¡Lo que se veía venir! ¿Por qué extrañarse entonces?

Una sociedad totalmente degenerada, carente de valores casi por completo; repleta de inseguridad ciudadana; llena de drogas por doquier; analfabetos con “cuadre”; musiqueros, y canta malo, con vestuarios estrafalarios, aretes, tatuajes, clinejas, cachuchas mal colocadas, etc. ¡Ese es el escenario dominicano actual, lamentablemente!

Además, y para completar el panorama, una nación sin verdaderos guías espirituales, como políticos con condiciones, que procuren enmendar; y, reencausar esta sociedad por caminos diferentes, con miras a un regreso apreciable de lo que fuera otrora, aun sea parcial.

Es evidente, que la principal causa que provoca tal descalabro social nuestro, es la desaparición de la familia, como célula primaria; en términos de su verdadera esencia; como, de los valores, y responsabilices inherentes a cada uno de los miembros que la compongan.

También de los aportes a lo general ciudadano, en el sentido de los comportamientos a observarse siempre.  La base principal considerada sucumbió.  Ya no queda nuestra de cuánto se tuviera en ese sentido. Penoso el giro, ¿verdad?

Con relación a eso, siempre recordamos algunos decires de los mayores, basados en las experiencias acumuladas, y los años vividos, respecto de que esas carencias, y actitudes personalizadas impropias vendrían; como, aquello de que, se presentarían tiempos en los que ya no habría padres para hijos, como tampoco hijos para padres. Hoy se tiene una fotografía fiel de la concretización de esas predicciones. ¡Cuánto sabían esos viejos!

Los núcleos familiares efectivos, compuestos por progenitores y vástagos, han ido desapareciendo casi por completo. Son cosas del pasado.

En la actualidad solo se tienen grupos formados bajo un mismo techo, en los que participa cada uno de tales miembros, queriendo hacer cada cual lo que le viene en gana, sin asumir las responsabilidades y deberes que le son inherentes.

En ese sentido, algo muy puntual fue expresado por la doctora Caroline Myss, en su valiosa obra: “La Anatomía del Espíritu”, que parece haber sido olvidado por completo, lamentablemente.

Dice ella: “una familia, acepta la responsabilidad física y espiritual del hijo que ha traído al mundo, al participar en la ceremonia del sacramento del Bautismo”. 

Luego, ¿por qué no cumplirla después? ¿Se tiene ahora el Bautismo solo como un simple acto social? ¡Serían dos interrogantes a plantearse hoy!

En razón de lo expresado más arriba, nadie debe extrañarse entonces, por lo que viene ocurriendo en Dominicana, nuestro foco principal de atención; como, también en otras latitudes observables, cercanas y lejanas, en que se evidencia el mismo descalabro   social.

Obvio que, todo es el producto innegable de las siembras que se ha venido llevado a cabo desde hace años, y que ahora están repollando con mayor fuerza, en países como éste en que vivimos; de antaño, en manos de políticos desaprensivos, y corruptos por demás, que son los que de ordinario gobiernan. Naciones que carecen de una educación efectiva, tanto académica, como la imprescindible hogareña, en adición, dejada de lado por completo.

Donde los instructivos más notables para los niños, adolescentes y jóvenes, son las degeneradas redes sociales, como la despreciable televisión, donde nada que sirva se puede aprender, por los contenidos que regularmente se exhiben en esos medios de comunicación, repletos de enseñanzas amorales; como de inducción a degeneración sexual; delincuencia y criminalidad, etc., para completar.

En consecuencia, ¿qué se puede esperar entonces?  Lamentablemente, aún falta mucho por ver. Lo peor no ha llegado, y está al doblar de la esquina.

Autor: Rolando Fernández

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¡Cuidado, los pueblos no se provocan!

Los políticos deben tener mucho tacto, cuando están gobernando pueblos que sobreviven frente a la insatisfacción de necesidades imperiosas sociales, tales como: hambrunas evidentes, y escaseces en los servicios públicos generales.  En adición, aquellos con tienen que ver con la salud, educación, e inseguridad ciudadana., entre otros.

Luego, se deben ponderar muy bien las medidas a introducir, que puedan ir en un detrimento mayor de los bolsillos de los ciudadanos; máxime, cuando se conocen las razones fundamentales que provocan el que los gobiernos tengan que imponer castigos tributarios adicionales a la gente.

Por supuesto, de ordinario siempre las autoridades que les corresponda actuar, en el orden de recaudar fondos estatales, se inclinan por   lo más fácil: gravar, tributariamente hablando, a los segmentos más indefensos, y menos pudientes de la población, en busca de los recursos económicos que se requieran.

Comúnmente, las principales causales que trascienden en tal sentido, están asociadas con actos de corrupción estatal; y, los desfalcos sonoros al erario público por parte de algunos gobernantes precedentes y sus secuaces. También, los endeudamientos desmedidos en que se incurre, cuyos recursos frescos percibidos, nunca se sabe dónde van a parar.

Claro, es evidente que, se reportan esas causas después, con el ingrediente adicional de la impunidad judicial fehaciente a nivel local, como las provocantes de una connotada falta de liquidez estatal, que obliga a tener que buscar recursos económicos de la manera que sea, para que el Estado pueda ser “solvente”: adquirir la capacidad económica necesaria, a los fines de resolver los asuntos financieros apremiantes.

