¿Por qué tiene que ser así? ¡Esta sociedad no recapacita!

Se hace más que notoria, la inclinación de una gran parte de la ciudadanía aquí, por ir a sufragar cada cuatrienio, en procura de sembrar supuestos “árboles frondosos”, que aparentan, pero que en realidad no lo son; como, tampoco sus ramas más cercanas exhibibles, para que ofrezcan agradables sombras sobre los destinos del país.

Esa siembra, que de ordinario se torna fallida, se hace en Dominicana al término de cada cuatro años, en que son celebrados los procesos electivos de los políticos del patio, en procura de las reivindicaciones deseadas.

Se aspira a que los mismos, en su conjunto, proporcionen mayores grados de paz y sosiego a la gente nuestra, en términos políticos, sociales y económicos.  

Pero, las esperanzas cifradas en esos ordenes por parte de la población, quedan siempre truncadas, como producto de las malas escogencias acostumbradas en las urnas, a pesar de los pesares; no obstante, los creídos esfuerzos por cambiar de “jinetes”. Y es que, ¡no se recapacita!, como es bien sabido, en torno a las elecciones más aconsejables.

Por tanto, los fuertes rayos solares que aquí inciden, seguirán pulverizando las expectativas creadas en cada ocasión, por los tantos ingenuos que se gasta la República; que prosiguen sin detenerse a pensar en los inciertos derroteros que asechan.

Esa que intitula, es la gran pregunta que un grupo de los hombres algo pensante, de esos que aún quedan en esta República de ordinario se hacen, cuando reparan en determinados comportamientos impropios ciudadanos que se observan entre nosotros con regularidad, en esa línea de acción de que se trata.

Y, la verdad es que, un buen segmento de los dominicanos luce hoy como seres masoquistas; carentes de sensibilidad patriótica; y, ajenos al porvenir de las nuevas generaciones; que, obviamente, habrán de incluir a muchos de los descendientes de los que en el presente así se muestran.

Lamentable, tener que decir eso. Pero, es la cruda realidad, puesta más que en evidencia, desde hace años en este país; y, que bien queda al descubierto, cuando este pueblo se inclina cada cuatrienio por estar respaldando a los mismos actores políticos de siempre, más que cuestionables en su accionar.

A esos que lo han estado regenteando durante décadas, y que solo tienen más de lo mismo que ofrecer; que recurren a iguales retoricas electoreras; a posverdades; y, embaucamientos premeditados, etc. Que repiten películas similares en cada ocasión, y los espectadores siempre retornan.

Que solo procuran proseguir endeudando el país hasta la coronilla, de común justificando esa práctica malsana; hipotecar más la soberanía nacional; imponer gravosos tributos a la población; defender los intereses de los poderosos grupos económicos que financian las campañas políticas; y, seguir” engordando” los gobernantes de turno, conjuntamente con los séquitos acompañantes, sus cajas de caudales, entre otras cosas.

En consecuencia, hay que preguntarse en segundo orden, ¿qué pasará después? ¡Eso poco les importa a tales “magnates”! ¿Tampoco, cómo enfrentaran las nuevas generaciones los desastrosos legados que se les deje? ¿Con qué recursos se podrá contar mañana para honrar la abultada cadena de empréstitos concertados con el exterior?

Son preguntas esas que no mueven a preocupación alguna dentro la clase política nacional, y, menos en el grueso de la sociedad dominicana en general, que no recapacita, vale reiterar; que se muestra como dopada.

Por tal razón es que, se continúa aupando, y favoreciendo electoralmente a tantos desaprensivos y corruptos políticos que entre nosotros se tienen; a descarados inversionistas dentro de género, en su mayoría, que solo procuran ir al poder en busca de cuartos para ellos; como, en favor de los grupos respaldantes, que patrocinan sus campañas electorales. Jamás pensando ninguno de esos, en trabajar para el bienestar y desarrollo de país.

No obstante, este pueblo sigue roncando, y dejándose embaucar siempre. Son estas circunstancias condicionantes, las que, evidentemente, vienen a confirmar una vez más, la máxima sociológica aquella que reza: “Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”.

Por tanto, las quejas con respecto a los males presentes que agobian; las incertidumbres ciudadanas, innegables a todas luces; como, las calamidades futuras que se advierten, casi seguras, a nadie le aguan la fiesta en esta sociedad de masoquistas; de gente que se deja mofar con facilidad extrema.

Preciso es destacar que, si en verdad, este pueblo anduviera detrás de las reivindicaciones que ya urgen, preciso es de decir que, aquí todavía quedan hombres serios y capaces para ser elegidos, qué bien podrían hacer mucho por este país en el orden político, con extensión beneficiosa futura amplia, hasta las nuevas generaciones; y, aligerarles la pesada carga que tendrán que soportar mañana sobre sus hombros.

Pero, de lanzarse aquellos ciudadanos honrados, pulcros y capaces, a la actividad política nacional, difícilmente, esos logren el favor del electorado en su conjunto, al momento de sufragar; por no estar dispuestos a comprar la consciencia de ningún ciudadano, con “un pica pollo”, o la entrega de RD$500, emulando a la desacreditada “estirpe” política nacional de los últimos años en Dominicana.

Es obvio que, no estarían en disposición por demás, de ir a codearse, y pactar acuerdos de aposento con muchas de esas “lacras” que militan en la partidocracia nacional, bastante conocidas por todos aquí, y que siempre están vigentes, pese sus tantas fechorías, en perjuicio del país.

¿Hasta cuándo serán los desatinos de los ciudadanos dominicanos, en el tenor de lo abordado aquí? ¡Ojalá que gran tiempo no falte, para que se recapacite como es debido!

Autor: Rolando Fernández

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¡El viaje de regreso inevitable!

Si pensáramos en eso, qué distinto sería todo. Cursaríamos los hombres cada corriente de vida que nos conceda el Supremo Creador del Universo, libre de egoísmo, apego a las cosas materiales, prepotencia, e ingratitudes.

