¡Hay que ir con mucho cuidado!

Aunque este es un país, cuyos ciudadanos parecen estar anestesiados, que se han mostrado conformistas hasta ahora, ante las recurrentes embestidas tributarias de que han venido siendo objeto, para cubrir los desenfrenos financieros estatales, por parte de los políticos de nuevo cuño que han estado gobernando la República durante los últimos lustros, es obvio que, la elevada presión fiscal, sin reciprocidad hacia la población, viene acorralando a la gente, por lo que se podría estar al borde de un estallido social en cualquier momento, de no obtemperarse en  corto tiempo a los justos reclamos que se elevan.

 

Ya aquí la gente comienza a mostrarse muy resentida, por los efectos limitantes que provocan algunas cargas impositivas que se entienden abusivas, y en casi todas las interacciones sociales, sale a relucir con vehemencia el tema de los tributos obligados, como de la lenidad estatal frente a los que se tildan como los principales responsables de los desfalcos ordinarios al erario público nuestro.

 

Además se señala que, “de hacer lo que nunca se ha hecho”, como fuera una de las promesas de campaña del mandatario actual, es muy poco de lo que se ha visto, a pesar del tiempo transcurrido, versus a la continuidad que advierte un gran segmento de la población, con respecto a la gestión de gobierno anterior.

 

Se habla por ejemplo, entre otras cosas, de no quererle marchar al monstruo con siete cabezas del problema eléctrico nacional, mientras los apagones y las deficiencias en el sistema siguen viento en popa, sólo hablándose de proyectos e iniciativas que no se alcanzan a concretizar. También, del rosario de deudas con los leoninos comerciantes generadores, que nunca disminuye. El maridaje político-empresarial en el sector eléctrico luce intocable, es la percepción generalizada que se tiene.

 

Las crisis en los hospitales públicos del país tampoco han cambiado, como igual lo ha sido a nivel de las escuelas del sistema, y el profesorado nacional, siempre en sus luchas por mejorar las condiciones salariales que prevalecen en el sector, a pesar de la asignación del 4% del PIB para el área, cuya realidad de entrega total algunos cuestionan por una parte,  mientras que por la otra, se habla de inversiones no prioritarias con el uso de los recursos que se reciben.

 

Del lado de los médicos, y el personal de apoyo correspondiente, han continuado todos con sus paros huelgarios, en pos de las reivindicaciones que consideran merecer, propiamente después del paquetazo fiscal impuesto a rajatabla, que evidentemente, ha disminuido el poder adquisitivo de todos, con principalía en los asalariados nuestros que devengan emolumentos fijos.

 

Sin embargo, sí que  han vuelto a estar sobre el tapete las grandes inversiones en las connotadas obras de relumbrón, con los efectos nocivos colaterales que los mismos conllevan durante los procesos de realización, ingrediente que se estima muy significativo en la determinación del seudo crecimiento visual económico del país, que sólo beneficia a los políticos, como a los sectores poderosos conexos, y del que nada toca a las grandes mayorías nacionales, que permanecen sumidas en las carencias acostumbradas, con tendencia a superar los niveles actuales.

 

Por lo que se puede apreciar, al parecer sólo importa la denominada macroeconomía, en el lenguaje de los profesionales del área, y los mandantes regentes en el país. El pueblo llano, nada más cuenta durante los procesos electorales, como receptor de las demagogias y retóricas politiqueras. Después, solamente está para servir como burro de carga. ¡Eso está más que demostrado!

 

Por eso, no se debe extrañar que, “ahorita”, no muy tardío, se les ocurra a las cajas de resonancia fondomonestaristas, títeres alienados dentro del Gobierno, establecer un gravamen al caminar a pie de las personas sobre las aceras, como al aire que se respire en los espacios abiertos, por ejemplo, en adición a la gran cantidad  ya dispuesta.  ¡Qué cachaza tienen estos políticos!

Entonces, todo sigue igual, y ¡es pa’lante que vamos! Ojalá que esos movimientos masificados de protestas que  se han venido dando últimamente en otras latitudes, verbigracia, Brasil, España, Argentina, Perú, que recordemos, no encuentren ecos de resonancia significativa en este país. Pues, lo que ha estado ocurriendo en muchos pueblos nuestros del interior, con facilidad se podría generalizar, y tener impredecibles consecuencias.

 

A veces, el comprar conciencia ciudadana hasta el nivel de manipulación requerido, para restar efectividad a las expresiones sociales de justos reclamos que se llevan a cabo, resulta muy difícil. ¡Los cuartos no  alcanzan, o la gente opta por no aceptar las limosnas que se ofrecen!

 

Aquí, el Gobierno muy pronto se va a ver precisado a tener que  revisar, modificar, o eliminar por completo, algunos de los onerosos tributos cargados a la población; al igual que,  procurar una baja significativa en la tarifa eléctrica, como en los costos de los combustibles.  Los tres renglones constituyen mechas de una poderosa bomba de tiempo, a estallar en cualquier momento, con el más mínimo acercamiento de una llama sutil.

 

Es por ello que, el ir con mucho cuidado procede hoy más que nunca. ¡Que reflexionen las autoridades sobre esa humilde  recomendación, que ya este pueblo está “jarto”!, y a punto de lanzarse a las calles. Para comprobarlo, sólo hay que darse su “bañito de él”, de cuando en vez.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

Rolando Fernández

 

 

 

Nuestra juventud no está en eso, ¡lamentablemente!

¡Está en reggaeton, bachata, drogas, romo, y política lucrativa! Es una lástima que a partir de la desaparición física de las tres “J”, letra inicial de los nombres de verdaderos íconos de la política nacional (Juan,  Joaquín,  y José), líderes en verdad, y formadores  los dos primeros, de los tres  partidos mayoritarios del ruedo nuestro en ese orden (PRD, PLD y PRSC), no haya surgido en el país nadie con capacidad de sustituirles, y sobre todo emularles a plenitud.

 

Y, no es que no lo haya, sino que los actores principales que rigen dentro del sistema diseñado para el ejercicio político nacional, en que prevalecen la demagogia, la desaprensión y la corruptela, se han encargado de opacar, de irle apagando las luces, a los pocos que se vislumbran en tal sentido.

 

Logran llevarles, al terreno que los mandantes recurrentes quieren, alienándoles, e induciéndoles a la adopción de actitudes que distan bastante de los principios y comportamientos que observaron aquellos connotados líderes y mentores indiscutibles, para poder proseguir en sus andanzas seudos reivindicativas y patrióticas, sólo procurando lucros grupales y personales.

