Semana Santa, y un fehaciente vacío espiritual

A propósito de la otrora Semana Santa, también llamada por algunos Semana Mayor, la cual  no es ya, es ni santa ni mayor, sino que en la actualidad la han convertido en un período de recreo vacacional mundano,  en el que todo se hace sin reparo, y mucho menos respeto alguno, marginándose toda aquella tradición religiosa pasada, cuando era un periodo dedicado casi por completo a la reflexión y a la solemnidad espiritual, valdría la pena abordar la temática, haciendo provecho de la ocasión, en uno de sus principales aspectos, sino es el más, ignorado por muchos creyentes, debido a la falta de informaciones a su alcance.

 

En tal sentido, procedería hacer algunas puntualizaciones sobre el gran “Actor en escena”, dentro aquel ministerio divino terrenal, el amado Maestro Jesús, según las amplias y aceptadas concepciones que se tienen sobre el particular, en el ámbito  esoterista por supuesto.

 

Se verifica durante la época actual, a nivel de una gran parte de la sociedad mundial, la tradicional conmemoración, aunque convencionalmente hablando, y como es obvio, con muy poco sentido en realidad de la verdadera esencia de aquella Misión cumplida, en la fase “culminatoria” de ese trabajo ejemplificador asignado, llevado a cabo por Aquel – el Mesías anunciado por los profetas que le precedieron -,  sobre el planeta Tierra, a emular por todos los hombres: su pasión, muerte, resurrección y Ascensión. Claro, ya no como Jesús-hombre, sino como Jesucristo, poniendo en expresión sobre el planeta físico a la Superior Conciencia Divina, el Padre de todos en el Cielo, y Sumo Creador del Universo.

 

Y, es de ahí precisamente, en esa última parte, donde se origina el móvil de esta humilde exposición, y al mismo tiempo, una inquietud que siempre nos ha aguijoneado con el mismo grado de intensidad, y que es la que se refiere, al porqué las iglesias católica, ortodoxas, y demás sectas, nunca han procurado salirse del marco de sus enseñanzas teológicas convencionales, para explicarles a las feligresías, a través de sus guías espirituales, la realidad esotérica, en términos de las verdaderas personalidades de Jesús, antes y después de la edad cronológica de los treinta (30) años; es decir, previo a ser bautizado por Juan el Bautista,  (explicado con claridad en S. Mateo 3, versículos 13-17), y luego  que se produce su consagración, e inicia el ministerio de tres (3) años, hasta los 33, en que concluye aquella misión terrenal.

 

Para poder entender el objetivo real del trabajo que aquel Mesías realizara, por encomienda Superior, hay que discriminar entre el Jesús-hombre que nace, y que debe prepararse hasta alcanzar el nivel de concienciación espiritual necesario (hasta los 30 años), para a partir de entonces, y hasta los 33, trienio en que ya actuada como Jesucristo, poder servir como intermedio físico para manifestar terrenalmente la Conciencia del Padre Mismo – el Cristo -, encarnada en un ser humano.

 

Precisamente, el poco conocimiento que se obtiene en base a la religiosidad convencional teológica, en cuanto a esa dualidad que se verificara con la personalidad del maestro Jesús en aquellos tiempos, es lo que ha traído a la posterioridad la gran confusión de asimilar y hablar del Mismo, como sinómino de Jesucristo.

 

También, la creencia errada respecto de la personificación de Dios, en Él, lo que ha llevado a pensar a muchos que, la Divinidad Suprema (Dios), es similar al hombre físico, concepción que se soporta en alguno casos,  en el mensaje bíblico de que este último fue hecho “a imagen y semejanza de Dios”, lo que en fondo significa en verdad, que en los seres humanos por igual,  se encuentra la “Trinidad en el Uno”: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

 

¡Dios nunca ha sido visto por hombre alguno!, San Juan,  capítulo I, versículo 18, Sagrada Biblia. Cuando Jesucristo decía, “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan: 14-6), no se esta refiriendo a Él como persona, sino a la Conciencia Magna que encarnaba transitoriamente, el Cristo.

 

En Cristado es el nivel de evolución a alcanzar previamente por toda la humanidad, para poder hacer luego la Ascensión, y convertirse en Uno con el Padre en los Cielos, que fue lo que ejemplificó Jesús durante su tránsito terrenal. Todo hombre es un Cristo en potencia, sujeto a recorrer el sendero espiritual de preparación consciente. Debe llevar a cabo la crucifixión de la personalidad o ego humano, resucitar en un cuerpo sutil (perteneciente al espíritu mismo), y Ascender.

 

Esa temática sobre la misión ejemplificadora que llevara a efecto sobre el plano terrenal el maestro Jesús, como hombre primero en realidad, y como Jesucristo después, encarnando la Conciencia de Dios Mismo, ha sido ampliamente tratada por esoteristas de renombre; no solamente en la antigüedad, sino también en tiempos no tan remotos.  Pero, en términos relativos, lo que han procurado edificarse sobre el particular siempre se les ha considerado muy pocos.

 

El grueso de la humanidad, de ordinario se ha inclinado por la religiosidad convencional  y social, razón por la cual la esencia real, y el respeto de que debe ser objeto ese ejercicio divino, cuya conmemoración en estos días se celebra, han sido tirados por la borda.

 

Semana Santa, lo que ahora significa es festividad mundana, recreo en playas y montañas, como vacacionar. Y, evidentemente, la ignorancia popularizada de la gente le sirve de caldo de cultivo a los ávidos comerciantes, que se encargan de promover el consumismo y el turismo interno, para “hacer su agosto” durante la llamada Semana Mayor, como diría el pueblo llano.

 

¡Que lástima que todo eso sea así!, con tantas informaciones que  a la mano se tienen hoy, en el orden de lo que se trata.

