¿Por qué preocuparse? ¡Duarte es una gran figura nuestra!

 

El hecho de que un eventual retiro de la estatua de Juan Pablo Duarte, Padre de la Patria de los dominicanos, en definitiva, sea llevado a efecto por parte de los gringos, en Nueva York, no debe constituir preocupación alguna para la gente de aquí.

Están aquellos en su derecho. ¡Qué hagan lo que ellos quieran! Total, “gran cosa lleva Yuna”, como se diría en esta nación, cuando algo carece de mucha importancia. (Véase: periódico “HOY”, del 26-8-17, página 12B).

El que algún monumento o estatua en honor a un hombre de esa estatura, uno de los grandes líderes de América, que ostentó siempre dotes dignas de emulación por sus congéneres todos, sin importar nacionalidad alguna, deben de verlo como un honor para su nación los norteamericanos, y no tal un favor que se nos esté haciendo.

Las autoridades dominicanas no deben estar tratando de intervenir para que eso no se produzca. Si es la voluntad de dichos señores, amén. Ahora, lo que sí debemos hacer los dominicanos es prepararnos para pagarles con la misma moneda.

Si allí el líder de la Independencia nuestra, por alguna razón, pesa el que se le esté exhibiendo (¿Tendrá que ver la polémica de que se trata, respecto a Duarte, con los propósitos estadunidenses de geopolítica y Haití?) vamos a reciprocar, y devolverles con la misma moneda, cabe reiterar, eliminando todo reconocimiento en el país alusivo a personaje norteamericano alguno, doquiera y como que sea, que en ocasiones ni siquiera se conoce el motivo real por el cual se le ha venido haciendo. ¡A veces por lambonismo se cree!, más que otra cosa.

Donde mayor extensión tendría la acción en respuesta reciprocatoria a su detestable iniciativa, sería en avenidas de las principales en esta República, que llevan los nombres de personas destacadas de esa Tierra, pero que no gran cosa en realidad, aportaron a este país.  Sin embargo, con dichas designaciones se les honra, teniendo nosotros aquí a tantos hombres que más lo merecen.

Luego, con tratar de hacer borrar en su territorio la figura de Juan Pablo Duarte, de tanta significación para los dominicanos, es como se nos quiere pagar hoy. Ahora, a nosotros está bueno que nos pase por lambones que somos; que nos gusta estar dando valor a los extranjeros, menospreciando a los nuestros.

¡Qué se mancille el nombre de tan connotado patricio dominicano allá, no importa! Donde se debe tener una estatua de Juan Pablo Duarte, preferiblemente acompañada de otra perteneciente a Francisco del Rosario Sánchez, como de Matías Ramon Mella, es en cada entrada los barrios o sectores dentro de toda la geografía nacional.

Sí, para que se mantengan vivos sus ideales patrióticos en la mente de la juventud nacional, y se procure emular sus acciones patrióticas a carta cabal.

Que se les dé el valor que merecen nuestros símbolos patrios, cuyo establecimiento costó tanta sangre y sacrificios. Que no se tire por la borda su honra jamás, a cambio de dar paso a una penetración cultural degenerativa por completo, proveniente en su mayor parte de los Estados Unidos de América, que acabaría por hacer desaparecer la idiosincrasia propia de la sociedad dominicana.

¡Qué los gringos hagan lo que quieran!, con el pedacito de tierra ese que ocupa la estatua del patricio Juan Pablo Duarte, dentro de su tan cuestionada “Gran Manzana”, y dejémonos aquí de estar rogando por lo que ellos entienden como un favor. ¡Qué mejor agradezcan la distinción!

 

Autor: Rolando Fernández

 

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Hermosa y loable invitación, aunque solo de momento: “Hagamos Patria”

 

Con tan inductora y significativa frase se intituló el trabajo periodístico que publicara el medio “Listín Diario”, en ocasión de celebrarse el acto tradicional de honra a la Bandera Nacional, que anualmente el mismo lleva a efecto. Incluyó ahora el evento también, el festejar, la cercanía del 173 aniversario de la Independencia Nacional, como los 200 años del natalicio del patricio Francisco del Rosario Sánchez.

Como muy connotado acto protocolar se reportó la conmemoración, conjunta esta vez. Y claro, la llamativa frase usada como lema en la última entrega, debió mover a una profunda reflexión por parte de todos los dominicanos, al tiempo que de seguro les asaltó a muchos la pregunta: ¿La Patria nuestra hay que hacerla? Se diría mejor que, ¡defenderla, y preservarle!, sería la respuesta más apropiada, ya que evidentemente, hecha está desde hace muchos años.

Es obvio que, en esa apreciación, no pocos estarían contestes. Esas actitudes de defensa y conservación son las que de ordinario se han tirado por la borda, a partir del encomiable trabajo patriótico-nacionalista que realizaran los fundadores de la nación, encabezados por el insigne Juan Pablo Duarte, y sus asociados más directos:  Matías Ramón Mella y Francisco del Rosario Sánchez, cuyo aniversario solo es recordado y celebrado como un acto más demagógico estatal, y ciudadano. ¡Su esencia le han echado tierra!

Lo de “ser guardián activo y vivo frente a todo intento o intención de desconocer los valores que enarbolaron los Padres de la Patria”, suena lindísimo; como, el defender la nacionalidad y soberanía. Pero, ¿es lo que en realidad se hace? ¡No lo parece! De ser así, las actitudes ciudadanas y de los poderes regentes locales fueran otras.

El director del medio antes citado, pidió que el lema “Hagamos Patria”, fuera acogido, al tiempo de señalar “que con este el diario continúa su defensa a la nacionalidad y la soberanía de la patria”, y que la frase no se quede como hueca”. Apuntó: “Y eso lo hacemos revalidando esos valores, cumpliéndolos y tratando de ser cada día más fieles al legado de Juan Pablo Duarte”. ¿Se podrá creer eso, con lo que aquí de ordinario se observa en tal sentido?

El parecer casi generalizado en este país, es que esa herencia se perdió hace tiempo; qué los políticos antinacionalistas, demagogos y corruptos que han estado dirigiendo los destinos nacionales durante los últimos lustros, se han encargado de dañarlo todo; de deshonrar la memoria de aquellos grandes próceres, que nada más merecen aparecer referenciados en las páginas de nuestra historia patria: loas, fotos, y transcripción de frases y pensamientos provenientes de esos idos iconos nacionales patrióticos.

El flamante ministro de Educación al exponer en el marco del evento, honra a la Bandera Nacional, y demás, puso el dedo sobre la llaga al manifestar: “que al sector político de la nación le corresponde dar el paso adelante “porque el resto de la nación lo está dando”. Y agregó: “Los políticos tenemos que cuestionarnos, revisarnos y transformarnos”.

Evidentemente, esos son los grandes culpables del marcado desastre patriótico-nacional que se tiene desde hace mucho entre nosotros; del irrespeto a todos los símbolos de la República, y no solamente la Bandera; también, de la deshonra bochornosa obvia hoy, a la memoria de los Padres de la Patria.

Si la Patria nuestra tuvo sus Padres tantos años atrás, entonces no hay que hacerla; está hecha desde hace mucho se reitera, y lo que hoy procede es protegerla y defenderla a como dé lugar. Ahora, para ellos se necesita de hombres con disposición y capacidad para emular a aquellos héroes de otrora; verdaderos nacionalistas, con conciencia ciudadana suficiente, algo que tanto escasea en la actualidad entre los dominicanos.

Por consiguiente, ¡no hay que hacer Patria, protegerla, y defender su soberanía sí!

 

Autor: Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

 

Duarte, iluso patriota nuestro desoído. ¿Para qué sembró sus ideales?

 

Es así como se puede considerar, por sus sueños nacionalistas de otrora, y lo que hoy se aprecia con respecto a él. Intentó concretizar aquellos lindos pensares patrióticos que se conocen; que perduraran para siempre, en el orden de que nuestra nación fuera libre e independiente de toda potencia extranjera. Pero, todo fue puesto en el olvido.

Además, tenía la concepción de que, jamás la soberanía de país sería pisoteada por ningún intruso invasor; y, mucho menos, con el concurso y la complicidad de tantos flagrantes traidores locales que han actuado tiempos después.  Indudablemente, su legado resultó imposible de apreciar, como en el fondo, esencia, era debido.

Es por ello que, todo aquel loable pensar nacionalista liberatorio, desde hace gran tiempo se le viene echando tierra; nadie le recuerda como debe ser, principalmente los máximos exponentes republicanos aquí, que se les entiende ser, los que más obligados están.  Jamás, incluso, en los momentos de peligro, o cruciales, por los que ha atravesado la nación en diversas ocasiones; cuando el país así lo ha exigido.

Todo se ha circunscrito siempre a la realización de actos protocolares complacientes y demagógicos, en las conmemoraciones del natalicio de Juan Pablo Duarte, como la “Declaración de la Independencia” de la República, en los meses respectivos de enero, y febrero de cada año. ¡Es la norma!

Ahora vienen con la inauguración de un museo dedicado a él, que dio más brega su terminación, finalmente, que el parto de una mujer entrada en años. Y, cualquiera se peguntaría, ¿será ese otro sitio más para explotación turística, que, para homenajear al patricio, y que la juventud de este país se nutra con respecto a sus pensamientos, y proceda emular sus acciones?

Dijo el señor José Joaquín Pérez Saviñón, presidente del Instituto Duartiano: “lo que más interesa – refiriéndose a la obra – es que el pueblo conozca a Duarte y sus valores, y que siga sus ejemplos para cambiar esta sociedad”. ¿Creerá él mismo eso? (“Listín Diario”, del 26-1-17, página 10ª)

“¡No’ombe!”. Lo que menos interesa a los políticos, es el cambio social que ya urge.  Seguro que también será un lugar para conservar, como piezas decorativas, las notas amarillentas que aparezcan, con la transcripción de sus ideales. En adición, exhibir fotos de su persona, y familiares, como de eventos inherentes a la efeméride patria que encabezara; pero, nunca para emular su heroicidad y entrega por la patria.

Es evidente que, con esos etiquetados que tenemos internacionalmente, con gran aceptación poco innegable a lo interno, de ser uno de los países más corruptos, y deficientes, en términos educativos, según el “índice de Percepción de la Corrupción (CPI) de la ONG Transparencia Internacional”; y, el último informe del “Programa para la Evaluación Internacional de Alumno (PISA)”, respectivamente, a lo que cabría agregarle el alto nivel de entreguismo que se gasta la nación, no es factible en el orden de lo tratado la emulación necesaria;  se hace muy cuesta arriba.

Aquel lugar abierto al público, con aparentes connotaciones históricas, dedicado al gran patriota en días recientes, se cree como de lástima, y una ejecutoria más gubernamental demagógica, después de tantas alharacas, y años transcurridos de las proezas duartianas. ¡Es un cumplir, más que otra cosa!

Ese es un bulto extra de los que se han encargado de aplastar su memoria póstuma; su sentir patriótico, y la entrega total personalizada a este pedazo de tierra caribeña, sin la cosecha esperada. Una continuidad de los actos protocolares de estilo, en cada conmemoración alusiva.

En conexión con ese pensar de los políticos del patio, hasta la celebración del día en que nació aquel prohombre, está sujeto a cambios acomodados en el almanaque nacional, para fomentar el consumismo interno, y la vagancia social. ¡Qué homenaje tan cuestionable!

 

Autor: Rolando Fernández

 

 

 

¡Situación problemática con los haitianos! ¿Por qué esperar más?

Por estar dejándolo al tiempo, y a los vaivenes de la política vernácula, que nadie se extrañe de lo que pueda venir en el futuro inmediato, referente a las inmigraciones irregulares que hemos venido aposentando, principalmente las que nos llegan del hermano país vecino. El problema haitiano en tal sentido, que es el de mayores conflictos obvios para los dominicanos, va a repercutir entre nosotros de mala manera.

A pesar de las últimas disposiciones adoptadas sobre el particular, con principalía la famosa Sentencia 168-13, emitida en ese orden el 23 de septiembre del año 2013, por el Tribunal Constitucional de la República (TC), las autoridades competentes nuestras han venido andándose con paños tibios, en cuanto a una aplicación real y efectiva, con relación a esa mayúscula problemática inmigratoria.

Evidentemente, todo parece haber venido obedeciendo a las presiones, injerencias a las claras, y las eventuales implicaciones de corte internacional recibidas, patrocinadas por algunos de esos organismos que desde hace muchos años han estado propugnando por endosarnos a nosotros los problemas  y las crisis fehacientes que se verifican en el hermano país, cuando aquí no podemos ni con los nuestros.

Y claro, aquellos han logrado establecer cajas de resonancia internas “operandi”, las cuales hacen coro cabal a esas pretensiones, y que encabezan a nivel de representación y concurso solidario, algunas de las denominadas ONGs existentes en el país, capitaneadas por dominicanos considerados como antinacionalistas, receptores de jugosas subvenciones mensuales en monedas extranjeras.

Todo, muy a pesar de los ingentes esfuerzos que hacen determinados segmentos de la sociedad nacional, que han venido tratando de defender “con uñas y dientes”, como se dice, la soberanía del país, que de seguro han provocado el que se lleven a cabo ciertas acciones inherentes, que nada más lucen “aparentes” sobre el particular.

Es por ello que, el problemazo sigue “viento en popa”; todo está igual  o peor que antes, a pesar de las tantas alharacas declaratorias oficiales y particulares que se hacen. El flujo inmigratorio irregular hacia esta nación continúa in crescendo, con muy pocos controles introducidos a la vista.

Las evidencias relativas en tal sentido están de sobra en todo el país. Y, ahora tintada la gravosa situación, con motines y acciones vandálicas por parte de los haitianos, como actividades retaliatorias innegables. ¡Qué sigan esperando, “que al que no da, le dan!”, como reza una máxima pueblerina.

Los sucesos referentes están de sobra desde hace ya varios meses. Pero, hay uno último que merece bastante consideración, y que invita a una profunda reflexión ciudadana. El mismo fue reseñado por el medio digital “La Nación Dominicana.com”, 8-9-15, bajo el titulo: “Tensa situación en frontera Dominicana y de Haití, enfrentamiento a tiros y pedradas”.

Se habla en la publicación  sobre los hechos acaecidos en aquella vulnerable zona,  con lamentables incidentes, como enfrentamientos directos entre   transportistas y efectivos militares del Centro de Seguridad Fronteriza, CESFRONT.

Según el prestigioso medio, hubo de todo: “PIQUETES, MOVILIZACIONES EN ALGUNOS SECTORES DEL PUEBLO, CON PALOS Y PIEDRAS;  UNA VEINTENA DE MICROMITINES EN LAS CALLES, CON GOMAS QUEMADAS,  Y ÁRBOLES OBSTACULIZANDO EL PASO”.

Como se puede inferir, son  todos esos, eventos que merecen alto grado de consideración, en el marco de la pseudo puesta en marcha definitiva del Plan Nacional de Regularización de Extranjeros vigente, cuya aplicación, con la rigurosidad que debe ser, aún no comienza; como igual ocurre, con el cumplimiento cabal de la precitada Sentencia 168-13, dictada por el Tribunal Constitucional de la República (TC),  con estipulaciones a las cuales se ha estado tratando de buscarles la vuelta, para suavizar posibles efectos conflictivos  que se puedan derivar del asunto.

Además, parece ser que no se ha estado ponderando, amén de la lentitud expuesta en el tenor de lo que se trata, la gran cantidad de ciudadanos haitianos que deambulan por nuestras calles y avenidas, en pueblos y ciudades de esta nación, que ante cualquier eventual confrontación bélica entre ambos países, podrían conformar una poderosa fuerza, para combatir en defensa, y actuación solidaria hacia los suyos, desde dentro mismo del territorio dominicano.

¡Qué se piense bien! Y, dejemos de estar andándonos con paños tibios, frente a una situación tan delicada como esa, para que luego no nos pese.

Rolando Fernández

La demagogia patriótica tiene su precio: la indiferencia

El que jura por la bandera de otra nación, condición sine qua non, para poder convertirse en un ciudadano más de la misma, no ama en realidad su país; le importa poco el terruño natal, por más allantes y demostraciones falsas que haga.

Realmente, se aprecia que no hay un sentimiento ciudadano por ninguna de las dos partes envueltas. Y si lo hay, estaría muy escondido el correspondiente a sus raíces. Se infiere que,  solo le mueve el agenciarse beneficios compartidos que provengan de ellas, de cualquier índole.

El teatro que se hace, podría ser inherente a los dos pueblos. Se tiene un pie en cada uno. Y, el sentir patriótico, girará por lo regular según soplen los vientos, por deducción lógica.

Es obvio que, de inclinarse nada más por el nuevo estatus adoptado, no habrá una real identificación con sus verdaderas raíces, las costumbres, y los patrones culturales de su pueblo. El amor patrio no se divide; y cuando así se hace, se diluye por completo, casi tal ocurre entre parejas que una vez se amaron.

Cuando se es verdadero ciudadano de un país, qué difícil debe hacerse estar frente a tan importante símbolo patrio de otra nación, su bandera, como el escuchar las  notas de su himno nacional.  Se necesita de una doble cara, como de un sentir dividido, que no siempre es posible. ¡Se reporta teatral!

Todo el que ha estado en latitudes extranjeras lejanas, conoce la carga emotiva, como el sentir vibracional que asaltan, cuando se observa el sagrado lienzo propio, o se oyen las notas de ese canto penetrante, recordatorio, inductor y gratificante, a pesar de la lejanía que separe.

Y, ¡eso no es casual, es tribal! Es lo que se desprende de la energía inherente  al primer chacra de los dispuestos para cada ser humano, según se sostiene en el orden esotérico. Es el centro energético que une a los hombres de que se trate, en términos de pertenencia e identificación, familiar, grupal, nacional, regional, etc.

De acuerdo como se describe en “ATALAYA DEL PENSAMIENTO LIBERADO”, red de la Internet: “El primer chacra nos conecta y afirma; es nuestra conexión grupal con las creencias familiares tradicionales, que favorecen la formación de la identidad y la sensación de pertenecer a un grupo de personas de un lugar geográfico determinado”.

“Para concertar con la energía del primer chacra, centre la atención durante un momento en algo tribal que le active una reacción emocional, por ejemplo:”

“. escuchar el himno nacional

. presenciar un espectáculo militar

. ver a un atleta cuando recibe una de medalla de oro en los

Juegos Olímpicos

. asistir a la boda de una persona querida

. enterarse de que a un niño o niña le han puesto su nombre”

Como se puede advertir a partir de lo expresado, el representar un doble papel en tal sentido no puede resultar fácil, a menos de no ser un ingrato total hacia su país, rompiendo con esa condición natural expresada: de ser uno con lo suyos, en términos generales.

Además, ante cualquier conflicto o conflagración entre ambas naciones a las que se pertenezca, por nacimiento, o en base ha haber llenado requisitos de orden legal extra-territorio propio, y si es que lo tribal se conserva, sería muy difícil definir por cual de los dos bandos inclinarse a defender.

La doble nacionalidad implica compromisos divididos, lealtad y deslealtad a la vez. Y, ante la dificultad de conocer de qué lado se está realmente, la mejor actitud frente a los que se han inclinado por la misma, sin importar de lo que se trate, es la indiferencia. Claro, no como ser humano propiamente, “que es arena de otro costal”, como se dice.

Rolando Fernández

¡Los nuestros son más merecedores, honrémosles!

La verdad es que, muchos dominicanos han roto el “lambonimetro”, don Rafael, cuando se trata de medirles esa mala práctica – dar coba – que afecta tanto negativamente toda personalidad.  ¡Son lambones por naturaleza!

Parece ser muy cierta su apreciación, en el sentido de que, eso obedece a que los nacionales heredaron los genes del llamado “complejo de Guacanagarix”, “el cacique que se puso de adulón cuando Colón llegó a estas tierras, convencido de que todo lo extranjero es mejor que lo autóctono y lo criollo”.

Las loas y recuerdos a nuestros valores se ponen siempre de lado, para estarse congraciando con extranjeros, o sus países de origen. Son muchos los hombres valerosos que ha parido este país, que se han destacado como: grandes patriotas, héroes nacionales, connotados literatos, políticos de altura,  y periodistas, entre otros., que merecen por igual, o en mayor cantidad, reconocimientos de ese tipo, siendo lo debido inclinarnos siempre por los locales.

Ese sentir quejoso que hace público el señor Rafael Molina Morillo, en “Mis Buenos Días”, del 14-7-15, con el subtítulo “Guacanagarix al bate”, relativo a lo tratado más arriba, se debe transcribir en todos los periódicos locales, incluidos los digitales, para ver si provoca algún efecto concientizante en muchas personas dentro de la sociedad dominicana.

Resulta penoso, y hasta vergonzoso, el que algunas de las principales avenidas de nuestro país hayan sido designadas con nombres de personajes extranjeros, que innegablemente son “prominentes de la Historia del mundo, merecedores del respeto y admiración de todos”. Pero, siendo justos y aquilatadores nosotros, no deben estar sustituyendo a los nuestros.

Hombres como Winston Churchill, Abraham Lincoln, Tiradentes (Joaquim José da Silva Xavier), John F. Kennedy, Charles de Gaulle, George Washington, se han destacado en otras latitudes, pero no en realidad entre nosotros. ¿Qué  hicieron de notoriedad en beneficio de nuestra nación, para que estemos honrándoles tanto, habiendo aquí un sinnúmero de personas notables que han aportado suficiente a nuestra imagen como país, y quehaceres patrióticos? Sus nombres están aún  frescos entre los dominicanos.

De aquellos es muy poco lo que conoce la mayoría a nivel local, y no es raro escuchar a muchos ciudadanos decir: ¿Y por qué tiene esa avenida o calle el nombre de un extranjero? Al no saber razón, de inmediato asalta la idea de que es por simple “limpiasaquismo” y “lambonería”.

Esas son de las cosas que hacen que nuestros jóvenes tengan sus mentes enfocadas hacia ultramar, pues desconocen sus “personalizados” valores patrios; hombres connotados en diversas disciplinas del saber; que han luchado por este país, al extremo de ofrendar hasta sus vidas; que han puesto el nombre del mismo bien alto en el exterior; amén de que, han observado siempre vidas ciudadanas ejemplares.

De haberse estado recordándoles como se debe, viendo sus nombres en muchas de las calles y avenidas de esta nación, es probable que las generaciones subsiguientes se hubiesen inclinado por emularles en sus actos  civiles todos, y comportamientos patrios. Pero, ¿qué es lo siempre han visto?, los de extranjeros, que a penas conocen los que son proclives a la lectura.

Claro, lo más aconsejable sería, como alude don Rafael, el que los congresistas nuestros se inclinaran por legislar en tal sentido, en pos de enmendar todos esos desprecios a los valores locales, y disponer los cambios de nombres pertinentes a nuestras principales avenidas y calles de la capital dominicana, principalmente.

Que todo se hiciera con el concurso obvio de los gobiernos municipales, a cuyos alcaldes y regidores también les debe competir tal preocupación y labor enmendatoria.

Lamentablemente, aquí solo tenemos un Congreso Nacional para aprobar préstamos concertados, hipotecar el país, y demás decisiones que emanen del Poder Ejecutivo, entre ellas las de corte enteramente político.  ¡Ah, qué no se olvide!, el disponer, o dar su visto bueno a la imposición de nuevos gravámenes tributarios en contra de la población.  También, el legislar en su propio favor.

Por su parte, las alcaldías nada más están en castigar a sus munícipes con nuevos arbitrios, hacer negocios con pequeñas obras para allantar; y, el mayor de todos, la recogida y disposición de la basura.

Por consiguiente, lo más probable es que, nuestras principales avenidas y calles continuarán llamándose como hasta ahora, con nombres de extranjeros, a pesar de voces como la de don Rafael, que se han levantado en contra de esa costumbre antinacionalista.

Los connotados hombres nuestros, que sigan en el olvido; mayores loas a los extranjeros, ¡penosa realidad nacional!

Rolando Fernández,

¡Esas son de las “perlas” de nuestro país!

Gracias que todavía quedan aquí periodistas que enrostran de manera oportuna a la sociedad dominicana, omisiones que nunca se deben producir, ¡pero que se dan alegremente!

Nos referimos a una publicación con la firma de Alejandro Dipré Sierra, que aparece en medio “Diario Libre”, edición de fecha 6-7-15,  página 41, intitulada “Un aniversario olvidado”.

En la misma, trata sobre el lamentable olvido de un aniversario más de la inmolación de Francisco del Rosario Sánchez,  por parte de los dominicanos, apresado junto a otros independentistas en municipio El Cercado y trasladado a San Juan de la Maguana,  siendo fusilado en el cementerio de allí, la tarde del 4 de julio de 1861, junto a los demás, según lo consigna el citado profesional de la comunicación en el trabajo de referencia.

Ese fue el hombre “que izó la bandera dominicana en la Puerta del Conde, declarando la independencia dominicana. Es él quien grita “Dios, Patria y Libertad”. A la hora de la verdad, siempre llevó la voz cantante”.

Sin embargo, nadie recordó la muerte del negrito aquel, uno de nuestros padres de la patria, y el que algunos consideran  debió haber sido declarado como el principal, y no que la elección se inclinara hacia Juan Pablo Duarte, debido a las realizaciones patrióticas atribuibles a cada uno.

Algunos investigadores, pensadores y aquilatadores de su trabajo en favor de la independencia nacional, hasta llegan a especular que el motivo principal para que eso no se produjera, fue el asunto de carácter racial prevaleciente en la época. Y, “había que buscar a un blanquito para proclamarle Padre de la Patria”.

Claro, sobre esa decisión, los historiadores nuestros por regular obvian referirse a la misma, por ser una “papa demasiado caliente”, que podría provocar el que la historia de este país tenga que ser revisada y modificada en ese aspecto trascendental, amén de las implicaciones conflictivas que tal nueva narración habría de acarrear.

Según el periodista citado, Francisco del Rosario Sánchez, fue un patricio bastante notable; pues además de sus hazañas en ese sentido, era un ciudadano con formación académica: abogado, político, dominaba varios idiomas; un hombre estudioso por naturaleza. “Ocupó diferentes cargos en el Estado dominicano y también fue defensor público”. ¿Cuántos políticos actuales en el país podrán darse ese lujo?

Un patriota nuestro, con un perfil así, no es para que se le olvide como a un ciudadano cualquiera. Que la fecha de tan significativo acto – su fusilamiento -, se deje pasar por debajo de la mesa, sin contemplación alguna.

No obstante, la gran cantidad de alienados, títeres, transculturizados, enfermos mentales, lambones, etc., que tenemos entre nosotros, sí que se inclinaron por hacerles coro a los gringos, en la fecha del 4 julio de este año, en que conmemoraron  el día  de su independencia.

Se hicieron hasta fiestas y bebentinas a nivel interno, celebrando lo extranjero. Del negrito nuestro, al que hoy debemos en gran parte la independencia nacional, ¡qué pocos dominicanos le recordaron!, en la fecha de su “inmolador” deceso por esta patria.

¡Qué ejemplo más deleznable, para las presentes y nuevas generaciones de este país!

Se deben reiterar las gracias al señor Alejandro Dipré Sierra, por su recordatorio publico a esta olvidadiza nación. ¡Solo él que sepamos!

Rolando Fernández

¿Y pa’qué sirve eso?

La concepción de los políticos de nuevo cuño es que, nada más para recordar la resaca de un patriotismo de antaño. que hoy no aplica. ¡Dejen eso así!, y preocupémonos por otra cosa.

Es así, como al parecer piensa la clase política nuestra gobernante, en capacidad de poder hacer y honrar, con relación al Museo de Juan Pablo Duarte, Padre de la Patria.

Por eso se encuentra ese lugar sumido actualmente en el polvo y el abandono, como publicara un importante medio de la prensa local, sin importar los daños que esa situación pueda provocar a documentos, libros, pinturas, esculturas, y piezas históricas invaluables”, según lo denunciara don José Pérez Saviñón, presidente del Instituto Duartiano. ¡Eso sería un crimen!

Según la reseña, desde el año 2012, en la víspera de la celebración del bicentenario del nacimiento del Patricio, la  Oficina de Ingenieros Supervisores de Obras del Estado (Oisoe), prometió “convertir en una maravilla este lugar donde nació Duarte”.

Eso fue seguro en uno de esos arranque politiqueros protocolares de  ocasión “efemérica”, para allantar, aparentar quedar bien, y luego no cumplir, como es lo que se estila entre esta claque politiquera nacional.

Con razón expresó el señor  Pérez Saviñón, “Nosotros ni siquiera les pedimos el arreglo, ellos se ofrecieron a  hacerlo”, y ahí está la muestra como siempre, agregaríamos  nosotros. Comenzaron de seguro a desbaratar para arreglar, y según expuso el quejoso, “Lo peor es que hace más de tres meses que los trabajos están completamente paralizados, aquí no ha vuelto ni un obrero, a pesar de las diligencias ante la Oisoe para exigir la terminación”, según se dijo. ¡La misma práctica demagógica y burlona!

Y es como dice el señor Pérez Saviñón, “Para mí esto no tiene nombre, aquí se invierte muchísimo dinero en otras cosas, cómo es posible que el Instituto Duartiano, su museo y biblioteca, estén en las condiciones en que se encuentran. Por eso exigimos a la Oisoe que cumpla con su deber, no con nosotros, sino con el pueblo dominicano”. (Periódico “HOY”, del 27-6-15, página 11ª).

¿Y qué les importa a estos políticos, señor Pérez Saviñón, el cumplimiento con este pueblo? Al contrario, mientras menos esta sociedad sepa con respecto a Duarte, ¡mejor! Se entiende que eso de patriotismo pasó de moda.

Ahora los tres padres de la patria son: Politiquería, Corrupción Estatal, e Inseguridad  Ciudadana.  Solo tenemos que reparar en cómo se le honra a cada uno. Y para muestra, fijarnos en la friolera de recursos económicos que se les entrega a los partidos políticos para sus francachelas electorales, y que muchos de sus más altos representantes se hagan cada vez más ricos.

También, en la lenidad de la justicia nuestra, con respecto a los grandes corruptos que han desfalcado el país, y sus evidentes cómplices. Con los casos denunciados y patentes, se juega pasándose la bola entre las supuestas autoridades y los tribunales del país; al final, todo queda en veremos.

Y ni hablar de cuán inseguros se sienten todos los dominicanos hoy en día, ante la ola de criminalidad y delincuencia que viene azotando a esta  nación, motivada en causas diversas, sin aparente visos reales de corrección o enmienda. ¡Cada quien que trate de cuidarse con sus propias uñas!

Procedería que se tomará parte de los recursos asignados presupuestamente para entregarlos sin control a los partidos políticos del patio, y se destinarán a concluir los trabajos que se iniciarán para los arreglos y hermoseamientos del Museo de Juan Pablo Duarte, y sus conexidades, por parte de la Oisoe.

Pero, ¿resultará fructífero eso en todos los sentidos? ¿Se podrán agenciar jugosas comisiones en esa pequeña obra? ¡Preguntas de tarea!

Finalmente, no nos extrañemos, si en cualquier momento se toma la decisión en este de país, de construir un “flamante” monumento, dedicado a los nuevos “tres padres de la patria: Politiquería, Corrupción Estatal, e Inseguridad Ciudadana”. ¡Esperemos!

Ya eso de Duarte, la Sociedad Secreta la Trinitaria, sus miembros y el Juramento Patrio, quedaron en el pasado. Ahora se baila otra música, con otros componentes de las orquestas de moda.

Rolando Fernández

¡Increíble, pero cierto! Hablar tanto, ¿para qué?

¿Y por qué tenemos nosotros los dominicanos que estar dando tantas explicaciones a los entrometidos extranjeros, en cuanto a la observación de nuestras leyes vigentes hoy, aplicables a los inmigrantes ilegales con relación a nuestro país, cuando otros no lo hacen, y los botan de manera desconsiderada e inmisericorde?

Es que no se nos considera como una nación libre y soberana, en capacidad de decidir por sí sola; que tenemos autoridades genuflexas a las cuales les tiembla el pulso para actuar; que  a ésas se les puede presionar, como chantajear con facilidad. ¡Demostrémosles que no! Que aún quedan dominicanos de “pura cepa”, dispuestos a honrar las notas de su glorioso Himno Patrio.

Aquí no hay que estar contestándole a nadie con respecto a la aplicación del nuevo Plan Nacional de Regulación de  Extranjeros. Ese es un asunto enteramente nuestro. Solo tenemos que actuar como se debe. Acogernos por completo a las últimas disposiciones adoptadas en tal sentido por nuestras autoridades competentes.

Claro, dentro de  un amplio marco de humanidad y comedimiento hacia esas personas. Ponderar las razones que se encuentran en la base de esa vieja problemática, y sus derivaciones; entre ellas, las situaciones beneficiosas agenciadas por el empresario nuestro: alentar a esos extranjeros – como es el caso de los hermanos haitianos -, para su ingreso irregular al país, procurando la obtención de mano de obra barata; como, las intenciones de los políticos actuando de igual forma, en busca de crear “colchones” de votos durante los procesos electorales en esta nación.

Evidentemente, todo cuánto se está recibiendo se veía venir, producto de las nuevas medidas adoptadas, que procuran en realidad ponerle coto a ese flujo de inmigrantes ilegales que habían estado llegando al país desde hace ya varias décadas.

Entonces, no es cuestión hoy de estar “garateando” con nadie, tal se dice en buen dominicano, como tampoco dándole satisfacciones a intrusos, incluyendo a las cajas de resonancia internas, títeres en su mayoría remunerados desde ultramar por entidades y gobiernos que tienen un objetivo definido con relación a ese asunto, la unificación de la isla, lo cual es un secreto a voces.

Lo que tenemos que hacer nosotros es proceder como se debe hacer, y nada más. Eso de que haya que estar “elaborando estrategias para defender la aplicación de la política migratoria nuestra, en busca de que el mundo conozca la verdad al respecto; “RD inicia una ofensiva internacional…..”, tal y como salió publicado en un medio local, no es lo más aconsejable. Tenemos que darnos a respetar.

Evidentemente, en momentos como estos que atraviesa Dominicana, respecto de los asuntos inmigratorios hacia el país, es que todas las naciones necesitan de verdaderos estadistas, curados, y con vasta experiencia, como lo era el Dr.  Joaquín Balaguer, para dar aquellos “boches” con educación a los injerencistas, como él solía hacerlo,  cuando se entrometían de forma “compulsiva” en nuestros asuntos internos. ¡No de políticos dirigiendo una nación!

Pero además, se necesita de un personal diplomático ducho, con capacidad suficiente para esos menesteres, no de politiqueros improvisados para desarrollar actividades tan delicadas de ese tipo.

Es obvio que, de ninguna de las dos cosas tenemos hoy aquí, lamentablemente. No obstante, ¡sí podemos callarnos, y actuar como se debe!, hacer lo que dictan nuestras leyes, reiteramos. ¡Allá el que no le guste!

Autor: Rolando Fernández

¡Cuántas contradicciones, mamacita!, se aceptan todos los “enlatados” extranjeros

Cuánto requieren los pueblos de hombres sin ataduras, que gobiernen en sus países, conforme a la idiosincrasia muy propia de cada cual, y siempre pretendiendo fortalecer sus patrones culturales, preservar los símbolos patrios que les identifican; que sepan decir ¡no!, a los injerencicistas y alienantes osados del exterior.

A propósito de eso, tenemos en esta nación un partido oficial gobernante, que aún dice llamarse de la Liberación Dominicana, no obstante haber perdido ese gran norte originario de su creación, como el ideal principal que fuera de su primigenio mentor y guía, y que se acoge hoy por completo a los lineamientos procedentes del exterior, no importando su naturaleza. ¿Dónde quedaron los aprestos liberatorios del gran maestro?

Por lo que se puede continuar observando en la actualidad, la concepción antinacionalista del Nueva York chiquito con respecto a nuestro país, “sigue viento en popa”, tratando de ser vendida con mayor fuerza cada vez por los políticos seudos líderes apostados en el seno de la precitada organización partidarista, ocupando  las posiciones cimeras. ¡Cuántas contradicciones, hasta bastante irónicas consideradas!

Ahora lo nuevo es: “Castigarán a adultos que les den “pelas a los niños”. Es el denominado proyecto “Hoja de Ruta 2015-2018, para Prevención y Eliminación de la Violencia contra los Niños, Niñas y Adolescentes en República Dominicana”, ¡muy bonito título!, auspiciado, o impuesto más bien, por la Organización de la Naciones Unidas (ONU), un elefante blanco, cuyo trabajo fructífero no se deja ver, y que su mayor inclinación luce ser: beneficiar a los más poderosos del mundo, creando caldos de cultivo en los de menor categoría, y alarmante pobreza.

Como siempre, el proyecto fue aceptado con beneplácito por las flamantes autoridades nacionales, y será ejecutado por uno de los huacales políticos nuestros, el Consejo Nacional de la Niñez y Adolescencia (CONANI), con el concurso de algunos organismos de peso en el país, como son entre otros: Procuraduría General de la República, ministerio de Educación,  Salud Pública, y la Liga Municipal Dominicana (LMD).

Es obvio que, se admitió “genuflexicamente” la imposición, sin reparo alguno; que las cajas de resonancia aquí siguen operando alegremente, sin ponderar riesgos probables, ante una iniciativa de tal naturaleza, en un país donde la sagrada institución denominada familia se derrumbó desde hace ya bastante tiempo, producto de la gran degeneración inducida de que ha venido siendo objeto el país.

Evidentemente, todo obedece a los propósitos marcados proveniente de los poderes sociales y políticos regentes entre nosotros, que se acogen a todo cuánto les convenga, sin importar procedencia, a los fines de continuar con sus hegemónicas actitudes.

De acuerdo con la reseña que salió publicada en el medio “Listín Diario”, edición de fecha 6-5-15, en relación con el referido “plan diabólico”, con suficiente nivel de detalles, ¡eso hay que leerlo!, para saber bien de lo que se trata.  ¡Está “bellísima” la idea! Se recomienda lo nuevo, pero de lo sustitutivo no se habla.

Cuánta gente pensante entre nosotros, que no se deja manejar, con los pies sobre la Tierra, y conocedora de lo que actualmente viene ocurriendo en nuestro país, con respecto a los desbordamientos muy impropios a nivel de lo conductual requerido, que observan nuestros niños, niñas, adolescentes y jóvenes en la actualidad, precisamente por la malograda crianza hogareña que nos acosa, están reflexionando sobre la improcedencia de lo que se aspira, en el tenor de lo que se trata.

Además, en cuanto a lo desatinado de ese “copismo” alegre; de que realmente la soberanía de esta nación se perdió; que ahora es manejada por los mandamases injerentes de fuera, con la aquiescencia de todo este tinglado de politiqueros alienados y títeres que nos gastamos los dominicanos. Que urge ya la necesidad de que sean verdaderos estadistas los que asuman las riendas del país.

Con esa nueva forma de crianza que pretenden imponer los “titerados” aquí, no se persigue otra cosa que no sea el continuar restándoles autoridad a los padres sobre los hijos, que son quienes realmente tienen que asumir las responsabilidades sobre su formación más digna y apropiada. Eso, para que se degenere más aún la sociedad en que vivimos los nacionales; que crezca la falta de respeto hacia todo, como la criminalidad, la delincuencia; y sobre todo, la inconsciencia ciudadana.

Pero hay más en el ambiente, amén de que los padres ahora no podrán tocar a los hijos ni con el pétalo de una rosa, para corregir los comportamientos indebidos en que incurran, si es que quieren evitarse recibir sanciones o condenas judiciales. Prohibido totalmente está la práctica de dar pelas. Incluso, hasta el proferir palabras que se entiendan ofensivas, y que los puedan lesionar emocionalmente.

Por lo que se ve, los vástagos todos, no importa que sean inquietos, irrespetuosos, rebeldes, serán como delicadas rosas blancas, y habrá que manejarles con mucho tacto y dulzura, para que no se deshojen, sin importar cómo se comporten; el que luego sean como  parásitos formados adrede, para su entrega después a la sociedad.

Para completar las buenas intenciones de la ONU hacia nuestra sociedad, según lo expuesto más arriba, “Representantes de organizaciones internacionales enviaron una carta al presidente Danilo Medina solicitando incluir la educación sexual-afectiva en el curriculum educativo del país, preocupados ante el alto índice de adolescentes embarazadas”. ¡No faltaba más! (Véase periódico “Diario Libre”, del 7-5-15, página 12).

A eso dijo el flamante ministro de Educación, “que ya eso está incluido en el curriculum educativo”, “lo que ocurre es que eso se comenzó no hace mucho”. ¡Bueno!, la verdad es que, “es pa´lante que vamos”. ¡Se salvó el país! ¡Es que somos muy aquiescentes no cabe duda!

Ahorita le llega otra misiva al primer mandatario de la nación, para que imparta instrucciones, en el sentido de que se establezca la obligatoriedad en cuanto a que: a todas las niñas se les incluya en el contenido de las mochilas escolares, u otros efectos  utilizados como tales, en par de preservativos (condones), para que exijan a los varones su obligatorio uso en caso de necesidad.

Todo eso está muy bien, ¡mejor se daña! ¡Que se haga así: permisividad y consentimientos tales a nivel familiar, como enseñanza sobre sexualidad en las aulas escolares!, para ver cuáles serían los resultados en el transcurso de los próximos tres (3), o cinco (5 años) venideros.

Rolando Fernández