 

Luego, y en adición, el grueso de la juventud en este país, lo que menos está es en tratar de identificar a personas de las nuevas generaciones con características y condiciones reales de liderazgo, para procurar catapultarles, en pos de desplazar a toda esta laya politiquera que ha venido destruyendo paulatinamente la nación, como entregándola a intereses extranjeros.

 

Es por la indiferencia juvenil actual, con un alto grado de inducción adrede, que a estas alturas todas esas “rancias” figuras de la política nacional siguen teniendo vigencia como en el ayer; haciendo amarres tras amarres, y concertando acuerdos de aposentos; hablándole mentiras al pueblo, para tratar de continuar embaucándole, en pos de ganar sus votos, como de preservar intereses personales y sectoriales, nada más.

 

En ese tenor, dos muestras muy significativas se tienen para reflexionar sobre las mismas:

 

A) Según publica el medio “Diario Libre”, en su edición de fecha 26-6-13, como información de primera página, “El CP del PLD: un exclusivo organismo de 27 millonarios”, con su respectiva reseña obvia. Agregaríamos nosotros que, ya no se tiene aquella necesidad de otrora – pedir en las esquinas concurridas por personas, pequeños aportes a la ciudadanía, en latitas con la identificación del partido morado, muy recordables por cierto -.

 

B) La dramática situación caótica  en que se encuentra el PRD, producto del pugilato que sostienen dos seudos dirigentes por la dirección general del mismo, ¡que no tienen necesidad de estar haciendo política!, y que por sus edades cronológicas, cualquiera se preguntaría, ¿qué tanto puede interesarles el país a ambos en realidad?

 

Hasta que los hombres jóvenes más connotados dentro de esos partidos mayoritarios, y de algunos pequeños que se las traen también, aptos por supuesto, no se inclinen por jugar el papel que social y políticamente les corresponde, esta República jamás logrará salir a camino.

 

Nunca, mientras la misma se encuentre en manos de todos estos viejos que gravitan en el ruedo, osados politiqueros en su gran mayoría, corruptos y antinacionalistas, acompañados de gente de menor edad que se ha dejado alienar, tras “la ración del boa”, como se dice, haciendo de la actividad partidarista una inversión bastante lucrativa.

 

Si ese amplio segmento de la sociedad nacional no se adhiere al pensamiento duartiano, en el sentido de que: “Mientras no se castigue a los traidores como se debe; los buenos y verdaderos dominicanos serán siempre víctimas de sus maquinaciones”, estaremos perdidos. Está más que claro que, ¡nada se puede esperar!

 

Además,  sin que se procure llevar hasta la dirección del país, en todas sus instancias, a hombres dignos y capaces, probados, conscientes de su deber, en términos de  conducir este “barco a la deriva, aunque lo pinten de otra manera”, muy pocas serían las esperanzas que tienen los nacionales de la República, como los extranjeros residentes en la misma, de sobrevivir al caos económico previsible, como a las injusticias de toda índole que se verifican; a las desaprensiones descaradas de los políticos acuñados a lo moderno; como, al afianzamiento del ambiente de inseguridad ciudadana en que se vive, entre otros flagelos de consideración.

 

¡Aquí se necesita de valores jóvenes pujantes, indiscutiblemente, para promover el rescate de la República! A los alienados y transculturizados que se inclinen por las actividades que introducen este trabajo, dejarlos de lado, con sus preferencias, vicios y “cherchas”.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 Rolando Fernández

 

La ingratitud tiene un alto costo punitivo futuro.

Probablemente, una de las actitudes más deleznables y dañosas en las personas, acompañada del sentido de deslealtad y desatención  inherentes, es la ingratitud, por sus efectos nocivos comprobados casi en lo inmediato, como el alto grado de inducción que conlleva, el cual promueve evidentes cambios significativos en el comportamiento a observar en el porvenir, por parte de quienes son objeto de su impacto directo.

 

Ella puede provocar una especie de “autoacorralamiento” personal, o de marginación, tanto a nivel familiar, como social propiamente, en todos aquellos que proceden de tal forma, con tendencia a experimentar limitaciones obvias, y recibir de inmediato el castigo de la indiferencia, como el desprecio de la gente relacionada, que se sienta dolida con el accionar ingrato.

 

Las inclinaciones humanas de ese tipo, por lo regular van produciendo modificaciones drásticas en el accionar incondicional de los demás congéneres, reiteramos, que luego tienden a actuar de forma muy indiferente, y dejan de asistir a otros con igual ahínco, o simplemente no lo hacen.  Se comportan a posteriori, como ciegos e indolentes, si caben los términos, ante las circunstancias ajenas, ya no deseando servir de manera desinteresada en cualquier ámbito, como se era proclive con anterioridad.

 

Y es que, la actitud de servicio, y la disposición altruista plena que en el pasado caracterizaba, se van diluyendo.  Los desagradecimientos, como la falta de lealtad y consideración conexas, no merecidos, contribuyen rápidamente a irles minando hasta hacerles desaparecer por completo.

 

Pues, aunque nunca se debe hacer nada esperando ningún tipo de recompensa, el ser humano no está exento de susceptibilidad, y de alguna manera, el mal proceder ajeno siempre hace sentir mal a los oferentes sinceros,  que siempre han estado dispuestos a prestar  servicios desinteresados.

 

Claro, la ingratitud – falta de reconocimiento -, como todas las acciones humanas incorrectas, despreciables, tiene un alto costo punitivo futuro, cuya factura es pasada en el momento menos esperando, por razones de índole muy natural, cuya ley atribuible, es  aplicada de manera inexorable.

 

“Cada cual recoge lo que siembra”, frase clásica, que no solamente aparece como máxima incuestionable en el marco de las enseñanzas esotéricas, como es lo que muchos creen, sino en el mismo contexto convencional de las Sagradas Escrituras (Biblia). Véase Gálatas, capítulo 6, versos 7 y 8), que está a la mano de todos.

 

Las personas ingratas, por lo regular se derrumban de repente con gran facilidad; y, al ser ése más bien un sentimiento negativo, no visible obviamente, sino “intuible” por completo, o apreciado nada más por quienes de forma directa son impactados, no muy pocos se quedan boquiabiertos cuando esa situación se produce, preguntándose el porqué eso ocurre.

