Quejas de usuarios del transporte público. ¡No hay quien las escuche!

 

La verdad es que, a veces uno tiene que darse sus bañitos de pueblo, para reparar sobre ciertas situaciones que se dan en este país, reprochables en extremo, como por ejemplo son, los abusos y la especulación en contra de iguales, personas de bajo nivel económico, “que vienen haciendo de tripa corazón”, como se dice popularmente, ante los problemas financieros que acosan a muchos dominicanos desde hace tiempo. Pero, en esa condición de igualdad humana no se piensa.

El que quiera saber un poco sobre el particular, solo tiene que hacer uso un día, a manera de curiosidad, o investigación directa, del servicio de transporte público que opera en el país, carros y guaguas, para darse cuenta de las injusticias y los aprovechamientos malsanos que cometen los conductores de ese tipo de vehículos, con los necesitados pasajeros que deben llegar a sus lugares de trabajo a una hora determinada.

Los obligan a tener que pagar dos y tres pasajes, pues acortan las rutas hasta donde ellos quieren llegar, exhibiendo prepotencia, agresividad, y hasta burlas en algunos casos. Eso, amén de que, llevan a las personas como  sardinas en latas dentro de los vehículos, con un tanque de gas mal instalado tocándoles las espaldas, y teniendo que agarrar las puertas de los carros viejos, para  que no se abran.

Muy cierto es que, “la necesidad tiene cara de hereje”, como reza una antigua máxima, porque, para montare en una de las tantas chatarras destartaladas que circulan por nuestras autopistas, calles y avenidas, se tiene que estar bastante apurado en llegar a sus lugares de trabajo, o las residencias a descansar, después de un día de agotadoras labores.

Aquí la gente aborda lo que sea para transportarse, y los choferes se aprovechan de esa necesidad, para abusar de sus iguales, personas escasas de dinero también, y llenas de precariedades, debido a la poca oferta para el servicio de que disponen.

En este país, los robos y la especulación comienzan por los mismos de abajo. Ahora, siempre se vive criticando solamente a los de arriba cuando lo hacen. Creen algunos que las faltas en los chiquitos no se notan.

¿Y esa forma en que proceden los choferes de vehículos públicos, qué es? ¿Cómo se podría considerar esa falta de conciencia hacia sus congéneres?

Las autoridades competentes deberían ofrecer algún tipo de respaldo a esos usuarios abusados, víctimas siempre, designando inspectores en las diferentes rutas que existen, para que esas actitudes bochornosas de los desaprensivos choferes sean abandonadas, y procedan como debe ser; que hagan las rutas completas que correspondan; y que cobren lo justo por los servicios que ofrezcan. Y, por supuesto, cuidando de las vidas de aquellos que trasladan, transportándoles en vehículos aptos, sin temeridad alguna.

Claro, sería esa disposición una medida de carácter provisional, hasta tanto entre en vigencia plena la nueva ley de tránsito aprobada, con todos sus reglamentos, cuando se supone habrán de desaparecer muchas de las barbaridades que hoy se observan en el sector transporte, entre ellas las mencionadas más arriba, e incluyendo la eliminación obligada de todas esas “basuras sobre rueda”, que hoy se utilizan para montar gente

Las quejas de los usufructuarios, o clientes de esos empresarios particulares, irresponsables en su mayoría. llueven a granel, incluyendo aquellas por la represión que reciben de los buscones en las paradas, armados con palos, tubos y bates, tigueres destacados en los puntos de las diferentes rutas, por querer obligarles a montarse en los vehículos que a ellos les viene en gana. Eso también está dentro del paquete violatorio a los derechos de los consumidores, pero aquí nadie dice nada. Todo pasa desapercibido, en el tenor de cuánto se ha tratado. ¡Lamentablemente!

 

Una muestra más del descuido nacional

Como gráfica de primera página aparece en el medio “HOY”, edición de fecha 29-12-14, con el título: “IRRESPONSABILIDAD CIUDADANA Y FALTA DE AUTORIDAD”, calzándole debajo con la pregunta, ¿Cuándo será que AMET le meterá el pico a esto?, un conjunto de fotos que hablan por sí solas de las cosas curiosas y desaprensivas que se verifican en esta nación.  “Este es un país muy especial”, como decía el inolvidable Yaqui Núñez del Rico.

 

Se refieren a la forma en que muchos ciudadanos nuestros se transportan en sus motocicletas, llevando consigo la  familia a bordo, sin importar que esté compuesta por mujeres,  niños, bebé con pocos meses de nacidos – a veces se montan hasta cinco personas -, incapaces esos últimos de defenderse ante cualquier situación imprevista, dentro de este desordenado tráfico vehicular que se gasta el país, adornado con tantos “animales personalizados” detrás del volante de un destartalado vehículo de motor, en la mayoría de los casos

 

Todo el que repara en esas actitudes, y las aquilata, máxime si reside fuera del país, de inmediato tiene que decir: “ahí los que viven son locos; o, no hay autoridades que funcionen en Dominicana.

 

Porque, sólo así se conciben situaciones de tal naturaleza, en la que no se atiendan por ninguna de las partes envueltas, los tantos riesgos probables que se corren con acciones de ese tipo.

