El yoísmo corroe tanto como el óxido

 

Hay un sinnúmero de personas en nuestro país que se jactan de mucho saber, y hasta se enarbolan sin reparo alguno, como altamente superiores a nivel de conocimientos, pecando como es obvio, de ignorantes inconscientes, más que otra cosa, por olvidar que no todo se conoce jamás; y que,  es de los sabios y humildes por supuesto, el reconocer esa limitación; que por ello, alguien muy connotado de la antigüedad decía, “yo sólo sé que no sé nada”, – Sócrates.

 

Pero además, también se autoproclaman como seres superinteligentes; de sabiduría extrema, muy por encima del común de la gente, dando así rienda suelta a un yoísmo desenfrenado, asqueante en ocasiones; y, sin reflexionar en que, tanto la humildad, como la sumisión circunstancial procedente, constituyen partes de la propia inteligencia humana, de la cual no se es verdadero dueño, ya que sólo es un punto focal en el hombre, de la Suprema Universal Una.

 

El inteligente, el capaz, el leído, el identificado con su propia naturaleza, nunca se siente estar por encima de los demás. En ningún momento se considera superior a nadie. Y, asimila, al igual que  maneja con destreza, las diferencias de nivel inherentes al género humano; es decir, entre las personas, cuando tiene que interactuar, dejando de lado, normalmente, las actitudes arrogante y altaneras.

 

Por consiguiente, se muestra siempre reflexivo y respetuoso de las opiniones ajenas, al tiempo de reconocer su valor; pero, sin jamás caer en la adulonería, detestable siempre.

 

Ese yoísmo, y esa lambonería, son de las cosas deleznables que tanto se ven en nuestro medio, de parte de los que se creen superdotados, inteligentísimos, y leídos en abundancia. ¡Que contraste!

 

¿Por qué no se autoanalizarán, y procurarán cambiar de actitud? Pues,  los conocimientos que algunos en verdad demuestran   tener, bien podrían ayudar a edificar y concienciar un poco a esta sociedad nuestra, tan falta de quienes en verdad la oriente. Pero, sin hacer sentir inferiores a muchos de sus miembros.

 

Que jamás olviden, que el yoísmo corroe tanto como el óxido; y que, va socavando los pies de barro en que se sustentan  sus esclavos, por lo que pueden caer de bruces repentinamente, bajo la mirada sorpresiva y cuestionante de los demás.

 

Mientras más altura se alcanza, egotistamente hablando, mayor es el golpe que se recibe al caer; cuando nuestro verdadero Ser nos pasa factura, y nos llama a la sosegada reflexión, como al reconocimiento pleno de lo que en verdad somos todos, UNO.

 

Rolando Fernández

 

 

El “yoísmo” no es de gente inteligente

 

¡La inteligencia y la humildad van de la mano! Siempre hemos creído que el yoísta no es más que una persona con aparente complejo de superioridad, detrás del cual siempre se esconde el inverso.

 

¿De que no hay ninguna inteligencia en ésos? ¡Seguro que no!  Solo rebuscan y hacen acopio de informaciones para, a través de sus exposiciones, ya sean públicas o privadas, procurar lucirse, sobresalir, y que se diga: “esa mujer, o ese hombre, sí que sabe”.  Es lo que se escucha de ordinario.  ¡Mentira!, lo que hay es bulto más que otra cosa.

 

Aquellos que así proceden, tienen mucha similitud con algunos que fungen como profesores; que van a las aulas, no a enseñar, sino a que los alumnos les vean como grandes sabedores; que es gente muy capacitada; tratando siempre de hablar bonito, y escuchándose para complacencia personal. Utilizan con frecuencia tales personajes términos poco comunes, y una voz “locutoril” fingida, entre los ardides a la mano.

 

Ahora, muy pocas veces reparan en si los alumnos están entendiendo o no, el nivel de asimilación que se está logrando, en lo efectivo de su trabajo, etc. La docencia es una de las cosas para cuya efectividad  es necesario aprender a bajarse hasta el  sitial de los discípulos, actitud que muy raro se honra. La concepción egotista que les hace suponer superior a los que imparten enseñanzas, difícilmente permita la realización de buenas tareas.

 

Los envalentonados personajes que así se comportan a nivel de cualquier actividad, especie de la que bastante hay en nuestro país, se tienen como servidos y servidores.  Los primeros se creen ser la gran pieza. Y claro, en una nación de ciegos, donde el tuerto se reporta como rey, tal reza una máxima popular, les resulta fácil venderse como tales.

