Hay ejercicios profesionales que no se deben politizar

La verdad es que, hay cosas que a determinadas personas poco les pegan, como se dice, y menos llevando puesta una bata blanca, símbolo por excelencia de la clase, como sinónimo de respeto, seriedad, confianza, profesionalidad, pulcritud, etc. Tal es el caso de los  que ejercen  la medicina – los otrora denominados galenos, hoy empresarios de la salud para tantos -, que a veces incurren acciones muy cuestionables.

 

Ese espectáculo de protesta que escenificaron recientemente los médicos frente a las instalaciones del Ministerio de Salud Pública en la capital, utilizando instrumentos típicos musicales (guira, tambora, maraca, etc.), según una reseña de primera página que aparece publicada en el periódico “Listín Diario”, edición de fecha 28-9-13, en busca de que se les incluya para un aumento salarial en el presupuesto nacional correspondiente al próximo año 2014, lució como todo un show de mal gusto, por los actores que intervinieron, y que suponen otro tipo de comportamiento a observar frente a la opinión pública, por su delicada condición profesional.   ¡No son obreros!, sin denigrar a los que así se les califica.

 

Nadie imparcial y competente en este país, pondría en tela de juicio que, tanto los médicos, como los profesores nuestros que laboran a nivel estatal, deberían ser de los servidores ¡mejor pagados! en el sector público, debido a las funciones que realizan: preservar salud, y formar académicamente a la población para su progreso y desarrollo, respectivamente.

 

Penoso resulta ver que en esta República, cualquier pelafustán, analfabeto, por el mero hecho de la politiquería proclamada en favor de tal o cual candidato a la presidencia de la República, que logre alcanzar el poder obviamente, recibe cada mes un mayor pago salarial del Estado, que muchos médicos, empleados públicos, esclavos del sacrificio, estudios e investigaciones científicas, para poder servir a la gente toda, con mayor efectividad; como también lo hace, una gran cantidad de  profesores muy dedicados que se tiene en esta nación.

 

Lo que ocurre es que, ejercicios de esa naturaleza, ¡no se deben politizar!; se tienen que mantener al margen de la politiquería partidarista; no procurarse con los mismos, beneficios personales a través de ésa.  Sí ejercer con la abnegación y oportunidad debidas, a los fines de que las labores inherentes  sean justipreciadas y pagadas como debe ser.

 

Pero, lamentablemente, no se procede aquí de esa manera. No es la forma como piensa el grueso de los que ejercen en dichas áreas, agrupados en un Colegio, y Asociaciones, capitaneadas de ordinario por gente cuyo rostro evidencia lo que en realidad se suele ser: negociante, aprovechador, y busca cuarto, pero no representante en verdad de esos sectores laborales.

 

Se estiman esas agrupaciones, más bien como sindicatos, ribeteadas con los colores de los partidos políticos pertenecientes al ruedo nacional, algo que separa a sus miembros en términos profesionales, y divide las aspiraciones, como si fueran ávidos entes individuales en pugna. ¡Cada cual anda en busca de lo suyo!

 

Por ahí es que anda el mayor problema, a resolver por ellos mismos, los médicos y los profesores dominicanos que sirven en el ámbito estatal,  que con frecuencia están exigiendo,  protestando en busca  de mejoras salariales, como de otras reivindicaciones, prerrogativas, etc., en su favor, de manera conjunta, aunque separados políticamente.

 

Y, como es lógico suponer, ese accionar mancomunado así concebido, choca de frente con las consideraciones de algunos mandamases que dirigen la cosa pública nuestra, que representan a determinadas organizaciones políticas, y que actúan de forma separatista, como es obvio, dando preferencia a sus fieles adeptos. Ahí comienzan las “rebatiñas” y las negativas, porque no todo cuanto se puede lograr, va hacia lo general; sino que, la proclividad es por lo común, a particularizar intereses partidaristas.

 

Médicos y profesores nacionales, ¡a importantizarse!, darle valor a su ejercicio, al margen de las preferencias y las muletas de orden político. Esos estilos de lucha acostumbrados – las huelgas, que mayormente perjudican a la población, y las protestas callejeras, que tanto deslucen -, no son los que mejores les van a ninguno de sus sectores. Se debe procurar la definición de métodos más aptos, más acordes con sus valiosas vestiduras profesionales.

 

¡Se debe reflexionar muy bien sobre eso!

 

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

Se precisa de un nuevo modelo de gobierno: dictocracia representativa.

La verdad es que, cuando cualquier persona se detiene a reflexionar por momentos sobre el lúgubre escenario de una crisis tras otra en que se debate la sociedad mundial, del que no está exenta la República Dominicana, como es obvio, la conclusión obligada tiene que ser: la necesidad de un cambio drástico en el sistema generalizado de gobierno vigente, democrático representativo, a cargo de los políticos seudos demócratas y patriotas,  que siempre son los que dirigen.

 

¡Sí!, es lo que se requiere dentro del actual esquema de la llamada democracia representativa, que fracasó desde hace tiempo, aunque por conveniencias grupales, tantos países hayan permanecido adheridos al mismo. ¡Qué haya cambios profundos!, que se sustituyan los procederes característicos del modelo de actuación presente.

 

Y es que, los regentes desaprensivos actuantes, que por lo regular gravitan de manera connotada dentro del mismo, no tienen en realidad ninguna de las dos cualidades señaladas más arriba.  Evidentemente, son las pantallas que utilizan para agenciarse el poder estatal, y desde allí promover las actividades lucrativas personales; los grandes negocios envueltos en esos asuntos; como, en definitiva, la recuperación de las inversiones grupales e individuales que hoy caracterizan el ejercicio político, en cuyo  marco, siempre se está a la espera de las altas ganancias presupuestadas.

 

En sus actividades mercantiles de provecho personal, incluyen sin reparo hasta la enajenación por venta, o arrendamiento temporal, de los patrimonios nacionales. Convierten los Estados en empresas o fincas de su propiedad durante los años de gestión, en que las regentan, y proceden con plena libertad; a su voluntad muy personal, de ordinario.

 

Por supuesto, cuando se encuentran con fuertes voces disidentes que se oponen  a sus cuestionadas acciones, entonces recurren a la herramienta clásica: las decisiones concertadas, con beneficios compartidos entre todos, en los famosos acuerdos de aposento. ¡Las cosas se quedan en familia; los pueblos apenas se enteran!

 

Es así como actúan los políticos hoy, siempre tras el escudo de la llamada democracia representativa, por lo que jamás se pueden esperar soluciones a las severas problemáticas mundiales, que provengan de ese sector, bajo los actuales esquemas de dirección estatal, preconcebidos para actuar con liberalidad absoluta, y procurarse los solapamientos necesarios. Eso significa para un buen entendedor, ¡que esos personajes no representan solución alguna: sino, que más bien constituyen gran parte del problema a resolver!

 

Además que, con esos mismos actores no regenerados, operando bajo el sistema actual, las esperanzas de que el mundo pueda cambiar lucen cada vez más lejos; por lo que es entonces obligatorio, el que se produzcan las reflexiones debidas a ese  nivel, como un cambio profundo, en el que haya una actitud de gestión mixta, con procederes dictatoriales y democráticos a incluir

 

La nueva forma de gobierno que procedería, bien podría denominarse: “dictocracia representativa”, donde los gobernantes procedan en base al llamado sendero medio, dentro de la actividad política claro, prescrito en el orden evolutivo espiritual por la antigua filosofía budista; o sea, sin extrematizar actuaciones.

