“Yo hablo”. ¿De qué señor presidente?

 

Con esa afirmación, aparecida como noticia de primera plana en el medio “HOY”, edición de fecha 27-10-17, que obviamente lució para salir del paso, respondió el primer mandatario de la nación a los periodistas que le cuestionaron, tratando de conocer su parecer respecto del comunicado emitido por la Sociedad Dominicana de Diarios (SDD), con relación a la poca frecuencia con que el mismo se somete a preguntas provenientes de los informadores públicos, en pleno ejercicio de sus labores.

¡Qué más quisiera la gente en este país, que oír la voz informativa y orientadora de su presidente! Pero, con el mayor respeto que él merece, por su alta investidura, y hasta como persona en sí, se puede decir que su afirmación está muy lejos de la verdad. Las muestras están de sobra.

Sus palabras solo suelen escucharse públicamente de ordinario, durante las llamadas visitas sorpresas al interior que realiza, por el propósito que subyace en esas; “se está casi obligado” en aquellos entendidos escenarios electoreros, según es lo que se infiere.

El grueso de los dominicanos está deseoso de escuchar sus alentadoras palabras, como conocer sus opiniones, aun sea a través de la prensa escrita local, en torno a las principales situaciones calamitosas y apremiantes que vienen acosando a sus gobernados, sin que nadie les oriente debidamente, incluido usted, en términos de las soluciones oportunas que se procuran; las gestiones que se realizan; y, las esperanzas a cifrar que se pueden tener.

Es más, muchos aquí quieren escuchar su voz, como presidente con años de gestión, hasta para ver si el tono no le ha cambiado, producto de la borrachera que por lo regular provoca el poder.

¡Pero, qué va! La ciudadanía continúa quedándose con el deseo de algo escucharle decir, o leer de usted, en pos de satisfacer inquietudes “aguijoneantes”; saber en qué pie está parado el país; y, si hay expectativas halagadoras que puedan mitigar los desasosiegos presentes, etc., etc.

De igual forma, qué se está haciendo para combatir la alarmante corrupción estatal, decorada con la impunidad de estilo, que sin duda han proseguido ambas mayor que antes, con ahínco durante los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), lo nunca esperado entre los dominicanos, tras la ida física de su mentor y guía primigenio, el gran maestro a emular y honrar póstumamente. ¡Qué gran chasco ha sido todo! ¡Ay, si don Juan pudiera ver, y aquilatar las actuaciones a posteriori de sus ex-alumnos!

Además, el escenario de delincuencia, criminalidad, narcotráfico y drogadicción en que ha sido convertida la nación dominicana; el debilitamiento de sus instituciones bases; y, la real situación económica del país, al margen del seudo crecimiento y desarrollo que tanto se cacarea, para embaucar a los tarados que aún quedan en esta Tierra, azotada y saqueada por los políticos de nuevo cuño que se gasta su sociedad.

¡Hable señor presidente!, y no solo diga que lo hace, como respuesta de momento.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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La moderación al expresarse es siempre necesaria. ¡No importa el escenario!

 

Según sostienen algunos hombres duchos, entendidos sobre el arte de la palabra hablada, un alto porcentaje de los pleitos se gana con la boca, refiriéndose obviamente a cuánto reflexionado se pueda decir, el cómo, y la oportunidad con que se haga.

De ahí que, el mucho hablar sin sosiego, y en una actitud exacerbada, utilizando términos descompuestos en correspondencia, acompañados además de gesticulaciones con ribetes algo agresivos, como fuera del tiempo exacto, puede dañar significativamente el ejercicio del periodista, o comunicador social, cuando de esas disciplinas se trata, al entrar en contacto con los interlocutores oyentes.

Para exponer a partir de realizar cualquier análisis, informar respecto de algún asunto importante, o hacer cualquier denuncia, no hay que recurrir a un vocabulario cargado de agresividad, y a veces hasta la utilización de palabras soeces incluidas, tal es lo que ocurre con frecuencia a nivel de la radio y la televisión local nuestra.

La moderación, el sosiego, la explicitud, como la ausencia de egotismos siempre, deben estar presentes en cualquier tipo de exposición oral, sin importar la naturaleza propia del tema, y son elementos partes del buen juicio, del arte de informar, y de convencer a los demás.

Con tacto suficiente, y la sobriedad debida, son muchas las cosas que se pueden decir, edificar a la sociedad nuestra en este caso, desde el micrófono o la pantalla de televisión, sin vejar, ni herir a nadie; tampoco aprovechar la oportunidad que se tenga para comunicarse con una gran masa receptora; y menos, ostentar actitudes de fantochería, osadía marcada, como creerse con mayor hombría que los demás; o, “mujerencia” también, como se da en algunos casos, en que aparecen brabuconas altaneras, poco pensantes.

A reflexionar, periodistas y comunicadores nacionales, a los cuales les sirva el traje, ¡que se tienen unos cuantos entre nosotros!

 

Autor: Rolando Fernández

 

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¡Qué pregunta más interesante!

