¿Falta de recursos, o actitud dirigida?

Desde hace ya más que tiempo razonable, los médicos dominicanos que ejercen para el sector público, IDSS principalmente , vienen luchando de manera fervorosa en pos de reivindicaciones en su favor, comenzando por el pago de emolumentos justos, adecuados a sus necesidades de subsistencia, como a la facilidades de interacción y de atenciones oportunas con respecto a los pacientes.

Son variados y diversos los eventos, marchas, encuentros y reuniones con las autoridades del Ministerio de Salud, que se han llevado a efecto; algunos con desenlaces muy penosos y lamentables, producto de las represiones recibidas, sin que a la fecha nada positivo se haya logrado. Solo mofas, promesas incumplidas y tácticas dilatorias.

La verdad es que, esa es una situación que se torna cada vez más preocupante, si tomamos en consideración la importancia de un ejercicio profesional de esa naturaleza, en favor de la población menos pudiente del país; y que, se esté con frecuencia jugando con algo que a la luz del más mínimo razonamiento ponderado, aunque obviamente, al margen de las actitudes políticas partidaristas, y los aprestos de comercialización de la medicina en sentido general, resulta pertinente.

Por demás está decir que, uno de los ejercicios profesionales que de mayor actualización, delicadeza y ética requiere, es el de los médicos, por la implicaciones de la práctica indebida y a disgusto, que se reportan de ordinario en contra del mayor activo con que cuenta toda persona: la salud.

De ahí que, esa problemática de insuficiencia salarial que se registra, siempre en pugna con las autoridades gubernamentales de la Nación, y que  provoca la realización de tantos paros de labores en los hospitales y demás centro de salud, sea digna de máxima consideración, reflexión y acatamiento consensuado entre las partes envueltas.

No cabe duda que, en términos comparativos, constituye una injusticia el hecho de que una serie de politiqueros, ineptos y casi analfabetos, devenguen salarios de lujo en este país, desde determinadas posiciones burocráticas e infuncionales, amén de las prebendas adicionales que  les otorgan, por preferencias personales y de otra índole, cuando muchos médicos del sector de la salud pública reciben sueldos de miseria, que solo les permiten subsistir.

Se alega  nivel de los corrillos gubernamentales, y es la imagen que se  ha  tratado de vender a la opinión publica, de que los médicos no trabajan en los hospitales públicos, y que solo asisten a los mismos un par de horas, para justificar su responsabilidad; para dejarse ver, como se dice en buen dominicano.

Pero, aquí surgiría entonces la siguiente pregunta, ¿Cómo vivirían esos profesionales de la salud, con los míseros salarios fijos que devengan, de entregarse a tandas completas en los centros asistenciales?  Tienen necesariamente que acudir al modelo de trabajos compartidos (pluriempleo), para poder reunir los ingresos mensuales requeridos, que les permitan vivir adecuadamente,  y con representatividad, acorde con su nivel social.

Creemos, por consiguiente, que toda persona sensata tiene que estar de acuerdo con los reclamos salariales que el sector médico público viene elevando desde hace ya gran tiempo, aun sea con la aplicación de los controles de  seguimiento requeridos, por parte de las autoridades competentes, en términos del cumplimiento cabal de sus responsabilidades.

Que las excusas de falta de recursos presupuestarios que se esgrimen para no corresponder a los profesionales de esa disciplina, en el fondo no lucen ser las reales causas, ya que en este país se malgasta suficiente dinero en cosas improductivas, como ese mismo derroche que ahora se observa en caravanas y francachelas políticas, en la proximidades de un proceso electoral. La gran cantidad de dinero que para tales fines, y otros que no observan, se entrega a los partidos políticos del sistema, daría para  hacer muchísimas cosas prioritarias que requiere esta sociedad, como esa de que se trata.

Hacia donde se infiere que podría estar dirigida la negativa en cuestión, es a la privatización total de los servicios médicos en la República Dominicana, para que todo quede en manos de las instituciones comerciales del ramo, y de los llamados ahora “empresarios de la salud”; ya no galenos, con marcado sacerdocio y abnegada vocación de servicios, en favor de sus congéneres, pudientes económicamente o no.

Confirma aun más esa percepción ciudadana, la gran falta de equipos médicos que afecta al hospital Salvador B. Gautier, del Instituto Dominicano de Seguro Social, IDSS, a pesar del  gran remozamiento modernista de que ha sido objeto, según reseña un periódico local de fecha 28 del presente mes.  Sobre el particular dijo el jefe de cardiología en dicho centro, doctor Fulgencio Severino, “Los médicos son el único apoyo que tienen los pacientes”, y que, “la misma situación debe afectar a los demás centro asistenciales de la red del IDSS”.

 Rolando Fernández

Pareceres sobre la XIII Feria del Libro

Vuelve el espectáculo anual de la “Feria Internacional del Libro”, en su versión XIII; un evento que, según el parecer de muchos ciudadanos, es uno más de los acostumbrados aquí, para distraer la atención de la gente y desviarla de los temas neurálgicos que, sobre la Nación deben ser tratados a diario.

Opinan de igual forma, que la Feria Internacional de Libro, en Dominicana, sería una actividad de alta trascendencia cultural, si en realidad funcionara a cabalidad como tal; pero ocurre, que bajo ese título lo que se organiza es como una especie de extensión de las librería locales, conjuntamente con una serie de  labores distintas, de carácter protocolar, figureo en gran escala, y comercial por  además, en las que se  llevan a cabo y se expenden muchísimas cosas que, lo que menos tienen que ver es con libros. Claro, se incluyen algunos actos conexos que instruyen y edifican a los visitantes sobre determinados aspectos culturales, no solo de pertenencia local.

Hacen alusión a  que muchos de los reconocimientos personales y empresariales que en el marco de ésta se llevan a efecto,  lucen tintados de preferencias subjetivas y  de atenciones particularizadas con propósitos ulteriores.