 

Imposible, que en un conglomerado de gente civilizada, con reales autoridades representativas, hechos ciudadanos de esa naturaleza merezcan tan poco caso; que el poner vidas en peligro mediante los mismos, principalmente las de infantes indefensos, pase como algo desapercibido, independientemente de las carestías económicas de las personas, la dificultades para transportarse de forma más segura, y cualesquiera otras circunstancias. Se debe observar un mayor cuidado con respecto al activo que jamás se recupera: la vida.

 

Lamentablemente, eso viene ocurriendo de forma alegre en Dominicana, frente a los agentes de la AMET (Autoridad Metropolitana del Transporte), que en la mayoría de los casos se hacen los locos cuando les pasan casi pisándole los pies, enseñándoles cuadros como los que recoge la gráfica de referencia: hasta cinco personas sobre el asiento de un motor, dispuesto solo para dos, utilizándose todas las partes conexas.

 

Ocurre algo similar, que cuando esas autoridades se limitan a observar los grandes tapones que se forman en la ciudad a horas pico, por el cúmulo de vehículos que transitan; cuando no es que, ellos mismo ayudan a crear nudos mayores de automóviles varados o detenidos, por dedicarse a sustituir, sin necesidad, el servicio los semáforos que operan en las esquinas de mucho congestionamiento. Verbigracia: en la Av. John Kennedy, cruce Lincoln, y Los Próceres. ¡Y con mucha altanería además, mayor si son féminas las que actúan!

 

Hay muchos problemas aquí, en los cuales debe intervenir la AMET, ¡y no lo hace!, como es el caso de los tantos motoristas desaprensivos y temerarios que transitan sobre las aceras,  y que amén, montan hasta cinco personas sobre esos ligeros vehículos, sin importarles las vidas de los que transportan.

 

Pero también están los famosos deliverys de los colmados, que se desplazan como la “jonda del diablo” por esos mismos lugares, conduciendo motores en malas condiciones, y sin placas. No respetan las vías designadas para los peatones; van haciendo piruetas, y llevándose de encuentro a quien se  ponga por delante.

 

Otro tormento de gran consideración para la ciudadanía, que desatiende ese cuerpo, es la ocupación por parte de los conductores de los pasos peatonales viales (rayados) en las esquinas de mucho tráfico de personas, para cruzar las calles y avenidas.

Y, ni hablar de los espacios a desnivel olvidados, para el desplazamiento y cruce de los transeúntes, la gente de a pie, los puentes,  que se mantienen repletos de vendedores ambulantes, y  chucherías para expendio al público.

 

Pero además ofrecen esos lugares, mucha facilidad de acción para los antisociales-atracadores, que siempre están a la expectativa dentro de los molotes que se forman, por la reducción de las vías de acceso.

 

No obstante, “la vida prosigue su agitado curso”, como decía el fenecido Rodriguito. La AMET, de muchas cosas de esas, ni se entera.

 

La verdad es que, ¡ese organismo oficial tiene que revisarse! Las labores de vigilancia y supervisión que lleva a cabo  son mínimas: manejo sin el cinturón de seguridad, hablar por celulares mientras se conduce, falta de revista en vehículos nuevos – a los del servicio público de pasajeros, que son los que más necesitarían de esa certificación de condiciones optimas para transitar, ni los miran -, cruzar en rojo los semáforos, etc.

 

Y, como estamos en Dominicana, todo depende de quienes sean los infractores para multarlos. Los que pertenezcan a los poderes políticos y económicos regentes, o de alguna forma estén ligados a ésos, tienen libertad de acción; las permisividades les corresponden.

 

¡QUÉ BIEN! Repetimos, para que se recuerde: “Este es un país muy especial”

 

Autor: Rolando Fernández

 

 

 

Con los cuartos del pueblo, ¡qué bien!

Aquí los gobiernos compran por comprar. No hay una real planificación efectiva, en términos de la utilización requerida y apropiada, en cuanto a los bienes que se adquieren. Y, como los cuartos del pueblo no les duelen a los que dirigen, “machete y colín” entonces, como se dice en buen dominicano.

 

Probablemente, lo que sí más importa a los políticos de nuevo cuño, al momento de decidir sobre ese particular, son las comisiones y las prebendas que se derivan de las adquisiciones alegres que se llevan a cabo.

 

Les tiene sin cuidado, el que luego los bienes obtenidos sean usados o no; el que después se les  abandone en cualquier lugar, hasta que se deterioren por completo. Precedentes los tenemos de sobra en el país.

 

Son las conclusiones obligadas a las que se tiene que arribar, cuando se repara con atención sobre trabajos periodísticos como esos que aparecen en los medios “HOY” y  “Diario Libre”, en sus ediciones de fechas 4-3-14, referentes a la adquisición de  autobuses que serían utilizados para las rutas alimentadoras del Metro de Santo Domingo, los cuales  comenzaron a llegar al país en el año 2012, sumando la flotilla unos cien (100) más adelante, y encontrándose en estos momentos  una gran parte de los mismos  en el estacionamiento de la Base Naval de la Armada, depreciándose, a la intemperie, bajo agua, Sol y sereno, sin que todavía se conozca lo que se va a hacer con ellos.

 

“El Gobierno central, la Oficina para el Reordenamiento del Transporte (Opret) y el Fondo de Desarrollo del Transporte Terrestre (Fondet) todavía no saben qué hacer con más de 70 autobuses, de un total de 82, que fueron adquiridos para la rutas alimentadoras del Metro de Santo Domingo”. (¡Vaya perla!). Ver “Diario Libre”, señalado.

