Pocas “golondrinas” no hacen verano

Hasta que el pueblo dominicano no se concientice con respecto a las desgracias “acogotantes” que lo afectan; los robos, como las mofas de los políticos que han venido gobernando aquí desde hace años; y, trate de proceder como es debido, para enfrentar todos esos males innegables, comenzando, obviamente, por elegir dignos representantes para comandar el Estado nacional, que defiendan el interés de todos los ciudadanos, es evidente que nada se resolverá.

Se tiene que iniciar el asunto, por tratar de elegir políticos pulcros, y con capacidad gerencial, que vayan al gobierno a trabajar en favor de esta sociedad, y no a servirse con la cuchara grande, como es lo recurrente.

Mientras todo permanezca tal cual, hasta ahora, los esfuerzos que hacen determinados analistas, comunicadores y periodistas nuestros, a través de la radio y la televisión, independientes, claro está, que con rareza se escuchan exponer, a los fines de edificar a la población; para que la gente abra los ojos de una vez por todas, y no siga dejándose engañar, esos aportes seguirán cayendo en el vacío. Pues, aquellos hombres de valía son vistos, como muy “pocas golondrinas”; y, por tanto, jamás podrán hacer verano

Aplica muy bien en esta nación la máxima sociológica aquella que reza: “los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”. Y, lo que menos mueve en este país a la ciudadanía en el tenor de lo que se trata, es la conciencia patriótica, ya puesta en el olvido.

¡Qué gran verdad! Claro que sí, pues son ellos quienes los eligen; los que van a votar en las urnas, sin saber por quién están haciéndolo en realidad; si es por el candidato que se oferta en verdad, o por los poderes económicos que él representa. Si están eligiendo a un títere de esos grupos, o a un gobernante para todos.

Para procurar las enmiendas requeridas entre nosotros, y que ya demandan   de contundentes acciones cívicas, qué esperanza se puede tener aquí, con una juventud, que debe ser la más llamada a agenciarse un presente más digno, como un futuro menos incierto, y prometedor, que está casi degenerada por completo; carente de los valores más nimios; y, sin ideales patrióticos, obviamente.

Que solo está pensando en “juquear”; en la disparatada, como degenerada música urbana alienante; y, en el uso de vestuarios estrafalarios. También, en la adicción esnobista a las tecnologías de punta, qué no saben utilizar, pero cuya exhibición da prestigio, se cree.

Además, con una clase media acomodada, que con el esnobismo la han habituado a conformase; un segmento social de ricos, que siempre quiere de más dinero; y, los poderosos grupos empresariales gravitantes sobre toda la población, que solo procuran el apadrinamiento de los gobiernos de turno, e intervenir en las escogencias del funcionariado a ejercer cada vez.

Como se puede advertir entonces, las reclamaciones sociales que se imponen lucen como imposibles. ¡No hay en realidad quienes las hagan!

Unos, no las llevan a efecto, por la inconsciencia que caracteriza; otros por estar bien económicamente hablando; y, los terceros, porque solo inquieta el agenciarse las subvenciones estatales acostumbradas; como, los solapamientos de muchas de sus ejecutorias indecorosas. En adición, el poder seguir gravitando sobre toda la vida nacional; los “narigoneos” de estilo en su favor.

Luego, esos bonitos y explicativos discursos radiales, como televisados en su mayoría, aunque muy bien sustentados, no valen de nada, frente a una sociedad que luce estar bajo los efectos de una fuerte anestesia, suministrada por los sectores políticos y empresariales gravitantes en Dominicana.

Coloreados esos, con los extranjerismos injerencistas acostumbrados; de principal notoriedad, aquellos provenientes de los organismos internacionales de financiamiento, que siempre andan en busca de mercados “acotejados”, para conceder empréstitos bastante condicionados en su favor.

Autor: Rolando Fernández

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“Muertos” que pueden resucitar: los políticos

Los precedentes en ese sentido están de sobra. Cuántos políticos desplazados del poder, con gana, por parte de los pueblos a que pertenecen, que se les creía muertos dentro de ese ejercicio, y que antes fueron elegidos para dirigir la cosa pública han regresado más tarde.

