¡De muy difícil aplicación es esa medida en Dominicana!

Sería una bendición, eso de ver vehículos sin gomas lisas, ni deterioradas en grado sumo, transitando por nuestras calles y avenidas. ¡Esperemos, para ver si es que se logra!!

Aunque las disposiciones emanadas  del INTRANT por lo regular se quedan solo en papeles, como en las palabrerías de las “bocinas” de que se vale ese organismo estatal, solo para cacarear las decisiones que desde allí procedan, ya que por lo visto, los efectos reales de las mismas no se notan, ojalá que a esta última se le ponga caso, por la importancia  que reviste esa, en términos de evitar los riesgos probables que corren los conductores de vehículos, como también las personas que se lleven a bordo, por peligros tan notorios en los que no se repara.

Qué de lo contrario, se obligue al cumplimiento de la medida, sin distingo alguno, o los padrinazgos de estilo a nivel local. En este país, dado el desorden casi generalizado que prevalece a todos los niveles, ya no se puede estar andando con “paños tibios”, como se dice popularmente.

En ese tenor, nos referimos a la Resolución Regulatoria 002-2019, mediante la cual se dictaminó, “que no podrán circular los automóviles o camiones que posean las gomas en malas condiciones, remodeladas, recauchadas, y caducadas; incluyendo las que hayan ingresado bajo el régimen de admisión temporal sin transformación y que no cumplan con las condiciones establecidas”. ¡Ay mamacita! Eso luce como un sueño, en este “solar”. (“Listín Diario”, del 26-2-19, página 2ª).

Aunque quizás sea uno de los esfuerzos correctivos más difícil de observar por parte de los conductores, todos, por razones diversas, que incluyen los aspectos económicos, obviamente, como el supervisar y llevar a efectos las verificaciones debidas, en lo concerniente a las autoridades competentes, por las situaciones caóticas que se verifican dentro de ese sector, las acciones en pos de forzar el cumplimiento debido con respecto a tal iniciativa, ¡hay que llevarlas a cabo, aunque sea con mano dura! Desórdenes de ese tipo, no se debe proseguir permitiéndolos más, pues se pone en juego, por lo regular, la vida de muchas personas.

Hay que imaginarse, si disposiciones relativas a enmendar comportamientos y actitudes choferiles rutinarias, impropios por completo, que están más que a la vista, se violentan alegremente en las narices de la pseudo autoridades, verbigracia, el tráfico de camiones por cualquier carril, y a la hora que sea; los taponamientos que producen las llamadas “guaguas voladoras”, varadas en las esquinas esperando pasajeros; los estacionamientos sobre las aceras peatonales, como en ambos lados de calles y avenidas, etc., qué no será con esa que de ahora se trata – exigibilidad de gomas en condiciones óptimas para todos los vehículos -.

¡Bueeno!, ojalá que en esta ocasión se pueda, y no vaya esa como las demás, al zafacón de las desobediencias acostumbradas en este país, por el lado de los que se aspira a regular; y que, tampoco haya “resolutado” el INTRANT en tal sentido, para satisfacer deseos comerciales de algún importador de gomas ligado a la presente gestión de gobierno en esta República, o funcionario connotado del mismo.

Por los referentes que se tienen, no sería raro ver, que se esté aspirando a satisfacer complacencias reciprocatorias con tales turpenes de ese ramo mercantil; igual que “compañeriles”, dentro de las huestes moradas, tal parece esta del presente, a pesar de la fehaciente problemática social que se intenta resolver, muy necesario. ¡Se pueden dar esas aquí!, aprovechando claro ambas circunstancias.

Eso, en parte, por la forma (60 días calendario plazo), y momento escogido. La similitud con otras acciones anteriores de supuestas regulaciones sectoriales introducidas, es innegable; máxime, cuando se asocia con el proceso electoral a celebrarse en el próximo año 2020. ¡Obvio, se habrá de necesitar apoyo partidario, y patrocinios económicos externos a esas organizaciones.!

 

Autor: Rolando Fernández

 

¡Cuántos así lo expresan en Dominicana!