Se aduce, que el propósito principal de un evento de esa naturaleza, no debe ser vender libros en el marco de los aprestos comerciales y mercuriales de siempre, no; sino que debe ser crear un espacio para promover el hábito de la lectura en general, con facilidades de adquisición extremas; que dicho sea de paso, donde debería comenzar a cultivarse esa propensión, es a partir de la introducción de normativas pedagógicas dispuestas al efecto por las autoridades competentes.

Según reseñas de prensa, “habrá una exhibición de más de trece mil libros en dicha Feria”; evidentemente, con un propósito mercadológico más que todo. Pero además,  el director general de la misma señaló, “que ésta es completamente nueva, desde el punto de vista del diseño ferial y de la programación y temas, ya que ha hecho acopio de las anteriores”.  Eso dice, entre líneas, como diría un buen lector, que es algo más de lo  mismo, con ligeras variaciones de apariencia.

Es indudable que el hábito de leer  en nuestro país, está prácticamente perdido, producto de que no hay iniciativas individuales al respecto; y que es algo que, las escuelas y colegios han excluido de sus programas de formación académica básica.  Ya los estudiantes dominicanos, en su mayoría, ni siquiera a nivel universitario, conocen nada de lectura comprensiva, y mucho menos de hacerlo en voz alta.

Muchos conciudadanos se van más lejos, y externan que eso parece ser una actitud negativa de carácter estructural impuesta por el sistema prevaleciente, en lo relativo al deseo de no procurar una amplia expansión de conciencia a nivel de un gran segmento de la población, de forma tal que resulte más fácil su manejo e inducción, desde las instancias superiores de poder, regentes.

 Algunos consideran que, si en verdad esa Feria se organizara para despertar entusiasmo por la lectura en el país, al tiempo de  ofertar conocimientos a la sociedad, en pos de ampliar su acervo cultural, que es lo que debería ser, lo primero que haría el Estado Dominicano, a través de los Ministerios correspondientes, sería contribuir con los costos impresión de todas las obras editadas localmente, para su exhibición  allí; como además, honrar a los autores de las mismas con el pago de una bonificación justa por su trabajo. Aquí se destinan recursos económicos suficientes, a cosas mucho menos productivas.

Con respecto a las que provienen del exterior, hacer los arreglos y coordinación necesaria, con los autores y editoras, a los fines de aminorar lo más posible los precios de oferta al público.

Evidentemente, esas acciones implicarían establecer directamente controles efectivos respecto de las normativas de expendio por parte de las librerías actuantes, para que en definitivas todas las obras literarias puedan llegar a manos de los usuarios interesados a precios realmente módicos. Ya el mismo ministro de Cultura, señor José Rafael Lantigua, en uno de sus contactos con la prensa, abogó por una reducción en los precios de los libros, al tiempo de aducir que no hay justificación para que se vendan a  sobreprecio, por las prerrogativas que en términos de impuestos de importación tiene el sector librero, a partir de promulgada  la Ley del Libro, en el país.

 Para que más bien, los  valores a pagar, sean casi simbólicos, como un aporte a la formación intelectual de los hombres y mujeres de esta sociedad, aunque sea una vez al año; para ver si la gente nuestra actual opta por emular esa otrora loable costumbre dominicana de la lectura, que tanta falta hace en estos tiempos.

Finalmente, cabe apuntar aquí, a manera de reiteración concluyente que, para que la celebración de un evento de esa naturaleza surta los efectos a que se aspira, en términos culturales, claro está, se debe tratar de borrar de la mente de la población en general esas percepciones negativas que se tienen con relación al mismo, a través de  la introducción de nuevas políticas inductivas de participación a los ciudadanos, sustentadas en la retransmisión real y efectiva de conocimientos históricos y costumbristas sobre los pueblos representados allí; como también, en  atractivas ofertas de adquisición para las obras de lo distintos géneros literarios que se exhiban. No es solamente el llamativo entorno de presentación lo que debe  importar,  a los fines de motivar e inspirar concurridas visitas al lugar.

 Rolando Fernández

El país del crecimiento económico abstracto

Aquí todo crece; menos, el sosiego y bienestar real de la población.  Durante todos estos días ha estado sobre el tapete el caramelo del crecimiento económico logrado, del que tanto hablan los tecnócratas de esa disciplina profesional  en el país; más ahora, que nos encontramos en las proximidades de un nuevo proceso electoral.

La economía dominicana ha crecido, y seguirá creciendo dicen las autoridades de turno, haciéndoles coro a los políticos demagogos que nos gastamos, como a los organismo internacionales de financiamiento, que encuentran en países como el nuestro un magnifico mercado para la colocación de los excedentes de capital que tienen los poderosos del mundo, y que canalizan a través de los mismos,  pero siempre sujeto a condicionantes de directrices y subyugación presupuestadas.

Hablar de que una economía interna crece, “aumento de las distintas magnitudes que caracterizan la actividad económica”; con bastante subjetividad en su determinación, por cierto; pero, en base a empréstitos internacionales, nuestra principal fuente de recursos frescos a exhibir, que normalmente se utilizan para gastos corrientes, inversiones no reproductivas y pago de deudas internas acumuladas, en una nación carente de los principales servicios básicos, como son: salud, energía eléctrica y educación, con el ingrediente adicional de un bajo nivel de conciencia nacional, resulta algo difícil de aceptar y asimilar, para los que piensan un poco.

Según recoge la prensa local, los augurios, a juicio las autoridades competentes, son muy buenos; y, a pesar de la crisis global registrada, con impactos de consideración reconocidos en la región, el país quedó como “líder” en crecimiento económico, durante el año 2009, y con expectativas similares para el que discurre, 2010.  Se habla incluso, de una disminución significativa en los niveles de pobreza de la Nación, con relación a años anteriores.

Sin embargo, seguimos endeudándonos con el exterior hasta la coronilla, utilizando fuentes distintas; incluyendo a un prestamista bastante imponente  y exigente a la vez, como lo es el Fondo Monetario Internacional (FMI), que otorga facilidades crediticias a los países con problemas económicos, pero que traza las pautas a seguir, e interviene en los asuntos internos de la nación de que se trate,  para crear las bases necesarias, en pos de asegurar el retorno de los recursos financieros que se facilitan, tanto a ellos, como a los otros organismos que también colocan parte de sus aportes para aparentes propósitos de desarrollo.