Sí, luego de que fueran rechazados por completo, en razón haber incurrido en acciones desaprensivas durante sus ejercicios, como en actos totalmente despreciables.

La población se sintió defraudada, y se las cobró en las urnas. Algunos de aquellos personajes hasta se burlaron de ella; y, como consecuencia de todo, los echaron del poder.

Sin embargo, logran esos reaparecer después, como figuras de primer orden a considerar, en términos de las posibilidades de alcanzar un nuevo triunfo electoral. ¡Les permiten recobrar el terreno perdido!

Claro, quienes les abren las puetas a esos abandonados, y contribuyen con sus relanzamientos al ruedo del ejercicio político otra vez, son los sucesores en el mando estatal, que mal precedan; que se interpreten sus acciones como una continuidad de lo mismo, cuando no, como empeoramientos de lo anterior.

Las nuevas autoridades establecidas hacen considerar a la ciudadanía, que los cambios por los cuales esa se inclinó, y que inspiraron el ir a las urnas a sufragar en busca de esos, lucen estar en “lontananza”. Se perciben como esperanzas truncadas.

Induce tal situación penosa a pensar, de manera casi generalizada, que lo que había antes, era mejor, a pesar de las desaprensiones, la corruptela, y demás acciones indecorosas en que se pudo haber incurrido.

Cualquier parecido, con lo que en ese tenor ha ocurrido en Dominicana, en más en una ocasión, se puede considerar, no como pura coincidencia en realidad, sino, como la cosecha de lo sembrado, por aquellos que deben procurar, qué los “muertos políticos” no resuciten de nuevo.

Verbigracia, se tiene entre nosotros que, gran parte de los “personajes” más connotados de los gobiernos inmediatamente anterior al presente – peledeístas -, no obstante, haber trascendido a la luz pública, cuánto malo se hiciera otrora, – antes y después de haber sido sacados del poder – , ya están saliendo a las calles del país a realizar actividades proselitistas.

Claro, en procura de volver a venderse ante la población, como los salvadores que regresan, y haciendo provecho de la impunidad judicial fehaciente que les favorece, frente a los actos dolosos que se les atribuyen. Eso, amén d otras lenidades que se entienden muy a la vista en su favor, por parte del actual gobierno.

Para salir a hacer política nuevamente, ni siquiera, se está respetando la fecha establecida en el país, electoralmente hablando, para dar inicio a las actividades que se inscriben en ese contexto.

Ya se está en campaña pública, podría decirse, a pesar el tiempo que hace falta, para cumplir con la principal normativa legal vigente que corresponde en ese orden.

Dice eso que, los que parecían como muertos, de nuevo lucen estar parándose de las tumbas. Están resucitando, muy a pesar de sus pasadas hazañas negativas.

Y, como este es un pueblo que evidencia tener poca memoria, no se puede dudar que vuelvan esos “personajes de mal agüero”, como se dice, a alcanzar el poder.

Indudablemente, los que hoy gobiernan, les están abriendo camino, con su cuestionable, inesperado, y hasta “emulante” accionar presente.

Es obvio que, se está incurriendo en actitudes desde el Estado actual, qué esta sociedad de seguro nunca creyó posibles. ¡Solo resta esperar entonces resultados!

Autor: Rolando Fernández

¡Sin base todo se derrumba!

“Esa es una verdad de a puño”, se puede decir, sin temor a equivoco alguno, como de ordinario se clasifican las aseveraciones importantes, o grandes, no sujetas a cuestionamientos.

Evidentemente, los partidos políticos no están exentos de correr la misma suerte, respecto de eso que intitula. Lo referentes están de sobra.

Las entidades de ese género, de las llamadas mayoritarias en este país, constituyen un buen ejemplo. Todas se han ido prácticamente a pique por tal razón: ¡abandonaron sus bases, después de ganar el poder!