 

Además, consiguen lisonjeros a granel, que serían los segundos; uno  en busca de boronas presentes, mientras que otros van sembrando para recoger después.  Ambos – servidores  condicionados -, se caracterizan por una  falta de personalidad indecorosa e innegable, como por estar siempre proclives al lambonerismo extremo, que se desborda a granel durante cada actuación, y  que se puede advertir a los lejos.

 

En ellos, cual que sea, siempre está la utilización de un pronombre que nunca falta: YO, YO, YO, hice tal cosa;  o, pronostiqué dicha situación, esos resultados; con mi inteligencia nadie juega; es un asunto del que yo sé, etc., acompañadas esas expresiones por lo regular de la  muletilla, “modestia aparte”.

 

Aun se esté en lo cierto, nunca la humildad real hace acto de presencia. Se prefiere resaltar la persona del interlocutor que habla, ante que los aciertos que se pueda haber logrado; en lo que se haya podido pegar.

 

Pero, ocurre y viene a ser que, el hombre inteligente difícilmente se le oye pronunciar un “yo”, salvo que sea extremadamente necesario. Y, si tiene que referirse a su persona, de ordinario pluraliza; prefiere decir: “nosotros”, cuando se expresa.

 

Tampoco se le oye estar alabando a nadie, aunque hable sobre sus méritos, cuando se está del lado de los serviles, con frecuencia “programeros”, o seudos periodistas, mercaderes de imágenes públicas, e informaciones “acotejadas”.

 

 

Entre apagones y tapones. ¡Un regalo electoral!

 

¡Prepárate pueblo pendejo, que tú siempre eres el burro de carga! Tendrás que pagar después todos los platos rotos. Difícilmente te podrás liberar de los que viene en tu contra, después de la “fiesta del 15 de mayo próximo”, por la capacidad de aguante que les has mostrado a tus castigadores recurrentes: los políticos busca cuartos y poder.

 

Decía un iluso y conformista patriota de otrora, que si volviera a nacer de seguro se arrepentiría de cuánto hizo en favor  de esta nación, que: “Mientras no se escarmiente a los traidores como se debe, los buenos y verdaderos dominicanos serán siempre víctimas de sus maquinaciones”  (Juan Pablo Duarte).

 

Él  expresó, “mientras”. De ahí el conformismo. No se refirió a la urgencia en hacerlo, en reprenderlos severamente, o castigarlos de inmediato, para que no se multiplicaran, como es lo que ha ocurrido entre nosotros.

 

Es obvio que, dentro de los que se deben escarmentar están hoy todos estos  políticos de nuevo cuño, ladrones de cuello blanco, y antinacionalistas por demás, con excepciones muy mínimas, que se han tragado este país durante las últimas décadas; y,  lo que no han podido consumir ellos mismos, lo han vendido al exterior, o a intereses privados.

 

De la forma en que se intitula esta opinión, asimismo va la nación dominicana. ¡Nadie lo puede negar! Con respecto a los primeros, las tandas que ahora se dan constituyen un avance de la debacle presionante que se podría verificar dentro del sector, tan pronto concluya el presente proceso electoral en curso, para que el Gobierno tenga que pagarles a las “altruistas” distribuidoras perteneciente al gran negocio eléctrico nacional político-empresarial, por los atrasos acumulados, y los nuevos servicios que se oferten.

 

Como es lógico suponer, la demanda de recursos financieros por parte de las nuevas autoridades que resulten electas, inmediatamente se instalen, y quizás hasta antes, servirá de base para imponer al pueblo mayores sacrificios tributarios, como ya lo ha venido anunciado gente que de seguro está trabajando en el muñeco de la nueva reforma fiscal.

 

También se tiene en adición otro ingrediente que habrá de incidir con relación al tema eléctrico local.  Viene por ahí,  y se supone que antes de la toma de posesión de la autoridades para una nueva gestión de gobierno, el vencimiento de los famosos “Acuerdos de Madrid, lo cual debe tener intranquilos a muchos turpenes dentro de ese gran negocio. ¿Qué se va a hacer, y cuáles pueden ser los efectos derivados?

