Necesidad de un verdadero líder conductor en el “Movimiento Verde”

 

 

Toda corriente ciudadana, con propósitos reivindicativos en firme, necesita de alguien con condiciones óptimas que la encabece, para dirigir con firmeza y voluntad sentida, las acciones hacia el futuro que las circunstancias impongan emprender.

Claro, aunque con determinada sapiencia política, no necesariamente tiene que considerársele como tal, sino más bien ser una persona que se identifique plenamente con los propósitos que se persigan en términos grupales, y en capacidad de alcanzar los logros pueblerinos a que se aspire.

En ese sentido, los organizadores del llamado “Movimiento Verde”, de reciente creación en Dominicana, con objetivos definidos claramente en principio: el combate a la corrupción, como la impunidad, flagelos con carácter generalizados en esta nación, una  iniciativa que ha tenido un crecimiento incuestionable  a lo interno del país, y amplia expresión fehaciente a nivel internacional, dondequiera que residan ciudadanos de aquí, tienen que ir trabajando en la búsqueda de alguien, que más aglutine y compacte cada vez, la formación social de que se trata.

Es obvio que, cuánto se persiga en el orden de lo planteado, solo puede ser logrado en cantidad razonable, en un mañana no lejano, aunque se pueda empezar ahora, desde la primera magistratura del Estado, a través de las ejecuciones certeras que desde allí se emprendan, con el respaldo pueblerino requerido.

Por consiguiente, es hacia esa meta que debe ir todo ese gran “Movimiento Verde”, in crescendo, que se viene perfilando en la actualidad como apolítico –  nada, ni nadie en el fondo lo es -, y solo ostentándose desde el mismo un fuerte reclamo social en favor del bienestar futuro de este pueblo, como la intención de sacar del poder, y enjuiciar, a toda esta partidocracia corrupta que nos rige desde hace ya bastante tiempo.

Ahora, ¿cómo se puede lograr esa hazaña, sin la instauración de una nueva forma de gobierno, y una entidad representativa que lo sustente, presidido por alguien apto, y con amplia conciencia ciudadana? ¡La respuesta es obvia! Buscando los votos necesarios a través de las urnas. ¿Cuál otra forma segura habría? ¡Difícil! ¿Verdad?

Luego, concluida toda demostración callejera de protesta que lleva a cabo el precitado “Movimiento Verde”, tanto aquí como en el extranjero, hay que definir las acciones con que debe proseguirse mientras tanto, en el caso de que no se obtempere desde las instancias estatales violatorias de la Constitución de la República y las leyes del país; que las demostraciones del pueblo no hayan surtido los efectos esperados.

En ese tenor, ¡proceden las que sean, para obligar! Primero, pacíficas se debe decir. O, coger los “jierros”, para exigir por la fuerza, de ser necesario, en un segundo intento, como tantos opinan ya. ¡Y es que, esto no puede continuar de la manera en que viene desde hace años! Los políticos se lo robarán todo; nada dejarán para las próximas generaciones; solo un país endeudado hasta la coronilla, e hipotecada su soberanía.

Pero, además, se impone desde ya el ir buscando el candidato ideal para que ocupe, con el respaldo de dicho conglomerado social, en rebeldía hoy, la presidencia de la nación; y, eso no puede ser con la ausencia de un partido político, debido al sistema democrático-representativo que rige, se debe reiterar.

Respetando criterios, incluido el de un connotado politólogo de la República, no creemos que la expresión del “Movimiento Verde” sea una simple “coyuntura social del momento en que vive el país”, que al parecer él entiende, como una condición algo impropia para una formación grupal de ese tipo.

Sí la concebimos tal una gran oportunidad para lograr las enmiendas a que se aspira; y, como muestra irrefutable de saturación plena, por lo que ha venido ocurriendo durante las últimas décadas, sin que nadie en realidad les haya puesto el frente a los flagelos de que se trata, tan enraizados aquí desde hace décadas. Esa es una “fiera” decisión hacia el combate de los males de referencia, lacerantes en grado sumo para la sociedad local.

Tampoco, que “si en el futuro decidiera formar un partido, estaría destinado a fracasar”. ¿Por qué en realidad? ¡Todo depende la forma en que se haga! Evidentemente, hay que excluir del Movimiento a todos los infiltrados trepadores conocidos, que han estado dando la cara, y que andan en sus búsquedas, tal ha sido siempre el estilo. Como se podrá comprender, este asunto no es solo para el presente, sino de consolidación complementaria futura también. Por ello, se debe proyectar hacia el mañana.

