¡Y aquí en Dominicana hay Congreso!  Parecería que no

Por la forma en que determinadas ejecutorias oficiales se llevan a cabo en esta nación, y que disponen   otras instancias gubernamentales nuestras distintas al Congreso de la República, sin que hayan sido    homologadas, o al menos conocidas a nivel de ese Organismo estatal, de acuerdo con muchos alegatos que se oyen entre nosotros, son de las razones que, obviamente, provocan el que tanta gente en este país se esté preguntando: ¿y para qué existe el Poder Legislativo en Dominicana?

Es en esa línea que va la exclamación, a manera interrogativa, que encabeza este trabajo, conjuntamente con   el alusivo   juicio valorativo que a continuación se emite.

Innegable es que, se escuchan de ordinario tales expresiones, en voz de diversos ciudadanos pensantes nuestros, preocupados por los derroteros ensombrecidos, de “marca mayor” , que con facilidad se advierten en esta nación a lo lejos.  Notorio es que, cualquier compatriota, aun poco observador, puede hacerlo.   

En ese tenor, y por lo que se puede inferir, más que evidente se torna el hecho de que, en esta nación se está carente casi por completo de una verdadera representación social en el orden congresual, que es una de las decepciones pueblerinas más recurrentes cada vez entre compatriotas, a pesar de que, para eso se vota por los legisladores en cada ocasión.

Por el contrario, lo que sí se nace allí por lo visto, es politiquear; ejercer padrinazgos individualizados; como, adoptar decisiones que favorezcan a los sectores gravitantes locales, que promuevan electoralmente candidaturas, tanto a posibles legisladores, como a gobernantes que se oferten.

Ahora, de acuerdo con las informaciones que trascienden hasta la opinión pública, no hay que extrañase de los comportamientos que esos políticos allí destacados observan; pues, solamente se tiene que reparar en quienes conforman comúnmente – senadores y diputados – las dos Cámaras que se tienen en el Congreso Nacional, en cuanto a aptitudes, y actitudes éticas exhibidas.

Incuestionable es que, ambos hemiciclos camerales, conformados en gran parte por personas con perfiles negativos marcados, que dejan mucho que desear, bien mal operan entre nosotros, no cabe la menor duda, debido a esas calidades no aptas, que por lo regular aquellos exhiben.  

Se dice que, en su gran mayoría, se aprecia que son: analfabetos conceptuales; politiqueros connotados; «riferos” públicos; títeres del empresariado local; y, “levanta manos, o monigotes” del Poder Ejecutivo de turno, en cada cuatrienio.   

Por tanto, nada de regular, ni tampoco controlar, por parte los mal llamados legisladores; violentándose incluso, ocasionalmente, algunas disposiciones relativas de carácter constitucional, de las estipuladas, claro está, en la Carta Magna de la República. ¡Es de lo que más se ve!  

Evidentemente, esos “especímenes” así descritos, son por los cuales   la gente comúnmente vota en este país; por comprar aquellas voluntades ciudadanas a granel, en base a dádivas, o limosnas que se otorgan, y que solo dan para comer durante uno, o dos días.

En consecuencia, qué se puede esperar entonces; de los seudo congresistas nuestros, que lo que menos hacen es legislar; que solo saben aprobar cuánto les es sometido a su consideración por los mandamases locales, hasta sin leer las cosas muchas veces; y que nada más que “manosean”, a los fines de allantar toda vez.

Pero, además, mal elaboran leyes “acomodaticias”, siempre muy premeditadas, para favorecer a los grupos que gravitan entre nosotros; o, dictan resoluciones que solo beneficien a sus padrinos electoreros.

También, trabajan sin reparo alguno, en beneficio de los sectores políticos y empresariales que representan, vale recalcar, y que los catapultan hacia las curules que desean ocupar, después cada proceso electivo.

Por lo que se aprecia, jamás lo hacen, para beneficiar verdaderamente a la población mayoritaria de la República, la votante, que debería ser siempre el principal objetivo congresual.  

Legislar y aprobar para el pueblo en general, que se supone lo justo, en ese tan importante Poder del Estado nuestro, dentro del ordenamiento vigente, no se ve.  Lamentablemente, ¡no se hace!

En adición, tampoco se controlan allí las ejecutorias oficiales sujetas a concretización plena por parte de algunas autoridades, de forma tal que se reporten siempre loables, como beneficiosas para la sociedad generalizada del país.  

Pero, quién podrá demandar con firmeza tales cosas, en el temor de lo tratado: el pueblo soberano, que es el que pone y quita, gobernantes, o legisladores cada cuatrienio, período aquí fijado para los comicios de orden político.

Claro, de seguir esta población votando como hasta ahora, la misma interrogante, como el juicio valorativo que intitulan, continuarán en voz de muchos ciudadanos, se debe apuntar.

Luego, ya veremos hasta dónde se llegará en esta República, de continuarse procediendo de la misma forma en que hasta ahora; sin tenerse localmente una verdadera representación social a nivel del Congreso Nacional.

Y, como consecuencia de eso, estando además carentes los dominicanos de quienes en verdad se ocupen, y se preocupen, con respecto a los asuntos inherentes a los mismos.  

Autor: Rolando Fernández

www.rfcaminemos.wordpress.com

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