Como bien se sabe, son aquellos factores motivantes, qué se estiman incluso, como burlones y abusivos en su raíz por parte de la población, y que trascienden hacia la gente; los que se esgrimen luego, para justificar el tener que adoptar decisiones no gratas para las grandes mayorías.

¡Ojo al Cristo!; que, en ese tenor, a veces, cuando no se reflexiona bien sobre determinadas medidas recaudatorias que se procure tomar, puede “salir la sal más cara que el chivo”, como se dice en buen dominicano; o, “que se vaya por lana, y salir trasquilado”, tal reza otro refrán popular, que merece ser tenido en cuenta también.

Aunque dicen algunos sociólogos que, los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, lo cual no deja de ser cierto, no menos lo es que, también aguantan hasta un día, y que cuando ocurre el hartazgo previsible, explotan de mala manera, cobrándose cuánto les han hecho sus verdugos…

Cabe apuntar que, en Dominicana se percibe tener como aguijón punzante, el que se está en presencia de un gobierno de ricos, que solamente procura trabajar, según es lo que se aprecia, en favor de su propia clase. ¡Es una percepción que reviste peligro!

Y, como es lógico suponer, eso hace inferir, la existencia de cierto descontento popular, qué bien puede agravarse; como, el riesgo probable derivado de rebeldía social, lo cual podría causar en cualquier momento, una explosión ciudadana severa.

¡Mucho ojo entonces!, qué cuando los pueblos se provocan, y las “avispas” se alborotan, los efectos de las picaduras se pueden tornar impredecibles. Precedentes de sobra, no solo se tienen en Dominicana.

Autor: Rolando Fernández

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Los taponamientos vehiculares tocaron fondo en Dominicana

Cuando no se adoptan a tiempo los correctivos pertinentes, por las razones que sean, los males continuaran siempre in crescendo. ¡Qué buen ejemplo es este de que se trata aquí! La cosecha es obvia.

Es lo que viene ocurriendo entre nosotros hoy, con relación a la problemática que intitula, cuyos efectos se han duplicado en la actualidad.

Lo mismo está pasando con otras cuestiones locales muy tormentosas, que también   se encuentran en la misma situación de aumento lamentable entre los dominicanos, y han sido objeto del mismo tratamiento displicente por parte de las autoridades competentes, dejándoles de lado; cuando no, salomónicamente manejadas, a conveniencias de los políticos, y los gobiernos de turno.

Lo que está pasando hoy en este país con eso de los taponamientos vehiculares callejeros, que han tocado fondo en la actualidad, reiteramos, convirtiéndose en la temática del día a día a nivel nacional, por los tantos inconvenientes que vienen provocando a la gente, es algo causal, no casual. Ya no se trata de horarios específicos con respecto a esos, como tampoco de las llamadas horas pico establecidas.

La obligada inamovilidad ciudadana presente por tales motivos, se ha convertido prácticamente en una rutina, verificándose los impedimentos de tráfico en cualquier momento del día, o de las noches.

Son muy pocos los respiros que se tienen, si es que aparecen atajos para los desplazamientos viales requeridos por los ciudadanos. Eso, cuando no todo el mundo los conoce; que los transitan en busca de la misma facilidad de movimiento.

Ya en este país, regularmente, los que no tienen que salir por algún tipo de urgencia, o responsabilidad laboral asumida, a las calles y avenidas locales, evitan hacerlo.

Lo imperioso es lo que manda. Y, pobres los que en medio de un maremágnum vehicular desesperante de los que se dan aquí, sufran algún percance de salud, que amerite llegar con rapidez a algún centro médico; o, un problema intestinal repentino, con fuertes “cólicos”, que obligue a buscar un excusado con rapidez ¡Se muere, o se defeca en el camino!

Evidentemente, el gran desorden en ese sentido, es algo que se aprecia a diario, y que se verifica en las principales avenidas y calles del país, caracterizado principalmente por los angustiantes taponamientos de vehículos, como el “franqueo” de los gigantescos camiones de carga, que transitan al “unísono” con los automóviles livianos, siendo conducidos aquellos “monstruos” por desaprensivos choferes.

Es indudable que, la situación no es cuestión de ahora, sino que es algo viene de lejos. Que se ha venido dando entre nosotros desde hace un buen tempo, por motivos diversos, sin que se haya intentado ponerle coto real hasta el momento, ¡Se amaga, y no se da!,

Lo que ocurre es que, actualmente se ha incrementado sobremanera el problemazo, debido a una serie de factores notables que se advierten con claridad, y que son innegables.

Entre ellos están, la falta de conciencia ciudadana, y los manejos temerarios de moda, por parte de muchos conductores desaprensivos, ante la mirada indiferente de las autoridades dispuestas para los controles requeridos, y que son apostadas en las vías públicas de la capital, principalmente

Tales situaciones señaladas, son en adición a otras razones que no han sido atendidas en su momento por los organismos competentes, lo que podría ser por displicencia y conveniencias, cualesquiera de las dos cosas.

Destacables se reportan entre las mismas, y señaladas a todo pulmón por gente autorizada; primero, el no análisis y ponderación de la capacidad vial de que dispone el país, con respecto al excesivo parque vehicular que ya se tiene, producto de las demandas de las personas hoy, como del mismo crecimiento poblacional que se verifica.  

Es evidente que, no ha habido ningún tipo de control, a pesar de todo, con relación a las importaciones de vehículos, que se debió suspenderlas por un periodo de tres años, al menos. ¡Pero no!