Las que han podido mantenerse vigentes en realidad, por algún tiempo, lo ha sido por los logros obtenidos -votos ciudadanos – partir de las dádivas que de ordinario se otorgan a la gente: un “pica pollo”; o, RD$500 en efectivo, para comer un día quizá, cuando se va a sufragar

Como evidente se reporta, sus principales representantes, normalmente se olvidan de las bases de esas entidades, tan pronto como logran alcanzar el poder cabe la reiteración. Entienden que ya no las necesitan

En ese tenor, no es secreto para nadie, que el oficialista partido de gobierno, no es una institución mayoritaria, debido a su reciente formación, por lo que, con más razón, está llamado a tratar de conservar ese ejército en germinación, para poder dar siempre la batalla frente a los demás del orden; y, a los fines de no sucumbir dentro de poco tiempo, al igual que lo ocurrido a otros.

Se infiere su eventual desaparición, como entidad del ramo, debido, en gran parte, al desprecio a posteriori que se viene haciendo a los componentes de esa principal masa soporte, que fue la que en verdad se fajó en las calles para que ese partido pudiera alzarse con el poder, en el pasado proceso electoral.  En adición claro está, a las demás acciones conducentes emprendidas por sus directivos.

Sin embargo, ahora muchos de los “narices paradas”, como advenedizos en su mayaría, que se destacan a lo interno del gobierno, y que a plenitud disfrutan del poder, los están mirando por encima de los hombros. ¡Ni siquiera las llamadas telefónicas les toman!

Es obvio que, le podría a pesar mañana, en gran medida, para su futuro desarrollo; y más, si es que se aspira a regresar al poder en el año 2024, como de ordinario se estila entre los políticos del patio, apandillados dentro de esas organizaciones lucrativas, después que saborean esas mieles sabrosas del Estado.

Las “comparonerías” que hoy se exhiben, y el maridaje soterrado que se percibe con el PLD, y la Fuerza de Pueblo, lo cual está haciendo que la gran mayoría de los cargos públicos estén siendo ocupados todavía por miembros de esas organizaciones, dizque opositoras, les va a costar bien caro al perremeístas hoy en el mando.

Qué recuerden sus envalentonados directivos de esa organización, en el presente ocupando cómodos despachos, qué ningún capitán sin sodados, gana batalla; y, que cuando a esos se les hace sentir mal, la inclinación, es hacia la venganza, pura y simple.

Autor: Rolando Fernández

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¡Lo que se veía venir! ¿Por qué extrañarse entonces?

Una sociedad totalmente degenerada, carente de valores casi por completo; repleta de inseguridad ciudadana; llena de drogas por doquier; analfabetos con “cuadre”; musiqueros, y canta malo, con vestuarios estrafalarios, aretes, tatuajes, clinejas, cachuchas mal colocadas, etc. ¡Ese es el escenario dominicano actual, lamentablemente!

Además, y para completar el panorama, una nación sin verdaderos guías espirituales, como políticos con condiciones, que procuren enmendar; y, reencausar esta sociedad por caminos diferentes, con miras a un regreso apreciable de lo que fuera otrora, aun sea parcial.

Es evidente, que la principal causa que provoca tal descalabro social nuestro, es la desaparición de la familia, como célula primaria; en términos de su verdadera esencia; como, de los valores, y responsabilices inherentes a cada uno de los miembros que la compongan.

También de los aportes a lo general ciudadano, en el sentido de los comportamientos a observarse siempre.  La base principal considerada sucumbió.  Ya no queda nuestra de cuánto se tuviera en ese sentido. Penoso el giro, ¿verdad?

Con relación a eso, siempre recordamos algunos decires de los mayores, basados en las experiencias acumuladas, y los años vividos, respecto de que esas carencias, y actitudes personalizadas impropias vendrían; como, aquello de que, se presentarían tiempos en los que ya no habría padres para hijos, como tampoco hijos para padres. Hoy se tiene una fotografía fiel de la concretización de esas predicciones. ¡Cuánto sabían esos viejos!

Los núcleos familiares efectivos, compuestos por progenitores y vástagos, han ido desapareciendo casi por completo. Son cosas del pasado.