 

La gente que no agradece, y que pronto olvida cuanto recibe, de ordinario no repara en que el ego humano, culpable de todo, tiene cierto parecido con una bola de nieve, que se infla con mucha facilidad cuando la situación climática le favorece, pero que también se desvanece tras cualquier circunstancia adversa, con mucho mayor rapidez. Igual ocurre con las personas que viven envalentonándose, analógicamente hablando, mirando a los demás por encima de los hombros, según se expresa en el argot pueblerino, por inducción de ese falso ser.

 

Dice un viejo refrán que, “el mejor testigo, y juez a la vez de todas las cosas, es el tiempo”. De ahí se infiere que, sólo hay que esperar para ver, o escuchar sobre sentencias recibidas. Muchos van más lejos, y de manera simbólica expresan: “lo mejor es sentarse en la puerta del cementerio, a ver pasar el cadáver”.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

Eso requiere de edad cronológica, y la madurez emocional debida

¡Tener que aceptar adolescentes embarazadas en los escenarios escolares!, ¿por qué? Esa es una situación muy calamitosa, que mucha gente pensante cuestiona en este país, cuando se aborda la temática, en cuyo conjunto se incluyen a profesionales muy calificados del área de la educación, la psicología, como de la especialidad médica relativa, que han externado pareceres contrarios a la maternidad precoz, y con respecto a la asistencia de las así grávidas a las aulas, por los riesgos probables envueltos, pero que sin embargo, se les ha  hecho caso omiso.

 

Y la verdad es que, en nuestro país hay cosas que no se entienden, que chocan de inmediato con un simple razonamiento lógico, y que son el producto en su mayoría de esa tendencia que  aquí se tiene, de estar copiando normativas y prácticas sociales que se verifican en otras latitudes, y que debido a la idiosincrasia y cultura generalizada que caracteriza a los dominicanos, no resultan aplicables en esta República

 

Se acostumbra a traer, “agarradas por los cabellos” como se dice, legislaciones acuñadas a lo moderno, que entre nosotros se reportan improcedentes, en vista de que son normas que requieren de un proceso de concienciación ciudadana base, como de la definición previa de políticas y procedimientos logísticos que aseguren su uso  y efectividad, de forma tal que luego no acarreen resultados contrarios a los esperados.

 

Es como viene ocurriendo desde hace ya un tiempo en esta nación, con la Ley 136-03, que crea el Código para la Protección de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes, que entendemos ahora se encuentra en proceso de revisión y modificación por parte del Congreso Nacional, sino es que ya lo fue de manera definitiva.

 

Pero, lo más seguro es que, se hayan mantenido aspectos medulares consignados originalmente en el mismo, que no se les ha puesto  la mano,  o quedaron igual,  en razón de las injerencias y condicionamientos impuestos por algunos organismos internacionales, a los cuales se pliega el país con regularidad.

 

La legislación precitada, introducida, y aprobada luego, por los alienados y genuflexos nacionales, que responden más a intereses extranjeros que a los nuestros, lo que ha traído son más problemas que soluciones, en cuanto al manejo adecuado de la juventud con tendencia degenerativa en este país, abarcando los diversos órdenes respectivos, desde su promulgación hasta la fecha.  Las evidencias comprobatorias están a la vista de todos, con las justificantes externadas de los mandatos estipulados en la misma.

 

Vemos por ejemplo, el asunto relativo a los embarazos de las adolescentes, y la asistencia a las escuelas en ese estado, con muchachas que  a penas saben bañarse, como solían decir los antepasados, asistiendo con una barriga a la boca a los centros educativos públicos, cuales damas adultas en capacidad para preservar un proceso tan delicado, como lo es el de la gestación de un ser humano, lo cual no es aconsejable por diversos factores.

 

Primero, por la inmadurez físico-biológica y emocional de esas mujeres sin edad; pues, preñadas a la vista de todos, no se les puede continuar llamando niñas, y permitirles graciosamente que sigan compartiendo con las demás; segundo, porque el rendimiento académico adecuado a edades tan tempranas, no se puede lograr de forma concomitante con las indisposiciones corporales y mentales, como los riesgos implicados mientras se encuentre en ese  estado; tercero, por la inducción sexual obvia, sin conciencia, hasta las compañeritas de estudios; y, cuarto, debido a que se constituye en una fuente más, para continuar engrosando el conjunto de niños sin padres responsables en el país, que puedan velar por su formación y conductas apropiadas.

 

La pregunta obligada es, ¿qué orientación puede dar una madre adolescente a un niño que traiga al mundo, cuando de asesoramiento y crianza familiar requiere ella; amén de que, por lo regular el padre ni siquiera se conoce, o de serlo, tampoco está en condiciones, y disposición de hacerlo?

 

Por el otro lado, ¿cuál sería entonces la tendencia de esos infantes procreados en tales condiciones?  Por suposición lógica, la de convertirse en parásitos sociales, que continuarán incrementando el número de delincuentes de todo tipo que ya tiene la nación.

 

No obstante, hay que aceptar la degeneración femenina indiscutible, y los malos ejemplos en las aulas escolares, partiendo de que, según un trabajo que publica el medio “Diario Libre”, en su edición de fecha 19-6-13, elaborado por Tania Molina, intitulado “DISCRIMINAN EN LAS ESCUELAS MENORES EMBARAZADAS”, el acápite E, del artículo 48 de la precitada ley establece que: “Se prohíben las sanciones, retiro o expulsión, o cualquier trato discriminatorio por causa de embarazo de una niña o adolescente”.

 

Precisamente, en esa publicación se hace el señalamiento de que, “algunos centros educativos “reubican” a las escolares embarazadas, pese a la prohibición explícita de la Ley para evitar cualquier tipo de sanción en estos casos”.  Se habla además, de que se le considera también un vejamen; una discriminación; una falta de respeto y protección, etc.

 

Evidentemente, con relación a los directores de escuelas que así proceden, no creemos que en ellos existan esas intenciones. Lo que en realidad sí puede haber, es que lo hagan para tratar de limitar efectos derivados, traslativos e inductores hacia las otras alumnas asistentes a los planteles escolares, y hasta prevenir posibles riesgos en la salud de las prematuras embarazadas, por su condición de inmadurez físico-emocional, para llevar hasta feliz término una situación de esa naturaleza: estado de preñez extemporáneo. También, porque no es cierto, reiteramos, que puedan cursar estudios con efectividad a la vez.

 

Eso de cambiar a otros centros, o hacia horarios diferentes, hasta cierto punto es un paliativo de prevención; buscándoles  comodidades a las afectadas, como algún tipo aislamiento, propio de esa circunstancia, por los entornos más acordes en que se deben encontrar las “niñas” embarazadas.

