Otra cara fehaciente del gran desorden nacional

Cuando uno repara con atención sobre reseñas periodísticas como esa que publica el medio “El Día”, en su edición de fecha 28-enero-2014, página 14, intitulada “Desorden urbano es  la antesala Zoológico”, en términos de imagen y contenido, sobre la lúgubre apariencia que se verifica en toda aquella zona, que como bien se señala en el trabajo de referencia sirve de antesala al Parque Zoológico Nacional, la única conclusión a la que necesariamente se tiene que arribar es: ¡este país tocó fondo ya!

 

Se preguntaría cualquiera, ¿y cómo es posible que, en una nación donde haya real autoridad de mando y respeto ciudadano, situaciones tales se registren en un área  de tan significativa importancia para todos aquí, como en ésa de que se trata?

 

Primero, por reportarse como una zona estratégica para la explotación del negocio turístico nuestro, en el que se sustenta gran parte de la economía nacional: El Parque Zoológico, lugar de visitas obligadas por todos los visitantes extranjeros que anualmente se inclinan por realizar periplos de ese tipo – turismo – con destino hacia  estas tierras.

 

¿Qué imagen se pueden llevar los foráneos transitorios que acuden al país en viajes de placer ocasionalmente? ¿Estarían dispuestos a volver; o, recomendarles a sus amigos y relacionados venir de paseo a esta República, ante experiencias tan desagradables? ¡Difícil!

 

De otro lado, un lugar que bastante se presta para las enseñanzas a escolares y colegiados que tenemos, sobre las ciencias naturales y sus divisiones: biología, medicina animal, zoología propiamente, geología, etc. Es un sitio hacia el cual todas las entidades de ese tipo – docentes -, deberían hacer excursiones mensuales con carácter obligatorio para dichos fines, instrucción directa a los alumnos.

 

Sin embargo, los deseos en ese tenor deben ser mínimos, ante aquel espectáculo de asquerosidad, insalubridad obvia, riegos probables, arrabalización y desorden generalizado con que de entrada se recibe a los niños y personas adultas que acuden al Parque Zoológico Nacional.

 

Según la encargada de relaciones públicas del mismo, Catherine Lockward, “han sido infructuosos los esfuerzos y reclamos hechos al Ayuntamiento del Distrito Nacional, a dirigentes comunitarios y a la Autoridad Metropolitana del Transporte para que acondicionen el entorno y regulen el manejo de los talleres y paradas de autobuses. Eso es una vergüenza ante los 250 mil turistas criollos y extranjeros que nos visitan; cuando estos llegan dicen: por fin…salimos del laberinto”. ¿Para qué decir más?

 

Conversando sobre el particular con gente que vivió la Época aquella, satanizada hoy hasta más no poder, cuando sí que se argumenta había orden y respeto en el país, el antiguo Zoológico Nacional, ubicado entonces en la Ave. Bolívar de la capital dominicana, lucía un área pulcra, higienizada, cuidada,  “supervigilada”, en el marco de todo un ordenado entorno perimetral

 

¿Y quién se atrevía, ni siquiera a tirar basuras por sus alrededores; y mucho menos, a nivel de las calles internas de aquel lugar de esparcimiento, o diversión para la ciudadanía en general? Sólo que se estuviera aburrido de la vida, como se dice.

 

Luego, cuando se observan publicaciones como la precitada, las mentes bien conocedoras de la “Era de Trujillo”, tienen que irse hacia atrás en el tiempo, y rememorar comparativamente. Pero, entonces ocurre que, los beneficiarios directos en este país del derrocamiento del “Jefe”, no quieren que se le recuerde en sus loables hazañas, para que en parte, a nadie se le ocurra ponerse a indagar sobre el origen de las fortunas de muchos potentados dominicanos en la actualidad. ¡Cunde el temor!

 

Más contundentes y aquilatantes aún se tornan las comparaciones de lugar, cuando los alarmantes y deleznables descuidos que hoy se estilan, como la falta de conciencia que denotan las autoridades competentes actuales se establecen con relación a aquel ayer, asociándoles incluso en esta oportunidad con los derroches estatales “dicembreanos” que acaban de observarse, como los eventos de ostentación municipal acaecidos, verbigracia,  “Brillante Navidad”, un proyecto del Ayuntamiento del Distrito Nacional (ADN) que recrea una ciudad de luz en miniatura en el Parque Iberoamérica, antiguo Zoológico Nacional”.

 

Aunque se dice que el fausto espectáculo contó con el patrocinio de algunas empresas nacionales, no hay duda de que el mismo constituyó una burla a la inteligencia de muchos aquí, equiparado todo aquel lujo y esplendor con la gran cantidad de suciezas que en otros sectores adornaban la ciudad capital, embadurnada con basuras y desperdicios, amén de algunos puntos infecciosos de aguas negras por doquier. En la reseña que al efecto se publicara en el medio digital “HOY”, (1-12-13), a la raíz de la alegre inauguración, en que incluye una foto de parte de la concurrencia asistente, cuántas sonrisas  demagógicas y burlonas se pueden advertir.

 

Además, mientras los entornos del actual Parque Zoológico Nacional, están más que arrabalizados, con descuidos, desórdenes e inmundicias a granel, se publicitó con gran despliegue  aquel gran despilfarro de recursos económicos, en lujos y ostentaciones, sólo para disfrute durante el período navideño, precisamente donde operaba el Zoológico de ayer. ¡Qué contraste!

 

Claro,  en ese tipo de actuaciones para embaucar más aún a los ciudadanos de la República en el orden politiquero, por parte de algunas autoridades edilicias, por lo regular se estilan las componendas, los negocios envueltos, como las comisiones que se derivan.  No hay que dudar que todas esas cosas estuvieran incidiendo en la decisión de aquel montaje burlesco.

 

Qué podría estar buscando con eso el empresariado actuante, que no fuera procurar aumentar el grado de manipulación mercadológica hacia la población, como el agenciarse decisiones en su favor, emanadas del Ayuntamiento del Distrito Nacional. Evidentemente, el logro de ese propósito último, implica reciprocidades a posteriori.

 

Es por asuntos como los tratados aquí, que muchos pensantes tienen la concepción  ya,  ¡de que este pueblo está adormecido!; que los hombres para reclamar reinvidicaciones, y procederes más acordes con la realidad nacional por parte de los desaprensivos políticos que nos gastamos, aquí se acabaron.

 

¡Esa es una percepción de consenso amplio entre aquellos!, ya traslativa hasta un gran segmento de la población, que se siente desprotegida e impotente; que podría explotar en cualquier momento, con efectos esperados de impredecibles consecuencias.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

 

Rolando Fernández

 

¡Inversión en capacitación maestros, y actividades conexas!, ¿nada más?

De acuerdo con las declaraciones ofrecidas por el actual flamante ministro del sector correspondiente, señor  Carlos Amarante Baret: “El Ministerio de Educación invertirá este año RD$2,333 millones, 598,561 en la formación y capacitación de los profesores que integran el sistema educativo nacional, enfatizando en los del área de matemática, lenguaje y ciencias naturales”. (Periódico “HOY”, edición de fecha 23-1-14, página 3ª).

 

¡Qué lindo suena lo dicho por el funcionario! Evidencia claros aprestos oficiales que irían en procura de eficientizar la educación en el país, actividad que viene siendo cuestionada desde hace tanto tiempo, conjuntamente con el desempeño de algunas otras labores inherentes al ejercicio docente, por lo que se torna bastante loable la actitud gubernamental.

 

Pero ocurre que, hay otros factores que resultan complementarios e imprescindibles para el logro de tales propósitos, que tienen que ser trabajados de manera concomitante, algunos de lo cuales no requieren de inversión alguna en términos monetarios, aunque sí de voluntad, ética-moral, y de una correcta administración de esos recursos humanos.

 

Uno de ellos lo sería el caso, por el ejemplo, de la despolitización del área en primer término, comenzando por el mismo funcionariado del Ministerio de Educación, dejando de buscarles puestos de decisión a personas ineptas, por el mero hecho de pertenecer al partido gobernante de turno, e inclinarse por reclutar gente para ocupar las posiciones de acuerdo con los requerimientos obligatorios para su desempeño. Y, segundo, procurarse la erradicación total de los aprestos mercuriales que de ordinario rigen en torno a las actividades docentes en el país todo, no sólo a nivel del sector público, sino también privado.