 

Sería aquella, con la misma idea que algunos conciben, utilizándose una mano fuerte (dictadura), y otra blanda (democracia), para combatir con esa primera, las acciones impropias y deleznables, provenientes de todos los sectores sociales, políticos y económicos envueltos.

 

¡Si no es así, el mundo en general continuará a la deriva! Acabarán por desaparecer los recursos naturales en escasez notoria ya, de propiedad, y para uso de todos los habitantes del planeta Tierra, que son acaparados y explotados comercialmente por un minúsculo conglomerado de gente inconsciente, compuesto por los políticos “democráticos”, y sus solidarios “canchanchanes” de siempre. Estos últimos, los grandes empresarios capitalistas regionales, con tantos recursos económicos para apadrinar candidaturas, en busca de recompensas bien fructíferas toda vez.

 

Ambos sectores  inciden de manera negativa en los derroteros progresistas de la sociedad mundial, y de alguna manera se debe buscar la fórmula para romper con ese maridaje dañoso, bajo la sombrilla de la precitada doctrina política, en que los pueblos otorgan representación.

 

Ahora, no cabe duda de que, ¡son los pueblos! los que tienen la última palabra; toda la capacidad requerida, para cambiar cuanto a ellos les está hundiendo siempre más en el abismo, por las actitudes desaprensivas de los políticos, y los empresarios “adherentes”, ávidos proclamadores esos últimos de los primeros, tras la mampara de ese sistema de gobierno, que se reporta “marginante” dentro de las sociedades, el cual aún se insiste en mantenerle, y denominarle: democracia representativa.

 

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

Su futuro luce incierto

Por lo que se puede advertir, es muy posible que otro referente histórico nuestro, en esta ocasión de orden científico,  concerniente a una de las ramas  especializadas de la medicina, el cáncer, esté próximo a que lo hagan desaparecer la generaciones de nuevo cuño,  tal cual ha venido ocurriendo con otros, aunque de índole diferente, que debieron haberse preservado en este país.

 

Verbigracia  se tienen: la residencia de Petán Trujillo, en la avenida San Martín de la capital, que debió haber sido convertida en un museo, para la exhibición de efectos antiguos pertenecientes a la radio y la televisión nacional. También, la misma “Casa Caoba”, en San Cristóbal, usada para veraneos y recreación por el exdictador dominicano, Rafael Leonidas Trujillo Molina, a los fines de que fueran expuestas allí todas las “pertenencias-vestuarios”, prendas, etc., y demás efectos alegóricos al “Jefe”. ¡Esos, sólo por mencionar dos casos!

 

Ahora se cierne alguna incertidumbre con respecto a lo que pueda ocurrir con el Instituto de Oncología Dr.  Heriberto Pieter, ante las evidencias persuasivas que afloran, y que se desprenden, por un lado, del  manejo administrativo interno que se observa en algunas de sus áreas principales, con hincapié en los recursos humanos-médicos, que muchos entendidos en la materia estiman como no apto, por parte de las autoridades que dirigen.

 

Además, se tienen que tomar muy en consideración también, con respecto a la percepción señalada, los efectos competitivos, y la evidente  duplicidad funcional que se pueda desprender de la definitiva inauguración y apertura del modernísimo hospital, Instituto Nacional del Cáncer “Rosa Emilia Tavares”, para manejos y control de la misma catastrófica enfermedad, entidad que también subvencionará  el Estado Dominicano.

 

Precisamente, en las proximidades del décimo mes del año, Octubre, declarado en el país como del Cáncer, cabría apuntar que, producto de lo expresado anteriormente, o sea, la forma burocratizada, antojadiza de dirección, y cuasi mercurial,  que en opinión de muchos conocedores de lo que fuera en tiempos pasados aquel centro asistencial, el frondoso árbol que logró sembrar y cultivar con tanto amor, como  altruismo innegable, la extinta doña Rosa Emilia Vda. Tavares, presidiendo la Liga Dominicana Contra el Cáncer, Inc.,  institución que tiene a su cargo el manejo de dicho hospital, se ha seguido deshojando de manera vertiginosa.

 

Una rápida visita por aquel centro de salud, creado para los pobres del país, víctimas de tan terrible enfermedad, y de inmediato se advierte el gran cambio que se ha verificado, en términos de la administración debida, como del apoyo y colaboración solidaria hacia los desconcertados enfermos, afectados por el mal, que se dan cita a diario en el lugar, buscando  asistencia médica, apoyo, y  consuelo.

 

Pero ocurre que, ya no son recibidos con el fraterno mensaje consolador y solidario de la rosa que se marchitó, y partió sin regreso, doña Rosa Emilia, cuya fragancia aún se respira por los alrededores del lugar, no obstante haber sido expulsada desde el interior de la planta hospitalaria, a la que perfumó durante tantos años.

 

El nuevo modelo allí impuesto por lo regentes actuales, que lucen hasta algo alérgicos a los depauperados, según es lo que se puede apreciar a un lejos, ha ido borrando la esencia misma de los actos amorosos e incondicionales,  que aquella dama ilustre trató de legar a la posteridad, a través del loable trabajo que realizara.

 

La percepción casi generalizada que ahora se tiene, y se recoge, con respecto al histórico Instituto de Oncología es: en la actualidad esa institución  presenta un matiz de clínica moderada, operando conjuntamente con el negocio de los seguros imperante en el país. Se cobran por los servicios y los tratamientos, ¡precios que no se corresponden con la esencia de la entidad!

 

También es posible que, debido a eso, las actitudes de colaboración externa de que otrora era objeto la institución altruista, filantrópica más que todo entonces, las cuales siempre alentó doña Rosa Emilia, con su proceder solidario de amor al prójimo, probado, deben andar por el suelo como se dice, en estos tiempos. Y es que, mucha gente antes expresaba, “con esa señora nunca existe el temor a la dilapidación “medalaganaria” de los recursos financieros aportados”.

 

Más provoca aún, el que los fieles colaboradores con aquella noble causa continúen perdiendo el deseo de ofrendar su óbolo, de hacer sus donativos, canalizar las ayudas a dicho centro asistencial, para contribuir en parte con los tratamientos, medicinas, y las atenciones facultativas a los aquejados de tan terrible mal, ambulatorios, como los allí internados, son algunas decisiones que toman las autoridades que dirigen, relacionadas con la gerencia optima de los recursos humanos, médicos, y demás allí disponibles, que debe regir  en el centro, la cual en ocasiones se deja de lado, para dar paso a disposiciones que trascienden hasta la opinión pública, y que se estiman más que improcedentes y cuestionables.

 

De seguir por el camino que va, y más ahora con la inminente inauguración y apertura definitiva del moderno hospital señalado, es muy probable que pronto se deje de hablar en esta nación del Instituto de Oncología Dr. Heriberto Pieter, que se debería tratar de conservar, como la sede histórica de esa rama en la República Dominicana, establecida por aquel prohombre, en el contexto científico nacional, con cuyo nombre le honra hoy, para el conocimiento, prevención y manejo de tan connotada enfermedad.

 

Y claro, bajo la tutela siempre de la Liga Dominicana Contra el Cáncer, Inc., que data desde el mes de septiembre del año 1942, pero que debe ser regenteada por personas que traten cada vez de emular en realidad, tanto al doctor  Heriberto Pieter, como a aquella excelsa e inolvidable dama, doña Rosa Emilia Vda. Tavares.

 

A pesar del galardón otorgado recientemente al Instituto de Oncología Dr. Heriberto Pieter, por al Fundación Corripio, “Premios 2013” que reseñara la prensa local, cuyos parámetros de valuación desconocemos, y con todo el respeto que nos merecen los miembros de jurado actuante, creemos que hay algunas cosas allí que deben ser revisadas, y readaptadas de nuevo a su esencia primigenia, la que dio origen a su creación, que perduró por algunas décadas después, pero que ya luce casi inexistente. ¡Ahora se respira una fragancia muy distinta en aquel hospital!

 

En ese tenor, el mayor factor evaluativo a considerar en una entidad de ese tipo, debería ser el concerniente a las facilidades económicas, la calidad, y oportunidad de los servicios asistenciales, con apego siempre a los propósitos que le dieron origen; a la conservación y superación de ésos, no obstante todos los elementos en contra que se puedan presentar; y, sin adhesión a los paradigmas impropios que acarrean siempre los nuevos tiempos.

 

De otro lado, y continuando finalmente con el temor, no infundado, que hoy abrigan muchos de los pacientes de ese hospital, es evidente que, se está en presencia de dos realidades concretas a ponderar en las presentes circunstancias:

 

Primero, que el Instituto de Oncología Dr. Heriberto Pieter, debe permanecer abierto para las clases menos pudientes del país; y, continuar operando, pero según su verdadera esencia primitiva. Porque, es muy seguro que, por razones obvias, aquella masa pobre que se tiene en el país afectada por el mal, no podrá tener mucho acceso al nuevo y modernísimo centro de salud en el área, próximo a inaugurarse de manera definitiva.

 

Segundo, que el lujoso y avanzado hospital – Instituto Nacional del Cáncer “Rosa Emilia Tavares” -, por igual subvencionado por el Estado Dominicano, para manejos y tratamientos de la misma afección terminal, evidentemente con mayores avances científicos y tecnológicos, también debe abrir sus puertas, aun sea para beneficios de los que se puedan considerar como  pertenecientes a otros núcleos sociales de mayor nivel económico  en la nación.

 

Luego, la gran interrogante que surge sería entonces, sobre la existencia de dos centros asistenciales para iguales funciones públicas de salud, lo cual representaría una doble carga estatal.  ¿Cómo se manejaría, y se coordinaría luego esa duplicidad?

 

¿Se inclinará en definitiva el Gobierno por dejar operando una sola entidad, que no cabe duda las preferencias estarían en favor del nuevo instituto señalado, por la cuantiosa inversión realizada, aun se tenga que poner en manos de la Liga Dominicana Contra el Cáncer, Inc.?

 

Claro, de ser ésa la decisión final,  conformada aquella institución  en base a miembros directivos con reales actitudes gerenciales y filantrópicas probadas, para regentear una entidad tan delicada, con muchos mayores alcances por supuesto, donde no podría haber distingos con respecto a clases sociales,  ni condiciones económicas ostentadas. ¡Sería lo más ideal!

 

Es  obvio que,  los precedentes que se tienen en este país, de hacer desaparecer referentes históricos importantes, como las evidencias notorias preocupantes que se externan, las cuales se podrían asociar con la eventual no conservación, y el manejo administrativo presente, estimado poco apto, al igual que tal vez lo sería en el futuro, del Instituto de Oncología “Dr. Heriberto Pieter, están bien a la vista.

 

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

El menosprecio a los demás: grave error humano

¡Nadie es mejor que nadie! ¡Todos somos iguales!, sin importar raza, color, posición económica, cuota de poder lograda en la dirección de cualquier país, labor que se realice, etc., etc.

 

El hecho de que determinadas circunstancias nos favorezcan por momentos, ya que nada es para siempre, no nos faculta para estar despreciando a los demás congéneres; a pretender estar mirándoles por encima de los hombros, como se dice.  Ni siquiera debemos hacerlos con los animales, perros y caballos, principalmente, entre otros, aun no tengan pedigrí, pues también pueden ayudarnos, y soportarnos emocionalmente, en determinadas situaciones apremiantes.

 

En algunos momentos vamos a necesitar de aquellos que menospreciamos; a requerir súbitamente de sus servicios o concurso oportuno, para resolver serios problemas que de repente se nos presentan. Incluso, para salvar la propia vida en ocasiones,  o la de algún familiar cercano. Los casos están de sobra, y se publican con bastante frecuencia.

 

Es por ello que, hoy resulte cuestionable, pero no extraño, el hecho de que muchas personas, por  simples razones egotistas, que fomentan ciertas condiciones económicas y sociales, como los patrones de crianza formadores, se crean erróneamente superiores a los demás seres humanos; que piensen estar muy por encima, desprecien, maltraten y marginen a quienes la misma Naturaleza luego se los pondrá  de frente para que les tiendan la mano; les proporcionen su concurso, para salvar situaciones que por sí solas no pueden lograr resolver.

 

Entonces, se deben arrepentir por los tratos indebidos que les han dispensado; reconocerles su valor como personas en sí, equiparable con el propio.  ¡Tremenda lección!

 

Las actitudes de menosprecio hacia los demás, se verifican con bastante frecuencia en nuestro país.  Muchos de los que logran escalar económica y sociablemente, principalmente los que vienen desde muy abajo, se tienen por lo regular muy al menos a las personas que les sirven, y que las necesitan; que dependen de ellas casi por completo en mayoría de los casos.

 

Podemos percatarnos en esa línea,  sobre los tratos de que es objeto el personal doméstico de algunas casas de familia, cocineras y choferes, a quienes despectivamente llaman “chopos”. Pero, ocurre que, tienen que comer todos los días de las manos de aquellas que preparan y cuecen los alimentos. – las doñotas de hoy no saben ni siquiera freír un huevo -.

 

En lo que respecta a los choferes, ponen sus vidas en las manos de los que conducen los vehículos de que disponen los “señorotes y las señorotas”; los que cogen todo el estrés y los sofocones del desordenado tránsito que aquí se tiene.  Y,  hasta les  obligan en ocasiones, a hacer los mandados de la casa.

 

Necesitan de ese personal, encarecidamente.  Sin embargo, lo menosprecian y le ultrajan, ¡qué paradoja!, ¿verdad?

 

En ocasiones, nuestros medios de prensa escritos publican reseñitas, cuyos contenidos invitan a reflexionar, y hasta a escribir sobre las temáticas que se traten en las mismas.

 

Es el caso de esa que aparece en la última página del periódico “Diario Libre”, bajo el titulo, “La humildad es la mejor virtud”, en que se narra el rescate de uno de los hombres más ricos de la India, que tras sufrir un severo accidente, recibiendo fracturas en un brazo y una pierna, fue rescatado por un depauperado (coronel de la guardia rural), a quien el ricachón había despreciado en más de una ocasión, por ser pobre.

 

No obstante, fue él quien estuvo presente para rescatarle, y posiblemente, preservarle la vida. ¡Qué oportuno! Su presencia en el lugar preciso, y en su momento, ¿coincidencia?, ¡no lo creemos!

 

Ante el evento  de “salvación” suscitado, el poderoso económicamente, procede a pedirle perdón al infeliz, del que antes no quería saber por su pobreza, y a ofrecerle dinero, creyéndose  que siempre se paga  con “ese señor”.  El mísero no le aceptó su dádiva. ¡Qué lección!, que debe servir de ejemplo para que otros envalentonados reflexionen.

 

¡Cuán equivocado se vive muchas veces!

