¿Se ponderaría eso bien?

Uno de los temas más controversiales, incluso en el orden científico propiamente, ha sido siempre el asunto de la homosexualidad, condición esa, con actitudes de rechazo y aceptación social compartidas.

En décadas anteriores, lejanas, según se narra, la homosexualidad era penalizada sin piedad, por ignorancia de causas, se podría decir; pero, ya por los años setenta las cosas comenzaron a ir cambiando, y se fueron introduciendo algunas prerrogativas de carácter social en favor de las personas afectadas con esa característica.

La marginación que en efecto se producía, considerada injusta por muchos, se fue dejando de lado; y, obviamente, esa situación de flexibilidad produjo un aumento del promedio estadístico de esos seres humanos con problemas manifiestos de sexualidad, en términos de identificación, pues ya cada cual podía exteriorizar, con pocos problemas, sus preferencias en tal sentido.

Se señala además, que la tolerancia que se iba logrando provocó que la Asociación Americana de Psiquiatría, a mediado de los años setenta decidiera excluir la condición como un “trastorno psicopatológico”, y  la agregara como una más del grupo de las “alteraciones de orientación sexual”.

Es decir, se produjo un cambio significativo en la categorización de la particularidad, al extremo de supeditar la asistencia psiquiátrica en ese orden hasta aquellas personas con alteraciones emocionales de gran perturbación, por motivo de la homosexualidad, o que requieran de orientaciones heterosexuales.

No obstante, sí ha habido consenso desde entonces entre los entendidos, de que el perfil psicológico de la personalidad homosexual revela una serie de conductas que interfieren con la observación de un adecuado comportamiento ético, caracterizadas por el egocentrismo, la autocompasión, la inmadurez afectiva, etc. Y que, en adición, evidencia trastornos psíquicos ocasionales, como por ejemplo, la depresión, ansiedad, compulsión obsesiva, y hasta adición a las drogas, en  muchos casos.

Es por ello que ha causado alguna extrañeza durante los últimos días, el que un grupo de legisladores norteamericanos esté promoviendo con cierta rapidez dejar sin efecto una ley que fuera aprobada y promulgada durante la presidencia de Bill Clinton (1993), mediante la cual se prohíbe a los militares gays revelar su preferencia sexual.  Se busca que los “homosexuales puedan  servir  abiertamente en la Fuerzas Armadas”, de aquel país.

Pero, más que esas intenciones legislativas, ha resultado sorprendente el hecho de que el presidente Barack Obama, haya respaldado el acuerdo de los congresistas sobre el particular; o sea, para dejar sin efecto de una vez por toda  la susodicha ley prohibitiva.

 De lograrse esa concesión, habría que pensar sosegadamente en cuál sería el comportamiento abierto a observar por las personas sindicadas como tales, partiendo del perfil psicológico que se les atribuyen profesionales autorizados en la materia,  asiduos estudiosos y analistas por demás, de la conducta inherente a las mismas.

Ponderando además, las características requisitorias de organizaciones formales tan estrictas, como lo es el caso del ejercito de un país, en que deben estar muy bien representados, el valor, el honor, la lealtad y el respeto, condiciones muy difíciles de conjugar con las que marcan el perfil de una personalidad gay, principalmente en lo concerniente a la compulsión obsesiva, la ansiedad y la depresión, que forman parte de su patrón conductual, según los  facultativos analistas.

Es una pretensión de aceptación que luce algo cuesta arriba, por los riesgos probables que podría acarrear esa flexibilidad, aunque humana no cabe duda, por las causas involuntarias que motivan la condición de que se trata, pero que parece no haber sido bien pensada.

De ahí, la “tibieza de apoyo” que manifiesta el secretario de Defensa, Robert Gates,  de acuerdo con reseña de prensa publicada, en cuanto a la aprobación inmediata de la iniciativa, aun haya sido respaldada por el señor presidente de los Estados Unidos de América.

Cabe señalar que, el destacado psicólogo español, doctor Aquilino Polaino, dice que “La homosexualidad se ha transformado hoy en una cuestión ideológica y politizada, justamente por el estado de ignorancia científica en que nos encontramos acerca de ella”. 

Luego, esas adjetivaciones calificativas, postuladas con respecto a esa condición, por alguien conocedor de la materia, debido a sus estudios y experiencias de ejercicio, merecen la atención debida, en relación con el asunto y la institución de que  se trata.

Ponderar mejor eso, sería lo más aconsejable, señores legisladores norteamericanos. Prever, al margen de lo enteramente humano, en cuestiones  de tal naturaleza, es de sabios.

 Rolando Fernández

No llorar a José

La sorprendente muerte del Mambo Lima, en el ámbito humano claro está, comprueba una vez más la tesis de que, “la hora es la que mata”; de que todos entramos a la rueda de la vida en un momento dado, y que de igual forma habremos de partir, medie o no enfermedad alguna.  Cualquier circunstancia súbita habrá de provocar la partida en ese día y momento precisos, previamente establecidos para el retiro temporal o definitivo del planeta Tierra.

