¿Por qué reprueban médicos egresados para residencias?

Esa es una pregunta que muchos se hacen aquí en estos momentos, debido a la ocurrencia última en ese orden. Nosotros, aunque no pertenecemos a esa disciplina profesional, y obviamente desconocemos los procesos pertinentes a partir de egresar como estudiante de la aulas, por nuestra experiencia a nivel docente universitario, nos sentimos en capacidad de opinar al respecto, aun de forma algo somera, y creemos que esa pregunta titular debe ser analizada, como contestada, a partir de diversos factores que podrían estar incidiendo en esa lamentable situación. Y es que, la misma genera una serie de interrogantes a la vez. ¡No es tan sencilla esa cuestión!

En primer lugar, si bien es cierto que esas personas son egresadas como médicos de reciente graduación, que ya han cursado todo un pensum de la carrera hasta ese nivel, lo que más procede uno preguntarse es: ¿cuentan en realidad con la preparación suficiente para dar inicio a la especialidad que envuelve la residencia, y que según entendemos es lo que se trata de determinar a partir de las pruebas que se imparten para tal propósito?

No se puede perder vista la delicadeza de tal carrera profesional, aunque sin restar méritos a las demás. Se está hablando de la salud de la gente, con la cual no se puede estar jugando, y que requiere de sólida formación academia, de aptitudes y actitudes muy propias en lo personal, para ejercer con abnegación y oportunidad en el marco de la misma.

En conexión con esto último está lo siguiente: ¿Qué programas para las asignaturas relativas están vigentes hoy? ¿Los mismos de ayer, sujetos a iguales exigibilidades y sacrificios estudiantiles? ¿Se toma en consideración durante el presente, la clase  de alumnos que  prevalece, en el orden de las aptitudes requeridas, sentido de responsabilidad, sacrificios debidos, etc., muy necesarios para poder cursar los mismos? La verdad es, que no hay correspondencia entre ambas cosas: exigencias-alumnado cursante. ¡Creerlo, es ficción!

Y es muy probable que,  las pruebas que se imparten para poder accesar hoy a las residencias médicas se estén elaborando y corrigiendo en base a los programas estudiantiles de otrora, lo cual obviamente tiene que provocar problemas; pues, no son los mismos estudiantes de ayer los que aspiran a recibirse como médicos actualmente, en términos de calidad base necesaria, y condiciones personales obligadas, entre ellas la vocación, siempre pertinente.

Hay una diferencia muy amplia, en quizás la totalidad de los ordenes. En el pasado, los alumnos asistían regularmente a sus clases; se preocupaban por estudiar, y corresponder a sus profesores, aun tuvieran que pasar hambre,  y caminar mucho a pie. Se investigaba todo cuando se debía, sin importar la búsqueda de libros prestados, y sin las facilidades tecnológicas presentes.

¿Qué se hace hoy? Copiar y pegar de la Internet; mal cumplir con los docentes; tratar de sobornarles con dinero; tratar de obtener un título, aun sea sin soporte sabedor en la cabeza, solo para ostentar. Y, cuando son  mujeres, ofrecen hasta el disfrute transitorio de sus cuerpos a cambio de que se les promueva, sin conocimientos acumulados.

No hay que dudar que iguales cosas se puedan estar produciendo con los estudios de medicina, dentro de este cuestionable y deficiente escenario académico entre nosotros a nivel superior, “en el que ya la pava no pone donde ponía”, como reza un decir popular, y en que las cosas que prevalecen son muy distintas a las de ayer.

Incluso, ni siquiera se tiene similitud entre los “pensums” que imparten las diferentes universidades que aquí tenemos. ¿Cuántas hay? Mucho menos, en los mismos métodos y procedimientos de enseñanza que se tienen. Las tecnologías y equipos disponibles difieren por igual. Y, cuando se trata del personal docente, las diferencias que se advierten resultan bastante chocantes.

Luego, cuando los estudiantes de la carrera tan cuestionada hoy – medicina -, mal egresan de esos centros de enseñanza superior, con un papel en sus manos (diploma), los agrupan a todos, sin discriminar modelo de enseñanza, y formación real recibida, para impartirles las pruebas de lugar, cuya aprobación permite el  accesar a las residencias. Se encuentran entre esos muchos seudos médicos, que nada saben en verdad sobre la disciplina.

Por eso dijo uno de los que se consideran afectados dentro de la nueva quemazón: “Hay un problema de conceptos, básicamente. Lo que se hace es una comparación entre plantillas de respuestas. Toda la historia se ha hecho así. Nunca hubo una revisión como tal del contenido de las preguntas del examen. Ignoramos la razón”, expresó Santiago Capellán.

Otro de los quemados en la prueba, José Alberto García, “reiteró que proponen que las evaluaciones sean revisadas con base bibliográfica actualizada, “que se hagan públicas las preguntas y respuestas correctas por ser un derecho que nos asiste por el libre acceso a la información que consagra la Constitución”. (“Listín Diario, edición del 18-3-15, página 4ª)

Se puede inferir a partir de la declaraciones de esos muchachos, que en el asunto puede haber “gato entre macuto”, como se dice en buen dominicano, amén de la incompatibilidad “temporal” de que hablamos más arriba.