 

Rolando Fernández

 

 

 

Candado después del robo, ¡como siempre!

Se comprueba de nuevo el refrán: “hacer luego de….”. No es raro eso en esta nación, el tratar de corregir con posterioridad a que pasen las cosas. ¡Los ejemplos están de sobra!

 

Las acciones cuestionables de ese tigueraje que opera en las esquinas de las principales avenidas del país, que a todo se dedica, hace tiempo que las autoridades competentes nacionales debieron haberle puesto coto.

 

La mayoría de esos mozalbetes, como de otros seudos obreros que se dedican a esas labores callejeras, lo que más hacen es  vender chucherías, engañando a la gente; y, ensuciar los vidrios de los vehículos, para entonces limpiarlos y obligar a que los conductores tengan que cantearse luego.  Algunos, también usan la práctica como medio de observación, en procura de ver qué pueden sustraer desde su interior.

 

Y, si lo que guían los automóviles no aceptan el aparente limpiado,  o no se le da nada de dinero, entonces los palomos, como les dice la ciudadanía, se enfadan y les expresan dos tres palabrotas a los que conducen, sin importar que sean damas; cuando no es que, rayan de maldad los carros con un clavo, o una tapita metálica de botella.

 

Lo peor de es eso que, a veces esas acciones se llevan a cabo en horas de la noche, y que una gran cantidad de los muchachos que intervienen son menores de edad; incluso, a los que la gente les teme, por la delincuencia social generalizada que actualmente arropa a la sociedad nacional, con muy poco control en esta semi-selva de concreto llamada República Dominicana.

 

Pero, como son las cosas aquí, después que se produjera muerte de un limpiavidrios en el sector Bella Vista de la capital, cuyo autor señalado por la Policía Nacional, se dice que  hasta salió del país, ahora se anuncian las medidas correctivas de lugar en dicho orden. Ojalá que en verdad algo se vaya a hacer en tal sentido.

 

¡Lamentable la muerte de ese ser humano! Nadie tiene derecho a quietarle la vida a otro. Pero,  como dice un dicho popular, “todo obra para bien”. A lo mejor sirva ese suceso, para que esa deleznable y peligrosa situación callejera en el país se trate de corregir a la mayor brevedad posible. ¡Es tiempo ya!

 

Otro escenario público aquí, donde es posible no falte mucho tiempo para se produzca en hecho similar, es el que se tiene en algunas de esas paradas medalaganarias que establecen los choferes públicos nuestros, para recoger y montar pasajeros, en una actividad comandada por buscones (tigueres), armados con palos y bates, que tratan de obligar a las personas a montarse en las chatarras que ellos quieran para que se transporten. Y cuando no, optan por hacerles desmontar de cualquier vehiculo que no pertenezca al clan que representan.

 

Hasta que no aparezca un aburrido, acosado por los problemas económicos, u otros, que ande de prisa, y un osado de ésos se interponga en su camino, reaccione de mala manera, dándole un tiro, o alguna puñalada, a uno de tales “acomodadores”, o busca pasajeros,  considerados como antisociales, las autoridades no se van a inclinar por corregir ese otro mal que nos aqueja.

 

Pero, hay un panorama distinto, que se puede considerar algo peor aquí, y que nos llega a la mente al momento de exponer sobre  las situaciones anteriores: el tránsito desaprensivo y temerario de muchos vehículos pesados, acarreando grandes trailers por la calle Paseo de los Periodistas, en el  sector Miraflores de la capital, en los precisos momentos en que los alumnos del Liceo Unión Panamericana comienzan a salir  del plantel, ansiosos por irse a sus casas en horas de la tarde.

 

Sin embargo, por los alrededores del mismo no se ve entonces, a ninguna autoridad policial que pueda controlar ese tráfico desordenado de vehículos, como para proteger a esos adolescentes inconscientes de los peligros que corren, al abandonar acalorados las aulas de clases en que han estado.

 

¡Allí no se puede hacer nada!, por lo visto. Ni siquiera, interrumpir ese peligroso tránsito, sólo por media hora, mientras esos muchachos salgan todos de la escuela.  Hasta que un camión, o una flamante jeepeta, de los que por allí se desplazan a cierta velocidad, no se lleve por delante dos o tres de esos alumnos, ¡Dios no lo quiera!, el peligro en ese tramo de la susodicha calle, no se va a tratar de evitar.

 

No obstante, a los colegios privados, sí que se les asignan agentes de la AMET, o se adoptan otras medidas pertinentes, para cuidar y controlar el tráfico vehicular por las zonas en que se encuentren.

 

¡Qué bien! Evidentemente, ser pobres en este país es una desgracia. Para los ricos siempre aparece eso y más.

 

No esperemos que los robos se produzcan, para entonces poner candados, y estar lamentándonos. ¡Vamos a prevenir en todos los órdenes necesarios, con suficiente antelación!

 

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

 

Contenidos que se deben asociar: cobros y reembolsos gastos médicos

La exposición juiciosa, y certera por demás, que  hace el experimentado periodista Bonaparte Gautreaux Piñeyro, a través de un valioso artículo de opinión que escribiera en el medio “HOY”, edición de fecha 19-9-13, página 13ª, intitulado ¡Ay, la medicina!, viene como anillo al dedo en estos precisos momentos, como se dice, de cara al anuncio que hiciera la Dirección General de Impuestos Internos (DGII), por medio de su director, señor Guarocuya Félix, en lo referente a reembolsar los gastos médicos a los contribuyentes.

 

Muy edificante resulta pues para la población, todo cuanto expone el señor Gautreaux Piñeyro, en su importante trabajo, respecto del negocio abierto de los que ya no se les debe llamar galenos, médicos, sino empresarios de la salud, que por regular, al igual a un comerciante cualquiera, vienen haciendo “herejías especulativas” en perjuicio de aquellos que hoy tampoco consideran como pacientes (afectados en su salud), sino como clientes.

 

Para nadie es un secreto en este país, que los centros médicos privados y su personal explotan económicamente hasta la saciedad a sus pacientes directamente, cuando no a los familiares que les sobreviven, si ocurre el fallecimiento del asistido. Y, en caso de que se produzca el deceso, lo que siempre se escucha decir es: “obra de Dios, no se pudo hacer más”, agregando en adición: “no se olviden de pagar la cuenta para que le entreguen el cadáver”, como bien se dice en el trabajo de referencia. Hasta para  desprenderse del bagazo físico se presiona y se abusa. ¡Cuánta inconsciencia, y falta de respeto al dolor ajeno!

 

Pero además, y como expone también el periodista citado,  el rosario de cargos que se les van haciendo a los pacientes durante el internamiento, proceden a irlo presentando, y cobrándolo parcialmente de manera intermedia, o sea como anticipo.  Es como una forma de decirles a los deudores: “para que luego no les sorprenda la facturación final”; y a su vez, tratar de ir asegurando el pago  de la deuda que en definitiva se contraiga

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Ahora, y como era de esperarse, tras las declaraciones de la DGII, que recoge la prensa local, en el sentido de que ese organismo trabaja en la elaboración de un proyecto para modificar el  Código Tributario, a los fines de que los gastos médicos les sean reembolsados a los contribuyentes, se está en presencia de otro contenido que preocupa. (Véase periódico “El Día”, del 20-9-13, página No. 6).