De ahí que, algunos entendidos en la materia califiquen al Fondo Monetario Internacional, “como prestamista de última instancia y policía que controla y hace pagar tanto a ellos como a los demás acreedores que tengan los países con problemas de iliquidez”.

Recordamos que, en tiempos atrás, hablar del Fondo Monetario Internacional en República Dominicana, era una osadía, ya que el mismo se veía como un cuco;  que lo peor que podía ocurrir era pactar con ese organismo en un país pobre como este, por las imposiciones e ingerencias, a cambio de un préstamo, que tarde o temprano se tendría que pagar, aun con leves gastos financieros.

Ese  temor encontró mayores ecos, se agudizó más aun, cuando salieron a la luz pública obras tales como las de  José  Serulle-Jacqueline Boin (“FMI-Capital Financiero-Crisis Mundial”) y Joseph Stíglitz (“El Malestar en la Globalización”),entre otras, en las que se retrata de cuerpo casi entero, el modo en que opera  ese organismo de financiamiento, en cuanto a su papel de prestamista, controlador y cobrador indirecto, entre otras cosas, de los que acuden a ellos y a las demás instituciones del exterior con características similares. Muchos fueron a la sazón, los que aquí le criticaron acremente, incluyendo economistas y abogados.

Es por ello que hoy sorprende sobremanera, el que ahora el Fondo Monetario Internacional se vea como la panacea; el “Mesías” terrenal, que viene a salvarnos, al extremo de que los pactos concertados últimamente entre éste y las autoridades gubernamentales dominicanas, hayan sido celebrados con bombos y platillos, como grandes logros alcanzados, con evidencias de satisfacción fotografiadas, que han aparecido en la prensa local, donde se destacan connotados representantes del área económica.

Ahora se viene hablando de logros económicos, no obstante la reducción significativa que se ha registrado en los ingresos públicos presupuestados para el presente año (2010), según voceros autorizados, como los altos niveles de endeudamiento, tanto interno como externo, en los que se ha incurrido ya.  Parece se que el blindaje  de que se hablaba en cuanto a la economía nuestra, a raíz de la famosa crisis global acaecida, y que ha afectado tanto a grandes como a pequeños, aquí se logró sostener con recursos ajenos, sujetos a devolución.

 Un crecimiento económico así logrado, según las determinaciones técnicas publicadas, que se seguro no habrá de conllevar desarrollo sostenible alguno, ya que este último implica entre cocas cosas, de acuerdo a su conceptualización interpretada, la  “explotación de los recursos, como  una organización social y política que satisfagan las necesidades presentes, sin comprometer la capacidad de satisfacer las de las generaciones futuras”, no resulta nada halagador; pues al paso que vamos,  el cumplimiento de esas tres condiciones, ni siquiera parcial, se evidencia entre nosotros.

Esa concepción de crecimiento parece ser algo abstracto, para tratar de vender una imagen de bonanza y de expansión incierta, solo concebida a partir de frías informaciones, un tanto maquilladas, en lujosos y confortables despachos.

Donde si ha habido, y de seguro seguirá habiendo un “crecimiento sostenido” es en la falta de sosiego de la población, que es la que paga todos los platos rotos; en sus incertidumbres económicas; y, por supuesto, en sus carencias.

Ya los prestamistas condicionantes del exterior, como los tecnócratas internos que les sirven de apoyo, están hablando, según los medios informativos locales, de flexibilización de la tasa cambiaria; de dejarla correr hasta determinados niveles.   Eso implicaría devaluación de la moneda nacional, por más que lo quieran dibujar. 

También, de la necesaria aplicación de una tarifa técnica, “que cubra costos de generación y distribución”, según ellos, para el cobro del deficiente y medalaganario servicio  de la energía eléctrica que aquí se sirve. Todo eso, claro está, adornado con su léxico especial, incomprensible para la población común; muy parecido al calificativo aquel empleado de “crecimiento negativo”, en relación con el posible derrumbe de algunas economías débiles, producto de la crisis global registrada, en el marco del modelo capitalista vigente.

Cabe acotar aquí, que connotadas personalidades, técnicos en la materia, en capacidad de opinar, sostienen que en la República Dominicana se está pagando la energía más cara en América Latina y otras partes del mundo; con el agravante de una ley que rige el pingüe negocio, y que solo se cumple parcialmente, en favor de los comerciantes del ramo.

Lo que de seguro viene ahora, no es bajarla; sino todo lo contrario, seguir aumentado la tarifa, en deterioro más de las economías domesticas, y probablemente con más apagones, en la medida en que su pago resulte imposible por parte  de la población.

Pero, hay que buscar recursos para pagarles a los prestamistas, internos y externos.  Los nuevos latigazos en contra de los que menos pueden, aún no han comenzado por las elecciones  congresionales o congresuales y municipales, que  están ya  la a la vuelta de la esquina; y que, como obvio, pueden crear disgustos previos en torno a determinados candidatos.

Igual habrá de ocurrir con los combustibles, cuya formula de cálculos para el precio de los mismos se maneja de manera muy subjetiva, y a voluntad circunstancial. Veremos pues, que también estos se dispararán significativamente después de las elecciones.  Esperemos los palos, que ya están bastante próximos, y olvidémonos esos extemporáneos  anuncios de crecimiento económico; vivamos la realidad.

El mejor juez para valorar y dictaminar sobre el tan cacareado trabajo de las autoridades presentes del área económica, muy eficiente, a juicio de muchos, que viven loando sus actuaciones con fervor, lo será el tiempo. Ya confirmaremos si el blindaje y el crecimiento de hoy reportarán resultados derivados, cuando el país tenga que honrar todos y cada uno de los compromisos contraídos hasta el momento con el exterior, principalmente, y los que puedan restar.