Muchas son las evidencias que a diario se presentan, con las llamadas muertes repentinas, pero que poco trascienden por razones circunstanciales.  Es por ello que más llaman la atención cuando ocurren en personas tan públicas, como es el caso de José, por su participación e interacción a nivel de actividades deportivas, amén del carisma que le caracterizaba, humildad y jocosidades con sus congéneres.

Según algunos postulados esotéricos de gran consenso, dentro de los entendidos, las corrientes de vida de los seres humanos está efectivamente cronometrada, en función de cada misión terrenal que se atribuye a los espíritus encarnados, cubiertos por cuerpos físicos, que a la vez les sirven como medio de expresión.

Evidentemente, entonces, cuando a ése que, para identificarle físicamente, denominaban José Lima, abandonó de forma tan serena, según se dice, este plano, de seguro ya había cumplido con el trabajo encomendado, y debía, por consiguiente, marchar hasta su propia casa; descansar por un tiempo allí, como esperar por el encargo de  nuevas tareas a realizar; y, por qué no, retornar también para conquistar situaciones pendientes relacionadas con su propio proceso evolutivo.

Tanto hincapié se hace con respecto al tiempo de estadía periódica en el plano terrenal, que algunos esoteristas señalan que la durabilidad existencial física está determinada en base al número de respiraciones orgánicas a tener durante el viaje, sobre la que incluso osan hablar de una cifra promedio, que puede variar ligeramente, según se administre personalmente el ritmo; y, que concluida la cantidad asignada, el espíritu tiene que abandonar el cuerpo físico; que es ese el momento decisorio.

Hablan además, los entendidos en asuntos espirituales esotéricos puros, sobre cierta relación de una posible correspondencia o cercanía entre el día – mes del nacimiento, con respecto de cuando se debe partir (desencarnar), en asociación directa con el llamado Zodíaco y sus signos o casas, por cada uno de los cuales se habrá de entrar y salir cada vez del planeta Tierra, según el grado de evolución alcanzado.

Eso es algo que se dio con exactitud en el caso de José, según escuchamos; y, para mayor verificación ya generalizada, sólo se tiene que visitar algunos cementerios, y reparar en los meses y días que se consignan en las tumbas de los fallecidos, cuyos cuerpos allí descansan (nacimiento y muerte).  Son muy raras las diferencias distantes que se observan en  fechas diario/mensual de ocurrencia de ambos eventos.

Entonces, señores, a José no hay que llorarlo. Sí, recordar con cariño y amor, a “nuestro querido loco  manso”, tal cual él fuera en su vida física: ameno, jovial, carismático; y además, un espectáculo desde el montículo, para dominicanos o no.

Ya él se graduó de un curso más, como diríamos los humanos. Ahora descansa, y está más libre que antes, sin la cárcel del cuerpo físico.  Recordarle con tristeza trasciende hasta él; le atormenta, y más le confunde, por su reciente retirada del mundo físico.

Sí debe servir el ejemplo de José, para que todos pensemos en nuestra verdadera esencia espiritual, y que a ella supeditemos todos nuestros actos terrenos, sin importar raza, color o condición económica prevaleciente en cada uno. En que sólo buenos frutos debemos sembrar durante el tránsito por este mundo físico que ahora nos corresponda, para que mañana podamos iguales productos recoger, en cualquier plano en que nos encontremos.

 Rolando Fernández

La gran preocupación, fraude y no pago

Ante una problemática de tanta trascendencia para el país, adornada con ribetes de pingüe comercialización, parece ser que al  señor Celso Marranzini,  vicepresidente de la Corporación de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE), sólo le preocupa el que la gente pague, y el asunto de los fraudes en que incurre la población.

Por los señalamientos que reseña la prensa local, todo luce indicar que son sus únicos nortes, y hasta ha trascendido ya cierto enfrentamiento entre el citado funcionario y el organismo competente (la Superintendencia de Electricidad), en cuanto se refiere a las tardanzas burocráticas que en su opinión se registran con respecto a la tramitación de las actas correspondientes a la detección de acciones fraudulentas por parte de los usuarios del servicio, y la aplicación de las penalidades que se puedan derivar.

Según dice el vicepresidente de la CDEEE, el problema eléctrico no es sólo financiero y de generación, sino también de educación, pues implica el asunto del fraude; “que la población entienda que el servicio hay que pagarlo”.

“El servicio de electricidad se está dando y no se está cobrando, y gran parte del problema es ese”.

Señala además, que la práctica dolosa del fraude está en los sectores de clase media y alta.  Es algo que él deduce a partir de una inspección realizada por técnicos de la CDEEE, en apartamentos de un exclusivo sector de la capital.

Es muy probable que el señor Marranzini esté olvidando que eso tiene su razón de ser; como también, el gran consumo que se registra en los barrios, incluso abusivo y alegre; pues, como no pagan, le importa a la gente que allí reside; y  que es, el que precisamente se carga muchas veces a los registrados o regulados, que sí pagan por el servicio, como forma de compensar un poco las pérdidas aparentes que se alega tener;  al tiempo que   es un factor que induce a esos últimos a defenderse, a través de las prácticas indebidas, a que él tanto hace alusión marcada.