 

Para  mayor   sorpresa   burlona,  como  algunas  anteriores de esas acostumbradas, vendrá acompañada la nueva pieza legal, luego de que la santigüe el Congreso, caja de resonancia del Poder Ejecutivo, de significativas exenciones en favor de los poderosos empresarios del país, que se advierte serán para reciprocar apoyos electoreros, dentro de esos sectores económicos predominantes. Los que han hablado sobre ambas cosas públicamente, saben el porqué lo están haciendo, están edificados. ¡No están perdidos!

 

En cuanto a los segundos, y para completar el círculo productivo, los mismos constituyen una alcancía para recabar ingresos por concepto de impuestos aplicables a los hidrocarburos.  Se procura fomentarles cada día más, a los fines de aumentar consumos, y por tanto, obtener mayores recursos públicos. También está dentro de ese juego la venta de piezas y demás efectos automotriz que resulten dañados, como consecuencia de los taponamientos de vehículos.

 

Esa proclividad, es una que va de la mano con los apagones, porque el combate frontal a los mismos requiere de la adquisición de plantas, inversores, baterías, materiales eléctricos, entre otras cosas; como, de consumo de los combustibles necesarios, en cuyas obtenciones los impuestos “huelen a barco viejo”, como se dice en buen dominicano; y, más jugosos serían aun, si hay un incremento del gravoso ITBIS, como es lo que se prevé a partir de la nueva reforma fiscal en carpeta.

 

¡Pueblo, abre los ojos, qué estos políticos y comerciantes desaprensivos van a acabar contigo! Quizás, cuando después haya un despertar, será demasiado tarde.

 

Autor: Rolando Fernández

¡Profesor se nace, con vocación real, qué gran verdad!

 

¡Qué lindo es instruir!, enseñar a los demás, retransmitir parte del acopio de conocimientos que se ha logrado. Claro, ¡eso!, cuando uno siente haber llegado hasta las otras personas, en términos de formarles como se debe; que se advierte el fruto sustancioso de lo sembrado.

 

Se produce en el caso,  cuando nada más no se aspire, a querer mostrar que se sabe solamente. A veces, ni eso se puede ostentar, porque la condición en realidad no se tiene.  Pero,  aun estando en capacidad de hacerlo, con sobrada razón dicen los más connotados entendidos en asuntos pedagógicos: “no todo el que sabe, sabe enseñar”. Se necesita de humildad, real intención sentida, como de verdadera vocación, agregaríamos  nosotros.

 

Esa es una gran verdad de a puño, como se dice con frecuencia. Algo que con bastante facilidad se puede apreciar, máxime cuando se ha tenido el privilegio de ser estudiante sobresaliente, y ejercer como docente después.

 

Desde ambos roles, es posible aquilatar con sólido acierto, las aptitudes y actitudes del buen profesor, y hasta de maestro en muchos casos, papeles en el ejercicio docente que no son iguales, en nuestra humilde opinión, aun los calificativos se consideren como sinónimos erradamente. Entendemos que hay una diferencia muy notable entre ambos modos de formar.

 

El primero se limita a retransmitir conocimientos académicos nada más. Mientras que el segundo, amén de, enseña de manera directa con sus ejemplos en el accionar; y, trata de inculcar a sus discípulos los correctos y loables atributos personales que le adornan. Procura que se le emule.

 

Para poder enseñar con eficacia, necesariamente hay que aprender primero, no solo sobre lo que se va a impartir, como es obvio, con los grados de conocimientos requeridos, sino el cómo lograr bajarse al momento de realizar las tareas,  hasta el nivel mismo del conglomerado en formación que se tenga de frente, para que la gran mayoría logre asimilar lo que se procura transmitirle.

 

Probablemente, esa sea la parte más difícil del asunto, por los rasgos egotistas que por lo regular siempre salen a relucir, al sentirse muchos de los que ejercen como docentes estar muy por encima del alumnado; procurar solo la manera de que se les vea como superior dentro del grupo, lo cual puede dar pie a que muchos alumnos comenten, “éste parece saber mucho, pero no enseña”.

 

¡Craso error, cuando de tal forma se procede! Así nunca se logra el verdadero objetivo. Una cosa es imponer respeto en el ambiente de clases, como hace quien dirige y trata de instruir; y otra, el ostentar envalentonamientos de supremacía, que incluyen hasta el infundir temores en ocasiones.

