Autoridad familiar contra los feminicidios. ¡Es lo que debe ir!

 

Con sonoros titulares periodísticos, como marchas de hombres y mujeres, dejándose tomar como “conejillos de Indias”, o payasos en sí, dizque en respaldo a la lucha contra la matanza de mujeres, denominada hoy feminicidios, que van in crescendo cada vez, poco o nada se resolverá, pues la fiebre no está en la sábana como reza un dicho popular; hay que bajar a la realidad fehaciente para entonces proceder enmendar.

Con actividades de ese tipo solo se procura buscar cámaras y prensa, amén de aprovechar esos escenarios para politiquear; procurar los votos de las féminas de poco pensar, y defensoras a ultranza de la mal asimilada liberación del llamado sexo débil, ¡qué en realidad no lo es!, y que solo hablan de machismo como causal básica de la problemática.

Sin definir y ponderar motivos valederos, nada se puede atacar de frente, como es lo que se requiere con ese considerado flagelo maligno ya. De igual forma, se necesita de imparcialidad, como de voluntad sentida; y, siempre actuar al margen de las subjetividades humanas de estilo que puedan interferir.

La raíz principal de ese tan lamentable mal, está en la pérdida de valores de que ha sido objeto la familia; en el despojo innegable de sus verdaderas esencias: divina, y social educativa por supuesto, que se llevó de encuentro el sentido de autoridad, como de responsabilidad paternal inherente, que otrora siempre caracterizó a la sagrada tribu sanguínea directa, la primigenia célula de toda sociedad.

En ese sentido, cabe retomar lo expuesto en un artículo anterior nuestro que escribiéramos,  respecto de que, como una forma certera de comenzar a  combatir de manera urgente esos crímenes en contra de las mujeres,  “hay que retornar a la observación en masa del llamado sacramento cristiano  del bautismo,  católico, que es del mayor aceptación, hablando en términos generales, que se acoge y es celebrado alegremente, sin reparar en el simbolismo del compromiso que el mismo implica, de gran consenso entre los entendidos, de que, “una familia acepta la responsabilidad física y espiritual del hijo que ha traído al mundo”, al participar de esa ceremonia, lo que es obvio manda,  cuidados, salvaguarda, protección, etc., como las orientaciones requeridas de orden divino”.

 

Pero además se sostiene que, “en dicho acto, el vástago asume el reto simbólico también, de aceptación y gratitud hacia el grupo familiar en que nació, cuando madure espiritualmente; es decir, cuando sea adulto, lo cual conlleva una actitud posterior de amor incondicional, honra, respeto y perdón, con relación a sus parientes; y que se infiere, debe ser extensiva hasta la Divina Familia general, de la que todos formamos parte”.

 

Cuánto enmendatorio se podría obtener, de asimilarse el mensaje del referido sacramento. Desde ahí mismo, se puede comenzar lograr mucho en el tenor de lo que se trata. Las mujeres y los hombres, bajo un marco directivo paternal, que se reporte como orientador y oportuno, observarían, con raras excepciones. los comportamientos debidos, y mantendrían actitudes de honra hacia los familiares durante la adultez, lo cual impediría las propensiones hacia ese tipo de tan deleznables prácticas sangrientas y dolorosas.

 

Pero, bien sabio es que, eso de la autoridad familiar unitaria ya es un mito dentro del grupo. En el conjunto manda cualquiera, hombre, mujer, e hijos. Y, tanto las féminas primarias, como los vástagos, con mayor ahínco lo hacen, cuando tienen que aportar económicamente para el sustento obligado.  Solamente se alegan derechos entonces, pero jamás se honran los deberes a observar.

 

Claro, todos se creen tener plena libertad de acción, para hacer cuánto les plazca. No se tiene un timón verdadero para comandar la nave. Mucho menos aceptan los descendentes las orientaciones de los padres, que siempre son el producto de la intención de guiar, en base a sus conocimientos logrados y las vivencias acumuladas.

 

Reflexionando sosegadamente sobre lo expresado, no creemos se haga muy difícil estar de acuerdo con que, ¡la medicina más efectiva para los feminicidios es, rescatar la autoridad familiar! Y, eso conllevaría la concienciación necesaria entre todos sus miembros.  ¡Por ahí sí que debe ir el asunto!

 

No es cuestión de marchas callejeras, ni de títulos periodísticos “rimbombantes” para continuar entreteniendo. Tampoco, la publicación de artículos repletos de concepciones y directrices alienantes, solo en el marco de la nueva corriente feminista de pensamiento, desacertada en gran parte: liberación, como la competencia plena con el sexo opuesto. ¡Qué se agarre el rábano por donde debe ser, no por las hojas!

 

 

Autor: Rolando Fernández

 

Con llantos, lamentos y condenas solamente, ¡nada se va a lograr!

 

Durante las últimas semanas, la sociedad dominicana ha venido siendo estremecida por los horrendos crímenes que se han estado registrando en el país, teniendo como víctimas en su mayoría, a mujeres menores de edad, jóvenes, y adolescentes, evidentemente faltas de las orientaciones paternas debidas, que dan riendas sueltas a sus deseos pasionales y carnales, cuando apenas saben mal asearse.

Y, todos, con sus excepciones, a manos de los llamados novios de ahora, maridos sin obligaciones caseras, que utilizan los moteles como “sofás” de encuentros amorosos. También están envueltos en la deleznable práctica, otros hombres que han mantenido una relación de pareja más en firme, y que por alguna razón se ha roto, procurando los victimarios de nuevo retornar, sin lograr su propósito, por lo que, en un arranque de violencia irracional ante la negativa de nueva aceptación, se han inclinado por uno de los denominados feminicidios. ¡Les quitan las vidas a aquellas no obtemperan!

Las matan, creyendo que con eso “se acaba el perro y la rabia”, como reza un dicho popular, lo cual no se corresponde con la verdad, aunque también los matadores por lo regular se suicidan después de segarles la existencia a las féminas de que se trate.

Es obvio que, desaparece la pareja de inconscientes, pero el mal no se acaba; los asesinatos van a continuar, debido a que las causas prosiguen intactas; no se trabaja con esas en realidad; los motivos aguijoneantes que están llevando a incurrir en acciones de tal naturaleza quedan opacados por los procesos judiciales que se cursan, y que muchas veces es tanto lo que duran, que la gente se olvida de los casos

Entre los episodios de crímenes últimos de ese tipo que se han visto, el que más connotación ha tenido es aquel en que perdió la vida la menor Emely Peguero, con un embarazo incluso que ya cursaba los cinco meses, según se dijera, por lo que prácticamente se perdieron dos vidas, con un período de desaparición, u ocultamiento previo.

Su pueblo natal se volcó por completo pidiendo justicia, lo que provocó que las autoridades tuvieran que actuar rápidamente para dar inicio al proceso judicial correspondiente, dictándose de inmediato algunas medidas de coerción en contra de los hasta ahora inculpados.

Por tratarse de un pueblo como San Francisco de Macorís, aguerrido, muy significativo se reportó aquel escenario de pesar, escenificándose fuertes llantos, y violentos reclamos de cárcel sentidos para las personas supuestamente involucradas en el hecho de sangre.

Qué les fuera aplicado todo el peso de la ley, era la consigna vociferada, y que no pasará como con otras situaciones similares en el país, en que han mediado los favoritismos y la impunidad de estilo local en favor de los criminales, máxime por motivo de las personas señaladas como culpables de ese crimen, políticos adinerados conocidos.

Claro, los llantos, como los lamentos son aceptables, ¡no se puede negar!, pues están siempre más que justificados ante la gravedad e irreversibilidad de las acciones dañosas acaecidas. Proceden en adición los sometimientos pertinentes a la justicia, y las condenas merecidas.

Ahora, ¿se logra con esas cosas solamente erradicar los males que subyacen en las actitudes criminales, y las actividades directas con que se concretizan hechos tan deplorables como ese, si no son acompañadas de la determinación y ataque con voluntad sentida a los porqués?

¡Evidentemente que no! Los motivos que subyacen en la raíz de esa problemática, los denominados feminicidios, tienen que ser identificados y estudiados con la disposición y seriedad que se requieren, para la adopción de medidas apropiadas, e inducción de conciencia necesaria, para ir procurando evitar su recurrencia, al menos tan marcada.