 

¿Cuántas inversiones con iguales características se habrán hecho en este país?, incluidas aquellas en sofisticados y modernísimos equipos médicos, que se han dañado por completo, debido al descuido y la falta de uso, agenciados sin plataforma previa para aplicación determinada, cuyas compra dejaron de seguro en su momento jugosos beneficios a los que autorizaron, como a todos aquellos que luego intervinieron en las transacciones relativas.

 

Ahorita aparecen los llamados “empresarios” del transporte aquí, y con las habilidades acostumbradas, logran que esas guaguas les sean adjudicadas a precio de “vaca muerta”, como se dice en esta nación, y con un “fiao” para pagar cuando se pueda, porque sino hacen un llamado a huelga; y luego, solo honren los compromisos asumidos en un irrisorio porcentaje.

 

Sin embargo, con escenarios de despilfarros así de frente, se procura seguir gravando al pueblo con mayores cargas impositivas; y, cogiéndoles cuartos prestados a los organismos internacionales de financiamiento, que son quienes por lo regular alientan la mayoría de los proyectos estatales de inversión, con tinte politiquero en esta República, ofertando y facilitando recursos económicos frescos en “bandejas de plata”.

 

Cuando no, se recurre a la considerada “panacea” de los nuevos tiempos durante las gestiones de gobierno, algo casi generalizado a nivel de los países tercermundistas: la emisión de Bonos Soberanos. Y, los que vengan atrás que “arreen”, o les entreguen el país, en el caso nuestro, a los acreedores extranjeros, cuando no les puedan pagar los compromisos concertados con anterioridad.

 

¡Qué eficientes, previsoras, como incorruptibles, y nacionalistas autoridades por demás, nos hemos venido gastando los dominicanos durante los últimos lustros! ¿A dónde llegaremos así?

 

No muy lejos, ¿verdad compatriotas?

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

Me gusta equivocarme; agradezco cuando los demás se molestan en corregirme.

Así, el ego no me engaña, haciéndome creer siempre perfecto. (R.F,)

 

 

 

Rolando Fernández

 

 

AMET contribuye con los tapones

Cuando alguien transita en un vehículo por al Ave. Jhon F. Kennedy, y está próximo a la llegar a la intersección con las avenidas Los Próceres y Abraham Lincoln, tiene que orar a Dios para que no se le presente ninguna necesidad fisiológica urgente (orinar o defecar).  Tampoco, ningún problema de salud que amerite atención médica urgente.

 

¡No!, porque tendría que hacerlo dentro del vehículo; o, resignarse a morir en medio de uno de los  endiablados tapones que allí se registran con regularidad, producto en parte de la mala dirección del tránsito que ejecutan los agentes de la AMET,  destacados en el lugar, amén del salvajismo con que en esta nación se conduce.

 

Si los semáforos que se tienen en el área están funcionando bien,  cuál es la razón entonces que tienen dichos servidores públicos, para estar interfiriendo de manera directa en el tráfico vehicular; haciéndolo incluso, de manera muy subjetiva y prepotente, cuyas actitudes lo que hacen es complicar más aún la caótica situación que se presenta por esos entornos, debido al flujo considerable de automóviles que se desplazan por el lugar.

 

Esa es gente que al parecer no sabe dirigir tránsito; que se atortola, asusta, confunde, con el cúmulo de vehículos a su alrededor, principalmente las mujeres que operan.  Entonces, que dejen la dirección de ese tráfico aquí a los semáforos, y que sólo actúen cuando los mismos dejen de funcionar. Pero, que lo hagan con cierta destreza y discriminación vial; no medalaganariamente, y con arrogancia, como es lo que tanto se aprecia.

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

¡Necesidad imperiosa!, un carril para emergencias

El que se cae muriendo, como dice el pueblo llano, en medio de un tapón de vehículos en este país, nada más se fastidió. No hay forma de escapar para poder llegar rápidamente a un centro médico asistencial. Tiene que resignarse a fallecer en plena vía pública, dentro de un vehículo impedido de transitar.

 

¡Sí!, esa es una de las consecuencias del hormiguero motorizado sin control que se tiene en la República Dominicana, colmado de chatarras, gases tóxicos por doquier, y una serie de animales conductores, autorizados o no, con un guía en las manos, donde la gente con cierto nivel de conducta, y alguna facilidad económica, opta por no manejar un vehículo, para evitarse amarguras y sufrimientos callejeros; verse dentro de este tráfico caotizado, donde rige la ley del más fuerte, de los más temerarios, de los mayores desaprensivos.

 

Aquí, las normativas legales dispuestas para regir en el área vehicular, constituyen un amplio dossier de lujo, para aplicación muy selectiva y discriminatoria, según la persona objeto.  Normalmente, la clase choferil pública las violenta sin reparo alguno, muchas veces hasta en presencia de las mismas autoridades competentes.  Esos servidores se creen intocables, por estar sindicalizados, y poder contar con apoyo, hasta de orden político congresual.

 

Los demás que están exentos de penalización alguna, son aquellos que circulan con una placa oficial; como, sus familiares y allegados, hasta las novias y amantes.  Con mostrar tarjetas, cuando no son las chapas las que hablan, resuelven el problema de las infracciones en que incurren.