La concepción de no crear una organización de ese tipo, única forma más viable para lograr lo propuesto, dado el sistema que rige para conformar gobiernos en el país, por medio de las urnas, desde donde todo se puede, claro está, luce como algo aéreo. Parece no estar bien sopesada la opinión a que se hizo referencia, y que reseñó el periódico “El Día”, en su edición de fecha 27-6-17, página 8.

Quizás la parte más difícil sería, el obtener un candidato idóneo a ofertar, en vista de la gran escasez de personas con condiciones de líderes que se verifica entre nosotros; pues, los que hay son jefes de grupos más bien, tintados con el color de los partidos tradicionales en el ruedo nacional. Pero, puede aparecer uno potencial fuera de esos entornos. ¡A buscarlo por tanto!

 

Autor: Rolando Fernández

 

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El nivel de la deuda en Dominicana, ¡es crítico, y criticable además!

 

¡Qué lindo hablan los tecnócratas al servicio del poder político, desde las posiciones públicas que ocupan! Tratan siempre de “barnizar” muy bien sus declaraciones, pero olvidan a la vez, que no todos los que les escuchan, o leen sus opiniones parcializadas por lo regular, se reportan como lisiados mentales, gente carente de capacidad pensante que le permita aquilatar cuánto dicen aquellos, o procuran vender ésos, para confundir a los demás.

Según el flamante ministro de Economía, Planificación y Desarrollo (MEPYF), Isidoro Santana, él se identifica con la preocupación por el nivel de endeudamiento que tiene el país, “pero aclaró que aún no es algo crítico y que el mercado internacional aún está dispuesto a continuar financiando al Gobierno dominicano, debido a que tiene una alta confianza en su capacidad de pago”. De seguro que ni él mismo cree lo expresado.

De no sentirse preocupado, “maña fuera”, como se dice en buen dominicano. Él sabe muy bien lo que hay, y hasta donde se está metido en el pozo, por el endeudamiento in crescendo concertado cada vez, con muy poca esperanza de poder salir hasta la superficie. ¡Y, no es crítico el nivel de la deuda pública nacional!, según dicho señor. ¿Cuándo comenzará a serlo entonces?

Un país que se está manejando en base a reenganches financieros para poder honrar algunos compromisos en tal sentido, y hasta para pagar intereses generados por los empréstitos acumulados ya, de acuerdo con informaciones que han trascendido, lo cual dice que no hay capacidad de pago; y, que se está pasando por una delicada situación relativa, “grave, decisiva, clave, crucial”, que son de las acepciones del término “crítico”. ¡Entonces, sí que lo es, el nivel de endeudamiento del país!

Luego, es criticable (“censurable, reprochable, vulnerable”, significados), el que la nación continúe endeudándose hasta la coronilla, incluso con una eventual afectación futura de la soberanía nacional, como se puede desprender de la última emisión de Bonos Soberanos, entre otras, por la friolera de US$500 millones, nada más, y nada menos, que para concluir la construcción de la famosa Planta Punta Catalina, con un costo sobrevaluado, y cuestionado hasta la saciedad; como, a cargo de la mafiosa, y confesa, empresa brasileña Odebrecht, sindicada como sobornadora de funcionarios y congresistas locales.

Ese incremento de la deuda, que se reporta a raíz de esa nueva emisión de Bonos Soberanos, se originaría en la “insuficiencia de ingresos para sufragar los gastos públicos, propiamente, se diría, como fuente primaria de todo endeudamiento”, según expresara el precitado funcionario, y tal forma en este caso especial, de justificar la dependencia de esos amarres financieros.

Eso de que los mercados, e inversionistas en ultramar tengan todavía una alta confianza en la capacidad de pago del Gobierno  dominicano, como en el país propiamente, para traer y colocar esos últimos sus dineros, son apreciaciones parcializadas de dicho funcionario,  que muy pronto podrían entrar en cuestionamientos severos, debido al gran flujo de informaciones económicas nuestras hacia el exterior: los déficit fiscales recurrentes desde hace años, como la insostenibilidad de la deuda pública nacional ya pronosticada por los expertos; como, los alertas provenienes de los organismos internacionales de financiamiento, siempre muy al tanto en tales órdenes.

Leer la ponencia del señor Isidoro Santana, cargada de retórica obviamente, en el marco de una reunión última celebrada de la Comisión Interinstitucional de Alto Nivel para el Desarrollo Sostenible, en que dijo, “que “el nivel de deuda del país todavía no es crítico”, según la reseña in extenso que apareciera publicada en el periodo “HOY”, edición de fecha 22-6-17, página 5E, se torna hasta algo risible, cuando se reflexiona sobre lo expresado, con imparcialidad plena. Incluso dijo que “el mercado internacional seguirá financiando”. ¡Qué seguro está!

