De cara al año 2020 es que vamos. ¡Es pa’lante!

 

Todo el presente se ignora. A nadie en capacidad de poder resolver, como es obvio, le están importando los grandes males actuales que vienen golpeando a la sociedad nacional, en Dominicana ¡Qué lástima!

Se tienen aquí, entre otros, un desorden institucional extremo; apagones eléctricos, como de maldad, sin importar la fuerte ola de calor que ha venido afectando a la gente durante la época anual del verano; terrible caos en el tránsito vehicular; los abusos oficiales evidentes, con el aumento constante de los combustibles; como, la delincuencia y criminalidad por doquier, cada vez más in crescendo.

La totalidad de esas cosas se están dejando de lado en este “solar” de incautos. Los políticos solamente se mantienen pensando en cómo “guisar” durante el venidero proceso electoral; y, en los aspectos cuestionables del considerado instrumento seudo regulador de la Ley de Partidos, aprobada a la “juyendo” por el Congreso Nacional, con miras a complacer las aspiraciones del oficialismo, en sus afanes reeleccionistas innegables. Incluso, recurrida ha sido la normativa ya, ante el Tribunal Constitucional, según ha trascendido.

También, en las llamadas primarias abiertas y cerradas; la cantidad de votantes aptos que habrá entonces, y que se les podrá seguir engatusando; el plazo para la escogencia de los “príncipes” a proponer para los cargos electivos nacionales; como, en todas las demás normas inherentes a regir, que dicte el organismo árbitro, la Junta Central Electoral (JCE).

Al país se le está imponiendo a rajatabla, una agenda asociada. No importa cuánto se tenga que dejar de lado. El asunto es participar en las elecciones del año 2020; aspirando a quedarse los que hoy están saboreando el poder estatal; mientras, la seudo oposición política se plantea la manera de cómo sustituir a los agraciados presentes, en pos de ir tras las mismas andanzas de esos: corrupción, impunidad, y endeudamiento alegre a concertar con el exterior. Los tarados solo son importantes para sufragar, es lo que se piensa. ¡Qué esperen!

Lo más lamentable en el ámbito nacional, es que tantos ciudadanos sigan creyendo aún en todos estos políticos demagogos y desaprensivos, como “busca cheles”, tal diría alguien por ahí.

Que poco se repare en los derroteros previsibles que le esperan a esta República, en manos de los politiqueros de nuevo cuño. Y menos, en la herencia que esos dejarán a las nuevas generaciones, que difícilmente podrán contar con las condiciones requeridas, para poder hacer frente a las exigibilidades futuras, según es lo que se advierte.

En ese sentido, el proyecto de Presupuesto General del Estado para el año 2019 (pre-electoral), que aprobara días atrás el Consejo de Ministros del Gobierno de la nación dominicana, a los fines de ser sometido al Congreso de la República, para su aprobación final, es por un monto de RD$921,810 millones, con ingresos programados ascendentes solo a RD$689,930 millones, informaciones reseñadas por la prensa local, dice bastante, en términos de que se continuará con la práctica de recurrir, tal ha sido la constante durante los últimos años, a mayores endeudamientos para cubrir los déficits previstos; y, “el que venga atrás que arree”, como reza el dicho popular.

¿En qué realmente se usarán esos recursos frescos a buscar, para el completivo planteado en esta ocasión? Y, ¿quién diablo tendrá que pagarlos mañana? Evidentemente, son interesantes preguntas que asaltan a cualquiera en esta nación, tan mal administrada en los últimos tiempos, no cabe duda.

Bailemos para el veinte (20), muy buen título asignable a un merengue dominicano. ¡Cantemos, los colorados, morados, y blancos!, sería un estribillo adecuado. Los demás que se arrimen, para ver lo que se les pega, aplicaría entonar como agregado.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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¿Qué está haciendo el INTRANT?

 

Esa es la interrogante más fácil de responder. Basta con pasearse un poco por la calles y avenidas de la ciudad principal dominicana, Santo Domingo, para darse cuenta de que las ejecutorias del recién creado organismo: Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre, se les advierte ausentes casi por completo; y, que el mismo luce ser un elefante blanco, dentro del área, más que otra cosa, formado para una cubrir una mayor “huacalización” politiquera disimulada, en esta Tierra de los coloreados partidos que gobiernen. ¡Se convierten en sus dueños, tan pronto alcanzan el poder!