No es estar haciendo planteamientos superficiales para el llenado de páginas en los periódicos, tal es lo que siempre se hace, como se va a resolver ese tipo de problema. Eso hay que tratarlo a fondo; recomendar serias medidas correctivas; procurar agarrar el toro por los cuernos e irlo domándolo sin contemplaciones, y comenzar con las enmiendas que ya urgen a todos los niveles necesarios en el país; familia, escuelas colegios, iglesias, clubes culturales etc.

Muchas personas conocedoras de cuántas cosas hay que hacer en el tenor de lo que se trata, se tienen en este país; pero, la mayoría nada más se inclina por estar hablando; se recurre a mucho bla, bla, bla, y nada en realidad se procura promover, a los fines de aportar soluciones.

Interesantes reseñas se recogen, y son publicadas en los medios de la prensa local, como, por ejemplo, esa que aparece en el periódico “El Dia”, edición de fecha 4-9-17, página 18. Hablan especialistas, y un religioso. Bastante autorizados ambos sectores, en capacidad de mucho poder aportar, si en verdad se lo propusieran. No emitiendo juicios aéreos como es la costumbre.

Se pueden leer en la misma puntualizaciones que mueven a reflexión, tales como: “necesidad de retomar los valores familiares en la crianza de los hijos”. ¡Sería la columna soporte, más que necesaria! Otra más, “el sistema educativo, judicial y el deterioro de valores en la familia son los culpables del asesinato de la adolescente Emely Peguero, en San Francisco de Macorís”. ¡Se es más que sabido eso!

Se nota en ambas consideraciones un factor de deterioro común: carencia de valores en el seno de esa tan importante célula social primaria, la familia. ¡Desde ahí arranca todo! Se tiene suficientemente claro; pero, ¿qué se hace en pos de esa recuperación urgente? ¡Nada!

Es evidente que, los aspectos educación y justicia, también tan a la vista, deben complementar el objetivo principal señalado. No obstante, tampoco se repara en ellos con la voluntad requerida, por lo que están corriendo la misma suerte. ¡Solo se hace mención!

Se pueden estimar como “burbujas” incluidas en el trabajo de referencia, “eso de que la cultura machista debe ser detenida”. El asunto no es de machismo en realidad; quizás de feminismo exacerbado, e impropio sí; de mujeres queriendo ser tan competentes como los hombres en todos los aspectos, sin respetar barrera alguna; que osan provocar hasta situaciones de desafíos fehacientes entre ambos sexos.  Se promueven estas tendencias, en vez de sugerir revisarlas, desde el ámbito de la moderna corriente de pensamiento de la llamada “liberación femenina”.

También se esgrime como causal de peso relativa, la ausencia de la educación sexual en las escuelas. ¡Esa enseñanza no es para las aulas, sí para los padres en el seno familiar!

Introducir una temática de esa naturaleza a nivel escolar en este país, con el grado de degeneración presente en la adolescencia local, contribuiría aún más con el inicio temprano en la actividad de que se trata, y en extremo, con el aporte ya que hacen las embarazadas que se les permite asistir a las escuelas. ¿A qué inducen esas en estado de gestación, a las compañeras de clases?

Se habla de erradicar el machismo, que se considera como una consecuencia directa en gran parte del feminismo osado e improcedente que se ha estado poniendo en práctica durante los últimos años, cabe reiterar. Se alega, además, la falta de educación sexual en la escuela.

Pero, en adición a ambas sugerencias envueltas, nada es dicho con respecto a concienciar, en relación con el consumo de sustancias prohibidas, ni a los ritmos musicales degenerativos de moda; como, la adhesión a las sectas satánicas que operan en el país, ante la mirada indiferente de las iglesias todas.

Todos esos son factores que vienen incidiendo en los crímenes contra las mujeres. Hay que ver entonces ese acontecer tan deleznable en términos de la sociedad global y sus comportamientos; no haciendo disgregaciones a conveniencias, sobre aspectos que se quieren tocar.

¡Qué no se siga agarrando el rábano por las hojas con respecto al tema!, pues de esa forma, todo seguirá como hasta ahora.

Para las razones que subyacen, ¡hay una gran venda!

Las mujeres mismas son las que en verdad pueden contribuir a detener la llamada violencia de género en su contra, a partir de que, en ese tenor, “la fiebre no está en la sábana”, como se dice popularmente. ¡Hay que “medicar los cuerpos” para bajarla!

Los denominados feminicidios, por ejemplo, son efectos de unas causas que no se quieren encarar con voluntad real de combate, y que tienen su base principal en los nuevos paradigmas a que se han adherido tantas féminas, luego de que la cuestionada nueva corriente de pensamiento liberacionista del sexo, a su entender, entrara en vigor: “la liberación femenina”. Solo hay que reparar en el antes y después, con relación a ese particular.

En esa no se quieren discriminar los verdaderos roles hombres- mujeres, y nada más se aspira en ese marco, a la competitividad frontal entre ambos. Pero ocurre que, dos culebras machos no pueden cohabitar dentro de una misma cueva. Una de las dos tiene que ceder espacio a la otra, marcar distancia, y eso corresponde a la prescripta por la Madre Naturaleza, la hembra, principalmente.

Razones que provocan muchas actitudes varoniles impropias en relación con la tildada “violencia de género” en contra de las mujeres, las hay de sobra. Ahora, nada más se quieren ver los efectos. Para los motivos, algunos muy a la vista, por cierto, se tiene una gran venda. Y es por ello que nada se resuelve. ¡Las cifras de ocurrencia lo dicen todo!

Claro, el gran lio de enfrentarse con las tantas mujeres que piensan estar liberadas hoy, a sus conveniencias, obviamente, y creen que pueden hacer cuánto a ellas les venga en gana, sin restricciones de ningún tipo, les crea serios inconvenientes a las autoridades locales, en el caso que nos ocupa, para procurar frenar la problemática de que se trata, por sí solas. El principal concurso a recibir, que debe ser el de las propias víctimas en verdad, no lo reciben. Todo lo contrario, ellas se encargan de aportar mayores causas al asunto cada día más.

Es por ello que, cada vez que se acerca el bautizado “Día Internacional de la no Violencia contra la Mujer”, que se celebra el 25 de noviembre, alguna de las autoridades superiores del tren judicial nuestro le sale al frente al considerado flagelo ya, con lindos y retóricos discursos para bajar la presión social relativa, y quedar bien, como se dice.

En esta ocasión le tocó el turno al flamante nuevo Procurador de la República, quien “anunció los lineamientos de un plan de acción integral para atacar la violencia de género en todos los frentes, que además de perseguir a quienes violan la ley, incluye prevención y estimula la participación de la comunidad, los medios de comunicación, las organizaciones sociales y todas las instancias del Estado”. (Periódico “HOY”, del 3-11-16, página 6ª). Todo eso es más de lo mismo que se estila siempre.

Reiteramos que, las mujeres deben ser la parte más importante en la solución de ese problema. Sin un concurso amplio de ésas nada se va a lograr, por más preocupadas que se reporten las autoridades competentes.

Las féminas equivocadas de hoy, tienen que repensar en los comportamientos impropios que observan frente los hombres. Liberación no implica el dejar de lado sus verdaderos roles; creerse iguales que los varones; el pretender competir de tú a tú con los mismos; los exhibicionismos corporales atrevidos, y provocadores en grado sumo; la desvalorización en todos los sentidos; el no observar las limitaciones originadas en su propia naturaleza.

El mayor aporte que, en el orden de lo tratado pueden hacer las mujeres, en un cambio en sus posturas machistas, reconociendo que no pertenecen a ese sexo, y que sus papeles sociales no son los mismos, empezando por las que son troncos de familias, que es la verdadera y única fragua para moldear caracteres y comportamientos inapropiados. ¡No hay escuela ni universidad que le sustituya!

Cuando eso aquí se pueda ir logrando, aun parcialmente, espectáculos como ese que se observa en intersección de las avenidas. Máximo Gómez, con John F. Kennedy, y que son situaciones que también pueden provocar feminicidios, caracterizadas por las búsquedas sexuales, obviamente, gratificadas en lo económico, en que participan niñas adolescentes, y hasta menores, disfrazadas de vendedoras de flores y chucherías, se evitarían.