Claro, desde la posición oficial en que se encuentra, como servidor del Gobierno, otras cosas no podrían decirse, que no fueran para justificar en el tenor de tratado; alabar las ejecutorias de la gestión a la que presta sus servicios, como vaticinar muy buenos augurios para el país, en base a un crecimiento económico que no se ve, al igual que una baja en la tasa de pobreza, que tampoco se verifica en realidad.

Hay que invitar a ese señor a darse sus baños de pueblo, para que se percate sobre lo que viene ocurriendo fuera del suntuoso y cómodo despacho que ocupa. ¡Qué proyecte y grafique desde el mismo “terreno de juego”, y no en base a números fríos y pincelados, para embaucar!

Que bueno sería recabar su opinión sobre ese gravoso endeudamiento escalonado, galopante en extremo, que se registra en Dominicana, insostenible ya se debe retirar, sin que se adviertan las eventuales fuentes de pago futuras, en un país dependiente en el orden económico de las remesas que provienen de los nacionales en el exterior, como de la frágil industria sin chimeneas, el turismo.

Claro, ese parecer sería, como profesional de las ciencias económicas nada más, y visionario dentro de ese ejercicio, sin ligazón a gobierno alguno; como técnico independiente por completo. ¡A que no diría las mismas cosas! Aplicaría, por supuesto, el refrán popular que reza: “una cosa es con guitarra, y la otra con violín”.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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Queremos enseñar, y no encontramos alumnos verdaderos. ¡Qué lástima!

 

Aunque parezca algo sorprendente para aquellos que no hayan estado interactuando con adolescentes y jóvenes de esta sociedad dominicana, a nivel de las aulas escolares (grados básicos pre-universitarios), como las correspondientes a la educación superior en sí, ese pensar aseverativo que intitula es una cruda realidad concluyente, para todos los profesionales no egotistas, con vocación docente entre nosotros, que desean legar parte de los conocimientos adquiridos en favor de las futuras generaciones, el relevo siempre necesario.

Y es que, a pesar de las fervientes intenciones que se tengan en ese orden, en ocasiones hasta con propósitos filantrópicos podría decirse, son muy pocos los interesados que aparecen, si es que se logra encontrar algunos, dispuestos a que se les pueda tener como verdaderos y abnegados alumnos.

Ya los jóvenes nuestros, de grado universitario principalmente, que deberían ser los más proclives a procurar alcanzar una formación profesión óptima, solo persiguen ir a sentarse en las aulas de las entidades del género en el país, con hincapié en la estatal, a buscar un pedazo de papel, con una cinta como adorno, y su nombre impreso (título), para presentarlo después tal una “cédula de identificación personal”, aun sea sin el aval de los conocimientos exigidos. ¡Hacen lo que sea, menos estudiar!

Es por ello que, los profesionales con sólido nivel ético-académico, pertenecientes a las diferentes disciplinas del saber en este país, médicos, abogados, periodistas, entre otros, han ido desapareciendo, como debe ocurrir por ley natural, y los sustitutos aptos continúan brillando por su ausencia.

Muy notable se reporta la inexistencia del nuevo “relevo generacional” formado, y eso obedece principalmente a las actitudes personales displicentes asumidas por los seudo- estudiantes del presente, como la comercialización que ahora rige en las actividades docentes a nivel superior.

Ahora, a quienes más compete reparar y actuar con relación a lo expresado, es al ministerio de Educación Superior del país, como a la llamada Asociación Dominicana de Rectores de Universidades (ADRU), en términos de la supervisión y las exigibilidades debidas a los alumnados, respecto del grado primario de egreso profesional, que es la base principal para estudios a posteriori. Sin esa sólida zapata todo el edificio que después se construya se va a derrumbar.

El procurar y obtener maestrías, como doctorados, etc., básicamente, cuyas imparticiones les han convertido en otros burdos negocios académicos en esta nación, importándoles desde muy lejos en ocasiones, no debe ser lo más exigible por parte de las entidades señaladas, aunque sí objeto después de la atención debida también, como complementos de formación.

Aquí tenemos muchos profesionales de grado, con maestría y doctorado, que no saben escribir, ni leer bien para sí mismos (lectura comprensiva); menos hacer lo último en voz alta (leer para otros). La verdad es que, representan verdaderas vergüenzas egresadas de las universidades nacionales.

Cierto es que, hay aquí muchas personas en disposición de enseñar; no así en ánimo de aprender, lo que desencanta a cualquier interesado en retransmitir parte de los conocimientos logrados, para uso del “relevo generacional”, que toda sociedad siempre requiere.

¡Lamentable lo expresado!  ¿Verdad?

Nuestros presidiarios comunes, ¡no son animales!

 

Por lo que se observa, a los presos locales de esa clase, se les considera como tales desde hace ya gran tiempo en este país. Si, como seres no pertenecientes a la raza humana, sino a la especie inmediatamente inferior. Es obvio que, de ordinario se deja de lado la Ley 224-84, Sobre Régimen Penitenciario. Su aplicación en el tenor de lo que aquí se trata, luce muy selectiva.

Claro, esa concepción de animalidad atribuible va a depender bastante, aun siendo presidarios comunes los individuos envueltos, de la capa socio-económica de que se provenga, o casta más bien. A veces influye hasta lo racial, en términos de distingo.

Se es muy inhumano con los presos comunes en nuestro país; se les dispensan por lo regular tratos deprimentes, despectivos, abusivos, tanto en su manejo de traslado hacia los tribunales de la República, cuando se requiere, como en las prisiones mismas en que se encuentren recluidos, lo cual resulta más que improcedente, sin importar las infracciones que hayan cometido, como las condenas judiciales impuestas. A pesar de que puedan ser criminales, o ladrones, que no es el grueso comúnmente, es gente, y de esa forma se le debe tratar.

Además, hay cárceles a nivel nacional en que se les tiene hacinados, apiñados en extremo, como animales en cautiverio, sin una hospitalidad decente y apropiada; sin importar que dentro del grupo se encuentren seres en delicado estado de salud, con afecciones físicas diversas, y sin que se les ofrezcan las atenciones médicas requeridas.

Son personas esas últimas que evidentemente se deterioran con rapidez, como semillas plantadas en malas tierras, sin cuidado alguno ¡Cuánta inconsciencia! Se rompe incluso, con el sentido primario de estar en prisión: regenerarse cada cual.

Hace un tiempito, tuvimos la necesidad de visitar la Penitenciaría Nacional de la Victoria, quizás el mayor ejemplo del deterioro carcelario en esta nación, en procura de ver a una persona conocida, que se encuentra en el lugar cumpliendo una medida de coerción que le fuera dictada (tres meses).

Ni siquiera se conoce si en realidad ese señor es culpable o no del hecho que se le imputa; pero, mientras tanto, se le mantiene allí junto a personas condenadas a largas penas, por infracciones de consideración ya comprobadas, viviendo en condiciones infrahumanas también.

No hay distinción respecto a las clases de estadías en tan deprimente lugar, lo cual es hasta injusto. Y, no es que los segundos (recluidos a 20 años, y 30 años, por ejemplo), no deban ser objeto de mejor trato y respeto por sus vidas. Pero, sí debe hacerse algún tipo de separación, con relación a los presos preventivos propiamente.

¡Penoso escenario general ése que se observa! Aquello lo que parece es un cementerio de hombres vivos, tratando de enfrentar las adversidades presentes; colmados de precariedades extremas, y recibiendo malos tratos, podría decirse, de parte algunos miembros del personal de seguridad allí destacado; haciendo lo indecible para sobrevivir.

Conversando con uno de los oficiales que prestan servicios en el lugar, éste nos manifestó, al comentarle sobre algo deprimente observado por nosotros, ¡y eso, qué usted no ha visto nada! Este recinto está superpoblado; la cantidad de presos desborda ampliamente su capacidad física, con condiciones sanitarias deplorables en adición, y cada día mandando más reclusos.

Aquí los traen como animales amarrados, transportados en vehículos enrejados, dispensándoles durante el trayecto un trato que deja mucho que desear; y, cuando llegan a este recinto carcelario, es que la cosa se les pone difícil; a pasar más trabajos que un forro de catre, como se dice popularmente, y aguantar.

Solo aquellos ya veteranos en el lugar, son los que pueden campear un poco el temporal de su estadía; pues se adaptan al calvario, y hasta hacen pequeños negocios con los demás presos, para poder subsistir, obteniendo así algunos centavitos para algo poder comprar.

Recordando aquel paseo poco deseado hacia aquella famosa cárcel precitada, dispuesta no cabe duda para los desheredados de la fortuna entre nosotros solamente, las imágenes grabadas, como el conversatorio que tuviéramos con aquel gentil oficial de la Policía Nacional, que evidenció tener además algún sentido de humanidad, al tiempo de observar hoy aquello que pareciera un transporte de gira, en un cómodo autobús, con aire acondicionado seguramente, en que fueran llevados a la cárcel de Najayo, en San Cristóbal, los encartados hasta hora en el escandaloso caso Odebretcht, como huéspedes, sin grillete alguno, para la prisión considerada como un hotel de lujo, con espacios selectos y preparados de antemano, para recluir temporalmente a determinados personajes pudientes de esta sociedad, nos puso a reflexionar sosegadamente.

Pensar que, solo en este país se vale por el segmento social al cual se pertenezca; por la clase que se ostente, con principalía la política, en cuyo marco, la corrupción e impunidad hacen ser poderosos a los ladrones de cuello blanco; y, a la vez les permite colocarse en lugares privilegiados, como gozar de tratos muy diferenciados con respecto a los demás ciudadanos, cuando se debe procesarles por cualquier acto reñido con la ley, aun se haya producido de manera involuntaria.

Se deja muy de lado al momento de aquilatar, la seriedad que se haya tenido, como los apegos a los cánones morales establecidos, no obstante, cualquier circunstancia legal adversa por la que se esté súbitamente atravesando.

Magníficos escenarios para comparación, es ese del traslado, como la reclusión de presos comunes en la cárcel de La Victoria, respecto de las mismas acciones judiciales, pero con aquellos escogidos, y destinados hacia “Cárcel Modelo Najayo” – Hombres,  que les llevan como turistas, y en que les esperan acomodadas cerdas dispuestas de antemano, para privilegiar a los connotados actores del sistema económico-político regente en el país, que probablemente siempre habrán de incurrir en infracciones penales más gruesas que los primeros. Otros, que allí guardan prisión, pero de menos clase, ¡qué se conformen con mirar!, aunque se irriten.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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“¡Gran logro para el país!” ¿Quiénes pagarán esos Bonos Soberanos mañana?

 

Así sí que es bueno, continuar hipotecando la soberanía de la nación, con el endeudamiento externo alegre, in crescendo cada vez más, que se verifica en Dominicana, sin saberse quiénes tendrán en el futuro que honrar los compromisos asumidos en estos tiempos; o, si habrá que entregar parte de país como dación en pago, ante cualquier situación de insolvencia que se pueda presentar.

Es obvio que, cuando asome la obligatoriedad concerniente, de seguro los “contratantes” actuales ya no estarán presentes para dar la cara, poner el frente a tan delicada problemática. Se encontrarán esos “magnates” fuera de contexto, y disfrutando de sus riquezas acumuladas.

Ahora volvemos a buscar cuartos frescos en el exterior, en base a un nuevo empréstito con acreedores distintos, bajo el disfraz, para los poco conocedores de esa otra forma para coger dinero prestado:   emisión de Bonos con la característica de soberanos.

Según el flamante ministro de Hacienda, el Gobierno dominicano acaba de colocar la friolera de US$500 millones en instrumentos financieros de ese tipo, nada más que para acabar de costear la terminación de la termoeléctrica Punta Catalina, que continua construyendo en esta República la mafiosa empresa brasileña, confesa, Odebrecht, generadora del mayor escándalo de corrupción (sobornos y sobrevaluaciones) en lo que va del presente siglo, no solo aquí, sino a nivel internacional, y que está siendo procesada a nivel de varios tribunales de justicia, sin exceptuarnos a nosotros claro está. Pero, aquí todo continua igual que antes; sus ejecutorias prosiguen, porque, “es pa´ lante que vamos”. “¡Este es un país muy especial” !, en que solo las cosas malas son emuladas.

Esa obra “insigne” de la presente gestión gubernamental, cuestionada en gran medida, por los connotados sobornos realizados, y la sobrevaluación aplicada, según las informaciones que han trascendido, no se puede detener, pase lo  que pase; hay que terminarla a como dé lugar; buscar  los cuartos que sean necesarios, sin importar la inconformidad social manifestada, casi general, por cuánto subyace en su obligada construcción, posterior manejo y mantenimiento, que de seguro irán a parar esos últimos al sector privado, por la incapacidad estatal que se advierte desde ya, para llevarlos a cabo después.

Ese gran negocio hay que “finiquitarlo”, para provecho de los políticos y empresarios privados envueltos, amén de reciprocar con Odebrecht, por la financiación de campañas electorales dominicanas, según lo que ha trascendido. Que, a este país endeudado hasta la coronilla, se lo acabe de llevar el diablo después, eso poco importa.

Esa retórica estatal, para condicionamiento mental más bien, de que, terminada la obra, los dominicanos podrán disfrutar de energía eléctrica (luz) las 24 horas del día, a tarifas más bajas, ni los mismos promotores, incluidas las bocinas pagadas que prestan su concurso, la creen.

El sistema eléctrico nacional no fue diseñado para eso, tras el robo de la llamada capitalización; sí para que siempre los dueños del gran negocio (maridaje político-empresarial) se beneficiaran ampliamente, a costa de los obligados usuarios, de un servicio que se reporta imprescindible para todos.

Además, quién ha dicho que vayan a desparecer, a partir de que Planta Catalina entre en operación, los establecimientos comerciales dedicados a la venta de plantas eléctricas, inversores, y baterías para los mismos. Eso es parte innegable del pastel eléctrico conformado localmente.

Mientras la gente de esta República bananera continúe creyendo en todos estos políticos embaucadores y ladrones, jamás se podrá salir a camino. Su futuro se torna cada vez más incierto, por lo endeudada e hipotecada que se encuentra, con la intención de continuar haciéndolo. Este es un país donde, lamentablemente, cursada una década más, muy difícil se pueda vivir en él. No se tiene que ser gran predictor para aseverarlo.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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¡A callarse todos cuántos estén fuera de los tribunales, y esperar!

 

Desde que se inició en el país el proceso judicial correspondiente al tan sonado caso Odebrecht, relativo a corrupción estatal, y sobrevaluación de obras asignadas, verificado entre algunos políticos del patio y la empresa brasileña mencionada, se encendieron bocinas a granel para emitir declaraciones, opiniones, juicios de valor, etc., tanto en favor como en contra de los supuestos inculpados locales en dichos actos dolosos.

Los comentaristas, comunicadores y abogados entre nosotros, trabajando fuera de los tribunales de la Republica, obviamente, han logrado tener material informativo suficiente (caldo de cultivo), para explayarse a todo dar con respecto a la temática, creyéndose conocedores de las técnicas y normas de Derecho correspondientes. Algunos de los primeros, ni siquiera han leído nunca sobre ésas, para estar hablando sandeces.

Claro, otros con plenos conocimientos referentes, sí han estado exponiendo pareceres con fundamentos en relación con aquellas: respecto del debido proceso necesario a observar; el fardo de las pruebas requeridas; y, en adición, “las intríngulis” de orden político de que está revestida toda acción inherente a la cuestión de que se trata, con obligación de ser contempladas y conjugadas también.

Ahora, tan pronto comenzaran las actividades judiciales, considerándose como el inicio formal de tan importante proceso,  los interrogatorios primarios llevados a efecto por el Procurador General de la República; los arrestos posteriores a determinados políticos, y  conexos, incluyendo al fuerte lobista señalado para la obtención de provechos económicos en favor de la precitada empresa, señor Ángel Rondón; y, hasta congresistas de la Republica; la designación del juez especial apoderado; como, la convocatoria a juicio para conocer y disponer medidas de coerción, tal en efecto se dictaron, los “sandeceros” de siempre, que se reportan principalmente como bocinas pagadas, para tratar de confundir a la población, y limpiar imágenes manchadas de personas, de inmediato iniciaron sus labores “lamboneriles” de amplio “espectro”.

Sí, esas que se dirigen a procurar jugar con la inteligencia ajena, y defender cosas que ya no se puede continuar tapándoles, por haber trascendido hasta la opinión pública con suficiente nivel de detalles, como en el presente caso, y otros aún pendientes de solución judicial.

Esa gente se ha despachado, a través del bocinaje de costumbre, esgrimiéndose pareceres disparatados en cantidad, como defensas infundadas; y, hasta haciendo predicciones parciales sobre lo que habrá de ocurrir al final de todo, por lo improcedente total de las acusaciones hechas, en su apreciación.

Han puesto además en evidencia clara, la misión asignada sobre sus hombros: ser cajas de resonancia contratadas. También han mostrado la suficiente ignorancia que se tiene sobre asuntos de Derecho. Y, se ha dejado entrever desconocimiento en grande, con relación a determinadas circunstancias inherentes que se presentan en el marco de ese ejercicio, que en ocasiones prevalecen, a los fines de dictaminar sentencias.

De ahí que apareciera un sinnúmero de críticos, opinadores y evaluadores de la sentencia sobre las medidas de coerción que fueran dictadas por el juez especial dispuesto, señor Francisco Ortega Polanco. Claro, no todos iban a estar conformes con las decisiones adoptadas, por parcialidad, conveniencias o amiguismos. ¡Se esperaba!

Se ha hablado también sobre los errores detectados en el expediente acusatorio que laborara el Ministerio Público, que, a pesar de merecer cierta consideración, en verdad no le invalidan, por contener éste los aspectos medulares necesarios, y exigibles por demás, para el apoderamiento judicial correspondiente.

Se debe decir, además, que el objetivo fundamental está planteado en el mismo: procurar el inicio al combate real de la corrupción estatal en el país, y enfrentar la impunidad, en estos tiempos morados, principalmente. ¡Es la diligencia básica que se está haciendo!

Los yerros en que se pueda haber incurrido durante su preparación, amén de cuántos actores con responsabilidad delictiva inherente al bochornoso caso, que se entiende faltan por incluir en la documentación presentada, son subsanables; corregir y complementar es lo que haría falta.

Se ha dicho en adición, que el dictamen del juez actuante fue injusto, parcializado, mal fundado, presupuestado, y que primó más que todo, la presión social que se estaba recibiendo, etc.

No luce el que eso fuera así en todas sus partes, debido al “background” conocido de ese magistrado, en términos de capacidad, experiencia, honorabilidad, manejo del debido del proceso, penal en esta ocasión, etc., reconocido por juristas de fuste nacionales.  De seguro él tuvo suficientes razones, que bien ponderó, para concluir de la manera en que lo hizo.

Evidentemente, la presión social a que era sometido, y que se alude, jugó su papel, dada la poca credibilidad que tiene de la justicia dominicana – procedía el tratar de cambiar un poco la imagen -, y los ojos puestos desde el exterior. dando seguimiento al desarrollo del proceso en curso. Además, por cuántos precedentes negativos adornan esa instancia nuestra, en casos de corrupción e impunidad precisamente. ¡Esos factores de ponderación no podían faltar!

En adición, es muy posible que el referido magistrado haya complementado el contenido del material suministrado por el Ministerio Público, con los reportajes de denuncias sobre corrupción, y tenencias ostentosas de políticos hoy arrestados por el caso Odebrecht, que ahora han caído como anillo al dedo.

Tales haberes poco justificados son: bienes inmuebles suntuosos variados, casas-vivienda costosísimas, mansiones para recreo vacacional, carros de lujo, etc., todos incluidos en trabajos realizados por periodistas investigadores importantes del país, y difundidos a través de la televisión nacional hace ya un tiempo. No se olvide, que el juez Ortega Polanco, es un ente humano no aislado de la sociedad en que vive, donde todo trasciende.

Ojalá que esos reportajes también se puedan utilizar como evidencias acusatorias en los juicios de fondo que de seguro vendrán después. Aquí se tienen muchas verdades solapadas que deben salir a relucir. Ya está bueno para seguir engañando a la población, todos estos desaprensivos y farsantes políticos.

Es obvio que, por la naturaleza y complejidad de este caso, con ribetes internacionales incluso, el estar “chachareando” tanto con respecto al mismo, fuera de los tribunales del país, o del exterior, principalmente por parte de gente inepta, lo que puede provocar es que se contaminen los expedientes relativos; que las cosas se enreden en mayor grado; y que por supuesto, algunos de los mencionados como inculpados, puedan salir más perjudicados.

Por consiguiente, tanto los que saben sobre Derecho, y tienen connotada capacidad de análisis en ese orden, como los que no, deben callarse, aun estando autorizados los primeros, y dejar que sean los jueces quienes aquilaten y determinen sobre las posibles liberaciones de culpabilidad, o las   condenas que en realidad procedan. ¡Ese no es un juicio cualquiera!

Qué no olviden los “parlantes” a través de los medios de comunicación, “que toda persona se presume inocente, hasta que se le demuestre lo contrario”, máxima jurídica universal; qué solo la verdadera justicia es la que puede incriminar o no, definir, por lo que estar juzgando, u opinando alegremente desde fuera, siempre se reportará como improcedente.

Ahora, sobre lo que sí puede reflexionarse desde el otro lado de las salas judiciales en las presentes circunstancias, es que, a todo servidor público, por lo regular, se le presenta una oportunidad para procurar casarse con la gloria, y debe aprovecharla, pues difícilmente retorne, si es que se deja pasar de largo.

Los dominicanos están más que ansiosos por el combate real a la corrupción estatal y la impunidad; que aparezcan actores contundentes que procedan en contra de esos flagelos, al margen de toda politiquería. El escenario actual sobre corruptores de odebrecht, y corruptos nacionales, bien se presta para lo expresado.