Ahí, es donde podremos comprobar la efectividad o no de las políticas económicas y monetarias que a la fecha se han adoptado. Cuando ya los llamados topes de endeudamiento se completen, y desde otras fuentes dejen de emanar recursos financieros frescos

 Rolando Fernández

Saber sin saber

Un sinnúmero de personas creen saber, cuando en realidad lo que tienen son conocimientos e informaciones parciales sobre determinadas cosas, obtenidos a partir de retransmisiones de esos, por la vía verbal o escrita.

Tal edificación pudo haber sido obtenida en aulas universitarias, u otros centros, o escenarios de estudios diferentes; en libros, monografías, narraciones históricas de diversas naturalezas, revistas científicas, etc.

Sí, es muy cierto que se tienen datos e informaciones verídicas sobre temáticas variadas, producto de enjundiosos análisis y exhaustivas investigaciones, incluso profundas, aunque hasta lo permisible, en el marco de la mente humana.  También, procedentes de las mismas vivencias personales. No obstante,  todos ellos solo constituyen parte de  lo tanto que se debe  saber.

Ahora, hay también muchas cosas, del cúmulo que se ha dicho o escrito, que no son más que verdades convencionales; fijaciones mentales de “decires” que se han mantenido a través de los tiempos, y que la gente repite consistentemente, aunque sin ningún tipo de aval juicioso  o científico comprobatorio.

Entonces, lo que mueve a inquietud, y de ordinario conduce a críticas constructivas, por supuesto, es el hecho de ver y escuchar a ciertas personas explayarse, vanagloriarse y autodenominarse grandes sabedores, cuando hablan o exponen sobre algo, dejando muy de lado el nuncio “actuariar” loable de la humildad que ha caracterizado a los inmensos e iluminados conocedores, a veces hasta polifacéticos, que han galardonado a la humanidad durante lejanas y cercanas épocas, y que algunos tratan de imitar en el presente.

Sin duda alguna, esos que por conocer sobre algo, probablemente más que el común de sus congéneres, sin importar las fuentes utilizadas, se “yerguen” y se envalentonan sobremanera, no son más que los considerados por los grandes maestros de otrora, los “ignorantes inconscientes”; pues, con la poca información que han logrado acopiar, creen saberlo todo; que son muy doctos, y en función de esa concepción errada actúan.

No obstante, aquellos con sapiencia exteriorizada más que suficiente, lo primero que reconocen y manifiestan sin temor, es  saber que su arca de conocimientos no está completa aún.  Están más que conscientes que falta mucho por agregarle; que hay caminos de sobra que recorrer, en los que tampoco marcan distancias pendientes algunas.  Saben que comenzaron a hollarlos, pero desconocen hasta dónde deben llegar  en esos senderos.

 Son de los menos que hay actualmente, claro está; los que también denominan aquellos, “ignorantes conscientes”, cuyos egos decrecen cada vez más, al irle éstos subyugando con el poderoso manto de la humildad sentida y evidenciada, en la medida en que, no solo los conocimientos van aumentando, sino que además, la sabiduría, o aplicación de esos, avanza.

Esas características humanas las podemos encontrar en los representantes más connotados de todas las ramas del saber; y, lo más importante para cualquier persona interesada en el asunto, sería aprender a discriminarlos, escuchándoles con atención y reparando sobre su accionar gesticulado, como en los tonos y las expresiones parlantes que caracterizan  las actuaciones y convivencias de ambos “ejemplares”.

Finalmente, dos máximas de gran significación, relacionadas con esa actitud y proceder por parte de los seres humanos, cabria enunciar aquí,  a manera de colofón:

“Porque el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado.” (Lucas, Cap. 14, vers. 11).

“Yo sólo sé  que no sé nada”. (Sócrates).

 Rolando Fernández

Pasado y recuerdos

Muchos son los que dicen que recordar es vivir; pero, a veces es preferible no volver atrás la vista ni los pensamientos, para no sufrir, en vez de vivir.

Los que hemos tenido la oportunidad de impartir docencia a nivel superior, por ejemplo, e interactuar de cerca con los jóvenes del presente, podemos muy bien diferenciar entre el verdadero estudiante de otrora, y los que hoy se tienen, que en su gran mayoría, bien podrían denominarse “busca títulos”, sin preocupaciones evidentes por el logro de una preparación profesional óptima; y mucho menos, ostentación de sentido de responsabilidad alguna, cosas que evidentemente, también se habrán de reflejar mañana, al intentar ejercer

Ayer, ser estudiante universitario dignificaba, y los facilitadores de turno, con las excepciones de siempre claro está, se sentían motivados con sus alumnos, al extremo de hasta fungir como orientadores en el orden de lo personal específicamente; y,  se preocupaban además,   por agenciarles espacio de ejercicio en el ámbito laboral a sus discípulos.

Había total entrega por parte de profesores y alumnos; una relación de camaradería, con el respeto mutuo debido, hasta después del estudiante recibirse como profesional.

Mientras el profesorado creaba los espacios necesarios para impartir todo cuanto fuera requerido, en pos de la mejor preparación para sus pupilos, estos últimos hacían provecho de la mayor cantidad de tiempo permitido por las circunstancias para dedicarlo a sus estudios, prácticas e investigaciones debidas, reciprocando de esa manera la entrega desinteresada de sus mentores.

Era la mejor forma de halagarles; de hacerles sentir bien, en cuanto a su sacrificio, al tiempo de inducirles a mantenerse actualizados profesionalmente hablando, para que pudieran retransmitir de manera oportuna los nuevos conceptos del momento, así como las informaciones sobre las novedades tecnológicas introducidas, en el campo de ejercicio correspondiente.

Recordar aquellos deseos de superación, esperar con ansias  los días de asueto para estudiar; concluir tareas pendientes o realizar reuniones de compañeros para analizar y discutir determinados temas complejos que fueran impartidos,  al igual que la satisfacción del deber cumplido que a uno invadía, aun fuera acompañados de una o dos copas de vino, hoy crea nostalgia y sufrimiento, cuando se advierte la poca dedicación de estos muchachos que el docente hoy trata de preparar adecuadamente para el futuro.