En la actualidad solo se tienen grupos formados bajo un mismo techo, en los que participa cada uno de tales miembros, queriendo hacer cada cual lo que le viene en gana, sin asumir las responsabilidades y deberes que le son inherentes.

En ese sentido, algo muy puntual fue expresado por la doctora Caroline Myss, en su valiosa obra: “La Anatomía del Espíritu”, que parece haber sido olvidado por completo, lamentablemente.

Dice ella: “una familia, acepta la responsabilidad física y espiritual del hijo que ha traído al mundo, al participar en la ceremonia del sacramento del Bautismo”. 

Luego, ¿por qué no cumplirla después? ¿Se tiene ahora el Bautismo solo como un simple acto social? ¡Serían dos interrogantes a plantearse hoy!

En razón de lo expresado más arriba, nadie debe extrañarse entonces, por lo que viene ocurriendo en Dominicana, nuestro foco principal de atención; como, también en otras latitudes observables, cercanas y lejanas, en que se evidencia el mismo descalabro   social.

Obvio que, todo es el producto innegable de las siembras que se ha venido llevado a cabo desde hace años, y que ahora están repollando con mayor fuerza, en países como éste en que vivimos; de antaño, en manos de políticos desaprensivos, y corruptos por demás, que son los que de ordinario gobiernan. Naciones que carecen de una educación efectiva, tanto académica, como la imprescindible hogareña, en adición, dejada de lado por completo.

Donde los instructivos más notables para los niños, adolescentes y jóvenes, son las degeneradas redes sociales, como la despreciable televisión, donde nada que sirva se puede aprender, por los contenidos que regularmente se exhiben en esos medios de comunicación, repletos de enseñanzas amorales; como de inducción a degeneración sexual; delincuencia y criminalidad, etc., para completar.

En consecuencia, ¿qué se puede esperar entonces?  Lamentablemente, aún falta mucho por ver. Lo peor no ha llegado, y está al doblar de la esquina.

Autor: Rolando Fernández

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¡Cuidado, los pueblos no se provocan!

Los políticos deben tener mucho tacto, cuando están gobernando pueblos que sobreviven frente a la insatisfacción de necesidades imperiosas sociales, tales como: hambrunas evidentes, y escaseces en los servicios públicos generales.  En adición, aquellos con tienen que ver con la salud, educación, e inseguridad ciudadana., entre otros.

Luego, se deben ponderar muy bien las medidas a introducir, que puedan ir en un detrimento mayor de los bolsillos de los ciudadanos; máxime, cuando se conocen las razones fundamentales que provocan el que los gobiernos tengan que imponer castigos tributarios adicionales a la gente.

Por supuesto, de ordinario siempre las autoridades que les corresponda actuar, en el orden de recaudar fondos estatales, se inclinan por   lo más fácil: gravar, tributariamente hablando, a los segmentos más indefensos, y menos pudientes de la población, en busca de los recursos económicos que se requieran.

Comúnmente, las principales causales que trascienden en tal sentido, están asociadas con actos de corrupción estatal; y, los desfalcos sonoros al erario público por parte de algunos gobernantes precedentes y sus secuaces. También, los endeudamientos desmedidos en que se incurre, cuyos recursos frescos percibidos, nunca se sabe dónde van a parar.

Claro, es evidente que, se reportan esas causas después, con el ingrediente adicional de la impunidad judicial fehaciente a nivel local, como las provocantes de una connotada falta de liquidez estatal, que obliga a tener que buscar recursos económicos de la manera que sea, para que el Estado pueda ser “solvente”: adquirir la capacidad económica necesaria, a los fines de resolver los asuntos financieros apremiantes.

Como bien se sabe, son aquellos factores motivantes, qué se estiman incluso, como burlones y abusivos en su raíz por parte de la población, y que trascienden hacia la gente; los que se esgrimen luego, para justificar el tener que adoptar decisiones no gratas para las grandes mayorías.

¡Ojo al Cristo!; que, en ese tenor, a veces, cuando no se reflexiona bien sobre determinadas medidas recaudatorias que se procure tomar, puede “salir la sal más cara que el chivo”, como se dice en buen dominicano; o, “que se vaya por lana, y salir trasquilado”, tal reza otro refrán popular, que merece ser tenido en cuenta también.

