La UASD tiene que ser relanzada

¡Excelente!, esa reflexión que ha hecho pública el profesor Rafael Nino Féliz, candidato a la Vicerrectoría de Extensión, dentro del equipo que acompaña al Dr. Iván Grullón, en su carrera hacia la rectoría de la institución académica,  de cara  al torneo electoral uasdiano a celebrarse el año próximo. Así debe ser considerada la proclama, independientemente de que se pueda estar respaldando o no, dicha candidatura grupal.

 

La UASD tiene que ser necesariamente relanzada,  en términos de eficientizar la cuestionable formación académica que hasta ahora viene ofreciendo, como de aportar a la sociedad dominicana los recursos humanos que en realidad se requieren, capaces de coadyuvar con el progreso y desarrollo del país.

 

Y es que, de no estar en las mentes de las próximas autoridades a asumir allí un proyecto semejante, ante las tantas situaciones irregulares y cuestionables que en su seno se han venido verificando durante los últimos tiempos, es previsible que la misma podría sucumbir en el corto plazo, perdiendo  la autonomía con respecto a muchas cosas que se tienen en su interior, aunque evidentemente, sin capacidad económica para “autocostearse”, por lo que es obvia la necesidad perentoria de la subvención estatal que se recibe. Esa constituye el “talón de Aquiles”, que bien se puede utilizar para imponer las exigibilidades en todos los órdenes, que a lo interno de la academia pública de educación superior se precisan.

 

Claro, para plantearse un efectivo relanzamiento de la UASD, en busca de eficientizar las labores académicas a cargo, como limpiar su imagen pública, al igual que en lo concerniente a las enmiendas requeridas en el marco administrativo-gerencial, se impone una ardua labor decisiva, que es lógico esperar habrá de encontrar los “muros de contención” de siempre, aquellos a los cuales conviene que las cosas prosigan allí tal cual hasta el  momento, por las ineptitudes, los grupísmos,  y la politiquería que se estilan en el seno de la misma.

 

Luego, el tratar de combatir esos flagelos tan dañosos, que desde hace algunas décadas han venido carcomiendo la base de la academia ¡no será tan fácil!,  y se requerirá de tiempo suficiente para poder alcanzar algunos logros.  No obstante, todo requiere de un comienzo.

 

Y, cualquier grupo de los que compiten por la dirección del nuevo gobierno uasdiano, que en realidad se lo haya planteado, aun con su pequeño toque electorero demagógico posible, ojalá que algo  pueda hacer en el sentido de lo que se trata, de alzarse con la victoria.  Muchos tratarán de impedirlo, pero una gran mayoría lo agradecerá.

 

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

Rolando Fernández

 

 

Anuncio publicitario

La calidad no se ausenta por la edad que se tenga

Es muy cierto que, el que nace para algo, de ordinario conserva sus condiciones propias.  Jamás pierde su calidad y el entusiasmo con lo que se hace. Siempre, el don que le ha sido concedido le es atribuible. No importa que el paso de los años melle o deteriore su aspecto corporal, y parte de su capacidad ejecutoria, en términos de resistencia física y cantidad.

 

Llevado esos pareceres al ámbito del arte, de las composiciones musicalizadas, las comprobaciones sobran.  Máxime, cuando las escaseces en ese orden brillan como Sol de mediodía, tal cual ocurre hoy. Hablar de calidad artística en esta época, sería como recordar aquellos tiempos en que las mujeres se halagaban, cuando se les enamoraba, a través de escribirles hermosos poemas, como enviarles bellísimas y delicadas flores. También, cantándoles o dedicándoles expresivas y bien logradas composiciones musicales, canciones bastante emotivas y sentimentales.

 

Todo eso hoy ha sido tirado por la borda; sustituido por la desfachatez, como las atrevidas acciones irrespetuosas; cuando no, los salvajismos amorales propiamente.

 

El tema de las comparaciones en dicha actividad viene a colación, a raíz de una pequeña reseña que apareciera en la prensa local, intitulada “Lucho Gatica lanza “Historia de un amor”, un nuevo disco.  Eso lo dice todo.  Un ícono inmortal del bolero romántico de otrora, ya con 85 años de edad, grabando aún.

 

Claro, su vigencia se mantiene por las condiciones innegables, y las aptitudes obvias aún, amén del escenario favorable que le proporciona la existencia de las tantas “basuras”, con las rarísimas excepciones relativas que actualmente prevalecen en el canto; con lo que hay que conformarse por obligación. “Cuando el hambre da calor, la batata es un refresco”, según reza en dicho popular.

 

Aunque algo distante, en cuanto a cualificación real se refiere, en nuestro país tenemos un ejemplo muy fehaciente: el caso Anthony Ríos.  Aún se mantiene, no obstante la estructura orgánica física que le caracteriza actualmente, y la disminución natural que la edad provoca.  Conserva su talento, y conquista todavía con su arte a los que saben apreciar.  Los demás que se tienen, no son más que copias, o malos imitadores de los tantos que ayer se destacaron.

 

Los seudos artistas de  hoy, duran menos que las cucarachas que acostumbran a pulular por los gallineros, debido al poco talento que se ostenta. No sólo la bajísima calidad se observa entre nosotros, sino también a nivel internacional.

 

Y, algunos de los que se contratan para presentase aquí, exigen como si en realidad sirvieran, cuando en verdad lo que se les hace es un favor, con traerlos a cantarle a un público muy deficitario en lo que respecta a conciencia artística y musical. Muy lamentable, pero es  nuestro caso.  Luego, en este país también se les realza como si fueran de los mejores. Evidentemente, ¡porque no hay más!

 

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

El tema que borró todos los demás.

Desde que el Tribunal Constitucional de la República emitió la sentencia 168-13, septiembre pasado, en procura de regularizar la situación de ilegalidad que se ha venido verificando en el país, respecto de todos los inmigrantes extranjeros que se tienen, aunque la mayor urticaria se ha producido con relación a los hermanos haitianos envueltos, el tema nacional sobre el tapete, no sólo aquí, sino también en otras latitudes, ha sido ése.

 

Parece ser que no hay otras cosas, probablemente de mayor trascendencia, que puedan ser objeto de reclamos pertinentes, análisis bien ponderados, u opiniones imparciales, de las que por igual se debe  hablar en esta nación, con el  mismo, o mayor énfasis. ¡Es lo que se infiere!

 

Las páginas de todos nuestros medios de comunicación, incluyendo los digitales, han sido copadas, o llenadas casi por completo, con trabajos relativos a esa temática, vertiéndose pareceres y comentarios a granel, tanto a favor, como en contra, sobre lo dispuesto en la precitada resolución.