Las ferias para ventas de carros, que a traer más automóviles mueven, continúan alegremente. Se tienen con frecuencia esos eventos, otorgándose facilidades diversas, a los fines de estimular las compras por parte de la gente.

Más que notorio es que, medida correctiva alguna se ha adoptado en ese tenor. Así cabe destacarlo. No ha habido ningún tipo de prevención con relación a las actividades de ese tipo, pinceladas con lo comercial-financiero propiamente.

Las mismas continúan alegremente. Cada vez son celebradas más y más ferias, en las que como siempre, se ofrecen atractivas facilidades de crédito a los eventuales adquirientes.

En ese tenor, es incuestionable que, el traer vehículos desde el exterior a este país, sean nuevos o usados, representa un buen paquete tributario, en términos de la captación de ingresos por parte del Estado, como son aquellos que tienen que ver con la importación misma; la obtención de placas para poder transitar; la contratación de seguros; y, los demás gastos asociaos requeridos a cubrir, por las transacciones de las compras realizadas en ese orden.

De otro lado, también está el mayor consumo de combustibles, que se entiende es procurado, y que es por igual, de los propósitos, considerados, debido a la contribución que proporcionan en términos tributarios.

No se puede perder de vista, que los hidrocarburos que aquí se expenden, se reportan como los más caros en toda el área del Caribe, según los expertos en la materia. Y claro, a eso hay que sacarle provecho.

Que tal situación es debido, a las altas tasas impositivas aplicadas a los mismos; como, a los otros cobros abusivos, inexplicables, que entran a formar parte de sus precios, para favorecer siempre al Estado, como siempre es lo se entiende.

En línea con eso, la generalidad de la ciudadanía considera que, las grandes “quemas” de combustibles en las calles y avenidas nuestras, producto de los taponamientos de vehículos que se verifican, contribuyen bastante al logro de ese objetivo.

Es obvio que, durante el cúmulo de automóviles varados por ratos, los consumos se disparan considerablemente, proporcionando jugosos recursos económicos que se perciben, por concepto de los impuestos, y demás cargas aplicables.

De ahí que, mucha gente asocie en esta República la mala administración del tráfico vehicular, por parte de los agentes de la DIGESET, que de ordinario se cree son adrede.

Que, también están dentro del mismo abanico recaudador, las fallas en los sistemas de semaforización instalados, con el ingrediente notable de los benditos apagones sectoriales que se introducen, apreciándose como cosas que por igual están en consonancia con el provocar esos impedimentos de los vehículos, a los fines señalados.

Se consideran estos últimos factores, en segundo lugar, como partes de las   poderosas razones que provocan los taponamientos vehiculares a nivel nacional.

Como es lógico suponer entonces, a partir de esos connotados motivos expuestos aquí, es entendible que, en la nación dominicana se tendrán “tapones de vehículos” en calles y avenidas durante gran tiempo más.

Es “inferible” que, tan significativas y seguras fuentes de ingresos para el Estado, se procurará mantenerlas siempre, aun la pesarosa situación que provoque para la generalidad de la población.

Preciso es destacar, finalmente, que el funcionariado gubernamental, llamado a decidir e introducir las medidas correctivas pertinentes, en relación con tal problemática que se trata, no tiene razón para preocuparse por tal motivo.

Sus componentes pueden transitar sin dificultad alguna.  A ellos Se les provee de “franqueadores”; o, agentes de los mismos que dirigen el tránsito, para que le abran paso dondequiera durante sus travesías: se pongan a sus servicios.

Autor: Rolando Fernández

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Una bomba de tiempo para cualquier Estado.

La imposición de tributos a las poblaciones, sin reciprocidades estatales razonables hacia la gente que es golpeada con fuertes y abusivos gravámenes, verbigracia, algo que se viene notando en Dominicana, desde hace mucho ya, constituye una poderosa bomba de tiempo para los gobernantes de turno en cualquier nación, que en un momento dado puede estallarles en sus pies, con extensión hasta los poderosos grupos económicos que respaldan, o apadrinan.

Así lo aseveran muchos conocedores de la idiosincrasia de los pueblos, sociólogos y analistas autorizados, no corporativos, por supuesto; y, que saben sobre las formas cómo reaccionan las sociedades en contra de los mandamases, verdugos políticos, y sus secuaces claro, está, cuando se sienten burladas y esquilmadas de ordinario.

Actúan aquellas como asnos con anteojeras, y se mueven llevándose encuentro cuánto aparezca por delante; entre eso, a los que de ellas se mofan, y las condenan a sufrir miles de penurias; necesidades extremas que acogotan.

Evidentemente, salen mayormente perjudicados, los que más tienen: los políticos avariciosos y corruptos, como los ricos insaciables, que no se jartan de acumular cuartos, sin medir consecuencias.  “¡Ojo al Cristo!”.

Según reza una máxima muy significativa, “la palabra de los pueblos es la que más se parece a la de Dios”; y, cuando se empoderan aquellos conglomerados, al tiempo de expresarla, difícilmente ningún culpable de sus males pueda escapar de las aguerridas batidas que emprenden.

De más es conocido, a donde van a parar aquí, en un alto porcentaje, los dineros que se recaudan a partir de los gravámenes impositivos a la población; los cuartos que se sacan de los bolsillos de la gente, que cada vez pasa más penurias y calamidades extremas (necesidades alimentarias; falta de los servicios públicos de salud; como, de educación suficiente, entre otros).