 

Era obvio el disentir de la clase médica con relación a la medida en proyecto, ya que la misma permitiría al organismo oficial, receptor de las  tributaciones nacionales, cruzar informaciones respecto de los ingresos que reporten los seudos galenos, empresarios en estos momentos, al igual que se infiere, en lo concerniente a los mismos centros asistenciales, como personas jurídicas que son.

 

Y es que, ambos tendrían que entregar a los pacientes facturas con comprobante fiscal, como documentación soportante, para que aquellos puedan solicitar los reembolsos correspondientes, lo cual permitiría transparentar sus cobros a las “víctimas”; y obviamente, los pingues ingresos de los médicos por el ejercicio liberal, declarados anualmente.

 

De concretizarse una iniciativa de tal naturaleza, se reportaría como un abaratamiento indirecto de los servicios médicos y conexos, en la medida en que los usuarios sean compensados por la vía de los reembolsos solicitados. Pero, al mismo tiempo, los médicos y sus empresas, tendrían que pagar impuestos por lo realmente percibido neto, luego de las exenciones permitidas.  Eso significaría que el Estado no se sacrificaría tanto, y si estaría favoreciendo a la población.

 

Otra forma de combatir estatalmente esa “mercurialidad” inmisericorde de la clase médica nacional, y sus negocios, que en nuestra apreciación es parte de lo que se persigue con el proyecto señalado, sería con la eficientización de los servicios asistenciales públicos de salud, que no es una tarea imposible, pero sí bien difícil, por los ingredientes politiqueros que circundan el área.

 

Finalmente, lo que nunca deben olvidar los médicos es que, el don que ellos tienen les fue proporcionado por la Madre Naturaleza para servir a los congéneres, no para explotar económicamente a nadie; que ellos son humanos, y no están exentos de lo que puedan padecer sus pacientes. También, que el  no observar eso les puede acarrear efectos kármicos que se cumplen de forma inexorable con ellos mismos, o con sus familiares más cercanos.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

Los dominicanos no vamos por buen camino

Aunque muchos optimistas, en términos personales, y los vive bien que hoy se gasta la República Dominicana no le piensen así, esos últimos, a costa de los sacrificios y las penurias a que ha  venido siendo sometido este indefenso pueblo durante los últimos lustros, por parte de los políticos alienados de nuevo cuño que se tienen, la realidad es que, los imparciales pensantes nuestros pueden advertir con facilidad los derroteros por los que va, y seguirá esta nación durante los próximos años; que los mismos sólo conducen a un derrocadero de impredecibles consecuencias.

 

¡Sí!, es previsible tal situación, a pesar de las tantas alharacas de crecimiento económico, bonanzas, seguridad ciudadana, rescate de la institucionalidad, etc., cosas que sólo están en las mentes de los que manda, y que  se proclaman entre los tantos pronunciamientos demagógicos que a diario se escuchan.

 

Según se puede apreciar, mientras tanto nada más se está pensando en continuar endeudando cada vez más el país,  y en las obras de relumbrón; como, en los presidenciables con posibilidades para alzarse con el poder en el año 2016. También, en la realización de encuestas pagadas, e inductoras. “Los caballos se tratan de ubicar ya en la gatera”.

 

Se está desde  muy temprano en esos aprestos.  Estamos ahora en campaña, ¡y sólo eso interesa dicen muchos! Se tiene además el agravante de una eventual dictadura de partido, por la situación  que atraviesa  la mayor organización de oposición, que muy difícil pueda volver a unirse ya. Eso vendría a complicar más la aún situación imperante.

 

La verdad es que, pensándolo bien, este es un país muy especial, como dice un connotado humorista nuestro.   Y es muy posible que, muchos de sus ciudadanos, maltratados e indefensos, poco vacilarían, si deben arrepentirse de haber nacido en el mismo, por las cosas deleznables – fehacientes -, que se verifican en diversos de los principales órdenes nacionales: inseguridad ciudadana, criminalidad y delincuencia, auge del narcotráfico, corrupción  estatal administrativa, solapada e impune, falta de institucionalidad; como, una población desprotegida por completo, entre otras cosas, que resulta prolijo enumerar.

 

Algo por ejemplo, sobre lo que cualquiera se preguntaría, con cierto enfado, e impotencia sentida, y cómo es posible que en esta nación, ni siquiera en asunto que luce sencillo, y obviamente tan importante, en términos de salubridad pública, e informaciones necesarias  para la población, referentes a la adquisición y consumo de productos comestibles y medicinales, como de lo servicios requeridos,  no pueda ser impuesto y controlado por las autoridades competentes.

 

Se trata del “reetiquetado” obligatorio, con todos los datos debidos en el idioma español, para edificación de los consumidores o usuarios, de acuerdo con las disposiciones legales vigentes en el país: Nordom 53, que “establece los requisitos que tienen que cumplir las etiquetas de los alimentos previamente envasados”, Ley 358-05, que crea el Instituto de Protección a los Derechos del Consumidor (Pro Consumidor), y Ley General de Salud 42-01, el cual está siendo violado por el sector comercial nuestro, con la permisividad de los organismos encargados del control requerido,  como la supervisión oportuna de lugar.

 

Esos últimos, a los cuales debería preocuparles tal situación, e inclinarse por llevar a cabo las acciones enmendatorias que tan delicada problemática amerita, alegan para no hacerlo, o al menos  ofrecer algún tipo de concurso en favor de la causa, cuando se entienda que el asunto no es de su competencia, razones que, ponderadas con sosiego e independencia mental, lucen baladíes y evasivas

 

Por ejemplo, el Instituto Dominicano para la Calidad (Indocal), en voz de su director, señor Manuel Guerrero, que entiende no le compete a esa institución, se desligó de las acciones de vigilancia en ese sentido, por considerar que eso no le corresponde a la entidad, sino a Pro Consumidor.

 

Invocó dicho funcionario el espíritu o mandato de la ley que crea ese organismo: “sólo para elaborar normas y  reglamentos”, dijo.  Se olvidó del flujo de las informaciones necesarias sobre la calidad de los productos, que debe ir hasta los consumidores, para la edificación de lugar; y que, por lógica se entiende, debe guardar  estrecha relación con dicha facultad aludida.  ¡Amén!

 

Mientras tanto, el subdirector de Cooperación Internacional y Calidad de Pro Consumidor, José del Carmen Valenzuela, señaló que, “ese organismo está imposibilitado para realizar cualquier acción contra establecimientos que vendan sin etiquetas en español, debido al tranque que se da con el registro sanitario”.

 

Señaló además, “Ocurre que cuando nosotros hablamos con el comercio, nos dicen que el registro sanitario está solicitado en Salud Pública y entonces ahí hay un tranque de juego….Se supone que si no tienes registro sanitario no deberías estar en el mercado”.

 

Salud Pública, por su parte, que es a quien corresponde otorgar el registro sanitario, sin el cual se supone que los establecimientos comerciales no deberían estar  vendiendo los artículos de que se trate, aquellos que no lleven “reetiquetado” exigido en español, alega que, “en el país existen 14,345 artículos que se expenden al público sin registro sanitario o con él vencido”. ¡Vaya perla!

 

Para un buen entendedor, las informaciones que emanan del ministerio oficial, el mayor responsable del caos en el orden de lo que se trata, se podría decir, evidencia una actitud de: ¡poco importa!; de una justificación para dejar de hacer, sin importar las consecuencias que se reporten funestas para la población. Si hay tantos artículos que se venden sin el registro sanitario correspondiente, o con él vencido, ya que importa lo demás. ¡Parece ser la percepción!

 

El asunto es que, nadie quiere asumir sus responsabilidades concretas. Todo el mundo lo que vive es, pasando la bola de una cancha a otra. Y mientras tanto, al pueblo que se lleve el mismo diablo, porque ni siquiera pude recurrir con facilidad después a los centros públicos asistenciales de salud, para curar las afecciones orgánicas que  puedan provocar los descontroles de ese tipo.

 

Pero además, cuando uno lee el amplio trabajo que sobre el particular aquí tratado, publicara Tania Molina, Redactora Senior, en el medio “Diario Libre”, edición de fecha 16-9-13, página 16, se puede reparar sobre ciertas cosas que allí se incluyen, que lucen hasta risibles; como por ejemplo, las declaraciones ofrecidas por representantes del sector comercial, que “reconocen su incumplimiento de la exigencia del etiquetado, pero lo justifican”. ¡Qué bien!

 

“Le dijimos que nos era imposible tenerlos todos en español, porque importábamos una cantidad de productos que no tenían volumen suficiente para pedirle al fabricante que nos haga una etiqueta especial para nosotros”. Así lo expresó el señor Juan Díaz, Director de Compras del Grupo Ramos, según la publicación.

 

Ahora, habría que preguntarse, si esos productores en el exterior, sólo le venden a República Dominicana,  de habla hispana, y a ese grupo empresarial específicamente. De seguro hay otros países que les compran, y más negocios aquí por igual.  Luego, los arreglos se podían hacer. Aquellos fabricantes iban a tratar de conservar su mercado en el extranjero.

 

De  su lado, Karine Noetinger, Gerente de Compras de Carrefour, “sostiene que esa tienda está tomando controles para lograr exhibir toda su mercancía con la traducción requerida”. Aunque luce haber cierta intención, por cuanto se  agrega a lo expresado, parece que el asunto es más bien, ¡tratar de controlar!, no cumplir a cabalidad con los mandatos estipulados en las normativas legales vigentes relativas.

 

Muy buenas y justificadas salidas por parte de ambos representantes comerciales.  La pregunta que se desprende sería: ¿les importa mucho a ellos, el que la gente no esté lo debidamente informada sobre lo que está comprando y consumiendo?  Imposible creerlo.  Su problema es vender y nada más.

 

Ahora, otra inquietud que debe estar asaltando la mente de los hombres pensantes aquí es que: en una nación como ésta, donde el “macuteo” está siempre a la orden del día, y no sólo a nivel de los simples inspectores que puedan visitar los establecimientos comerciales para fines de supervisión en tal sentido, sino a otros niveles jerárquicos superiores, ¡podría estar incidiendo algo de eso en la dejadez ostentada con respecto a la problemática tratada! ¡Tarea!

 

Definitivamente, por más que se quiera “estar tapando el Sol con dedo”, como se dice, en muchos aspectos nacionales, ¡los dominicanos vamos por mal camino! Las posibilidades que puedan mover a cifrar esperanzas de mejorías,  o bienestar social generalizado, son mínimas.

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Intrincado tema: la muerte

Toda la especie humana viene a la existencia sobre este planeta Tierra, por períodos transitorios, corrientes de vida diseñadas, presupuestadas de antemano, que se habrán de cursar por lapsos de tiempo definidos y precisos, durante las cuales se deberá dar cumplimiento a una determinada misión divina –  Manifestación de Dios Mismo en el plano de la materia densa (S. Juan, Capítulo 1, versículos 1-3, S.B.) -; al igual que, el conquistar las cargas kármicas aceptadas y asignadas, para todo el curso cronológico existencial de que se trate..

 

Lo que convencionalmente denominan muerte, que no es más que el viaje de regreso programado hacia la verdadera casa, el plano espiritual, por ser esa la real esencia de los humanos, y que indefectiblemente se habrá de producir un día, a una hora, minutos y segundos exactos, comienza en el mismo instante en que se ingresa a la Tierra.

 

Hay quienes entienden incluso, que hasta en los mismos casos de despidos súbitos, suicidios por ejemplo, la predisposición se cumple, ya que ¡nada! se produce en este plano físico, al margen total de la Voluntad Divina Suprema. Se considera que se van creando las condiciones para que tales hechos se produzcan. Todo tiene un propósito, en términos de la evolución espiritual en los seres humanos, según los grandes entendidos en la materia.

 

Lo hasta ahora expresado, son concepciones de amplio consenso en el contexto esotérico, que además, han sido plasmadas bibliográficamente por los Maestros Ascendidos, a través de los amanuenses seleccionados para tales propósitos.

 

Es por ello que, aunque con respecto al tema de la denominada muerte, aún se tienen muchos aspectos que resultan insondables en el estricto marco de la mente humana, ¡sí!, el concienciarse, en el sentido de esa inevitable partida de los hombres, en general, hacia los diversos planos sutiles en el Universo, según corresponda en cada caso, se ha extendido durante los últimos tiempos.

 

Los niveles de expansión logrados en ese orden, por las informaciones de que se dispone en la actualidad, muy a la mano, incluso por  medio de la red de la Internet, han venido haciendo que las percepciones cambien de manera muy marcada en los humanos con relación a la llamada muerte, por lo que  no resulta raro el escuchar a mucha gente hablar sobre la conformidad que se debe tener, cuando se tiene que pasar por la experiencia del despido físico de algún ser amado, o estimado amigo, que marcha con destino hacia el inmediato plano astral, aceptándose y argumentándose sobre la vida después; y que, los idos primero, nos recibirán cuando nos toque a nosotros el tener que partir.

 

Son cosas que se comentan muy por debajo, claro está, para no chocar de frente con los convencionalismos y fanatismos religiosos que de ordinario se estilan.  Se hace alusión a las actitudes impropias de los llantos y lamentos acostumbrados, como a las inconformidades durante el episodio de la muerte y los ritos funerarios, que no deben ser, para no atormentar y entorpecer el tránsito del alma que acaba de abandonar la Tierra, a la que muy posible se deberá regresar de nuevo más adelante.

 

Por lo anteriormente expresado, resulta algo chocante el que muchas personas todavía no se inclinen por escudriñar sobre la verdadera esencia de los seres humanos, y el porqué de sus existencias sobre este planeta; la necesaria transitoriedad de sus viajes periódicos hacia este plano terrenal; como, la razón del ir y venir requeridos, hasta tanto sea completado todo el ciclo de evolución espiritual pertinente.

 

Una historia como esa que se narra en la columna VF., Vida y Familia, del medio “Diario Libre”, en su edición de fecha 14-9-13, página 22, en que la hija de una señora, cuyo esposo murió hace un año, está recurriendo públicamente a la doctora Simó, en busca de orientación, preocupada por el estado depresivo de su madre, a pesar del tiempo transcurrido ya, como por la forma en que ésta procede, deja bien claro el que aún queda bastante gente inconsciente con respecto a lo que aquí se trata.

 

Pero además, es preciso destacar  con relación a ese caso, que la respuesta de la doctora Simó, con todo el respeto que la misma nos merece, en parte no nos parece ser la más aconsejable, espiritualmente hablando, claro, que debe ser el contexto a considerar para una ayuda o instrucción más efectiva; pues, con la forma recomendada de proseguir, en nuestra humilde opinión, la viuda muy poco habrá de lograr.

 

Por el contrario, mayor podría afectarle en el plano  emocional la ausencia de su esposo extinto, en la medida en que las vibraciones mentales que ella pueda emitir, al conversar y tratar de conservar todas sus cosas como antes, que de seguro las observa, se hagan extensivas hasta el alma de aquel que fuera su compañero en este plano físico, al cual no pertenece ya, convirtiéndose ésas en  fuerzas de atracción, que de seguro están impidiéndole a él  ahora (alma desencarnada), desprenderse por completo de las ataduras del planeta Tierra, por su reciente estadía en el mismo.

 

Según la doctora  Simó  le expresó a la joven atormentada, “Creo que toda la familia debe permitirle hablar de su dolor, dejar que lo mencione como lo sienta, pues es parte de su sanación.  Muchos creen que  con cambiar las cosas y abarrotarnos de actividades lograremos que el duelo sea menos doloroso pero en realidad este se esconde y sale tiempo después”. ¡Bueno, eso habría que verlo!

 

Finalmente, se debe destacar en adición, la causa por la que murió el padre de la muchacha que narró sobre el caso, en busca de orientación para ayudar a su señora madre, cáncer, una enfermedad terminal, que por lo regular se corresponde con razones kármicas provenientes de vidas anteriores.

 

Eso hace más necesario aún, que las recomendaciones para tratar de subsanar  aquel estado depresivo, deben estar enmarcadas en el ámbito de la espiritualidad  esotérica – concienciarle lo más posible en ese tenor  -.

No es solamente hacerlo, desde el punto de vista de la “praxis vivencial” común, o teorías técnico-científicas quizás,  como de los convencionalismos religiosos de corte social más bien. Hay que procurar adentrarse un poco en la temática señalada, para mejores resultados.

 

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

 

 

Grandes verdades enunciadas

Cuando uno se detiene a meditar sobre el enjundioso contenido de ese artículo que publicara el señor Hamlet Hermann, en el medio “HOY”, edición de fecha  9-9-13, intitulado “Lo nuevo contra lo viejo”,  en que se habla sobre algunos males relacionados con el desorden urbanístico-poblacional, que afectan sobremanera a esta nación, se tiene que sentir pena y vergüenza a la vez; remordimiento de conciencia, no sólo por lo expresado obviamente,  sino además,  por las autoridades edilicias que hemos venido eligiendo los dominicanos durante más de cuatro décadas.

 

En el mismo, el autor hace alusión directa al anárquico crecimiento urbano que caracteriza a la nación, que según él expresa, puede ser descrito como un “caótico desmadre”, que a la vez asocia con las deficientes ejecutorias que en tal sentido, han llevado a cabo los alcaldes, seudos, agregaríamos nosotros, que  ha venido teniendo la República durante bastante tiempo, ¡politiqueros más bien!

 

¡Sí!, gente que no cabe duda ha escalado hasta esa posición por los amarres de orden político, y el voto popular “comprado”, sin reunir las aptitudes necesarias para un desempeño de tal naturaleza; y que por tanto, es muy poco lo que ha aportado en favor de las ciudades  que le ha correspondido regentear, y de sus pobladores votantes.

 

¡Penoso eso!, que habiendo aquí tantos profesionales buenos, con capacidad gerencial extra probada, para funciones de ese tipo, que pueden realizar gestiones municipales de primera,  el pueblo se haya inclinado siempre en favor de personas ineptas por completo para esos menesteres ¡Las muestras están de sobra!

 

Se podría decir que por tal razón, todos prácticamente han errado en el blanco.  No ha habido previsión, iniciativas loables, reales proyectos tendentes a controlar el crecimiento de la ciudad capital por ejemplo, como tampoco para tratar enmendar la caótica situación del tráfico vehicular, como el alegre y desordenado transporte de pasajeros, cosas de las que hace ya varios lustros, viene adoleciendo esta tierra.

 

Dadas las “estirpes” a las que han pertenecido, los envalentonados alcaldes tras su elección, como las marcadas  ineptitudes sobradas ostentadas, las gestiones han sido supeditadas por lo regular a la recogida de la basura, como a los negocios contractuales derivados. Verbigracia,   la problemática situación que ahora se confronta con el vertedero de Duquesa, en la que de seguro, lo que está mediando es una lucha de intereses económicos, con ribetes grupales y políticos.

 

Además, ha sido su norte acostumbrado, la construcción de obras, más suntuosas y “pantallozas” que necesarias. Por ejemplo se tienen, las edificaciones levantadas en el “Malecón de la Capital”, con áreas de recreo y ejercicios, acompañadas de los remozamientos conexos en sus entornos, a costos elevadísimos, mientras las calles de la ciudad están llenas de hoyos; muchas aceras y contenes están deteriorados por completo; y cuando llueve, para remate, hay que buscar un bote para poder moverse, debido al desastroso drenaje pluvial que se tiene.

 

Claro, en todo cuanto aquí se hace, no sólo a nivel de los gobiernos municipales, sino en términos generales, siempre está presente la llamada “ración del boa”, por un lado, como las reciprocidades políticas partidaristas por el otro, sin importar las derivaciones negativas en el orden del crecimiento urbanístico y poblacional. ¡Son las cosas que de ordinario rigen! Esa es una percepción ciudadana de “amplio espectro”.

 

A manera de lo que se podría considerar, como un complemento necesario a las acertadas precisiones hechas por el  señor Hamlet Hermann, respecto de lo expresado, en nuestra  humilde apreciación un valioso aporte para reflexión por parte de nuestra gente, ya que es el pueblo quien quita y pone, apareció como vecino en la misma página, un valioso editorial del periódico citado, bajo el título “Crisis de autoridad”.

 

En el mismo, tampoco hay desperdicio alguno, con relación a otra deleznable situación que  se vive en la República Dominicana, muy asociada con lo anteriormente  expuesto, y es la que tiene ver de manera directa con el caos, el desorden, como las desvergüenzas, que se verifican en el tránsito vehicular que se gasta el país.

 

Los irrespetos en ese orden están por doquier; al igual que,  la no observación que se estila con relación a la Ley 241, que aunque añeja, surtiría efectos muy favorables, si fuera exigido su cumplimiento como se debe.  Pero ocurre que, tal normativa, conjuntamente con las disposiciones conexas, hace mucho tiempo que se vienen violentando alegremente aquí, ante la mirada indiferente de las autoridades competentes.

 

El escenario vehicular que se observa en nuestras calles y avenidas da más que pena y vergüenza; repleto de chatarras en pésimas condiciones; paradas para recoger pasajeros en cualquier esquina, taponando las vías de circulación, con el comando controlador de un tigueraje que se puede catalogar como “selvático”, armado con tubos, bates, palos, etc., obligando a los pasajeros a montarse en los vehículos públicos del transporte que a ellos les viene en gana.

 

Pero además, cuando se procede a tratar de controlar un poco la caótica situación, pincelada en adición con las violaciones a la luz roja de los semáforos, actitud de tan alta peligrosidad, como la conducción temeraria de muchos automóviles en circulación, entre otras violaciones, las multas que se imponen tampoco son objeto de pago por parte de los sancionados; las echan en el saco del olvido. Y, las autoridades encargadas de supervisar el cumplimiento de esas penalidades, se hacen de la vista gorda, como se dice, lo cual tiende neutralizar el efecto punitivo corrector.

 

Claro, es bien sabido que, todo lo relativo al tráfico vehicular, en adición a las demás situaciones depreciables que tenemos en esta nación, son el producto de la falta de autoridad oficial, de la jodía politiquería; como, del libertinaje permitido, en pos de agenciarse simpatías electorales, y nada más.

