¡Muy cierto el vacío que se tiene!

La carencia  artística se nota, aquí y allá.  Los que se ganan la vida en base a las contrataciones de ese tipo – empresarios -, tienen una gran disyuntiva: ¿qué hago?; ¿sigo con  todo lo de ayer, o me arriesgo a trabajar con las basuras de hoy?

Parece ser que, aunque hay tantos descerebrados que acuden a ver lo que no sirve, por inconsciencia obvia, y la falta espectáculos de diversión en el país, se prefiere continuar con los atractivos de ayer, que obstante estar ya viejos, y desfigurados físicamente, como solo pudiendo ofrecer el caudal de éxitos que les hicieran famosos otrora, pues ya para lo nuevo no hay espacio, ni aptitudes en realidad.

Aquellos connotados exponentes del canto y la música bien lograda en el pasado, nos vuelven a visitar con cariño. Ellos aceptan volver a ocupar las tarimas nacionales. ¡Y gracias hay que darles!; porque si no, nada  qué ver y escuchar, de calidad, apareciera.

A nivel local algo similar se observa. No hay disponibilidad real en tal sentido. Nada más muchos “canta malo”, y mediocridad artística por doquier. Se tiene que recurrir a lo pasado para poder presentar algo con verdadero atractivo, que “jale” aún, y permita compensar costos, como lograr algún beneficio. Verbigracia, el “Caballo Mayor” está como en sus buenos tiempos. Sin la presencia de él pocos shows se montan aquí.

Para percatarse por completo de esa amarga realidad, nada más se tiene que reparar sobre los conciertos últimos presentados, y por hacerlo en el país, como sus principales exponentes en escena. Además, se nota bastante que las contrapartidas del patio lucen como lluvias y días fríos en invierno. La presencia de estos últimos se puede catalogar casi de insulsa.

No hay producción alguna que valga la pena entre nosotros. Ni  siquiera se hace provecho de la época en  que estamos – Navidad y Año Nuevo – ¡ni aquí ni allá!, para componer y cantar piezas alusivas, como aquellas que se difundían antes para despertar entusiasmo, como interés por las celebraciones, traer recuerdos, y revivir sentimientos muy internos abrigados.

Siempre es lo mismo de los años pasados, que aunque a veces emocionan, pasan igual que una de esas bachatas que están ahora en primer lugar, sandeces musicalizadas. Son composiciones tan viejas aquellas, que están más sonadas que una güira de combo cualquiera, a la que se debe apelar hoy para acompañar un poco los tiempos pascueros.

Continúa siendo un hit del momento en la República Dominicana: “Llegó Juanita”, acompañado de “Cascabel, cascabel”, y “Mi burrito sabanero”, entre otros logros del recuerdo.

Preguntas obligadas: ¿es que ya no hay artistas?; ¿se pedió la creatividad?; ¿les quemaron las drogas los sesos a los aspirantes?

Indiscutiblemente, ¡algo de eso hay, que a nadie le quepa duda!

Rolando Fernández

¿Qué diría Petán Trujillo?

Aunque muchas personas entienden que no, la llamada “cultura de barbería” en ocasiones aporta informaciones muy valederas sobre las vivencias de algunas personas ordinarias; al igual que, en cuanto a biografías y actitudes de connotados hombres públicos.

También, uno puede edificarse con relación a eventos de carácter histórico-social, que se verifican normalmente en las naciones, y que por lo regular solo se conocen en esos espacios públicos, escuchando con atención las narraciones que hacen los entrados en años,  algunos visitantes esporádicos, cuando no es que se reciben los aportes en ese orden, principalmente de los profesionales de las maquinitas, tijeras, navajas y peines (barberos), que conocen siempre bastante sobre las cosas que a diario tienen que escuchar durante el discurrir de sus labores.

En ese orden, recientemente tuvimos la oportunidad de enterarnos con relación a algo que nos llamó poderosamente la atención, no por la trascendencia en realidad del hecho en sí, sino por el mensaje subyacente, en términos de aquilatación artística, pincelada en este caso con un claro matiz de egotismo, y prepotencia marcada.

Se trata de que, alguien que aún ejerce el oficio de fígaro, y que estuvo muy ligado a la otrora “Voz Dominicana”, a través de artistas, músicos y locutores que laboraban para la misma, y a quienes ofrecía sus servicios, nos pasó cierta información que consideramos importante tener.

Pero antes de proseguir con la misma, cabría señalar  que, esa entidad pública debería llamarse hoy “Palacio Radiotelevisor Petán Trujillo”, en honor y reconocimiento al indiscutible padre histórico de la televisión nacional, sin que nadie lo pueda poner en duda.

Pero, eso es algo que impiden las retaliaciones políticas y de otra índole con respecto al pasado General José Arismendy Trujillo Molina, hasta cuya casa-vivienda, conexa a dicha emisora, fue destruida, y la cual se debió conservar como museo perteneciente a dicha estación, depositario de todos los antiguos equipos de radiodifusión,  televisión, y demás efectos alusivos, propiedad de la mencionada entidad, aunque se  tuvieran que rescatar algunos de determinadas manos particulares.

Y todo, para dedicar el espacio a la construcción de una escuela, que de paso se llevó de encuentro el nombre de la diseñadora de nuestra bandera nacional (Concepción Bona), poniendo al nuevo centro educativo el nombre de un simple amigo, y seguro colaborador, en sus años de escasez, de un exgobernante del país.

Continuando con el asunto principal que nos ocupa,  según nos contara aquel barbero, el General Petán, era un excelente aquilatador artístico; gustaba de la buena música, como de las finas composiciones poéticas; prefería y admiraba a los connotados cantantes de aquella época.

La mejor muestra que dejó sentada de eso para la historia, eran las celebraciones de las llamadas “Semanas Aniversarias”, durante cuyos festejos traía desde el extranjero a los mejores exponentes del género artístico, lo de mayor calidad, nada de “basura”.

Una de las estrellas en ese orden,  de su predilección y deleite, lo era Pedro Vargas, el gran tenor mejicano. Y ocurre que, en el país despuntaba, y se destacaba con fuerza para ese entonces, un ícono “locuteril”, un verdadero artista del micrófono, también llamado Pedro Vargas. Esa similitud de nombraría no era del agrado del General, por la incomparabilidad obvia entre ambos, a su entender.

El señor Petán Trujillo consideraba que, ese locutor nuestro, aun lo bueno que fuera, por sus condiciones étnicas (negrito con pelo crespo),  y que sólo sabía hablar por un micrófono, a pesar de su excelente voz sonora, no podía tener el mismo nombre que su artista preferido, por lo que le impuso al dominicano de que se trataba, el tener que modificar su verdadero apelativo por: Pedro Pérez Vargas, en una clara y abierta actitud de cualificación artística, acompañada de egotismo, y una gran dosis de prepotencia, apoyada en el poder unánime de su hermano Rafael Leonidas, presidente de la República a la sazón.

Luego, la pregunta que cualquiera se haría, después de conocer esa historia es, qué diría Petán Trujillo hoy, observando el “talante”, o apariencia, como la cuestionada personalidad, de uno de estos seudos artistas locales llamados urbanos-raperos, tan de moda en la actualidad, en el marco de la degeneración presente, que dice llamarse Mozart La Para, de seguro en alusión directa a la calidad y prestigio del gran Amadeus, y que aparece en una fotografía de primera plana que publicara el medio “Listín Diario”, en su edición de fecha 12-11-14, contentiva de otras personas, dizque unidas para “prevenir femenicidios”.

Por ser el General un fiel seguidor de la música clásica, por su exquisitez y valía, como debe suponerse, es indudable que tal    determinación sería considerada como un irrespeto a la memoria póstuma de aquel prototipo legendario del arte, Amadeus Mozart, quien “fue un compositor y pianista austriaco, maestro del Clasicismo, considerado como uno de los músicos más influyentes y destacados de la historia”.

Y además se escribe que, “En su niñez más temprana en Salzburgo, Mozart mostró una capacidad prodigiosa en el dominio de instrumentos de teclado y del violín. Con tan solo cinco años ya componía obras musicales y sus interpretaciones eran del aprecio de la aristocracia y realeza europea”.  Pregunta, ¿se le podría comparar aquel con simple cantante urbano-rapero, aun tenga condiciones para ese género callejero? ¡Jamás!

No hay que dudarlo, le haría cambiar no solo de nombre (aun sea artístico), sino el pelado, peinado, vestuario, como de maquillaje, para hacerle parecer más un hombre. Además, por la falta de ponderación hacia la significación de aquel gran fenómeno, “tan alto pianista, y compositor”  de la fina música para la humanidad, con quien  no hay comparación posible, aunque el urbano-rapero reúna algunas habilidades, y tenga muy buena acogida entre los que no conocen  sobre el arte verdadero.

La verdad es que, la osadía llama poderosamente la atención ante cualquier persona medio pensante: ¿Mozart? ¡Ay “mamacita”!

Rolando Fernández

¡Qué “helenko”, ay mamacita!: articólogos, seudos musicólogos, y traposos incluidos

¡Sí!, y cuánta definición nacional adherente, como muy indicadora del  nuevo camino deformante que el género artístico del canto, con las pasadas vocalizaciones ensimismantes, ¡ya muy en decadencia!,  se ha venido siguiendo en este país desde hace ya varios años.  Ese mismo, en el que también intervenían: la correcta instrumentación, los bellos,  como excitantes ritmos y sonidos, que resultaban siempre bien logrados, y por tanto acogedores, entre casi toda la gente.

Qué mejor muestra para cualificar en ese orden, que una gran parte de la pléyade de articólogos y seudos musicólogos, como se les podría denominar, a muchos de los actores sobre tarima con los que se pudo contar en esta ocasión última, para la organización del que fuera uno de los eventos nacionales más loables y esperados otrora: el “Festival Presidente”.

La falta de calidad real fue fehaciente; como,  los metamensajes deteriorantes enviados a la sociedad nuestra por algunas de las cuestionadas personalidades allí presentes; las extravagancias tan estrafalarias en los vestuarios, y demás atuendos que se exhibieron, fueron notorias. También, todos esos “talajes”, o cuestionadas apariencias, más que impropios mostrados, con sus influyentes efectos dañosos para la juventud nacional.

Eran aspectos que, frente a la degeneración alarmante que hoy viene afectando a un gran porcentaje de los jóvenes nuestros, por la amplia penetración cultural en curso, como la falta de crianza hogareña de los nuevos tiempos entre nosotros, debieron de haber sido objeto previamente de las ponderaciones de lugar, para no contribuir a incrementar más aun los comportamientos de ese tipo, como tampoco restarle méritos al espectáculo.

Pues, aunque algunos entiendan que no fue así, por la gran cantidad de asistentes que se dieron cita en el mismo, según los reportajes de prensa local,  el hecho de que se escuchara decir con antelación a mucha gente aquí, que dispone de cierto nivel cultural: “este año eso no va a servir; sólo irán los que muy poco saben de música, los jóvenes alienados sin capacidad pensante”, es algo que merece algún tipo de reflexión. Creemos fue lo que ocurrió en verdad, aun los miles de espectadores que se tuvieron  solaparan un poco esa concepción.

Muy buena  y expresiva foto con respecto al evento se puede considerar, esa que fuera lograda por José Andrés de los Santos, y que apareció publicada como noticia de primera plana en el medio “HOY”, de fecha 4-10-14, con su respectivo pie de grabado. “Festival Presidente arranca con entusiasmo desbordante”. Así intituló el reportaje. ¡Claro, no había ma’ na’ que ver!

Cuando se repara con atención en esa fotografía, no hay que decir muchas cosas, aunque correspondiera solamente  a  los representantes de uno de los géneros que intervinieron en los actos.  Ahí está expresado bastante, para inferir con relación a la generalidad. Solo hay que ver los ejemplares y las “ejemplaras” que en ella aparecen, capitaneados por algunos personajes con problemas legales de amplia difusión pública; y, reflexionar sobre la evidencia persuasiva que se desprende del elenco incluido.

Aunque se habló de asistencia masiva, que se entendió compuesta en su mayoría por ignorantes, “energúmenos”, que no saben ni siquiera lo que significa la palabra música, el que se encontraran allí era obvio. Primero, debido a que llamaba bastante la atención aquel escenario concebido e iluminado de forma tal, que sirviera para embaucar a los poco pensantes; despertar por entero la curiosidad, el interés juvenil en demasía. Y, segundo, porque en este país no había nada que ver de momento.  Además, todo cuanto seudo artista puedo presentarse en el espectáculo, ¡era lo mejor!, ya que, “cuando el hambre da calor, la batata es un refresco”, como dice un refrán popular.

Evidentemente, los patrocinadores todos de ese tradicional evento, de acuerdo con lo que se aprecia, lo que buscan más que otra cosa, es mercadear sus nombres (razones sociales), y productos que ofertan; el resto les importa poco. Y claro, se piensa en que la actividad es para la juventud descerebrada de estos tiempos. Es la que se concibe, de seguro todos los días haría acto de presencia en el lugar del acto recreativo.

Luego, el asunto es que todo luzca bien bonito, con  coreografías, como efectos luminosos y de sonidos bien impresionantes, al igual que, el “pantallismo” de estilo en grande para completar, y poder ofrecer una mayor visión al público asistente. En adición, los fuegos artificiales adornantes de estilo, y llamativos por supuesto.

¡La gente que en su mayoría concurre a eso ya, con cualquier cosa se conforma! ¡Eso de calidad musical y vocalización acogedora, pasó de moda! Vamos a hacer negocios utilizando como medio a todos estos “impensantes” modernos. ¡Es la concepción mercadológica que se infiere!

Si las empresas que montan dicho evento anualmente, quieren conservarle la primacía de ayer, tienen que procurar rescatar para presentación en el mismo,  lo mejor que pueda quedar dentro del género del canto y la instrumentación, sea aquí como fuera del país, en sus diferentes versiones a incluir.  De lo contrario, es posible que le ocurra igual que a los “Premios Casandra”, que tanto fue el descrédito acumulado, que llegaron a perder por completo su esencia primigenia, con las consecuencias últimas de todos conocidas.

Preciso es aclarar que, la conformación del titular que encabeza, de la forma elegida, está muy en consonancia con el modelo de escritura que ahora se estila a través de las redes sociales, para asociar, el cual deja entrever bastantes cualidades ausentes en la juventud actual. ¡Ai mamasita, cuánto abanse!.

Finalmente, una pregunta antes de concluir: ¿Cómo se puede esperar que las nuevas generaciones sean mejores, sembrando y promoviendo públicamente lo que se entiende como  mediocridad, degeneración y malos hábitos por doquier,  con el ingrediente adicional de la política lucrativa, algo que está muy de moda también? ¡Esperanzas fallidas son desde ya!

Por último, preciso es destacar aquí la afirmación de Nadine Gordimer: “la verdad  no siempre es bonita, pero el hambre de ella sí”. Tratemos de saciarla siempre agregaríamos  nosotros, “a fin de que nos sirva como punto de mira en la ruta hacia el éxito personal”, como bien dijera Luis García, en su pequeña, pero valiosa columna, que intitula “Una reflexión”, y que publica en el medio local “El Día”, al referirse en una de sus ediciones a dicha frase.

Rolando Fernández

¡Qué posición más cómoda!

La verdad es que, a veces hay determinadas declaraciones que lucen desafortunadas e inoportunas, a simple vista, aun se pueda tener razón en lo que se expresa, con respecto a ciertos asuntos.

 

El significativo conversatorio que promoviera el medio “Listín Diario”, en que reuniera a una serie de personas importantes del país, entre ellas un psiquiatra, un diputado de la República, como un representante de la Iglesia Católica, entre otros, para analizar y recomendar sobre la vulgarización de la música urbana, definiéndose los daños que se desprenden de dicho género, en la forma que hoy se concibe y se difunde, ha producido reacciones, comentarios, y posturas diversas, como era obvio esperar.

 

Claro, algunas muy a favor; otras en contra; como, las resbaladizas que nunca faltan. Todas sustentadas,  evidentemente, en razones que se advierten poderosas. Entre esas están: la regeneración social ya pertinente, y obligada, que se debe promover; como, los daños innegables a nuestra juventud; el factor alienante que a través de dichas interpretaciones seudos musicales se puede provocar,  y que favorece a pequeños sectores entre  nosotros. También está, el otro segmento nuestro que se beneficia bastante con dichas creaciones y su amplia divulgación: el comercial. En adición, las actitudes huidizas de siempre, y hasta cierto punto justificantes.

 

Pero además, hay otro que le saca buen provecho directo: el político de nuevo cuño, según ha sido manifestado por algunos de los que ejercen la cuestionada disciplina en el país, con un grado de degeneración in crescendo cada vez.

 

Y, mientras a partir del precitado evento,”se han sumado una serie de voces autorizadas, tanto de la esfera de la música como de distintas ramas del conocimiento, solidarizándose con la necesidad de poner coto a ese mal que está atrapando la cultura nacional, y que es difundido por determinadas emisoras radiales, tanto nacionales como de provincias”, el flamante ministro de Cultura que nos gastamos nosotros, expuso unas chocantes declaraciones que, para cualquier pensante medio resultan muy fuera de lugar.

 

Dijo que, “en estos momentos el Estado dominicano es impotente para impedir que la vulgaridad continúe llenando muchos espacios de la música urbana, debido a que en el país existe una ley trujillista que impide legislar, someter y llamar la atención ante ese fenómeno”. ¡Bueeeno!  ¡Qué esperanza! (Véase “Listín Diario”, del 14-4-14, página 5D)

 

¡Qué explicación pública en estos momentos!, cuando se está tratando de alertar y aportar opiniones, en pos de combatir y enfrentar de cara todas esas “rastrerías” que tanto daño vienen haciéndole a la juventud nacional. Y menos, oírlas de un funcionario que se supone con suficiente competencia para contribuir a enmendar, en el orden de lo que se trata. “¡Cuántas cozas ase la politiquería belnácula nuetra!”

 

¿Culpable de nuevo? Trujillo. Pero, cualquier ciudadano imparcial, y que conozca un poco sobre aquella “Era”, que nada más saben endemoniarla, se preguntaría con sobrada razón, ¿y quién se atrevía entonces a proceder de la forma en que hoy lo hacen los llamados raperos? ¿Osaba en aquel tiempo, alguien pronunciar un “coño”, un “no me jodas”, como otras frases de la indecente canasta que hoy se tiene en uso, frente a un micrófono o pantalla de televisión? Por tanto, luce muy rara la aseveración de ese señor ministro, que dicho sea de paso, debió haber señalado el número de esa normativa legal, y la fecha de su promulgación, para cubrirse mejor.

 

En ese mismo orden, ¿por qué cuando la Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía, funcionaba como una verdadera controladora de las vulgaridades y los desenfrenos que se pudieran producir a través de los medios radiales y televisivos a nivel del país, comandada por una capitana con falda de grueso ruedo, como lo era la extinta doña Zaida Ginebra vda. Lovatón, cosas como esas que hoy se ven, como también se escuchan, y que deben avergonzar a esta sociedad, jamás se veían, o se escuchaban?

 

Y si existe una legislación trujillista, como lo expresara el señor José Antonio Rodríguez, ¿por qué nada se ha hecho para legislar sobre esa problemática, en términos de su modificación o derogación  total? Es mucho el tiempo que se ha perdido, dejando que todas esas obscenidades  prosigan su agitado curso.

 

Tenemos un Congreso de la República, y un diputado que se mostró muy dispuesto a colaborar. Además, debe haber otros legisladores en igual actitud. ¡Eso no es cuestión de los medios de la prensa local, abordando la problemática, y recomendándose a  través de ellos! Esa cultura dañosa tiene que ser enfrentada con voluntad y valentía para que algo se pueda lograr.

 

Entonces, a quién más correspondería encaminar y promover las iniciativas correctoras que se imponen en el tenor de lo que se trata, que lo sería ese señor ministro, lo que dice es que: “no se puede hacer nada por el momento; que existe una ley trujillista que lo impide”. ¡Vaya perla!

 

Tales pronunciamientos públicos, frente a tantas voces sonoras y autorizadas en el seno de esta sociedad, que se han levantado para alertar y exigir de inmediato las acciones enmendatorias de lugar, en pos de contrarrestar algo tan dañino y vergonzoso para esta nación, lucen más que justificativos, o acomodaticios.

 

Ahora, si es lo que una gran parte de nuestra gente con formación merece, que la hay bastante, el que todas esas cosas despreciables sigan empañando la imagen del país, y causando grandes daños fehacientes a su juventud, y también a la sociedad en general (delincuencia, criminalidad, violencia intrafamiliar, feminicidios,

etc.), entonces, ¡está bien! ¡Pa’lante!

 

Ese tremendo cuadro indecoroso y delictivo, representa una situación que el mismo ministro reconoce sutilmente, cuando habla de un espacio dentro de la Feria Internacional del Libro, para que todos los raperos puedan grabar su música, siempre y cuando sea él que elija los temas, que “irían en contra de la violencia intrafamiliar y de género, contra la delincuencia y los atracos, en honor a las madres, a los héroes de la patria”. ¡Bonita ilusión!

 

Así no se podrá enfrentar jamás la problemática aquí señalada. Ya es un mal que está demasiado profundo; se le dejó tomar bastante cuerpo. La acciones a encaminar, deben ser otras más efectivas y promisorias.

 

Por todo lo expresado, en nuestra humilde opinión, creemos que unas manifestaciones así externadas por el señor ministro de Cultura, en estos precisos momentos, cuando se está demandando la eliminación de esos “avisperos” dizque musicales, perniciosos, no lucen ser las más apropiadas, con todo el respeto que él nos pueda merecer. ¡Hubiese sido mejor, no decir nada, “hacer mutis”, callar!

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Continuar lloviendo sobre mojado, ¿para qué?

En este país nos gusta estar teorizando sobre los flagelos dañosos que vienen azotando a la sociedad nacional desde hace ya varios lustros. Pero, muy poco procuramos aterrizar sobre sus reales causas, para desde allí mismo atacarles con voluntad  y decisión sostenida, tanto en el orden científico, como puramente estatal-político. También, a través de introducir y promover al mismo tiempo, las iniciativas que las situaciones ameriten.

 

Tenemos aquí muchas cosas dañinas, que sin usar espejuelos podemos verlas. Tal es el caso de la mal llamada música urbana, y sus correspondientes mensajes lesivos, como vulgares, con incidencias obvias en los patrones de conducta que hoy observa un gran segmento de la juventud a nivel nacional. En dicho género, es muy probable, estén alguna de las causas primarias de muchos males sociales nuestros que se intentan combatir de manera aislada, y con los paños tibios acostumbrados.

 

Eso en realidad no es música; es una cultura perniciosa, degradante, que viene afectando de manera muy significativa el accionar de los imberbes, principalmente, y promoviendo una degeneración de alto grado, fehaciente, respecto de los procederes juveniles actuales todos.

 

Tal modalidad “musiquera” se puede calificar como algo sincopado, que incita al uso de las drogas, como al sexo degenerado y sin control, como a otras cosas más. Pero, hay un  motivo adicional detrás, la adhesión a los ritos satánicos de la época, circunstancia en la que muy poco se repara al momento de abordar la temática.

 

Para hacer conciencia, y advertir sobre los inmensos daños que provoca ese mal de la calificada música callejera a nivel de un amplio segmento de la sociedad nuestra, sin discriminar clase, o estrato social, durante el presente, y con innegables efectos  traslativos hacia el futuro, no hay que ser psicólogo, siquiatra, musicólogo, etc., simplemente un observador reflexivo, y haber tenido un poco de crianza familiar.

 

Lo que ocurre es que, eso último, donde en nuestro humilde entender está la base del accionar presente y  futuro de los vástagos que se traen al mundo, con incidencia generalizada en la idiosincrasia de los pueblos, se ha dejado de lado por completo, a partir de las pretensiones económicas; el tengo y  luego soy de hoy; como sobre todo, los aprestos competitivos del sexo femenino hacia competencia frontal con el opuesto, en el marco de la mal concebida  y asimilada liberación que le urge proclamar, e inducir, desde hace décadas.

 

Las damas de estos tiempos modernos, se han olvidado de su verdadero rol en el seno de las tribus-biológicas sanguíneas de las que logran formar parte. En el presente, los muchachos son criados como vacas y chivos en los colegios, o estancias infantiles, desde muy tempranas edades.

 

Y, en las casas, son recibidos en horas de la tarde, para proseguir con las formaciones impropias, que les aportan los servicios domésticos, y la televisión malsana que solo pueden ver. Evidentemente, ¡así nada enmendatorio se podrá lograr!

 

En ese tenor, se expresó con sobrado acierto el sacerdote Gerardo Ramírez, según aparece plasmado en los resultados del amplio conversatorio sostenido sobre la temática últimamente, que reseñara el medio “Listín Diario”, edición de fecha 7-4-14, bajo el título: “Música en el ojo crítico”, donde un sinnúmero de palabritas y frases muy bonitas salieron a relucir, como siempre es lo que se estila, que normalmente se convierten en teorías poco sustentadas, que de  ordinario se quedan en el aire; ¡letras muertas y nada más!

 

Manifestó el representante de la iglesia dentro de la actividad: “La clave: la familia” Dijo en ese orden: “la clave para frenar la descomposición social está en la familia”. Y más adelante agregó: “en el fondo, el problema está en la familia”. ¡Fue bastante reiterativo el religioso católico!, como para que no se olviden sus recomendaciones.

 

Cabría apuntalar ese parecer del padre citado, con algo que dice la doctora Caroline Myss, refiriéndose al sacramento cristiano del bautismo, en su libro “La Anatomía del Espíritu”,  “implica compromisos atinentes tanto a los padres como a los hijos. Por un lado, “la familia acepta la responsabilidad física y espiritual de un hijo que ha traído al  mundo”.  Lamentablemente, se cumple con el precepto religioso, pero no con los deberes derivados, procedería agregar aquí.

 

Los participante en el evento, alertaron en su conjunto “sobre la necesidad de atacar las causas primarias desde la educación y el rescate de valores familiares, así como los controles estatales y de los medios masivos de comunicación”. El asunto no es alertar, es contribuir con acciones e iniciativas que vayan directamente a corregir los procederes  y las actitudes indebidas en el tenor de lo que se trata.

 

Ahí estaba presente del diputado Manuel Jiménez; y desde el Congreso de la República, son muchas las cosas que se pueden hacer para intentar corregir todo cuánto está mal en este país.  Además, la misma iglesia – todas -, tendría un rol muy importante que aportar, en esa lucha por enfrentar la degeneración galopante que afecta al país, y que ya debe avergonzar a los buenos y verdaderos dominicanos.

 

En la posición global expuesta, está contenida una concepción muy loable, y de capital importancia: “controles estatales y de los medios masivos de comunicación”.

 

Ahí están las otras herramientas complementarias que se requieren, ante esta avalancha degenerativa que vienen trayendo a la sociedad dominicana, la incontrolable penetración cultural por una parte, en curso desde hace mucho tiempo; las inducciones alienantes recibidas a través de la red de la Internet; como, la misma televisión por cable, al igual que la local.

El Estado nuestro en su totalidad, tiene que intervenir de manera directa, si es que se quiere contribuir a resolver los problemas de ese tipo, a menos  que se quiera hacer honor, y seguir uno de los lineamientos relativos a un poder absoluto, muy similar al que tenemos: “se contenta con que la gente goce, con tal de que no piense…” (Véase: AM., periódico “Diario Libre”, del 7-4-14)

 

Se debe ser reiterativo en esa petición: voluntad combativa estatal necesaria. Pues  aquí, contrario a lo que debe ser, lo que se está haciendo es incentivar y premiar toda esa basura seudo artística, cuyos exponentes parecen animales sobre las tarimas en que actúan, con unos vestuarios y decoración corporal absurda, rayados por todas partes (tatuajes); como además, utilizando aretes y “guindalezas” por doquier; haciendo “musarañas”, y ejecutando movimientos indecorosos, que lo que más dan es vergüenza.  Pero también tenemos en el ambiente, las damas que se ven cantando y exhibiéndose, con un talaje de prostitutas que “parte el alma”, como se dice comúnmente.

 

Cualquiera se preguntaría, y cómo es posible que insultos de ese tipo a la inteligencia de cualquiera, que tenga un poco de cultura musical y artística, sean nominados para el otorgamiento de los hoy llamados “Premios Soberano”. Y que, en adición a eso, según lo señalara el diputado Manuel Jiménez, que sabe de música y de arte, los políticos del patio contraten a esos “ejemplares”, malos referentes de la juventud, durante las compañas electorales, para conquistar a los tarados mentales de los barrios. Tienen que mercadearse a través de esos, “porque quizás hasta pierden las elecciones”. ¡Cuánta inconsciencia cívica y patriótica tenemos aquí!

 

Dijo el señor Jiménez,  de manera completa: “los políticos en la campaña prefieren a ese muchacho que está pegado en el barrio y no pueden dejar de hacerlo porque quizás hasta pierden las elecciones”. ¡Vaya perla!

 

De decidirse por hacer algo el Estado nuestro, procedería revivir de inmediato la otrora Comisión Nacional del Espectáculos Públicos y Radiofonía, capitaneada por alguien con falda, o pantalones, bien pesados, como lo fuera cuando operaba bajo la presidencia de la extinta doña Zaida Ginebra vda. Lovatón.  ¡Sí!, una persona no susceptible de dejarse “narigonear”, o de recibir los sobornos que se puedan proponer.

 

¡Por ahí, sí es que debemos empezar ya!, dejando un poco la “habladera” para otro momento.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

La calidad no se ausenta por la edad que se tenga

Es muy cierto que, el que nace para algo, de ordinario conserva sus condiciones propias.  Jamás pierde su calidad y el entusiasmo con lo que se hace. Siempre, el don que le ha sido concedido le es atribuible. No importa que el paso de los años melle o deteriore su aspecto corporal, y parte de su capacidad ejecutoria, en términos de resistencia física y cantidad.

 

Llevado esos pareceres al ámbito del arte, de las composiciones musicalizadas, las comprobaciones sobran.  Máxime, cuando las escaseces en ese orden brillan como Sol de mediodía, tal cual ocurre hoy. Hablar de calidad artística en esta época, sería como recordar aquellos tiempos en que las mujeres se halagaban, cuando se les enamoraba, a través de escribirles hermosos poemas, como enviarles bellísimas y delicadas flores. También, cantándoles o dedicándoles expresivas y bien logradas composiciones musicales, canciones bastante emotivas y sentimentales.

 

Todo eso hoy ha sido tirado por la borda; sustituido por la desfachatez, como las atrevidas acciones irrespetuosas; cuando no, los salvajismos amorales propiamente.

 

El tema de las comparaciones en dicha actividad viene a colación, a raíz de una pequeña reseña que apareciera en la prensa local, intitulada “Lucho Gatica lanza “Historia de un amor”, un nuevo disco.  Eso lo dice todo.  Un ícono inmortal del bolero romántico de otrora, ya con 85 años de edad, grabando aún.

 

Claro, su vigencia se mantiene por las condiciones innegables, y las aptitudes obvias aún, amén del escenario favorable que le proporciona la existencia de las tantas “basuras”, con las rarísimas excepciones relativas que actualmente prevalecen en el canto; con lo que hay que conformarse por obligación. “Cuando el hambre da calor, la batata es un refresco”, según reza en dicho popular.

 

Aunque algo distante, en cuanto a cualificación real se refiere, en nuestro país tenemos un ejemplo muy fehaciente: el caso Anthony Ríos.  Aún se mantiene, no obstante la estructura orgánica física que le caracteriza actualmente, y la disminución natural que la edad provoca.  Conserva su talento, y conquista todavía con su arte a los que saben apreciar.  Los demás que se tienen, no son más que copias, o malos imitadores de los tantos que ayer se destacaron.

 

Los seudos artistas de  hoy, duran menos que las cucarachas que acostumbran a pulular por los gallineros, debido al poco talento que se ostenta. No sólo la bajísima calidad se observa entre nosotros, sino también a nivel internacional.

 

Y, algunos de los que se contratan para presentase aquí, exigen como si en realidad sirvieran, cuando en verdad lo que se les hace es un favor, con traerlos a cantarle a un público muy deficitario en lo que respecta a conciencia artística y musical. Muy lamentable, pero es  nuestro caso.  Luego, en este país también se les realza como si fueran de los mejores. Evidentemente, ¡porque no hay más!

 

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

¡Lamentable!, la humanidad involuciona

Cuando cualquier persona con algo de formación académica y cultural, que haya tirado algunas páginas para la izquierda, como se dice, repara con atención sobre las características actuales de la sociedad mundial, principalmente en los segmentos más jóvenes, y que son los más llamados a preservar las cosas importantes, y loables por supuesto, que los hombres han logrado alcanzar a través de los tiempos, como de seguir desarrollando y aportando para aumentar esos logros, tiene que concluir pensando que, la humanidad viene recorriendo hoy todo un proceso involutivo real.

 

No es cuestión de subjetivismos marcados, o de atraso mental atribuible, como opinan algunos “letrados” inconscientes, es una cruda realidad fehaciente a la vista de todos. ¡Sí!, aunque son muchos los alienados de poco pensar contributivo, que se adhieren a todos los desenfrenos, procederes impropios, y sandeces juveniles, como de adultos también, tan cuestionables y deleznables, atribuyéndolos a la modernidad de la época; tratando de justificarles, como promoviendo su aceptación.

 

Cuando uno se maltrata la vista, y hasta la mente, por su contenido en parte, leyendo reportajes como ese que aparece en el medio periodístico “El Día”, en su edición de fecha 4-6-13, página 10, que no deja de ser importante, intitulado “Jóvenes se perjudican por forma de hablar”, bajo la firma de José Miguel de la Rosa, es que puede darse cuenta en realidad, cómo es que anda la juventud en estos tiempos modernos, según lo que expresa uno de los denominados “raperos” que se le entrevistó, con respecto al lenguaje que utiliza la clase, en la interpretación de sus disparatados cantos.

 

No habría otra forma de calificarles, por al falta de calidad musical con que se ejecutan, amén de la escasez poética sentimentalizada que les caracterizan; y, en adición, interpretados siguiendo el marco de los ritmos metálicos sincopados, inductores por lo general, al sexo degenerado y a las drogas.

 

Hoy, la juventud desconoce por completo el concepto de calidad musical, de la poesía cantada, y rítmica; ignoran los contenidos de aquellas hermosas canciones colmadas de lindas expresiones y sentimentalismo profundo. Ya todo eso se perdió. Incluso, la  música clásica selecta la consideran estos ejemplares de nuevo cuño, como de muertos. ¡Cuánta ignorancia!

 

Ni siquiera los actos “loatorios”, de reconocimiento y honra, a las grandes figuras del canto y la poesía, que de ordinario se llevan a cabo en el país, como esos de que ha sido objeto en estos días el Poeta Nacional, Pedro Julio Mir Valentín, en ocasión de cumplirse un centenario (siglo) de su nacimiento, le mueve a esta alocada e inculta juventud, no sólo local, sino extranjera también, a tratar de educarse en esos menesteres, y procurar emular a los por siempre recordados de otrora. A no transculturizarse, en el caso nuestro específicamente, sino ir en pos de adherirse a lo mejor del arte; a cultivar sus valores propios, muy innatos de por sí, como tantos los tienen.

 

Pero, siguiendo con el asunto del lenguaje, chispa inicial de lo tratado aquí, distorsionado, mal hablado, y con doble sentido, agregaríamos nosotros, e impropio en el seno de una sociedad que trata de avanzar y desarrollarse, al que se adiciona la falta de sentido común ostentada, cuán vergonzoso y deprimente resulta el leer las sandeces y disparates, como los pareceres sin fundamento alguno, que muchos escriben y  difunden a  través de las denominadas redes sociales, utilizando en ocasiones términos amorales, cuando no hirientes u ofensivos.

 

Ese es un gran parámetro para medir el grado de involución que registran las sociedades todas. Y que, entiéndase o no, estar relacionada esa situación evidente con el término de la llamada “Era Cristiana”, señalada antes del fin, en el contexto bíblico de las tan proclamadas profecías, la realidad patente es que, la degeneración generalizada  en todos los órdenes, está socavando las bases mismas del gran conglomerado mundial, y que acontecimientos punitivos y aleccionadores de alta magnitud se les advierte venir, en procura de la corrección necesaria por parte de la Madre Naturaleza.

 

El que así no lo conciba, que luego no alegue sorpresas. Pero, lo más lógico es entender que, el mundo no puede proseguir de esa forma, con tanto inconsciencia y desenfrenos, hasta de estar casándose, oficialmente, hombres con hombres, y mujeres con mujeres, por hablar sólo de un despropósito usual ahora.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

¿Por qué sorprenderse?

No todo el mundo está preparado mental y emocionalmente para estar en la cima de cualquier actividad, no importa su naturaleza, máxime cuando se ha subido hasta allí de manera súbita, en base a una  de esas estrategias del mercadeo inductor y manipulador, que en realidad sólo favorecen a los ideólogos, y a los promotores de ciertos montajes artísticos, como aquel festival caracterizado por un gran cúmulo de llamadas telefónicas desde los países representados, en el que participó y resultó ganadora la dominicana Martha Heredia, y que se hacían, más para hacer denotar las tierras natales envueltas, que en favor de los incipientes jóvenes cantantes que actuaban en el mismo.

 

Hay mucha gente que se pierde en la claridad; más, todos aquellos que poco conocen sobre fisiognómica, lectura de los rasgos faciales de las personas, que permite advertir con cierta precisión, según los estudiosos de la rama, determinados aspectos del carácter de las personas,  y en cuanto a la manera de pensar, como algunas de las actitudes a las que podrían estar prestas. Claro, hay algunos “todólogos” modernos que no creen en eso.

 

Por la adhesión evidente de esa niña a los dañosos patrones modernos de conducta, amén de sus características faciales reveladoras en el orden señalado, después de lograr ese salto tan impropio, para alguien que no estaba en capacidad de asimilarlo como se debe – su caso indudable -, lo primero que tenía que hacerse con ella, era ponerla en manos de un buen profesional de la psicología, que la evaluara y le proporcionara las orientaciones debidas, en términos del comportamiento que debía observar en lo adelante, para poder mantenerse en aquel lugar cimero, o predilecto; y, acabar de desarrollar sus dotes artísticos, tutelada por un buen maestro del canto, como un experto manejador en el área.

 

Sin embargo, eso al parecer no ocurrió así; y, como era de esperarse entonces, la indefensa muchacha, con la cabeza llena de “alas de cucarachas” como se dice, y la humareda  que le dejara esa elección como ganadora en aquel festival mundial, le impulsaron a elegir caminos equivocados para transitar, cuyos resultados  se resumen en ese lamentable final último, según el parecer y las acciones de las autoridades judiciales nuestras, después de algunos trastornos de conducta exhibidos anteriormente, que ya iban definiendo su trayectoria hacia el fracaso.

 

Por lo tanto, no debe resultar tan extraña esa deprimente situación por la que hoy pasa, de la cual difícilmente se pueda reponer para seguir adelante.  La misma debe servir de espejo a otros jóvenes talentos que tiene el país, para que sepan como asimilar sus eventuales triunfos, y procuren las orientaciones debidas en su oportunidad, para que puedan seguir saboreando éxitos, como los  futuros galardones a recibir, y que  no se vean truncadas de repente las carreras que inicien, por la ignorancia y las pretensiones extemporáneas, que siempre les inducen a observar ciertos procederes indebidos,  que les conducen luego hasta el descalabro estrepitoso, como es el caso de Martha Heredia, muy lamentable por cierto.

 

¡Los castillos que se construyen en el aire, se desvanecen con mucha facilidad!

 

Rolando Fernández

 

 

Un refrán más que aplica en estos tiempos

Cada vez más queda comprobada la veracidad que envuelven muchos refranes populares que se escuchan a diario, y que son el producto de las vivencias que van acumulándose, como de las experiencias que dejan en ciertos seres humanos, que son muy reflexivos. Los sentidos traslaticios atribuibles a  los mismos, algunos autores tratan de retransmitirlos a través de frases que  plasman con pocas palabras, para comprobaciones y aplicaciones futuras.

 

Una de esas máximas pueblerinas que por regular se pronuncian ante determinadas situaciones especiales, en las que escasean las alternativas, es aquella que reza: “cuando el hambre da calor, la batata es un refresco”; que, llevada la misma al ámbito artístico nacional y extranjero, se puede decir que se corresponde casi en un ciento por ciento, debido a  los “déficits” que se verifican hoy en ese orden.

 

Y es que,  más que notoria se reporta en estos tiempos la ausencia de valores consagrados en esa actividad, no sólo a nivel de nuestro país, sino también internacionalmente hablando, por lo que los empresarios del sector han venido recurriendo a lo que podría denominarse “cualquier cosa”, para llevarla a las tarimas de presentación, y poder continuar con el  negocio.

 

Internamente aquí, los que fungen como artistas del canto, son de una calidad tan cuestionable, en la mayoría de los casos, que ese calificativo les queda demasiado grande; ya que, no son más que “voceadores” con estilo propio, interpretes de sandeces mal musicalizadas, de ordinario por toca instrumentos de oído, sin letras ni poesía alguna.

 

Sí, son piezas vacías de contenido en todos los órdenes. Pero que, lamentablemente, encuentran acogida en una gran parte de la gente tarada en nuestra sociedad, desconocedora de lo que en realidad significa arte, música, lírica, mensajes sentidos, como algunos conocedores de la materia expresan.

 

Muestras más que fehacientes en cuanto a lo externado, las constituyen los seudos shows artísticos que en el país se presentan, con las que entienden las más relumbrantes figuras del patio, en el género, que dejan tanto que desear; que evidencian un alto grado de mediocridad en esos menesteres. Algunas de ésas,  a penas se les incluyen, casi de lástima, como contrapartida local obligada, en los casos de las contrataciones internacionales.

 

Cuando se trata de espectáculos en los que intervienen con regularidad, porque no hay otra cosa, los residuos de la calidad extranjera de otrora, lo que se puede observar sobre los entarimados, son “actuaciones geriátricas”; a personas que constituyeron íconos de la poesía cantada, con elegancia, armonía y sentimientos, que indiscutiblemente hay que recordarlas y honrarlas por demás; pero que ya de ellas, sólo  quedan los nombres, como la imágenes físicas de lo que fueron, en las mentes de sus seguidores.

 

Indudablemente, ante lo que hoy se tiene, son artistas viejos que aún “jalan” público; y por tanto, las personas a las cuales  se tiene que recurrir, cuando se aspira asistan a los eventos  gente con cierto nivel cultural, que dejen beneficio, ante esta avalancha de ejemplares muy singulares, “estandartes” de lo indecoroso, usuarios de ropajes estrafalarios, con tatuajes y piercing por todo el cuerpo.

 

Entonces, aunque a todos esos envejecientes que se contratan para ser traídos al país, ya es muy poco lo que les puede quedar de sus condiciones innatas, ¡por lo menos!, logran saciar la sed de escuchar algo que sirva, aun sea en sus voces disminuidas, y afectadas por los años, las malas noches, y los deterioros físicos en general. ¡Constituyen la batata, que se convierte en refresco, cuando el hambre (escasez de valores artísticos) da calor!

 

Rolando Fernández

 

 

Ahora sólo venden en los escenarios ropajes y enseñaderas

¡Como cambian los tiempos señores! Las ofertas artísticas en los años anteriores siempre se hacían en base a reales condiciones para divertir, crear y despertar sentimientos a través del arte de cantar, piezas emotivas, con delicadas letras, y magistral musicalización como complemento.  Pero además, se ostentaba gracejo, ética y personalidad muy propios, por parte de los actores.

 

Sin embargo, todo eso se ha tirado hoy por la borda.  Ahora no se canta; se vocean sandeces sin sentido alguno; y, lo que más se vende en los escenarios, y atrae por supuesto a los robotizados y alienados de las nuevas generaciones, son los vestuarios indecentes y estrafalarios; la falta de acicalamientos, los tatuajes “animalescos” de identificación, de moda en la actualidad,  entre  muchos los seudos artistas del momento; y por supuesto, los exhibicionismos corporales, principalmente los femeninos.

 

Todos esos “voceadores”, conscientes de su mediocridad artística, y de las características de gran parte del público espectador moderno, recurren a enseñar sin pudor alguno los encantos personales (femeninos) que se creen tener, y en base a los cuales pretenden conquistar aficionados. Ya no se aspira a  atraer público con buena y dulce  voz,  hermosas poesías musicalizadas, y acompañamientos musicales de calidad.  ¡Esas cosas quedaron en el olvido!

 

Son tan pocas las cosas que en el  presente se tienen, no sólo aquí, entre las cuales escoger, que los verdaderos empresarios artísticos se inclinan por elegir para sus negocios de presentaciones en estos  tiempos, a  muchos artistas del pasado, sin condiciones obvias hoy, por razones de edad y limitaciones físicas, pero que “jalan” más que todos estos “canta malo” y musicólogos de nuevo cuño.

 

Más que muestras fehacientes son, las contrataciones para los espectáculos que se estilan durante los días de febrero de cada año, mes señalado como “del amor y la amistad”. Los artistas que más se incluyen en los eventos para la época son: la Sophy, Aníbal De Peña, Danny Rivera, Sonia Silvestre, Julio Iglesia,  etc., ¡gente que fue, y que no tiene sustituto hoy!

 

Rolando Fernández