 

Hace mucho que una inquietud similar, proveniente de un periodista nuestro, y menos ejerciendo como director de algún medio local, no se escuchaba, o aparecía plasmada en un trabajo publicado. Se trata en este caso del cuestionamiento que hace señor Saúl Pimentel, del periódico digital ALMOMENTO.NET, a través de mismo, edición de fecha septiembre 15, 2017, y que se transcribe más abajo, a los fines de intentar responder.

Se puede considerar como un verdadero “buscapié”, con un mensaje bien sopesado, y aguijoneante, en los momentos precisos en que vive este país, y no solo con relación al uso de términos soeces e insultos en los comentarios que se publican en los periódicos digitales nuestros, sino que se entiende traslativa la censura cuestionante que envuelve, a esa moda despreciable, con tanta vigencia en estos tiempos, hasta los demás medios de comunicación de masa, incluidos la radio y la televisión nacional.

¡Ese es el último guay!, y muchos de los que incurren en esa práctica amoral, incluso se muestran además como osados en extremo, desafiantes y guapos a la vez, como queriendo dejar entrever que se está en la obligación de aguantarles sus improperios.

Cuánto contenido en esa interrogante hecha, que permite explayarse y responderle con la ampliación requerida al señor Pimentel: ¿Está o no el pueblo dominicano apto para vivir en un sistema democrático?

Es algo que debió haberse preguntado la gente prestante de este país desde hace ya varios lustros, debido a cuánto ha venido ocurriendo en el mismo: las indecencias, amoralidades públicas, los irrespetos, los robos apañados, la corrupción generalizada, la falta de institucionalidad, la entrega de la soberanía nacional, deficiencias en la educación, escases de servicios básicos, y el mismo comportamiento impropio que observan algunos medios de la prensa local, entre otras cosas.

Y todo, bajo la sombrilla de la mal llamada democracia representativa, instaurada desde el derrocamiento mismo del régimen de fuerza que encabezara Rafal Leónidas Trujillo, cuando en esta nación se dio un salto súbito hacia un sistema de libertades sin control alguno, y muchos menos, la concienciación requerida por parte del grueso de la sociedad dominicana, para asimilar el nuevo estatus de convivencia obtenido, con las características, obligaciones, derechos y deberes que el mismo implicaba desde entonces, y continúa requiriéndoles siempre.

“Podemos hablar, y hacer cuánto nos venga en gana”, es la concepción que de ordinario se tiene entre los dominicanos, por entenderse que eso es democracia, y no el libertinaje fehaciente en que aquí se vive, con la falta de observación de deberes, y la ausencia cabal de la conciencia ciudadana necesaria, amén de todos los daños que se desprenden de tan errados pensares.

Desde aquel entonces mismo (1961) arrancaron todos los males agudos que en la actualidad vienen afectando a esta nación, en los diferentes órdenes, con “mayusculización” obvia, años tras años por supuesto, hasta extrematizar hoy.

Se soltaron en esos inicios los presos de una gran celda nacional, sin el conocimiento de cómo debían comportarse estando libres, valga la analogía; tampoco,  apareció nadie que le señalara la forma de hacerlo, y mucho menos les exigiera el debido accionar. La cosecha de lo sembrado es la que se está recogiendo desde años aquí.

Por eso estamos como estamos, y actuamos tal lo hacemos. Todo se ha degenerado, se distorsiona, se abusa de las flexibilidades que se otorgan, se irrespetan las normas trazadas; y, lógicamente, la llamada libertad de expresión no está exenta de esas deleznables actitudes pensantes que en tantos se verifican, y  que dicho sea de paso, es donde más se ponen en evidencia diariamente, lo cual ha rebosado al parecer, la paciencia del señor Pimentel, al contactarlo y resistirlo hasta un punto razonable, en los comentarios que se hacen a través del medio de comunicación que dirige.

Ese hartazgo de lo indebido, es lo que luce haber provocado ese pensar que incluye en su artículo-queja, y que se transcribe a continuación:

“(Pareciera que el pueblo dominicano no ha madurado, que aún no está en capacidad de vivir en democracia y que es necesario todavía aplicarle los “métodos trujillistas” de censura previa y mano dura

¡Eso no es que pareciera, es que no se ha madurado!; que no se está preparado para vivir bajo un régimen democrático aún; que no se tiene la concienciación necesaria; que se requiere de una mano dura que trate de enderezar muchas cosas en esta nación.

Claro, no tendrían que ser con los métodos trujillistas necesariamente, en cuanto a lo general; pero, sí que imponga el respeto debido, como las normas de comportamiento apropiadas que viene demandando esta sociedad, en franco deterioro innegable.

Muchos pensantes aquí, hablan de que se amerita de un dictador con una mentalidad avanzada, que gobierne durante un período de tiempo “corrector” razonable, y no están muy lejos de la verdad. ¡Esto no debe continuar como va! El barco acabará por hundirse, más temprano que tarde.

A propósito, algunos investigadores señalan que, los países que han tenido regímenes de fuerza, y que han logrado liberarse de los mismos, en promedio duran alrededor de unos 45 años para volver a la posición anterior – regreso a las dictaduras -, por los deterioros sociales, e institucionales, que a posteriori se van acumulando; las imponen de nuevo. ¡Ojo!, aquí ya pasamos de los 50.