Siempre se observara, debidamente, la sagrada “Regla de Oro”, que prescribiera al mundo el amado maestro Jesús, ya siendo “El Cristo”, durante su ministerio terrenal: “no hacer a otros, lo que no quisiéramos recibir nosotros”.

Al intitular así esta humilde opinión, nos referimos al viaje de retorno obligado por parte del espíritu encarnado, que es lo que en verdad somos los hombres (general), a partir de la llamada muerte física, a que están sujetos los humanos, tal como convencionalmente se conoce.

Habrá   un día, e instante, específicos, impostergables, en que esa entidad   espiritual tendrá   que regresar de nuevo, desde el plano terrenal hasta su propio espacio sutil, al cual pertenece, y que es la verdadera casa de todos.

Comienza dicho viaje de retorno, el mismo día en que se ingresa al físico; abandonando entonces, por supuesto, el templo carnal en que se habitó por algún tiempo. Finaliza, claro está, la encarnación que fuera emprendida.

En ese preciso instante de entrada al ámbito de la materia densa, se inicia la “cuenta cronológica regresiva”, para su retiro, temporal o definitivo, dependiendo del grado de evolución que se haya alcanzado hasta ahí.

Pero, se advierte por demás, que en términos de concienciarse las personas, durante el discurrir existencial de cada cual, se hace muy poco, normalmente, en ese orden, a pesar de un tiempo razonable ya agotado, respecto de las misiones a cargo con las que nacemos; los mandatos de carácter divino que se deben cumplir; y, mucho menos, sobre las conquistas kármicas dispuestas para el curso de un tránsito terrenal determinado,  que fueran aceptadas de antemano (primera fase del llamado libre albedrio), por parte de la entidad espiritual encarnante.

Antes de proseguir con el desarrollo de lo que aquí se trata de abordar, se hace aconsejable intercalar lo siguiente, a los fines que se tenga una idea, aunque algo superficial, con relación a esos asuntos de las misiones divinas a cumplir, en base a dones, o talentos concedidos, obviamente; y, las conquistas kármicas necesarias asignadas, referentes a puniciones, por actos indebidos en existencias anteriores.

Son definiciones o conceptos relativos esos, que aparecen expuestos en la red de la Internet, y que invitamos a buscar, y leer. Véase: 

“Talento puede definirse como una capacidad especial o sobresaliente innata para llevar a cabo una actividad específica. … Se puede decir que un don es lo mismo que un talento. Sin embargo, la palabra don tiene un dejo de sobrenaturalidad, de extraordinario. También se le entiende como un regalo, una dádiva”. Evidentemente, cabría agregar, que son esos otorgados, para ser usados durante la encarnación.

“Karma y Dharma: estas dos palabras orientales significan Castigo Y Premio. En forma más filosófica diríamos mala Acción y mala Consecuencia, y buena Acción y buena Consecuencia”

Continuando con la temática principal, se debe apuntar que, cuánto pueda ocurrir en relación con el aspecto kármico durante la estadía mundanal, humanamente hablando, de ordinario se atribuye a la casualidad, olvidándose, qué no es así; sino, que, “todo es causal”, como bien aseguran los entendidos en la materia. “¡Qué nada pasa sobre la Tierra, por accidente!”, dicen ellos.

A manera de complemento, algo más en ese orden, que se debe señalar de forma precisa es qué, no se está en el plano terrenal por mero azar; sino, debido a un plan espiritual evolutivo, y con una misión divina que cumplir.

De ahí es que, toda corriente de vida obedece a un prediseño; y, que en ésa son contempladas las condiciones y circunstancias requeridas, para el logro pleno de los efectos evolutivos atinentes a la entidad a encarnar de que se trate.

El concienciarse sobre esas esotéricas realidades, según aseveran aquellos que conocen sobre esa materia – espiritualidad; no religiosidad popular -, si es lo que se entiende da sentido y propósito real a eso que convencionalmente llaman vida los humanos, cada subsistencia física, lo que hace siempre sentirse conforme con todo lo que acontezca durante la misma.

Que la vida es UNA, eterna e infinita; y, que las personas disfrutan de fragmentos de Ésa, denominados “corrientes de vida”, dispuestos esos, para “Expresión y Manifestación Divina” en el plano de la materia densa, y otros asuntos, durante dichos lapsos de tiempo.

Que todo se habrá de producir a través de los hombres (general), y las demás especies acompañantes, como Atributos del Supremo Creador que en verdad son.

Esa estadía cronológica humana, en lo atinente al plano físico de la materia, visto solo en ese orden de la presencia física de la especie, e ignorándose los porqués de las razones principales de cada existencia, que es lo que nos ocupa ahora, se reporta siempre, solo como “vanidad y aflicción de espíritu”. Esa es una concepción muy externada y comprobada.

Por tales motivos se hace creíble, el que se entienda en el contexto científico, “que la vida humana no tiene en absoluto ningún sentido. Los humanos son el resultado de procesos evolutivos ciegos que operan sin objetivo ni propósito”. Así se expresa en la obra: “Sapiens. De animales a dioses”., página 428. Yuval Noah Harari).

Bien se puede asociar ese pensar científico con el señalamiento del Predicador, y que aparece en la Sagrada Biblia: “Miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu”. (Eclesiastés 1-3,2 Corintios 11:16-33).

Es obvio que, se viene a este plano por un tiempo cronometrado de antemano, y luego se tiene que regresar a la verdadera casa, el plano espiritual, portando un solo equipaje: los resultados de las realizaciones encomendadas desde allí; como, del terreno evolutivo ganado en adición, producto de las buenas obras llevadas a cabo por iniciativa propia, durante cualquier encarnación que concluya.