 

La situación del tráfico vehicular en esta nación se ha tornado bastante seria, con un desorden mayúsculo, cada vez in crescendo, y nada más se habla y se habla.  Los periódicos locales recogen informaciones, reseñan al respecto hasta la saciedad, editorializan, y el asunto sigue de mal en peor, alimentado por la indiferencia oficial aparente, y el aumento exorbitante del parque vehicular con que cuenta el país.

 

Además, hay una serie de ingredientes relativos, a los que tampoco se les pone mucho el frente; y entre esos están: los aparcamientos de vehículos de manera paralela en muchas calles estrechas, y sobre las aceras peatonales, con los riesgos que ambas cosas implican para la “gente de a pie”.

 

También se tiene el hecho de que, los choferes de guaguas y carros públicos, establecen puntos de rutas en cualquier esquina,  perímetros, o segmentos callejeros.  No importa, si entorpecen o no el tráfico, incluyendo el peatonal.  ¡A esperar pasajeros hasta llenar los vehículos!

 

Ahora, donde se le ha venido poniendo la tapa al pomo, como se dice, es en lo relacionado con los extensos taponamientos que se registran a cualquier hora del día y de la noche, en calles y avenidas locales de gran flujo vehicular, dentro de los cuales hay que permanecer hasta horas de espera, consumiendo muchísimos galones de combustibles, e infectando sobremanera, con los gases tóxicos que despiden los automóviles el medio ambiente.

 

Ese es un escenario, creado en ocasiones por las negligencias de algunos agentes de tránsito, dirigiéndole medalaganariamente, a lo que se debe adicionar: los semáforos dañados, o sin energía eléctrica, por los apagones acostumbrados, las tantas chatarras que circulan y se descomponen en medio de las vías, el tráfico desaprensivo en vehículos pesados, y sobre todo, la falta de civismo ciudadano, amén de la gran cantidad de “armamentos rodantes en circulación”, automóviles distintos, durante las llamadas horas pico. ¡Todo eso es malo!

 

Pero, hay un factor derivado que debe ser objeto de muy alta consideración por parte de las autoridades, sobre todo ponderándose que, el resolver la problemática del tránsito en esta República tomará bastante tiempo, si es que algún día se logra, por la inconsciencia generalizada, que es el aspecto concerniente a los percances de salud que súbitamente se puedan presentar en las personas que se transportan en medio de uno de esos grandes taponamientos, y que requieran de atención médica asistencial rápida.  ¿Cómo se logra salir de ese “atasco motorizado? ¿Habrá que dejar morir la gente en medio de un tapón vehicular?

 

Eso hace prácticamente obligatorio ya, el que se planifiquen y se establezcan en las principales vías de circulación vehicular, carriles para emergencias, estrictamente vigilados, para ser usados en cualquier desplazamiento rápido que se requiera, sin importar las circunstancias que se reporten apremiantes, ya que no solamente se pueden presentar las urgencias a que nos hemos referido, sino también aquellas relacionadas con las actividades bomberiles, como la movilidad urgente de ambulancias que transporten enfermos, o accidentados en estado crítico.

 

Por último, resulta muy deprimente observar cómo se les obstruye el poder avanzar a las ambulancias y camiones de bomberos, cuando se deben desplazar con rapidez, en cuyo impedimento participan, principalmente, algunos de los llamados hijos de mami y papi, o muchas envalentonadas damas, deteniéndose, mal estacionándose, o moviéndose a paso de tortuga, debido a la deleznable práctica de estar hablando sandeces, mayormente, por  un celular.

 

¡A eso hay que ponerle coto también!, en lo que se habilitan las vías para desplazamiento rápido requeridas.

 

El autor es un humilde servidor, ¡y nada más!

 

Rolando Fernández

 

 

 

Sólo con la ley nueva, ¡no se resuelve el problema del tránsito en el país!

Aunque, “Diputados aseguran ley acabaría con caos en el tránsito”,  según una publicación  de la prensa escrita local, eso estaría por verse. Y, difícilmente, se pueda lograr solamente con la aprobación congresual de otra legislación, aun se contemplen en la misma, endurecimientos punitivos más acorde con la realidad actual, a los violadores y temerarios conductores que transitan desaprensivamente por nuestras calles y avenidas, frente a las narices de las autoridades correspondientes.

 

Es obvio que, todas las modificaciones que se pretende estipular en la nueva normativa sobre el tránsito vehicular, que  desde hace ya gran tiempo, según se tiene entendido, cursa en la Cámara de Diputados del Congreso de la República, y que ahora está siendo ventilada, podrían reportar algunos beneficios importantes, en términos de las enmiendas requeridas con inminencia, a los fines de un real reordenamiento y modernización en esa área, tan afectada por un desorden mayúsculo, y hasta por actos delincuenciales que en ocasiones, por las circunstancias, se facilitan dentro de la misma.

 

Pero de ahí, a acabar con el caos existente, como aprecian los señores diputados de la República que participaron en el “Almuerzo Grupo de Comunicaciones Corripio”, cuyos pareceres y declaraciones aparecen reseñados en el periódico “HOY”, edición del 7-2-13, página 10ª, hay  una distancia bastante grande, por los precedentes de inobservancia a las leyes vigentes que aquí tenemos.