 

Otro aspecto de capital importancia a considerar en el tenor de lo que se trata, lo constituye el motivar el cultivo de la vocación docente personalizada, que no es atribuible a cualquiera. Por el otro lado, el alentar la propensión hacia el desarrollo profesional referente a cada cual, como a la obtención de los conocimientos aptos y suficientes para ser retransmitidos a los alumnados correspondientes.

 

Para ello se haría necesario el pago de emolumentos razonables a los servidores en cuestión, a los fines de eliminar los ahogamientos económicos y desconcertantes, como las precariedades agobiantes que en estos momentos se verifican, y como es obvio, les afectan de forma considerable, situaciones que vienen provocando el alejamiento de los dotados que aún ejercen en el sector, dándoles paso así a los improvisados actuantes como profesores, y políticos por demás en muchos casos, que han hecho de la disciplina un desahogo laboral emergente.  ¿Razón? ¡No encuentran otra cosa que hacer!

 

Como es claro entender, esos últimos, que representan un buen porcentaje en el área, no reúnen las condiciones requeridas para enseñar, aun la preparación que hayan logrado, como las actualizaciones que puedan alcanzar en el orden de las asignaturas que impartan. El invertir recursos en los mismos, como que carece de sentido, por lo que se debe llevar a efecto una sosegada e imparcial discriminación antes de.

 

Y es que, para ser formador docente hay algo que no se enseña: la vocación, las aptitudes propias para el desempeño, incluida la disposición al sacrificio, en pos de educar como se debe. Yéndose cualquiera un poco más lejos, hablando de maestros propiamente, mucho menos aun.  Ese es otro grave error entendemos, utilizar ambos calificativos – profesor y maestro – como sinónimos. Son tareas que, aun asociadas, se reportan en realidad muy diferentes.

 

Eficientizar la educación en este país no es una tarea que se torna muy fácil. No es solamente invertir en la formación de los docentes, y las actividades conexas. Para ello se tendrían que erradicar muchas situaciones improcedentes que inciden de forma negativa, para lo cual se requeriría de una férrea voluntad política-estatal, sin miramientos partidaristas de ninguna índole; nada más pensándose en enmendar los tantos factores adversos que desde hace muchos años han venido gravitando de manera muy nociva en el sector.

Hay quienes dicen, con cierto grado de razón, que eso data desde los inicios de la caída del régimen dictatorial presidido por “El Jefe”, Rafael L. Trujillo Molina.  Y se justifica, haciendo las comparaciones pertinentes, amén de ponderar las limitaciones de otrora, en términos bibliográficos y tecnológicos para la época, agravadas por las mordazas y la opresión fehacientes que caracterizaron aquel sistema de gobierno. Se concluye que, entonces la formación educativa, y académica en todos los órdenes, eran mejores en la República Dominicana. ¡Antitesis!, ¿verdad?

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

Ojos que no ven, y oídos que no oyen, ¡corazón que no siente!

Ese es uno de los mejores decires aplicables en este país durante  el presente. “Hacerse el loco”, como expresan los “cultos” jóvenes nuestros en la actualidad. No reparar en nada de lo que sucede. Ni siquiera leer periódicos, para estar lo más escaso posible de noticias locales. Los rotativos nacionales en su mayoría, no reseñan noticias agradables.

 

Aunque posiblemente muchos interpreten la actitud como displicente, o pesimista quizás, la verdad es que, la misma constituye una medida que va en favor de la salud de las personas que así opten por  actuar.

 

¡Sí!, es preferible “hacerse el loco”, reiteramos, para no sufrir emocionalmente, con efectos traslativos hasta lo físico-mental, cuando uno trata de mantenerse al tanto de las innúmeras cosas negativas que se verifican en esta seudo nación, que algunos consideran ya, con sobrada razón, como estado fallido.

 

Las evidencias están de sobra. Una República capitaneada por políticos alienados, farsantes y entreguistas, en su  mayoría, que han tomado la actividad como inversión, para beneficios propios y grupales, sólo pensando en endeudar cada vez más el país, subyugar a la población con mayores cargas impositivas, o enajenar la nación en venta, para agenciarse recursos financieros frescos que usan a voluntad, siempre con el concurso de los tecnócratas economistas que nos gastamos, ¿a dónde puede llegar? Todo, sin reparar en el legado de incertidumbres y conflictos que les están dejando a las nuevas generaciones. ¿Con qué pagarán, o podrán resolver los problemas heredados, los que vienen detrás?

 

Ahora, aparece una nueva recomendación en el orden tributario que se torna hasta risible. “El ex Procurador General de la República, Radhamés Jiménez Peña, planteó la creación del  impuesto a la seguridad con lo cual se dotaría de mayores recursos y mejorarían las condiciones de la Policía Nacional, a los fines de contribuir con una mayor eficacia en el combate a la criminalidad y el mantenimiento de la seguridad ciudadana”. (Listín Diario, edición de echa 20-1-14, página 4ª). ¡Vaya perla!

 

Al leer esa “brillante idea”, la primera pregunta que le asalta a cualquiera de inmediato es: ¿Y que hizo este señor desde la alta posición que ocupó para combatir el flagelo de la  inseguridad ciudadana en que vive la sociedad local, con tanto poder y herramientas a la mano; desde donde sí que se podía proceder en favor de enmendar esa desastrosa situación, in crescendo cada vez entre nosotros?

 

Segunda, ¿por qué no se piensa mejor en el combate de frente a la corrupción estatal rampante; en la desaprensión de los lujosos y burlones salarios que devengan los tantos analfabetos, como algunos “sabichosos” políticos que desempeñan cargos públicos, incluidos los municipales; en suprimir de una vez por todas las graciosas subvenciones que se otorgan a los partidos políticos para sus proselitismos y francachelas acostumbradas; y, hasta en penalizar como se debe a los violadores recurrentes de la ley de transito que rige en esta República?

 

De reflexionarse y actuar en consecuencia sobre la inobservancia ordinaria de esas situaciones nacionales tan deleznables, de seguro que se dispondría de suficientes recursos públicos para pagarles un salario mínimo a nuestros agentes policiales, y militares todos, víctimas de la subyugación, y el sacrificio a que son sometidos, por parte de los poderosos económicamente, y los envalentonados políticos en este país, de hasta RD$50,000.00 mensuales. Hay que dejarse de estar con tantas pantallas y demagogias políticas.

 

Ahorita aparecen otros engreídos y altaneros políticos de nuevo cuño, descendientes para fines de manutención del erario público, encabezados por el ideólogo y pensante más destacado en esa materia, que ahora está aspirando a dirigir los destinos de la nación próximamente, ¡bueno!, exponiendo sobre la necesidad de imponer tributos al aire que se respira;  a la procreación de seres humanos en el país; a los ingresos provenientes de los servicios que ofrecen las prostitutas y los prostitutos que operan tanto en los lugares privados de recreación, como en nuestras calles y avenidas; y, probablemente, hasta se definan otras fuentes posibles de captación.  ¡Ya aquí nada se puede dudar!

 

Mientras tanto, las carencias en la actualidad, y de seguro por mucho tiempo hacia adelante, de los principales servicios públicos básicos, sobre los que sólo se tienen aparentes intenciones de querer resolver, habrán de continuar. Al pueblo nada más se le venden allantes circunstanciales, y le transmiten mensajes vagos, amen de estar haciéndole alharacas contentivas de promesas aéreas, ¡que nunca se llegan a cristalizar!

 

Todo se convierte nada más que en bla, bla, bla, para seguir embaucando a la ciudadanía, mientras las condiciones económicas, sociales y ético-morales en la nación continúan empeorándose, aun las pinceladas de bonanza que se proclaman – crecimiento económico que sólo se ve en los números fríos que difunden los economistas tecnócratas al servicio del poder político, a través de sus verborreas alucinantes. ¡Ninguna economía crece cogiendo cuartos  prestados! -, paz social, y de aprestos educativos, argumentos a los que se recurre de ordinario, para pretender inculcar en la mente de la gente otra imagen nacional, muy distinta a la realidad en que se vive.