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

La República Coloreada del Caribe

Cuan equivocadas viven muchas personas en este país; máxime, aquellos que ven en la politiquería partidarista su tabla de salvación, como se dice en el argot popular; que creen que, si su partido se alza con la victoria en cualquier proceso electoral que se avecine, dejaremos de ser todos dominicanos, para convertirnos en nacionales ganados, y perdidos, probablemente, bajo otra denominación republicana, que bien podría ser: La República Coloreada del Caribe, en alusión al tintado del partido que le toque gobernar en cada ocasión.

 

Cuando aquí se verifican campañas electorales como la actual que ahora discurre, cargada de rebatiñas de bajo nivel, acusaciones y contra acusaciones soeces, amén de las falsas promesas y las retóricas embaucadoras acostumbradas, todo parece indicar que no seguiremos siendo un sólo país después de los comicios, cuyos destinos totales tendrán siempre que dirigir los que resulten ganadores; sino que, su gestión estará supeditada nada más que a las concesiones y realizaciones que tengan que ver de manera directa con sus adeptos y colaboradores favorecidos con el voto popular, como los simpatizantes más cercanos.

 

Que concepción más errada, esa que aquí de ordinario se tiene, en cuanto al cambio de autoridades cada cuatro años, cuando se considera que, una vez los nuevos incumbentes elegidos asuman las riendas del Estado, el país pasará a ser una finca de su propiedad, por el término del próximo cuatrienio de gestión gobernante.

 

Por esa propensión que tiene una gran parte de los políticos nacionales, y que, obviamente, continuará tal cual, según la intenciones y propósitos que se advierten, es que difícilmente este país podrá salir a la luz del progreso y el desarrollo real; al  tiempo que, seguirá trillando caminos muy inciertos, caracterizados por la rampante corrupción estatal, el narcotráfico, una juventud alienada y adicta, como falta de educación.  También, cargando siempre con el pesado fardo de del endeudamiento externo, con el acicate sostenido del injerencismo internacional, en voz de los prestamistas favoritos.

 

La población en general nuestra tiene que  concienciarse, hasta no permitir que se le siga llevando por tan inciertos senderos, de pobreza, desasosiego e insalubridad marcada, a cambio de la satisfacción deleznable de los intereses grupales a que siempre  aspiran los políticos nacionales de nuevo cuño.

 

Cada cuatro años en esta nación, la ciudadanía tiene la oportunidad de elegir a dignos y verdaderos representantes; gente que en realidad piense en la solución de los problemas más apremiantes que el pueblo tenga por delante; que vaya  al poder a servir, no a servirse de éste,  como sostenía un renombrado ícono de la política nuestra, ya desaparecido.

 

Por ahí viene ya el 20 de mayo próximo, en que “la suerte quedará echada” de nuevo, por una eventual mejoría por parte  de los dominicanos. ¡Qué se aproveche la ocasión!, para que después no sigan los lamentos.

Rolando Fernández

 

 

Sociedad y suicidios

Uno de los temas que últimamente ha estado sobre el tapete en el país, es el de los suicidios, el cual ha  venido siendo abordado por profesionales de la conducta (psicólogos), y connotados psiquiatras nacionales, tratando de definir y analizar razones, como  circunstancias prevalecientes que puedan estar induciendo a las personas a tomar una decisión de esa naturaleza.

 

Evidentemente, y como era de esperarse,  muy  variadas son las causas que han salido a relucir, destacándose las de origen económico asfixiante, pasionales, afecciones mentales propias, estados depresivos profundos,  exclusión social, frustraciones, etc., que en realidad son las más comunes; las que más a la vista están.

 

Ahora, hay otras que, por estar menos evidenciadas claro, es decir, con  énfasis sólo a nivel de actitudes personales latentes en realidad, no han sido tocadas en esta ocasión. Y, por consiguiente, no se les ha dado el carácter que requerirían.

 

Son algunas que, también podrían estar incidiendo en esa problemática, y que guardan estrecha relación con nuestra sociedad misma en sentido general, en cuanto a lo inhóspita, como despreciable que en determinados momentos ésta ya resulta, para los que han cumplido con sus designios, en términos espirituales, según ampliaremos más adelante.

 

Aunque resulte lastimoso decirlo, no cabe duda de que, vivir en la República Dominicana para estos tiempos, se ha convertido en un mayúsculo tormento, con marcada gravitación en el orden de lo emocional, para toda persona que siempre trate de  proceder con apego a lo ético moral, y que aspire a disfrutar de un estado nacional de convivencia pacífica.

 

El grado de degeneración a que ha llegado la sociedad dominicana no tiene parangón en el marco de los últimos lustros.  Se ha rebosado la copa en todos los órdenes. No se confía en la justicia; la dignidad y el decoro brillan por su ausencia; se fueron a pique los cánones institucionales; la autoridad canta y no se le escucha.

 

Todo se dejado caer en manos de la delincuencia, mientras las leyes se convierten en letras muertas, como aquellas de las canciones que han pasado de moda, y que sólo son cantadas algunas de sus frases por interpretes interesados, cuando las circunstancias les favorecen

 

Las cosas que a diario se ven y se escuchan en este país, ante la mirada indiferente de muchas de las  seudos autoridades que se tienen, y sin luz aparente al final del túnel, sólo crean desasosiego, incomodidad, desesperanza, y un sentimiento de impotencia, que en ocasiones irrita y hasta enfada sobremanera.

 

Amén de todo eso, se ha conformado  una gran estructura que abarca la radio, televisión y prensa escrita, en la que “sandaceros y sandaceras”, gente que habla sandeces, se utilizan como cajas de resonancia, para loar y justificar comportamientos indebidos.  También forman parte de la red creada, otros que sólo viven hablando, repitiendo como gallaretas y criticando; haciendo llover sobre mojado, sin aportar absolutamente nada.  ¡Hablando disparates, a través de los medios de comunicación de masa, nada se va a resolver en este país!

