Los que se arrepienten, ¡no pagan ahí sus deudas kármicas!

 

Contrario a esa aseveración, opinan muchos creyentes de nuevo cuño, que han venido procediendo de mala manera a través del tiempo, y de repente creen haber quedado liberados de todo cuánto hicieran, por el hecho de arrepentirse, y proclamarlo públicamente, amén de estar alojados entonces bajo la sombrilla del Señor, según es lo que expresan.

Dicen a partir de ahí, que se convirtieron, y que ahora nuevas criaturas son, libres de pecados; que viven con sus conciencias tranquilas, y que son salvos; que sus nortes en lo adelante serán la religión y las iglesias cristianas.

Conciben que, con ir a congregarse en el templo, aportar el famoso diezmo como se les exige, y colaborar económicamente a su alcance con las actividades del mismo, después de arrepentirse, todo su problema espiritual estará resuelto; ya no son inconversos. Que irán directos al Cielo, tan pronto el espíritu que encarnan   decida regresar a su verdadera casa, el mundo espiritual, tras verificarse el acto de la llamada muerte convencional.

Es lo que de ordinario se estila entre los hombres (general) a nivel terrenal. Entienden que, los dolores, el sufrir, los malos momentos proporcionados, como las ofensas a los demás, son borrados tan pronto como se arrepienten, jactándose de haber recibido al Señor, como exhibiendo siempre una Biblia debajo del brazo. “Qué lejos están de la realidad!

No tienen presente que, ¡la Madre Naturaleza jamás olvida nada!; que la Ley de Causa y Efecto no prescribe, en términos del cumplimiento debido; que su aplicación es inexorable; que se pasa factura en los momentos menos esperados.

El arrepentirse es un freno, un decidir no hacer, pero no libera de recibir las puniciones que se deriven de los males que se hayan sembrado, tanto en la corriente de vida actual, que se curse, como en alguna otra anterior (karma maduro).

Cuán equivocada está esa gente. Con sobrada razón se dice que, la ignorancia es mala consejera. Y que, “constituye el pecado capital de la humanidad”, según la filosofía budista.

Si todo fuera tan fácil de resolver para la especie humana, como piensan algunos “creyentes” que militan en las diferentes sectas religiosas, con relación a la evolución espiritual a cargo de la humanidad, qué bien sería el tránsito terreno de los hombres (general): hago de todo, y después me arrepiento, ante Dios y el mundo. ¡Quedo limpio de toda culpa, como de punición alguna!

Es obvio que, determinados consuetudinarios lectores de la Sagradas Escrituras, que por tal se dicen “pastores”, y que tienen cierto  nivel de persuasión, hacen provecho para beneficiarse en lo personal de las actitudes “ignorantiles” que ponen en evidencia aquellos que, producto de sus cuestionadas andanzas mundanales, entre otras cosas, y que se sienten desamparados divinamente hablando, recurren al arrepentimiento súbito, como una forma de procurar refugiarse en las religiones, y en los contenidos bíblicos; de dar algún sentido a su vida, y que se les vea como seres diferentes entonces.

No son pocos los que se hacen ricos, adquieren cuantiosos inmuebles, y muy bien viven, a costa siempre de los ignorantes, “religiosos”, que de ordinario manejan a voluntad. Las muestras están de sobra.

Y, no se olvide que, “en el país de los ciegos, el tuerto es rey”, como reza un viejo refrán popular. Por consiguiente, los escenarios propicios para agenciase beneficios a partir de las religiones convencionales poco escasean; con gran facilidad se consiguen.

 

Autor: Rolando Fernández

 

 

 

“La Semana Vacaron”. ¡Vacaciones, y ron “por pila”!

 

A lo que se ha llegado en el presente; cuántos irrespetos y desparpajos mundanales, que bien se pueden asociar con las señales, como los episodios a observarse durante los tiempos finales de la llamada “Era Cristiana”, en que se habrían de oír además, tambores de guerra por doquier; ver la ocurrencia de connotados fenómenos naturales; al igual que, la depravación y degeneración de un gran segmento de la especie humana. ¡Qué poco se repara en esas cosas!

Hoy, “el pecado capital de la humanidad: la ignorancia”, como bien lo señalara el Budhha Gautama, siglos atrás, se está poniendo más que en evidencia, y las consecuencias están a la vista.

La honra a lo divino se ha tirado por la borda, prevaleciendo cada vez más con mayor ahínco, lo mundanal absurdo; las actitudes humanas osadas, que solo pueden provenir de mentes enfermas, e ignorantes por completo.

Y, una de las mayores muestras, es la inobservancia a una conmemoración de hechos tan significativos para los hombres, en términos de la evolución espiritual que se debe llevar a cabo, escenificados en tiempos muy atrás, relativos a la expansión total de Conciencia Crística necesaria, condición sine qua non previa, para poder hacerse Uno con el Padre Supremo; regresar de nuevo a la Fuente de Origen.

Se trató aquel ministerio terrenal llevado a efecto, tan menospreciado evento espiritual hoy, de la ejemplificación del sendero espiritual consciente a recorrer por todos los hombres (general), a cargo del Amado Maestro Jesús, encarnando el Cristo: la “Magna Conciencia de Dios Mismo”, en expresión terrenal.

La verdad es que, con el libertinaje y la falta de respeto con que en la actualidad se procede durante la celebración de la otrora llamada Semana Santa, o Mayor, en la que se ha marginado por completo lo religioso-espiritual, lo que más procedería es un cambio de nombre para la época, en la primavera de cada año.

Bien se le podría denominar “Semana Vacaron”, por el ordinario uso que se le da comúnmente a la mayor parte del periodo, para ir de vacaciones, playeos descarados, de romerías y otros, como trepar montañas, que nada tienen con ver con la esencia de la celebración que nos ocupa.

Pero, ¡qué esperen respuestas los osados! Aquellos que no son capaces de honrar el fin de semana más especial durante todo el año, entre los tantos, independientemente de las creencias o no que se tengan.

Pero, además, están aquellos que promueven los actos desaprensivos en que se incurre para la temporada, y conexos; que inducen a las romerías, como los playeos de estilo, en procura siempre del comercio y las mercurialidades; que nada piensan en lo material, los cuartos, sin importarles las consecuencias dañinas individualizadas, ni las ofensas a las prescripciones de orden divino.