En tal sentido, qué se hizo, en términos de la misión divina asignada; como, con respecto a la conquista de la porción del karma maduro seleccionada, el acumulado, y aceptada previamente por el Alma (el espíritu encarnado), cabe recalcar, antes de ingresar al plano terrenal

Todo hombre que se ha puesto a indagar y reflexionar sobre el porqué fuera creada la especie humana, de seguro ha arribado a la conclusión de que esa respuesta solo puede ser hallada a nivel del plano espiritual.

Que el propósito por el que cada cual, espíritu encarnado, está en la Tierra, es representar al Supremo Creador de todo, y Manifestarle; como, el conquistar las cargas kármicas necesarias, y “puestas sobre los hombros”, evolucionar.

Luego, como la ciencia convencional, por lo regular, siempre ha estado divorciada de lo divino, por entenderse, en su marco de ejercicio, que lo único válido, es lo comprensible, lo verificable en el contexto de la mente humana, es lógica la concepción de que la vida, tal y como se concibe, convencionalmente, no tenga sentido, ni propósito alguno.

Ahora, yéndose uno al contexto de lo esotérico espiritual, en el ámbito metafásico, sí que habrá de encontrarle sentido y un propósito, muy importante.

También se podrá discriminar entre lo que es la VIDA en realidad, presente en cuánto existe en el Universo, que los entendidos consideran como sinónimo de DIOS, incluso; y, los fragmentos de Ésa que se conceden a los humanos, llamados “corrientes transitorias”, para los fines señalados. precedentemente.

Finalmente, es preciso apuntar que, la temática aquí abordada, no es muy fácil de explicar, como tampoco de entender. Pero, de seguro vale la pena intentar ambas cosas. ¿Por qué?

Primero, para edificación de aquellos que no han tenido la oportunidad de indagar nada en ese sentido; y, segundo, en pos de que todos esperemos preparados para partir, ese obligado viaje de regreso al mundo espiritual, nuestra verdadera casa.  

Autor: Rolando Fernández

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Pocas “golondrinas” no hacen verano

Hasta que el pueblo dominicano no se concientice con respecto a las desgracias “acogotantes” que lo afectan; los robos, como las mofas de los políticos que han venido gobernando aquí desde hace años; y, trate de proceder como es debido, para enfrentar todos esos males innegables, comenzando, obviamente, por elegir dignos representantes para comandar el Estado nacional, que defiendan el interés de todos los ciudadanos, es evidente que nada se resolverá.

Se tiene que iniciar el asunto, por tratar de elegir políticos pulcros, y con capacidad gerencial, que vayan al gobierno a trabajar en favor de esta sociedad, y no a servirse con la cuchara grande, como es lo recurrente.

Mientras todo permanezca tal cual, hasta ahora, los esfuerzos que hacen determinados analistas, comunicadores y periodistas nuestros, a través de la radio y la televisión, independientes, claro está, que con rareza se escuchan exponer, a los fines de edificar a la población; para que la gente abra los ojos de una vez por todas, y no siga dejándose engañar, esos aportes seguirán cayendo en el vacío. Pues, aquellos hombres de valía son vistos, como muy “pocas golondrinas”; y, por tanto, jamás podrán hacer verano

Aplica muy bien en esta nación la máxima sociológica aquella que reza: “los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”. Y, lo que menos mueve en este país a la ciudadanía en el tenor de lo que se trata, es la conciencia patriótica, ya puesta en el olvido.

¡Qué gran verdad! Claro que sí, pues son ellos quienes los eligen; los que van a votar en las urnas, sin saber por quién están haciéndolo en realidad; si es por el candidato que se oferta en verdad, o por los poderes económicos que él representa. Si están eligiendo a un títere de esos grupos, o a un gobernante para todos.

Para procurar las enmiendas requeridas entre nosotros, y que ya demandan   de contundentes acciones cívicas, qué esperanza se puede tener aquí, con una juventud, que debe ser la más llamada a agenciarse un presente más digno, como un futuro menos incierto, y prometedor, que está casi degenerada por completo; carente de los valores más nimios; y, sin ideales patrióticos, obviamente.

Que solo está pensando en “juquear”; en la disparatada, como degenerada música urbana alienante; y, en el uso de vestuarios estrafalarios. También, en la adicción esnobista a las tecnologías de punta, qué no saben utilizar, pero cuya exhibición da prestigio, se cree.

Además, con una clase media acomodada, que con el esnobismo la han habituado a conformase; un segmento social de ricos, que siempre quiere de más dinero; y, los poderosos grupos empresariales gravitantes sobre toda la población, que solo procuran el apadrinamiento de los gobiernos de turno, e intervenir en las escogencias del funcionariado a ejercer cada vez.

Como se puede advertir entonces, las reclamaciones sociales que se imponen lucen como imposibles. ¡No hay en realidad quienes las hagan!

Unos, no las llevan a efecto, por la inconsciencia que caracteriza; otros por estar bien económicamente hablando; y, los terceros, porque solo inquieta el agenciarse las subvenciones estatales acostumbradas; como, los solapamientos de muchas de sus ejecutorias indecorosas. En adición, el poder seguir gravitando sobre toda la vida nacional; los “narigoneos” de estilo en su favor.

Luego, esos bonitos y explicativos discursos radiales, como televisados en su mayoría, aunque muy bien sustentados, no valen de nada, frente a una sociedad que luce estar bajo los efectos de una fuerte anestesia, suministrada por los sectores políticos y empresariales gravitantes en Dominicana.

Coloreados esos, con los extranjerismos injerencistas acostumbrados; de principal notoriedad, aquellos provenientes de los organismos internacionales de financiamiento, que siempre andan en busca de mercados “acotejados”, para conceder empréstitos bastante condicionados en su favor.

Autor: Rolando Fernández

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“Muertos” que pueden resucitar: los políticos

Los precedentes en ese sentido están de sobra. Cuántos políticos desplazados del poder, con gana, por parte de los pueblos a que pertenecen, que se les creía muertos dentro de ese ejercicio, y que antes fueron elegidos para dirigir la cosa pública han regresado más tarde.