 

Esa es una problemática que, por la profundidad, descuidos, lenidades, favoritismos, politización en el sector, y la falta de conciencia ciudadana, que dentro del mismo se verifican, como   la ausencia de las aptitudes apropiadas que caracteriza a las autoridades designadas correspondientes, no se resuelve con leyes, resoluciones y normativas supletorias nada más.

 

Se requiere en adición, de acciones severas apropiadas, en el sentido de la aplicación y cumplimiento efectivo de cuantas disposiciones regulatorias se dispongan, al margen  de las discriminaciones clasistas ciudadanas, las exenciones a los miembros del funcionariado  estatal, por el hecho de transitar con un placa oficial, y de otras autoridades públicas, que están en deber de ejemplificar con sus actos ante la sociedad, al momento de conducir algún vehiculo. También, los hijos de “mani y papi”, que quieren andar llevándose el mundo delante, producto de ignorancia y la inconsciencia, con progenitores que no tratan de controlarles y orientarles como se debe.

 

De igual forma, en lo que respecta a los tratamientos preferenciales que reciben muchas damitas y doñotas, que al sentirse protegidas, conducen de cualquier forma, amarradas a un teléfono celular, y oyendo altos ritmos musicales, con los vidrios  de los vehículos tintados, por ser amantes, novias o esposas de personas,  familiares, o militares, que están ligadas  muy de cerca, a las esferas gubernamentales.

 

Pero, hay además otros sectores que deben ser objeto de mano dura; que se tornan incontrolables, aguerridos, dispuestos a desobedecer las normativas y las señales de tráfico dispuestas, a los que muchos les temen incluso, y entre los que se encuentran los choferes públicos, los de guaguas, y los conductores de vehículos pesados, con muy raras excepciones; como tal también ocurre con los motoristas, que transitan como la “jonda del diablo” por todas parte, irrespetando la señalizaciones ordenantes, el establecimientos del sentido de las vías para desplazarse, los pasos peatonales – las aceras -, y hasta violentando algunas zonas verdes.

 

Con la ley actual que existe, la No.241, y las disposiciones conexas o supletorias, si en verdad hubiera voluntad de corrección, aplicando las mismas como debe ser, con los niveles de exigibilidad requeridos, las cosas no anduvieran como se verifican  a nivel del tránsito vehicular en el país. Lo que ocurre es que, “del dicho al hecho, hay muy trecho”, como dice un refrán popular.

 

Esa opinión que externa Rafael Tobías Crespo, no necesariamente se corresponde con el problema. “Actualmente no hay una ley de transporte, lo único que tenemos es la Ley de Tránsito (241), que es obsoleta y no se ajusta a la realidad del país”.

 

Es obvio que, esa última que existe reportaría buenos resultados, si fuera observada por la ciudadanía, y aplicada como se debe hacer. Además, tiene sus complementos, que también servirían para regular bastante. Ahora, la gran pregunta sería, ¿se aplican esas normativas? Otra, ¿que podría ocurrir con la nueva, de proseguir las autoridades correspondientes con las mismas actitudes “leniles”,  y selectivas clasistas, durante sus actuaciones?

 

Con respecto a esa misma centralización que contemplaría la nueva ley de tránsito, habría que reparar y definir muy bien sobre los aspectos relativos a la funcionabilidad operativa del conjunto de instituciones así concebido, (grupo de organizaciones ligadas al transporte) – Instituto Nacional de Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial (Intrant) -, “aun su personalidad jurídica y autonomía administrativa, financiera y técnica, adscrito al ministerio de Obras Pública y Comunicaciones,” en pos de evitar los “entaponamientos” burocráticos laborales que de ordinario en esta nación se estilan, que vengan a complicar más aún los procedimientos y actividades inherentes que en la  actualidad existen.

 

Aunque, dice Henry Merán, “Esta ley va a simplificar y hacer menos burocrático todo el sector de tránsito, porque en la actualidad, la burocracia es un problema”, es muy posible que ese señor no haya reflexionado bien sobre lo que  en realidad pasa en tal sentido; y que, el problema en ese orden, tiene nombre: politiquería enraizada en esas instituciones, y falta de los controles adecuados.

 

¡Ojo al Cristo!, con esa centralización, y las demás iniciativas que se estudian. Lo que más se necesita aquí para resolver la situación caótica del transito vehicular en estos momentos, es de voluntad para enmendar, aplicación, y severidad en cuanto al cumplimiento cabal de la legislación que rige, y sus normativas complementarias, como forma de concienciar a la ciudadanía, ya que  no se entiende de otra forma,  respecto a las responsabilidades y riesgos probables que se asumen al conducir cualquier vehículo de motor por las calles y avenidas del país.

 

Esa nueva Ley de Movilidad, Transporte y Seguridad Vial, por sí misma, no resolvería el gran problema del caos en el transporte nacional. Con la misma, es seguro que ocurrirá igual que con la actual, la 241, de continuarse con similar método de aplicación, caracterizado por las lenidades y los tratos preferenciales.

 

Es más, una acertada modificación a la actual, en términos de que resulte lo suficientemente severa, y completa, podría arrojar muy buenos resultados también. Ahora, lo que sí siempre habrá de ser obligatorio, sin importar cuál sea la vigente, es la observación por parte de la ciudadanía, como la exigibilidad de su estricta aplicación, a cargo de las autoridades competentes.