Mientras tanto, los mandamases aquí viven   dándose la gran vida; amén de que se burlan sin reparo alguno, ante los llorosos ojos de los desposeídos, después que los esquilman sin piedad.

En ese tenor, los máximos representantes de los gobiernos que se ha gastado esta República durante los últimos años, con ligereas excepciones, no han constituido clase contraria alguna.

Siempre es más de lo mismo. El grueso llega al poder en mangas de camisa, y quizás hasta con trajes prestados. Se envalentonan, y después salen con grandes fortunas; dineros hasta para botar, lujosos vehículos; y, suntuosos palacetes para vivir, con los que nunca soñaron. “¡Qué bien!”.

Cuidado pues; qué las autoridades actuales procedan a agenciarse por otras vías los recursos económicos requeridos en esta ocasión, ante el hartazgo de la gente aquí a ser gravada. Incluso, que se recurra al descamiso de los dineros robados al fisco por los políticos precedentes, y hasta algunos de los actuales.

Qué se dejen las autoridades presentes de estar inventando con la creación de nuevos impuestos a la población, nada más en contra de las grandes mayorías necesitadas, o el aumento de los ya existentes, a los fines de evitar que esa bomba de tiempo sobre la que aquí se trata, les pueda estallar en los pies, afectándoles sobremanera, con extensión traslativa hasta los empresarios connotados, que de ordinario dirigen junto a los que mandan, muchas de las desaprensivas políticas de corte económico a nivel nacional.

Con los grandes problemas que vienen acogotando a la gente en esta nación, una decisión gubernamental desacertada en ese orden, podría provocar una explosión social severa, con consecuencias impredecibles, que den al traste con la paz pública entre nosotros, hasta ahora preservada.

Autor: Rolando Fernández

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Aquí cualquier persona aspira a gobernar

No importa que reúna o no condiciones para ello. Logra el propósito a base de cuartos, que permiten dar las dádivas electoreras de estilo, u ofrecer limosnas pírricas a la población ingenua y hambrienta entre nosotros, que por necesidad vende su consciencia.

Claro, los lambones pagados también ayudan en ese orden, pues tratan de promocionar, y solapar siempre el prontuario delictuoso o cuestionable que se tenga; venden al aspirante de que se trate como “salvador”; y, el que viene a resolver. ¡La misma canción de siempre!

Algo que llama poderosamente la atención es que, para llevar a cabo actividades políticas en esta nación se hacen necesarias grandes cantidades de dineros (millonadas de pesos y dólares), que no siempre sé tienen); pues, no todos aquellos que se ofertan para ser presidente de los dominicanos, “han nacido en cuna”, como dice la gente, cuando se viene de “extracción humilde”.

Luego, la gran pregunta que asalta a los pensantes aquí, cuando se enteran de ciertas aspiraciones de personas hechas públicas, a dirigir los destinos nacionales, es: ¿y dónde consiguieron aquellos esos cuantiosos recursos económicos?; pues, en su mayoría, es gente que ayer pertenecía a la clase media baja de esta nación, y que hoy se presenta como sólida potentada.

La percepción casi generalizada que se tiene es, los extrajeron de las “ubres de la vaca del Estado nacional”, por donde ya pasaron, y lo están haciendo ahora, esos nuevos que se encuentran ordeñando dichas tetas hoy, en perjuicio de las grandes mayorías locales, desposeídas, como hambrientas a la vez entre nosotros; y que han sido víctimas de los despropósitos gubernamentales recurrentes en esta República.

También, podría ser que los estén recibiendo de oscuros sectores del narco, u otros, algo que aparentemente se ha venido tratando de combatir aquí, pero que en realidad no se cree, haya sido logrado en el fondo, según es lo que se advierte.

En el tenor de lo abordado, también se dan los casos a interno nuestro de algunos adinerados que invierten en la política, no con fines de trabajar por el país, sino en post de luego ir al poder, en procura de recuperar sus cuartos, y aumentarlos con creces; hacerse más ricos.

Vale recordar que, el ejercicio de la actividad política en esta nación, lo han convertido en un vulgar negocio, siendo esa razón una de las causales, probablemente la principal, de los grandes males que, en todos los sentidos, han venido afectando a esta nación durante las últimas tres décadas pasadas se podría decir, sin temor a equivoco.

Yo quiero ser presidente, o presidenta del país. No importa si reúno o no condiciones para ello; pero, sí tengo cuartos para comprar a quien sea; y, estoy en disposición de pactar acuerdos reciprocatorios con los poderosos sectores económicos respaldantes, de esos que lo hacen, y gravitan entre nosotros.

¡Nada impide! “Es pa´lante que vamos”, como diría un político de los nuestros. ¡Aquí todo se puede! Es el parecer de gente sin perfil presidencial, e incapaz a todas luces, como hasta boca dura también, creyéndose que eso vende, y que osa ofertarse ante la población alegremente, para dirigir los destinos del país.

Y, amén de la osadía, tampoco al parecer, se respetan las leyes, normas y reglamentos que rigen en materia electoral, mediante los cuales se procura regular y controlar el ejercicio político a nivel nacional, En esos, se establecen como parte importante, entre otras cosas, los plazos pertinentes para la realización de las actividades relativas.