 

Incluso, pensándolo bien, mejor sería la suspensión por el año lectivo en que curse el estado de gestación, y su reintegro a clases posteriormente.  Se reportaría como una forma de concienciación a esas muchachas inexpertas, para que procuren la protección correspondiente,  no sólo para no quedar embarazadas, sino de cara a las tantas enfermedades de trasmisión sexual que ahora existen.

 

Por ahí debería ir una modificación urgente al precitado Código, al margen de las intromisiones internacionales. No obstante,  lo que se está procurando en la actualidad al parecer, es aumentar la propensión al sexo temprano, y hasta sin control podría decirse, con iniciativas como ésa que fue introducida al Senado de la República, original del senador Francis Vargas, contentiva de un proyecto de ley, en el que se obligaría al Estado a la manutención de los hijos e hijas de adolescentes desamparadas por un año, conjuntamente con otras prerrogativas en favor de tales progenitoras, que incluyen además, “asistencia gratuita de Salud Pública durante su embarazo, parto y posparto. Asimismo, sobre los riesgos por la maternidad precoz”. ¡Qué bien!, otra carga estatal más, y un aliciente para que se continúe procreando alegremente, y sin responsabilidad alguna. (Véase periódico “HOY”, del 21-6-13, página 3ª).

 

Finalmente, es preciso destacar que, los escenarios escolares a ese  nivel, no son los lugares más apropiados para estar exhibiendo barrigas por estado de preñez, ni dejando entrever los malestares relativos. También que, el embarazarse y parir, tiene su edad físico-biológica en la mujer, como su grado óptimo de madurez emocional; amén de que, requiere del entorno adecuado en que habrá de cursar el delicado período de gestación inherente.

 

Cualquiera no quisiera imaginarse, la situación engorrosa, conflictiva, que se presentaría en medio de una sección de clases, si una alumna en estado de gestación se le presentara algún percance de salud, como a veces ocurre, máxime en las mujeres no aptas: problemas de presión arterial, náuseas-vómitos, mareos, sangrados repentinos, etc., todos asociados con la gravidez presente, en medio de los demás alumnos, sin capacidad para asimilar la escena. ¡Sería de difícil manejo el asunto!, ¿verdad?

 

Es por todo lo expresado que, sobre ese espectáculo tan deleznable, de “niñas preñadas”, interactuando en salas, aulas y pasillos escolares, ¡se debe reflexionar y decidir con prontitud aquí!

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Qué pasará después con los hijos?

De los daños más significativos por parte de los padres, a los jóvenes vástagos que integran luego a las sociedades modernas, son la sobreprotección y las complacencias extremas de que aquellos son objeto. Los convierten  en “guiñapos”, en personas inútiles, cuando solos se vean, por haberles creído siempre merecedores de todo. ¡Penoso eso!

 

En verdad, los ascendientes sobreprotectores, y complacientes en extremo, no reparan en las consecuencias futuras de sus actuaciones impropias durante el período de crecimiento y estudios de los hijos, que pueden abarcar desde traumatizaciones de carácter mental-emocional severas, hasta el fomento de actitudes de índole delincuencial muy inductoras, cuando las “sombrillas” de los procreadores que así proceden ya no estén.

 

En ese tenor, muy atinado resulta el contenido del artículo publicado por Kedmay T. Klinger Balmaseda, en la edición de fecha 15-6-13, periódico “HOY”, intitulado “Nosotros los nobles”, que corresponde al nombre de una película mejicana que trata sobre la temática, según expresa, en el que se incluye un mensaje bastante interesante con relación a la sobreprotección paterna, como la satisfacción de deseos todos, y sus efectos dañosos múltiples, a verificarse en el mañana.

 

Esas son  cuestiones, sobre la que se debe reflexionar con “agudeza” en la actualidad, y relacionarlas con la alta tasa de delincuencia  y criminalidad que se verifica, no sólo a nivel del país nuestro, sino también de otras latitudes, en la que es muy posible pueda estar incluido el ingrediente porcentual que aportan algunos de los llamados hijos de mami y papi, deformados conductualmente, por causa de la sobreprotección y los sobrados abastos paternos, que por lo regular tienen un límite, son finitos.

 

Y, cuando ésos faltan, los muchachos, que no han hecho sacrificio alguno para conseguir nada, porque todo se lo han puesto en las manos complacidamente, y que por tanto, no están en capacidad de enfrentar los problemas ordinarios, como otros de mayor envergadura que se pueden presentar a los humanos durante la vida, se sienten enteramente vacíos y desesperados.

 

La impotencia obvia que les acosa, los conduce a fuertes estados depresivos, dentro de los cuales se originan con frecuencia actitudes de agresividad, como actitudes de proclividad hacia el consumo de estupefacientes (drogas), que demanda de cuartos para adquirirlos, los cuales no se tienen, y hay la imperiosa necesidad de buscarlos a como de lugar, obligados por las frustraciones desesperantes, y la situación de abandono en que se consideran.

 

Dudar que tales efectos se produzcan, es estar de espalda a una gran realidad.  A los hijos se les debe proporcionar lo que en verdad ellos necesiten; pero, también hay que dejarlos en ocasiones que traten de procurar los requerimientos por sí mismos, para que vayan aprendiendo a manejarse solos; y que se acostumbren a suplirse de manera honrosa, pensando en que la “sombrilla paterna” no habrá de durar para siempre. ¡A los muchachos, no se les debe estar dando todos los gustos, y sobreprotegiéndoles!, pues en el futuro se lamenta.

 

Por consiguiente, hay que enseñarles siempre las dos caras de la moneda (complacencia y restricciones), como sólo proporcionarles la protección debida.  De lo contrario, es posible que se estén creando parásitos sociales para el mañana.

 

¡Piénselo!, padres sobreprotectores, y muy complacientes.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

Como anillo al dedo, ¡esa frase!

Es evidente que, los hombres preclaros advierten con facilidad, cuando dirigen y enseñan a los demás, el comportamiento que luego pueden observar en el futuro muchos de sus seguidores, y adeptos temporales a su filosofía de vida, por lo que siempre tratan de elaborar frases alusivas, aplicables en el porvenir.

 

A propósito de eso, muy oportuna en estos tiempos últimos resulta la publicación de esa máxima reflexiva que plasmara el gran líder y maestro de tantos, Juan Bosch, a la que ahora hace alusión en su pequeña columna, “Una reflexión”, con su análisis y comentario respectivos, el señor Luis García, y que aparece en el medio “El Día”, edición de fecha 17-6-13, “nadie se muere de verdad si queda el mundo quien respete su memoria”.

 

El inmenso pensador que llevaba el nombre de Juan Bosch, y creador de la frase señalada, fue fundador y mentor, tanto del partido de Gobierno actual (PLD), como del mayoritario de oposición (PRD), conocedor, por consiguiente, de la mayoría de sus miembros a la sazón, y podía ver más allá de la curva, como se dice.

 

Y claro, un alto porcentaje de aquellos se han olvidado casi por completo de los ideales cimeros de aquel connotado literato, y  gran zorro de la política nacional. La predicción envuelta en dicha máxima, no podía fallar, al menos, entre la mayoría de los partidarios que dentro del país le seguían.

 

La realidad es que, interpretando lo dicho por el prócer nacional, ¡sí que le han dejado morir!, sus pasados discípulos más allegados; y, todas esas alharacas protocolares en ocasión de los aniversarios inherentes al mismo, tanto el correspondiente al término de su vida física, como a los de algunas loables acciones de ése durante su tránsito terrenal, no son más que actos demagógicos, para satisfacer la vista de la sociedad dominicana, a manera de cumplido,  ¡y nada más!

 

Ha quedado evidenciado por completo que, lo que menos han hecho los miembros de las precitadas organizaciones políticas por él creadas, es honrar su memoria; emular sus principios morales; como, su gran nacionalismo a ultranza; y, el sólido sentir patriótico que le caracterizó.

 

Entonces, cualquiera se preguntaría, para qué estar designando con su grandioso nombre, un hospital, una universidad, calle, y sala para el desarrollo de actividades culturales, etc., cuando el legado en favor de esta República que él supuso haber dejado – todo el marco de un hombre digno de ser loado, y ejemplar ante su congéneres compatriotas -, lo han tirado por la borda, y pisoteado sin control, probablemente, de quienes menos lo esperó

 

De ahí que, con el amplio sentido dado a la precitada frase, se infiere que el mismo advirtió, y predijo a la vez, lo que podía venir: todo cuánto ha visto este pueblo, antes, y luego de su desaparición física, con respecto al comportamiento de sus exalumnos, que  obviamente, eran los más llamados a preservar su memoria, tanto durante su incapacidad físico-mental, como en su ausencia póstuma.

 

¡Lamentablemente, sembró para nada el profesor Bosch!

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

¡Contribuyamos todos!, a combatir la delincuencia y la criminalidad

En un país como el nuestro, donde las ostentaciones personales no faltan, y en el que las desigualdades sociales se hacen cada vez más notorias, como producto de los desequilibrios a nivel económico, que tantos entienden provenientes de la obtención de fortunas regularmente mal habidas, en ámbitos diversos del quehacer nacional, la delincuencia y la criminalidad se pueden considerar como respuestas contestatarias al régimen de impunidad vigente, propulsadas por los desposeídos, y sin esperanza, que tal situación ha promovido, con tendencia numérica a crecer cada vez más.

 

No es raro escuchar en voz de algunos adolescentes, y también adultos locales, el decir: “lo que hay que hacer aquí es buscársela como sea. A uno no le queda otro camino que elegir, que el hacer frente de esa forma, a este escenario delictivo que se verifica en los más altos niveles de esta sociedad podrida y corrupta, en la que todo se compra con dinero, o influencia política. Entonces, qué podemos hacer nosotros los de abajo, sin condición económica, como tampoco padrinazgo alguno que nos tienda la mano, o que nos defienda, en cualquier circunstancia; ¡estamos solos, y en olla!

 

“En esta República, todo se le quita al pueblo desde arriba, desconociéndose en realidad el destino final de los dineros recaudados compulsivamente, y  el pueblo no es reciprocado como se debe;  mucho menos, tiene acceso a información alguna sobre el particular, que no sean las retóricas pinceladas de bonanza y falsas promesas a que nos tienen acostumbrados los políticos de nuevo cuño. Luego, la gente no se puede dejar morir de hambre, o por falta de una simple medicina para la salud, que tampoco aparece en los hospitales”.

 

Preciso es destacar antes de proseguir, que no todos los que en este país se tienen como delincuentes o antisociales, en realidad son analfabetos. Hay muchos de ésos que incurren en actos indebidos, en razón de carencias múltiples, como  necesidades de sobrevivencia apremiantes, según alegan, que han recibido suficiente formación académica, y que saben expresarse  con corrección y objetividad.

 

Como consecuencia de esos pareceres, y de otras razones poderosísimas que vienen incidiendo en los flagelos delictivos señalados precedentemente, es obvio entender que, todos los dominicanos, conocedores y conscientes de esa fehaciente realidad nacional – delincuencia y criminalidad por doquier -, debemos contribuir de manera conjunta  para su  erradicación.

 

Por lo que concierne a las alta autoridades del país, no es sólo asunto de actuar sobre la marcha, o a posteriori, como son las medidas extremas de vigilancia dispuestas últimamente;  o, aumentando las penas y castigos en contra de los imputados comprobados y confesos, que son temáticas que en los últimos días han estado sobre el tapete, es definir y reconocer las poderosas causas que se encuentran en la base del problema, para atacarle desde ahí mismo.

 

En ese mismo orden de los aportes generalizados que se requieren para enfrentar y tratar de enmendar tan significativa situación delictiva nacional, cabe señalar con ahínco que hay una parte muy importante que corresponde a la ciudadanía misma, y que consiste en la autoprotección y salvaguarda de la propia vida. ¡No todo puede dejarse al Gobierno, y los funcionarios estatales competentes!

 

En estos precisos momentos de inseguridad ciudadana en que vive la nación, la gente debe privarse, aunque parezca paradójico, ya que todo aquel que puede, ¡puede!, de estar ostentando condición económica suficiente, para no correr riesgos probables, exhibiendo costosas prendas sobre su cuerpo, como los carísimos y modernos celulares, que llaman tanto la atención a los considerados antisociales motorizados, y de a pie, los cuales andan en “sus búsquedas”, obligadas o inducidas.

 

El querer allantar, o aparentar bienestar a través de esos medios, es como estar enseñando queso a los ratones hambrientos, muchas veces de comidas, y hasta de drogas en otras ocasiones. ¡Es una provocación!, en un país donde ya no se puede ni siquiera exhibir en las manos un anillo de graduación.

 

Cualquiera se preguntaría, para qué tiene que andar la gente en las calles de esta degenerada nación ya, con todas esas guindalezas de oro, o con los llamados “teléfonos móviles”, al último guay de la moda, digitando mensajes, quizás con un contenido cargado de sandeces,  personas jóvenes en su mayoría, que deben tener callos en los dedos, en ausencia de cerebro, transitando por plenas vías públicas, o detenidas en otros espacios abiertos de fácil ubicación visual.

 

Ya aquí, los hombre y las mujeres tienen que andar lo menos provocativos posible; sólo portando lo imprescindible para resolver, y presentar, o lucir, con accesorios de poco valor, hasta tanto las condiciones delincuenciales prevalecientes cambien, haya la seguridad requerida.

 

Lamentablemente, se están recogiendo los frutos a granel de las tantas causas sembradas con anterioridad, bajo la pantalla del modernismo; debido a la penetración cultural impuesta, o inducida por los alienados internos; como, de las apetencias grupales y políticas de nuevo cuño. Son razones que se reconocen, y están más que a la vista, pero que no se les quiere enfrentar con voluntad real, o no conviene hacerlo, en su verdadero origen.

 

Mientras tanto, a simular pobreza, aunque los cuartos estén en demasía; o que, continúen aportando el caldo de cultivo del exhibicionismo a la delincuencia y criminalidad que vienen azotando a la sociedad nacional, con cuya ausencia la ciudadanía aportaría bastante a la solución de esos problemas.

 

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

Rolando Fernández

 

 

Dos para uno: el trono del PRD

Muy penoso es, el panorama político que se vive en la República Dominicana, originado en el hecho de que, dos personas se disputan a rajatabla, evidenciando una gran tozudez, la dirección general del principal partido del sistema que rige en ese orden.

 

Ninguno de los dos seudos líderes de que se trata, pues si en verdad les caracterizara esa condición, no estuvieran actuando de una manera tan cuestionable, quiere dar su brazo a torcer, mientras la organización a la cual pertenecen se ha venido desintegrando paulatinamente, aunque muchos quieran estar solapando esa realidad. Y, como es natural, otros hábiles personajes se mantienen al acecho, procurando captar nuevos miembros para su entidad partidarista, aprovechándose de la situación; pescar en río revuelto, como de ordinario se dice.

 

En tanto, los que han estado gobernando durante los últimos años, han hecho del partido, también fundado por el gran maestro, cuyos principios se ignoran, a raíz de huirle a aquel “tigueraje” que ya comenzaba a emerger en el seno del que hoy tiende a desaparecer, han convertido al que se entendía como mesiánico, en una cueva de aventureros, oportunistas, prepotentes y desaprensivos, que se han adherido a la actividad política como inversión, yendo en su gran mayoría al gobierno, a servirse del Estado, contrario a  hacerlo detrás de honrar la memoria, e ideal cimero de su creador y mentor, el inmenso profesor Juan Bosch: “ir a los cargos a servir al pueblo, no a servirse de ésos”.

 

Lamentablemente, ni los dos contendores de la organización en desbandada, que están pulseando por el liderazgo perredeísta, como los acólitos que les acompañan, “busca vida” con la política, más que otra cosa, parece ser que no se están percatando de la peligrosidad que envuelve esa deleznable situación divisionista en que hoy se encuentra la otrora entidad del “jacho prendido”, la cual puede estar contribuyendo con el establecimiento de una dictadura política, a cargo de una sola institución del ruedo, lo que bien podría ser la simiente de la desaparición del sistema de partidos en la República Dominicana.

 

Hay que imaginarse, lo que provocaría el continuar con la falta de alternabilidad en la conducción del Estado nuestro, pincelada con la prepotencia y la arrogancia que se estilan en el país, sin una oposición real, que en parte pueda controlar determinadas actitudes impropias, de esas que proceden en la actualidad de algunos funcionarios estatales.

 

El mismo ex presidente de la República, Leonel Fernández, según una reseña que aparece publicada en el periódico “Diario Libre”, en su edición de fecha 15-6-13, intitulada, “Leonel pide a peledeístas ser más humildes”, señaló: “Al Partido de la Liberación Dominicana (PLD) le hace falta un cambio de actitud que produzca “un re-encuentro con el pueblo, y haga más humildes a sus dirigentes que lo integren a las comunidades y restablecer el compañerismo”.

 

¡Magnífica reflexión ésa!, sobre la que deben meditar tanto los mandantes de turno, como los opositores reacios a su reorganización formal, pensando en el porvenir, y la posibilidad de que el mismo partido continúe gobernando, haciendo caso omiso a tan significativa recomendación, del más connotado hasta ahora de sus miembros.

 

¿Qué podría ocurrir? Hay que dejarlo de tarea para todos.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

¡Yo soy original!; no una copia al carbón de lo que la sociedad impone

Dentro de los círculos esotéricos es altamente conocido, y de  consenso casi generalizado, que todos los seres humanos ingresamos al planeta Tierra con una corriente de vida previamente diseñada, y cronometrada en términos de durabilidad, hasta un día y momento, específicos, en los que habrá de concluir de manera inexorable el transitorio viaje terrenal, iniciado bajo  un signo zodiacal determinado, por la vibraciones que éste pueda aportar, a los fines de que se cumpla con los propósitos envueltos en la misión, dharma personal, entre otras cosas.

 

Se entiende que, tal programación obedece principalmente a: manifestación espiritual divina que llevar a cabo, por una parte; y, carga kármica que conquistar, producto de causas sembradas con anterioridad, respecto de la evolución del Alma encarnada a cargo, por la otra.

 

El “dharma”, palabra que en sánscrito significa “propósito en la vida”, trae consigo las características individuales correspondientes, facultades físicas, emocionales y mentales, con las que se habrá de contar en las actuaciones a seguir en todo momento. ¡Siempre acordes!

 

Es por ello que, resulta muy difícil el que una persona cualquiera pueda cambiar su forma de ser, por más que lo intente ella misma; o por meras inducciones de otro; como también, procedentes de grupos cualesquiera, igual que de la sociedad misma en general; a menos que, opte por convertirse en un hipócrita, para que no se le censure,  y se les respete

 

Hay una máxima pueblerina que bien retrata esa consideración, y es aquella que dice, “cada cual es como Dios lo hace”. ¡Muy poco o nada, es lo que se puede inventar!  Aceptarnos a nosotros mismos tal cuales somos, y hacerlo de igual forma con los demás, es la decisión humana más inteligente en ese sentido.