 

En ese sentido, y tomándose como ejemplo relativo, deben haber provocado bastante risa unas declaraciones que no hace mucho tiempo aparecieran en la prensa local, ofrecidas por el señor vicepresidente ejecutivo actual de la CDEEE., en el sentido de que con los nuevos planes de generación que se tienen, utilizando plantas de carbón, si mal no recordamos, se espera que dentro de unos tres años haya solución al problema energético nacional. ¿Estarán ahí las mismas autoridades?

 

Si la memoria no nos traiciona, habló también de una significativa rebaja en la tarifa eléctrica para entonces. ¡Qué esperanza! ¿Desde cuándo se viene hablando aquí de procurar soluciones en el sector? ¡Oh!, ¿y con los contratos leoninos suscritos con los “altruistas” generadores actuales, qué pasó? ¿En qué quedó la tan cacareada revisión y eventual modificación a que hizo  mención con vehemencia durante la última campaña electoral celebrada, y en el inicio de la presente gestión de gobierno? ¿Se archivó el expediente como siempre?

 

Eso sólo por mencionar uno de los tantos problemas nacionales, cuyos posibles proyectos de solución, una vez son hechos del conocimiento público, se engavetan, y jamás nada se resuelve. A propósito, también estuvo muy sobre el tapete el año pasado el asunto de la revisión y enmiendas al contrato con la “Barrick Gold”. ¿Y qué es lo que en realidad se ha hecho hasta ahora? ¿Cuál ha sido el producto logrado para el país, y sus efectos económicos, cuyo conocimiento haya trascendido como debe ser hasta la opinión pública en general, después de las negociaciones anunciadas?  ¡Muy poco es lo que se ha sabido!

 

El último tema que descolló en la palestra pública – antes de aquel que desplazó el hablar de todos los otros asuntos nacionales, y que ha copado hasta el hartazgo la atención pública nacional e internacional; que ha generado más controversias e incertidumbres que follajes en primavera, el concerniente a la famosa sentencia 168-13 sobre asuntos migratorios, evacuada por el Tribunal Constitucional de la República, con respecto a la que no se sabe hasta ahora lo que en realidad ocurrirá, ¡como siempre! -, fue el de la educación, con hincapié en el negocio que constituye esa área en la República Dominicana, con alusión directa al can anual de la especulación que se registra en los costos de los utensilios inherentes, con principalía en los libros de textos.

 

Se creó incluso, hasta una comisión permanente a nivel de la Cámara de Diputados del país, para dizque buscar soluciones a esa problemática.  ¡Hay que sentarse bien cómodo a esperar!

 

Por ese mismo carril andan todos los problemas nacionales, sin que se alcancen a ver luces promisorias al final del túnel, incluido el gran flagelo de la delincuencia y la criminalidad que desde hace años viene azotando a la sociedad dominicana. Todo se queda a nivel de amagos y politiquería.

 

Para ése ahora, se está hablando, como dijéramos más arriba, de la necesidad de imponer nuevas cargas tributarias a la población, a los fines de costear las ejecutorias de orden, a lo que de seguro el pueblo se opondría, lo que hace previsible que las cosas en tal sentido continuarían de igual modo, con tendencia a un empeoramiento obvio.

 

En los momentos en que uno entonces, osa leer los periódicos locales, escritos y digitales, la percepción que por regular se recibe, es como cuando se trata de una medicina con muy desagradable sabor, y sin efectos curativos reales, que además  produce daños colaterales de gran significación.

 

En el caso que nos ocupa, serían enfados, sufrimientos, desequilibrios emocionales; y, el peor de todos, la pérdida de esperanzas, con el asalto de un sentimiento de impotencia que lacera, en cuanto se refiere al accionar indicado que procede. ¿Qué puedo hacer, que no sea seguir soportando? Es la conclusión a la que se arriba.

 

Por tanto, es mejor no ver,  leer, ni oír nada, para no darse por enterado.  Dejar que las aguas sigan corriendo hasta que este pueblo despierte, y se dé cuenta hacia el derrocadero que le están conduciendo, y reaccione entonces. ¡Hacerse uno el loco!

 

Así, la gente que los políticos de nuevo cuño no han logrado adormecer, atolondrar, para que se tornen pasiva y conformista, dejan de sufrir y preocuparse por esta depredada nación, con un futuro más que incierto.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

Rolando Fernández

 

 

 

Calificación eutanasia, ¿buena o mala?

¡Tremenda pregunta! De acuerdo con el diccionario enciclopédico “Pequeño Larousse Ilustrado 2010, la eutanasia en una de sus acepciones es: “Acción de provocar la muerte de un enfermo incurable para abreviar sus sufrimientos o su agonía, siempre y cuando lo solicite el propio enfermo, o la persona que legalmente se hace cargo de ella”.

 

La verdad es que, el lograr obtener una respuesta concluyente con respecto a esa decisión personal voluntaria de interrumpir una corriente de vida que aún no ha concluido en realidad, por el hecho de encontrarse sufriendo físicamente, o siendo víctima de una agonía  considerable, a causa de una afección en la salud, que comprobado está resulta insalvable, tiene sus bemoles. ¡No es tan fácil calificar la alternativa!

 

El responder de manera efectiva a la inquietud planteada se torna bien difícil, por la parte bastante inescrutable en que debe ser también considerado cualquier juicio que se emita al respecto. Y es que, el mismo debe ser ponderado tanto en el marco de la mente humana, como en el contexto enteramente espiritual.

 

Con muchísima razón se incluye en el trabajo que hemos tomado como base para exponer esta humilde opinión, que señalaremos algo más adelante, la aseveración hecha por el autor, “Un tema que es objeto de debate desde tiempos inmemoriales”. Claro, porque es muy complicado o complejo el aunar criterios teniendo como referentes los marcos señalados. No se puede marginar ninguno de los dos. El asunto es muy relativo, y va a depender la cualificación que se le otorgue, de la óptica desde la cual se enfoque.

 

Considerándole en el ámbito físico propiamente, es obvio que, cuando ya nada se puede hacer para recuperar la salud de una persona, sería lógico y hasta aconsejable el acogerse a ese procedimiento de interrumpir la corriente de vida que se haya venido cursando, y así poner fin a los sufrimientos o la agonía que provengan de cualquier enfermedad terminal, máxime si es una acción legal en el país de que se trate. Es una actitud liberatoria hasta cierto punto, tanto por parte del que así voluntariamente lo decida, como por los facultativos que procuren complacerle.

 

Ahora, hay que ver el asunto también en ese tenor que dijéramos más arriba que resulta insondable: el espiritual evolutivo a cargo de todos los representantes de la especie humana, como Atributos divinos que somos, con una misión de Manifestación Suprema que cumplir; como, el asumir determinadas cargas kármicas pendientes de punición, por causas sembradas en vidas anteriores (karma maduro), y hasta alguno que se pueda  generar durante la actual existencia física,  para lo cual se predispone de antemano un tiempo cronológico exacto. El viaje transitorio sobre el planeta Tierra habrá de concluir en un día y momento específicos. ¡Nadie lo abandona la víspera,  por Voluntad  divina!

 

En consecuencia, el hombre no es quien para decidirlo, el deseo particular de él es inferior; y por tanto, cuando ose hacerlo, se entiende que asumirá una nueva responsabilidad kármica, al truncar el sendero espiritual que debe recorrer transitoriamente, dejando incompletas fases inherentes al mismo, que luego tendrá que volver a trabajarlas en experiencias terrenales futuras.

 

Las interrupciones de esa forma se podrían equiparar con las decisiones de suicidios, que  se derivan de conflictos emocionales por regular, o frente a situaciones concretas a las cuales no se les alcanza a ver solución en lo inmediato, aunque siempre las tienen en el tiempo; pero, la desesperación, considerada  con mucha razón como mala consejera, conduce a esos tristes caminos de cercenar el periodo de  vida que se  esté cursando, al percibirse la gente como impotente para resolver. Además, también se olvida que nada es casual, sino que todo es causal, y que tal decisión no elimina razones.