Entonces, si el señor vicepresidente de la CDEEE quiere contribuir a resolver el problema eléctrico nacional, porque capacidad tiene de sobra para hacerlo, debe reconocer previamente que no hay efecto sin causa, y que esa cultura fraudulenta y de  no pago por parte de la población, se origina en múltiples razones, a las cuales no se les quiere poner el frente, por conflictos de intereses económicos y hasta políticos.

El sabe muy bien, como empresario próspero que es, que los altos precios sacan consumidores del mercado, cuando la obligatoriedad de uso del producto se puede obviar.  Pero, en este caso el asunto no puede resultar igual, por tratarse de un servicio básico e imprescindible, sin el cual la población  no puede vivir. 

Mientras más suban la tarifa, que es por lo que siempre se propugna, porque es lo más fácil y menos comprometedor, para satisfacer intereses particulares, y hasta de los organismos internacionales de financiamiento, la gente menos la va a pagar, y procurará siempre tener el servicio de la manera que sea.

Más aun, cuando la población está consciente de que en la República Dominicana se paga la tarifa más alta por el servicio que en toda la región del Caribe, gracias a las orientaciones que recibe de especialistas en la materia, actuando de manera independiente, en favor de la ciudadanía.

Vemos ya como el Banco Mundial habla de la aplicación de una tarifa técnica para el servicio, en cuya determinación se trabaja, y que se aspira comience a regir durante el presente año; que de seguro habrá de implicar un nuevo aumento de entrada, y progresivas subidas subsiguientes.

Muy poco se va a logar así, señor vicepresidente de la CDEEE, aumentando tarifa y endeudando más al país, tanto con el exterior, como a lo interno, para pagar deudas a los generadores, y sólo procurando detectar fraudes eléctricos, sin intentar eliminar razones poderosas inductoras, que usted bien conoce.

Por lo que se ve, no preocupa desde luego, el establecimiento de una tarifa justa, equitativa y que compita regionalmente; la atención inmediata a los usuarios, cuando las distribuidoras cobran en exceso por el precario servicio que sirven; los apagones que se facturan, en vez de compensarlos, como establece la ley que rige el negocio, y que sólo favorece a los ofertantes, en términos de exigencias.

El párrafo II del artículo 93, de la Ley General de Electricidad, manda a que los usuarios del servicio sean compensados por los apagones. Sin embargo, según aparece reseñado en uno de los periódicos de la prensa local, el señor Superintendente dice, “que para hacerlo habría que establecer la disposición en los contratos de generación de electricidad, y que eso no está en los contratos que se firmaron en el  Acuerdo de Madrid”. Pero, además favoreció el que se revise la ley, en cuanto a la compensación, porque según él, el Gobierno no está en condiciones de pagar por eso.  ¡OH!, y ¿por qué no los contratos, se pueda o no resarcir a los clientes, por ese concepto? ¿Qué es lo que en verdad rige, la Ley General de Electricidad, o el Acuerdo de Madrid?

Vemos entonces, que tampoco resultan dignos de ponderación, revisión o modificación  los acuerdos hechos, que se dicen bastante leoninos,   concertados con determinadas empresas del género, y cuyas estipulaciones onerosas forzan más aun a los aumentos desmedidos en la tarifa por el suministro de la energía eléctrica, en contra siempre de los usuarios.

Lo que procedería en consecuencia entonces, ilustre ciudadano, vicepresidente de la CDEEE, es que busquemos las causas del mal, y no nos dediquemos sólo a presionar y hablar de fraude, como de conciencia de no pago.  Seamos justos y sinceros, que usted sabe bien lo que hay, por haber estado involucrado al sector durante tiempo razonable.

 Rolando Fernández

Asimilar aquí esa propuesta

De acuerdo con una información  aparecida en un artículo publicado por el periodico The New York Times, titulado,  “Quizá sea mejor no ir a la universidad”, bajo la firma de Jacques Steinberg, en la actualidad un grupo de economistas y educadores de varias universidades norteamericanas, promueven el desarrollo de alternativas factibles, que bien podrían aplicarse en beneficio de la educación superior.

Se trata de favorecer con nuevas ventanillas de capacitación (técnicos y demás), menos exigibles, en términos de las habilidades innatas necesarias, a todas aquellas personas que acuden a las universidades en busca de un título, con pocas posibilidades de lograrlo. Es gente que carece de las condiciones requeridas para cursar estudios a ese nivel.

Muy cierto es que no sólo el tiempo invertido en la educación superior, se traduce en alcanzar buenas posiciones laborales, con obtención de los mayores ingresos, como con frecuencia les es inculcado a los adolescentes por padres, familiares y amigos.  Esa es una “creencia convencional que tiene una aspecto desagradable y oculto”, tal como se expresa en la reseña periodística mencionada.

Por la experiencia a nivel superior docente que tenemos, entendemos que lo oculto se refiere a las actitudes y habilidades propias, que no todos reunimos para ser profesionales recibidos de una universidad, aunque muchos creen que sí. Eso, por innumeras razones, inexplicables en el marco de la mente humana, que no obstante pudieran ser parcialmente escrutables intuitivamente, en el ámbito de cada propósito existencial en curso de las personas.

En cuanto a lo desagradable, el asunto puede girar en torno a lo intrincado que resulte, ya en el terreno del aprendizaje propiamente, lo referente al contexto de lo conceptual asimilable de la carrera que se curse; como también, las expectativas futuras de ejercicio, por las condiciones atinentes al mercado laboral, no previstas al inicio.

Según el criterio de los diplomados y educadores envueltos en el asunto, “Es hora, dicen, de desarrollar alternativas creíbles para los estudiantes con pocas probabilidades de emprender con éxito una carrera universitaria, o que quizá no están listos para hacerlo”.

Real y efectivamente, a nuestro humilde entender, esa es una temática que resulta digna de ponderación en toda partes; que debe ser asimilada, para emprender acciones en tal sentido, ya que resultarían altamente beneficiosas para las mismas personas en sí, con limitaciones en el orden de lo que se trata, como de los estados mismos que solventan gastos no reproductivos por ese concepto, y los mismos espacios de trabajo, en cuanto a las ofertas de servicios que requieren.

En nuestro país, por ejemplo, se aspira a ser egresado universitario, sin reparar en las condiciones personales obligatorias para  poder recibirse como tal, de manera efectiva; y luego, lograr un ejercicio remunerativo apropiado.

Aquí podemos hablar de diferentes perfiles del alumnado a nivel superior.  Tenemos, en primer lugar, las personas que simplemente asisten a un aula universitaria, sólo en busca de un título; segundo, los obreros, en el sentido amplio de la palabra, que tratan de estudiar; y, finalmente, los que podrían ser calificados como estudiantes de ese grado, que dicho sea de paso, representan la menor cantidad.

Los dos primeros, quieren, pero no pueden, con raras excepciones, obviamente; y, cuando logran graduarse, después de dar muchos tumbos, como se dice popularmente, entonces, no logran cabida en  el mercado laboral, por las deficiencias que arrastran y la falta de aptitudes, lo que les hace tener que inclinarse por la realización de otras actividades productivas para poder subsistir.

Luego, ¿qué es lo que tenemos?  Tiempo perdido,  recursos invertidos que no se recuperan;  y, deficiencia de oferta de servicios que no requieren estudios universitarios, que son las cosas que están tratando de evitar esos destacados profesionales, con conocimientos y experiencia en la materia.  Ahí, se cae la creencia convencional aludida, del titulo universitario obligado, para vivir bien.

A esas personas hay que oírles, y adherirse a sus postulados.

 Rolando Fernández

La Naturaleza también pasa factura.

La insaciable apetencia económica de los petroleros se ha visto en los últimos días seriamente afectada por el derrame del oro negro en el  Golfo de México, que comenzó el 20 de abril próximo pasado, y que aún no ha podido detener la empresa British Petroleun (BP), pese a las modernas alternativas tecnológicas a las que ha recurrido.

El accidente, que se produjo tras una explosión, probablemente inexplicable, producto del cual se habrán de perder muchos millones de dólares, inestimables aún, de seguro es una respuesta de la misma Naturaleza a los que se creen dueños del mundo, porque les ha tocado la suerte de estar en áreas de la Tierra en las que hay cimientos del crudo, que por justicia, deben ser pertenencia de todos los habitantes del planeta, y no propiedad exclusiva de nadie, para explotar  a los demás,  y abusar con los que no los tienen.

Para nadie es un secreto la gran especulación mercadológica y las situaciones de crisis económico-financieras a que esos magnates inescrupulosos han sometido a muchos pueblos pobres, que al igual que todos necesitan el carburante para poder subsistir; y, que ahora, no pueden comprar sus derivados por los altos precios impuestos a la materia prima;  algo que a ellos nada   les ha costado producir, ya que son depósitos naturales, por lo que sólo tienen que incurrir en gastos de extracción y distribución.

Por consiguiente, un abuso tal no se justifica, y en los momentos presentes, la Madre Naturaleza les está cobrando a los petroleros parte del excedente abusivo en los precios del barril, en forma de derrame y de reintegración del material a su seno.

Es mucho lo que tendrán que intentar limpiar, cuando se estima el derrame en una gran cantidad de barriles diarios; resarcir gastos y compensar a los afectados por los daños medioambientales, sin saber con exactitud cuando podrán corregir definitivamente el problema catastrófico que se les ha presentado con uno de los pozos, si es que el Gran Arquitecto del Universo así lo permite, por su proceder indebido.

Muchos ignoran que todo lo que está en el planeta Tierra pertenece a su conglomerado humano en general; no a una minoría subyugante y dominadora; egoísta en grado sumo por demás.

Ahora está hablando la Diosa Madre; que le escuchen con mucha atención; pues les está recordando el deber de emular al Gran Sol, cuyos rayos salen para todos, sin distingo alguno y puro amor.

La Naturaleza nunca deja de pasar factura a los que mal proceden. Es una prueba más.