 

El plan degenerativo y antinacional, como  podría denominarse, está tan bien concebido, que todos esos programas, como las publicaciones diseñadas, para alienar y entretener a la población, mientras la sociedad se derrumba, atrapada en el funesto triangulo subyugador de la politiquería corrupta, el endeudamiento externo y el narcotráfico, facturan cuantiosos recursos por concepto de patrocinio, incluyendo los que provienen de las instituciones gubernamentales, que uno se pregunta, ¿para qué, y por qué, tienen que promoverse, con definidos trabajos a cargo?

 

Realmente, es un panorama muy deprimente el que se vive en esta nación dominicana, con tanto desorden, falta de autoridad y de civismo; donde lo políticos que aspiran a gobernar se  mercadean al igual que cualquier producto de los que la población consume. En la que para optar por la presidencia de la República, es muy poca la formación académica exigible; requiriéndose parcialmente de esta última, dicho sea de paso, sólo para ser síndico o regidor.

 

Ahora, los entornos nacionales de esa naturaleza se van conformando con el paso del tiempo, como consecuencia de múltiple razones; entre estas, y probablemente la más poderosa, que lo es el cúmulo de efectos derivados de las causas sembradas con anterioridad, y que por ley natural (causa y efecto) arrojan en su momento los frutos correspondientes.  “Todos sembramos lo que recogemos”, reza una máxima esotérica, lo cual no solamente está supeditado a lo personal; sino también, a lo nacional

 

La verdad es que, aunque  son ambientes que muchas veces provocan desolación, depresión e irritabilidad en determinadas personas, no hay duda sin embargo, de que son  escenarios como éstos en los que les ha correspondido el tener que interactuar terrenalmente, por propósitos y diseños contemplados en sus corrientes de vida.

 

El hecho de haber nacido en tal país o región, no es fortuito o accidental; es algo previamente seleccionado y aceptado, porque allí se encuentran las condiciones humanas y ambientales apropiadas, para que se puedan conquistar efectos pendientes de causas incurridas en el orden individual, que se traducirían luego en evolución, espiritualmente hablando.

 

Es lógico suponer entonces que, una vez se haya logrado ese propósito, posiblemente la sociedad con la que se ha tenido que convivir, nos habrá de resultar incomoda, desagradable, y hasta podríamos llegar a odiarla, lo que nos movería a tratar de abandonarla, máxime cuando la impotencia se hace eco en el hombre, para promover los cambios que son necesarios a su entender.

 

Y, cuando no es posible emigrar de un núcleo social a otro, porque las circunstancias  obligan permanencia, como logrado ya el nivel de conciencia espiritual propuesto, es muy probable que se pueda caer en un estado desolador, depresivo agudo, por no querer seguir soportando aquello con lo que no se está de acuerdo, sin nada que  poder hacer, y que repercute cada vez más de forma negativa, en términos emocionales, situación que podría eventualmente inducir a la preferencia por dejar el plano terrenal, aun sea a destiempo, por decisión suicida.

 

Es aquí precisamente, donde surge la inquietud y preocupación que nos mueve; que motivan principalmente la exposición presente, dada la situación degradante que se viene dando en la República Dominicana; al igual que,  la desesperanza, irritabilidad y desasosiego que envuelve a una gran parte de su población, la cual se considera ya desamparada; que está deprimida en grado sumo, y falta de fe en sus figuras cimeras.

 

Evidentemente, el recurrir a una decisión de esa naturaleza, sin importar razones, estaría muy en función también del nivel de evolución espiritual que se tenga, que sería el único que puede arrojar luz sobre las funestas consecuencias que se van derivar, al precipitar la partida (muerte física), antes de lo prescripto, en términos del tiempo calendario otorgado por la Divinidad Suprema, para la corriente de vida terrenal individualizada.  ¿Pero, cuántos tienen la expansión de conciencia necesaria, para combatir los impulsos negativos de  una personalidad lacerada por el medio ambiente en que se desenvuelven y se expresan?

 

Nosotros hemos conocido sobre casos de personas que han partido (muerto) en esas circunstancias, y que inducen a plantearse la posibilidad de que la determinación de suicidarse haya sido tomada por esa causa, ya que otras razones resultarían inexplicable, a la  luz del comportamiento observado, y las prerrogativas que la vida les ha proporcionado.

 

Entendemos que, ya para estos tiempos en que el hipnotismo no se considera brujería, como antes, sino que se ha aceptado hoy como un procedimiento médico-terapéutico, a través del cual se logran las llamadas “regresiones, y que es usado por psiquiatras y psicólogos, en busca de razones para el estudio, análisis y comprensión de determinados comportamientos actuales de  las personas que tratan, en base a lo que se pueda conocer sobre sus vidas anteriores, aun no sea totalmente siempre factible, por lo insondable de cada Expresión Divina a través de los seres humanos, el suicidio, como posible causa de muerte inducida, tiene también que ser investigado y manejado por los profesionales de esas disciplinas, en el marco de lo esotérico-espiritual; de modo que,  pueda ser controlado desde esa misma óptica, y que no solamente se vea como algo inherente a lo somático-sensual, en el universo de las materialidades.

 

Ese es el principal interés pues, por ese tipo de investigación, no tan usual; y que es obvio, a nuestro humilde entender se requiere, en el marco de una muy posible estrecha relación,  influencias del entorno social con respecto a determinados suicidios, por la razón anterior expuesta.

 

Es el que hemos querido que despertar a través de esta amplia opinión, destacando previamente, la problemática del país nuestro, que consideramos se tomará su tiempo el corregirle. Y  que, deberá ser el primero en expiar, como nación, las causas que se encuentran en la base de su problemática generalizada, muy poderosas por cierto.

 

“Las naciones recogen lo que siembran, y tienen los gobiernos que se merecen”.  Aquí hemos sembrado y elegido muy mal, en diversas ocasiones.  Posiblemente, lo peor no haya llegado aún, ¡esperemos!

 

Muchos optarán por emigrar, si es que pueden, o les dejan hacerlo; o, terminarán, por suicidarse; siendo esta última determinación posible, la que debe mover a los psiquiatras y psicólogos dominicanos, a investigar razones también, fuera del Universo manifiesto, para eficientizar su labor, partiendo de la incompatibilidad expresada ya en el tiempo.

 

La forma de poder controlar y disuadir de esa actitud a las personas que ellos entiendan en riesgo, o capaces de tomar tal decisión, por el influjo de lo social propiamente, y la falta de correspondencia con el nivel de conciencia espiritual que se haya logrado experimentar, se reportaría como un gran éxito en su labor profesional

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

Una frase que no aplica en política

Los políticos, en el fondo no viven de la política; todo el que así lo crea está errado.  En realidad, utilizan la disciplina como medio para vivir de los pueblos; tratar de embaucarlos y engañarles por supuesto. Los van induciendo a acaptar la voluntad de ellos, hasta parcelarlos e irles convirtiendo en sus propias fincas, a explotar de manera inmisericorde.

 

Es lo que de ordinario vemos con tanta frecuencia, no sólo en nuestro país, sino a nivel de otras latitudes, en las que también se verifican las mismas acciones demagógicas, las falsas retóricas, e igual explotación en contra de las grandes mayorías.

 

Que pena, que la gente no trate de concienciarse; de abrir los ojos ante los tantos farsantes que juegan con sus aspiraciones y necesidades más perentorias.

 

La  frase hecha que nos ocupa, atribuible a las iglesias desde hace miles de años, bajo la concepción de que,  “quienes sirven al altar, viven de altar”,  no aplica en el contexto político.  La misma fue incluida en un trabajo que publica el periódico “Diario Libre”, titulado “De qué viven los político”, edición del 24-3-12, a raíz de unos pronunciamientos que hiciera el candidato a la vicepresidencia de la República, PRD, en sentido de que tanto él, como Hipólito, “son empresarios conocidos y se mantienen con el sudor de su frente, que no viven de la política”. ¡Vaya discurso de campaña!

 

Es obvio entender que, esa disciplina es altar de los políticos, pero no en términos de servirle, sino de servirse de ella propiamente;   pues, la misma no es más que una herramienta a utilizar, según las circunstancias y propósitos.

 

Ahora, en cuanto al altar de que viven, y al que no sirven como se debe, está constituido por los pueblos que subyugan y explotan. De esos sí que hacen provecho, a cambio de my poca dedicación y servicios.

 

Por tanto, en el contexto de la política actual, no se puede hacer una efectiva asociación analógica, respecto de esa frase de las iglesias; no cabría en ese orden, ya que son escenarios de aplicación muy diferentes, por las concepciones internas que predominan.

 

Lo religioso, aun lo convencional, con sus múltiples errores, dista demasiado de lo político predominante en la actualidad, concebido sólo como un actividad mercurial de grupos, conformados a la luz de  intereses económicos comunes.

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

¿Por qué no, a la continuidad del Estado en la República Dominicana?

Cada vez que en nuestro país se aproxima un cambio de gobernante, con su respectivo nuevo séquito, la interrogante obligada que sale a relucir es, si los entrantes continuarán con las ejecutorias anteriores, o si todo será en lo adelante, “borrón y cuenta nueva”, como dice el pueblo llano.

 

Esa es por supuesto, una inquietud muy procedente, tomando en consideración que, todas las gestiones gubernamentales que aquí terminan, siempre dejan obras públicas pendientes de concluir; al igual que, una serie de compromisos financieros por honrar.

 

Y que, los antecedentes que se tienen remiten a la creencia de que, todo lo anterior quedará en el olvido; que cursarán iniciativas diferentes; que muchas cosas se quedarán a medias; y que, las deudas atrasadas caerán  en el vacío profundo, salvo las que correspondan a aquellos que puedan permanecer bien pegados, aun tengan que ceder un porcentaje, por debajo de la mesa, a cambio de que les pague.

 

Como se pudo oír y observar recientemente, en declaraciones formuladas por el candidato a la presidencia de la República, (PRD), señor Hipólito Mejía, que recogió con amplitud la prensa local, el mismo no está en disposición de pagar las deudas atrasadas que reciba de la gestión peledeísta  saliente, en el caso de ganar las próximas elecciones, que se entienden avaladas desde ya por contratos dolosos. ¡Se está juzgando a priori!

 

Entre otras cosas dijo el señor Mejía,”Que no me pida nadie a mí, yo conociendo cómo está este hombre actuando (el Presidente Leonel Fernández), repartiendo el país entero y haciendo contratos dolosos, que yo me ponga a pagar la deuda vieja, no duro un mes en el Gobierno”.

 

“Advirtió a los presentes en el acto que si no han cobrado, que se preparen, que no van a cobrar si llega a la Presidencia de la República”.

 

Recalcó su parecer diciendo que, “con los suplidores del Estado aplicará la tesis de Balaguer en el sentido de que las deudas viejas no se pagan y las nuevas se dejan poner viejas”.

 

Según han dicho algunos connotados periodistas, eso no lo dijo Balaguer.  César Medina, por ejemplo, expresó lo siguiente: “Esa es una vieja frase de Lilís que algunos morosos atribuyen a Balaguer y que Balaguer nunca dijo – “Deuda vieja no se paga, y la nueva se deja poner vieja -”.

 

Como se puede ver, la idea es seguir montado en el mismo caballo: “que no haya continuidad del Estado”, craso error a todas luces; cuando, lo que más procede es que, el mismo continúe tal cual, como la persona jurídica que es; sólo que, en manos de otros administradores, mejores o peores. Y que, se cumpla con lo que se deba, sin importar quien, dentro de éste, claro está, haya concertado los compromisos pendientes.