 

En lo que respecta a la eutanasia decidida y aplicada, los efectos derivados no sólo conciernen en lo individual o personal, sino también a todos los demás seres envueltos en el evento “interruptor”. Pues, cada cual debe cumplir  con la totalidad de lo asignado, – y ningún otro congénere tiene derecho a interferir -, al instante en que se acepta cualquier ingreso al plano físico de la materia, con propósitos evolutivos. Primera fase del libre albedrío, según sostienen algunos esoteristas.

 

Cada corriente vida, preciso es reiterar, tiene un prediseño con todas las características individualizadas, en términos de las condiciones personalizadas y ambientales requeridas; dones atribuidos, aptitudes muy propias, “conquistas” kármicas asignadas, etc., a los fines de que se cumpla con el plan de encarnación trazado de antemano, el cual no se debe violentar motu proprio, como tampoco ajeno.

 

Un aspecto de capital importancia a tener siempre presente es la verdadera esencia de la especie humana – espiritual -. Que, según es de gran consenso dentro del esoterismo elevado,  los hombres somos entidades espirituales en busca de una experiencia terrenal, contrario a lo que  de ordinario se cree, humanos en busca de una experiencia espiritual. ¡Qué siempre se debe actuar adherido a esa concepción!

 

Como se puede advertir por lo expresado, el contestar al señor Fernando Rodríguez C., la pregunta que hace a través de la columna que publica en el medio escrito “HOY”, edición de fecha 19-1-14, página 10ª, que creemos nadie se la podrá responder con exactitud, luce una tarea muy difícil, por no decir imposible: ¿Es la eutanasia buena o mala?  ¡Tremenda interrogante!

 

La inquietud seguirá quedando en el aíre. Y, como mayor satisfacción se le podría encontrar es, procurando incursionar en el plano espiritual, asociándole con el mismo; ponderando el tema con agudeza reflexiva en ese orden. Además, no dejando de lado que,  nada sobre este planeta Tierra ocurre por accidente; que todo obedece a  reales causas que subyacen, reiteramos.

 

De otro lado, aunque conexo, reflexionar sobre que, en el caso de las enfermedades terminales, ya en sus fases finales, que es donde más se verifica la proclividad hacia la eutanasia, se tiene gran consenso en el sentido de que, obedecen a causas kármicas que se deben “conquistar” durante las encarnaciones terrenales (puniciones),  que ahora las está tratando de descodificar, hasta donde le sea posible claro está, la ciencia convencional, estudiando y procurando descifrar la composición del llamado genoma humano en las personas, que es el “disco duro” individualizado se podría decir, donde todo lo perteneciente a cada cual  está consignado.

 

Veremos, finalmente, qué se puede lograr, aunque muy pocas posibilidades se advierten. Se podrían obtener ciertas dispensaciones por comportamientos observados presentes, ¡pero no más entendemos! El cumplimiento de la Ley Natural de Causa y Efecto, origen de lo vivido y por vivir, ¡es inexorable!, de acuerdo con la amplia concepción que se tiene entre los entendidos connotados en la materia.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

Rolando Fernández

 

 

Allantes que son noticias

Las pantallas con la figura del gran maestro Juan Bosch no cesan. Ya no encuentran que  inventar los políticos de nuevo cuño, que ahora se cobijan bajo la sombrilla del peledeísmo – los seudos discípulos del líder -,  que evidentemente perdió desde hace ya tiempo toda su esencia primigenia.

 

Después que se han cansado de deshonrar la memoria póstuma del inmenso otrora político nacional, con actuaciones y procederes humanos que distan tanto del pensamiento, como de los principios siempre exhibidos por el inolvidable profesor Bosch, creen que con estar loándole en el presente, harán que la gente olvide las deleznables acciones en que han venido incurriendo, con posterioridad a la pérdida de sus condiciones físicas y mentales, como de la partida definitiva del planeta Tierra, en lo que respecta a su última corriente de vida programada.

 

¡Sí!, los herederos malos alumnos, y hasta ingratos se podría decir, con rarísimas excepciones, de la organización fundada por aquel prohombre dentro del escenario político interno, que luego la han convertido en una “empresa lucrativa”, emulatoria de las demás del país, en términos de pretensiones grupales y apetencias personalizadas, condición ésa que cada día se pone más en evidencia.

 

Incluso, es una de las cosas que  se desprenden de todo cuánto  ocurriera durante los proselitismos y la celebración del último VIII Congreso Comandante Norge Botello, en lo relativo a la escogencia de los nuevos miembros del Comité Central de la organización, con una apertura de selección para participar, y amplitud en número, nunca vistas desde la fundación del partido.

 

En el evento no faltó nada de lo que se acostumbra a ver en esta República, cuando de actividades de ese tipo se trata, y la “bola sigue corriendo”, según ha venido reseñando la prensa local: utilización de fondos públicos para  apadrinar gente, desordenes en locales para votación, robo de urnas, forcejeos a granel,  quejas, impugnaciones, lucha de tendencias, etc.

 

Y es que,  ya los miembros actuales del partido morado, en su gran mayoría, sólo aspiran a alcanzar el poder para ir a servirse del  mismo, contrario a aquella que fuera la loable y preciada concepción del insigne maestro: “ir a las instancias estatales a servir al pueblo, no a servirse de las mismas”.

 

Y claro, el Comité Central de la entidad sirve como la gran plataforma para catapultarse políticamente en pos de los propósitos que se tengan, que no necesariamente tienen que estar en correspondencia con el pensamiento del innegable líder.

 

En ese orden, ¡y como ha sido de esa manera última!, se buscan en el presente todas las formas posibles de cubrir o guardar las apariencias. Y parte de esas están constituidas por los reconocimientos demagógicos,  como los recordatorios protocolares de los que siempre ha venido siendo objeto el pasado y único “líder morado”,  actitudes “lamboneriles” que el mismo siempre despreció.

 

El profesor Juan Bosch mostró en toda ocasión ser enemigo de las loas, “de los dientes para afuera”, como se dice en Dominicana. Sí aquilatador, y reconocedor, de los principios morales y patrióticos enarbolados por los grandes hombres del mundo.

 

Ahora sale alguien aquí a proponer que se designe a Juan Emilio Bosch Gaviño, como “Gran Maestro y Forjador de la Democracia Dominicana”, por el ser el dominicano del siglo XX que mayores aportes hiciera  a la consolidación de la democracia, al Estado Dominicano y la moralización del ejercicio político”. ¡Anjá, qué lindo suena! ¿Y por qué en vez de reconocerlo, no se le trata de emular en su proceder?

 

Pero además, incluye el senador Juan Olando Mercedes en su iniciativa, el que se declare el día 20 de diciembre de cada año “Día Nacional de la Democracia Dominicana”, por constituir esta fecha la puerta a la luz de la democracia y al Estado moderno dominicano”.  (Véase periódico “Diario Libre”, del 26-12-13, página 14). ¿Democracia o libertinaje, con posterioridad a esa fecha? ¡Ese sistema impone deberes y responsabilidades con los que en esta nación nunca se  ha cumplido!

 

Opina y recomienda ese señor, que también  se entregue durante ese día a destacados dominicanos el premio “La Gaviota de la Dignidad”, alusivo al gran prócer claro está, como forma de reconocer el valor de aquellos dominicanos nobles y abnegados a favor de la vida democrática e institucional de la sociedad y la conservación de los signos, instituciones y símbolos patrios”. ¡Qué bien!, ojalá que esa fuera la actitud de todos los nacionales.

 

Si mal no recordamos, en ese tenor último, hace ya un tiempo se montó el Himno Nacional del país en uno de esos ritmos metálicos modernos (reggaeton),  y se publicitó el video a través de la red de la Internet. ¡Muy poco caso se hizo al asunto!

 

En adición, se tiene a lo interno con relación al mismo que, cuando la pieza oficial es tocada en algunas escuelas y colegios nuestros, los muchachos en vez de honrarle y procurar aprender sus letras, lo que hacen es ponerse a bailarlo ante la mirada indiferente de muchos profesores.

 

También en una ocasión, una de esas seudos cantantes “comberas” locales osó confeccionarse una tanga, o traje de baño, utilizando el símbolo de la Bandera Patria Dominicana. Creemos que hasta se exhibió con ese vestuario tan inapropiado, en la portada de una revista farandulera internacional. Esa rompió el “mediocronimetro”.