Ese, por mencionar uno de los puntos escogidos para el negocio, por la gran afluencia de vehículos en horas tempranas de la noche, que incluso, a veces cuenta con la presencia de unidades policiales allí destacadas, para supervisión del tránsito creemos, y que ven aquellas osadías como normales.

A propósito, resultaría aconsejable que el Procurador General de la República, y la flamante ministra de la Mujer, se dieran unas vueltas por esos entornos en el horario señalado, para que se percaten de la denuncia aquí contenida, y dispongan algún tipo de medida correctiva al respecto.

Finalmente, preciso es apuntar que los señalamientos expuestos en esta humilde opinión, nada tienen que ver con concepción machista alguna. Sí es una clara visión sobre la realidad que esa deleznable situación envuelve, como lo que se debe tener siempre presente con relación a ambos sexos.

Procede no olvidar que, mujer es mujer, y hombre es hombre, con los espacios de respeto, y adhesión a los deberes particulares propios de cada cual, como a las actitudes de moralidad exigibles en cada caso.

Para quien aquí escribe, la mujer es el ser más importante que existe sobre el planeta Tierra. Nacemos de una de ellas; y luego, la elegida para convivir juntos, se encarga de complementarnos en todos los sentidos, principalmente en lo que concierne a lo emocional. Claro, no referimos a “mujere”, no a mujeres, con relación a ese último rol tan importante.  ¡El que así no lo crea, está bien perdido!

 

Rolando Fernández

¡Muertes de tantas mujeres! ¿Por qué?

 

La verdad es que, resulta más que preocupante el alto número de los llamados feminicidios que se han producido en nuestro país durante los últimos meses, con el agravante conexo de que los homicidas por lo regular se matan ellos también.

 

Eso, cuando no es que incluyen a los vástagos procreados adicionalmente en los deleznables actos de sangre. De no ser así, los infantes quedan totalmente desamparados; sino, a expensas de cualquier familiar que los quiera recoger, y que luego los crían como sea. ¡A pasar trabajos!, como a convertirse en potenciales delincuentes.

 

¿Qué lo que está pasando con las mujeres? ¿Cuáles son las causales reales de esa situación tan deprimente? Raro es el día en que la prensa local  no trae alguna reseña sobre uno o dos crímenes más de esa naturaleza.

 

Por ejemplo: “Hombre asesina a  su amante y se suicida” (periódico “Diario Libre”, del 15-6-16, página 8). “Matan 5 mujeres en últimos 10 días en Santiago y PP” (periódico “El Nacional”, del 15-6-16, página 9). ¡Muestras contundentes!

 

El motivo mayor no es que las autoridades nacionales competentes, dígase el Estado, del que todo cuanto ocurre en el país se le quiere hacer responsable; al que no poco se le deja de endilgar, como es lo que tantos alegan, incluyendo algunas de las féminas afectadas, que en medio de sus desgracias dicen: “La justicia no nos ofrece la protección requerida”.

 

Pero ocurre que, cuando algunas de esas se deciden y van a querellarse, por acosos, amenazas,  maltratos físicos y verbales, etc., ellas mismas proceden después a retirarla; o, se hacen anuentes de nuevo a los “cortejos” amorosos de los hombres inculpados. ¡Luego se exculpan!, y se lo quieren cargar todo a las autoridades.

 

Es obvio que, detrás de esa problemática hay muchas razones que subyacen. De ahí que resulte tan difícil la solución del problema. Ahora, dentro de esas, puede haber asuntos de drogas, fuertes estados depresivos, y hasta cuestiones del satanismo en boga. En fin, un sinnúmero de motivos detectables.

 

En relación con eso último, cabe destacar que, nada más no es asunto de machismo, y que algunos hombres creen que las mujeres son de su pertenencia, al exigirles reencuentros luego de una separación marital, como lo señalara recientemente el señor procurador general de la República: “porque todavía existen hombres machistas que creen que las mujeres son de su propiedad y que si surge una separación (ellas) no pueden ser de otros”. ¡Eso no es tan sencillo señor Domínguez Brito! (Ver: “Listín Diario”, edición del 26-6-16, página 2ª).

 

Pero, hay dos que están muy a la vista -en los que poco se repara-, y que de forma innegable tienen incidencia capital en dichos estados de comportamientos despreciables masculinos, que son por un lado, los aprestos de competitividad total de determinadas mujeres con respecto a los hombres, que hasta osan enfrentar físicamente a los varones, e intentan medir fuerzas, en actitudes caracterizadas por: el yo soy igual que tú; el yo tengo los mismos derechos que tú; y, ¡puedo como tú!, en el marco siempre de un liberalismo feminista mal fundado.

 

Por el otro lado se destaca, y asociado con ese ánimo competitivo,  la no observancia del sentido de responsabilidad que les concierne a las féminas en relación con el  cónyuge de que se trate, como de los hijos procreados, con base también en la concepción del moderno y equivocado pensamiento antes señalado: ¡no hay diferencias entre nosotros, hombres y mujeres!

 

Evidentemente, son situaciones incomodas que comienzan a aflorar, e ir llevando hasta el enfado masculino, por supuesto, cuando los ingredientes físicos llamativos de la mujer, que un sinnúmero de damas cree es solo lo que vale, comienzan a desaparecer, o cansar, y no se tiene con qué sustituir esos, como tampoco aligerar los instintos animales del sexo convencional relativo.

 

Un reflejo muy significativo de eso que se expresa es: “Estoy contigo por lástima, ya no me gustas”, (véase: periódico “El Nacional”, pág. 22 antes citado), lo cual pone en evidencia que ya no hay atractivo físico que jale; pero que, tampoco lo sustitutivo está presente, entendiéndose como lo más importante en ese tenor, la abnegación debida, y  la fase emocional complementaria que resulta obligatoria dentro de toda relación matrimonial.

 

Es posible que también tuviera su origen en ese vacío aparente lo que dice una supuesta víctima: “Cuando me peleaba me decía que no era suficiente para él”, probablemente no refiriéndose a  lo sexual de forma directa.

 

Para que ese asunto de los femenicidios se les pueda ir encontrando vías de solución, aun no sea con la rapidez que se requiere, todo tiene que partir de las razones básicas por las que se producen: a) Degeneración familiar alarmante, entre ésas. Se impone la regeneración urgente entre nosotros, y demás conglomerados-especie humana, de las unidades básicas en que se sustenta toda sociedad, las tribus biológicas-sanguíneas conformadas.

 

En ese orden, es lógico que, se deberán  recuperar en la medida de lo posible aquellos patrones de crianza que antes se observaban, y que los modernismos dañosos han tratado de marginar, precisamente en favor de la degeneración inducida por el sistema hegemónico regente, con un propósito ultra innegable – el desplome de la sociedad para facilidad de narigoneo -, que se verifica en esos núcleos consanguíneos; y,  b) propugnar de nuevo por expansión de la conciencia espiritual necesaria dentro de ese marco, como responsabilidad inherente a los padres también.

 

A partir de lo expuesto, hay que entender entonces que, el grueso de la misión enmendatoria a emprender en el sentido de lo que se trata, tiene que estar a cargo de los progenitores por un lado, como de los guías trascendentes espirituales, las iglesias en sentido general por el otro, en un accionar que bien podría asociase con el sentido que se le otorga al sacramento cristiano del bautismo.

 

En ese orden, valdría la pena transcribir aquí parte de lo expuesto sobre el particular por la doctora Caroline Myss, en su obra “La Anatomía del Espíritu”: “el mismo sacramento cristiano del bautismo, implica compromisos atinentes tanto a los padres como a los hijos. Por un lado, “la familia acepta la responsabilidad física y espiritual de un hijo que ha traído al  mundo”.

 

Es obvio que, también el concurso de las autoridades judiciales competentes, en términos precautorios oportunos, como de las puniciones severas que procedan aplicarse, tiene que dejarse sentir en los acusados envueltos, y actores a los cuales se les compruebe real culpabilidad con respecto a los actos de esa naturaleza.