 

Ahora, lo que sí debería ser una responsabilidad obligada, y de cumplimiento oportuno es que, se proceda a una revisión exhaustiva de todos los términos y condiciones incluidos en los contratos suscritos con anterioridad, antes de inclinarse por honrar los pagos debidos.

 

Y que, determinada cualquier anomalía o situación dolosa con respecto a los mismos, como en los trabajos o entrega de bienes acordados, se suspenda el saldar cuentas; se instrumenten y se de inicio a la ventilación de los procesos judiciales correspondientes, en los que se incluyan todas las partes envueltas, a los fines de que sean los tribunales de la República los que conozcan en torno a cada casos, y decidan sobre su pago o no; al igual que, se dispongan, o tiendan a imponer, cuando así se considere pertinente, las sanciones de lugar.

 

¡Eso, sí que sería administrar bien el Estado nuestro; lo que de rigor procedería hacerse siempre!

 

Rolando Fernández

 

 

 

¡Estas son las profecías!

Esa era una de las expresiones que más se escuchaba en voz de las verdaderas personas religiosas de los tiempos pasados; aquellas que no sólo acudían a las iglesias para visitarlas simplemente, y ocupar sus bancos, como es lo que hoy de ordinario de estila, sino que, adornaban su diario convivir, en toda la extensión de la palabra, con el amor fraternal divino que caracteriza la verdadera espiritualidad.

 

En tal sentido, siempre se referían a lo que denominaban como las “sagradas profecías”, aunque en el contexto bíblico convencional que sólo era de su dominio por supuesto, cuando reparaban en determinados hechos o circunstancias mundanales, caracterizados por actos de gran connotación, y deleznables; o, muy dañosos a veces, aun procedieran de la Naturaleza misma, cuando sus fenómenos, aleccionadores en la mayoría de los casos, se dejaban sentir con trascendencia marcada.

 

Hacían alusión a las cosas que se veían entonces, y las estimaban en correspondencia con esas predicciones; que claro, no se daban con la misma dimensión con que ahora se verifican: infidelidades personales, palomas que les tirarían a las escopetas, refiriéndose a las mujeres, con respecto a los hombres; prostitución desmedida, grandes epidemias; que no habría hijos para padres, ni padres para hijos; que se producirían grandes terremotos; se tendrían guerras y rumores de guerra por doquier. También, variados fenómenos cosmológicos, etc.

 

Amén de las proclamaciones, y referencias personalizadas sobre las “profecías bíblicas”, relativas al discurrir de la “Era Cristiana”, y el devenir de los últimos tiempos correspondientes a la misma, una gran parte de éstas siempre ha sido objeto de análisis y estudios profundos por parte de connotados eclesiásticos católicos, y pastores de las demás sectas religiosas existentes, cristianas casi todas, para edificación posterior a sus respectivos adeptos.

 

Recordamos, por ejemplo que, en una ocasión tuvimos la oportunidad de leer una magnífica obra escrita por una prominente adventista, Elena White, “El Conflicto de los Siglos”, en la cual ella plasmó una serie de conclusiones sobre dichas profecías, a partir de exhaustivos análisis realizados, y la correspondiente descripción que también incluyó, conjuntamente con las citas bíblicas respectivas.

 

Contempló además en la misma, el importante tema religioso de “La Apostasía”, con suficiente nivel de detalle, que guarda cierta relación con aquellas.  De igual forma, expuso su parecer sobre algunas de esas predicciones que ya se habrían cumplido, en su opinión, y de las que podrían faltar por verificarse en el transcurrir de los años venideros.

 

En vista de que durante los últimos años, se han venido registrando una serie de hechos escalofriantes, y muy connotados a nivel de la sociedad mundial, con trascendencia extrema, que bien podrían ser asociados con las susodichas profecías bíblicas, es lógico advertir, e ir previendo en el contexto de la espiritualidad esotérica, la finalización de la llamada “Era Cristiana” – Pisciana, de Jesucristo -, para dar paso definitivo a una nueva Era,  la “Acuariana”, ya muy en curso, según los entendidos

 

Y que, por consiguiente, grandes eventos aleccionadores a nivel de las naciones, o personas particulares, estarían en vía de producirse, como forma de llamar a la reflexión debida; que la gente se identifique con su verdadera esencia – espiritual -, en lo concerniente a  una gran parte de la humanidad “egotistamente” bastante desarrollada, la cual se cree muy libre de poder actuar y de valerse por sí misma.

 

En el orden de lo que se trata, y aunque es un hecho circunscrito específicamente a nuestro país, pero no aislado, en términos de todo el acontecer degenerativo social que acosa a la nación dominicana,  vamos a tocar algo de lo concerniente al mismo, que tiene que llamar poderosamente la atención a cualquier ser humano que en  él repare; y es, lo que precisamente, en el fondo ha motivado esta exposición.

 

Nos referimos, al asesinato de la profesora Luz María Rodríguez de López, de 64 años de edad, en Loma de Cabrera, Dajabón, República Dominicana, en una acción criminal que, según la Policía Nacional, se atribuye a su esposo José Ramón López, con la complicidad de la hija de ambos, Gaudy López Rodríguez, de 26 años, con quien mantenía relaciones sexuales, desde la edad de 18 “abriles”, – incesto  -.  Razón del crimen: reclamación de la madre al padre, tras enterarse de ese acto bochornoso. (Véase: periódico “Diario Libre”, del 22-3-12, página 16).

 

Ante un hecho confeso de esa naturaleza, tan deleznable y espeluznante, por más vueltas, y posibles justificaciones que se le pueda buscar, no queda otro camino que concluir repitiendo la frase que encabeza, ¡Estas son las profecías!

 

Rolando Fernández

 

 

 

¡No pacto de civilidad!; lo que se impone es el raciocinio, y la objetividad patriótica plena entre los políticos dominicanos

Según una reseña periodística que aparece publicada en la prensa local, el Cardenal López Rodríguez, y el dialogador por excelencia, monseñor Agripino Núñez Collado, se aprestan a  la redacción  de un denominado “pacto de civilidad”, para someterlo luego a la  consideración y aceptación de los partidos políticos que participan en presente proceso electoral, en términos de los detalles incluidos en el mismo, a los fines de procurar después,   su posterior rúbrica.

 

Evidentemente, la iniciativa es valerosísima, en cuanto a la intención, ya que mediante el mismo se persigue, “bajarle el tono agresivo a la campaña y evitar a toda costa que en su tramo final se registren actos violentos”. Claro, se está partiendo de los comportamientos que observan, tanto una parte del oficialismo, como  de  la oposición, matizados con dimes y diretes inapropiados, como de acusaciones reciprocas, en tonos que lucen muy pocos adecuados, y hasta deleznables en ocasiones.

 

Ahora, la gran pregunta que cualquier pensante se haría es,  ¿se va a resolver gran cosa con la firma de un simple papel, auspiciada por altos representantes de la Iglesia Católica en el país?  La más probable es que, muy poco o nada se logre en realidad, dada la forma de hacer política en la República Dominicana, actividad considerada hoy como una inversión, más que otra cosa, en la búsqueda de jugosos beneficios personales; un comercio público descarado, pincelado con el transfuguismo y el arribismo que se verifican;  y que, hacen que los enemigos o contrarios se estrechen las manos transitoriamente, o se den un caluroso abrazo, para aunar esfuerzos en pos de sus propósitos mutuos.

 

Ese denominado “pacto de civilidad” de seguro se va a convertir en letras muertas, tal como ha pasado en ocasiones anteriores, en que se ha firmado algo similar, y luego se ha irrespetado por completo. Siempre, lo que ha primado aquí en las contiendas electorales son los intereses grupales que rigen, y es un función de ellos es que se procede, sin importan medios a utilizar, dejándose de lado el raciocinio humano necesario. Se apela a lo que sea. Ya eso lo hemos visto en innumeras ocasiones.

 

Debido a esa razón, de la falta de ética-moral exhibida por los políticos de nuevo cuño, unida a las tantas promesas falsas, demagogias y retóricas a que recurren, es que ya en este país son muy contados lo ciudadanos que en ellos creen; la gran mayoría de esos, por ignorancia o falta de capacidad pensante.

 

En esta nación va a llegar un momento en que, para que los políticos puedan recobrar la credibilidad, van a tener que comenzar a demostrar antes de su elección, sosiego,  cordura y la demás actitudes mentales necesarias, para poder enfrentar los problemas nacionales, como tomar las altas decisiones patrióticas que se requieran. Lo que en realidad son capaces de hacer después; evidenciar sus verdaderas aptitudes e intenciones; al igual que, un nacionalismo predominante. Sólo de esa forma  podrán inducir al electorado a favorecerles con el voto.

 

Ahora mismo, por ejemplo, en que están compitiendo los dos principales partidos del ruedo político nacional, por la candidatura presidencial, representados a su vez a nivel de los gobiernos municipales presentes, una muestra valedera por parte de cada uno de ellos sería: el que sus alcaldes comiencen a promover las iniciativas que luego continuarían alentando sus candidatos desde el Poder Ejecutivo, en favor del ordenamiento y  la pulcritud de sus respectivas jurisdicciones. Comenzar a sanear desde la campaña todo cuanto se deba, y de enmendar muchas situaciones desagradables y deprimentes que vienen afectando sobremanera a la sociedad dominicana.

 

Antes del día de las elecciones venideras, procedería que las alcaldías correspondientes, se dieran a la tarea de comenzar a desarrabalizar, con voluntad y decisión reales algunos puntos críticos que se tienen en nuestras calles y avenidas, que afectan considerablemente el tránsito vehicular y peatonal, con una desorganización e incidencias ambientales muy marcadas en sus entornos.

 

Verbigracia, el kilómetro 9 de la Autopista Duarte, y sus alrededores; como también ocurre, en la inmediaciones de la Av. Duarte con París, o la 27 de Febrero.  ¡Ahí hay bastante que resolver, para los dos partidos mayores en pugna!, por los que sus alcaldes ya electos, y representantes, bien podrían  comenzar a demostrar en parte, la futura agenda de servicios públicos con las  que habrá de coadyuvar su pupilo, una vez llegará al poder.

 

Luego, es en esa dirección objetiva que debe ir todo proselitismo en esta época y siempre. Demostrándose raciocinio, abordando realidades nacionales, y enfocando propuestas de soluciones concretas para el país y sus ciudadanos. No es cuestión de rebatiñas, insultos, acusaciones y contra acusaciones; como de actitudes que a veces parecen animalescas, por tratar de alcanzar el poder como sea.

 

Lo que más aplicaría a nivel de los políticos dominicanos, es el propugnar y promover la concienciación debida, para que depongan de manera significativa los intereses particulares, y los comportamientos impropios de campaña que se derivan de esas situaciones personales asumidas.

 

Si todos los políticos pensarán en realidad en el pueblo y sus conciudadanos; como, en los requerimientos y precariedades demandados, esas situaciones conflictivas extremas no se presentarían entre ellos. Y  las iglesias por su parte, no sólo la católica, jugarían un papel inductor importantísimo, si trataran de concienciarles en tal sentido.

 

Pero, nada más que redactando y procurando la firma de un “pacto de civilidad”, que lo más seguro sólo sea aceptado y rubricado por el patrocinio que tiene – altos representantes de la Iglesia Católica en el país -, lo que se puede esperar no es mucho.

¡Dejémonos de ser ilusos!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

Protesta, ¡y con sobrada razón!

Desde hace mucho tiempo ya, eso debió haberse producido: el tratar de evitar que se continúe deshonrando la memoria póstuma, en apreciación casi generalizada, de tan connotado ícono del verdadero arte nacional, la respetable dama, dentro y fuera de los escenarios, doña Casandra Damirón, utilizando anualmente su nombre, para galardonar y estimular la mediocridad, como  las desaprensiones ostentadas en el marco de la disciplina artística; en ocasiones, no sólo a nivel local, sino también con seudos valores pertenecientes a otras latitudes.

 

Ese es un evento anual que, como bien señalan los familiares de esa valerosa  mujer extinta, digna representante del arte nacional, tanto aquí como en playas extranjeras, ha perdido por completo la esencia de su origen, para convertirse en un espectáculo mercadológico de caros y suntuosos exhibicionismos textiles. De mucha gente que, en el fondo carece de reales condiciones artísticas, en una gran parte de los géneros propios de esa disciplina  allí ahora contemplados, para fines de premiación.

 

Ya eso de recompensar, u homenajear las labores y la calidad de los trabajos artísticos a nivel nacional, como el estimular al talento joven en vía de desarrollo dentro de esos quehaceres, siempre merecedor de reconocimiento y apoyo local este último, que fueron en gran medida las motivaciones originarias para el montaje y celebración de tan loable otrora evento, han sido tirados por la borda.

 

En la actualidad sólo se respiran en el espectáculo de que se trata, las aromas de la suntuosidad superficial, los padrinazgos y la comercialización, procedentes de empresarios de clase, casas disqueras y patrocinadores comerciales, principales y secundarios. Jamás de estímulos reales y justa valoración a los artistas nuestros, como a los productores dentro del área.

 

Pero además, resulta bastante notoria la premiación a la mediocridad fehaciente en que hoy se vive;  al bajo perfil cualitativo que ostenta la mayoría de los galardonados; y que, probablemente, junto a los aprestos de mercadeo abierto, para los cuales se hace provecho del espacio, sea lo que haya provocado la reacción hecha pública por los hijos de quien en vida se llamara, doña Casandra Damirón, que ya denota el rebosar la copa, y que publica el medio “Diario Libre”, en sus espacios, “El Espía I y II”,  edición de fecha 20-3-12, página 22.

 

“Piden  un cambio en los criterios para elegir a los ganadores o de lo contrario le quitarían el nombre de su madre para el mismo”.  Están inconformes con la Asociación de Cronistas de Arte. Es obvio, que ahí está dicho todo. Y, deberían hacerlo, de no lograrse que se retomen para la celebración del evento, los criterios de selección originarios, utilizándose el nombre de aquella gran figura artística nacional, como inducción, hacia un auténtico ícono nuestro a emular siempre.

 

Precisamente, ponderando en lo personal lo que fuera la última celebración en el país de los “Premios Casandra”, la falta de lucidez, y los otorgamientos que se hicieran en esta ocasión, arribamos a la conclusión de que, para el próximo acto de esa naturaleza que se celebre, “El Soberano”, debería ser dado, como lejano homenaje póstumo al magnifico comediante de la década de los años cincuenta (1950),  Leopoldo Fernández (Tres Patines), y al elenco de la “Tremenda Corte”, por la vigencia que aún mantienen esas producciones, y las magníficas realizaciones particulares, a pesar del tiempo transcurrido.

 

Son muchas las repeticiones que a diario se escuchan en este país de esos programas cómicos o humorísticos, con una gran audiencia. Evidentemente, por la calidad y profesionalidad que se verificaba en aquella época pasada, cuando en realidad se hacía un humor sano y risible; no con las vulgaridades y el doble sentido que en la actualidad se estila.

 

Además, para lo que ha venido premiando últimamente, ¡tendría muy buena acogida dentro de la sociedad dominicana, esa decisión!

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

Escuelas públicas sin luz, ¡que vergüenza!

En un país donde tanta politiquería se hace, hablando sobre la educación y sus requerimientos, para allantar a los pocos pensantes nuestros, ahora ocurre que, de acuerdo con una información oficial que aparece publicada en el periódico “Diario Libre”, en su edición de fecha 19 de marzo del presente año, alrededor de unas 500 escuelas del sector público carecen de energía eléctrica, situación esa que, por razones obvias, limita más aun su ya deficiente labor académica.

 

Evidentemente, ese podría considerarse como uno más de los “grandes logros” a exhibir por las flamantes autoridades que en la actualidad dirigen todo el sistema eléctrico nacional, encabezadas desde la CDEEE, y sus “jinetes” distribuidores, que vienen haciendo lo que les vienen en gana con los indefensos usuarios, por un digno representante del empresario dominicano.  ¡La iglesia en manos de Lutero!

 

Es obvio que, cosas como esas y otras que faltan, siempre se han visto llegar, y se prevé ocurrirán peores,  a partir de la mal llamada “capitalización” de la otrora Corporación Dominicana de Electricidad,  ahora CDEEE, con sus Edes explotadoras, en una operación estimada más bien, por muchos expertos, como la politización, privatización y comercialización indiscriminada de un servicio público imprescindible para la población y sus instituciones, que limitará bastante la utilización del mismo en un gran segmento de usuarios, tal cual está ocurriendo en estos momentos con los casos de las escuelas públicas que forman  parte del sistema educativo nacional, porque de seguro, el Ministerio de Educación no está en capacidad de pagar por el servicio; o, simplemente, las instalaciones que se requieren resultan demasiado costosas para los nuevos ofertantes.

 

El asunto es que, muchos centros docentes públicos, al igual que hospitalarios, no pueden disfrutar de la energía eléctrica que necesitan, por las razones expuestas en el párrafo anterior. Cuando no es, por los abusivos y medalaganarios apagones sin control de que son objeto.

 

Y, no solamente resultan afectadas esas instituciones de servicios a la población, sino también amplios sectores del país, que en los últimos tiempos han venido recibiendo tres y cuatro horas de luz al día, como por ejemplo en gran parte de Herrera. ¡Vaya nación en desarrollo ésta!