 

Y, como era de esperarse, ninguna autoridad competente de la República se atrevió a decir “esta boca es mía”, ante esos dos connotados irrespetos mencionados. Si la memoria no nos falla, al único que escuchamos decir algo en un programa de televisión, que no sabemos si aún mantiene, con relación al último, fue al notable periodista y comunicador, Delis Herasme, reprochando el hecho, y pidiendo se actuara en consecuencia.

 

Luego, ¡cuánta demagogia! La verdad es que el papel aguanta todo. Como se ganan todos estos congresistas nuestros el paquete de cuartos, salarios y conexos, habiendo tantas cosas aquí más prioritarias sobre las que se debe legislar y proceder.

 

Dos preguntas más se desprenden del referido proyecto de ley. Primera, ¿Y qué se hace desde el Congreso de esta República en pos de la preservación y consolidación de esas cosas que ahora se está procurando reconocer y premiar? Segunda, ¿qué valor les han dado los políticos de nuevo cuño a los grandes aportes boschistas, principalmente, los que siempre se escudan tras sus principios morales y patrióticos, para sus comportamientos indebidos? Los que han tirado todo por la borda. ¿Acaso no sabe eso el proponente en cuestión?

 

Por qué no promover mejor a lo interno del Senado de la República, una iniciativa mediante la cual se procure inducir en realidad a los todos políticos nuestros, mayormente a los pertenecientes a la parcela morada, y que se suponen legatarios directos de los valores y principios boschistas,  a la observación y fiel emulación de aquellos. ¿No sería mucho más loable y objetivo algo así?

 

Dejémonos ya de tantos allantes y pantallas, utilizando el nombre del gran mentor y líder. ¡Emulémosle!

 

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

 Rolando Fernández

 

 

 

 

¿Por qué no despertar?

De acuerdo con lo que se expresa en el diccionario “Pequeño Larousse Ilustrado 2010,  el convencionalismo es: “Práctica u opinión que por comodidad o conveniencia social se considera norma”.

 

La verdad es que, el adherirse por completo a las concepciones de índoles convencionales, más que “comodidad o conveniencia social”, conlleva un alto grado de ignorancia implícita en las personas.

 

Y es que, cuando así se procede, de ordinario se desconocen las verdaderas razones que están detrás de lo que se hace.  Muchas veces obedecen los comportamientos observados, a la emulación de meros inventos procedentes de personas embaucadoras; de gente que siembra en terrenos donde las estupideces florecen rápidamente; en aquellos lugares en los que el material pensante escasea con bastante notoriedad.  Allí se depositan las semillas que germinan, y se reproducen con prontitud a través del tiempo.

 

De ahí que, cuando a algunos se les pregunta el porqué de tal o cual práctica, relacionada con determinadas normas sociales, la respuesta inmediata que aflora: “es lo que estoy viendo desde que nací; realmente no sé de dónde viene, y mucho menos, lo que significa”.

 

Eso dice claramente, que no hay un despertar; que no se tiene conciencia respecto de lo que se hace; que se es una persona ignorante inconsciente. Simplemente, la gente se preocupa por seguir la corriente, para complacer a los demás; o, porque en realidad conviene hacerlo, en procura de algún propósito específico.

 

Estableciendo similitudes entre algunos de los diversos actos convencionalistas que se producen, que se van trasladando de una época a otra, sin saberse el motivo real, reparamos en algo que guarda cierta similitud con lo expresado más arriba, y que es un asunto que data desde la antigua Roma: los cortejos nupciales, encabezados hoy por una “dama de honor, como las de compañía”, alcanzando estas últimas un número significativo.

 

La antigua costumbre aún se mantiene vigente, aunque ya no con la composición grupal original, como tampoco la esencia primigenia de otrora. Es algo que, en el presente implica cuantiosos gastos de dinero, y nada más; al igual que, un compromiso para las seleccionadas, que se torna prácticamente ineludible; pero que, aquilatado en su justo valor, como que carece de sentido en los tiempos presentes; que sólo lo tendría en el ámbito protocolar ostentoso, que sí se estila en la actualidad.

 

Precisamente en estos días, una joven amiga que fuera escogida para tal desempeño, conjuntamente con otras muchachas, tuvo que dejar de lado un fuerte virus gripal, con el estado febril que le acompañaba, para cumplir con uno de esos roles (dama de compañía), bajo el alegato de que, ¡no se podía faltar!, con todo lo que ello implicaba, en términos de maquillaje y representación física total, incompatibles con su estado de salud. ¡Buenos!,  ¿y no habría que pensar en esa última primero, y no en aquella costumbre-ritual, con tan poca significación ya?

 

Al advertir ese apego tan irrestricto a tal norma social, procuramos investigar un poco más a fondo sobre el origen real de la misma, encontrándonos en la red de la Internet con algo que transcribimos a continuación, que merece ser destacado:

 

“En la Roma antigua las damas de honor formaban una especie de infantería o séquito de la novia cuando ésta se trasladaba al pueblo natal del novio para celebrar la ceremonia, y su propósito era el de proteger a la novia de un posible secuestro o del robo de su dote, vistiéndose como ella para que no se supiera quién de las damas era la auténtica novia. Asimismo tenían la función de salvaguardar a la novia de los espíritus malignos siguiendo sus pasos hasta el altar. Por su carácter protector a las damas de honor también se las conocía como madrinas”.

 

Luego, reflexionando sobre el contenido allí expuesto, la pregunta obligada sería: ¿y qué tanta significación podría tener eso en el presente, que no se pueda evadir el compromiso por una causa de fuerza mayor?

 

Probablemente, la respuesta más apropiada puede ser, aquella razón que expusiera con estilo y elegancia el cantante Raphael, de España, en uno de sus mejores éxitos, expresada más o menos en los siguientes términos: “Costumbres, viejas costumbres, no dejan al mundo correr.  Costumbre, viejas costumbres, nos atan de manos y pies.  Razones sin fundamento, caminos que hay que recorrer; los quiera, o no los quiera, pues son costumbres de ayer”. Por ahí anda el cabal cumplimiento, en relación con lo que se trata.

 

Cuando nos concienciamos sobre el porqué de las cosas, flexibilizamos  actitudes y comportamientos con respecto a lo exigido por las grandes mayorías. No nos dejamos arrastrar como borregos, manteniendo por encima nuestras concepciones personales muy propias. ¡Acabamos por dejar de ser parte del paquete narigoneado!

 

¡Despertad señores!;  A darse cuenta de la razón o motivo real de cuánto se lleva a cabo; y, obviamente, hacer conciencia. Los beneficios pueden resultar mayores, que cuando nos dejamos influir totalmente por otros; cuando nos limitamos sólo a aceptar lo que siempre se ha hecho.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

¿Será con sus cuartos el costeo de todos esos proselitismos morados?

¡Difícil que sea de sus bolsillos! Lo más probable es que, ese gran derroche financiero morado en pos de lograr ser elegidos como miembros del Comité Central de esa organización política, que tantos pertenecientes a dicho partido han venido llevando a cabo, tenga como fuente principal las alcancías de los recursos económicos estatales; que un alto porcentaje de los dineros dilapidados ya, y los que faltan, en esa actual campaña interna, provengan del abanico de impuestos y arbitrios con los que tiene que cargar el pendejo “burro objeto” de siempre: el pueblo.

 

De acuerdo con una publicación de primera plana que aparece en un periódico local, todo luce indicar  que la fiesta ha ido en grande, “Derroche de recursos en la fase final elección PLD”, con una amplia reseña descriptiva interna que, ¡leyéndola bien! pone a reflexionar a cualquiera, por lo que se puede inferir entre líneas. (“El Día”, del 10-01-14). Claro, se refiere a la etapa última, al empuje definitivo para procurarse cada cual alzarse con la victoria.

 

Ahora, desde cuándo comenzó a gastarse, a raíz del evento eleccionario de que se trata, por anuncios propagandísticos en lo periódicos y otros medios, como la radio y la televisión. Además, en las gigantescas vallas, donde se exhiben las fotografías, afiches, o distintivos del partido, mensajes, etc., a todo lo amplio de la República  ¡Eso cuesta cuartos!, y difícilmente se tengan en lo personal suficientes recursos para costear todas esas promociones.