Qué difícil se hace para personas que aún permanecen “encachadas” con los valores ético-morales, culturales, e intelectuales, como patrióticos, además, que otrora adornaban a un gran segmento de los ciudadanos de este país, convivir en el marco de una sociedad transculturizada, y degenerada casi por completo, como lo es la nuestra en el presente. ¡Es esa percepción, una cruda realidad innegable!, cabría agregar en adición, sin temor a equívoco.

Echar un vistazo hacia atrás, y comparar los tiempos, lo dice todo, y deprime sobremanera a cualquiera. Reparar de qué forma todo se ha ido a pique entre los dominicanos aflige en gran medida. Y, ver que las tribus sanguíneas se les considera en la actualidad como un grupo cualquiera, solo para estar acompañado, y ostentar representación social.

Ahora, jamás ese pequeño conglomerado se le tiene como el “torno” imprescindible para “troquelar” caracteres y patrones de conducta, que luego contribuyan con los comportamientos aptos y loables que demanda la sociedad en general, tal en el pasado la crianza hogareña procuraba, como fuente inequívoca de la que todo depende, con el concurso de una óptima educación escolar. Claro, eso era cuando había verdaderos padres que estaban conscientes de sus responsabilidades y deberes respecto de los hijos que traían al mundo. ¡“Hoy solo se fabrican”!

Cuando los vástagos son “formateados” de esa manera, difícilmente les impacte, tras su integración a la vida pública, la podredumbre social que a su alrededor pueda verificarse. Tampoco les afecta la penetración cultural impropia inducida desde los poderes políticos y económicos regentes, en pos de robotizarles, y así manejarle a voluntad, como es lo que hoy se produce en Dominicana.

Mucho menos se dejarían engatusar con la oferta de un pica pollo, bebidas alcohólicas, o alguna limosna económica, para que vayan a sufragar en favor de los adheridos a la llamada “posverdad”, como herramienta de conquista, para atraerles y engañarlos, al tiempo de burlarse de ellos cada vez.

Es a través de regenerar la célula primaria de la sociedad – LA FAMILIA -, que grandes cambios conductuales que favorezcan podrían producirse en esta nación. Hay que volver a “encachar” los vástagos a la antigua entre nosotros; como, a despolitizar, y restar comercialización en el sistema educativo local, para eficientizarlo; que el mismo logre su cometido complementario. ¡Son los correctivos más viables y efectivos a introducir hoy aquí!

¡Cuántas verdades desoídas, lamentablemente!

 

Innegable realidad local preocupante

¡Van y vienen como las olas de mar las evidencias fehacientes! Así son las temáticas politiqueras que prevalecen en Dominicana a diario, protagonizadas por los partidos del ramo y sus portavoces más destacados.

Nada más se habla en esta Tierra de las primarias abiertas, o cerradas, en esas organizaciones hoy comerciales – los partidos políticos -, y de los costos insoportables relativos por parte de dichas empresas electoreras envueltas; como, de quién, en definitiva, tendrá que echarse encima el muerto financiero, producto del nuevo invento -la JCE, o Estado-; quizás sean, los promotores a resultar afortunados directos. de tan descabellada práctica, a iniciarse este año.

También, de las maniobras que se tendrán que hacer para reunir los fondos requeridos en la realización de tales despropósitos, que, de muy alta prioridad se entienden para los beneficiarios de esos procesos, por los frutos que reportan. Y, por tanto, ¡hay que llevarlos a cabo a costa de lo que sea, según la apreciación de algunos “pejes”!

Completan además ese escenario burlesco patrocinado por los políticos, los análisis y las discusiones con que concursan algunos seudo comunicadores y periodistas pagados, mayormente, en lo referente a la considerada mostrenca “Ley Electoral”, aprobada a la “juyendó”, como se dice, por eso que llaman “Congreso Nacional”, en el sentido de si dicha normativa sirve, o no.

Lo mismo ocurre en lo concerniente a la cuestionada “Ley de Partidos”, y todas las complementarias “yerbas aromáticas” alusivas a ambas piezas señaladas. A todo ese conjunto jurídico politiquero se le estima con suficientes baches, lagunas, y prerrogativas bien dirigidas, según los entendidos.