Entendemos que, es por todo lo expresado anteriormente lo ocurrido, pues   “según el Consejo de Residencias Médicas solo pasó el examen el 17 por ciento de los aspirantes, 870 médicos, lo que aseguran es un hecho sin precedentes”, en las últimas pruebas impartidas. Se habla de más de 4,000 que participaron, según datos de la prensa local.

Ese ha sido uno de los escándalos sobre el tapete durante las semanas recién transcurridas, respecto del cual se han externado comentarios, opiniones y recomendaciones diversas, aunque probablemente, muy pocos hayan puesto el dedo en las llagas que se deben sanar, porque para ello, habría que estar muy envuelto en la formación actual de los profesionales que están egresando de nuestras universidades en el presente, ¡bastante cuestionada por cierto!

Otro aspecto muy digno de consideración en este caso – residencias médicas – es el factor “competencia profesional a la vista”, que muchos temen ampliarla, y hablar sobre ella, pero que en realidad incide, y no solo quizás en los momentos de tomar las pruebas, como en la forma de corrección evaluatoria para aprobar, sino en el contexto de estar ya cursando las labores mismas.

Veamos lo que dice por ejemplo,  parcialmente, Guillermo Torres, en un sustancioso artículo que publicara en el periódico digital “Nuevo Diario”: “Llamamos la atención a la señora Ministra de Salud Pública y demás miembros del Consejo de Residencias Médicas, para que se humanice el trato que reciben los médicos internos residentes por parte de sus “formadores”, es un trato humillante, mediocre e inhumano; sostengo que, la mayoría de los mal llamados profesores y superiores de esas especialidades, no tienen el mínimo conocimiento de las herramientas básicas de la pedagogía, para obtener un aprendizaje significativo de sus alumnos residentes”

Agregó más adelante: “no le dan tiempo para estudiar y le exigen lo imposible y ni hablar de los acosos sexuales que reciben muchas residentes, por parte de sus superiores, y si hablamos del proceso de los concursos (exámenes), para aspirantes a residentes, eso da ganas de llorar”.

Por lo que se puede advertir, más que suficiente para enmendar hay con relación a esa problemática sobre la mesa hoy, respecto de los nuevos médicos egresados, y las residencias a posteriori. Las raíces de ese asunto no están solamente en los exámenes, hay otras cosas más que revisar, ponderar muy bien y corregir en torno a esa situación conflictiva, que hoy ha salido con fuerza a la luz pública, pero que data desde hace ya gran tiempo, según informaciones que se tienen.

Finalmente, preciso es destacar que la Cámara de Diputados  de la República se propone participar, a instancia de los afectados en esta ocasión, en las investigaciones que proceden con relación a lo tratado: la alta quemazón de médicos graduados en el examen reciente impartido por el Consejo Nacional de Residencias Médicas (CNRM).

Ahora, creemos que los resultados del futuro trabajo de los diputados en agenda sobre el particular, por la naturaleza y complejidad del tema, solo podrían aportar claridad, y una probable  recomendación de alguna acción enmendatoria, con relación a los altos cobros a los médicos aspirantes por el derecho al examen de que se trata.  No obstante así, ¡sería muy útil!

En ese tenor, se habla de unos RD$13.0 millones envueltos en la actividad, según apareció publicado en la prensa local. Importante sería conocer el porqué de tantos cuartos, y a dónde van a parar finalmente los mismos.

Rolando Fernández

¿Y cómo es que piensan?, ¡al parecer que no se quieren!

Sin que la intención sea atacar a  nadie, como se dice, la verdad es que, hay cosas que se deben resaltar, para ver si de alguna manera se logra concienciar un poco a gente nada pensante.

 

Cualquiera se preguntaría con sobrada razón, y cómo es posible que aun  muchas damas estén recurriendo a los quirófanos en busca de belleza física artificial, porque de forma  natural no se ha tenido, o que se ha ido perdiendo con el paso implacable de los años; y menos, requiriendo los servicios de manos inexpertas, cuando no de seudos profesionales, dizque especializados en el área, muy negligentes por demás, que han sentado tantos precedentes desastrosos.

 

No se quiere entender que, toda mujer no ha nacido para ser hermosa físicamente; que el diseño original de su cuerpo carnal obedece a una determinada corriente de vida a cursar; “que donde Dios no puso, no  puede haber”, como reza un dicho popular.

 

Tampoco se asimila que, las aguas del río no pueden ser siempre las mismas, debido a que son cambiantes, como ocurre con todas las cosas sobre el planeta Tierra, y que la especie humana en ese orden, no constituye la excepción.