 

El tema viene a  colación, a raíz de una serie de confesiones personales, que durante un extenso conversatorio  nos hiciera un caro amigo, en cuanto a su forma muy particular de ser, buscando respuestas a una serie de inquietudes, que a su decir, le restan en parte sosiego a su vida, motivado en la apreciación con respecto a nosotros, de ser una persona muy inquieta e investigadora, que siempre anda en busca de saber el porqué de las cosas. Era parte del propósito.

 

Con su aquiescencia, claro está, y tomando en consideración cuán importante resultan sus aseveraciones, en términos de un comportamiento humano especial, que no sólo se da su caso, sino que podría ser asociado con el de otros congéneres, nos permitimos resumir lo escuchado de él, para hacer pública su autodescripción, en el entendido de que, podía  resultar de utilidad para un sin número de lectores con características similares a las expresadas, probablemente, también muy inquietos por la forma propia de ser.

 

Fueron más o menos así sus extensas palabras, luego de una pequeña introducción al tema, que inició en los mismos términos del título que ahora utilizamos aquí para encabezar. 

 

Nosotros mismos, como persona, a veces nos preguntamos, ¿por qué somos así: gente tan psicorrígida y perfeccionista en muchos casos; y sin embargo, extremadamente flexible y humilde en otros?  Sentir, por ejemplo, que todas las personas somos iguales, y actuar en consecuencia; que nada es bueno ni malo, sino que todo obra para bien, son otras de las inquietudes que nos asaltan. También, el preocuparnos por los demás, más que por sí mismo.  Por otro lado, no tener ningún tipo de apego hacia las cosas materiales.  Y a veces, “hasta triste, sin saber porqué motivo”, como dice una vieja canción.

 

Siempre estamos prestos a servir,  a colaborar con todos los demás congéneres, como con las especies inferiores que también habitan sobre el planeta Tierra, los animales.

 

Difícil de adherimos a convencionalismo alguno, esnobismos sociales, o de carácter mercadológico. Sí interesado y abierto hacia las temáticas de profundo contenido; a las cosas que poco trascienden, y que son de muy baja aceptación cuando eso ocurre. No nos gustan los conversatorios baladíes, por lo que, siempre que podemos, tratamos de desecharlos. Tenemos la impresión de es una energía que en vano se invierte.

 

Esas, entre otras cosas, como nunca querer aparentar nada, ni llamar la atención ante los demás, aun cuando podamos reunir las condiciones para ostentar.  Y, no creemos que sea complejo, como tampoco timidez alguna, que normalmente proviene de los elogios inmerecidos, que satisfacen al ego;  pero,  que inquieta el no poder corresponderlos en lo personal.

 

¡Que mezcolanza de actitudes!, ¿verdad?

 

Autopreguntas inquietantes, siempre sin respuestas.  Tampoco creemos poder conseguirla con profesionales de la conducta humana, con algunos de los cuales hemos conversado al respecto, aunque no a manera de consultas propiamente.

 

¿Sugerencia de alguien?, “una regresión”, procedimiento médico auxiliar que no compartimos en lo personal, aun lo consideramos válido, debido a que lo entendemos violatorio, en términos de la privacidad inherente a ese tipo de información sobre vidas anteriores, que así es obtenida por otra persona. ¡Son datos muy individuales humanos, con carácter de privacidad, que se debe respetar!

 

Su conclusión personal: Nos sentimos ser original, aunque bastante inquieto solemos estar, en cuanto a ciertas actitudes que adoptamos en  determinadas situaciones, que realmente aún no logramos entender por completo.

 

Ahora, sí nos sentimos seguros de que no somos “una copia al carbón”, como se dice popularmente, de los convencionalismos y aprestos de carácter social influyentes; de los patrones conductuales que se procura  imponerle a la gente.

 

El tratar de proceder siempre acorde a  nuestra forma de ser, nos hace sentir bien, aunque a veces no sea del agrado de los demás.  Como respuestas a las consultas internas que en ocasiones intentamos realizar, siempre recibimos sensaciones que percibimos como alentadoras, y de reconforte inductor para continuar así.

 

Finalmente nos dijo, si alguien se preguntara el porqué osar exteriorizarnos contigo  sobre el tema, en procura además  que, de ser posible, hagas del conocimiento publico esta narración a través de alguno de los medios para los que escribes, con la reserva de lugar – segundo propósito -, la respuesta más apropiada sería: no consideramos que sólo nosotros somos así; sino que, puede haber mucha gente en esa situación personal interrogativa, probablemente, con menos conocimientos que nosotros ambos sobre asuntos esotéricos, que es el único ámbito en que se podrían encontrar algunas respuestas concretas.  

 

Gente que también anhela satisfacer inquietudes sobre algunos comportamientos singulares que observan; y que, lo aquí expuesto, podría servirle de guía indagatoria, o aguijón de búsqueda, como dirían algunos. Cuando no, a los mismos profesionales de la conducta humana, para fines de estudios y consideración.

 

¡Muy valederas esas apreciaciones finales suyas!, cuya intención compartimos. Además, entendemos  muy digno de reflexión todo lo expresado por el amigo, debido a lo cual nos inclinamos  por preparar, e intentar hacer la publicación correspondiente, luego de una pequeña introducción sustentatoria nuestra, redactada  en los mismos términos y consideraciones propias que a él explicáramos, y hasta donde los humildes conocimientos esotéricos logrados nos permiten hacerlo.

 

 

 

 Rolando Fernández

 

¿Piensa en realidad el hombre, o no?

Todo aquel que acostumbra a hurgar, hojeando páginas de libros, en busca de saciar la sed de profundos conocimientos que se tienen, normalmente se encuentra con afirmaciones que retiene con firmeza, y que a veces no se entienden del todo en principio, por lo que se reservan para seguir con posterioridad indagando sobre las mismas; o, a la espera de que los científicos logren descodificar conceptos inherentes, y descubrir factores que se les sean relativos, para continuar con el proceso de confirmación requerido.

 

En una ocasión nos encontramos con que, el  libre albedrío de que disponen los hombres, según las creencias religiosas convencionales, no es una realidad, ya que el  mismo no constituye una excepción con respecto a la llamada “génesis condicionada”, o sea, la relatividad de todas las cosa: “Todo es relativo”.