 Rolando Fernández

Encrucijada científico-espiritual

Según connotados esoteristas, la vida humana, conjuntamente con las otras manifestaciones existenciales de las demás especies terrestres, tiene como propósito la  co-creación y la evolución de la Conciencia Superior inmanente en cada una, individualizada o no.

En ese tenor se entiende entonces, que toda conformación biológica humana está precedida de un diseño particular orgánico, acorde con las características y funciones somáticas inherentes a cada corriente de vida en particular, para un determinado tránsito terrenal evolutivo.

Eso es algo que durante siglos los estudiosos de las ciencias esotéricas han venido sosteniendo y explicándolo,   al tiempo de asociarle con la denominada Ley Natural de Causa y Efecto, cuya inexorabilidad se cumple en el momento apropiado, para su aplicación; y, que puede ser, a manera de compensación retributiva, expiación o satisfacción de deseos abrigados durante existencias anteriores.

De ahí, las modalidades y condiciones personales que se observan en todos los segmentos individualizados de la Vida Una, en expresión; seres humanos (Atributos Divinos), que según el parecer de la gente común, obedecen a un destino fortuito, casual; buena o mala suerte.

Pero ocurre que, nada es por accidente en el Universo, sino causal; que todo es elegido previamente por el mismo espíritu encarnado, bajo la condicionalidad  del libre albedrío de que disfruta la humanidad, y aceptado a la vez por quienes administran la cargas kármicas pendientes de conquistar, durante las encarnaciones periódicas de las almas individualizadas.

Todas las informaciones relativas a los procesos existenciales particularizados de los seres humanos, están contenidas en sus genes somáticos, obviamente; y desde hace ya bastante tiempo, la ciencia convencional, en su búsqueda constante, ha estado tratando de descodificar esos datos, a través del análisis exhaustivo del famoso genoma, que evidentemente constituye el disco duro de las personas, como se diría en el argot de la informática.

Evidentemente, en el marco de lo racional entonces, los datos característicos contenido en cada genoma humano constituyen rasgos, condiciones internas y  designios contemplados; todos de índole personal y privativo a la vez, lo que es obvio puede limitar a los científicos interesados en la realización de sus investigaciones de inducción hacia patrones generalizados de salud, en términos de prevención, ya que tendrían que contar para ello con la aprobación previa de quienes aporten su plasma sanguíneo, para fines de estudios y determinaciones de afecciones latentes, extrapolables a los demás. 

Precisamente, ese consentimiento vulnerado, está en la base de un conflicto que se ha generado entre indígenas havasupai, “quienes consideran su sangre sagrada”, e investigadores de la Universidad Estatal de Arizona, que incursionaron en el Gran Cañón, para recolectar muestras del plasma; y,  que fue donado por los miembros, con el propósito de que se realizaran estudios sobre la diabetes, que es una enfermedad que afecta en gran medida  a los miembros de esa tribu.

No obstante, al líquido vital de esos indígenas se le dio otro uso adicional, “estudiar las causas de trastornos conductuales y mediáticos”, con lo cual los donantes no estuvieron de acuerdo.  Luego, al enterarse los mismos, lo consideraron como “una ofensa y se sintieron traicionados”, por lo que  el consejo de regentes de la universidad trató de subsanar el asunto, devolviéndoles las muestras de sangre, pagándoles cierta suma de dinero y brindándoles otras formas de asistencia.

Según recoge además, la reseña de The New York Times, fecha 8 de mayo, 2010, sobre el caso de que se trata, ha habido otras demandas personales, al enterarse la gente, sujeto de estudio, de que  su material genético fue utilizado de manera inconsulta, lo que ha hecho que los científicos se hayan abocado a debatir  – cómo aplicar mejor el principio de “consentimiento informado” – con respecto a la investigaciones genéticas en gran escala, según dicen. Todo a raíz de los conflictos surgidos con particulares, por el uso inconsulto de su sangre para investigaciones de toda índole.

Como se puede advertir, el problema está planteado, y constituye una limitante de mucha consideración, a los fines de poder descifrar totalmente las informaciones orgánicas contenidas en el genoma humano, que lógicamente tiene que ser particularizado en una gran parte, por razones de carácter evolutivo espiritual, y efectos de causas que conquistar, durante cada tránsito terreno.

Y, es en ese orden último, donde a nuestro humilde entender, se presenta la gran encrucijada científico-espiritual; toda vez que, al poder despejar o determinar informaciones y condiciones a nivel un ADN cualquiera, que puedan ser utilizadas para corregir afecciones y prevenir enfermedades latentes en otros organismos, la ciencia podría estar recomponiendo corrientes de vidas ajenas, e interfiriendo con los procesos evolutivos de esas almas espirituales encarnadas, en pos de  la salud de los cuerpos físicos en que habitan.

Eso nos dice que, a partir de esa recomposición vital orgánica, producto de la prevención, entre otras cosas, podríamos estar ganando por una parte; pero, al mismo tiempo, perdiendo por otra, ya que se estaría retrasando la evolución espiritual correspondiente, lo que obligaría a un aumento en la cadena de reencarnaciones, según los entendidos en la materia.