Procede recomendar a esos últimos, el pasaje bíblico referente a “Jesús Echa a los Mercaderes del Templo”, en pos de que reflexionen de forma sostenida, sobre el mensaje allí expuesto. (S. Marcos 11:15-18).

Finalmente, hay una pregunta relativa al tema que siempre asalta las mentes pensantes de algunas personas entre nosotros, y es: ¿debe el Centro de Operaciones de Emergencias (COE), estar invirtiendo grandes sumas de dinero para proteger a osados vacaciones y bebedores sin control, que nada más salen a divertirse en Semana Santa, como a correr riesgos innecesarios, burlando toda una tradición cristiana, con esencia puramente religiosa-espiritual?

Se entiende que, lo que más se persigue con tal disposición estatal, es dar un espaldarazo a comerciantes y empresarios turísticos, hoteleros, a los fines de procurarse mayores consumos por parte de la población durante el feriado de que se trata.

Que la protección anunciada, induce a muchos vacacionistas irreligiosos, que se sienten respaldados, a tomar carreteras de manera temeraria; y que, los dineros que en eso se invierten, bien pueden ser dirigidos a cubrir otras necesidades perentorias para la población.

Que, aunque parezca inhumano, eso se debe revisar, detrás de ir ponderando su posible desaparición, aun sea parcial en principio. A la gente comedida y respetuosa, no hay que estar cuidándole. ¡Ella misma lo hace!

 

 

 

Autor: Rolando Fernández

 

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Mejor es no aceptar la distinción. ¡Hace daño!

“Lo que hagas con la mano derecha, no debe saberlo nunca la izquierda”. ¡Habló el amado Maestro Jesús, en una de sus enseñanzas certeras! Dejó bien claro el mensaje: hacer las obras en favor de los congéneres, o no, especies distintas, sin dar pie a que el ego humano se envalentone; que sea por amor incondicional que se lleven a cabo las cosas, que es Dios Mismo en expresión terrenal, representándole cada hombre como uno de sus Atributos.

 

Es obvio que, lo que más infla el ego humano son los reconocimientos, como producto de los aportes, ayudas, u obras cualesquiera que se realicen. Muy difícil que así no se produzca. Nada más lo evita la concienciación espiritual divina, a muy alto nivel. ¿Y, cuántos la tienen?

 

De ordinario se puede ver en este país, que determinados gestos altruistas por parte de algunos ciudadanos, muy loables por cierto, son correspondidos otorgándole su nombre a cualquier institución, o edificación destinada para albergar actividades de carácter social; un aula escolar puede ser; como también, una unidad médica de algún centro asistencial, etc.

 

Y eso nada más significa una cosa: publicitar el apelativo personal del altruista colaborador. Eso implica que, la mano derecha sabrá lo que hizo la izquierda, contraviniendo así el mandamiento cristiano del amado Maestro Jesús.

 

“Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas, y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Más cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu mano derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”. (S. Mateo 6, vers. 2-4).

 

¡No admitir cualquier distinción, aun sea merecida, es lo mejor! Se acalla el ego con eso. En el interior se está siempre satisfecho con la acción de servir a los demás, de hacerlo al Dios Mismo, inmanente también en nuestros hermanos.

 

Recientemente se pudo leer en la prensa local, una reseña sobre la designación de una Unidad de Cardiológica Pediátrica del Centro Cardiovascular (Cedimat) en el país, con el nombre de un ciudadano colaborador, soporte económico en parte, lo cual hace observar que tal persona no sabe nada en absoluto sobre la disciplina asistencial médico-profesional que allí se habrá de desarrollar. La misma ha ayudado en el orden financiero para la realización de cirugías y tratamientos asociados con la afección,  nada más.

 

Creemos que por tanto, se debió elegir para dicho propósito el nombre de alguien destacado en la actividad de que se trata, que muchos los hay en el país.  Hubiese sido un espaldarazo de respaldo a lo abnegado, y ético moral, dentro de esa rama específica de la medicina, lo que no se habrá de reportar exclusivamente por lo económico donado.

 

En correspondencia con lo expresado,  ni siquiera las mismas llamadas Fundaciones, con reales propósitos de asistencia social, deberían llevar el nombre de persona alguna. Lo que más procedería es buscarle una denominación alusiva a los objetivos específicos que tengan, para  no publicitar a los ideólogos formadores; y que además,  les sustentan financieramente en su quehacer.

 

La verdad es que, la actitud que se estila en ese tenor, choca mucho en el contexto del Cristianismo que tantos ciudadanos seudo profesan en este país. Colaboran, tienden la mano, pero admiten reconocimientos públicos, o procuran dejarlo saber, no solamente a la mano izquierda, sino a todo el mundo. ¿Y entonces?

 

Incluso, en el acto tomado como referente para emitir esta humilde opinión, participó de manera muy complaciente, seguro, el cardenal representante de la Iglesia Católica en el país, que se supone bastante conocedor en ese sentido.

 

Llama poderosamente la atención, ¿verdad? Parece que se le olvidó al prelado la prescripción bíblica.

 

 

Autor: Rolando Fernández

 

¡“Qué morir tenemos, ya lo sabemos”!

Esas significativas cortas frases, fueron plantadas en nuestra mente por un hombre bastante mayor ya, siendo nosotros apenas un niño, debido al deseo ferviente que mostró aquel señor al pronunciarlas, partiendo de su gran sentido, para instruirnos con respecto a nuestro accionar futuro; que fuera siempre apegado a la honra de toda obediencia decretada en cuanto a las tradiciones religiosas, como esa, por ejemplo, que corresponde a la Semana Mayor, al margen de que se pudiera estar o no de acuerdo con ella.

Y, diciéndonos en adición, el que no tú creas, no significa que las celebraciones en ese orden no tengan méritos; que los hechos alusivos dejen de ser verdaderos, y que sirvan como marco instructivo para los procederes correctos.

Pero además nos dijo, procura siempre que la humildad, el amor incondicional al prójimo, y la disposición al servicio en favor de los demás, permanezcan siempre a tu lado como fieles compañeros, como muestra de adhesión a los contenidos de esas expresiones, guías para la humanidad.

Según él nos explicara, se utilizaban aquellos decires entre personas de avanzada edad en San Pedro de Macorís, Dominicana, para saludarse en los encuentros durante todo el día de Viernes Santo, como una forma de respeto a la ocasión, y como pensar relativo directo a la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, el magno instructor para la Era Cristiana.

¡“Qué morir tenemos”!, decía el primer interlocutor, mientras que el segundo respondía, ¡“ya lo sabemos”! Ambas se pronunciaban con real énfasis sentido, según él nos expresara. Jamás hemos podido borrar de nuestra mente esa dos frases, tan significativas y verídicas, asimilables en el contexto de cualquier religión a la cual se pertenezca. Pero sobre todo, por las explicaciones u orientaciones con que fueron complementadas, que de mucho nos han servido a posteriori.

Todo hombre (general) sabe que tiene que morir, como se dice convencionalmente, al tiempo que desconoce el día, y momento precisos, en que se producirá el deceso; por lo que, el concienciarse sobre la naturaleza de ese acto, y prepararse  mentalmente en cuanto a su aceptación, como adoptar los procederes conformes, sería lo más aconsejable, o pertinente.

Es una concepción ésa, que obviamente resulta muy chocante, cuando uno se percata de determinados comportamientos personalizados que se verifican, en términos egotistas, avariciosos, antihumanos, etc., que evidencian muy bajo nivel de conciencia en determinados hombres.

Se dan por lo regular en personas que miran a sus congéneres por encima de los hombros; que mientras más tienen, más quieren; faltas de humildad en todos los sentidos; y mucho menos, prestas a servir un tanto siquiera a sus semejantes. Que se creen inmortales; que nunca les va tocar partir del planeta Tierra. ¡Cuán equivocados viven y  accionan!

A veces, les toca terminar con el curso terreno de aprendizaje a que asisten, de forma súbita, cuando no es que, se les detecta alguna enfermedad terminal, como condicionante para fallecer físicamente, y entonces se derrumban de inmediato.  ¡El mundo se les viene encima!

No tienen tiempo ni siquiera  para recoger nada, de todo aquello por lo que tanto se afanaron durante su subsistencia física, y a lo  mejor hasta maltrataron a otros. Se ven obligados a regresar de nuevo a su verdadera casa con las manos vacías por completo – nadie se lleva nada -, pues olvidaron que realmente se es una entidad espiritual encarnada en busca de  experiencias humanas, y que la verdadera morada nuestra está fuera del Universo manifiesto.

¡Cuánta falta hace la concienciación, respecto de saber quiénes realmente somos!  Solo hay que mirar ese tipo de gente envalentonada, y dejarla que continúe su camino; pues, tampoco aceptan que nada se le diga. Y, de seguro, el observador interno siempre estará preguntándose: ¿qué es lo que ésta, o éste se cree?

La mejor decisión sería, amén de actuar en función de nuestra verdadera esencia – espiritual -, ¡vivir hoy, pensando que nos vamos mañana de este plano de la materia física!  Y que, todo lo religioso con sentido traslativo hacia lo esotérico profundo, como es el caso de llamada “Semana Santa”, debe ser respetado, independientemente de la creencia o fe que se tenga.

No se deben asumir actitudes burlonas, de francachelas, romerías, y actos desaprensivos reñidos con los cánones morales definidos para observación por parte de las sociedades en general, durante ese período específico.

El año tiene varios fines de semana largos, que bien pueden ser aprovechados para los disfrutes mundanos de estilo. Entonces, ¿por qué no guardar uno, con sentido de orden religioso-espiritual? ¿Se pierde algo con eso?

En consecuencia, ¡procede la reflexión sosegada antes de actuar durante la época!

Rolando Fernández

Euri, ¡Dios nunca será infiel Consigo Mismo!

Nosotros no somos infieles, como tampoco “desvalorizados”. Esas son condiciones que en realidad las ostentan y ponen en evidencia los egos inferiores humanos, y que son advertidas por sus iguales – son ellos quienes reparan entre sí con relación a las mismas -, los falsos seres que nos creemos ser todos; aquellos que nos viven engañando, constituidos por los pensamientos, las inducciones familiares y sociales, como los condicionamientos de toda índole que se reciben, y son  albergados por los hombres, en  el contexto estrecho de sus mentes.

“La esencia de toda actividad mental consta de ciertos pensamientos, emociones y patrones reactivos y persistentes con los cuales nos identificamos más fuertemente. Esa entidad es el ego”. Eckhart Tolle, obra: “UNA NUEVA TIERRA”.

El verdadero hombre que encarnamos todos -Ego Superior- jamás será infiel Consigo Mismo; y, posee todos los valores necesarios, de acuerdo con su Naturaleza propia, que es en verdad la misma nuestra; pero que, la desconocemos los humanos por la falta de concienciación, en el orden de la verdadera esencia de la especie de que se trata (“Gnothi Seauton – Conócete a mi mismo”), que nada más logramos expandir al adentrarnos más allá del marco bíblico fundamentalista, aunque sí debemos tomar siempre el mismo como referente básico, ya que es la mejor guía inicial.

Cuando el ser terrícola de la especie logra cómo alcanzar la forma de ir acallando paulatinamente el ego inferior, interviniente siempre en todo, haciendo honor a su real esencia – espiritual -, y comienza a  identificarse con el Yo Soy presente a lo interno del mismo, todas esas energías y emociones negativas, incluida obviamente la infidelidad, que interfieren con los propósitos dispuestos divinamente hablando (prediseño) para cada corriente de vida en curso, tienden a desaparecer como por arte magia.

Y es que, los seres humanos somos en realidad Atributos divinos en expresión terrenal; Dios Mismo Ideado, para expresarse a nivel de la materia densa. Para entender un poco esa aseveración, haciendo alusión a la misma Sagrada Biblia, solo tenemos que analizar e interpretar esotéricamente los tres primeros versículos del libro de San Juan, capitulo 1.

Claro, importante a considerar es que, el nivel de evolución espiritual adecuado que se tenga, es el que hace mayormente posible un  entendimiento suficiente  con relación a lo que allí se expone. Estaría algo vedada la quintaesencia – ahí está la clave de la creación del Universo, que obviamente incluye a la especie humana – que subyace en dicho texto para aquellos que solamente apelen a los convencionalismos religiosos tradicionales; que no se inclinen por hollar caminos más allá de las Sagradas Escrituras exotéricas, contrario a lo más procedente que se considera para lograr realizar a Dios, ¡que sí es lo que todos debemos procurar! No es cuestión de religiosidad alguna, sino asunto de espiritualidad absoluta.

También debemos hacer lo mismo, reflexionar a profundidad, siempre en el contexto bíblico, a la mano de cualquiera que se interese, sobre el trascendente contenido de inducción accionaria juiciosa hacia los hombres que contiene el versículo 10:23, de Jeremías: “Conozco, oh Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos”.

En cuanto a la infidelidad se refiere propiamente, a partir de las mismas citas bíblicas incluidas en la publicación de referencia: “La Fidelidad de Dios”, medio digital “Nuevo Diario”, del 7-3-15,  2da de Timoteo capítulo 2, versículo 13,  y Deuteronomio, capítulo 7 versículo 9, se puede inferir que en realidad tal condición no existe, respecto de lo que somos en verdad nosotros mismos: representantes de la Divinidad Suprema sobre el planeta Tierra; todos partes de la Conciencia e Inteligencia Una; Dios Mismo en expresión terrenal.

Por eso dice claramente en uno de los versículos citados, “Si fuéremos infieles, Él permanece fiel: Dios no se puede negar a sí mismo”.

Y claro, si somos Dios Mismo sobre este plano de la materia física densa, expresándose, manifestándose siempre conforme a  su Alta Voluntad, aunque nos creamos que somos nosotros los que al final decidimos y hacemos – nada ocurre jamás sin que Esa medie -, ¿cómo  puede haber infidelidad real a nivel de los hombres (general)?

Por tanto, eso de la deslealtad, falsedad, ingratitud, vileza humana, todos sinónimos, se puede calificar como un sofisma egotista y nada más. Es cuestión del ego inferior. ¡Dios nunca será infiel Consigo Mismo!, por lo que estaría de más entendemos, hablar de su Fidelidad.

Nosotros somos, valga la reiteración, Sus Atributos Representantes terrenalmente hablando. Él es el director  exclusivo de la orquesta, y los hombres todos, los músicos componentes que deben ejecutar.

¡Se debe estar bien claro en eso!, como papel ineludible  de la especie humana, hasta tanto se produzca el retorno definitivo del verdadero Hombre encarnado a su Fuente originaria.

Rolando Fernández

Semana Mayor: no comer carne roja, ¿por qué?

Una de las frases que más se oye pronunciar en estos días de la Cuaresma religiosa, y la Semana Santa es: “hoy no se come carne”.

 

Si a muchas personas se les preguntara el porqué, es muy probable que un buen número de ellas contestaría: ¡Yo no sé! Lo hago en razón de que, siempre es lo que he estado oyendo desde que nací (convencionalismo). Otras, lo justificarían diciendo: es lo que manda la Santa Madre Iglesia Católica a la que pertenezco, y hay que obedecerla.

 

Con sobrada razón se decía en los tiempos del Budhha Gautama, y dentro del marco de su filosofía, como de las enseñanzas inherentes: “la ignorancia es el pecado capital de humanidad, y la causa fundamental que subyace en todos sus males”.

 

De sobra es bien sabido que, el grueso de la humanidad se inclina siempre por adherirse a los convencionalismos que rigen, como a los condicionamientos mentales inducidos, sin jamás preocuparse por saber el porqué de las cosas. El asunto es el cumplimiento social requerido.

 

Pensando racionalmente, máxime cuando se ha tenido la oportunidad de hurgar en determinados asuntos esotéricos, cualquiera se preguntaría: ¿y qué tiene que ver en realidad el no comer carne roja, y solo de pescado, durante la Cuaresma y la Semana Santa?, que son tiempos en los cuales son celebrados “los momentos más importantes de la vida de Jesús: su Pasión – los sufrimientos que pasó por nosotros -, su Muerte y Resurrección”.

 

Siempre tratando de saber razones, para mantener con firmeza nuestro criterio en ese orden, y no dejarnos arrastrar por los procederes mundanos sin sustentación, como las insinuaciones de estilo, nos encontramos en la red de la Internet con lo siguiente:

 

“Verdad es que en la época del nacimiento del cristianismo, específicamente en la época de pascua, las familias judías se abstenían de comer carne como ofrenda a una vida más acercada a la humildad y al compromiso con el prójimo. En aquellos días, el valor de la carne de animales de tierra tales como la vaca y el cordero era más costoso que el pescado, por esa razón las familias judías optaban por comer pescados y dejar la carne de vaca y cordero para ofrendarlo a los pobres como muestra de solidaridad. Esto enmarca la práctica en un evento más de economía que de religiosidad”.

Cuanta tela por donde cortar a partir de lo allí expresado, en términos comparativos con los tiempos actuales. Las diferencias distan del Cielo a la Tierra, como se dice.

-Humildad y compromiso con el prójimo: Esas son dos concepciones virtuosas que hace muchos siglos han sido puestas en el olvido por los hombres (general).

-Aspecto económico, costos: La carne blanca de pescado, desde hace mucho tiempo tiene precios muy superiores a la de vaca y cordero. Incluso, si es tomado en consideración el factor especulativo a que se recurre durante las épocas, por parte de los comerciantes inescrupulosos que siempre están en lo de ellos, ¡aprovechar circunstancias!

Por tanto, podemos ver que la razón en el presente para optar por no comer carne roja, y solo de pescado, preferiblemente, “es el costumbrismo aéreo”, derivado de creencias religiosas que se han venido transmitiendo de padres a hijos, por desconocimiento o erradas interpretaciones de la Sagradas Escrituras.

En la misma Biblia no aparece de manera expresa, y precisa, tal prohibición, a pesar de lo expuesto en Levítico 11, en que aparece una guía de los animales que se pueden comer, pero no refiriéndose a época alguna.

De igual forma, es posible que se encuentren en otros libros del Antiguo Testamento asuntos relacionados con la ingesta de los alimentos carnívoros que debe seguir la especie humana.

Ahora bien, comparándose lo señalado con algunas prescripciones relativas plasmadas en el Nuevo Testamento, todo luce indicar que gran parte de aquellas quedaron sin  efecto al inicio de la Era Cristiana, y que el mismo maestro Jesús se encargó de instruir de nuevo en tal sentido, como bien se puede leer en: Mateo 15: 11, 17-18, y 1 Corintios 10:25-27.

El Mesías hacía hincapié en que, “dañino es lo que sale de la boca, que tiene su origen en el corazón, y contamina al hombre; mientras que,  lo que entra al organismo va al vientre, y luego es echado en la letrina”.

Pero además, y siguiendo con la práctica de no comer carne roja durante la Cuaresma, y los días jueves y viernes de la Semana Mayor, si es que alguien se decide por tratar de emular al suscrito, en el sentido de seguir investigando, de seguro se va a encontrar con que,. “No hay evidencias de que en esos tiempos la Iglesia Católica prohibiera el consumo de carne en Semana Santa”.

Eso, refriéndose a  la antigüedad. Aunque, si es bien sabido que, tanto el cristianismo como el catolicismo adoptaron como de ellos algunas costumbres procedentes de la religión judía, entre las que podría estar esa sobre la que hemos venido tratando.

Analizando ya ese asunto, en el marco de lo enteramente racional,  cualquiera se preguntaría, ¿cómo podría considerarse un pecado  el comer carne dentro de las épocas señaladas (Cuaresma y Semana Mayor), para una persona que por razones diversas, económicas básicamente, no haya podido hacerlo durante todo el año precedente, y que precisamente para esos tiempos ¡la pueda conseguir y degustarla!?. No creemos que por eso nada se tenga que purgar, o ir al infierno, como convencionalmente es lo que se dice.

¡Reflexiónese sobre eso!, y no desprecien su carnita, cuando es el mismo Padre Supremo quien la provee.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

Rolando Fernández

 

 

¡Qué linda es la humildad!

Cuantos ignorantes inconscientes hay en nuestro país, como en muchas otras latitudes, obviamente. Ahora, en ese sentido, tenemos nosotros la República de los “todólogos”. Aquí la gran mayoría de los interlocutores parlantes, haciendo honor a esa actitud equivocada, como hacedores de opinión pública a nivel de los medios de expresión, cual que sea, saben de todo – economía, sociología, historia, política -; y en fin, sobre cualquier rama.

 

Exponen, y hacen juicios, incluso de valor, sobre cualquier temática, sin importar los yerros en que se pueda incurrir.  No obstante, cuando el verbo es bueno, y se vive en un medio de una sociedad donde la mediocridad se considera “ciencia”, cualquier disparatoso se pega, y  logra una cabal aceptación.

 

Sólo hay que sentarse frente a un televisor en este país, escuchar ciertos programas de radio, o leer algunos trabajos que se publican en la prensa escrita, para reparar en las tantas sandeces que se hablan y se plasman a través de dichos medios, por gente que denota un desconocimiento casi total de los temas que abordan.

 

No obstante, se creen saber, ser la gran cosa, como se dice en buen dominicano, porque consiguen patrocinios económicos para pagar los espacios que utilizan; cuando no, padrinazgos de  cualquier tipo para costear lo requerido. Tienen la misión por lo regular de   confundir, o continuar alienando a los tarados que les escuchan, o  leen lo que escriben.

 

Normalmente, les sirven como cajas de resonancia a los poderes políticos y económicos que rigen, incluyendo a los sectores que requieren del mercadeo manipulador comercial. Claro, también  median las pagas monetarias directas, a manera de salarios fijos. Y, los propósitos claros, están dirigidos a coadyuvar así con el mantenimiento del sistema que se estila, de manera que permita el poder seguir con las demagogias y las actitudes embaucadoras que le caracterizan.

 

Ahora, donde la puerca retuerce el rabo entre nosotros con relación a la ignorancia inconsciente, y  es la parte en que mayor hincapié queremos hacer, es en el ámbito religioso convencional, en cuyo marco vive un gran segmento de la sociedad dominicana, creyéndose todavía en algunos curas y pastores; dejando de la lado las personas su capacidad intrínseca individual innegable, para entrar en contacto directo con la divina Fuente Superior, de la cual todos provenimos.

 

Y eso es debido a que, respecto a los incluidos dentro de la clase anterior expuesta, es obvio existen razones de índoles diversas para justificar muchos procederes de esa clase, que incluyen, la mediocridad egotista individualizada, los apasionamientos, la defensa de intereses grupales económicos y políticos, mediando de ordinario en eso último lo “mercurial”, como la búsqueda de prebendas de todo tipo, etc., etc.

 

Retomando lo expresado en el párrafo anterior al último, dice la doctora Caroline Myss, en su obra “La Anatomía del Espíritu”. “La religión es ante todo una experiencia de grupo cuya  principal finalidad consiste en proteger al grupo, en especial de las amenazas físicas: enfermedad,  pobreza, muerte, crisis sociales e incluso la guerra. La espiritualidad por su parte, es una experiencia individual orientada a liberarnos de los miedos del mundo físico y buscar una relación con lo Divino.”

 

Agrega más adelante, “Ningún gurú, pastor religioso ni sacerdote puede administrar la energía de los devotos durante mucho tiempo sin provocar alguna forma de escándalo. No estamos hechos para ser devotos de un ser humano; debemos dirigir la devoción hacia arriba para que nos lleve con ella”. A eso se hace caso omiso, agregaríamos nosotros.

 

Evidentemente, la mayoría de esos tantos sabedores aéreos que aquí tenemos, sin importar la temática que se trate, conforman un gran conjunto de ignorantes inconscientes, que son aquellos ¡que se creen saber, y nada, o poco saben! Que además, defienden con uñas y dientes sus concepciones erradas, y hasta se enfadan cuando aparece alguien que le trate de ampliar los pocos conocimientos que tienen, o simplemente,  de aclararle algunos aspectos relativos.

 

De inmediato reaccionan, tal fanático cualquiera, que sólo alcanza a ver hasta la punta de sus narices; que no entiende ni razona; que nada más acepta y defiende lo que él cree, actuando como un caballo con tapa ojos, que sólo sigue el camino que se le haya trazado, sin mirar hacia otras partes.

 

¡Tan linda que es la humildad!; sin importar el ámbito dentro del cual se ostente; el reconocer que se puede estar confundido, o  equivocado en realidad; que la verdad absoluta no la tiene nadie; que cada cual sólo dispone de fragmentos que se deben ir acopiando, para poder lograr aprehender una amplia porción de la misma. Que mientras más se sabe, más se necesita saber, máxime cuando se trata de asuntos espirituales esotéricos, con aspectos que resultan casi inescrutables por completo en el contexto de la mente humana.

 

Siempre hemos considerado que el conocimiento en ese ámbito último es infinito; que es imposible de alcanzarlo en su totalidad. De ahí que, las tozudeces extremas, la poca receptividad con respecto a las opiniones ajenas, complementarias o sugerentes, siempre retratan a muchos interlocutores oyentes como personas ignorantes inconscientes. Sólo creen saber ellas, reiteramos. Pero, de ahí a la realidad hay un gran trecho.

 

Decía Sócrates de Atenas, el gran filósofos de la Grecia Antigua, “Yo sólo sé que no sé nada”, en evidente gesto de humildad, y reconocimiento de que no lo sabía todo. Y en verdad, siempre debe ser así, pues aunque demasiado se conozca, invariablemente hay muchas cosas que faltan por aprender. Además, dicho por alguien de su categoría y condición humana debe llamar a un despertar de conciencia en tal sentido.

 

Se cataloga  a todo aquel que lo haya logrado, como el “ignorante consciente, el que se considera no sabedor de todas las cosas, a pesar del cúmulo de informaciones y vivencias propias en su haber; que el acopio se reconozca de orden superior con relación a los demás, y piense de tal manera.

 

Luego, cuando se oye a ciertos especímenes humanos defendiendo concepciones poco fundamentadas, por el hecho de sólo haber investigado superficialmente sobre lo que se trate; o, por ser criterios inculcados a conveniencias, procedentes de mentores con edificación cuestionada, que nada más se valen de los convencionalismos acostumbrados para retransmitir conocimientos, se produce tremendo contraste.

 

Y claro, solamente motiva el ignorar por supuesto, y desearles suerte a los de poco pensar; a esos que se adhieren por completo a determinadas prédicas cuasi vacías, que abrigan en su interior, sin reparo alguno.

 

Son actitudes que resultan más que  extrañas ya, a la luz de tantas instrucciones valerosas a la mano que se tienen hoy. Incluso, con demostraciones a la vista, con ejemplo, como ese caso que a continuación se transcribe, y que por necesidad debe mover a inquietud a mucha gente, por crédulo o fanático  que se reporte.

 

“PEKIN. Una niña de nueve años ya está en la universidad y tiene un coeficiente más alto que el de todos los profesores. La niña estudia ingeniería y tiene las calificaciones más altas y hasta corrige a profesores”. ¿Será eso por accidente,  o causalidad? Véase: “La más inteligente”, periódico “Diario Libre”, edición de fecha 28-2-14, página 46).

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

 

Autor: Rolando Fernández

 

Me gusta equivocarme; agradezco cuando los demás se molestan en corregirme.

Así, el ego no me engaña, haciéndome creer siempre perfecto. (R.F,)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fe y enriquecimiento son incompatibles.

Tener Fe significa estar convencido, sentir la seguridad y la confianza total en que, cuanto se desea se ha de obtener.  En el caso de la religiosidad convencional, y la misma espiritualidad incluso,  lo sería la gracia, o el favor del Dios Supremo Creador.

 

Luego, la única riqueza que para el Dios que se proclama y se alaba en ese contexto, es la del Amor Divino, ¡bien asimilado y manifestado!, que incluye el servicio incondicional a todos los hermanos congéneres, como a aquellos también pertenecientes a las especies inferiores.

 

En tal virtud, la esencia espiritual de los hombres, como Atributos divinos que son, es totalmente incompatible con todo cuanto huela a riqueza y suntuosidad, ostentación egotista, y demás condiciones mundanales. “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos.  Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camelo por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios”. (S. Mateo 19-23-24, Sagrada Biblia).

 

En consecuencia, “Fe y enriquecimiento”, como intitulara su columna Samuel Santana, agudo siempre,  de fecha 20-4-13, periódico “HOY”, se reportarían como el agua y el aceite, en el ámbito religioso cristiano.

 

Como muy bien él señala, el que los predicadores del evangelio se hagan se hagan de dinero, jamás puede ser ético, y mucho menos correcto, en el  contexto bíblico. Eso es más bien una aberración imperdonable, un oportunismo incalificable, agregaríamos nosotros.

 

Evidentemente, los señalamientos que él hace, son de las cosas que más se ven, no solamente en la República Dominicana, sino en muchísimas partes del mundo, “hay ministros de Dios que viven en mansiones de lujos, que tienen vehículos de buenas marcas, que visten ropas muy finas y que tienen inversiones por muchos millones de pesos”. ¡Esa es una gran verdad!

 

Claro, los aprovechamientos que hacen los seudos evangelistas y orientadores espirituales durante  sus actividades de pastoreos, al frente de las diferentes iglesias y templos sectarios religiosos establecidos, se originan  en la falta de conciencia espiritual de los feligreses; en la ignorancia fehaciente con respecto a los asuntos enteramente divinos; y, en el no saber distinguir entre lo que es religión y espiritualidad.

 

Valdría la pena transcribir aquí lo señalado por la doctora Caroline Myss, en su obra “Anatomía del Espíritu”, en relación con ese último desconocimiento: “La religión es ante todo una experiencia de grupo cuya principal finalidad consiste en proteger al grupo, en especial de las amenazas físicas: enfermedad, pobreza, muerte, crisis sociales e incluso la guerra.  La espiritualidad, por su parte, es una experiencia individual orientada a liberarnos de los miedos del mundo físico y buscar una relación con lo Divino”.  ¡Existe una diferencia bastante marcada entre las dos cosas!, ¿verdad?

 

Hay una situación muy a la vista, que les ha servido de caldo de cultivo a muchos seudos pastores, o pastoras, vive bien ambos, y es que, un sinnúmero de gente adinerada normalmente, con poca instrucción, y capacidad pensante, que han observado comportamientos impropios y deleznables, ahora suelen engancharse a religiosos sociales de nuevo cuño (arrepentidos), aportando a las iglesias parte de lo que mal o bien ganan, creyéndose que, después de hacer todo cuánto hecho, con el simple arrepentimiento tienen asegurada su entrada al Cielo.  ¡Si fuera tan fácil el asunto!

 

Hay que imaginarse, con ese diezmo religioso antiguo, aplicado y exigido a lo moderno, ¡qué tremenda fuente de ingresos!, tienen los templos, y los evangelistas dirigentes, con tantos ingenuos creyentes, vacíos espiritualmente hablando, a su merced.

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

Benedicto XVI dejará pronto el trono, como Sucesor de San Pedro

Sí, a partir del 28 de febrero del presente año, la poltrona correspondiente al más alto cargo eclesiástico dentro de la Iglesia Católica quedará sin  ocupante, hasta que se produzca la elección de un nuevo Papa, por parte del cónclave de cardenales a ser convocado para tales propósitos, días después de la fecha señalada, en que será efectiva la abdicación de Benedicto XVI (Joseph Ratzinger), sucesor de Juan Pablo II, desde el l9 de abril  del año 2005.

 

Evidentemente, tal decisión ha sido la gran sorpresa para el mundo, entre adeptos o no a su filosofía, debido a que,  es algo que no ocurría desde alrededor de  600 años, o más,  de la historia del catolicismo, según las informaciones que se publican sobre tan connotado e inusual acto de desprendimiento, lo cual pone en evidencia que,  es mucho más fácil ver llover en cuaresma todos los años, que la dimisión de un Papa, después que alguien dentro de la jerarquía de esa gran entidad religiosa, ha logrado alcanzar la más alta posición de mando dentro de la misma; ser el supremo jefe de esa a nivel mundial.

 

Es por ello que, tal decisión  a tantas personas ha movido a inquietud y suspicacias, independiente de todo cuánto se pueda decir al respecto, en sentido de que, cuáles razones estarán en verdad detrás de la sorpresiva determinación papal: asuntos de salud en realidad, incapacidad física y mental, como falta de energías en términos generales para continuar con el ministerio, en vista de lo avanzado de su edad; o, incompetencia más bien, para poder hacer frente a determinadas situaciones muy impropias que se han venido verificando en el  seno de la institución por él dirigida, como consecuencia de muchas acciones irregulares encabezadas por algunos de sus gobernados, sacerdotes no  aptos, que se han encargado de manchar como nunca, la imagen pública de esa organización.

 

El papado de Benedicto XVI, no cabe duda ha estado bastante empañado por los grandes escándalos derivados de los acosos y abusos sexuales, protagonizados por  muchos curas en diferentes países, entre las otras crisis de alta connotación generadas, que el Sumo Pontífice ha tenido que venir sorteando, y procurando sanear al mismo tiempo la Iglesia, lo cual no ha resultado ser una tarea fácil.

 

Ya vimos por ejemplo, el fardo pesado de la gran traición que uno de sus colaboradores más cercanos le aportó últimamente, el propio mayordomo, quien fue declarado culpable por un tribunal del Vaticano, de sustraer documentos personales del pontífice para ser entregados a un periodista, en un hecho considerado como una debilidad peligrosa, en cuanto a la filtración de informaciones de carácter muy privado, pertenecientes a la Santa Sede, como a la seguridad misma papal, en estos tiempos modernos de tanta perversidad.

 

Evidentemente, ya la avanzada edad del Papa actual, no resulta ser la más apta para llevar a cabo una labor de tanta envergadura, con toda la dedicación necesaria, y las responsabilidades a asumir que implica el cargo. Pero, según se puede inferir – leer entre líneas -, de algo que se expresa en el mensaje emitido por el mismo, en que anuncia su decisión de dimitir, amén de esa incapacidad física y mental que se alude como justificante, es muy probable que también hayan incidido en esa decisión otras cosas no reveladas de manera directa, incluso que, como emotivas que lucen, revelan ciertos ribetes depresivos. Véase, y léase con detenimiento:

“Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando”.

“Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de San Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi  incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado”. (Periódico “Listín Diario”, del 12-2-13, página 2ª).

Ese vigor físico-espiritual a que se hace referencia, es obvio que se traduce como incapacidad para enfrentar y decidir; ¿sobre qué?, ¡él sabrá mejor que nadie! Eran épocas diferentes aquellas en que los longevos papas podían estar dirigiendo la Iglesia hasta el final de sus días sobre el plano físico terrenal, sin que algunos factores tantos internos, como externos, gravitaran sobremanera en su salud.

Las actuaciones impropias dentro de ésa, eran muy distintas en el pasado. No hay duda  de que,  cosas malas siempre las ha habido allí, pero con menores grados dañosos de connotación que en el presente. Tampoco existían las fuertes presiones de índoles tan diversas para que se tratara de resolver, como las hay ahora.

Por lo que en lo actual se estila, la osadía se impone en favor de la entidad; y, en ocasiones, hasta habría que actuar un poco al margen de los lineamientos enteramente espirituales para procurar subsanar situaciones; que se rompa con ciertos actos indebidos, a los fines de no sólo corregir, sino también de  ir limpiando la tan afectada imagen que tiene la Iglesia Católica en estos tiempos modernos.

Claro, como reza una máxima muy significativa, tanto en el ámbito espiritual, como físico-material, “todo obra para bien”.  Muy loable se reporta entonces esa decisión papal en estos momentos, ya que en verdad, por su edad tan avanzada, los retos a enfrentar se tornan demasiado fuertes para él, amén de que estaría permitiendo las posibilidades de que alguien más apto, por sus condiciones corporales, mentales y emocionales para la posición en estos precisos momentos,  pueda a comenzar a hacer y disponer, a los fines de que las cosas comiencen a cambiar.

Además, es de justicia reconocer, en las personas que comprenden sobre sus debilidades en determinados momentos de sus corrientes de vida, la actitud de optar por retirarse a tiempo de sus labores, o quehaceres atribuidos, como él ha procedido. Toda separación, cuando las circunstancias así lo requieran, resulta ser un acto siempre digno de aprecio, y emulación por parte de los congéneres, sin importar la actividad en la cual se participe.

Otro aspecto bien favorable que se desprendería de esa renuncia papal en estos oportunos momentos es que, el mismo organismo que tiene a su cargo la elección de su sucesor, repare para tales fines, en la edad cronológica apropiada en que un ministerio de tanta delicadeza se debe comenzar a ejercer, previendo la eventual terminación abrupta del mismo, por la incapacidad, que con el tiempo pueda tender  a devenir más rápidamente.

Abril del 2005 – febrero 2013,  un pontificado casi de ocho años solamente, el de Benedicto XVI, que a la fecha tiene 85 años de edad, según se dice, por lo que se deduce el tiempo cronológico – edad entonces -, de su existencia física, en que arrancó con su ardua misión.

De igual forma se derivaría, que el mismo conclave de cardenales,  y todo el cuerpo sacerdotal dependiente, comiencen a mirar hacia lo interno de la Iglesia Católica, en procura de corregir las tantas acciones impropias que se registran en torno a sus representantes ante la sociedad, y sus diversas feligresías pertenecientes, a nivel mundial, para disminuir las insoportables presiones de corrección a las que siempre será sometida la más alta autoridad que dirige, el Papa, ante  que el mismo pueda considerase acorralado, impotente, como es muy posible haya ocurrido con Benedicto XVI, amén del deterioro ya, o la imperfección obligada, producto de su avanzada edad.

En relación con esa apreciación última, muy reveladoras y certeras resultan las palabras expresadas por el párroco de la Iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, sector Simón Bolívar, República Dominicana, sacerdote Gregorio A. Frías, quien ´”abogó para que el nuevo Vicario de Cristo responda a las necesidades de la Iglesia Católica, sea fiel y que represente a la voluntad de Jesucristo”.

Agregó además que, “Debe ser alguien que trabaje contra el mal, contra la corrupción, el pecado y que sea humilde sobre todo”. ¡Qué tareas, y condición exigible! (Véase: periódico “Diario Libre”, edición del 13-2-13, página 04).

 

¡A reflexionar muy bien!, señores del cónclave de cardenales, para la selección del nuevo Papa.

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un irrespeto a la venerable “Tatica, la de Higüey”, Virgen Patrona de los dominicanos.

Como es del conocimiento de todos aquí, cada 21 de enero se celebra en el país el día de la Virgen de la Altagracia,  considerada la protectora de este pueblo. El nombre de Altagracia, según se afirma, le fue dado por titulación  a la Virgen María (María de la Altagracia), debido a que a Ella, como mujer, le fue otorgada la más alta gracia: que fuera elegida para ser la Madre de Dios.

 

En efecto, se le reconoce como la progenitora del amado maestro Jesús – no Dios -, que luego se  convirtiera en Jesús el Cristo, encarnando durante su ministerio terrenal la Magna Conciencia Divina, la del Padre Supremo,  para redención de la humanidad.

 

Otrora, era una fecha que en la República Dominicana, la gente se dedicaba por completo a la veneración, como a la ostentación de todo respeto, sentido, hacia la considerada Madre de Dios, que siempre era objeto de connotados actos litúrgicos, y rendición de cultos alusivos, por parte de la Iglesia Católica, y de sus feligresías a nivel de la nación.

 

Aunque entre nosotros,  la mayoría  de sus devotos, y feligreses católicos en general, hacían provecho de la ocasión para viajar a Higüey, provincia La Altagracia, visitar la Basílica, y a otros lugares en el exterior, dando cumplimiento a promesas ofrecidas, como agradecer a la Excelsa Virgen por los favores y milagros recibidos, principalmente, en asuntos relacionados con la salud; o, pedir con fervor su intervención en la solución de algún tipo de problema especial, esos son actos de fe, y cosas que ya han ido quedando en el pasado, ¡lamentablemente!

 

La verdadera esencia de la susodicha celebración católica, en gran parte voló con los aires de la modernidad. Y, como bien lo señala Gustavo Volmar, muy atinadamente, en la columna que publica en el periódico “Diario Libre”, edición de fecha 21-1-13, página 14, “Ahora se va al este del país camino a los resorts y las playas, y las peticiones se hacen al gobierno, por empleos, obras públicas y asignaciones presupuestarias.  Es, actualmente, un días más para hacer negocios, armar fiestas y disfrutar de un fin de semana largo”. Esa, ¡“es una verdad de a puño”!, como se dice.

 

Pero, algo que se torna mayormente criticable es que, también se aproveche la cercanía de la fecha, para montar alegremente un evento sanguinario, como es el caso de los que se inscriben en los torneos gallísticos, incluso denominándole como, “de la Virgen de la Altagracia”, celebrado en un coliseo del país (Véase diario citado, página 25).

 

Eso es lo que,  indudablemente,  se podría considerar como un acto de franca irreverencia a dicha Patrona de los dominicanos, y a su fíeles devotos, por las características homicidas que envuelve ese tipo de espectáculo, como la despreciable actitud de sus promotores, de enfrentar hasta el exterminio – muerte  física -, a esos animales irracionales, mientras ellos gozan, y se dan sus tragos; se complacen con los sufrimientos de aquellos, y con el correr de la sangre derramada durante las peleas.

 

Y cómo es posible, que se pueda llegar tan lejos con los irrespetos de esa naturaleza, hacia una entidad sagrada de tal magnitud, independientemente de que se pueda ser creyente o no; que las concepciones religiosas ajenas se ignoren totalmente, por el mero hecho de divertirse con una actividad seudo deportiva, en la que prevalecen las altas apuestas de dinero, y el sadismo, más que otra cosa.

 

Que recuerden los galleros, que  hay una  ley natural de causa y efecto – ley del karma -, que en los momentos menos esperados, pero oportunos, presenta las facturas pendientes de cobro. Y que, cuando no lo hace de manera directa con las mismas personas, infractores en tal caso, las puniciones se tornan extensivas hasta muchos de los seres más queridos. ¡Eso es inexorable!

 

A juicio de cualquier persona reflexiva, actos de ese tipo, jamás podrían ser del agrado de Aquella; corresponderse con la divinidad inherente a la Virgen de la Altagracia, para que  incluso, se ose  nominar alguno de ésos con su nombre.

 

Para todo aquel que tiene cierto grado de conciencia espiritual, tal acción no es más que, ¡un mayúsculo irrespeto humano!

 

 

Rolando Fernández