Finalmente, señor Pimentel, se requieren los correctivos de lugar ante los que mal procedan, en relación con su queja externada. A bloquear e inhabilitar a los indeseados, como usted lo expone al término de su publicación. “¡Pa’lante!”

¡Esa es una buena cura para la enfermedad de que se trata! El que no pueda expresarse como es debido, no debe tener nunca espacio en los medios de comunicación.

¡Hay que decirlo, lamentablemente!

 

Dominicana (que es como en verdad debería llamarse el país, ya que lo de república se deriva del sistema de gobierno que rige: republicano), cuenta con suficientes literatos; gente con capacidad pensante de sobra, y con méritos acumulados para aportar cuántos conocimientos, e informaciones que se reportarían muy valiosas para esta sociedad, que hasta ha perdido por completo el hábito de la lectura bibliográfica. Bien podrían hacerlo aquellos a través de los diferentes medios locales de comunicación, sean estos escritos o digitales.

 

Sin embargo, la gran pregunta sería entonces, ¿por qué a tantos nacionales no les inspira hacer los aportes procedentes de esa naturaleza? Pues esos, amén de la innegable ayuda que reportarían, en términos de conocimientos históricos, políticos, sociológicos, científicos propiamente, religiosos, esotéricos, etc., en favor de edificar a muchos de sus conciudadanos, en ocasiones les serviría a los escribientes hasta como una forma de terapia mental hogareña.

 

Es obvio que, algunos, excepcionalmente, se inclinan por escribir sobre temáticas importantes. Pero, por lo que se puede deducir, debido a la manera en que redactan y plasman las ideas, no se hace en realidad para retransmitir parte de lo que se sabe, sino más bien para denotar conocer, en estilos tintados de egotismo puro; de venderse ante la sociedad como muy  sapientes.

 

Evidentemente, razones que se pueden considerar valederas para esa negación, en términos  formativos, las hay. Primeramente, cabría señalar, el poco estímulo, como el reconocimiento halagador, siempre necesarios ambos, que se deben dar a nivel de las tareas de ese tipo. ¡Por lo regular no se tienen aquí, en ninguno de los ámbitos participantes!

 

A veces, los trabajos incluso, son objeto de desprecio por parte de algunos periódicos a los que se les solicita su publicación. ¡No son rentables los espacios utilizados con cosas como ésas!, es lo que se puede apreciar.  En adición, entre nosotros la gente no está por leer nada, que vaya en pos de lograr los saberes requeridos, como cultivar el  intelecto tal se debe.

 

Hay otro aspecto muy importante a considerar, que  provoca el que las plumas de buenos escritores locales con formación sobrada en todos los sentidos  no hagan acto de presencia, que es la incursión de un gran número de personas escribientes en los medios locales de comunicación, publicando sandeces de todo tipo, trabajos de muy cuestionada calidad, por la facilidad que tienen para hacerlo, producto de circunstancias diversas, entre ellas el pago de  los espacios utilizados. Cuando no lo hacen por iniciativa propia,  es entonces fungiendo como amanuenses de otros, principalmente de políticos vernáculos farsantes.

 

La campaña electoral que acaba de finalizar muy bien puso esa situación despreciable en evidencia. Cuántos mercaderes de información, pseudos periodistas, y comunicadores sin personalidad alguna, arrastrándose como lombrices a los pies de los politiqueros participantes en las elecciones pasadas, que acaban de concluir; loando a gente sin mérito alguno; negando verdades innegables; creando imágenes y falsas expectativas; vendiendo como ovejas, a lobos feroces en competencia; cubriendo espacios suficientes en las páginas de los periódicos nacionales.

 

En el  tenor de lo tratado, no se hace difícil concluir que, los buenos y bien informados escritores nacionales huyen de mezclar sus ideas y concepciones valiosas que puedan plasmar, con todas aquellas exposiciones  dirigidas a loar y fantasear, respecto de seres sin merito alguno, y que se hacen por lo económico recibido principalmente. Los primeros no quieren tener que nadar en esas mismas aguas; que se les vea como parte del paquete, aun sus trabajos se diferencien notablemente, en términos de calidad y contenidos.

 

Es lo mismo que ocurre en el ámbito político nacional, en que la mayoría de los hombres serios, de respeto, de moral probada, que mucho podrían hacer por el bien de este país se abstienen de participar en las actividades de ese tipo, para no tener que confundirse con todas estas lacras nacionales envueltas en dicho ejercicio, un gran negocio más que otra cosa; gente corrupta, sin ningún tipo de formación académica, e indecorosos prontuarios “exhibibles”.

 

: Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nuestra cruda realidad: escribientes lisonjeros, más que patriotas.

 

Si todos los que escribieran en los medios locales de comunicación lo hicieran de manera imparcial, y solo pensando en el bienestar del país, cuántas verdades se dijeran. Suficiente edificación tendría esta sociedad sobre las cosas buenas y malas nuestras. Lo expuesto siempre se correspondería con su patriotismo, como la expansión de conciencia lograda en todos los órdenes.