 

En eso vienen participando personas con aptitudes y méritos suficientes para hacerlo; y otros, como siempre, enganchados a juristas, especializados además en Derecho Constitucional, sin saber nada de la materia, a los que se les han adicionado algunos injerencistas extranjeros.

 

Claro, los últimos mencionados, son personas a las que por regular les mueven intereses distintos, incluidos los políticos y económicos,  como aquellos que tienen que ver con la defensa de determinadas pretensiones extranjeras, en pos de violentar la soberanía nacional, y la libérrima voluntad del Estado Dominicano, conjuntamente con las instituciones nuestras a las que competen los asuntos de tal naturaleza.

 

A algunos de aquellos opinantes ineptos nacionales, como los osados entrometidos extranjeros, se les puede considerar igual que títeres alienados,  por lo regular muy bien remunerados en dólares  USA, o euros, recibiendo dineros desde latitudes diferentes a las suyas; es decir, desde el exterior.

 

Tan lejos se ha llegado en este país, respecto de los asuntos inherentes a la susodicha disposición jurídica emanada del Tribunal Constitucional, que se han producido serios encontronazos pensantes entre periodistas, amigos y relacionados, dominicanos en su mayoría – lo más vergonzante – acusándose de antipatriotas, racistas, ultra-reaccionarios, y hasta hitlerianos, con acusaciones que han ido a parar hasta la Fiscalía del Distrito Nacional, para fines de ventilación, como el inicio del eventual proceso judicial que se considera pertinente, tras una denuncia que fuera presentada.

 

Ahora, dando un poco de rienda suelta a la imaginación, en lo concerniente a algo que debió haberse hecho desde hace ya mucho tiempo, y que es en estos momentos precisamente cuando se produce, dentro de este clima tormentoso de problemas cruciales – una “vorágine fehaciente -, (energía eléctrica cara y deficiente, la misma canción de las altas deudas con los “altruistas generadores, delincuencia, criminalidad y drogas a granel, corrupción administrativa estatal solapada, etc.) en que vive el país, con la aparente incapacidad para enfrentarlos, y los ingredientes adicionales de los padrinazgos y los compromisos políticos que median, una percepción que con cierto asidero se puede tener en torno a la adopción de las medidas de carácter migratorio decididas por el Tribunal Constitucional, estipuladas en la sentencia 168-13, es que tal normativa legal se ha dispuesto en estos tiempos, como una forma inteligente de desviar la atención pública para evitar la presión social hacia el Gobierno, en lo referente a la solución inmediata que demandan las situaciones antes señaladas. Una bola de humo “distrayente”, dirían algunos.

 

Y, la verdad es que, si ese era uno de los propósitos principales, amén del factor político envuelto de cara al proceso electoral del año 2016, que se tiene que ser muy ingenuo para ignorarlo, ¡lo presupuestado en tal orden se logró!

 

La temática que más se trata hoy en esta nación, es la relativa a dicha sentencia 168-13, y el problema de los inmigrantes ilegales; las formas o procedimientos a aplicar para la posible ejecución de los correctivos consignados en el fallo dictado; como, la defensa y explicaciones del Gobierno Dominicano ante las naciones amigas, y los organismos internacionales, con competencia o no, que se han inmiscuido en el asunto, para evitarle al país fricciones y potenciales efectos negativos futuros.

 

Esa creencia de desviar la atención, podría muy bien estar sustentada en la reflexión sosegada de que, todo cuanto se debe hacer para el cumplimiento cabal de la referida sentencia, entiéndase pertinente o no en todas sus partes, no será tan fácil en lo inmediato.

 

En ese tenor, una buena muestra de lo expresado, sería la ponderación reflexiva de la manera en que se pretende llevar a efecto la implementación del “Plan Nacional de Regularización de extranjeros radicados en el país, con status migratorio irregular”, que fuera aprobado por el Consejo de Migración, en su reunión última.  ¡Dos fases!, cual de las dos más problemática, como compleja, y cuestionable en su realización (Véase medio “Diario Libre”, edición el 23-11-13, página 04).

 

Para ello se requiere, o más bien se impone, una férrea voluntad estatal y política, que no cabe duda puede ser afectada de manera significativa por las presiones interesadas provenientes del exterior, que habrán de tener obviamente el concurso certero de las cajas de resonancias que operan a nivel nacional.

 

También, se hará necesario enfrentar por demás, ¡con sólida firmeza!, los forcejeos mediáticos internos que se vienen verificando desde el principio, a veces algo solapados, pero altamente gravitantes. Y, en adición, las mediaciones personales directas e interesadas.

 

Es muy posible que, en esos “muros de contención”, fehacientes,  se reparara con mucha atención en su momento, para justificar luego imposibilidades más que previsibles, en cuanto al cumplimiento cabal de la irritante, pero valerosa sentencia, aun con su alto grado de inoportunidad. ¡Muchos años hace que debió haberse producido la determinación!

 

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

¡Ojalá, y sea verdad!

Son tantas las promesas incumplidas que ha acumulado este pueblo en su haber durante los últimos años, provenientes de los políticos gobernantes, que un ofrecimiento más que se deje en carpeta poco sorprendería.

 

De lo que ahora se trata, y en el caso de que en realidad se dé fiel cumplimiento al compromiso público asumido, se estaría en presencia de un acto humanitario, de justicia plena, más que de exigibilidad legal, por parte del ministerio de Salud Pública nuestro, frente a los desaprensivos seudos galenos que ejercen a nivel de muchas clínicas privadas, y hospitales descentralizados, que se niegan a ofrecer servicios de emergencia a la población, a menos que se realicen previamente depósitos de dinero por cuantiosas sumas, que muy difícil se tengan de inmediato.  Hay que comenzar a pagar por anticipado. ¡Diablo!, que gran país tenemos los dominicanos.

 

La verdad es que, ya no hay conciencia. Tampoco respeto por el dolor ajeno. Ahora, los médicos lo que más tienen a la vista es el signo del dinero. Eso de preservar salud, y de amor prójimo, son actitudes que se tiraron por la borda hace mucho tiempo.

 

Las denuncias sobre los avances monetarios previos, obligatorios, que exigen algunos centros asistenciales privados y descentralizados en el país, para atender las emergencias que llegan hasta los mismos, con regularidad aparecen en los medios de la prensa local, sin que hasta  el momento las autoridades competentes hayan tratado de poner coto a esa deleznable situación, con la firmeza que tan delicado asunto amerita.

 

No importa que la vida de los afectados por cualquier razón súbita esté en juego. Lo que más prevalece siempre es tratar de asegurar honorarios, y los pagos por otros servicios asistenciales, en ocasiones hasta abultados.  Los administradores de esos centros creen que, las altas sumas de dinero que requieren, están debajo de un colchón, o mosaico cualquiera, y que sólo hay que ir a levantarlo; cuando, ni siquiera estando en un banco, se puede ir a buscar nada en horas de la noche, o transcurso de un día festivo.