 

Ahora, eso de colocar localizadores electrónicos o brazaletes a imputados con medidas cautelares, tal lo dispone la Ley No. 10-15, a la que se ha hecho referencia, en el articulo 226, párrafo 5, según lo dijera el señor Servio Tulio Castaño Guzmán, Ejecutivo Finjus, en busca de aporte a la solución del gran problema,  no surtiría mucho efecto, a menos que se creen las estructuras de seguimiento y control pertinentes. ¡Y eso aquí, va a ser muy  difícil! De seguro se quedará todo en la colocación de los “localizadores electrónicos”, y nada más. (Ver: medio “Listín Diario” antes citado).

 

¡Triángulo requerido, en el accionar corrector necesario: familia, iglesias y autoridades judiciales! Ninguno puede estar ausente. De lo contrario, todo se quedará en el bla, bla, bla de estilo, a través de las páginas de los periódicos.

 

 

 

“Violencia contra la mujer, ¿qué ha faltado por hacer?”

Cuando uno se encuentra con titulares como ese que  encabeza en la prensa local, contentivo de tan interesante inquietud, de inmediato le asalta otra quizás de mayor significación, y es la siguiente:

 

¿Qué es lo que se ha hecho en relación con esa temática, que no sea teorizar, especular bastante, andarse por los aires para adornar la píldora, evitando aterrizar sobre las verdaderas razones que se encuentran en la base de ese considerado flagelo social?

 

Los pareceres de psicólogos, psiquiatras,  sociólogos, y de otros profesionales, con peso específico se podría decir, que hacen también opinión pública, han estado de sobra en los eventos relativos celebrados,  tanto en el orden local, como internacionalmente hablando, al igual que a nivel de las páginas de los periódicos locales. Si alguna respuesta de enmienda hubiese estado contenida en una opinión de todas cuántas se ha expresado, ya el problema se hubiera resuelto en gran parte.

 

Pero, ¡no es así!, tal muchos de ellos mismos lo reconocen, y dicen que la problemática en vez de disminuir, ha ido cada vez más in crescendo, lamentablemente. Los números no paran de crecer, como se dijo recientemente, aseveración que está soportada en las estadísticas de la Procuraduría General de la República. La cifra entre el año 2000 y el 2014, es alarmante, según revelara el Patronato de Ayuda a Casos de Mujeres Maltratadas (PACAM). (Véase: periódico “HOY”, edición de fecha 23-11-15, página 1C)

 

Según explica Sergia Galván, directora de Colectiva Mujer y Salud, “la violencia doméstica es la tercera causa de muerte en el país”. Y agregó que, “Una mujer que es víctima de la violencia, golpe y maltrato, es probable que diagnostiquen su muerte como fruto de enfermedad y no como feminicidio a plazo lento.” ¡Tremenda ventana para los homicidios voluntarios, como los demás riesgos que dicha aseveración implica!

 

Eso significa que el asunto de los llamados feminicidios, como han etiquetado los actos de violencia hacia las mujeres, no es un problemita para estar dándole prensa con frecuencia; sino, que es un problemazo, que se debe encarar con una sólida disposición de enmienda, voluntad extrema, y profesionalidad absoluta, al margen de algunas de esas concepciones modernistas que se tornan inapropiadas, como son los casos de la bendita liberación femenina mal asimilada, dentro de la que se enmarca la tan cacareada igualdad de género, como la competitividad frontal entre el hombre y la mujer, que nunca será posible, en el marco de lo prescrito por la Madre Naturaleza, respecto de lo concerniente a la conformación de la especie humana.

 

Tampoco es para estar echándole la culpa al Estado, a quien todo se le quiere cargar, de eso que ella denomina “cáncer social”, aduciendo que: “La mujeres muertas por la violencia, son asesinatos de Estado, porque la calidad de los servicios para atender la violencia son muy limitados y la impunidad y corrupción del sistema de justicia desalienta a las mujeres y las desmotiva a colocar la denuncia”.

 

Sin desmentir que suficiente de eso que ella señala pueda ser cierto, es injusto dejar caer todo el peso del problema sobre el Estado, de lo cual se infiere entendible que fuera de esa instancia no hay nada más que venga incidiendo en esa lamentable situación. ¡Causas a lo externo del accionar estatal las hay demás! Lo que ocurre es que, no se quieren reconocer, por ignorancia o conveniencias.

 

Independientemente, de que ese mal tiene mucha tela por donde cortar, no hay que ser un inminente psicólogo o psiquiatra, para diagnosticar que la causa fundamental, desde donde se desprenden todos los efectos relativos al denominado “cáncer social” de que se trata (feminicidios), es la mal confección del traje educativo hogareño que ahora se estila.

 

Ya esa crianza-formación de otrora. ha sido tirada completamente por la borda, reportándose como actora cabecera de esa alarmante deficiencia dañina, producto de los alienamientos,  inducciones, injerencias externas de peso, imposición de normativas legales impropias, etc., de que ha sido objeto, el ser más importante que habita sobre el planeta Tierra: la mujer,  por constituir la co-creadora con la Divinidad Suprema, para el aumento y conservación de la especie humana, como el puente que permite su evolución espiritual terrena, a través de las gestaciones y nacimientos de los hombres (general).

 

Amen de eso, constituye la columna sobre la cual descansa toda sociedad,  a partir de la célula primaria base que conforma: la familia, de la que debe convertirse en el ente de equilibrio emocional entre todos los miembros.

 

Pero ocurre que, toda esa descomposición social en que hoy se vive, provocada por los esnobismos actuales, sin plataforma para asimilación por parte de la gente, aguijoneada por la propensión al consumo, las drogas, los irrespetos a todo, incluidos los padres, la degeneración sexual, como el libertinaje permitido a los vástagos, la búsqueda de cuartos rápido, sin que se conozca su procedencia, etc., son los escenarios que más convienen a los poderes regentes, internos, titerados, en términos de manejo y narigoneos. En  ese  campo familiar deformador, en vez de orientador-guía, es que se genera la mayor parte de los “benditos feminicidios”.

 

Luego, es por ahí que se debe comenzar a combatir los mismos, procurando inducir, para que esa unidad, cimiente de las sociedades todas, la familia, retome su verdadero rol formativo, que tiene incluso, una connotación religiosa-espiritual. No es con bla, bla, bla, ni las declaraciones de prensa acostumbradas.

 

Son los padres quienes en realidad deben asumir las responsabilidades que les corresponden. El Estado puede tener alguna culpa, en cuanto a la prevención efectiva de las acciones de maltrato y muerte en contra de las mujeres; pero, no de los “granos” que germinan, hasta alcanzar a esos extremos. El asunto es el cómo se llega hasta ahí. ¡Porqués! ¡Si no se averiguan esos a ciencia cierta, nunca se va a solucionar el problema!

 

Precisamente, ojalá que ese movimiento a que hiciera referencia Mons. Benito de la Rosa y Carpio, en un trabajo que publicara en el “Listín Diario”, edición del 23-11-15, página 10ª, se llegue a convertir en realidad.

 

Expresó el prelado: “Hay todo un movimiento moderno en el que muchas  mujeres con capacidades dicen: “nosotras queremos ser ejecutivas, pero también queremos ser madres; cuántas veces se nos obliga a que abandonemos y dejemos la maternidad para trabajar y poder ser ejecutivas”.

 

Parece que esas féminas están en vía de reconocer la verdadera realización femenina: ¡parir y amamantar! Claro, muy deseable sería, el que eso se produzca con conciencia de los deberes y responsabilidades que tal propósito implica. ¡Qué no sea nada más para seguir inyectando parásitos desformados y sin orientación a   la sociedad!

 

En el orden de lo familiar propiamente, y como expresáramos con anterioridad (religiosidad espiritual), valdría la pena transcribir aquí, lo que   explica la doctora Caroline Myss, en su obra “La Anatomía del Espíritu”, “el mismo sacramento cristiano del bautismo, implica compromisos atinentes tanto a los padres como a los hijos. Por un lado, “la familia acepta la responsabilidad física y espiritual de un hijo que ha traído al  mundo”.

 

Y por el otro, “el hijo, ya como adulto espiritual, tiene el reto de aceptar simbólica, totalmente y con gratitud a la familia en que nace”. Implica para esto último, el deber de honra y respeto hacia los progenitores principalmente.

