¡Cuidado con las intoxicaciones de niños en las escuelas públicas!

En nuestro país procuramos siempre hacer muchas cosas, sin crear las plataformas requeridas. Y menos,  prever un proceso de concienciación inherente,  antes de arrancar con las acciones propuestas.

Por lo regular, se procede de tal manera para politiquear, como favorecer  a determinados grupos, y sectores afectos de esos que proclaman o proporcionan recursos económicos para financiar las campañas electorales.

Como todo en la vida, hay iniciativas motivadas en esas razones últimas, en las que puede mediar algún tipo de flexibilidad reciprocatoria. Pero, se tienen otras en las que no, por la delicadeza y riesgos probables envueltos, como lo es ésa del no cuido, en lo referente  a la salud de los infantes a los cuales se les viene proporcionando el siempre cuestionado y “enfermante” desayuno escolar, con precedentes dañosos de sobra en algunas escuelas públicas del país.

A eso hay que ponerle mucho ojo, independiente de quienes puedan ser los proveedores seleccionados para tal propósito. Se está   jugando con la salud de esos muchachos, y se advierte poco reparo empresarial, en términos de la calidad requerida, con relación al suministro de los alimentos o comestibles proporcionados cada vez.

Para nadie es un secreto los grandes intereses económicos y políticos que hay envueltos en dicha actividad, aparentemente “solidaria y altruista”, que pueden mover a actitudes desaprensivas, con propósitos muy marcados, como podría ser por ejemplo, la de eliminar competidores para poder ampliar, o ingresar como nuevos al negocio.

No se puede perder de vista, que las empresas actuantes operan bajo el sistema capitalista de producción, dentro del cual se manejan por lo regular diversas argucias y estrategias para desplazar a iguales, en pos de autodesarrollarse los interesados que las promuevan.

Durante los últimos días, ha vuelto a estar sobre el tapete el tema de las intoxicaciones en las escuelas públicas del interior del país, algo que no es nuevo obviamente, y que por regular se le “da de lado” en algunas instancias oficiales nuestras.

Las reseñas relativas con detalles suficientes, aparecen casi siempre en las páginas internas de los periódicos de la prensa local, con números altos. Eso luce que es, como para que haya poca difusión de tales noticias. No importa,  cuán significativa sea la  cantidad de niños afectados.

En las más recientes publicaciones hechas sobre ese particular, se habla de: 52 niños en escuelas de Puerto Plata, el martes próximo pasado, y 32 alumnos al día siguiente en Santiago de los Caballeros, tras ingerir el “dichoso” desayuno escolar  que les fuera servido.

En tal sentido, el Inabie, Instituto de Bienestar Estudiantil, en voz del director la entidad, René Jáquez Gil, informó que, “se investigan ambos casos”; y luego adiciona, “que se tomaron pruebas de los alimentos, las cuales fueron llevadas al  laboratorio para determinar qué agentes provocaron los eventos”.

Dijo además que, “inmediatamente se conoció sobre la situación, se activó el protocolo de actuación que existe para estos casos”; y que, “el mismo indica que se debe suspender inmediatamente el almuerzo, y luego trasladar los niños a un centro médico y resguardar las muestras de alimentos para verificar si fue el agente patógeno. Aseveró también, que los resultados de la prueba pueden tardar de 10 a 15 días. Si la prueba da positivo, la empresa suplidora es suspendida, y se contrata otra”. Todo eso está muy bien; pero, ¿es suficiente? (Véase “Diario Libre”, edición de fecha 26-2-15, página 12).

Procede reiterar la pregunta, ¿con eso es suficiente? ¡Creemos que no!  El mero hecho de cambiar el suplidor, no va a  resolver ese problema. En dicha actividad, es evidente que se verifica negligencia; y muy posiblemente en adición, mala fe empresarial, como zancadillas de orden competitivo.

Son factores los señalados, que indiscutiblemente deben ser objeto de sanciones pecuniarias o penales, cuando se comprueben, por los altos riesgos que envuelven; que deben ser investigados exhaustivamente, a los fines de proceder en consecuencia.

Se está poniendo en juego la salud de esos niños, por lo que esas actitudes desaprensivas deben ser consideradas de alta peligrosidad, y sujetas a puniciones severas. No es cuestión de ñe, ñe, ñe, y de estar andándose con paños tibios, pretendiendo subsanar una situación que se reporta bastante deleznable.

Rolando Fernández

¡Día del lienzo nacional!, ¿valdrá la pena su celebración?

Como todo en este país, la Bandera nuestra tiene su día; nada más una fecha, 25 de febrero de cada año, en que también se celebra de manera conjunta el natalicio de Matías Ramón Mella, prócer de la independencia nacional, y uno de los Padres de la Patria. En la víspera, y ocasión exacta, el significativo símbolo dominicano es solo objeto de muchos “allantes, y pantalleos”, como  de los actos protocolares de estilo, que no dejan de ser politiqueros.

Después, el mismo se olvida – la Bandera, en términos de significación -, y por lo regular se le considera como un trapo tricolor cualquiera. ¡Lamentable eso!, luego que tantos sacrificios patrióticos costara, entre ellos la ofrenda de vidas humanas, para  que el país pudiera disponer hoy de este emblema representativo de la dominicanidad de la nación.

Y es que, después de la fecha oficial dispuesta, vienen los irrespetos a granel, las deshonras, los “pisoteos” alegres, durante los trescientos sesenta y cuatro días restantes del año, bajo diferentes modalidades, sin que las autoridades competentes del país promuevan, y se encarguen de exigir los comportamientos ciudadanos correspondientes con relación a ése.

Todos los hábitos y costumbres pueblerinas inherentes a esa tan importante insignia territorial  nuestra, se han ido perdiendo. Ya la gente ni siquiera recuerda, como ocurría otrora, el exhibir la Bandera Nacional en los frentes de las casas, en su día, o en ocasión de celebrarse cualquier efeméride patria.

