

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Ley de Partidos Políticos, ¡regulatoria en verdad, difícil! ¡Justicia independiente, menos!

Nadie en su sano juicio puede esperar que los políticos destacados en nuestro Congreso van a elaborar y aprobar una normativa legal con estipulaciones que vayan a regirles, como en realidad se debe; a controlarles; hacer posible toda fiscalización pertinente. ¡Jamás!

No se afila cuchillas para su propia garganta, como dice un refrán popular, y menos en un país como el nuestro, donde la política es un negocio a la clara; una inversión como otra cualquiera, en las entidades del ramo, que lucen ser empresas dirigidas por aguerridos directivos apandillados a lo interno de las mismas, que siempre andan en busca del poder, para de ordinario ir a lucrarse, junto al grupo “tendenciado respaldante”.

Todo está en manos de los políticos, para políticos en ese tenor; y, por tanto, “comerán más hojaldras los que dispongan de mayores salivas, como dice la frase pueblerina. Lo demás poco importa: institucionalidad plena, pueblo satisfecho, bienestar social, pulcritudes estatales, etc.

La gente pensante en este país no debe continuar haciéndoles el juego a los políticos del patio, para que esos sigan burlándose de su inteligencia, con la intermediación del “corcho dialogador por excelencia” entre nosotros.

Sobre lo que se debería estar reflexionando en este país, es en cuanto a elaborar una “fórmula inequívoca”, respecto de la preparación, aprobación, y promulgación de la precitada Ley de Partidos Políticos. También, para la elección de los jueces que compondrían las llamadas “Altas Cortes”, (Tribunal Constitucional, Tribunal Superior Electoral, Suprema Corte de Justicia), como la conformación de la JCE, etc., en que la participación de los políticos sea complementaria, pero no decisiva en última instancia. De lo contrario, se hará siempre lo que más convenga a los intereses de esos “magnates” con principalía.

Sería una tarea bien difícil en el marco jurídico nuestro que rige para ambas cosas. Lo de mayor dificultad, por los actores principales que siempre deberán intervenir – los políticos -, es la “Ley de Partidos”. ¿Forma de excluirlos? ¡Es la gran tarea!

En cuanto a la selección de los jueces para las “Altas Cortes”, aunque tampoco sería fácil el asunto, una manera ponderable podría ser, que el pueblo los elija directamente, a través del voto popular, como ocurre con los representantes supremos del Poder Ejecutivo, y los miembros del Congreso Nacional (Legislativo). ¡Valdría la pena el ensayo!

 

Autor: Rolando Fernández

 

¡A ver el juego de nuestros políticos gobernantes desde las gradas!

 

Sí, parece ser que es lo único que le queda a este embaucado pueblo, amén de los tablazos impositivos previsibles en su contra que le esperan, y por otros conceptos, después de cuánto se observó ocurrir durante el torneo electoral próximo pasado, caracterizado por grandes “marrullerías” por parte del oficialismo releeccionista, según dejaran saber connotados analistas y observadores políticos.

La verdad es que, se advierte un panorama bastante calamitoso para los que no forman parte del tren gubernamental, y que tienen que pagar todos los platos que rompen los políticos, en sus afanes desmedidos de enriquecimiento. Aquellos que nada más les quedan tributar, y aguantar como los burros de carga, para satisfacer las necesidades de ingresos por parte del fisco, dinero que muchas veces en definitiva no se sabe dónde va a parar.

Ya se vio en la semana inaugural el aumento abusivo en los combustibles, estrenándose la nueva gestión de gobierno. Segunda semana, más aumento en los carburantes, y alzas significativas inesperadas de peajes en las autopistas del país (Duarte, Las Américas y 6 de Noviembre), lo cual se calificó como “un palo asechao” según se publicara en la prensa local.

También se está hablando de un aumento en el ITBIS, como de la tarifa eléctrica, en el contexto del tan cacareado Pacto Eléctrico, que más bien debería llamarse “PARTO”, en el que están interviniendo los mismos actores de la disfrazada capitalización del sector, en que de seguro solo procurarán mayores beneficios para los dueños del rentable negocio, en un claro maridaje político-empresarial.

¡Y eso, que se está comenzando! Nada bueno en realidad se advierte para la población. Es muy posible que las cosas tiendan empeorar para la misma; que la corrupción siga campeando por sus fueros; que los temas relativos importantes en ese sentido se procure echarles tierra, como bien se desprende de los comentarios que se han originado con relación al caso de la niña Carla Massiel, respecto de desviar la atención sobre el gran escándalo de los aviones “Tucanos”, y las complicidades políticas, dándole tantos espacios periodísticos. Así se han expresado políticos connotados nuestros.