Similar disyuntiva se presenta con otro asunto de carácter científico, que también está muy de moda, y que es el referente a los trasplantes de órganos humanos, que evidentemente, cuando son asimilados sin dificultad por el organismo físico receptor, mejora la calidad de vida y amplia su durabilidad.  Esto sería como una  dispensación terrenal; ¿pero, quien la autoriza, la ciencia, el hombre?

Es por ello que, lo más importante sería saber, hasta dónde los logros de la ciencia convencional, en el orden de lo que se trata, resultarían convenientes en ambos sentidos, tanto físico como espiritual, pues es algo que luce complejo, en nuestra humilde opinión.  Claro, teniendo siempre presente que la verdadera esencia de los seres humanos no es física; es espiritual. 

Ahí está, por consiguiente, la gran interrogante, para los que estén en capacidad y disposición de reflexionar sobre una temática tan intrincada, en el marco estricto de la mente humana.

Resulta encrucijante el asunto, ¿verdad?

 Rolando Fernández

Congreso; o, ¿sólo ala del Gobierno?

Pensándolo bien, como dice una canción, en el marco del ordenamiento constitucional nuestro, en que tres poderes que, suponen independencia entre sí, conforman la estructura del Estado, cuando se produce una situación de mayoría hegemónica por parte de un partido oficialista, a nivel congresual, como se verificó en el último torneo electoral celebrado aquí, las funciones del Poder Legislativo, pierden gran parte de su esencia, y su necesidad republicana  desaparece, salvo excepciones.

Como es lógico suponer entonces, el Congreso Nacional de la República Dominicana, en esas circunstancias, si es que ocurre lo general, pasaría a ser un despacho más de la estructura gubernamental regente, con sede en el Palacio de Gobierno, podría decirse; y, que sólo funcionaría para legitimar las decisiones que emanen de su representante máximo.  Jamás habría contrapeso u oposición, lo cual es algo que se debe tornar bastante preocupante para el país.

 Ese es un asunto que tiene que mover a una reflexión generalizada por parte de la población; y, más que todo, a la oportuna atención debida de los sectores más influyentes de la sociedad civil. Los profesionales más  destacados de la Nación, en cuanto a ejercicio pleno, deben mantenerse en actitud de alerta; y por supuesto,  la prensa local, en términos de las coberturas y reseñas pertinentes, le corresponde también hacer su trabajo

Evidentemente, se está en presencia de una problemática algo delicada, por sus eventuales consecuencias, que debe ser manejada con mucho tacto y conciencia de nación, para evitar derroteros calamitosos y lamentables para el país.

En ese tenor, muy acertadas resultan las consideraciones externadas por el connotado jurista, Dr. Luís Gómez, cuando, producto de lo ocurrido, advierte sobre la instauración probable de una autocracia, y la posibilidad de “estar frente a la disolución práctica del Estado de derecho y a un retroceso integral en la independencia de los poderes”.  (Periódico Hoy, del 19 de mayo del presente año, página 6ª).

Además subrayó, “No es cualquier cosa lo que está ocurriendo en este momento…es una autocracia basada, además, en una generación de millonarios en el Gobierno”.

La verdad es que, esas aseveraciones  del Dr. Gómez, tienen mucho peso específico; y más aún, si las  asociamos con el parecer el señor Teófilo Quico Tabar, incluido en un artículo que publicara en el periódico “Hoy”,  de fecha 29 de abril del presente año, “La importancia de un Congreso equilibrado”,  cuando dice “porque la historia ha demostrado que la mayor cantidad de excesos oficiales y políticos en nuestros países se han cometido precisamente cuando un partido ha contado con una mayoría determinante en el Congreso”.

Evidentemente,  esas dos opiniones  autorizadas, develan en todas sus partes el contexto amplio de lo que se trata, incluyendo los riesgos probables  a que la Nación podría estar expuesta, con la venidera conformación legislativa, a partir del próximo 16 de agosto,  en el caso de que no se proceda con cautela.

Pero, otro punto más a considerar, es el señalamiento que hace el Dr. Gómez, de que esa supremacía congresual se va a ampliar más, porque permitiría lograr dominio también, a nivel del Tribunal Electoral y el Tribunal Constitucional, al quedar integrado el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM).  Todo tiende entonces hacia un poder  prácticamente omnímodo del partido oficial.

Lo lógico es que, para conveniencia de todo  país, con un esquema constitucional igual que el nuestro, lo más aconsejable sería que el Congreso resulte conformado de manera equilibrada, oficialismo-oposición, de forma tal que el primero jamás pueda excederse en sus propósitos poco sanos; pero, que tampoco la segunda, tienda a  convertirse en una retranca insalvable, para que los que dirigen, puedan desarrollar sus proyectos loables.

Ahora, como ya la problemática  aquí está planteada, sólo nos queda esperar el buen juicio y las ponderaciones de lugar, en términos de lo nacional, por parte de las autoridades gubernamentales. Veremos pues, qué dirán los meses venideros.