Aunque dicen algunos sociólogos que, los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, lo cual no deja de ser cierto, no menos lo es que, también aguantan hasta un día, y que cuando ocurre el hartazgo previsible, explotan de mala manera, cobrándose cuánto les han hecho sus verdugos…

Cabe apuntar que, en Dominicana se percibe tener como aguijón punzante, el que se está en presencia de un gobierno de ricos, que solamente procura trabajar, según es lo que se aprecia, en favor de su propia clase. ¡Es una percepción que reviste peligro!

Y, como es lógico suponer, eso hace inferir, la existencia de cierto descontento popular, qué bien puede agravarse; como, el riesgo probable derivado de rebeldía social, lo cual podría causar en cualquier momento, una explosión ciudadana severa.

¡Mucho ojo entonces!, qué cuando los pueblos se provocan, y las “avispas” se alborotan, los efectos de las picaduras se pueden tornar impredecibles. Precedentes de sobra, no solo se tienen en Dominicana.

Autor: Rolando Fernández

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Los taponamientos vehiculares tocaron fondo en Dominicana

Cuando no se adoptan a tiempo los correctivos pertinentes, por las razones que sean, los males continuaran siempre in crescendo. ¡Qué buen ejemplo es este de que se trata aquí! La cosecha es obvia.

Es lo que viene ocurriendo entre nosotros hoy, con relación a la problemática que intitula, cuyos efectos se han duplicado en la actualidad.

Lo mismo está pasando con otras cuestiones locales muy tormentosas, que también   se encuentran en la misma situación de aumento lamentable entre los dominicanos, y han sido objeto del mismo tratamiento displicente por parte de las autoridades competentes, dejándoles de lado; cuando no, salomónicamente manejadas, a conveniencias de los políticos, y los gobiernos de turno.

Lo que está pasando hoy en este país con eso de los taponamientos vehiculares callejeros, que han tocado fondo en la actualidad, reiteramos, convirtiéndose en la temática del día a día a nivel nacional, por los tantos inconvenientes que vienen provocando a la gente, es algo causal, no casual. Ya no se trata de horarios específicos con respecto a esos, como tampoco de las llamadas horas pico establecidas.

La obligada inamovilidad ciudadana presente por tales motivos, se ha convertido prácticamente en una rutina, verificándose los impedimentos de tráfico en cualquier momento del día, o de las noches.

Son muy pocos los respiros que se tienen, si es que aparecen atajos para los desplazamientos viales requeridos por los ciudadanos. Eso, cuando no todo el mundo los conoce; que los transitan en busca de la misma facilidad de movimiento.

Ya en este país, regularmente, los que no tienen que salir por algún tipo de urgencia, o responsabilidad laboral asumida, a las calles y avenidas locales, evitan hacerlo.

Lo imperioso es lo que manda. Y, pobres los que en medio de un maremágnum vehicular desesperante de los que se dan aquí, sufran algún percance de salud, que amerite llegar con rapidez a algún centro médico; o, un problema intestinal repentino, con fuertes “cólicos”, que obligue a buscar un excusado con rapidez ¡Se muere, o se defeca en el camino!

Evidentemente, el gran desorden en ese sentido, es algo que se aprecia a diario, y que se verifica en las principales avenidas y calles del país, caracterizado principalmente por los angustiantes taponamientos de vehículos, como el “franqueo” de los gigantescos camiones de carga, que transitan al “unísono” con los automóviles livianos, siendo conducidos aquellos “monstruos” por desaprensivos choferes.

Es indudable que, la situación no es cuestión de ahora, sino que es algo viene de lejos. Que se ha venido dando entre nosotros desde hace un buen tempo, por motivos diversos, sin que se haya intentado ponerle coto real hasta el momento, ¡Se amaga, y no se da!,

Lo que ocurre es que, actualmente se ha incrementado sobremanera el problemazo, debido a una serie de factores notables que se advierten con claridad, y que son innegables.