De la delincuencia y criminalidad reinantes en la sociedad dominicana ni hablar; al igual que, del desorden y las violaciones a las normativas legales vigentes en el tránsito vehicular, tanto público como privado, a pesar de las medidas salomónicas que se está tratando de introducir.

Ahí lo que hace falta es mano dura; concienciar a todos los osados y desaprensivos conductores, a las buenas o a las malas, para que observen los comportamientos debidos. Dejar atrás las permisividades, y tráfico de influencias de los infractores, por el nivel social u ocupacional que se ostente.

Cualquiera se preguntaría: y, cómo es posible que un carnaval de camiones y grandes patanas circulen libremente por la Autopista Duarte, en plenas horas pico, llevándose de encuentro a todo el mundo, sin el menor reparo; y, en adición, los dueños de las vías públicas: los tan “educados” guagüeros, hagan los mismo, cuando se hizo la cuantiosa inversión de la Ave. Circunvalación de Santo Domingo, para que muchos de esos “animales” con ropa transiten por la misma, evitando así riesgos probables a los demás conductores de vehículos livianos. ¡Nada se hace para evitarlo, en esta selva de cemento! Claro está de por medio evadir el pago del oneroso peaje dispuesto. ¡Otro gran negocio, con maridaje político evidente!

Sin embargo, la repartidera de botín estatal prosigue, con evidencias tales como: “Senadores y diputados se aumentan los sueldos”, según noticia de primera plana que apareciera en el medio “Listín Diario”, edición de fecha 31-8-16, calzada con una amplia reseña explicativa, para no dejar dudas, evidentemente, aunque algunos han querido negar el tan significativo “galardón”, sin lograr convencer a nadie.

No obstante, otros lo tratan de justificar a rajatabla, y lo reclaman con vehemencia. Sí, entienden que los miembros de la considerada caja de resonancia de Poder Ejecutivo actual, que son unos muchachos “tan laboriosos y cumplidores”, con perfiles “académicos extraordinarios” lo merecen y les corresponde.  Sin embargo, para aumentar a los médicos, y empleados públicos en general, no hay cuartos. ¡Qué bien!

Lamentable, cuando todos los huevos se ponen en una sola canasta. Aquí se tiene prácticamente una dictadura de partido; un gobierno presidido por gente engreída y prepotente que se cree solo ella tener la razón; y que, al pueblo nada más hay que ofrecerle limosnas dadivosas, y pantallas políticas embaucadoras por doquier.

Verbigracia: el gran bulto de la construcción de escuelas, pero sin maestros, como es el caso que reseña el medio “HOY”, en su edición de fecha 2-9-16, referente al llamado plantel José María Serra, del kilómetro 13 de la Autopista Las Américas, en el sector Los Frailes II, donde el año escolar no ha podido arrancar por falta del personal docente necesario.

Se tiene un gobierno con directivos que entienden estar administrando una finca de su propiedad, sin nadie que les exija cambiar el rumbo de lo mal hecho. No hay oposición política, y el común de los que intentan venderse como tal, no son más que busca de ellos por lo bajo, con alharacas públicas para confundir a los ingenuos. ¡Ya aquí no hay líderes, sí politiqueros grupales! Habrá que esperar por lo menos un siglo, a ver si aparecen “especímenes”, como los fueron aquellos de las tres “J” (don Juan, Joaquín, y José Francisco).

Con el escenario que en todos los órdenes se tiene en este país, al pueblo nada más le queda sentarse en las gradas, para desde allí disfrutar las ejecutorias del gobierno que merece tener, como dicen los sociólogos; y por el que votó, o aceptó que le impusieran.

 

Autor: Rolando Fernández

 

 

 

 

“Del dicho al hecho hay mucho trecho”. ¡Combatir evasión y elusión tributaria aquí!

 

¡Aplica muy bien ese refrán popular en este caso! Como bien lo considerara el señor Campos De Moya, refiriéndose al discurso que pronunciara ante la Cámara de Comercio recientemente el señor Director General de Impuestos Internos, Magín Díaz: “es un discurso muy valiente, en el que esbozó la situación fiscal del país y los planes que tiene la institución”.

Claro, él se atrevió a decir lo que otros incumbentes, o titulares, han preferido callar. Evidentemente, lo hizo en su calidad de técnico calificado en materia tributaria, y no como político, en cuyo escenario el “cobre se bate” de otra manera a nivel nacional, por razones muy obvias, bastante conocidas.