Cuando Trujillo, esa era una acción objeto de punición, si no era  observada, por el respeto obligado a las disposiciones gubernamentales emanadas, sin importar la forma, que existía para la época.  Sin embargo, los historiadores y seudos patriotas de hoy, solo hablan de aquel régimen en el orden de detractarle,  jamás de reconocer y emular las cosas loables que se verificaban durante el mismo.

En el presente, sí podemos observar como es colocada la Bandera Nacional sobre féretros ocupados por fallecidos criminales, delincuentes,  antisociales, etc., para exhibirles públicamente en los recorridos hacia los cementerios, tales merecedores patriotas.

También, se procede de igual forma, cuando se trata de algunos sindicalistas destacados, o empresarios especuladores, pues se les considera del mismo  modo,  “como héroes”. Y en verdad, es gente toda esa, que nada más ha contribuido a desarrollar el flagelo de la inseguridad ciudadana dentro de esta sociedad, la incertidumbre, o  burlarse de la misma, empañando en adición la imagen del país. ¿Por qué ese honor?

La Bandera Nacional de ordinario ha sido deshonrada en esta nación de manera flagrante; incluso, por gente de poca monta, como se dice, que despide un caudal de ignorancia y transculturación a través de la piel. Se ha osado, hasta usarla como tela corriente para confeccionarse vestuarios cobertores de las partes íntimas femeninas en ocasiones, en pos de exhibicionismo corporales atrevidos para portadas de revistas faranduleras de circulación nacional e internacional.

Pero, la deshonra y falta de respecto hacia un ícono representativo de la constitución de la República, como en realidad lo es, por cuya libertad, soberanía e independencia lucharon los pasados Padres de la Patria,  tampoco escapan a ciertas instancias del oficialismo estatal, capitaneado por el poder político nuestro de nuevo cuño regente.

Ese  emblema,  ¡que todos debemos respetar!, también se le ha venido vejando, aunque de manera sutil, por parte los mandamases estatales durante los últimos lustros,  asociadas esas  actitudes de carácter antinacionalistas, con las adhesiones que se verifican respecto de los injerencismos interesados extranjeros, como a las genuflexiones de moda. Muestra: ¡hablar de soberanía, libertad e independencia en lo concerniente a este país, luce como un espejismo ya!

Qué es lo que se está haciendo entre nosotros para honrar nuestra Bandera, ideada por Juan Pablo Duarte, Padre de Patria, cuando hasta el nombre de la valerosa mujer que fuera una de las confeccionadoras primarías de la misma: Concepción Bona,  -junto a María Trinidad Sánchez, y  María de Jesús Piña, prima de la primera -, según las narraciones históricas del hecho, se hizo desaparecer del escenario público en esta tierra, sin reparo alguno,  y con el que se denominaba antes una escuela de manualidades en Santo Domingo, D.N., para sustituirle por el apelativo de un amigo, y profesor a reciprocar, de un ex-presidente de la República.

Entonces, para qué celebrarle durante un solo día al año, como si correspondiera a un objeto, o fiesta de poca significación cualquiera, de esas que tienen un sentido  más mercalógico que otra cosa, cuando durante el resto del mismo se deshonra y se pisotea con mayor intensidad internamente, que en el exterior.

¡Dejémonos de tanta demagogia politiquera, con esos actos públicos protocolares de estilo, en torno a dicho símbolo! Es un secreto a voces, de los cuales se ha hecho eco la prensa local incluso, que la Bandera Nacional se usa en este país hasta para cortina en baños, y como trapo de cocina; o, paño disminuido para secarse las manos en algunos excusados públicos. ¿Y qué?

Lo que sí deben hacer las autoridades nacionales es imponer honra y respecto hacia la misma, como igual deben actuar con relación al Himno Nacional, que algunos descerebrados han osado  montarle a ritmo de reguetón, como de bachata cabaretera. ¡Ay si el “Jefe”, anduvieran por estos predios aún!

Mientras el preciado lienzo nacional para los buenos dominicanos,  nada más se reporte como un símbolo para aparentar aquí; que haya tantas irreverencias,  irrespetos alegres con relación a él; y, reciba tratos indecorosos como los señalados más arriba, ¿para qué estar celebrando en realidad el “Día de la Bandera” entre nosotros?

Rolando Fernández

¿Hacia dónde en definitiva soplarán los vientos?

El ir y venir de los vientos no se ve. Nadie puede saber en realidad su dirección exacta. De ordinario, solo se siente la calidez, o frescura de los mismos, y en ocasiones ambas cosas se tornan muy subjetivas.

En el marco del escenario político actual dominicano de cara al venidero proceso electoral del año 2016, no resulta osado decir, tal expresan los apostadores diestros: “aquí no se sabe dónde están los cuartos”.

Por más alharacas, proclamaciones, “lambonismos” que se escuchen, y los análisis de las encuestas pinceladas de estilo, que solo favorecen a quienes las pagan, y con el desmembramiento evidente del sistema de partidos en esta  nación, resulta muy difícil predecir con bajo margen de error, quién en definitiva se alzará con el triunfo electoral hacia la primera magistratura del Estado nuestro en el próximo torneo del ramo.

En el tenor de lo que se trata, aquí “el horno no está para galletitas”, tal reza un refrán popular. Se vislumbra una encarnizada lucha de poder, protagonizada  en gran parte por gente que ya se fue y quiere volver, como de aquellos que están y desean quedarse, para lo cual se va a hacer uso de todas las herramientas a la mano, en busca de proseguir engatusando a este pueblo.