 

Finalmente, siempre hemos sido de opinión, en conexión con todo lo expuesto más arriba, que ningún hombre con formación hogareña maltrata, y mucho menos le quita la vida a una mujer, aun ésta le provoque, en la marco de su altanería competitiva, y sus acciones machistas osadas.

 

Siempre el varón habrá de tener presente, la imagen y significación  de su madre, y las asociará con la posible víctima. ¡Muy difícil que lo haga entonces, por no decir, qué  no lo hace!

 

 

Autor: Rolando Fernández

¡Cuánto llover sobre mojado: siguen los feminicidios!

No hay un día de cada semana, en que uno hojeando la prensa local, no se encuentre con alguna reseña  publicada sobre un caso más de los tantos llamados feminicidios que se verifican en este país, cuando no es  con respecto a decires, y bultos precautorios que se proclaman en relación con esa temática.

Más ahora, que un importante medio de la prensa local ha emprendido una muy loable “campaña dirigida a prevenir los feminicidios enfocada a los hombres que son potenciales agresores, y pidió a otros sectores sociales sumarse a esta iniciativa”. Primera pregunta que de inmediato asalta, ¿por qué solo a los hombres?, ¿nada más  ellos interesan para solucionar en este caso?, ¿y de las provocantes qué?

Mucho bla, bla, bla, es lo que siempre se tiene. Repeticiones a granel, anuncios de eventos dizque para concienciar sobre los irrespetos y deshonras a las mujeres. Y todo en procura de evitar  los malos tratos, violencia, y hasta crímenes en contra de las mismas. No obstante, nada se ha logrado hasta el momento. Por el contrario, esas situaciones deleznables aumentan cada vez más.

Diversos son los sectores que participan en los conversatorios, debates, reuniones, y ponencias, etc., sobre esa problemática, pero con muy poco acierto se entiende. Nada más se habla de exigir penalización judicial, y sobre la poca atención que dispensan las autoridades competentes a ese ya considerado flagelo  nacional.

También aparecen en ocasiones los teóricos de estilo, haciendo planteamientos aéreos, algunos de ellos cientistas, psicólogos y psiquiatras. Pero, jamás se abordan algunas de las razones fundamentales fehacientes que subyacen en la base de ese problema social. En absoluto se trata de definir causales de peso en tal sentido. Parece que los porqués verdaderos se procura desconocerlos, o conociéndolos, no se quieren tocar.

Por ejemplo, apareció en un reportaje publicado en fecha 21-11-14, en el medio “Listín Diario”,  bajo el título “Especialistas aportan vías para evitar la ira y prevenir la violencia”, en el que un reconocido psiquiatra nuestro “exhortó a las autoridades a medir los indicadores psicosociales que permiten determinar cuándo se está en presencia de un potencial feminicida”, y dentro de esos citó “el mal manejo de la ira”, por parte de los hombres proclives  a participar en  hechos de esa naturaleza, sangrientos la mayoría. ¡Cuanta subjetividad se advierte en eso!

Otro profesional de psicología recomendó la “llamada estrategia de “fuera de tiempo”, que consiste en abandonar el entorno cuando se encuentra en una situación de malestar y de ira que pueda terminar en una agresión o una muerte violenta”

“Sugiere, cuando se está en esa situación de malestar, pedir permiso a la potencial víctima y tomar unos minutos para cambiar de lugar, para relajarse, pausar, calmarse y para pensar”.

Esas recomendaciones hechas por Luis Vergés, psicólogo e investigador del tema de la violencia de género, lucen bien sencillas de aplicar, pero en el fondo no las creemos así.  El estudio de la conducta humana no es nuestra disciplina profesional, por lo que se podría apreciar como una osadía el tratar de opinar sobre la materia.

No obstante, y con todo el respeto que él nos merece,  entendemos que al parecer, dicho señor se olvida de que la ira es una emoción que de ordinario, en el caso que nos ocupa, hace “detonar” una provocación de alto grado, y que se debe estar muy preparado mentalmente para seguir esos lineamientos sugeridos. Solo hay que reparar en la premeditación y el sadismo con que se verifican  algunos de esos hechos ocasionalmente.

El darle un sin número de estocadas a un ser humano (mujer), cercenarle la cabeza, entrarle a machetazos, caerle a tiros fríamente, o  quemarle la casa cuando está durmiendo, son cosas que deben tener detrás un alto ingrediente provocatorio. Por tanto, no es tan sencillo eso de “abandonar el entorno, o pedir permiso a la potencial víctima para retirarse hasta calmarse y pensar”, en alguien que esté lo suficientemente enfadado.

Tanto este señor, como el psiquiatra José Miguel Gómez,  enfocan sus consideraciones sugerentes en los “trastornos de la ira”, y su manejo en las relaciones familiares. Los mismos tratan de aportar estrategias a seguir para tales fines, enmendar comportamientos inapropiados inherentes. Y, aconsejan como es obvio, el recurrir a la ayuda profesional necesaria.

¡Es muy cierto!, la ira es la que está en la base de los llamados feminicidios (abusos, violencia y criminalidad en contra de las mujeres). Ahora, lo mayormente importante sería definir,  aceptar, y combatir las causas que la preceden.

Como bien dijo Benjamin Franklin: “La ira jamás carece de motivo, pero raramente tiene un buen motivo”. También nos encontramos en la red de la Internet con otra aseveración que viene al caso: “La cólera, la ira, la indignación y el comportamiento agresivo son reacciones de lucha fundamentales e instintivas cuando nos amenaza algún peligro”. ¡Obsérvese bien!, “amenaza algún peligro”. Luego, vamos a ver qué es lo que hay debajo de la ira, para entonces poder trabajar con los padecen de  sus trastornos.

Ignorando todos los factores que provocan la ira, ¿cómo se puede pretender, o al menos enmendar un poco esa situación? Si no se quiere tratar, y procurar bajar hasta los motivos reales que vienen incidiendo en los aconteceres de la violencia y criminalidad en contra del llamado “sexo débil”, los correctivos pertinentes lucen cada vez más lejos. A ningún problema se le puede enfrentar con verdadero propósito de solución, sin conocer a fondo las causas verdaderas que lo motivan.

Por tanto, hay que dejarse de estar “chachareando” sobre lo mismo, y dedicarse a identificar razones por sus nombres, como el definir las formas de enfrentarlas con voluntad sentida; y no solamente en lo referente a los hombres, como es lo que se pretende, sino en cuanto a las mujeres también, máxime aquellas que pretenden competir de tú a tú con el sexo opuesto, y que participan en actividades que nada más encajan para los varones: boxeo, lucha libre, artes marciales, etc. etc., y que luego las utilizan en actitud desafiante hacia los entes masculinos.  No hay que trabajar demasiado, para reconocer y asimilar  muchas de las circunstancias gravitantes a la vista.

En la susodicha problemática, hay mucha tela por donde cortar. El asunto no es tan sencillo como a veces se quiere hacer aparentar. Eso tiene un alto porcentaje de la transculturación que viene a arropando al país desde hace ya varios lustros. Otro tanto, de lo que se sirve a través de los medios de comunicación de masas,  incluida la pantalla de los exhibicionismos corporales degenerativos, homosexuales, violencias, drogas, ajustes de cuenta que llaman “la televisión”.

Es más, esa “desgracia” tiene hasta cierto contenido de corte económico, en el marco del “neoliberalismo capitalista”. Aquí mucha gente vive de las proclamaciones inductivas sobre la llamada “igualdad de género”, la competitividad frontal que debe haber entre el hombre y la mujer, como la famosa liberación femenina mal concebida. Son ingredientes a considerar también.  En este país se reciben recursos económicos desde el exterior, que suministran los interesados en ultramar, por la introducción, e incitación hacia determinados paradigmas alienantes en ese orden.

Pero además, y ya algo más soterrado, mucha gente entiende que, amén de las actitudes impropias que observan algunas mujeres, también hay un factor al que se le pone muy poco caso, y que tiene que ver con la adhesión a los crecientes ritos satánicos que se registran en el país, y que mueven hacia la honra de  compromisos hechos con las llamadas “entidades de la oscuridad” que intervienen en los mismos, relativos a las ofrendas que envuelven sacrificios de vidas humanas.

De eso conocen bastante los religiosos, principalmente, los más altos representantes de la Iglesia Católica, y las sectas protestantes que operan entre nosotros. Sin embargo, nadie hace mención de ese tema en relación con los feminicidios.