 

La verdad es que, se tiene que ser muy inconsciente, para no prestarle la atención a alguien con serios apuros de salud, que de no atenderse de inmediato, puede perder la vida, por el hecho de no disponer en el momento de recursos económicos, que luego se pueden conseguir para honrar los compromisos asumidos; contrario a la condición de existir como ser humano, que cuando se deja escapar,  no se recobra jamás.

 

Se precisa ya, que el ministerio de Salud Pública  aquí, y cuantos tengan que ver con el asunto de que se trata, se inclinen por exigir la aplicación de las normativas legales vigentes sobre el particular, ya que ese proceder médico tan deleznable no debe continuar observándose en el  país. Debemos estar bien atentos, al después de las palabras del doctor Freddy Hidalgo, como de la señora Nélsida Marmolejos, ¡que bien pueden ayudar a resolver!

 

La deshumanización de los profesionales de la medicina entre nosotros, ha alcanzado un grado alarmante.  Parece que ellos se consideran ser “superhumanos”, por el privilegio que les ha concedido la Madre Naturaleza de ejercer tan delicada e importante disciplina profesional.

 

Pero, que no se duerman en sus laureles, y sepan los envalentonados médicos, que la Madre Naturaleza sabe dar y quitar también; pasar factura, cuando menos se espera; y, doblegar egos, a través de sucesos aleccionadores que se producen de manera inexorable en determinadas corrientes de vida, afectando de manera directa a las personas envueltas; y  cuando no, a  seres queridos muy cercanos.

 

Esperemos que las autoridades cumplan con su promesa esta vez. Lástima que la percepción generalizada sea, ¡el no creer en las mismas! Hasta un medio de la prensa local incluye, al editorializar sobre la temática: “Sin embargo, tememos que las cosas no pasarían de simples advertencias, pues aquí los abusos contra los asegurados no acarrean consecuencias para los culpables”. (Periódico “HOY”, del 19-11-13).

 

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

A lo que hemos llegado en la República Dominicana

Ya aquí todo es normal. Nada importa a la ciudadanía. La capacidad de asombro hace mucho tiempo que se perdió, ante las tantas cosas irregulares y los hechos deleznables que a diario se observan, sin importar entornos o circunstancias prevalecientes.

 

En ese tenor, parece ser que el fuerte aroma de las tantas drogas que pasan de tránsito por el país con destino hacia otras latitudes, que con regularidad algunas se detectan y se decomisan; al igual que, el consumo mismo de estupefacientes en grado considerable, innegable a nivel interno, han atolondrado de forma tal a este pueblo, que todo lo acepta con pasmosa calma.

 

–         Que la corrupción administrativa estatal, con su vasto manto de impunidad siga su agitado curso, ¡no importa! El Centro de Estrategia y de Estudios Internacionales de Estados Unidos, ha dicho que, “la corrupción es una seria amenaza para la economía y la democracia de la República Dominicana”.  “El Centro cree que la corrupción será uno de los tema que definirá en el futuro cercano las relaciones entre Estados Unidos y la República Dominicana”. (Véase periódico “HOY”, edición de fecha 13-11-13, página 6ª).  Pero, todo pasa de largo.  Lo que aquí sí interesa es, tratar de alcanzar una posición política para engancharse al tren en marcha de los enriquecimientos fáciles, con cargo al erario público.

 

Cabría hacer referencia aquí al juicio que expone Fabio R. Herrera-Miniño, en su trabajo “Mentes Brillantes han dañado a los dominicanos”, que publica en el medio ”HOY”, edición de fecha 16-11-13, página 8ª, en el sentido de que,  “Por cerca de 20 años, ha estado en gestación y desarrollo un movimiento perturbador de las tradiciones dominicanas, para desviarlas e introducir otros valores negativos, que convierten al ciudadano en un ser dócil y maleable a las corrientes de moda, en que ya no existen los valores familiares, de unidad, patriotismo, compañerismo, que eran la base de una convivencia armónica”. Evidentemente, los aprestos adormecedores, e inductivos mentales puros en ese orden, han surtido sus efectos.

 

Pero además, incluye en su trabajo una aseveración muy significativa, que debe llamar a la reflexión a todos aquellos que se sientan ser buenos y verdaderos dominicanos, por las futuras consecuencias negativas que de seguro habrá de acarrear esa deleznable situación para las grandes mayorías de la nación: “La corrupción ha dejado de ser una lacra y es ya una virtud que se celebra”. ¡Asqueante realidad nacional!

 

–         Que las obras de relumbrón sigan su curso, aunque hayan limitaciones financieras, y se tenga que seguir endeudando el país, ¡se nos importa! Así nos podemos transportar con lujos, aunque sea con los estómagos vacíos, y sin poder dormir en las noches por causa de los apagones. Se olvida que ésta es una nación del Tercer Mundo, con hambruna, un transporte público selvático, y servicios deficientes, como caros. Pero, los Metros dan prestigio y buena vista, es lo que tantos entienden. ¡Apariencias por  doquier!

 

–         Que cada vez la presión tributaria se haga mayor, y con menos reciprocidad hacia la población, en términos de asistencia social, ¿y qué? Los pueblos que no tienen conciencia, tal es el nuestro, son como los burros, que nada más sirven para cargar.

 

–         Que siga el festival de préstamos con el exterior, e hipotecando más aún la soberanía del país (aunque algunos de los artífices principales de esa práctica, señalaron en términos demagógicos puros,  recientemente, que ya el nivel alcanzado era insostenible, y que se debían controlar esos endeudamientos), ¡que se continúe! Cuando los acreedores vengan a cobrar, ya los ideólogos prestatarios, como las presentes generaciones, no estaremos sobre el planeta Tierra. ¡El que venga atrás que arree!

 

–         Que la tarifa eléctrica siga subiendo mientras los dueños del gran negocio se hacen más  ricos (políticos y empresarios), incluido el jugoso subsidio contenido, burlesco, y que los apagones prosigan castigando a la población a diestra  y siniestra, ¡no hay que quejarse!; pues es lo que merecemos, por blandengues, que no nos atrevemos a sacar del poder a todos los políticos farsantes y corruptos que han venido gobernando el país durante los últimos años, como el estar vendiendo  nuestros votos a cambio de un pica-pollo, con su respectivo pote de ron.