 

Hay que imaginarse las precariedades en todos los sentidos, con que deben estar operando esos recintos escolares, sin los alumbrados de rigor, como ningún tipo de energía para la utilización de los equipos tecnológicos que hoy demanda la educación.

 

Para tratar de paliar un poco esa desastrosa situación, se está en vía de la instalación de paneles solares, según informan las autoridades del Ministerio de Educación, para lo cual se requiere, según se advierte, de las dádivas extranjeras y nacionales acostumbradas; como, de la concertación de un nuevo préstamo con el exterior, cuya iniciativa de conocimiento y aprobación descansa en las gavetas de algún despacho dentro del Congreso Nacional. No urge mucho ese tipo de cosa para los congresistas nuestros.

 

Y, mientras eso ocurre – gran descuido – con el servicio energético en alrededor de unas 500 escuelas públicas del país, la partidocracia nacional, los politiqueros corruptos y los tránsfugas dentro del área que nos gastamos los dominicanos, se dan el gran lujo de despilfarrar miles de millones de pesos – con dineros del pueblo -,  en sus francachelas y caravaneos callejeros, para seguir tratando de  embaucar a la población, de cara al próximo torneo electoral “presidencialista” que se avecina.

 

¡Aquí sólo se piensa en política; en el quítate para ponerme yo!  Todo eso que se habla y se promete con respecto a la educación durante los procesos electorales, no es más que demagogia y retóricas bien elaboradas, para entretener y engañar a la gente. 

 

Lo que menos quieren estos politiqueros nacionales, que viven del erario público en su mayoría, es crear las condiciones necesarias para que el pueblo se eduque. ¿Por qué? Porque, mientras más brutos son los ciudadanos en capacidad de votar, el grueso, más fácil los manejamos; y se venden, por un pica pollo y una botella de ron. ¿Hasta cuándo será así?

 

 

 

 Rolando Fernández

 

 

 

¡El tamaño de la vara con que midas y procedas, será el mismo parámetro compensatorio, que luego se te aplicará!

“Sólo hay que  estar vivo para ver; y, esperar que el tiempo pase”.  Recordamos que, esas eran de las frases favoritas que más pronunciaba  nuestra querida madre, ya fallecida, ante cualquier evento o circunstancia, en que ella reparara con especial atención.

 

Evidentemente, esos decires habían sido elaborados y acuñados en base a la experiencia acumulada durante el transcurso de sus años, como de determinadas vivencias que habían dejado en ella ciertas improntas imborrables, cuyos efectos posteriores había la oportunidad de presenciar luego.

 

También, de las observaciones anunciadoras en su apreciación, con respecto a algunos comportamientos ajenos, que el tiempo se encargaría de confirmar después, facturándoles resultados a los actuantes, de manera súbita, y en los momentos menos esperados.

 

Y es que, durante el transito terrenal de todo ser humano, cada día se va escribiendo una página, contentiva de todas las acciones que se lleven a cabo, precedidas de los pensamientos inductores que cursen de momento, que las matizan o colorean, como se dice.  En la que además,  quedan “impresos” – dejan sus huellas -, aunque no se observen, los pronunciamientos que hacemos; y, con mayor acentuación destacable, las críticas destructivas y las calumnias de todo género en contra de los hermanos congéneres. De igual forma, las emociones negativas manifestadas que se produzcan, como las inconformidades deprimentes, que induzcan a maldecir ciertos momentos o situaciones conflictivas que acontezcan.

 

Esos son de los parámetros vivenciales que, cuando se repara en ellos con atención, cualquier persona sosegada puede predecir con facilidad, tanto el devenir o futuro ajeno, como el suyo mismo, ya que, como es sabido, el “péndulo de la campana denominada vida”, valga la analogía, nunca permanece estático en un sólo lado; sino que, va y viene siempre con la misma intensidad, según los impulsos que reciba.

 

Ahí se originaban aquellas frases maternas, predictoras y hasta lapidarias podría decirse, que invitaban a esperar que el tiempo pasara. Y, a desear estar vivo, para observar las compensaciones, cuando el péndulo viniera de regreso; es decir, trajera los frutos de todo cuanto se había sembrado antes.

 

Y claro, no sólo durante el tránsito existencial corriente (karma adquirido), como dirían los orientales; sino también, parte de los efectos por conquistar procedentes de existencias físicas anteriores (karma maduro), que también pueden advertir algunas personas dotadas de clarividencia y ciertas aptitudes mentales; gente que, no necesitan recurrir al procedimiento clínico que ahora utilizan algunos profesionales de la psicología, para determinar posibles causas que motivan comportamientos presentes, observados por muchos de los pacientes que acuden a ellos en busca de sus servicios, y que denominan “Regresiones”.

 

La Ley de Causa y Efecto, es una  herramienta valerosísima, con aplicación muy efectiva a nivel de la física convencional; que también se cumple, como mandamiento natural, en el contexto de la espiritualidad humana, Ley del Karma, con connotación de inexorabilidad absoluta. ¡Nadie escapa de ella; se recoge lo que se siembra; y, cuando menos se espera! Podrían producirse dispensaciones en algunos casos, según haya venido siendo administrada, humanamente hablando, la corriente de vida particular  en   curso, y que constituyen las excepciones a la regla.

 

Con el paso del tiempo hemos podido comprobar que, nuestra vieja tenía razón, cuando de manera espontánea y pausada, sin emitir juicio alguno sobre lo observado o vivido, decía: “Sólo hay que estar vivo para ver”; y, esperar que el tiempo pase”

 

Hermanos todos, el tamaño de la vara que utilicemos para medir a los demás, y proceder en lo personal, será el parámetro con que luego  seremos medidos y compensados nosotros.  Ambas tendrán siempre igual longitud; algo que, ¡nunca debemos olvidar!

 

 

 

Rolando Fernández