Pero además, están algunas fuerzas alternativas que han estado emergiendo últimamente, producto del descontento de la población, con relación a los políticos que ya enseñaron hasta el “refajo”,  y que  cualquiera de sus representantes máximos, (candidato a la presidencia), conjuntamente con sus adeptos más cercanos, podría dar la gran sorpresa, arrebatándoles la victoria a los tozudos deseosos de retomar, o continuar con el poder entre nosotros.

El asunto no está fácil, y cada día tiende a oscurecerse más el panorama, con la gran división que a simple vista se advierte en la organización oficial-gobernante, donde las apetencias personales, los pugilatos y las zancadillas por parte de las tendencias formadas, con sus respectivos caciques, han comenzado a expresarse, y  a la vez dejarse sentir con mayor fuerza en cada  ocasión.

De otro lado, los principales partidos considerados de oposición, otrora mayores, se quedaron sin líderes, solo contando con osados mandamases. Están desmembrados, y difícilmente logren compactarse de nuevo, bajo la sombrilla de alguien que en realidad aglutine a los miembros en desbandada

Realmente, hay muchas expectativas con respecto a nuevas caras en el escenario político nacional, y el respaldo de organizaciones del género que se reportan como emergentes. Piensa un gran segmento de la población aquí: ¡hay que salir de todo los conocidos “defraudantes” o decepcionantes!

Por tanto, ¡solo resta esperar!

Rolando Fernández

Frase: “La pedantería corroe el saber”.

¡Qué fácil se entretiene a los dominicanos!

Aquí siempre se anda buscando conseguir temas sustitutos, para procurar desviar la atención, con relación a otras situaciones gravitantes entre nosotros, a las cuales se evade ponerles el frente, salvo que no sea como demagogias políticas.

Actualmente, en el país solo se habla de la reelección presidencial, y sobre una eventual modificación de la Constitución de la República para tales propósitos; Quirino y las acusaciones en contra del ex-presidente nuestro, Leonel Fernández.

Y todo, con los coros en alta voz de algunos medios de comunicación, que se estiman muy bien pagados, ya que de otra forma tanto concurso difusor no se entiende, habiendo innúmeras problemáticas de mayor incidencia social entre nosotros, sobre las que sí se debería reseñar y graficar los eventos relativos de manera consistente.

Sin embargo, no es lo que se hace. Vámonos a las temáticas de moda, inductoras, dirigidas y subvencionadas, es lo que sostienen muchos periodistas y colaboradores de medios. ¡Por ahí puede haber beneficios!

Cuán lejos están muchas de esas actitudes de la verdadera esencia de la disciplina periodística, ya sea de investigación, o mera informadora. Muchas veces se procede como verdaderos mercaderes de información, o como instrumentos para despliegues de actividades,  propagandas y propósitos políticos,  nada más. Se olvida el informar y edificar a la sociedad, en cuanto a su verdadera y sentida realidad.

Ya nadie está hablando aquí, con las excepciones de siempre, respecto de la flagrante corrupción estatal, la inseguridad ciudadana, las verdaderas decisiones de carácter económico que se deben adoptar, los precios justos de los combustibles todos, ante la caída estrepitosa verificada en el costo del barril de petróleo a nivel internacional, y sin embargo, los carburantes en este país siguen subiendo abusivamente.

En ese tenor último, luce evidente que ya entre nosotros no hay hombres que defiendan a este pueblo, que reclamen de la forma que sea en su favor, ante las desaprensiones que se verifican en su contra.

Tampoco se aborda con  firmeza el “bendito” problema eléctrico nacional, y el tan cacareado Pacto a firmar de que se habla, aun sea entre políticos y empresarios, los dueños del pingüe negocio, los mismos que negociaron durante la mal llamada capitalización. Pero además, se ha dejado de lado  el mayúsculo dilema de carácter inmigratorio con los haitianos,  que nos están “comiendo los caramelos”, como dice la gente.

Todos esos asuntos, se los ha llevado de encuentro el estar sazonando, y muchas veces emitiendo opiniones sin base, sobre los temas de moda actual señalados precedentemente. Gente que no conoce sobre las variadas intríngulis, facetas motivadoras incluidas, aspectos neurálgicos, como los propósitos y razones determinantes e  inherentes a los mismos, se le oye hablando, y  se ve escribiendo sandeces, al igual que haciendo juicios aéreos, especulando, etc., nada más que por estar dejándose sentir, pantallando, loando, lambiendo, tal se dice en buen dominicano, a determinados personajes y politiqueros del patio.

Todas esas cuestiones actuales tienen sus instancias competentes en esta nación, que son las que deben proceder, y actuar en consecuencia, determinando razones valederas  y pertinentes; publicitando luego las conclusiones, como las decisiones que proceda adoptarse, sobre las que sí deben reseñar los medios de la prensa local, en vez de estar publicando alegre pareceres interesados.

Por tomar uno de los temas sobre el tapete, como ejemplo, esa cuestión de los señalamientos del señor Quirino Ernesto Paulino Castillo, en contra del ex-presidente dominicano Leonel Fernández, independientemente del que el primero pueda tener o no razón, no debe ser una cuestión para estar siendo tratada a nivel de la televisión, la radio,  las páginas de los periódicos locales, ni en las mismas redes sociales, como ha venido ocurriendo.

Eso corresponde más bien ser dilucidarlo,  investigado y aclarado por las autoridades oficiales competentes nuestras, a los fines de edificar formalmente a la población, y encaminar las acciones que correspondan en tal sentido. Tampoco debe ser objeto de capitalización política alguna.

La pregunta que de inmediato asalta en ese tenor es: ¿cuántos podrán tirar aquí la primera piedra, que estén libre de pecado? ¡Qué se deje eso entonces a los organismos oficiales pertinentes, y vamos a tratar sobre otros temas, quizás de mayor trascendencia, de esos que gravitan de manera sostenida sobre esta sociedad! ¡Por ahí sí procede que se actúe!

Rolando Fernández

Si no quiere pasar el día amargado, ¡piense en alejarse!