Entre ellos están, la falta de conciencia ciudadana, y los manejos temerarios de moda, por parte de muchos conductores desaprensivos, ante la mirada indiferente de las autoridades dispuestas para los controles requeridos, y que son apostadas en las vías públicas de la capital, principalmente

Tales situaciones señaladas, son en adición a otras razones que no han sido atendidas en su momento por los organismos competentes, lo que podría ser por displicencia y conveniencias, cualesquiera de las dos cosas.

Destacables se reportan entre las mismas, y señaladas a todo pulmón por gente autorizada; primero, el no análisis y ponderación de la capacidad vial de que dispone el país, con respecto al excesivo parque vehicular que ya se tiene, producto de las demandas de las personas hoy, como del mismo crecimiento poblacional que se verifica.  

Es evidente que, no ha habido ningún tipo de control, a pesar de todo, con relación a las importaciones de vehículos, que se debió suspenderlas por un periodo de tres años, al menos. ¡Pero no!

Las ferias para ventas de carros, que a traer más automóviles mueven, continúan alegremente. Se tienen con frecuencia esos eventos, otorgándose facilidades diversas, a los fines de estimular las compras por parte de la gente.

Más que notorio es que, medida correctiva alguna se ha adoptado en ese tenor. Así cabe destacarlo. No ha habido ningún tipo de prevención con relación a las actividades de ese tipo, pinceladas con lo comercial-financiero propiamente.

Las mismas continúan alegremente. Cada vez son celebradas más y más ferias, en las que como siempre, se ofrecen atractivas facilidades de crédito a los eventuales adquirientes.

En ese tenor, es incuestionable que, el traer vehículos desde el exterior a este país, sean nuevos o usados, representa un buen paquete tributario, en términos de la captación de ingresos por parte del Estado, como son aquellos que tienen que ver con la importación misma; la obtención de placas para poder transitar; la contratación de seguros; y, los demás gastos asociaos requeridos a cubrir, por las transacciones de las compras realizadas en ese orden.

De otro lado, también está el mayor consumo de combustibles, que se entiende es procurado, y que es por igual, de los propósitos, considerados, debido a la contribución que proporcionan en términos tributarios.

No se puede perder de vista, que los hidrocarburos que aquí se expenden, se reportan como los más caros en toda el área del Caribe, según los expertos en la materia. Y claro, a eso hay que sacarle provecho.

Que tal situación es debido, a las altas tasas impositivas aplicadas a los mismos; como, a los otros cobros abusivos, inexplicables, que entran a formar parte de sus precios, para favorecer siempre al Estado, como siempre es lo se entiende.

En línea con eso, la generalidad de la ciudadanía considera que, las grandes “quemas” de combustibles en las calles y avenidas nuestras, producto de los taponamientos de vehículos que se verifican, contribuyen bastante al logro de ese objetivo.

Es obvio que, durante el cúmulo de automóviles varados por ratos, los consumos se disparan considerablemente, proporcionando jugosos recursos económicos que se perciben, por concepto de los impuestos, y demás cargas aplicables.

De ahí que, mucha gente asocie en esta República la mala administración del tráfico vehicular, por parte de los agentes de la DIGESET, que de ordinario se cree son adrede.

Que, también están dentro del mismo abanico recaudador, las fallas en los sistemas de semaforización instalados, con el ingrediente notable de los benditos apagones sectoriales que se introducen, apreciándose como cosas que por igual están en consonancia con el provocar esos impedimentos de los vehículos, a los fines señalados.

Se consideran estos últimos factores, en segundo lugar, como partes de las   poderosas razones que provocan los taponamientos vehiculares a nivel nacional.

Como es lógico suponer entonces, a partir de esos connotados motivos expuestos aquí, es entendible que, en la nación dominicana se tendrán “tapones de vehículos” en calles y avenidas durante gran tiempo más.

Es “inferible” que, tan significativas y seguras fuentes de ingresos para el Estado, se procurará mantenerlas siempre, aun la pesarosa situación que provoque para la generalidad de la población.