 

Esa es una concepción budista Hinayana, que tiene cierta lógica comprensible, tomando en consideración que toda corriente de vida humana que cursa, es previamente diseñada y programada de acuerdo con la Expresión Divina terrenal a cargo del Alma encarnada; al igual que,  con los efectos kármicos por conquistar durante el tránsito de subsistencia física que se conceda.  Y, si todo está previamente dispuesto, ¿cuál sería entonces la supuesta libertad de acción por parte de los hombres, ya como Atributos divinos, ya sobre la Tierra?

 

Ahora, cabría agregar aquí, para una mayor edificación complementaria sobre la temática, que algunos esoteristas son de opinión que, el libre albedrío que se entiende tiene la especie humana, consta de dos fases: una primera, que corresponde al Alma que está próximo a encarnar, en la que ésta acepta y le es aprobado el propósito general de su viaje hacia la Tierra, que incluye los dos aspectos señalados en el párrafo anterior (Expresión  y conquistas), y que en ésa, sí que hay cierta libertad de elección. Pero que, luego de ingresar al plano físico, ya con el vestuario carnal, se impone el corresponder con lo admitido conforme en principio. ¡Intrincado el asunto!, ¿verdad?

 

En otra oportunidad, igual nos impactó sobremanera el leer: “Yo, el Creador, Soy el  PENSADOR Original, el Uno y Único PENSADOR.  Además, “Según queda dicho, el hombre no piensa; SOY YO Quien piensa a través de su organismo”.  ¡Qué aseveraciones!

 

De aduce en adición que, el pensamiento en el hombre se produce de manera automática, de la misma forma en que se verifica el proceso fisiológico de la respiración; el funcionamiento del corazón, para hacer circular la sangre que contiene la vida, por todo el organismo; y, el digerir y asimilar los alimentos que se ingieren. ¿Cómo en realidad se originan esas funciones orgánicas?

 

Evidentemente, todo está fundamentado en el hecho de que, la entidad divina – Ego Superior-, que mora a lo interno de cada ser humano, el verdadero Hombre, fragmento de la Divinidad Suprema con una vestimenta densa carnal, sujeto a experimentar un desenvolvimiento terrenal evolutivo, es Quien en verdad funge como Pensador,  el que dirige.

 

En que es Él, quien induce a lo que hay qué hacer, el cómo, y el cuándo se debe llevar a cabo; aunque, a veces permite que los hombres mal interpreten las Ideas sembradas; tergiversen sus deseos, impulsos o apremios internos, usándolos para fines egoístas. Pero, que eso también tiene su propósito; pues, los sufrimientos que se deriven de las acciones o pensares implicados, se convertirán luego en sus Agentes purificadores.

 

Que de Él provienen todas las Ideas y deseos que se exteriorizan en el plano físico. Y que, los hombres no son más que Atributos divinos, a través de cuyos organismos físicos, el Sumo Creador expresa su Idea de Sí Mismo manifestándose, bajo la condición denominada vida terrena.

 

Luego de que se reflexiona sosegadamente, como de ir asociando las aseveraciones antes expuestas, no se hace tan difícil creer que, la clave fundamental para comenzar a entender, e ir asimilando lo dicho anteriormente, podría estar bien a la mano de  cuantos se interesen por el tema. Sólo habría que tratar de analizar e interpretar, el contenido de los primeros tres versículos del libro de S. Juan, Sagrada Biblia, encabezados por: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”.

 

Asimilar que, el Verbo que fue en principio, no era más que el símbolo de la  Idea de Dios Mismo, que era pensada por  Él, para  su Expresión viviente terrenal, ¡Dios en Manifestación!

 

De ahí se puede deducir  que, todo cuanto existe y se produce en el Universo, considerado su cuerpo, tiene su base en la Idea Misma de su Gran Arquitecto, a los fines de Expresarse como tal en el ámbito físico, de una u otra forma.

 

Además que, el hombre, como uno de sus Atributos divinos para ese fin, en verdad fue  hecho a su imagen y semejanza, según está contenido en las Sagradas Escrituras, en una afirmación que algunos confunden erróneamente con la estructura corporal de los mortales. ¡Algunos creen que Dios también es de carne y huesos!, asociándole con la figura del Jesús el Cristo, que en realidad lo que hizo fue, encarnar la Conciencia Magna del Padre Supremo.

 

Sí que fueron concebidos y corporizados los humanos como Atributos de Él, en lo concerniente a los tres aspectos inherentes al Mismo – Padre, Hijo y Espíritu Santo- , como organismos originales, que continúan siendo preparado para su Manifestación terrenal a través de los  esos, en pos de que sea perfeccionada la Idea del Supremo Creador, mediante el proceso de desenvolvimiento que muchos llaman evolución.

 

Eso significaría, tal como lo conciben los entendidos en la materia que, en realidad el hombre no es más que un instrumento para Expresión Divina en el plano físico, al igual que todo lo que existe sobre el mismo, incluidas las especies inferiores pertenecientes a los diferentes reinos de la Naturaleza; y que, comparten en su totalidad, esa Magna Conciencia en manifestación. ¡En todo lo que hay vida está Dios!

 

Vemos entonces que, se podría ir comprendiendo que toda Idea que llega a la mente de los hombres, el pensar, como el deseo de materialización, no son propios en realidad, sino que provienen, bajo cualquier circunstancia, de ese YO SOY que habita en su interior; o que, es Quien hace impresionar la conciencia humana, cuando es que el impulso fluye desde lo externo hacia él.

 

Más aun se pueden ir asimilando esas concepciones, cuando los científicos revelan resultados de estudios que se llevan a cabo, como ése que publica Homero Figueroa, en su columna: Espejo de papel, bajo el titulo, “DECISIONES INCONSCIENTES”, periódico “Diario Libre”, edición del 11-1-13, página 18.

 

 El mismos se refiere a una investigación que se hiciera, encabezada por el neurólogo John Dylan Haynes, en el Centro Bernestein de Neurociencia Computacional,  en que “se demostró que nuestras decisiones están predeterminadas, a nivel inconsciente, diez segundo antes de que nuestra conciencia ordene la decisión”.

 

Muy procedentes se entienden las consideraciones del autor, en el sentido de que, “Las implicaciones filosóficas de estos datos son grandes.  La idea de que la mayoría de nuestros actos son tomados de manera voluntaria, por ejemplo, tiene que cambiar”. ¡Es una lástima que, el tema lo haya asociado con asuntos de índole política!

 

¡Las confirmaciones siguen! Traten de indagar también ustedes sobre la temática, distinguidos lectores.

 

 Rolando Fernández