 

El hecho de haber estado ligado al área docente desde hace algún tiempo, a nivel de la educación superior universitaria, nos ha permitido formarnos un juicio valedero sobre el particular que tratamos, sintiéndonos  tener  experiencia suficiente para orientar en ese orden,  a los fines de que  los aspirantes a ejercer labores de ese tipo, y que en verdad pueden hacerlo por su capacidad innegable, no le resten méritos a su trabajo, debido a engreimientos egotistas.

 

Y que, entiendan que los alumnos siempre están por debajo del profesor en cuanto a formación académica; por eso son tales; que se debe tratar de hablar su mismo lenguaje, hacerse uno con ellos, no verles por encima de los hombros, para que la retransmisión de conocimientos  resulte efectiva.

 

Igual actitud negativa se observa, no necesariamente a nivel de las aulas, sino también de algunas personas bien letradas, investigadoras,  muy bien informadas, que desean instruir a otras, y tratan de hacerlo con voluntad sentida podría decirse, pero las actitudes egotistas que observan, ese yoísmo marcado con que interactúan siempre les restan brillo a las intenciones evidenciadas; les limita mucho para alcanzar el propósito que se persigue, edificar, constructivamente en realidad.

 

El otro nunca va captar a ciencia cierta los mensajes que se procura transmitir, sino se busca la forma más racional de hacernos entender. Y para ello, tiene que hacerse un híbrido, una mezcla, entre el mucho saber que se tenga, la humildad requerida, y la ignorancia de los demás, a quienes esté dirigida la enseñanza.

 

 

Autor: Rolando Fernández

¡Interesante inquietud!

 

Esa pregunta que se plantea el señor Alfredo Freites, con que aparece intitulado un artículo que publicara en el periódico “Listín Diario”, edición de fecha 21 de abril del 2016: “¿El hombre daba la teta?” tiene una más de esas respuestas relativas a la conformación del organismo humano en general, que están vedadas a la ciencia convencional, y que solamente permiten encontrar cierta orientación satisfactoria por parte de los hombres en el contexto espiritual esotérico, asociado con la creación primigenia de la especie.

 

Según dicen los que saben, cada ser humano fue concebido por la Divinidad Suprema, como Atributo de Esa, e Idea de Sí Mismo, para expresión terrenal. En dicha formación hay componentes de los dos sexos,  y dispuestos, para que cada uno de ellos se desarrolle conforme con el rol “misionario” a cargo. Es decir, cómo  habrá de Manifestarle Aquella: ¿tal hombre, o mujer? Además, con las desviaciones kármicas que resulten necesarias, en términos de conquistar efectos acumulados.

 

Es indudable que, todo cuánto conforma el organismo de las personas resulta necesario. Nada está de más, ni de menos, salvo los casos excepcionales que tienen que ver con asuntos de naturaleza kármica, procede reiterarse, debido al prediseño para cada corriente de vida en particular a cursar.

 

Por igual, las funciones inherentes a cada una de ésas son siempre específicas, y están manejadas en base al fragmento de Conciencia divina que les es asignado, por La predominante que rige el conjunto orgánico en general.

 

Por consiguiente, es muy posible que el señor Freites no pueda satisfacer su aspiración en este caso; que no sea lograda, como igual  ocurriría con otras partes operativas-funcionales del cuerpo humano, donde la ciencia convencional, por la hondura, no ha podido llegar aún, ni creemos pueda hacerlo en lo adelante, en razón de lo finita que resulta la mente de los hombres.

 

Algo digno de mención en relación la temática de que se trata, y que procede agregarse aquí, por ser quizás la razón principal de su concepción, es eso que señala el articulista, respecto de una afección de la que ordinariamente padecen las mujeres en sus llamados pechos: el cáncer mamario.

 

Según él señala,  y entiende, el sufrir también algunos hombres de dicha enfermedad terminal en tal área, hace suponer que los varones tengan cosas en común con las féminas, lo cual entendemos no necesariamente es así; lo común no es la causal principal de ese problema.

 

Transcribimos: “Si  miramos a un hombre de frente se notará la presencia de las llamada tetillas que nada aportan en la vida práctica pero que en algunos casos degeneran en cáncer de mama”. ¿Cómo puede enfermarse algo que sólo aparenta ser una decoración masculina? No creemos que sea así. Alguna función deben tener a cargo. El que diseñó la estructura físico-biológica humana, ¡pensó todo!