 

De igual forma, menos se quiere aceptar que, la belleza de la mujer no está en la conformación carnal del cuerpo físico con que se nace, ni en los lustres de estilo, tan fugaces ambos, como el degustar de cualquier buen almuerzo, de menos duración incluso, cuando se tiene hambre; que lo artificial como recurso embaucador, de ordinario encanta y desencanta a la vez.

 

Que la real belleza de las féminas está en la condiciones espirituales que les distingan, complementadas en ocasiones con todos los gracejos otorgados por la Madre Naturaleza; su simpatía destacable siempre; como, cualesquiera otras cualidades de orden moral que les haya proporcionado el medio social en que se desenvuelvan. Y esos atributos, ninguno de los llamados cirujanos plásticos, por ducho, o capaz que se reporte, se los vas a proporcionar a nadie, aun usándose la mejor tecnología de punta.

 

Todo lo expuesto anteriormente, viene a colación de una reseña que aparece en el medio “Listín Diario”, edición de fecha 28-5-14, página 15ª, intitulada “Interponen otra querella contra cirujano plástico”, refiriéndose a Edgar Contreras.

 

Según se expresa en la misma, contra ese señor “han sido presentados varios sometimientos por alegada mala práctica médica”. Sin embargo, vuelve otra vez a estar en la palestra pública, cuando de nuevo una ciudadana se ha querellado ante la Fiscalía del Distrito Nacional, por iguales razones.

 

En esta ocasión se trata de la señora Ana Felicia Rodríguez Núñez, quien fuera sometida a una intervención quirúrgica de lipoaspiración en algunos lugares de su cuerpo, por parte del tan mencionado doctor Contreras, y no en bien precisamente,  presentando luego la misma, severos problemas de salud (estado de gravedad) que requirieron de su internamiento a posteriori, según la información periodística servida.

 

La pregunta obligada tiene que ser entonces, ¿y por qué se recurre ante el ejercicio profesional de ese señor, tan desacreditado ya públicamente, por las innumeras experiencias negativas acumuladas, que han trascendido hasta la sociedad en general nuestra, y que obviamente, hacen inferir incapacidad, o negligencia, a todas luces?

 

La práctica de esa medicina especializada por parte del mismo, ha originado varios sometimientos y demandas en su contra, que han sido conocidos en los tribunales de la República, y que es lo más probable, produjeran algunas decisiones judiciales, aunque por alguna razón poco  se divulgaran.

 

No obstante, las mujeres, a pesar de lo dicho anteriormente en cuanto a su real belleza, continúan inventando con el cuestionado cirujano plástico. No quieren aceptar las realidades de su condición; prefieren poner en riesgo hasta la subsistencia física misma, con tal de estar aparentado, gracias al bisturí, y rellenas por todas partes, lo que en realidad no es.

 

Finalmente, otra situación que también mueve a inquietud, es la no intervención pertinente de las autoridades del ministerio de Salud Pública, como del mismo Colegio Médico Dominicano, en torno a las recurrencias de ejercicios profesionales tan cuestionados como esos.

 

No se ha advertido en realidad que, ninguna acción regulatoria,  enmendatoria, o punitiva, por parte de esos organismos, se haya  encaminado dentro ese escenario de especialización,   delicado en grado sumo, por las defectuosas prácticas que de ordinario se verifican. ¡Penosa la indiferencia observada!

 

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

 

Rolando Fernández

 

Una concepción osada para algunos

A veces hay consejos que se escuchan, y que no se olvidan. Su esencia perdura en las mentes de los receptores, no obstante el paso de los años, por la realidad que envuelve la misma, y porque la comprobación de los efectos provenientes, a diario se pueden verificar.

 

En más de una ocasión, escuchamos al extinto y distinguido médico psiquiatra nuestro, Máximo Beras Goico, externar, incluso públicamente a manera de orientación generalizada, la siguiente recomendación, dada más o menos en los términos siguientes: “Si usted no se siente nada, ¿a qué va usted donde un médico? Él siempre de seguro algo le va a encontrar, porque él vive de eso”.

 

Una advertencia así, hecha por alguien con autoridad para expresarla, no sólo por su condición de connotado galeno, sino por la especialidad disciplinaria en ejercicio entonces, era digna de prestarle la mayor atención posible; y, obviamente, quedaría grabada en la mente de mucha gente, con principalía en la pensante, poco narigoneable.

 

Él sabía bien cuanto estaba diciendo, aun fuera en contra de su propia clase, hablando en términos económicos Eso hacía más loables y asimilables sus pronunciamientos. Primero, por ser algo proveniente de un conocedor de las enfermedades mentales y emocionales en las personas, con incidencia obvia en sus anatomías físico-biológicas. Y, segundo, en razón de que ponía en evidencia su sentido de profesionalidad, como la poca inclinación por lo mercurial propiamente que le caracterizaba.

 

Pero además de eso, y en consonancia parcial con el parecer de Maximito,  es bastante conocido que, de cualquier cosa los seres terrestres – hombres en este caso -, perecerán físicamente en un día preciso y momento predeterminados para cada corriente de vida en particular; que la razón por la cual será, está codificada de antemano – algo comprobado ya científicamente -, en las informaciones individualizadas que contiene el denominado genoma humano; y que, la asistencia facultativa por preventiva que sea, no podrá impedir esa partida obligada del planeta Tierra – la muerte convencional – por parte de todas  las especies que lo habitan.