 

Luego, cuando se repara sosegadamente, con respecto a todo lo aquí expuesto, a partir de los trabajos señalados más arriba, la pregunta obligada tiene que ser: ¿a dónde diablo podrá llegar este país, por el camino que va?

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

¡Cuando no se puede, no se debe!

Todo el que ha tenido la oportunidad de leer un poco, a veces osa inmiscuirse en cosas que en realidad no son de su competencia; pero es que, por el cúmulo de informaciones, tanto de carácter bibliográfico de que se dispone en órdenes diversos, como por las narraciones mismas escuchadas sobre vivencias, y sobradas experiencias ajenas concretas, hay eventos que le resultan un muy extraños e inquietantes a la vez, y que le inducen a querer decir algo siempre.

 

Durante lo últimos tiempos, se han puesto muy de moda los partos de hasta cinco y seis criaturas, en mujeres hábiles biológicamente para parir; y otras que, por alguna razón han dejado pasar la mejor época para tales propósitos, que según algunos entendidos en la materia, oscila entre los 22 y 30 años de edad, que es cuando se entiende están en plenitud de condiciones para la procreación y la gestación efectiva.

 

Evidentemente, no se tiene que ser médico, con especialidad  en el área,  para advertir sobre la anormalidad de esa situación en la época actual.  Anteriormente, era muy raro escuchar sobre   alumbramientos en exceso. Según las personas con suficiente edad cronológica consultadas, fuera de la cantidad normal – uno -, se podía oír hablar con muy poca frecuencia de mellizos, y rara vez  se escuchaba, que alguna mujer pariera trillizos.

 

Sin embargo, hoy no llama tanto la atención, aunque evidentemente resulta algo chocante, cuando se dan los casos de cuatro, cinco y hasta seis muchachos de un viaje, como se dice, con la problemática que esa situación acarrea en términos económicos y de otra índole, para la manutención, crianza, como la formación hogareña requerida de esos infantes, en estos tiempos tormentosos de crisis sociales y precariedades múltiples.

 

Normalmente, las féminas de que siempre se trata, son damas sin respaldo financiero, y hasta con poca estabilidad marital-emocional, cosas que les obligan después a tener que estar pidiendo ayudas, donaciones, etc., a personas compasivas, como a determinadas dependencias estatales, para poder enfrentar los requerimientos que esos casos ameritan.

 

Ahora viene la parte más importante del asunto, sobre la que  deben reparar, no solamente las mujeres envueltas en esos eventos, sino de aquellas que pudieran estar creando las condiciones propicias para tales ocurrencias también, con el concurso de la ciencia, como de los facultativos competentes que intervienen: ¿por qué ocurre  eso, cuando no es algo normal?

 

Tal reflexión correspondería en mayor grado a los galenos consultados, que recomiendan y aplican  tratamientos hormonales diversos, como de otra naturaleza, que los consideran pertinentes para crear las condiciones de fertilidad biológica-orgánicas  que no se tienen, para embarazarse y conservar las criaturas hasta el término adecuado de la gestación. También,  tratan de seguir en busca de las eventuales razones que puedan subyacer en el problema, para enfrentarlo de manera definitiva,  y evitar lo indeseado, durante todo el curso del proceso.

 

¡El porqué de algo siempre existe! “Nada ocurre por casualidad”, según reza una máxima esotérica. En la temática que nos ocupa, podría ser de naturaleza innata, tanto por parte del sexo femenino, como del masculino que intervenga.

 

No todas las mujeres  han nacido para gestar y parir una criatura durante la corriente de vida que cursan; tampoco los hombres todos para engendrar. Y, en ambos casos, la problemática obedece por lo regular a consecuencias kármicas pendientes, cuyos efectos punitivos son programados para su conquista durante el discurrir de cada tránsito sobre el plano de la materia densa (Tierra), en lapsos periódicos de tiempo predispuestos. Nos referimos, para mayor edificación, a condiciones causales provenientes de vidas pasadas (karma maduro).

 

De otro lado, y en lo que respecta a la mujer propiamente, el asunto puede estar relacionado, como de ordinario ocurre, por la  inclinación de muchas féminas a querer parir a una edad que no es la más propicia; ¡cuando ya no se debe!, y después de haber sometido el organismo al sufrimiento de los efectos químicos colaterales de los anticonceptivos por un tiempo considerable, lo que no hay duda, les van matando la fertilidad a las mujeres, minándoles las condiciones reproductivas naturales.

 

Es  una situación ésa, que comienza a pasar factura, de inmediato se quiere empezar a concebir, en el marco de una tierra, por analogía, que le han ido socavando la esencia de la co-procreación inherente al género femenino, a través del uso de los contraceptivos utilizados para prevenir embarazos. ¡Se convierte en  infértil!, como es lógico suponer.

 

Cuando entonces esas damas se quieren embarazar, por conveniencias u otra razón poderosa, recurren a los médicos especialistas en la rama; y éstos, por sus honorarios profesionales, tratan de recobrarles, considerando sea ese el motivo, las facultades biológicas-corporales perdidas, lográndolo en la mayoría de los casos.

 

Y, si el problema en sí proviene del hombre, los facultativos también buscan la forma de corregirlo, con la asistencia medicamentosa  debida a su entender, o la utilización de algún procedimiento conexo, para enmendar  las deficiencias.

 

¡A las mujeres las ponen a parir, y a los hombres a engendrar!, es muy cierto. Pero, muchas veces a un precio muy alto para los aparentemente beneficiados, respecto  de la salud en general misma. O que puede ser, el alumbrar una cantidad de niños de un solo “fuetazo”, como dice el pueblo. También, de traer la pareja en ocasiones, a infantes con serios problemas físicos, o mentales.

 

Son situaciones todas ésas que, cuando se analizan con frialdad, lucen como especies de castigos por parte de la Madre Naturaleza. ¡Tu organismo no fue preparado originalmente para embarazos; o, te encargaste de infertilizarlo, cuando pudiste haberlo hecho sin ningún tipo de problema!

 

Es lo que parece se les diría a las  mujeres que osan parir, cuando en realidad ya es de alto riesgo hacerlo, para todas las partes. Por el lado de los hombres, viniste limitado para engendrar. No obstante, como por voluntad propia, ambos eligieron ir en contra de la corriente, ahora los frutos están muy por demás, ¡para que resuelvan!

 

¡Y es que, cuando no se puede, no se debe!  Tampoco procede, el hacer las cosas fuera de oportunidad, por desobediencias, caprichos, o conveniencias de índole enteramente personales. Dejarlas para cuando se quiera,  por un lado, no es lo mejor, tal cual sucede en los casos de embarazos que se postergan para después. ¡Las edades más propicias para tales fines no se obvian!; y menos, cuando se está consciente del verdadero rol materno a cargo.

 

Por el otro, no se puede perder de vista  el asunto de no tener la facultad innata necesaria, respecto de la decisiones a tomar por ambos sexos, en sentido de lo que aquí se trata.  Si no se ha nacido para parir, o para engendrar ¿por qué forzar ambas situaciones en pos de lograrlo?

 

Muy lamentables  e inquietantes resultan entonces tales escenarios, femeninos y masculino, en el contexto de las razones precedentemente señaladas: la no aptitud natural para embarazase, parir, o engendrar; como, la infertilización inducida al organismo mujeril, mediante la utilización por amplios períodos de los contraceptivos existentes en el mercado. Las consecuencias obvias,  nunca  se hacen esperar.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

 

 

 

Rolando Fernández