 

Sigue él diciendo: “Mi única respuesta es que tenemos cosas en común con las mujeres que la ciencia no ha dado respuesta. Es posible que sí. Ahora, ¿tienen las mismas funciones, como esa de amamantar  por parte del  hombre, “dar la teta, considérese en el pasado, presente o futuro? ¡No nos parece!

 

Ese padecimiento a que él alude de manera directa, se puede presentar en cualquier parte de ambos organismos; verbigracia, en el componente físico de mayor tamaño: la piel. Los precedentes están de sobra, y la misma como tal, no tiene sexo, según se conoce.

 

En nuestra humilde opinión, hay muchas cosas inherentes a los organismos de las personas, que no todos son semejantes, como de la especie animal también, que los seres humanos tendrán que irse del planeta Tierra sin llegar a comprenderlas, por sus limitaciones obvias.

 

Relacionada con esa apreciación última, una interrogante más fácil, aunque algo similar a la del señor Freites, siempre hemos tenido nosotros, con respecto a dos componentes del rostro masculino: “las barbas y los bigotes”. ¿Para qué son en realidad? ¿Cuáles son en verdad sus funciones?  ¿Qué es mejor, procede afeitarlos, o dejarlos crecer?

 

Y, realmente, nunca hemos encontrado respuestas que se puedan considerar concretas en ninguna parte. Sí, estimadas más bien como creencias o  supuestos.

 

Fuera de algunas consideraciones, motivos, o teorías, que externan los médicos especialistas de la piel, los dermatólogos específicamente, se tiene la presunción, no muy generalizada por cierto, de que esos pelos en las caras de los hombres, guardan estrecha relación con lo espiritual, en términos de sabiduría, e iluminación lograda.

 

De ahí que, los antiguos maestros esoteristas de cualquier género, y hasta los representantes de algunas sectas religiosas exotéricas, les conservan desde hace cientos de años, siempre intactas.  ¡No se las quitan nunca!

 

En ese sentido, se osaba decir, y aún se hace: que debajo de ese pelaje facial extremo de los hombres, “residían la sabiduría humana, y la evolución particular lograda por la entidad Alma-espíritu encarnada”. Como se puede apreciar, no hay tampoco en ese tenor respuestas en firme fáciles de obtener. Hay que procurar el seguir buscando.

 

Ojalá que, quien o quienes les puedan responder al señor Freites, también lo hagan a nosotros, en la dirección de ambos componentes faciales de la economía corporal humana masculina.

 

¡Esperaremos!

Rolando Fernández

¿Por qué me pasa esto a mí?

 

Es la pregunta que a manera de desahogo se escucha por lo regular en mucha gente, frente a la ocurrencia de cualquier evento personalizado que se produzca de manera súbita. ¡Nunca nadie se cree merecedor de lo sucedido!

 

La interrogante que debe acompañar la inquietud expresada es: ¿cuál es la razón de que haya sido a mí precisamente, cuando pudo haber sido otro el afectado dentro del grupo? Eso, en caso de.

 

Hay algunas situaciones que se producen alrededor de cada quien,  que invitan a una reflexión retrospectiva; a recorrer mentalmente los recuerdos de cada acción en que se ha visto envuelto, de manera parcial o directa.

 

Es obvio que, alguna se podrá asociar con el hecho presente acaecido, de no tratarse de un karma maduro, si de forma inteligente, e imparcial se analiza, por nimia que hay sido en aquel entonces, o se haya considerado.

 

Ha habido determinadas cosas en las que, por inconsciencia o propiamente ignorancia, muy poco se ha reparado en ellas, y que siempre acarrean situaciones punitivas inevitables.

 

Se vieron sencillas entonces, como esas de por ejemplo de maltratar animales, niños, o envejecientes; incluso, quitarles la vida a los irracionales, ya sea por maldad directa, o poniéndoles a matar entre sí. Es lo que hacen los pseudos deportistas denominados galleros. También, aquellos que enfrentan perros, y hasta los cazadores de aves por distracción, o placer simplemente.

 

Los hechos que en el marco de la mente humana se creen negativos, por lo regular son beneficiosos, en el sentido de que provocan el cambiar muchas actitudes indebidas durante la corriente de vida que se curse.

 

Y, cuando son consecuencias que provienen de vidas anteriores (karma maduro), contribuyen a limpiar los caminos individualizados próximos a recorrer en lo adelante. Se reportan como puniciones ya conquistadas, que favorecen el sendero evolutivo debido sobre el plano de la materia densa.