 

–         Que el sistema de salud pública siga de mal en peor, ¡tampoco importa! ¿Y cuándo ha servido después de la muerte de Trujillo?  En esos centros asistenciales del sector, las deficiencias son tan grandes, como las escaseces de los materiales y equipos necesarios, que eso da pena y vergüenza. Ni siquiera aparece una curita, como se dice, ni una jeringuilla. Ahí tienen que pasar los infelices depauperados muchísimo trabajo, para que se les mal atienda. Pero, ¡eso lo van a arreglar!  Además, aquí tenemos muy buenas clínicas privadas que  ofrecen “excelentes servicios, a precios módicos, con un personal bastante consecuente”. Ese caso que se denunció en Santiago de los Caballeros, en que un joven baleado en un atraco murió desangrado, debido a que en una clínica de aquella ciudad se negaran a atenderle de emergencia, en vista de que había depositar previamente RD$100,000.00, que no se tenían de inmediato, es algo aislado. Ese muchacho de iba a morir dirían muchos. (Véase periódico “HOY”, edición de fecha 12-11-13, página 8E) ¡Cuánta falta de conciencia, e irrespeto al dolor ajeno!

 

–         Que los envalentonados diputados que se gasta el país inviertan RD$120 millones en bonos navideños, a costa de los impuestos con que son cargados los “pendejos” en esta nación – recursos estatales -, gente aquella cuya labor legislativa resulta más que cuestionable, eso carece de importancia. Es lo que tantos dirían aquí. De tal millonada son muchas las personas que se benefician, incluyendo a las que se continúan haciendo más ricas. Después uno consigue su borona.  (Véase periódico “HOY”, edición de fecha 16-11-13, página 4ª).

 

–         Que a los partidos políticos se les entregue un “camión” de cuartos para sus embaucadoras campañas electorales, como sus francachelas acostumbradas, con cargo al erario público, que se nutre de los fondo que aporta dócilmente la presionada población, tampoco le preocupa a nadie. Gran parte de la ciudadanía también celebra y goza, acompañando a los farsantes candidatos que se estilan entre nosotros. Es lo que se dice.

 

–         Que el caos, el desorden, como la violación a todas las normas legales que rigen en el área, se agudicen más aún en el tráfico vehicular, y público de pasajeros, ¡esa es la norma en este país!, ya que a los llamados empresarios del transporte, como al tigueraje  que dirigen, las autoridades parece que temen ponerles el frente. También se tienen los desaprensivos que conducen en la forma como a ellos les viene en gana, por ser funcionarios públicos; cuando no, debido a los padrinazgos que muchas personas tienen en el Gobierno.

 

–         Que la delincuencia, la criminalidad y las drogas, tráfico y consumo, estén in crescendo. ¡Bueno!, ¿y qué se podía esperar de los últimos gobiernos que ha tenido el país? Es la conclusión a la que tristemente ha arribado la gente. Ahora sólo nos queda aceptar la situación, y cuidarnos por supuesto. Esa es la moda importada, producto de la penetración cultural incontrolada, cuando no inducida, con propósitos alienantes. Teniendo a un gran segmento de la juventud invalidado mentalmente, como consecuencia de la adicción a los estupefacientes, los políticos de nuevo cuño tienen campo abierto para sus desaprensiones. Por otro lado, los pingues beneficios, como la acumulación rápida de riquezas, y el lavado de dinero que proporciona esa actividad delincuencial, son otras de las causas  que motivan.

 

En relación con todo lo expuesto más arriba, muy interesantes resultan las reflexiones que incluye en su columna “Mi posición”, el señor Santiago Cuesta Kury, bajo el título “Un país donde “Na e Na”, (periódico “Listín Diario”, del 11-11-13, página 9ª), que bien pueden asociarse con el contenido antes señalado, sobre las que muchas gente aquí debería meditar sosegadamente.

 

Y la verdad es que, en esta nación “Na e Na”. En nada se repara para exigir enmienda. Cada cual hace lo que le viene en gana. El país no tiene dolientes. El mismo lo han convertido en una finca que cambia de dueños cada cuatro, los políticos que alcanzan el poder, que la administran a sus anchas, explotándole siempre en su favor.

 

Pero, “es pa’lante que vamos. No sabemos si es hacia el desarrollo, o hasta alcanzar el mayor deterioro en todos los órdenes. Por lo que se ve, todo luce indicar que, desde hace años, el segundo sería el propósito.

 

Pueblo, ¡hay que despertar! Concienciarnos sobre el futuro incierto que a todos nos espera, de continuar las cosas como van. ¡Es lo que más procede!

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

Las aulas vacías, ¡y quieren aprender!

Es muy raro que, todo aquel que se haya desempeñado durante los últimos tiempos como docente en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), con verdaderas intenciones de ayudar a formar profesionalmente a los jóvenes que deben cubrir  el relevo generacional necesario, es decir, los llamados a reemplazar a los ya egresados en ejercicio hoy, no tenga en su haber magisterial dentro de la academia experiencias muy negativas, derivadas de las interacciones con los alumnos a que  haya tenido que impartirles clases.

 

Y es que, tanto la displicencia, como la falta de sentido de responsabilidad, son dos características altamente notorias que han venido “etiquetando” al estudiantado nacional a nivel superior durante los últimos lustros.

 

Amén de eso, con regularidad se asiste a las aulas universitarias con deficiencias básicas alarmantes para cursar estudios a tal grado. Pero además, un sinnúmero lo hace simplemente en procura de obtener un título a como dé lugar, sin importar los vacíos que, ¡en términos del futuro ejercicio profesional debido!,  finalmente se adolezca.

 

Los estudios a tal grado, se tienen normalmente aquí, en algunas entidades de educación superior, no siendo la UASD la excepción, como un hobby medalaganario, más que otra cosa, asistiéndose a las clases cuando se puede, y sin hacer ningún esfuerzo en sus casas para preparar trabajos prácticos, o de investigación teórica nada más, que disponga el profesor.

 

Con relación a esos últimos precisamente, y como una forma de enfrentar los embates de la masificación estudiantil que se verifica en la entidad estatal, compuesta en su mayor parte por personas  ineptas, sin control fehaciente, desorientadas, cursando carreras por moda, sin reunir las condiciones innatas requeridas, que cada semestre ingresan a la UASD, desbordando la capacidad física de las aulas, lo que más se escucha decir entre profesores al inicio de los semestres es: “ponles una práctica que se te va la mitad”. Y, no falla señores, ¡es así!

 

Cuando los docentes allí hacen uso de aquella metodología, indispensable para concretizar aprendizajes por parte de los alumnos en relación con lo impartido, el día que corresponde entregar los trabajos, después de haber cursado ocho o diez días a partir de la disposición, al entrar de nuevo a las aulas los profesores, de ordinario las encuentran prácticamente vacías. A veces, con una asistencia mínima, tratando algunos estudiantes de hacer algo huyendo, copiando de cualquier compañero en ocasiones.

 

El asunto se empeora todavía más aún, en el momento en que el facilitador comienza a revisar los pocos trabajos que se entregan, al encontrarse con que la gran mayoría están incompletos,  y mal elaborados; o, preparados siguiendo el estilo de moda último: el copy- paste que proporciona la red de la Internet. ¡Penoso eso!  Claro, siempre se dan las excepciones que confirman la regla, dependiendo incluso de las asignaturas de que se trate, o las carreras que se cursen.

 

Otro ingrediente de desencanto durante el transcurso de la labor docente actual, es la percepción que se tiene, en cuanto a sentirse el profesor estar hablándoles a las paredes, mientras aborda o explica cualquier tema. La mayoría de los jóvenes llegan y se sientan en una butaca, sólo estando allí físicamente, pero sus mentes andan muy lejos de esos alrededores.

 

La verdad es que, ya no hay motivación para la docencia universitaria, ni a ningún nivel en estos tiempos, salvo que el ejercicio  se lleve a cabo como un modus vivendi más.

 

Y, precisamente, esa es una temática que debería ser tomada muy consideración por parte de las próximas autoridades uasdianas que habrán de tomar posesión el año entrante, a los fines de que se introduzcan durante la nueva gestión de gobierno, todas cuantas medidas puedan contribuir a enmendar la situación expuesta.

 

La UASD, que tanto dinero le cuesta al Estado Dominicano, claro proveniente de la sociedad nacional misma, no debe continuar tratando de formar profesionales a partir de una materia prima tan impropia en la mayoría de los casos, en todos los sentido; de gente semi-alfabetizada,  que lo que menos tiene es deseos de estudiar, amén de la evidente carencia en cuanto a sentido de responsabilidad se refiere.

 

Ese populismo a ultranza, que viene restándole efectividad, al que debería ser el modus operandi esperado de esa institución, sólo con el propósito de ganar votos para alcanzar los puestos electivos allí existentes, ¡tiene que terminar ya!

 

La UASD, como la única ventanilla existente para la formación profesional de la vasta  masa de jóvenes depauperados, pobres en grado sumo, que tiene el país, merece ser bien subvencionada y mantenida; pero, sólo para usufructo de aquellos responsables y buenos estudiantes dominicanos, con verdadero sentido de superación; los que en realidad tengan como propósito el convertirse en parte del relevo generacional eficaz que la sociedad nacional espera. Hay que buscar la forma más adecuada, para disponer de la manera menos lacerante de los demás, que sólo están haciendo bulto a lo interno de la academia.

 

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

El asunto no es ahí, ¡es allá!

La verdad es que, esa facilidad de promoción política a través de las redes sociales que proporciona la Internet, les ha caído como anillo al dedo a los candidatos uasdianos que aspiran a ocupar los diferentes puestos electivos dentro de la institución a partir del próximo año.

 

Y es que, pueden utilizar esos medios para promover sus aspiraciones electorales a muy bajo, o ningún costo.  La única inversión aparente, son los halagos a los adeptos que utilizan para hacer las publicaciones.

 

Evidentemente, el escenario para los proselitismos prometedores que se estilan siempre se torna bastante amplio. Sólo que, el terreno imprescindible, y mayor significativo, para desplegar los propósitos de este tipo, vender imágenes personales, como el ofrecimiento de las ejecutorias futuras que se proponen los candidatos, de alzarse cada cual con la victoria, y conquistar a quienes sí pueden favorecerles con sus votos, es donde sí se bate el cobre, como se dice, ¡que es a lo interno de la institución académica pública!, donde todos nos conocemos, y cada cual ha ido dejando escrita su historia.

 

En ese entorno laboral administrativo y docente, donde todo se puede ver, y aquilatar sin necesidad de usar espejuelos, el que se deja embaucar es porque quiere, o le conviene.

 

Es allá dentro donde se tiene que echar el pleito para convencer, y volcar voluntades en favor.  ¡No es en las redes sociales!  Los que tienen acceso a esos medios, que no interactúan a la interno de la institución, sólo conocen rostros y los mensajes con los que se está tratando de ganar simpatizantes.  Ignoran condiciones personales reales, como las aptitudes obligadas requeridas para ocupar los puestos a los que se pretende llegar.

 

No se puede olvidar que, nuestra querida Alma Mater adolece en la actualidad de liderazgo y reales valores para tomar sus riendas delicadas y conflictivas, como poder orientarle por los mejores senderos; que lo existente es muy poco, entre lo que se tiene que escoger, por lo que la verdadera cualificación de los personajes que compiten actualmente se hace más que obligatoria.

 

¡Ojo al Cristo!, compañeros uasdianos. A votar por quienes en verdad merezcan ser elegidos, para el bien de todos: la sociedad nuestra, el alumnado, el personal docente, y la propia institución como tal.

 

Rolando Fernández

 

 

 

Raro que doña Ligia se expresara así

Leer eso de que, “Ahora se aprende más con la tecnología que con el pizarrón, los libros y el profesor”, si es que estamos hablando en verdad de capacitarse, luce algo extraño viniendo de la doña Ligia Amada Melo, por su connotado nivel en materia educativa, y siendo ella uno de los mejores ejemplos en el país, a quien tantos deben gran parte de su formación académica, no sólo como profesora, sino también en su rol de maestra, ya que ambas condiciones difieren sustancialmente. ¡Ella las tiene las dos!

 

Por lo regular, el profesor se limita solamente a retransmitir conocimientos adquiridos de otros, mientras que el maestro enseña además, exponiendo sus loables condiciones personales, muy propias, como forma de inducir al alumnado a que se le emule posteriormente.

 

Siempre ha sido el caso de doña Ligia dentro de las aulas y fuera de ésas, según los afortunados que tuvieron la oportunidad o privilegio de tenerle como docente, y de otros que determinadas circunstancias les han permitido interactuar bien de cerca con esa prestigiosa dama.

 

Ella bien sabe que el mejor facilitador para aprender, con el concurso de los libros y la pizarra, es el profesor, cuando se tiene la vocación, para hacerlo, y obviamente la voluntad. Al igual que, mucho mejor se reporta, si es que se reúnen las condiciones de maestro también.  Es decir, no sólo se es repetidor de conocimientos adquiridos.

 

Sus propias palabras lo confirman: “Ver  a los estudiantes aprender lo que yo les ensañaba y entusiasmados con mi clase era mi mayor satisfacción. Yo disfrutaba eso. Cuando me contestaban una pregunta correctamente o respondían a lo estímulos de la lectura yo me emocionaba mucho más que ellos y era feliz.  Así descubrí mi vocación por el magisterio”. ¡Eso no lo proporciona la tecnología!, tal calor que motiva, y una reciprocidad estimulante que anima a continuar.

 

En su rol de maestra propiamente, expresó que, “era muy estricta primero porque se exigía calidad a sí misma y luego se la imponía a los demás”. Cuenta en adición, “que los estudiantes la respetaban en el aula con cierto temor, pero al cabo del tiempo agradecían sus enseñanzas basadas en el respeto a las normas, a las personas mayores y al aprendizaje real sin trampas ni artimañas”. (Véase periódico “Listín Diario”, edición de fecha 10-11-13).

 

Es ahí donde está el asunto de la educación; no es cuestión de la tecnología, por avanzada que esta pueda ser, que más bien constituye una valerosa herramienta auxiliar dentro de la actividad magisterial, necesaria según ella misma expresara más adelante

 

“Sabemos que es urgente que se combine el uso de la tecnología con la educación formal, porque de ningún modo una  debe sustituir a la otra, sino que la mejor fórmula es la combinación de ambas, de modo que el estudiante pueda aprovechar las explicaciones del profesor ya formado con toda la experiencia que le da la vida, y al mismo tiempo nutrirse de informaciones generales a través de la tecnología y la comunicación y combinarlas con las dinámicas de grupo”. (Ver medio citado).

 

Muy cierto doña Ligia. ¡Eso es así! Incluso, preciso es destacar que el uso sólo de la tecnología para aprender, en ocasiones hace más mal que bien, como en parte ha venido ocurriendo entre nosotros, un país con tantas deficiencias de orden académico, y falto de conciencia por supuesto, al que de golpe y porrazo se le ha querido introducir en el complejo mundo de la tecnología avanzada, con muy pocos miramientos.

 

Eso ha provocado que, no estándose en capacidad de asimilarle como un auxiliar necesario, el grueso del estudiantado y de muchos que ejercen como profesionales, se hayan inclinado por considerarle como una muleta imprescindible, para rápidamente salir del paso, como se dice; resolver las cosas con prontitud, haciendo el menor esfuerzo intelectivo, o mental requerido.

 

Es por ello, el que entre nosotros se haya venido poniendo en evidencia, el mensaje contenido en una frase que con bastante frecuencia pronuncian algunos educadores de renombre, “La tecnología mal asimilada embrutece”. Y, no solo se viene dando esa situación con los estudiantes modernos, sino además, con muchos egresados como profesionales también, que a penas saben leer y escribir.

 

Ese planteamiento que hace la señora ministra de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, de que “ha llegado el momento de producir un profundo cambio en el sistema educativo nacional, utilizando la tecnología y promoviendo que cada uno de los dos millones de alumnos posea una laptop para realizar sus tareas e investigaciones”, no resolvería el gran problema que tenemos en la actualidad respecto de la alta ineficiencia académico-formativa que se registra en el país; por el contrario, podría agudizarlo más aún. La mejor muestra de esa penosa situación son los resultados que arrojan cada vez las llamadas pruebas nacionales.

 

Para que eso pueda funcionar aquí – promoviendo la tecnología de esa forma -, se tiene primero que concienciar con respecto a su utilización. Y es debido a que, el poseer una computadora reporta obviamente un mayor universo informativo, pero tal facilidad no implicaría el que se vaya a aprender más, si no hay la real disposición, en términos de capacitarse como se debe; de procurar una preparación suficiente y apta, para poder insertarse socialmente,

 

Y, por supuesto, motivaciones de corte social y estatal satisfactorias. Hay que borrar de la mente de los jóvenes dominicanos eso de que el sacrificio de estudiar en este país no vale la pena. Esa concepción, hasta cierto punto justificada que tienen tantas personas aquí, de que para vivir bien en esta República, sólo hay que engancharse a político, o buscarse un “enllave” en el Gobierno.

 

Doña Ligia, con todo el respeto que usted nos merece, ¡ahora se aprende mucho menos!, a pesar de la tanta tecnología en uso, que cuando el país disponía de una Pléyade de maestros como usted, que se auxiliaban de los libros y el pizarrón.  En el tiempo en que los estudiantes en verdad querían formarse con todas las de la ley, como se dice popularmente.

 

Se tiene que estar en las aulas hoy para comprobarlo. Y claro, tampoco la actividad magisterial de otrora estaba tan infectada con el flagelo  dañoso de la política partidarista, como ocurre en la actualidad, algo que bastante le resta al ejercicio docente requerido.

 

En estos tiempos, el uso excesivo de la tecnología mal asimilada, lo que está haciendo es convirtiendo a muchos de los nuestros en inválidos mentales; en haraganes que todo lo quieren fácil, con el menor esfuerzo, ¡y así, no se puede aprender! Las lagunas, los vacíos y las ineficiencias que se van acumulando hasta formar perfiles personales deleznables, tanto en el orden educativo-académico, como a nivel profesional propiamente, son inmensos.

 

Nada ni nadie, sustituye a los buenos maestros dedicados para enseñar, ni a los profesores aptos abnegados. Es con ellos que en realidad se aprende. La tecnología auxilia, pero no lo es todo para capacitarse.

 

Doña Ligia, no creemos que muchos vacilen en afirmar, de acuerdo con nosotros, que es usted uno de los mejores ejemplos en el país, entre otros claro está, con condiciones similares, o que han tratado de emularle con cierto empeño.

 

Luego, por recuperar el terreno perdido en ese orden, primero deben ir las cosas. Luego, el inducir hacia la concienciación obligada a nivel estudiantil. Después, promover el estimulo social y estatal y requerido. Y, finalmente, agenciarse entonces las facilidades tecnológicas y complementarias  que se necesiten.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

El pasmo con tiempo tiene remedio

Así reza una máxima pueblerina, que tiene un sentido muy verídico. La misma hace alusión a los beneficios que reportan las actitudes precautorias oportunas en términos generales, no sólo con relación a las afecciones físicas, como tal es la que incluye.

 

Evidentemente, no aplica para todos los tipos de enfermedades, o situaciones de consideración, como esas que se presentan  por designios de la Madre Naturaleza, que resultan incomprensibles en el marco de la mente humana; por lo que, no obstante los preventivos que se procuren, sus consecuencias y el extenderse cada vez más, habrán de perdurar hasta el final predestinado. ¡Sí que hay muchísimas que se pueden comenzar a combatir desde el principio, con efectos muy positivos!

 

Desde hace muchos años, el conflicto del tema haitiano en este país ha estado sobre todas las mesas, desde las cuales  ha sido posible abordarle con fines resolutorios, si hubiese habido voluntad real y política de Estado. El pasmo relacionado con esa situación que hoy se manifiesta, ¡se podía prevenir!

 

Sin embargo, la regulación de los inmigrantes ilegales de aquel país en nuestro territorio, como la etapa de indefinición que ha sobrevenido respecto de los descendientes de aquellos, en cuanto al otorgamiento de la nacionalidad que realmente les corresponde, no se había intentado con la firmeza en que ahora se ha hecho, en base a una Sentencia del Tribunal Constitucional dominicano, que tiene carácter inapelable.

 

En estos momentos precisos de una coyuntura política nacional  bastante especial por cierto, con un Gobierno presidido por un partido político prácticamente sin oposición, y escasez evidente de competidores para el próximo torneo electoral, se recurre a tratar de normar las irregularidades inmigratorias que se han venido verificando desde hace gran tiempo en el país.

 

Eso, a pesar de las tantas permisividades, la indiferencia estatal precedente, el alegre aprovechamiento de la mano de obra haitiana; como, los innegables aportes politiqueros que mucha de esa gente ha realizado durante los procesos electorales dominicanos, en favor de determinadas organizaciones de esa disciplina.

 

Como no se había producido  adhesión alguna, en el sentido de lo que se trata, por parte de las autoridades dominicanas que durante décadas han dirigido los destinos del país, al mensaje que envuelve la frase que encabeza,  es obvio que, esa “enfermedad” se dejó tomar demasiado cuerpo, por lo que era previsible la situación que hoy se ha presentado en torno a la aplicación de las medidas de carácter  inmigratorio que se derivan de la precitada sentencia.

 

La esencia y los efectos de la misma han tocado fibras muy sensibles, no sólo a nivel local, sino internacionalmente también, por lo que son muchos los pareceres encontrados, a favor y en contra que se han externado, provocando el que los más altos representantes del Gobierno Nacional, e incluso miembros pertenecientes al mismo Tribunal Constitucional, hayan tenido que emitir las declaraciones que a su juicio han considerado pertinentes, para avalar la decisión adoptada.

 

Por ejemplo, el señor Consultor Jurídico del Poder Ejecutivo,  César Pina Toribio, expresó por una parte, “que el país es soberano y es al Estado a quien corresponde decir quién es o no dominicano”.

 

De otro lado agregó: “No hay retroactividad de la ley, la norma constitucional existe desde el siglo pasado y las reformas que se han producido han repetido esta fórmula; en consecuencia, la norma ha sido la misma”.  En esta oportunidad el Tribunal Constitucional ha aplicado el alcance de esta norma; es una norma que existe desde el siglo pasado, no es nueva que se está aplicando”. (Véase periódico “HOY”, edición de  fecha  7-11-13, página 9B).

 

Apoyado entonces en esas aseveraciones del señor Consultor Jurídico, y ante la presencia de algo que hoy se pretende aplicar de golpe y porrazo, cualquiera con sobrada razón diría: bueno, siendo así, algo que data desde hace tanto tiempo, esa situación de ilegalidad inmigratoria a nivel nacional, se pueda considerar la decisión en cuestión pertinente o no en todas sus parte, las dos grandes preguntas a hacerse serían, ¿por qué, precisamente, ahora? ¿Debido a qué se estuvo barajando la determinación en forma marcada con anterioridad?

 

El encontrar respuestas a las mismas podría arrojar mucha claridad con respecto a esa gran disparidad de criterios, a las divergencias de opinión sobre un asunto que es necesario a todas luces, y que iría en favor de la República; que los tres poderes públicos del Estado nuestro han estado de acuerdo, acogiéndose todos al contenido de la  urticante, pero valerosa sentencia.

 

Se debe reiterar que, muchísimos han sido los alegatos favorables y desfavorables, no sólo a nivel local, sino también del exterior. Los análisis y las interpretaciones de corte jurídico-constitucional han sobrado. Pero, muy pocos son, o quizás ninguno, los que se han inclinado por indagar y extraer el porqué real de la sentencia a ese nivel ahora

 

El tratar de determinar las razones propias envueltas, habría que asociarle indiscutiblemente con motivos de corte político partidarista, tomando muy en consideración los momentos que vive el país actualmente dentro de ese orden, en relación con los próximos comicios a celebrarse en el año 2016.

 

No se puede perder de vista que muchos de esos ciudadanos ilegales haitianos, aunque poseen documentación nacional, obviamente falsa, podrían utilizar la misma para sufragar, e inclinar la balanza en beneficio de determinados candidatos políticos.

 

No obstante la posibilidad  de ese eventual objetivo subyacente, es un asunto interno del país, por lo que nadie desde exterior le estaría permitido el estar injerenciando, y menos en la forma tan acre en que se ha venido haciendo, sino observar desde allá lo que pueda ocurrir entre nosotros.

 

A pesar de todo cuanto el Gobierno Dominicano ha explicado y aclarado, en lo concerniente  al contenido y los efectos derivados de dicha sentencia pronunciada por el Tribunal Constitucional, los entrometidos continúan pronunciando sus acusaciones injerencistas.

 

Últimamente hizo uso de la palabra en ese tenor, el señor José Miguel Vivanco, director ejecutivo y responsable en América del HRW (Human Rigths Watch). El organismo denunció a través del mismo,  “la decisión del Tribunal Constitucional de República Dominicana de privar de nacionalidad a nacidos en el país de padres indocumentados, que afecta esencialmente a haitianos, por crear “apátridas” y ser un “serio revés para los derechos humanos”. Parece ser que, el respeto a los derechos humanos implica la violación de la soberanía y voluntad libérrima  de los pueblos.

 

Además expresó ese señor, “que la sentencia que – no se puede recurrir – y su aplicación por parte del Gobierno “refleja  tendencias racistas de importantes sectores de la población dominicana.” ¡El asunto nada más es con los prietos!,  según él.

 

Pero fue un poco más lejos, profiriendo una especie de amenaza al decir, “hay instrumentos para detener la implementación, como que la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH) pida la suspensión de la ejecución de la sentencia, porque “tiene autoridad legal”. ¡Anjá!, ¿y nuestra soberanía como Estado libre e independiente, no cuenta?

 

¡Muy notorio! Ese señor lució como algo enfadado al hacer sus pronunciamientos, según la foto que se incluye en la reseña periodística. ¿Por qué? Porque hay que hacer lo que ellos quieren. Entonces, ¿la capacidad de decisión competente a nuestros jueces constitucionales, de qué vale? (Véase periódico antes citado, página 10B).

 

Finalmente, ¡fijaos!, señores autoridades dominicanas todas, las consecuencias de dejar que algunos males tomen tanto cuerpo para luego querer enmendar, sin importar los propósitos que muevan en verdad el inclinarse por  hacerlo.

 

Ese pasmo, con tiempo, tenía remedio; sólo que, por inconsciencia o conveniencia, se dejó extender demasiado. Y por tanto, la aplicación de las medicinas requeridas en el presente no será tan fácil. ¡Se tiene que imponer una férrea voluntad política, y estatal por supuesto!

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

A veces reporta mejores resultados el mantenerse silente

No siempre se debe opinar. En ocasiones, es preferible hacer mutis, como se dice. Más aconsejable resulta, el reservarse los pareceres sobre determinados tópicos algo complejos, para no errar; o,  hacerse objeto de cuestionamientos fundados por parte de los demás.

 

Con relación al tema que más ha estado sobre el tapete últimamente en la República Dominicana, con trascendencia a nivel internacional, donde la decisión de carácter migratorio, como de defensa a la soberanía nacional que envuelve también, han encontrado ecos tanto a favor como en contra,  mucha gente ha optado por estar emitiendo juicios desfavorables, sin contar con la capacidad requerida para hacerlo, no sólo en el orden jurídico pleno del Derecho Constitucional, sino también en el marco de la libérrima voluntad y determinación soberana de los países independientes, como se entiende es el caso nuestro.

 

Pero además,  hay personas y naciones de las que han intervenido en ultramar, que tampoco tienen calidad moral para hacerlo, debido a la forma en que proceden sus Estados, cuando confrontan  esos mismos asuntos de inmigrantes ilegales, como la aceptación alegre de tener que dejarles vivir en sus tierras. Lo que ocurre es que, “una cosa es con guitarra, y la otra es con violín”.

 

Nos referimos a la urticante, pero valerosa sentencia 168-13,  que fuera dictada por el Tribunal Constitucional de la República, cuyo objetivo fundamental para la gran pléyade de duchos juristas con que cuenta el país, hombres de leyes, incluidos los especialistas en Derecho Constitucional, como lo es por ejemplo, el doctor Juan Miguel Castillo Pantaleón, y todos aquellos ciudadanos que en verdad se sienten ser verdaderos dominicanos, no es otra cosa que tratar de corregir ese gran desorden emigratorio hacia esta nación (regularizar la situación de los inmigrantes ilegales), algo que desde hace varias décadas se viene registrando en el territorio nacional, donde la gran mayoría de los extranjeros que llegan, se quedan a vivir aquí a sus anchas, como les viene en gana, sin cumplir con las normativas legales que rigen en tal sentido.

 

Lamentablemente,  la susodicha disposición regulatoria emanada del Tribunal Constitucional (TC) se ha satanizado; le han calificado de hitleriana, y  de racista; como, de estar directamente en contra de los hermanos haitianos y sus descendientes que residen ilegalmente en el país. Parece ser que sólo son ellos. Aunque, es obvio que,  constituyen la mayoría.

 

Claro, quienes en esos alegatos llevan la voz cantante con principalía, son algunos alienados y títeres bien retribuidos en divisas, que sirven como cajas de resonancia a determinados propósitos extranjeros, bajo las mamparas de ciertas ONGs, y la llamada sociedad civil, que promueven el que sea la República Dominicana quien tenga que cargar con todas las penurias y necesidades insatisfechas de aquel empobrecido país, después que fuera depredado por otras naciones interventoras más poderosas en el pasado.

 

Los que se oponen a la aplicación de la precitada sentencia pronunciada por el TC, van mucho más lejos en sus aprestos de apoyo, y solidario concurso a las macabras intenciones extranjeras, que abarcan hasta la eventual unificación de la isla en una sola nación caribeña (Haití y República Dominicana), llegándose al extremo de irrespetar los poderes públicos del Estado nuestro, que según expresara el doctor Castillo Pantaleón, “asumieron el contenido de la sentencia con valor de política de Estado”, argumentando además que,  “sólo nos queda enfrentar el desafío externo, porque el pleito internamente está ganado”. (Véase periódico  “Listín Diario”, edición de fecha 4-11-13, página 4ª).

 

Muestra de los disgustos internos contestatarios, ya con muy pocos efectos, lo fue el comportamiento observado por un grupo de personas protestantes, en presencia del señor presidente de la República, cuando éste participara recientemente en un acto público. Todo en alusión a su  negativa en cuanto a acatar lo dispuesto por el TC, que en definitivas tendrán que hacerlo.

 

Ahora, algo que llama poderosamente la atención, es que un novelista extranjero, Mario Vargas Llosa, publicara un artículo en el periódico español “El País”, que fuera reproducido por la prensa local (periódico “HOY”, edición de fecha 4-11-13, página 12B), condenando acremente la referida sentencia, e incurriendo en una serie de calificativos impropios e irrespetuosos hacia la República, como de forma directa a su Tribunal Constitucional, y a la figura del Cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, que por investidura, al margen de que se pueda estar o no de  acuerdo con él, merece mayor respeto. Extrañamos que no le haya contestado como se debe.

 

Refiriéndose al primero, este señor dijo: “La sentencia del Tribunal Constitucional dominicano es una aberración jurídica y parece directamente inspirada en las famosas leyes hitlerianas de los años treinta dictadas por los jueces alemanes nazis para privar de la nacionalidad alemana a los judíos que llevaban muchos años (muchos siglos) avecindados en ese país y eran parte constitutiva de su sociedad”.

 

Agregó más adelante: “No menos grave es, desde el punto de vista moral y cívico, la escandalosa sentencia del Tribunal Constitucional”; con lo cual parece ser, se quiere significar que tampoco hubo sentido moral y cívico al emitir la misma. ¡Sería una tremenda acusación infundada!, por parte alguien que se le podría catalogar como un intruso extranjero a todas luces.

 

En cuanto al Cardenal López Rodríguez señalo que: “la apoya, sazonándola con insultos contra quienes la condenan. Yo creía que los peruanos teníamos, con el Cardenal Juan Luis Cipriani, el triste privilegio de contar con el arzobispo más reaccionario y antidemocrático de América Latina, pero veo que su colega dominicano le disputa el cetro”.

 

Cualquiera se preguntaría, ¿y qué “méritos” tiene este señor para hacer pronunciamientos de tales clases, con tan marcada saña? ¿Qué razones ocultas tendrá? No creemos que sea abogado especialista en Derecho Constitucional.  Tampoco, investigador real de la historia patria de ambos pueblos.  Es un simple novelista y nada más, que le han exaltado como “gran escritor”, aunque probablemente diste mucho de ser eso último.

 

Para el país responder a personajes así, que se pueden considerar osados injerencistas en nuestros asuntos internos, se hacen  necesarios los boches sutiles, acompañados de una media sonrisa, que tanto caracterizaron al Dr. Joaquín Balaguer. ¡Es una lástima que hoy no esté!, para que pusiera en su puesto con educación, a ese osado novelista.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández