Qué desaprensión tan marcada ¡Eso es una barbaridad!

 

Lamentablemente, ya en este país la seguridad vial de la gente, principalmente la de a pie, no vale nada, por la delincuencia reinante, el desorden en el tráfico vehicular, como el descuido y deterioro de los pasos peatonales habilitados, en ocasiones hasta mal dispuesta la construcción de esos espacios, para el desplazamiento necesario de los transeúntes, obligados por lo regular.
Horribles, como deprimentes, son los escenarios que se observan en ese tenor. El reparar sobre las vicisitudes por las que atraviesan muchas personas, algunas hasta envejecientes, o con determinada incapacidad motora, para poder cruzar ciertas vías principales en la ciudad capital del país, dada la peligrosidad vehicular a la que se exponen, con sus vidas en juego de ordinario, se convierte en fuerte pesar, no obstante, el grado de insensatez que se pueda abrigar
Es algo que enfada sobremanera, por lo “asqueante”, como vergonzoso que se reporta, en una nación donde los políticos dilapidan tanto dinero de erario público, gastándole en publicidad, bocinaje loador, y francachelas electorales; como, reciprocando con aquellos que les costean las campañas proselitistas en cada ocasión electiva.
Pero, no solo los depauperados de la fortuna en esta República, son objeto de burlas, narigoneos, y desamparo por parte de los políticos del “solar”, Dominicana, sino que también, otros sectores considerados de mayor trascendencia reciben iguales tratamientos, tal es el caso de las clases militar y policial, algunos de cuyos miembros se dejan pisotear y manipular de todos estos advenedizos, arribistas, que detentan transitivamente el poder; que les irrespetan sin piedad; y, que poco piensan, en que su estadía como mandamases puede depender de los uniformados, si es que estos se revelan en cualquier momento, y actúan.
Una de las mejores muestras con respecto a lo expresado anteriormente, lo es esa asquerosidad en que se ha convertido el puente peatonal, sito en la avenida Ortega y Gasset con Heriberto Pieter, en Santo Domingo, muy próximo a la parte frontal del Hospital Central de las Fuerzas Armadas. ¡Penoso eso!
El mismo debería considerarse como parte integral de dicho centro de salud, para permitir el fácil acceso hacia sus instalaciones, de cuántos pacientes recurren al lugar con regularidad, incluidos militares con rangos diferentes, personal médico, y púbico en general visitante.
¡Eso hay que verlo personalmente!, para hacerse un verdadero juicio, y no conformarse con el reportaje que sobre el lugar publicara el periódico “El Día”, en su edición de fecha 24-8-18. ¡Qué irrespeto! ¡Cuánta inconsciencia oficial! Y no quieren que se hable de Trujillo en este país, cuando el sector salud, y las facilidades colaterales necesarias, es innegable, tenían otra fragancia entre los dominicanos, según aquellos que vivieron la época.
Aquel feo y sucio espectáculo, puede considerarse como: “un acto desaprensivo total”, exhibible en plena ciudad capital, valga la reiteración, el cual más que aborrecible se reporta; y, constituye una ofensa a esta sociedad, que luce anestesiada por completo.
Parece que la “burundanga” que le han estado suministrado todos estos políticos corruptos e inconscientes a la sociedad local, ha surtido fuertes efectos adormecedores, por años Es lo que se infiere. ¡No ha habido reacción alguna, ante una cosa así, tan notoria y significativa!, entre otras, de no menos relevancia.
Aquel paso peatonal, tan importante, quedó inconcluso; y, ha sido olvidado por las gestiones de gobierno posteriores a la ideóloga de su construcción. ¿Por qué? ¡Se ignora!; aunque, se supone lo de siempre: la no continuidad del Estado, cuando se produce un cambio de mando en poder.
El caso es que, la obra, sin terminar, está repleta hoy de malezas, yerbas de todo tipo, basuras, etc. Debe haber allí alimañas y animales de todo tipo, hasta culebras, por lo apropiado del sitio. ¡Qué agravio!
Además, han convertido ese espacio en una efectiva “madriguera” para antisociales, delincuentes, consumidores de drogas, y otros vicios; en cueva preferida para el tigueraje que merodea en toda esa zona, incluidas las aceras del Centro Olímpico, donde tantas personas acuden a ejercitarse diariamente, inocentes del pillaje con que se pueden encontrar.
“Lindo panorama ese”, adornando el frente de tan valioso hospital, que utilizan con regularidad militares, familiares y relacionados. De seguro dirán las autoridades estatales presentes, a la que corresponda emprender las acciones urgentes requeridas, para enmendar dicha afrenta en pleno centro de la ciudad capital, que no hay presupuesto en estos momentos.
Sin embargo, para la preparación de las famosas primarias abiertas, y demás quehaceres electoreros, de cara al certamen político a celebrarse en el año 2020; como, la remodelación del Palco de Prensa del Estadio Quisqueya, en que se desarrollan las actividades del gran negocio privado que ahora denominan Baseball, y que según fuera publicado costará unos 117 millones de pesos, periódico “Diario Libre”, de seguro ya se hicieron, o se harán las apropiaciones de recursos financieros requeridas.
Finalmente, cabe señalar que, el puente peatonal “selvático” tomado como referente aquí, no es el único problema de esa índole en Dominicana. Ahora, es de los que más llama la atención por el lugar en que se encuentra, y la cercanía con el Hospital Central de la Fuerzas Armadas, un lugar de obligado acceso con urgencia, en muchos momentos, por problemas acuciantes de salud.
Existen otros a nivel nacional, cuyas construcciones y barandillas metálicas de protección están en pleno deterioro; y, además, sin alumbrado eléctrico, situación que favorece a los asaltantes nocturnos, como a los violadores de mujeres, en asecho siempre.
Durante el día, se hace difícil el paso a través de algunos de esos trayectos dispuestos, debido al cúmulo de venduteros que allí se reúnen, en su mayoría haitianos, para el expendio de chucherías, situación de la cual se aprovechan también los carteristas para hacer su “agosto”, como se dice; verbigracia, los ubicados el kilómetro 9 de la Autopista Duarte, por los mismos frentes del destacamento policial allí establecido, lo cual nada impide.
¡Qué “paisaje”, mamacita, el que tienen los dominicanos, no es un país!

Autor: Rolando Fernández

En Dominicana ya no se educa a nivel escolar

 

Evidencias más que suficientes se tienen aquí, de que esa es una realidad innegable, y dolorosa a la vez; de que la enseñanza relativa en esta nación, se encuentra en un marcado declive.

Lo que hoy se observa, se reporta como un contrate bastante llamativo, respecto de un ayer, carente de material bibliográfico suficiente, como de la tanta tecnología disponible en el presente. Eso, amén de las prácticas represivas que “adornaban” el régimen dictatorial con que otrora se gobernó el país, por más de tres décadas. ¡Cuán diferentes eran las cosas entonces!

Es una conclusión a la cual se arriba, sin temor a equívoco, cuando la temática es abordada en el contexto del sistema público de formación académica, a todos sus niveles, principalmente, cuando se hace con imparcialidad política total.

Claro, justo es decir que, en lo concerniente al ´ámbito privado, la diferencia, en términos de la eficientización actual requerida, no es que sea muy notoria, salvo algunas excepciones colegiales, de esas que “confirman la regla” como se dice, y que, en este caso, sería la norma cuestionable que rige, en un alto porcentaje de los centros pertenecientes a ese sector.

Lo que sí hay en este país, no cabe duda, asociado con la actividad de que se trata, y cada vez que se inicia un nuevo año lectivo, como ahora, es mucha comercialización, y la politiquería electoral de estilo para promover candidaturas partidaristas.

También, una gran incertidumbre, y marcada limitación en cuanto al poder adquisitivo de los padres o tutores de los estudiantes, para cubrir los costos del material bibliográfico exigible (libros), y otros efectos inherentes, tales son: uniformes, mascotas para escribir, mochilas, y demás “yerbas aromáticas”, que en estos momentos se imponen a los integrantes esta sociedad.

Evidentemente, todo, en el marco de lo que se entiende como un claro maridaje entre las autoridades oficiales del ramo, con los empresarios y comerciantes de dichos efectos, para sustituir la sillita, el cuaderno, y el lápiz, en uso otrora; como, la continuidad de los libros a utilizarse anualmente, lo que permitía en el pasado, claro está, ahorrarse un buen dinero.

Eso, cuando entre los dominicanos, la educación, incluida la correspondiente al grado superior, tenía otra fragancia, mucho más agradable por supuesto. ¡Servía, innegablemente, la actividad de la enseñanza!