 Rolando Fernández

Velo y juez por excelencia

Todo cuanto ocurre en esta vida va quedando en el pasado; el factor tiempo va borrando sus huellas; las heridas tienden a curar cada vez por razones diversas; y, los momentos placenteros a esfumarse del archivo mental; que en definitiva, es la única residencia de ambas cosas.

Muchos son los eventos que nos han afectado de manera negativa, al entender vago nuestro; pues no estamos de ordinario en capacidad de calificarlos con precisión, por desconocer sus causas intrínsecas originarias. Luego vemos con sorpresa, como algunos esos acontecimientos pretéritos reportan frutos existenciales más que satisfactorios.

Es por tanto que, debemos aceptar siempre todo lo que de repente ha de llegar, tal cual venga; sin permitir que nos abrigue la inconformidad, la desesperación o el desconsuelo.  Mantengamos la calma; actuemos sosegadamente, acogiéndonos a las circunstancias, y dejemos que el tiempo pase; sólo el dirá.  Adherirnos a una vieja máxima acuñada por los que mucho han vivido, la cual reza,  “nunca se sabe qué es lo mejor”, resulta ser lo más aconsejable.

El tiempo cronológico, contrario al  psicológico, es el mejor velo de todo lo acaecido; lo va cubriendo y alejándolo cada vez más de escenario de la vida, hasta hacer desaparecer sus efectos, sean placenteros o no.

El psicológico, corroe a las personas como el oxido a los metales.  Sólo procura en vano; pues, nada es posible remediar después que las cosas pasan, o son hechas. Lo único que puede hacer es perturbar, por proyección, el futuro; que, aunque incierto, en ocasiones puede ser planificado, con posibilidades de éxito.

El tiempo del reloj y los años dicta las sentencias más justas, en el momento oportuno; y, las hace cursar de manera inexorable hasta el final preciso.  Dejémoslo todo a él; y, vivamos el momento presente.

Sólo hay un evento contra el cual los embates del tiempo periódico jamás pueden, y es el de la separación física transitoria de la madre biológica gestora, cuya partida jamás se olvida, aun el paso de los años.  Máxime, cuando ha sido una madre abnegada, siempre consciente de su verdadero rol, en todos los órdenes.

Ningún suceso posterior, por placentero  o complementario que resulte, logra marginar los recuerdos maternos enraizados.  Es un tiempo psicológico cuyos matices habrán de estar siempre presentes, y con el que sólo debemos tratar de aprender a jugar, sustituyendo los posibles efectos entristecedores derivados, con puros pensamientos recordatorios de amor  y gratitud plena, proyectados hacia el Alma inmortal que descansa, hasta su próxima misión terrenal.

Podría  ser que, en ocasiones, el padre biológico también sea recordado con vehemencia, luego de su partida del mundo de lo físico; pero, eso va a depender de cuales fueran sus características y actitudes hacia los hijos en el curso de su existencia.  Ahora, creemos que nunca sería igual que con respecto a la madre.

Precisamente, estamos en un mes en que, por motivos mercadológicos más que otra cosa, se señala un solo día en honor y reconocimiento a tan magno ser.  Craso error de los que así se dejen inducir.  DIA DE LAS MADRES, deben ser todos los del año.

 Rolando Fernández

Un tanto para la ONU

Cuan dañino y peligroso resulta, cuando la gente pierde el sentido de conciencia con respecto a sus actuaciones; cuando lo que ocurre no importa, siempre que satisfaga  deseos egotistas particulares.

El asunto es aparentar, que el otro piense que yo soy y puedo; estar en la moda; las consecuencias negativas económicas, el daño propio, o en contra de los demás, poco importa.

Esos pareceres se externan en ocasión de la campaña global lanzada por la Organización de de las Naciones Unidas (ONU), en contra del uso de los llamados teléfonos celulares mientras se conduce un vehículo, cuyo justificantes y argumentaciones complementarias muy bien recoge el periódico El Día, del 20 de mayo del corriente año, en su nota editorial.

Hablar por un teléfono mientras se guía un vehículo, no es siempre una necesidad perentoria; es más bien una actitud esnobista; “comparonería”, como se diría en buen dominicano, de personas altaneras y desaprensivas, que no miden riesgos probables; poco les importan las cosas.

Nada de importancia, salvo casos de extrema urgencia, reservados siempre a los médicos o bomberos principalmente, se habla por un teléfono, con un volante en las manos, y mirando los vehículos y personas que circulan por el entorno. La mente de nadie puede estar atenta con exactitud a dos  cosas al mismo tiempo. Con frecuencia, no son más que sandeces lo que se habla. 

Es muy cierto que las legislaciones que rigen para condenar esa mala práctica tienen que ser necesariamente endurecidas, en términos de penalidad y aplicación, sin distingo de personas, contrario a lo que  normalmente ocurre en nuestro país, que se actúa en función de quien sea el infractor, o del padrinazgo que tenga.

Son muchas las vidas que se pierden, o las personas que quedan con lesiones permanentes, producto de los accidentes ocasionados por esa inaceptable práctica, que armoniza, en la mayoría de los casos, con la adhesión a la modernidad; pero, sin que se tenga plataforma psicológica o conductual apta.