En el orden de lo que se trata, el nuevo Código Penal, de aprobación reciente por parte de la Cámara de Diputados de la República,  ahora estipula pena de hasta 40 años por violencia doméstica.

¿Y qué?, podría preguntarse cualquiera. ¿Se va a resolver algo con eso? Muy poco, ya que eso sería a posteriori. “Después del palo dado, ni Dios lo quita”, como reza un refrán popular. Y menos en este país, donde la mayoría de las leyes solo se tienen para ser exhibidas en los anaqueles de los abogados. Las mismas nada más se estudian y se aplican dependiendo del “litoral” a que pertenezcan los infractores; y, según soplen los vientos.

Ese tipo de asunto no se resuelve con castigos judiciales después, que podrían llegar hasta los 60 años de prisión. La cuestión que se impone es determinar con precisión y enfrentar causas motivantes para que no ocurran.

Concienciar a ambos sexos, con principalía a las mujeres, siempre las víctimas, para que adopten las actitudes y comportamientos que se correspondan con su naturaleza, y los roles asignados en el Universo manifiesto, de forma preventiva, es de las cosas que deben ir.

En esa labor bien podría ofrecer un importante concurso, de manera sostenida, y la firme voluntad accionaria debida, el ministerio de la Mujer  nuestro, en vez de estar diciéndose: “que desde allí se trabaja por la igualdad de género”, como se señalara hace un tiempito en uno de los rotativos nacionales.

¡Esa concepción errada en parte, tiene que ver mucho con el problemazo de que se trata!

Finalmente, siempre se debe recordar el mensaje contenido en la frase popular aquella, “En el país de los ciegos el tuerto es rey”. Ahora tenemos que, uno de los flamantes diputados del Congreso Nacional, según una reseña de la prensa local,  “que se encuentra en el cuarto puesto de 20 países de la región, en el sentido de ser uno de los más caros de América Latina”, el dominicano por supuesto, según se expusiera en un  trabajo periodístico presentado en “El Informe con Alicia Ortega”  transmitido por Color Visión, cuya información fue reproducida y publicada además en la red de la Internet por el medio “Acento.com.do”, sometió ante el hemiciclo un proyecto de ley que crea  el “Consejo Multiministerial de Educación y Concienciación “El Valor de la Mujer”. ¡Qué bonito suena eso!, ¿Con qué se come tal cosa?, como se diría entre nosotros”.  (Ver: “Listín Diario, del 25-11­-14, página 5ª)

No sería osado pensar que, la citada iniciativa es para más de lo mismo: seguir lloviendo sobre mojado, sin determinación de causas reales, como tampoco llevar a cabo las ejecutorias de lugar, pues estamos en el país de los bultos y las pantallas para complacer peticiones, y donde nunca se aterriza como debe ser.

Autor: Rolando Fernández

La mejor pregunta, aunque no la mejor respuesta

¡Sí!, la gran interrogante a la que no se le quiere encontrar las verdaderas respuestas, que son las razones que provocan esa deleznable situación feminista es: ¿Por qué las matan? 

 

La columnista que se plantea esa inquietud, Santa Marte, en el medio “Listín Diario”, edición de fecha 19-8-14, página 10C, procura responderla a partir de lo que ella entiende provoca tal situación tan desagradable, y que nosotros resumimos: las fases a completar dentro del procedimiento burocrático establecido por las autoridades competentes, cuando se presentan las querellas por las amenazas que se reciben, o los intentos claros que se advierten en el orden de lo que se trata.

 

No creemos que sea esa la principal causa. Pues, si bien es cierto que tal forma de manejo – la que ella explica -, no resulta ser la más apropiada para evitar las ocurrencias de los llamados feminicidios, no es menos cierto que, su respuesta tiene que ver solamente con la parte precautoria, a partir de las intenciones sutiles, o intentos directos manifiestos por parte de los eventuales victimarios.

 

Con lo que se debe trabajar, ostentándose verdadera  decisión y firme voluntad, es con las cosas que anteceden a la observación decidida de esos comportamientos varoniles impropios, que muchos los conciben como justificados, avalados con situaciones irregulares incurridas a su entender por el sexo opuesto, que solo ellos conocen; son de su completo dominio; de ambos por supuesto, aunque a veces nada más son reconocidas por una parte.

 

Hacia ahí es que deben ser enfocados todos los esfuerzos enmendatorios sobre ese flagelo nacional, que debe entenderse de muy alta consideración; no en el procedimiento preventivo a posteriori, después que cursan las amenazas o intentos de homicidios.

 

El asunto es, ¿qué viene provocando en realidad el que algunos hombres se inclinen por asesinatos a mansalva en contra de ciertas mujeres, con las que están, o se han relacionado en el pasado, de manera premeditada, alevosa y sádica en determinados casos?

 

La cuestión no debe excluir aquellas situaciones en que las quejosas dejen luego sin efecto las denuncias que han formulado, acusando a sus eventuales victimarios, cuando esos, luego de agredirles, o intentar hacerlo, les dan después “un dos de mente”, como se dice a nivel popular, o bien tratan de reconquistarles. Ellas se dejan “allantar”, y luego sufren las consecuencias. ¡Muy interesante la tarea para evitar entonces! ¿Cuál sería?

 

Incluso, hay una situación incidente  en la que poco se rapara con normalidad en relación con el tema, y es que, las autoridades fiscales que intervienen en los casos de denuncias sobre la materia, pertenecen por lo regular al sexo femenino, y como lógico entender, siempre se advierte cierta parcialidad hacia el mismo.

 

Conversando con amigos, quienes han recurrido a presentar algún tipo de denuncia en contra de mujeres con las que están, o han estado relacionados maritalmente, ante situaciones impropias   que se han presentado, teniéndoles a ellas como “actrices”, o participantes principales, en pos de protegerse, y para tratar de evitar eventos desagradables entre ambos, estos nos han confesado que: al ausentarse de los despachos de las autoridades correspondientes, se han ido con impresión de que “no se le ha hecho caso alguno, y que es solamente a las féminas a quienes siempre se les da la razón, sin importar cuál sea el motivo en realidad”.

 

Y uno se preguntaría, ¿no es lógico suponer que haya parcialización en favor de su mismo género? ¿Por qué no pueden ser hombres también las personas que se dispongan para recibir tales denuncias; o, que sean de ambos sexos, ejerciendo de manera concomitante, para que se produzcan decisiones que se puedan estimar compensatorias-imparciales?

 

O, ¿es que nada más son malos, “sugestionadores”, extorsionadores, y agresivos, los hombres, en este marco liberador femenino tan mal concebido en parte por determinadas mujeres? ¡En ese contexto litigante, tiene que haber equilibrio entre las personas decisorias, como facultadas para hacer justicia y condenar! No solamente uno de los afectados merece ser escuchado, y  ser castigado a  la postre.

 

Según nos expresó alguien que resultara bien afectado debido a la situación expuesta,  “cuando un hombre se presenta a denunciar, o poner alguna querella contra una mujer, la frase más común que se escucha a manera de recomendación por parte del 95% de las fiscales que pululan en nuestros tribunales, al género masculino es,  Amigo…… ¿Le doy consejo? ¡Cásese! Claro, en el caso de no estarlo. Es como si existiera una orden proveniente del Rey Supremo terrenal en favor del género femenino”.

 

Pero, además nos dijo aquel hombre que se considera lastimado por el sistema de justicia imperante en ese tenor: “El hombre puede disponer de todas las pruebas en la presentación de cualquier situación, o denuncia contra su cónyuge, que pudiera ser su excónyuge también, pero los hombres no son caídos bien ante estas fiscales actuantes. Es una situación difícil, a juicio  del amigo, divorciado de su mujer”.

 

“Por ello es que ocurren, y vemos a veces tragedias de tal tipo en nuestra sociedad, donde un hombre mata a su ex pareja, porque en ocasiones hasta suelen casarse con otro hombre, y seguir molestando después a su antiguo marido,  ex esposo, ejerciendo presiones insostenibles de ordinario, cuando han quedado hijos procreados”.

