Hoy no se estudia; se ocupa una butaca en las aulas

Es una realidad muy lacerante; comprobable a todas luces; muy penosa y preocupante, por lo que de ella se infiere, con respecto a los lúgubres derroteros a que está expuesto este país.

El futuro de toda nación descansa principalmente, de manera casi directa, sobre los hombros de una juventud laboriosa y preocupada por una formación académica óptima, que le permita insertarse oportunamente en el mercado laboral; aportar al desarrollo de su pueblo, a través de la oferta de conocimientos, la sumisión debida, como los sacrificios correspondientes a asumir.

Cuando se tiene la oportunidad aquí, de impartir docencia a nivel superior, y se repara con atención crítica y preocupante sobre el comportamiento que observa la juventud actual, se  puede advertir con facilidad cuál podría ser el futuro de esta nación, con las actitudes que ostenta el eventual relevo generacional, que sólo aspira,  haciendo gala siempre del menor esfuerzo, y de un escaso sentido de responsabilidad tan alarmante que, rompe en ocasiones con lo racional mínimo.

Los que realmente tienen condiciones para formarse profesionalmente, constituyen la gran excepción.  El amplio segmento juvenil restante, bien podría calificarse como simples asistentes a las aulas, de forma impuntual, y cuando se les antoja. Asistir con regularidad no se tiene como preocupación; como tampoco, la puntualidad requerida para estar allí.

El cumplir con las tareas y responsabilidades estudiantiles, se percibe como una opción medalaganaria.  Los resultados de las evaluaciones  por parte de los profesores importan tan poco que, mientras antes las acciones fallidas en cualquier prueba o examen, compungían o deprimían en grado sumo a los alumnos afectados, al igual que reprobar cualquier asignatura al final de semestre, hoy cuando se presentan situaciones de esa naturaleza, muy común por cierto, se aceptan sin reparo alguno; la chabacanería sigue sin tropiezo, acompañada de la diversión grupal y los tragos sociales. ¡Lamentable eso!, ¿verdad?

Si penoso es observar desde fuera esa cruda realidad, más doloroso aun es vivirla tan de de cerca, como cuando se trata de fungir tal facilitador o instructor, en el seno de las aulas universitarias del país. ¡Es algo deprimente, y hasta irritante!; pues, no se concibe tanta indiferencia e irresponsabilidad. Algunos de esos muchachos lucen como animales irracionales, por más que se trate de aconsejarles u orientarles, al igual que lo hacen algunos padres con los hijos. Es perder el tiempo con ellos.

Aunque luzca cruel decirlo, si en manos de la actual juventud dominicana, que asiste a las aulas universitarias del país, con ligeras excepciones, es que está el futuro de la República, ¡Ojala Dios nos saque con bien!, ya que en verdad las esperanzas son muy pocas; a menos que, las autoridades correspondientes no pongan en marcha un plan de concienciación que resulte efectivo, con el seguimiento debido, como una severa supervisión directa, si es que así se requiere.

Rolando Fernández

Un espaldarazo al nuevo Rector Magnífico

Muchas cosas tienen que comenzar a corregirse en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Y, aunque en esta ocasión se le haga honor al refrán  popular que reza, “la soga siempre parte por lo más delgado”, la verdad es que procedería una revisión objetiva del costo de los créditos para la asignaturas que se cursan en la academia, a los fines de ajustarlo equitativamente a la realidad económica nacional, como a las reales condiciones pudientes de los estudiantes; o aplicar otra forma de pago, más acorde con los nuevos tiempos. (Ver planteamientos del señor Rector, que reseña el periódico “El Día”, del 28-4-11).

 

Esa eventual disposición, que luce inminente ante la tan cacareada crisis financiera uasdiana, producto de los desaciertos gerenciales acostumbrados, la politiquería, el grupismo, etc., tendría más de un efecto reparador en el seno de la academia.

 

En primer lugar, se podría paliar un poco el déficit presupuestario existente, en el sentido de un mayor aporte económico estudiantil en favor de la institución. Y por el otro lado, hacer que el alumnado asuma con más  responsabilidad sus quehaceres, en la medida en que se deba hacer una  inversión superior en dinero,   para poder formarse profesionalmente allí.

 

Así se evitaría, que una gran cantidad de jóvenes vean el importe que pagan como algo insignificante, y que se comporten en función de eso.  Que inscriban las materias, para luego no asistir a las aulas; o que, se retiren súbitamente de las clases, cuando el profesor comienza a exigirles cumplimiento. ¡Cosas de las que más se dan actualmente!

 

Ya eso de la famosas categorías clasificatorias estudiantiles, en cuya asignación nunca media la sinceridad, por las informaciones amañadas que ofrecen muchos aspirantes a ingresar en la academia, tiene que pasar de moda.

 

Ese populismo justificado de otrora, hay que dejarlo atrás.  Eran  dispensaciones aquellas, producto del mismo, que se consideraban pertinentes, cuando las calles interiores del campus universitario no eran convertidas en plazas de exhibicionismos automovilísticos, como ahora ocurre.  Modernos y lujosos carros o jeepetas, que no pertenecen en su gran mayoría al personal docente.

 

Respecto de la intención que se tiene, con relación a los aportes económicos de los estudiantes, un escenario factible financiero, y aleccionador a la vez, podría ser, en nuestra humilde apreciación, el siguiente, por no implicar un ese gran sacrificio; sería más bien cooperación por parte del alumnado.

 

– Estudiantes de escasos recursos económicos.

 

Inscripción……….. …….RD$200.00

Mensualidad adicional…. RD$100.00

 

   Tomar asignaturas correspondientes al nivel semestral;

   condición única: los pre-requisitos.

    

– Estudiantes sin recursos económicos.

 

                            Inscripción……………..RD$100.00

 

   Crear un sistema de becas, pagaderas luego de comenzar a

   trabajar; o cuando se reciba como profesional el estudiante,

   según el tipo de  carrera que sea. Así honraría el compromiso.

 

En relación con los estudiantes que ostenten poder adquisitivo suficiente, cobrarles por la matriculación y mensualidades un valor equivalente a un porcentaje justo del costo promedio que tendría, el cursar estudios superiores en las universidades privadas del país. (Sujeto a determinación y ponderación debidas). El caso de los extranjeros, entendemos existe un procedimiento adecuado a su condición.

 

¡Así, el pago por un semestre sería muy superior al de una cerveza “jumbo”, en uno de los colmadones de la zona!, según lo expresara el señor Rector. (Véase periódico “El Día”, del 28-4-11, página 12)

 

Ahora, si bien es cierto que una medida de esa naturaleza podría ayudar a paliar un poco el déficit económico que confronta la institución en estos momentos, no es menos cierto que las acciones correctivas que pretenden introducir las nuevas autoridades uasdianas, tienen que ir mucho más lejos.

 

Se tienen que abarcar obligatoriamente otros factores, probablemente de mayor trascendencia, podría decirse, como son aquellos relativos a los gastos por concepto de la nómina de personal; viajes y viáticos en el exterior; compra de vehículos nuevos; consumo de combustibles; como también, las llamadas compensaciones, entre tras cosas.  Además, fortalecer los controles administrativos correspondientes a las áreas más neurálgicas que operan dentro de la academia, como son por ejemplo, el “Economato y el Comedor” universitarios, para hacer mención de algunas.

 

¡Buena suerte señor Rector en sus iniciativas!

 

 Rolando Fernández

 

 

 

             

 

 

ABRIL: ¡Cuanto luchar para nada!

Finaliza el cuarto mes del año; similar al nombre  del recuerdo; sólo que, de 1965; que tanto debe sonar en las mentes de muchos dominicanos, por razones diversas, a pesar del tiempo ya transcurrido. A partir  del que tantas vidas fueron ofrendadas. En el  que la sangre nacionalista se derramó voluntariamente por doquier, a cambio de nada. ¡Que pena, tener que decirlo!

Sí; ¡a cambio de nada!, en términos de resultados loables, podría aseverarse; pues, es una realidad que puede ser comprobada con un simple análisis imparcial por supuesto, de los hechos subsiguientes al episodio histórico. ¿Qué se logró en verdad? NADA.

Que el país continuara subyugado por los poderes extranjeros, aquí fielmente representados, por los malos dominicanos, que nunca han faltado.  Además, que el Gobierno de la nación, como el dominio de la cosa pública, retornaran a manos de una de las figuras más representativas – columna – del régimen dictatorial recién decapitado para la época, el doctor Joaquín Balaguer.

En ese orden, siempre ha surgido una pregunta obligada en cualquier pensante medio, ¿para qué mataron a Trujillo, si habría una continuidad después, de los mismos paradigmas prácticamente, que el dictador aplicara para gobernar?

A la sazón, se trató de luchar por la permanencia de un real sistema democrático, como en defensa de la soberanía nacional. Pero, ambas cosas que, aunque ligeramente se habían logrado durante los primeros años después de la caída del “Jefe”, se fueron a pique de nuevo, ya que los mercaderes de la política que, desde que se puso término al conflicto bélico-patrio se ha venido gastando el país, se han encargado de tirarlo todo por la borda.

Sus actuaciones han estado regidas por la avaricia desmedida; la falta de nacionalismo; y, la inclinación por la corrupción estatal rampante, por lo que hoy la República se encuentra sumida en una peor crisis que otrora; como, mayormente pisoteada, en términos de soberanía, y de las actitudes injerencistas de los mandamases del Norte.  El asunto hoy es peor, que con anterioridad al año 1965. ¡Sólo algunos que se hacen los ciegos, no quieren ver eso!

Ayer, se nos invadió con poderosas armas bélicas, mancillándose sin control, y abusivamente, el suelo patrio, a pesar de la defensa valerosa de jóvenes y adultos patriotas de la época, que lucharon sin desmayar, aun la superioridad armamentista de los “gringos”. Posiblemente, de ese tipo de ciudadanos, ya no quedan aquí.

También se tiene la percepción generalizada, de que lo invasores de entonces fueron quienes sembraron en la nación  la letal semilla de las drogas alucinógenas; que comenzó desde esos tiempos a germinar, hasta convertirse en lo que es hoy, un flagelo social con siete cabezas, incontrolable ya; que se ha  encargado de limitar casi por completo la capacidad pensante y aguerrida de la juventud dominicana.  Se especula  incluso era el propósito, y sobre cierto acuerdo de permisividad logrado, durante y después de la guerra, para poder conceder determinadas cosas al país.

En el presente, el arma más poderosa que tienen los interventores de ultramar, con incidencia marcada en los asuntos internos nuestros, para continuar subyugando, pisoteando e injerenciando hasta donde a ellos les viene en gana, es el otorgamiento y concesión de préstamos altamente condicionados  a su antojo, en base a contratos suscritos con el Estado dominicano, aceptados aquí por los genuflexos seudos patriotas que se tienen; títeres y tecnócratas alienados, que sólo piensan en resolver sus problemas, y no los del país, aunque tengan que endeudarlo hasta la coronilla.

Algún día, alguien entre nosotros,  tendrá que analizar y escribir para la historia dominicana, sobre el antes y después de aquel lejano abril, correspondiente al año 1965, estableciendo las comparaciones de lugar.

Muy a la vista está que, los que hoy pueden disfrutar del sacrificio de aquellos patriotas inmolados, ni  siquiera recuerdan con  la reverencia debida los nombres de las figuras más destacadas de aquella epopeya histórica nacional. ¡Se luchó por nada, y para nada!

Rolando Fernández

Construir una nueva nación dominicana

¡Es en eso, en lo que habrá que comenzar a pensar aquí!; pues al paso que van las cosas en este país, donde todo se quiere, y nada se puede, en términos de una efectiva administración estatal, no queda otro camino que ir pensado en la formación de una nueva República, en la que predomine el sentido necesario de soberanía nacional;  el servir al pueblo desde los gobiernos, y no ir a los mismos a servirse de ellos.  En la que se considere la corrupción con un crimen de lesa patria, con la punición correspondiente.

Sería un país, con un cambio significativo de paradigmas gubernamentales; en el que, a pesar de mantener la estructura organizativa de los tres poderes públicos existentes, pueda haber una real independencia entre éstos; que sean instancias que operen sin ligazón y reciprocidades políticas, para que real y efectivamente, el pueblo tenga dignos representantes congresuales, y pueda disfrutar de una administración y aplicación de justicia plenas.

Es la única forma en que esta República Dominicana, podría comenzar a delinear nuevos caminos más promisorios, tanto para las presentes, como las futuras generaciones.  Cuando aquí se trate de producir para vender en el exterior; y, no que sólo se le condicione para comprar y consumir lo extranjero.

Cuando se le ponga coto a esa carrera dislocada de endeudamiento externo, condicionado por supuesto, de parte de los prestamistas que administran los  excedentes de capital de los poderosos del  mundo.  Y, se deje entonces, de ser mercado para la colación de los recursos financieros que a otros les sobran.  Además, se trate de mantener el patrimonio público, no pignorado; y, se procure la recuperación de todo cuanto se ha enajenado, o está en manos de los ricos de esta nación.

Claro, eso no se lograría con los partidos políticos de la especie actual, y sus representantes máximos; sino, con el aposentamiento en el poder de verdaderas organizaciones del género, lidereadas por hombres nacionalistas a carta cabal; aptos en todos los sentidos para dirigir  y administrar la cosa pública; que, en este país los hay de sobra.  Sólo habría que motivarles para que se lancen al ruedo  competitivo, y respaldarles incondicionalmente.

Es previsible que, esos conciudadanos no buscarán votos en base a dadivas nimias, ni ofrecimientos infundados.  Tampoco, ofertando cargos burocráticos en el tren gubernamental. Ni, aceptarán patrocinios empresariales o particulares, condicionados a compensaciones futuras individualizadas. ¡Pensarían sobre todo en el país!

Con ellos, la política dejaría de ser un negocio altamente rentable en la  nación dominicana. Se acabarían las demagogias y las falsas, como los retóricos discursos alucinantes e inductores, con los que se ha venido engañando a este pueblo desde hace tiempo.

El “arma” más poderosa que tienen los dominicanos, para no dejarse seguir engañando es: concienciarse plenamente; pensar primero en su país; y luego, inclinarse por elegir dignos representantes.

¡Manos a la obra, que el tiempo apremia!

Rolando Fernández

¡Inteligente jugada política!

Aunque desde que se anunció la inscripción de la doctora Margarita Cedeño, esposa del señor presidente de la República, como precandidata para dirigir los destinos nacionales, de cara a los próximos comicios a celebrarse en año 2012, muchos entendíamos que no era una decisión loable, por el sentido poco ético, evidente todas luces, que envolvía esa acción, y así lo externáramos con anterioridad, siempre con el debido respeto, claro está, también veíamos en su proclamación como tal, y el amplio “aparataje mercadológico” que se llevaba a cabo, como que todo era una  hábil jugada política del actual gobernante

Por tanto, nos sentíamos como presos de la aprehensión algo fundada de que, “ella no iba para ninguna parte”, por considerar esa aceptación, como  una actitud decisoria incompatible con la forma sosegada y reflexiva de su esposo, hombre previsor y manejador de riesgos probables. Y que, la figura popular de la doña, sólo estaba siendo utilizada como un caramelo, para no amargarles tanto sus últimos momentos a los títeres alienados que buscaban a raja  tabla la repostulación del doctor Leonel Fernández, para poder seguir disfrutando del apetitoso “pastel nacional”, como si éste no fuera merecedor de un descanso.

Claro, era una forma inteligente de manejar esa situación, poco agradable para determinados seguidores, ante la negativa de no reelegirse por parte del primer mandatario de la nación, al tiempo de lanzar una potente bola de humo que acaparara bastante la atención nacional, como de hecho ocurrió, y se perdiera un poco de vista la crisis de los bienes y servicios básicos que ha venido demandando la población, sin respuesta aún; el látigo de las insoportables  cargas impositivas; y, la especulación rampante en todos los artículos de primera necesidad.  ¡La gente está al explotar!

Ahora, con la decisión de declinatoria que asume la primera dama, manifestada públicamente, de manera oficial ya, se cierra el primer capítulo de una novela que tendrá que continuar escribiendo el doctor Fernández Reyna, para que la soledad en el poder no se convierta en su más fiel amiga, hasta agosto del venidero año 2012.

El primero se tituló “La doña va”.  ¿Cómo se denominará el segundo? Probablemente, “apoyaré a alguien que no me pueda robar mi ganado espacio político”.

¡Leonel sabe demasiado; no se pierda nadie!

Rolando Fernández

La responsabilidad paterna marchó con lo romántico de otrora

Hay una frase muy antigua que reza: “recordarse de Santa Bárbara sólo cuando llueve”.  Es lo mismo que ocurre en este país, con algunos temas relativos a problemáticas que, desde hace ya varias décadas vienen afectando sobremanera la sociedad dominicana.

Ahora, en ocasión del asueto burlón-religioso, las francachelas y romerías correspondientes a la celebración de la Semana Santa, próximo pasada, algunas seudos autoridades de la  nación, eclesiásticas (religiosas)  y judiciales, retomaron la vieja canción, ya sin ritmo melódico, que lleva como  título “Responsabilidad paterna”.

Se habló incluso, hasta de castigo y sometimiento a  las justicia, de aquellos padres que no establecieran el control debido sobre sus vástagos menores de edad, en el sentido de la ingesta de alcohol, como de las actividades temerarias en las que pudieran incurrir durante los días, festivos en la actualidad, de la Semana Mayor.

Aunque al menos, la advertencia a manera de “sugestión pantera”, como se dice en el argot popular, pues en el fondo no es verdad que nada se fuera a hacer en tal sentido, resulta una  actitud muy loable, por provenir de dos instancias muy importantes de la nación,  también merece ser criticada a la vez, ya que la misma no debe ser adoptada sólo en cuanto al mencionado periodo concierne; sino además, en lo que respecta a todo el año, en vista de las ocurrencias dañinas, como de los actos más que lamentables que a diario se observan, por parte de menores de edad, producto de la falta de autoridad paterna que se verifica en este país.

En esta nación, todas las madrugadas, principalmente durante los fines de semana, se convierten en asueto de la Semana Mayor, con las carreras de motores y carros de altos cilindrajes, que se llevan a cabo en avenidas de la ciudad y de algunos pueblos, donde participan jóvenes adolescentes, y hasta de muy escasa edad, bajo los efectos del alcohol y otros tipos de drogas alucinógenas. Y, ¿qué hacen las autoridades ante los accidentes y daños que provocan esos muchachos, hasta de muertes de algunos ciudadanos indefensos, a pesar de las tantas denuncias que se hacen? ¡N A D A!

¿Por qué? ¡Ah!, la mayoría de las veces los actores son de los llamados “hijos de mami y papi”; o,  vástagos de los flamantes funcionarios del Gobierno. A ambos  se les tiene como intocables, para no crear fricciones con los representantes de la alta sociedad; tampoco con los que mandan.  A las fechorías y conductas inadecuadas de esos desaprensivos no se les pone asunto. Sólo se les considera como “niños malcriados incontrolables”; no como potenciales delincuentes, que es lo que en verdad son.

En muchas sociedades de otras latitudes, donde no existe la “lambonería política”, y por tanto las instituciones funcionan, los padres que no cumplen con el rol hogareño de mentor o guía en la formación social de los hijos, tiene que cargar con la responsabilidad de los actos de inconductas en que aquellos puedan incurrir.

¡Aquí no! Todo se dejar pasar por alto, si proviene de esos sectores.  Cuando no es que, se apañan los comportamientos indebidos de los “jevitos y jevitas”, ñoños y malcriados por demás.  Hay que mantener apoyos y procurar reciprocidades, dicen lo que deben actuar en consecuencia.

Entonces, que se dejen de estar con pantallas novelescas, por el hecho de que llegó la Semana Santa”, curas y gente del área judicial, que aquí nadie va a hacer nada sobre ese particular. ¿Por qué  considerarles como tales? Porque hablar de autoridades, sería mentir.

¡La responsabilidad paternal aquí pasó de moda; y no se cree, que haya autoridad religiosa o judicial alguna, para reponerla;  como tampoco, meter miedos!

Rolando Fernández

No es cuestión de egos; fue seguro asunto de cuartos

Las cosas de este país no están escritas; pero alguien, tendrá que escribirlas algún día, para que las nuevas generaciones conozcan sobre los responsables, o culpables  desalmados, del desastre económico heredado, al cual tendrán que ponerle el frente los hombres del mañana, con los pocos  recursos que estos políticos, ávidos de riquezas  y altaneros por demás, que nos hemos estado gastando los dominicanos, desde hace ya varios lustros, se decidan a dejar para la posterioridad.

Es un hecho más que vergonzoso y deleznable, el que en este país, porque a alguien, y a su grupo de colaboradores se les ocurriera la realización de un proyecto, no consensuado socialmente, se hayan gastado RD$186.0 millones, según publica la prensa local, para la imposición de unos “benditos” textos integrados, inaplicables a todas luces, sin estar éstos incluso, en correspondencia con el currículo vigente, frente al grado de deterioro y de deficiencias fehacientes que se verifican en muchos centros escolares públicos, donde los niños tienen que recibir clases en furgones habilitados para tales propósitos, y sentarse en latas de metal o bloques de cemento.

Sin embargo, los escarceos y las defensas a ultranza sobre el particular fueron obvios, a pesar  del abanico de críticas y ponderaciones expuestas, por gente muy autorizada en la materia.  Por tanto, la decisión tomada, probablemente muy productiva en términos económicos para muchos interventores, no fue dejada sin efecto, hasta que el ex ministro de área fuera separado del cargo.

Y, el Consejo Nacional de Educación (CNE), como se esperaba, al comprobarse la no aplicación de dichos textos en este país; al igual que,  las deficiencias pedagógicas que envuelven; como, acogiéndose además a la recomendación emanada de la comisión evaluatoria, nombrada por el señor presidente de la República, dispuso la sustitución, o retiro de los mismos de las escuelas públicas nuestras, a partir del próximo año escolar. (Véase: periódico “Listín Diario”, del 20-4-11, página 7ª).

A volver a gastar dinero de nuevo; amén, del daño causado ya a una gran parte del estudiantado, que se les impartieron, por imposición de la cartera educativa. Y eso – sin haber recursos estatales suficientes para la asignación legal del 4% del PIB, para el sector -. ¡Que bien!

Y ahora, ¿qué pasará, con los “genios” que concibieron esa fallida iniciativa? ¿Se procurará algún tipo de rendición de cuenta? O, ¿todo se quedará como si nada hubiera pasado, al igual que de ordinario se estila siempre en esta Patria? ¿Será esta vez también, como si a nadie le importara, el que se dilapiden así los recursos del Estado?; que todos saben, los aporta compulsivamente el pueblo.

Procesados judicialmente, deberían ser todos los que así actúen, por el evidente daño que causan al país.  Que se determine en los tribunales correspondientes la culpabilidad o no de los imputados.  Pero, ocurre que, aquí solamente se persigue, se juzga y se castiga, a los que se roban un salchichón o un pollo.  Los que la sociedad  considera “ladrones de cuello blanco”, se les califica como honorables políticos, que no tienen que darle cuenta a nadie de sus hechos, sin importar cuáles sean.

Hay otro asunto muy importante, que las nuevas autoridades del ministerio de Educación deberían investigar y clarear ante la opinión pública nacional, y es el  relativo a la colocación de una serie de monitores de televisión (parecen), que fueron instalados en algunas aulas de muchos planteles escolares públicos, para cuestiones relacionadas con el denominado plan de enseñanza virtual, según se entiende; pues esa disposición, luce como  uno de los secretos mejor  guardados; aunque, es muy probable que ambas temáticas estén estrechamente relacionadas

El caso es que, esos aparatos, que en principio se les cuidaba con mucho celo, porque se entendía podían ser robados o dañados, nunca han sido utilizados. Se cree que en ninguna parte, a pesar de que ha transcurrido ya un tiempo considerable. ¡Ahí están, deteriorándose!; más dinero perdido. Pero, se infiere que, también pudo haber   jugosas negociaciones para su adquisición y montaje.

Resultaría muy conveniente que,  esa otra descabella acción, se adicionara al problema de los “textos integrados”; y que se hurgara sobre eso a profundidad, para ver si en este país se comienzan a dilucidar públicamente los actos cuestionables en que incurren muchos funcionarios públicos.  Se les libere, en el caso de comprobarse pulcritud en sus acciones. Pero si no, que se ventilen a nivel de la justicia dominicana, y se les impongan las condenas correspondientes.

Sólo así se podría empezar en este país, a separar los hombres serios y responsables, de los que saben venderse como tales, pero que en realidad no los son. Poner a los corruptos tras las rejas, sería lo ideal, cuando se les comprueben actos de esa naturaleza, durante las gestiones que les toque desempeñar.

Aunque con relación al problema de los llamados “textos integrados”, algunos entienden que, los patrocinadores de la propuesta e introducción de los mismos en el sistema educativo nacional, mantuvieron y defendieron a raja tabla sus ideas hasta el final, debido a una tozudez de carácter egotista simple, no mercurial, todo luce indicar, por las informaciones que han trascendido, que quien realmente primó en el asunto, fue el “señor don dinero”. ¡Lo raro sería que, cuando se trate de sumas monetarias tan elevadas, eso aquí no ocurra!

Rolando Fernández

El nudo dorado de la hipocresía eléctrica

Recientemente, los magnates que regentean el gran negocio político-empresarial de la energía eléctrica en la República Dominicana, encabezado por el flamante vicepresidente ejecutivo de la CDEEE, señor Celso Marranzini, se reunieron con el señor presidente de la nación, para informarle sobre los logros del sector, durante los primeros tres meses del año.

La reseña periodística, que sobre el particular aparece publicada en el medio escrito “Diario Libre”, del 20-4-11, página 18, está titulada – Gobierno entiende que el sector eléctrico “va bien”  -. Claro, ¡magnífico, para sus autoridades, ese parecer!  Ahora, quien más debería opinar al respecto es la población. ¡Ahí se tendría mucha validez el criterio!

Es obvio que, a partir de ese titular todo luce indicar que, el “eficiente equipo” participante en el encuentro, le presentó a   primer mandatario del país, un panorama bastante halagador, en el que sólo se habló de mejoras en el cobro,  el gran trabajo de las distribuidoras, – ¿por qué harían saltar del cargo al señor Francisco Méndez, ex superintendente de Electricidad? -; como la captación de nuevos clientes, y la penalización, por supuesto, del robo, entre otras cosas.

El tema que no se toca nunca, en conversatarios de ese tipo, es el relativo a la onerosidad de los leoninos contratos suscritos con las generadoras, y demás prerrogativas inherentes incluidas, que resultan lesivas para el país en términos generales; y, para los consumidores de un servicio obligado, obviamente, a pesar de las tantas críticas y alegatos avalados que se han cursado,  de que aquí se cobra la energía más cara y mala del área.

Esa muestra de satisfacción que ostentó durante el encuentro el señor Marranzini, evidencia que el mesías de turno, olvidó sus recientes declaraciones públicas, que incluyéramos en un trabajo anterior, en sentido de que, “El problema eléctrico es uno de siete cabezas. Su solución será muy difícil, sobre todo mientras el Gobierno siga plantado en no tocar a los generadores.  La RD produce una energía que es, sencillamente, impagable por cara”. ¿Por qué no aprovechó tan propicio escenario para referirse a eso? ¡Pobre pueblo indefenso!

A propósito del tema, cabría transcribir aquí un fragmento del trabajo que publicara el señor Frederich E. Berges, en el periódico “El Día”, del 19-4-11, página 14), en claro respaldo al ex incumbente de la CDEEE, señor Radhamés Segura: “Radhamés entendió los intereses económicos y políticos que andan tras los generadores y el negocio eléctrico; no tan sólo por la defensa que mantienen de privilegios que les otorga el cuestionado Acuerdo de Madrid, sino también por ese empeño rentista de sus operaciones”. ¡Excelente aseveración!

Todo cuanto se pueda decir, y celebrarse  hoy, en cuanto a uno de los problemas de mayor significación para esta República, sin aparente solución en lo inmediato, o futuro cercano, hasta tanto no se tenga la voluntad política de “agarrar el toro por los cuernos”, como se dice popularmente, para doblegarlo y tratar de adaptarlo a la fehaciente realidad dominicana, no es más que pura hipocresía y “demagogia barata”.

Por ello, la mejor forma de concluir este modesto artículo, sería transcribiendo textualmente, lo que al final de la reseña mencionada dice con propiedad innegable, el periodista Ronny Mateo:

“Mientras Marranzini habla de mejoría, diferentes sectores de la población están al “grito” con los constantes apagones que se han venido registrando en las últimas semanas en el país”.

¡La luz sólo llega como por arte de magia!; por momentos, agregaríamos nosotros. Y, todo anda casi bien, ¿verdad, don Celso?

Refrán muy significativo: “La verdad permanece; la mentira perece”.  ¡Sólo hay que esperar, para ver!

Rolando Fernández

Los ignaros siempre son más

En el curso del desarrollo de todas las actividades humanas,  enteramente profesionales o no, siempre hay personas que logran destacarse, y no precisamente por su inteligencia y aptitudes, sino habilidades dirigidas, debido a las condiciones favorables que encuentran en muchos de sus  congéneres.

Y es que,  hay tantos que sólo alcanzan a ver hasta las puntas de sus narices, que resulta fácil llevarles hasta el terreno que se quiera, inducirles y manejarles a voluntad.

Es lo que más se ve a nivel de los diferentes ejercicios profesionales amañados, en que la mayoría de los clientes o demandantes de los servicios, se convierten en marionetas rentables; en  reos de las voluntades y apetencias económicas de aquellos que fungen como ofertantes u orientadores. También, como administradores de la salud física humana, tal es el caso de algunos galenos (médicos), que lo que saben es, más que otra cosa, como hacer su “agosto” con los pacientes a cargo.

Pero, hay dos disciplinas, donde los efectos inductores y de manejo de las personalidades ajenas se advierte con mayor ahínco: religión y política. En ambas, existen hombres y mujeres expertos en condicionar mentalmente a la gente, como llevarles hasta los predios en que germinen o crezcan las semillas de sus propósitos.

Los religiosos que se desempeñan como ministros espirituales, hacen de las feligresías que dirigen sus campos de cultivo, a través de la utilización de un verbo casi “santo”; como, de la retransmisión de conocimientos y mensajes teológicos, particularizados en un alto porcentaje. Eso, al igual que, de las interpretaciones acomodaticias de los sagrados textos bíblicos; siempre, marginando los verdaderos conceptos y las orientaciones debidas sobre algo que no se enseña, sino que se conoce por medio de los  aprestos y las vivencias propias –  la espiritualidad -.

En ese tenor último, cabría transcribir aquí lo señala al respecto la doctora Caroline Myss, en su maravillosa obra,  “Anatomía de espíritu”, cuando dice, “La religión es ante todo una experiencia de grupo cuya principal finalidad consiste en proteger al grupo, en especial de las amenazas físicas: enfermedad, pobreza, muerte, crisis sociales e incluso la guerra.  La espiritualidad, por su parte, es una experiencia individual orientada a liberarnos de los miedos del mundo físico y buscar una relación con lo Divino”.

Evidentemente, la religiosidad, como de ordinario se concibe, y en ella se participa, implica un costo financiero, que con regularidad es aprovechado y disfrutado por los que dirigen las diferentes sectas, agregaríamos nosotros. ¡Es lo que más se ve a diario!

Una situación de manejo muy parecida se presenta regularmente con los que viven de la política, y  que tienen como marco de acción a los diversos núcleos sociales que interactúan a lo interno de las naciones; que en su conjunto, conforman la generalidad ciudadana objeto, dentro de la cual se cuentan gente pensante e ignaros a todas luces. A estos últimos, se les convence con palabras bonitas y escogidas, prebendas nimias y meros ofrecimientos,  con los que jamás se cumple.

Claro, los políticos, politiqueros muchas veces, utilizan herramientas más rústicas que los religiosos para convencer y ganar prosélitos, alienados por completo. Dependen en gran manera, del arte de mentir sin rubor; cuando no, de la meridiana demagogia, los discursos retóricos bien pincelados, con la creación de  ilusiones vacuas; como, de los ofrecimientos burdos y las promesas aéreas, que ni ellos mismos las pueden creer.

Es obvio, que tanto los religiosos como los políticos, por lo común  alcanzan sus objetivos presupuestados; puesto que, dentro de las masas pueblerinas siempre los ignaros resultan ser más. Y esos, son los convertibles en sujetos de fácil “narigoneo”, por ambos sectores, incluidos sacerdotes, pastores, etc., para que se inclinen por ser adeptos espirituales, por un lado – sólo sociales -, o partidarios, por el otro, con  los beneficios que habrán de aportar a los grupos, claro está.

En el contexto de  los políticos propiamente,  para que además vayan a sufragar en  favor de los negociantes e inversionistas de esa disciplina, a quienes sólo les preocupa  los pingues beneficios personales que puedan alcanzar, como la recuperación de los pocos recursos que invierten en la actividad. Es bien sabido que,  consiguen mucho patrocinio económico, que luego hay que compensar o reciprocar.

En relación con estos últimos, es por ello que, para conservar y poder ampliar el gran segmento de ignaros presentes, nunca hay recursos estatales suficientes para la educación de los ciudadanos. Y eso provoca que,  también se verifique el sentido de aquella máxima popular sociológica que reza: “Los pueblos tienen siempre los gobiernos que se merecen”. Claro, por su incapacidad e inconsciencia en todos los sentidos, para elegir.

¡Concienciarse entonces, a todos los niveles, debe ser la clave generalizada!

Rolando Fernández

Hay malos hechos que pueden obrar para bien

Para nadie es un secreto en este país, la incertidumbre que vive una gran parte de la sociedad dominicana, producto de las actividades delincuenciales que se han venido verificando durante los últimos tiempos, patrocinadas en gran parte por  muchachos menores de edad, y adolescentes desaprensivos, inducidos a la vez por el consumo de sustancias alucinógenas, en determinados casos.

Ya aquí en este país, nada ni nadie está seguro.  Son muchos los riesgos que se corren a cualquier hora de la noche, o del día, inherentes a la existencia física misma de las personas, en algunos casos, como a todos los bienes materiales, incluyendo los inmobiliarios,  de transporte, prendas, teléfonos celulares, y demás.

Por ejemplo, dejar  estacionado un vehículo en cualquier lugar de la ciudad, sin que pueda ser vigilado por el dueño, o alguien a quien se le pague, constituye una osadía.  Cuando se le deja sin supervisión, o se lo roban, lo abren, y lo desmantelan; también, cargan con los espejos, faroles, centros de las gomas, etc.

Son actos delictivos en los que normalmente están envueltos menores de edad, viciosos que salen a realizar sus fechorías para costear sus adicciones, porque además saben dónde les van a comprar los efectos que sustraen. Y, los venden con facilidad, como de hecho  ocurre. ¡Lo robado se exhibe después, sin reparo alguno! Y, ¿las autoridades qué?

Todo cuanto aquí se observa en el orden delincuencial, tiene su base en la lenidad evidente con que proceden las autoridades judiciales de la República; como en la interpretación acomodaticia, o debida, de algunas de las estipulaciones contenidas en los códigos vigentes, Procesal Penal, y del Menor, que fueron normativas importadas y aprobadas para fines de aplicación en el país, con el padrinazgo de congresistas y juristas alienados nuestros, sin prever consecuencias, a partir de las características sociales internas  de la nación.

Son legislaciones, que se ha demostrado en el país no aplican, por lo que han sido objeto de múltiples críticas y sugerencias, en pos de su revisión inmediata, como de las modificaciones pertinentes, por connotados entendidos nuestros de las ciencias jurídicas,  y de la efectiva administración de justicia, sin que los organismos competentes para enmendar, hayan hecho caso alguno.

Todo lo contrario, determinados promotores de esas iniciativas y posterior aprobación, aún salen en defensa de lo que muchos versados en esos asuntos, entienden como “incongruencias jurídicas en aplicación”, a pesar de estarse viendo los funestos resultados derivados.

Recientemente, es posible que haya aparecido la mano de Dios, como dice un destacado abogado de la República, por la ocurrencia de una acción delictiva muy lamentable por cierto, en que la víctima resultó ser un juez de la Suprema Corte de Justicia (SCJ) dominicana, Julio Aníbal Suárez Dubernay, mientras se ejercitaba en el parque Mirador del Sur, conjuntamente con dos hermanos.

Aunque tanto él, como el presidente del superior organismo judicial, se han limitado sólo a reclamar una mayor cobertura de protección policial, como de seguridad por parte de otros organismos competentes en la zona, a raíz del hecho citado, es obvio que, los asuntos de prevención generalizada en todo el territorio nacional, tienen que ir mucho más lejos; es decir, hasta el contexto de las normativas legales señaladas precedentemente, en términos de revisión y adaptación modificativa, conforme con nuestra verdadera realidad social.

Los dominicanos, tenemos que dejarnos de estar copiando legislaciones que en el país no aplican, lo cual sólo se hace para complacer intereses extranjeros; o quién sabe por cuál otra razón adicional. Suerte que la práctica de los linchamientos, por la percepción de burla y desamparo que tiene la población, se ha puesto un poco en el olvido. ¡Esperemos que no vuelva!

Finalmente, no es que nadie se alegre de los sucedido al juez Suárez Dubernay; pero, sí muchos entienden que el hecho podría constituir un aguijón que induzca a una menor flexibilidad judicial, cuando de la violación de la leyes que nos rigen se trate; como, al conocimiento congresual y modificatorio de las referidas normativas – códigos Procesal Penal, y del Menor -, que han sido objeto de tantas  críticas, y puestas sobremanera en tela de juicio, por profesionales locales, que bastante saben de Derecho y de administración de justicia, sin que nada se haya logrado hasta el momento.

A ver qué puede ocurrir en torno a tan lacerante problemática social – la delincuencia -, luego de un acto tan lamentable y bochornoso, como el aludido. ¡Hay que esperar!

Rolando Fernández