 

A todo ese “dineraje”, que hasta la llegada de los comicios tendrán que derrochar los miembros aspirantes a ser elegidos durante el precitado torneo electoral, habría que adicionarle la millonada que se requiere para montar finalmente todo el proceso relativo al evento: habilitar mesas para votaciones, transportar miembros, otorgar dietas, suplir boletas, y todo el material gastable complementario, etc.

 

¿De dónde salen esos recursos? Indiscutiblemente, de los bolsillos de la población, que es la que subvenciona a los partidos políticos, con las cargas impositivas sobre los “hombros”, y demás contribuciones asignadas. ¡Penoso ese dispendio económico!, con tantas necesidades básicas no satisfechas que tiene esta población, a cargo del Estado.

 

Parece ser que, el hecho de pertenecer al Comité Central del PLD se ha tornado en un negocito bastante rentable. También, se tiene la convicción de que desde allí se puede catapultar cualquiera políticamente, lo cual es comprensible.

 

Son de las cosas que se advierten al menor intento indagatorio, por la búsqueda de membresía tan inusitada que ahora se observa, ante un proceso abierto de ampliación de ese organismo nunca visto desde la fundación de dicho partido en el año 1973.

 

Hoy, durante la celebración del VIII Congreso Comandante Norge Botello, cuán distintas se ven las cosas; qué frustrante resulta el recordar la considerada otrora organización del relevo político en la República Dominicana, llamada a liberar el país de sus opresores tanto internos como externos; de los injerencismos consistentes internacionales, como de las ofensas y pisoteos  a la soberanía nuestra.

 

¡Sí!, aquella organización que lucía como ejemplificadora del nacionalismo y la moralidad, atributos que caracterizaron siempre a su gran líder fundador, el inmenso profesor Juan Bosch. Un partido que adornaba su imagen pública con tantos rostros aparentemente confiables, que en su mayoría parecían ser files discípulos del gran maestro, e incorruptibles adeptos representantes futuros de su mentor y guía, en capacidad de honrar siempre su memoria.

 

¡Lamentable tener que decirlo! Pero, es una fehaciente realidad que, en presencia de un gran chasco, o frustración nos encontramos hoy, con respecto a toda esa gente encomendada. La mayor de la cosecha que se recoge en estos tiempos, después de los incansables y denodados esfuerzos del maestro-líder, es una camada de demagogos, desaprensivos, busca cuartos, arribistas, etc., con muy raras excepciones, sin peso significativo para cambiar el rumbo de la nave puesta en sus manos.

 

La gran mayoría, a los cuales se puede considerar sin temor a equívoco, como seudos delegados a posteriori,  han tirado por la borda todos los principios boschistas, y  sólo quieren ir al poder para servirse del mismo, no para trabajar en realidad en favor del pueblo, como fueron las enseñanzas recibidas; enajenar el patrimonio público; y, doblegarse ante los intereses internacionales, en pos de lograr sus propósitos personales y grupales.

 

De ahí, la triste y deleznable percepción que se tiene con respecto a este VIII Congreso Norge Botello; sobre esa gran apertura que se ha dispuesto, en términos de aspiraciones a ser miembros del Comité Central del partido, como la ampliación hasta una cantidad de personas muy considerable (150 nuevas, y 18 que sustituirían, alcanzando 168 puestos elegibles en total ahora. Véase publicación datos periódico “La Nación Dominicana”), que se tiene entendido, no han sido objeto de las evaluaciones pertinentes, y la discriminación debida.  ¿Para qué tanta gente en ese organismo?

 

Pero además, está de por medio en el certamen, el pugilato entre las tendencias de Leonel Fernández  y Danilo Medina, aunque lo quieran solapar. Se está tratando de medir fuerzas en ese orden; y por supuesto, de procurar obtener mayoría decisoria  en el seno de la citada instancia dentro de la organización. ¿Cuándo en época del profesor se podía ver algo así?

 

¡Ay de aquellos!,  si el verdadero y único líder pudiera retornar.

 

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

Una concepción osada para algunos

A veces hay consejos que se escuchan, y que no se olvidan. Su esencia perdura en las mentes de los receptores, no obstante el paso de los años, por la realidad que envuelve la misma, y porque la comprobación de los efectos provenientes, a diario se pueden verificar.

 

En más de una ocasión, escuchamos al extinto y distinguido médico psiquiatra nuestro, Máximo Beras Goico, externar, incluso públicamente a manera de orientación generalizada, la siguiente recomendación, dada más o menos en los términos siguientes: “Si usted no se siente nada, ¿a qué va usted donde un médico? Él siempre de seguro algo le va a encontrar, porque él vive de eso”.

 

Una advertencia así, hecha por alguien con autoridad para expresarla, no sólo por su condición de connotado galeno, sino por la especialidad disciplinaria en ejercicio entonces, era digna de prestarle la mayor atención posible; y, obviamente, quedaría grabada en la mente de mucha gente, con principalía en la pensante, poco narigoneable.

 

Él sabía bien cuanto estaba diciendo, aun fuera en contra de su propia clase, hablando en términos económicos Eso hacía más loables y asimilables sus pronunciamientos. Primero, por ser algo proveniente de un conocedor de las enfermedades mentales y emocionales en las personas, con incidencia obvia en sus anatomías físico-biológicas. Y, segundo, en razón de que ponía en evidencia su sentido de profesionalidad, como la poca inclinación por lo mercurial propiamente que le caracterizaba.

 

Pero además de eso, y en consonancia parcial con el parecer de Maximito,  es bastante conocido que, de cualquier cosa los seres terrestres – hombres en este caso -, perecerán físicamente en un día preciso y momento predeterminados para cada corriente de vida en particular; que la razón por la cual será, está codificada de antemano – algo comprobado ya científicamente -, en las informaciones individualizadas que contiene el denominado genoma humano; y que, la asistencia facultativa por preventiva que sea, no podrá impedir esa partida obligada del planeta Tierra – la muerte convencional – por parte de todas  las especies que lo habitan.

 

Por otro lado, se tiene el temor de que muchos médicos en su afán de generar ingresos, de mantener cautivos a los pacientes que les visitan en sus consultorios, y en adición la “adivinadora”,  pueden provocar mayores daños en sus clientes, pues así les consideran, que se agravan más aún por los efectos secundarios que provocan los fármacos químicos que les prescriben.

 

Como se podrá advertir, todo lo expresado más arriba guarda estrecha relación con la llamada medicina preventiva, mucho más comercializada hoy, que cuando el doctor Beras Goico trataba de concienciar a la gente sobre ese particular. ¡Ay!, si ese galeno estuviera en el plano físico todavía, se explayaría con mayor sustentación, haciendo uso de aquel verbo encendido que le distinguió siempre.

 

Evidentemente, ese tipo de medicina puede arrojar sus beneficios, en términos de aminorar padecimientos futuros en las personas. Pero, la afección programada para la conclusión del viaje terrestre que discurre, no hay manera de hacerla desaparecer. Claro, hablando esotéricamente.

 

¡Esa llegó para quedarse hasta el final!, con la característica especial de que no son sus síntomas, y probablemente ni ella misma en sí, los que matan como dice la gente, sino la hora precisa para el desenlace. Los mismos tienen la misión de ir creando las condiciones para el despido final, y el retiro definitivo  hacia el verdadero plano espiritual – por la esencia de los humanos -, cuando concluya el tránsito cronológico terrenal dispuesto.

 

La afección predispuesta como tal, y los mismos malestares inherentes que provocan el sufrir la lo largo de subsistencia física, pueden ser objeto de algún tipo de dispensación por parte de la Madre Naturaleza, teniendo como concurso la asistencia facultativa, dependiendo del modus vivendi que se haya observado. Y, eso es algo que hace recordar aquella frase añeja de que, “el que bien vive, bien muere”. ¡Comprobable!

 

También, los chequeos médicos preventivos pueden tener su parte negativa, por los aprestos de la comercialización a nivel de la medicina en general por un lado, como se expresara más arriba. Y por el otro, en el sentido de que, cuando algo de consideración se le diagnostica a cualquier persona, la autoobservación inevitable contribuye a empeorar más aún el cuadro clínico,  y acrecentar los padecimientos, que se tornan más lastimosos.