Preciso es destacar, finalmente, que el funcionariado gubernamental, llamado a decidir e introducir las medidas correctivas pertinentes, en relación con tal problemática que se trata, no tiene razón para preocuparse por tal motivo.

Sus componentes pueden transitar sin dificultad alguna.  A ellos Se les provee de “franqueadores”; o, agentes de los mismos que dirigen el tránsito, para que le abran paso dondequiera durante sus travesías: se pongan a sus servicios.

Autor: Rolando Fernández

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Una bomba de tiempo para cualquier Estado.

La imposición de tributos a las poblaciones, sin reciprocidades estatales razonables hacia la gente que es golpeada con fuertes y abusivos gravámenes, verbigracia, algo que se viene notando en Dominicana, desde hace mucho ya, constituye una poderosa bomba de tiempo para los gobernantes de turno en cualquier nación, que en un momento dado puede estallarles en sus pies, con extensión hasta los poderosos grupos económicos que respaldan, o apadrinan.

Así lo aseveran muchos conocedores de la idiosincrasia de los pueblos, sociólogos y analistas autorizados, no corporativos, por supuesto; y, que saben sobre las formas cómo reaccionan las sociedades en contra de los mandamases, verdugos políticos, y sus secuaces claro, está, cuando se sienten burladas y esquilmadas de ordinario.

Actúan aquellas como asnos con anteojeras, y se mueven llevándose encuentro cuánto aparezca por delante; entre eso, a los que de ellas se mofan, y las condenan a sufrir miles de penurias; necesidades extremas que acogotan.

Evidentemente, salen mayormente perjudicados, los que más tienen: los políticos avariciosos y corruptos, como los ricos insaciables, que no se jartan de acumular cuartos, sin medir consecuencias.  “¡Ojo al Cristo!”.

Según reza una máxima muy significativa, “la palabra de los pueblos es la que más se parece a la de Dios”; y, cuando se empoderan aquellos conglomerados, al tiempo de expresarla, difícilmente ningún culpable de sus males pueda escapar de las aguerridas batidas que emprenden.

De más es conocido, a donde van a parar aquí, en un alto porcentaje, los dineros que se recaudan a partir de los gravámenes impositivos a la población; los cuartos que se sacan de los bolsillos de la gente, que cada vez pasa más penurias y calamidades extremas (necesidades alimentarias; falta de los servicios públicos de salud; como, de educación suficiente, entre otros).

Mientras tanto, los mandamases aquí viven   dándose la gran vida; amén de que se burlan sin reparo alguno, ante los llorosos ojos de los desposeídos, después que los esquilman sin piedad.

En ese tenor, los máximos representantes de los gobiernos que se ha gastado esta República durante los últimos años, con ligereas excepciones, no han constituido clase contraria alguna.

Siempre es más de lo mismo. El grueso llega al poder en mangas de camisa, y quizás hasta con trajes prestados. Se envalentonan, y después salen con grandes fortunas; dineros hasta para botar, lujosos vehículos; y, suntuosos palacetes para vivir, con los que nunca soñaron. “¡Qué bien!”.

Cuidado pues; qué las autoridades actuales procedan a agenciarse por otras vías los recursos económicos requeridos en esta ocasión, ante el hartazgo de la gente aquí a ser gravada. Incluso, que se recurra al descamiso de los dineros robados al fisco por los políticos precedentes, y hasta algunos de los actuales.

Qué se dejen las autoridades presentes de estar inventando con la creación de nuevos impuestos a la población, nada más en contra de las grandes mayorías necesitadas, o el aumento de los ya existentes, a los fines de evitar que esa bomba de tiempo sobre la que aquí se trata, les pueda estallar en los pies, afectándoles sobremanera, con extensión traslativa hasta los empresarios connotados, que de ordinario dirigen junto a los que mandan, muchas de las desaprensivas políticas de corte económico a nivel nacional.

Con los grandes problemas que vienen acogotando a la gente en esta nación, una decisión gubernamental desacertada en ese orden, podría provocar una explosión social severa, con consecuencias impredecibles, que den al traste con la paz pública entre nosotros, hasta ahora preservada.

Autor: Rolando Fernández

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