Contrario a lo de ayer, en el presente, la mayor parte de los estudiantes desean la llegada de los días de fiesta, para guardar los apuntes mal asimilados que toman, porque ni siquiera compra un libro de consultas, para dedicase a disfrutar,  tal cual vago cualquiera, que ni estudia ni trabaja.

Los que más, solo se preocupan  por ocupar regularmente una butaca en las aulas; gastan dinero en transporte, y su tiempo, para limitarse a escuchar a los profesores; pero, jamás aprenden nada. Y, lo peor del caso es, que eso no les afecta emocionalmente en absoluto. 

Eso, en adición a las tantas deficiencias básicas que arrastran los bachilleres dominicanos, según revela un estudio hecho por la Real Academia de la Lengua, y publicado con el auspicio  la oficina de Cuba y la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la Educación, las Artes y la Ciencia (Unesco), que en su conclusiones, dice Moisés Álvarez, coordinador del mismo, “la situación es preocupante porque demuestra que los bachilleres de la provincia de Santo Domingo y del Distrito Nacional concluyen sus estudios con muchas deficiencias”. (Periódico “El Día”, del 19 de abril en curso, pag. 6).  Mucha atención señores autoridades del ramo.

 En consecuencia, al final de cada ciclo de trabajo, los docentes universitarios preocupados, tenemos una gran disyuntiva, ¿qué hacer con muchos de los que han asistido a las clases? Pues, a pesar de ello, un alto porcentaje no domina ni la mitad de los conocimientos que deben tener con respecto a la asignatura de que se trate; quizás  5 u 8, de una nómina de 40 estudiantes promedio.

Entonces, se debe decidir con los que no están preparados aún, entre promoverles con la calificación mínima o reprobarles.  Promoverles sin estar aptos, es ayudarles, haciéndoles un daño; mientras que, reprobarles a todos, pensando en que por lo menos han asistido, y el tiempo que podrían perder por esa decisión, como que resulta algo penoso.

Cuándo en aquellos tiempos había que lidiar con semejante situación.  De ahí que, recordar la abnegación y  los aprestos estudiantiles del ayer, comparándoles con el desempeño y las actitudes de hoy en el sector, jamás puede ser halagador y vivificante; penoso y desconcertante sí, por la implicaciones del pensar concluyente.

Finalmente, es nuestro deseo dejar en el animo de todas las personas que nos honren con la lectura de este pequeño articulo, la siguiente  inquietud   ¿qué se podrá hacer para que se trate de emular el pasado; cosa que, al uno recordarlo hoy en el espejo  del relevo generacional presente, pueda volver a vivir aquellos momentos llenos de entusiasmo y deseos de superación?

De lograrse algo significativo al respecto, entonces, sí que aplicaría la susodicha máxima popular, en el caso seleccionado propiamente, para asociar la veracidad del mensaje contenido en la misma.

 Rolando Fernández

Mi mejor amigo no habla; ladra y lame.

Cuan equivocados vivimos muchas personas con respecto a todos los animales, aunque debemos de compartir con ellos  el planeta Tierra, por Voluntad superior.  Y, no solo con los que se mueven o caminan al igual que nosotros los humanos, sino también con las especies voladoras y acuáticas. Pero además,  con determinadas clases de insectos, que  solo son dañinos, según el punto de vista de la gente, lo cual no es del todo cierto, pues   en adición a los pequeños daños que pueden producir,  colaboran con los hombres en determinados aspectos de su vida.

Muchos ignoran, o no han querido asimilar, que todos los animales que rodean al hombre, también forman parte del plan de Expresión Divina, de si Mismo,  Dios, a través de la Idea suprema de cristalización del Universo (Juan, Cap. 1, vers.1-3); y que además, según se explica en el libro de Génesis, Capítulo 1, de la Sagrada Biblia, tanto ellos como las plantas (reino vegetal), precedieron a la creación de los seres humanos (6to. día), hechos a imagen y semejanza del Gran Arquitecto del Universo, y con  autoridad sobre todas las especies animales inferiores.

Tan bien planificada y ordenada fue la creación  de animales y aves, que por ejemplo, determinadas especies voladoras, entre ellas las palomas, fecundan dos huevos, de los que nacen hembra y macho, la pareja, para continuar la reproducción.

En consecuencia, todos aquellos también merecen salvaguarda, respeto, trato afable y cuidados de salud, según sea el caso, aunque guardando, obviamente, la distancia en términos de clases, y por razones de irracionalidad e instintos atribuibles. 

Lo más procedente sería, no maltratarles o explotarles inmisericordemente, como ocurre de ordinario, cuando son usados como soportes en faenas laborales o de seguridad personal; como hasta quitarles la vida sin rubor alguno, al momento en que se determina ya su invalidez o poca necesidad.

Según señalan algunos autores, los animales fueron creados y diseñados para acompañar a los hombres en su trajinar terrestre, y tienen también sus misiones especificas que cumplir, por lo que se les debe proporcionar un espacio en el cual se eduquen, y puedan mostrarles a los mismos determinadas cosas, al tiempo de compartir juntos los caminos a recorrer.

Se habla, por ejemplo, de los gatos, como interceptores y dislocadores de las energías negativas  que los humanos puedan recibir en sus entornos, al momento mismo en que se produce.  También, como retransmisores de informaciones, hacia y desde otros planos superiores de conciencia cósmica.

En cuanto a esta especie, específicamente, se señala que las personas con alergia o animadversión hacia la misma, con frecuencia presentan dificultad para “sentir la proximidad del amor en sus vidas”.

En cuanto a los canes o perros, entre las tantas cosas maravillosas que ofrecen a los humanos, se les atribuye ser indicadores de los lugares por donde fluyen las energías positivas, y los indican por ser sus preferidos para echarse y dormir.

Pero, yéndonos ya de un extremo a otro, hay una especie de insectos que solo se le considera muy asqueante y dañina, superficialmente, las cucarachas.  Nadie quiere verles; se les elimina por cantidad, y siempre más aparecen;  además de que  sobreviven en cualquier circunstancia ambiental, por lo que nunca se les puede exterminar de manera definitiva, siendo de las más viejas existencias

Aun con sus características poco agradables, son parte de la Naturaleza, y tienen la misión o encomienda de invitar la atención de los seres humanos sobre las cosas también feas y carentes de elegancia – al igual que ellas – que tienen en su interior, que requieren ser exteriorizadas y combatidas, pues se mantienen dándoles guerra constante, y hasta provocándoles enfermedades; verbigracia, odio, desamor, vanidad, envidia, estados depresivos, rencores, etc.

No obstante el desprecio que, por muchas especie de animales e insectos,  de común se  siente, no debemos olvidar que en todas las cosas existentes en el Universo, hay una fuerza vital y una conciencia que solo puede proporcionar la Divinidad Suprema; y, que tienen  una misión complementaria evolutiva respecto  a la humanidad  sentido en general.

Los que no compartan esa concepción de que todo lo viviente tiene una conciencia, en su nivel claro está, solo tiene que reparar en como responde una pequeña “plantita” que con frecuencia encontramos los dominicanos en cualquier matorral, y que la denominamos “morí-viví”, tan pronto el ser humano entra en contacto con ella; se durme totalmente, y expone sus pequeñas espinas.  También, preguntarse, y comprobar, el color diferente  (rojo) de la mancha que despide la corteza del tallo de la mata de piñón criollo, normalmente blanca, cuando se trata de extraer un día de Viernes Santo; claro,  que con cierta profesión de fe,  Estas dos,  manera de ejemplo, pues hay muchísimas especies de plantas que reaccionan de inmediato ante la presencia de la gente.

Ese criterio es al margen de las discusiones perennes entre religiosos, científicos y filósofos, en cuanto al origen del Universo, por creación o  evolución; aunque, en lo personal, nos adherimos a la concepción mixta,  de que ambas causas constituyen realidades inseparables. Pues, no cabe duda de que hubo Creación Divina,  por una serie de factores inescrutables para la ciencia y la filosofía aún; por ejemplo, la perfección con que el organismo humano funciona, entre otras cosas.  Ahora, también es muy cierto, que nada fue creado en principio para mantenerse estático, sino para ir evolucionando hasta la perfección.

 Siguiendo con la temática principal, se sostiene incluso, que diversas especies de animales han evolucionado más que un gran segmento de los seres humanos; que advierten con facilidad el trato que habrán de recibir cuando cualquier persona se les acerca; y que,   el alto nivel de instinto de salvaguarda que muchos poseen, les hace ser más listos que muchísimas personas.

 De otro lado, que ayudan bastante a sus humanos compañeros, sirviéndoles de espejos en los que puedan advertir, u observar, sus afecciones de índole psicológica o espiritual; y, asumiendo por su cuenta, determinados roles inobservados por los amos, para que estos los puedan apreciar y ponderar con facilidad.

Uno de los ejemplos más concreto de evolución animal, in crescendo,  lo constituye la forma de comportamiento y asimilación existencial presente y futura de la especie acuática de los delfines, que evidencian una inteligencia extrema en su trato directo y de aprendizaje con los humanos.

Esta viene advirtiendo la peligrosidad existencial que se registra en su contra en el entorno terrenal, y aceptan, en consecuencia dejarlo, a sabiendas de que solo cambiarán de forma física y de plano de conciencia al morir. De ahí la posible extinción que se observa. Pero a su vez,  advierten a los hombres con esa actitud, sobre el riesgo similar que ellos también corren, en cuanto a la calidad de sus vidas; que peligra, y que su futura situación mueve a inquietud.

Ahora, donde más apreciable se torna el nivel de compañerismo, fidelidad, amor incondicional, lectura de los estados de ánimo, complemento afectivo y hasta terapia medicinal, es en las interacciones con los animales domésticos, principalmente los canes, sin importar razas; aunque, obviamente, hay muchos que cuentan con mayores niveles de evolución, y que por tanto, son más expresivos, y hasta racionales en muchos aspectos.

 Es por ello la discriminación en cuanto a perros de clase, y los denominados callejeros o vira latas que hacen determinadas personas, dispensándoles tratos diferentes según la clasificación que les dé. No puede negarse que, aun siendo de raza, como dicen, se comporten agresivos  y peligrosos; pero, eso obedece normalmente a los cruces poco adecuados que se realizan, sin observar la compatibilidad debida.

De todas maneras, reúnen cualidades muy similares en su mayoría; responden al buen trato que se les dispense, con amor y lealtad; comunicación de afecto, admiración y agradecimiento, hasta con la mirada.  Lamen, acarician con sus patas y ladran en tono no agresivo.  No abrigan rencores y perdonan.  Finalmente, cuando tienen que partir del plano físico, sin importar circunstancias, se despiden con una mirada de dolor profundo, por la separación física de su amo; pero también, expresiva de las más sentidas gracias por la atención, cuido y cariño que han recibido durante su tránsito terrenal.

Con mucha razón se acuñó aquella famosa frase  que reza, “Cuanto más conozco al hombre más quiero  a mi perro”, (Lord Byron).

 Rolando Fernández

Salud pública en descuido

Hay un refrán pueblerino que reza “la falta de higiene inmuniza”.  Cuan cerca de verdad está el mensaje contenido en el mismo, cuando reparamos en lo que aquí se advierte sobre el particular.

Para comprobarlo en toda su extensión solo basta con desplazarse por nuestras calles y avenidas en calidad de peatón, y observar la forma en que operan los tantos “comedores públicos” de que disponemos, a nivel de las aceras y esquinas, repletas de fogones, estufas y  vitrinas deterioradas, para exhibición de los comestibles que se expenden, estas últimas.

Son lugares que, amén de la contaminación ambiental, producto de las aguas posadas, a veces negras, y los gases tóxicos que despiden los vehículos, carecen de todo tipo de higiene inherente a ese tipo de servicio.

Los dueños o encargados de los mismos manipulan los alimentos que preparan o    cocinan, con las manos sucias, después de seudo  limpiar  los enseres que utilizan; recoger ocasionalmente los desperdicios que se acumulan en los alrededores, y manosear los dineros que reciben o devuelven  en las labores de comercialización, que como todos sabemos, acumulan suciedad y miles de microbios.

Pero además, los aceites reciclados que usan varias veces, parecen lubricantes para piezas de vehículos de motor; los ingredientes y las materias primas necesarias en la preparación de los comestibles que venden, primeros son bautizados y acariciados por las innumeras moscas que pululan en el lugar; y suponemos que otras clases de insectos también, ya que los entornos engrasados siempre les llaman.

Y, bajo esas desagradables  y dañinas condiciones son muchas las personas que acuden a los referidos lugares diariamente  a saciar el hambre; a degustar los variados y apetitosos manjares callejeros, con un ingrediente adicional, algunas gotitas de sudor o fracciones de saliva procedentes de los transeúntes que se acumulan cerca de los mismos, para observarlos, revisar y ordenarlos luego.

La verdad es que, si procuráramos conocer las estadísticas en República Dominicana de las personas con problemas gastrointestinales crónicos (amebas, parásitos de otro tipo e infecciones estomacales e intestinales), así como de los promedios de lípidos en la sangre (colesterol, triglicéridos, etc.), y los comparáramos con los ambientes de insalubridad y falta de controles relativos en que vive la población nacional, tanto de carácter alimenticio como habitacional, con el agravante de las insuficiencias en los servicios a nivel de asistencia médica pública, habría que concluir afirmando que la gente en este país está inmunizada; y que, por consiguiente, el susodicho refrán aquí se verifica a cabalidad.

No es que nadie aspire al desalojo de esos negocios informales de expendio de comidas, que contribuyen en parte a paliar la falta de empleos en el país.  Ahora, lo que sí deben procurar las autoridades correspondientes del Ministerio de Salud Pública nuestro, es que los mismos trabajen bajo un marco adecuado de organización e higienización, con la supervisión debida.

Proceder además a difundir una amplia campaña de concienciación poblacional, para que la gente solo acuda a ingerir alimentos, jugos, café etc., en establecimientos que, aun de esa categoría, reúnan las condiciones de salubridad requeridas.

Que penoso resulta ver a hermosas y bien vestidas damas o uniformadas,  maquilladas, comprando un vasito de café, o de un juego contenido en un galón, que el sucio se advierte a lo lejos, con  un seudo sándwich, que muchas veces en realidad  no se sabe lo que contiene dentro, a tempranas horas de la mañana, para desayunar en las aceras, a mano limpia como se dice. Desapareció ya la formación hogareña. ¡Qué lástima!

 Rolando Fernández

Un parque temático infuncional

Independientemente de las simpatías políticas que pueda tener cualquier dominicano medio pensante, si reflexiona sosegadamente sobre algunas de las cosas que aquí se observan y los actos cuestionables en que incurren determinados funcionarios públicos, se sentirá más que desesperanzado, respecto del porvenir de este pobre pueblo.

El hecho de ver como se dispone alegremente de los dineros que por concepto de impuestos directos, otras cargas tributarias y arbitrios diferentes  tenemos que pagar los dominicanos, deja mucho que desear, y hasta enfada en ocasiones, cuando se advierte el doble rostro de los políticos electos y designados que nos damos, al incurrir en gastos superfluos e innecesarios, con las tantas necesidades perentorias que se padecen.

El norte es erogar recursos sin control para vender falsas imágenes de ejecutores consistentes, en ocasión de la cercanía de los procesos electorales, sin el más el mínimo rubor de olvidarlo todo después.

Transitar por la Av. J. F. Kennedy con los Próceres, y reparar sobre la ubicación y características de famoso “parque temático”, que se construye en plena campaña electoral, inaugurado sin terminar, es una de las mejores muestras del despilfarro indolente, a cargo de los bolsillos de la población.

Uno tiene obligatoriamente que preguntarse, cuál es la finalidad de esa obra, en un área tan poco adecuada y peligrosa, principalmente para los niños, por el tráfico vehicular fluido que hay en la zona; sin espacio para aparcar.  Un lugar donde no se puede disfrutar de un poco de sombra a ninguna hora del día, por haber sido desforestado anteriormente; con el agravante de la polvareda que despiden los proyectos de construcción que se llevan a cabo en los alrededores.  Fue una decisión descabellada  la de hacer dicho parque, lamentablemente; pero, que nada ha costado  a quien lo dispuso.

Otro punto a destacar con relación a ese lugar, es que todos los ciudadanos que acostumbramos a transitar por esa esquina, sabemos que esa pequeña zona triangular era uno de los pinares más hermosos que habían en la capital, y que todos esos árboles fueron salvajemente cortados para que no obstaculizaran la visión hacia una empresa en particular, según la versión que corrió a la sazón.

Cuanta ingratitud con la madre Naturaleza, para corresponder a intereses particulares, cuando los pinos están considerados, por los entendidos en la materia, como los mejores árboles canalizadores de las energías cósmicas hacia los seres humanos, en términos de salud.  Pero, además, ¿qué ocurrió con toda esa madera? Quien dispuso de ella? ¿A dónde fue a parar?

Todas esas son de las cosas que mueven a pensar seriamente en que la sociedad dominicana, no política partidarista, tiene que abocarse a promover  el sometimiento y aprobación de una “Ley contra la corrupción, enriquecimiento ilícito e investigación de fortunas que será de de orden retroactivo e imprescriptible”, como fuera promulgada en La Paz, Bolivia, por el presidente Evo Morales, y que denominan “Ley guillotina contra la corrupción” (periódico Nuevo Diario, del lro. de abril en curso).

 Rolando Fernández.