Sí, en tiempos atrás, épocas en que se podía hablar de una verdadera formación escolar en este país, considerada incluso como una de las mejores en toda la región del Caribe; con el concurso obvio de las autoridades competentes, preocupadas por la enseñanza de niños, adolescentes y jóvenes, nacionales, básicamente.

Además, se contaba con un personal docente abnegado; dotado ese de vocación para el servicio, y conocimientos suficientes – no un sindicato politizado, como lo es hoy en su mayoría -, amén de estar sujeto a la supervisión oficial de rigor, para el cumplimiento exigible; alumnos inclinados por capacitarse en verdad; y, padres, o tutores, que les daban a los hijos el seguimiento de lugar, como a las tareas encomendadas, y al rendimiento académico esperado.

Es obvio que, todo eso ha ido desapareciendo localmente a pasos agigantados; que el modernismo, y la tecnología de punta mal asimilada, sin contarse con los requerimientos base requeridos, e introducida de golpe y porrazo por los sectores político y social regentes, para crear una mayor cantidad de “robots” narigoneables a voluntad, y utilizables en su favor, son factores incidentes que han venido estando en la base de la problemática aludida, desde hace años.

Como complemento real “contributivo” se tiene, la manipulación mercadológica recurrente, relativa a los equipos tecnológicos de supuesto apoyo dentro del área, y los mismos de comunicación, que hace blanco indiscutible en los tantos escasos de mente que tiene la sociedad dominicana, y que se adhieren con gran facilidad a los esnobismos que se les introducen por ojos, boca y nariz.

Que se creen en capacidad para poder competir con otras sociedades más avanzadas que la nuestra, en cuanto a intelectualidad, y poder económico. De ahí que vivan siempre “enredados” en una gran “malla” de precariedades adquisitivas, y se embrutezcan cada vez más.

Dado cuánto se ha expuesto aquí, se puede decir, con poco margen de equívoco, que la educación en Dominicana es sinónimo de comercio, politiquería, y condicionamientos mentales inductores hacia la mediocridad de la población, a los fines de hacerla menos capaz cada vez; y, manejable por tanto, con mayor facilidad.

De otro lado, es una forma más de proporcionar a los políticos de turno, un medio bastante fructífero, desde el mismo ministerio de Educación, como de común es lo que ocurre a nivel de las demás instancias estatales, para que puedan agenciarse buenos productos financieros; algo que, según se puede ver hoy, hasta les permite en algunos casos, alcanzar posibilidades económicas suficientes, para lanzase a correr por la presidencia de la República; y, costear, con ciertos desparpajos, escandalosas campañas electorales.

Después, eso que se dice sobre construcción de aulas, escuelas sin profesores, la mayoría; educación eficiente; tanda extendida; revolución educativa, etc., no son más negocios, propagandas, y estrategias de manipulación proselitista, para continuar embaucando a este pueblo, que luce como anestesiado; y, que le han cortado las alas reclamatorias que otrora hacían “volar” a su gente.

Si no fuera así, tal se ha expresado con anterioridad, los resultados de las evaluaciones que se hacen al estudiantado dominicano, tanto a nivel local como en el exterior, ¡dirían otras cosas! Los muchachos no serían objeto del hazmerreír acostumbrado. ¡Referentes de obra se tienen! Y es que, en un alto porcentaje, apenas saben esos leer y escribir.

 

Autor: Rolando Fernández

El mensaje está dado, ¿y qué?

Es obvio que, una gran manifestación de impopularidad con respecto a la actual forma de gobierno en el país; a los más altos representantes de la presente gestión; como, a las actitudes desaprensivas provenientes de esos, fue expresada por la población llana, aunque con algunos injertos a la sazón, de politiqueros capitalizadores de protestas, aprovechándose como siempre de toda oportunidad que se les presente.

El escenario propicio en ese tenor, lo fue la magna concentración de personas que se desplazaran por calles y avenidas seleccionadas de antemano, siguiendo el recorrido de la llamada “Marcha Verde, en su última versión escenificada, tanto en la capital dominicana, como en algunas partes en el exterior, sin importar, aquí, principalmente, las condiciones climatológicas adversas que se verificaron durante ese día.

Aunque no quedó dicho todo lo necesario entonces, por supeditarse en forma directa la proclama reclamatoria en contra, nada más que a la corrupción rampante estatal, y la impunidad judicial reinantes, queda claro que, esos flagelos nunca andan solos, por las derivaciones inherentes:  delincuencia, criminalidad, tráfico de drogas, desorden institucional a nivel casi generalizado, y escasez de servicios públicos, etc., por lo que también se les entendió como sutilmente tocados en aquel marco.

Luego, por tozudos que puedan ser estos políticos de nuevo cuño en el poder, mandantes sin conciencia ciudadana alguna, e indiferentes a los males que vienen lacerando sin respiro a esta maltratada población, eso es algo que debe llamarles poderosamente la atención, e inducirles a reflexionar de manera sosegada, a los fines de evitarse episodios con consecuencias mayores; o, que se creen condiciones más pujantes, para que la voz del pueblo se exprese sin ningún tipo de reparo, y demuestre “ser la más parecida a la de Dios”, como  reza una famosa frase popular, haciéndoles desaparecer del escenario público nacional.

La gente se cansa de que se le esté tratando de manipular siempre, como de que se le burle sin reparo alguno; y menos, cuando comportamientos tan bajos provengan de los miembros más connotados de una organización política en que tantas esperanzas salvadoras se cifraron otrora; y, que vendieran una loable imagen pública, hoy desaparecida por completo, no cabe duda. Todo, debido, principalmente, al perfil moral y patriótico del maestro, el fundador-mentor, y único líder en verdad dentro de la organización, un prócer nacional, Juan Bosch.

A la vista está que, sus pseudo discípulos lo han tirado todo por la borda. Las mejores muestras de ello son: ir al gobierno a lucrarse, sirviéndose con la cuchara grande del erario público nuestro, siendo el indicador más preciso, el alto nivel de corrupción estatal fehaciente, acompañada de una inseparable impunidad judicial, la más pronunciada en que haya incurrido gestión gubernamental alguna en el país durante décadas. ¡Los referentes están de sobra!

De otro lado ha estado, el promover la división ya casi inevitable de la organización política, sembrando las dañinas luchas de tendencias a lo interno de la misma, capitaneadas en estos momentos por los dos caciques principales de turno: Danilo Medina y Leonel Fernández, de las cuales se puede inferir la desaparición de la organización morada; y, que esa a su vez se lleve de encuentro el sistema de partidos en Dominicana, por la incredibilidad de la clase dentro del ruedo local, y los arrastres previsibles.

Eran esos los blancos de ataque más directos contra los cuales iba siempre el gran maestro, y se explayaba de ordinario al instruir, en procura de evitar su ocurrencia, y que no se adoptaran como paradigmas en la organización última que él fundara, tal es lo que de común que se estila a nivel de las demás entidades del género en esta nación. Sin embargo, ¡qué fiascos tan grandes!, son los que se observaron, y prosiguen en esos órdenes, tras su incapacidad mental, y desaparición física a posteriori. ¡Increíbles!

Ejemplos del momento presente son, sin importar el mensaje último de la “Marcha Verde”, al que muy poco caso se le hará, dado el clima de absolutismo gubernamental reinante, los lambonismos, y el bocinaje loador pagado: exhibicionismos en periódicos  de los “logros” obtenidos durante los últimos años de gestión peledeísta; y, una “Ley de Partidos” aprobada a la “juyendo” por eso que llaman “Congreso Nacional”, después de tantos años dando tumbos a lo interno de esa caja de resonancia del Poder Ejecutivo, como puerta de entrada obvia a las aspiraciones de una eventual reelección presidencial, por parte del actual mandatario,  en el 2020. ¡Un traje casi a la medida!

Además, el pugilato que se viene verificando en torno a la aceptación de una nueva modalidad para la escogencia del cacique a postular a la presidencia de la República por el PLD, las dichosas primarias abiertas, compartidas, o dejando de lado las cerradas, en que participen solo los miembros del partido, como ha sido la norma de siempre.

En adición, a correr como “caballos” hacia el poder; para, quedarse los que están, Danilo y su grupo; o, el retorno del otro “príncipe”, con la tribu que comanda, por una parte. Y, por la otra, ahora se tiene, para completar la película patrañosa de todos estos polítiqueros de nuevo cuño, que jamás han pasado alrededor de un verdadero estadista, a una serie de advenedizos, trepadores, ricachones con los cuartos del pueblo, que quieren utilizar la destartalada organización morada como plataforma, para alcanzar el poder cimero en la República, y desde allí dizque dirigir los destinos del país. ¡Qué turpenes, con tantos desparpajos!

Mientras, qué el gran abanico de los connotados y serios problemas nacionales, ¡permanezca intacto! Eso poco importa a los que gobiernan, como a los que están esperando que la suerte les toque, la seudo oposición destacada.

La atención solo está puesta actualmente en el proceso electoral a llevarse a cabo en el año 2020; en cómo alzarse con la victoria, ¡Qué se queden donde mismos están, o se incrementen!, cuántos males irrebatibles vienen acosando a la sociedad nacional.

Entonces, cambiar este escenario hegemónico político-social gravitante entre los dominicanos, presupuestado obviamente, solo marchando, del color que sea, no es más que una ilusión, que se irá desvaneciendo con el paso de los meses; y, así se llegará al próximo torneo electivo, a partir del cual se habrá de seguir con la misma orquestación partidarista, “coloreada” de morado, violeta, lila, con ribetes blancos, etc., y algún “tintaje” adicional que aporten los “boroneadores” pequeños, que bien saben cómo buscárselas.

Por consiguiente, para detener el progresivo deterioro que viene registrando esta nación, en manos de todos estos políticos depredadores de nuevo cuño, que incluye por supuesto, la alegre hipoteca de la soberanía local, como producto del endeudamiento externo sin control recurrente, se requiere de acciones exigibles de mayor alcance, complementarias al movimiento “Marcha Verde”, o de cualquier color, cabe reiterar. Aclaración: no tienen que ser violentas, necesariamente; pero, más certeras que las actuales sí.

 

Autor: Rolando Fernández

 

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Esperar por ahora en Dominicana, es lo mejor

 

Sentarse en las gradas a observar el “juego político-económico-social” que se viene llevando a efecto en los terrenos de esta República, solo en pos de estar atento, y percatarse de lo que pueda ocurrir en el corto o mediano plazo, producto de las tantas desaprensiones en los órdenes antes citados, por parte de los actores gravitantes en este país, ¡es lo mejor de momento!; lo más atinado por lo que puede  inclinarse cualquier ciudadano, desesperanzado, plagado de pesimismo, y sintiéndose impotente cada vez para actuar en contra, a los fines de no seguir martirizándose más.

En ese tenor, es previsible que, el estar cifrándose esperanzas de enmiendas, o mejoras, en base a meras manifestaciones callejeras hoy, marchas, y demás intentos de demostración, en términos del descontento pueblerino existente, no son más que vanas ilusiones, casi semejantes a sueños de la vida onírica, imposibles siempre de lograr, en la mayoría de los casos.

De más es sabido que, en ese tipo de eventos, participa también una gran parte de los mismos corruptos y políticos del patio, que fungen en el presente como pseudo oposición al gobierno de turno, vestidos al igual que de ordinario, como mansos corderos, y que, en su mayoría, han venido desfalcando desde hace años las arcas del Estado nacional. Por tanto, ¡es de ingenuos el dejarse confundir!

Penosa, la realidad fehaciente que se vive en este pueblo, sin que verdad nadie intente defenderlo como es debido; con una sociedad “podrida hasta el tuétano”, tal se dice; degenerada por completo; como, penetrada culturalmente desde el exterior, con la aquiescencia, porque les beneficia, de los poderes regentes a lo interno de la nación; y, colmada para más no pedir, de una connotada corrupción estatal, impunidad judicial, e inseguridad ciudadana por doquier, entre otras cosas.

Además, sin contar con Poderes Estatales independientes, contrario a lo que debe ser, en el marco de un sistema democrático representativo; actuando las tres instancias correspondientes, al unísono, bajo una misma bandería política; en innegable maridaje, para provechos propios de sus componentes, como de los grupos patrocinadores de campañas electorales.

Y, para colmo, en adición, con el concurso de gran parte de una prensa local cómplice, pagada obviamente; al igual que de otros medios de comunicación de masa, sirviendo de empresas publicitarias, y bocinas loadoras de las demagogias, y propagandas politiqueras de estilo, en todas partes del país.

Con un panorama así por delante, la “automarginación”, como es lo que advierte, de muchos de los hombres valerosos que aún quedan en este este país, con sólidos sentimientos patrios, y que sufren en carne propia los tantos desmanes innegables que laceran aquí la paz pública, ¡no es censurable!, ya que se sienten con las manos atadas, y sin el respaldo de una población que esté dispuesta a empoderarse, y exigir los correctivos de lugar ante los mandamases presentes, ¡cómo se debe hacer!

Es una actitud esa, que se reporta tal la más procedente por el momento, frente a las imposibilidades ciudadanas que, en términos generales se verifican, y un poder gubernamental que se considera omnímodo, e imbatible, revestido de toda potestad.

Así lo será la misma, hasta tanto se den las condiciones apropiadas, para emprender las acciones combativas que ya se imponen, respecto de lo que en verdad se tiene que producir en Dominicana, para cambiarle el lamentable derrotero incierto hacia el cual está siendo conducida la nación, por parte de todos estos políticos desaprensivos de nuevo cuño; y, que se entiende tendrá que ser con hechos un poco fuertes; contundentes, si es necesario,

 

Autor: Rolando Fernández

 

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¿Congreso Nacional, o “gallinero” público?

 

¿Cuál sería la calificación más apropiada, respecto de ese primer Poder del Estado en Dominicana, ante las tantas acciones inapropiadas que allí se pueden observar? Es la gran pregunta que asalta, quiérase o no, cuando se repara con atención sobre el Congreso de esta República.

¡Lamentable!, el tener que así preguntarse. Pero, la verdad es que, cuando cualquier persona con algo de civismo; con conocimientos sobre las praxis protocolares; y, formación académica por demás, fija su atención sobre los comportamientos en que incurren los seudo diputados y senadores, en su mayoría, que se gasta esta nación, durante algunas de las sesiones legislativas que se llevan a efecto en sus respectivas Salas, la repugnancia que le sobreviene es inevitable, y la interrogante que encabeza le llega de inmediato a su mente.

Las preguntas obvias relativas, que al instante se presentan son, ¿y cómo no van a proceder así?; ¿qué es lo que se tiene en esas curules? Evidentemente, no son congresistas en realidad, representantes de los ciudadanos que los eligen en las urnas, sino politiqueros apandillados bajos las sombrillas de los partidos que conforman el ruedo nacional.

Por demás, defensores de intereses personalizados y grupales; cuando no, cajas de resonancia del Poder Ejecutivo de turno. Provienen por lo regular, en un significativo porcentaje, de “raleas” de baja estofa social, como se dice, que amen de reportarse como ineptos para desempeñar funciones de ese tipo, muchos suelen ser hasta analfabetos, para completar.

Por eso se escuchan todos esos dimes y diretes irrespetuosos, y hasta palabras indecentes, en sus reuniones, fuera de toda ética congresual exigible; incluso, provenientes de personas que aspiran a querer venderse como políticos de importancia en el país; y, se comportan públicamente como patanes parcializados nada más, respecto de ciertos intereses particularizados, que, por tanto, nunca favorecen a la sociedad en general. En ocasiones se reportan como “levanta manos”, hasta por sobornos propiamente.

Claro, todas las actitudes depreciables que exhibe sin reparo alguno el grueso de los componentes de ese primer Poder del Estado nacional -Legislativo -, tiene una raíz fortísima: la cualquierización de escogencia para ser propuestos electoralmente a dichos cargos, que se desprende de la propia Constitución de la República (2010), en sus Artículos 79 y 82  (Gaceta Oficial 10561, del 26-01-2010). Pero, ¡hace tiempo que eso es así!

“Artículo 79.- Requisitos para ser senador o senadora. Para ser senadora o senador se requiere ser dominicana o dominicano en pleno ejercicio de los derechos civiles y políticos, haber cumplido veinticinco años de edad, ser nativo de la demarcación territorial que lo elija o haber residido en ella por lo menos cinco años consecutivos.”

 

“Artículo 82.- Requisitos para ser diputada o diputado. Para ser diputada o diputado se requieren las mismas condiciones que para ser senador.”

 

La verdad es que, no se establecen en la Carta Magna, requisitos cónsonos con las delicadas funciones a desempeñar para esta sociedad, salvo “minicidades” obligatorias que cualquier ciudadano corriente las puede reunir. “Alguno del montón aplica!

De ahí que, el que sea, puede ser escogido para miembro del Congreso Nacional. Nada más necesita del “sombrillaje” de un partido político, y el patrocinio económico obvio, condicionado, claro está, de un representante de ese sector.

Entonces, ¿qué se puede esperar?

 

Autor: Rolando Fernández

 

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