Sí, luego de que fueran rechazados por completo, en razón haber incurrido en acciones desaprensivas durante sus ejercicios, como en actos totalmente despreciables.

La población se sintió defraudada, y se las cobró en las urnas. Algunos de aquellos personajes hasta se burlaron de ella; y, como consecuencia de todo, los echaron del poder.

Sin embargo, logran esos reaparecer después, como figuras de primer orden a considerar, en términos de las posibilidades de alcanzar un nuevo triunfo electoral. ¡Les permiten recobrar el terreno perdido!

Claro, quienes les abren las puetas a esos abandonados, y contribuyen con sus relanzamientos al ruedo del ejercicio político otra vez, son los sucesores en el mando estatal, que mal precedan; que se interpreten sus acciones como una continuidad de lo mismo, cuando no, como empeoramientos de lo anterior.

Las nuevas autoridades establecidas hacen considerar a la ciudadanía, que los cambios por los cuales esa se inclinó, y que inspiraron el ir a las urnas a sufragar en busca de esos, lucen estar en “lontananza”. Se perciben como esperanzas truncadas.

Induce tal situación penosa a pensar, de manera casi generalizada, que lo que había antes, era mejor, a pesar de las desaprensiones, la corruptela, y demás acciones indecorosas en que se pudo haber incurrido.

Cualquier parecido, con lo que en ese tenor ha ocurrido en Dominicana, en más en una ocasión, se puede considerar, no como pura coincidencia en realidad, sino, como la cosecha de lo sembrado, por aquellos que deben procurar, qué los “muertos políticos” no resuciten de nuevo.

Verbigracia, se tiene entre nosotros que, gran parte de los “personajes” más connotados de los gobiernos inmediatamente anterior al presente – peledeístas -, no obstante, haber trascendido a la luz pública, cuánto malo se hiciera otrora, – antes y después de haber sido sacados del poder – , ya están saliendo a las calles del país a realizar actividades proselitistas.

Claro, en procura de volver a venderse ante la población, como los salvadores que regresan, y haciendo provecho de la impunidad judicial fehaciente que les favorece, frente a los actos dolosos que se les atribuyen. Eso, amén d otras lenidades que se entienden muy a la vista en su favor, por parte del actual gobierno.

Para salir a hacer política nuevamente, ni siquiera, se está respetando la fecha establecida en el país, electoralmente hablando, para dar inicio a las actividades que se inscriben en ese contexto.

Ya se está en campaña pública, podría decirse, a pesar el tiempo que hace falta, para cumplir con la principal normativa legal vigente que corresponde en ese orden.

Dice eso que, los que parecían como muertos, de nuevo lucen estar parándose de las tumbas. Están resucitando, muy a pesar de sus pasadas hazañas negativas.

Y, como este es un pueblo que evidencia tener poca memoria, no se puede dudar que vuelvan esos “personajes de mal agüero”, como se dice, a alcanzar el poder.

Indudablemente, los que hoy gobiernan, les están abriendo camino, con su cuestionable, inesperado, y hasta “emulante” accionar presente.

Es obvio que, se está incurriendo en actitudes desde el Estado actual, qué esta sociedad de seguro nunca creyó posibles. ¡Solo resta esperar entonces resultados!

Autor: Rolando Fernández

¡Sin base todo se derrumba!

“Esa es una verdad de a puño”, se puede decir, sin temor a equivoco alguno, como de ordinario se clasifican las aseveraciones importantes, o grandes, no sujetas a cuestionamientos.

Evidentemente, los partidos políticos no están exentos de correr la misma suerte, respecto de eso que intitula. Lo referentes están de sobra.

Las entidades de ese género, de las llamadas mayoritarias en este país, constituyen un buen ejemplo. Todas se han ido prácticamente a pique por tal razón: ¡abandonaron sus bases, después de ganar el poder!

Las que han podido mantenerse vigentes en realidad, por algún tiempo, lo ha sido por los logros obtenidos -votos ciudadanos – partir de las dádivas que de ordinario se otorgan a la gente: un “pica pollo”; o, RD$500 en efectivo, para comer un día quizá, cuando se va a sufragar

Como evidente se reporta, sus principales representantes, normalmente se olvidan de las bases de esas entidades, tan pronto como logran alcanzar el poder cabe la reiteración. Entienden que ya no las necesitan

En ese tenor, no es secreto para nadie, que el oficialista partido de gobierno, no es una institución mayoritaria, debido a su reciente formación, por lo que, con más razón, está llamado a tratar de conservar ese ejército en germinación, para poder dar siempre la batalla frente a los demás del orden; y, a los fines de no sucumbir dentro de poco tiempo, al igual que lo ocurrido a otros.

Se infiere su eventual desaparición, como entidad del ramo, debido, en gran parte, al desprecio a posteriori que se viene haciendo a los componentes de esa principal masa soporte, que fue la que en verdad se fajó en las calles para que ese partido pudiera alzarse con el poder, en el pasado proceso electoral.  En adición claro está, a las demás acciones conducentes emprendidas por sus directivos.

Sin embargo, ahora muchos de los “narices paradas”, como advenedizos en su mayaría, que se destacan a lo interno del gobierno, y que a plenitud disfrutan del poder, los están mirando por encima de los hombros. ¡Ni siquiera las llamadas telefónicas les toman!

Es obvio que, le podría a pesar mañana, en gran medida, para su futuro desarrollo; y más, si es que se aspira a regresar al poder en el año 2024, como de ordinario se estila entre los políticos del patio, apandillados dentro de esas organizaciones lucrativas, después que saborean esas mieles sabrosas del Estado.

Las “comparonerías” que hoy se exhiben, y el maridaje soterrado que se percibe con el PLD, y la Fuerza de Pueblo, lo cual está haciendo que la gran mayoría de los cargos públicos estén siendo ocupados todavía por miembros de esas organizaciones, dizque opositoras, les va a costar bien caro al perremeístas hoy en el mando.

Qué recuerden sus envalentonados directivos de esa organización, en el presente ocupando cómodos despachos, qué ningún capitán sin sodados, gana batalla; y, que cuando a esos se les hace sentir mal, la inclinación, es hacia la venganza, pura y simple.

Autor: Rolando Fernández

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¡Lo que se veía venir! ¿Por qué extrañarse entonces?

Una sociedad totalmente degenerada, carente de valores casi por completo; repleta de inseguridad ciudadana; llena de drogas por doquier; analfabetos con “cuadre”; musiqueros, y canta malo, con vestuarios estrafalarios, aretes, tatuajes, clinejas, cachuchas mal colocadas, etc. ¡Ese es el escenario dominicano actual, lamentablemente!

Además, y para completar el panorama, una nación sin verdaderos guías espirituales, como políticos con condiciones, que procuren enmendar; y, reencausar esta sociedad por caminos diferentes, con miras a un regreso apreciable de lo que fuera otrora, aun sea parcial.

Es evidente, que la principal causa que provoca tal descalabro social nuestro, es la desaparición de la familia, como célula primaria; en términos de su verdadera esencia; como, de los valores, y responsabilices inherentes a cada uno de los miembros que la compongan.

También de los aportes a lo general ciudadano, en el sentido de los comportamientos a observarse siempre.  La base principal considerada sucumbió.  Ya no queda nuestra de cuánto se tuviera en ese sentido. Penoso el giro, ¿verdad?

Con relación a eso, siempre recordamos algunos decires de los mayores, basados en las experiencias acumuladas, y los años vividos, respecto de que esas carencias, y actitudes personalizadas impropias vendrían; como, aquello de que, se presentarían tiempos en los que ya no habría padres para hijos, como tampoco hijos para padres. Hoy se tiene una fotografía fiel de la concretización de esas predicciones. ¡Cuánto sabían esos viejos!

Los núcleos familiares efectivos, compuestos por progenitores y vástagos, han ido desapareciendo casi por completo. Son cosas del pasado.

En la actualidad solo se tienen grupos formados bajo un mismo techo, en los que participa cada uno de tales miembros, queriendo hacer cada cual lo que le viene en gana, sin asumir las responsabilidades y deberes que le son inherentes.

En ese sentido, algo muy puntual fue expresado por la doctora Caroline Myss, en su valiosa obra: “La Anatomía del Espíritu”, que parece haber sido olvidado por completo, lamentablemente.

Dice ella: “una familia, acepta la responsabilidad física y espiritual del hijo que ha traído al mundo, al participar en la ceremonia del sacramento del Bautismo”. 

Luego, ¿por qué no cumplirla después? ¿Se tiene ahora el Bautismo solo como un simple acto social? ¡Serían dos interrogantes a plantearse hoy!

En razón de lo expresado más arriba, nadie debe extrañarse entonces, por lo que viene ocurriendo en Dominicana, nuestro foco principal de atención; como, también en otras latitudes observables, cercanas y lejanas, en que se evidencia el mismo descalabro   social.

Obvio que, todo es el producto innegable de las siembras que se ha venido llevado a cabo desde hace años, y que ahora están repollando con mayor fuerza, en países como éste en que vivimos; de antaño, en manos de políticos desaprensivos, y corruptos por demás, que son los que de ordinario gobiernan. Naciones que carecen de una educación efectiva, tanto académica, como la imprescindible hogareña, en adición, dejada de lado por completo.

Donde los instructivos más notables para los niños, adolescentes y jóvenes, son las degeneradas redes sociales, como la despreciable televisión, donde nada que sirva se puede aprender, por los contenidos que regularmente se exhiben en esos medios de comunicación, repletos de enseñanzas amorales; como de inducción a degeneración sexual; delincuencia y criminalidad, etc., para completar.

En consecuencia, ¿qué se puede esperar entonces?  Lamentablemente, aún falta mucho por ver. Lo peor no ha llegado, y está al doblar de la esquina.

Autor: Rolando Fernández

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¡Cuidado, los pueblos no se provocan!

Los políticos deben tener mucho tacto, cuando están gobernando pueblos que sobreviven frente a la insatisfacción de necesidades imperiosas sociales, tales como: hambrunas evidentes, y escaseces en los servicios públicos generales.  En adición, aquellos con tienen que ver con la salud, educación, e inseguridad ciudadana., entre otros.

Luego, se deben ponderar muy bien las medidas a introducir, que puedan ir en un detrimento mayor de los bolsillos de los ciudadanos; máxime, cuando se conocen las razones fundamentales que provocan el que los gobiernos tengan que imponer castigos tributarios adicionales a la gente.

Por supuesto, de ordinario siempre las autoridades que les corresponda actuar, en el orden de recaudar fondos estatales, se inclinan por   lo más fácil: gravar, tributariamente hablando, a los segmentos más indefensos, y menos pudientes de la población, en busca de los recursos económicos que se requieran.

Comúnmente, las principales causales que trascienden en tal sentido, están asociadas con actos de corrupción estatal; y, los desfalcos sonoros al erario público por parte de algunos gobernantes precedentes y sus secuaces. También, los endeudamientos desmedidos en que se incurre, cuyos recursos frescos percibidos, nunca se sabe dónde van a parar.

Claro, es evidente que, se reportan esas causas después, con el ingrediente adicional de la impunidad judicial fehaciente a nivel local, como las provocantes de una connotada falta de liquidez estatal, que obliga a tener que buscar recursos económicos de la manera que sea, para que el Estado pueda ser “solvente”: adquirir la capacidad económica necesaria, a los fines de resolver los asuntos financieros apremiantes.

Como bien se sabe, son aquellos factores motivantes, qué se estiman incluso, como burlones y abusivos en su raíz por parte de la población, y que trascienden hacia la gente; los que se esgrimen luego, para justificar el tener que adoptar decisiones no gratas para las grandes mayorías.

¡Ojo al Cristo!; que, en ese tenor, a veces, cuando no se reflexiona bien sobre determinadas medidas recaudatorias que se procure tomar, puede “salir la sal más cara que el chivo”, como se dice en buen dominicano; o, “que se vaya por lana, y salir trasquilado”, tal reza otro refrán popular, que merece ser tenido en cuenta también.

Aunque dicen algunos sociólogos que, los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, lo cual no deja de ser cierto, no menos lo es que, también aguantan hasta un día, y que cuando ocurre el hartazgo previsible, explotan de mala manera, cobrándose cuánto les han hecho sus verdugos…

Cabe apuntar que, en Dominicana se percibe tener como aguijón punzante, el que se está en presencia de un gobierno de ricos, que solamente procura trabajar, según es lo que se aprecia, en favor de su propia clase. ¡Es una percepción que reviste peligro!

Y, como es lógico suponer, eso hace inferir, la existencia de cierto descontento popular, qué bien puede agravarse; como, el riesgo probable derivado de rebeldía social, lo cual podría causar en cualquier momento, una explosión ciudadana severa.

¡Mucho ojo entonces!, qué cuando los pueblos se provocan, y las “avispas” se alborotan, los efectos de las picaduras se pueden tornar impredecibles. Precedentes de sobra, no solo se tienen en Dominicana.

Autor: Rolando Fernández

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Los taponamientos vehiculares tocaron fondo en Dominicana

Cuando no se adoptan a tiempo los correctivos pertinentes, por las razones que sean, los males continuaran siempre in crescendo. ¡Qué buen ejemplo es este de que se trata aquí! La cosecha es obvia.

Es lo que viene ocurriendo entre nosotros hoy, con relación a la problemática que intitula, cuyos efectos se han duplicado en la actualidad.

Lo mismo está pasando con otras cuestiones locales muy tormentosas, que también   se encuentran en la misma situación de aumento lamentable entre los dominicanos, y han sido objeto del mismo tratamiento displicente por parte de las autoridades competentes, dejándoles de lado; cuando no, salomónicamente manejadas, a conveniencias de los políticos, y los gobiernos de turno.

Lo que está pasando hoy en este país con eso de los taponamientos vehiculares callejeros, que han tocado fondo en la actualidad, reiteramos, convirtiéndose en la temática del día a día a nivel nacional, por los tantos inconvenientes que vienen provocando a la gente, es algo causal, no casual. Ya no se trata de horarios específicos con respecto a esos, como tampoco de las llamadas horas pico establecidas.

La obligada inamovilidad ciudadana presente por tales motivos, se ha convertido prácticamente en una rutina, verificándose los impedimentos de tráfico en cualquier momento del día, o de las noches.

Son muy pocos los respiros que se tienen, si es que aparecen atajos para los desplazamientos viales requeridos por los ciudadanos. Eso, cuando no todo el mundo los conoce; que los transitan en busca de la misma facilidad de movimiento.

Ya en este país, regularmente, los que no tienen que salir por algún tipo de urgencia, o responsabilidad laboral asumida, a las calles y avenidas locales, evitan hacerlo.

Lo imperioso es lo que manda. Y, pobres los que en medio de un maremágnum vehicular desesperante de los que se dan aquí, sufran algún percance de salud, que amerite llegar con rapidez a algún centro médico; o, un problema intestinal repentino, con fuertes “cólicos”, que obligue a buscar un excusado con rapidez ¡Se muere, o se defeca en el camino!

Evidentemente, el gran desorden en ese sentido, es algo que se aprecia a diario, y que se verifica en las principales avenidas y calles del país, caracterizado principalmente por los angustiantes taponamientos de vehículos, como el “franqueo” de los gigantescos camiones de carga, que transitan al “unísono” con los automóviles livianos, siendo conducidos aquellos “monstruos” por desaprensivos choferes.

Es indudable que, la situación no es cuestión de ahora, sino que es algo viene de lejos. Que se ha venido dando entre nosotros desde hace un buen tempo, por motivos diversos, sin que se haya intentado ponerle coto real hasta el momento, ¡Se amaga, y no se da!,

Lo que ocurre es que, actualmente se ha incrementado sobremanera el problemazo, debido a una serie de factores notables que se advierten con claridad, y que son innegables.

Entre ellos están, la falta de conciencia ciudadana, y los manejos temerarios de moda, por parte de muchos conductores desaprensivos, ante la mirada indiferente de las autoridades dispuestas para los controles requeridos, y que son apostadas en las vías públicas de la capital, principalmente

Tales situaciones señaladas, son en adición a otras razones que no han sido atendidas en su momento por los organismos competentes, lo que podría ser por displicencia y conveniencias, cualesquiera de las dos cosas.

Destacables se reportan entre las mismas, y señaladas a todo pulmón por gente autorizada; primero, el no análisis y ponderación de la capacidad vial de que dispone el país, con respecto al excesivo parque vehicular que ya se tiene, producto de las demandas de las personas hoy, como del mismo crecimiento poblacional que se verifica.  

Es evidente que, no ha habido ningún tipo de control, a pesar de todo, con relación a las importaciones de vehículos, que se debió suspenderlas por un periodo de tres años, al menos. ¡Pero no!

Las ferias para ventas de carros, que a traer más automóviles mueven, continúan alegremente. Se tienen con frecuencia esos eventos, otorgándose facilidades diversas, a los fines de estimular las compras por parte de la gente.

Más que notorio es que, medida correctiva alguna se ha adoptado en ese tenor. Así cabe destacarlo. No ha habido ningún tipo de prevención con relación a las actividades de ese tipo, pinceladas con lo comercial-financiero propiamente.

Las mismas continúan alegremente. Cada vez son celebradas más y más ferias, en las que como siempre, se ofrecen atractivas facilidades de crédito a los eventuales adquirientes.

En ese tenor, es incuestionable que, el traer vehículos desde el exterior a este país, sean nuevos o usados, representa un buen paquete tributario, en términos de la captación de ingresos por parte del Estado, como son aquellos que tienen que ver con la importación misma; la obtención de placas para poder transitar; la contratación de seguros; y, los demás gastos asociaos requeridos a cubrir, por las transacciones de las compras realizadas en ese orden.

De otro lado, también está el mayor consumo de combustibles, que se entiende es procurado, y que es por igual, de los propósitos, considerados, debido a la contribución que proporcionan en términos tributarios.

No se puede perder de vista, que los hidrocarburos que aquí se expenden, se reportan como los más caros en toda el área del Caribe, según los expertos en la materia. Y claro, a eso hay que sacarle provecho.

Que tal situación es debido, a las altas tasas impositivas aplicadas a los mismos; como, a los otros cobros abusivos, inexplicables, que entran a formar parte de sus precios, para favorecer siempre al Estado, como siempre es lo se entiende.

En línea con eso, la generalidad de la ciudadanía considera que, las grandes “quemas” de combustibles en las calles y avenidas nuestras, producto de los taponamientos de vehículos que se verifican, contribuyen bastante al logro de ese objetivo.

Es obvio que, durante el cúmulo de automóviles varados por ratos, los consumos se disparan considerablemente, proporcionando jugosos recursos económicos que se perciben, por concepto de los impuestos, y demás cargas aplicables.

De ahí que, mucha gente asocie en esta República la mala administración del tráfico vehicular, por parte de los agentes de la DIGESET, que de ordinario se cree son adrede.

Que, también están dentro del mismo abanico recaudador, las fallas en los sistemas de semaforización instalados, con el ingrediente notable de los benditos apagones sectoriales que se introducen, apreciándose como cosas que por igual están en consonancia con el provocar esos impedimentos de los vehículos, a los fines señalados.

Se consideran estos últimos factores, en segundo lugar, como partes de las   poderosas razones que provocan los taponamientos vehiculares a nivel nacional.

Como es lógico suponer entonces, a partir de esos connotados motivos expuestos aquí, es entendible que, en la nación dominicana se tendrán “tapones de vehículos” en calles y avenidas durante gran tiempo más.

Es “inferible” que, tan significativas y seguras fuentes de ingresos para el Estado, se procurará mantenerlas siempre, aun la pesarosa situación que provoque para la generalidad de la población.

Preciso es destacar, finalmente, que el funcionariado gubernamental, llamado a decidir e introducir las medidas correctivas pertinentes, en relación con tal problemática que se trata, no tiene razón para preocuparse por tal motivo.

Sus componentes pueden transitar sin dificultad alguna.  A ellos Se les provee de “franqueadores”; o, agentes de los mismos que dirigen el tránsito, para que le abran paso dondequiera durante sus travesías: se pongan a sus servicios.

Autor: Rolando Fernández

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Una bomba de tiempo para cualquier Estado.

La imposición de tributos a las poblaciones, sin reciprocidades estatales razonables hacia la gente que es golpeada con fuertes y abusivos gravámenes, verbigracia, algo que se viene notando en Dominicana, desde hace mucho ya, constituye una poderosa bomba de tiempo para los gobernantes de turno en cualquier nación, que en un momento dado puede estallarles en sus pies, con extensión hasta los poderosos grupos económicos que respaldan, o apadrinan.

Así lo aseveran muchos conocedores de la idiosincrasia de los pueblos, sociólogos y analistas autorizados, no corporativos, por supuesto; y, que saben sobre las formas cómo reaccionan las sociedades en contra de los mandamases, verdugos políticos, y sus secuaces claro, está, cuando se sienten burladas y esquilmadas de ordinario.

Actúan aquellas como asnos con anteojeras, y se mueven llevándose encuentro cuánto aparezca por delante; entre eso, a los que de ellas se mofan, y las condenan a sufrir miles de penurias; necesidades extremas que acogotan.

Evidentemente, salen mayormente perjudicados, los que más tienen: los políticos avariciosos y corruptos, como los ricos insaciables, que no se jartan de acumular cuartos, sin medir consecuencias.  “¡Ojo al Cristo!”.

Según reza una máxima muy significativa, “la palabra de los pueblos es la que más se parece a la de Dios”; y, cuando se empoderan aquellos conglomerados, al tiempo de expresarla, difícilmente ningún culpable de sus males pueda escapar de las aguerridas batidas que emprenden.

De más es conocido, a donde van a parar aquí, en un alto porcentaje, los dineros que se recaudan a partir de los gravámenes impositivos a la población; los cuartos que se sacan de los bolsillos de la gente, que cada vez pasa más penurias y calamidades extremas (necesidades alimentarias; falta de los servicios públicos de salud; como, de educación suficiente, entre otros).

Mientras tanto, los mandamases aquí viven   dándose la gran vida; amén de que se burlan sin reparo alguno, ante los llorosos ojos de los desposeídos, después que los esquilman sin piedad.

En ese tenor, los máximos representantes de los gobiernos que se ha gastado esta República durante los últimos años, con ligereas excepciones, no han constituido clase contraria alguna.

Siempre es más de lo mismo. El grueso llega al poder en mangas de camisa, y quizás hasta con trajes prestados. Se envalentonan, y después salen con grandes fortunas; dineros hasta para botar, lujosos vehículos; y, suntuosos palacetes para vivir, con los que nunca soñaron. “¡Qué bien!”.

Cuidado pues; qué las autoridades actuales procedan a agenciarse por otras vías los recursos económicos requeridos en esta ocasión, ante el hartazgo de la gente aquí a ser gravada. Incluso, que se recurra al descamiso de los dineros robados al fisco por los políticos precedentes, y hasta algunos de los actuales.

Qué se dejen las autoridades presentes de estar inventando con la creación de nuevos impuestos a la población, nada más en contra de las grandes mayorías necesitadas, o el aumento de los ya existentes, a los fines de evitar que esa bomba de tiempo sobre la que aquí se trata, les pueda estallar en los pies, afectándoles sobremanera, con extensión traslativa hasta los empresarios connotados, que de ordinario dirigen junto a los que mandan, muchas de las desaprensivas políticas de corte económico a nivel nacional.

Con los grandes problemas que vienen acogotando a la gente en esta nación, una decisión gubernamental desacertada en ese orden, podría provocar una explosión social severa, con consecuencias impredecibles, que den al traste con la paz pública entre nosotros, hasta ahora preservada.

Autor: Rolando Fernández

www.rfcaminemos.wordpress.com

Aquí cualquier persona aspira a gobernar

No importa que reúna o no condiciones para ello. Logra el propósito a base de cuartos, que permiten dar las dádivas electoreras de estilo, u ofrecer limosnas pírricas a la población ingenua y hambrienta entre nosotros, que por necesidad vende su consciencia.

Claro, los lambones pagados también ayudan en ese orden, pues tratan de promocionar, y solapar siempre el prontuario delictuoso o cuestionable que se tenga; venden al aspirante de que se trate como “salvador”; y, el que viene a resolver. ¡La misma canción de siempre!

Algo que llama poderosamente la atención es que, para llevar a cabo actividades políticas en esta nación se hacen necesarias grandes cantidades de dineros (millonadas de pesos y dólares), que no siempre sé tienen); pues, no todos aquellos que se ofertan para ser presidente de los dominicanos, “han nacido en cuna”, como dice la gente, cuando se viene de “extracción humilde”.

Luego, la gran pregunta que asalta a los pensantes aquí, cuando se enteran de ciertas aspiraciones de personas hechas públicas, a dirigir los destinos nacionales, es: ¿y dónde consiguieron aquellos esos cuantiosos recursos económicos?; pues, en su mayoría, es gente que ayer pertenecía a la clase media baja de esta nación, y que hoy se presenta como sólida potentada.

La percepción casi generalizada que se tiene es, los extrajeron de las “ubres de la vaca del Estado nacional”, por donde ya pasaron, y lo están haciendo ahora, esos nuevos que se encuentran ordeñando dichas tetas hoy, en perjuicio de las grandes mayorías locales, desposeídas, como hambrientas a la vez entre nosotros; y que han sido víctimas de los despropósitos gubernamentales recurrentes en esta República.

También, podría ser que los estén recibiendo de oscuros sectores del narco, u otros, algo que aparentemente se ha venido tratando de combatir aquí, pero que en realidad no se cree, haya sido logrado en el fondo, según es lo que se advierte.

En el tenor de lo abordado, también se dan los casos a interno nuestro de algunos adinerados que invierten en la política, no con fines de trabajar por el país, sino en post de luego ir al poder, en procura de recuperar sus cuartos, y aumentarlos con creces; hacerse más ricos.

Vale recordar que, el ejercicio de la actividad política en esta nación, lo han convertido en un vulgar negocio, siendo esa razón una de las causales, probablemente la principal, de los grandes males que, en todos los sentidos, han venido afectando a esta nación durante las últimas tres décadas pasadas se podría decir, sin temor a equivoco.

Yo quiero ser presidente, o presidenta del país. No importa si reúno o no condiciones para ello; pero, sí tengo cuartos para comprar a quien sea; y, estoy en disposición de pactar acuerdos reciprocatorios con los poderosos sectores económicos respaldantes, de esos que lo hacen, y gravitan entre nosotros.

¡Nada impide! “Es pa´lante que vamos”, como diría un político de los nuestros. ¡Aquí todo se puede! Es el parecer de gente sin perfil presidencial, e incapaz a todas luces, como hasta boca dura también, creyéndose que eso vende, y que osa ofertarse ante la población alegremente, para dirigir los destinos del país.

Y, amén de la osadía, tampoco al parecer, se respetan las leyes, normas y reglamentos que rigen en materia electoral, mediante los cuales se procura regular y controlar el ejercicio político a nivel nacional, En esos, se establecen como parte importante, entre otras cosas, los plazos pertinentes para la realización de las actividades relativas.

Ahora mismo, se vienen observando las que se pueden considerar violaciones en ese sentido, y a las que nos referimos aquí. Lógico, en ese marco jurídico vigente, debido al tiempo que falta para la celebración de las próximas elecciones generales en el país; y, en razón de que, ya muchos políticos del patio, andan promoviendo candidaturas a la presidencia de la República, sin reparo.  ¡No hay que esperar nada se entiende!

Sin embargo, otros opinan que esa última concepción es admisible, en razón de que, en el ámbito de la política propiamente, los actores que participan pueden comenzar a promover sus candidaturas en cualquier momento que lo consideren prudente; que se tiene esa libertad de acción. Y, qué se deben aquellos aprovechar las oportunidades que se presenten para sus proselitismos. 

¡Bueeeno!  Como es obvio entender, eso no luce aconsejable así. Y, es que, por alguna razón de valía, se normaron las actividades de ese tipo, lo cual entendemos se debe observar siempre.

No obstante, la disparidad de criterios en tal orden, es entendible que, en este caso la prudencia se debe imponer actualmente, por encontrarnos ante un nuevo gobierno, que está prácticamente comenzando; y, que debe haber un espacio de respiro para la población, cansada ya de tanta politiquería.

Qué se aguanten esos verdugos, cuyo propósito luce ser solo el de “subirse al palo” en el próximo año 2024; y, que muy poco les está importando el clima de crisis en todos los sentidos que viene afectando a la nación.

Qué mejor procuren aportar su granito de arena para ir resolviendo, antes de que concluya la presente gestión de gobierno, ya que, de alcanzarse el poder, el que logre llegar, también le va a tocar enfrentar parte de los problemas presentes. ¡Recuérdese la continuidad del Estado!

Autor: Rolando Fernández

www.rfcaminemos.wordpress.com