¿Qué yo he hecho por los demás?

Muchas son las interrogantes que de ordinario cruzan por la mente de cualquier persona durante el correr de su vida común. Algunas veces, producto de situaciones adversas que se  deben afrontar; otras que les son favorables, y que les parecen fortuitas; y, en el menor de los casos, la neutra podría decirse,  ¿por qué a otros siempre les sonríe la suerte, y a mí no?

 El grueso de las tantas inquietudes posibles  que normalmente asaltan de repente a los seres humanos, con frecuencia valederas, es regular que se origine en aquellos que no saben mirar hacia dentro de sí mismos; que desconocen esa magnifica forma de buscar respuestas a sus asuntos particulares; y que creen que pueden solo encontrarlas en el espejo comparativo que les ofrecen sus congéneres.

No saben que lo accidental no existe en ninguna corriente de vida; que nada es casual; sino, que todo es causal; y que por tanto, cada cual habrá de recoger lo que haya sembrado; que ese sería el aspecto ajeno a tratar de escrutar, en pos de emular acciones y actitudes de convivencias emocionales, para poder segar entonces iguales frutos.  No es la insatisfacción, por lo que aquel reciba, y yo no.

Ahora, hay un juicio de gran aceptación entre la gente, sin importar sectarismo religioso alguno, y es que la principal pregunta que todos debemos hacernos es, ¿qué he hecho yo por los demás, ya sea en favor, o en contra? Ese demás, no solamente incluye a los humanos, sino también a las otras especies, animales, aves y vegetales, que conforman la Naturaleza en sentido general.

Es la pregunta base a hacerse, porque de su respuesta, mientras más amplia mejor, se desprende todo lo visto hasta el momento, como lo que pueda restar por verse: satisfacciones, inconformidades, dolores, expiaciones variadas, apremios de toda índole, etc., etc.

La clave inequívoca, amén de esa pregunta general, a nuestro humilde entender, para jamás tener que preguntarnos, principalmente sobre las adversidades, es el reconocimiento de la vida Una, en su Esencia básica, espiritual.  El que todos somos Uno; y, la expansión de conciencia del amor incondicional  hacia toda la Naturaleza, incluyendo al prójimo, al cual “amarás como a ti mismo”, dice la Ley.  Lo que haces a los demás, y por los demás, a ti mismo lo haces. Eso nunca debe olvidarse.

 Rolando Fernández.

¡Parque! Públicas aventuras amorosas

Cuan extraña resulta esa posición de doña Magaly Pineda, en lo que respecta a procurar firmas para protestar por las publicaciones que ha hecho el periódico Listín Diario sobre lo denunciado por la Iglesia Católica y los vecinos de los alrededores del parque Duarte, en relación con los actos amorales y de promiscuidad sexual que allí se observan,  en horas de la noche.

Si esa actitud de defensoría  sobre acciones de la naturaleza que se dice, procediera de otra persona, probablemente no nos sorprendería tanto; pero, que sea de doña Magaly, como que es algo difícil de creer; y más con esas argumentaciones de discriminación que se alegan, en cuanto a la permisividad sectorial posible de “actos reñidos con el pudor, la moral, las buenas costumbres y el orden público, cometidos por personas extraviadas del buen comportamiento humano en desmedro y ofensa de los moradores de esa parte y toda la sociedad”, según aprecia y expone el doctor Concepción Cohen,  en carta suscrita y publicada, refiriéndose al caso.

 De ser  totalmente cierta  esa concepción por parte de dicha señora, parece ser  entonces que algunas mentalidades humanas como que van cambiando con los tiempos; o que, otras razones muy poderosas han influido, para que una formadora de su categoría, pueda hoy estar pensando de esa manera.

Doña Magaly, nosotros entendemos, con todo el respeto que usted nos merece, que lo que está mal, está mal; independientemente de toda Declaración Universal de los Derechos Humanos, como de algún Pacto  Internacional de los Derechos Civiles y Políticos, que se haya firmado, cuyas estipulaciones puedan entrar en contradicción  en un  momento dado, con los patrones culturales existentes en una sociedad determinada; y que, en consecuencia, resulten de difícil asimilación por parte de su gente, o que a la vez puedan violentar disposiciones legales vigentes, tal como serían los casos de desviaciones sexuales ostentadas de manera impropia, al igual que las inconductas manifiestas que puedan observar algunos seres humanos.

Sin importar las condiciones de sexo normal, homosexualidad o heterosexualidad, las “indelicadeza amorosas” en sitios públicos no se pueden permitir; pues, es algo que lesiona el pudor y la moral social, por lo que hay que combatirlas de frente, con voluntad y  firme decisión

Lo que más hay en este país son lugares dispuestos y organizados donde acudir para satisfacer necesidades sexuales; que los visiten, y que no irrespeten a la ciudadanía, y mucho menos, dentro de un área dedicada a uno de los Padres de la Patria, que lleva su nombre “Parque Duarte”.

Posiblemente, muchos estén interpretando las denuncias que sobre el particular hiciera la Iglesia Católica, como una   forma de desviar la atención sobre la crisis por la que ésta atraviesa en la actualidad, respecto de la pedofilia en la que incurren algunos de sus prelados, opinión que no compartimos, ya que ambas prácticas, malsanas por cierto, tienen orígenes y niveles de connotación diferentes, como también formas distintas de corrección; una de carácter institucional propiamente, mientras que la otra es de orden público.

 Finalmente, doña Magaly, es indudable que los derechos atribuibles a las personas en cualquiera de los ordenes, Humanos, Civiles y Políticos, son inviolables; pero de ahí a que se pueda hacer lo que se quiera, donde se quiera, hay una diferencia muy grande. Esto, claro está, según se desprende,  de  las denuncias formuladas por los habitantes en los alrededores del mencionado parque, recogidas en la reseña periodística del indicado medio de comunicación nacional.

Esa es una apreciación particular nuestra, con el perdón de tan distinguida dama, y excelente formadora de generaciones.

 Rolando Fernández