De adoptar usted esa decisión, trate de no sentarse frente a la pantalla chica-televisión comenzando el día, y sintonizar los canales locales, principalmente.

Y es que, no se va a encontrar, exceptuando muy mínimas cosas, con nada que no sea: malas noticias, chismografías políticas, sandeces a granel, y entrevistas a personajes del ruedo nacional, que se venden como falsos corderos, y son tremendos “alacranes” chupa sangre, buitres. Sí, de esos que siempre han vivido bien a costillas del pendejo pueblo.

El tema último de mayor atención para muchos seudos analistas y periodistas de esos que nos gastamos aquí, habiendo tantas cosas de mayor importancia que abordar entre nosotros, como son la corrupción estatal, drogas, inseguridad ciudadana, etc., es el relativo a  las encuestas y sus decires.  Es de lo que más se habla cuando se acercan los procesos electorales en este país.

Y, obviamente, las cajas “resonantes” públicas coloreadas, aprovechan los resultados por los que pagan aquellos que contratan las labores de muestreos que llevan a cabo las empresas que realizan ese tipo de sondeos, las cuales  utilizan por lo regular  escenarios favoritos seleccionados para encuestar, en el orden de explayarse, loar, y proclamar candidatos, en base a datos ficticios, o acotejados, como se dice, que no soportan mucho escrutinio de carácter  científico.

Nadie repara en que las empresas encuestadoras son negocios, y que todo el que paga por las labores de esa naturaleza siempre sale ganador, o favorecido, a la hora de realizar conteos y publicar datos. ¡Jamás se pierde! De lo contrario, desaparecen las nuevas contrataciones; se van los clientes para otras entidades.

Cuántos ingenuos y tarados tenemos en esta nación, creyendo en esos números, y en todos los “alabadores” pagados como gratuitos que los “sazonan”; pero estos últimos, en busca de reciprocidades futuras.  Esos también entran en el negocio descarado de los políticos nuestros.

¡Cómo anillo al dedo, compay! “Las encuestas políticas serias no se publican, hay que hacer encuestas todo el tiempo, pero para hacer estrategias, no necesariamente para influir”. Mauricio De Vengoechea, consultor. (Véase: ¡Vaya perla!, medio “Diario Libre”, edición de fecha 20-2-15).

¡Bien dicho!, y muy oportuna la aseveración. Aquí solo se hacen esas labores en pos de eso último señalado, y de paso engatusar, manipular, a los poco pensantes que aquí se tienen, y que constituyen un gran conjunto por cierto.

Rolando Fernández

Si buscas prevención, harán negocios contigo, muestra: caso médico Ruddy

En este país sin reglas, tampoco controles de ningún tipo, en los que habita una población desamparada totalmente por el oficialismo, colmada de abusos, especulación y falta de humanidad, cuando uno oye hablando de revisión, regulación y actualización de salarios, partiendo del dizque sueldo mínimo, y se asocia con determinadas situaciones nacionales, como por ejemplo la que podría denominarse la “industria médica y farmacéutica” que nos gastamos los dominicanos, lo que más provoca es indignación y  hasta risa.

Pero además, resulta vergonzante y penoso ver cómo los seudos sindicalistas nuestros, pantallas más bien, avivatos busca cuartos en lo personal, se dejan coger de conejillos de Indias, cuando de intereses grupales se trata.

¿Qué es lo se va a regular aquí, normar, actualizar (indexar), con este escenario especulativo generalizado e incontrolable prevaleciente? ¿Cuáles son las variables o parámetros razonables a tomar en consideración para tales propósitos?

Esa deleznable experiencia que narra el señor Ruddy L. González, en su columna “OYE PAÍS”, bajo el subtítulo, “Una alarmante experiencia médica”,  (“Listín Diario”, del 18-2-15, página 11ª), que no sería más bien médica, sino sobre el empresariado dentro de ese ejercicio, debe ser reproducida en todos los medios escritos locales en esta nación, para que la gente vea y reflexione, qué es lo que se traen muchos de esos profesionales que ejercen esa disciplina, que bien  podría llamárseles a un buen número de ellos, “ladrones con exequátur”, que gozan de credibilidad entre la población generalizada, e impunidad absoluta.

Y, ese es un caso mínimo se puede calificar, dentro de las tantas atrocidades que se verifican en ese importante sector, dentro del marco de las interrelaciones médicos-pacientes, partiendo siempre todas de los interrogatorios previos que llevan a cabo las secretarias de esos profesionales, que introducen a los consultorios, y a través de los cuales procuran facilitar a sus jefes el perfil financiero individualizado de los que demandan sus servicios, para que sepan como manejarles.

Hablamos de nimiedad con respecto al caso médico Ruddy, ya que en algunas ocasiones no se trata de procedimientos médicos de ese tipo, sino de cirugías mayores, sin que haya necesidad de hacerlas. No hay que operar, pero sí buscársela. Se abre, se cierra, y se cobra, con todo cuánto eso implica.

Dependiendo, según sea el informativo económico inductor con relación al paciente, de inmediato viene el somero examen inicial;  después, la “caterva” de análisis de laboratorio; y, para cerrar ese episodio, cantearse en grande. Si el solicitante tiene seguro, pagar la diferencia, que se cobra incluso por anticipado, antes de ver al médico, al Dios terrenal; son las instrucciones.

Luego, se prescriben los estudios, radiografías, sonografías, etc., y todos con la indicación precisa de los lugares en que deben hacerse, y en los que se supone están acordadas de antemano las comisiones de rigor.

A continuación son anotados los pacientes en la libreta del “san”, mensual o quincenal, para asegurar las visitas periódicas y los pagos por las consultas, prescripción de nuevos análisis, y volver a cantearse por su lectura, y las recomendaciones derivadas a su parecer, o para justificar.