En esta ocasión, tanto al Procurador General de la República, señor Jean Alain Rodríguez, aunque le sería muy difícil por su ligazón directa con la política, como al juez-magistrado a cargo del caso hasta ahora, señor Francisco Ortega Polanco, les llegó su momento, para ir en pos de descollar, destacarse, casarse con la gloria, como dijéramos más arriba. Claro, todo va a depender de la loabilidad, por sus grandes servicios actuales a la nación, tan esperados, que finalmente merezcan sus trabajos. ¡Ojalá puedan lograr la hazaña!

 

Dominicana, ¡qué incierto futuro te espera!

 

Lamentable realidad esa, sin ánimo de pesimismo alguno. Solo se tiene que ser un ciudadano reflexivo e imparcial, para estar conteste con esa aseveración.

No es tan difícil prever los tiempos venideros para el país, a partir de cuántas situaciones desastrosas se observan en el presente, sin que en verdad se procuren las enmiendas de lugar, quedando todo limitado a la politiquería dañosa fehaciente, la demagogia constante, como a la falta de nacionalismo marcado.

De ahí que, muchos son los dominicanos que hoy deben sentirse arrepentidos de haber nacido en este pedazo de tierra caribeña, aunque se entienda, por razones kármicas se produjo, propiamente, considerándole el entorno apropiado elegido, para conquistar determinadas situaciones punitivas, asociadas con vidas anteriores.

Una nación desamparada es, según se advierte; sin verdaderos hijos que procuren su defensa, solvencia económica, fortalecimiento de sus instituciones, salvaguarda de la soberanía nacional; como, sin gente con inclinación para liberarle de todo este gansterismo político, que le está conduciendo de manera indefectible hacia derroteros de funestas consecuencias para todos aquí.

Sí, son ciudadanos apesadumbrados esos; aquellos que aún conservan entre nosotros niveles apreciables de honradez, moralidad, y patriotismo; que vienen sufriendo calladamente toda esta degeneración social latente, importada, al tiempo en que es patrocinada aquí por los poderes regentes;

Además, que se sienten ser víctimas de las exacciones que disponen los considerados ladrones de cuello blanco, hoy denominados políticos, que han estado gobernando, y representando a este país durante los últimos lustros, con mínima reciprocidad hacia la sociedad; utilizadas aquellas en la mayoría de los casos, para lucros personales; y, que, como se infiere, son de gran provecho para ellos.

Para complemento desmoralizador, se tiene el aguijón punzante en la espalda del gravoso endeudamiento externo, parte con afectación de la soberanía local, en que ha sido embarcada alegremente la nación.

También, lo concerniente a la corrupción estatal rampante, y su amiga inseparable, la impunidad prevaleciente, tras un sistema judicial orquestado para tal propósito; a conveniencia obvia de los políticos.

En ese tenor último, el tema que en la actualidad ocupa casi toda la atención nacional, y gran parte de la internacional: los sobornos y las sobrevaluaciones de las obras asignadas en “mala lid” a la empresa brasileña Odebrecht, según lo trascendido, ha venido a exacerbar más aún el ánimo de los arrepentidos latentes, exteriorizando ese pesar con bastante ahínco muchos de ellos.

Son situaciones que, a cualquiera ponen a pensar, y hasta preguntarse, ¿por qué se habrá nacido en el seno de esta selva?; los que desconocen sobre aspectos kármicos-esotéricos claro está. En esta Tierra, que todavía, al pesar de los tiempos transcurridos, luce estar dividida en cacicazgos, comandados por tuertos en un país de ciegos, con el concurso de las compradas bocinas, muy bien pagadas, por cierto, que ahora les denominan: comentaristas, analistas, comunicadores, periodistas, etc. para defender las andanzas cuestionables de los mandantes envalentonados, a pesar de ser triquiñuelas y “robos perfumados”, que jamás se podrían ocultar.

Ante la imposibilidad de algo poder hacer por sí mismos, como observándose la displicencia en muchos que  pueden proceder en consecuencia, pero que se han acomodado a la situación de deterioro marcado existente; al igual que, las actitudes desalentadoras que ostenta la juventud  nacional, sin aspiraciones positivas, nada más que con intenciones de engancharse a uno de los vagones de la politiquería estatal, para buscarse lo de ellos, el arrepentimiento de pertenecer a esta nación se hace mayor aún.

Qué lástima, el tener que referirse a una concepción tan lastimosa como ésa; pero, es una cruda realidad pensante entre muchos nacionales de esta República. ¡Con cierta facilidad se detecta en los conversatorios grupales!

 

Autor: Rolando Fernández