 

¡Preferible!, no saber nada; es lo que tantos sostienen, y que se haga la Voluntad de Dios. De todas maneras, está más seguro el día para partir, que aquel circunstancial que fuera para ingresar al plano de la materia física densa.

 

La disyuntiva de las revisiones médicas previas, o el esperar hasta el final está planteada. Y, el juicio bien ponderado es el que debe prevalecer, partiendo de que la mejor asistencia, en cuanto a salud se refiere, se la puede proporcionar uno mismo, a través de una adecuada y favorable ingesta  alimenticia, el ejercicio constante, como el evitar los excesos en todas las cosas. El organismo humano tiene sus propios mecanismos de curación, cuando se le crean las condiciones requeridas.

 

Además, si lo asignado nos toca porque nos toca – de lo que uno se va a morir -, lo repentino podría siempre reportarse como lo más apropiado. Sólo que, como sostiene una connotada autora, “el sacramento cristiano de la extremaunción (o último rito),  que se administra a los moribundos, debería formar parte regular de la vida humana”, sin aferrarnos nunca al mundo de lo físico, procedería agregarse.

 

Significaría eso que, ante todas las encrucijadas que nos presenta la vida, “necesitamos dejar < morir > una fase anterior”, por lo que la liberación del espíritu se tornaría continua. Y, no habría  que dejarla entonces, hasta el final de  los días terrenales, como es lo que de ordinario se estila.

 

Ella expresa textualmente que, “En su sentido simbólico, la extremaunción representa el proceso de rescatar el espíritu de los diversos < rincones > de la vida donde todavía hay < asuntos inconclusos >, o la liberación de pesares que continúan tirando de la conciencia…..”

 

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

Sentencia 168-13, e impuestos nuevos a aplicar

La verdad es que, ¡son ésos dos huesos duros de roer por parte de las presentes autoridades gubernamentales! Por algunas declaraciones y recomendaciones externadas, que ha venido  publicando  la prensa local durante los últimos días, parece ser que algunos personajes despiertos nuestros han estado vislumbrando, o advirtiendo, la posibilidad de que el Gobierno tenga que enfrentar en el futuro cercano serias dificultades económicas y sociales, de no actuarse con el tacto necesario, debido a la aplicación de la famosa sentencia 168-13, evacuada por Tribunal Constitucional (TC), inapelable; como, el pretender continuar presionando más a este pueblo con nuevas cargas impositivas.

 

Es indiscutible que, por los eventuales efectos derivados que se infieren en relación con ambas temáticas, se cree  que ambas cosas pueden estar representando una “bomba de tiempo” puesta en los pies del actualmente presidente de la República, por gente que soterradamente le esté adversando en el ámbito político, con un propósito obvio: hacer deslucir la presente gestión y aprovechar el descontento social que se genere para pescar en río revuelto.

 

Esa es una apreciación, que tiene consenso de alguna consideración a tomar en cuenta, entre determinadas personas pensantes aquí, por la fortaleza que evidencian las decisiones que se deben adoptar en ambos sentidos, principalmente con respecto a la precitada sentencia, ya que los asuntos de carácter impositivo se reportan como más manejables.

 

El espacio pagado que apareciera publicado en el periódico “Listín Diario”, edición de echa 30-12-13, página 9ª, intitulado  “Democracia en riesgo para todos los dominicanos”, independientemente de que se pueda estar o no de acuerdo con su contenido total, por la procedencia que tiene, y quien es señalado como autor – cargos desempeñados -, debe ser leído muy entre líneas, para sacar conclusiones.

 

También merece una lectura sosegada y reflexiva el acopio de informaciones que recoge el trabajo publicado en el medio “HOY”, edición de fecha 5 de enero del presente año, por el aguzado y connotado periodista nuestro Juan Bolívar Díaz, bajo el título “El genocidio civil no podrá sostenerse”, en el que señala que, “Tanto el presidente Medina como el expresidente Fernández saben que el  genocidio civil decretado por la sentencia 168-13 es insostenible y acarreará daños al país, pero parecen reos de sus sobrevaluados aliados ultranacionalistas”.

 

Evidentemente, y en el tenor de dicha nueva normativa migratoria, los aprestos de orden internacional en torno a la unificación de las dos naciones caribeñas, con sus cajas internas de resonancia, que desde hace ya bastante tiempo vienen siendo puestos en evidencia, como también los intereses de carácter económico que subyacen tras esas pretensiones, podrían provocar a esta República serios inconvenientes, por su dependencia con el exterior – comercial y financiera -, en el sentido de las trabas, como las exclusiones posibles; y en fin, el cerco que ya se advierte hay la intención de tenderle al país, en el caso de que no se obtempere con relación los alegatos vertidos, en cuanto al manejo y aplicación de la conflictiva sentencia.

 

El día anterior, 4 de enero,  en el mismo periódico citado, página 6ª, apareció una reseña sobre el mismo tema, correspondiente a unas declaraciones que ofreciera el experto en derecho constitucional Luis Gómez, que la intitulan, “cree juristas tienen posición nacionalista errada”, en la que el ducho abogado sostiene  “que si el TC hubiese tomado en cuenta artículos 26 y 74 no habría dado sentencia 168-13”.  Entendemos que  refiriéndose a la Constitución del República.

 

Claro, con su correspondiente explicación, haciendo hincapié en marco del derecho internacional, que siempre debe ser tomado en consideración, según él entiende. “Gómez señala que ya ningún país está aislado del ámbito internacional a pesar de tener su propia Constitución”. “Sería una soledad pensarnos con la razón exclusiva en un continente”.

 

Es indudable que, la sentencia 168-13, plantea una ecuación de difícil solución para el presente gobernante. Parece que los ideólogos de  que la misma fuera aprobada y puesta en ejecución en estos precisos momentos, no previeron algunos riesgos derivados posibles en el orden internacional, por la delicadeza de la disposición, y los factores humanos envueltos. ¡Ya veremos!

 

Respecto de la presión tributaria, que hasta de desaprensiva podría calificarse, ante las precariedades económicas a que ha venido siendo sometida la población para satisfacer la voracidad fiscal vigente,  en procura de cubrir las deficiencias financieras a nivel estatal heredadas de la gestión anterior, según se ha dicho, con la que tuvieron que ver de forma directa algunos creadores de impuestos nacionales que se gasta el país, que aún continúan gravitando en el quehacer económico de los dominicanos, y con aspiraciones a dirigir los destinos nacionales a partir del año 2016, también actuando como herramientas internas que utilizan los organismos de financiamiento internacional para sus propósitos  condicionantes en relación con los empréstitos que conceden, son muchas las voces que se han levantado en contra de.

 

Pero, además, son muy pocas las informaciones que fluyen en esta nación, en cuanto al uso real y efectivo de los tantos impuestos que se recaudan, y que se tornan más inquietantes aún debido a la gran sombra de la corrupción estatal que se ha venido registrando durante los últimos lustros, acompañada del triste y deleznable ambiente de impunidad reinante. En verdad, no se sabe a dónde en realidad va a parar el fruto de los tributos nacionales; y, es muy mínima la reciprocidad que se observa, derivada de ésos hacia la población.

 

Ya vimos que, como regalo inicial del Año Nuevo 2014 que acaba de comenzar, después de haber sido otorgada la “limosna navideña de la Regalía Pascual”, entraron de inmediato en vigencia aumentos impositivos que afectarán más aún de forma gravosa la canasta familiar.

 

Tan arbitrario e injusto se considera el asunto, que hasta los mismos comerciantes están opuestos a la nueva aplicación, y  han agregado la protesta a su lucha en contra de la instalación en sus negocios de las llamadas impresoras fiscales. No favorecen el incremento anunciado, aprobado desde el año anterior, de 8% a 11% del Impuesto sobre la Transferencia de Bienes Industrializados y Servicios (Itbis) a los productos de la canasta básica (café, azúcar, mantequilla, chocolote y aceite).

 

Pero además, el mismo ministro de Industria y Comercio, señor José del Castillo Saviñón, favoreció una prórroga en el alza del ITBIS a los productos señalados, como al Impuesto Selectivo al Consumo, según las declaraciones que aparecieron en un medio digital de prensa, por considerar que el aumento dispuesto, que comenzó a regir desde el mismo 1ro. de enero, va a disminuir significativamente el poder adquisitivo de la población.

 

Transcribimos textualmente: “El ministro de Industria y Comercio dijo que en lo personal favorece la posposición de la entrada en vigencia del incremento de 8% a un 11% del Impuesto a la Transferencia de Bienes y Servicios (ITBIS) a  varios productos de la canasta familiar”.

 

“José del Castillo explicó que igualmente hubiera preferido una prórroga en el alza impositiva que se comenzó aplicar desde este primero de enero al Impuesto Selectivo al Consumo”.

 

“Admitió que esos incrementos en la tasa de tributación de productos de consumo masivo, como el azúcar, café, yogurt, chocolate, margarina y aceite afecta el comercio y disminuye el poder adquisitivo de la población”. (Véase Almomento.net, del 5-1-14).

 

Finalmente, el expresidente, señor Hipólito Mejía, dijo que, “para una población agobiada de tantos impuestos, serán insostenibles las nuevas cargas adicionales al Impuesto a la Transferencia de Bienes Industrializados (ITBIS) para este mes a productos básicos” (Periódico “HOY”, del 5-1-14, página 4ª).

 

Como se puede inferir por todo lo expresado anteriormente, tanto la dichosa sentencia 168-13, como esos nuevos aumentos en el ITBIS, y Selectivo al Consumo, esperándose otros más de seguro para el presente año, en términos de aplicación, conforman una situación bastante delicada para el actual gobierno, por lo que se impone el actuar de manera reflexiva, y escuchar con atención las voces “opinantes” que se han levantado con relación a tales disposiciones, únicas hasta ahora.

 

“Hablar es de necios, callar de cobardes y escuchar de sabios” (Carlos Ruiz Zafón). Importante frase, muy aplicable en los casos aquí tratados, principalmente en lo que respecta a su última parte.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

 

 

El show de la Revista de Vehículos de Motor

¡Eso aquí no funciona! Es lamentable tener que decirlo, pero es la cruda realidad. Señores autoridades competentes, déjense de tal cuestión ya. Ese requisito sólo se presta para el cobro estatal de un mísero impuesto, que bien puede ser recaudado a través de otra fuente.

 

Es muy probable incluso que, los gastos en que se debe incurrir para las revisiones debidas, y la expedición de los marbetes correspondientes,  superen lo recaudado por dicho concepto, de una parte; y que  por la otra, se este contribuyendo a fomentar más aún el “macuteo” de siempre en las instituciones públicas nuestras; como además, el negocio con los “grueros”, y las posibles incautaciones de automóviles que hagan  los agentes de la AMET, ante el incumplimiento.

 

Aquí ya la gente poco caso le hace a esa seudo certificación de que, los vehículos están en condiciones aptas para transitar por nuestras calles y avenidas; pues, a quienes más se les debe exigir en ese orden, ¡y no se hace!, es a aquellos vehículos del transporte público que movilizan a diario a cientos de pasajeros, poniendo en riesgo sus vidas, por el grado de deterioro que se observa en las unidades que se utilizan, amén de las bombas de tiempo que llevan en la parte trasera, casi encima de los pasajeros: un tanque para gas propano oxidado e instalado en un patio cualquiera, hasta por los mismos conductores. Y, ni hablar de las “bellezas” y descuidos que presentan las famosas guaguas voladoras, para no seguir mencionando.

 

Nos sorprendió sobremanera que, a primeras horas del segundo día del Año Nuevo, preguntamos por un vecino cercano, y la respuesta fue, que había salido a las 4:00 am., para el lugar en que están revisando los automóviles, y entregando la cuestionada Revista, en la proximidades del Estadio Quisqueya, ya que había estado dos veces en el lugar, sin poder lograrlo; y que, de esa forma podría conseguir un puesto cercano dentro de la larga fila que se estaba haciendo, en vista del plazo fijado como primera prórroga.

 

¿Qué llama la atención?, que ese señor tiene un vehículo casi nuevo.  ¿Entonces, para qué  revisión y Revista?  ¿Qué sentido tiene la exigencia, si el estado del automóvil se reporta como lo fundamental?

 

Sin embargo, a todas esas chatarras, con un plástico como vidrio trasero, y  pedazos de varilla metálica para cerrar las puertas,  que andan por nuestras calles principales con el sello de la famosa Revista, comprada por supuesto, ninguna autoridad se atreve a decirles nada a los desaprensivos y temerarios conductores, para no ser mandado al carajo, y le digan “que andan buscándose el pan de los muchachos”.

 

Cabría incluir aquí lo publicado en la sección ¡Vaya perla!, del periódico “Diario Libre”, edición del 3-1-14, en que incluye lo expresado por el señor Antonio Marte, presidente de la Central Nacional de Organizaciones del Transporte (Conatra): “¿Y tú estás creyendo en chequeo de vehículo?  Las revistas se están vendiendo a mil pesos en la calle. Los que no tienen mil pesos  son los que hacen fila”. ¡Gran perla en verdad!, por provenir de ese personaje, precisamente, tan ligado a dicha actividad.

 

A propósito de lo que se trata, cuando nosotros caminamos por las vías de mayor tráfico vehicular aquí, y reparamos en los tantos carros deteriorados y defectuosos que transitan, recordamos una experiencia que vivimos en la vecina isla de Puerto Rico, cuando luego de abordar un taxi, una autoridad del tránsito allí detuvo el automóvil, y nos pidió con mucha cortesía bajar del mismo, en vista de haber observado que sus neumáticos no estaban aptos para circular. ¡Respeto a las normativas inherentes, y velar por seguridad de los usuarios del servicio! Aquí andan con  las gomas enseñando los alambres, ¿y qué?

 

¿Y cuál miembro de la AMET, osaría hacer eso en esta nación? De inmediato salen los empresarios del transporte público aquí, seudos sindicalistas, conjuntamente con el “tigueraje” busca pasajeros que opera en la paradas habilitadas alegremente, armados con tubos, palos y hasta machetes, a defender el “perruaje” de los conductores que laboran como a ellos les viene en gana, mayormente.

 

Entonces, que la Dirección General de Tránsito Terrestre (DGTT), deje ese asunto de la “bendita” Revista, y que el Gobierno se aboque a procurar otra fuente sustitutiva de recaudación para el mínimo impuesto que se debe pagar, reiteramos.

 

Para controlar esa situación de deterioro que se verifica en un alto porcentaje de los vehículos todos en esta nación, principalmente los que movilizan el grueso de los pasajeros, hay que buscar la aplicación de medidas mucho más drásticas.  Si es posible, incautar las unidades que representen un peligro público, y no entregársela más a sus dueños, bajo el pago de una justa compensación, expropiarlas.

 

En ese sentido, crear un organismo que se encargue de tasarlas, y desmantelarlas luego en todas sus partes.  Después, venderlas como hierro viejo y desperdicios a las industrias metalúrgicas del país. Por ahí sí que se acabaría con esa desvergüenza. Ahora, el Estado Dominicano tendría que dar facilidades para la adquisición de nuevos vehículos, a precios razonables; no con las leoninas cargas impositivas acostumbradas. ¡Sacrificarse en pos de!

 

Con relación a lo expuesto más arriba, muy pertinente resulta del contenido de la comunicación suscrita por el señor  Carlos Valenzuela P., dirigida al señor presidente de la República sobre el particular, publicada en el periódico “Diario Libre”, edición de fecha 30-12-13, que debería ser leída con atención, de la que nos permitimos transcribir una parte muy reveladora e importante.

 

“Si con la Revista se quisiera resolver un problema, el esfuerzo de inspección en un parque vehicular de más de un millón de unidades debería comenzar por aquellos que a simple vista no cumplen con los requerimientos para circular. No hay que irse muy lejos. Salga a la calle. Lo que no tiene sentido es gastar tiempo y esfuerzo en vehículos  nuevos, que cuentan con la garantía del fabricante, que regularmente son llevados a mantenimiento por sus propietarios, y que claramente pasarían cualquier inspección”.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

 

Rolando Fernández