El caso Ruddy es algo ordinario en este país, sólo que no todos los afectados tienen la oportunidad, como él, por su condición de periodista con acceso a los medios de comunicación, de hacerlo del conocimiento público, para que la gente abra los ojos, y no se deje engatusar de todos estos empresarios con bata blanca mundana, que ejercen como comerciantes de la salud. Creemos ha sido la intención.

Esos que ahora quieren cobrar hasta las consultas en dólares, y darse más puesto que las grandes figuras mundiales, como si fueran la gran cosa. Los usureros que trataron con Ruddy, no se percataron de que él podía buscar otras orientaciones facultativas, y denunciarles, como en efecto ocurrió, para que tantos tarados entre nosotros no se dejen sorprender; que aprendan a defenderse, y que no se conformen con una sola opinión, ante cualquier tipo de afección que les aqueje en su salud.

La propensión del mercantilismo médico en Dominicana, como las desaprensiones que se observan, pueden ser objeto de una lectura de riesgos probables, que podrían engrosar más aún las actitudes delincuenciales y criminales  aquí.

Y es que, cualquier persona desahuciada clínicamente hablando, y que además se sienta abusada y engañada por los médicos que les asisten, ante todo perdido ya, puede inclinarse por emprender acciones retaliatarias de alta peligrosidad en contra de ésos.

Con sobrada razón podría decirse, y más aún, en un país donde los servicios públicos asistenciales en ese orden no sirven; en que no hay para dónde coger, y por eso tanto, se extorsiona bastante en el sector privado.

Rolando Fernández

La mejor compañía en muchos momentos: un perro

No importa que sea de raza,  con pedigrí o no, como se dice; tampoco, falto de higiene, “viralata”, etc. Es lo más sincero, fiel sin parangón, compañero de verdad. Cuida a su amo, y lo conforta emocionalmente a su manera.

Olfatea y detecta con prontitud los estados depresivos, y de inmediato se acerca a su dueño, moviendo el rabo, y pasándolo sobre las piernas o los pies del que auxilie en ciertos momentos de ansiedad, preocupación, o cualquier otra circunstancia negativa.

Son diversos los casos en que algunos canes han salvado a personas de infartos al  miocardio, o accidentes cerebro-vasculares, al acercarse a ellas en son de manifestarles su cariño y afecto, debido a lo cual han logrado restarles algún tipo de presión, estrés, o desequilibrios de orden emocional; han desmontado cuadros depresivos, preocupantes y degenerativos.

Por alguna razón que escapa al entender de la mente humana, los perros son los hermanos menores de los hombres más cercanos a la especie; se adaptan y conviven con la gente como un miembro más de la familia.

Hasta duermen con sus amos, si es que se lo permiten. Son quienes más comprenden el lenguaje de los niños. Les proporcionan cariño a ésos en abundancia, al tiempo que los protegen y cuidan mejor que cualquier otro irracional.

Cuando el amo enferma no se le despegan de la cama. Si está recluido en alguna cárcel, se mantienen merodeando por los alrededores, y algunos hasta esperan por su salida.

En el caso de algún internamiento en  clínica  u hospital, desde que advierten la ausencia en la casa de su protector, buscan la forma de desplazarse en la dirección que sea, en pos de encontrarle, y hasta penetran al lugar en que se encuentre, si es que lo dejan.

Un ejemplo de esto último es una pequeña reseña que aparece en el medio “El Día”, del 16-2-15, página 32, “Perra se escapa >, Para ver su dueño en hospital”. Sissy, es una perrita Schnauzer que recorrió 20 calles para llegar al hospital Medical Center, en Iowa, donde está ingresada su dueña. Un guardia de seguridad no le permitió acceder a la habitación donde está Nancy Kranck, su dueña de 64 años, que llevaba dos semanas ingresada”.

¡Ojo con los perros!, que son domesticables en su gran mayoría. Nunca ésos están demás en las casas-viviendas de los humanos, pues acompañan con fidelidad, confortan emocionalmente a sus amos, y sirven para algunas otras cosas además, en el orden de lo esotérico.

Rolando Fernández

La desgracia del tráfico vehicular nuestro

¡Ese es un caos de difícil solución! El transitar por las principales calles y avenidas de nuestro país, entre inmensos tapones de vehículos, desaprensiones, irrespetos a las normativas legales vigentes, chatarras, guaguas voladoras, camiones, despidos contaminantes de monóxido de carbono, y entre automóviles estacionados a ambos lados de las vías de circulación, de manera alegre, etc., de inmediato permite formarse un juicio crítico sobre esa gran problemática en Dominicana, y no deja otra opción que calificarla  como un desastre nacional, una verdadera desgracia.

Con sobrada razón, muchas personas que tienen algún tiempo ya viviendo fuera del país, y que retornan a visitarle ocasionalmente, o a quedarse de manera definitiva dicen: “la verdad que,  todo el que aquí conduce un vehículo de motor, lo puede hacer en cualquier parte del mundo. En esta nación se maneja como chivo sin ley, nada se respeta. Las consideradas autoridades de tránsito, se les observa más bien como figuras decorativas, inoperantes”.

Y adicionan aquellas, “por lo que se puede apreciar a simple vista, muy pocos accidentes de tránsito se producen en esta tierra. La suerte acompaña a los dominicanos en tal sentido. Así lo reportan las estadísticas sobre el particular”.

Ahora, con relación al tráfico vehicular nuestro, donde se tiene que “moler canela fina”, como reza un dicho popular, es cuando de taponamientos se trata, adornado el espectáculo con dos o tres camiones en medio de las vías, queriendo competir con los vehículos livianos para irse delante, y sin importarles a los conductores lo que pueda suceder.

Los transportes pesados, por lo regular rayan y chocan a los demás automóviles de manera hasta provocativa, y con amenazas  indecentes cursadas. Los personajes que los conducen, en la mayoría de los casos, parecen animales con ropa. A veces, ni siquiera la documentación requerida  se tiene.

Y, si por casualidad ataca a determinados conductores el apremio de satisfacer alguna necesidad fisiológica, de esas que no se pueden reprimir, o se produce algún malestar de salud, dentro de aquel escenario – bojote de  vehículos varados -, que requiera urgente asistencia facultativa, entonces es que la cosa se torna fuerte y desesperante. ¡Qué Dios libre a cualquiera!

Por el camino que se va en Dominicana, con respecto a ese flagelo o problemática a todas luces, severas y grandes decisiones enmendatorias se van a tener que adoptar; pues de lo contrario, aquí no se podrá transitar en un vehículo de motor en el curso de dos o tres años.

Ya el parque vehicular entre nosotros, desborda la capacidad de nuestras vías de tráfico. El problema se acrecienta cada vez más, y las autoridades gubernamentales parecen hacerse un poco las locas. Evidentemente, no les conviene corregir.

Es algo entendible en ésas. Se comprenden con facilidad las razones: impuestos que se perciben por la importación y tenencias de vehículos, como los tributos que genera la obtención de placas para la circulación, al igual que el consumo excesivo de los caros combustibles que se utilizan. Es obvio que, los daños que dicha situación pueda estar ocasionando a la población poco importan.

Esos son impuestos que no se quieren disminuir, en términos de percepción. Y, ahí está la disyuntiva, la tremenda dificultad para resolver, pues los correctivos que se deben introducir  provocarían efectos que irían en esa dirección.

Un breve análisis permite inferir que las decisiones pertinentes a introducir, en el orden de evitarnos los desagradables y peligrosos taponamientos de vehículos en nuestras principales calles y avenidas, normalmente en las horas pico, y de hecho contribuir a paliar el desorden mayúsculo que tenemos en el área,  aunque el Estado tenga que sacrificarse en cuanto a lo recaudatorio siempre pretendido, deben de ir en las siguientes vías:

  1. Prohibir, al menos por un período de cinco (5) años, la importación de vehículos de motor, que no sean para asuntos laborales propiamente, automóviles livianos y pesados para trabajos diversos.
  1. Turnar el uso de todos los vehículos en plaza, en base al número de placa para transitar: terminación par, un día; terminación none, otro día.

Luego, y de manera casi inmediata, procurar ir concienciando a la ciudadanía en base a la difusión de las orientaciones debidas a través de los medios de comunicación de masa. Y además, promover la aplicación drástica de la ley de tránsito que rige en la actualidad, como todas las normativas inherentes, sin distingo de persona alguna. No importando quién sea el infractor.

Serían las únicas formas, más a la mano, de comenzar a enfrentar algo que  en verdad constituye una vergüenza nacional: el gran desorden en el tráfico vehicular nuestro.

Claro, son medidas que se tornan muy difíciles de adoptar, en vista de las implicaciones tributarias que conllevan, reiteramos, por lo que de igual forma se estima que, la permanencia de los tapones vehiculares en este país, que constituyen una  parte bastante incidente en el desorden o caos fehaciente dentro del sector transporte, puede ir para largo. Las esperanzas de solución a corto o mediano  plazo,  lucen bastante troncadas, perdidas en realidad.

Rolando Fernández

Ya no hay material viril suficiente en Dominicana, ¡qué gobiernen las mujeres!

Todo el que repara con atención sobre las cosas irregulares, desaprensivas y burlonas, como las dejadeces fehacientes, que se vienen verificando en este país, sin reclamos varoniles algunos que se observen, en cuanto a su conducción, y defensa de la soberanía nacional, entre otras cosas, tiene que arribar a esa conclusión.

Y es que, entre nosotros se están produciendo actos que rayan plenamente con lo indecoroso “alegre”,  burlesco y displicente, ante una población que se encuentra hastiada, debido a los desafueros provenientes del poder político y social, y que al parecer se estima repleta de “conejillos de Indias”; de hombres incapaces de trazar las directrices que más convengan a la nación, en términos de su desarrollo y liberación de los poderes injerentes externos, como transculturizantes en todos los órdenes. Y, de otros que procuren además, las reivindicaciones que ya se imponen aquí.

Por lo que se ve a grandes rasgos, y la escasez del llamado “sexo fuerte” que se advierte, craso error el calificativo, agenciando acciones enmendatorias, es muy probable que las mujeres hagan un mejor trabajo desde las instancias superiores de poder, como bajo la condición de gobernadas Claro, estamos hablando de “mujere”, esas con formación y capacidad pensante; que ostenten decoro,  pudor, y sentido de responsabilidad.

No nos estamos refiriendo a las tantas exhibicionistas corporales, algunas consideradas “chapeadoras”, o “busca cheles adultas, que sólo saben digitar sandeces en un teléfono celular, o escribir disparates en las redes sociales.

Respecto a una de las temáticas de mayor trascendencia para este país, se cierne sobre la población una nueva mofa fehaciente, y los hombres con real voluntad para dirigir, o encarar los malos aprestos inherentes, lucen no aparecer. Se trata del crucial problema eléctrico, dizque en pos de enmendar acciones pasadas esta vez

Ahora vienen los dueños de ese tan lucrativo negocio en esta nación, compuesto por un fuerte maridaje político-empresarial, con los apremios demagógicos de siempre, recomendando con urgencia la firma del bastante cacareado “Pacto Eléctrico”, que obviamente solo continuará beneficiando más aún a los mismos actores intervinientes.

Ese es un nuevo comodín, ante una sociedad acosada y desesperada por las intensas tandas de apagones abusivos a que es sometida por parte de todos aquellos personajes y grupos empresariales que se destacan en la actualidad como regentes dentro del área, acompañadas de las exorbitantes facturaciones presentadas a los consumidores, con plazos de pago brevísimos, factores que en muchas ocasiones obligan al elefante blanco de la Superintendencia del ramo, a exigirles, como de pena, a las altruistas distribuidoras, a reembolsar los valores cobrados en exceso a las siempre víctimas, los pendejos consumidores, a partir de las reclamaciones cursadas.

Ya aquí nadie está ajeno, de cómo es que se bate el cobre dentro de ese sector nacional. Primero, por el gran flujo de  informaciones a que ha tenido acceso ya la población con relación al negocio instaurado desde las instancias mismas del poder político; y, segundo, por lo que está padeciendo en ese sentido, sin ayuda, como tampoco protección oficial alguna.

Cualquier pensante medio aquí, puede inferir, qué es lo que hay, y lo que puede venir más adelante, en cuanto al comercio de la energía eléctrica en el país, el deficiente servicio que se oferta, y la especulación en términos de su cobro, con muchas actitudes desaprensivas apañadas desde el mismo gobierno, según lo que se puede apreciar.

Solo hay que reparar, en los principales actores que de nuevo hoy  participan en las reuniones que se llevan a cabo para la firma del “sofismático” Pacto Eléctrico; todos, los mismos capitanes con sus tropas leales que dirigieron la orquesta cuando la estafa de la mal llamada “capitalización del sector”, cuyo propósito no era otro que el de poner en manos privadas el pingüe comercio de un servicio público indispensable para todos los quehaceres nacionales.

No hay que ser muy inteligente para pensar, que lo procurado en la actualidad, no es más que una continuidad y ampliación  de lo mismo; que lo menos tomado cuenta hoy, por más allantes que se hagan, es el favorecer a la población, en el sentido de eficientizar el servicio, y cobrar por el mismo, facturaciones justas y equitativas. ¡Vamos a privatizar más, y a obtener mayores prerrogativas, es lo que de seguro dice el maridaje político-empresarial envuelto!

Esas actitudes empresariales se ponen más en evidencia, cuando se leen en los periódicos nacionales declaraciones como las siguientes: “Pérdidas se llevarán 75% subsidio 2015”. Ese mecanismo de supuesta compensación, es la espina dorsal del gran negocio con la distribuidoras; cuartos asegurados para esos comerciantes inescrupulosos, con cargo al Presupuesto Nacional.

“Inversionistas interesados en la distribución”. ¡Lo quieren todo!, para mayor especulación y narigoneo al Gobierno. “Deben $777 millones a generadores”. ¿Y cuándo no, es pascua en diciembre? Ahorita salen las autoridades oficiales a buscar cuartos prestados para pagarles a esos usureros, de manera directa, o mediante la pantalla de emitir bonos soberanos.

Dice el flamante y orondo presidente actual de la ADIE, ayer regulador, y hoy presidiendo el grupo de los grandes beneficiados con la privatización, los generadores, entre otros – ¿cómo ese señor pasaría hasta ese sitial tan privilegiado? –  “el principal reto del “Pacto Eléctrico” será que los actores cumplan en su totalidad con el plan que elaboren, “sea cual sea”.  ¡Qué bien!

Y agregó más adelante, “Tenemos una oportunidad de oro de encontrar unos puntos de inflexión. No cometamos como país los mismos errores anteriores”. ¿A favor de quiénes irán los cumplimientos, y el determinar las inflexiones para corregir?

Ver: periódico “El Día”, edición de fecha 12-2-15, página 16).

Esas son las dos grandes interrogantes a responder en el orden  del dichoso nuevo “Pacto Eléctrico” a firmar. Esta sociedad no puede dejarse sorprender de nuevo por todos estos avaros comerciantes y políticos de nuevo cuño, que solo procuran beneficios particulares.

Tienen que aparecer hombres en actitud de proponer condiciones que favorezcan realmente al país, a su gente, no a los grupos y políticos del patio patrocinadores de la película. Cuando no, que estén dispuestos a ponerle el frente con voluntad sentida a esa nueva burla o teatro, en lo que respecta al servicio eléctrico nacional.

Y, si no encontramos varones para dirigir y defender los destinos nacionales, como en la actualidad se impone, frente a las tantas dificultades que confronta esta población, como de ésa que aquí se trata en forma directa, y además: la corrupción estatal, inseguridad ciudadana, las drogas por doquier, la falta de servicios asistenciales de salud, los problemas migratorios con  la vecina isla de Haití, y otros países hacia nuestro territorio, etc. que vengan mujeres con faldas de pesados ruedos a mandar y reclamar en este país. Como esas que saben administrar y defender muy bien las casas en que habitan, en unión a los demás componentes de las tribus biológica-sanguíneas conformadas.

Recordemos, y vamos a adherirnos al estribillo del merengue aquel que cantaba el grupo de “Las Chicas del Can” en años atrás: “Ya que los hombres no pueden, que gobiernen las mujeres”. Y que aparezcan también en el escenario público, las que estén dispuestas a echar el pleito cuando se vulneren sus derechos, y se les maltrate, agregaríamos nosotros, para que no nos acabe de llevar el diablo a todos.

¡Tenían mucha razón en su decir aquellas jóvenes muchachas! Lamentable, el que su preocupación sentida, aunque con cierto dejo de humor, y entretenimiento artístico, no recibiera desde entonces algún tipo de aquilatamiento, para que se tuviera ese mensaje bien presente.

Rolando Fernández

Frase: “La pedantería corroe el saber”.

Los locos merecen más que los políticos, ¡gran verdad!

En el marco de cuántas inconsecuencias tenemos que vivir los dominicanos, sin nadie que defienda a la gente de este pueblo. No  importa condición social, o de salud prevaleciente. El que no pueda continuar viviendo, que trate de irse del planeta Tierra. ¡Es lo que dicen muchos!