 

Nunca se debe olvidar que nada ocurre por accidente o casualidad; que todo es causal; qué lo kármico es inexorable; que solo puede impedirlo la Voluntad de Dios; y, que Él es quien dicta las leyes que debemos siempre observar, de las cuales nos convertimos en los grandes infractores.

 

: Rolando Fernández

 

¡La cualquierización nunca es buena!

 

Esa es una previsión que se debe tener siempre presente para todo quehacer humano. ¡No es verdad que cualquiera puede! Ahí se originan muchos males de administración y manejo con respecto a la sociedad mundial, y otros conglomerados particulares específicos. ¡En creerse  que sí!

 

Para todo en esta vida tienen que mediar condiciones, que se reportan como indispensables en cada caso. Y, en el  ejercicio de la política, cuyo propósito es de ordinario dirigir los Estados envueltos, como las instituciones conexas; en fin, gerenciar con relación a la cosa pública de los países de que se trate, no se verifica la excepción que confirma la regla.

 

Pues, si bien es cierto que todo hombre (general) tiene derecho a elegir y ser elegido, según los cánones legales generalizados, en la nación dominicana por ejemplo, la Constitución de la República, no es menos cierto negativo que, en lo concerniente a lo segundo, se proceda liberar de exigibilidades apropiadas a los que pretendan una escogencia ciudadana para representarle y definir su destino.

 

En este país, verbigracia, cualquier “pata polvoza”, como se dice, sea hombre o mujer, sin ningún curriculum académico suficiente, como carente de moral ostentada, puede aspirar a la Presidencia de la República, a ser senador,  diputado, o alcalde. ¡No importa!

 

Y claro, a la mayoría de esos ignorantes, les es fácil conseguir el apoyo de los tuertos, en una sociedad de ciegos como es la nuestra, en manos de quienes está el poder dominante, que como no les presenta ninguna dificultad el narigonearles y sacarles beneficios, les sirven de plataforma, para que se alcen con los triunfos electivos.

 

Entonces, de ahí en adelante, a continuar ordeñando la “vaca nacional”, a través de la corrupción administrativa estatal, las exoneraciones aduaneras, innúmeras exenciones fiscales de otro  orden, subsidios, y demás prerrogativas de estilo. Claro, por lo regular pactado todo de antemano.

 

Evidentemente, en el marco de ese escenario político local que tenemos, preñado de ambiciones desmedidas, es que se originan las tantas pasiones exacerbadas que se observan, como los incontables comportamientos impropios de estilo por parte de los politiqueros nuestros, que hacen provecho de la gran apertura legal en su favor, para ir al Estado nacional, Congreso, y Alcaldías, en pos de las búsquedas acostumbradas: cuartos y poder, a como dé lugar.

 

En ese tenor, el panorama político actual nuestro, tiene que   atormentar lógicamente a todo pensante nacional, como bien apunta el prestigioso articulista Samuel Santana, en su trabajo: “Preocupa panorama político del país”, que subtitula “Sectores sensatos no deben dejarse arrastrar por la pasiones”. (Periódico “HOY”, edición de fecha 16-4-16, página 9ª)

 

Muy atinadas resultan las precisiones  y observaciones que hace ese señor, entre las cuales merecen transcribirse las siguientes;

 

“Cada ciudadano debe evitar dejarse arrastrar por este ambiente insano y por el manejo psicológico que los interesados en el poder quieren hacer”.

 

“No debemos ser participes ni multiplicadores de todo aquello que afecte las buenas costumbres, el estado de paz y el buen funcionamiento del orden público y social”.

 

¡Excelentes recomendaciones! Pero, mientras permanezca la cualquierización política en nuestro país, como ese bombardeo publicitario mercadológico embaucador,  y sin control alguno, será muy difícil lograr lo apetecido.

 

Se impone previamente, el establecer las condiciones requeridas, en un contexto legal; como, el que necesariamente, la Junta Central Electoral (JCE), que se supone debe procurar, y velar por los beneficios de la población en general, aquilate aptitudes y méritos acumulados por todos los aspirantes entre nosotros a ocupar cargos electivos. ¡Por ahí sí!