Lo que pasa es que muchas veces pasan desapercibidas, porque los abogados defensores de los inculpados saben muy bien como apañarla, amén de que no resulta tan difícil borrar evidencias en esos casos.

Todo equipo o artefacto, por útil que se reporte, para estar acorde con la modernidad, cuando se utiliza de forma  alegre y desaprensiva, sin medir consecuencias, convierte a los usuarios en eventuales homicidas, ya que actitudes de esa naturaleza pueden provocar pérdidas de vidas humanas.

En consecuencia, nuestras autoridades, acogiéndose a las recomendaciones, muy oportunas por cierto, de la ONU, deben abocarse a contemplar, como medidas precautorias efectivas, la incautación de los teléfonos móviles, como la imposición de multas bastante significativas; y, hasta por qué no, arrestos carcelarios, cuando los conductores de vehículos sean sorprendidos violando la normativa regulatoria de no uso vigente; y, aun más, si evidencia signos de estar bajos los efectos del alcohol, como ocurre en muchos casos.

 Rolando Fernández

Retomar otros temas

Muy buenas son las recomendaciones del señor Rafael Molina Morillo, que aparecen el periódico El Día, del 20 de mayo del presente año, en el sentido de que nos dejemos ya de estar hablando tanto de política (supuestas irregularidades cometidas en el proceso electoral último); que se le permita a la Junta Central Electoral hacer su trabajo, y que nos aboquemos a poner la atención sobre otros temas de mayor trascendencia para la Nación, como lo es el caso de la violencia que nos rodea, antes de que sea demasiado tarde”, por ejemplo.

Muy cierto es, como él bien señala, que “algo anda mal en nuestra sociedad”; pues para  nadie es un secreto que aquí la inseguridad campea por doquier; la vida poco vale, y la incertidumbre delincuencial arropa a un gran segmento de la población.

Ahora, hay un aspecto muy importante al cual señor Molina Morillo hace alusión, y es el relativo al sensacionalismo que muchas veces se atribuye a la prensa, en sus reseñas y reportajes sobre los hechos sangrientos que de ordinario acontecen en el país.

Decimos que es importante, porque en verdad la crudeza con que la mayoría de los periódicos locales plasman y publican las noticias relativas a hechos de esa naturaleza, acompañadas con frecuencia de escenas gráficas desagradables y espeluznantes,  pude surtir más efectos negativos que positivos.

Eso se debe a la posibilidad de emulación a que pueden inducir, tomando en consideración la gran penetración cultural de que estamos siendo objeto, los niveles de inconsciencia que modelan a la juventud actual, con su consecuente proceso degenerativo en curso, y el ingrediente de la lenidad judicial que se verifica   en muchos casos.

Pero, ocurre que, esa actitud sensacionalista de carácter negativo a que acuden algunos medios de comunicación escritos, tiene su explicación en el marco de los  aspectos mercadológicos presupuestados que rigen toda actividad empresarial; no es por accidente, causar daños premeditados o ingenuidad.

Lamentablemente, las noticias malas, negativas por supuesto, sangrientas, etc., son las que más llaman la atención en estos tiempos; las que venden en los exhibidores de periódicos;  las agradables pasan normalmente desapercibidas; y, esas cosas las manejan atinadamente los mercadologos, porque el asunto es, más que otra cosa, que los ejemplares lleguen al mayor número posible de lectores.

Habría que preguntarse entonces, ¿por qué sólo venden las noticias malas? Y, para poder encontrar una respuesta lógica, la mejor vía seria la de adentrarse en un campo algo intrincado, que el de las emociones psicológicas de los individuos, en el que mayormente predomina el dominado “cuerpo del dolor”.

Según los entendidos en asuntos concernientes a la conducta humana, más que convencionales, es el que acumula las experiencias negativas que se han tenido durante toda corriente de vida, presente o cursada ya, que se proyectan e inciden en el futuro accionar de las personas.

El mismo, según ellos, se alimenta con todo lo negativo que ocurre en sus alrededores, e induce a crear situaciones que favorezcan su crecimiento.  Mueve a la gente a desplegar actitudes desagradables, o a recoger informaciones de esa índole, en pos de sentirse bien.

De ahí que, la recomendación que se hace es la de tratar de subyugarle, a través de la marginación del tiempo psicológico (pasado), ya que  el mismo forma parte del ego de  hombres y mujeres; el falso ser a doblegar, conformado siempre en el contexto de la mente humana.

Podemos ver entonces,   que la temática a que se refiere el señor Molina Morillo, no es fácil de manejar a nivel de los medios de prensa escritos, y que la empresas periodísticas lo que deben procurar hacer, es tratar de informar debidamente, sin impactar sobremanera, para evitar cualquier probabilidad de inducción, producto de fortalecimiento del denominado cuerpo de dolor en las personas, al tiempo de gestionar  a la vez, de manera inteligente, el conquistar el mayor número de usuarios posibles.

 Rolando Fernández