A pesar de que esa fue una institución creada dizque para intentar resolver, aun fuera parcial por el momento, los innúmeros problemas que se verifican en el sector transporte a nivel local, en base a la tan cacareada nueva ley aprobada, que sustituyó la antigua normativa 241-67, con la cual muchas cosas se hubieran resuelto, sin que mediaran los padrinazgos de estilo siempre, la verdad es que, con todo lo último en vigencia, los correctivos que se imponen con prontitud dentro de la cuestionable actividad, y que ya debieron disponerse, hace un tiempo razonable, están brillando por su ausencia.

Muy poco  es lo que se observa en ese orden.  Las muestras fehacientes están de sobra, Y, por consiguiente, se podría decir entonces, sin temor a equívoco, ¡qué al parecer!, nada se está haciendo desde esa nueva estructura reguladora del transporte en el país. ¡No sorprende, por “las intríngulis” que subyacen!

Que las problemáticas que afectan a esta sociedad en el tenor de lo tratado, no es cuestión de haberse creado otra entidad oficial controladora más amplia, con dependencias adscritas suficientes, sino de voluntad política, y autoridad sentida; como, de respeto a las reglas y normativas dispuestas, que se violentan alegremente. Lo que en realidad se necesita aquí con relación a ese asunto, es mano dura; y, qué tanto lo legal, como punitivo, rija para todos, sin distinción de clase social envuelta.

A simple vista se puede apreciar entre nosotros, que el mismo desorden, iguales temeridades, y desaprensiones, en las que incurre la mayoría de los conductores en este país, sin importar que manejen vehículos livianos, o pesados, incluso los “endiablados” motoristas, continúan de mal en peor cada vez.

Ni siquiera se ha intentado establecer un horario de tráfico especial para patanas y camiones, como vías escogidas para transitar, que deben ser de las medidas obligadas que se adopten, a los fines de que esos armamentos rodantes, hasta con doble “trailer” en la cola, no continúen desplazándose “como la jonda del diablo”, tal dice el pueblo, en medio del gran cúmulo de vehículos de menor tamaño, que circulan con regularidad durante las llamadas horas pico. ¡Se llevan a cualquiera de encuentro! ¡Si le “choqué”,  “abollé” el vehículo liviano, y hasta maté al conductor, o pasajeros, eso poco importa!

¿Y qué? La mayoría de esos grandes camiones y patanas son propiedad de políticos en el poder (funcionarios estatales); y cuando no, militares de alto rango, en servicio, o pensionados.  Mandamases, a los que todo les está permitido; y, con los que nadie se puede meter.

Esa gente, como bien se sabe, resulta intocable en países de tarados y pusilánimes, como el nuestro, no cabe duda, donde las leyes y su aplicación severa, solo rigen para los chiquitos, aquellos que no tienen padrinos, y que tampoco pueden pagar los servicios de buenos abogados, que se hagan cómplices, y negociadores de sentencias, como es lo que de ordinario se estila en los tribunales de esta República.

Por donde tiene el precitado organismo que comenzar su trabajo enmendatorio, es el intentar corregir aquellas indecorosas acciones choferiles-viales, y otras relativas, no menos lacerantes, que les rompen un ojo a cualquiera, y que hacen preguntarse, si esta nación es un país civilizado, o una selva de cemento, en la que transitan animales irracionales,  su mayoría; personas que nada les importa; que la vida de los demás no les merece respeto, ni consideración alguna.

Entre esas, cabe hacer mención: cruzar semáforos con la luz roja  puesta – son potenciales homicidas aquellos que incurren en esa práctica -; desplazarse temerariamente sobre las aceras peatonales, vehículos y motores, para evadir tapones de automóviles, y demás, poniendo en riesgo las vidas de las personas que se mueven a través  de esos espacios públicos; bloquear las esquinas, carros y guaguas del servicio público de pasajeros, para esperar y recoger usuarios, interrumpiendo el flujo vehicular que viene detrás, en actitud los conductores, de que a ellos nada les importa, y que se les tiene que esperar. Lo hacen en medio de cualquier calle, o avenida también, sin reparo alguno; estacionar vehículos a ambos lados de las vías de tráfico; cuando no, los suben sobre las aceras, etc., etc.

Completa el desastroso escenario, la ocupación de esos mismos lugares últimos señalados, de ordinario repletos de: materiales de construcción, desperdicios varios, talleres diversos, o efectos en exhibición, pertenecientes a tiendas y comercios cercanos, que los usan como extensión de sus locales.

El caso es que, todo aquel que conduce un vehículo en esta nación, repleta de ciudadanos inconscientes, puede hacer lo que le venga en gana; más aún, si es político de renombre, militar, chofer público sindicalizado; novia, esposa, o amante de algún jerarca en el poder.

Esas últimas se cansan de estar hablando sandeces por los teléfonos celulares mientras conducen, a pesar de la prohibición que rige, y todavía les pasen cerca de los pies a los agentes de la antigua AMET, hoy DIGESETT, estos ni se enteran, debido a que son muy selectivos en la aplicación de la ley, en vista de que les pueden hacer botar del Cuerpo, o cancelarles, con una simple llamada telefónica.

Obviamente, “este es el país de las maravillas musicales”, como decía jocosamente alguien por ahí, con estructuras oficiales que no funcionan, y donde se les aplican las leyes a los infractores, discriminadamente.

Ojalá que el INTRANT, finalmente, no tenga que ser considerado como parte del gran conjunto alusivo a esa calificación que se tiene en esta República, por lo que hasta ahora se está mirando con respecto al mismo.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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¡El país del “dao”! Así habrá que llamar a Dominicana

 

Dar, es la principal herramienta mercadológica de que hacen uso todos los políticos en este “solar” caribeño, para captar adeptos que les favorezcan con sus votos durante los procesos electorales que se llevan a efecto en el país; por lo regular, dentro del gran segmento de ignaros locales que se tiene, compuesto por personas que solo viven bajo la expectativa de que les den.

“Si me dan yo voto por el que sea”, es el estribillo que más se escucha a nivel de los barrios populares carenciados en esta nación, y hasta algunos de la clase media, en extinción ya. ¡Solo hay que musicalizarlo, para que suene mejor!

Esa gente se conforma con el bono-gas; un bono-luz; una fundita llena de alimentos de la peor calidad; o, una tarjeta, cuyos mayores beneficiarios son los “colmaderos” autorizados a despachar las limosnas embaucadoras en favor de los tarados, que se procura conquistar.

En lo que no repara esa gente es que, todos esos son ardides, politiqueros costeados con parte de los mismos cuartos que le arrancan a través de los impuestos que se pagan; y, que dichas dádivas no son más que “señuelos” para mantenerle cautiva; a su merced, y siempre poder sacarle provecho, como el grupo de los tontos útiles que cada vez se le considera.

Por eso es que esta nación nunca podrá salir a camino, con una estructura social así conformada: ladrones de cuello blanco arriba mandando, como buscándoselas sin reparo alguno; y abajo, un enjambre de ingenuos, esperando para recoger las boronas que les dejan caer, creyéndose que están recibiendo la gran cosa, múltiples favores.

Una gran parte de la sociedad nacional se mantiene a la espera de que los políticos, de todos los colores, le den, para resolver nada más que el día-día; el resto no importa. Que el país se lo acabe de llevar el diablo, como se dice popularmente; que lo hipotequen de forma recurrente; y que, las nuevas generaciones tengan que entregarlo mañana, como dación en pago, son cosas en las que no se repara; que se ponen ordinariamente de lado.

Y claro, los tuertos en el país de los ciegos – los políticos habilidosos – aprovechan la falta de visión obvia de esta población, para mantener vigente su hegemonía de poder, a través de los sufragios comprados en su favor, conjuntamente con los sectores económicos, internos y externos, patrocinadores.

Muy difícil será entonces, que nada pueda cambiar en esta Tierra, mientras la concienciación de los ciudadanos esté tan lejos; que solo el “dao” sea lo que prevalezca, para apoyar a los tantos depredadores aquí, y malos administradores, desde el Estado nacional.

Por consiguiente, el cambio de nombre aplicaría, a pesar de lucir como algo osado, debido a esa innegable realidad que se vive en esta República. ¿Quién se atrevería a decir que no es así? Solamente un loco; o, alguien que no quiera ver, por conveniencias obvias.

Estaría dicha forma, por tanto, en consonancia con la nueva, y amplia idiosincrasia que ahora caracteriza a una gran cantidad de los dominicanos, que no quieren esforzarse por trabajar, ni estudiar, para lograr objetivos personales.

Cuánto más aspiran, es a engancharse al vagón de la gusanera política local, recibiendo nimias ayudas barriales; o, conseguir una “botellita” mal pagada en el Gobierno; “¡chelear!”, hasta que se pueda!

Tampoco, hacen sacrificio real alguno, para subsistir con cierta holgura relativa a su condición; sino que, buscan que todo se lo den; se lo pongan fácil en las manos.

 

Autor: Rolando Fernández

¡Amarga, e innegable realidad nacional!

 

¡Líderes! Solamente “aquilatables” hay, tres “J” históricas loables en verdad, dentro del escenario político en Dominicana, que los referencian. El resto, “no ha resultado más que, cuadre y cachucha”, como dice un caro amigo.

Cada vez se tornan más sonoros sus nombres y apellidos, como ocurre con las letras y musicalización de canciones bien logradas, si cabe el símil, por lo que quedarán siempre en el recuerdo de este pueblo, aunque muchos incapaces de emularles aquí intenten hacerles olvidar; y, traten de borrar las improntas morales, como patrióticas, que ostentaron esos en el ayer.

Cuántas basuras dejaron ustedes entre nosotros, con mínimas excepciones, ¡líderes genuinos! tras su partida inevitable de este mundo físico: mercaderes de la disciplina; corruptos, y tránsfugas, hasta más no poder; vende patria; y, prestatarios sin control, que desde hace tiempo vienen hipotecando la soberanía del país.

Jamás se pensó que algo así pudiera ocurrir entre los dominicanos, después del arduo trabajo que realizaran aquellos connotados ciudadanos; como, previamente también se diera, tan significativo salto hacia la democracia, aunque mal concebida, según entienden algunos, libertinaje incontrolable más bien. y manteniéndose abiertas por años aún, muchas de las profundas heridas provocadas durante aquel régimen dictatorial agresivo, en grado sumo, que les subyugó por más de tres décadas.

Sin embargo, de poco han valido las experiencias negativas que se derivaran de un sistema de gobierno así – dictadura con intolerancia severa -, como aquel de otrora, el trujillato, cuya desaparición dio pie a que hicieran acto de presencia, y trabajaran, los únicos y verdaderos líderes que ha tenido esta República: Prof.  Juan Bosch, Dr. Joaquín Balaguer, y Dr. José Francisco Peña Gómez, las tres “J” de referencia introductoria. ¡Los que han querido adicionarse luego, solo evidencian ser, enganchados al ejercicio, jefes de grupos, politiqueros y oportunistas!

Esos tres personajes notorios, fueron los fundadores de las principales organizaciones políticas nacionales, las cuales sirvieron de base para la instauración del sistema local correspondiente, hoy a punto de desaparecer; pero, cuyos discípulos se encargaron de tirarlo todo por la borda a posteriori; poniendo en evidencia clara, además, que los reales líderes, y estadistas, no se hacen, como es la creencia popular, sino que nacen, tal sostienen con fundamento algunos estudiosos muy autorizados de las ciencias sociales.

De seguro creyeron aquellos incuestionables hombres, que algo en capacidad de sustituirles habían dejado, resultando más tarde los herederos de sus obras, tremendos fiascos; y, actores seudo sociales, que han deshonrado por completo sus memorias póstumas. ¡Cuántos descaros!

¡Oh pueblo!, qué se puede esperar a partir del accionar desaprensivo de todos estos trúhanes, políticos de nuevo cuño, que mal han estado dirigiendo los destinos nacionales durante los últimos tiempos, y que procuran continuar haciéndolo, solo para agenciarse más beneficios personales y grupales.

¡Hay que despertar! ¡Abrir bien los ojos, y no dejarse confundir de nuevo! Recordar que, “el mono, aunque se vista de seda, mono se queda”, como reza un refrán popular. Aquí hay muchos “especímenes” de esos, siempre tratando de seguir engatusando a la población.

No se puede creer en promesas de campaña; en propagandas pagadas a través del bocinaje periodístico escrito, televisivo y radial; en los besos y abrazos que se lanzan desde las lujosas “jeepetas” que exhiben esos turpenes, compradas en su mayoría, con los mismos cuartos que le arrancan a la gente, como contribuyente explotado, sin piedad alguna. ¡El “burro” de carga!; que luego tendrá que pagar también todos los platos rotos, como se dice popularmente.

Decídanse compatriotas, a subirles los vidrios a todos estos polítiqueros con doble cara, para los cuales solo se es importante, cuando de procurar votos en las urnas se trata. Luego se les olvidan todos los callejones, y calles llenas de hoyos, por las que transitan solo de ordinario, durante las compañas electorales.

 

Autor: Rolando Fernández

¡Lo más criticable!: búsqueda del “gran” libro

 

La puesta en circulación de “tan importante e instructiva obra”, intitulada: “El Manual de la Chapiadora”, de la autoría de Wilsis Bautista Lantigua, tal se publicó, de seguro una connotada escritora, ¡donde no hay más!, según lo dice la ocurrencia misma, no es lo que más se debe censurar.

Sí que resulta penoso y despreciable, el hecho de que la edición se agotara rápidamente aquí, un país donde se habla tanto de la llamada “sociedad del conocimiento”, uno de los clichés a que recurren los políticos de nuevo cuño en este “solar” caribeño, para embaucar a los ingenuos.

Claro, que eso es demagogia, sin reparo alguno, solo para confundir, y manipular (posverdad), siempre en el marco de sus aprestos electoreros. Bastante lejos se está de eso en Dominicana – conocimientos bastos -, que incluso ya, se le ha estado considerando, últimamente, como un país casi de analfabetos, por la baja calidad de la educación que se imparte, en todos los órdenes y grados. ¡Tremenda demostración de falsa sabiduría!, lo que de ahora se trata.

¡Cuánto se puede decir entonces, de un sinnúmero de lectores dominicanos, que se mostraron tan inclinados por una literatura de ese tipo! ¿Por qué se acudió con rapidez en busca de algo así?  ¿Sería por morbo, o ignorancia marcada? Por las dos cosas se argumentaría, sin temor equívoco. La morbosidad no es de gente que ha tirado muchas páginas para la izquierda.

Evidentemente, no hay que leer esa obra, para saber lo que de seguro contiene la misma, enmarcado dentro del contexto feminista enfermizo y degenerante de los nuevos tiempos. Todo luce indicar que la escritora debe ser experta en la nueva actividad “cueril”; o, que se codea lo suficiente con mujeres que así trabajan, cuando está plasmando un manual de esa naturaleza, que se supone es para enseñar, y cuyo material completo, no se logra a través de simples entrevistas.

Por supuesto, debe incluir la “gran obra”, los procedimientos debidos, y cuánto se debe hacer para eficientizar el trabajo sexual que se lleve a cabo en ese tenor libertino, y asqueante por demás. Solo se puede hablar de lo que bien se conoce; y más, cuando es a nivel de un libro. para ser puesto a la venta.

¿Qué se puede decir en ese manual? Del título se infiere todo: sandeces a granel, y concepciones erradas denigrantes, respecto del ser más importante que habita sobre el planeta Tierra, LA MUJER, por sus grandes misiones a cargo, aunque tantas las dejen de lado.

Obvio, una gran cantidad de basuras se tiene dentro del conglomerado social femenino moderno, y que sirve como caldo de cultivo para inclinarse por acciones de tal naturaleza. Ninguna mujer de principios y sentimientos va a leer eso.

Muy clara y edificante exposición respecto de lo tratado, fue la que hizo Altagracia Suriel, mediante su artículo: “A propósito del “Manual de la chapiadora”, publicado en el periódico “El Día”, edición de fecha 6’-9-18.

En el mismo habla del calificativo “chapiadora”, utilizado hoy como sinónimo de prostituta, aceptada socialmente: mujer que vende por cuartos favores sexuales; los cueros modernos diríamos nosotros

Se destaca, además, la “discriminación sutil”, y la cosificación con relación a la mujer. La misma se cataloga en la actualidad como una cosa cualquiera, un objeto utilizable. ¡Cuánta inconsciencia, mamacita!

Frente a pensares así, cualquiera se preguntaría, si están asociados con la inmadurez psicológica inherente a la humanidad presente, de que se habla en el marco de Doctrina de los Espíritus, en el sentido de que tales entidades encarnadas en los tiempos actuales sobre el Planeta Tierra, están muy cercanas aún de la animalidad ancestral.

Podría ser esa una explicación sobre la irracionalidad marcada que hoy ostentan los hombres (general); y, no solamente en el orden de lo tratado, sino en sentido más amplio. Claro, se tendría que aceptar la estadía humana previa, en dicho plano de consciencia evolutiva inmediatamente inferior; que antes se estuvo como parte del reino animal, perteneciendo a una de las llamadas “almas grupo” de las tantas existentes en el planeta

Cabe transcribir aquí algunos fragmentos incluidos en el trabajo de Altagracia Suriel, para mayor difusión, y que, aquellos que hagan el favor de leer esta humilde opinión, “le echen hilo al bollo”, como se dice popularmente. ¡Cuántos desparpajos, y desvergüenzas obvias, en tantas féminas de hoy! ¿Faltará mucho por ver todavía? ¡Léase!:

“Aunque parezca un concepto trivial o chercha popular, tener estatus de “chapeadora” se está convirtiendo en la aspiración de muchas adolescentes y mujeres jóvenes cuyo sueño es encontrar un hombre “templo” que las mantenga, les satisfaga sus caprichos y que incluso les pague los rellenos de silicona que les ayuden a mejorar sus atributos físicos, potenciando así la posibilidad de vivir de su cuerpo”.

“El “chapeadorismo” refleja el peligroso rumbo que está tomando nuestra sociedad, donde parece que todo se compra o se vende, incluso el amor”.

“Esa nefasta práctica es promovida, a veces hasta por las mismas familias, y se practica en todos los estratos sociales. Las mujeres de clase media “chapean” para costear lujos y las pobres para comer o subsistir”.

Finalmente, preciso es señalar que, se continúa estando en presencia de una de las profecías bíblicas para los últimos tiempos de la llamada “Era Cristiana”, a las que tanto hacían referencia las personas de ayer: la degeneración humana total previsible; y, otras como, los fenómenos naturales destructores (huracanes, ciclones, terremotos, etc.), o bélicos, que han estado acaeciendo últimamente a nivel mundial.

También dicen los que saben, como complemento, resumiendo, claro está, “que es un proceso necesario ese durante la transición hacia la 6ta. sub-raza, desde la 5ta. sub-raza, dentro de la 5ta. Raza Raíz, que cursa actualmente la Tierra, dentro del esquema evolutivo espiritual correspondiente, que está compuesto por siete (7) Razas Raíz, para poder convertirse luego en un Planeta Sagrado”.

Siguiendo con relación al “famoso libro” sobre el chapeo mujeril, es obvio que se prosigue, claramente, con el menosprecio y la inducción degenerativa, respecto a la columna principal, podría bien decirse, y medio imprescindible para la evolución de las Almas en el plano terrenal: LA MUJER.

Es algo que se podría entender como contradictorio en estos momentos, precisamente, según lo expresado con anterioridad, sobre el pase inminente, de acuerdo con los entendidos, de una sub-raza a otra de mayor evolución espiritual (5ta. a la 6ta.).

Con ciertas actitudes mundanas femeninas en el presente, se les estaría cerrando el paso a los espíritus que están procurando reencarnar, para continuar conquistando karmas pendientes (evolución), en esta escuela de la materia física densa. Sin las mujeres, en su verdadero rol de co-creadoras con Divino Supremo, no hay posibilidad alguna.

Innegable es que, solo a través de ellas, pueden los espíritus encarnar, se debe repetir. ¡Los hombres no paren! Por qué no se escribe entonces, para procurar concienciar a todas aquellas que están en ese “trabajo”; que son proclives a la actividad del chapeo inmoral. O, ¿es que, no interesa acaso la conservación y evolución de la humanidad?; ¿al igual que tampoco, el avance espiritual de ellas mismas en el sendero evolutivo correspondiente, dentro de sus corrientes de vida?

¡Lamentablemente!, todos los daños en tal sentido están siendo promovidos por las mujeres como tales; de esas que se autocalifican como feministas, en su gran afán de procurar competir de tú a tú con los hombres. ¡Quieren cambiar el mundo, algo imposible de lograr!, no cabe duda.

El “Manual de la chapiadora”, fue escrito por una mujer. ¿Y entonces? ¡Desvalorizándose la misma clase!

 

Autor: Rolando Fernández

 

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¿En quién creer?, ¿Aparecerá alguien digno en Dominicana?

 

Son las dos grandes preguntas que se hacen tantas personas sensatas aquí, de esas que realmente piensan en el país, al igual que en sus derroteros futuros.  Evidentemente, ¡ambas interrogaciones se reportan como de difícil respuesta!

En lo que respecta al presente, penoso es lo que se entiende; y, la verdad es que, nadie se vislumbra estimable en el tenor de lo tratado, mientras esta nación se descalabra cada vez más, sumida en la corrupción, impunidad, delincuencia, y drogas, tanto a nivel de narcotráfico, como de consumo a granel; en ambos sentidos se verifican esos últimos.

Se cree que, habrá que mandar a “fabricar” a alguien, con un claro perfil de estadista; que denote pulcritud y aptitudes para conducir los destinos nacionales; en capacidad de timonear esta hipotecada, saqueada y maltrecha “nave”, en manos de estos políticos de nuevo cuño, ávidos nada más que de poder y riquezas.

Claro, lo único que, para poder hacer posible algo así, se tendrá que abolir el uso del voto popular a través de las urnas, que se compra con un pica pollo, y un pote de ron, cuando no con RD$500, para comer apenas un par de días, dada la inconsciencia de un gran segmento de la población, como la capacidad para engatusar que tienen los politiqueros locales, en el ámbito de la llamada seudo democracia representativa que rige.

En el marco de este escenario desesperanzador que viven los dominicanos, es previsible que, podría producirse cualquier evento súbito, en procura de enmendar, aun sea en parte, el innegable desastre que en todos los sentidos abate a la sociedad nacional, cuya desaparición muy poco se prevé, mientras el conglomerado prosiga siendo tan mal dirigido, como considerado solo para votar, por los poderes hegemónicos tradicionales

Y, es que, desde hace ya un tiempo, nada más se habla aquí, dejándose de lado el gran abanico de cuántos problemas internos se tienen, de las rebatiñas entre políticos, incluso de igual color partidarista, de cara a alcanzar la poltrona presidencial en el año 2020; sin excluirse, tal siempre es lo que se estila, la eventual reelección del primer mandatario de turno.

También, de una Ley de Partidos mostrenca, aprobada a la “juyendo” en el Congreso Nacional, con connotados visos de inconstitucionalidad, según algunos expertos en la materia, después de tantos años el proyecto dando tumbos dentro de esas Cámaras Legislativas; pero, ahora empujado su conocimiento definitivo, por las pretensiones de retorno evidentes que tiene el oficialismo. Y claro, la complacencia era obvia, por parte de su caja de resonancia congresual mayoritaria.

De igual forma está sobre el tapete, a nivel de los periódicos, y otros medios de comunicación, como el bocinaje acostumbrado, el gran nudo creado, respecto de las tan cacareadas primarias abiertas o cerradas, para la escogencia del candidato a postular, caramelo sutil que quedó contemplado dentro de la precitada normativa – a discreción de las cúpulas partidaristas; “¡qué bien!” -, y que, según politólogos autorizados, podría arrojar efectos desastrosos sobre el sistema de partidos en Dominicana.

Es obvio que, cualquier cosa entonces, de índole contestataria propiamente, puede ocurrir en esta nación, cabe reiterar, y que una de esas puede ser, aun continuándose con la metodología del sistema de votación prevaleciente, que aparezca de repente una cara desconocida, pero que ostente actitudes distintas, dispuesta a competir en la carrera hacia el poder local; que jamás haya sido vista participando dentro de la “claque” politiquera nacional; que entre en consonancia con las aspiraciones reivindicativas de la gente nuestra, sabiéndose vender ante el país, y prospere en su intención redentora.

Siendo así, desplazaría de la aceptación popular a todos estos turpenes que tradicionalmente han venido engañando por años, y burlado de manera consistente a sus conciudadanos. Les va a “aguar la fiesta”, como se dice.

Ya este pueblo está “jarto” de tanta mofa, y falsas promesas cada cuatrienio.  Por tanto, lo más previsible es que, les subirá los vidrios a los políticos ordinarios, sino es que de nuevo flaquea, y se deja engatusar de esos.

¡Sería lo mejor que puede ocurrir!, que aquí los ciudadanos dejen de ser, nada más que, los tontos útiles para la clase política habitual; y, que procuren estar “bajo la égida” de un gobernante consciente de sus deberes para con esta sociedad.

Lógico, durante su gestión se harían necesarias herramientas muy diferentes a las comunes. Bajo el nuevo esquema de gobierno requerido se hace obligatorio, para una efectiva administración de la cosa pública, el actuar siempre con una mano suave, y otra bastante fuerte, cuando así lo demanden las circunstancias. ¡Cero permisividades, con las acciones desaprensivas!

 

Autor: Rolando Fernández