 

Como se puede ver, Santa Marte, a partir de cuánto se ha expresado anteriormente,  esa cuestión tiene mucha tela por donde  cortar, incluido el reordenamiento vigente para la administración y aplicación de justicia en esa materia, en que deben elegir tanto mujeres, como hombres (fiscales), para ser receptores de las denuncias y querellas pertinentes en el sentido de lo abordado.

 

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

¡CUÁNTAS PALABRAS BONITAS, COMO SIEMPRE!

Claro que el fracaso es fehaciente, según lo expresó el señor Francisco Domínguez Brito, procurador general de la República, en el panel “Causas y consecuencias de los feminicidios desde los aspectos médico, legal y social en la República Dominicana”, según publica un medio de la prensa local, donde como de costumbres se expusieron pareceres cargados de hermosas palabras, anunciándose acciones a ejecutar con las que nada, ni se ha resuelto, ni se va a resolver, en torno a lo que se puede calificar ya como un  deleznable, y más que lamentable, flagelo social en este país.

 

Por más eventos que se convoquen para analizar razones y procurar medidas correctivas, cuando se aborda la temática, no se procura bajar hasta las bases mismas de las causas innegables incidentes que vienen provocando esa problemática de alta consideración nacional ya, que son diversas, y que deben ser combatidas en contextos diferentes, aunque todas converjan en un mismo punto.

 

Todo se queda a nivel de pronunciamientos aéreos en el seno de los eventos que se realizan, en los que participan personalidades diferentes, incluidas las oficiales competentes, médicos especializados, siquiatras, psicólogos, sociólogos, etc., pero nunca se “aterriza”.

 

Para corregir, y tratar de enmendar en verdad, con respecto a esa desgracia, se tienen que enfocar aspectos gravitantes que por regular no se tocan: narcotráfico, adicción a las drogas, adhesión a los ritos satánicos, tan de moda aquí, sin que las iglesias digan nada; la degeneración familiar, las actitudes femeninas impropias, aspirando siempre a la competencia frontal con el sexo opuesto, y queriendo ser boxeadoras, luchadoras, karateca, entre otras prácticas inherentes a los hombres, todo enmarcado dentro del ámbito de la mal concebida  liberación femenina moderna.

 

Precisamente, nos causó risa en estos días, leer una reseña que publicara la prensa local relativa a uno de esos encuentros que promueven algunos de esos organismos alienantes en relación con  el tema, donde se sugirió el que las mujeres aprendieran artes marciales para que se defendieran de los hombres atacantes. ¿No se piensa en que eso pueda agudizar más aún el problema? ¡Qué criterio!

 

Pero además, un connotado prelado católico nuestro, monseñor Ramón Benito de la Rosa y Carpio, expuso públicamente su concepción en ese orden: él concibe que la razón base de problema, es la baja estima que se viene verificando en los varones,  debido al crecimiento, desarrollo y brillantez, que en su apreciación, se verifica a nivel de las mujeres en los tiempos presentes.

 

Se podría interpretar eso como envidia, o temor a ser desplazado. Lo consideramos un juicio muy superficial, y desafortunado; menos aceptable, proviniendo de una persona con su formación innegable en todos los órdenes.

 

Si queremos corregir ese problema, vamos a tratar de agarrar el toro por los cuernos, y llamar al pan, pan, como al vino, vino. De lo contrario, la apreciación del señor procurador general de la República, seguirá vigente.

 

Rolando Fernández

Hasta algunos curas son superficiales

Sí, el decir que la gran criminalidad que se observa a nivel mundial en contra de las mujeres (feminicidios), es producto de la baja estima masculina, se puede calificar como un criterio muy superficial a nuestro humilde entender,  con todo el respeto que nos merece el articulista de que se trata.

 

Y, probablemente más aun resulta, el concebir que la razón base de la baja estima en los varones sea el crecimiento, desarrollo y brillantez que, según Mons. Ramón Benito de la Rosa y Carpio, se verifica a nivel de las mujeres en los tiempos presentes. Es algo que hasta se podría interpretar como envidia, o temor de ser desplazados, lo cual resulta inconcebible.

 

Cualquiera se preguntaría: ¿por qué hay que estar matando féminas, por lo regular con premeditación, alevosía, y el gran  sadismo que en ocasiones se observa, cuando tratan de superarse como personas, tales entes sociales, siendo representantes esas del ser más importante que habita sobre el planeta Tierra, con roles humanos de tanta significación a cargo?

 

No creemos que esa sea una causa de valía a considerar, aunque en determinadas circunstancias es obvio que, sí podría estar parcialmente envuelta, dependiendo de la forma en que ese innegable avance en las mujeres pueda ser asimilado; que  provoque actitudes extremas inductoras hacia la consumación de acciones reñidas con el comportamiento debido, en términos de respeto mutuo, una competitividad frontal sin límites, y hasta la intención de incurrir en actos de agresividad con relación al sexo opuesto.  En tales casos es evidente que, esos factores no constituirían parámetros de desarrollo, sino que se reportarían más bien como retrasos de orden racional.

 

Nosotros creemos que, el hecho de que la mujer se supere en todos los órdenes, siempre y cuando los procederes que se observen sean los que en verdad correspondan, tiene que ser bien visto por todo hombre pensante, debido al concurso obligado que el mismo requiere de la compañera  imprescindible; siendo loable incluso, hasta que pueda estar en capacidad de sustituirle parcialmente en ocasiones.

 

Ahora, lo que viene ocurriendo es que, en el marco del liberalismo feminista mal asimilado por una gran mayoría de damas al que se aspira, aun vaya en contra de los dictados de la Madre Naturaleza, el asunto no es servir como consorte real del varón; ¡no!, es izar la bandera de una igualdad absurda entre ambos a todos los niveles; tratar de impulsar una agresiva competitividad frontal, algo que jamás será posible.

 

Pero además, hay muchos motivos de connotación incidentes, relacionados con los eventos denominados “feminicidios” que se verifican a diario, y que están más que a la vista: adicción a las drogas, actuaciones descaradas de infidelidad, chantajes y abusos económicos, adhesión a ritos satánicos, etc.,

 

Indiscutiblemente, son innumeras las causas que gravitan en esos incalificables actos.  Dejémonos entonces de estar andando con superficialidades al respecto, en pos de estar bien con Dios y con el diablo, como reza un refrán popular, según se advierte. ¡Llamémosle al pan, pan, y al vino, vino, si es que en realidad queremos contribuir a enmendar!

 

La verdad es que, nos extrañó sobremanera una consideración de tal tipo, plasmada por el connotado prelado católico, a través un artículo publicado, en el  tenor de lo que se trata, intitulado: “La baja estima del varón”, que apareció publicado en el medio “HOY”, edición de fecha 14-7-14, página 11ª, por su capacidad innegable, como el inmenso flujo de informaciones que maneja, en el amplio espectro de su trabajo eclesiástico y social.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

¿Por qué no buscar los porqués?

Todo tiene una o varias razones siempre detrás, a las cuales se debe ir, y reparar de manera directa sobre ellas, para poder resolver cualquier problemática, sin importar la que sea.

 

El asunto de la violencia intrafamiliar, los maltratos hacia las mujeres, los llamados femenicidios, etc., a los cuales se les da tanta prensa en este país, y sobre los que se habla en demasía, como lo hacen algunos teóricos modernos, incluidas las envalentonadas damas promotoras de la mal denominada, y asimilada por demás, “liberación femenina”, que se creen que las cosas se resuelven con solo palabritas y amplios pronunciamientos infundados a todas luces, hay que buscarle sus verdaderas causas, muchas de las cuales se advierten con bastante facilidad. Pero, ocurre y viene a ser que, nunca se les quiere ver, aunque estén ahí de frente, minimizándose incluso ocasionalmente, tan mayúsculo problema.

 

Por consiguiente, los comportamientos despreciables masculinos en ese orden, que se observan con bastante frecuencia, ya convertidos prácticamente en un flagelo con múltiples cabezas visibles, se debe reiterar, jamás se va a combatir de forma frontal y efectiva, mientras se prosiga actuando con paños tibios; mucha “habladera”; como, una justicia benigna, acomodada y selectiva para los infractores de las normativas legales inherentes. Procede, el tratar de bajar hasta las raíces mismas del asunto, que son diversas, lo cual no se procura en realidad.

 

Además, evitar el que se sigan promoviendo eventos en los que se trate de inducir a las mujeres, en términos de fortalecer su continuidad hacia la pretendida competencia frontal con los hombres en todos los órdenes, donde posiblemente se encuentra uno de los aspectos incidentes con mayor peso específico, debido a las actitudes indebidas y provocativas, a las que esa intención induce a muchas féminas.

 

Ejemplo claro: “El Festival de Mujer se inicia hoy en el COJPD”. Es un evento relativo a  la celebración de un campeonato entre mujeres que tendrá como anfitrión al país, ¡el más copista de todos!,  que estará  representado en la juramentación de estilo por la boxeadora Yenebier Guillen, ¡tremendo calificativo para una dama! En la cuestionable actividad para todo ser pensante, sin importar que sea hombre o mujer, se competirá en: boxeo, lucha, judo, karate, taekwondo, entre otras.  (Véase “Diario Libre”, del 14-3-14, página 53).

 

¿Y quién ha dicho que esas son disciplinas apropiadas para el sexo femenino? Entonces, cuando quieren hacer alardes de sus conocimientos en ese tenor, como de ordinario se presenta en muchos casos, queriendo hasta imponer superioridad, que no se quejen las defensoras a ultranza, si es que dan sus “trucazos” a las pretenciosas, y hasta les quiten la vida. ¡Lamentable tener que decirlo, pero es una cruda realidad!

 

No resulta fácil creer que, a menos que un hombre se encuentre bajo los efectos alucinantes por completo de las drogas; adherido a las directrices trazadas durante los ritos de orden satánico a los que se asista con regularidad; o que, una mujer incurra en verdaderas acciones indebidas, por sus erradas concepciones, el sexo opuesto le va a agredir; y mucho menos, malograrle la existencia física, con las sañas que de común se hace.

 

Señores, la mejor oportunidad para aquilatar cómo es que las mujeres en la actualidad se les viene condicionando mentalmente para sus procederes inmediatos y futuros, es el escenario de las aulas escolares y universitarias, cuando se les imparte docencia y se tratan algo de cerca.

 

Con rarísimas excepciones, lo que se denota son “cabezas vacías”, como se dice en argot popular. Sólo luce haber allí dentro “aerocidades”, pretensiones, esnobismos, liberalidad excesiva; una falta de conciencia total con respecto a su verdadero rol social.

 

Incluso, hay quienes sostienen que, precisamente, por no tener nada en la cabeza que exteriorizar, es por lo que se recurre a los exhibicionismos corporales extremos, para tratar de conquistar a los hombres en base a eso nada más, convirtiéndose desde luego en objeto para satisfacción sexual por un rato solamente. Difícil que se piense en función de una relación duradera, como base para una concretización de orden familiar futura.

 

A propósito, dice un aguzado columnista nuestro, Luis García, en una de sus acostumbradas y certeras  reflexiones: “Las mujeres representan el centro de la unidad familiar, y son las que enaltecen el amor, que constituye la misma vida”. Evidentemente, son condiciones femeninas que pasaron de moda en este país hace mucho tiempo. ¡Lamentable!

 

En esa misma línea, a veces aparecen titulares en la prensa nuestra, para conferencias y otros eventos relacionados con el tema, que en verdad llaman poderosamente la atención. Verbigracia, “Mujer libre y empoderada”, con el objetivo de que la mujer conozca sus derechos y triunfe tanto en su vida emocional como profesional”. ¿Y los deberes femeninos no cuentan?, se preguntaría cualquier  medio  pensante.

 

¡Lindo titular!, el elegido por las conferencistas anunciantes. ¿Por qué no llamarle mejor, “Mujer virtuosa y concienciada”?, que versaría  sobre su verdadera esencia y natural rol, amén de cómo poder triunfar en lo profesional”. ¡Ah!, de esa combinación no se habla,  ¿verdad?

 

Los encabezados de los trabajos de ese tipo se deben saber confeccionar adecuadamente, de forma tal que precisen bien los contenidos a enunciar.

 

Libre, ¿a qué se refiere? Porque ese es un término que tiene entre sus acepciones, dos que se tornan bastante importantes a considerar, según el diccionario “Pequeño Larousse Ilustrado 2010: 1. “Que no sigue las reglas o normas establecidas”. 2. “Que no tiene obligaciones, cargos, normas compromisos, etc.: está libre de preocupaciones.” ¿En qué consistiría la liberad en  el caso de las mujeres?

 

Empoderamiento: Requiere de base sustentatoria suficiente para asumir las actitudes relativas, inherentes a las varias connotaciones derivadas de esa facultad, que no creemos que el sexo femenino las pueda ostentar mucho en estos tiempos, precisamente, por la falta de concienciación, en términos de sus verdadera esencia, reiteramos, como de la alta misión de carácter terrenal a cargo.

 

Una opinión adicional publicada, en ese mismo tenor, sobre la que cabría hacer mención antes de proseguir aquí, por resultar algo chocante, y que apareció expuesta en otro medio local nuestro es:  “La mujer dominicana no conoce su derecho y por eso aguanta violencia intrafamiliar”. (Patricia Franjul, psicóloga clínica y sexóloga).

 

Haciendo referencia a lo externado, y con todo el respeto que pueda merecer esa joven profesional, en primer lugar, es de gran consenso que el derecho al no maltrato es inherente a toda persona, y muy bien conocido, por lo que no se puede considerar causa-base para tener que aguantar la violencia intrafamiliar. ¡Esa concepción constituye una causa algo baladí para justificar!, en nuestro humilde parecer.

 

Y segundo, cuando se habla de derechos, también hay que hacerlo con respecto a deberes, cuya observación efectiva de esos últimos, aporta suficiente sostén para exigir los primeros. “La hamaca tiene que ir y venir”, como dice el pueblo.

 

Antes de finalizar, y a propósito de cuanto se ha expuesto anteriormente, valdría la pena transcribir lo siguiente, con  relación a otra de las causas provocantes que pasa desapercibida,  en la que no se repara con regularidad,  respecto a la problemática que se ha venido tratando, a los fines de que sea enjuiciada con la imparcialidad debida.

 

Según narra el señor Miguel Febles, en su enjundioso trabajo, “Cómo cambian los tiempos”, publicado en el medio “El Día”, del 14-3-14: “En El Seibo oí, en mi primera juventud, las palabras de una prostituta de las que nunca he podido olvidarme. Ella me convencía para que le pagara tostones con bofe frito en una fritanga junto a la Escuela Manuela Diez Jiménez: “No tienes idea del hambre que pasa una en este oficio”.

 

¡Cómo cambian los tiempos!

 

“Conozco en la Capital a una muchacha que vive de este viejo oficio con el que paga apartamento, restaurantes, vehículo. Estudió Mercadeo, habla el inglés con fluidez y acaso estaría en condiciones de pagarme una cena en Sherezade”.

 

Parece que la mercancía carnal de esa es bastante vistosa,  aunque sea a base de cirugías, como es lo ahora se estila, que a veces ponen hasta en riesgo de muerte, y que la sabe utilizar muy bien, cabría agregarse. Ese oficio sí que es de gran propensión actual. Ahí hay pocas responsabilidades y compromisos que asumir. Mucho “chernaje”, pantallas, libertinaje, y exigencias, por supuesto.

 

Luego, como se puede inferir a partir de lo expresado, no es cuestión de palabritas y ponencias teóricas parcializadas  justificativas, como de aparentes aportes en muchos casos; hay que procurar el agarrar el toro por lo cuernos – ¡procúrese determinar y analizar con sosiego e imparcialidad lógica, razones irregulares que requieran ser enmendadas! -, para comenzar a ir resolviendo el problema nacional de los maltratos intrafamiliares, como los deleznables actos llamados femenicidios.

 

Muy de orden resulta aclarar que,  para el autor de esta humilde y extensa opinión, la mujer es el ser más importante que existe sobre el planeta Tierra, por sus roles a cargo, y que como tal siempre se le debe considerar.  ¡Descabellado es, apartarse de ese parecer!

 

Ahora, sí también concibe, que los humanos debemos ser lógicos, no psicológicos. Que las cosas siempre deben ponerse donde van. Y que, los dictados prescritos por la Madre Naturaleza no se deben violentar, por la simple voluntad de los hombres (general).

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández