Cruda realidad uasdiana

Todos los caminos uasdianos conducen cada vez más, hacia un deterioro bien marcado de las actividades investigativas y académico-docentes, que deberían ser los nortes principales de las sus autoridades y personal de apoyo.  No sólo es, el de alcanzar posiciones dentro de la institución, como de ordinario es lo que se estila, muchas veces hasta sin reunir las condiciones requeridas para determinados cargos.  ¡La cualquierización es la moda!

Con el transcurso del tiempo, la UASD se  ha venido debatiendo, con mayor ahínco, entre la vida y la muerte, producto de la politiquería y el grupismo interesado que allí se verifican, amén del clientelismo que se deriva.

Ya eso de pensar en la eficientización docente, corresponder a la demanda de la sociedad, en términos de los requerimientos del mercado laboral, como del desarrollo de la carrera académica dentro de la institución, por parte de profesionales aptos, pasó de moda.

El escenario electoral presente, de cara a las elecciones de las nuevas autoridades para el trienio 2011-2014, es la mejor muestra de ese descalabro institucional que cursa.  Sólo se habla en estos momentos de alianzas, apoyo y ofrecimientos de cargos administrativos. También, de los viajes a los centro regionales, en aprestos de promoción electoral y conquista de los votos del profesorado en el interior.

Mientras tanto, la docencia correspondiente al semestre 2011-1, aún no ha comenzado;  y ya, el mes de enero se fue.  Si el mismo se inicia en los primeros días de febrero, de seguro también se perderá mucha clase, debido a la realización de todos los comicios: rectoría, vice-rectores, decanos y directores departamentales; además,  los pataleos, segundas vueltas, etc., que siempre se registran.

Con ese folklore uasdiano, caracterizado por la politiquería, y los deseos vehementes de una gran parte de su personal docente y administrativo, de sólo alcanzar posiciones de mando y beneficios adicionales a los emolumentos salariales, más que el desempeño propio de su verdadero rol de formación académico-profesional que le compete, de manera óptima y oportuna, los derroteros de la juventud depauperada nuestra, con deseos de superación y progreso, lucen preocupantes y pesarosos.

¡La UASD, única ventanilla que tienen los jóvenes dominicanos, sin recursos económicos, para formarse profesionalmente, tiene que revisarse, y rápido!

 Rolando Fernández

El cólera llegó a los ricos

A raíz de que la epidemia del cólera, comenzara a desarrollarse en el hermano país de Haití, osamos  escribir un pequeño artículo en el prestigioso periódico “Nuevo Diario”, tratando de advertir sobre lo inminente de la presencia del virus en nuestro país, dadas las condiciones fronterizas con esa nación, la relaciones comerciales establecidas con la misma, como la facilidad con que aquellos ciudadanos entran y salen de la República Dominicana.

No cabe duda de que, ese es un problema que, aunque en mucho menor grado, a los dominicanos nos viene afectando también; y de que,  el flujo de las informaciones pertinentes se ha venido manejando con cierto tacto y la prudencia correspondiente, para no alarmar a la población, y evitar los efectos negativos posibles,  en  uno  de lo sectores columna de la economía nacional – el turismo.

También es muy cierto que, aquí no se han tomado todas las medidas preventivas de lugar.  Sólo hay que pasearse por nuestras calles y avenidas, para observar como se continúa, sin ningún control, con los expendios de comestibles callejeros, en los que mayormente trabajan haitianos; los vertederos repletos de basuras y desperdicios en descomposición; como los caudales de aguas negras, a través de las aceras y contenes.

Hay que imaginarse, si eso es aquí, en la capital, y en sectores más o menos organizados, qué no será en los pueblos del interior, como en los tantos barrios descuidados  e insalubres que se tienen en el propio Santo Domingo. ¡Dichoso somos nosotros hasta el momento, con el número de casos que hemos tenido!

Ahora, sí es que esa problemática ha trascendido con algún nivel de cuidado, obviamente; pues la ocurrencia de nuevos casos múltiples, en personas de renombre y clase alta económica, ha cruzado nuestra frontera; es decir, el asunto se ha internacionalizado.

Fue la situación que se presentara en una residencia de La Romana, República Dominicana, donde era celebrada una boda; y, en el buffet correspondiente ofrecido, había maricos contaminados con el virus del cólera, procedentes de Pedernales, según se dijo, cuya ingesta por parte de algunos  de los invitados, extranjeros y nacionales, les afecto en su salud.  (Véase: amplia reseña de prensa, periódico “El Día”, del 28-1-11, pagina 4).

En consecuencia, a partir de ese lamentable evento, las autoridades dominicanas, tanto del ministerio de Salud Pública, como de Turismo, los ayuntamientos, y de Migración, tendrán que fortalecer las medidas preventivas e imponer los controles debidos, para evitar mayores y lamentables consecuencias en el país.

Es obvio que, las personas que resultaron afectadas en el caso de La Romana, por las facilidades médicas a su alcance,  como los recursos económicos en sus manos, pueden salir airosas, totalmente sanas, del problema.  Pero, con la población humilde y depauperada nuestra, que no puede comer langotas, aunque a veces, comidas chatarra y alimentos callejeros, con todo un medio ambiente insalubre en contra, amén de las deficiencias hospitalarias públicas que se verifican en el país, la situación resultaría desastrosa, de presentarse un aumento considerable en los infectados.

Ojalá que ese suceso en los ricos, aunque muy lamentable, por supuesto, redunde en beneficio de los pobres que habitan en nuestros barrios olvidados, como de la población dominicana en general, en el sentido de que se adopten las medidas extremas que ya la situación parece  ameritar. ¡No nos descuidemos con eso, por favor!

 Rolando Fernández

Los intentos de transversalización pedagógica siguen de moda aquí

Aún no ha concluido un alboroto reciente nacional;  no ha habido consenso alguno; sólo un abanico de contradicciones, opiniones diversas encontradas, etc.; y, por supuesto, los alegatos de defensa externados por las autoridades oficiales, provocado todo eso, por la imposición que pretende lograr el ministerio de Educación, con la aplicación en nuestro sistema, a nivel de las áreas de enseñanza básica e intermedia, de los tan cuestionados  textos integrados.

De acuerdo con la opinión de expertos, calificados en la materia, esa es una metodología educativa que no calificaría tampoco en este país, ya que la misma, por la transversalización que contempla, ha fracasado en otras latitudes, con mejores plataformas o bases que las nuestras en el sector.  Pero, no obstante eso, ya estamos en presencia de otro invento similar esnobista, probablemente más inquietante, por su eventual connotación dañosa futura.

Los duchos académicos y literatos nacionales, como algunos juristas de vasta experiencia, en cuanto a lo docente se refiere, han expresado su oposición a esa técnica de enseñanza, debido a que entienden, afectaría de manera significativa el aprendizaje de la Lengua Española y de la historia patria dominicana,  como asignaturas básicas a cursar, entre otras.

Sin embargo, las autoridades del ministerio de Educación, han defendido la iniciativa, diciendo que, por el lado de la enseñanza de la Lengua Española, que ha sido la más aludida, de manera directa, ésta se contempla en dichos textos, como “eje transversal de la educación”;  que no es cierto que la forma tradicional de impartirla va a desaparecer con el uso de los mismos. ¡Eso no está demostrado!

Ahora, se retoma de nuevo el canto de la transversalización, que emerge en este caso de la llamada sociedad cultural “Nueva Quisqueya”; pero, dirigida esta vez a transformar el himno nacional de la República Dominicana, para que, amén de ser el símbolo patrio por excelencia; el de mayor respeto, aunque sólo para algunos, y que debería de serlo para todos los nacionales, en “eje transversal para la educación” también, a los fines de enseñar a través del mismo: lectura comprensiva, geografía,  y además, la historia nuestra. (Véase: periódico Listín Diario, de fecha 25-1-11, Sección “C”).

Según se alega, esa pieza literaria de valor incalculable para esta república,  aunque  determinados personajes la subestimen y la irrespeten, diríamos nosotros, “tiene significado pedagógico”, conforme lo expresa una de las promotoras del proyecto, Isabel Collado, al tiempo de agregar que, “se persigue con éste, un afianzamiento de la identidad y de los valores éticos del pueblo”. Respetamos  ese criterio interpretativo, como la intención manifiesta; pero, no los compartimos.

No obstante, existe la posibilidad de que se esté en lo cierto; y, de que ese sea un camino apropiado para tales propósitos. Pero, de ahí, a pretender “Enseñar asignaturas con el himno nacional”, como se titula la reseña de prensa, cantándole y explicándole en las  aulas a estudiantes de tan bajo nivel de formación académica, y con la degeneración juvenil marcada que se verifica en esta sociedad, alimentada por una penetración cultural extrema; como a lo  interno, con los ejemplos antinacionalistas y amorales de algunos de políticos que nos gastamos,   es algo que luce muy iluso, en términos de aplicación.

Disentimos, en cuanto a creer que, se pueda lograr por ese medio, el “avivar el sentimiento de nacionalidad”, que motivara a sus compositores en el ayer; como, el afianzar la identidad y los valores éticos del pueblo hoy. ¡Muy válidos los deseos; pero, más que inciertos, podrían ser los resultados!

En pos de alcanzar objetivos de esa naturaleza, lo primero que habría que hacer aquí es, reintroducir de nuevo en el patrón nacional de estudios, la asignatura “Moral y Cívica”, tal cual era impartida otrora, después del cuarto o quinto grado de la educación básica, cuando ya los estudiantes disponen de un poco de formación académica, y de un relativo nivel de conciencia ciudadana.

Con los niveles de descomposición republicana que en la actualidad azotan a esta nación, si en verdad se está aspirando a procurar esas cosas, que se podrían considerar virtudes patrióticas, la forma más expedita de hacerlo no sería esa.  Se debe procurar otra manera de concienciación patria, que resulte más efectiva y acorde, con el combate real, a tan  deprimente realidad nuestra, en ese orden.

En pos de alcanzar objetivos de esa naturaleza, lo primero que habría que hacer aquí es, reintroducir de nuevo en el patrón nacional de estudios, la asignatura “Moral y Cívica”, tal cual era impartida otrora, después del cuarto o quinto grado de la educación básica, cuando ya los estudiantes disponen de un poco de formación académica, y de un relativo nivel de conciencia ciudadana.

Lo que se podría obtener con la iniciativa de que se trata, es un irrespeto mayor hacia nuestro canto patrio; que se le tome como algo de interpretación cualquiera; y cuando no, osarían por montarlo en un ritmo bachatero, como lo han hecho hasta con algunas frases de magna significación, pronunciadas por determinadas figuras sagradas. ¡El respeto y la reverencia aquí están muy cuesta abajo!

Que se pondere muy bien ese asunto, para no ocurra lo que ha venido pasando con la introducción de los famosos textos  integrados, que para muchos entendidos han resultado ser un fiasco en todas partes. 

Aunque, por algo que se expresa en la reseña periodística, que también dijera la precitada promotora de la idea – “la historia no puede transversalizarse” a propósitos de los textos integrados, puesto que es lo único que permite conocer quienes somos – al referirse al sentido crítico de la enseñanza aprendizaje,  se puede inferir algún tipo de relación y complementación subyacentes, entre ambas iniciativas. ¡Como que hubo cierta coordinación!

 Rolando Fernández

Los acosos sexuales se pueden evitar

Recientemente conocimos, según reseñara la prensa local, sobre la preocupación que externara la flamante funcionaria del ministerio de la Mujer, en el sentido del acoso sexual de que son objeto, según ella, las representantes del sexo femenino, a nivel de algunos lugares de trabajo.

Se habló inclusive, en el conversatorio con los periodistas, si mal no recordamos, sobre la posibilidad de procurar introducir algún tipo de legislación punitiva, para tratar de combatir las actitudes desaprensivas en ese orden, a  juicio de la señora ministra.  De ser así, entendemos que es algo que, debe ser ponderado muy bien, ante el actual esquema social dominicano, caracterizado ya por adicción a los vicios, y la depravación moral que se verifica en ambos sexos.

Al leer la reseña, las consideraciones expuestas nos trajeron a la mente el contenido de un trabajo de investigación que hiciera una reportera del medio Listín Diario, y que  publicara hace ya algún tiempo, sobre el supuesto acoso sexual que se verifica en las universidades del país, principalmente en la UASD, por parte de los profesores, según ella, en que ni siquiera uso el término algunos; sino que, los incluyó a todos, obviamente.

En esa ocasión, nos extrañó bastante la forma en que el tema fuera abordado por dicha comunicadora, toda vez que la misma es egresada de esa institución académica, según se dijo; y por supuesto, de seguro conoce muy bien el comportamiento que observan muchas estudiantes allí.  Las formas en que van vestidas; como se sientan en las primeras filas dentro de las aulas; y, lógicamente, el sentido de provocación que ostentan,  máxime cuando aspiran a ser promovidas, sin tener el dominio correspondiente sobre una determinada signatura.

Eso significa que, los profesores deben tener mucho dominio sobre sus emociones e instinto animal biológico, inherente al hombre en sí, para no sucumbir ante las tentaciones de las tantas féminas provocadoras con las que debe tratar a diario.  Además, estar muy consciente de su rol, y de los cánones ético-morales que éste impone.

Lo que ocurre en este país es que, normalmente los temas problemáticos se abordan de manera muy superficial; sin intentar buscar o hurgar en las razones de fondo que inciden sobre determinadas situaciones conflictivas.  Se quiere atacar siempre en la cima o ramas del árbol, sin bajar nunca hasta la raíz.

Si  bien es cierto que, muchos hombres dominicanos no se pueden contener ante el exhibicionismo corporal femenino extremo, la cantidad de personas jóvenes y maduras adictas al alcohol o las drogas, que deambulan por nuestras calles y avenidas, y que interactúan, aun solapadas algunas, en determinados lugares de trabajo, escuelas y universidades, no es menos cierto que, el comportamiento indebido que observa un gran número de mujeres jóvenes y viejas, que no se respetan a sí mismas; que han tirado el pudor por la borda; y  que, sólo creen que  pueden venderse enseñando públicamente los encantos más llamativos de sus cuerpos, contribuyen a fomentar la problemática de que se trata.

Esa es una realidad que resulta innegable.  El sexo femenino es parte de la solución del problema, en la medida en que se trate de reconsiderar ese exhibicionismo extravagante; muchas  mujeres comiencen a revalorizarse y recobrar, tanto el pudor, como  la vergüenza que tantas han perdido.  A pensar en que, no sólo su cuerpo es el que puede vender, sino también sus condiciones espirituales y morales; el reconocimiento por parte de ellas de su verdadero rol co-creador; de ente de equilibrio emocional-familiar; y, de columna fundamental para el buen vivir y desarrollo de las sociedades.

Es por ahí que debe ir su iniciativa, doña Alejandrina; ese sería el trabajo pertinente a comenzar.  Promover esos tipos de concienciación, si es que en verdad le preocupan los acosos sexuales; y por supuesto, no sólo en los lugares de trabajo, sino a nivel general en el país. No creemos que sea asunto de imponer castigos simplemente, y ya.

Siendo honestos e imparciales, ¡ya aquí no se sabe quién es que acosa a quién!  No  nos perdamos, andándonos por las ramas.  ¡El vestuario adecuado y formal en toda mujer, de ordinario infunde respeto, aun frente al tigueraje más desaprensivo!

Reflexione por favor, sobre esa aseveración última, doña Alejandrina; que usted puede ayudar bastante.

 Rolando Fernández

La vagancia no paga; trabajemos más

Muy acertado, como de costumbre, resulta el parecer externado por el señor Rafael Molina Morillo, que recoge  su columna de fecha 25-1-11, en el periódico “El Día”, en el sentido de que, este país no debe continuar dándose el lujo de disfrutar de esa vagancia extrema, con tanta frecuencia; que sólo es aprovechada para celebrar francachelas, “bachateos por doquier” y romerías, agregaríamos nosotros. 

Aquí, hay demasiados días de fiesta;  y, se agravada esa mala práctica, con los  famosos traslados extensivos, esnobistas por supuesto, como muy bien él señala. Y que, como consecuencia de eso, enmarcan periodos de tiempo, que resultan  a todas luces, totalmente improductivos; en una nación que, lo que más necesita en estos momentos, es del trabajo arduo de todos, como de las sólidas formaciones académicas profesionales,  que se deben impartir, de manera oportuna, al relevo generacional necesario.

Eso que sugiere el señor Molina Morillo, en relación con la supresión de tantos días de fiesta en el calendario  oficial, exceptuando algunos, es lo que debe de ser; procede que se haga de inmediato.  Esa absurda legislación de los dañinos traslados, extensivos de feriados de vagancia, tiene que ser derogada.  Esos no son inventos que aplican en países como éste. ¡Aquí, lo que se necesita es trabajar más, y estar menos de fiesta!

El mismo asueto de Semana Santa, que ya no es santa nada, sino que la han convertido en un período para vacacionar y veranear sin control, sería más agradable para el Señor, como aéreamente le llaman, que se utilizara para la realización de actividades productivas, laborales y de estudios. Pues, lo que actualmente se hace es mofarse de Él, bebiendo alcohol, bañándose en playas y bailando a todo dar.  ¡Ya no hay respeto por la tradición!

Pero además, el Gobierno tiene que invertir grandes sumas de dinero en programas y operativos de prevención, para cuidar la vida, como se denomina, de los desaprensivos borrachos y temerarios conductores que se desplazan para la ocasión por todas las carreteras del país, amén de tener que habilitar servicios de emergencia vastos en los hospitales públicos del país, para atender a los lesionados, accidentados e intoxicados, etc.

¡Quedémonos sólo con los días que sugiere el señor Molina Morillo; no  más!

 Rolando Fernández

Su interrogante no tiene respuesta en el contexto

Muy interesante resulta la pregunta de encabezado, en el trabajo que publica el señor Randy Araujo, en el prestigioso medio “Nuevo Diario”, relativa a la procedencia del intelecto en los seres humanos.

Esa es una de las llamadas “interrogantes del millón”, cuya respuesta, es más que obvio, está vedada a los hombre por sus limitaciones mentales, en el contexto de lo científico convencional, por más investigaciones que se hagan, como teorías que se planteen.

La misma se parece bastante a: ocurrencia de la respiración, circulación del flujo sanguíneo, digestión de los alimentos; y, hasta el origen de los mismos pensamientos de las personas, cuando les asaltan; todos, en términos del cómo en realidad se llevan cabo los procesos correspondientes.

Pero hay otra que, se torna mucho más inescrutable aun, ¿qué es lo que hace que uno vea, que uno no puede verle?  Al respecto, sólo se piensa en los ojos, con sus facultades atribuibles; al igual que, en el sentido físico de la vista, limitado; como, en su interrelación con una determinada área del cerebro y sus funciones. Pero, ¿es nada más lo que interviene?  Es ahí, donde hay otro tranque importante para los científicos.

Las respuestas a todas esas preguntas no es posible lograrlas en el marco enteramente científico.  Para poder obtener cierta vislumbre sobre las mismas, necesariamente, se tiene que recurrir al concurso de lo espiritual-esotérico, y complementarlo con el desarrollo de la habilidad intuitiva.

 Para ello, es de obligatoriedad el aceptar la hechura del hombre a imagen y semejanza de la Divinidad Suprema.  Que es una “réplica energética de un poder divino”; y que, “somos creaciones biológicas de diseño divino”, como bien lo señala la autora  Caroline Myss, en su valiosa obra “Anatomía del espíritu”.

Pero además, que “Todos somos uno”, como reza una primera verdad sagrada. Eso significa, la no separación de nada cuanto existe en el Universo; que Vida sólo hay una, de la que todos los hombres somos un fragmento; y que,  Mente e Inteligencia, también sólo hay una, la Superioridad que todo lo rige; de la cual determinados niveles se van expresando a través de lo seres humanos, en cada tránsito terrenal de manifestación Divina, según el grado de evolución espiritual alcanzado.

Como se puede advertir, solamente a través de intentar escudriñar en ese campo, de profundizar en esas aguas, insondables en gran parte para el intelecto humano, se podría intuir una “pequeñísima respuesta parcial, a eso que usted se refiere en su trabajo.

La inteligencia humana sólo puede provenir, por su complejidad inexplicable, de una única fuente: LA INTELIGENCIA UNA; la del  Supremo Creador de todas las cosas.  Claro, que la ciencia seguirá hurgando de manera infructuosa, al igual  como ha venido ocurriendo con la definición total del llamado “genoma humano”, donde se seguro, también está programado el grado de inteligencia del que ha sido dotado cada cual.

Por el tipo de tema que usted aborda, nos luce que es una persona poco conformista con los convencionalismos tradicionales, y de que trata de investigar con agudeza las cosas que le inquietan.

En ese orden, nos permitimos recomendarle estudiar analíticamente, en el marco de lo esotérico, claro está, los versículos 1-3, Capitulo 1, del libro de Juan; y Jeremías 10:23, en la Sagrada Biblia. 

No hay que ir tan lejos, señor Hirujo.   En esas citas usted puede comenzar a orientarse, al tiempo que les servirían de motivación para seguir profundizando sobre la verdadera composición físico-espiritual humana.

 Rolando Fernández

Sería otro bulto burocrático más, inoperante también

Por la elaboración  de proyectos de ley, como ese que ahora está presentando el flamante senador José Rafael Vargas, que “dispondría la aplicación de auditorías técnicas a las obras públicas”, según reseña el periódico Diario Libre, del 22-1-11, página 10, es que aquí ya tantas personas osan opinar, en el sentido de que el Congreso Nacional nuestro, se ha convertido en un organismo inoperante.

Se proclama a nivel popular, que los miembros del Poder Legislativo, sólo son  elegidos para: perder el tiempo en banalidades; aprobar préstamos con el exterior; secundar las iniciativas gubernamentales (Ejecutivo), sin importar efectos sociales; y, agenciarse lujosos salarios, prebendas y otros beneficios personales en su favor.

Por los tantos precedentes que se tienen, hablar aquí de la aplicación de auditorias técnicas a nivel de los proyectos estatales de obras públicas, ya concluidos, sería un mito; algo así como tirarles piedras a la Luna desde la Tierra, al momento que se tenga que poner el frente a las reciprocidades  en curso, y las influencia de carácter político, que son las que definen, el qué hacer; presupuestos, “muy bien presupuestados”; cuándo y dónde. Además, a cargo de quién se asignará.

De otro lado, el Estado dominicano, siempre que haya voluntad, cuenta con organismos de fiscalización y control, tanto a nivel interno como externo. Se tienen aquí,  la Contraloría General de la República y la  Cámara de Cuentas, respectivamente, que bien podrían llevar a cabo las labores de auditoría a que aspira el señor senador, principalmente esa última, con el concurso y contratación del personal técnico especializado que se requiera, y en el marco de las funciones y atribuciones que le confiere la Carta Magna,  en su Articulo 248 -.- (“Control externo. La Cámara de Cuentas es el órgano superior externo de control fiscal de los recursos públicos, de los procesos administrativos y del patrimonio del Estado. Tiene personalidad jurídica, carácter técnico y goza de autonomía administrativa, operativa y presupuestaria……)”.  También, en virtud de la ley que para ella rige.

El asunto está en que,  la mayoría de los trabajos de auditoría que realiza la Cámara Cuentas, por no decir todos, luego de rendir el informe correspondiente, no se le da el curso debido; normalmente, se engavetan. Y entonces, ¿que podría pasar cuando se hagan en el marco de las estipulaciones que establezca esa nueva ley?  ¿No sería lo mismo?

Según establece la Constitución de la República, una de las atribuciones de la Cámara de Cuentas, fungiendo comos auditores externos, que suponen mentalidad independiente, es el control fiscal sobre el patrimonio del Estado. Y, las obras públicas a que se refiere el senador, luego de terminadas, ¿qué son? Incluso, se infiere que,  también tendría facultad para labores de fiscalización durante el proceso de construcción de la misma; y, mejor si lo hace, con el concurso de la Contraloría General de la República.

Señor senador, con todo el respeto que usted nos merece, lo que más hay aquí son leyes, que no se aplican, por innumeras razones.  No agreguemos más de esas al compendio jurídico vigente, necesitando nosotros de la revisión de muchas de esas legislaciones, para actualizarlas, y hacerlas más objetivas, según los nuevos tiempos; como de otras nuevas, que realmente sí contribuirían a enmendar algunas situaciones muy desagradables y lesivas, de esas que vienen afectando a la sociedad dominicana. ¿Cuáles?, a la vista de todos están.

 Rolando Fernández

Sólo los intereses políticos y particulares cuentan aquí

Es muy lamentable el tener que admitir, una cruda realidad nuestra, que desde hace mucho tiempo viene afectando a la nación dominicana, y que no cabe duda le habrá de conducir por tristes senderos de precariedades indetenibles; de insatisfacciones sociales alarmantes; y, como es obvio, de la falta de progreso, como de la institucionalidad estatal debida que requieren los pueblos, en su desenvolvimiento cotidiano.

La mayor desgracia por lo que atraviesa este país es que, el logro de todos los propósitos nacionales se plantean siempre en función de los intereses políticos y económicos particulares que medien de momento.  Si no es posible el consenso entre los mismos, las iniciativas, sea cual sea, “se van a pique”. Su destino será, las famosas e inoperantes comisiones, para seudo estudio y el engavetamiento correspondiente.

Todo es así.  Ya se pudo ver lo que ocurrió en el pasado reciente con: aprobación de la nueva Constitución de la República; designación de los jueces de la Junta Central Electoral; y, el gran teatro – no el del Cibao – el que se verificó en las salas del Congresos Nacional, para escoger a los miembros de la Cámara de Cuentas.

Ahora, todo gira e torno a consensuar sobre la conformación del llamado Tribunal Constitucional, que establece la recién aprobada Carta Magna.  Los cabildeos, escarceos, y el eventual nombramiento de posibles protectores futuros, están a la orden día.

Es obvio que, no se está pensando en la eficientización de la justicia dominicana, que luce bastante mal administrada y aplicada por cierto. Sólo, en procurar la inclusión de adeptos incondicionales que participen en dicha Instancia; al igual que, de simpatizantes politiqueros, y “genuflexos”, fáciles de manipular desde las esferas gubernamentales.  En otras palabras, serviles alienados por el poder político.

De ahí que, uno de los precandidatos presidenciales del PLD, señor José Tomás Pérez durante uno de sus recorridos proselitistas, llamó a los partidos que intervienen en el  ruedo político nacional,  a ponerse de acuerdo para tales propósitos. ¡Que bien!

Dijo sobre el particular, “Todos tenemos que ponernos de acuerdo, el PLD, el PRD y todos los partidos, para dejar finalmente constituido el Tribunal Constitucional, órgano muy importante para el país”.  (Periódico Diario Libre, del 22-1-11, página 05). ¡Magnífico!

Como se puede advertir con facilidad, ese llamado sólo tiene una lectura: decidir ponerse de acuerdo, según las conveniencias políticas y de otro orden, circunstanciales, o que de ordinario se estilen.

Parece ser entonces, que nada más los miembros  representativos importantes de esas organizaciones, que son los que acuerdan y pactan condiciones, son los únicos que importan para el país;  y que, el resto sólo sirve para votar en las elecciones todas, por amiguismo, o la recepción de un pica pollo, con una botella de ron o de cerveza.

¡El diablo se va a llevar a este pueblo, de no sacudirse y procurar que personas dignas dirijan los destinos nacionales!  Que no solamente los politiqueros, demagogos y busca cuartos, sean los que continúen administrando la cosa pública nuestra, a través de su ascenso a la posiciones estatales, desde las que habrán de seguir hundiendo más aun la República.

Los intereses políticos y económicos particulares, con respecto a las actitudes nacionalistas e institucionales, se comportan de la misma manera que el agua y el aceite; por más que se batan, jamás se mezclan. ¡Se denotan siempre separados!

 Rolando Fernández

Hermoso proyecto, quito y doy

Que inteligentes son estos muchachos que mandan; como intentan jugar con  el raciocinio ajeno.   Después  del pliego de promesas que hiciera el Gobierno a los chantajistas, seudos empresarios del transporte, para “ayudarles a resolver sus problemas económicos”, a condición de que mantengan en sus niveles las tarifas en los pasajes y los servicios de cargas, ahora, el flamante ministro de Hacienda, señor Vicente Bengoa, anuncia, según reseña la prensa local, sobre el proyecto que cursa para seguir exprimiendo más los bolsillos de la población dominicana.

La intención es,   gravar aun más con un peso el costo del galón de los combustibles, para poder cumplir con los requerimientos de los choferes y transportistas.  ¡Que bárbaros que son! El asunto es sacar astillas del mismo palo; cargar con más sacrificio a la ciudadanía, incluyendo a los mismos demandantes-vividores, y honrar los compromisos contraídos con ese sector, sin el menor sacrificio gubernamental.

Así si es buena la administración estatal, que solo los otros se sacrifiquen. ¡Oh!; parece ser,  que no se ha pensado en el efecto de expansión o traslativo, que tendría una nueva carga de esa naturaleza, a nivel de un pueblo que ya no soporta más tributos, sin retorno, en términos de beneficios sociales, y que está a punto de estallar.  ¡Que lo piensen bien!, para que el intento de cura no resulte más dañino que la propia enfermedad.

Para desactivar los reclamos de los seudos representantes de los choferes y transportistas, lo que deberían hacer las autoridades, actuando dentro de un marco racional de equidad y justicia, es proceder a modificar la Ley 112-00, de Hidrocarburos, que rige en la actualidad, para disminuir las cargas impositivas que sobre los mismos estipula dicha legislación, lesiva a todas luces para la población en general.  No seguir gravándoles más, para satisfacer intereses particulares, principalmente.

Que recuerde además, los choferes y transportista, aquellos que hacen los trabajos u ofrecen los servicios, que los ávidos seudos representantes que tienen, no compran combustibles, a menos que no sea para uso en sus lujosos vehículos.  Que son los de abajo, ellos, lo que van a tener que “pagar la jaba” después, pagando los hidrocarburos más caros; y cuando no, transferir la carga a los usuarios, que ya su poder adquisitivo no les permite pagarles más,  lo que se podría generar un conflicto mayor en el sector del transporte.

¡Obreros del volante, no caigan en se gancho!  Procuren mejor la modificación de la ley del gran negocio político-empresarial, la famosa 112-00, de Hidrocarburos, lo que de seguro habrá de resultar beneficioso para todos. 

Los carburantes, que satisfacen una necesidad republicana; cuyo uso interviene en todo el quehacer nacional, no pueden estar tan sobrecargados de impuestos, y otros adicionales gravosos para la población. ¡Ojo!; es por ahí, por donde debe ir la reclamación generalizada.

 Rolando Fernández

El metamensaje de una sorpresiva llegada

No todos los pueblos, por su idiosincrasia y los niveles de formación de su gente, están preparados para vivir y desenvolverse adecuadamente bajo las normas de conducta y de manejo institucional, que caracterizan un sistema democrático pleno.

Aunque muchas personas no quieran aceptar esa concepción, casi irrefutable, en el marco de toda lógica racional, la realidad es que algunas  sociedades no reúnen las condiciones  mentales, anímicas y de control conductual, para que su gente pueda interactuar dentro de un marco liberal de tal significación; como  lo es el que correspondería a un modelo de esa naturaleza, con el apego debido a los cánones éticos y morales de rigor, que nunca se pueden concebir al margen.

Para que los pueblos puedan avanzar de manera apreciable, bajo el susodicho esquema, tantos sus autoridades, como los ciudadanos todos, deben tener la conciencia requerida, en términos de las responsabilidades y los deberes que les corresponden.  De lo contrario, ese patrón socio-político está llamado a fracasar en el tiempo.

De no observarse pues, las normas que impone la democracia representativa, como sistema de dirección política y convivencia social, es previsible el que se produzcan retornos hacia los regímenes de fuerza que puedan haber precedido, por  acciones promovidas, la mayoría de las veces, por la misma población, principalmente la denominada masa  silente.

Ese es el segmento social que, aunque no exterioriza mucho su preocupación permanente, se siente defraudado y desprotegido, ante las actuaciones demagógicas, la corruptela, la no administración de justicia efectiva, las crisis económicas lacerantes, la inseguridad ciudadana, como la falta de nacionalismo, que de ordinario se verifican bajo los gobiernos seudos  democráticos;  y que en esencia, no son más que formas de mandato caracterizadas por un libertinaje dañoso, que deprime y enfada a la vez más.

Cuando los pueblos dan saltos bruscos hacia lo que se entiende comúnmente como “libertad”, con un bajo grado de conciencia nacionalista y ciudadana, el desorden y la comercialización de la política que se inicia desde ese mismo instante, de no aparecer mentores dirigentes, dignos de concienciar a la gente, administrar la cosa pública y conducir los destinos nacionales, van sembrando la semilla del retorno hacia las normas pasadas, como una forma de rectificación; de procurar enmendar los daños que se vayan presentando, aun se tenga que limitar el sentido de liberalización que se conciba al momento.

Esa es la ruta que describe hoy el caso haitiano, con la súbita presencia en aquel territorio del exdictador Jean-Claude “Baby Doc” Duvalier, luego de su derrocamiento, y tras 25 años de exilio; que evidentemente,  ha puesto a pensar a muchos ciudadanos de aquella República. 

De seguro que, ante la panorámica actual, tan triste, lúgubre y pesarosa, como es obvio, en que vive aquella pobre y destruida nación, una gran parte de sus habitantes verán a ese señor como un posible redentor; aunque, probablemente, no haya sido por iniciativa propia de éste,  “He venido a ayudar”, como expresara; sino más bien, por aceptación de un reto que le fuera propuesto asumir,  condicionado no cabe duda, con apoyo ofrecido desde otras latitudes; pero, de seguro, con una encomienda expresa: tratar de organizar, resolver y hacer respetar allí. ¡Se necesita de eso!

¡Magnifico espejo para los demás países de la región!  Pues, de no introducirse los cambios ya requeridos, podrían correr, en un futuro no muy lejano, la misma suerte del retorno, que es previsible se produzca en Haití.

 Rolando Fernández