Obviamente, todo va en pos de acotejar el terreno, de cara a los comicios que se celebrarán en el año 2020, siendo el ingrediente principal dentro de ese “mosaico bailable”, la eventual reelección del actual mandatario de la nación, o el regreso al trono del pasado “cacique gobernante”, ambos representando al Partido de la Liberación Dominicana (PLD). ¡Par de turpenes! Parece ser que no hay más nadie en el país, que pueda asumir con voluntad las riendas del Estado nacional.

Al igual que pasa con el oleaje marino verificado en nuestras costas, noches – días, y continúa dejando intacto el océano, ocurre en esta República, en el sentido de los gravísimos problemas que acosan a la gran mayoría de los dominicanos. Se habla y se trata sobre política, primarías aspiraciones en ese orden, etc., etc. ¡Lo demás poco importa!

Nada apremiante para la sociedad en general se procura resolver; todo lo contrario, van in crescendo cada vez flagelos tales: corrupción, impunidad, delincuencia, criminalidad, inseguridad ciudadana, como la falta de servicios públicos básicos, entre otros.

En cambio, los políticos sueñan plácidamente durante sus vidas oníricas con los deseos que abrigan; y, cuando están en vigilia, disfrutan de sus riquezas, mal habidas en su mayoría: viajes al exterior, costosísimos vehículos para el transporte de ellos y sus familiares; poseen esos, hasta aviones, o helicópteros altamente valorados. En adición, tienen ostentosas residencias en la ciudad, como villas en campos, playas, y balnearios, construidos estos últimos para las “distinguidas” clases sociales del país.

Y el pueblo, como siempre, continúa “roncando”; luce anestesiado ante las demagogias, patrañas y burlas de los mandantes, pasados y presentes; permaneciendo sin reales líderes políticos, que le ayuden a salir de su pronunciada desgracia. Además, bajo el régimen acompañante de una seudo democracia representativa, que nada más cobija a los que le descuidan y maltratan sin piedad, podría decirse.

Que se le mantiene entretenido en base a titulares periódicos, embaucadores, como para desviar la atención de sus grandes males presentes. Y, uno se pregunta, ¿cuándo aparecerá el despertar debido, ya casi obligado? ¿Faltará mucho por aguantar?

Claro, dicen los entendidos en asuntos sociológicos, “que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”. Aquí, parece que dicha tesis se confirma cada vez más. Las quejas llueven, pero la gente sigue favoreciendo con su voto a todos esos trúhanes inversionistas, mentirosos, demagogos, y recoge cheles, que se mueven dentro del ejercicio político nacional.

 

Autor: Rolando Fernández

 

“Poner las barbas en remojo”

¡Frase muy certera, que invita a prevenir! El reparar con atención sobre cuánto viene ocurriendo en el hermano país haitiano, a eso debe mover. Es de las cosas que más proceden en este lado de la isla, para tantos “La Española” aún, sin los límites debidos.  Allí “el horno no está para galletitas”, como reza un refrán popular.

Parece ser que se está levantando entre la clase más golpeada allí por los sectores gobernantes corruptos, e indolentes, que desde hace tiempo se destacan en aquel pedazo de tierra caribeña, la voz que más se parece a la de Dios: la del pueblo, según sostienen algunos estudiosos de las ciencias sociales, principalmente la Sociología en sí.

Es obvio que, cuando las poblaciones se “jartan” de los abusos  y los maltratos por los que se inclinan los poderes hegemónicos político-social que imperen, se empoderan aquellas, tal ha venido ocurriendo en esa nación, con firme voluntad reivindicativa, y se lanzan en pos de sus mejorías necesarias, a como dé lugar;  están siempre dispuestas a arrasar con todo lo que se interponga a su paso; no valen las fuerzas represivas de que dispongan los mandamases de turno; combaten lo que sea.

Según las reseñas periodísticas de los últimos días, que recogen algunos medios informativos sobre el particular, se está verificando en ese país un estado de rebelión y violencias extremas. que incluye asaltos a bancos, negocios diversos, y otras empresas, etc. Todo en ese lugar está prácticamente paralizado, de acuerdo con los informes; la inseguridad ciudadana es alarmante y progresiva.

Es obvio que, en espejos como ese, y el de la República Bolivariana de Venezuela, deben verse hoy los que se creen dueños-administradores de la finca llamada Dominicana, e ir tratando de ponderar sus descabelladas ejecutorias, como enmendando algunas de sus desaprensivas acciones recurrentes.

También, como en Haití, muchos turpenes políticos, y personajes con sólido poder económico en este “solar”, están expuestos a que en cualquier momento les exploten potentes granadas en sus pies, que les hagan desaparecer para siempre de la palestra pública, “aquí, allá y acullá”, como se dice.

El nivel de hartazgo del pueblo dominicano, saturado de corrupción, cargas impositivas, compulsivas, y sin retorno hacia las grandes mayorías; delincuencia y criminalidad, impunidad, etc., está tocando el borde superior de la copa gigantesca en que se acumulan esos flagelos, tan lacerantes para la gente aquí.

¡Qué pongan sus barbas en remojo!, los “camajanes” políticos y “buitres” adinerados, en este “patio neoyorquino”, según algunos demagogos politiqueros que se gasta la nación, que poco comparten sus fortunas mal habidas, en un alto porcentaje de los casos, con el pueblo local hambriento, y necesitado en extremo, que cada vez más se tiene.

El “bobo” entretenedor del crecimiento económico atribuible al país, ya está pasando de moda. ¡Ojo al Cristo! Nadie cree en esa “burbuja” demagógica adormecedora; y, por tal motivo, una gran cantidad de personas nuestras se quiere desgaritar de esta República, según las encuestas.  Hasta para Puerto Rico prefieren marcharse, que todos saben las condiciones económicas desastrosas en que se encuentra, y que hasta sus nacionales se están alojando, buscando amparo y protección, donde sus padrinos del Norte, U.S.A.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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Alarmante podredumbre social en Dominicana

Si a alguien con cierta visión y capacidad pensante, le hubieran dicho quince (15), o veinte (20 años) atrás, el escandaloso grado de deterioro que alcanzaría la sociedad local, con el paso de un lapso de tiempo relativamente corto, como el transcurrido hasta la fecha, de seguro se hubiese negado a creerlo, aunque fuera escuchado el pronóstico entonces de algún connotado vidente, o médium espiritual.

El nivel de degeneración, que cada vez se hace más notorio aquí, y que se ha venido verificando a nivel de un amplio segmento de la población nacional, siempre in crescendo, es debido en gran parte, a la penetración cultural fehaciente, caracterizada por paradigmas externos más que impropios para los dominicanos, inducida y promovida desde las esferas de los poderes políticos y económicos regentes, a los fines de facilitarse esos los mayores “narigoneos” posibles de la gente aquí.

También ha sido provocada esa despreciable situación, por el fomento tolerado de las actividades del narcotráfico, en términos de comercialización y consumo de estupefacientes, que forman parte de todo el coctel destructor evidente que arropa al país.

Los desaprensivos propósitos de los grupos hegemónicos que se destacan a lo interno de la nación, con tentáculos visibles en el exterior, desde donde emanan directrices injerencistas, disfrazadas de seudo cooperación diversificada, y en la que subyacen intenciones poco loables, en el sentido de lacerar la idiosincrasia, valores, y principios nuestros, han hecho blanco, de la forma, y en los espacios sociales donde se quería. Obvio, se están recogiendo hoy los frutos negativos deseados por aquellos para la República, aunque bastante beneficiosos para los promotores de que se trata, no cabe duda.

Avala lo expresado todo el escenario de corrupción generalizada en que vive la nación; la delincuencia y criminalidad a granel, innegables, que se sufren; el irrespeto a los símbolos patrios, todos, incluidos los principales: Bandera, e Himno Nacional. Las demás identidades alusivas a los dominicanos – moneda, música, cultura en general, valores familiares, etc., han sido tiradas también por los retretes locales, sin miramiento alguno.

De más está decir para algunos, que los políticos de nuevo cuño que se ha venido gastando la República durante las últimas décadas, son los mayores responsables de este deterioro “rompe ojos” que hoy caracteriza a la sociedad local, por sus inapropiadas ejecutorias internas, y desaprensiones marcadas, cuando están al mando de la cosa pública, unidas a los maridajes con determinados organismos en el exterior, por estar andándose siempre esos turpenes, en busca de prebendas y préstamos alegres, para usufructuar recursos económicos frescos con frecuencia, durante sus estadías en el poder.

Los daños causados a la nación por esos, se equiparan con los provocados al sistema de partidos también, a punto de colapsar ya, y que componen las empresas lucrativas que agrupan a todos estos trúhanes, comerciantes de la actividad, que en lo que menos están pensando es, en el bienestar de la generalidad de la gente entre nosotros, como bien se ve, y que son siempre alentados a proseguir con sus mismas andanzas indecorosas desde el mismo Estado nacional.

Queda evidenciada en gran parte, la causa más incidente sobre esa penosa realidad, cuando se reflexiona sosegadamente, y con imparcialidad, sobre el contenido de ese “alertante” editorial que publica el periódico “El Día”, en su edición de fecha 6 de febrero del año curso, intitulado: “Regalar 1,249 millones al PLD, PRM y PRD”.

Cabría transcribir aquí, un fragmento de esa nota de opinión citada: “Esos partidos tienen la obligación legal de pagar su invento – costos celebración de primarias – y la Junta, reiteramos, no tiene la potestad de exonerarlos y cargárselo al Presupuesto de la nación que financian todos los contribuyentes”. ¡Dichosas que son esas entidades! ¿Verdad?

Como se deduce, el mismo se puede resumir en: más cuartos para otorgarlos a esos “chupasangres”, por la parte de la Junta Central Electoral (JCE), sin importar que se esté procediendo, o no, al margen del “mamotreto” de la llamada “Ley de Partidos Políticos”, aprobada no hace mucho, según las pretensiones favorables de sus representantes más destacados.

Con lo que resulta un poco difícil estar de acuerdo, es cuando se dice en el precitado editorial: “La junta, aunque quizás no lo perciba así, está jugando su prestigio y credibilidad”. Eso debido a que, tal afirmación plantea la interrogante siguiente, ¿y cuándo ha tenido esos atributos la entidad de que se trata, durante las últimas tres (3) décadas, principalmente?

En el sentido de esa entrega adicional de dinero, a esas hoy empresas lucrativas, “El Foro Permanente de Partidos Políticos de la República Dominicana (Fopppredom) recordó a la Junta Central Electoral (JCE) que conforme la citada legislación, los recursos para organizar las primarias deben deducirse del aporte económico que otorga el Estado a esas organizaciones”. (Periódico “Diario Libre”, del 7-2-19, página 6).

Al respecto, también se pronunció el flamante ministro de Hacienda del país, quien señaló de manera enfática: “La Ley 33-18 establece que las primarias deberán costearse con los fondos que los partidos reciben de parte del Gobierno”. (Misma fuente señalada anteriormente).

¿Y entonces? ¿Por qué hay que darles a los mismos esos chelitos más, unos milloncitos?; en adición claro está, a la “pacolla” anual presupuestada que se les entrega, para financiar sus francachelas y demás actividades proselitistas, a los fines de que un gran porcentaje de sus miembros vayan al gobierno de la República, donde regularmente se enriquecen, o se hacen más cada vez, como es lo que de ordinario se estila.  ¿Se puede negar eso?

Ese organismo oficial (JCE), parcializado no cabe duda, en la mayoría de las veces, con los poderes hegemónicos vigentes, que hayan de momento, se cree estar en libertad de hacer cuánto le venga en gana, o impongan las circunstancias que se presenten. ¡Precedentes demás se tienen!

Ser destacado finalmente procede: no hay cuartos en las arcas estatales de la nación, para satisfacer necesidades sociales de alta prioridad, tales esas que tienen que ver con la salud pública – los hospitales se están cayendo a pedazos; no hay ni siquiera materiales clínicos -; educación – no se pueden pagar los alimentos-comestibles de la famosa tanda extendida -; seguridad ciudadana; trafico vial, etc. Tampoco se gestiona la percepción de los recursos requeridos para esos fines. ¡Se hacen los locos aquellos que mandan!

Pero, para costear los “festines” politiqueros de los partidos, como las promociones demagógicas de los principales personajes que allí militan, sí que siempre aparecen; hasta los fabrican en caso de ser necesario.  ¿De dónde tienen que salir esos dineros, si no es de los bolsillos de la explotada población, castigada con severas cargas impositivas? ¿En cuántos países del mundo ocurrirá lo mismo? ¡Habrá tanta inconsciencia!

¡“Más bueno que es así el politiquear” !, como diría una amiga nuestra. Obvio, que de esa manera se sigue estimulando la gran podredumbre social que nos afecta.  A dilapidar, un grupo de vagos en su mayoría, como contribución al doloroso escenario señalado, parte de los recursos económicos que aporta al fisco el grueso de la población, mediante los tributos que se le obliga pagar. “¡Qué bien!”.

En razón de lo expresado, muy poco loables se reportan entonces, las opiniones vertidas por personas que lucen como seres indolentes, podría decirse – se debe pensar en las grandes mayorías locales que demandan servicios y ayudas; y, no solo mirar hacia grupos de politiqueros apandillados, que siempre están “guisando” -,    en el sentido de favorecer, o estar contestes con decisiones relativas a las entregas de recursos financieros para disfrutes de los políticos del “solar”, como esa que de ahora se trata, para celebrar sus primarias.

¡PRIMARIO debe ser entre nosotros!, qué los depauperados de la fortuna en este país, no se mueran en los hospitales públicos, por la falta de medicamentos básicos, equipos necesarios, como de atenciones asistenciales oportunas. ¡Para eso, sí que se debe fabricar dinero, cuando no se tenga!

 

Autor: Rolando Fernández

 

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UASD con 243 mil estudiantes. ¡Tremenda carga!

¿Cuántos de esos estarán aptos para cursar estudios a tal nivel?  ¿Será soportable el peso de la gran masificación estudiantil, presente, como la esperada, por mucho tiempo? Son las preguntas que se hace todo aquel que ha estado, o se encuentra hoy en la “barriga del monstruo”; y, por supuesto, se reporta conocedor de cómo se bate allí el cobre.

Hasta ahí alcanza en estos momentos la nómina de estudiantes en la academia pública de educación superior, según datos que ofreciera la señora rectora actual de la misma, Emma Polanco, en declaraciones recientes dadas a la prensa local.  (Periódico “HOY”, del 28-1-19, página 5ª).

La funcionaria hizo hincapié al afirmarlo, en las matriculaciones correspondientes al semestre recién iniciado (23 mil), como en el anterior (27 mil), que forman parte del gran conjunto señalado. Son cifras muy significativas, por supuesto, en las que se debe estar pensando, por las eventuales consecuencias futuras.

Ese es un ritmo de apertura, o aceptación de bachilleres, que debe llamar poderosamente la atención, lo que merece ser recalcado, por razones distintas muy obvias, desde hace ya un tiempito; entre ellas, la cuestionable capacidad para financiar las actividades de la entidad, todas.

Son datos esos que, evidentemente, permiten inferir bastante, en términos de, hacia dónde se dirige esa abultada lista de discípulos uasdianos, de continuar todo como hasta ahora ha ido, sin que se adopten las medidas preventivas pertinentes; máxime, cuando se comparan los ingresos semestrales de personas en búsqueda de formación profesional, respecto de las que logran recibirse como tal cada año, con deficiencias más que marcadas en la mayoría de los casos, y que se arrastran, previo, como durante el transcurso de los estudios supriores que llevan a cabo. Así egresa un amplio porcentaje. ¡Negarlo, sería criticable!

En el tenor de lo tratado, se advierte que, tanto las autoridades uasdianas de hoy, como las próximas en asumir la gerencia administrativa, y docente allí, claro está,  tendrán que inclinarse por adoptar medidas conducentes a controlar ese mayúsculo flujo de estudiantes hacia la misma, equiparándole con el número de los que se reciben (egresados) en el tiempo previsto, de forma tal que, no haya una diferencia tan marcada, que pueda acarrear una debacle súbita en sus quehaceres.

Dentro de los correctivos que se imponen ya, están: a) evaluar capacidades y aptitudes de los nuevos ingresantes; b) destinarlos a los preparatorios requeridos en caso de ser necesario, antes de poder tener acceso a las facultades disponibles – tipo el otrora CU, que llenaba lagunas de orden académico que se traían desde los niveles básicos anteriores, y concienciaba con relación al nuevo  estatus estudiantil: dedicación y rendimiento académico exigibles, y necesarios; c) otorgar baja estudiantil, con referimiento hacia escuelas técnicas; y, d) revisión de las tarifas relativas a los créditos de las asignaturas, en pos de que los estudiantes sopesen la inversión obligada para su inscripción, a fin de que no se retiren alegremente de la secciones de clases.

Es obvio que, el trabajo docente también debe ser evaluado de manera objetiva; que se supervise regularmente el cumplimiento y dedicación de los profesores, al margen de toda politiquería, o retaliaciones posibles; que los jefes de las cátedras hagan su trabajo siempre.

Influye esa supervisión en el ánimo y preocupación estudiantil. Entiende el alumno, que no se le está dejando solo frente a la voluntad del profesor; que hay preocupación extra por cuánto se le tiene que impartir en el aula. ¡Y claro, eso motiva!

De no adoptarse medidas de ese tipo, entre otras, la masa de alumnos allí presentes, que incluye los nuevos cada vez, con acceso libre a la academia, como los tantos rezagados por razones diversas, incluidas las deficiencias para cursar estudios a ese grado; al igual que, las displicencias juveniles de la época, notorias a simple vista,  conjuntamente con las limitaciones presupuestarias relativas fehacientes de la academia, harán colapsar todas las acciones a lo interno de esa institución de estudios superiores, que viene operando desde hace mucho, con escasos recursos financieros; como, estando masificada en extremo, y “relajada”, por la inconsciencia de muchos jóvenes, que no hacen, ni dejan hacer a otros,

Antes de finalizar, preciso es destacar que, la cantidad in crescendo de alumnos inscritos en la academia, constituye una fortísima razón en torno a procurar ante el Estado nacional una mayor asignación presupuestal cada año para la entidad; pero que, también otras motivaciones servirían para la búsqueda del mismo propósito financiero, verbigracia, la eficientización de la enseñanza, acorde con los nuevos tiempos, y las exigibilidades sociales del presente; por igual que, se incrementen considerablemente los niveles de las investigaciones científicas, en lo que respecta a todas las disciplinas del saber.

Por último, se debe tener bien presente, que los pensares del ayer en cuanto a una apertura total allí, facilidades a granel, y los excesos de democracia reinantes, en lo tocante al modus operandi de la entidad, ya se tornan improcedentes, Los tiempos no son los mismos; tampoco, las mentalidades y paradigmas sociales que hoy rigen.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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Doloroso, pero hay que decirlo!

Cuántos comunicadores y analistas “de pacotilla”, según el dicho popular, se tienen en la televisión, y la radio nacional. Es amarga y triste la realidad, respecto a una gran cantidad de los que fungen como la representación social más visible de los dominicanos, dentro del país, y en otras latitudes, en las que de seguro se tienen personas con niveles destacados de formación, tanto académico, como intelectual. Lo más probable es que, se rían aquellos de nosotros, y nos consideren casi bananeros por completo aún, cuando reparan con atención en tales ejercicios comunicativos.

En esta nación dominicana, cualquiera se sienta frente a una de las cámaras de la pantalla chica, o emisora de radio, a exponer, y dizque analizar sobre temas que no se manejan a cabalidad; que apenas son conocidos en muy bajo porcentaje. Pero, muchos se consideran como todólogos; saben de historia patria, y universal, política, economía, sociología, educación; y, hasta de medicina osan hablar, sin ni siquiera tener, algún familiar o amigo, que ejerza la disciplina.

No obstante, en su gran mayoría, todos esos “programeros” de poca monta, encuentran jugosos patrocinios, pues su trabajo, más que otra cosa, es entretener, para desviar la atención de las cruciales situaciones por las que atraviesa el país; y, además, continuar alienando a la población, anestesiarla cada vez más, en provecho de los poderes políticos y económicos regentes.   Algunos actúan como bocinas directas de los gobernantes de turno. ¡Quizás, estos últimos sean los mejores compensados económicamente!

Hay quienes son, entre esos, tan poco letrados y capaces, que utilizan los ´títulos académicos como parte del nombre, e incluso tratan que se les presente ante el público de igual forma, hasta lo exigen. Parece que la gente se llama licenciado, o doctor. ¡Cuánta mediocridad, detrás de sacos y corbatas, y otros vestuarios ostentosos!

Cuando se sintonizan sus presentaciones, adrede, en ciertos casos, buscando uno orientarse; o, por accidente también, ya que poco motivan, debido a la falta de dominio comunicacional evidente, amén de las sandeces que dicen, tan pronto se les escucha pronunciar dominicanos, y dominicanas, ciudadanos, y ciudadanas, como hasta miembro, y miembra, algunos, haciendo honor al estúpido lenguaje de género, términos segundos, que tan criticados han sido por connotados académicos, y miembros de la Real Academia de la Lengua (RAE), por considerarlos como disparates, de inmediato asalta el desencanto en el oyente, y se  apaga el televisor, o la radio.

La verdad es que, se tiene que ser bastante descarado, y hasta medio tarado, para ponerse a hablar de temáticas sobre las que no se tiene un amplio dominio, a través de  medios de tan amplia difusión como los señados. Ahora, los mayores responsables de esos irrespetos al público, son los propios dueños de esas empresas.

No toman en cuenta que, el arte de la comunicación no todo el mundo lo tiene; y, mucho menos, está en condiciones de ser analista. Analizar, supone de ordinario, un objetivo final, por lo que demanda, entre otras cosas, definir primero circunstancias envueltas, o hechos de que se trate, aunque no sea de momento con toda la profundidad requerida; hacer luego las evaluaciones pertinentes; derivar juicios atinados; y, finalmente, emitir las recomendaciones debidas. Si no es así, ¿para qué se analiza entonces? No debe ser para “disparatar”, como el seguir lloviendo sobre mojado, tal es lo que aquí se estila.

Esos, los propietarios de canales televisivos, como de emisoras de radio, que no están exentas, dentro del “coro” criticable recurrente, y que acompañan a los aludidos de manera más directa aquí – la televisión -, no discriminan clientes, ni procuran imagen empresarial loable alguna, habiendo en Dominicana tanta gente con formación y aptitudes sólidas para tales menesteres, Quizás se aleguen exigibilidades económicas que supediten; pero, dichas cosas se podrían manejar, si mediara voluntad sentida y buena intención.

Es obvio que, también las emisoras de radio, innegablemente, andan por los mismos senderos de la TV: mediocres a granel, comentando y analizando, hasta con léxicos vergonzosos en muchos casos. Ahí es “más dura la pelota”, donde ni siquiera los rostros de los “actores parlanchines” ante los micrófonos se pueden ver. ¡Tienen esa ayuda!, por supuesto.

Claro, en lo concerniente a nuestra República, y con toda probabilidad a otros lugares, conforma la resignación de que trata el refrán aquel que reza: “cuando el hambre da calor, la batata es un refresco”; y, con la escasez de valores que hay aquí, en todos los órdenes, como las limitaciones económicas fehacientes de muchos, muy bien preparados por cierto, para costear los espacios televisivos y radiales requeridos, y que tampoco cuentan con padrinos financieros, el trago sabe menos malo, al pensarse de esa manera.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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