 

Autor: Rolando Fernández

 

Recomendaciones para adoptar una mascota en República Dominicana

 

Para adoptar una mascota en la República Dominicana, o en cualquier parte del mundo, las primeras recomendaciones deben ser: no hacerlo, si en verdad no se ama a los animales;   estar dispuesto a tenerlo como un miembro más de la familia, tal cual un niño; no carecer de las condiciones físicas necesarias; como de los recursos económicos, para satisfacer los requerimientos propios del animal, que como se sabe, demanda de la alimentación apropiada, higienización corporal, atenciones facultativas veterinarias, y las medicaciones prescritas.

Claro, se está hablando de animales domesticables por completo.  La decisión no se debe producir por moda, sino por inclinación, y concienciación plena con respecto a la especie.

¡Los que no tienen “papeles”, y descendencia conocida, por igual merecen! Cuando hay amor hacia los animales, los pedigríes puros no son imprescindibles. Cualquiera se hace querer, como sentir bien a su amo. La reciprocidad, en términos de trato compartido, siempre se deja ver.

Evidentemente, cuando se tienen las condiciones requeridas,  lo mejor sería la elección por animales de pura raza, cuyas costumbres y características propias ya sean de conocimiento general, y puedan ser asociadas de manera directa con los entornos en que habrá de compartir con los demás, máxime si hay niños, o personas con invalidez, de por medio.

En ese mismo orden último, también se debe tener bien presente el propósito de utilización con respecto a la mascota que se pretenda adoptar: simple lujo, compañía nada más, o acciones de protección, y concursos posibles hacia los humanos que estarían a su cargo.

Autor: Rolando Fernández

 

Nota: Artículo publicado en el medio escrito Mr.Mascota (Periódico exclusivo sobre mascotas). Edición Marzo 2016. Director Ejecutivo: Luis V. Castellanos.

Esquelas mortuorias: ¡más del vanidoso ritmo social humano!

 

Si muy pocos saben cuando llegamos a este planeta Tierra, probablemente solo los del entorno familiar, y los allegados más cercanos, con las condiciones innatas, muy propias, y dispuestas para un objetivo  terreno específico; con una agenda contentiva de la Expresión divina con que se debe cumplir; al igual que, la carga kármica que conquistar, puesta sobre los hombros por los Seres Celestiales encargados; entonces, ¿por qué tienen que enterarse tantos del momento en que el viaje transitorio sobre el plano de la materia densa termina? – “El Verdadero Hombre desencarna” -.

 

La práctica social más común a través de la cual se hace, son las llamadas “esquelas mortuorias”, con evidente grado de indicación, respecto del nivel de la persona de que se trate; pues a veces se ocupan hasta páginas enteras de periódicos, pagadas por parientes (deudos), integrantes de la misma capa ciudadana, amigos, o allegados, empresas, e instituciones estatales relacionadas. ¡Se fue, y hay que anunciarlo!

 

Ahora, de lo que nadie se encarga es del análisis sincero, y la aquilatación de lo que en verdad fuera esa subsistencia terrenal concluida, para darla a conocer a los demás; no limitarse a decir solamente: tan bueno y solidario que era fulano, o fulana, como es lo que de ordinario se estila.

 

Verbigracia: ¿Cuáles fueron sus principales hazañas loables, sus acciones en favor del prójimo, los gestos asociados con el amor incondicional inherentes a la Manifestación divina encargada, y demás ejecutorias aportantes a sus hermanos todos, que quedarán como improntas imborrables?

 

Quienes de cerca conocieron al fallecido saben sobre todo eso. Pero también, respecto de cuántos comportamientos impropios fueron observados por éste, encarnando una entidad espiritual. Se debe reconocer la totalidad de lo acontecido en ese orden. No solamente hablar de bondades. “Todo el que se muere, siempre es bueno después de”, como dice la gente.

 

Contrario a lo que solo está en la mente de los terrenales, el espíritu que desencarna, sí que parte bien consciente sobre todos sus procederes recientes durante su estadía en el plano que abandona. Se le recuerdan los mismos en forma de película, instantes antes de partir hacia su verdadera casa, ausentarse del plano de la materia física densa, para que conozca sobre su balance kármico final acumulado, con relación  al último viaje que realizó a la Tierra..

 

Lo importante sería, no publicitar su partida, sino lo que se hizo la persona, sirviendo de medio a la entidad espiritual que realmente somos los hombres, durante la última visita transitoria al planeta,  en términos de las actitudes y obras “abnegantes” llevadas a cabo, a los fines que, de ser posible, puedan ser emuladas por otros congéneres

 

Las esquelas mortuorias no son más que parte del ritmo social vanidoso de la especie humana -“Aflicción de espíritu” -. Hasta el último momento de la subsistencia de los hombres (general), se quiere estar aparentando.

 

Los dineros que en ellas se invierten, mejor deben ser dirigidos hacia la realización de actividades altruistas. El Alma-espíritu “desencarnante”, que observa ya fuera del cuerpo físico los actos fúnebres de que es objeto, las recibe como homenajes a posteriori, con efectos similares al de las oraciones que se elevan por su eterno descanso. ¡Reflexiónese!

 

Ya en su nuevo estado de conciencia, todo eso debajo del Sol: lujos, pomposidad, esquelas anunciadoras, costosísimas coronas  alrededor del féretro, “ataúdes, hasta con celulares, y computadoras” para impresionar, lo percibe, podría decirse,  como “vanidad”, para complacencia social, generando respectivas aflicciones para la entidad espiritual que se  ausenta del “mundo de los vivos”, como es que le llaman.

 

Dominicana a oscuras en plena campaña electoral

 

¡Qué esperanza mamacita! ¿Y, si eso es ahora, que será después que pasen las elecciones, cuando habrá menos dineros para pagarles a las jodías distribuidoras, que forman parte del gran negocio eléctrico a nivel nacional, capitaneado por empresarios y políticos?

 

La verdad es que, estos polítiqueros del diablo juegan con este pueblo, como si fuera una escuela de niños, a los cuales  se les puede estar dando nalgadas alegremente, debido a que no hay capacidad de respuesta.

 

Y, parece que es así, porque las aguas del río siguen corriendo siempre libremente  por el mismo cauce, sin ninguna peña, o gran tronco que les hagan cambiar de rumbo. Los despilfarros electoreros se les muestran a  la ciudadanía sin rubor alguno, como diciéndose: “porta mí”; y, los problemas nacionales acabando cada vez más con la población.

 

Lamentablemente, mientras esta sociedad se debate entre apagones, delincuencia, criminalidad y corrupción estatal, la gente aquí continua haciéndoles el juego a todos estos busca cuartos y poder, acompañándoles en sus pomposas caravanas – aunque sea pagada -, y escuchando todas sus palabrerías embaucadoras, como leyendo  las tantas sandeces que se escriben en los medios de comunicación.

 

Claro, todo costeado con los recaudos provenientes de los onerosos gravámenes con que le hacen la vida imposible a un gran segmento de esta población. ¡Ningún politiquero pone un chele de sus bolsillos!

 

En lo que se debe estar pensando aquí, no es en elecciones simplemente, cuyos resultados no se duda puedan estar ya algo arreglados, por las pistas que se han dejado trascender hasta la opinión pública, y que así permiten inferirlo, sino en barrer del poder a todos estos políticos que vienen burlándose del país, creyéndole una finca de su propiedad, administrada nada más que en su favor; como, en cerrarles el paso a los advenedizos aspirantes que se presentan, principalmente los ya conocidos, arribistas de gran significación, que tampoco van a hacer nada por esta nación, sino a continuar con las mismas prácticas dolosas, apañadas por las instancias judiciales de turno, como es lo que se estila hasta el momento.

 

Con la celebración de simples elecciones ordinarias internas, las grandes problemáticas nacionales no se van a resolver entre nosotros, y menos con la cualquierización electiva permitida. Aquí  hay que  buscar gente con reales condiciones y aptitudes para dirigir el país, como no comprometida con los sectores de poder, ni con nadie, rompiendo así con todos los esquemas tradicionales. ¡De lo contrario, todo seguirá igual, o peor!

 

La mejor muestra es,  un país apagado al término ya de una campaña electoral. ¿Por qué? Debido al gran negocio de la energía eléctrica en la nación, narigoneado en base a un claro maridaje político empresarial, a partir del gran engaño de la capitalización del sector, encabezado por una gran parte de los que hoy pretenden continuar gobernando, y el coro de las demás parcelas partidaristas locales. ¡Son todos iguales!

 

Por tanto, hay que salir de ellos. Buscar a otros que vengan a trabajar por el bien de la nación. ¿Cómo?  Es la mejor pregunta, y la que se deja aquí como tarea; no solo a los que se jactan de ser buenos politólogos a nivel nacional, siempre teorizando, sino al pueblo en general mismo, que sabe cómo, y puede hacerlo de otra manera, cuando se dispone a no dejar seguir jodiéndose: ¡a la fuerza!