Frente a la escasez de hombres bragados, y conscientes de la amarga realidad que se verifica entre nosotros, con “espectro” nacional, será la Madre Naturaleza quien tendrá que aleccionar a muchos aquí, o  quizás hasta la misma sociedad en sentido general.

¡Increíble! Podemos ver en este país a cientos de nacionales, y hasta extranjeros, que deambulan por nuestras calles  y avenidas, harapientos, y desnudos en ocasiones, afectados de serias enfermedades mentales, recogiendo migajas y desperdicios en los zafacones o vertederos de basuras para poder saciar el hambre, como ingiriendo agua sucia en los contenes para mitigar la sed que los abate.

Sin embargo, y mientras eso ocurre, el único centro asistencial público dispuesto aquí para ese tipo de enfermos, se está cayendo a pedazos. Claro, para los locos de los ricos, sí que hay más lugares con todas las comodidades y atenciones facultativas, y al último guay de moda. Pero, ¡locos de pobres!, no son gente, es lo entienden algunos engreídos y políticos nuestros.

Los recluidos allí – manicomio o cueva para orates depauperados – que soportan y logran sobrevivir al hacinamiento en que están, los tienen como animales, carentes de todo lo necesario para poder vivir. Además, con servicios médicos muy precarios.

Diversos son los reportajes que se han hecho sobre ese lugar, y artículos elaborados a granel, publicados en medios de la prensa local, pidiendo compasión; que se atienda ese centro como se debe hacer; que se tenga misericordia con nuestros locos desamparados, internos allí; y en adición, los que caminan fuera, “calle arriba y calle abajo, como se dice, en el marco de su nebulosa existencia, y oscuridad mental.

Sin destino seleccionado, andan algunos de esos infelices, asediados por los candentes rayos del Sol, y bajo las copiosas lluvias, con más sucios arriba que una nube de trueno, teniendo que dormir a la intemperie, en cartones, o debajo de los puentes para el tráfico vehicular, respirando polvo y el monóxido de carbono que despiden los automóviles variados  que circulan.

Ninguna autoridad atiende a esos episodios, y muchos desalmados ciudadanos lo que hacen es burlarse de ellos. Se creen que nunca les podría tocar padecer esta terrible enfermedad, de la cual ningún ser humano está exento por innumeras razones. A veces, hasta por motivos kármicos, punición debida a causas sembradas en vidas anteriores. Posiblemente, muchos se rían de esta concepción última, pero que no lo hagan muy alegremente, para que no se lleven tremenda sorpresa en cualquier momento.

La última en escribir sobre la temática, como magistralmente ella suele hacerlo sobre lo que sea, fue doña Ligia Minaya, que expuso en su trabajo “El MANICOPIO SIN APOYO”, publicado en el medio “Diario Libre”, edición de fecha 7-2-15),  respecto de la deplorable situación  que se observa en el Hospital Psiquiátrico Padre Billini, sito en el kilómetro 28 de la autopista Duarte, en Dominicana.

Incluso, hizo loable alusión al doctor Antonio Zaglul, quien fuera director del centro durante los años 1950-1960, y realizara  una encomiable como abnegada labor en favor de aquellos que para la época padecían de trastornos mentales, allí asistidos. Un ícono indiscutible dentro de la especialidad, y autor de la famosa obra: “Mis quinientos locos”.

Lamentablemente, todo cuánto aquí se escribe sobre determinadas situaciones problemáticas, con la intención de inducir a las enmiendas correspondientes cae en el vacío. Nunca aparecen los cuartos necesarios, ni mucho menos gente interesada en hacerlo.

En contraposición con eso, los dineros sí pueden ser encontrados para costear actividades de poca monta,  burlonas, desaprensivas, y hasta dañosas para la sociedad nacional. ¡Diversas son!

Podemos ver por ejemplo, cuán irritante resulta el que, “la  flamante Junta Central Electoral (JCE) que nos gastamos los dominicanos, aun esté actuando sobre la base de una normativa legal,  entregue a un conjunto de vagos, corruptos y ladrones de cuello blanco, disfrazados de políticos, que hacen filas en los partidos reconocidos, la friolera de más de ochocientos millones de pesos (RD$800), según fuera publicado en la prensa local, para ser usados en francachelas electorales, como otras actividades del ramo; y que en adición, unos más de esos que viven de la “teta” nacional, continúen haciéndose cada vez más ricos, como es lo que se infiere”. (Transcripción de un artículo anterior).

¿De dónde salen esos cuartos? De todos los pendejos que pagan impuestos aquí, a los cuales se les extorsiona con gravosas cargas impositivas, que tienen que soportar sobre sus hombros.

Sin embargo, para la salubridad pública en este país,  y  favorecer a los mismos que aportan al fisco, contribuyentes, nunca aparecen los recursos económicos requeridos. Ni siquiera para los locos indefensos y desprotegidos, que no tienen un local apto en que se les pueda acoger y convivir como Dios manda. Tampoco disponen de asistencia médica regular, y mucho menos las medicinas de orden.

Nos referimos a los que aún quedan en el “manicomio Padre Billini”, del km. 28 de la autopista Duarte, que no han tenido la osadía de abandonarlo En adición, a todos los que andan deambulando sin rumbo por nuestras calles y avenidas, incluidas las del interior del país, que en peor situación están, se los acabará de llevar el diablo.

Mientras tanto, los políticos, vagos en su mayoría, y ladrones sofisticados que tenemos aquí, se ríen y disfrutan a patas abiertas,  con el bojote de cuartos que reciben, para gastarlos alegremente, sin ningún tipo de control. Incluso, para agenciarse caminos y lograr llegar hasta la finca denominada “El Poder”, como de vivir bien desde allí a costa del erario público.

¡Irritante realidad nacional, que debemos enfrentar por humanidad! Nuestros locos pobres también son seres humanos; y más aun, burlados, desprotegidos e indefensos.

Rolando Fernández