 

Por otro lado, se tiene el temor de que muchos médicos en su afán de generar ingresos, de mantener cautivos a los pacientes que les visitan en sus consultorios, y en adición la “adivinadora”,  pueden provocar mayores daños en sus clientes, pues así les consideran, que se agravan más aún por los efectos secundarios que provocan los fármacos químicos que les prescriben.

 

Como se podrá advertir, todo lo expresado más arriba guarda estrecha relación con la llamada medicina preventiva, mucho más comercializada hoy, que cuando el doctor Beras Goico trataba de concienciar a la gente sobre ese particular. ¡Ay!, si ese galeno estuviera en el plano físico todavía, se explayaría con mayor sustentación, haciendo uso de aquel verbo encendido que le distinguió siempre.

 

Evidentemente, ese tipo de medicina puede arrojar sus beneficios, en términos de aminorar padecimientos futuros en las personas. Pero, la afección programada para la conclusión del viaje terrestre que discurre, no hay manera de hacerla desaparecer. Claro, hablando esotéricamente.

 

¡Esa llegó para quedarse hasta el final!, con la característica especial de que no son sus síntomas, y probablemente ni ella misma en sí, los que matan como dice la gente, sino la hora precisa para el desenlace. Los mismos tienen la misión de ir creando las condiciones para el despido final, y el retiro definitivo  hacia el verdadero plano espiritual – por la esencia de los humanos -, cuando concluya el tránsito cronológico terrenal dispuesto.

 

La afección predispuesta como tal, y los mismos malestares inherentes que provocan el sufrir la lo largo de subsistencia física, pueden ser objeto de algún tipo de dispensación por parte de la Madre Naturaleza, teniendo como concurso la asistencia facultativa, dependiendo del modus vivendi que se haya observado. Y, eso es algo que hace recordar aquella frase añeja de que, “el que bien vive, bien muere”. ¡Comprobable!

 

También, los chequeos médicos preventivos pueden tener su parte negativa, por los aprestos de la comercialización a nivel de la medicina en general por un lado, como se expresara más arriba. Y por el otro, en el sentido de que, cuando algo de consideración se le diagnostica a cualquier persona, la autoobservación inevitable contribuye a empeorar más aún el cuadro clínico,  y acrecentar los padecimientos, que se tornan más lastimosos.

 

¡Preferible!, no saber nada; es lo que tantos sostienen, y que se haga la Voluntad de Dios. De todas maneras, está más seguro el día para partir, que aquel circunstancial que fuera para ingresar al plano de la materia física densa.

 

La disyuntiva de las revisiones médicas previas, o el esperar hasta el final está planteada. Y, el juicio bien ponderado es el que debe prevalecer, partiendo de que la mejor asistencia, en cuanto a salud se refiere, se la puede proporcionar uno mismo, a través de una adecuada y favorable ingesta  alimenticia, el ejercicio constante, como el evitar los excesos en todas las cosas. El organismo humano tiene sus propios mecanismos de curación, cuando se le crean las condiciones requeridas.

 

Además, si lo asignado nos toca porque nos toca – de lo que uno se va a morir -, lo repentino podría siempre reportarse como lo más apropiado. Sólo que, como sostiene una connotada autora, “el sacramento cristiano de la extremaunción (o último rito),  que se administra a los moribundos, debería formar parte regular de la vida humana”, sin aferrarnos nunca al mundo de lo físico, procedería agregarse.

 

Significaría eso que, ante todas las encrucijadas que nos presenta la vida, “necesitamos dejar < morir > una fase anterior”, por lo que la liberación del espíritu se tornaría continua. Y, no habría  que dejarla entonces, hasta el final de  los días terrenales, como es lo que de ordinario se estila.

 

Ella expresa textualmente que, “En su sentido simbólico, la extremaunción representa el proceso de rescatar el espíritu de los diversos < rincones > de la vida donde todavía hay < asuntos inconclusos >, o la liberación de pesares que continúan tirando de la conciencia…..”

 

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

¡Ojalá, y sea verdad!

Son tantas las promesas incumplidas que ha acumulado este pueblo en su haber durante los últimos años, provenientes de los políticos gobernantes, que un ofrecimiento más que se deje en carpeta poco sorprendería.

 

De lo que ahora se trata, y en el caso de que en realidad se dé fiel cumplimiento al compromiso público asumido, se estaría en presencia de un acto humanitario, de justicia plena, más que de exigibilidad legal, por parte del ministerio de Salud Pública nuestro, frente a los desaprensivos seudos galenos que ejercen a nivel de muchas clínicas privadas, y hospitales descentralizados, que se niegan a ofrecer servicios de emergencia a la población, a menos que se realicen previamente depósitos de dinero por cuantiosas sumas, que muy difícil se tengan de inmediato.  Hay que comenzar a pagar por anticipado. ¡Diablo!, que gran país tenemos los dominicanos.