 

Lo harían de acuerdo con sus propias concepciones. Nunca adheridos a actitudes lamboneriles. Jamás defendiendo lo indefendible. Y, mucho menos, tratando de embaucar, o confundir a sus compatriotas.

 

Pero, ¡qué lejos se está aquí de todo eso! En este “enjambre” de amanuenses, lambones, escritores por paga, botellas gubernamentales de los políticos, cuántos descaros,  desvergüenzas extremas se ven. ¡Eso no tiene madre ni padre!

 

Se enseña hasta el refajo, como se dice popularmente; y más, cuando se está en medio de alguna campaña electoral, como es la que cursa actualmente, en que la mayoría solo escribe en una de estas direcciones: procura de preservar posiciones públicas, que no desempeñan en realidad, buscando engancharse al tren estatal, o para buscarse lo económico inmediato.

 

La verdad es que, el panorama que en tal sentido se observa aquí resulta asqueante. Y quizás, lo más reprochable dentro de mismo,  es la participación de personas con méritos académicos y culturales acumulados, que desbordan el “limpiasaquismo”, el chupado de medias, y que rompen el “lambonimetro”; que se desvaloran a cambio de canonjías provenientes del ámbito político nacional; que no saben ocultar los desparpajos al escribir sus encargos, o inspiraciones propias.

 

Los lambones entre nosotros parecen uvas de un racimo cualquiera, mientras los patriotas lucen como lluvias en CUARESMA. ¡Penosa realidad nacional!

 

Rolando Fernández

¡Se “quillaron” algunos!

Sí, es lo que se nota, por ciertos pareceres que han sido externados a partir de la crítica justificada que fuera formulada por el señor Persio Maldonado, director del periódico “Nuevo Diario”, y presidente de la Sociedad Dominicana de Diarios, respecto de la actitud huidiza que han venido observando los funcionarios públicos actuales, incluido el señor Presidente de la República, en el sentido de no  exponerse para no dar oportunidad a los periodistas de que hagan las preguntas de rigor sobre la vida nacional, y los problemas que vienen acosando a la población.

Muchos han osado hasta decir, que la prensa le quiere cambiar el estilo personal al primer mandatario de la nación; y que, a él se le eligió para gobernar y no para hablar.  Parece ser que el Lic. Danilo Medina está dirigiendo los destinos nacionales de un país de sordomudos, que nada pueden escuchar; que no tiene sentido el comunicarse con ellos, salvo que sea algo  conveniente para  los mandantes de turno, y dejarlo trascender hasta la opinión pública, solo por vía de ellos mismos.

Si los representantes de los medios informativos locales no pueden tener acceso a los envalentonados gobernantes de esta gestión; que les imponen limitantes para poder hacer su trabajo, ¿cómo diablo puede saber la gente de esta nación en qué pie está parada?

¿Quienes son los que deben estar siempre disponibles, y dispuestos a responder cualquier interrogante que se les formule sobre las ejecutorias y los planes del Gobierno? ¿No son las autoridades máximas? De no ser ellas, ¡serán entonces los seres extraterrestres, que según  algunos ciudadanos nos visitan de manera ocasional!

El señor Presidente de la República, que es un servidor público, y sus colaboradores más cercanos, son los más llamados a dirigirse a la nación, cuántas veces resulte pertinente, como a presentarse en disposición de responder todas las preguntas provenientes de la prensa local.

Por suerte, y de acuerdo con una información que apareció  en el periódico digital “La Nación Dominicana”, cortesía del “Nuevo Diario”, “El Jefe del Estado nuestro, y candidato presidencial de nuevo por el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), Danilo Medina, admitió este sábado que debe mejorar su diálogo con periodistas y representantes de los medios de comunicación, pero señaló que él es de una escuela que le gusta hacer, más que decir”.

Cualquiera diría que, cuando se está en una posición de ese tipo, no es asunto de gusto, se tiene que estar de acuerdo con ambas cosas, y equilibrarlas. Es respetable su parecer, aunque no compatible necesariamente.

Es evidente que,  él  dio la razón así al señor Persio Maldonado,  y su respuesta no estuvo en correspondencia total con lo que dijeran algunos de sus funcionarios más allegados. Ahora, ¿tendrá la misma que ver en realidad con su nuevo propósito político? Podría ser eso, y nada más. ¡Solo hay que esperar!

Se evitarían así muchas especulaciones y los malos entendidos que de ordinario gravitan sobre el pensar nacional, en torno a los tantos problemas, sin aparentes iniciativas de solución, y situaciones desesperantes que afectan a esta sociedad, de producirse esa apertura Gobierno-prensa a que se aspira.

Por tanto, más que lamentable, e inexplicable hasta cierto punto se ha reportado entonces, el que algunos hayan hecho ese coro en favor del silencio gubernamental adrede, podría decirse, que se ha criticado últimamente. ¿Por qué el apoyo evidente de determinados sectores sobre dicho particular?

El no hablar; esa actitud de hacer silencio frente a las tantas cosas pendientes y confusas en que se debate la vida de este país, por parte de los que menos les correspondería asumir tales comportamientos, nada más contribuye a fomentar las incertidumbres y los desasosiegos fehacientes que vienen afectando sobremanera la vida nacional.

¡Háblenle a este pueblo!, por la vía más indicada: la prensa. Claro, la no comprometida. Ojalá que en lo adelante se haga como lo ha dicho el  señor Presidente de la República, y no solamente él, sino todo el funcionariado.

Rolando Fernández

¡Valiosa crítica señor Maldonado!

Cuando nada se quiere ocultar, las preguntas que puedan  venir no importan. Esa es una concepción muy cierta, y loable a la vez. De ahí se infiere que, desde el momento en que se establecen limitantes para ser interrogado, en pos de no ofrecer informaciones a la prensa, que le permita la realización de su verdadero trabajo: edificar por completo de manera objetiva y oportuna a las sociedades, es porque  muchas cosas no se quieren dejar saber; no conviene su trascendencia hacia la opinión pública.

Y claro, es lo que parece ser viene ocurriendo con los funcionarios del Gobierno actual, incluido el señor Presidente de la República, que a juicio del señor Persio Maldonado, director de un importante medio local, han asumido una actitud huidiza en ese orden, ya que, “no se exponen para que los periodistas pregunten”.

Es obvio que, tratan de no presentarse, para no escuchar lo que a veces no se quiere; o, crearía una situación muy incomoda, en términos de tener que responder a punzantes, pero pertinentes inquietudes, procedentes de aguzados e independientes periodistas.

Como es lógico suponer,   no siempre aparecen en los escenarios, alienados o subvencionados representantes de la prensa, que hagan preguntas para congraciarse con la persona objeto, o servirle de apoyo en sus proclamaciones públicas.

Los funcionarios de este Gobierno, como bien es sabido, y confirmado ahora por el señor Persio Maldonado, persona muy autorizada para hacerlo, por su loable ejercicio profesional, prefieren hablar ellos mismos; expresar lo que entiendan conveniente a sus propósitos, al termino de la gestión actual, como  al tozudo proyecto reeleccionista en curso. Se inclinan mejor, por hacer uso de los portales en la red de la Internet para sus publicaciones.

Cuando no,  utilizan los amanuenses dispuestos y pagados de que disponen, que son los que hacen públicos sus dictados en los periódicos locales, escritos y digitales. Esos complementan sus labores de proclamación, y apoyo subvencionado, a través de artículos “panfletarios”, o loadores más bien, en que “la punta del refajo” se ve a los lejos.

Con sobrada razón, la “Sociedad de Diarios critica medios publiquen lo que quiera el Gobierno”, en voz del señor Persio Maldonado, presidente de la misma, quien expresó en relación con la temática: “Esa es la nueva tendencia de los gobiernos democráticos, contrario a regímenes conservadores, como el del ex presidente Joaquín Balaguer que, aunque era una persona arisca con los medios, cada semana permitía que la prensa le hiciera cinco o seis preguntas”, indicó. Claro, la disposición denunciada se da por alienación, o conveniencias de cualquier tipo. ¿Qué no se sabe en este país?

Agregó, según la misma reseña periodística, que “hoy no se puede hacer eso, porque el presidente Danilo Medina no se expone a que los medios le cuestionen sobre diversos aspectos de la vida nacional”. ¡Él debe tener bien pensado el porqué! (Ver: periódico digital, almomento. net, edición 1-11-15).

Es evidente que, con impedimentos de ese tipo, cómo puede hacer la prensa local una labor verdaderamente fructífera, respecto de la cruda realidad nacional, asociada a la actual gestión gubernamental, en términos de lo que este pueblo necesita saber con relación a los tantos problemas que acosan a nuestro país, y que se advierten  bastante descuidados, cuando sus autoridades solo quieren hablar sobre lo que a ellos les conviene, y jamás exponerse a los cuestionamientos públicos aclaratorios que resulten pertinentes.

En uno de los axiomas relativos a la democracia representativa, como la  que supuestamente tenemos aquí, se establece que: “La democracia requiere una ciudadanía alfabetizada y consciente, cuyo acceso a la información le permita participar lo más plenamente posible en la vida pública de la sociedad y criticar a los funcionarios o las políticas del gobierno que le parezcan erróneas u opresivas”. ¿Se pueden dar esas cosas entre nosotros, con actitudes “fronterizas” de esa naturaleza? ¡Indudablemente que no!

Ahora, ya que el señor Persio Maldonado ha osado poner el dedo sobre la llaga, o tan lacerante situación fehaciente, no solo para la prensa local, por los impedimentos evidentes en la consecución de su labor informativa plena, sino para la sociedad misma en general, en cuanto a estar debidamente edificada, preciso es señalar que él está en muy buenas posiciones para procurar desde allí las enmiendas debidas.

Primero, como director de un importante medio de comunicación nacional, promover a lo interno del mismo, con recomendaciones traslativas hacia lo externo, la no restricción para publicar, siempre y cuando las cosas que se escriban constituyan críticas constructivas,  y estén elaboradas dentro del marco de los cánones morales debidos.

Tiene sentido común entender que, no solo examinan y juzgan los hechos acaecidos, como las actitudes hasta cierto punto desaprensivas, los desafectos al partido de gobierno; pues de igual forma lo hacen, aquellos afectos no fanatizados, o parcializados por completo.

También, como presidente a la vez de la Sociedad Dominicana de Diarios, en el sentido de agenciar cuántas diligencias se estimen de rigor, para que se descontinúe con esa práctica huidiza desde las esferas gubernamentales, en pos de dar la cara, como que se esté siempre dispuesto a responder las interrogantes que puedan plantear los periodistas en el marco de su trabajo, sin importar cuáles sean; se entiendan la inquietudes con un matiz a favor o en contra. A los contrarios por igual se les responde. ¡No hay que salirles huyendo!

Finalmente, preciso es dejar sentado que, “en muy buenas manos está el pandero”, como se dice  a nivel pueblerino, con don Persio Maldonado a la cabeza, denunciando y criticando a la vez tal situación limitante que nos ocupa: “Critica que el gobierno restrinja a los medios”. “Dice que solo se publica lo que el gobierno quiere”. (“Listín Diario”, edición del 2-11-15).

¡Todo está dicho en el tenor de lo que se trata, agregar algo más sobraría!

Rolando Fernández

¡El verdadero periodista nace, no se hace!

La verdad es que, “cada cual viene con lo suyo”, como es lo que de ordinario ocurre, y se observa, en todas las disciplinas profesionales del saber, que requieren de eficientes y oportunos ejercicios, por parte de los elegidos para ofrecerlos.

Eso, dicho así, en términos my pueblerinos, pues los que tienen ciertos conocimientos sobre las cosas concernientes al Universo inmanifiesto, lo expresan de otra forma más categorizada, como del modo más o menos siguiente:

Con las dotes, en el sentido de las actitudes o cualidades  personalizadas que se ostentan por completo, se ingresa al mundo de lo material; con ellas se  nace, y nadie hace mejor las cosas que aquellos a quienes se les otorgan. Cuando se ponen en práctica las actividades relativas, el tiempo discurre sin las personas reparar en el mismo. ¡Dicen así los que saben!

Fueron esas contempladas dentro del prediseño de toda  corriente de vida a cursar en particular. Y, por consiguiente, se ofrecen a posteriori todas las condiciones necesarias para su pleno desarrollo, como la  clara manifestación en el plano de la materia densa. ¡Continúan diciendo los que saben!

A raíz de la desencarnación de un Alma, que su expresión terrenal la hizo a través de un ser humano llamado Radhamés Gómez Pepín, considerado como uno de los grandes maestros del periodismo nacional, muchos ciudadanos nuestros, al igual que también de otras latitudes, han podido conocer sobre las reales aptitudes muy propias, y la vocación profesional sentida de esa persona,  poco comparables con las de otros que ejercen igual disciplina. El mismo señor Presidente de la República, lo definió con acierto como: “un talentoso comunicador, de fino olfato para profundizar en las entrañas de la noticia”.

Cuando uno se detiene a leer y reflexionar sobre una sucinta cronología bibliográfica que sobre él aparece publicada en el medio “Listín Diario”, edición de fecha 27-10-15, página 12ª, debe concluir estando conteste con lo expuesto anteriormente, en el sentido de lo innato de las aptitudes que se posee, y cualidades exhibidas; como, eso de que, ¡para todo hay que nacer, tal se expresa popularmente!

Algunas puntualizaciones en tal sentido merecen transcribirse aquí, para meditación sosegada, y posible aguijón en el orden investigativo esotérico pertinente. Fueron narradas por él mismo incluso, en su peculiar tono parlante:

“Yo llegué a la edad de 15 ó  16 años, y me dije: “pero ven acá, y qué voy yo a hacer”, y mi papá también me preguntó, que qué yo iba a hacer en la vida, y le dije: pero llévame a La Información”. Como él estaba allá, me metieron a trabajar y me gustó la vaina”.

Se comenzaron a dar las condiciones  necesarias. Ahí estaba el escenario propicio para el inicio de su posterior desarrollo profesional. La chispa que despertó el fuego interno latente apareció. Aunque se formó solo, a su decir, trabajó con dos columnas de ese arte a nivel nacional: Rafael Herrera y Germán Emilio Ornes, “que eran periodistas de verdad, sabían lo suyo, sabían lo malo y lo bueno del periodismo”, de acuerdo con su parecer. ¡Apoyos necesarios proporcionados!

Obviamente, cualquiera se preguntaría, ¿y para qué más escuelas? “Yo nunca he ido a una escuela de periodismo, ni sé donde quedan ni me interesa. Ya tengo 50 años en este oficio”. ¡Indiscutible, nació para ser periodista, y para prestigiar la clase!

Por tanto, decía sin tapujos aquel soldado, cuya arma era la pluma: “Veo en el periodismo un macuteo sin control”, lo cual hacía entendible, el porqué de seguro, siempre se inclinara por combatir esa despreciable actitud, fehaciente, en el marco de tan importante disciplina profesional, cuyo propósito principal es el de orientar e informar debidamente, y con la oportunidad requerida a las sociedades.

No se puede concluir lo expuesto en esta humilde opinión, sin antes decir que: cuando se compara,  todo lo expresado con respecto a la persona en sí del señor Radhamés Gómez Pepín, aunque de manera póstuma igual que siempre, como en lo referente a su loable ejercicio profesional durante décadas, con los perfiles, e ineptitudes de esta “bandada actual de mercaderes de información”, que copan ese trabajo, se tendrá que hablar con relación a él de otra fragancia periodística,  ¡no como uno más del montón!

Sí, y nunca asociarle, aun de lejos, con esta gente enganchada a periodista hoy;  que viene  haciendo opinión publica, narigoneada, subvencionada, y carente de la ética necesaria por completo, con las rarísimas y contadas  excepciones que se tienen en el país.

Por lo tanto, y como es  obvio entender, la figura del extinto y connotado hombre de la prensa local, de vuelta ya a su  verdadera casa: el mundo espiritual, quedará encumbrada muy  por todo lo alto, dentro del elenco físico laboral de esa clase nacional.

Ojalá, de repente aparecieran entre nosotros algunos más, que se adicionen a los pocos que quedan ya en esa rama investigativa e informadora, ¡que se tienen como imparciales!; otros, con la etiqueta personalizada, y que puedan calzar los zapatos que dejara como legado  Radhamés Gómez Pepin.

Demostrado estuvo en él una vez más: ¡El verdadero periodista nace, no se hace! ¡Qué descanse en paz hermano!

¿Cómo se harían algunos medios de comunicación, sin los políticos y sus amanuenses? ¡Tema ausente en el seminario Cátedra Unesco de …….!

Es una lástima que la mayoría de los periódicos nacionales, como otros medios de comunicación no escritos, sólo se inclinen por reseñar eventos, publicar opiniones, analizar y comentar sobre temáticas  que nada más vayan en línea con la politiquería, ya sea para loar, o defender intereses personalizados, como grupales; cuando no, para detractar en contra de quien sea, sin medir los respetos ganados por las personas objeto.

Los rotativos locales, incluidos algunos de los digitales que se publican en la red de la Internet, con rarísimas excepciones, lucen estar nada más en pro de explotar la finca de las propagandas, narigoneos, manipulaciones, y demás artimañas que se generen en el orden político partidarista.

Claro, ésa produce los jugosos  beneficios económicos que aportan los  que escriben por encargos, a partir de los espacios que ocupan en las páginas de los medios. De muy pocas líneas se dispone luego en ésos, para otras cosas de mayor importancia en beneficio de la sociedad.

Difícil encontrarse uno en las páginas de los periódicos locales con publicaciones de cualquier tipo, que solo reporten algún beneficio de orden social propiamente; que no tengan como telón de fondo aprestos políticos coloreados partidaristas.

Nada más hay que perder un poco de tiempo, leyendo las tantas cosas que aparecen publicadas en los periódicos locales, para comprobar lo expresado. ¡Deprimente lo que se ve!

Casi nada es lo que aparece, si es que se equivocan algunos  encargados, u operan de maneara totalmente independiente, sobre alguna temática de verdadero interés social, como educativo, cultural, o moral, etc., directamente.  Se completa el deleznable cocktail periodístico, con todo lo relativo al seudo deporte que aún continúa en presente llamándose baseball; u otros, que también han degenerado en vulgares negocios.

Vergüenza alarmante entre mucha de la actividad periodística de hoy con respecto a la de ayer, es lo que se reporta. Ausentes están por completo las labores de investigaciones imparciales, y bien logradas, como las conclusiones derivadas, y los escritos pertinentes. Tampoco casi se observan los finos reportajes de otrora sobre diferentes tópicos,  profesionalizados por completo.

Sí está por doquier todo cuánto luce manipulaciones pagadas, a veces hasta sin contarse con la preparación académica y las destrezas requeridas en los amanuenses utilizados para tales propósitos, la mayoría de los cuales solo saben “sandarizar” y loar en el grueso de los casos.

La tan delicada, linda y exigente disciplina profesional del periodismo, no debe ser usada solamente para politiquear y agenciarse gruesos recursos económicos por esa vía, habiendo tantas mayores cosas que ofrecer para beneficio de las sociedades a través de la misma.

Precisamente, hace poco tiempo, la Cátedra Unesco de Comunicación, Democracia y Gobernabilidad, junto al Centro para la Libertad de Prensa de la República Dominicana, auspició la celebración de un seminario, en que se trató el tema del “equilibrio que debe existir entre la función social de los medios de comunicación y la necesidad de que éstos sean económicamente sustentables para su supervivencia y fortalecimiento”.

En el mismo, dictó una “conferencia magistral” sobre el tema, la experta norteamericana Janine Warner, conforme fuera anunciado con anterioridad al evento. Preciso es destacar que ahora todas las conferencias son magistrales. Incluso se califican como tales mucho antes de ser ofrecidas, como de nuevo ocurrió.

¿Por qué será, por real calidad, o lambonismo? Lo magistral se refiere a “perfección y relevancia dentro de su genero; algo hecho con maestría”. ¿Y cómo es que se aquilatan entonces las conferencia antes de? ¡Debería ser después, y por parte de oyentes calificados para hacerlo! Es lo más lógico, ¿verdad?

Como se procuró en ese marco “poner de relieve lo relativo a la función social de los medios de comunicación, sobre la base de una mayor fortaleza económica”, según lo que fuera dicho, hubiera valido la pena el plantearse y analizar dentro del seminario la pregunta que intitula, por lo importante de esas fuentes, en términos de la captación de ingresos. Sin embargo nada se escuchó de manera directa al respecto.

Para ser más precisos, ¿podrían muchos medios subsistir sin la marcada subvención de los políticos, directa, como a través de sus amanuenses, que hacen supeditar sus labores solo a los intereses de aquellos nada más, contando con el otro grueso fehaciente de los anuncios comerciales publicitarios, y llenar una razonable función social, como es lo que debe ser?

Si “Uno de los grandes desafíos de los medios de comunicación es lograr la sostenibilidad de independencia económica sin comprometer la veracidad, calidad y trascendencia de sus contenidos”, según la reseña que apareció en el medio “El Día”, edición del 29-4-15, procedía en ese marco entonces, procurar y obtener las respuestas debidas en dicho tenor, ponderando esas últimas con profesionalidad absoluta.

Rolando Fernández

Cualquiera se lamenta de ser dominicano, cuando se oyen ciertas cosas

Aquí hay algunos periodistas y comunicadores sociales que se las traen, que son las excepciones por supuesto. Sí, esos que le dicen al pan, pan, y al vino, vino, en el sentido de edificar y alertar a la población sobre las andanzas y actitudes desaprensivas del poder político y social que se gasta este país.

También lo hacen varias personas en adición, que no califican en realidad como tales, sino como ciudadanos altamente preocupados por las cosas deleznables que vienen ocurriendo en Dominicana, y que producen “gorgoritos” a cualquiera, como  dice mucha gente aquí.

Y claro, la dejadez, indiferencia y falta de atención reflexiva ciudadana que se perciben en ese orden, provocan daños emocionales y gástricos de considerable magnitud, en la medida en que se van acumulando, y las esperanzas  de reivindicar parecen estar cada vez más lejos.

Escuchar a personas con estatura profesional, como son los casos por ejemplo de: Marino Zapete y Fernando Sibilio,  entre otros, exponiendo, edificando, y alertando respecto de las enjundiosas investigaciones que llevan a cabo sobre tópicos diversos, que de  una forma u otra afectan a la nación, como sobre aquellas  realidades dañosas fehacientes que se verifican entre nosotros, y que lo hacen de manera directa, le tumba las “alas del Alma” a cualquiera que le duela este país.

Máxime el desaliento, ante la impotencia de nada poder resolverse de manera individualizada, sino que para ello se requiere del concurso de todos aquí.  Igual afecta en tal sentido, el tener que aceptar “el dejar hacer” de la sociedad casi por completo, observado a simple vista. Y es que, la misma parece estar anestesiada en gran medida, con un despertar que no se prevé por ahora. ¡Penoso eso!

Cuando se repara con atención y sosiego sobre los valiosos trabajos edificantes que llevan a cabo específicamente esos dos señores, excusándonos aquellos a los que no hacemos mención, con un ejercicio bastante loable también, uno se arrepiente, y se lamenta con sentir fortísimo, por el hecho haber nacido en este país; o, de inmediato le asalta la idea de emigrar del  mismo, para no seguir siendo víctima flagrante, burlado y estafado dentro de todo este orquestamiento político-social regente, que está conduciendo la  nación dominicana hacia un derrocadero muy incierto.

Evidentemente, sus aportes son mortificantes, pero muy beneficiosos a la vez, en vista de que proporcionan las cosas que la población necesita saber, para que no continúe con los ojos cerrados, y luego se esté alegando ignorancia como soporte de sus procederes indebidos, dejándose la gente comprar la conciencia con las migajas que se le proporciona, verbigracia: un pica pollo con su respectiva cerveza o un pote de ron, etc. Algunos regalan RD$500 y hasta RD$1,000, para que se coma un par de días. Lo importante es para los aspirantes, resultar favorecidos con el voto de los electores. Y, ¡cuántos se dejan narigonear en  ese orden!

Ante el aparente no me importa de un gran segmento de la población nacional, la mejor muestra  que se  tiene bien de frente es, el accionar público actual de todo este enjambre de politiqueros bandidezcos, con muy mínimas excepciones, tratando de engatusar de nuevo a las personas con sus demagogias y  falsas promesas, de cara a las elecciones generales del año 2016, a pesar del tiempo razonable que aún falta para ello, como de los prontuarios bastante conocidos  que tienen muchos de ésos.

Cuándo cambiarán las cosas aquí, para que uno pueda sentirse orgulloso de su dominicanidad; nunca estar arrepentido de haber nacido en esta nación; o, no tener que pensar jamás en abandonar la tierra donde vio la luz del mundo por primera vez. ¡Ojalá no falte mucho!

Rolando Fernández