De ahí que, de sus connotados pronunciamientos, merecen ser resaltados algunos puntos incluidos, a los fines de análisis y las conclusiones derivadas. Entre esos, “anunció ayer una cruzada contra la evasión fiscal, aseguró que no hay espacio en su gestión “para tratos privilegiados a nadie: ni empresarios, ni políticos, ni amigos, y que ése es mandato directo que ha recibido del Presidente Danilo Medina, que piensa cumplir al pie de la letra”. ¡El presidente puede decir hasta misas cuando lo desee! Los precedentes sobran.

Lo así expresado por dicho funcionario luce algo iluso, y hasta demagógico en cierto aspecto, ya que resulta muy cuesta arriba el que tal cosa pueda ser llevada a cabo en Dominicana, y mucho menos cuando se repara en los sujetos a que se hace mención, por su estatus social en el país, gente muy influyente, que gravita sobremanera en la vida nacional, como es el caso específico de los empresarios, patrocinadores de campañas y candidaturas políticas, en los diferentes grados que se tienen, como niveles estatales.

 

En tal sentido, ¿van a controlar a esos consuetudinarios evasores, los mismos funconarios que ellos ayudan a subir al poder, y que reciben exenciones, como permisividades y arreglos para no pagar impuestos, entre otros?  ¡Muy difícil eso!

Pues de más es sabido aquí, que esa es una de las formas de reciprocar las subvenciones económicas, y respaldos solidarios, que les ofrecen esos a los políticos en sus proyectos electorales.  Por consiguiente, se corresponde la pregunta que antecede, y que a muchos les asalta. Además, cabría la interrogante, ¿qué pasa señor Magín, se olvidaron los compromisos?

Es posible que sus intenciones sean muy buenas, como técnico, se debe reiterar, y que harían posible incluso, el quitarles parte de las cargas onerosas tributarias a los de abajo, con las que de ordinario se busca compensar los dineros que el fisco deja de recibir de los grandes potentados evasores. Pero, como dice el titular que encabeza, “del dicho al hecho hay mucho trecho”, queriendo significar demasiadas dificultades que salvar.

Otro punto sobre el cual meditar sería, según lo dijera el señor Díaz: “Pagar impuesto no es una manifestación de solidaridad o una concesión particular. Es un deber fundamental establecido en la Constitución de la Republica. Por eso como Administración Tributaria tenemos la obligación de hacer cumplir………….”

Ahora, y tomándole la palabra a ese señor, si tributar es un deber constitucional, la amplia inquietud que se desprende es, ¿qué tipo de deber sería, el que a esos recaudos, religiosamente honrados por los contribuyentes objeto, cualesquiera, sean usados debidamente por los gobiernos para corresponder las grandes necesidades  sociales, como en el caso nuestro, entre otras cosas, y que no se les dé un uso desaprensivo,  medalaganario, y corrupto, para satisfacer apetencias personales y grupales, tal es lo que de común se estila muchas veces en este país?

Esa es una de las razones que inducen a la evasión fiscal entre nosotros, osando muchos eventuales contribuyentes hasta decir, ¿y para qué voy a pagar impuestos, para que se roben esos cuartos los políticos? ¡NO!

Sabido es que, se le obliga a la gente a tener que pagar gravosos tributos, pero las reciprocidades hacia la sociedad en general se olvidan. Y, de eso están bien conscientes los empresarios en particular.

Por no ignorar ese aspecto, y que es precisamente el último a tocar aquí por parte nuestra, fue que el señor José Luis Corripio, digno representante de empresariado nacional, al reaccionar frente al discurso de referencia, dijo entre otras cosas: “los impuestos se convierten en muy benéficos según el destino que se le dé a ese dinero. La calificación de los impuestos que son de rigor y que todos los Estados deben cobrar, debe estar acompañada de un uso adecuado y prioritario de esos fondos en beneficio de las clases sociales que más necesitan”. (Periódico “HOY”, del 1-9-17, pag. 3E).

De lo dicho por ese zorro empresario, dueño casi de medio país, aunque probablemente con cierto dejo de hipocresía, por su entendida condición beneficiaria también, se infiere que, el señor Pepín Corripio está de acuerdo con lo expresado por el Director la DGII, en términos de que se combata la evasión y la elusión de los impuestos locales, aplicándose las normativas legales vigentes que conciernan dentro de nuestro ordenamiento jurídico, pero, supeditado todo a la equidad debida, como al uso racional, y dirección social efectiva de los recursos económicos que se perciban por tal concepto.

¡Qué bueno, el que se pudiera hacer así, para bien de este país! Ahora, ¿habrá real voluntad política? ¡Esperemos para ver!