Ahora mismo, se vienen observando las que se pueden considerar violaciones en ese sentido, y a las que nos referimos aquí. Lógico, en ese marco jurídico vigente, debido al tiempo que falta para la celebración de las próximas elecciones generales en el país; y, en razón de que, ya muchos políticos del patio, andan promoviendo candidaturas a la presidencia de la República, sin reparo.  ¡No hay que esperar nada se entiende!

Sin embargo, otros opinan que esa última concepción es admisible, en razón de que, en el ámbito de la política propiamente, los actores que participan pueden comenzar a promover sus candidaturas en cualquier momento que lo consideren prudente; que se tiene esa libertad de acción. Y, qué se deben aquellos aprovechar las oportunidades que se presenten para sus proselitismos. 

¡Bueeeno!  Como es obvio entender, eso no luce aconsejable así. Y, es que, por alguna razón de valía, se normaron las actividades de ese tipo, lo cual entendemos se debe observar siempre.

No obstante, la disparidad de criterios en tal orden, es entendible que, en este caso la prudencia se debe imponer actualmente, por encontrarnos ante un nuevo gobierno, que está prácticamente comenzando; y, que debe haber un espacio de respiro para la población, cansada ya de tanta politiquería.

Qué se aguanten esos verdugos, cuyo propósito luce ser solo el de “subirse al palo” en el próximo año 2024; y, que muy poco les está importando el clima de crisis en todos los sentidos que viene afectando a la nación.

Qué mejor procuren aportar su granito de arena para ir resolviendo, antes de que concluya la presente gestión de gobierno, ya que, de alcanzarse el poder, el que logre llegar, también le va a tocar enfrentar parte de los problemas presentes. ¡Recuérdese la continuidad del Estado!

Autor: Rolando Fernández

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¡SUPÉRATE! ¿Y ES FÁCIL, LOGRAR ESO EN DOMINICANA?

¡Qué lindo se oye ese término! ¡Qué loable la exhortación! ¿Cuándo se daña? Desde el momento mismo en que es hecho tal pedimento por el poder político establecido aquí, y a la vez pincelado con las demagogias y manipulaciones de estilo; con las ardides pantallas del funcionariado estatal de turno.

Sí, con las promesas aéreas, y los embaucamientos conexos acostumbrados, para lo cual se utilizan de ordinario voces más que adecuadas, a los fines de alcanzar los propósitos entretenedores que siempre se persiguen.

Cuando se escucha tal recomendación, así maquillada, como fácil se advierte, de inmediato viene a la mente de cualquier pensante, y conocedor de cómo se bate el cobre en este país, ¡IMPOSIBLE, tontos son quienes la creen sincera!

Pues, son los políticos, gobernantes, y empresarios patrocinadores de campañas electorales, estos últimos, con los que hay que reciprocar después, los que en definitiva proponen medidas estatales a establecer; y, trazan en su favor aquí, las pautas a seguir por la gente.

Luego, y como es lógico suponer, esos no aspiran a estar creando cuchillas para sus propias gargantas; por lo   que, más que ayudar en ese sentido, lo que hacen es entorpecer una intención de ese tipo por parte de nuestros adolescentes, y jóvenes con aspiraciones en ese orden. ¡Las muestras están de sobra!

Claro, de aquellos que puedan emprender acciones prometedoras, y con deseos de crear un futuro mejor para ellos y sus descendientes, los cuales tienen que procurar con firmeza, el derribar las fuertes barreras que les son colocadas por los mandamases, y que se reportan casi insalvables

Obvio, los sectores hegemónicos que aquí gravitan, con fuerza innegable, no quieren que se detenga en ningún momento su dominio absoluto; que se puedan alcanzar significativos niveles de concienciación poblacional que impida su accionar, o ejecutorias cuestionables.

De ahí que, tal mandato se torne hasta un poco risible, cuando proviene con tanta ligereza de esos litorales “subyugantes” que gravitan “gubernativos”, y empresariales afectos.

Con las condiciones económicas, difíciles; políticas desaprensivas; pandemia agresiva del COVID-19; narcotráfico a granel; como, de otras calamidades no menos lacerantes, por las que ha venido transitando este país durante los últimos meses; amén de los gravámenes impositivos que penden sobre la cabeza de la sociedad dominicana, y los que se esperan en el futuro inmediato, las expectativas de poder progresar aquí en lo personal, no son las mejores.

Esos factores, conjuntamente con el fardo de la deuda externa que agobia, y atenta contra la soberanía nacional, que el día menos pensado comenzará a gravitar de forma sostenida sobre todos aquí, en el sentido de mayores cargas tributarias a soportar, y los condicionamientos externos que de seguro vendrán a agravar más todavía las cosas, definen un panorama “tétrico” a considerar siempre.

Luego, es previsible que, a partir de cuánto se ha expresado en esta exposición el asunto se tornará más difícil aún. ¿Qué podría mover entonces a emprender nada prometedor en este país?

Además, los casi inevitables controles que, sobre el orden económico mismo de la República, como de la soberanía nacional se esperan, procedentes del exterior, en busca de recuperar el capital e intereses de los empréstitos concedidos a la nación, y con el precedente de otrora que se tiene, son aspectos negativos que ponen a pensar también.  Entonces, tal petición de superarse la gente en esta sociedad, luce cada vez más cuesta arriba.

Y, máxime, cuando se pondera con sosiego, todo el esfuerzo necesario para ello, en un medio tan escabroso ahora, como el porvenir incierto que se avizora cabe reiterar. Habría que “calzarse muy bien las botas”, tal se dice popularmente

Porque, en adición se tiene, el poco apoyo estatal que se recibe, cosa que también induce a pensar, en un decir politiquero más, que se reporta hasta medio burlón en este caso.

¿No es cierto? ¿Superarse los ciudadanos nuestros, en medio de un escenario así? “¡Bueeno!” Parece bien difícil, rayando con lo imposible,  

¿Con qué recursos a la mano se va lograr tal condición de mejora aquí? El dinero escasea, para las grandes mayorías, los de abajo; la salud pública es deficientísima; como, la educación deja mucho que desear. ¿Y entonces?

Lo que ahora mismo están procurando las personas de bajos ingresos entre nosotros, más que otra cosa, es poder sobrevivir, con los pocos dineritos que logran conseguir, para mal alimentarse, y cubrir los medicamentos para la salud, que les son imprescindibles. Y, si es posible, mandar los muchachos a las escuelas.

Como se advierte, es a esos, con principalía, a quienes está dirigida ahora la demagógica exhortación a superarse. Se ve ese mensaje, como título de una canción, con letras a todas luces   incompletas.

Por lo que se puede apreciar, ¡cuánto saben estos políticos, y demás “yerbas aromáticas”! ¡Como procuran jugar con la inteligencia de los ciudadanos que poco piensan!

Autor: Rolando Fernández

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¡Justicia, queremos justicia!

Justicia: “Principio moral que inclina a obrar y juzgar respetando la verdad y dando a cada uno lo que le corresponde”.(Red de la Internet).

De observarse ese principio entre nosotros, se puede castigar siempre como es debido, por casos particulares específicos acaecidos, u otros, como es lo que espera la ciudadanía.

Ahora, eso no significa que con dicho proceder solamente, se vayan a erradicar tan terribles males envueltos, como por ejemplo son, esos de la delincuencia y la criminalidad, temáticas aquí abordadas, qué es lo que más se debe procurar.

Entones, nada de “muerto el perro y se acabó la rabia”. Pues, de actuarse así, en el tenor de lo aquí tratado, al igual que con relación a otros males sociales que atacan, esos flagelos continuarán como siempre su agitado curso.

Tal se intitula este trabajo, es lo que más se escucha pronunciar a familiares y amigos de aquellos que resultan víctimas de los tantos antisociales que ahora se tienen en Dominicana, haciendo “barbaridades”, y que se inclinan de ordinario por acciones como las señaladas.

Sí, de esos que optan por asaltar con violencia marcada; matar a otras personas por celos, problemas pasionales; realizar trabajos de sicariato; cuando no, por asuntos relacionados directamente con el consumo y tráfico de drogas narcóticas, los llamados “ajustes de cuenta”.

Claro, eso de pedir justicia en este país, por la ocurrencia de tales hechos, conociéndose de antemano como se bate el cobre dentro de esa área aquí, en la que con frecuencia no se actúa con la “ceguera” necesaria, como tampoco siguiendo el llamado debido proceso. Luego, se reporta el pedimiento de aquellos, como estar tirándole siempre piedras a la luna.

En ese sentido, nos referimos a lo que se puede esperar, con respecto al rol cuestionable que vienen jugando los representantes dentro de ese sector entre nosotros, con las excepciones de siempre, claro está. Se trata de jueces, fiscales, abogados, como de los mismos cuerpos del orden competentes, y otros, qué son no ajenos al gran problema. 

Dentro de esos, los que se tenían antes como colaborares de la justicia   – abogados -, ahora fungen más bien como cómplices de sus representados, con ciertas exclusiones notales, que las hay, buscando cuartos de sus clientes, y nada más. Sí, de aquellos que infringen las leyes, y procuran después, quienes les defiendan ante los tribunales de la República, sin importar cuánto se tenga que hacer.

Aunque es innegable, que la aplicación de justicia procede, la mayor presión en el sentido de lo tratado, debe estar dirigida a hacia todos los sectores que les compete la problemática, en el orden de que, se procure identificar y atacar en sus verdaderas raíces, las causales que subyacen en esas lamentables desgracias.

El asunto no debe ser, con relación a ésas, haciendo analogía, si es que aplica, “querer matar el perro, para que se acabe la rabia”, como reza un dicho popular; pues, aunque el can en ese caso deje de existir, el referido mal en su esencia continuará causando peligrosos daños. Otros ciudadanos resultarán afectados luego; y, proseguirá la “dolorosa fiesta”.

En ese tenor, sobre lo primero que se debe hablar, es de la descomposición familiar que desde hace años se verifica entre nosotros, y de cómo enfrentarla. Segundo, de la pérdida fehaciente de los valores que otrora caracterizaban a esa tan importante cédula dominicana, la familia, germen primario de toda sociedad, no solo de la nuestra.

Y, tercero, de la falta que vienen haciendo las verdaderas orientaciones de tipo espiritual, competencia de las iglesias todas, a sus feligresías.

Además, del concurso imprescindible de los profesionales de la conducta, psicólogos y psiquiatras, el cual se hace casi obligatorio, para poder completar el abanico de posibles soluciones a esas problemáticas.

También, sobre los aprendizajes nocivos que se obtienen, a partir de la deleznable programación que se exhibe en la pantalla chica, de procedencia local, como extranjera también (cable), cargada de acciones reñidas con lo moral y las leyes. ¡No hay supervisión alguna! 

El traje de la delincuencia y la criminalidad en Dominicana, tiene mucha tela por donde cortar.  Lo que ocurre es que, desde hace ya mucho tiempo se viene intentando solo “agarrar el rábano por las hojas”, como se dice popularmente, para entre otras cosas, no chocar de frente con determinados sectores, que bien es sabido, se consideran asociados con esas deleznables situaciones.

Se agrega a la dejadez notoria, lo concerniente al trabajo efectivo que corresponde realizar a las instancias judiciales, de lo que deviene la alegre impunidad de que gozan los tantos “malechores” que aquí se tienen, entre los que se encuentran: políticos corruptos a la clara; narcotraficantes; saqueadores de erario público: aquellos que se pueden catalogar como ladrones vulgares, con saco y corbatas; y, estafadores de todo tipo, etc.,

Es obvio que, los no castigos a esas malas acciones, innegablemente inducen a delinquir a nivel de los segmentos bajos y desposeídos   de la sociedad nuestra, donde se estima que, si para los de arriba no hay punición alguna, ¿por qué no emularles nosotros?

Luego, sobre puntos como esos, es que procede que se vaya en post de enmendar, sin demagogias, y evidenciando sólida voluntad política, si es que en realidad se quiere combatir esos males: DELINCUENCIA Y CRIMINALIDAD en este país,

Y, por supuesto, dejarse de estar andando con tantos rodeos, y las chácharas politiqueras de estilo que se han venido verificando hasta hoy.

Autor: Rolando Fernández

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¡Hablar aquí de aumentar salario! ¿Cuál será?

Ese es uno de los asuntos que más complejo se torna, si en realidad se persigue beneficiar a la clase laboral, cual que sea, tanto pública como privada, cuando se autoriza aprobar, oficialmente, aumentos salariales, por las implicaciones obvias que devienen de inmediato.

En primer lugar, para para poder hacer efectiva una disposición de ese tipo, se hace necesario que los empleadores puedan disponer de los recursos económicos requeridos: Pues, de lo contrario, se hace casi imposible cumplirla. Es de rigor ponderar eso, antes que nada.

Luego, en el caso de que las disponibilidades no se tengan en ese sentido, ¿cómo procurarlas?

En el sector privado tiene que recurrirse al aumento de los precios correspondientes a las mercancías, o servicios que se expenden. No se puede perder de vista que los emolumentos salariales que se requiera pagar, entonces aumentados, contribuirán a incrementar el rubro de los gastos fijos.

Eso, obviamente, habrá de disminuir su margen de utilidad, entre otras cosas; y, por tanto, todo incremento de sueldos habrá de ser compensado de alguna manera, siendo ese camino señalado, el más expedito: aumentar los precios, cabe la reiteración.

En lo tocante al sector público, el gobierno necesita también de una mayor captación de ingresos, que le permita absorber el aumento a verificarse a nivel de sus gastos corrientes por ese concepto. Es indudable que, la herramienta más a la mano que se tiene, es la imposición de mayores tributos a la población.

Luego, en ambos casos, las cosas se reportarán como generación de un proceso inflacionario, mayor que el que se pueda tener de momento, el cual se tragará los pírricos aumentos salariales que se produzcan, por los traspasos obvios a la sociedad consumista, a través de los aumentos en los precios; o, como consecuencia de la afectación directa que produzca, derivada de las mayores cargas impositivas dispuestas, cuando del Estado se trate.

Es por lo expresado, que no pocos entienden que, la manera más razonable de favorecer al segmento laboral de toda población, en términos de aumentar la capacidad adquisitiva de ésta, a partir de los emolumentos salariales que se reciban, no es con pequeños aumentos de sueldos directos, chelitos, como es lo que se hizo últimamente aquí

Es buscar la manera de regular y controlar los gastos por servicios a cargo de la misma, cero abusos especulativos; como, el procurar control sobre los precios de los productos de primera necesidad – eso de libre comercio deña más en entornos agiotistas -, al tiempo de contemplar, y llevar a cabo, disminuciones razonables de los gravámenes tributarios relativos, aplicables esos de forma directa o indirecta a la población. Por ahí, sí que pueden verse beneficios para la gente.

El resto, no son más que chacharas y demagogias politiqueras, como empresariales, en connivencia con los seudo sindicalistas que se gasta este país, para hacer frente a las presiones sociales que se tienen de ordinario en ese orden; como, lograr objetivos electorales futuros en adición.

Autor: Rolando Fernández

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Entretener a la población. ¡La misma espuma, caray!

¡Con diálogos, lo más fácil!  Es lo que de ordinario se estila entre políticos, gobernantes de turno, y empresarios que patrocinan candidaturas al poder, dentro del patio local.

Se promueve desde allí, la realización de actividades diversas, cuyas ejecutorias siempre quedan inconclusas; pero, con lo que normalmente se consigue llamar la atención de la población, y se le distrae por supuesto; que se infiere de común, son los propósitos reales que están detrás de esos diálogos concertados en esta República cada cierto tiempo.

En el marco de esos eventos siempre se procede a estar lloviendo sobre mojado; tratando sobre temáticas que están ya más sazonadas que muchas suculentas comidas dentro del menú nacional; y, cuyas posibles soluciones que se ofrecen para esta sociedad, de ordinario se quedan en el tintero.

Siempre se convoca a reuniones, diálogos, etc., con los seudo líderes locales, que no son más que jefes de grupos identificados con determinados sectores políticos y empresariales, Ahí, cada cual, lo que va   es en procura de defender intereses económicos, individuales o grupales; jamás, pensando en acciones resolutorias que vayan en favor de la generalidad de la población.

Relacionados con esos actos, la prensa amarilla del país logra hacer su agosto en diciembre, como dice el refrán, en términos de los ingresos que se perciban, a partir de la publicación de rimbombantes titulares embaucadores, respecto de los asuntos allí tratados, que por lo regular son para desviar la atención de la población, y que ésta se olvide de las principales grandes problemáticas que le vienen acogotando a la misma.

Eso lo han convertido los mandamases ordinarios aquí en una costumbre, mientras el pueblo continúa roncando, y prosigue dejándose embaucar con las demagogias y las posverdades a que recurren todos estos políticos de nuevo cuño, con el concurso de los poderosos sectores económicos que los manejan.

La gran pregunta que la población debe hacerse es, cuáles son los resultados positivos referentes de los diálogos que, como ese, que ahora se está promoviendo desde el Gobierno, en que se procura participen, como siempre, las cabezas representativas de los partidos políticos de este solar, entre otros.

Ahora, este último que está sobre el tapete, se puede advertir que será ms de lo mismo. De seguro que en ese no se va a hablar de los problemas capitales que tiene esta nación, sino de lo que más convenga a los componentes del grupo que participa.

Por tanto, difícil es que se toquen temáticas tales: combate frontal a la corrupción generalizada que azota; decomiso de los bienes robados al Estado durante los últimos años; endeudamiento externo hasta la coronilla – el país está hipotecado -; abusivas cargas impositivas, y arbitrios municipales poco justos: inseguridad ciudadana, y falta del sosiego requerido: drogadicción y narcotráfico; alto costo de la vida; mala calidad de la educación; deficiencias del sistema de salud; y, callada invasión haitiana a la nación, etc., etc.

¿Tratar sobre esos temas? ¡DIFICIL! Y, la otra gran pregunta que aguijonea es, ¿por dónde andará el cambo de que tanto hablaron los que hoy gobiernan, durante la campaña electoral pasada?

Autor: Rolando Fernández

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Este país necesita ahora de muy buenos “cirujanos”

En el ámbito de la salud humana se habla de cirugías mayores, cuando determinados males físicos afectan a los organismos de las personas, para que estas puedan sobrevivir a ciertas situaciones de peligro.

Aunque salvando diferencias de consideración, es posible hacer un símil entre lo expresado, y el estado, o nivel de los grandes males que hoy se verifican a  nivel de la nación dominicana:  institucionales, monetarios-fiscales, políticos, económicos en general, educativos,  inseguridad ciudadana, transporte, salud pública, etc.,  para cuyos correctivos habrán de requerirse, obligatoriamente, “procedimientos quirúrgicos políticos y sociales” de alto riesgo, a ser llevados a cabo por manos expertas, y mentes preclaras, que hasta hoy no luce posible encontrarlas  en el seno de los negocios locales, denominados partidos políticos.

Tienen que ser cirujanos apartidistas; personas libres de compromisos, como de fuertes ataduras con los grupos poderosos económicos que gravitan en este país, y que siempre procuran “titeratos” representativos a nivel de los tres Poderes de Estado nacional: Legislativo, Ejecutivo, y Judicial, que satisfagan sus pretensiones de avaricias marcadas, e impunidad constante.

Ojalá que aparezca algún buen cirujano, o varios, mejor, que puedan trabajar en favor de extirpar, cuántos “tumores cancerígenos”, se les podría calificar, que vienen socavando el cuerpo de esta nación; para ver si es posible recobrar la salud de la misma.

Pues, de seguir como ha venido estando durante los últimos lustros, en manos de políticos, y poderosos grupos empresariales corruptos, avariciosos, como antinacionalistas por demás, solo pensando en coger cuartos prestados, sin saberse cómo se van a pagar después, y “las cuentas de destino”, sus males todos, proseguirán extendiéndose, y acabarán por dar al traste con la salud social, y hasta soberana de esta República.

Dicen algunos pensantes que: “ojos que no ven, corazón que no siente”, lo cual se puede considerar muy cierto.  Pero, ocurre que, los dominicanos que no tuvieron la oportunidad de ver y ponderar las ejecutorias desaprensivas de los políticos del patio durante los últimos gobiernos que se ha gastado esta nación, sí que después han podido informarse sobre el maremágnum que dejaron los actuantes entonces a este pueblo.

En consecuencia, se han percatado de los riegos probables que desde ahí se pueden desprender para un porcentaje importante de las presentes generaciones, como del futuro incierto que les espera a las venideras.

Luego, los efectivos “cirujanos” que hoy traten de revertir las situaciones gravosas que agobian a esta sociedad, in crescendo cada vez, derivadas de los maridajes políticos-empresariales que se estilan entre nosotros, ya se estiman como imprescindibles.

Y, es la demanda que se hace, ¡a todo pulmón poblacional! Por lo cual, de no aparecer aquellos “salvadores”, el pueblo se empoderará, y “operará” con sus propias manos, sin necesidad de quirófanos equipados.

¡Qué nadie se sorprenda después! “La palabra de los pueblos, es la que más se parece a la de Dios”, según dicen los que saben.

Autor: Rolando Fernández

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