 

La verdad es que, ya no hay conciencia. Tampoco respeto por el dolor ajeno. Ahora, los médicos lo que más tienen a la vista es el signo del dinero. Eso de preservar salud, y de amor prójimo, son actitudes que se tiraron por la borda hace mucho tiempo.

 

Las denuncias sobre los avances monetarios previos, obligatorios, que exigen algunos centros asistenciales privados y descentralizados en el país, para atender las emergencias que llegan hasta los mismos, con regularidad aparecen en los medios de la prensa local, sin que hasta  el momento las autoridades competentes hayan tratado de poner coto a esa deleznable situación, con la firmeza que tan delicado asunto amerita.

 

No importa que la vida de los afectados por cualquier razón súbita esté en juego. Lo que más prevalece siempre es tratar de asegurar honorarios, y los pagos por otros servicios asistenciales, en ocasiones hasta abultados.  Los administradores de esos centros creen que, las altas sumas de dinero que requieren, están debajo de un colchón, o mosaico cualquiera, y que sólo hay que ir a levantarlo; cuando, ni siquiera estando en un banco, se puede ir a buscar nada en horas de la noche, o transcurso de un día festivo.

 

La verdad es que, se tiene que ser muy inconsciente, para no prestarle la atención a alguien con serios apuros de salud, que de no atenderse de inmediato, puede perder la vida, por el hecho de no disponer en el momento de recursos económicos, que luego se pueden conseguir para honrar los compromisos asumidos; contrario a la condición de existir como ser humano, que cuando se deja escapar,  no se recobra jamás.

 

Se precisa ya, que el ministerio de Salud Pública  aquí, y cuantos tengan que ver con el asunto de que se trata, se inclinen por exigir la aplicación de las normativas legales vigentes sobre el particular, ya que ese proceder médico tan deleznable no debe continuar observándose en el  país. Debemos estar bien atentos, al después de las palabras del doctor Freddy Hidalgo, como de la señora Nélsida Marmolejos, ¡que bien pueden ayudar a resolver!

 

La deshumanización de los profesionales de la medicina entre nosotros, ha alcanzado un grado alarmante.  Parece que ellos se consideran ser “superhumanos”, por el privilegio que les ha concedido la Madre Naturaleza de ejercer tan delicada e importante disciplina profesional.

 

Pero, que no se duerman en sus laureles, y sepan los envalentonados médicos, que la Madre Naturaleza sabe dar y quitar también; pasar factura, cuando menos se espera; y, doblegar egos, a través de sucesos aleccionadores que se producen de manera inexorable en determinadas corrientes de vida, afectando de manera directa a las personas envueltas; y  cuando no, a  seres queridos muy cercanos.

 

Esperemos que las autoridades cumplan con su promesa esta vez. Lástima que la percepción generalizada sea, ¡el no creer en las mismas! Hasta un medio de la prensa local incluye, al editorializar sobre la temática: “Sin embargo, tememos que las cosas no pasarían de simples advertencias, pues aquí los abusos contra los asegurados no acarrean consecuencias para los culpables”. (Periódico “HOY”, del 19-11-13).

 

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

La medicina preventiva actual tiene sus bemoles

La medicina preventiva actual tiene sus bemoles

 

Realmente, para muchas personas constituye una disyuntiva el acudir a ella. Prefieren esperar, y dejarlo todo a la voluntad del Supremo Creador.  Se amparan en que de algo uno se va a morir.

 

De ordinario  tienen el temor de que alguna afección les sea, mal o bien diagnosticada.  No se sienten emocional y mentalmente capacitadas para recibir la información, y poder manejar después la situación que se desprenda.

 

Sostienen además que, el ejercicio de la medicina actual poca credibilidad merece en tal sentido; que por lo regular sólo median en su práctica actitudes mercuriales; y que, en muchas ocasiones, los diagnósticos tienen la intención de procurar recursos económicos, ya sea a través de los pacientes directamente, o de los laboratorios, y los centros de estudios especializados  a que remiten.

 

La verdad es que, sean reales o no, los resultados que arroje cualquier evaluación de tipo preventivo a que se recurra, cuando se les considere catastróficos, o de muy alta consideración, el impacto emocional y mental que recibe el paciente al ser informado, puede contribuir a acortarle la existencia física, debido a la gran preocupación que se genere, como la auto-observación inminente.

 

Se dice con regularidad que, “a veces es mejor no saber las cosas”. Y, es algo a lo que se adhieren algunos médicos aún considerados galenos, emotivos también, de los que quedan todavía con ambas condiciones, aparte del conjunto de empresarios de la salud que hoy ejercen.  Prefieren callar ante los afectados, y hablar con los familiares más cercanos, explicándoles sobre cualquier situación preocupante detectada, y con la sugerencia de no enterar hasta el último momento a la persona de que se trate.

 

Durante el mes que discurre, denominado del “Cáncer”, son innúmeras las informaciones que se han vertido, en términos de prevenir tan terrible enfermedad.  No obstante, la pregunta obligada debe ser, ¿hasta dónde es posible hacerlo?, si es una condición innata en la gente, prediseñada como carga kármica a conquistar durante la presente corriente de vida que se curse, que  de seguro está codificada en el llamado genoma humano, que ahora está tratando de descifrar por completo la ciencia.

 

Tomando en consideración lo expresado anteriormente, se podría inferir que, el lograrse detectar a tiempo la enfermedad, como el manejo asistencial adecuado, el amor que se reciba, el apoyo emocional de que se pueda ser objeto, como detener el curso devastador de la afección, en conjunto, posiblemente se reporte como una de las llamadas dispensaciones en el marco del inescrutable “tinglado” y los lineamientos de la Ley Natural de Causa y Efecto, conocida en el ámbito esotérico como la ley del karma.

 

En ese tenor, muy importantes y atinadas resultan las precisiones que hiciera el connotado médico oncólogo, Andrés Luego Vizcaíno, uno de los galenos que aún quedan, que aparecen publicadas en el periódico “HOY”, edición de fecha 19-10-13, página 1C:

 

“Asumir y resistir el diagnóstico de cáncer se hace muy difícil para la mayoría de los pacientes, cuando se entiende que el  cáncer es sinónimo de muerte. Pero el amor, el apoyo y la información correcta pueden hacer la diferencia”.

 

Evidentemente, cuando no se dispone de esas condicionantes que menciona el doctor Lugo Vizcaíno, para procurar sanar (creación de las circunstancias que favorezcan el que la dispensación se produzca), es muy  posible que la encrucijada obvia se verifique, con relación al acudir a la medicina preventiva, pensándose en que tal actitud se puede tornar en más dañosa que beneficiosa, por las razones de índole mental y emocional que prevalezcan.

 

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

Rolando Fernández

 

Contenidos que se deben asociar: cobros y reembolsos gastos médicos

La exposición juiciosa, y certera por demás, que  hace el experimentado periodista Bonaparte Gautreaux Piñeyro, a través de un valioso artículo de opinión que escribiera en el medio “HOY”, edición de fecha 19-9-13, página 13ª, intitulado ¡Ay, la medicina!, viene como anillo al dedo en estos precisos momentos, como se dice, de cara al anuncio que hiciera la Dirección General de Impuestos Internos (DGII), por medio de su director, señor Guarocuya Félix, en lo referente a reembolsar los gastos médicos a los contribuyentes.

 

Muy edificante resulta pues para la población, todo cuanto expone el señor Gautreaux Piñeyro, en su importante trabajo, respecto del negocio abierto de los que ya no se les debe llamar galenos, médicos, sino empresarios de la salud, que por regular, al igual a un comerciante cualquiera, vienen haciendo “herejías especulativas” en perjuicio de aquellos que hoy tampoco consideran como pacientes (afectados en su salud), sino como clientes.

 

Para nadie es un secreto en este país, que los centros médicos privados y su personal explotan económicamente hasta la saciedad a sus pacientes directamente, cuando no a los familiares que les sobreviven, si ocurre el fallecimiento del asistido. Y, en caso de que se produzca el deceso, lo que siempre se escucha decir es: “obra de Dios, no se pudo hacer más”, agregando en adición: “no se olviden de pagar la cuenta para que le entreguen el cadáver”, como bien se dice en el trabajo de referencia. Hasta para  desprenderse del bagazo físico se presiona y se abusa. ¡Cuánta inconsciencia, y falta de respeto al dolor ajeno!

 

Pero además, y como expone también el periodista citado,  el rosario de cargos que se les van haciendo a los pacientes durante el internamiento, proceden a irlo presentando, y cobrándolo parcialmente de manera intermedia, o sea como anticipo.  Es como una forma de decirles a los deudores: “para que luego no les sorprenda la facturación final”; y a su vez, tratar de ir asegurando el pago  de la deuda que en definitiva se contraiga

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Ahora, y como era de esperarse, tras las declaraciones de la DGII, que recoge la prensa local, en el sentido de que ese organismo trabaja en la elaboración de un proyecto para modificar el  Código Tributario, a los fines de que los gastos médicos les sean reembolsados a los contribuyentes, se está en presencia de otro contenido que preocupa. (Véase periódico “El Día”, del 20-9-13, página No. 6).

 

Era obvio el disentir de la clase médica con relación a la medida en proyecto, ya que la misma permitiría al organismo oficial, receptor de las  tributaciones nacionales, cruzar informaciones respecto de los ingresos que reporten los seudos galenos, empresarios en estos momentos, al igual que se infiere, en lo concerniente a los mismos centros asistenciales, como personas jurídicas que son.

 

Y es que, ambos tendrían que entregar a los pacientes facturas con comprobante fiscal, como documentación soportante, para que aquellos puedan solicitar los reembolsos correspondientes, lo cual permitiría transparentar sus cobros a las “víctimas”; y obviamente, los pingues ingresos de los médicos por el ejercicio liberal, declarados anualmente.

 

De concretizarse una iniciativa de tal naturaleza, se reportaría como un abaratamiento indirecto de los servicios médicos y conexos, en la medida en que los usuarios sean compensados por la vía de los reembolsos solicitados. Pero, al mismo tiempo, los médicos y sus empresas, tendrían que pagar impuestos por lo realmente percibido neto, luego de las exenciones permitidas.  Eso significaría que el Estado no se sacrificaría tanto, y si estaría favoreciendo a la población.

 

Otra forma de combatir estatalmente esa “mercurialidad” inmisericorde de la clase médica nacional, y sus negocios, que en nuestra apreciación es parte de lo que se persigue con el proyecto señalado, sería con la eficientización de los servicios asistenciales públicos de salud, que no es una tarea imposible, pero sí bien difícil, por los ingredientes politiqueros que circundan el área.

 

Finalmente, lo que nunca deben olvidar los médicos es que, el don que ellos tienen les fue proporcionado por la Madre Naturaleza para servir a los congéneres, no para explotar económicamente a nadie; que ellos son humanos, y no están exentos de lo que puedan padecer sus pacientes. También, que el  no observar eso les puede acarrear efectos kármicos que se cumplen de forma inexorable con ellos mismos, o con sus familiares más cercanos.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

¡Una dolorosa narración!

Cuando uno lee trabajos como ese que publicara en señor Julio Santana, en el medio digital El Nuevo Diario, titulado “De clínicas privadas y otros comercios”, sobre los problemas de salud de su tía, y el tratamiento humano asistencial de que fuera objeto, al intentar ingresarle en dos centros médicos de salud en la capital dominicana, a los fines de que esa señora, siendo maestra de vieja data, y contando supuestamente con el seguro médico para la clase, que según la apreciación expuesta por el autor, no funciona como debe ser, a cualquiera se les caen las alas del corazón, como se dice popularmente.

 

Y, la primera pregunta que cualquiera se haría, al reflexionar sobre el contenido de la susodicha narración sería, ¿es que aquí no va a aparecer “quien le ponga el cascabel al gato”, aun sea en lo que respecta a la salud de la población, que debe ser el activo más valioso a tratar de preservar por parte de las autoridades que gobiernan?

 

En segundo lugar, ¿es que ya la solidaridad  humana se ha perdido en este país, donde no se puede contar con los servicios públicos de salud, y en el cual los empresarios privados del ramo actúan a discreción, sin ningún tipo de control estatal; sólo explotando a la libre, buscando cuartos y nada más? ¡Que pena que así sea!

 

Para nadie es un secreto, que en este país el ejercicio de la medicina es un burdo negocio, en el que solamente imperan los aprestos de la “mercurialidad” deplorable, lo comercial, por parte de los profesionales del área. ¡Todos los valores humanos, y ético-morales dentro del ramo se han perdido, con escasísimas excepciones!

 

Ya, normalmente, no se repara en las precariedades y urgencias de los pacientes, para exigir honorarios por consultas, y el cobro de otros servicios médicos.  Todo se fija en función de las suntuosidades que exhiben los centros asistenciales privados, como la ubicación territorial de los mismos.

 

Se actúa de ordinario, sin ponderar que, problemas de igual naturaleza pueden afectar a ricos y pobres; que los primeros están en capacidad de pagar; pero que a los segundos, se les hace imposible la mayoría de las veces.

 

Y que, estos últimos también son dignos de que se les atienda como es debido, ante cualquier situación súbita que ponga en peligro sus vidas, por simple humanidad, y amor al prójimo. ¡No deben ser despreciados y marginados, por no contar en lo inmediato con los cuartos para pagar! Esos, bien que pueden aparecer después, para cubrir las deudas contraídas. Pero, ¡la salud que se deja escapar, difícilmente retorna!

 

El ejercicio de esa valerosa disciplina profesional – la medicina -, está enmarcado ya, en el contexto del sistema capitalista de producción, especulador y explotador por excelencia. Por eso, a los médicos se les cataloga hoy como empresarios de la salud, ¡Hace tiempo que dejaron de ser galenos!

 

Pero, los grandes culpables de esa situación deficitaria a nivel de la salud poblacional, no solamente en este país, sino en la generalidad de los casos, son  los Estados, por las desaprensiones de sus más altos representantes, los dirigentes políticos que alcanzan el poder.

 

Las áreas de ese imprescindible servicio público, de ordinario funcionan con precariedades de consideración, y enormes deficiencias, que por regular favorecen el tener que plegarse ante el sector privado.

 

Esas circunstancias, como es obvio, provocan el que se haga provecho de las mismas, para explotar económicamente a los pacientes que tienen que acudir a sus centros de salud.  Es lo mismo que ocurre por el lado de la educación.

 

No obstante, la mayor culpabilidad recae sobre los mismos pueblos, que no saben elegir a sus gobernantes, para que en verdad los protejan; cuyos ciudadanos se dejan comprar con cualquier cosa, para sufragar votos en favor de los malos representantes estatales que se gastan.

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

Salud de las personas en franco deterioro

El accionar de la humanidad, desde hace ya tiempo razonable, se ha venido caracterizando por la ostentación desmedida de la gente, y la correspondiente lucha de intereses de índoles diversas; pero, fundamentalmente, económica y política.

Evidentemente, esa propensión por el dinero, en una búsqueda constante de tener, para aparentar y deslumbrar ante los demás congéneres, ha contribuido con una deshumanización vertiginosa, que hoy muchos vemos con preocupación, en el marco de un sistema socioeconómico y político,  de destrucción silente, que habrá de permanecer por décadas más, según las expectativas, a menos que el Gran Arquitecto del Universo disponga su término, desde otras esferas justicieras de poder.

Vemos entonces, la forma indebida en que, por esas razones, se juega,  se comercializa y se especula con la salud de las personas, que es un activo irreversible cuando se deteriora, por desatinos propios, experimentos médicos osados, intervenciones quirúrgicas innecesarias, o la administración de tratamientos medicamentosos, sólo para favorecer a ciertos laboratorios, que fabrican y expenden determinados productos.

 En adición  a muchas de las invenciones, que caracterizan a una gran parte del ejercicio moderno de la medicina, se hace más que notorio, cuan dañinos resultan, tantos de los componentes de la canasta alimentaria, que las poblaciones están obligadas a consumir en estos tiempos, por circunstancias diversas, principalmente, de carácter económico.

Según el parecer de algunos entendidos (expertos nutricionistas y médicos alternativos), esa es una situación, que también guarda estrecha relación con los grandes negocios de algunos médicos y laboratorios en la actualidad; pues, los alimentos impropios, alterados genéticamente, al igual que contaminados con pesticidas, como obvio, favorecen la demanda de los servicios clínicos-hospitalarios y facultativos, como la prescripción de medicamentos químicos totalmente.

 Esa  cruda  realidad que se proclama en tal sentido, naturalmente se torna  desconcertante para la gente;  ya que la mayoría se detiene a pensar, y se pregunta, cuáles pueden ser los derroteros futuros a que estaría abocada la humanidad, de proseguirse por esos rumbos inducidos de insalubridad comercializada, hacia los que cada vez se conduce con mayor ahínco.

Ahora, con la disparidad de criterios que públicamente se pone de manifiesto, entre los representantes más connotados la llamada medicina química o convencional, y la natural o alternativa, cada cual defendiendo sus convicciones y pareceres, e intereses, claro está, en pos de ganar adeptos, amén de la edificación que se puede lograr a través de la red del Internet, las personas consiguen un hacer un amplio acopio de informaciones, respecto del funcionamiento del organismo humano, como de los efectos dañinos que se derivan de ciertos tratamientos y manejos médicos, cosas que han hecho que las incertidumbres tiendan a crecer enormemente.

El asunto está tan lejos ya, que cuando alguien se siente afectado por problemas de salud, y se tienen condiciones económicas, lógicamente, pues ambas prácticas así lo requieren, se presenta la disyuntiva de, a dónde acudir; ¿cuál es la mejor?  Si no hay dinero, no queda otro camino que el de los destartalados y deficientes hospitales públicos que pueda haber, como lo es en el caso nuestro, y donde el manejo médico es el convencional.

La gran pregunta que a tantos inquieta es, por qué anteponer intereses económicos, y no unificar prácticas y criterios médicos en favor de la salvaguarda de la salud humana; o, es que lo monetario tiene mayor valor para aquellos que, no por accidente, nacieron con condiciones optimas para ejercer la disciplina profesional, sino por designios Divinos, como intermediarios actuantes de igual naturaleza, para atender,  prevenir y cuidar de sus congéneres, en términos de subsistencia física; y, a sus hermanos menores, los animales, como es cuando se trata del ejercicio veterinario.

Cabría hacer mención aquí, a propósito del tema, de algo que incluye dentro de un trabajo de opinión, el doctor Félix López Torres, sobre la práctica actual de la  medicina, precisamente: “Hubo una vez médicos”.  – “¡Imbéciles!, ¿qué es eso de talento y vocación?… si la medicina se estudia para hacer negocios.  Lo que hay que tener es ingenio y aprovechar ese nicho de mercado.” -(Periódico Diario Libre, del 18-9-10, página 12).

¡Que tan cerca de la verdad, anda el doctor López Torres!

 Finalmente, muchos de los llamados galenos, creen estar exentos de las mismas afecciones que ellos tratan en los demás, a veces con actitudes deshonestas. Pues, que reflexionen, en el sentido de que  nadie lo está; amén de que existe una Ley Natural, que de manera inexorable pasa factura en su momento; por lo que, su única preocupación no debe ser el dinero, sino  el servicio humanitario e incondicional,  para el cual fueron predestinados.

 Rolando Fernández