 

Rolando Fernández

 

 

 

¡Difícil!, regular a los motoristas en este país

Tremenda disyuntiva tienen por delante las autoridades nuestras, en cuanto a querer normar a esa clase, debido al gran desorden en que se desenvuelve ese medio de transporte aquí, que ya resulta prácticamente incontrolable.

 

Durante los últimos días ha estado sobre el tapete, tratar de buscar solución a ese mayúsculo problema que tiene la sociedad nacional, que se entiende estar asociado con el auge de la delincuencia que se verifica  en esta nación, algo que desde hace ya un buen tiempo debió haber sido considerado en todas sus partes por las autoridades competentes del país, con real voluntad enmendatoria, a los fines de haber sido diseñado, y comenzado a aplicar, aun paulatinamente, el debido plan correctivo que se requiere, frente a esa deleznable situación perturbadora. Pero, ¡fue dejado al tiempo, como todo aquí!

 

De haberse iniciado antes las gestiones regulatorias en el sector “motoril” nuestro, hoy resultaría mucho más fácil el intento de solución generalizado. Ahora, por los ribetes que ha alcanzado  esa problemática, se habrá de tornar bien difícil el combatirla con efectividad, aun la intención manifiesta correctiva que se tiene, y la voluntad de concretización proveniente de las más altas instancias del poder estatal dominicano..

 

El ponerle el frente, ordenar, regular, y sanear la situación proveniente del caos que se tiene en el área, riesgoso en todos los sentidos, que se ha venido gastando la sociedad nacional en los últimos tiempos, se reporta hoy mucho más difícil, que el solucionar la cobertura del “mayúsculo” déficit fiscal, por el que se alega  atraviesa el Estado aquí.

 

Y es que, ese es un sector bastante conflictivo, con características muy especiales, en el que interviene una clase social muy compleja, compuesta por reales hombres de trabajo, serios y con dignidad probada. Pero además, por “tigueres”, delincuentes drogados, y desaprensivos, que salen a las calles a buscársela, como se dice, de cualquier manera.

 

Precisamente, es en esa mezcolanza  donde está la mayor  piedra a derribar, para empezar a corregir los males que dentro de la misma se originan, porque todas las medidas que se adopten tienen que ser de carácter general. Y por tanto, podrían afectar a “mansos y cimarrones” por igual; a los indeseables, y a los que han hecho de ese trabajo transportador su medio lícito de vida.

 

Por más vueltas, paliativos y artificios correctores que se quiera buscar para controlar la delincuencia que pueda venir desde ese litoral, lo único que contribuiría, en nuestra apreciación, al logro de lo que se aspira, es la prohibición de transitar dos personas a bordo de los motores. ¡Sólo el conductor entonces, estaría permitido!

 

Pero entonces ocurre que, los “motoconchistas” serios perderían su fuente de trabajo, amén de la falta que se tendría de ese importante servicio en determinada áreas de la capital, y del interior del país, donde los carros públicos, y las guaguas del transporte de pasajeros,  no circulan.

 

Luego, la gran pregunta sería: ¿cómo proporcionar a esa gente laboriosa otra ocupación que le sea rentable; al igual que,  suministrar el servicio de transportación a aquellos usuarios que lo requieran, ante la falta del “motoconcho”, ya establecido como práctica normal?

 

Como se puede advertir, no es tan fácil la solución al problema con los motoristas, y la participación delincuencial fehaciente, que proviene de un pequeño segmento de ésos, aun se le estime compuesto por infiltrados ocasionales.

 

Lo que se pretenda hacer, tiene que ser definido y ponderado muy bien, antes de adoptar las medidas correctivas de lugar.   ¡El mal se dejó coger demasiado cuerpo!

 

No se puede olvidar en adición, que los miembros de esa clase son arengados al proselitismo, y utilizados por los políticos durante las compañas electorales, “conquistándoles” con limosnas de momento, y el ofrecimiento de prebendas futuras;  que los mismos representan un número significativo de votantes, conjuntamente con sus allegados más cercanos. ¡Es otro de los inconvenientes a considerar!

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

Caos en el transporte público de pasajeros, y otros: Falta de autoridad obvia

No cabe duda de que, este es un país que cada día más va a la deriva, aunque resulte duro decirlo. Y es que, cuando se pierde todo orden y respeto, por más esfuerzos superficiales que hagan las autoridades correspondientes, los frutos a esperar son muy pocos. Se advierte claramente que, al parecer, no se quiere bajar hasta las bases mismas de los problemas, para combatirles desde allí.

 

Basta transitar por nuestras calles y avenidas, y de inmediato se repara en la magnitud del desorden y el irrespeto en que vive una gran parte de la sociedad dominicana, ante la mirada indiferente de los que deben actuar en consecuencia.

 

Una de las nuevas modas ahora, amén de la ocupación de los pasos peatonales, las áreas verdes y las aceras, con la venta de productos diversos, y negocios de todo tipo, es la conversión en “habitacionales”, para descansos diurnos y pernoctar, debajo de los elevados para el tráfico vehicular.  Aquello lo que parece son pocilgas, llenas de cartones, pedazos de madera,  y basuras por doquier.

 

Pero, donde se le pone la tapa al pomo, como se dice popularmente, es con “la fragancia que despide y se respira” con relación al transporte público de pasajeros.  Ahora ocurre que, los dueños de rutas han comprado segmentos de espacios en muchas calles, para que sus miembros estacionen los “atractivos” carros y guaguas que utilizan para montar y transportar pasajeros, haciendo uso de celadores entrenados en los entornos, armados con tubos, palos y hasta machetes, que maltratan e insultan a los usuarios, y les obligan a bajar de los vehículos que ellos entienden no deben montarse. ¡Tremendos espectáculos se observan, en plenas vías públicas, en tal sentido!

 

Además, los pasajeros tienen que ir como sardinas en lata, y hay uno que siempre le toca agarrar una de las puertas, para no salirse del vehículo durante el trayecto a recorrer, debido a que la mayoría de los choferes ofrecen el servicio en chatarras destartaladas casi por completo, sin ningún tipo de seguridad interna, y con una bomba de tiempo en los baúles traseros – un tanque de gas licuado cualquiera, sin prevención alguna -.

 

Lo otro es que, la forma en que esos señores conducen por las calles y avenidas deja mucho que desear, en términos de la seguridad de los pasajeros, ya que se hace con una temeridad extrema, violando la luz de los semáforos, haciendo “cieguitas” como le llaman en las esquinas, rebasando, casi tocando a otros vehículos; y, cuando no, echando carreras entre conductores.

 

Según denuncias que han trascendido, ese desorden en el transporte público de pasajeros está afectando ya, y se deja sentir con fuerza, hasta en las zonas turísticas del país. ¡Que imagen tan dañina, reciben y se llevan  los visitantes!

 

A nivel se la zona metropolitana en general, el otro escenario bochornoso en adición, lo presentan  los camineros, que transitar a cualquier hora del día, conjuntamente con los vehículos pequeños, también de forma temeraria, cargados siempre sin medida alguna,, y despojados de las lonas cobertoras reglamentarias.

 

Lamentablemente, y aunque muchos de los modernos demócratas no lo conciban así, esas son cosas todas que, no se resuelven ya aquí con sonrisas ni retóricas políticas. De manera obligatoria, se tiene que recurrir a otros métodos de eliminación, o al menos de mayor control, más acorde con los males degenerativos que hoy se verifican a nivel de toda la sociedad nacional en su conjunto, aun sean acciones de fuerza correctivas.

 

Claro, eso hay que decirlo “bajitito” en estos tiempos; pues ya en este país, todo lo que huela a voluntad y firme decisión para tratar de enmendar los comportamientos impropios que se observan, se considera trujillismo. ¡Que lástima, que la parcialización política enraizada, sea siempre lo que prime! Parece que no se tienen ojos para ver.

 

 

Rolando Fernández

 

 

 

 

 

¿Única solución?, firmeza y mano dura

Loabilísima, la iniciativa a emprender por el medio “Listín Diario”, en alianza con Seguros Banreservas y la Autoridad Metropolitana del Transporte (AMET), para tratar de combatir las violaciones, ya consuetudinarias en esta nación, a las normativas legales de tránsito que rigen en el país, y a las demás disposiciones suplementarias, como lo son las reglas a observar dictadas al efecto, que incluyen las señalizaciones correspondientes en nuestras avenidas, calles y carreteras.

 

Lamentablemente, ya ese es un problema aquí, que se ha enraizado de forma tal, que su solución, aun parcial, requiere de un gran esfuerzo mancomunado, ante el descalabro degenerativo social que se verifica en el país, como las permisividades que a diario se observan en el tráfico vehicular, por debilidad en algunos casos de las autoridades competentes; al igual que, por  razones de discriminación, en base  al status social ostentado, incluido el lujo y confort del automóvil que se conduzca, como la placa que se exhiba. Y claro, los parentescos con los políticos gobernantes de turno, entre otras cosas.

 

Es por tales motivo que, ya hoy toda tentativa de concienciación sutil y civilizada, de seguro que resbalará en ese escenario de desorden temerario en que vive la nación, sino es complementada con las drásticas medidas correctivas que imponen las circunstancias.

 

Con ese amplio caos en que se ha dejado caer el tráfico vehicular en este país, encabezado por los choferes de carros públicos, los guagueros, los camioneros, los motoristas, como los consentidos conductores privados, con la adición de los hijos de papi y mami, el meter en cintura, como se dice popularmente, a todos esos desaprensivos, con anuncios, palabras y consejos, resultará muy difícil, si es que acaso algo se puede lograr.

 

Aquí, lo que en realidad se necesita es, una supervisión técnica adecuada, acompañada de rígidos controles sectoriales, con las correspondientes penalizaciones a los violadores de las señales de tránsito y las normativas legales vigentes, sin distingo de personas o tipo de vehículo; amén de que se reconozca que, la ley entra por casa, y que el hecho de exhibir una placa oficial no constituye una “patente de corso”, para proceder como a cada cual le venga en gana, sin reparar en accidentes probables, y demás consecuencias posibles.

 

Con las mismas disposiciones legales que rigen, si fueran aplicadas como debe ser; y, si hubiera real disposición y voluntad política en las autoridades competentes, bastante es lo que se podría lograr. Aunque en verdad, la Ley 241 sobre Tránsito de Vehículos, contiene algunas estipulaciones que deben ser revisadas y ampliadas, e incluir el fortalecimiento debido en las sanciones por violación a la misma, eso no reviste de tanta urgencia.

 

Aplicando con rigor lo que hay en la actualidad, y las penalizaciones prescritas en dicha ley, reiteramos, es mucho lo que se puede hacer, si en verdad se quisiera regular y enmendar el desorden vehicular de que “disfrutan” los dominicanos.

 

Además, señor director de AMET, “téngase muy presente”, que esas modificaciones que usted aspira se introduzcan a la actual Ley 241 sobre Tránsito de Vehículos, tendrían que ser consensuadas con los seudos  dirigentes y empresarios del transporte en el país, a juicio de uno de ellos.

 

Pues, según el señor Juan Hubieres, presidente de Fenatrano, “el mismo cuestionó la forma en que se pretende modificar la ley 241 para imponer mayores sanciones y multas, sin el consenso de los sectores involucrados en el transporte”. Parece ser, que a ellos hay que oírlos primero. ¡Que bien! (Véase periódico Listín Diario, del 7-8-11, página 5ª).

 

Hay otros aspectos conexos a la problemática del tráfico vehicular, incidentes también, que a veces se les pone muy poca atención; como por ejemplo, la conducción temeraria de vehículos livianos y pesados en calles no principales, y por atajos de desahogo – en vía contraria, altas velocidades sobre las aceras, etc. -, en las que también se debe disponer de agentes de servicio no uniformados, para fines de observación y corrección.

 

Además contribuyen a complicar la situación, las ocupaciones de las aceras y  los pasos peatonales, ahora convertidos en mercados públicos, y que obligan a las personas de a pie, a tener que lanzarse a las vías de tráficos automovilístico para poder caminar, corriendo el riesgo de ser atropelladas.

 

Luego, de lo que en realidad aquí se requiere en lo  inmediato, es de acciones directas rápidas; controlar y aplicar la ley, como sus disposiciones conexas, sin contemplación alguna.  Claro, la campaña de carácter preventivo y de concienciación vial ciudadana: “Respeta las señales de tránsito”, bajo el eslogan “Juntos haremos que el tránsito avance”, como complemento, no estaría demás; y por consiguiente, debe ser acogida y apoyada con  gran entusiasmo cívico.

 

Rolando Fernández

 

 

 

El problema del tránsito en República Dominicana tiene solución

Muy atinado resulta el trabajo que publicara el señor Samuel Santana, “Conductores desaprensivos”, en su columna de fecha 21-5-11, periódico “HOY”. En relación con el mismo, como a manera de complemento, se podría decir lo siguiente:

Aquí no hay conductores desaprensivos; ¡sí falta de manos! En este país, donde todo se debe y nada se puede, los choferes y conductores de vehículos, sin distinción de clase, hacen lo que les viene en gana cuando transitan por nuestras calles y avenidas, porque están conscientes de que la Ley 241, sobre tránsito terrestre, y las normativas que le suplementan son débiles; amén de que, sólo se aplican circunstancialmente, o no  se hace. Y que, cuando se tienen padrinos en el Gobierno, o en las fuerzas castrenses y militares, se reportan como sin esas legislaciones no  existieran.

La desaprensión es, según el diccionario enciclopédico Larousse: “Falta de justicia o de moral en determinados actos, generalmente por desprecio a los derechos de los demás”. Y eso, muy bien pudiera combatirse en esta nación, con el endurecimiento y aplicación efectiva de las regulaciones legales vigentes en el sector, sin distingo de personas o clase social a la cual se pertenezca; placas que se utilicen para transitar; como también, marginando los padrinazgos apañadores.

En este país, se deben introducir modificaciones de peso a las normativas existentes, de acuerdo con el grado degenerativo que ya se verifica en la sociedad nacional, agregando las medidas precautorias y punitivas que no se contemplen en la actualidad,  como esas de: prohibir el tránsito de camiones por nuestra calles y avenidas, sin discriminación de horarios permitidos, con cargas diversas al descubierto; ponerle el frente a ese tigueraje que conduce las famosas guaguas voladoras del transporte público; como, a todos los motoristas que utilicen las aceras peatonales y los pasos a desnivel, para desplazarse temerariamente.

Tampoco, permitir las paradas de guaguas y carros públicos, obstaculizando el tráfico en las esquinas; y mucho menos, el operativo de los antisociales controladores de rutas y selección de pasajeros, armados con palos, tubos de hierro y bates de aluminio.

Aquí se debe establecer que, todo el que incurra en flagrantes violaciones a la ley de tránsito, y a las disposiciones apéndices, reciba sanciones económicas de consideración; y, prisión temporal obligatoria, dependiendo del riesgo que implique el tipo de violación. ¡Sólo así puede comenzar a lograrse escarmiento, en la gente que se comporte desaprensivamente frente a un volante!

Si en esta República se multara, como debe ser, a todos los violen las normativas de tránsito dispuestas, sin discriminación clasista, aun con las penalidades que se establecen  actualmente, se pudiera pagar una gran parte de la deuda externa con  los recursos captados, siempre y cuando el fantasma de la corrupción no aparezca.

¡Mano dura y voluntad política, es todo cuanto se requiere, para concienciar a los que se tienen como conductores desaprensivos! Más que otra cosa, conocedores del sistema permisivo y preferencial personalista, que  aquí se estila.

Rolando Fernández